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Original subtitles

LA RElNA AFRlCANA

ÁFRlCA ORlENTAL ALEMANA Septiembre de 1914

lGLESlA METODlSTA DE KUNGDU

Maná del Cielo Maná del Cielo

En esta tierra saIvaje

Cantemos alabanzas Cantemos alabanzas

Siempre os cantaré

RElNA AFRlCANA

Que el Señor siempre me guíe

Cantemos alabanzas Cantemos alabanzas

Siempre os cantaré...

La muerte y eI infierno destruye...

Cantemos alabanzas Cantemos alabanzas

Siempre os cantaré

Al cruzar del otro lado

Cantemos alabanzas

Siempre os cantaré

Amén.

-Hola, Reverendo. -Sr. Allnut.

-Su correspondencia. -Gracias.

Perdón por la demora, pero no me podía ir de Limbasi.

Ya sabe cómo es. O tal vez no.

-Buenos días, Sr. Allnut. -Buenos días, señorita.

Maravilloso, por fin llegaron. Mis rosales.

-¿Se queda a tomar el té? -Me encantaría.

En estas condiciones, necesito algo.

Cuando regrese a la mina, me van a gritar.

Esos belgas me dicen de todo,

pero no me importa que me insulten en otro idioma.

No me van a echar.

En todo el continente africano no hay nadie

que pueda capitanear el Reina Africana como yo.

Con azúcar, si mal no recuerdo, ¿verdad, Sr. Allnut?

Así es, señorita. Dos cucharadas.

¿Y leche?

Así es, señorita.

-¿Pan con manteca? -Así es, señorita.

-Hermano. -Gracias.

¿Oyeron mi estómago?

Parece que tuviera una hiena adentro.

Coma más pan con manteca, Sr. Allnut.

Gracias, señorita, me... Me encantaría.

Perdón.

Qué raro, ¿no? Quiero decir,

¿qué será lo que hace sonar a mi estómago?

Pruebe un bollo con pasas, Sr. Allnut.

No, gracias, señorita.

Herbie Morton ya es obispo.

-¿Quién, querido? -Debes recordar a Herbie.

Es rubio, un poco más joven que yo, rubicundo.

Cantó un solo en el concierto de conmemoración.

Creo que era Santo Señor.

Creo que lo recuerdo. Fue hace mucho.

-Ya es obispo. -Maravilloso.

Sí, creo que es un poco más joven que yo,

unos cuatro o cinco años. Me sorprende.

No era muy brillante cuando estudiaba,

ni tenía demasiadas aptitudes sociales.

Pero es cierto que se casó bien.

Sí, con la viuda de aquel industrial.

¿Cómo se llamaba? ¿Griggs? Briggs. Eso. Alfred Briggs.

Creo que fabricaba jabón en polvo. La viuda de Alfred Briggs.

No es que quiera desmerecer a Herbie. Me alegro por él, claro está.

Claro.

No puedo evitarlo.

Cantó Santo Señor.

¿Más té, Sr. Allnut?

No, gracias, señorita. Más vale que me vaya,

así llego a la mina antes de mañana por la noche.

-No se apresure, Sr. Allnut. -Quédese a cenar.

Se lo agradezco.

Es probable que no venga por estos lados en un par de meses.

¿En serio? ¿Y nuestra correspondencia?

No creo que haya muchas cartas por un tiempo.

¿Por qué?

-Las confiscarán los alemanes. -¿Por qué? Por el amor de Dios.

-Por la guerra. -¿Qué guerra, Sr. Allnut?

-En Europa. -¿En serio? ¿Entre quiénes?

Alemania, lnglaterra...

-¿lnglaterra? -¿lnglaterra?

-Sí. -¿Una guerra de verdad?

Sí, eso me dijeron.

Alemania dice que empezó lnglaterra. lnglaterra, que empezó Alemania.

¿Qué sabe usted? ¿Qué pasó?

Bueno, a ver... No recuerdo nada más.

Sí, también están los franceses. Y todos los países chicos.

Austria, Hungría, Bélgica, España.

No recuerdo quién está con quién.

-¿No puede decirnos nada más? -No sé nada más.

Cuando llegue a Limbasi, averiguaré más.

¿En qué posición quedaremos? Somos enemigos.

¿Qué daño les van a hacer a los alemanes

en este quinto infierno?

Este lugar no es el infierno, Sr. Allnut.

La presencia de mi hermano es prueba de ello.

-No quise ofenderlos, señorita. -Una guerra.

Sí, eso parece.

Me tengo que ir. Gracias por el té.

Cuídense.

-Adiós. Gracias. -Adiós, Sr. Allnut.

Qué miserable. Cuánta indiferencia. Es canadiense.

¿No ve que él también está involucrado?

¿No tendríamos que volver a Limbasi mientras se pueda?

Un buen pastor no abandona a su rebaño

cuando los lobos acechan.

Pidamos al Señor Todopoderoso que bendiga a lnglaterra

y la guíe en su tribulación.

Rose, vete adentro y no salgas.

¿Qué significa este escándalo? ¡Cómo se atreven!

¡Samuel!

Aquí estabas, querido. Y sin sombrero.

¿No oíste que te llamaba?

Sí, pero debo plantar las semillas. Es tarde, estamos en agosto.

Ya sabes que en África Central se planta en cualquier época.

¿En África?

Hermano querido, no estás nada bien.

¿En África?

-Te ayudo con tus cosas. -Rose.

Hermano, querido.

Malditos sean los amalecitas, Señor. Golpéalos con tu vara.

Amén.

Hace frío, está nublado.

¿Dónde está Rose?

Rose, ¿estás en la tienda?

Aquí estoy.

Tráeme una taza de té caliente.

Estoy aquí, a tu lado, hermano.

Me esfuerzo mucho para estudiar.

Hebreo, griego. No tengo facilidad.

Si no apruebo los exámenes, me ofreceré como misionero.

Rose también.

