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ESTA PELÍCULA ESTÁ DEDICADA A QUIENES LA LAXA MORAL
DE HOY EN DÍA LES SUBLEVA Y DESEAN EL REGRESO
DEL CASTIGO CORPORAL Y LA PENA CAPITAL
- Monsieur... - ¿Eh?
¡Aidez-moi!
¡Aidez-moi!
¡Jesús! Espera, criatura...
Muy bien, cariño. Ya te tengo. Por el otro lado.
No podemos quedarnos aquí. Pronto estarás a cubierto.
Sujétate, que vamos.
Ah, ya está.
Ya está.
¿Y qué pasó, criatura? Algún chico, ¿eh?
Vamos, puedes contármelo.
Se ofreció a llevarte en coche o algo así.
No deberías hacerlo, criatura. Ahí fuera, en mitad de ninguna parte....
Por favor... tengo frío.
No me extraña.
¡Vaya un vestido llevas!
¿Qué llevas puesto? Parece un jodido pedazo de arpillera.
¿Vienes de un baile?
¡Madre de Dios!
¿Quién te ha hecho esto, criatura?
Quien haya sido, se merece que le cuelguen.
Tú tranquila, que no se librará.
Te llevaré a Londres.
Tranquila. Te llevo directa a la policía.
¿Qué tendrán en la cabeza algunos? Da escalofríos.
- Él, ¿dónde está? - ¿Cómo, criatura?
Él vendrá. Es tan raro...
M... E... D.
No... No huiré.
¿Por qué no te tranquilizas, criatura?
Conmigo estás a salvo. Intenta dormir un poco.
¡Oh, no! ¡Se me sube a la cabeza!
- Ann-Marie, mira esto. - ¿Qué es?
- ¿Qué hacen? - Vamos a mostrarte al mundo.
Echemos un vistazo.
- La instantánea del año. - ¿Qué han hecho estos?
- ¿De dónde la has sacado? - Jo la recortó del Evening Standard.
Me encanta esa expresión.
Alucinante, ¿no?
Alucinante. Y mira estos dos viejos.
¿El de detrás del coche no eres tú?
Sí. Acabábamos de terminar la sesión.
¿No lo viste en los periódicos? Ninguno habló del producto.
Se están volviendo inteligentes.
Perdona, nos multaron a Ann-Marie y a mí. 10 libras por cabeza.
¿Por qué?
Comportamiento indecente. ¡Vaya farsa!
Pero a los clientes les gustaron las fotos.
Ya, pero ella estaba estupenda, verdaderamente fantástica.
- ¿Dónde está? - No sé.
¡Ann-Marie, toma algo! Tu compañera se lo está bebiendo todo.
Déjala, Ted, Creo que le da apuro.
¿El qué? No será esto.
Le preocupa que sus padres lleguen a saberlo.
Deberíamos dejarla en paz.
- No te culpo. - ¿Cómo?
Ah, si les divierte, a mí me da igual.
Todo esto me parece pueril, y de mal gusto.
Aunque no se lo diría a nadie más.
- ¿Te traigo una copa? - No, gracias. Con esto basta.
Siéntate, y dime quién eres.
- Ted. - ¿Sí?
- ¿Quién es ese? - ¿Quién, cariño?
Se me pone cara de sueño.
Ese que intenta ligar con Ann-Marie.
A saber. Le aceptó Jo.
- ¿Qué? - Entró en la oficina justo antes de cerrar
y ofreció a nuestra damita una idea para un número.
Le cayó bien y le invitó a quedarse. ¿A que no es propio de ella?
- El tipo debe ser un seductor. - O lo que sea.
Ya, sería mejor buscarte un amiguito para ti sola, querida.
Te presentaré a algunos de mis
esclavos, si les pillamos sobrios.
Señores, les presento a la encantadora Julia King...
Hay un artículo sobre cerámicas del siglo 12
y un poema de Ezra Pound entre una negraza
encadenada y Warhol en el lavabo.
- ¿Qué lees? - Escort.
Ted me lo dejó cuando me fui de la fiesta,
para familiarizarme con los gustos de los hombres, dijo.
No creo que ahí sepan nada de los gustos masculinos.
Ese es el secreto: que no saben.
Sólo les dicen lo que creen que debería gustarles.
- ¿Cuándo llega tu amigo? - Hemos quedado. Debo darme prisa.
- ¿El que quería ligarte en la fiesta? - ¿Ligarme? Sí.
El tipo es rápido.
- Es un encanto. Diferente, ya sabes. - Comprendo.
- ¿Puedo usar tu espejo? El mío está roto. - Claro.
- Oye, sigues mojada. - ¿Ah, sí?
Es escritor, ¿a que sí?
- ¿No me digas? - ¿No te lo dijo él?
Habló poco. Hablamos de mí.
- ¿Cómo se llama? - Mark. Mark Desade.
¿Y cuándo me lo presentas?
¡Julia! Tú ya tienes a Tony.
Pues sí, y más le vale acordarse del vino.
¿No salís estas noche?
Para variar, decidimos cenar en casa.
Dile que te traiga algo rico de cena.
- ¿Qué, con toda la casa para nosotros? - Ah, bueno.
La señora me dijo que bajase a mostrar un vestido a una clienta.
Creo que me sienta bien y la señora me deja posar un poco.
Así que me fui unos meses a Panamá,
y conocí a Julia, que me sugirió trabajar para su jefa en Londres.
Así que a Londres me fui, y soy modelo fotográfica.
Y esta es mi vida.
- ¿Por qué estás tan nerviosa? - ¿Nerviosa?
¿Yo? ¿Por qué lo dices?
Te delatan la voz, la mirada... Creo que me tienes miedo.
En absoluto... Sólo estoy un poco excitada.
¿Por qué debería tener miedo de ti?
¿Por qué no? Estás sola con un desconocido.
Y todos tememos lo desconocido. Es natural.
Pero yo te conozco, y me caes bien.
