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¡Muy bien! Fue puntual.
Límpiese bien los pies.
Puntual, eso es algo que da gusto.
Camine de puntillas, si no, me ensucia el piso.
Pase, ¿quiere un poco de café?
Vaya, es casi un niño. ¿Cómo se llama?
Bertazzi, Giovanni.
Pero si es casi un niño.
No sé si un muchacho tan joven...
¿Le dijeron qué debía hacer?
El comandante me explicó todo.
Mire, le sirvo esto, es café frío.
¿Prefiere un aperitivo o una naranjada?
No, está bien el café. ¿Puedo fumar?
Por favor. Fausto siempre está con el cigarrillo en la boca.
Los hombres están llenos de vicios.
Sin embargo, Ud. parece un buen muchacho. Sí, sí.
- ¿Estudia? -Sí. -Muy bien.
Yo soy la tía, sería más justo decir la madre.
Hace 7 años que me ocupo de él. Aquí tiene el cenicero.
Desde el día de la desgracia, en las maniobras,...
...jugando con una bomba.
Y digo jugando porque, ¿para qué sirven las maniobras?
El comandante ya me lo explicó.
¡Un hombre como él!
También bastante rico. Sí, rico.
Fuerte como un león.
Sano como un pez.
Y solo en el mundo...
Venga, acabo de encerar, tenga cuidado de no resbalar.
Fíjese que no es malo,...
...pero nunca lo contradiga, no discuta con él...
...y nunca lo llame capitán.
Sólo y siempre ''Señor''. ''Sí'' y ''Sí, Señor''.
¿Ha comprendido?
- ¿Se puede, Fausto? - Entre.
Soldado Bertazzi, Compañía ll Sanidad. A sus órdenes.
Siéntate aquí.
El apellido no me interesa. ¿Tu nombre?
- Giovanni. - Bien, te llamaré Ciccio.
Así llamaba a los otros asistentes.
A todos los llamo así.
Si no te gusta, no importa. lgual te llamaré así.
No, Ciccio es un bonito nombre.
¿Entonces, Ciccio?
¡A sus órdenes!
Nada de ''órdenes'', conmigo olvida que eres militar.
Sí, señor.
¿Caminas? ¿Sabes caminar?
-Sí, camino. -¿Estás seguro?
Pienso que sí.
¡Magnífico! Tenemos un Ciccio que piensa.
Un Ciccio pensador.
Desde hoy, prohibido pensar, ¿vale?
Como quiera.
Tendremos que tolerarnos 7 días.
7 días, 5 más 2.
Y caminar trotando, ¿está bien?
Está bien.
Mañana a las 7 nos vamos a Génova, Roma y Nápoles. ¿Las conoces?
Nápoles, no. No sabía que pararíamos...
...también en Génova y en Roma.
¿Paramos? ¿Quién dijo que pararíamos?
Sólo si tengo ganas, si lo pide la carne.
Este es el Barón.
Seis años, castrado.
Me odia, siempre intenta hacerme tropezar Pero siempre le va mal, pobre Barone.
Maldito castrado asesino. Yo lo insulto y él me odia.
Levántate.
Vamos, de pie.
Eres pequeño, maldición. Casi un enano.
También con piernas cortas.
Está bien, probemos. Ven.
Aquí, por este lado.
Tómame el brazo, pero suave, no aprietes. Vamos, camina.
Caminar es caminar, acelera. Atención el mueble.
¿Dónde crees estar, en un funeral?
¡Alto! De aquí, a la izquierda, Gira, por este lado. Vamos.
Vamos, ¿qué temes? ¿Arruinar el piso?
Planta los tacos en la cera.
Debes dejar la huella.
Olvida a esa vieja loca que sólo limpia.
¿De dónde me tomas? ¿Del brazo de madera? ¡Más arriba!
Debes sincronizar el paso, como un reloj.
¡Está bien, basta!
- No divagues tanto, se piensa sentado, ¿sí? - Sí, señor.
Bebe un whisky ahora.
En realidad, bebo poco.
Conmigo bebes y basta.
Te engordaré con whisky. Aquí tienes. ¿Dónde estás?
Cuando no quieras más, lo arrojas, incluso en el bolsillo.
Pero que no me dé cuenta, ¿entendido?
¡Alto! ¿Qué haces? ¿Te crees listo?
Conmigo no, muchacho. Nunca.
Ahora tú... ¿Estás aquí, Barón?
Lo bebes todo y me devuelves el vaso vacío.
¿De acuerdo?
Un whisky de 12 años, ¿acaso bromeas?
- ¿Quema? - No, señor.
Eres pequeño y no sabes caminar, pero reconozco que no apestas.
- ¿Estás bebiendo? - Sí, señor. - Bien.
Tu predecesor olía a establo y a sopa recalentada.
Ahora puedes irte. Mañana a las 7.
Puntual, por favor.
- ¡Lavado y planchado! ¿De acuerdo? - Sí, señor.
¿Qué piensas, Barón?
Un poco tonto, pero en suma un buen muchacho.
No tuvo miedo, espero? No, ya verá.
Parece malo pero es una buena persona.
¡Maldito castrado asesino! ¡Vete, vete!
¡Qué verano terrible! Si al menos lloviera...
¿Te molesta el calor?
No mucho.
Apuesto que tu padre es campesino.
Es empleado.
- Entonces tu abuelo. - Tenía una tienda.
- Entonces tu bisabuelo. ¡Basta! - No.
- Dime, campesino, ¿no te dijo mi tía que no me contradigas? - No, señor.
- ¿O te parece justo sentir pena por este pobre Cristo? - No, señor.
¿Cómo? ¿No te doy pena?
No lo sé. Creo que no.
¿No ves que eres de goma?
¿Tienes el cabello negro?
Negro no, castaño.
¿Viste que negro es mi cabello? ¡Un cuervo!
A las mujeres les gusta, dicen que es más viril.
¿Tengo alguna cana?
No, ninguna.
- ¿Lo hueles? - ¿Qué?
Olor a mujer.
¿Cómo eran? ¿Altas? ¿Bajas?
Son jóvenes, reconozco el olor.
¿Cómo eran, Ciccio? ¡Descríbelas!
No lo sé, no las vi bien. Eran dos.
¿Dónde tienes los ojos?
¿No te gustan las mujeres?
Y si te gustan, ¿no sabes describir un seno o un culo?
¿Crees que sufro porque no puedo ver el ocaso o...
...la cúpula de San Pedro?
El sexo, los muslos, un buen trasero, son la única religión,...
...la única idea política, la verdadera patria del hombre. ¿Entendido?
- Ciérrala. - Sí, señor.
Bebe un trago.
Ven aquí, ven, querido.
Cinco más dos, siete días con este loco.
No lo soportaré. ¿Y Nápoles?
¿Qué necesidad de ir a Nápoles? ¿No puede quedarse en Génova?
Estamos llegando.
En Génova hazme el favor de quitarte el uniforme.
- ¿Tienes ropa de civil? - No, señor.
Está bien, te la compraré.
No quiero parecer que dependo de la caridad de la patria.
No estás aquí para hacer de maletero.
Busca uno en la estación.
- Maletero, se nace. - Sí, señor.
Maletero y poeta, se nace.
- Dime la verdad, ¿no parezco un heladero o un enfermero? - No, le queda bien.
