All language subtitles for Los.Anos.Nuevos.1x04.Episodio.4.(Spanish.Subs).WEB-DL.1080p.x264-EAC3.by.Bryan_122

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Original subtitles

¿Tienes algún propósito para los 30?

Pues irme a vivir a Vancouver.

Hostia, casi nada.

¿725 euros?

¿Qué pasa? ¿No te quieres ir?

Sí me quiero ir.

Qué guapo.

Cierra los ojos. ¿Quieres ver tu regalo?

Fue justo antes de que se separaran.

Yo viví ahí hasta los seis años y luego ya nos mudamos.

¿No se separaron cuando tenías ocho?

No, me lo contaron cuando yo tenía ocho.

Qué curioso, ¿no?

¿Por?

No, bueno, porque te estuvieron mintiendo durante dos años.

¡Eh, para!

No hay agua caliente. Métete.

No, no, no. Métete, "cagao".

¿Quieres verlo?

Para eso tendríamos que vivir juntos, ¿no?

- No se resiste. - ¿Qué tal?

- Muy bien. - Alguien se pone las botas.

Yo.

¿Os acordáis de la abuela Pilar? Sorbía las cabezas así.

Jamás. Tu abuela nunca hizo eso. - Papá, por favor.

Tengo una imagen de la abuela grabada.

¿Sí? - Sí.

En la vida. - ¿Cómo que en la vida?

Fernando, por favor. En nuestra boda, por ejemplo.

No hacía más que chupar cabezas.

En la boda solo tenía ojos para ti, cariño, nada más.

- ¿- Te molesta que lo haga? - No, no, por favor.

Estupendo, porque iba a seguir haciéndolo.

- Tú disfruta. - Están buenísimos.

- Son de Javier, mi pescadero. - Son del mío.

- Ah, ¿tienes pescadero ya? - Sí. En el Mercado de Tirso.

Perdonad.

¿Has hablado con Irene?

Sí. Le dejo yo el coche.

¿Qué tal? - Es mi hermana pequeña, la actriz.

Ay. ¿Está haciendo algo que se pueda ver?

Está en el María Guerrero ahora. - Qué nivel, ¿no?

Sí, sí. Si quieres, podemos ir un día verla.

Claro, me apunto. - ¿Sí? Pues nosotros también.

¿Otra vez? - Otra vez.

¿Te cansas de ver a tu hija? - No, no es eso.

Porque yo no. - Pues ya está, ya tenemos plan.

Fantástico. Genial.

Te voy a enseñar una foto suya

para que veas el bellezón que es.

Carmen, tienes que decirle que son idénticas.

Te das un aire, claro que sí.

O sea, que le va muy bien. - Bueno.

Muy bien...

Este año sí, pero ya sabes que en ese mundillo es muy inestable todo.

Ya, me imagino.

Pero cuando lo tienen tan claro, ¿qué vas a hacer?

Yo tenía muchas papeletas para que me saliera artista.

Claro. - Por Eduardo, ¿no?

Hombre, con un padre poeta, pues ya me dirás.

No me extraña.

Por cierto, Óscar nos ha dicho que te acabas de jubilar.

El 3 de abril. Estoy feliz.

Bueno, es que ser enfermera tiene que ser algo durísimo.

Sí. - Te echarán de menos en el hospital.

Pues yo a ellos nada.

- Te encantaba tu trabajo, Carmen. - Sí, claro.

Además, tenía buena mano.

Pero ya está, ¿eh?

35 años... Suficiente.

35 años. - 35.

¿No me digas? Yo, si pudiera, dejaba el banco mañana mismo.

A mí me van a tener que echar con agua caliente del despacho.

¡Bueno! - Que sí, que sí, que sí.

Eso es lo que tú te crees. Tú dame a mí un año de tiqui, tiqui, tiqui.

¡Uy!

No, no. No, no, no, no.

Y estamos los dos tirados a la bartola disfrutando de la vida.

No, yo sin hacer nada no me veo. No me veo.

Te digo una cosa, poco a poco, te vas haciendo.

Yo me he apuntado a francés -A francés.

"Oui". - Me encanta el francés.

Y a mí también.

Por eso me he apuntado. También me he apuntado en un club

de lectura. - Guay, me encanta, club de lectura.

No sabes el pueblo, estamos todo el día haciendo cosas.

- Menudo cambio de vida. - Sí.

Total. - Sarna con gusto no pica.

Ya. - Lo único que llevo mal es madrugar.

¿Madrugar? ¿Y por qué madrugas?

Es que no puedo evitarlo.

Todos los días, a las 7:00 de la mañana, ahí, como un halcón.

La próxima vez que vengas, nada de dormir en ese sofá cochambroso.

- Que no pasa nada. - Mamá, ahí dormimos Óscar y yo.

Gracias, pero no creo que venga tanto. Ellos ya tienen su vida.

Mamá, a mí me encanta que vengas. - Lo que sea.

Pero la próxima te quedas en casa. Es que estamos solos.

Solos. - Tenemos habitaciones.

El queso que habéis traído. - Tiene un toque ahumado.

A ver qué os parece. - Nada. Al ataque.

- Qué rico. - Al ataque.

Oye, y vosotros la tuvisteis muy jóvenes, ¿no?

- Éramos unos críos. - Así salimos las tres.

Las niñas más ricas han salido.

Eso sí, tengo dos pesadillas recurrentes.

Las pesadillas. - Sí, sí, dos, dos, dos.

Mira, la primera: que me viene la regla otra vez.

Imagínate. - Qué horror. Pesadilla.

Y la segunda: que vienen a vivir a casa todas.

Otra vez, todas. - Le encantaría.

Le encantaría. - En el fondo, soy un gallina.

¿Lo bueno sabes qué es? Que a los 40 años estaban criadas.

- Ya. - Y la vida nos da otra oportunidad.

