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Original subtitles

Mañana hago de niñera.

Ojalá lo cancele, odio a ese bebé, está gordo.

Me cuesta cogerlo, me hincha las muñecas.

Es un tercero y tengo que subir a un niño gordo.

¿Has visto a Max?

Está aquí.

Ya pesa unos 11 kilos.

Y su madre no deja de molestar: ''¿Cómo está el bebé?''

¿Cómo está el bebé? ¡Gordo!

Empezó a ahogar a Daria. Fue horrible.

Y Nadav iba hasta arriba de keta,

así que no podía conectar emocionalmente con la situación.

Estaba muy drogado, pero su ''Nadav interior''

entendió que debía reaccionar,

así que lo apartó de Daria.

Danny, ¿un trago?

No, gracias, estoy embarazada.

- ¿En serio? - Sí, me he hecho hoy una prueba.

Pero ¿estás bien? ¿Sabes lo que vas a hacer?

Sí. Está todo bien.

Relajaos. ¿Qué os pasa?

¿Te traigo una silla para que te sientes?

- Tranquilos, abortaré esta semana. - Vale.

Yo también estuve embarazada, no es para tanto.

¿Qué? No lo sabía.

Ya. No te tomes las pastillas. Puedes, pero no deberías.

Un día me encontraba mal y fui a hacerme una prueba de embarazo.

Creía que era imposible, por mis ovarios poliquísticos.

Me desperté con un antojo enorme de pan y mantequilla.

Y andaba mareada y cansada,

pero no me imaginaba que podía ser eso.

Y cuando dio positivo, estaba muy confusa,

y mi novio quería tenerlo.

Le dije que yo también, algún día.

¡Pero no ahora! ¡Socorro!

Pero claro, si ya hay un bebé, quizá sí.

Al día siguiente llamé a un ginecólogo privado.

Si no, no te dan cita hasta que el niño cumpla ocho años.

Me examinaron, el ultrasonido, me dijeron que estaba de siete semanas.

Puedes ver el feto. A las siete semanas no ves piernas ni brazos,

pero ves la forma, es de verdad.

Tuve que enfrentarme a un panel, que son tres personas en un escritorio

en un cuarto enano, como una reunión con un profesor.

El trabajo del asistente social es preguntar si quieres abortar

o si alguien te presiona.

Leyó mi caso con atención, me preguntó mil cosas,

fue muy irritante.

Había otras dos doctoras, eran majas.

Total, que me dijeron: ''¡Felicidades! ¡Vas a abortar!''

Me tomé la primera pastilla.

Tres días después me iba a tomar la segunda.

Tía, estuve dos horas en la clínica,

queriendo que pasara ya y a la vez temiéndolo.

Había un programa en la tele que estaba escuchando y a la vez no.

Lo oía, pero no lo escuchaba.

Cuando entro a la sala, me dan la pastilla,

y me dan calambres, como el SPM, pero mucho peor.

Me acurruqué durante tres horas, fue horrible.

Y luego empiezas a sangrar,

te dan una compresa enorme que cambias cada 15 minutos.

En un momento me senté en el baño

y dejé que fluyese.

Aunque después de la segunda pastilla

dejas de tener náuseas y mareos, ¿no?

Y sangras tres semanas como con la regla.

También está el legrado, que requiere anestesia.

- Te presentas y lo hacen de una. - Sí.

En el momento da miedo, pero echando la vista atrás está bien.

Casi lo único que recuerdo es dolor físico,

sentirme mal, como si me tuviesen que extirpar un tumor.

Tía, ¡estaba muy mal! Estaba postrada en cama, con náuseas y vomitando.

Total, podemos hablarlo, yo lo hice en el centro comercial Ramat Aviv.

En un centro comercial, increíble.

Voy a abortar, ¿necesitáis algo?

¿Cuándo pasó? ¿Hace tiempo?

Ahora la bebé tendría un año.

No sé por qué he dicho ''la''.

Vale. Gracias, cielo.

Voy a buscar a Max. Nos vemos.

