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Desde el más remoto exilio...
En las alas del deseo...
velozmente hacia a ti...
volaban, volaban mis pensamientos.
Como a una adorada Virgen te esperaba...
Amilcare, ¿a dónde vas?
El fuego, ¿no lo notas? Ven aquí, ¿no?
- El exilio y el dolor... - ¡Alto!
casi espiritual...
casi espiritual para mí...
casi espiritual para mí...
el exilio y el dolor...
- ¡Eh! ¿Qué hacéis ahí? - Quemando algunas cosas, Piero.
¿Estás loco?
¡Iros más lejos con esa basura!
Sí. De todos modos, son restos. Brazos y piernas de quién sabe quién.
Es mejor hacer estiércol con esto, ¿no?
Deja que lo hagan. Les dije que encendieran el fuego donde quisieran.
¿No ves cómo son? Peor que yo. Venga, vamos.
Desde el más remoto exilio...
En las alas del deseo...
velozmente hacia a ti...
volaban, volaban mis pensamientos.
- ¿Ingresas o retiras? - Retiro.
¿Y has apuntado la cantidad?
Sí, papá. No hace falta que me lo digas siempre.
Por favor, no me malinterpretes.
Todo lo que ves es también tuyo. Lo sabes, ¿verdad?
Sólo es para llevar la contabilidad. Por favor.
Hay que llevar los libros como es debido.
¿Qué es esto? ¿Una reprimenda?
En realidad...
me gustaría que te ocuparas más de nuestros intereses.
Parece que eres el único que no se da cuenta de lo que pasa...
de lo que pasará.
¡Muy bien! Hay una guerra, lo sé.
Pero, ¿llevas uniforme? No.
Así que, hijo mío, tu trinchera es ésta.
Por lo tanto, muévete.
Enrica también es de la misma opinión.
- ¿Quién? - Tu prima.
Me preguntó por ti.
¿Por qué no coges el Spider y vas a Palmanova?
Vamos, déjate ver de una vez, ¿no?
¿Dejarme ver, eh? ¡Ah, me gusta!
Pero si me has tenido escondido toda la vida...
- ¡Marcello! - ¡Niégalo!
Como ahora hay una guerra, dejemos salir al monstruo.
De todas formas, nadie lo va a ver.
No vuelvas a decir eso. Sabes que te quiero.
Hasta mi madre se murió cuando me vio.
¡Tu madre murió en el parto!
Cuando me vio, corrió a tirarse al río.
Todo el mundo lo dice.
¡Intenta mirarme bien por una vez!
- Ah, Mariuccia... - A la orden.
Mis camisas.
Acabo de plancharlas. ¿Quieres que se las deje en su habitación?
- ¡Deprisa, las necesito ya! - Sí, enseguida.
"y también tus primos, que siempre preguntan por ti".
- "Y Michelina también..." - Siempre quejándose.
- Mamá... mamá... - Estoy aquí, estoy aquí.
Mamá...
¡Eh, manco! ¡Sujétame la escalera con las dos manos!
¡Bastardo!
No le escuches. Ya sabes cómo es.
¡Vamos, Amilcare! ¡Vamos, muévete!
¡Vamos, camina, Amilcare!
¡Aquí! ¡Sujétalo fuerte!
Oye, camillero, ¿te queda mucho?
Un cable más y termino.
Toma, capullo, monta las placas.
Dejemos al manco con sus problemas.
- Oye, vamos, ven conmigo. - Felice, échame una mano.
Amilcare, vamos. ¡Despacio! Eso es.
¿Te gusta?
¡Se la quité a un oficial austriaco! Y quería matarme, ¿sabes?
Pero fui más rápido.
¿Eh?
¿Es suficiente?
Quería regalártelo, pero son unos tiempos tan malos...
Así está mejor.
¡Eh, cabrones! ¡Qué suerte tenéis, por Dios!
Vuestro permiso.
Oye, nos vamos.
Yo no vuelvo a casa. ¿Qué van a hacer conmigo ahora?
Te meterán en una bonita jaula y te pondrán a cantar.
Entonces vamos a celebrar vuestro permiso.
A las 17:00, ¿de acuerdo?
Nos vemos allí. Ya sabes dónde, ¿eh?
Sí, sí.
Oye, Antonio se nos ha ido. ¡Hermana!
- ¿Antonia? Te estoy esperando. - Sí, ya voy, ya voy.
Llegas tarde, ¿lo sabes?
Cesare dijo que a las 17:00.
¿Qué, quieres pasar un buen rato?
Verás, me pasé un momento por la panadería.
¿Dónde está Cesare?
No lo sé, estará por ahí.
Gracias.
Qué bonito eres...
Lo siento, no me he presentado.
Es cierto, tienes razón, pero... Cesare no deja de hablarme de ti.
Me llamo María.
Toma.
Oh...
Vamos, abre la boca, está relleno de crema de chocolate...
¡Perdón!
¡Entonces es verdad! ¡Tienes un nuevo pretendiente!
¡Qué amor! Es un verdadero muñequito...
¿En dónde lo encontraste?
¡Mira qué manitas más bonitas!
¿Sabes que eres muy guapo?
¡Qué ojazos!
¿Qué estás mirando, curiosón? ¿Quieres un poco?
Espera, verás lo bueno que va a estar ahora.
¡Por favor! Déjalo en paz, es mi amigo.
¡Ah, es un amigo!