Demonios, en la fiesta, tú fuiste el único
que lo entendió de verdad. Es cierto, Mark.
Te enseñaré algo.
- ¿Comment? - Un experimento que me da la razón.
Te interesará. Cierra los ojos.
- Oh... - No, anda, ciérralos.
Pero has de mantenerlos cerrados todo el tiempo.
Bien.
- ¿Están cerrados? - Oui, monsieur.
Bien. Ahora quiero que te imagines algo.
¿Recuerdas la disposición de la mesa?
¿Los cubiertos al lado de los platos?
¿Los cuchillos de sierra para cortar filetes?
¿Sabes qué es un borde de sierra?
Tiene doce pequeñas muescas en cada filo, muy afiladas.
Muy afiladas.
Cortan un filete...
así.
Ahora cojo uno
y lo observo.
No me atrevo ni a tocarlo con el dedo,
porque a la menor presión
me cortaría.
Te acerco el cuchillo.
Me inclino sobre la mesa
y sostengo el cuchillo muy cerca de tu cara.
El filo es el mejor, el más fino
y el más afilado imaginable.
Casi toca tu cara.
Con moverla solamente un centímetro,
te cortaría la mejilla... así.
Sólo es un cubito de hielo.
- Pero sentí... Sentí... - ¿El qué?
- La sangre. - Creíste que te cortaría.
Pero cualquiera lo sentiría.
Perdona, no debí haberlo hecho.
Era un broma.
- ¿Me perdonas? - Me dio tal impresión...
Sólo fue una broma.
- ¿Dónde los guardas? - En ese cajón.
Aún quedan todas estas cacerolas. Dejémoslo.
- No. - Dejémoslo.
- ¿Por qué? - Porque quiero...
"Volver con mi mujer".
Eso no estuvo bien. Disculpa.
Hagámoslo antes que llegue Froggy.
Ella aún tardará. Anda loca por ese escritor.
- ¿Quién es él? - Un guaperas de la fiesta de Escort.
- Oye, ¿qué es eso? - ¿El qué?
- ¡Un fusible! - Tony.
No sé arreglarlo. Soy un pésimo manitas.
Bromeas.
- Tendrás que pagarla. - Pero esto no.
Gracias.
¿Por el beso o por la cena?
Por ambas cosas. Por todo.
Una noche maravillosa.
Me lo he pasado muy bien.
Qué anillo tan peculiar.
A ver qué dice...
M... E... D.
Mark E. Desade.
Mark E. Desade.
- ¿Qué ocurre? - Oh...
Es que suena a otra cosa.
Mark E. Desade. Marqués de Sade.
Ya sabes.
No. ¿Quién es?
Nadie. ¿Subes?
¿No molestaremos a tu compañera de piso?
No. Ella tiene su cuarto, yo el mío.
No. Esta noche no.
Tengo que escribir.
Pero... ¿no volveremos a vernos?
- El fin de semana, si puedes. - ¡Oh! ¡Sí, por favor!
Me gustaría llevarte a casa de mis padres y presentarte a mi madre.
Ay, Marky, qué gracioso eres,
¡y qué anticuado!
Creía que yo no te gustaba.
- Lo siento. - No, está bien.
Me encantaría conocer a tu madre,
pero lo mismo no le caigo bien.
Eres francesa.
¿Le gustan las francesas? Entonces todos contentos.
Podríamos ir el viernes en coche.
Hay un buen trecho, ¿no?
Un poco. ¿Quedamos así?
Así quedamos, Marqués de Sade.
- ¿A dónde vas? - Ah, Julia,
el fotógrafo me hizo trabajar una hora más y llego tarde ya.
¡Es él, y no estoy lista!
¿Quién está ahí? ¿A dónde vas?
Pasaré fuera el fin de semana.
Ah, vas a conocer a la madre de alguien.
¿La del escritor, la del modelo o la del productor?
- Sí, sí... - Eso lo aclara todo.
- ¿Le has comprado un regalo? - No. Pararemos de camino.
Adiós, Julia. Llevo prisa. Adiós.
Que lo pases bien.
¡Oh, es precioso!
¿Está muy lejos la casa de tu madre, Mark?
¿Dónde vive? Mark?
Mark, un poco más despacio, por favor.
Estoy... estoy...
- ¿Sí? - Estoy algo asustada.
Mark, pararemos a comprar el regalo, ¿no?
¿No lo habrás olvidado?
Falta mucho todavía.
Pero quiero comprarle algo bonito a tu madre.
Mark, ¿he hecho algo que te haya molestado?
Dímelo, por favor.
¿Dónde estamos, Mark?
¿Cómo haces eso? Es peligroso, ¿no?
¿El qué? Duérmete, Ann-Marie.
Deja de hacer preguntas.
¿Hemos llegado, Mark?
¿Esta es tu casa?
Parece muy grande.
Espera aquí.
¿Madame Desade?
- Llegas tarde. - Yo...
¿Vienes?
¿Dónde está Mark? Monsieur Desade. Tengo que...
- ¿Es francesa? - Sí.
Pase.
Buenas noches, supongo.
Quítate la ropa y déjala en la mesa. También los zapatos.
- ¿Te pasa algo en los oídos? - ¿Qué?
Eso parece. Eres sorda e insolente.
¿Quienes son? ¿Qué sitio es este?
¿Dónde está monsieur Desade?
En esta institución rigen dos sencillas normas.
- ¿Institución? - Cállate.
Obedecerá nuestras instrucciones,
y cada oficiala recibirá el trato de señora.
Yo no debería estar aquí.
Yo no debería... ¿Qué?
- No entiendo nada. - No estás aquí para entender nada.
Te bañarás antes de vestir el uniforme.
- Ahora desnúdate. - ¡De eso nada!
Yo no tendría que estar aquí. Buscaré a Monsieur Desade.
- ¡No! - Ahora...
Ahora proseguiremos con la ceremonia de recepción habitual.