¿Qué tal, Noa?

Un abrazo.

¿Has visto a Max?

¿Quién es Max?

¡Noa!

¡Noa!

Espera aquí.

Te quiero.

Espera aquí, ¿vale?

¡Danny! ¡Pasa!

Cielo, ¿una raya?

Nos estamos escondiendo, no tengo para compartir.

- ¿Una raya? - No, gracias.

- ¿Habéis visto a Max? - Creo que sí.

¿Quieres? Vamos a pedir. ¿Tienes 100 pavos?

No. ¿Dónde lo has visto?

No estoy segura, fue hace un rato. ¿Y 50? 50 sí.

- 50 sí. - Me parece bien.

No, no, gracias.

Estaba cotilleando a Ido en su Netflix

después de romper.

Lo llamé y le dije: ''¿Has visto la última de Noah Baumbach?

¿Por qué paraste a los 88 minutos?''

y me dijo: ''¿Qué? Porque me aburrí''.

Así que le dije: ''¿Por qué te llevó 88 minutos darte cuenta?''

Hola.

- ¿Puedo unirme por 50? - Claro, sin problema.

Danny.

- ¿Estás bien? - Sí, claro.

- ¿Segura? - Sí, sí.

- ¿Necesitas ayuda? - No, va todo bien.

- Si necesitas algo, dime. - Claro.

- De verdad. - Gracias.

¿Me odias? ¿Me odias? ¿Me odias?

Soy hijo de mi madre, comí de su plato y ahora me odia.

Me odia, me odia, me odia, me odia,

me odia, me odia, me odia, me odia,

me odia, me odia.

Rompí la nariz de su estatuilla. Ahora está rota.

Estás llorando. Mentí, mentí, mentí, mentí,

conté un chiste y ahora estás llorando.

Estás llorando, estás llorando, estás llorando, estás llorando,

¡y ahora estás llorando!

Como, me masturbo y duermo. No dijiste ni que sí ni que no.

Y ahora estás llorando.

Estás llorando. Hijo de mi madre, soy un hijo de puta.

Y ahora estás llorando, estás llorando.

He dado, me he arrepentido y me he disculpado,

y ahora estás llorando.

Hablé mierda de ti, te pasé por encima,

te vi luchar y no hice nada,

te disculpaste y no te perdoné,

Proyecté, proyecté, te avergoncé y te escribí una canción.

Soy un gordo blanco y rico, un gordo blanco y rico.

Te avergoncé, te escribí una canción. Soy un gordo blanco y rico.

Un gordo blanco y rico, un gordo blanco y rico.

Te avergoncé, te escribí una canción.

Soy blanco, gordo y rico,

un gordo blanco y rico.

Te avergoncé, te escribí una canción.

Soy blanco,

gordo y rico.

Te avergoncé, te escribí una canción.

Un gordo blanco y rico, un gordo blanco y rico.

Te avergoncé, te escribí una canción. Soy un gordo blanco y rico.

Un gordo blanco y rico.

Te avergoncé y te escribí una canción.

Danny, ¿qué tal?

- ¿Conoces a Avishag? - Hola, ¿qué tal?

- Nos vimos una vez. ¿Qué tal? - Bien.

- Max, ¿puedes venir un momento? - Claro.

- ¿Qué pasa? - Todo bien.

¿Estáis juntos? No lo sabía.

No estamos juntos. Para nada.

Nos hemos dado ''me gusta'' en Instagram

y nos hemos cruzado aquí y hemos conectado.

- A ver qué pasa. - Guay.

- Parece genial. - Sí. A ver qué pasa.

- ¿Acabas de llegar? - Sí, no hace mucho.

De camino vi una mariposa muriéndose en la acera,

y pensé: ''¿Por qué no llamamos a un veterinario?

¿Por qué con un caballo muriéndose sí, y no con una mariposa?

¿Quién decide qué animal es más importante?''

No te sigo.

- Da igual, es una tontería. - Vale.

Vale.