Míranos, aquí nos tienes, de novios otra vez.

Qué empalagoso. - Porque no nos has visto solos.

No, no hace falta, papá.

A ver, Ana, yo no sé si sabes que tus padres también follan.

- ¿Lo sabes o no? - Mamá, lo sé desde bien pequeña.

Los domingos por la mañana, la puerta, el pestillo.

Pues mira, brindo aquí y ahora porque los padres también follan.

Di que sí. - Muy bien.

- ¿Te parece bien? - Bien.

Venga, los padres follan.

Eso. - Está bien de silenciarlo

delante de los hijos. - A ver si se me pega algo,

porque vaya secarral.

Ya os tocará cuando tengáis hijos, ya veréis.

- Mamá... - Es la verdad.

Besos y abrazos de mi padre. - Anda.

- Dale recuerdos. - Está agobiadísimo con tu regalo.

Pero bueno. - Ana es dificilísima de regalar.

Dificilísima. Que no me regale nada. - Que nos invite a comer.

- ¿Con quién cenaba hoy? - Pues con nadie.

- ¿- Todo bien? - Sí, voy al baño.

Sí, mira, justo aquí, la primera puerta.

¿Que cenaba solo? - Sí, solo.

¿En Nochevieja solo?

No sé, me sabe mal. ¿Por qué no le has invitado?

No sé, mamá, porque somos muchos.

Ya, pero no sé, yo pensaba que cenaba con su novia.

Bueno, lo de Mariana ya no... - ¿Qué?

Pues que lo dejaron, mamá.

Vaya, hombre. ¿Y eso?

Si se les veía muy bien. - Ya.

Pero ¿la conocías entonces? - Sí. Comimos un día los tres.

Además, me dio la sensación que sabía llevar a tu padre, que no es fácil.

Mira quién fue a hablar. - Oye, guapo.

Tendrás queja de tu padre. - Yo...

Ah.

Oye, Carmen, ¿y tú sales con alguien o no?

Uh, quita, quita, yo estoy muy bien sola.

¿No has querido rehacer tu vida este tiempo?

Mamá, Carmen tiene su vida muy bien hecha.

- Es una manera de hablar. - Es una manera un poquito...

¿Te sabe mal? - Te he entendido, Isabel. Te cuento.

A ver, yo, después de separarme, tuve un par de rolletes. Pero...

¿Perdón? - ¿Qué pasa?

¿Que has tenido un par de...? - De rolletes.

De rolletes. - ¿Ya no se dice rolletes?

- Sí. Cuenta, cuenta, cuenta. - Venga, rolletes.

Bueno, nada, que pues quedas, te tomas algo.

Oye, y te das una alegría para el cuerpo...

Ay, hija, eso con suerte. - Ya.

Con mucha suerte.

Ya, bueno.

Oye, ¿y cuándo dejó Mariana a tu padre?

Mira cómo sabe ella quién dejó a quién.

¿No fue así o qué? - Sí. Le dejó en verano.

Yo creo que fue antes, ¿no? O sea, justo cuando yo me mudé aquí.

¿Sí? - ¿Y cómo no me dices nada?

No sé, mamá, no he caído. - ¿Y qué tal está?

Bien. No sé.

- Mayor. - ¿Mayor?

Ya quisiera estar como él. - Si tú estás fantástico.

¿Yo? - Estás estupendo.

Tú más delgadito no. - A ver...

Porque aquí... - Tengo una inversión aquí.

Oye, pero ¿está escribiendo?

¿Se ha quedado mustio? - No se ha quedado mustio.

Cada separación... - Está escribiendo.

Hace un siglo que no hablamos. - Pero ¿os lleváis bien?

Sí. Sí, sí, sí, sí.

Bueno, a ver, ahora no tenemos tanta relación, claro.

- Ya. - Sí, nos llevamos bien.

Nos entendemos.

Dile que venga, ¿no?

¿A mi padre? - Papá...

Sí. - Pues sí, claro, que se venga.

Pero... - Por mí, estupendo.

No va a estar el pobre hombre cenando solo.

¿Qué problema hay con cenar solo? - Hijo, ¿en Nochevieja?

- No sé, ¿nunca...? - ¿Habéis tomado uvas solos?

Yo, en 56 años, nunca. - ¿Nunca?

Yo sí. - Nunca, nunca.

- Yo una vez. - ¿Cuándo, papá?

Bueno, a ver, no llegué a tomármelas.

Es que iba conduciendo con el coche para casa y, de repente,

se me cruzó la...

Kendall. Ka... - ¿Qué Kendall?

Lorna, papá. - Lorna, Lorna. Eso, Lorna.

¿Teníais un perro? - Sí. Poco tiempo.

¿Sí? - Lorna.

Bueno, es una historia un poco larga.

Nada, que la atropellé. - Pero escúchame, eso no fue

en Nochevieja. - Fue en Nochevieja.

Si te lo dije mucha veces. Es la gracia que tiene la historia.

Pero ¿se murió? - No, no, no. Si fue casi peor.

Se quedó inválida la pobre. - Ay, pobre.

Bueno, me la trajo toda despeluchada. - ¿Cómo te la iba a llevar?

Sí, claro. No, no...

- Pobrecita. Feísima. Pero tan fea... - Ana, ¿tú te acuerdas?

Dos años con el carrito arriba, abajo.

Taca, taca, taca. - Pobrecita. Era monísima.

Era más mona... - Yo, en Nochevieja, sola

un montón de veces. ¿Dices que cenar solo es problema?

Pero, hijo, que no es lo mismo. Que tu padre no sabe estar solo

ni tomando las uvas ni haciendo nada. - Ya estamos. Ya estamos.

Que no lo digo a malas, hijo.

Que no lo digo a malas, son maneras de ser.

Si no, ¿para qué ha llamado? - ¿Cómo para qué?