No es una soltera codiciada, pero ella también puede servir

en la casa del Señor.

lncluso para las mujeres como ella, Dios tiene un buen propósito.

Voy a guardar los libros. No voy a seguir trabajando.

Si no apruebo, será porque Dios tiene otro trabajo para mí.

Hágase su voluntad.

Dios, si así lo quieres, deja que me distinga.

Dame un lugar aquí, en lnglaterra, mi hogar.

Mamá estaría tan orgullosa.

Señor Dios, me he esforzado tanto.

También pasaron por aquí, ¿no?

Cuando me fui el otro día, oí sonar los tambores en la selva.

De repente, mis muchachos empezaron a quejarse con los ojos en blanco.

Les pregunté qué pasaba, y me dijeron que los tambores decían

que los soldados estaban reuniendo a sus tribus,

que incendiaban las aldeas y se los llevaban,

entonces ellos no tenían adónde volver.

Claro que, cuando llegué a la mina, todo estaba destrozado.

Apenas vieron eso, los muchachos se perdieron en la selva.

Para mí, quieren usar a los indígenas de soldados

y tomar todo el continente. ¿Dónde está el reverendo?

Ahí dentro. Está muerto.

Vaya, qué desastre, ¿no?

Si se atrevieron a matar a un pastor que no podía hacerles nada,

-entonces nadie está a salvo. -No lo mataron, Sr. Allnut.

Pero es como si lo hubieran hecho.

Qué pena me da, señorita. No puedo decir otra cosa.

-¿Cuándo murió, señorita? -Esta madrugada.

Disculpe, pero tengo que decirle algo. Con este tiempo,

cuanto antes lo enterremos, mejor.

Espero no ofenderla. ¿Tiene una pala?

Detrás del bungalow.

Le hubiera gustado que lo entierren a la sombra.

Mientras yo cavo la tumba,

usted reúna sus cosas, todo lo que quiera llevarse.

Así nos vamos lo antes posible.

Los alemanes volverán en cualquier momento.

-¿Para qué? -Van a volver, sin duda,

para buscar al Reina Africana.

Darán lo que sea por echarle mano.

Sobre todo, a lo que lleva dentro.

Explosivos, comida enlatada, tubos de oxígeno e hidrógeno,

miles de cosas que les vienen bien. No tenga duda.

Los alemanes.

Podríamos escondernos tras alguna isla, en silencio,

-y luego decidir qué hacer. -Voy a prepararme.

Bien. Tardaré lo menos posible.

Vamos, señorita. Aprovechemos ahora.

Permiso.

¿Podría tomar el timón, señorita? Vamos.

-No sé usarlo. -Vamos.

Un poco a estribor, señorita. No, para el otro lado.

Por ahora, va bien.

Llegamos, sanos y salvos, por así decirlo.

-¿Y ahora qué hacemos? -Lo mismo digo.

Tenemos muchísima comida, señorita. Eso no es problema.

Doscientos cigarrillos. Dos cajas de ginebra.

Si queremos, podemos pasar meses aquí.

No está mal para esperar a que termine la guerra, ¿verdad?

Toda la comodidad de un hogar, incluso agua corriente.

No podemos quedarnos en agua estancada

hasta que acabe la guerra, Sr. Allnut.

¿No podemos? Usted tiene el mapa.

Muéstreme por dónde salir, y yo la sigo.

Los ingleses lanzarán un ataque.

La pregunta es: ¿por dónde vendrán?

Tal vez por el mar, con el tren desde Limbasi.

Si así fuera, los alemanes estarían en medio.

¿No es posible que vengan desde la lndia, Sr. Allnut?

Sí, pero la guerra en Europa terminará

antes de que logren cruzar esa selva.

Estamos en aprietos, señorita. Lo mire por donde lo mire.

Seguro que no vendrán desde el Congo.

Fuerte SHONA Río BORA

Ni aunque quieran. Está ese lago,

que no se puede cruzar mientras esté ahí el Louisa.

-¿Qué es el Louisa? -Un vapor de cien toneladas.

Los alemanes lo trajeron por partes.

En ese lago, manda él, porque tiene un cañón de seis.

¿Un cañón de seis? ¿Qué es eso?

Un arma, señorita. El arma más grande de África Central.

-Entiendo. -Si no fuera por el Louisa,

sería pan comido.

Los alemanes no durarían un mes si los nuestros cruzaran el lago,

pero eso no nos ayuda a llegar a casa, ¿verdad?

Este río, el Ulanga, desemboca en el lago,

¿no es cierto, Sr. Allnut?

Sí, señorita, pero si se le ocurre

cruzar ese lago en esta lancha,

-más vale que se olvide. -¿Por qué?

Primero, está Shona.

Los alemanes tienen un fuerte sobre el río.

Si intentáramos pasar por allí, nos volarían en mil pedazos.

Y después, señorita, están los rápidos.

Son 1 60 km de agua que corre a raudales.

Cuando termina eso, el río cambia de nombre.

Se llama Bora. Eso le demuestra

que ni sabían que era el mismo río

-hasta que un tal Spengler lo... -Lo atravesó, recuerdo eso.

Sí, señorita. En una canoa con seis remeros africanos.

Estaba trazando el mapa. Él hizo ese mapa.

-Sr. Allnut. -¿Sí, señorita?

¿Qué dijo que había en las cajas con una línea roja?

Ésos son explosivos de gelatina, señorita.

¿Son peligrosos?

Claro que no, señorita. Son muy seguros.

Si se mojan, no pasa nada.

Si se prenden fuego, se queman.

Si uno les da con el martillo, no explotan.

Al menos, creo que no.

Necesitan un detonador.

Pero si eso la preocupa, los saco.

No, tal vez nos sirvan.

-Sr. Allnut. -¿Sí, señorita?

¿Qué son esos cilindros que parecen torpedos?

¿Ésos? Son tubos de oxígeno e hidrógeno, señorita.