¿Te miras al espejo? ¡También vanidoso! ¡Camina!
- Cuidado con la columna. - Ya la he visto. Ven por aquí.
Señor, un autobús.
Estamos en Génova, ciudad civilizada, se detendrá.
Gracias, compañero conductor.
No hablas, no ríes.
Un perro sería mejor compañía.
- Vamos, Ciccio, habla. - Sí, señor.
Si hablo, me equivoco. Probaré.
Veamos qué sale del cerebro.
Hoy hace buen día.
¿Bueno? ¿Por qué?
No sé, porque hay sol.
¿Quién ha dicho que el sol sea bello?
¡La lluvia es bella! Es ruido, es música.
Veo con los oídos. Estabas mejor callado.
- Me pidió que hablara. - ¡No del sol!
¿Cómo son las chicas?
¿Cuáles?
¿Yo las huelo y tú no las ves?
Te traigo conmigo para que mires y me cuentes. ¿Y?
Sí, chicas hay pero parecen...
Ciccio, no me pondré de novio, ¿cómo son las putas?
Una es baja y lleva un vestido rojo.
Sólo fíjate en las altas con caderas grandes.
Me gustan las altas.
- Hay una alta. - ¿Caderas?
Grande tiene sólo la nariz.
Alta, con nariz grande... ¿Cómo tiene los pies?
¿Cómo son los pies?
¡Enormes!
Es un travesti, no una mujer.
No lo dudes. ¿Y, entonces? ¡Vamos!
Abogado, nada de pagarés.
Hay una con caderas anchas pero ya está ocupada.
Sigamos.
Detente si ves una alta con caderas anchas.
¡Qué olor a marica!
-¡Señor! -Sí, ¿qué? -Creo haber visto su tipo. -¿Alta?
Alta y con las caderas anchas.
¿Piernas?
- Muy bonitas. - ¿Y el cabello?
¿Es negro?
- ¿¡Es negro!? - Sí.
-¿Es negro o no? -Sí.
Mírala bien y recuerda en qué parte de la calle la viste. Ten cuidado.
-Cuidado los escalones. - Regresaremos mañana.
- ¿No nos vamos esta tarde? - ¿Cómo debe ser la obediencia?
¿Te lo enseñaron?
Rápida, respetuosa y absoluta.
Mañana.
Hoy no me siento sensual. Mañana sin falta.
- Cuidado el borde. - ¡Dímelo antes, no después! ¡lmbécil!
Alta, morena y de caderas anchas, nos divertiremos.
Está rojo.
Disculpe, señor. ¿Dónde está esta calle?
- La segunda a la derecha. - Gracias. - Vaya tranquila.
Muy bien. Procura que ese 600 no me arrolle.
¿Es un 600 ó un 500?
- 500. - Sí, pero trucado.
-¿Dónde está papá, Nancy? -En el bar, mamá.
¡Hola!
Vamos a dormir.
- ¡Ciccio! - Aquí estoy.
-¿Dónde estabas? -Veía la TV. Daban un western.
Estupideces.
Todos iguales los ''spaghetti western''. Te lo cuento yo.
El gringo escapa, hay una persecución...
...a caballo y él y ella van al Norte. ¡Americanadas!
¡Olor a camomila! ¿Ya está?
Muy bien, trajeron la ropa vieja.
¿Oyes? ¿Oyes el silbato del tren?
Por eso vine a este hotel.
El ruido del tren te hace compañía de noche.
¿Cómo es el cuarto?
La tapicería es floreada.
¿Hay cuadros? ¿Escenas de caza? ¿Ruinas romanas?
Hay un señor con liebres muertas alrededor.
Escena de caza, como te decía.
Ahora puedes ir a la cama. Ya no te necesito.
Si te necesito, te llamo.
Sí, señor.
''Sí, señor''. ¡Qué bien lo dices!
Eres un sirviente nato. Ahora vé, damisela.
- Vete al diablo. - Ve a descansar.
¡Y no vayas a roncar!
¡ldiota!
Se enfada si le digo: ''Sí, señor''. lmagina...
...si le digo:''¡ Vete al diablo!''
¡Maldita sea!
- ¡Ciccio! - Sí, señor.
- ¿Compraste los periódicos de Turín? - Sí.
¡Tráelos!
Aquí están los periódicos.
¿Necesita algo más?
Claro que sí. ¿Cómo los leo?
Sí, claro.
¿Sabrás leer? Si no, ¿qué estudiante eres?
Claro, ¿qué le leo?
Ni deportes, ni sucesos.
Entonces, política.
- No digas tonterías, Ciccio. ¿Estoy despeinado? - No, señor.
¿Qué me importa la política?
¿Garantiza el fin del mundo?
Lee los clasificados, son más divertidos.
Comienza con los anuncios matrimoniales, generalmente...
...están en la última página.
Lee, comienza.
''Alta, septentrional, 39, deportiva. Desea conocer a...
...bancario afectuoso, meridional, amante de los niños, católico''.
Lo quiere con todos los defectos. ¿Qué más?
''Soltero, educado, se casaría con señorita de 30 a 40,...
...buena presencia, frígida''.
Dije que sería divertido.
Había uno que decía:
''56 años, fea, se casaría con hombre educado...
...capaz de apreciar la virginidad.''
Y otro: ''Vendo cráneo con maxilar inferior''.
''Llamar a la hora de la comida''.
Ahora basta.
Ve a dormir. Debo quitarme el brazo.
Debería desmontarme la cabeza, no el brazo.
¿Necesita ayuda?
No seas ridículo, ¿en qué quieres ayudar?
Yo no necesito ayuda.
¡Vete a la cama!
Y no vayas a escabullirte.
Si me entero que saliste, te hago castigar por...
...el resto del servicio militar.
Está bien, señor.
Despiértame a las 8.
Está bien, buenas noches.
¡Y no te masturbes!
-¿Cómo? -¡No te masturbes!
Los trenes te harán compañía pero no te dejan dormir.
¡Maldición! Soñaba que regresaba al cuartel.
¿Qué hará con esa foto si no la puede ver?
La muchacha es bonita. ¿Será su hija?
¿Y por qué tendrá la pistola?
¿Qué hará un ciego con el arma?
Disculpe.
No es nada.
No es nada, bonita. No me hiciste daño.
Ya está, señor.
El sombrero, señor.
Señor Vezzoso, el cliente se hizo una sola mano,...
¿Debe pagar media tarifa?
¿Qué dices?
Nos vamos.
- ¿Cómo es la muchacha? - Baja y delgada. Pesará 40 Kg.
Maldita bastarda, hasta me pinchó un dedo.
Si lo llego a saber, le doy la mano de madera.
- ¿Cuánto es? - 7,500 Liras.
- Quédate las vueltas, pequeña. - Gracias.
¡Y Ud., manicura, aprenda a usar mejor sus alicates!
Ten cuidado por dónde caminas. ¿Dónde estás?
¡Qué olor a orín de gato!
Creo que es aquí.
Estoy seguro. La vimos aquí.
La viste tú, si queremos ser precisos.
Sí, pero no está.
En cambio, te equivocas.
La calle es ésta, pero el lugar no, era cerca de la panadería.
Estoy seguro.
Sólo porque tienes ojos, ¿crees ver mejor que yo?
