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Zulu
"En el siglo XIV,
los campesinos vivían sujetos a los señores feudales
sin que ninguna ley los amparara.
Su dignidad era constantemente pisoteada
y solo podían alcanzar la libertad
huyendo a unas ciudades
que crecían enfrentadas al poder de la nobleza.
En Barcelona,
la naciente burguesía estableció instituciones
que intentaron frenar los abusos de reyes y nobles.
Y alzó edificios que se han mantenido en pie
a lo largo de los siglos.
La Iglesia de Santa María del Mar,
en el barrio de la Ribera,
no fue construida por reyes ni obispos,
sino por el pueblo.
Esta es la historia de uno de los hombres
que convirtieron en realidad aquel sueño".
Estás loco, Estanyol!
Completamente loco!
-Señor Esteva.
Qué ha pasado?
-Tu padre, Bernat.
Ha tenido uno de sus ataques.
Le propongo hacer juntos la cosecha
y dice que quiero robarle.
-No pondrás las manos en mis tierras.
Antes te mato.
-Cada día está peor.
Deberías hacer algo.
Aquí, los dos solos,
sin nadie que os eche una mano...
-Nos apañamos.
-Ya no eres un niño, Bernat.
A tu edad, deberías tener nietos.
-Qué te decía ese granuja? -Solo quiere ayudar.
-Mentira.
Lo único que quiere
es ir quitándonos las tierras poco a poco.
Te ha vuelto a decir que deberías casarte, no?
-Da igual lo que haya dicho, padre.
-Todo el dinero que tenía se lo di como dote a tu hermana.
Primero su parte, luego, la tuya.
Lo necesitaba su esposo para establecerse en Barcelona.
-Ya le dije que me parecía bien. -No debí hacerlo.
Tú también tenías derecho a casarte.
-No surgió la ocasión.
-Hice mal.
Parte de ese dinero era tuyo. -Da igual de quién fuera, padre.
Además, nosotros ya tenemos las tierras.
(Ruido)
Tu padre era un buen hombre.
Aunque a veces lo tomaran por loco, era un buen hombre.
Qué vas a hacer ahora?
Necesitas una esposa, Bernat.
Es muy trabajadora,
llevará la casa,
te ayudará con la tierra y con los animales...
Y es muy fuerte. Te dará muchos hijos.
Si te casas con mi Francesca, nada habrá de faltarte.
Acércate, hija.
(Tambores)
(Música)
Te felicito, Bernat.
Cuídamela bien.
Por los novios!
(TODOS) Por los novios!
Oye, y que no falte por ahí.
Sí. (RÍEN)
-Yo también quiero.
Dímelo otra vez.
Quiero volver a oírlo.
-Yo,...
Francesca Steve,
te doy mi corazón a ti,
Bernat Estanyol,
como legítima mujer.
Y tomo el tuyo como legítimo marido.
-Y yo,
Bernat Estanyol,...
tomo tu corazón...
y te entrego el mío.
-Para siempre?
-Para siempre.
(Relinchos)
Atiende al señor y no te acerques a mi hija.
Y tú ve con tu madre. -Qué ocurre?
-Obedece.
-Mamá, qué pasa? -No, no pasa nada.
No te muevas de mi lado.
Mi señor, sed bienvenido a nuestra casa.
-Tenemos sed, ponnos de beber.
Tú no.
Quiero que me sirva tu mujer.
-No, no, por favor.
Por favor.
No, no, no.
No.
No, por favor.
No.
Más vino.
Y a ellos también.
Más.
-Ah! No!
Socorro! -Por favor!
-Por favor! No, no!
No!
Por favor! (LLORA)
No!
No!
Ah! No!
(Golpes)
Ah!
Ah!
Ah! Ah!
Ah!
Ah!
Aaah!
-Estanyol.
Te toca a ti.
Mi esposa está ya cansada
de que me aparezcan hijos bastardos.
Y no aguanto más sus lloriqueos.