Siendo así, hay que hacer que se divierta.
¿Te apetece un poco de música?
¡No! ¿Pero qué has puesto?
Te ruego que me disculpes, pero... tengo que irme ya.
¿Has visto eso? Con tanto parloteo, lo está dejando escapar.
Pero cómo, ¿te vas?
¿Sin ni siquiera probar la especialidad de la casa?
- ¡Oh, qué lástima! - Una mierda, ¿eh?
"Te ruego que me disculpes, pero tengo que irme ya."
¡Vamos!
Perdona, María, si te hemos hecho perder una carrera.
- ¿Ya nos deja, Sr. Marcello? - Sí, señora...
Leni Grundt, pero llámeme Leni, es menos formal.
- Quisiera mis guantes y mi sombrero. - ¡Gianna!
Gianna, el Sr. Marcello se va.
Cesare me dijo que se volvía a la villa.
¿A la villa?
Espero que haya sido un encuentro placentero.
María es una chica que vale oro.
Oh, sí.
- Vuelva a visitarnos pronto. - Vamos, ven.
- Siempre tengo tan poco tiempo... - Vuelva, por favor.
¿Sabe que hace unos años conocí a su padre?
- Qué curiosa casualidad. Señora. - Acompaña al Sr. Marcello.
- ¿Dónde están las muletas? - ¡Aquí están!
Despacio, despacio.
¡Puede caminar!
¿Hay alguien en enfermería?
¡Vamos, vamos!
- ¡Mi cabeza, doctor! - Apóyate en mí.
- Vamos, eso es... - A la sala de operaciones.
Espera, la muleta. Eso es.
Hermana, ayúdele a bajar.
Sí, ya voy.
Déjeme a mí.
- Baje. - Este está muerto.
Llévatelo.
Vamos.
Espera, inclínate.
¿Qué hacen las enfermeras? ¡Despierta, muévete!
Mariuccia...
Mariuccia...
Dejadme en paz. Tengo sueño.
No puedo dormir.
- Mariuccia, déjame dormir. - Vamos, ven aquí.
¿Sabes que a veces envidio a Marcello?
En serio.
Vamos, pobre enano...
Dime, ¿qué tal es en la cama?
¿Desde cuándo te interesa saber cómo follan otros hombres?
¿Es un hombre?
Si mi madre me hubiera parido como a él...
no tendría que volver al Karst...
para recoger a esos pobres desgraciados hechos pedazos.
Me gustaría tener su altura, un metro veinte, no más.
Entonces yo no te querría, ¿sabes?
Pero, ¿os excitan a las mujeres los enanos?
Es un cliente como los demás.
Pero a los clientes no les beso en la boca.
- Es agradable. - Está forrado.
Esta vez me dejaré el pellejo.
No, las cartas dicen que volverás conmigo.
Bien, entonces me quedo tranquilo.
¡Marcello! ¡Marcello!
- ¡Oye! ¿No me has visto? - No.
- ¿Me estabas buscando? - No. ¿Por qué?
- ¿Me dejas subir? - Vamos, entra.
¿No tenías que ir hoy a Palmanova con tu padre?
- Allí voy. - ¿Cómo, sin él?
Sin él.
Por eso estás de tan buen humor.
Tengo muy mal carácter.
- ¿Quieres que subamos? - ¿A esta hora?
- Abre el apetito. - No me apetece.
Bueno, pues ponte en marcha.
Pero tu motor ha perdido un cilindro.
- ¿Está seguro? - Bastante.
Vamos a echarle un vistazo juntos, venga.
A Palmanova te irás mañana.
Pásame el pan, por favor.
- ¿Fuiste ayer a Palmanova? - Sí. Quiero decir, no.
- ¿Sí o no? - No. Bajé al río.
¿Con el Spider?
¡Ah, por fin!
Hacía tiempo que no lo ponías en marcha, ¿verdad?
No tanto.
- Sigue andando, ¿eh? - Es un misil.
¡No, ve por el patio! ¡La parte delantera está cerrada!
¿Qué pasa?
Mariuccia, ¿qué ha pasado?
Ha llegado el administrador, viene con la calesa.
Buenos días, contable.
Déjalo, yo me encargo del caballo.
Buenos días, contable.
- A sus pies. - Ah, gracias.
Buenos días, Sr. Abogado.
Señorito. No quisiera molestar.
¡Por el amor de Dios! ¡Entre, entre! Adelante.
Siéntese.
- Más problemas, supongo. - Bueno, yo...
Tráele al contable lo que quiera.
- Nos bombardearon anoche. - ¿Y la casa?
El techo que da al jardín se incendió.
Esta mañana, los bomberos han conseguido apagar el fuego.
¿La habitación de mamá?
Llevé... Llevé lo que pude al sótano,
pero algunas cosas se han perdido.
Primero el fuego, luego el agua...
¡Vamos, Mariuccia, no te quedes ahí!
¡Dile a Piero que prepare el coche!
Yo vuelvo con la calesa, abogado.
¡Tú también vienes, Mariuccia!
- ¿Nos vamos ya? - No, tú te quedas aquí.
- Vuelves a encerrarme. - Deja ya esta historia.
Uno de nosotros tiene que quedarse, ¿no te parece?
- Abogado, aquí tiene su pase. - Gracias.
Cualquier cosa que necesite, por favor, pídasela a mi hijo.
Gracias.