Tenía razón, aquí está la panadería.
Aquí la vimos, la vi.
-¿Entonces? - Hoy no está.
Ya vendrá. Vamos a un café y luego regresas a esperarla.
¿No podemos buscar otra?
No, quiero la de ayer. Me encariño con las mujeres.
Soy un sentimental.
Si la veo, ¿qué le digo?
Nada, deja que ella hable.
Te pide 10 mil liras y le ofreces 15 mil.
10 por el servicio y 5 para que no pregunte cómo sucedió.
Las putas cuando encuentran a uno más degraciado que ellas,...
...se vuelven maternales.
Y yo ya soy bastante hijo de puta.
Claro.
¿Cómo claro?
No, quería decir...
- Ciccio, ¿vas sí o no? - Sí, está bien, señor.
Y dile la verdad.
Dígame.
Un helado al whisky. Y tráigame el diario.
¿Cómo hallar a la de ayer?
Si le llevo a otra y lo nota,va a enfadarse. Entiendo lo del trasero grande.
Pero qué importa el cabello negro, si no lo ve.
No sólo negro, también lo quiere largo.
¿Y si le llevo a éste? ¡Qué risa!
¡Por Dios! Era mejor el marica.
Como largo, es largo, pero es rubia.
- Hola. - Hola.
¿Qué haces?
- Busco a una chica. - Ya la encontraste.
Me llamo Marilina.
¿Qué sucede? ¿No tienes dinero?
- No es cuestión de dinero. - ¿Entonces, qué?
Busco a una chica con cabellos negros y caderas anchas.
¿Y que medida de sostén debe tener?
No importa, si pudiese, iría yo contigo,...
...pero es un encargo de un... amigo...
Le gustan las mujeres altas, cabello negro y...
...culo grande. ¿Comprendes?
Entonces necesitas a Mirka.
Mirka, te busca un romano.
¿Me buscas?
Quizá.
- ¿Quizá sí o quizá no? - ¿Tiene el cabello negro?
- Sí, ¿por qué? - ¿Largo?
¿Viniste a follar o a hacerme las trenzas? ¿Oyó, profesor?
Vengo de parte de alguien que quiere estar con Ud.
¿Y si no le gusto? ¿Por qué no viene a verme?
No puede verla. Es ciego.
Ahora entiendo. Pobrecito.
Eso es precisamente lo que no debe decirle.
Nada de compasión.
¿No será un depravado?
La última vez, un jorobado me molió a golpes.
¡No, él es distinguido!
El jorobado también lo era.
¿Dónde vive?
En la esquina, a la derecha. Santa Brigida Nro. 9.
Dentro de 5 minutos estamos allí, espérenos, Sra. Mirka.
Buenos días, profesor.
Buen trabajo, Mirka.
¿Le traigo otro whisky?
No, guarda las vueltas.
Vamos, vete.
Todo bien, señor.
Se llama Mirka, nos espera en su casa.
Muy bien. ¿Quieres un helado?
Sí, gracias.
¿Seguro que era la de ayer?
Sí, era ella. Estaba cerca de la panadería.
Entonces, vamos.
¿Y el helado?
No quiero más, demasiada crema.
Vamos al asalto, Ciccio. Haremos divertir al amigo.
¿Qué amigo? ¡Ah!
Te estás volviendo inteligente.
No veo por dónde camino. Está muy oscuro.
¡Perfecto! Menos mal que tengo mi radar, te guío yo.
Hay una curva. Cuidado el escalón.
Ahora ya veo.
Yo todavía no.
Llegamos.
- ¿Llamo? - Espera.
Llama. Vamos, Ciccio. Llama.
Pasen, síganme.
Estará cansado, son más de 100 escalones.
¡152!
No mire el desorden.
Ten esto.
Me llamo Mirka.
Y yo Antonio. ¿Procedemos?
¡Patrizia! Venga. ¡Ven a hacerle compañia a este joven!
Disculpe si toco. Creo que vamos bien.
¿Me permite?
Tienes un perfume un poco fuerte, ¿qué es?
¿No te gusta? Es pachulí, el perfume de los hippies.
¿Por qué, eres hippie?
Cierra bien la ventana y no enciendas la luz.
Aunque haya un poco de luz, ¿para ti no es lo mismo?
No me gusta que en ciertos momentos me miren a la cara.
Disculpe, señorita.
Ahora le preparo un buen café.
Un verdadero caballero.
¿Por qué no se casó? Debe tener una buena pensión.
¿Y tú? Mira que me pagó bien,...
- ...si quieres aprovechar. - No, gracias, señora.
Sin cumplidos, ¿sabes?
Como si hubiese aceptado, gracias.
Adelante.
- Tradoni. - Mucho gusto, Bertazzi.
¿Por qué le dijo que se llamaba Antonio?
¿Crees que se llama Mirka?
Si ella se llama Mirka, yo Antonio. Vamos, camina.
¡Qué mentiroso eres, Ciccio!
Dijiste que era la de ayer...
...y no es así. Ayer estuvo en casa de su madre.
Me pareció la de ayer.
No es cierto y lo sabes.
Vamos, camina.
Ven por este lado.
Por suerte estuvo bien, si no, te rompía las piernas.
De vez en cuando, te escabulles.
De joven tampoco me quedaba quieto.
Gracias, señor.
¿Ya pasamos Pisa?
Todavía no.
Pisa. Estación de Pisa.
En el segundo andén, el rápido a Roma.
Estamos en Pisa.
Lo sé, no soy sordo.
¿Estaremos mucho en Roma?
Ya veremos, debo ver a un primo sacerdote.
No ves la hora. ¿Por qué tan impaciente por llegar a Roma?
- ¿Te esperan rameras? - No, ninguna ramera.
Entonces tu novia. Tienes, ¿no? ¿Cómo se llama?
- Diana. - ¿Cómo es? ¿Morena?
Sí, pero con el cabello corto.
¡Corto! Porque me gustan morenas con cabello largo.
¿Temes que te la robe?
¿Pasaba alguien?
No, nadie.
Parte del segundo andén el rápido a Roma.
¿Por qué ayer no te acostaste con...?
¿Cómo se llama? Mirka.
Estaba pagado.
¿Le temes a las enfermedades o quieres mantenerte virgen para tu Diana?
¡Qué entrometido! ¡Qué indiscreto!
¿Qué te importa mi intimidad?
Mira que te arrojo del tren.
Dime la verdad, piensas:
¿Por qué no se ocupa de sus asuntos?
¿Yo? ¡No!
Tenemos visitas, Ciccio.
¿Hombre o mujer?
Por el olor a jazmín, parece mujer. ¿O me equivoco?
Vi el compartimento vacío, pero si lo molesto...
No, por favor. No se haga problema.
¿Quiere beber con nosotros?
- ¿Cómo ha dicho? - Si quiere beber con nosotros.
- ¿Está en Toscana o no? - No, gracias.
¡Aproveche! Tengo reservas en la maleta.
Es una delicia, por favor.
Realmente delicioso.
El señor cree que puede tomarnos el pelo, ¿verdad?
¿Qué pretendes, pisano? ¿Hacer trampa?
Quédese allí, ¿no querrá irse?
No le negará un poco de conversación a esta piltrafa.
Señor, comprendo su condición, pero...