-Sr. Allnut. -Aquí estoy, señorita.

No puedo irme a otra parte en un barco de 30 pies.

Usted es operario, ¿verdad? ¿Ése era su puesto en la mina?

Sí, una suerte de aprendiz de todo, maestro de nada, como dice el refrán.

-¿Podría fabricar un torpedo? -¿Cómo dice, señorita?

-¿Podría fabricar un torpedo? -¿Un torpedo?

Si me pide que fabrique un acorazado, lo hago.

Pero un torpedo, señorita...

No sabe lo que me pide.

No hay nada más complejo que el mecanismo de un torpedo.

Tiene girómetros, cámaras de aire comprimido, compensador...

Pero todas esas cosas, los girómetros y eso,

-sólo sirven para que avance, ¿no? -Sí.

Sí, para que le dé al blanco.

Bueno, tenemos el Reina Africana.

¿Cómo dijo, señorita?

Si llenamos los tubos con los explosivos

y luego los colocamos de modo que se asomen

por el extremo del barco,

y chocamos el barco contra el costado de un buque,

explotarán, ¿verdad? lgual que un torpedo.

Sí, con un detonador en la punta, sí.

Podríamos... ¿Cómo se dice? Juntar mucho vapor

y apuntar contra el buque, y justo antes de chocar,

nos zambullimos, ¿verdad?

Claro, señorita. Por supuesto.

Su idea tiene un solo problemita.

-No tenemos un blanco al que disparar. -Sí.

-¿Qué? -Tenemos algo.

-¿Qué cosa? -El Louisa.

¿Qué? No diga tonterías, señorita.

No se puede hacer eso, en serio.

Ya le dije que no podemos bajar por el Ulanga.

-Spengler lo hizo. -En una canoa...

-Si lo hizo un alemán... -En lancha, no.

¿Cómo sabe? ¡Nunca probó!

Tampoco probé nunca darme un tiro en la cabeza.

El problema, señorita, es que... Que usted no sabe nada de barcos.

En otras palabras, ¿se niega a ayudar a su país

en un momento de adversidad, Sr. Allnut?

Yo no diría eso.

¿Qué diría, Sr. Allnut?

Está bien, como quiera, pero después no me eche la culpa a mí.

Muy bien. Comencemos.

-¿Qué? ¿Ahora, señorita? -Sí, ahora.

No quedan ni dos horas de luz, señorita.

Podemos avanzar mucho en dos horas, Sr. Allnut.

Tendría que poner a calentar la caldera y...

Adelante, hágalo, Sr. Allnut.

"¿Podría fabricar un torpedo?

"Adelante, hágalo, Sr. Allnut."

Un poco a estribor, señorita. Eso es.

Va muy bien, señorita.

Es bastante fácil, ¿no, Sr. Allnut?

-Hay que aprender a leer las aguas. -¿A leer las aguas?

Sí. ¿Ve aquella cosa larga de ahí

que parece una V? Es que hay una protuberancia.

Y el agua picada de aquí indica que no es profundo.

El Reina no tiene mucho calado, así que pasaremos por encima.

Otros barcos se partirían la quilla.

Y cuando está planchada y lisa, como allí,

-¿es que hay una roca, Sr. Allnut? -Una roca o un hipopótamo.

Pero no le conviene chocar con uno. Se enojan bastante.

Aquí sólo hay lugar para nosotros dos.

-¿Qué pasa, Sr. Allnut? -La bomba está sucia y oxidada.

Se tapona. Con unas patadas, empieza a funcionar.

Debo ser veloz. Uno de mis muchachos tiró un destornillador

por la válvula de seguridad.

¿Qué sucede si no la patea?

Estalla la caldera.

Si vamos con la corriente, Sr. Allnut,

¿para qué necesitamos el motor?

Si uno no va más rápido que el agua, no se puede timonear.

Si apago el motor cuando vamos por los rápidos, nos morimos.

-¿Sr. Allnut? -Sí, señorita.

¿Por qué no desarma la válvula de seguridad

y retira el destornillador?

Algún día lo voy a hacer.

Hasta ahora nunca lo hice

porque un poco me gusta patearla. Es todo lo que tengo.

Hace calor, ¿verdad, señorita?

Me vendría bien un trago. Con su permiso, señorita.

-¿Quiere uno, señorita? -No.

-¿Qué es? -Ginebra, señorita.

-¿Le ocurre algo, señorita? -No.

¿Quiere una rica taza de té?

Me encantaría.

Tendrá un poco de gusto a óxido,

pero no se puede tener todo, ¿verdad?

Aquí tiene. Voy a sacar esto.

-¿Azúcar, señorita? -Gracias.

De nada.

-¿Quiere comer, señorita? -Hace demasiado calor.

-¿Cuánto hace que está aquí, señorita? -Unos 1 0 años.

¿De qué parte de lnglaterra vino?

-Del centro. -Suena bien.

Sí, es muy lindo.

¿No extraña su tierra?

Sobre todo, las tardes de domingo.

La paz y la tranquilidad.

Las tardes de domingo, yo siempre dormía la mona.

-El té está muy rico. -Sí, no está mal, ¿verdad?

-¿Qué lo trajo a África, Sr. Allnut? -El puente del río Zambeze.

Trajeron un barco lleno de canadienses para alzarlo.

No sé para qué querían un puente,

si de ambos lados hay lo mismo, pero ¿por qué cruza la gallina?

-¿Cómo? -Nada, señorita.

A veces me gustaría estar allí, codeándome con otra gente.

No hay nada como los empujones y el ruido

y la música de una noche de sábado para sentirse mejor.

El resto de la semana, estaría acatando órdenes.

En la lancha, soy mi propio jefe. En fin, lo era, hasta que...

No ha visto cocodrilos en este brazo, ¿verdad, señorita?

¿Cocodrilos? No.

No tienen bajíos donde pararse. La corriente va muy rápido.

Me vendría bien un baño antes de irme a dormir.

