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En 1933,
el partido nazi de Adolf Hitler toma el poder en Alemania.
Hitler se convierte en el Führer,
el líder absoluto del país.
Su policía secreta, la temible Gestapo,
recurre a la tortura y al terror para acabar con toda resistencia.
Para imponer la supuesta superioridad de la raza aria,
Hitler entra en guerra con un único objetivo:
conquistar el mundo.
Penalti.
¡Pero si se ha tirado!
No se discuten
las decisiones del árbitro. - ¡No eres árbitro, eres cura!
Es lo mismo.
Creo en el fútbol con tanto fervor como creo en Dios.
¿Listo?
¡Y se acabó! El equipo de François gana por 3 a 2.
Y ambos
capitanes se dan la mano.
No, ni hablar.
Prefiero morirme. - Estoy de acuerdo.
Vale, largaos.
Oye, se te da bien la portería.
Es por la gorra, la misma que Darui.
- ¿Quién es Darui? - El portero del equipo francés.
- Es por eso. - Nos vemos mañana para la revancha.
Adiós.
Mi gorrita.
Aquí es donde crecí,
en Pontain-l'Écluse, un pueblo en el que,
20 años después, aún se hablaba de la Gran Guerra de 1914
y de los compatriotas que perdieron la vida.
Papá había vuelto con una mano que ya no le servía,
pero nunca hablaba de ello. Eran asuntos de mayores.
Aquel verano, cuando todo parecía perdido,
nosotros, los niños, decidimos luchar a nuestra manera.
Y si no me creéis,
dejadme que os cuente nuestra historia.
¿Qué pasa?
Los alemanes han invadido Polonia.
Francia e Inglaterra han declarado la guerra a Alemania.
¿Vas a irte?
No, esta vez no.
Ya fui a la guerra.
Le toca al resto.
Ya está.
Vuelta a empezar.
Quiero ir a ver qué pasa en el pueblo.
Yo también.
- ¡François, vamos a comer ya! - Mamá, hay una guerra.
No es motivo para saltarse la comida.
- ¿Y bien? ¿Es cierto? - Mira el cartel.
Y mi padre decía: "Tranquilo, no habrá más guerras". Ya ves.
- ¿Va a ir? - No, por los pulmones.
Me temo que tenía razón, letrado.
- Sí. - ¿Me juras que no vas a irte?
Soy padre viudo y veterano de guerra.
Seguro que quedo exento. Tranquilo.
- No quería creérmelo. - No, ni usted ni nadie.
Abriré la tienda. Quédate aquí.
Yo voy a parar esa campana.
Me tiene frito.
- Hola, Martin. - Hola, primo.
- ¿Irás a la guerra? - Claro, chaval.
Soy joven y estoy sano. No me libraré.
Oye, no pongas esa cara.
En un mes, estaré en Berlín.
¿Qué puedo traerte de recuerdo?
Ya sé.
Un mechón de Adolf.
Pero vas a tener que sustituirme. - ¿Dónde?
¿Ves la barca que se aleja?
Si la sigues, puedes llegar hasta Alemania.
Vamos.
¿Te he explicado para qué sirve?
- Sí, es un desagüe. - Exacto.
Si llueve mucho, ayuda a evacuar el agua.
¿Y qué pasa si cierro la válvula?
El agua se filtra en la tierra
y se acaba formando barro. - ¿Y qué pasaría?
Habría un derrumbamiento.
Muy bien, ya lo tienes.
La colina se hundiría
y una ola de barro podría precipitarse hacia el canal.
Imagínate el desastre.
El tráfico quedaría paralizado.
¿Estarás pendiente de todo cuando vaya a la guerra?
Pero no estarás allí mucho tiempo. Eso has dicho.
Iba a casarme antes de la primavera.
Ya había empezado a reformar la casa.
¿Me invitarás a la boda?
¿Es broma?
Tú te sentarás junto a la novia.
Pero no me la quites.
Frédéric Cornet.
Émile Fournier.
Henri Legeais.
Martin Rougier.
Que Dios os proteja, hijos. Rezaré por vosotros.
En este cuadro del pintor David,
Napoleón Bonaparte señala algo con el dedo.
¿Qué creéis que nos muestra?
Bien, al azar. Luc. ¿Tú qué crees?
¡Eh, Luc!
Pues señala...
¿El qué?
Que el cielo está negro.
Sí.
Y les dice
a sus hombres
que va a llover.
Y que tienen que buscar un refugio.
Sí, algo así.
En realidad, se trata de una alegoría,
con tilde en la "i".
Con ese gesto,
el emperador quiere mostrar a sus soldados.
¿Qué ocurre, papá?
Tras meses de observación,
las tropas de Hitler atacaron por sorpresa.
Pero nuestros soldados retrocedían.
Millones de franceses aterrorizados
abandonaron sus hogares para huir
formando filas de refugiados
que los aviones alemanes bombardeaban.
Y yo me preguntaba: ¿dónde está Martin?
¡Papá, se están bebiendo nuestra agua!
¡Oigan, oigan!
¿Qué hacen? El agua no es gratis. ¿Qué se creen?
Por favor, los niños tienen sed.
- Hemos caminado toda la noche.
- ¿Y qué me cuentan? No es mi problema.
Son demasiados. No somos el Ejército de Salvación. Lárguense.
Venga. Largo.
¿Qué pasa? ¿Acaso es tuya la fuente, Germain?
- Señor alcalde - ¿No te da vergüenza?
- Pero mire. - Espera.
Ya está. Ahora es agua bendita.
No te pertenece.
Adelante. Bebed. Bebed. - Hola. ¿De dónde vienen?
De la frontera belga. Los alemanes avanzan.
Nosotros de Amiens.
Allí no queda nadie.
Nuestros soldados están huyendo.
Disparan contra los civiles. Hay muertos por todos lados.
¿Crees que vamos a ganar la guerra?
No lo sé.
Puedo ir a buscar provisiones y leche para los niños.
- Gracias. - Ven conmigo.