¿Se quedará allí mucho tiempo, abogado?
Sólo el tiempo necesario.
De nuevo, gracias por su inestimable hospitalidad.
- Que tenga un buen viaje. - Puedes arrancar, Piero.
Pásame la 27.
¡He dicho la 27, no la 30!
¿Pero por qué no te gusta ir al casino?
¿Es ésta?
- ¿Quién te lo ha dicho? - Me lo dijiste tú.
- ¿Has terminado? - En cinco minutos es todo tuyo.
- Me preguntó por ti. - ¿Quién?
Ella.
Sí, la Madame. Lamenta no verte más.
Cuando mi padre no está, no puedo moverme.
No busques excusas y vuelve con ella.
Ya veré.
Vamos, eres un hombre normal.
- Es muy bonita, ¿eh? - ¿Quién, María?
¡Me refería a tu Spider, capullo!
Tendrías que ser un chulo.
- ¡Cesare! - ¿Qué es lo que quieres?
- ¡Tenemos que evacuar! - ¿Evacuar?
- Ha llegado la orden de traslado. - ¿Qué?
¡Vamos, date prisa! ¡Hay que hacer las maletas!
Despacio.
Tú, échame una mano.
- Hecho. - Despacio, que lo vas a romper.
Acóplalo bien, que tenemos que caber todos.
- Tómatelo con calma. - No seas un idiota.
No te pongas demasiado cómodo, yo también tengo que entrar.
Cómo no. Y a lo mejor también te traes a la rubia, ¿eh?
- Vete a la mierda... - Vete tú.
Olvidaste esto.
- No es mío. - Ahora sí.
Te gustaba, ¿no?
Si fuera por mí, me quedaría aquí.
¿Qué estás, haciéndote el blando? Déjalo.
Te encomiendo a María, Marcello.
Trátala bien, ¿de acuerdo?
Confía en mí.
¡Adelante!
Vamos, date prisa, tenemos que irnos.
La guerra ha terminado para nosotros.
¿Qué coño haces? ¿Qué coño... hace?
¡Te prendo fuego a ti, a este hospital, y me largo!
¡Déjalo, por el amor de Dios!
¿Adónde quieres ir?
- A mi casa. - ¿Para hacer qué?
Sin un céntimo en el bolsillo, sin un brazo...
Tu mujer te da con la puerta en las narices.
Mira quién habla. No has perdido la vista, has perdido el cerebro.
El tuyo funciona demasiado.
Tengo algunas ideas.
Dime, ¿quieres venir conmigo?
Lo único que podemos hacer los dos es mear contra el viento.
Pero lo importante es no mojarse.
Era su vestido favorito.
Estoy segura de que a ti también te quedará muy bien.
- Me lo probaré mañana. - No. Ahora.
Te va a quedar muy bien, ya lo verás.
Tienes las mismas medidas que mi Emilia.
Basta, Leni.
Bueno, no está mal.
De verdad. Estás aún más guapa.
Pero tú no me dejarás, ¿verdad, María?
Te lo he dicho, esa historia me asusta.
Al menos déjame hablarte de la loca de mi hija...
Está bien, pero apuesto a que nunca tuviste una hija.
Mañana quiero verte bajar con este vestido.
- Buenas noches, pequeña. - Buenas noches.
Iré con mucho gusto...
pero tengo miedo de mi marido.
Iré con mucho gusto...
pero tengo miedo de mi marido.
Y tu marido, que se muera...
que se muera, para que aprenda.
Y tu marido, que se muera...
que se muera, para que aprenda.
¡Gianna! ¡Gianna!
- ¡Gianna! - Me muero de hambre.
Sonia, por favor... ¡Gianna!
- Disculpe, señora. - Tráeme más leche.
Es que estaba terminando de lavar la ropa.
¡No discutas! Y date prisa.
Señora, quería avisarle de que las galletas están a punto de acabarse.
Lo sé.
Sonia, ¿cuántos días hace que no te lavas el pelo?
- Una semana. - ¡No hables con la boca llena!
- Alma, ¿podrías traerme un cigarrillo? - Enseguida.
Y también sé qué día era. Lo apunto todo en mi agenda.
El capitán Maisani dijo que olías mal.
No me extraña. Ese tipo me hace sudar de lo lindo antes de correrse.
Sonia, por favor, estamos en la mesa.
Y también acuérdate de las axilas. Hay que asearlas todos los días.
¡Pero si uso el bidé siempre!
¿Desde cuándo tienes las axilas entre las piernas?
- Abre la puerta, debe ser el cartero. - Ya voy.
- ¿Estás escribiendo a tu cabo? - Claro que sí.
¡Ah, qué fiel eres!
No, a esta hora, no. Está cerrado.
Pero no es para mí. ¿Está... María?
Señora, le dije que estaba cerrado, pero quiso subir de todos modos.
No importa.
¡Sr. Marcello, qué placer verle de nuevo!
Por desgracia, aún tenemos todo esto desordenado.
Si quiere, señora, estaré lista en un minuto.
Discúlpela, lo siento.
Es una agradable sorpresa, hacía tiempo que no aparecía.
Ahí está el enano.
- Ese cerdo está forrado... - Pase, Sr. Marcello.
Creo que ya ha desayunado.
Esa chica siempre está en la cama. ¡Es muy perezosa!
¿María? María, el Sr. Marcello está subiendo.
Siga, siga. Habitación número 3.