A mí también.

Yo me bañaré en la proa, colgado del ancla.

Usted puede quedarse en la popa y hacer lo suyo.

Mientras no miremos, no pasa nada, ¿verdad?

¿Qué le parece, señorita?

Muy bien, Sr. Allnut.

Así se habla.

-Sr. Allnut. -Aquí estoy.

-No puedo volver a subir. -Le daré una mano.

Por favor, cierre los ojos, Sr. Allnut.

Bien. Ya está, gracias.

¡Sr. Allnut!

Hola. Perdón por despertarla.

¿Qué hace?

-No hago nada, señorita. -Salga ya mismo.

Sr. Allnut.

Puede venir a protegerse de la lluvia.

Gracias, señorita.

-Señorita. -¿Sí, Sr. Allnut?

-Perdón por asustarla. -No hay problema, Sr. Allnut.

-Buenas noches, señorita. -Buenas noches, Sr. Allnut.

-Qué aroma tan fuerte. -¿Cuál aroma?

El río. Huele a caléndulas podridas.

Sí, ¿no es cierto? No es un aroma muy perfumado.

-Pero las caléndulas son lindas. -Sí, ¿verdad?

-¿Sr. Allnut? -¿Sí, señorita?

-La corriente está fuerte, ¿no? -Sí. Nos acercamos a los rápidos.

-¿En serio? ¿Tan pronto? -Están detrás de esa curva.

Es peligroso. Déjeme timonear a mí.

Tome, señorita.

-¿Y, señorita? -¿Sí, Sr. Allnut?

-¿Qué le parecieron? -¿Qué cosa?

-Los rápidos. -Nunca imaginé algo así.

Tiene razón en asustarse, señorita. Toda la razón.

Nadie que esté en sus cabales dejaría de temer a un rápido.

Nunca imaginé que una simple experiencia física

-podía ser tan estimulante. -¿Cómo dijo, señorita?

Muy pocas veces había sentido tanta emoción.

En un par de sermones de mi querido hermano,

cuando el espíritu santo estaba con él.

-¿O sea que quiere seguir? -Por supuesto.

-¡Usted está loca! -¿Perdón?

¿Sabe lo que habría pasado

si nos chocábamos con una roca?

Pero no nos chocamos.

Debo admitir que sus aptitudes me tienen admirada, Sr. Allnut.

Si practico un poco, ¿cree usted

-que algún día podré intentarlo sola? -Le diré una cosa, señorita.

Eso no es nada comparado con lo que nos espera.

Ahora que lo pienso, ésos no eran rápidos.

-Estoy ansiosa por llegar. -Pero, señorita...

Ahora que lo he probado,

no me extraña que le encante navegar, Sr. Allnut.

¿Le pasa algo, Sr. Allnut? Dígame.

No. Nada que usted pueda entender.

No me imagino qué problema puede tener.

Tuvimos un día agradable. ¿Qué pasa?

-Dígame, Sr. Allnut. -Toda esa tontería del Louisa

-y de bajar por el río. -¿Qué quiere decir?

No haremos nada de eso.

Claro que sí, no sea absurdo.

"No sea absurdo."

Señora, usted es 1 0 veces más absurda que yo.

¿Por qué no quiere seguir, Sr. Allnut?

-Por el río y por el fuerte Shona. -¿Por Shona?

Así es, por Shona.

Con una sola bala en los explosivos bastaría

para que volemos en pedazos.

-Entonces pasaremos de noche. -No.

Después de Shona están los rápidos.

Nadie que esté en sus "bacales" se atrevería a pasar a oscuras.

Entonces pasaremos de día.

lremos por la orilla de enfrente de Shona,

-a toda velocidad. -No.

-Usted aceptó ir. -Yo no acepté.

Nunca acepté nada.

Es un mentiroso, Sr. Allnut. Y, lo que es peor, un cobarde.

Cobarde será usted. No es ninguna dama, señorita.

Eso le hubiera dicho mi pobre madre.

Si mi pobre madre la escuchara...

¿De quién es la lancha?

La invité a subir porque me dio lástima

que hubiera perdido a su hermano y todo eso.

Así le pagan a uno por sentir compasión.

¡No tengo más compasión, vieja solterona, loca y santurrona!

Había un pescador vaIiente

Que zarpó desde Pimlico

Y cuando salió de Pimlico

EI viento empezó a sopIar

Y eI barquito tanto se hamacó

Que al agua él se cayó

Cantando tinqui didlido

Tinqui didIidi

Así de interesante era su canción

Tinqui didIido

Tinqui didIidi...

Señorita, tenga piedad.

No sabe lo que hace, señorita.

Moriré si no tomo el trago de la mañana.

Señorita.

¡Eso no es propiedad de usted!

Qué dolor de cabeza.

Había un pescador vaIiente

Que zarpó desde Pimlico

Para pescar...

Y cuando salió de Pimlico

El viento...

Es una maravilla tener a bordo una dama con buena higiene.

Da un buen ejemplo.

El hombre solo se acostumbra a vivir como cerdo.

Y yo siempre me la paso posponiendo todo.

No hagas hoy lo que puedes dejar para mañana.

Pero con usted, siempre está primero el trabajo, después el placer.

Lavar toda la ropa sucia. Asearse de punta a punta.

Remendar todo lo que esté roto. Y entonces, recién entonces,

sentarse por una hora a leer tranquila la Biblia.

Le digo que es un modelo de inspiración.

Hace años que no tengo el motor tan limpio, por dentro y por fuera.

Mire eso, señorita. ¿Se da cuenta de que reluce?

Yo también.

Supongo que nunca me había visto

sin barba y tan aseado.

Apuesto a que no me reconocería.

Es un cambio importante. Y uno se refresca un poco.

Ojalá tuviera ropa limpia, como usted.

En cuanto a usted, podría estar en un salón de té.

Qué buena idea, señorita. ¿Quiere una tacita de té?