Cumple como un buen esposo cristiano.
Francesca.
Qué te han hecho?
Francesca.
-Aaah!
(LLORA)
(BERNAT VOMITA)
No parece que el nuevo esposo haya consumado su matrimonio.
-No puedo, mi señor.
-Pues si tú no has podido,...
seguro que alguno de mis soldados podrá,
verdad, caballeros?
(RÍEN)
-No, por favor.
No tenéis ningún derecho.
Por favor.
-Cómo te atreves?
Pretendes aprovecharte
del derecho de tu señor con la novia
y venir luego a reclamar con un bastardo bajo el brazo?
Eso pretendes?
Dime! Eso pretendes?
-Ah!
Ah!
Ah!
Ah!
Ah!
Ah!
Ah!
Lo siento.
Tenemos que hacerlo.
-No me toques.
-Si no lo hago yo, vendrá otro.
Lo siento.
-Déjame, por favor.
No.
No.
No. -Lo siento, de verdad.
-No. -Lo siento.
No.
No.
Ah!
Ah!
Ah!
Ah!
Casi he terminado la cuna.
(EL BEBÉ BALBUCEA)
(LLORA)
Cómo estás?
Por qué no me has dicho nada?
Podrías haber muerto.
Es hijo nuestro.
Has visto?
Tiene mi misma marca de nacimiento.
El lunar junto al ojo derecho.
Le llamaremos Arnau.
(Risas)
Come, Bellera, come!
Parece que necesitas fuerzas.
-Dicen que por aquí hay quien abona las tierras
pero es otro quien las siembra!
(RÍEN)
-Pues en las mías
yo no permito que ningún campesino dude de mi hombría.
(RÍEN)
-Bellera, yo en tu lugar,
prohibiría los lunares!
(RÍEN)
Tú, coge a tu hijo y acompáñanos.
-Francesca, no!
Francesca! No!
Francesca!
(RELINCHA)
-Bernat Estanyol.
Tu señor, Llorenç de Bellera,
reclama los servicios de tu mujer para amamantar a su hijo.
-No.
Ah!
(Truenos)
(Truenos)
Qué sabes de mi Arnau?
-Qué haces aquí?
Márchate. -Está bien?
Eras mi amigo.
Por favor, te lo pido, solo quiero saber cómo está.
-Bernat, tenemos órdenes de no decirte nada.
Ven.
El señor mandó dejar a tu hijo allí.
Antes, tu mujer lo calmaba dándole de mamar,
hasta que llegó el alguacil del señor.
Tu mujer se resistió,
pero el alguacil es fuerte.
Luego,
cada vez que Francesca venía a darle de mamar,
había soldados esperando
para abusar de ella.
Y ahora ya casi no viene.
Qué haces?
-Llevarme a mi hijo.
-No, no. No puedes hacer eso. -Suéltame!
Mira por dónde vas!
Ayuda!
Guardias! Guardias!
(EL BEBÉ LLORA)
Tú, puta, suelta a mi hijo!
Vamos!
Entregadla a la tropa!
Buscadlo.
Apartaos!
Apartaos!
-Aaah!
Apartaos!
(LADRAN)
(RELINCHAN)
(EL BEBÉ LLORA)
(RELINCHAN)
Ha huido, señor! -Quemad la casa!
Soltadlos!
(LADRAN)
(Ladridos)
(LADRAN)
(RELINCHAN)
(LADRAN)
(RELINCHAN)
(RELINCHAN)
(LADRAN)
(RELINCHAN)
(Ladridos)
(LADRAN)
(LADRAN)
(EL BEBÉ LLORA)
(LADRAN)
(EL BEBÉ LLORA)
(LADRAN)
(EL BEBÉ LLORA)
(RELINCHAN)
Arnau.
Arnau.
Arnau, hijo.
Tienes que vivir.
Me oyes?
Come, hijo.
Sí.
Sí.
Señor.
-Lo habéis encontrado?
-Llegamos hasta un barranco muy profundo.