Para hablar, para felicitarme.

Ah, ¿ahora le gusta hablar por teléfono?

Cuando vivías conmigo, no era muy de llamar. ¿O sí?

Ay, mamá, que pereza, ¿no?, de repente.

Mira, no soy la única madre que da pereza, ¿no?

De otras cosas no sé, pero de tu padre...

Cómo te gusta fardar de eso. - ¿De qué? ¿De qué?

De ser especialista en papá. - Es que esto me lo hacía de novios.

¿Qué te hacía? A ver. ¿Qué? - ¿Te lo digo?

Venga, ilústranos, ilústranos.

Pero luego no te enfades. - No me enfado.

Tu padre te llama para dar pena. - Uh, para dar pena.

Para darme pena a mí. - Sí. No te rías, sí.

Bueno, no sé si Eduardo es tan rebuscado, ¿no?

Uy que no. Le ha llamado para tantearle.

Un poquito de victimismo, un poquito de ji, ji, ja, ja.

Y a ver si saca algo. - ¿A ver si saca qué, mamá?

Pues eso, hijo, que le invites.

¿Vosotros le conocéis? - Sí.

Sí, sí. - Comimos con él. Muy simpático

Sí, sí, sí. En el sitio de las alcachofas.

Casa Pachuco. - Casa Pachuco.

Un hombre encantador.

Sí, sí. Si Eduardo es experto en eso, en encantar a la gente.

Un superpoder tiene. - Si no, ¿para qué ha llamado?

A lo mejor es todo más sencillo, yo qué sé.

Es... es Nochevieja. Le habrá entrado morriña, querría hablar con su hijo.

No, o a lo mejor sí que está solo

y entonces, sí que quiere venir a cenar y por eso llama.

Mamá, que si Eduardo quiere venir, nos llama y nos lo dice.

- Hombre, claro. - O no.

Porque si tu hijo no te invita, estas cosas no son fáciles de decir.

Carmen, ¿tú quieres que venga o no?

Claro. Si lo estoy diciendo. Yo estoy encantada.

Además, es que es lo normal, ¿no?

No sé. - Sí. Lo normal.

- ¿- Tú... - A ver.

Cenarías conmigo si nos...?

Pues no lo sé, porque la verdad es que, a ver,

cuando has querido mucho a alguien, hacer como que no pasa nada...

No, es verdad. A mí me daría mucha pena.

- Ya. - Pero hablamos de mí.

Y a mí, ni pena ni nada.

Venga, llama a tu padre.

Papá, deja de dar órdenes a Óscar. De verdad, os estáis...

Mi padre no va venir, ya está. - Que lo decida él.

Que lo decida él. - Es muy tarde.

Pero ¿qué hora es? Qué va. - Estamos cenando.

- Estamos con el queso. - Y él también.

Él también está cenando.

Bueno, que se venga a las uvas.

¿Vive lejos o...?

Papá, déjalo ya.

El problema son los taxis. ¿Habrá taxis? Esto es complicado.

Un uber, un cabify.

No, no, Eduardo no sabe usar eso. - Sí sabe, sí sabe,

no le parece bien. Le gusta coger taxis.

Le tendrías que llamar. A los padres nos hace ilusión.

A los padres nos hacen ilusión esas cosas, es así.

Si les llamas, llámale ya. - No le voy a llamar.

Te vas a reír de él, por favor. Lo estoy viendo.

¿Yo de tu padre? - ¿Perdona?

Por favor, pero... - O sea, tus bromas no las entiende.

Tu padre no se ofende por esas cosas.

Eres tú el de la piel fina. - Venga.

Pues no me apetece que estéis discutiendo, ¿vale?

Ya está. - ¿Cuándo discutimos tu padre y yo?

¿Perdona? - ¿Cuándo?

¿Perdón? - Dime un día, uno.

El día del vaso, por ejemplo. - Ay, por favor.

Pero si eso fue hace un siglo. - Mira cómo se acuerda.

Se acuerda del día del vaso. - Tú no sabías ni hablar.

Perdona, tenía 6 años. - ¿Qué dices?

Tenía 6 años. - Tenías 3 añitos.

Me dejasteis solo, abandonado, dos horas.

En la vida, en la vida te he dejado yo a ti solo.

Joer. Estaba rodeado de cajas de Kas naranja.

Me acuerdo perfectamente. - Estábamos en la puerta del bar

curándole la herida a tu padre. - ¿Por qué le tiraste el vaso?

¿Eso te ha contado? - No, perdona, no, perdona.

No me lo ha contado. Eso se lo que yo vi.

¿Por qué le tiraste el vaso? - Óscar, por favor.

Lo que pasó es que se cayó el vaso y se rompió.

Ay, qué casualidad, se cayó. - Tu padre es cortó al recogerlo.

Pues así fue, tal cual. - Ya está. Lo que tú digas.

Lo que yo diga. - Vale.

Pues ya está. Claro que sí.

Yo creo que molaría traer las carrilleras.

- A mí me encantaría. - Bien, sí.

Sí, yo creo que sí.

El momento ideal. - Venga. Los platos.

Venga, va. Venga. - Toma.

Oye, muy rico todo. No habéis dejado langostinos.

Ahora, el queso... - Estaban...

- El queso caerá. - Muy rico todo.

Toma, toma. - Muchas gracias.

Mi amor. - Chicos.

Es que un día... - Toma, Fer.

Hace unos días,

Isabel me tiró un zapato a la cabeza. - Bueno.

Te juro que el vaso se lo tiró ella.

Bueno.

¿Estás bien? - Sí.

Sale siempre ella con los recuerdos. - Es supergraciosa.

No tiene filtro, pero me cae muy bien.

¡Buah! - ¿Qué tal? ¿Cómo va eso?

Huele increíble. - ¿Sí?