Si no quieres desnudarte, habrá que desnudarte. ¿Bates?
No, por favor. Déjeme. Lo haré.
- Por favor, dígame... - Silencio.
Desnúdate tras el biombo.
Aligera, que no tenemos toda la noche.
Cuando hayas terminado, vuelve aquí.
Pon tu ropa sobre la mesa.
Obedece.
Traje pantalón de ante,
con sombrero y cinturón a juego,
unas bragas negras,
una blusa negra,
y un par de...
zapatos.
No, no, eso también.
¿Qué?
- Señora... - El reloj y el anillo.
Y el crucifijo.
Firma al final.
Gracias, Bates.
Entra ahí.
Ponte bajo la ducha y lávate bien.
Toda.
¡Está fría!
Lávate...
o te lavarán.
Esto debe ser una broma de Monsieur Desade, ¿no?
Quedas arrestada en nombre de Su Majestad.
Si no he hecho nada. Tenía que ir a
ver a la madre de Monsieur Desade.
¿Y Mark? ¿Dónde está, por favor?
¿Mark? ¡Mark!
Te llamas Ann-Marie de Verney,
19 años, natural de Avignon Francia, residente en Londres.
De profesión... modelo.
- Sí, pero... - Está aquí para cumplir condena,
según los pertinentes códigos morales y disciplinarios,
culpable de un grave delito:
mostrarte desnuda sin pudor alguno
con ánimo de lucro a un fotógrafo en lugar
público el 11 del pasado mes de abril.
Por semejante ultraje a la decencia pública,
un corrupto y permisivo tribunal londinense
te multó con 10 libras y te dejó en libertad.
Entonces soy libre.
¿Qué hago aquí? ¿Dónde está Mark?
Por favor, quiero verle.
- ¿Por qué...? - ¡Habla cuando te lo digan!
- ¿Quién es? - Ann-Marie de Verney.
- Ann-Marie... - De Verney.
De Verney.
Ante el tribunal preguntó usted, si no me equivoco,
por qué la sentaban en el banquillo.
Se lo aclararé.
Este tribunal, estimada señorita,
existe aparte de las leyes estatutarias de este país.
Es un tribunal privado.
Nos constituimos mediante estatutos privados
entre las paredes de este hermoso e histórico edificio
que una vez fue la prisión del condado,
con el fin de imponer lo que estimamos justa sentencia
a mujeres depravadas de toda índole,
con las que los decadentes y descarriados
tribunales del Reino Unido actual
han sido demasiado indulgentes.
- La inmoralidad y... - Yo no he hecho nada.
No te lo repetiré.
...no deben ser consentidas.
Aquí no hay
convictas a reformar, ni asistentes sociales, ni capellanes.
No ofrecemos confortables habitaciones
con elegantes cortinas y televisión.
Esto, joven, es una verdadera prisión,
un verdadero...
un verdadero...
- Correccional. - Un verdadero correccional.
Durante su estancia...
Durante su estancia aquí,
la duración de la cual dependerá de su conducta,
a todo intento de evasión y problemas que pueda crearnos,
y a toda negativa a obedecer a la señorita Wakehurst,
la gobernadora aquí presente, o los miembros del personal,
responderán con un inmediato, persuasivo y doloroso castigo.
Confiamos en que, para cuando salga de aquí,
será usted una persona más adaptable a la sociedad.
Que Dios la bendiga.
No...
¡No!
Llévese a la interna, Walker. Bates, quédese aquí.
Non!
¿Te gusta exhibir tu cuerpo desnudo en público, de Verney?
¿Te excita hacerlo?
Simulas una total indiferencia hacia la cuestión,
pero no desaprovecharías la ocasión de que un hombre te mirase, lascivo.
¿Verdad que es así? Creíste que no me percataría.
Leo en ti como en un libro.
Ese es tu catre. ¡Suba!
Te tumbarás ahí hasta nueva orden.
Sólo nosotros podemos ayudarte, de Verney.
Aquí no hay nadie ante quien exhibirse.
Nadie a quien incitar.
Haré que te avergüences de tu cuerpo.
Me ocuparé personalmente de ello.
Se prohíbe estrictamente hablar en todo momento,
salvo para responder a una carcelera.
¿Cuántas chicas hay aquí?
Si ya se ha ido...
Por favor, dime por qué...
Bien, Bates. Pero hay demasiadas sospechas vagas en sus informes.
No hay humo sin fuego.
Es probable que Vaughan trapichee con comida.
- Aporte pruebas mañana. - Sí, señora.
Ah, Walker. Pretendo aliviar al Juez
Supremo de algunas de sus responsabilidades.
Parece inútil informarle de nuevas admisiones.
No se acuerda de nada, es perder el tiempo.
En el futuro, deme los detalles sólo a mí.
- Sí, señora. - Bien.
¿Todo está bajo control?
Creo que sí, señora.
- ¿Lo cree? - De Verney podría ser un problema.
No lo será, Walker. No lo será.
No quiero que se repita lo sucedido en otras ocasiones.
Su hubiese problemas, Walker, y usted también, Bates,
- me informarán del motivo. - Sí, señora.
Bien.
Ah, Walker...
Que Bates esté aquí por la mañana. No hemos concluido el inventario.
Usted irá a la ciudad a comprar provisiones.
Sí, señora.
- Buenas noches. - Buenas noches, señora.
- ¿Margaret? - ¿Sí?
- ¿Quieres una copa, querida? - Me la sirvo yo.
Le dije a Walker y a Bates que me ocuparé de las futuras admisiones.
Es más fácil para ti así.
Me es difícil distinguir el rey de la reina. Tienen el mismo tacto.
Yo diría que una es más alta.
- ¿Me oyes, Desmond? - Sí, querida.
¿Cómo se llamaba la chica a la que sentencié hoy?
Te lo he dicho ya tres veces.
Me recuerda a Hansen, Claudine Hansen.
También era francesa.
Eso fue hace mucho.
¿Mucho? Ah, no. Cinco años.