- ¿Os va bien, entonces? - Te he dicho que es el principio.

Pero está bien.

Estábamos hablando de ir a Sinaí el fin de semana.

Probablemente lo hagamos.

¿Qué? ¿Tan rápido? Matarás la relación.

Una relación va despacio, como una hoguera, echas leña...

Si echas un tronco, la apagarás.

Pero ya hemos echado un tronco.

Hemos dicho cosas como:

''Parece que te conozco desde siempre''.

Es diferente.

Está decir cosas y está ir a Sinaí.

Un día estaba en Berlín y fui a recoger a una amiga para salir.

Mientras andaba, alguien gritó: ''¡Qué zapatos tan brillantes!''

Porque llevaba mis zapatos dorados.

Y me giro y veo al tío más bueno del mundo.

Y nos sonreímos,

y sigo andando y le digo a mi amiga: ''Tenemos que volver a este bar,

me acaban de gritar que mis zapatos brillan''.

Así que vamos, nos sentamos y lo busco hasta que lo encuentro.

Y grito: ''¡Qué zapatos tan brillantes!'' y se gira

y le digo que venga con el dedo.

Viene y nos lo pasamos genial,

y es el tío más bueno, más dulce

y más listo del mundo.

Y se une otro amigo

y mis amigos me dicen en hebreo: ''¡Es genial!''

y yo: ''¡Lo sé!''

Nos metimos unas rayas en el baño y me quiso besar.

Le dije: ''No podemos darnos el primer beso en el baño,

es demasiado genial para arruinarlo.

Es como Cenicienta en 2020''.

- Por los zapatos. - Exacto.

Volvimos a mi casa y nos contamos nuestras vidas

y estábamos encantados.

Y le dije:

''Creo que eres la persona más increíble que he conocido nunca

y creo que estoy enamorada de ti''.

Y al día siguiente no podía ni verle, ¿sabes?

Tienes razón. No iremos a Sinaí.

Gracias, preciosa, menuda historia.

De nada.

Vale, debería volver.

Nos vemos.

Adiós.

MÍRAME SI TE ATREVES

Quiero decirte algo.

¿Qué?

Tranquila, no es nada dramático.

Me apetece decírtelo, porque creo que

nunca había querido tanto a nadie.

¿Y?

Me estaba pesando no decirlo.

O sea,

no pesando, pero es una especie

de secreto,

algo que no le he dicho nunca a nadie.

Me siento cercano a ti

y he estado esperando mucho tiempo

al momento adecuado.

Y me decía a mí mismo que te lo diría hoy.

Pero no se lo puedes decir a nadie, ¿vale? Júramelo.

Por supuesto.

- Lo juro. - Vale.

Creo que también me gustan los chicos.

Vale.

Pero no los hombres masculinos,

- me gustan los que son más femeninos. - ¿Sí?

¿Te molesta?

Qué va, pero ¿qué son los ''hombres femeninos''?

Espera,

¿lo has hecho con alguien?

Sí.

Vale.

Estaba en las Filipinas con Oded.

¿Con él?

No, con Oded no.

Y...

Una noche fuimos a un bar,

y...

Nos emborrachamos mucho.

Yo estaba

muy muy borracho.

Y...

Bailamos con dos filipinas,

y...

En un momento,

Oded y su filipina se fueron.

Por separado.

Creo que lo entendió.

Y...

Yo me quedé con mi filipina.

¿Cómo se llamaba?

Angelica.

- Y fuimos a la playa. - Vale.

Y estábamos andando juntos, ella y yo.

Y yo buscaba el sitio más lejano y oscuro posible.

Estuvimos andando mucho tiempo.

Y llegamos a una pila

de sillas plegables apiladas, de plástico,

en plan sillas de playa.

Subimos hasta arriba,

nos besamos un poco.

Y era de noche, estaba oscuro,

y aun así estaba rayado por si alguien nos veía, así que le dije:

''Deberíamos irnos''.

Y fuimos a su casa.

Y ya está.

¿Y follasteis?