No se agite. Yo se la preparo.

¿Qué tal el libro, señorita?

No es que no lo haya leído.

Mi pobre madre me leía sus historias.

¿Por qué no lee en voz alta?

A mí me vendría bien un poco de consuelo espiritual.

Y usted se hace llamar cristiana.

¿Me escucha?

¿No me escucha?

¿Por qué me trata tan mal, señorita?

De vez en cuando, uno bebe un poco de más.

Es la naturaleza humana.

Como humanos, Sr. Allnut, debemos superar la naturaleza.

Señorita.

Perdón. Le pido disculpas.

¿Qué más puede hacer uno, aparte de disculparse?

Ya se ha vengado, señorita.

No me dejó ni una gota.

Señorita, tenga corazón. Lo justo es justo.

Dígame algo.

Lo que sea, pero dígame algo.

Le seré sincero, señorita. No aguanto más todo esto.

No estoy acostumbrado.

¿Cree que lo que me molestó fue su horrible borrachera?

-¿Qué fue, si no? -Usted prometió bajar por el río.

Escúcheme y trate de entender.

Bajar por el río será como morir mil veces.

Lamento decepcionarla, pero no es culpa mía, sino del Ulanga.

-Me lo prometió. -¡Retiro lo dicho!

Usted gana, señorita. Los cocodrilos estarán contentos.

Bajaremos por el río.

Desayune, Sr. Allnut.

Gracias por invitarme. Me encantaría, será la última vez que lo haga.

O no. Prepare la máquina.

El desayuno puede esperar.

Están esperando la comida, señorita.

¿De qué lado del río está Shona?

¿Cómo?

¿De qué lado está Shona?

A estribor, señorita.

Bien. Tendrán el sol de frente.

Dije que tendrán el sol de frente.

No se preocupe, Sr. Allnut.

No me preocupo, señorita.

Ya me di por muerto cuando zarpamos.

Sr. Allnut.

Más vale que se agache, señorita.

¡Vengan!

¡Disparen a esa nave!

Más abajo, señorita.

Sólo podemos seguir a la deriva.

¿Va a salir todo bien, Sr. Allnut?

Sí. Todo bien.

Si logramos mantener el vapor,

la caldera no revienta y el arreglo resiste.

Y si no nos chocamos contra aquellas rocas.

¡Lo logramos!

¡Hip, hip, hurra!

Sí que les ganamos, ¿verdad, señorita?

Qué sensación rara es recibir disparos.

Los sorprendió tanto vernos

que tiraron cuando ya habíamos pasado.

Uno sabe que es peligroso, ¡pero no da miedo!

¡No podían creer que pasáramos por allí!

Debe ser porque las balas suenan como mosquitos.

¡No podían creer que había gente!

Me dieron ganas de abofetearlos.

¡Así van a aprender! ¡Hip, hip, hurra!

¿Manejé bien el barco?

Sí, señorita. Más que bien.

Nos estamos quedando sin combustible. Mejor que nos detengamos.

Más vale que quite el agua, o terminaremos nadando.

-Yo lo hago. -No, señorita.

No, por favor, yo me ocupo. Usted traiga el combustible.

Despacio, señorita. No se agote.

Me clavé una espina en el pie.

Debe haber atravesado la suela de goma.

Permítame.

Gracias, señorita.

¿Usted reconoce estas flores, Sr. Allnut?

Nunca las había visto.

Debo admitir que yo tampoco.

Tal vez nadie las haya visto.

Quizá ni siquiera tienen nombre.

Tengan o no, sin duda son lindas.

Sr. Allnut.

Querido.

Vaya, vaya.

Esto sí me gusta: desayunar en la cama.

Dos de azúcar está bien, ¿no?

Encendiste el fuego y todo mientras yo dormía.

Querido, ¿cuál es tu nombre de pila?

-Charlie. -Charlie.

Lindo nombre. Charlie.

Dame un beso.

Charlie.

Cuanto más miro este sitio, más lindo me parece.

Creo que es el lugar más lindo que conozco.

Y eso es mucho.

No quiero decir que no haya que continuar.

Cuanto antes volemos el Louisa, mejor.

Lo que quise decir

es que me gustaría volver algún día.

¿Crees que podamos hacerlo?

¿Hacerlo? Por supuesto.

No hay nada que no se pueda hacer si uno se tiene fe.

Nunca digas nunca, ése es mi lema.

He tenido mis dudas.

Empezaba a pensar que todo esto era un error.

¿Cómo es eso, señorita? Digo, Rosie.

Tuve un momento de debilidad.

Si te sientes débil,

uno o dos días más aquí no cambiarán las cosas.

Ay, no. Vamos a seguir.

Gracias a Dios por tu fuerza, Charlie.

¡Ay, no!

Charlie.

Rosie. Escucha.

Casi nos matamos, ¿verdad, Rosie?

¿Cuánto daño se habrá hecho?

Saquemos el agua y veamos.

Mejor de lo que me había imaginado. La quilla parece sana.

No entra agua.

¿Qué fueron esos ruidos antes de frenar?

Eso es lo que debemos averiguar, muchachita.

¿Cómo vas a hacer, querido?

Tengo que bajar y echar un vistazo.

Espero que no haya corrientes raras.

Allá va.

¿Viste algo, querido?

Sí. El eje parece un sacacorchos

y a la hélice le falta una paleta.

Tendremos que arreglarla.

¿Arreglarla? No creo.

¿Por qué, querido?

¿Qué hay que hacer para poder seguir?

Te lo diré.

Te diré lo que haríamos si estuviéramos en el muelle de Limbasi.

Sacaríamos esta carcacha del agua, retiraríamos el eje

y lo llevaríamos al taller para que lo enderecen.

Luego pediríamos una hélice nueva al fabricante.

Tal vez la conseguiríamos,

ya que el barco tiene apenas 30 años.

Entonces, durante la espera, limpiaríamos la quilla y la pintaríamos.