Casi 30, Desmond.
¿Hace 30 años? Imposible. Me acuerdo muy bien.
Fue en 1946. Eras juez del Alto Tribunal
y yo estaba al frente de Coswell Grange.
Ah, sí, cierto.
Ah, querida, ¿hace tanto de eso? Lo recuerdo claramente.
Hasta tus palabras exactas al teléfono.
"Desmond, tienes que ayudarme. Todo ha salido mal.
Me culpan del suicidio de la chica." Eso dijiste.
Te acuerdas, ¿verdad?
Te acuerdas de lo ocurrido hace 30 años y no de lo que cuenta.
No recuerdas que no lograste mi readmisión.
Yo cumplía con mi deber. Aquella boba era mentalmente inestable.
Pero de eso no te acuerdas, ni de los días de la semana,
ni de los nombres de internas que has visto hace 5 minutos.
¿Por qué lo hiciste, Margaret?
Nunca recordaré las posiciones.
Hay piezas por todo el suelo.
Desmond, no veo utilidad alguna en que sigas
en la dirección de esta prisión.
No me hables así, Margaret.
Mientras tú estés aquí, estaré yo.
Tan tuya como mía es esta prisión.
Comenzamos esto juntos porque creíamos en lo mismo. Y creemos.
En infligir justicia a quienes no se les ha aplicado.
Hay que ver la justicia para poder aplicarla.
Mujer inmisericorde, ¿crees que estoy ciego por capricho?
¿Crees que durante un solo minuto en estos 25 años
me he acostumbrado a esta vil oscuridad?
No tienes sentimientos. No sabes lo que sufro.
No más que yo, con certeza.
Al menos evito la angustia de
escrutar tu pobre expresión torturada.
¡Si tus ojos te ofenden, arráncatelos!
- ¿Margaret? - ¡Arráncatelos!
Perdón, señora, creí que iba a caerse.
Quise sujetarla. Disculpe.
De acuerdo, Walker. No pasa nada.
Pero no se quede ahí, mujer. Puede retirarse.
¿Quiere dejar el cuchillo?
Gracias.
Dios mío, es como una cárcel en casa.
Debo irme, me esperan.
No quiero parecer sensiblera, pero no puedes marcharte así.
Lo sé, lo sé.
- No esperes consejo de mí. - Eres buen consejera.
- Eso dice siempre Ann-Marie. - Sí, unas mentes privilegiadas.
¿Me equivoco si aventuro que te atrae un poco?
Sólo nos hemos visto unas pocas veces.
Es suficiente.
¿Qué hay de ti y aquel galán que se le acercó en la fiesta del martes?
Estarás de broma. Sólo le vi una vez.
- Al otro lado de un cuarto abarrotado. - Sí. Ni sé su nombre.
- Y aún hablas de él. - Era atractivo. De verdad.
Es que me preocupo de cualquiera con quien ella sale.
- ¿Por qué? - Es joven. ¿Cuántos, 19?
Y yo recomendé a la agencia que la trajese aquí.
- Me siento responsable de ella. - No te sientas así.
Seguro que sabe cuidarse sola.
Es esta, señora.
Se lleva comida de las mesas.
¿Por qué haría semejante tontería
una chica inteligente como Vaughan?
¿Por qué, Vaughan?
¿No te alimentamos bien?
Venga, di.
- ¿No te alimentamos bien? - Sí, señora.
- ¿Y por qué robas? - No puedo evitarlo, tengo hambre.
Entonces es que no te alimentamos bien.
No sabes ni lo que dices, ¿verdad?
- Es su tercera falta, ¿no? - Sí, señora.
¿Qué es este escándalo? Bonita forma de empezar el día.
Sorprendí a Vaughan robando, señora.
Serás egoísta y despreciable...
Saciando tu glotonería con el pan de todos privas de él a las demás.
- No toleraré el robo aquí. - Es su tercera falta, señora.
¿De veras?
- ¿Sabes lo que eso implica? - No...
- Llevaosla. - ¡No! ¡No!
¡No! ¡No!
Esta es la única forma de hablar.
Vigila ese extremo del pasillo. Yo vigilaré este.
Si ves u oyes venir a alguien, a quien sea,
ve deprisa a leer la Biblia. ¿Entendido?
Sí.
Estoy aquí por, digamos, robar en tiendas. ¿Y a ti?
Yo soy modelo.
Posé desnuda en los jardines de Kensington.
- Y me cayó una multa. - Muy típico.
¿Pero cómo te trajeron aquí?
De la misma forma que a ti, cielo.
- Mark... - Wakehurst, el hijo del juez.
¡Cállate, tonta!
Vigila el pasillo.
No me creo que esto esté sucediendo.
Están todos locos, te lo digo yo, todos.
Sólo tenemos que seguir su juego de internas y carceleras.
No vale la pena arriesgarse.
Pero si alguien sale de aquí, tendrá que acudir a la policía.
¿Pero no te enteras?
Nadie sale de aquí. Nadie.
Limítate a tratar de obedecer en todo lo que puedas.
Te conceden tres oportunidades.
La primera vez que te pasas de la raya,
te ponen dos semanas en aislamiento.
La segunda, te azotan.
A la tercera, estás acabada.
Te ahorcan.
Ay, no, por Dios.
Como Karen esta mañana. Era su última oportunidad.
¿Quieres decir... que la van a ahorcar?
Mañana, seguramente.
No, no puede ser.
- Sí. - No.
Y seguro que me matan a mí también, rica.
Tenemos que salvarla.
Pase.
La orden de ejecución de Vaughan, señora.
Sí.
Todo en regla.
Me encargaré de que llegue al Juez Supremo como siempre.
La ejecución está prevista para mañana al alba.
Que preparen el cadalso. Iré con Walker a revisarlo tras almorzar.
La señorita Walker se ocupa hoy del aprovisionamiento.
Sí, claro. Entonces irás tú.
Gracias, señora.