Sí.

¿Te lo follaste? ¿O te folló él?

Me la follé.

Le daba mucha vergüenza tener polla.

No me dejó tocarla.

Estaba muy avergonzada.

¿Y cómo fue?

Fue...

Olía toda la casa a un olor raro de cocina filipina,

como a pescado frito.

Porque era casi el amanecer

y en Filipinas

fríen salmonetes a primera hora de la mañana.

Y me dio asco.

Sus sábanas, el olor,

la idea de lo que estaba haciendo.

Pero también me ponía.

Fue especial.

Lo disfruté mucho.

¿Te molesta?

Para nada.

Me alegro de que me lo hayas dicho,

- es conmovedor. - ¿En serio?

Sí.

No me atraen los hombres varoniles,

solo los que se acercan a ser una mujer, ¿entiendes?

Entiendo.

Me alegro de que me lo hayas dicho.

Yo también.

Me siento muy cercano a ti.

Yo también.

Es dulce que me lo hayas dicho, y eres guapísimo,

y tienes algo entre los dientes.

¡Genial!

Tú eres guapa.

- Tú eres guapo. - Tú eres guapa.

Tú eres guapo.

Que no nos pille la directora.

Vale, pero

- no te corras dentro, ¿vale? - Sí. No me corro.

- ¿Te has corrido? - No, pero...

- Cuidado, ¿vale? - Pero ¿te has corrido?

- ¿Te has corrido? No me corro. - No.

¿Te has corrido? Yo no.

¿Te has corrido?

No, no, no, no, no, no.

¿Por qué te has corrido?

¡No!

No.

Puedes hacerlo con más fuerza.

¿El qué?

Ahorcarme.

Me daba miedo que no respirases.

De eso se trata.

Vale, ¿qué más?

¿Qué quieres decir?

¿Qué más te gusta que haga?

Puedes hacerme daño.

Pero ¿además de ahorcarte?

¿Azotarte?

Sí, eso también.

¿El culo? ¿O en general?

En general.

Pero ¿la cara también?

Sí,

pero

no de manera cobarde. Porque es peor ahorcar de manera cobarde

que no ahorcar, ¿vale?

Es lo contrario a poner cachonda, es un chasco cuando es cobarde.

- ¿Lo pillas? - Sí.

Vale.

¿Qué más?

Puedes...

tirarme del pelo.

Escupirme.

¿Escupirte? Pero ¿escupirte de verdad?

Sí, en la boca, un poco.

Vale. Lo pillo.

- Pero un lapo no. - Ya, ya, lo pillo.

- Pero lo que tú quieras. - Vale, lo pillo.

- ¡Qué emoción! - ¡Sí!

Espera, ¿a ti también te gusta?

Creo que sí.

O sea, no lo he hecho nunca, pero creo que sí.

¡Quiero que lo probemos ya!

¡Totalmente!

Pidamos coca y nos haré una caipiriña,

y lo haremos mañana.

Mañana no puedo.

¿Y si quedamos el miércoles?

Es raro quedar, ¿no?

Ya, pero no puedo azotarte sin más, tenemos que quedar.

Vale.

Un segundo.

Vale, el miércoles me va bien.

Te mando una invitación al calendario.

¡Blanca!

Blanca.

Hola, Avishag.

- No sabía que estabas aquí. - Sí, justo me iba.

- ¿Ya la has sacado? - No, no.

Me he pasado a comer algo entre reuniones.

- ¿Qué tal? ¿Todo bien? - Sí, ¿y tú?

Todo bien.

Déjame que te pague, ya que estamos aquí.

Para, ¡Blanca, para!

Gracias.

Necesito una cartera.

- Adiós, Avishag. Gracias. - Adiós.

De nada, ¡adiós!

Ruby.

Ruby.

No, no. Ven.

Ven.

¡Entra!

Venga.

¡Chance!

Idiotas.

Mikey, ven.

Ven aquí.

Tres, dos, uno...

- ¡Vaya leopardo! - ¡Hola, tigre!