- Sí, sí. - ¿Has escrito los deseos?

- No. ¿Tú? - Hombre, claro.

Están ahí. - Hostia.

Me adelantas en todo. ¿Cómo lo haces?

No queda tanto para las uvas.

A ver, mis deseos.

Yo lo tengo que pensar con calma esto.

Tiene que estar para las 00:00.

No me agobies. Luego lo hago.

A ver. Platos.

La puerta.

¿Estaban malos los mejillones? - La puerta.

No ha comido nadie. - La puerta.

Ya, ya. - No han triunfado nada, no.

No. Oye, te veo aquí muy...

Pero venga. - Dos segundos. Le pego dos tiros.

Venga, el vino.

¿Cuántos deseos se pueden pedir? - Tres.

¿Solo tres?

12 si te parece. - Tengo muchos.

Hay que hacer una selección. - ¿Qué has pedido tú?

Ahí está. - Ah, genial. Cuando te vayas,

los miro. - No.

Sí. - Joder, este abridor se resbala.

A ver, trae, anda, trae.

Trae para acá.

A ver. - Las patatas.

¿Están hechas? - Sí.

¿Seguro?

Oye, ¿quién soy?

Flequillo.

Camisa blanca.

Popeye.

Mia Wallace. - A ver, a ver otra vez.

"Pulp Fiction".

No. Popeye. Popeye. Quita eso.

No. ¡Agh!

Apaga eso y ven. - Que sí, coño. Ya voy.

- Vaya fiesta ahí. - Bueno.

Cierra la ventana. - A ver.

A ver qué tal. - Qué pinta tiene.

No sé yo

cómo estará. - Qué pinta tiene.

A ver. - Pintaza.

Vamos allá.

Por cierto, me encanta cómo tenéis la casa.

- ¿Sí? - Está preciosa.

Está muy alegre. - Sí, tiene como más color.

Oye, digo yo, ¿en esa pared no podría ir el cuadro

que hemos traído? Donde los pósters. - ¿En esa pared?

Sí. - ¿El cuadro? No cabe.

Vamos, no cabe.

Ya, pero creo que es donde mejor se vería.

Espera, te ayudo. - Sí, ayúdame.

Es que...

Es que, es que... - Una cosa.

O sea, el cuadro es precioso, pero os habéis venido muy arriba.

O sea, es gigante. - Es enorme.

¿Cómo va a cabe eso ahí? - Sí. Si quitáis los pósters, cabe.

No sé dónde lo vamos a poner.

En el pasillo.

Aparte, los pósters los vamos a sacar, porque este lo amamos.

Es de Nacho Vegas, de un concierto.

Nosotros estuvimos en un concierto suyo.

No, mamá, estuvisteis en el de Antonio Vega, no Nacho Vega.

Es otro. - Oye, ¿qué es eso de Edimburgo?

Ah, no, nada. - ¿Cómo que nada?

Gracias.

Pero ¿no vais al final? - Es que es un poco lío.

¿Cómo no me cuentas nada, hijo?

Bueno, pues porque no nos vamos al final.

¿Te han ofrecido algo o qué? - No.

Es que están desesperados. Buscan médicos y enfermeras.

Es por un curro para Ana.

Sí, un curro muy guay. - Ah.

Pero casi mejor que no vayan. Con el lío del Brexit, es un follón todo.

El puesto sigue. No lo han cubierto. - ¿Sí? ¿Has hablado con Laura?

- ¿Quién es Laura? - Mi antigua jefa de Emi.

Ah. - Bueno, se enteró del puesto

y me propuso.

¿Pues entonces?

Si es una ciudad estupenda.

Ya, pero hemos decidido que no...

que no vamos. Al final... - Sí.

Hemos decidido no ir.

Oye, hija, esto está riquísimo.

¿Sí? - Sí que lo está.

A ver, mamá, ¿qué?

No he dicho nada. - Ya, por eso.

No dices nada y te conozco. A ver, ¿qué?

A ver, que...

que eres un poco inconstante, Ana.

Ya sabía yo, ya sabía yo. - No, a ver. ¿Acaso miento?

A ver, Isabel.

Es que es como el tabaco, que vas, vienes, vienes, vas,

Que cada uno haga lo que quiera. - No se puede ir por la vida así.

"Ahora me aburro de este trabajo, lo dejo. Me aburro de este, lo dejo".

Yo creo que... - Tengo ahorros, no te preocupes.

- Sí. - ¿Ahorras? Bueno.

- A ver, al final... - Al final, las parejas

están para ayudarse. - Claro.

En la vida, a veces, toca aguantar. ¿O no, Carmen?

No, ¿a mí qué te crees, que me gusta estar en la caja, ahí, sentada,

haciendo exactamente todos los días lo mismo en el banco?

Una no siempre hace lo que quiere -Mamá, ya.

No, es que ya, ya. Ya está.

Bueno, vale, vale. - Sí, sí.

Eres mayorcita. - Mira, ahí quería llegar. Gracias.

Ya está. Cambiamos de tema. - Ya está.

Si no lo dice nadie, lo voy a decir yo.

Estas carrilleras están cojonudas. - Es verdad.

¿Están buenas? - De la hostia.

Jugositas, jugositas. Ana, cariño,

cuando haces algo bien, también lo digo.

Qué bien. Menos mal. - Sí.

¿Este toque final qué es? - Romero.

No, no es romero. - Si dice que es romero, es romero.

Que no es romero. - Nada, no es romero.

Las ha hecho ella. - No es romero.

No es romero, ya está. - No es romero.

Y tú qué suerte, ¿eh? Comer a sí todos los días, chaval.

Papá, no soy la única que cocina en esta casa. Él también cocina.

Cocer pasta se me da de lujo. Ahora, limpiando soy una máquina.

Bueno, fíjate, hacéis muy buen equipo.

¿No?