No volveré a hacerlo. Prometo que no volverá a ocurrir.
Comeré una vez al día.
A pan y agua.
Aceptaré latigazos. Dígale que aceptaré latigazos.
Haré lo que sea. Por favor, dígale que haré lo que sea.
¡Siéntate!
No sé. No sé, Ann-Marie.
Sería mi segunda falta.
Si fracasamos, te azotarán, y yo iré a aislamiento.
Lo sé, pero no fallaremos. Salvaremos a Karen.
Hemos de salvar a Karen. Luego, ella nos salvará a todas.
Walker es quien azota, y creo que no podría soportarlo.
Hemos de buscar la primera ocasión que se presente.
Podría darse antes de lo que pensamos.
Es Walker que va a la ciudad a por provisiones para la semana.
Qué suerte. Suele ir Bates.
Mira, lleva las llaves.
Estará fuera una hora.
¿Pero qué hacemos hablando? Es una locura.
Pero hay que intentarlo, ¿o no?
Como algo salga mal...
- Por favor, Claire. - Está bien, lo haremos.
Estáis de pachorra, ¿eh? No tenéis prisa.
Como no os aprendáis bien la Biblia, lo pasareis mal.
Sólo llevas una falta, ¿no? Esta noche...
¡Señorita Walker!
Es inútil, Bates, está a kilómetros de aquí.
Señor Nuestro, te agradecemos tu misericordia
al concedernos esta Tu comida
para que comamos y bebamos y hagamos Tu voluntad.
- Por Cristo... - Tengo trabajo, Desmond.
Si vuelve Walker, dile que estoy con Bates.
Por Cristo Nuestro Señor, amén.
- Busquemos la celda de la condenada. - ¡Vamos deprisa!
Bates...
¡Bates!
Bates!
¿Bates?
Ba...
- No es en este lado del edificio. - Hay que hacerlo rápido.
¡Aquí, aquí!
- ¡Vamos, deprisa! - No, me cogerán. Dejadme.
- Tenemos la llave. Seremos libres. - No, jamás saldremos de aquí.
No vas a perturbar esta prisión.
Otra vez no, Hansen. No te permitiré perturbarla.
Otra jugarreta y acabaré contigo.
- ¿Todo bien, Walker? - Todo listo, señora.
Esta me la pagas. Te va a pesar lo que me has hecho.
- ¿Quieres firmar aquí? - ¿Qué es?
- La libertad de Karen Vaughan. - Ah, bien, bien.
- ¿Dónde? - Aquí.
ORDEN DE EJECUCIÓN
- ¿Cuándo se marcha? - Ahora.
Excelente noticia.
Habrá aprendido la lección. ¿Puedo verla antes de irse?
No, acaba de salir.
Traigan a la prisionera.
Es usted una sádica.
Lo sé. Se lo diré esta noche.
¿Cómo cree que se sentirá ella?
Si quieres que se lo diga esta noche, se lo digo.
No se trata de lo que yo quiera. Es tu decisión.
Está tomada. Sólo falta llevarla a cabo.
- ¿Qué haces? - Echaba cuentas.
Tenía yo razón. Ann-Marie se fue el día 27. Hace nueve días.
- No empieces... - Qué raro.
No ha telefoneado ni escrito. Es raro.
Está en una aventura. ¿Llamarías si te fugases conmigo?
- Claro que sí. - Gracias.
- No te preocupes por eso. - Creo que debo ir a la policía.
Julia, te comportas como una madre judía.
No perdemos nada. Pasamos según volvemos
al trabajo. Por favor, por mí.
Ve tú, yo paso. Vamos.
- ¿Y bien? - "Haremos lo posible, señora."
¿Entonces no la encontraron mutilada en una charca?
- No. Me sentí algo idiota. - ¿Qué?
¿Qué podía decirles?
Se llama Ann-Marie de Verney y está en alguna parte de Inglaterra...
¡Mark! ¡Mark!
¿Qué pasa?
Mark Desade. El de la fiesta.
¿Cómo iba a olvidarlo?
Se fue con él. Llamaré a la agencia. Me darán sus datos.
- Así de sencillo. - Suena extraño, como a espionaje.
Está bien, Ted, muchas gracias. Muy bien. Adiós.
- Nunca lo imaginaría. - ¿El qué?
No vas a creerlo, pero nadie de la fiesta
sabe nada sobre Mark Desade,
ni siquiera Ted, aunque le dio mala espina.
Esto no me gusta, Tony, no me gusta nada.
Bueno, tengo problemas propios con que
lidiar esta noche. Deséame suerte.
Suerte.
Y David hizo valer juicio y justicia
sobre todo su pueblo.
Tienes hasta las seis para aprendértelo. Tú también, Jennings.
Se te hará un examen.
- Llevadlas a sus celdas. - Andando.
- ¿Estás bien? - Creo que sí.
- ¿Qué tal Ann-Marie? - No sé. Le faltan 4 días.
¿He oído hablar?
¡Maldición!
Esa chica me amenaza.
- ¿Cuál? - Cuál, qué, por qué... Hansen.
- ¿Hansen? - Ah, de Verney.
No veo cómo, querida, si está en aislamiento.
Es que es francesa, y problemática.
De no ser por ella, yo seguiría en
Coswell Grange, como Walker y Bates.
Creo que la señora protesta demasiado.
Yo sólo veo hechos.
Tú, yo, esta prisión
y su peligro.
De Verney acabará con nosotros, Desmond. Lo sé.
Hay que librarse de ella cuanto antes.
¿Librarse de ella?
Librarse de ella.
Si sólo ha cometido una falta. Aún podemos salvarla.
¿Ann-Marie?
Oh, no me toques.
¿Qué te han hecho?
Tengo que sacarte de aquí.
¿Por qué? Me trajiste aquí para que me torturasen tus padres.
No, no es verdad. Te traje, pero no sabía nada de eso.
Oh, Ann-Marie...
No sé por dónde empezar.