¡Hola!

- ¿Qué tal? - Todo bien.

Primero que todo, ''guau''.

Estoy nervioso.

Y ahora, rúgenos tu nombre.

- Eden Ben-Zaken. Soy de Kiryat Shemona. - Vale.

Tengo 19 años.

¡Gírate un segundo!

Oye, ese conjunto...

¡30 shekels!

¿Qué cantarás?

''Heart'' de Christina Aguilera.

- ¿''Hurt''? - ''Hurt''.

''Hurt''. Has dicho ''Heart''.

- Oigamos cómo cantas. - El escenario es tuyo.

Buena suerte.

¡Qué adorable!

NO ESTÉS SUJETO A TUS SENTIMIENTOS LOCALES... ¡TUS SUEÑOS TE LLAMAN!

¿Avishag?

¡Avishag!

¡Avishag!

¿Max? ¿Qué cojones?

No recordaba el código.

- ¿Cómo no te vas a acordar? - No sé. Se me olvidó.

- ¿E intentas romper la puerta? - No, intentaba abrirla.

¿En serio?

Algunas puertas se abren si las empujas.

- No intentaba romperla. - La estabas golpeando.

Golpeándola mucho.

Estaba fuera, no podía entrar,

¿qué querías que hiciera? Intentaba entrar.

¿Tienes limones?

Sí.

Puedes cambiar la canción.

Cambia la canción.

Pondré una que me encanta.

Que me recuerda a ti.

Vale.

Trae.

¿Quieres que te traduzca?

- Claro. - Vale.

Dice:

En mi móvil está tu voz y palabras que no son mías.

Son aterradoras cuando no hacen gracia.

Porque han aparecido en

películas, canciones...

Quiero decirte esas palabras.

Quiero vivirlas.

Espérame. Estoy yendo.

Prepara tu tiempo para mí, tienes todo el mío,

tengo que llegar, me quedo.

Me odio.

Me gustaría llegar,

pero no puedo.

Debería hablar contigo,

debería llegar hasta ti.

¿O me voy a dormir?

Me da miedo que estés sorda,

me da miedo que seas una cobarde.

Me da miedo ser demasiado invasivo.

No puedo decirte que te quiero.

Quizá.

Pero si un día crees que me quieres,

corre, corre, corre hacia mí.

Hasta que te canses.

Y encuéntrame, si un día crees que me quieres.

Aunque cada camino

lleve a un lugar desconocido.

Ven a buscarme.

Si la náusea de la vida

te atrapa,

si el cansancio de la existencia se apodera de ti,

piensa en mí.

Piensa en mí.

Pero si

un día crees que me quieres,

no lo consideres un problema.

Corre hacia mí, corre hasta que te canses.

¡Ven a buscarme!

Si un día crees que me quieres,

no esperes ni un solo día,

ni una sola semana,

nunca sabes a dónde te llevará la vida.

Ven a buscarme.

Si la náusea de la vida

te atrapa,

si el cansancio de la existencia

se apodera de ti,

piensa en mí.

Piensa en mí.

Pero si...

Es muy bonita.

Qué envidia que sepas francés, cabrón.

- Te quiero de verdad, Avishag. - Lo sé.

Cuando vivía en París,

estaba...

Un día estaba en el metro,

era tarde, como medianoche,

y...

Un vagabundo estaba en la estación, un indigente.

Y le di unas monedas y le dije: ''Bonne nuit, mec!'',

que quiere decir ''¡Buenas noches, tío!'' en francés.

Y el vagabundo dice: ''Je ne suis pas mec, je suis monsieur!''

¿Entiendes?

Un tío sin pierna, en el metro a medianoche,

pero es un ''Monsieur''.

- Increíble. Es lo genial del francés. - ¡Ya!

Dime,

¿crees que en algún momento de tu vida

querrás tener hijos?

No lo sé.

Me cuesta decir si querré o no.

''Querer'' existe en el presente, no puedes decirlo en futuro.

Ahora mismo no quiero.