- ¿Quién es? - Soy yo, Marcello.
Un momento.
Oh, qué sorpresa...
Por favor, siéntate, no te quedes en la puerta.
Vamos, siéntate... Siéntate.
¿Quieres un poco de té?
No, gracias.
¿No quieres venir y acostarte aquí, a mi lado?
No, sólo estoy aquí... para saludarte y verte de nuevo.
No, déjalo, déjalo. Ya no me apetece.
Has sido muy amable al volver.
Me gusta sentarme aquí y hablar.
Pero no ocurre demasiado a menudo, ¿sabes?
Tú y yo somos amigos, ¿no?
No le diré a nadie que no quieres hacer el amor conmigo.
¡Échate aquí! ¿A qué esperas?
Ya sabes, sólo tienes que pagar cuando bajes.
Aquí todo es cuestión de dinero.
Sólo de dinero.
¿Pero qué es lo que te gustaría hacer?
Oye, ¿quieres que te toque?
¿O sólo quieres mirarme? Sólo tienes que decirlo.
¡No! Para mí el amor es algo más complicado.
¡Oh! ¡Debes estar loco!
¡Pero eso es demasiado!
Ya siento que te quiero.
Nos vemos, ¿eh?
- ¿No se dado cuenta de nada? - Sólo de mí, cariño.
Ya veo.
- Ha caído fulminado, ¿eh? - ¡Sí, me ama con locura!
Basta que venga... una vez a la semana para hacerme feliz.
Eres poco ambiciosa.
¿En qué estás pensando?
Deja esta chabola y vete con él.
¿Quieres decir... quieres decir, fuera del casino?
Creo que los enanos mueren jóvenes.
Si me haces caso, nos convertimos en señores.
Pero tendremos que hacer el amor siempre en secreto...
De todas formas tengo que estar escondido, ¿no?
- ¡Cesare! ¿Qué estás haciendo aquí? - Me he escapado.
- ¿Has desertado? - Bueno...
¿Y qué vas a hacer ahora?
Ya no soy Cesare, sino Del Sal Amilcare. Lee esto.
Del Sal Amilcare, con permiso ilimitado.
- ¿Se lo robaste a Amilcare? - No, me hizo un favor.
A un ciego de guerra los Carabinieri no le piden la documentación.
- Así que... yo también soy ciego. - ¡Estás loco! ¡Completamente loco!
Yo también quiero salvar mi pellejo. Me ayudarás, ¿verdad?
Vamos.
Tienes la misma talla que mi tío. ¡Estás genial!
Sí, pero me arrestarán enseguida si voy por ahí así.
¡Toma!
Escucha, ¿puedo pasar la noche en el establo, sólo por unos días?
Si quieres...
Así ni siquiera mi madre me reconocería.
- ¿Cómo va ahora el Spider? - Bien, muy bien.
¡No pongas esa cara!
Me quedaré unos días y luego buscaré otra cosa.
- ¿"Bon"? - "Bon".
¡Marcello, eres un amigo!
"¡Merci beaucoup!"
Qué perrito tan mono.
No es un perrito, es hembra.
- ¿Y qué? - Está casi listo.
Está hecho...
- ¿Muerde? - Los machos nunca lo hacen.
Menos mal... Muy bien.
Oh, Dios, tengo tanta hambre...
Está listo, señora. ¿Puedo servirlo?
Sólo unos minutos más. Démosle tiempo para que se prepare.
Muy bien, señora.
Entonces, si quiere, podemos sentarnos.
Nuestro invitado se sentará allí.
Por favor.
¡No, Dora! Ese asiento tiene que quedar libre.
Venga aquí, a mi lado.
Por aquí, niña.
No puede ni imaginar la alegría que nos has dado
al aceptar mi invitación.
- El placer es todo mío. - Estamos encasilladas.
- ¿Por qué tarda tanto? - Estará...
¿De quién estás hablando, cariño?
- De María. - ¿María? ¿Qué pasa con María?
Nosotras estamos aquí, ¿no?
Hoy es su día libre.
- Aquí viene. - ¡Ya viene!
Ahora nos vamos a reír...
¡Oh! ¡Por fin! ¡Nos has hecho sufrir!
Como siempre. Hago sufrir a los hombres.
Aunque no tenga mucho que ofrecer.
¡Bravo!
¡Sr. Marcello!
Niobe, tengo el placer de presentarte al Sr. Marcello.
Entonces, ¿nos sentamos? Por favor.
Alma.
- ¡Qué elegante! - Gracias.
Gracias.
Niobe es realmente preciosa.
Si no hubiera sido por mis contactos, nunca la habrían dejado venir.
¿Marcello qué más, cariño?
"Marcello" es más que suficiente para ser amigos.
- ¿Eres de por aquí? - Sí.
Soy de Padua, pero mis padres son de Francia. ¿Lo sabía, señora?
- Lo sabía. - Qué bonita pareja...
- "¡She's very nice!" - ¿Qué ha dicho?
- ¿Me sirves un poco de vino? - Somos internacionales.
- No me disgusta nada. - "Merci".
¡Gianna!
¡Sirve la mesa!
Eres mi caballero.
¿Qué está pasando?
¡Calma! ¡Al sótano! ¡Deprisa!
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.
Dios te salve, María, llena eres de gracia;
el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas...
Para, Gianna, nos estás volviendo locos.
ruega por nosotros pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen.