Déjame explicarte, por favor.
Hace mucho tiempo,
mi madre fue gobernadora de una una de
las prisiones más recientes del país.
Hubo problemas, informes sobre trato brutal, y una chica murió.
Hubo una investigación. No sé cómo, pero mi padre,
que presidía la comisión de la cárcel, logró que la exonerasen.
Pero fue expulsada del servicio penitenciario.
Mi padre dejó a su esposa y compró esta casa para mi madre,
como otros compran viejas estaciones del ferrocarril o molinos para vivir en ellos.
Se vinieron a vivir juntos y yo nací al año siguiente, 1947.
Creo que para ellos un hijo ilegítimo era algo vergonzante,
y me enviaron a un internado y luego a la universidad.
Venía aquí de visita cada seis meses.
Luego supe de esas ideas descabelladas suyas sobre tribunales ineficaces
y que el país se resquebrajaba y se iba al infierno.
Afirmaban poder remediarlo instruyendo a jóvenes
infractoras en los principios del bien y el mal.
Encontrarían sus nombres en la prensa
y me pedirían que las localizase y las trajese aquí.
A mí me parecía risible imaginar a mi padre sentado leyéndoles la Biblia.
Les advertí que tarde o temprano se buscarían líos, pero parecían felices.
Y pasaban los meses y nadie se quejaba,
así que entré en faena.
Creí que lo que hacían era bueno en realidad. Nunca supe nada.
Hasta hoy.
Esta parte de la casa siempre ha estado cerrada y vacía.
Al final lo averigüé todo.
Jamás podré perdonármelo.
Jamás.
Ni lo que te he hecho a ti, ni a todas las demás.
A todas.
Jamás podré perdonarte, Mark.
Pero ahora has de acudir a la policía.
Pero están enfermos, ¿no te das cuenta?
No son criminales. Necesitan tratamiento.
Habría que encerrarles donde no puedan causar más daño.
Pero he de sacarte de aquí lo antes posible.
- ¿Y a las demás chicas? - También, de una en una.
Esta noche te abriré la puerta.
Te dejaré un coche preparado, y cuando te hayas ido...
Lo siento, Ann-Marie.
Quizá algún día...
Iba a decir que algún día lo comprenderás, pero es una bobada.
¿Puedo besarte?
Gracias.
¿Por el beso o por...?
Por todo.
Qué suerte que pasaba por aquí.
- Crees que me he excedido, Bates. - No, señora.
Se me ordenó hacérselo recordar.
He visto la mirada de Wakehurst. La chica no durará la semana.
Tal vez.
Se hace tarde. No veo qué más podamos hacer.
- Pues yo no desisto. - Julia, ¿qué más hay ahí?
Mark Desade no existe.
No hay nadie más a quien telefonear.
En la Unión Nacional de Periodistas no le conocen.
y dio referencias falsas a Jo.
- Y un teléfono ilocalizable. - Cierto.
- No le encontrarás. - ¿Para qué buscarse tal lío?
- ¿Por qué hacerse pasar por escritor? - Para colarse en la fiesta
con nombre falso: Mark Desade.
No, es más que eso.
Primero se asegura de no dejar rastro.
Luego desaparece con Ann-Marie.
No sabes si fue ella la que se fugó con él.
No, no lo sé. ¿Estoy haciendo el imbécil?
No, sólo siendo tú misma.
¿Y tu uniforme, de Verney?
Se debe vestir uniforme a todas horas.
¿Dónde está Claire, señora?
Era una mala influencia para ti. Hubo que trasladarla.
Te... tenía tanto miedo...
Creí que me moría.
Y creo que te mueres, de Verney. Poco a poco.
Primero mataremos tu vanidad.
El resto seguirá el mismo camino por propia voluntad.
Pero no todavía.
No esta noche.
¿De Verney?
Ann-Marie. Ann-Marie.
Vía libre.
¿A dónde va con eso?
¿Quién es el osito de peluche de mamá? ¿Quién?
Ah, buen chico...
- Por favor, Estelle, nos azotarán a todas. - ¡Cállate!
Es la única ocasión de escapar. Wakehurst la quiere muerta.
Ocho, nueve, diez.
¡Muy bien, ahora! ¡Ya!
¡No, no!
- Ella podría estar dentro. - Está aquí fuera.
¡Señora!
Imposible, no pudo lograrlo.
Vamos, Bates.
Espera, criatura.
Muy bien, cariño. Ya te tengo. Por el otro lado.
No puedes quedarte aquí.
Eso es. Pronto estarás a cubierto.
Espera.
Eso es, ya está.
¿No puedes hablar, criatura?
¿No puedes decir nada?
¿No puedes decir nada?
¿Cómo estás?
¿No puedes decir nada?
Te llevaré al hospital.
¿A dónde?
¡Eh! ¡Oiga, amigo!
- ¿Sabe si hay por aquí un hospital? - ¿Un hospital?
Creo que dejé atrás uno. Hospital, casa de socorro o algo así.
- ¿Pasa algo? - Sí.
Llevo a una chica que se encuentra mal. ¿Dónde está eso?
Siga tres kilómetros y gire a la izquierda.
- Bueno, gracias. - De nada.
Ya llegamos.
¿Hola?
Vaya un sitio siniestro...
Siento molestarla, señora,
me dijeron que esto era un hospital.
- Me temo que no. - Bueno, mire...
¿Me permite usar su teléfono?
Encontré una chica en la carretera. No está bien.
Esta es una clínica privada, pero... pues sí, parece grave.
Será mejor que la traiga dentro.
Claro, muchas gracias.
Pobre niña. ¿Le ha... contado lo que le ha sucedido?
No supo aclararse.
Farfullaba, deliraba, pero no dijo una palabra.
- Es lo que me preocupó. - Seguro. ¿Se encuentra bien?
- Sí, la llevo yo. - Por aquí.
¿Es suyo esto?
Cuidado, que tiene la espalda en carne viva.