La convivencia es la prueba de foco. - En esto estoy totalmente de acuerdo.

Con la ceguera del enamoramiento

te vas a vivir enseguida juntos

y, de pronto, esa ceguera no es para siempre.

Todavía no he descubierto nada nuevo que diga...

¿Ah, no? - No.

Quiero decir, que no hay nada que yo diga: "¿Esto qué es?".

Todo es coherente contigo. - ¿Coherente?

De momento. - ¿Coherente?

Sí. - Esa es la clave, conocerse. ¿No?

Lo que pasa es que, al final, la rutina es inevitable.

- Ya, eso sí. - Ahí te la juegas.

Hablas de rutina como si fueras una experta. Con papá, rutina poca.

Guapo, he tenido vida antes que tu padre.

Ah, el famoso Antonio.

Sí, el famoso Antonio. - Un novio que tuvo.

¿Y sabes lo que nos mató? La rutina.

La rutina y que conociste al poeta.

Bueno, esto también.

Pues a mí me encanta la rutina.

A Óscar también.

Hombre, con lo que lleváis, la rutina es una novedad.

Nosotros...

tenemos acuerdos de convivencia.

Hombre, acuerdos. Ha salido la palabra mágica.

Mira, su hermana Irene igual.

Es que es impresionante, ahora todo se negocia.

Pero ¿te parece mal o qué? - A ver, no, no me parece mal.

Me parece que el reparto de tareas está estupendo.

Bueno, solo faltaría. - Sí, no.

Pero de ahí a que todo se pacte al milímetro,

eso quita el romanticismo, quita el misterio.

- Broncas, mamá, quita broncas. - Y decepciones.

Muchas veces uno espera algo del otro y el otro no sabe cómo dárselo,

no sabe, incluso a veces no sabe ni siquiera que lo estás esperando.

Da gusto oíros hablar. Lo claro que lo tenéis todo.

¿Este? Piquito de oro, como su padre. - A ver, Óscar.

Eso suena bien, ¿no?

Pero yo creo que la vida es otra cosa.

La faena es que nunca sabe por dónde te viene.

Bueno, la negrura ya yo creo que está bien.

- Sí. - Por favor.

Perdón, perdón. - No asustemos a los chiquillos.

¿Cómo son esos acuerdos? Me interesan.

A ver. Hay que contar aquí... - Contar la...

Las intimidases. A ver.

No sé, papá, tonterías. Quien cocina no friega.

- Bien. - Por ejemplo.

Los sábados limpiamos juntos. - Tiendo yo.

Está loco. Tiende por colores. - Me lo enseñó mi madre así.

Lo harás... - Culpa suya.

Lo harás fenomenal, hijo. - Por colores.

Sí, por colores. - Bueno, luego,

cuando viene de guardia, obviamente, ahí queda exento.

Perdona, traigo croissant calentitos.

Trae croissant, sí.

Ah, bueno. Y el... y el pacto más importante,

que es no irse a dormir enfadados.

Ese es muy buen punto.

Yo eso casi prefiero dejarlo para el día siguiente.

Bueno...

A ver, vamos a ver, Fer, las chorrada sí.

Pero yo creo que abrir melones en plena noche...

Quita, quita, quita.

Eso me parece una locura. - Al final...

Al final, cada pareja a su manera.

Al final, es acomodarse al otro, a la otra persona.

¿O qué? - Sí.

Eso es así. - Bueno.

No sé, esto de acomodarse al otro... - ¿Qué?

No, que no me gusta como idea. En plan

que no me quiero adaptar a Óscar ni que él se adapte. Cada uno como es.

Ya, eso me decía tu madre y al final...

¿Y al final qué? - Me he tenido que amoldar

a ti a veces, cariño.

Tendrá valor el tío... - ¿Cómo que no?

La tapa del váter. - La tapa del váter hay que subirla.

Y más teniendo... - Pero que no pasa nada.

- Imagínate. - Pero ¿qué...?

Que no, que no.

No hables. Ya.

Te lo pido. - ¿Qué os pasa?

- Nada. - ¿Qué?

Que en esta casa no tenemos ese problema.

- ¿No tenéis tapas de váter? - No, no, tapa de váter tenemos.

- ¿Qué pasa? - No pasa nada. Una tontería.

Que no pasa nada. - No, no.

Ay, por favor. - Es que no es nada raro.

Pongámoslo en común. Está bien.

Pues que meo sentado. O sea... - Claro.

Te he visto alguna vez.

¿Sentado? - Yo alguna vez.

Mira, menos mal.

¿Sentado? - Que sí.

Cuando me levanto cansado, meo sentado.

Que no te vea yo que meas sentado. - Mamá.

Pero ¿por qué?

Porque es un hombre.

Ay, mamá, por favor. - Me da una cosa que...

Dicen que es bueno para la próstata. - ¿Para la próstata?

Es supersexy. - Y me parece muy cómodo.

Que mee como quiera.

- Por favor, ya. - Dejemos el temita.

- Por favor. - Estamos cenando.

Me quedé con lo de amoldarse.

No sé, yo creo que es bonito también amoldarse.

Una pareja también va de eso, ¿no?

Digo.

Discrepo, tío, no sé. No, no, no. Yo, a ver,

está claro que a veces hay que ceder,

pero lo bonito es aceptar al otro como es, ¿no?

O sea, aceptar la diferencia. - Sí.

Digo amoldarse en las pequeñas cosas del día a día, ¿sabes? O sea...

Si yo lo puedo cambiar, ¿no?...,

Es que te estoy viendo. No me cuesta cambiarlo.

Venga, dilo, dilo, dilo. - Que no, que no es nada.

Sí. Que lo está deseando. - Que no es nada en concreto.

Cuéntalo. - Las uñas se las corta en el sofá.

¿Ves? - Ya lo he dicho.