Luego colocaríamos el eje y la hélice nueva,

y continuaríamos el viaje como si nada.

Pero no estamos en Limbasi.

¿No se puede enderezar el eje sin sacar el barco del agua?

No sé. Podría probar.

Habría que trabajar bajo el agua. Tal vez podría.

Si logras quitar el eje, ¿podrás enderezarlo en tierra firme?

No tengo yunque, ni fuego ni carbón. No tengo nada.

Una vez vi a un indio masai trabajando con un vaso de piedra y carbón vegetal.

Un niño avivaba el fuego.

Sí, yo lo he visto.

Yo usaría un fuelle. Podría hacer uno enseguida.

Si te parece que eso sería mejor...

En la orilla hay muchísima leña.

¿Por qué no lo intentas?

No. No tiene sentido, Rosie.

Me olvidaba de la hélice. Le falta una paleta.

¿No podemos seguir con las que quedan?

No. Se desbalancearía.

Y el eje se torcería otra vez como un sacacorchos.

Entonces haremos una paleta nueva.

Hay mucho hierro y otras cosas para usar.

Sí. ¡Pero hay que amarrarla!

Si te parece que con eso alcanza... Pero ¿no sería mejor soldarla?

¿No se dice así, querido? ¿No se "suelda"?

Eres graciosa, Rosie. En serio.

¿No se dice "soldar", querido?

Tú sabes lo que quiero decir,

-aunque no sea esa palabra. -Sí.

Me tragué medio río.

Estuviste mucho tiempo ahí abajo. Me asusté.

El eje no quiere salir. Está como trabado.

Charlie, yo te ayudo.

¿Cómo? ¿Qué crees que vas a hacer?

-Voy a bajar contigo. -Rosie, ¿estás chiflada?

La correntada es feroz.

No quiero una mujer ahogada en mis manos.

¿Qué otra idea tienes?

Allá voy.

Si mi papá me hubiera enseñado a soldar cuando era chico,

creo que nunca habría venido a África.

Tal vez...

Pero no te habría conocido, Rosie.

Charlie.

Listo.

Ya está.

Sí, no puedo enderezarlo más.

No tardé tanto.

La paleta será otra cosa. La tengo que fabricar.

Gira bastante bien, pero eso no quiere decir nada.

La pregunta es si resistirá a toda velocidad.

La respuesta la tendremos en el río,

pero que Dios nos ayude si no es positiva.

Parece que este río viejo se cansó de tanto correr y saltar,

así que ahora decidió recostarse y descansar un rato.

Aquí debe ser donde cambia de nombre de Ulanga a Bora.

Pellízcame, Rosie.

Aquí estamos, navegando río abajo,

como Marco Antonio y Cleopatra en su barcaza.

De no haber sido por ti, esto no hubiera pasado.

-¿No sientes orgullo? -Claro que no.

Mira cómo lograste mantener el motor encendido.

Mira cómo arreglaste la hélice. Yo no hice nada.

No creo que exista otro hombre capaz de hacer todo eso.

Tienes razón, Rosie, porque nadie más te tiene a ti.

-Charlie. -Nunca olvidaré tu cara

cuando bajamos la cascada.

La frente en alto, el mentón hacia afuera, el cabello al viento.

La imagen viva de una heroína.

¿Yo? ¿Una heroína?

Charlie, perdiste la cabeza.

La perdí por ti.

¿Anclamos aquí, cariño?

Si el río necesita descansar un rato, supongo que nosotros también.

Rosie, tengo la sensación de que muy pronto

estaremos anhelando volver a los rápidos.

Qué horror. Tenemos que salir de aquí.

-No tenemos vapor. -Me voy a meter.

-Me voy a meter en el agua. -Sí, tienes razón.

-No. -¡Pero me están comiendo viva!

¿Cómo? ¿Que te están comiendo viva?

Mira eso.

¡Sácame de aquí, Charlie! ¡No lo soporto!

¡Charlie!

¡Dios mío!

¡Charlie!

Rápido.

Ya los dejamos atrás, puedes salir.

Me da vergüenza haber reaccionado así, Charlie.

Pero no pude evitarlo. Estaba enloqueciendo.

Cuántas picaduras.

Lo molesto no son las picaduras, sino tener tantos bichos encima.

Dicen que persiguen a los búfalos y al ganado de los indios

hasta que los animales caen muertos de tanto correr.

¿Estarán en cualquier sitio donde amarremos?

Es probable.

¿Qué vamos a hacer, Charlie?

Si el río sigue derecho, sin rápidos ni bajíos,

no hay mucho que pueda hacernos daño.

Levaré el ancla, así no tendremos problemas.

¿Cuánto te parece que falta para llegar al lago, Charlie?

No son muchos kilómetros.

No sé cuántos días.

Todo depende del recorrido que haga este viejo río.

Qué momentos hemos pasado, Rosie.

Qué momentos.

Nunca nos faltarán anécdotas para nuestros nietos, ¿verdad?

De aquí sólo veo pasto y papiros.

¿Cuál es el canal principal?

No parece haber un canal.

¿Qué vamos a hacer, Charlie?

No sé.

No podemos seguir dando vueltas por siempre.

No podemos seguir dando vueltas.

Si nos metemos ahí y los pastizales se cierran sobre la popa,

no podremos volver, Rosie.

Si pasa algo, nos quedaremos encerrados hasta morir de fiebre.

Lo sé.

De acuerdo.

Tú eliges para qué lado vamos.

-Por allí. -Entonces gira.

Hemos avanzado a vapor, a remo, y hasta hemos empujado

este viejo barco con un gancho.

Lo único que nos falta es bajarnos y arrastrarlo.

Creo que eso es lo que nos espera.

Me cuesta respirar, el aire está pesado.

Sí. No se distingue el agua del aire

ni de la tierra, en realidad.

Perdimos muchos canales y giramos miles de veces.