Ha debido de caer por él.
-Buscad hasta que lo encontréis.
Y si no lo encontráis, hacéis correr la voz.
Que lo busquen en Manresa,
en Barcelona,
en Zaragoza... Hasta el infierno si es necesario!
Francesca.
Francesca.
No los han encontrado.
Conozco muy bien al que los manda.
Ha dicho que han muerto, pero estaba mintiendo.
Ni siquiera el señor lo ha creído.
Estaba mintiendo, lo sé.
Yo te cuidaré, Arnau.
No dejaré que nadie te haga daño.
Nadie.
(Relinchos)
(RELINCHAN)
(RESPIRA AGITADAMENTE)
Aquí seremos libres, hijo mío.
Verduras!
Cuidado.
Si cae una pieza y se rompe, me la cobraré en vuestras espaldas.
Venga.
Llevad dentro esa arcilla!
Rápido si no queréis que os despierte a bastonazos!
Tú qué quieres?
-Este es el taller de Grau Puig?
-Si buscas trabajo, no necesitamos a nadie.
-Soy... pariente del maestro.
-Pariente?
Tú lo que eres es un muerto de hambre.
Largo de aquí.
-Por favor.
-He dicho largo. No entiendes cuando te hablan?
Fuera de aquí
si no quieres que te saquen a bastonazos.
(EL BEBÉ LLORA) Y llévate también a ese diablo.
-No llames así a mi hijo.
-Ya te enseñaré yo a replicar.
-Benart!
Bernat.
Eres tú?
-Guiamona.
-Suelta la vara, es mi hermano.
Llévatelo, Habiba.
Bernat.
Qué haces aquí?
Y tu mujer?
-Guiamona...
Han pasado cosas terribles.
Cómo te has atrevido?
Sabes qué pasaría si encontraran a un fugitivo en nuestra casa?
Dale dinero y que se vaya.
-Solo necesita que no lo encuentren
durante un año y un día,
después podrá pedir la carta de ciudadano,
será un hombre libre.
Grau.
Conoces perfectamente las leyes de Barcelona.
-Bernat es un siervo que se ha rebelado contra su señor.
Un delincuente.
Y nosotros sus cómplices si lo ocultamos.
-No, Puig.
Mi hermano sacrificó su herencia para que yo pudiera tener una dote.
Y gracias a esa dote,
pudiste abandonar Navarclés y abrirte un camino en Barcelona.
No lo olvides.
-Guiamona, solo soy un artesano.
Rico, pero un artesano.
Los nobles me desprecian,
los mercaderes me odian.
Qué dirían el veguer y el baile si se enteran?
-Lo que dirían ellos no me importa.
Esto es lo que digo yo.
Vigílalo,
prohíbele salir a la calle si quieres,
pero mi hermano se queda en esta casa
hasta que sea un hombre libre.
Y su hijo vivirá y se educará con los nuestros.
-Es una locura. -No.
Si no los acoges, si no los escondes,
antes o después los detendrán,
y entonces, descubrirán que son familia nuestra,
familia tuya.
Entonces, el baile y el veguer sí que tendrán cosas que decir.
-Qué haces ahí, espiar?
-Quería darle las gracias.
-No le hagas caso.
Grau ha cambiado mucho.
Ya no se ocupa del taller.
Ahora se dedica al comercio.
Barcos, vinos, aceites...
Preside la cofradía.
Es un prohombre.
Y solo está pendiente
de que lo nombren miembro del Consejo de Ciento.
Ya no es el mismo.
Está de acuerdo en que os quedéis,
pero nunca, Bernat, escúchame bien,
nunca le cuentes a nadie
lo sucedido con el muchacho de la forja.
-Tú también has cambiado mucho, hermana.
Trabajarás de sol a sol a cambio de lecho, comida y ropa.
Tu hijo se quedará arriba.
Doña Guiamona cuidará de él.
Tienes prohibido entrar en la casa.
De ninguna manera, se te ocurra acercarte.