¿Mi condición? ¿Qué condición?
¿Tengo una condición, Ciccio?
Señor, no lo conozco...
...y lo lamento. Ahora, si me permite...
No le permito.
Sólo quería presentarme.
No quiero conocer su nombre inútil.
Le conviene ser anónimo.
Pisano, ven aquí.
Quiero hacerte una confidencia.
Estoy ebrio, ¿comprendes?
¡Eso está muy bien!
De vez en cuando es necesario.
-Descárgate, siempre lo digo. -No, nada.
No digas nada. Quédate callado y vete.
Vete porque me caes antipático y no te quiero aquí.
Vete, apestas a jazmín.
Tú, quédate aquí.
¡Adiós!
¡Qué gran bastardo soy!
Grandísimo y único bastardo.
Debería cortármela.
- No me dirás que no te diviertes. - No, no.
Quería engañarme, el pisano.
A mí no me engaña nadie. Ni siquiera tú, Ciccio.
¿Comprendes?
¿Por qué, disculpe?
La otra noche en Génova, ¿revisaste o no mi maleta?
No lo hice a propósito, estaba abierta.
Lo hiciste a hurtadillas, como una sirvienta ladrona.
Si te pesco otra vez, te patearé el trasero.
Déjame dormir. Despiértame antes de llegar a Roma.
No ha dicho nada de la pistola, sin embargo sabe que la vi.
¿Cuándo llegaremos a Roma? No aguanto más.
Mi comandante dijo que era una licencia en premio!
- ¿Viste la pistola? - Sí.
- ¿Sabes por qué la llevo? - No.
En Nápoles tengo que matar a alguien.
¿Te ha dado miedo?
¿Por qué no se mata?
¿Qué tal, hermana O' Brien?
Bienvenido, Monseñor. ¿Ha tenido un buen viaje?
Muy agradable. Gracias.
Está bien así, hermana. Sírvalo.
¿Qué es esto?
- Toma, come la cereza. - Gracias.
Y escupe el palillo.
Creo que llegó su primo.
¿Viene con los brazos abiertos como una corista?
- Sí, señor. - Entonces es él.
¿Dónde estás?
¡Fausto! ¡Qué gusto verte!
- Ten, tienes dos horas libres. - Gracias.
Vete al cine. Huye.
Tú siempre en forma.
Con tu gran nariz.
También tú, siempre elegante. Estás muy bien.
-¿Siempre usas sotana? -También el hábito,...
-...pero sólo en los viajes. - ¿El patroncito cómo está?
Le das algo de alivio de vez en cuando.
¿Qué dices, Fausto?
No me engañes. ¿Qué otra cosa harías entre tantas monjas?
¿Qué dices? Deja a las hermanas, pobrecitas.
Hombres y mujeres. Eso son los sacerdotes y las monjas.
- Hombres y mujeres. - Es muy bonito aquí.
- Un espectáculo que nunca deja de maravillarme. -Sí...
- De noche se ve toda Roma iluminada. -Claro.
Disculpa, Fausto.
¿Por qué?
No me importa no poder ver Roma. Nunca me gustó.
Para mí es la capital de Turquía. Ciudad trampa, pérfida.
Ven a Nápoles conmigo.
Tú me das asistencia espiritual y yo te doy pastas y almejas.
¡Ojalá! Iría, pero no puedo. ¡Tengo tanto que hacer!
¡Vamos!
A veces me siento inútil...
...y querría ser un simple párroco rural,...
...en contacto con las verdaderas miserias humanas.
¡Pamplinas! ¡Retórica! Dime una cosa, te doy...
...30 segundos para responder. El infierno, el diablo, ¿existen?
Anda, responde. ¿Existe el diablo?
Sí, existe. Existe porque existe el mal.
No, hablo del más allá.
Basta, Fausto.
Dejemos esta conversación.
Mejor dime qué viniste a hacer a Roma.
A verte.
Necesito tu bendición.
No bromees, Fausto.
No bromeo.
Tú ya estás perdonado, Fausto.
Por eso te envidio.
Siempre te envidié.
Dirás que blasfemo, pero es lo que pienso.
Eres afortunado, porque tu sufrimiento te acompaña...
...constantemente, te estimula, te libera, te redime.
Estás salvado y por eso te envidio.
- ¿Qué estoy diciendo? - Prosigue.
Sigue hablando.
Si supieras cuánto pensé en estos años.
Me parece que tu cruz podría ser...
...tu razón de vivir, es decir, la salvación.
Envidio a los locos, a los enfermos, a los niños inocentes.
Sólo ellos comprenden y ven más que yo.
Dices que es una suerte ser ciego.
Puede ser, pero no por tus razones.
Es una suerte ser ciego porque los ciegos no ven las cosas...
...como son, sino como imaginan que son.
Pero yo no, no imagino nada, no recuerdo nada.
Podría ver el mundo aquí, ahora.
Creo que sólo vería piedras, desiertos, no animales...
...ni árboles, sólo piedras.
Porque también yo soy una piedra.
¿Entonces? ¿Esa bendición? Vamos.
La señal de la cruz dos tonterías en Latín...
...y quedo vacunado contra el pecado.
¡Qué barbaridad!
¡Muy bien! Déjalo que lo sirvo yo.
Disculpe, ¿pero qué vamos a hacer a Nápoles?
Te lo diré, iré al festival de la canción napolitana.
No hagas preguntas, Ciccio. Sé un turista.
- Disculpe. - No tienes por qué, hijo.
- ¿Lo has visto? - ¿A quién?
-¡Allí! ¡Allí! -¡Ah, sí!
¿Qué hace?
Creo que vende billetes de lotería.
Ahora se ha sentado.
Cómprale todo y despídelo. Dile que se largue. Enseguida.
Date prisa.
Hizo bien, señor. Es dos veces desgraciado.
Cuando vuelve a su casa, su esposa lo golpea.
¿Y él no reacciona? Recibe y agradece.
Reacciona, con la botella, toma 8 ó 9 litros por noche.
Apuesto que un día la hallarán ahorcada.
¿A quién, a la esposa?
Así es. Nosotros, los ciegos, somos malos.
- Aquí están los billetes. - Guárdalos en el bolsillo.
Hoy también hicimos la buena acción.
¿Cuándo llega esta muchacha?
No lo sé.
Todas iguales. Seguro que se está maquillando.
¿Se fue el ciego?
¿Se fue?
Sí, se está yendo. Saluda.
Hace saludos con el sombrero.
Te creo, nunca habrá visto tanto dinero en su vida.
Nunca me divertí tanto.
Me alegra no haber ido al mar con mis amigos.
El Sr. Fausto es sensacional.
Escucha este otro. El enano del circo se casa con la mujer gigante.
Sus amigos le preguntan:
''¿Cómo te fue?'' Y él dice:'' Bien, sólo que cuando hacemos el amor,...
...no tengo con quién hablar''.
- No me ha gustado. - No lo has entendido.
Lo he entendido, pero no me ha gustado.
No discutan. ¿Dónde estás?
Dime, ¿dónde se conocieron?
En Viterbo. Ambos somos de allí.
Había ido al cine con mi madre...
...y este Casanova se sentó a mi lado y me tocaba la rodilla.
Le cambié el asiento a mi madre y él no se dio cuenta.