Si salimos, quizá lleguemos al mismo lugar de donde partimos.

Todo el tiempo seguimos la corriente, lo poco que queda.

Eso no significa nada con este río.

Este río está loco, como yo.

-Charlie. -Perdón, muchachita.

Bueno...

Lo único que nos va a devolver la alegría

será salir de estos pastizales.

Lo que dije de bajar y arrastrar el barco

era un chiste.

Ahora no parece un chiste. Bueno...

Malditas sanguijuelas.

Quítamelas.

No. Se queda prendida la cabeza y te envenena la sangre.

Sal.

Las piernas.

Si hay algo que odio, son las sanguijuelas.

Qué demonios asquerosos.

Bueno.

Bueno, querido.

Menudo ejemplar de hombre vengo a ser yo, ¿no?

Eres el hombre más valiente del mundo.

Es que estás sobrepasado, nada más.

Lo que necesitas es dormir un rato.

Bueno. ¿Estás cómodo ahora? Duérmete, querido.

Cuando te despiertes, arrancaremos de nuevo.

-Rosie. -Sí, Charlie.

Quieres saber la verdad, ¿no?

Aunque tuviéramos todas nuestras fuerzas, no...

No saldríamos nunca de este pantano. Estamos acabados.

Lo sé.

Pero, Rosie, no me arrepiento de haber venido.

Quiero decir que valió la pena.

Querido Señor,

hemos llegado al final de nuestro viaje.

En poco tiempo, estaremos ante ti.

Te ruego piedad.

No juzgues nuestras debilidades, sino nuestro amor.

Y abre las puertas del Cielo para Charlie y para mí.

Rosie.

Rosie, querida.

Mira. Estamos en el lago.

La lluvia nos trajo,

levantó el barco y nos trajo por encima del barro.

Anoche estábamos a menos de 1 00 metros.

Mira, Rosie.

Encendamos el fuego y el motor.

Vayamos por el medio,

lejos de estos pastizales, donde haya aire.

Claro. En un segundo nos vamos.

¿No es maravilloso este aire?

Sí, es como...

Sé que no te gusta, pero es como un trago de ginebra.

Te acelera la sangre, te adormece la cara y te alza el espíritu.

Perdón por haber tirado la ginebra, Charlie.

No es nada, Rosie.

Para mostrarte que no guardo rencor,

te haré otra taza de té.

Para ti vale más una taza de té que para mí un vaso de ginebra.

¿Es ése?

Sí, es el Louisa. Y está viniendo hacia nosotros.

Debe ir a unos 1 2 nudos.

Tenemos que correr a los pastizales.

Viene justo en esta dirección.

Por un momento, pensé que nos habían visto.

Van hacia aquella isla.

Seguramente anclarán para pasar la noche ahí y zarparán mañana.

No te preocupes. Volverán. Ya conoces a los alemanes.

Cuando arman un sistema, lo mantienen en pie hasta el final.

Los lunes están en un sitio.

Los martes están en otro.

Y los miércoles, vuelven aquí.

¿Cuánto tardaremos en preparar los torpedos?

No sé.

Depende de los detonadores.

Tenemos que inventar algo.

Sé lo que piensas, Rosie.

Piensas arrancar el Reina por la noche

cuando regrese el Louisa, ¿no, muchachita?

Seguramente podremos.

Eso tendría que andar bien. Cuando choquemos el Louisa,

estos clavos golpearán la cápsula fulminante

y dispararán las balas hacia los explosivos.

Charlie, eres fantástico.

Aún no puedo colocarlos en los tubos. Son muy delicados.

Lo haremos cuando estemos listos para zarpar.

Pero no habrá luz.

¿Podrás hacerlo a oscuras?

Tendré que hacerlo.

Estás muy seguro de que van a volver

con el Louisa, ¿verdad, Charlie?

Totalmente.

A ver, el lago mide 1 60 km de largo por 80 km de ancho.

El Louisa viaja a unos 1 2 nudos.

Eso suma 1 90 km por día. Sí.

Volverá mañana.

Cuando llegue, estaremos esperándolo.

Charlie, limpiemos el Reina lo más posible,

freguemos la cubierta y pulamos los metales.

Claro. Tiene que estar impecable

para representar a la Marina de Guerra.

-Estuve pensando, Rosie. -¿Sí, Charlie?

No tiene sentido que vayamos los dos.

Ahora que lo analicé con tiempo, veo que es misión para uno.

No puedes tener más razón, Charlie.

Menos mal que coincides, Rosie.

Cuando llegue el momento, te dejo en la orilla este.

Tú me esperarás ahí mientras me ocupo del Louisa.

Por supuesto que no. Tú te quedarás en la orilla.

-¿Yo? -Todo esto

fue idea mía, ¿no? Es lógico que me ocupe yo.

Rosie, ¡me sorprendes! En general, eres muy sensata.

Este tema no se habla más.

Mira, Charlie Allnut, yo puedo manejar el barco

tan bien como tú, y lo sabes.

Rosie, estás chiflada.

¿No estuve yo al timón cuando cruzamos los rápidos?

Sabes timonear bien, pero no sabes nada del motor.

¿Qué tal si se te rompe? ¿No quedarás como una tonta?

Yo podría dejar el timón

y hacerle un par de cosas a ese motor viejo.

Escupirlo, darle un par de patadas y esas cosas que lo hacen funcionar.

Ese motor viejo sabe muy bien quién manda.

-Supongo que tienes razón. -Entonces está decidido.

Me zambulliré un segundo antes del impacto

e iré nadando a la orilla, donde me esperarás

para que nos vayamos juntos a Kenia.

No, quise decir que tal vez era necesario que vinieras.

¿"Que vinieras"? ¿Qué dices?

¿No acabamos de decir que es trabajo para uno?

Pero me convenciste de que no, así que acepté que fuéramos juntos.

No. Tú me esperarás en la orilla.

¿Quién te crees que eres para darme órdenes?

Soy el capitán, eso me creo.