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
Han dejado de bombardear.
Sí, es cierto, ya no se oye nada.
Cálmate, Gianna, ya ha terminado.
¿Cómo que terminado? ¿No lo oye?
Sólo están llamando a la puerta. Vamos, abre.
Tengo miedo... tengo mucho miedo, señora.
Muy bien, Gianna, quédate aquí. Iré yo a ver quién es.
¡María! ¡Gracias a Dios!
Estaba muy preocupada. ¿Has pasado miedo?
- Creía que iba a morir. - Mi pobre niña.
- Cuidado con los escalones. - ¡Cerrad esa puerta!
- Sí, ahora mismo, señora. - Le dije que vinieran aquí.
- ¿Por qué? - No sabían dónde ir.
Has hecho bien. Donde caben diez, caben cien.
- Siéntate. - Me duele...
- ¡Siéntate! - Me quema.
No hagas ruido.
- ¿Me das un poco de agua? - Enseguida.
¿Y fuera? ¿Qué está pasando en el pueblo?
Algunas casas están en llamas.
Nuestra gente se ha ido. Qué vergüenza.
Sí, lo llaman... "retirada estratégica".
¿Y qué hacemos ahora? Ya no se ve ningún soldado por aquí.
Espera.
Gianna, ¿qué pasa con las chicas?
¡Oh, Dios mío, todavía están abajo!
Yo lo sujeto.
¡Subid! ¡Subid, chicas!
Por supuesto...
la artillería no perdona.
¡Subid ya!
¿Dónde has pasado la noche?
En una bodega.
Esta vez no vamos a volver a casa.
Yo sí...
No me voy a quedar aquí...
¿Dónde está...?
- Gianna, ¿adónde vas? - No puedo quedarme aquí.
- Es peligroso salir ahora. - No importa.
- Me voy. - ¡Quédate aquí!
- ¡Quédate aquí! - ¡Quiero irme!
- ¡Quédate! - ¡No quiero morir en un casino!
¡Tengo una casa!
Que haga lo que quiera. Ella puede.
Era la única mujer libre aquí dentro.
¡Chicas, Gianna se ha ido!
- ¿Qué? - Oh, no...
¿Quién va a hacernos las camas ahora?
Le han dado de lleno al coche.
Piero y Mariuccia también han muerto.
Esto es todo lo que su padre llevaba encima.
Me quedo a la espera de sus instrucciones.
Son ellos.
Mi más sentido pésame por su pérdida.
A pesar de nuestros esfuerzos,
lamentablemente esta guerra no perdona a los civiles.
Como anuncié, la villa permanecerá requisada hasta nuevo aviso.
Mis hombres ya han tomado posesión del edificio.
Espero que encuentre un alojamiento adecuado.
No se preocupe, mis necesidades son muy básicas.
He dado instrucciones precisas para que no se toque nada.
Puede volver aquí cuando quiera.
Al fin y al cabo, esta es su casa.
- Disculpe, yo... - Lo ha visto por si mismo, ¿no?
Ya no estoy en condiciones de darle instrucciones.
No durará mucho, señorito, créame.
Permítame que vuelva a darle mis condolencias.
Y, por favor, hágame caso, no se quede aquí...
Éstas son malas personas.
¡Viva Italia!
Odioso... ¿Has visto eso?
Ese, si alguna de nosotras tiene tos...
es capaz de cerrar la casa inmediatamente.
¿Sabes lo que me dijo Leni?
Que ni siquiera es médico, es veterinario.
"So gut." Vete.
- Qué asco. Apesta. - Claro, si se come el puro...
Que pase la siguiente.
Ni siquiera se lava las manos... Este se cree que está en un cuartel.
Ven aquí.
Vamos, siéntate.
Ábrete.
Verás como aquí estarás bien. Leni también está contenta.
- ¿Quieres que te deshaga la maleta? - No. No, déjalo.
¡Vamos, anímate!
Has hecho muy bien en venir aquí.
Además, el único hotel decente ha sido requisado.
Y luego, aunque sea...
es una buena oportunidad para conocernos un poco mejor, ¿no?
Vamos...
No te lo tomes así.
Y pensar que...
que la última vez que se fue, ni siquiera me despedí de él.
Es una maravilla.
- Querido... - Vamos, cariño.
- No le digas nada a mi mujer. - No te preocupes.
Oh... "Guten tag". Por favor, siéntense.
¿Las chicas están ocupadas?
Sí, todas, pero tienen la suerte de encontrar a Niobe libre.
¿Quién es Niobe? ¿Esa?
¡Por el amor de Dios, no!
Creo que está libre.
Esa gran suerte se la dejamos a los italianos. Somos generosos.
Las otras chicas estarán libres en unos minutos.
De acuerdo, volveremos más tarde.
Prefiero hacerme una paja.
¡Oh, "la-la"!
No, no llores, no llores...
¿Dónde está el cuchillo?
¡Tienes que decirme dónde está, recuérdalo!
Está ahí, delante tuya.
¡A la izquierda!
¿Pero tienes que hacerte el ciego incluso cuando estamos solos?
Si los austriacos descubren que tengo los papeles de otra persona...
me tomarán por un espía.
Un sólo despiste y adiós Cesare. ¿Está claro?
Adiós.
Adiós.
Envía a otro.
Siguiente.
Cierra la puerta.
Vamos, aquí estoy, toda tuya, fresca como una rosa.