¿Eh? Sí.
Bien, ¿algún voluntario para ayudar a esta gente?
- Me ofrezco. - Y yo.
Voy a cerrar el bar. Esta panda de mendigos es capaz de colarse.
- ¿Qué pasa? - Tranquila. Ven.
¿Qué hace?
Lo siento, somos muchos.
Por favor, no me deje aquí.
- Encontrarás a alguien que te ayude.
- ¡Por favor!
¡No se vayan!
¿Qué ha pasado?
Venga, dime.
Me han abandonado aquí.
¿Era tu familia?
No, no los conocía.
Me recogieron por el camino.
¿Y tus padres?
Los he perdido.
No sé dónde están.
Levanta.
Ven.
Tranquila, ven.
¿Cómo te llamas, pequeña?
Lisa.
Lisa ¿qué más?
Strasser.
Lisa Strasser.
- Ese apellido es alemán. - No, no es alemán. Vengo de Eupen.
¿Y dónde está Eupen?
Está en Bélgica.
Cerca de la frontera alemana. - Quién sabe. Podría ser una espía.
Pero, François, ¿qué te pasa?
Es solo una niña de tu edad que ha perdido a sus padres.
¿Dónde los perdiste?
Había mucha gente en la carretera.
Y un avión nos disparó.
Papá nos dijo que saliéramos del coche.
Todo el mundo gritaba.
Corrí a esconderme
y, cuando salí ya no estaban.
Tranquila, los encontraremos.
Te buscaremos una familia que te acoja.
Necesitará una en la que haya niños de su edad.
Y con espacio suficiente para acogerla.
Y al aire libre.
No.
Ha hecho bien en traerla aquí, alcalde.
- Puede quedarse unos días. - Gracias.
Sabía que accederían.
Cuidaremos de ti hasta que vuelvan tus padres, ¿vale?
Haré todo lo posible por encontrarlos.
La pobre está muy asustada.
Tranquila.
Estás en muy buenas manos.
¿Verdad, François?
¿Dónde va a dormir?
En tu cuarto.
Tú dormirás con tu hermano.
- Claro. - ¿Qué? ¿Con Jules?
Pero si ronca. - Duérmete antes que él.
- O ronca tú más fuerte. - Exacto.
O si lo prefieres hay sitio en el establo.
Lisa ha tenido una pesadilla.
No hace falta gritar.
- No he gritado. - No, para nada.
Tranquila, cielo.
No tengas miedo. - No tengo miedo.
Vete a la cama, yo me quedo con ella.
Venga.
Creía que no te gustaba el chocolate.
Es para ella. Me lo ha pedido mi madre.
Espero que sus padres vuelvan pronto.
- ¿Por qué? Es muy guapa. - ¿Y eso qué más da?
Tiene pesadillas y grita por la noche.
Y Jules no deja de roncar. Necesito recuperar mi cuarto.
Quiero decirles que me entrego a Francia
para aliviar su desgracia.
En estos momentos tan dolorosos,
pienso en los pobres refugiados
que, en la más absoluta miseria, recorren nuestras carreteras.
Les expreso mi compasión y mi solidaridad.
Con el corazón encogido,
hoy les digo que hay que poner fin a la lucha.
Esta noche me he dirigido al adversario
para preguntarle
si está dispuesto a buscar con nosotros...
¿Qué ha pasado?
El mariscal Pétain está dando un discurso.
La forma de poner fin a las hostilidades.
- ¿Y qué dice? - Que todos los franceses...
Que hemos perdido.
- Entonces ¿volverá Martin? - ... al gobierno que presido
en estos momentos difíciles y dejen a un lado...
- ¿Nadie te lo ha contado? - ¿El qué?
¡Papá!
Me han contado lo de Martin.
¿Desde cuándo lo sabes?
Desde esta mañana.
Y no sabía cómo...
Iba a casarse en primavera.
Venga.
¡Vamos, chicos!
¿Quieres que te prepare unos huevos?
- No tengo hambre. - ¿No? ¿Y tú?
Tengo prisa.
Si quieres ver la escuela, acompáñame.
Prefiero quedarme con tu madre.
François.
Espera. Has olvidado el almuerzo. - Dáselo a tu nueva hija.
Se ha puesto celoso.
¡Bajen de los vehículos y formen filas!
¡Rápido, muchachos!
¡Todos en formación!
¡Formen tres filas!
¡Firmes!
¿Quién es el alcalde del pueblo?
Soy yo, señor.
Hola,
señor alcalde.
Capitán Jaeger.
Lucien Gernelle.
Por orden del general Pflaum,
nuestro regimiento se instalará en Pontain-l'Écluse.
¿Cómo? Nadie me había avisado.
Por eso se le informo yo.
¿Puedo preguntarle
por qué van a instalarse aquí?
Gracias a su canal,
Pontain-l'Écluse
es una gran vía de comunicación entre Alemania y Francia.
El tráfico fluvial, al igual que el ferroviario,
se intensificará considerablemente.
Nos encargaremos de garantizar su funcionamiento.
Sabrá que, a priori,
el tráfico funciona muy bien.
Nosotros preferimos las certezas a las suposiciones.
Necesitaremos un terreno
cerca del canal para construir los barracones.
Vale. ¿Por qué?
¿Van a quedarse mucho tiempo?
El que haga falta.
¡Da marcha atrás, vamos!
En fila y junto a la pared.
¡Cuidado, cuidado!
¡Frena!
¡Nuestra estatua!
Lo ha hecho a propósito.
¿Y usted? ¿No dice nada?
¿Qué quieres que diga? Ha maniobrado mal, nada más.
No es más que un cobarde.
Sigue así y te daré una patada en el culo.
Es fácil hacerse el duro con los niños, pero con ellos,
se acobarda.
Martin ha muerto en vano.
Qué poco respeto.
El respeto hay que ganárselo.
Sí. Así es.
"Un caracol
trepa por un árbol.
Avanza tres metros al día.
Pero,
cada noche,
por el contrario, baja dos metros.