Estiró la mano y recibió un carterazo.
Así nos conocimos.
El fue al servicio militar y a mi padre lo trasladaron aquí.
- ¿De qué trabajas? - De baby-sitter.
¡Interesante! Si no fuera por los niños.
Verdad.
Allí está mi tío. Sr. Fausto, le agradezco. No se moleste.
Si él es tu tío, yo puedo ser tu padre. Dame un beso.
Así no, un poco mejor.
¡Qué barbaridad! Adiós, Gianni o Ciccio. Llámame esta noche.
Te acompaño.
Muy cordial. No, voy sola.
Y gracias por los billetes de lotería.
Ojalá que gane.
- Adiós. - Si gano, repartimos el premio.
- Adiós. - Adiós, querida.
Simpática. Ideas claras, sentido común.
Una chica decente.
Y puta.
¿Cómo dice?
Despierta, Ciccio. ¿No te das cuenta?
18 años, bonita. ¿El padre de qué trabaja?
Mariscal.
Y tiene un bolso de 400 mil liras.
Lo toqué, era de cocodrilo.
El perfume era francés: 40 000 el frasco.
¿Baby-sitter ? Un pretexto...
para estar fuera hasta las 3 de la mañana Quítate el casco que la gue...
¿Qué haces? ¿Me esquivas? La guerra terminó.
Yo lo mato.
Si ese es su tío, yo soy tu abuelo. Vamos.
- ¡Camarero! - Estoy aquí.
¿Dónde estabas?
Aquí tienes. Calma.
- Quédate con las vueltas. - Gracias.
Que pongan una placa en este local.
- "Aquí comió el malísimo capitán Largavista." - Gracias.
- Dame el bastón, Ciccio. -Aquí tiene. - ¿Dónde está?
Dámelo por este lado.
- Vamos, camina. - Está bien.
Vamos al hotel a descansar.
- No tengo sueño. - Dormirás.
Adelante.
- ¿Permiso? - Venga, venga.
- ¿Ha llamado, señor? - Sí.
¿Ha visto a Ciccio?
El muchacho que está conmigo, mi asistente.
- No. - Nunca está cuando lo necesito.
¿Necesita algo?
Sí.
Sabe que no puedo usar las manos y me deja solo.
Es embarazoso, hasta para las necesidades cotidianas...
...dependo de los demás, disculpe.
Nunca se lo hubiese pedido a una monja italiana,...
...pero Uds. los holandeses, con una iglesia tan moderna...
Por aquí, por favor.
Sígame, disculpe.
También estoy mortificado.
Que me abran la bragueta, como un niño pequeño...
Por otro lado...
Adelante, hermana. Tenga paciencia.
- ¿De dónde es Ud.? - Amsterdam.
Tiene una voz juvenil. ¿Cuántos años tiene?
Veintidós.
Muy bien.
Gracias. Muchas gracias.
¡Hola!
¡Qué voz! Debe ser el padre.
¡Lo desperté a las 3 de la mañana!
¿Y Diana? Estará en la cama con su tío.
Creí que era Diana. La misma risa.
También está en compañía de su tío.
Para los jóvenes es siempre más difícil.
¡Qué pena que no pueda ver! Las chicas están en topless.
Esperaron que estuviera ciego para permitir estas cosas.
Siéntate.
¿No te habrás olvidado de mi filete?
No me olvidé.
Tráele un filete a la señorita.
¿Qué hiciste? ¿Llamaste a Diana?
- No. - ¿Por qué?
Diana no me importa.
¿Ya no es tu novia?
Sí, mi novia. Me divertí un poco.
Como en el cine, cuando la tocaste.
¡Qué tonto!
Baila con ella. Vamos, baila con ella.
- Sí, vamos a bailar. - No, mejor no.
Mejor así. Tengo mucho hambre.
Tú tienes hambre de filete y yo hambre de ti.
No toques, no toques.
Ahora salimos y damos una vuelta por Roma de noche...
...y luego.
No es posible, debo quedarme hasta que cierre.
Entonces, esperamos.
Y cuando cierre el local vamos a... ¿De acuerdo?
¿Con el niño?
Sí, con el niño.
¡El filete! ¡Cómo me gusta!
¡Come el filete! ¿Está sabroso?
No, no es novillo, es buey.
Pero está rico. Pruébalo.
¿Estás triste? ¿No hablas?
- ¿No te gusto? - Quizá es marica.
Estoy harto.
Ciccio, no se contesta así a una señorita.
No me llamo así y contesto como quiero a quien quiero.
No te enfades, niño. Te daré un beso.
Sí, dale un beso.
Pídele disculpas.
Disculpe, señor.
Podría enviarte a prisión por amotinamiento.
Esta vez te perdono.
¡Viva! ¡Habéis hecho las paces y nosotros festejamos!
¡Luigi, otra botella de champaña! ¡Bien fría!
Bebe, así te alegras.
Me estuvo mirando toda la noche.
Bebe, niño. Bebe.
Y no deja de mirar. También se ríe.
- Ciccio, ¿no quieres otro filete? -No.
- ¡Qué descarado! - ¡Alegría!
¿Puedes decirme qué miras?
¿Me hablas a mí?
Sí, a ti.
¿Qué estaba mirando?
No te hagas el tonto, mirabas a mi señora.
Sí, efectivamente miraba a su señora...
...porque creo haberla visto hace unos años en una...
...casa de tolerancia, vulgarmente llamada prostíbulo. ¿Es posible?
¿Entonces quieres pelear?
¡Qué lástima!
Cassius Clay, muy bien.
¿Dónde terminó?
¡Campeón!
Muéstrame tus músculos.
Esto no es nada. Luego sentirás el otro.
¡Alegría! Ciccio, ¿no te ríes?
¿Viste qué golpe le asesté a ese sujeto?
Recuerda, Ciccio, quien golpea primero, golpea dos veces.
Gracias, señor, lo recordaré.
Le haremos una broma a la vikinga.
Nos vamos y listo. ¿Ha salido? Mira un poco, controla.
Aún no.
100 mil liras por un filete,
3 botellas de champaña y tocarle los senos.
- ¡Así son las putas! - Allí está.
¿Qué hace, Ciccio? ¿Está buscando? Mira.
Sí, está allí parada y mira a todas partes.
- ¿Está enfadada? - Sí, lo está.
Muy bien. Ahora, vamos. Y abre bien los ojos.
Si hay un bar abierto, detente que tengo la garganta seca.
¿Ciccio? ¿Eres mi amigo?
Claro.
- Mira que la amistad es cosa seria. - ¿Sí?
¿Sabes qué es un amigo?
Alguien que conociéndote a fondo te quiere igual.
- ¿Comprendes? - Sí. ¡El poste!
- Piénsalo. - ¡Cuidado!
¿Qué haces? ¿Estás ebrio?
Un ebrio que cuida a un ciego. ¡Qué pareja!
Aférrate que tomo yo el volante. Por aquí.
¿Tienes al menos los boletos de las maletas?
- Sí. - Entonces, el primer tren a Nápoles es nuestro.
Los mariscos están prohidos porque las autoridades...
...le temen al cólera. Pero si quiere comer un buen...
...plato de mejillones, lo llevo a un lugar donde los sirven...
...en forma clandestina. Cuestan caros, pero son buenos.