Bueno, ¿a qué esperas?
¡Alma! ¿Qué haces todavía ahí?
Digo, ¿te has vuelto loca?
Hoy no trabajo, es mi día libre.
¡Vamos, cariño, se acabaron los buenos tiempos!
Oh, no, por favor... El agua caliente me calma el ardor.
Ahora, vamos, cariño, haz un pequeño esfuerzo, ¡vamos!
¡Abajo están haciendo cola!
Ponte una buena compresa de manzanilla y se te pasará.
Lleva media hora ahí dentro.
Se cree que está en su casa.
- ¡No! - ¿Qué pasa ahora?
¡No! ¡No! ¡Iros! ¡Largaros! ¡Basta!
¡Basta! ¡No puedo aguantar más!
¡Vamos, Fritz! ¡Vamos!
¡Vamos a ver a la hermosa Sonia!
¿Qué estás haciendo? ¿Te has vuelto loco?
¡Te voy a echar! ¿Entiendes lo que he dicho? ¡Te denunciaré!
Pobre Fritz, tiene derecho a divertirse un poco, "antes de volver al frente".
¡Vamos, entra!
Sonia, trátalo bien, es un amigo.
- ¡Es mi hermano! - ¡Es mi tío!
¡Basta!
¡Les advierto que informaré al Mayor Banfield inmediatamente!
Las otras no paran de trabajar ni un minuto, y tú...
- Dos carreras en total. - Tres, señora, tres.
Hija, intenta darte cuenta de que si sigues así...
no podré permitirme mantenerte.
Haré lo que pueda.
Verá... verá como voy a hacerlo mejor.
Sí, pero ya sabes, estos tipos las quieren todas altas y rubias.
- Buenas noches, señora. - Buenas noches, Mayor.
- ¿Puedo? ¿Le importa? - Por favor.
Escucha, cariño...
Desde que se fue Gianna hay mucho que limpiar por aquí.
¿Por qué no ocupas su puesto?
Sólo por un tiempo, luego veremos, cariño.
Pero, señora, yo no...
Escúchame, Niobe, será mejor para todas si permanecemos juntas.
No, por favor, no...
No, no... ¡La criada no!
Cariño, ¿sabes lo que vas a hacer por la mañana?
Empieza por el baño.
¡La criada no!
Sí, lo siento, Dios me llama...
De mis males hasta el lamentable final.
¿Quién quiere más a esta desagradecida?
Un suspiro...
- ¿Quién es? - Tranquilo, soy yo, Leni.
¿Qué está pasando ahí arriba?
- Ah... lo de siempre. - Se están divirtiendo.
Diviértete tú también.
Cuidado, no me estropees.
¿Te gusta... te gusta cómo huelo?
Tienes que ser guapa...
Qué suave eres...
Debes ser todo ternura...
Despacio... despacio, no me desaliñes.
- ¿Eres rubia? - Sí, soy rubia. En todas partes.
"La flor fecundada le preguntó al joven manzano:"
"'¿Por qué existe el dolor?'"
"Y el árbol le preguntó a la tierra: "¿Por qué existe el dolor?"
"Y la tierra le preguntó a la lluvia: "¿Por qué existe el dolor?"
"Y la lluvia le preguntó al sol: "¿Por qué existe el dolor?"
"Y el sol, a su vez, le preguntó la manzana".
"Y la manzana respondió: "Yo existo".
- Permiso. - Adelante.
Ponlo aquí.
- ¿Puedo? - Claro que sí.
Pero dime, ¿a quién quieres seducir?
¿Marcello?
¡Marcello!
Te he traído toallas limpias.
Ahora no las necesito.
Tú me las pediste. ¿Quieres que las deje aquí fuera?
- Si no, la señora... - Muy bien, date prisa.
Ser una sirvienta no es lo mío.
Entonces, ¿por qué lo haces?
Para quedarme aquí. A los austriacos no les gusto.
En cambio... soy muy buena.
Trabajo bien. De verdad, ¿sabes?
- Confía en mí. - No quiero que me miren.
Muy bien.
Deja que lo haga yo.
Y no quiero mirarte.
- La puerta está abierta. - ¡Vamos debajo de la cama!
¿Qué juego es este?
De niños nos escondíamos bajo la cama para tocarnos.
- ¿Y después? - Después los demás crecieron.
Ahora, vamos... No pienses.
Ah, aquí están.
- No te las comas todas. - ¿Por qué no?
¡Porque esas son las últimas!
No hay nada alrededor, ni siquiera para un pobre ciego.
¿Para quién es toda esa gracia de Dios?
- Para Marcello. ¿Quién si no? - ¡Él se lo puede permitir!
¿Pero en dónde se esconde? Hace tiempo que no le veo por aquí.
Arriba, en su habitación. Ese nunca sale.
Bueno, ¿a qué esperas?
Eres joven, hermosa, incluso buena... Sácale, ¿no?
Bonito río, ¿verdad?
Sí, se parece a nuestro Rin.
Sí, se parece al Rin.
Clinto, mi vino favorito. Debes ser adivina.
- Tenemos un amigo en común, ¿no? - ¿Cesare?
- Me he informado. - ¿Qué es Cesare para ti?
Un amigo. Ya te lo he dicho, creo.
- ¿Sólo un amigo? - Bueno... Un cliente.
¿Eso es todo?
Digamos... un cliente fiel.
¿Te preocupas por él?
Vamos...