Dos metros".
¿Qué haces aquí?
¿Y tú?
¿Para qué sirve eso?
Venga, dímelo.
No es asunto tuyo. No me gusta que me sigas.
- Tendrás que acostumbrarte. - Ojalá vuelvan tus padres,
porque ya estoy harto.
Pues ten.
Ahí tienes.
Pues vaya. No he notado nada.
Puedes volver a darme si quieres.
¡Sí eso! ¡Huye como un cobarde!
Si quieres saberlo,
les he preparado una sorpresa. - ¿A quiénes?
- A tus amigos los alemanes. - Repítelo.
A ver si te atreves. - ¡Tus amigos los alemanes!
¡Ven aquí! ¡No digas eso!
Siempre cuenta la misma historia.
Un avión los atacó y perdió a sus padres entre la multitud.
A saber qué les pasó.
Si se enteran de que es hija de refugiados, me temo lo peor.
Dicen que internan a los niños.
¿Qué vamos a hacer?
Creo que la única solución
será crearle una documentación falsa.
¿Y si decimos que es tu sobrina?
Tienes familia en el norte.
No los vemos nunca.
Es buena idea.
Y podrá ir a la escuela.
Si el profesor está de acuerdo.
Conozco a Marnier.
No pondrá ninguna pega.
Tardaré en conseguir los papeles. Como digan algo...
Nos arriesgaremos.
Pobre del que hable.
El país se ha hundido en cuestión de semanas.
No pensé que caeríamos tan bajo.
Y hay quien cree que Pétain va a solucionarlo.
¿Tras acabar con la República y pactar con Hitler?
¿Ha oído hablar del general de Gaulle?
No.
Tras rechazar el armisticio, ha ido a Inglaterra en busca de apoyo.
Tiene un buen ejército.
Ha declarado en Radio Londres que la lucha continúa.
¿De veras? ¿Con quién?
¿Va a liberar a los prisioneros franceses?
Quedan las colonias.
Inglaterra aún resiste y quizás se alíen más países.
Aún hay esperanza. - Ya.
Si usted lo dice... - Buenas noches.
Franceses.
El jueves pasado me reuní
con el canciller del Reich.
Acudí por voluntad propia a la invitación del Führer.
No sufrí por su parte ningún dictado
ni presión. - Sí, claro, te creemos.
Por una cuestión de honor
y para mantener la unidad francesa
en el marco de una actividad
constructiva del nuevo orden europeo,
he decidido tomar la vía de la colaboración.
¿Con esos cabrones? Hay que ver, qué imbécil.
¡Jules!
Pétain es el héroe de Verdún.
Podría aliviarse el peso del sufrimiento de nuestro país...
Los héroes
están muertos,
o destrozados.
De este modo, se podría flexibilizar el control fronterizo
y facilitar la administración... - Venga, comed.
Esta colaboración debe ser sincera.
- Buenos días. - Hola, señor Marnier.
- Buenos días, señor Marnier. - Hola.
Nos guste o no, ahora es el jefe de Estado.
Órdenes de la Academia.
Hola, Luc.
Qué guapo.
¡Y qué idiota!
Chicos, vamos a guardar silencio.
¿Qué día es hoy?
¿Que confiemos en ellos?
Sí, ¿y qué más?
Tenemos que hacer algo.
Pero ¿el qué?
No lo sé, pero no podemos
quedarnos como ellos, sin hacer nada.
Pero, François, solo somos niños.
Pues ya no.
- Es la casa de Martin. - ¿Y seguro que está abandonada?
Solo hay que verla.
Tenía previsto reformarla. - ¿Y qué vamos a hacer aquí?
Pasar a la acción.
¿Aún tienes la imprenta de juguete? - Sí, claro, ¿por qué?
Ellos pegan carteles.
Nosotros enviaremos mensajes a la gente.
- ¿Por correo? - No, las echaremos en los buzones.
¿Y qué es lo que vamos a decirles?
Viene alguien.
No hace falta que os escondáis. Os he visto.
¿Lisa?
¿Qué estáis haciendo aquí?
- ¿Y tú? - Yo os he seguido.
Por curiosidad. -Lo que yo pensaba.
Eres una espía.
- Déjalo ya. Eres ridículo. - Tiene razón.
Cállate.
¿Y bien?
¿Qué hacéis?
No sé si podemos confiar en ella.
- Yo creo que sí. - Yo no.
- Si de verdad quieres saberlo... - Sí. Todo.
Es cierto, soy alemana.
- Lo ha reconocido. -Pero...
- Os lo dije, pero nadie me creyó. - Deja que hable.
La verdad...
La verdad
es que odio a los nazis.
Como toda mi familia.
Nos hicieron mucho daño.
¿Qué pasó?
Tuvimos que huir de Alemania.
Quedarse era peligroso.
Y por eso nos fuimos a Bélgica.
Tenía seis años.
¿Lo ves?
No todos los alemanes son nazis.
¿Vais a fingir que sois primos?
Sí. Al parecer, sí.
Entonces, nunca podréis casaros.
- ¿Casarnos? - ¿Te has vuelto loco?
No vamos a casarnos, no nos queremos.
Al menos, yo no le quiero.
Sí, aunque con las chicas no se sabe.
Quizás estás enamorada y te da miedo.
¿Yo?
¿Enamorada de ti?
Pero ¿tú te has visto?
Vaya, te ha dejado fatal.
Me importa bien poco. Escucha, tenemos que actuar hoy.
Sí, actuaremos hoy.
¿Por qué te metes?
Porque soy parte del grupo.
- Ni lo sueñes. - Escucha,
soy la más lista de los tres. Tú, François,
no piensas las cosas.
Y tú, Eusèbe, piensas demasiado.
¿Conclusión?
No puedes prescindir de mí.
Pero qué engreída es.
- Tiene razón. - Ya está. No hay más que hablar.
Sí, exacto.
Por una vez, un regalo de Navidad sirve para algo.
- ¿Qué es lo que vais a escribir? - Pues algo que llame la atención.