¿Qué haces? ¿Duermes? Mira eso, el Maschio Angiovino.
- ¿No es verdad? - Sí.
Pero Ud., ¿cómo hace?
En la esquina hay un bar donde hacen el mejor café de Nápoles.
Y tú duermes en vez de mirar esta bella ciudad.
Estamos en un embotellamiento,
es mejor que bajen y caminen.
- No, señor, iba por mi mano. - Frenó de golpe.
Están obstruyendo el cortejo fúnebre, es un funcionario.
Ciccio, ¿has cogido las maletas?
¿Dónde estás? ¿Son los del funeral?
¡Haz los cuernos!
¡Olor a mujeres!
¡No te dejes las maletas! Aquí, es Constantinopla.
Fausto, prueba esta "Lágrima de Cristo" que guardo para las grandes ocasiones.
Tráela, Vincenzo.
- Raffaele. - ¡Ya voy!
Trae dos copas.
Aquí tiene las copas, Teniente.
Deme que sirvo yo.
¿Qué le digo a mamá por el almuerzo? ¿Felicitaciones o insultos?
Felicitaciones.
Yo le daría siete a los spaghetti,
ocho y medio al pescado y diez al vino.
¿Lo tomaron todo? ¡Muy bien!
Veamos si adivinas. ¿Qué vino era?
Pane Perso, doce grados, cosecha 1970.
¡71!
Sara, dile a tu madre que prepare la cuenta,
quiero saldarla.
¿Por qué? Aún no es fin de mes.
No te preocupes, haz lo te digo.
¿Qué haces? ¿Te bebes el café?
No, sólo lo pruebo.
No te olvides que es de mi teniente.
Ciccio, ¿me das fuego?
¿Quiénes son todas estas chicas? ¿Son parientes?
No, las conocen desde pequeñas y se encariñaron.
La madre tiene un restaurante
y el teniente se hace traer de comer.
Dime, ¿a ti quién te gusta?
Me gusta aquélla.
Te creo, es la mejor.
¿Viste qué personalidad?
- ¿Cómo se llama? - Sara, pero no hay nada que hacer.
Te mostraré dónde dormirás.
¿También eres romano?
¿Se nota?
¿Viste qué bonita casa tiene mi ciego?
Escucha, ¿por qué con Sara no hay nada que hacer?
Porque está locamente enamorada de tu ciego.
¿Él lo sabe?
Sí, pero no le importa, quizá porque...
...no puede ver lo guapa que es.
¿Viste qué ojos? El resto es mejor.
Éste es tu cuarto, era el de la criada.
No sé por qué el teniente la despidió.
El cuarto me gusta. Me lo quedo.
¿Cómo es tu teniente?
Un poco tonto, pero bueno.
¿Sabes cómo lo saludo cuando llego? "Buenos días, teniente".
Él cree que golpeo los talones y me dice que descanse.
- Tranquilo. - ¿Qué he hecho? - No me pongas la mano encima.
- ¿Si no, qué? -Tranquilo. - Mírate un poco.
- Vamos a quitar la mesa. - Sí, venga, rápido.
Me aburro, ¿por qué no jugamos?
Está bien, juguemos. Conozco un juego hermoso.
- ¿Qué juego? - El gallito ciego.
¿Qué haces, Fausto? ¡Loco!
Estoy aquí, ¿no me ves?
Te daré con la mano de madera.
¿Adónde os escapásteis, putitas?
Atrápame, Fausto. Estoy aquí.
Teniente, ¿puedo irme?
Vé, Rafael. Mañana procura ser puntual y tráeme el yogurt.
- Sí, señor. ¿De fresas? - De fresas.
No saludes, ¿no sabes que no hace falta?
Sabes que te amé...
- Fausto, ¿dónde estás? - Ven, estoy aquí.
¿Te aburres?
Digamos que no me divierto.
¿No te gusta ninguna de esas chicas? Ines, Michelina,
¿Mi hermana Candida?
Me gustas tú.
¡Qué éxito tuve!
- Ven adentro a ayudarme. - ¡Claro!
Vamos al cine de Palme, dan un filme prohibido.
- Lo arreglamos todo. - Vamos al cine.
- No digan como siempre: "Nos vemos mañana". - No.
- Gracias, chicas. Agradézcanle a su madre. - Está bien.
Llegó el momento.
¿Qué has decidido, Fausto?
¿Cuándo?
- Silencio. - ¿Qué sucede?
Estas desgraciadas no se han ido y nos están escuchando.
¡Largo de aquí!
Hablame del viaje, ¿dónde estuvisteis?
En Génova y Roma.
¿Y las mujeres?
No me mientas, no me importa.
¿Estuvo con mujeres?
- ¿Eh? - Cuéntame. - No.
¡Qué idiotas! ¡Todas deberían estarle detrás! ¿Verdad?
Si tú lo dices.
- ¿Te dijo para qué vino a Nápoles? - No.
¿Y de mí? ¿Te habló? No me dijiste nada.
No, pero...
¿Pero...?
No sé si debo decírtelo.
¡Dímelo!
Tiene tu fotografía en su maleta.
Escucha, no le digas que te lo dije.
- No. - Júralo. - Lo juro.
Mira qué apuesto es. Es grandioso.
No hay ninguno como él.
Grandioso, pero fastidioso.
- ¿Sara? - ¿Sí? - ¿No vienes?
- Date prisa. - ¿Qué prisa tenéis?
¡Vamos al cine!
Si no, llegaremos cuando ya empezó.
- Muévete. - Id vosotras, ya os alcanzaré.
¿Eres tú, señorita?
Sí, Fausto. Debo hablarte.
- Déjame hablarte. - No digas nada. Cállate.
¿Comprendes?
No quiero callarme.
- ¿¡Ciccio!? - Aquí estoy, señor.
- ¿Dónde te escondiste? - Ordene.
Quédate aquí. Siéntate si hay una silla.
- Por favor, vete. - No puedo...
¡Vete!
Ciccio, por Dios. Dije que te quedaras.
Dime al menos por qué viniste a Nápoles.
Para que Ciccio conozca la ciudad africana más nórdica.
No bromees, Fausto. Sé que hablásteis con Vincenzo.
Pero no sabía que vendrías. ¿Por qué?
Hay una razón, ya que eres tan curiosa.
No vine por nada.
Ahora basta, vete a casa.
Sé buena, vete a casa y déjame solo con Ciccio...
...que tenemos mucho de qué hablar. Vete.
Fausto...
¡Bonito vestido, Sara!
Sí, bonito color, sobre todo.
Es el color que mejor te sienta.
- También tú, Ciccio. - ¿Sí?
¿Qué haces siempre detrás?
Vé a ver el paisaje! ¡Anda!
¡Basta con ese lamento!
¿No puedes tocar algo más alegre?
Tengo valor, pero también tanto miedo.
¿Miedo de qué?
Lo peor que podía ocurrirte, ya ocurrió.
¿Te echas atrás?
No, estoy de acuerdo, Fausto.
Sara quería saber para qué vine a Nápoles.
¿Sospecha algo?
No, no creo.
Deberías ser más amable con ella. Te quiere.
Todas te quieren, pero ella está enamorada.
¿Por qué no le hablas?
¿Crees que aún son vírgenes?
¿Estás loco?