- ¿Te importa o no? - Todos son iguales... Hombres.
¿Pero te paga?
Piensa en la cara de Leni si no fuera así.
Sr. Marcello, ¿quiere algo más?
No, gracias.
¿Cómo está Bordin?
- Nunca volvió. - Pobre Bordin.
Solía ir a pescar con él cuando era un niño.
El río está lleno de peces por aquí.
¿Es cierto que tienes una casa enorme?
Sí, pero ya no quiero volver allí.
¿Por qué están los austriacos allí?
También por eso.
Y... ¿si te acompaño yo?
¡Cuidado con ese bache!
¡Cómo me gusta!
- ¡Una curva! - ¡Agárrate fuerte!
Sí, sí. ¡Eres muy bueno! ¡Un auténtico piloto!
Por favor.
¡Vaya, sí que es grande!
¡Joder, si hasta se escucha el eco!
Ven conmigo.
Vamos, ven aquí un ratito, a mi lado.
No voy a comerte, ¿sabes?
Hacer el amor tampoco es fácil para mí.
¿Quieres saber algo?
Es un secreto, pero...
Me da un poco de vergüenza decírtelo.
Nunca llego al orgasmo, ni siquiera con Cesare.
Escucha, hagamos un trato.
Tendrás que pagarme
cada vez que quieras estar conmigo sin hacer el amor.
- Al revés que los demás. - ¡Eso es!
Y dejarás de pagar en cuanto cambies de opinión. ¿Aceptas?
¡Sígueme!
- ¿A dónde me llevas? - Vamos.
Esta era la habitación de mi padre.
Le gustaba trabajar aquí.
Cuando los austriacos se vayan,
se convertirá en mi habitación.
- ¿Qué son todas esas cajas? - Cosas de familia.
Ven conmigo.
Desde aquí las mujeres podían oír misa sin tener que bajar.
Arrodíllate.
Oh... ¡Es espléndido!
¡Esto debe costar una fortuna!
Inclina la cabeza.
Ah... Marcello... ¡Nunca nadie me había hecho un regalo así!
Era de mi madre. Ahora es tuyo.
Besar no es hacer el amor.
¿Podrías enamorarte de un enano?
¿Y tú te enamorarías de una puta?
Desde el más remoto exilio, en alas del deseo...
- Tengo una sorpresa. - ¿Cuál?
- Te he conseguido gasolina. - Gracias.
- Descargad lo que podáis mientras tanto. - No me des órdenes, ¿vale?
- ¡Muévete! - ¡Muévete tú!
¿Quieres que te ayude a llenar el depósito?
No, lo haré más tarde.
Ya has hecho demasiado por mí.
¿Qué? ¿Y tú no me has hecho ningún favor?
Escucha, Cesare...
Debería pedirte un favor, pero no sé cómo decírtelo.
- Valor. - María...
¿María? ¿Qué te ha hecho?
Quiero que dejes de hacer el amor con ella.
Ah, ¿no puedo tirármela más?
¡Pero si se la folla todo el mundo!
Pero contigo es diferente.
¿Qué pasa? ¿Estás enamorado de ella?
Olvídalo. Vamos, dime cuánto quieres.
¿Quieres pagarme?
Vamos, ¿qué clase de amigo sería si aceptase?
Quédatela, te la dejo toda para ti.
¿Ha sido todo de su agrado, "Herr Major"?
Perfecta hospitalidad.
¿Quién es este?
Es mi hombre de confianza.
¿Y se pasea solo? ¿Sin ayuda? ¿Sin bastón?
Ahí está, su bastón.
Lleva el cerdo abajo.
- ¿Qué hay abajo? - La bodega.
Es fresca, fresca como una nevera.
Documentación, por favor.
- Del Sal... - ¡Del Sal Amilcare, Coronel!
Mayor.
Bueno, por el momento, pero pronto... ¿No tengo razón?
Hasta mañana, "Herr Major".
Casi me muero.
Así... Vamos... Ah, Cesare...
Ni siquiera te has desnudado... No me gusta hacer el amor así.
Y abrió la caja fuerte delante de ti... Enhorabuena.
Quédate un poco más. Hago todo esto porque te quiero.
- No, ahora no. - Vamos...
Si Marcello descubre que estoy aquí contigo...
todo mi trabajo se irá a la mierda.
¿Dónde está el peine?
Aquí nunca se encuentra nada.
Oye, cariño... Sabes, no sé si podré hacerlo.
Porque, quiero decir, puedo fingir, pero...
Tarde o temprano, se dará cuenta. Ese no es estúpido.
Cierto, no puedes hacer milagros.
Bien, no importa. Pongámosle un broche.
¿Qué pasa? ¿Vas a tirar la toalla?
¿Qué pasa con todos nuestros sueños?
Acabados.
Jesús...
¿Ésto de dónde ha salido? ¿Quién te lo ha dado?
¡Marcello!
Así que me has contado algunas mentiras bastante grandes...
Aprendiste a desplumarle pronto.
Y quizás ya has elegido entre él y yo.
¡Ay, no! ¡Eso duele! ¡Vamos, déjame!
¿Estaba en la caja fuerte?
¿Había más cosas?
- ¿Había o no? - ¡Sí!
Me las arreglaré, ya que no tengo tiempo que perder.
¿Por qué? ¿Han descubierto algo?
No, pero es mejor que cambie de aires un tiempo.