No debes contar a nadie tu situación.
Ni siquiera a los de dentro.
Duermes aquí.
Y apagad esos candiles, que no nos regalan el aceite!
-Pulgas.
No es lo peor que encontrarás aquí.
(SUSPIRA)
No me seas tan delicado.
-Cuándo podré ver a mi hijo?
-Eso a mí no me incumbe, venga.
-Qué tengo que hacer?
-Cargar leña para los hornos
y procurar que estén siempre a punto.
"Trasladar piezas a la trasera de la casa para que se sequen.
Transportar arcilla, limpiar el barro
y la ceniza de los hornos.
Llevar las piezas terminadas a la entrada del taller.
Y vigilar a los esclavos
para que ninguna se rompa o se agriete".
Cuidado. Cuidado!
Inútiles! Qué habéis hecho?
-Ah! -Os voy a partir las espaldas!
Y tú qué miras?
Estás sordo?
Obedece! -Hazlo y te mato.
-Os voy a arrancar la piel a tiras!
Esto no se lo daría ni a los cerdos.
-(ACENTO EXTRANJERO) Come, tienes que conservar las fuerzas.
Puedo?
-De dónde eres? -De muy lejos.
Al otro lado del mar.
Todos dicen que eres un valiente.
No has dejado que te golpearan, te admiran.
Si algún día decides huir... -No puedo huir.
No puedo abandonar a mi hijo.
Aunque solo pueda verme dos días a la semana,
quiero que sepa que yo soy su padre.
Tú tienes hijos?
-Puede ser.
Cuando me capturaron, mi mujer estaba embarazada.
(EL BEBÉ BALBUCEA)
Arnau.
Hola.
Gracias.
Déjamelo un poco más, Habiba.
Con los esclavos pocos milagros pueden hacerse.
Solo trabajan por miedo al látigo, pero...
vuestro cuñado... -Te he dicho que no le llames así.
El campesino es diferente.
Pone interés en todo y aprende muy rápido.
-Qué propones?
-Darle trabajos de más responsabilidad.
No nos ha costado dinero como un esclavo
ni tendrá contrato de aprendizaje.
Será como un oficial, pero sin serlo y sin pagarle nada.
-No te equivoques,
no nos habrá costado dinero, pero es el más caro que tengo.
-Yo me refería...
-Sé a lo que te referías.
Haz lo que creas conveniente.
Pero que no olvide cuál es su sitio en el taller
o te echaré y jamás serás maestros.
Si te mueres de tanto trabajar, no me sirves de nada.
Me faltaste al respeto.
Otro hubiera hecho que te colgaran, pero me gusta la gente con temple.
Yo... cumplo con mi obligación.
Quiero que lo entiendas.
Trabajas bien.
Vas a encargarte de un asunto de más responsabilidad
cuando yo tenga que ausentarme.
-Qué es eso?
-El sello de la alfarería.
Solo, y fíjate bien, se les pone
a las piezas que no tienen ningún defecto.
Como esta.
(EL BEBÉ BALBUCEA)
Arnau.
Arnau.
-Pensé que habías salido con los otros.
-No es agradable ver cómo cuelgan a un hombre.
-Habiba, llévate a los niños.
Dicen que era un campesino
que había huido de las tierra de su señor.
-No habría pasado el año aún.
-Tú ya lo has pasado.
Qué piensas hacer?
Bernat, cuando matas a un hombre,
es igual que seas ciudadano o siervo.
Si te descubren, te condenan igual.
Es mejor que te quedes aquí.
Por tu hijo.
Arnau. Arnau.
Yo me ocuparé de todo,
tú limítate a atender a las mujeres.
-No me crees capaz de atender a tus invitados?
No estoy a la altura, verdad? -Genís cenará con nosotros y los...
Ten cuidado! Eres un salvaje como tu padre!
Perdón.
Margarida, Arnau, Guiamon y tú cenaréis en la cocina.
-En la cocina?
Pero si es Navidad y yo ya soy mayor.