¿Las uñas en el sofá? Yo no te lo he enseñado.

¿Y qué pasa? - Yo no te lo he enseñado.

Bueno, luego las recojo. - Bueno, recoge las que ve.

Las que vuelan no. El otro día, echándome la siesta, me despierto,

ay, una media luna clavada.

Sí, ahí.

Qué horror, Ana.

Pero...

Ay, mira. Es Rocío.

Sí. Que está escribiendo en el grupo.

Me comprometo a no cortarme las uñas en el sofá.

Que no, en serio. Si te molesta, no lo hago.

Que no. - ¿Dónde me las corto?

- En el baño. ¿Dónde va a ser? - En el baño. Qué formales sois.

Pedos y uñas en el baño. - Eso, claro.

Venga. ¿Qué dice Rocío?

Está feliz, está en Egipto.

¿En Egipto? Pero bueno, qué maravilla.

Yo lo tengo pendiente. - Fuimos hace unos años.

Bueno, espectacular, ¿eh?

Estábamos en un hotel, desde la ventana de la habitación

se veían las pirámides. ¿Te acuerdas? - Guau.

De lo que me acuerdo de ese yacusi de mar.

¿Un yacusi? - Una cosa... De mar.

Mamá, mamá, no enteres en detalles. - A ver, solo lo estoy describiendo.

Tus descripciones me las conozco.

A mí me interesa. Me interesa, me interesa saber.

¿Cómo era ese yacusi? ¿Qué pasó ahí? - Era grande.

Ay, por Dios, qué asco. - ¿Qué pasa?

Ay, ay, ay. - Mira.

¡Guau!

- Madre mía. - Hostia.

- Enséñaselo a Carmen. - Mira.

¿Asco por qué? Si está muy guapa.

Deberías ser chef.

Sí, bombera.

- Chef. - Por favor, amplía.

Ay, sí, por favor, si es una serpiente.

Ay, pobre bicho.

Lo que le faltaba a mi hija.

Espero que se lo esté pasando bien. - ¿Bien? Se lo está pasando pipa.

Mira la cara que tiene. - Ya, ya.

Ha ido con una agencia de estas que hacen viajes por tramos de edad,

de 20 a 30, de 30 a 40...

- El único requisito es viajar solo. - ¿Ah, sí? Qué bueno.

Creo que a Carmen le podría molar. Carmen.

Uy, no creo. - ¿Por qué?

Si quieres, le pregunto a Rocío el nombre de la agencia.

Pues ya te lo digo: Imserso. - Por favor, mamá.

En serio, yo creo que está bien. Te organizan cosas, conoces gente.

Actividades de aventura. - Uy, aventura...

Cada cosa que dices me apetece más.

Pues fíjate, creo que es el plan ideal para Rocío.

- Es justo lo que necesita ahora. - ¿Por el divorcio lo dices?

Sí. Sí, sí. Por el divorcio y por todo.

- Porque lo de su ex... - Ya.

Un cabrón... Te lo han contado, ¿no? - Sí, ya le hemos contado, mamá.

Bueno, el tío era un pasota... Sí.

Un viva la vida. Los hijos como si nada, como si no fueran suyos.

Hasta que un día Rocío se pone mala y los tiene que bajar al parque.

No hace falta contarlo todo.

Fernando, es para que lo entienda.

Se entiende perfectamente.

Bueno, total, los tiene que bajar al parque.

Oye, de la noche a la mañana, es el padre del año.

Todas las tardes ahí plantado, con la merienda.

Claro, Rocío feliz. Puede volver a la jornada completa,

el trabajo... Bueno, los gemelos encantados con su papaíto del alma.

Y un día,

le llama un hombre.

Que el papaíto del alma se había enrollado con una madre del parque.

Su mujer. - Qué putada.

Putada. Es que no sé, ¿qué clase de persona baja al parque con sus hijos

y se enamora? No, porque al parque

hay que ir a vigilar a los niños, ¿no?

Bueno, bueno, tampoco es tan raro, ¿no? Digo... No sé.

¿No estarás defendiendo a ese impresentable?

Mamá, no. Lo ha hecho como el culo,

pero la gente se desenamora todo el rato. Tampoco...

No siempre. Hay gente que se enamora y se enamora, ¿no?

Bueno, sí. - ¿No?

Alguna gente sí, pero a veces pasa.

Sí, sí, sí. - Y tanto que pasa.

Aunque tampoco es el fin del mundo. A veces, hasta se arregla.

¿Sí? ¿Se arregla?

Oye, bueno, a lo mejor es un poquito indiscreto, ¿no?, pero...

Bueno, verás. - Vamos, vamos.

- A ver. - Puedo decir una cosa, ¿no?

La vas a decir igual.

- Sí. - A ver, dispara.

A ver. - Es que...

A ver, es que te miro

y... y no me pegas nada con Eduardo. - ¿No?

No, a ver, porque tú eres como muy tierra.

Él es como tan... - Tierra de... de maceta.

Mira, mira, tú le llegas a conocer

y lo siento, Fernando, pero... - No, no.

Si ya tengo muy claro que no puedo competir con un poeta.

O sea, no. - No, pero en serio,

¿para tanto era este hombre?

- A ver, Isabel, imagínatelo. - No sé.

35 años, el pelo largo, moreno,

negro, esa voz...

Siempre iba con un sombrerito de fieltro, como Bob Dylan.

Bueno...

Era divertidísimo.

Nunca me he reído tanto con nadie como con él.

Recitaba en un bar del 2 de Mayo con otro que tocaba la guitarra,

que le echaban un morro...

Eran muy graciosos.

Y se inventaba palabras. ¿Te acuerdas?

Es que eran tan visuales, sonaban...

Que las entendías. - Ya.

Oye, es que no he leído nunca nada de él.

- ¿No? - No.

Pues yo tengo aquí todos sus libros.