Hay un general que se llama De Gaulle.
Está en Inglaterra. - ¿Y qué hace allí?
No tengo ni idea.
Quiere continuar con la guerra. - Podemos escribir:
"En Londres, la lucha continúa con el general de Gaulle".
Sí, no está mal.
¿Y cómo se escribe "de Gaulle"? - Pues como suena.
D-E-G-O-L. - Y necesitamos un nombre de guerra.
Que suene misterioso. - ¿"Los Jabalís"?
Sí, bueno...
"El Colibrí".
¡No!
Necesitamos algo que dé miedo.
"Los Bisontes Gigantes".
Es ridículo.
¿Y qué os parece...
"El Lince"? - Sí. Ese me gusta.
Claro, a ti te gusta todo lo que ella dice.
Vale, ¿alguna idea mejor?
No. Me quedo con "El Lince",
hasta que encuentre algo mejor.
Los repartiré esta noche.
- ¿Tú solo? - Hay que poner a prueba al enemigo.
Es arriesgado,
no quiero poneros en peligro.
¡Alto!
¡Quieto!
¡No te muevas!
¡Vuelve aquí!
¡Vuelve!
¡Alto!
¡Se ha ido por ahí! ¡Vamos!
¡Que no escape!
¡Venga, rápido!
¿Dónde está?
¿Dónde se ha metido?
Vamos a dividirnos.
Me lo he encontrado en el buzón.
Yo también lo he recibido. Y, al parecer, no somos los únicos.
Aunque tiene que admitir
que escribir "De Gaulle" de esta forma resulta extraño.
Es para engañar al enemigo.
¿Cómo lo engañaría esto?
- Sí, tiene razón. - Además,
este papel es curioso,
parece papel pintado.
Menudo descaro.
Se han organizado. Deben ser...
Señor alcalde.
Unos vándalos han destrozado nuestros carteles.
Es inadmisible. - Sí, ya lo he visto.
Es una pena, era un cartel precioso.
Sí, sí. Y muy humano.
Adviertan a la población.
Cualquiera que salga ras el toque de queda
lo hará bajo su responsabilidad.
¿Es decir...?
Que siga con su lucha ese tal De Gaulle,
pero que no cuente conmigo. - ¿Quién es ese "Lince"?
¡Es gentuza! No se atreve a firmar con su nombre.
¿Qué pasa? Es mejor aceptar a los alemanes.
Hay que ser pragmático. - ¿Pragmático?
Pues claro.
¿Por qué son tan fuertes los alemanes?
Está todo aquí.
Escrito con tinta.
Se han deshecho de los judíos. Por eso mismo.
Nosotros tuvimos a Mandel, a Stavisky,
a Blum. Y todos judíos.
Te aseguro que el mariscal pondría orden.
¿Qué podría hacer el mariscal?
Evitaría que los judíos fueron funcionarios o profesores.
¿Conoce usted muchos judíos, Germain?
No. Y que Dios me libre.
¿Y usted?
Sí.
Uno en particular.
Un militar de Verdún.
Me hirieron y él me llevó hasta la trinchera. Me salvó.
Cualquier otro me habría dejado morir.
En fin,
había que estar allí.
Caballeros. - Letrado.
Algo me dice que no está de acuerdo contigo.
Yo no me creo lo de ese militar.
Tendrá clientes judíos.
Los notarios no son exigentes. - O podría serlo él.
- Bonnefoy no es un apellido judío. - Puede que se lo cambiara.
Son capaces de todo.
No, los alemanes y Pétain son lo mejor que nos ha pasado.
¡Adiós a los judíos!
Esta noche yo te acompaño.
No, es peligroso.
Los soldados han decretado un toque de queda.
No me da miedo.
No quiero que me estorbes. Yo soy el jefe. Yo mando.
¿El jefe de qué?
¿Y quién es la más lista? Iré contigo,
te guste o no. No hay más que hablar.
Le caes mal.
No seas cabezota.
No conoces bien el pueblo. - Voy a ir.
Si no, cuando te vayas,
despertaré a todo el mundo.
Eso es chantaje.
Con los idiotas, es lo único que funciona.
Cada vez le caes peor.
Están los Alpes, el Jura, los Vosgos.
- La colina - ¿Qué pasa con la colina?
- ¿Qué está pasando? - Se ha derrumbado la colina.
Martin estaría orgulloso.
Bien hecho, jefe.
Les recuerdo la importancia estratégica de su pueblo.
Debemos reanudar el tráfico.
Busquen voluntarios para despejar el terreno.
¿Cómo? ¿Gente del pueblo?
No lo dirá en serio.
Los espero mañana a las ocho.
Capitán.
Le seré sincero:
creo que es usted cada vez más hostil.
Pues yo me considero muy comprensivo.
De hecho,
dígame una cosa:
¿ha habido más desprendimientos de tierra antes?
No, que yo sepa.
Y ocurre justo cuando el ejército alemán se instala aquí. Curioso.
El encargado del desagüe murió en combate.
No lo han remplazado. - Así que es culpa nuestra.
Es casualidad.
La Gestapo lo investigará.
Heil Hitler.
¿Lucien?
Creía que el alcalde se libraría. - Ni hablar.
Yo también debo arrimar el hombro.
Enseguida le cogerá el truco.
¿Has visto eso?
Están trabajando por tu culpa. - Tiene razón.
Pero ya no pueden pasar los barcos. Y no pueden llegar a Alemania.
¿Y qué? ¿Qué tienen de especial esos barcos?
No lo sé.
Lo averiguaré esta noche.
- ¿Estás loco? - Puede.
Y por eso iré solo.
Ah, ¿sí?
¿Seguro?
- Voy a ir contigo. - Ni hablar.
Vale.
Madre mía.
Deja de quejarte.
Sin mí, te aburrirías.
Está bien.
Madre mía.
¿Por qué hay tanta comida?
¿No lo entiendes?
Nos la roban para enviarla a Alemania.