Y no te pienso llevar. Me vas a estorbar.

¿Así que te estorbé al cruzar los rápidos?

O sea que lo que me dijiste en el río era mentira.

Me dijiste que no hubieras podido solo

y que habías perdido la cabeza por mí.

Mentiroso.

Charlie, ésta es nuestra primera pelea.

Rosie.

Es sólo que no puedo ni pensar en...

Quiero decir, imagínate si pasa algo.

No va a pasar nada, pero...

¿No entiendes, Charlie?

No quiero ir a Kenia sin ti.

Rosie. Está bien.

Tú irás al timón y yo me quedaré en el motor,

como fue desde el principio.

Y ahí llega el Louisa, justo a tiempo.

Hay un poco de viento. Más vale que empecemos.

Charlie, no puedo timonear. Me cuesta timonear.

Hay demasiada agua en la proa. La hélice queda fuera del agua.

Hay que levantar la proa o tendremos un problema.

Rosie, nos hundimos.

¡Rosie!

¿Qué nacionalidad tiene usted?

¿Es francés? ¿Belga? ¿Británico?

-Sí. -Sí, ¿qué?

-Soy británico. -¿Qué hacía en la isla?

Pescaba.

¿Está consciente de que la pena por falso testimonio

ante este tribunal es el cadalso?

¿Qué me importa?

¿Qué hacía en la isla?

-Pescaba. -¿Cómo llegó?

Nadando.

¿Sabe que está en una zona

sólo permitida para integrantes de las fuerzas armadas

de Su Majestad lmperial, el káiser Guillermo ll?

¿Qué me importa?

Se lo acusa de ser espía

para las fuerzas armadas británicas.

¿Tiene algo que decir para convencernos de lo contrario?

Les dije que estaba pescando.

Este tribunal lo condena a morir en la horca.

La condena se aplicará de inmediato.

¿Había una mujer con usted?

Rosie. ¡Rosie!

-¡Charlie! -¡Rosie!

¡Charlie!

¿Quién es esa mujer?

-No sé. -Acaba de decir su nombre.

La confundí con alguien.

Creo que lo colgaré dos veces.

-Charlie, querido. -Rosie.

¿Quién es usted?

La Srta. Rose Sayer.

¿Es inglesa?

Por supuesto.

-¿Qué hacía en el lago? -No les dije nada, Rosie.

¡Silencio!

-¿Qué hacían en el lago? -Navegábamos.

¿Anoche? ¿Con ese clima?

Nosotros no somos responsables del clima.

Como ya sabe su compañero de prisión,

la pena por no responder al tribunal es la muerte.

O sea que... ¿Charlie? ¡Basta!

Orden.

¿Te van a ahorcar, Charlie?

Fräulein Sayer, obedezca y responda las preguntas del tribunal.

Muy bien. Hagan sus preguntas.

¿Qué hacían en el lago?

-Vinimos a hundir este barco. -¡Rosie!

-Y lo hubiéramos hecho si no... -¡Rosie!

Al menos disfrutemos el placer de decirles todo.

¿lban a hundir este barco?

No le crea, Su Señoría. Está tocada. Tiene fiebre.

Basta, Charlie. Esto ya lo pasamos.

No tengo intención de vivir más que tú, y se acabó.

Dígame, Fräulein, ¿cómo iban a hundir el Königin Louise?

Con torpedos.

¿Con torpedos?

¿Podría decirnos exactamente

dónde y cómo adquirieron los torpedos?

-Los fabricó el Sr. Allnut. -Qué interesante.

No me creen, ¿verdad?

Charlie, diles cómo hiciste los torpedos.

Bueno, yo... Lo que hice fue...

Le quité la tapa a dos tubos de oxígeno

y los llené de explosivos en gelatina.

Les puse unos cien kilos. Eso fue fácil.

Lo que me llevó trabajo fue el detonador.

¿Saben qué usé?

Cartuchos, clavos y pedazos de madera blanda.

Luego coloqué los dos cilindros en la proa

del Reina Africana, cerca de la línea del agua,

de manera que, al chocar este barco...

¿Dónde está el Reina Africana?

Se hundió en la tormenta.

¿Cómo llegaron al lago?

Bajamos por el Ulanga y el Bora, como se llama a esta altura.

-Eso es imposible. -Pero lo hicimos.

Todos saben que ese río no es navegable.

Puede ser.

Pero nosotros lo navegamos, ¿verdad, Charlie?

Y en el Reina Africana.

¿Nos podrían colgar a los dos juntos?

-Un minuto. Escuche, Capitán. -¿Sí?

-¿Nos otorgaría un último deseo? -¿Qué es?

-Cásenos. -¿Qué?

Queremos casarnos. Los capitanes pueden hacerlo, ¿no?

-Sí. -Vaya, Charlie, qué bella idea.

¿Qué locura es ésta?

Vamos, Capitán. Es un minuto.

Y para la dama será muy importante.

Muy bien, si lo desean absolutamente.

¿Cuáles eran sus nombres?

-Charles. -Rosie. Rose.

Charles, ¿acepta a esta mujer como esposa?

Sí, señor.

Rose, ¿acepta a este hombre como esposo?

Sí, acepto.

Por la autoridad que me otorga el káiser Guillermo ll,

los declaro marido y mujer. Procedan con la ejecución.

¿Qué pasó?

¡Lo logramos, Charlie!

¿Cómo?

¿Qué te parece?

¿Se encuentra bien, Sra. Allnut?

Fantástica, me siento fantástica. ¿Y usted, Sr. Allnut?

Bastante bien, para ser un viejo casado.

Estoy mareada, Charlie. ¿Para qué lado queda el Este?

Para el lado que vamos nadando, muchachita.

Había un pescador vaIiente

Que zarpó desde Pimlico

A pescar una buena pieza

Y un aIegre verdeI

Pero cuando soltó amarras

EI viento empezó a sopIar...

FlN

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