- ¿Walker? - Una chica, señora.
La encontraron... ¿dónde dijo?
En la carretera, a 9 o 10 kilómetros.
La encontró el señor. No sabe qué puede haberle ocurrido.
Algún pervertido la habrá atacado.
¡Gracias a Dios! Suerte tuvo de venir a dar aquí.
Bueno... debe usted...
Le prepararemos enseguida una cama.
No es nada grave, ¿verdad?
Creo que se repondrá. Gracias por traerla.
La pondremos en la sala tres. ¿Quiere hacerte cargo?
¿Por favor?
- Luego avisaremos a la policía. - Sí, señora.
Creo que ya le hemos retenido mucho aquí.
Ah, no, no, no hay problema.
Sólo quiero asegurarme de que está bien aquí.
No tiene problema, señor...
- Kind. - ¿Kind? Ah.
Amable el nombre, amable la persona.
Descuide, señor Kind, deje sus datos a una enfermera.
Seguro que la chica querrá saber de usted cuando se reponga.
Y discúlpeme si no le acompaño a la puerta.
Debo ir a prepararle la cama.
Con una noche de sueño mejorará mucho.
Sí.
Sí, claro. Adiós.
Buenas noches.
Avísenme, ¿de acuerdo?
Sí.
Sí.
Qué casa más vieja, y extraña.
Es vieja.
Sí.
Hasta luego.
Adiós.
Te creías más lista que yo.
Supongo que Claudine Hansen
te enseñó a atacar por sorpresa a la gente.
Esta vez has quemado las naves.
- ¿Verdad, Walker? - Su redención es imposible.
Imposible. Imposible.
Prepara el cadalso. Será ejecutada mañana.
¿Qué hay, muchachos? ¿Cómo va eso?
- ¿Qué tal, Jack? ¿Vas al norte? - Sí.
Ricura, dos huevos, salchichas, patatas,
café largo y cuatro trozos de pastel. Mándamelo luego a casa.
- ¿Qué tomas? - Nada, me voy.
Perdió el Tottenham, ¿eh?
Dos en la primera mitad y otro a los 5 minutos.
- Qué raro. - ¿El qué?
Esta chica. La conozco. Sí, la cara es la misma.
- ¿Qué pasa? - No. No, imposible.
- ¿Pero qué te pasa? - Creí que me sonaba.
Tu señora, ¿eh? ¿Quieres ponerle los cuernos?
¡Jack! Té, salchichas y patatas fritas.
Voy.
Me da que a Jack le van las aventurillas.
Haced sitio, que lo hay.
- Ay, diantre... - Cuidado.
- Voy por un mantel. - Sólo es un periódico.
Has puesto perdida a tu amiga.
Déjame verla otra vez.
Sí, tú mismo. ¿Pero la conoces?
La recogí anoche.
- ¿Sí? - La habían apaleado.
La llevé a una clínica, a tres kilómetros de Penlaunce.
La dejé allí, para que la atendieran.
Ya, ¿y qué?
O estoy ciego o se me reblandece el seso, o es ella.
- ¡Venga ya! - Estoy seguro.
¿A dónde vas?
Telefonearé al periódico y que me den su nombre.
La chica estaba muy desorientada anoche.
Farfullaba, medio inconsciente. ¿No van a poder identificarla?
Que averigüen nombre y apellido.
Digo yo que en el periódico sabrán quien es.
Informarán de que está en problemas.
No es problema tuyo, Jack.
Lo sé.
Pero no puedo dejarlo así, ¿no?
Ay, Jesús.
- ¿Diga? - Lo he hecho.
- Necesitaré dónde dormir. - ¿Qué quieres decir?
- Oh, perdona, es maravilloso... - ¿Tienes trabajo que hacer?
No, no es eso. Han encontrado a Ann-Marie en Penlaunce.
Tuvo un accidente, pero está bien. Un camionero la llevó a una clínica.
- ¿Cómo ha sido? - La vio en el periódico,
telefoneó a la redacción, y ellos a la agencia.
- ¿Dónde fue? - No sé, no encontré el número.
Él no sabía cómo se llamaba el lugar.
En media hora salgo en tren para ir a verla. Vuelvo esta noche.
Ven después de trabajar. Te dejo una llave debajo del felpudo.
- Hasta luego, Tony. - Adiós.
¿Sabe dónde está la clínica?
- ¿La qué? - Creo que hay una por aquí, privada.
Un edificio grande y vetusto, a un kilómetro largo del pueblo.
Hay una casa allí, rodeada por un muro alto.
- Sí, esa es. - No creo que sea una clínica.
Yo tampoco. Muchas gracias.
Siempre creí que era la vieja cárcel.
¿Es aquí la clínica?
¿Por quién pregunta?
Creo que ayer ingresó una chica, Ann-Marie de Verney.
- Querría verla. - No hay nadie con tal nombre.
¿Pero esto es una clínica? Eso me comentaron.
¿Quiere esperar aquí?
Ya que me lo pide tan educadamente...
- Siéntese. - Gracias.
- Disculpe, no sé su nombre. - Julia King.
Me temo que les he causado muchas molestias.
Ni siquiera sé si este es el sitio.
No pude confirmar si esto es una clínica.
Lo es, pero privada.
El camionero con el que hablé aseguró
haber traído aquí a Ann-Marie anoche.
¿Anoche?
Oh. ¿Cómo es su amiga?
Joven, melena rubia, metro sesenta, bonita.
¿Pero seguro que era...?
¿Cómo se llamaba?
Phillips. Se llamaba Phillips.
Anoche no estuve, pero creo que ingresó una chica.
La enfermera Johnson se ocupó de ella.
Ah, sí, aquí está. Rosemary Phillips.
Lo de siempre. Una autoestopista agredida.
No estaba malherida.
Sí, es la que vi esta mañana. La recogieron sus padres.
- ¿No tenía acento francés? - Ah, no. Sin duda era otra.
Por lo visto, hice el viaje en vano.