Trabajamos para alimentar a esos cabrones.
Lo siento.
¿Qué?
Ya he dicho que lo siento.
Tranquila.
Vámonos.
Ya está.
Mucho mejor así.
¿Te hago daño, cielo?
- No te pongas celoso. - No estoy celoso.
Pásame la llave.
Te contaré un secreto.
Tu madre siempre quiso tener una hija.
Se quedó embarazada,
pero la cosa no salió bien.
El bebé murió al nacer.
¿Y era una niña?
Sí.
Pásame la pinza.
Fue muy duro.
Para ella.
Por eso, Lisa es como un ángel caído del cielo.
¿Entiendes?
Esto ya está.
No le digas nada.
No quiere hablar de ello.
Venga.
¡Jules!
- Ya voy. - Ayúdame a arrancarlo.
Debería funcionar.
Perfecto.
¿Qué?
Quizás haya que apretar el...
¿Os hace gracia?
¿Os parece divertido?
¿Sí? ¿Seguro? ¿Os hace gracia? - ¡No, papá, no!
¡Venid aquí!
Oye, no. ¿Qué haces? Pero...
Yo te agarro, tú me agarras, de la barbillita.
El primero que se ría se lleva una palmadita.
¡No, no me he reído!
Venga.
"El ocupante
os trata como esclavos
mientras saquea los recursos de la nación
A partir de mañana, sabotead el trabajo de la obra.
Firmado".
"El Lince".
Vaya,
veo que ya no te queda gran cosa. - Lo sé.
Quieren implantar cupones de racionamiento.
Sí, lo he oído.
Hay que alimentar a los alemanes.
Hablando de alemanes.
¿Has visto lo que dice "El Lince"?
- ¿Sobre la obra? - Fíjate cómo se miran de reojo.
Todos se preguntan quién hay detrás.
Es alguien del pueblo.
Creo que viene de arriba.
¿Los hombres de De Gaulle?
A saber.
- Me parece impensable. - Como lo que está pasando.
Mañana veremos si se lleva a cabo.
Siguiente.
Siguiente.
Sabotead la obra.
Sabotead la obra.
Sabotead la obra.
Sabotead la obra.
¡Rápido!
¡Rápido!
¿Has oído? ¡Rápido!
Lo siento, yo no hablo alemán.
- ¿Entendido? - ¿Está bien?
- Pero ¿qué haces? - ¡Dispara!
Vamos. Dispara. - Sí. Dispáranos.
¿Qué ocurre aquí?
Capitán.
¿Podemos hablar?
No busque excusas.
Lo que veo es que se niegan a trabajar.
Los vecinos están agotados.
Y sus soldados los maltratan.
Es indignante. - ¿Eso cree?
Pues adviértales de que los que vienen son menos pacientes que yo.
El mensaje del "Lince" y el desprendimiento
han llamado la atención de la policía.
La Gestapo.
A partir de ahora, se ocuparán ellos.
Die Geheime Staatspolizei.
También la llaman la Gestapo. La policía secreta.
Todos le tienen miedo, incluso el ejército.
Verán que es un sabotaje.
Jamás sospecharán de unos niños.
Mis padres creen que son hombres enviados por De Gaulle.
No los conoces.
Mientras sigan aquí, no podremos enviar más mensajes.
Buenos días.
¿Les sirvo algo?
- ¿No está usted en la obra? - No.
Tengo problemas de corazón.
Me han eximido, pero tengo un certificado médico.
¿Quiere verlo? - No.
Ser el dueño de la cafetería es muy útil.
Todo el mundo viene a charlar aquí.
De eso no hay duda. La gente se desahoga.
¿Y bien? ¿Puede decirnos algo?
- Sí, por supuesto. ¿Acerca de qué? - Acerca de estos mensajes.
También los he recibido, no estoy de acuerdo.
Apoyo la colaboración y al mariscal. Ahí lo tienen.
Perfecto.
Para eso venimos.
Estaríamos encantados de conocer a ese "Lince".
Pero yo no sé quién es.
¿Está seguro?
Claro.
Pero puedo informarme.
Yo preferiría
no meterme en líos.
Está bajo la protección de la Gestapo.
Qué bien.
Pagamos bien a los colaboradores.
¿Lo sabía?
Les aseguro que voy a investigar.
Preste mucha atención.
¡Heil Hitler!
Heil...
Heil...
Oye,
¿tus compañeros hablan de política?
Sí. Pero solemos discutir.
En fin, aprenden de sus padres. - Sí.
Los peores son Eusèbe y François.
¿Y la niña? ¿La que dicen que es su prima?
¿Ella? Apenas habla.
Salvo en clase.
Es muy buena estudiante.
- ¿Y les has oído hablar del "Lince"?
- Sí, como a todo el mundo.
Estate atento.
Y mantenme al tanto de lo que vayan diciendo.
¿Quieres que yo les espíe?
Exacto.
Nos vendrá bien para el negocio.
Resulta que hoy
me he hecho amigo de la Gestapo.
Ni una palabra.
Venga, sigue.
Oye, es curioso.
No nos habías hablado nunca de tu prima.
- No tengo nada que hablar contigo. - Ya, claro. ¿Y tú, Lisa?
¿De dónde vienes? - Déjala en paz.
Será mejor que me respondas.
- No es asunto tuyo. - Mi padre es amigo de la Gestapo.
Si fuera tú, tendría cuidado.
Es solo un consejo. - Para.
No merece la pena.
Será mejor que hagas caso a tu prima.
Hola.
¿Todo bien?
Hace fresco.
¿No les cobras el agua?
Solo son rumores. ¿Sabes lo que es un rumor?
Tengo que hablar contigo. - ¿Conmigo?
Entra.
¿A qué juegas?
Eso quiero saber yo.
¿A qué juega tu hijo?
¿Qué es lo que quieres?
Nada, solo quiero enseñarte algo.
Un recuerdo de la guerra. - ¿El qué?
¿Tu mano izquierda?
Ya no te sirve de mucho.