¿Qué estás haciendo? ¿Me dejas?
No, en absoluto.
Sigue haciendo lo que haces cada día.
Acércate a él, mantenle ocupado.
Así, al menos, tendré vía libre.
Toma. Ese es mi primer regalo.
Pronto recibirás más, muchos más.
Te devuelvo tu pistola.
Vamos, no lo pienses. Hemos visto cosas peores en el frente.
Sí, pero ¿qué hacemos después?
Todo será como ahora.
Distinto de ayer, pero igual a cómo será mañana.
- ¿Y dónde vas a enterrarlo? - Bueno, vamos a tirarlo al río.
- ¿Y cómo lo llevarás al río? - Con el carro.
¿Con nuestro carro?
Siempre nos han visto llevándolo, ¿no?
¡Podría comprar casi la mitad del país con el dinero de ese imbécil!
Pero quiero ir a Roma con mi parte, después de la guerra.
¿Para hacer qué? ¿Para pedirle al Papa que te dé la absolución?
Imagina, si puedo llegar allí...
Puedo decirle a todo el mundo que he ido a ver Roma.
Pero, ¿qué quieres ver? Estás ciego.
Me gustaría que todo terminara ya.
Será cosa de un momento.
No volveremos a estar con el culo al aire en el resto de nuestra vida.
Ya está, ahora tu futuro está aquí, en mis manos.
- ¿Qué es esa carta? - El ahorcado.
Soy yo. Mis pies nunca tocan el suelo. Continúa.
La soledad...
¡Mucho dinero!
Eso ya lo sé.
Ah...
Vamos, quiero saberlo. Dime la verdad.
No es bonito.
Aunque aquí está la Justicia que arregla un poco las cosas, pero...
Esta carta es una mala señal, estás en peligro.
Veamos la siguiente.
No lo entiendo.
Ésta no se relaciona con las otras. No dice nada.
¿O eres tú quien no quiere decírmelo?
- ¿Qué hora es? - La hora de la muerte.
Déjame ver el reloj, idiota.
Sólido. Toma, escóndelo.
Unas horas y saldrás de este agujero. ¿Contento?
Has usado mi nombre, ¿no te basta?
Déjame fuera de esta historia.
Basta, no seas un cagado. ¡Ya es tarde!
Una vez que el enano esté listo, harás lo que quieras.
Ya está oscuro. Vamos fuera, mientras tanto.
Preparo el carro y vengo a buscarte.
Eres magnífica.
Ahora vete, cariño.
- ¿Sabes que me has destrozado? - ¿Estás bien?
- Vete. - Pero...
Ahora vete, vete.
¡He ganado!
- ¿Quién ha ganado? - ¡He ganado yo!
¿Con quién me tengo que ir?
- Tú... ¿Libre? - Más tarde.
- ¿Tarde? - Esta noche.
¿María? María...
- Quieren matarlo. - ¿Quién?
- Él, y Amilcare también. - ¿Amilcare?
- Estaban hablando, los oí. - Madre mía...
- Marcello. - No voy a bajar, no tengo hambre.
Por fin entendí el significado.
¿De qué? ¿De nuestra vida?
¡Para! De la carta. ¿Lo recuerdas? ¡La que tú cogiste!
- ¿Y qué? - Era una advertencia.
Tienes que salir de aquí ahora mismo.
¡Marcello, por favor!
No bromeo, tienes que salir de aquí. ¡Ahora! ¡Enseguida!
Ya te estás arrepintiendo, no quieres jugar más, ¿eh?
¿De qué demonios estás hablando?
Esto es lo que querías, ¿verdad?
Aquí están, están todos.
Toma. Úsalas.
¿Qué has entendido? ¡No tengo tiempo de explicártelo!
¡Tienes que irte!
¡Haz lo que te digo!
Si fuera como dices, desde luego no estaría aquí pidiéndote que te vayas.
Hazlo por mí.
Bien, ya que te importa tanto, me iré.
¡Vete!
De acuerdo, pero con una condición: que te vengas conmigo.
Oh, no, no puedo...
Entonces me quedaré.
Muy bien, sí... Arranca el Spider y te alcanzo.
- ¿Y tu maleta? - No, no voy a ir...
¡Vamos, entra!
No, Marcello, no quiero engañarte, ¡no te quiero!
¡Vete! ¡Vamos! ¡Vete!
¡Vete! ¡Corre! ¡Vamos!
¡Por el amor de Dios, vete!
¡Escúchame, no te detengas! ¡Vamos!
¡Cuidado!
¡No!
- ¿Qué ha pasado? - ¡Vamos, salgamos de aquí, rápido!
¡Puta! Me has engañado, ¿eh?
Ayúdame... no puedo moverme...
Mis piernas...
Jesús, aquí estoy en problemas.
¡Atención!
¡Armas!
¡Carguen!
¡Apunten!
¡Fuego!
¡Descansen!
El sombrero.
- Buenas noches. ¿Está descansando? - No, te está esperando. Sube.
Muy bien.
¡Mira, tengo una carrera! ¡Hasta aquí!
Dame un pequeño masaje.
Tú, en cambio, no tienes carreras.
¿Cómo te encuentras hoy?
¿No te gusta?
¿Te gustan mis piernas?
¿Puedo acostarme... a tu lado?
Qué quieres, no tengo elección, sigues siendo mi único cliente.
María.
Por favor, María, déjame dormir.
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