Yo tampoco.

¿Te molesta que lo pregunte?

No.

¿Te molesta que no me moleste?

No.

- ¿Así? - Más fuerte.

Vale.

Más fuerte.

- ¿Más fuerte? - Sí.

Espera.

- ¿Eres mi puta? - Sí.

- ¿Te gusta serlo? - Sí.

- ¿Te gusta esto? - Sí.

Abre la boca.

Abre la boca.

Espera, espera.

Necesito respirar un momento.

Espera.

- ¿Estás bien? - Sí.

Ven.

Ven, va todo bien.

Ven.

Tranquila, va todo bien.

Va todo bien.

Va todo bien.

Va todo bien.

Va todo bien.

Mírame.

Mírame.

- ¿Estás despierta? ¿Quieres café? - No, gracias.

Cariño, tienes moretones.

No, casi ni se ven.

Joder. Ayer nos pasamos, ¿no?

- Un poco. - Déjame ver.

- Pero ¿te gustó? - Sí.

¿Y estás bien?

Sí, solo un poco cansada.

No parece que estés bien.

¿Quieres que me quede? ¿Cancelo el turno?

No, no, no. Me volveré a dormir.

- Max, estoy bien. Volveré a dormir. - ¿Segura?

Vete. Me voy a dormir.

- Te llamo cuando pueda. - Vale.

Avishag, quería preguntarte si te interesa.

Voy a casa de mi madre esta noche, la operan, quería preguntarte

si te interesaría cuidar de Blanca hasta esta noche.

Porque llegaré tarde,

no quiero dejarla sola, lo destroza todo cuando no estoy.

Necesito un adiestrador.

En cualquier caso, sé que es mucho pedir.

Dime si te interesa, pago por horas.

MAX

Los de 45 tienen dos canciones y los de 33, un disco entero.

Dicho esto, necesitan configuraciones diferentes.

Para configurar un disco de 45 RPM, coge el adaptador,

es imprescindible para que funcionen los de 45,

ponlo en el centro del tocadiscos y luego pon el disco encima.

Por último, tendrás que cambiar la velocidad a 45.

Para configurar un disco de 33 RPM, no necesitas adaptador,

solo lo tienes que poner encima del tocadiscos, tal cual.

Y, por último, cambiar la velocidad a 33.

Y por si tienes curiosidad,

así suena a la velocidad equivocada.

Ahora que sabemos las diferentes configuraciones,

los siguientes pasos son casi iguales.

Hay que levantar la aguja.

Antes quita el cierre de seguridad.

Sube la palanca de al lado para que se levante.

Esto liberará la aguja para que la muevas con la mano.

Antes de tocar la aguja,

quita la cubierta protectora.

Luego lleva la aguja hacia el disco,

lo que hará que el disco gire,

y ponla al borde del disco.

Ha pasado mucho tiempo

desde que alguien me esperaba ahí fuera.

Y si no hay mar,

tampoco hay barco.

El camino se hizo corto, el círculo se tensó.

¿Entonces?

Otra semana,

otro mes, otro año.

Cuando muera quedará algo en el mundo.

Alguien querrá a otra persona.

Alguien odiará.

El camino se hizo corto,

el marcador pendiente.

¿Entonces?

Otra semana,

otro mes, otro año.

El camino acortado.

El rocío instala la tranquilidad de la noche en mi cara.

En el cruce cercano,

la misma estación.

Mañana me despertaré,

y abriré los ojos.

Querido Dios.

Otra semana,

otro mes, otro año.

Ha pasado mucho tiempo

desde que alguien me esperaba ahí fuera.

Y si no hay mar,

tampoco hay barco.

Mierda.

El camino se hizo corto, el círculo se tensó.

¿Entonces?

Otra semana...

MAX: 17 LLAMADAS PERDIDAS.

DROR BLANCA: Hola, Avishag. Gracias por lo de hoy. ¡Buenas noches!

Hola.

- Buenos días. - Buenos días.

- Perdona, me quedé dormida. - Está bien.