La derecha me funciona, ¿ves?
Tranquilo.
A ti no te habría pasado.
No hagas tonterías.
Depende de ti.
¿Eres amigo de la Gestapo? - ¿Qué?
No, son solo habladurías, nada más.
Hablaron conmigo, pero no dije nada,
ya me conoces. - Por eso.
La pequeña Lisa
es sobrina de Marceline, ¿está claro? No necesitas saber más.
Es solo que...
Ya sabes. Los niños hablan sin pensar.
En tiempos de guerra es mejor callarse.
La guerra ha terminado.
No para todos.
- ¿Qué quería? - Buscar pelea, como siempre.
Pero,
tranquila, le he puesto en su sitio.
No sabes lo asustado que estaba.
"Ya han abatido más de 2300 aviones alemanes.
Alemania no es invencible".
"En Londres, la lucha continúa con el general de Gaulle".
"El ocupante os trata como esclavos
mientras saquea los recursos de la nación
para llevárselos a su país.
A partir de mañana, sabotead el trabajo de la obra".
La impresión es de mala calidad.
Yo diría que son principiantes.
Y esto parece papel pintado.
Hay que averiguar de dónde ha salido.
"Si un tren..."
Gestapo. Saque a sus alumnos de aquí.
- Caballeros, ¿qué ocurre? - Esto es un registro.
- ¿En una escuela? - Como en todos lados.
En ese caso...
Bien, chicos, quiero que salgáis en orden.
Vamos, todos al pasillo.
- Rápido, vamos. - Sí, tranquilos.
Yo los tengo controlados.
Espionaje.
Entren.
- ¿Qué quieren? - Están obsesionados con "El Lince".
Están buscando pistas.
Bueno, da lo mismo. Chicos,
¿a quién le apetece jugar a un juego?
¡A mí!
Como vayan a la casa de Martin, estamos perdidos.
- ¿Por qué iban a ir allí? - No podemos arriesgarnos.
Quedaos aquí. Iré yo. - ¿Qué?
¡Vigila!
No hay nadie.
Está abandonada.
- ¡Espera! - ¿Qué pasa?
¿Has visto algo? - Ahí.
¿Y bien? ¿Ves algo?
No.
¡Vámonos! ¡Esta casa está abandonada!
Déjalo.
Yo lo hago.
¿A qué esperas?
Ve a calentar agua.
Sí, le llamo en relación a la pequeña Lisa.
Exacto.
Sí.
Disculpe. Le paso al abogado.
Hola, aquí el letrado Bonnefoy.
Sí, entiendo que su ayuntamiento fue bombardeado.
Sí, se quemaron todos los registros, ya lo sé.
No, el problema es que, en realidad, la niña es de Saint-Omer.
¿Quién es esta gente, capitán?
No es tan complicado.
Está indicado en su uniforme.
K-G: kriegsgefangener.
- ¿Prisioneros de guerra? - Exacto.
Son compatriotas suyos.
Se harán cargo de la obra. En dos o tres días, estará despejado.
Por cierto,
los de la Gestapo están convencidos de que "El Lince"
es el responsable del sabotaje.
Y de que podría ser uno de los vecinos.
Pero pronto lo sabremos.
¡Chicos, parad!
¿Y ahora qué quieren?
Hola.
Hola.
Hoy no trabajamos. ¿Os importa que juguemos?
¿Y qué hace usted aquí?
- ¿Yo? - ¿Es el árbitro?
Sí. El árbitro.
Soy el árbitro.
Y muy bueno. - Yo jugaba en el Bayern de Munich.
No lo conozco.
- ¿Y bien? ¿Podemos jugar con vosotros?
- A mí me parece bien.
- Genial. Gracias. - Vale, pues dos en cada equipo.
Vamos a prepararnos.
No nos queda otra.
Menuda cara se les ha quedado.
No hagas ninguna tontería.
- No voy a jugar con ellos. - No podemos llamar la atención.
- ¿Podemos empezar ya? - ¡Sí!
Bien.
Ha sido mano. Mano. ¡Sí, mano! - ¡Pero si no la he tocado!
Sí, te he visto tocarla. Sacan ellos. ¡Seguid, seguid!
¡Ha fingido! ¡Está fingiendo! ¡Seguimos, venga, va!
Hay que ver. Cuánto teatro. - ¡Fíjese, no tiene nada!
Bien jugado. ¡Balón!
¡Venga, seguimos!
¡Córner!
- Soy Stephan. ¿Y tú? - François.
Eres muy bueno, François.
Juegas bien.
Voy a decirte un secreto.
El fútbol está genial, es la leche.
Pero la guerra
apesta.
Salud
Adiós.
¿Qué es eso?
Son setas.
Y se comen.
¿Te gustan?
Pues claro. Ya verás lo ricas que están.
Menudo banquete.
Vamos a buscar más.
¡Mirad!
Oiga.
¡Oiga!
Es un prisionero de guerra.
¿Y qué hace aquí?
Supongo que estaba en la obra.
Puede que se haya escapado.
¿Está muerto?
Es posible. Esperad.
Voy a ver.
- ¿Lo despertamos? - No.
Tengo una idea mejor.
¿Has oído?
Viene del sótano.
- ¿Quién es? - ¿Es usted el señor Marnier?
Me envía "El Lince".
"El camino hacia la libertad comienza
en el número 8 de la calle Labrador.
Pregunte por el Sr. o la Sra. Marnier". Firmado, "El Lince".
Venga, abre la puerta.
¿Es usted quien se ha escapado de la obra?
¿Quién le ha dado este papel?
No lo sé.
Estaba agotado,
así que fui al bosque a echarme una siesta.
Y cuando desperté, me encontré ese mensaje de "El Lince".
¿Y por qué le manda aquí?
Para que me envíen a la zona libre.
- Venga, suba. - Pero...
Julienne.
Siéntese.
Tendrá hambre. Coma, está caliente.
Cariño, eres muy amable, pero quizás ha cenado ya.
Vamos a tener que dejarle algo de ropa.