¿Todos? ¿Los tres?

Los tres, todos. - Bueno.

¿Quieres?

Me encantaría. Sí, sí. Si no te importa...

Carrilleras y poesía es lo más, ¿no?

- ¿Cuál? - "La verdad es que no".

- Ah, bien. - ¿Es el título?

Ese me gusta mucho. - Bueno, es que aquí hay un poema...

- ¿Qué te gusta? - Sí. Bueno, y a mi madre.

Espérate.

Este.

"La verdad es que no".

- Bueno, a ver. - Se llama.

A ver.

"Cuando ya sea tarde...". - Mamá, mamá. Mamá, léelo para todos

- más lento. - Hija, es la primera vez.

Me da un poco de vergüenza leerlo en voz alta. Que no sé...

Que lo disfrutemos todos. - ¿Sí?

Claro. - Bueno.

A ver.

"Cuando ya sea tarde para todo, hasta para volver a empezar,

cuando sientas que no lo has conseguido,

que has acertado solo en lo que no importaba...

acuérdate de mí".

"Cuando creas que te has dado la espalda...".

- "- Que un día...". - "Que un día...".

- "Confundiste". - "Confundiste rendirte con ganar,

que no tuvimos tiempo de tener un pasado,

acuérdate de mí".

"Acuérdate de mí como yo lo hago ahora".

"Y nos echo de menos a los dos".

¿Eh?

- Qué bonito. - Muy bonito.

- Qué bonito. - Es muy bonito.

Ana. - ¿Qué?

- Ay, mamá. - Esos ojitos.

- Que no. - Te has emocionado.

Es que es muy bonito.

- ¿- Y la escribió pensando en ti? - Sí, justo ese sí.

Pero tiene muchos, ¿eh? Te va a gustar.

No ha tenido mucha suerte, pero es muy bueno.

Bueno, mucho mejor poeta que novio.

Oye, y entonces ¿qué pasó para que... para que, no sé,

la historia no... no...? - Nada.

Es que, al final, era como tener dos hijos, un niño y un adolescente.

Si es que, mira, vivíamos en un caos absoluto.

Me liaba unas... Me llama desde Zaragoza, le habían dado un premio,

y me dice que come con los del jurado.

Y me dice: "Como no te gusta que coja el coche bebido,

que me quedo aquí a pasar la noche". La noche fueron tres días.

¡Olé! Otro como mi ex yerno.

No, no. Como tu ex yerno no era. - Que me está preguntado a mí.

- A ver, no que yo sepa, claro. - Ajá.

Pero que me hubiera dado igual.

Igual no te habría dado.

Hombre, que yo sé bien con quién estaba.

Que tu padre es muy enamoradizo.

Según él, somos muchas las que le hemos hechizado.

Ya, pero tú fuiste su gran amor.

¿Eso te ha dicho?

Pues un montón de veces. - Ya te digo que eso no es verdad.

Tu padre ha tenido mil amores. - Ya.

Pero contigo fue distinto, contigo tuvo un hijo.

No le quedó más remedio. Por celos. - Bueno.

- ¿Celos? ¿Él no era celoso? - No.

Porque no le pega, es que no le pega, ¿no?

Tampoco lo he entendido. Por celos.

Como un loco, vamos.

A ver, celos, sí. Celos, sí.

¿Que me quería? También, de acuerdo.

A ver, yo quería tener un hijo.

Y él sabía que si no era con él, sería con otro.

Y no lo podías soportar. ¿Y cómo se llama eso?

Celos. De toda la vida de Dios.

Visto así tiene bastante sentido. - No. ¿Te está convenciendo?

Un poquito así. Tiene sentido. - Lo importante es que te quiere.

Oye,

¿y qué edad tenía Óscar cuando os separasteis?

- 6. - Sí. Pero me lo contaron a los 8.

- ¿Te lo ocultaron? - O sea, no me mentían,

no... no me decían que estaban juntos, no se daban besos,

pero mi padre cenaba con nosotros y cuando yo me iba a dormir,

pues se iba. Yo tenía la sensación de que vivíamos juntos.

Mi padre me venía a buscar del colegio, jugaba conmigo,

me llevaba a casa y...

y luego, se iba. Pero el último recuerdo que yo tengo

es estar yo en la cama

y mi padre ahí, conmigo.

- Eso es muy bonito. - Precioso.

Sí es muy bonito. ¿Por qué dices que no?

Lo hacían por ti, ¿no?

Para protegerme de alguna manera.

Pero ¿protegerte de qué, Óscar?

Por favor, para retrasar el golpe. Es lo que me habéis dicho, ¿no?

Te lo habrá dicho tu padre. - Mi padre y me lo has dicho tú.

No te puedo haber dicho algo que no es cierto.

Bueno. - Vamos a ver.

A tu padre, de toda la vida, le cuesta afrontar las cosas.

Bueno, según qué cosas. - Las importantes.

No te lo dijo porque es un cobarde. - Bueno.

Te ha vendido que lo hizo por ti, pero vamos que...

Todos los días me decía: "Hoy se lo digo".

"De hoy no pasa". - Pues habérmelo contado tú, ¿no?

Te lo dije yo. - Dos años después.

Venga.

- ¿- Dos años? - Sí.

- Cuando me lo preguntó. - Eres desesperante. Me mentisteis.

No. Yo no. Perdona. Yo no. - Sí.

Yo no hacía ningún teatrito, ¿eh?

Yo estaba tranquilamente en casa con mi hijo. ¿O no?

Déjalo. Ya está.

Mira, yo estoy muy tranquila.

¿Ah, sí? ¿Muy tranquila? - Pues sí.

¿Sí? - Las separaciones son complicadas.

Y tú eras feliz. - Sí, yo fui feliz, pero después...

¿Después qué? - Pasa el tiempo y hay cosas que...