¿Quieres café?

- Puedo llevarte a casa. - Sí, gracias.

Claro.

Gracias por cuidarla, fue de mucha ayuda.

De nada.

- ¿Haces miel? - No.

- ¿Qué te ha pasado? - Nada.

¿Y para qué son las colmenas?

Tengo abejas.

¿De mascota?

Algo así.

¿Tu madre está bien?

Sí.

No es nada grave.

Le salía un hueso del pie y no se podía poner zapatos

por el dolor, así que se lo cortaron.

El hueso, quiero decir. Le quitaron una parte.

Y le duele mucho,

pero está bien, la operación fue bien, ahora debe recuperarse.

- Entonces está bien. - Sí, sí.

¿Y tú qué tal?

He tenido un día de mierda.

Vaya, lo siento.

Eres un cielo.

Está bien.

¿Te llevas con tus padres?

Más o menos.

O sea, son...

Son muy religiosos, así que más o menos.

¿Y tú no?

No. No.

¿Cuándo se dieron cuenta?

Vaya.

Me había olvidado de eso.

Una vez me tragué...

¿Sabes lo que es la acetona?

Claro que sí. Es quitaesmalte.

Pues bebí acetona.

¿Por qué?

Estaba en...

Había enviado una solicitud a una yeshivá en Jerusalén,

Yeshivá Mercaz HaRav, la yeshivá más prestigiosa,

que solo acepta a alumnos con buenas notas o a hijos de rabinos.

Hice muchos exámenes, me aceptaron,

y fue una gran noticia, todo el mundo lo sabía.

- Y cuando llegué... - ¿Cuántos años tenías?

Creo que 14.

Sí, 14.

Cuando llegué me di cuenta de que era lamentable.

Parecía un orfanato sacado de una novela de Charles Dickens.

Quería irme. En cuanto llegué

supe que tenía que salir de allí.

Así que llamé a mis padres, hablé con mi padre,

susurré, para que no me oyeran.

Le dije: ''Papá, ya no quiero estar aquí''.

Se volvió loco. Se enfadó porque me había planteado irme.

Así que bebí acetona.

¿Qué pensabas que iba a pasar?

Que quizá no me sentiría bien,

no sé en qué estaba pensando.

Solo quería irme de allí.

¿Y qué pasó?

Nada.

Me quemó la garganta y vomité un poco. Pero no pasó nada.

- Qué gracioso. - Sí.

¿Y?

Y ya está.

Desde ahí fue todo cuesta abajo.

Por ejemplo, dejé de ponerme filacterias.

- ¿Por qué hay que ponérselas? - ¿Por qué?

Porque está escrito: ''Estarán como frontales entre tus ojos''.

- ¿Qué son ''frontales''? - Exacto.

Intentaron averiguar qué era, pero no tenían ni idea,

así que lo interpretaron literalmente:

coger el Torá y ponérselo entre los ojos.

Sonaba tan ridículo que lo dejé.

Había dejado tantas cosas que me di cuenta de que se había acabado.

Un día me fui después de rezar, miré al cielo,

recuerdo un atardecer rojo.

Quizá es un falso recuerdo.

En cualquier caso, fue en ese momento.

Después me deprimí. Estuve en mi habitación un año entero

escuchando discos, y el resto del tiempo

iba por la yeshivá preguntándole a la gente

cómo no se habían suicidado.

¿Vamos?

Dime,

¿por qué tienes un cuadro de un perro muerto sobre tu cama?

Es de mi amigo, un artista famoso.

Vale mucho dinero y me lo regaló.

Vale. ¿Y te gusta?

Fue un regalo.

Sí, pero tienes el retrato de un perro muerto sobre tu cama.

Sí. Es verdad.

Quizá debería quitarlo.

- Es extraño. - Sí.

Pero me gusta mucho tu casa.

A parte del cuadro del perro, me gusta.

Y escuché un disco ayer.

¿Pasó algo?

¿Por qué preguntas?

Porque pregunto.