-Por eso.
Tienes que cuidar de tus hermanos. -Arnau no lo es.
-Hoy es un día muy importante para vuestro padre.
Ha ayudado al rey en la guerra
y vienen nobles y artesanos a rendirle homenaje.
Por eso tenéis que portaros bien.
-Y el rey va a hacernos nobles a nosotros, madre?
-Algún día, hija, algún día.
-Ves?
Hoy tendrás una buena cena.
Gallo, fruta confitada y torta de almendras.
Qué rico.
Pero preferiría que cenáramos juntos.
Hace un poco de frío, Arnau.
Será mejor que subas.
Vamos, sube a la casa!
Vamos.
Felices fiestas, padre.
Tú qué haces aquí?
Te han invitado a cenar?
-A mí?
-Entonces?
-La costumbre después de tantos años...
Qué miras?
-Hay una grieta.
Es pequeña, casi no se ve.
-Quieres mucho a tu hijo, no se puede negar.
No te hagas ilusiones,
nunca llegará a ser uno de los suyos.
-No quiero que sea de los suyos.
-El mío se enroló con las tropas del rey.
Hace mucho que no sé nada de él.
-Volverá.
-Sí.
Eso espero.
-Seguro.
-Os envidio lo unidos que estáis.
-Si le pasara algo, me moriría.
Mi hermana ha hecho que estudie con sus hijos, ha aprendido a leer.
-Crees que va a servirle para algo?
Muere, genovés, he hundido tu nave.
No quiero ser genovés, los genoveses han perdido.
Tú eres lo que yo diga.
Ah!
Arnau me ha pegado en el ojo! Mentira!
-Margarida, deja en paz a tu hermano.
-Habiba.
Habiba, trae más vino, de las tinajas viejas.
Lo has entendido? -Sí, señor.
-Date prisa, los invitados tienen sed.
-Padre.
-Qué quieres, Margarida?
-Jugábamos a los barcos y yo le decía a Arnau
que las naves genovesas no podían atacar Barcelona,
y él decía que sí. -Así es.
No pueden porque son barcos grandes y pesados
y no pueden llegar a la playa porque encallarían.
Al contrario que otras ciudades,
no tiene un puerto protegido del mar.
-Tener puerto es importante? -Mucho, hija.
Si tuviésemos puerto,
los barcos podrían descargar en los muelles
y no sería necesario ese enjambre de barqueros
que recogen la mercancía y la dejan en tierra.
Portaos bien.
Vamos.
Adónde? A la playa, a ver los barcos.
-Pero no nos dejarán.
-Tienen muchos invitados, no se darán cuenta. Vamos.
No podemos.
Lo ves?
Tú no eres mi hermano.
No eres de mi familia.
No eres un Puig.
Eres un cobarde.
-Vas a ir? Sí.
Yo también.
Seguidme, marineros, vamos a reconquistar Cerdeña!
Al abordaje!
Subid a mi barca, marineros!
Te vas a caer!
Al abordaje!
Soltad los amarres, largad velas!
-Quién hay ahí?
Quién vive?
Quién vive?
Vámonos. No podemos, vienen hacia aquí.
Por las Atarazanas.
Tampoco.
Al mar.
Pero... Vamos!
-Está muy fría.
-Cierra la boca!
-Eh!
Veis algo? -Nada.
Por si acaso, echaremos un vistazo.
Tenemos que irnos.
Guiamon está temblando.
Hay que esperar a que estén más lejos.
(GUIAMON TOSE)
(MARGARIDA CHISTA)
Señora.
Señora.
-Qué pasa, Habiba?
-Los niños no están.
-Cómo que no están? -No, señora.
-Qué sucede?
-Los niños, señor.
No están.
Margarida tampoco.
-Has mirado bien? -Habiba ha buscado.
Ha buscado, señora.
No están en la casa, señor.
Y habrá más.
(GUIAMON TOSE)
Tanto como nuestra...