¡Son niñas!
Mujeres.
Para ti el tiempo nunca pasa.
¡Debería hacer otra...
...cosa, no hablar!
No respetas a nada ni a nadie.
Mejor me voy a dormir. Adiós, capitán.
Adiós, tía.
¡Sólo eres una tía vieja!
¡Ningún respeto! ¡Ningún respeto!
Comandaba el cuartel de Orbassano, en Piamonte.
Ud., capitán, que es de allí, debió oír hablar.
¡Un cuartel modelo!
Era 1940.
Nunca volví a comer un bacalao como el de allí.
¡Nunca más!
El cocinero era de Livorno.
Y la guerra, era incómoda,...
...no lo negaré, pero tenía su lado placentero...
...y mis soldados me querían.
¿Saben por qué?
- No. - Porque los hacía cantar.
Pero no canciones de guerra.
"Compré una muñeca roja..."
¿La recuerdan?
"Compré una muñeca roja".
"Pequeña como tú...".
Coronel, son casi las 4.
¿No lo esperan para la partida?
Tiene razón, el deber me llama.
¡Me voy!
¿Ves, Vincenzo? Nuestra desgracia no es tan grave.
Podemos llamarnos afortunados.
Es mejor ser ciegos que idiotas como el pobre coronel.
¡Un tremendo idiota!
¡Demasiado idiota para ser sólo coronel!
Imaginen una compañía de alpinos que canta: ...
..."Compré una muñeca roja".
Señor, el coronel estaba aquí y lo oyó todo.
Se fue sin rechistar.
¡Retirada estratégica!
Apuesto a que lo sabías y lo hiciste a propósito.
No, de haber sabido que estaba, le habría dicho más que idiota.
- Sr. Fausto, su whisky doble con hielo. - Gracias.
Y para Ud., teniente, el licor de avellanas.
- ¿Qué tal la comida? - Muy rica.
- ¿Salió bien? - Muy bien.
Me puse las gafas a propósito.
Nunca las uso, pero por Ud. hice una excepción.
¿Oíste qué dijo? Esta noche quiere dar una fiesta.
También pidió champaña.
¿Qué fiesta? ¿Y por qué?
No sé, no me dijo nada.
Y somos amigos, eso espero.
¿Amigo? No te hagas ilusiones. Nunca los tuvo.
¿Y tú, entonces?
¿Yo?
Claro, nadie entiende cómo pude enamorarme de él.
Si mi padre viviera, él lo entendería.
Lo mío no es... un amor tonto como todos creen.
Yo lo decidí. Lo elegí.
Sí, lo elegiste. ¿Pero y si él no quiere?
Tarde o temprano cederá.
Entenderá que, sin mí, no tiene razón de existir.
Como yo sin él.
¿De qué estarán hablando?
Están siempre hablando. También querría saberlo.
Debo regresar, porque si no me ve, quiero decir si no...
No, espera. Hablemos.
- ¿Puedo preguntarte algo? -Dime.
¿Cómo te enamoraste de un ciego? ¡Eres tan joven!
¡Con todos los muchachos que hay!
Todos estúpidos, vacíos, inmaduros.
Gracias. ¿También yo?
- No te ofendas. ¿Quieres compararte con él? - No.
Te enseñaré un juego.
Intenta vendarte los ojos y recorre la casa.
Procura reconocer todo con las manos,...
los muebles, los objetos.
¿Tú lo haces?
¿Yo? ¿Quién te lo dijo?
Está bien, lo he comprendido.
- ¿Comprendiste qué? - ¿Cuánto hace que lo conoces?
Siete años. Era una niña...
y él venía a visitar a mi padre.
Los unía la pasión por los caballos.
Nos dió las entradas para el concurso hípico de Nápoles.
Aún no lo conocía, aunque lo nombraban mucho en casa.
Fui porque vería a Nicolino,
un compañero de escuela de quien me creía enamorada.
Cuando Fausto nos llevó a casa en coche,
me senté delante para estar cerca de él.
Pero papá me dijo que fuera atrás...
y se me hizo un nudo en la garganta.
Sin saber cómo justificar las lágrimas,...
...salí corriendo y regresé a pie.
Volví a verlo al año siguiente.
Ya había ocurrido la desgracia, pero yo no lo sabía.
- ¿Sara? - ¿Sara?
- ¿Qué haces? Vamos a bañarnos. - Vamos, ven.
- Adiós. - Adiós.
¡Qué tonta! No te he preguntado cómo te llamas.
Giovanni.
Adiós, Giovanni, y gracias.
- Teniente, si no me necesita, iré a bañarme. - Vé, querido.
Anda, vé a lavarte.
¿Qué haces, Ciccio? Vé a bañarte también.
¿Quieres ir a bañarte también?
No tengo traje de baño.
Encontrarás unos calzoncillos.
Pero antes acompáñame adentro.
- ¿Dónde estás? ¿Vienes, Vincenzo? - Vé.
El número cinco es aquí.
¿Quién es? Estamos desnudas, no entren.
¡Están desnudas!
¿Has oído, infeliz?
Tú que tienes la desgracia de ver, no tienes derecho a entrar.
¡Hola, pequeñas!
¿Estáis aquí, ovejitas? ¡El lobo malo os va a comer!
¿De quién es este culito?
¿Y estas tetas?
¿Y estas otras tetas?
Venid aquí, dejadme tocar, putitas.
¿Dónde estáis? ¿Adónde huís?
Huelo un perfume de mujer.
¿Quién eres?
¿Quién eres, ovejita?
¡Ciccio! ¡Tú que ves, ven aquí!
No te pierdas el espectáculo.
¡Te odio! ¡Te odio!
¡Ciccio!
Te llaman, ¿no oyes? Vé.
Sí, voy.
¡Señoras y señores, llega el pastel!
Ayudadme, si no, se apagan las velitas.
¿Dónde están? Aquí. Traigan aquí el pastel...
...que apagamos las velitas.
¡Vamos a destapar la champaña!
¡Vamos, la champaña!
¡Ciccio! ¡Trae la champaña!
¡Lo abriré yo! ¡Alegría!
¡Bebed! ¡Bebed todos!
¡A vuestra salud! ¡Y a la nuestra, claro!
También bebe, Vincenzo. Hoy estamos, mañana quién sabe.
¿Qué hace?
¿Qué quieres que haga? Baila.
Baila, sí, casi desnuda.
Veamos quién es.
Déjame tocar que mis manos ven bien.
Estas tetas y este culo son de Inés.
Déjame tocar. Sí, es lnés.
- ¿Lo adiviné? - Muy bien.
¿Y yo quién soy? Adivina.
Tú eres... Candida.
¿Y ésta?...
¡Esta es Sara! Pero, ¿por qué...?
¿Por qué te cortaste el cabello tan corto? Vete, Sara.
Dadme de beber.
Vincenzo. ¿También bebes?
- ¡Bebed todos! - Llenad.
No quiero ver caras largas.
¡Llenad las copas!
- Fausto, léenos la mano. - Sí, léenos la mano.
Veamos, colócala aquí.
Cuando actúa así, lo golpearía.
Me ignora a propósito, tontea con las otras.
Cree que así renunciaré, pero no me conoce.
¿Por qué no le das celos?
¿Cómo?
Tonteando conmigo.