¿Qué cosas? - Déjalo. De verdad, déjalo.

Sí, eso, mejor. Mejor, mejor. - Da igual.

¿Sabes qué pasa cuando alguien te miente durante años?

Y no cualquier persona, las dos personas a las que más quieres.

Pues no, no lo he pensado. - Pues piénsalo, piénsalo.

Pues que no me fío de nadie, mamá.

Bueno,

un poco desconfiadillo, pero tampoco tanto.

Perdonad un momento, ¿eh? Voy al baño.

- ¿- Estás bien? - Sí, sí.

Es que, mamá, tanto preguntar, tanto preguntar...

Lo siento. No lo he hecho con mala intención.

Que no. - Lo siento, lo siento, Óscar.

- Bueno. - ¿Ponemos la tele?

- ¿- La tele? - Digo yo, ¿no?

- Es pronto todavía. - Van a ser las uvas ya.

¿Queréis ver las actuaciones?

- Ahora vengo, ¿vale? - Vale.

Es que tienen un tema con eso.

No sé.

Yo qué sé.

¿Estás bien?

No, los pies.

Trae.

¿Mejor?

Nos hemos venido un poco arriba, ¿eh?

Lo siento, de verdad.

Pero que no pasa nada.

Que habéis sido unos padres increíbles.

Sobre todo tú.

Bueno, tu padre también hizo mucho.

"El pico de oro".

Y alguna cosa más.

Le voy a llamar.

"Hola, soy Eduardo, deja tu mensaje tras oír la señal".

Buah, tenemos comida para una semana, tío.

¿Qué? ¿Vamos a la cama? - Termino esto y voy.

Venga, vámonos, que nos lo merecemos.

Pero que no es nada.

Me da mucha pereza hacer la cama.

Tú lo que quieres es que la haga yo. - Sí.

Sí.

Un minuto y estoy.

Ah, mira, tengo una chustilla de antes.

Ay.

Buah, tío.

Oye, ¿qué te ha dicho Laura?

¿Laura? - Sí.

¿Cuándo?

En la cena. Has hablado con ella, ¿no?

¿Con Laura? - Sí.

No, yo no he dicho eso.

Sí, lo has dicho. - ¿Que he hablado con Laura?

Si hace semanas que no hablo. - ¿Me lo he inventado?

Pues no, no digo que te lo estés inventando.

Te puedo enseñar el móvil, es que no...

Bueno, da igual.

Le dije que no. - Ya sé que le dijiste que no.

Pero me da la sensación de que te quieres ir.

Es que me quiero ir. Contigo.

Pero lo hablamos y decidimos que no. - Eso digo yo.

Lo decidimos, ¿no?

Lo decidiste un poco más tú, Óscar.

¿Yo?

Yo en ningún momento te dije:

"De puta madre, dejamos correr esta oportunidad". No lo dije.

Pero ¿tantas ganas tienes?

Bueno, te lo estoy diciendo, sí.

- Pues me da pena. - ¿Te da pena?

- Sí. - Joder.

Llevamos 6 meses viviendo juntos y ya te quieres ir.

Sí, contigo. Me quiero ir contigo, no sé cómo decírtelo ya.

Hostia, todos los días, tío: "Que si estoy quemado del hospital".

- No tiene nada que ver. - Claro que tiene que ver.

No sé por qué no lo dejas.

La Paz es el mejor sitio. - El mejor del mundo.

Del mundo no sé, pero Edimburgo... - ¿Qué? No sabes nada de Edimburgo.

No sabes nada. Es que ni siquiera lo has valorado.

No se lo has contado a tu madre. - No me quiero ir.

Vale. Pues ya está.

Obviamente, no está.

Me conociste sacando un billete a Canadá.

Sabes perfectamente que tengo algo pendiente con esto.

Es que no es una cuestión de capricho, de curro,

es que me apetece de verdad, tío.

Me apetece mucho.

Bueno, ¿por qué no te vas tú?

¿Qué dices?

Yo no quiero que sacrifiques nada por mí.

No sé. Te puedo ir a visitar. - Que no me voy sin ti.

No me voy sin ti. "Nanai" de la China. Lo hablamos mañana, ya está.

Bueno.

Te espero allí.

Ya está todo. - Vale.

"Nanai" de la China, ¿eh?

Sí, "nanai" de la China. ¿Qué?

¡Qué bruta eres!

No tanto como tu madre.

Tus padres han tenido que flipar. - Sí. Los míos cómo estaban.

Qué pesados. - "En mi boda tenía ojos para ti".

Eh, eh, no te pases con mi padre.

No te pases con mi padre.

Ay, los deseos. - Es verdad. Mañana, mañana.

¡Mmm! - Sh.

Calla.

Feliz año.

Feliz año.

♪ Los destellos que te marcas...,

♪ siempre he estado atento

♪ a ellos.

♪ Y las costuras misteriosas.

♪ Se acumula el polvo en las rosas.

♪ Dispuesto a creer

♪ que aún se puede volar.

♪ Yo estaré donde estés.

♪ Y tú sabes dónde encontrarme.

♪ Y es raro pensar

♪ que lo que sientes por mí

♪ se desvanece

♪ y no volverá jamás.

♪ Yo me quedo en la sombra...,

♪ tú te pones en el sol.

♪ Hay un camino que te lleva

♪ y otros mil

♪ que te desorientan.

♪ Dispuesto a creer

♪ que aún se puede volar.

♪ Yo estaré donde estés.

♪ Y tú sabes dónde encontrarme.

♪ Y es raro pensar

♪ que lo que siento por ti

♪ se desvanece

♪ y no volverá jamás.

♪ Yo quiero saber

♪ dónde va a parar

♪ toda esta energía,

♪ toda esta energía.

♪ Yo quiero saber

♪ dónde va a parar

♪ toda esta energía,

♪ toda esta energía. ♪

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