Será del rey y de sus señores.
-Y nuestra también,
de los ciudadanos.
(GUIAMON TOSE) Hemos pagado al rey la deuda
con nuestro dinero y nuestra sangre.
-Se te va la cabeza.
O será el vino... (RÍEN)
Venga.
Vamos a la hoguera, estoy helado. Venga.
Ya se van. Vámonos.
Guiamon no está bien. Espera.
Cuando estén más lejos.
Ahora.
Margarida, vuelve!
Solo no puedo!
Buscad por todo el barrio. Dales antorchas.
Ahmed, llama a los esclavos, iremos a la playa!
A ver si estuviesen allí. -Que no les haya pasado nada.
-Señor.
-Dónde estabais?
Mi amor, qué tienes?
Estáis empapados!
-Fue Arnau! Nos convenció para ir a la playa!
Yo no quería.
-Está helado.
Id a la cocina.
Llenad un barreño con agua caliente, rápido!
-Tú, fuera de aquí, vete!
Arnau.
Qué pasa?
Qué pasa? Por qué estás tan mojado?
Yo no quería, padre.
No quería. No querías qué?
Qué ha pasado?
Yo no lo he hecho.
Hemos sido todos, padre.
Y ella dice que he sido yo.
Y no es verdad.
Se va a morir?
-Llévatela. -Por qué?
-Llévatela de aquí!
Estabas encargada de cuidarlos.
Esa niña es el demonio.
Debes contar lo que ha dicho tu hijo.
-No puedo.
Es mi hermana.
-Qué quieres?
-El niño... Cómo está?
-Te atreves a preguntar?
Así es como tú y tu hijo pagáis
lo que hemos hecho por vosotros?
-Está empeorando, llamemos al médico de los judíos.
-No podemos llamar al médico, qué dirán?
-Llámalo!
Nuestro hijo se está muriendo!
-Guiamona. -Fuera.
Fuera!
(Campanadas)
(LLORA)
(LLORA) Arnau.
Arnau, hijo, no llores.
Ahora vamos a estar siempre juntos.
Vas a vivir conmigo en el taller.
Y dormirás aquí, a mi lado.
(Pasos)
Cómo está mi hermana?
(TODOS) Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos.
Y no nos dejes caer en la tentación.
Líbranos del mal. Amén.
Traedla.
(REZA EN ÁRABE)
Creía que no rezabas.
-No rezo para mí.
Rezo para que lo que va a suceder...
no suceda.
(LLORA)
Que vengan todos.
El muchacho también.
Ve.
-No, déjame!
Que no, no quiero!
Suéltame, no quiero!
He dicho que me sueltes! No!
-Sé que no has dicho la verdad.
Nos has mentido a todos,
pero eres mi hija y no quiero agravar el dolor de tu madre,
así que no vuelvas a abrir la boca, está claro?
Ya me habéis oído, todos afuera.
Vamos, daos prisa.
-No quiero que mi hijo lo vea.
-Obedece, Bernat, no te busques más problemas.
-No puedo.
-Hazlo por él.
Has trabajado muy duro.
No lo eches todo a perder.
Quitadle la ropa y atadla a la viga.
(HABIBA LLORA)
No es a ella a quien debería azotar, sino a tu hijo.
Quiero que mire.
Debe aprender desde pequeño
que una mala acción comporta un castigo.
-Hijo.
Obedece.
-Deberías haber vigilado a mis hijos!
-Ah!
Ah!
Ah!
Ah!
-Tenías que haber cuidado de ellos!
-Ah!
Ah!
No lo hiciste y por tu culpa...!
Por tu culpa mi hijo ha muerto! -Ah!
-Ha muerto! -Ah!
-Ah!
Ah!
-Por tu culpa!
Por tu culpa!
Ha muerto!
(Latigazos)
Por tu culpa mi hijo ha muerto!
(Latigazos)
-Señor.
Está muerta, señor.
Ha muerto.
(GRITAN)
Ah!
(GRITAN)
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