¿Puedo ducharme?

Creo que necesito una ducha.

¿Puedo ducharme?

- Claro. - ¿Dónde está?

Vale.

No, no, ¡Blanca! ¡No!

Blanca, ¡suelta!

¡Suelta!

¡Suelta! ¡No!

- ¿Me dejas una camisa? - ¡Te ha mordido el zapato!

- Vaya. - Lo siento. Te pagaré el arreglo.

- Tranquilo. - Ya no puedo con ella.

- ¿Por qué no la dejas salir? - Porque empieza a ladrar.

- Los perros ladran. - Suelta. ¡Suelta!

- No pasa nada. - ¡Suelta!

No pasa nada.

Coge tu mochila y tus cosas para que no las coja.

No, las pondré en otro sitio.

Las pondré aquí, así no llega.

Lo siento, de verdad. Me responsabilizo, ¿vale?

Vale.

¿Tienes hambre?

No, gracias.

- ¿Cocinas? - No.

¿Y qué haces?

Que qué hago... Comer fuera.

A veces cocino.

- ¿El qué? - Cosas básicas.

- ¿Como qué? - Pasta, pollo empanado.

Vaya.

¿Cómo es que no cocinas?

Pareces una persona que sabe cocinar.

Porque crecí en un kibutz y no teníamos cocina.

- No. - Sí, solo una encimera y un fregadero.

No teníamos cocina. Nunca he visto a mi madre cocinar.

En serio.

¿Recuerdas lo que llevaba puesto hoy?

- ¿Qué? - ¿Recuerdas lo que llevaba puesto hoy?

¿Qué? ¿Cuándo? ¿Ahora?

Un vestido o

un peto blanco.

- Exacto. - Sí.

¿Recuerdas los detalles?

Creo que

algo rojo.

Sí.

¿Y qué llevaba la última vez que nos vimos? ¿Te acuerdas?

No.

Yo sí.

Llevabas pantalones cortos.

Sí, porque venía del trabajo.

Ya. Normalmente llevas largos.

Es verdad.

Pero te quedaban bien las bermudas.

Y llevabas una camisa de botones clarita.

Parecía que estabas de vacaciones.

Y estabas sudando, porque tenías círculos en las axilas.

Pero era bonito, como el sudor de un turista en vacaciones

que suda porque no está acostumbrado al tiempo local.

Eres un cielo.

¿Qué?

Me atraes mucho.

No entiendo por qué.

Porque sí.

¿Vamos a mi cama?

Qué gracioso, ''mi cama''.

¿Te gusta mi cuerpo?

Sí.

¿Te gusta mi barriga?

Sí.

¿No estoy gordo?

Para nada.

¿Te gustan mis piernas?

Sí.

¿Y no soy muy pálido?

Tu piel es increíble.

Espera.

¿Te gusta mi cara?

Mucho.

¿Todo?

Sí.

¿Te gusta mi frente?

¿La nariz? ¿Las orejas?

Sí.

¿Me quieres al completo?

Sí.

Mírame.

Mírame.

¿Estás bien?

Sí.

Sí.

Quiero un cigarro.

Qué pelo más suave.

No te lo recojas.

Vale.

Este día es increíble.

Nunca había vivido algo así, Avishag.

Mientras viva, no lo olvidaré nunca.

¿Cuándo adoptaste a Blanca?

No se te da bien el silencio, ¿eh?

No lo soporto.

¿Ha habido mujeres con las que estabas en silencio?

Sí.

¿Durante cuánto tiempo?

- Dos o tres minutos. - ¿Dos o tres minutos de silencio?

Sí. Estás cómodo y te quedas callado, sí.

¿Y qué haces?

Piensas.

¿En la otra persona?

En cosas en general.

Quiero intentarlo yo también.

Me pondré cómoda y me callaré un minuto.

Espera.

No, sin besos.

- ¿No se permiten besos? - No.

Los besos son una distracción.

Reinicia.

Subtítulos: Mecal Subt Lihué Márquez

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