- No sería largo, espero. - Sí, desde Londres.
¡Madre mía! ¿La acompaño a la estación?
No, muchas gracias por su ayuda.
Lamento que haya hecho viaje tan largo.
Es igual... Por cierto, una cosa más.
¿Puedo telefonear a mi novio? Podría recogerme en Paddington.
- No creo que el teléfono... - Pago la llamada. Larga distancia.
¿Por qué no?
No contestan.
¿Diga?
Ah, Julia. Sí, acabo de llegar.
Ningún resultado. Sí, era demasiado bueno para ser cierto.
Voy a volver.
¡Mark!
¡Socorro, Tony! ¡Estoy en un apuro! La clínica...
¿Julia? ¡Julia!
¿Oiga?
Ha abusado de sus privilegios.
¿Dónde está Ann-Marie? Quiero verla.
¿En serio? En tal caso, la verá.
¿Y bien? ¿Quiere verla o no?
¿Ann-Marie?
¡Bájenla de ahí! ¡Bájenla!
¿Para qué? Lleva horas muerta.
¿Cómo sucedió?
Por favor, querida...
¿Qué ha pasado aquí? ¿Por qué lo hizo?
Parece que lo entiende. Esto es una prisión.
Estas jóvenes son criminales.
De Verney no se suicidó. Fue ejecutada por violar la ley.
¿Dice que... ustedes la mataron?
No voy a iniciar una discusión.
- ¡Ustedes la mataron! - Silencio.
- Iré a la policía. - ¡Nada de eso!
¿Desafía mi autoridad como gobernadora? Debe estar loca.
Será juzgada por conspiración. Enciérrenla, y que se reúna el tribunal.
Conspiración... conspiración...
Sólo hay un castigo.
¡Soltadme, maldita sea! ¡Fuera esas manos de mí!
Ha entendido mal. Sólo queremos que se calle.
No les daré esa satisfacción.
- Atronaré la casa a gritos. - ¡Walker!
- Hazlo. - Te equivocas, Margaret.
Hazlo o lo haré yo.
Julia King, se la acusa de conspirar para pervertir el curso de la justicia.
¿Cómo se declara? ¿Culpable o inocente?
¡Es una asesina! Mató a sangre fría a Ann-Marie de Verney.
Que se calle, Walker.
- ¿Qué ha dicho? - Senténciala, Desmond.
Es una psicópata peligrosa. Hay que ahorcarla.
Disculpe. ¿Hay por aquí una clínica? Una clínica privada o algo así.
Que yo sepa, no.
Bueno, gracias.
¿Habrá por aquí una clínica, o un hospital?
No, no.
¿Tiene la acusada algo que alegar antes de que se dicte sentencia?
Esto es una perversión de la justicia.
Muy bien.
Puede solicitar algo. Una sola cosa.
Les seguiré el juego. Deseo ver a mi abogado.
- Denegado. - ¡Eso es ilegal!
No me pueden juzgar sin...
¡La condena, la condena!
Julia King,
se la declara culpable de conspirar para pervertir el curso de la justicia.
¡Atrápenla! ¡Tráiganla aquí!
Este tribunal dicta el siguiente veredicto:
Se la conducirá desde aquí al lugar de ejecución,
donde será colgada por el cuello
hasta la muerte.
Y... que Dios... se apiade de su alma.
No escapará por segunda vez.
Yo me ocuparé de que no.
Me dijeron que hay una clínica en esta zona. ¿Sabe dónde?
- ¿Como un hospital, dice? - Sí.
No creo. ¿Henry?
- ¿Hay un hospital por aquí? - Ni idea.
Podría ser. ¿Y esa mujer que viene por aquí cada semana?
- Viste de enfermera. - ¿Qué mujer?
La que hace un pedido muy grande los sábados.
- ¿Esa? Ay, Señor... - ¿Cómo dice?
Siempre lleva una especie de uniforme gris, pero...
- ¿De dónde viene? - No sé.
Llega en coche desde esa dirección.
Podría venir de esa casa grande y antigua, a la derecha según se sube.
¡Pero es un suponer!
¿Margaret?
Te encontraré, Hansen.
Crees que esta vez te dejaré escapar.
Te encontraré, Hansen.
Crees que vas a huir de mí, pero esta vez no.
Yo era la única que percibía la podredumbre,
el mal de Coswell Grange.
Pero no quisieron escucharme.
Ni verme.
¡Chicas!
Animales inmundos y depravados.
Creen estar en un hotel de vacaciones,
del que salir para seguir en el crimen, mancillando la sociedad.
Y se mofan de mí. Todas ellas.
Y Hansen.
Se mofó de mí.
Pero apliqué el castigo adecuado para el delito,
domestiqué al animal.
Suicidio, dijeron.
No lo sabían, ¿o sí?
¿Estás oyendo, Hansen?
Nadie me echará de aquí.
¿Te burlas ahora, Hansen?
Ya pararás de burlarte cuando dé contigo.
¿Margaret?
Margaret.
¿Qué has... hecho?
Mark...
La encontré.
Yo no fui.
No fue mamá.
Mamá no te haría nada semejante. Te quiere.
Levántate, por favor. No ha pasado nada.
Deprisa, señora.
Nos vamos.
¿Dónde está, Bates?
Tráemela.
Hay que marcharse, señora.
¡Jesús!
¿Les importa responder a unas preguntas?
¿Margaret? ¡Margaret!
Ay, Señor...
M... Margaret.
Ay, Dios...
De darse un conflicto entre dos hombres
que acabe ante un juez, que el juez les juzgue,
y éste indultará al bueno y condenará al malo.
Y si el malo mereciese castigo físico,
que el juez le ordene tenderse en el suelo
y que en su presencia sea apaleado, en función de su delito, por otros.
Cuarenta latigazos y ni uno más recibirá,
pero, si así ocurriese, y recibiera más latigazos,
entonces, hermano, serías miserable a Sus ojos.
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