Buscaremos en el armario de mi marido.
Julienne, es arriesgado.
Piénsalo.
Sí.
Todo va a salir bien.
Pero no haga ruido.
Será mejor que nuestro hijo no se entere.
Tendríais que haber visto a mis padres.
Están locos por "El Lince".
Qué bien que se fugara el prisionero.
Eso les obligará a resistir. - ¿A todos? ¿Seguro?
Bueno, a casi todos.
Bien, ¿sabes lo que tienes que hacer?
Primero me tomas por espía y ahora por tonta.
Prefería ser una espía.
Marcel, un señor me ha dado esto para usted.
¿Un señor?
¿Un vecino?
No lo sé, no me sonaba.
¿No te ha dicho quién es?
¿Y cómo era?
Era muy bajito, casi de mi altura.
Pero tenía, al menos, un 50 de pie.
¿François lo ha visto?
¿Lo ha visto alguien más?
No, estaba yo sola.
No se lo cuentes a nadie. ¿Vale?
Es importante. Ni a Marceline ni a François, ni a Jules.
¿Por qué?
Son cosas de mayores.
- Y nosotros somos niños. - Sí.
Venga.
¡Y dile al vago de François que lo necesito aquí!
Marcel, ¿viene a hacer la compra?
Sé que tienen que pasar a alguien a la zona libre.
¿Quién se lo ha dicho?
El "Lince".
Han picado.
El pueblo estaba dormido y lo hemos despertado.
Habrá que caminar.
Hay unas tres horas.
Caminaría hasta Londres si pudiera.
Para unirse a de Gaulle. - Algún día.
Gracias, señora. Nunca la olvidaré. - Tenga cuidado.
Vamos.
Pues sí que es listo "El Lince".
Escogí bien el nombre.
Solo espero que no le pase nada
o me arrepentiré toda la vida.
Las autoridades alemanas han sido tajantes.
¿Qué ocurre?
Se prohíbe conmemorar el 11 de noviembre.
Orden de la Kommandantur.
Era de esperar.
Le aseguro que Jaeger se encargará de ello.
¿No podemos honrar la memoria de los que murieron en la guerra?
Lo sé. No puedo hacer nada.
- ¿Por qué llora? - Sus hermanos murieron en Verdún.
Venid.
Tenemos trabajo.
Tenemos que hablar con él.
Dile que volver a repartir mensajes ahora es una locura.
Pero no me va a hacer caso. Díselo tú.
Oye, ¿qué hacéis?
Déjalo ya, François.
No conoces a la Gestapo.
Siempre encuentran lo que buscan.
- Si nos pillan, ¿qué es lo que harán?
Los niños no van a la cárcel. - No.
Pero pueden encerrar a tus padres. A los tuyos y a los de tu amigo.
- Tiene razón, François. - Sí, Eusèbe, tiene razón.
Pues lárgate si tienes miedo.
¡Sí, eso, fuera!
No tengo miedo. Me voy para no darte una torta.
Si te quieres ir tú también, adelante.
Pero si los alemanes no se van nunca, no vengas a quejarte.
Venga, a trabajar.
Huelga decir que cualquiera que obedezca al Lince,
se enfrentará a graves represalias.
Es hora de que vuelva a tomar las riendas de su pueblo, alcalde.
Y nosotros vamos a ayudarle.
- ¿Quiere que cuelgue esto? - Es más bien una orden.
Oiga,
conozco a todos los vecinos. No se me ocurre nadie que esté detrás.
Ya lo veremos.
Pero que sepa
que les espera una recompensa. - Ah, ¿sí?
¿Cuál?
12 balas a cada uno.
Aquí tiene su café, capitán.
Bueno, achicoria con algo de cebada.
Espero que no queme.
Parece que el pueblo ha entrado en razón.
Sí, están en la iglesia.
Incluso los no creyentes.
Hoy no estamos celebrando la victoria,
ni tampoco la derrota del enemigo,
sino únicamente
el recuerdo de aquellos que perdieron
la vida en aquella terrible masacre.
¿Y qué hay más simbólico que un niño
para representar el pasado y el futuro al mismo tiempo?
Fue él quien se ofreció.
Y, sin embargo, ni él ni sus padres
suelen pasarse por aquí.
De 1914 a 1918,
67 jóvenes de nuestra comunidad
murieron en combate.
Estos son sus nombres:
soldado Morice Albert,
19 años;
cabo Fernand Alibert,
21 años;
sargento Paul Baron,
23 años;
soldado Emile Berthier,
20 años;
adjunto Marcel Brocard,
24 años;
cabo mayor Lucien Caron,
27 años;
soldado Alphonse Cornier,
18 años;
soldado Bernard Cornier,
20 años;
soldado Augustin Delmotte,
24 años;
soldado François Durville,
23 años;
soldado Maillard,
22 años;
Estamos en un bosque de castaños.
¿Sabéis en qué época del año se recogen las castañas? ¿Sí?
- Es en septiembre. - Muy bien.
¿Y quién puede decirme cómo se llama
la cáscara espinosa que envuelve al fruto?
Nos da igual.
¿Crees que no te he oído?
¿Quieres que llame a tu padre?
¡Todos a cubierto!
¡Vamos, se escapan!
¡Volved aquí ahora!
¿Está muerto?
- Sí, eso me temo. - El otro ha huido.
Le acabaran cogiendo.
¿Qué pasa?
¿A quién buscan?
A un soldado senegalés que se ha fugado.
Deberíamos ayudarle.
Es el deber del "Lince".
Solo Dios sabe dónde está.
¿De qué se sorprende?
Sé que usted cree en el derecho de asilo.
Pero ya ha visto que aquí no está ese soldado.
Ya se han ido.
Le buscaré algo de comer.
Mientras tanto, veremos qué puedo hacer.
Es usted un hombre humano, padre.
¿Un hombre humano?
Quería decir un hombre bueno.
Es curioso que yo esté aquí.
Ah, ¿sí?
Soy musulmán.
Hay muchos nombres, pero solo un Dios.
Y me parece que ahora mismo nos tiene abandonados.
Muchas gracias.
Deberíamos dárselas nosotros.
¿Qué quiere de mí, padre?
Hay que salvar la vida de un hombre que está en peligro.
¿El traidor?
Sí.
Para los nazis, la gente de color es inferior.
Los tratan como animales. Imagínese
lo que le harán a un prisionero negro que se ha fugado.
Sí, me lo imagino.
¿Y qué puedo hacer yo?
Tengo entendido que acompañó
a un prisionero a la zona libre.
Es posible.
Pero nadie sabía que existía.
A este lo están buscando.
Puede que tenga una idea.
Lo sé.
Es arriesgado.
¿Adónde vas?
Voy a...
Te lo he comentado en la cena, ¿verdad?
Sí.
Las trampas para liebres.
Sobre todo a estas horas. - Es la mejor hora.
Para que te pillen los alemanes.
Tranquila. Los alemanes no van al bosque.
Y menos a estas horas.
La Cruz Roja ha logrado que los alemanes
entreguen a los prisioneros que estaban en peores condiciones.
Los franceses se deshacen de ellos enviándolos a la zona libre.
Este es Souleymane.
Muchas gracias.
Un tren de la Cruz Roja
con un vagón lleno de prisioneros
pasará por Pontain-l'Écluse la noche del viernes.
¿Y qué?
La idea sería detener el tren
y aprovechar que será de noche para que el fugitivo se suba.
Se pondrá en rojo cuando se acerque el tren.
¿Estáis seguros?
Nuestro tío es maquinista.
Estás temblando.
¿Volvemos a casa? - No.
Solo tengo frío.
Espero que no llegue tarde.
Si amanece, se acabó.
Espere, ¿lo dice en serio?
Es arriesgado, pero el tren solo lleva cuatro soldados.
Solo cuatro. Bien.
¿Y lo haremos usted y yo solos?
Tendrá algún amigo que odie a los alemanes.
Los hermanos Poupon, por ejemplo. - ¿Nos vamos?
Ya es tarde.
Agachaos.
Dígame la verdad; es otra idea del "Lince"?
No, esta vez no.
Digamos
que estoy siguiendo su ejemplo.
Venga, vamos.
Rápido. Abrid eso.
¿Qué ocurre?
El semáforo está en rojo.
- ¿Por qué? - No lo sé.
¡Atención!
¡Atención!
¡Alto!
¡Vámonos!
- Hay que irse. - ¡No me iré!
- ¡Vamos! - ¡No, no!
¡De rodillas!
- ¿Qué hemos hecho? - ¿Sabe por qué estamos aquí?
- ¡No, no lo sé! - Sí que lo sabe.
Esta noche
unos terroristas han atacado un tren militar
para ayudar a un prisionero a escapar.
Un negro.
Pero no lo han logrado.
El prisionero y sus cómplices han sido abatidos. Salvo uno,
el jefe de la operación, que ha sobrevivido.
Se trata de su marido.
No puede ser.
Sabía que acabaría cometiendo algún error.
¿A qué se refiere?
"El Lince"
era él.
Lo abandoné allí.
Abandoné a mi padre.
No podías ayudarle.
- Todo esto es culpa mía. - No digas eso.
Le dejé allí tirado.
Yo también les abandoné.
¿A qué te refieres?
A papá y a mamá.
Cuando el avión nos atacó,
yo pude escapar. Ellos no.
No van a venir a por mí.
Jamás vendrá nadie.
Solo somos niños.
Gracias.
Sin usted, no habríamos podido verle.
No me agradezca nada.
Fui yo quien le metió en este lío.
Si no, estaría en casa y no en una celda.
Conozco a mi marido, estoy segura de que no dudó en ayudarle.
Rara vez nos poníamos de acuerdo,
pero nunca había conocido a nadie con tanta integridad.
Espero que os parezcáis a él.
Os espero aquí.
Me alegro mucho de veros.
Mira cómo te han dejado la cara.
¿Sabes?
Adonde voy no hay que ir guapo.
Sabía que algún día tendría que dejaros al cargo.
Confío en vosotros.
Cuidad de mamá y de Lisa.
¿Vale, chicos?
Se acabó la visita.
¡Se acabó!
Venga, va.
Y no volváis.
¡François!
¿Adónde vas?
Por favor, he olvidado decirle algo.
- ¡Déjele! - ¡Por favor!
¡No tardaré! - Rápido.
Todo esto es culpa mía, papá.
¿A qué te refieres?
"El Lince" soy yo.
Lisa, y Eusèbe.
Solo queríamos concienciar al pueblo. ¿Entiendes?
Voy a entregarme.
Les enseñaré el papel, y la imprenta, todo.
Y así te dejarán libre. Me da igual que me metan en la cárcel.
François, escucha.
No se lo digas a nadie, ¿me oyes? - Sí, voy a confesar.
No. Fui yo quien decidió correr el riesgo.
"El Lince" no tiene nada que ver. Ni tú tampoco.
Siéntete orgulloso.
Me serviste de ejemplo.
Y me llevo el recuerdo
de un niño valiente.
No hay mejor regalo para un padre, ¿sabes?
Adiós, hijo.
Vete ya.
Venga.
Daos la mano.
Sin venda.
¡Padre!
Gracias.
Si Dios existe, le hablaré de ti.
¡Carguen!
Papá estará pensando en nosotros.
Hay que pensar en él.
¡Apunten!
¡Fuego!
Lisa.
Eres oficialmente
ciudadana francesa.
Muchas gracias, señor alcalde.
Qué bien.
Vamos a brindar. Salud.
Un brindis por el mariscal. Y por el Führer.
Todos pensaban que "El Lince" había muerto,
pero poco a poco, la resistencia iba cobrando fuerza.
Hombres, mujeres e incluso niños
iban a arriesgar sus vidas para que Francia volviera a ser libre.
El Lince no desaparecería hasta el día de la liberación.
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