¿Te gustaría?
Monte de Venus desarrollado, tendencia al amor sensual.
En suma, prefieres el colchón al claro de luna.
- No te equivoques. - No es verdad, soy romántica.
¿Por qué habrá dicho hoy estamos y mañana quién sabe?
Quizá decidió partir.
Si decidiese irse de pronto, cualquier cosa que decida...
...en mi ausencia, ¿prometes avisarme?
Te lo prometo.
Línea del corazón algo incierta.
¿Tendré hijos?
No, pero toma la píldora, no quiero...
- ...ser responsable - Inés.
Tendrás muchas satisfacciones en tu trabajo.
Recibirás dinero de muchos hombres.
En suma, cajera o puta, tú decides.
La línea de la vida es larga. Vivirás hasta los ochenta...
¿Por qué esta noche no lo amo?
Cuando actúa así, no lo soporto.
Si cambias de idea, aquí estoy.
¡Y esas tres estúpidas!
Óyelas, parecen tres gallinas.
¿Y a mí, Fausto?
¿No me lees la mano?
Ahora es mi turno.
Claro, Sara.
- Vamos, Fausto, léela. - ¿Qué dice?
Lee la mano. ¿Qué dice?
Vuelvo al cuartel. El coronel si no me ve, no apaga las luces.
Agradece que tenga las manos ocupadas.
- Bonito culo. - ¡Quieto!
- Adiós, teniente. - Adiós, Raffaele.
Capitán, siempre a sus órdenes.
Deja de tocar. Guarda esas manos.
¡Un día lo lamentarás, pequeña! "Siempre te he amado..."
Toma, lnés.
- ¿Eres tú? - Sí, soy yo.
¿No vas a dormir?
Fausto, por favor. Sólo dos palabras.
Está bien, te escucho, pero sin lamentos sentimentales.
Sólo quería decirte que este invierno iré a Turín a estudiar.
Mamá está de acuerdo.
Yo no.
No puedes prohibírmelo.
No, claro.
Pero sería un error.
Déjame que me equivoque.
¿Qué quieres de mí?
¿Mi vida no es ya bastante complicada?
Quiero estar cerca de ti.
¿Para qué?
- Sólo estar cerca. - ¿¡Para qué estar cerca!?
¿Para cuidar al enfermo?
¿Sostenerme con tu sacrificio?
Soy autoficiente.
No necesito a nadie.
¿Dónde está mi bastón? ¿Quién lo ha cogido?
¡Eres autosuficiente!
¡Búscalo tú solo, tu bastón!
¡Fausto! ¡Fausto! ¿Qué pasa, Fausto?
Nada, bebe.
¡Son pasadas las tres! ¿Quién aguanta a mamá?
¡Fausto es un fenómeno!
¡Y Vincenzo qué desastre!
¿Vienes con nosotras?
Tengo orden de acompañarlas.
¿No te da miedo estar solo con tantas chicas?
- El peligro es mi profesión. - ¡Realmente!
Me siento un momento, bebí mucho.
¡Cuánto bebieron aquellos dos!
¡Vincenzo estaba ebrio!
¿Cuál es tu apellido, Giovanni?
- Bertazzi. - ¡Bertazzi!
Si tuvieras que escoger a una de nosotras, ¿a quién escogerías?
¿Para una vez o para siempre?
¿Una vez? ¿Por quién nos tomas?
- ¿Decías para siempre? - Claro
¿Y tú por quién me tomaste?
Bertazzi, ¿conoces algún cuento guarro?
No tantos.
- ¿Sabes el del trasplante? - No.
Te lo cuento yo.
Cállate, Michelina.
¿Qué tienes?
¿Yo? Nada.
¿Por qué se ha apagado esa luz?
¿Qué necesidad tiene de apagar la luz?
¡Ven, de prisa!
¡No! ¡No!
¡Dios mío!
¡Fausto!
Respira. Aún respira.
¿Estás herido? No, ¿verdad?
¿Qué haces? ¡Ven a ayudarme! Llevémonoslo de aquí.
¿Y él?
Que se ocupen los demás.
Fausto, ven.
Ebrio como está, le diste el somnífero.
¿No ves que puede morir?
Al menos dime dónde lo llevamos.
A una casa de campo, de mi madre, está deshabitada.
¿Por qué llevártelo? ¿Qué razón hay?
No quiero que lo acusen o que le hagan daño.
Virgen santa, aflójale la corbata, que al menos respire.
¿Por qué dos disparos? ¿Oíste los dos disparos?
Estaba ebrio. O quizá tuvo miedo.
Miedo no.
¿Por qué no? En el último momento quizás...
Miedo no. No pudo tener miedo.
Hemos llegado.
Debes comprar algunas cosas. En la bajada hay un almacén.
Compra café, cigarrillos y panecillos.
Debería estar en el tren. Mi licencia caducó. Con suerte...
...termino sólo en prisión.
Cuartel o cárcel es lo mismo.
- ¿Tienes dinero? - Sí.
¿Cuánto durará el somnífero?
Casi nada, está acostumbrado.
- Anda. - Sí, voy.
¿Qué haces? No está muerto.
No lo sé, era un recuerdo.
¿Quién es? ¿Dónde estoy?
No hable.
¿Y Fausto? ¿Dónde está el capitán?
Quédese tranquilo.
- Esto se lo llevamos a la Virgen. - Como quiera.
Hermana, ¿cómo está?
- Está bien. - ¿Ah, sí?
Éste nos entierra a todos.
Estos inválidos tienen el pellejo duro.
Disculpen, ¿Ud. qué quiere?
Comisario, soy periodista. Hago mi trabajo.
Estas cosas son noticia, comisario. Tenga paciencia.
Escriban que un militar de grado,
privado del uso de la vista, mientras limpiaba la pistola...
...se hirió "accidentalmente" en el lado izquierdo del tórax.
¿Por qué un ciego tenía que limpiar una pistola?
¡Y yo qué sé! ¡Son asuntos suyos!
Cuando tenga algo de tiempo, doña Natalina, traiga a su hija...
-...Sara y a ese capitán, ¿cómo se llama? - Fausto.
Tendremos una conversación y aclaramos lo de la...
...limpieza del revólver.
- Coronel. - Descanse.
- ¿Por qué viste de luto? - ¿Por qué? ¿Aún no ha muerto?
No, está bien.
¡Qué contento estoy! Muy contento.
Vamos, Coronel.
Coronel, ¿está contento o no?
No me quiere, no me quiere. Me ha echado.
- ¿Está bien? - Sí.
¿Qué dirán los periódicos?
¿Piensas en los periódicos?
No ocurre todos los días que un ciego...
¡No digas ciego, no digas inválido, te lo prohíbo!
¿Qué le pedí? ¿Casarme? No. Estar juntos.
Estar cerca de él. Sólo eso.
Sólo una palabra me habría... Una sola.
- ¿Ha llamado? - No, no.
Ve a ver, quizá necesite algo.
- ¿Ciccio? - Soy yo.
- ¿Cómo está? ¿Mejor? - Sí.
- Enciéndeme un cigarrillo. - Sí.
¿Quién es?
Nadie, señor. Estamos solos.
¡Hielo! Ve a la cocina a buscarme hielo.
Aquí no hay hielo.
¿Por qué? ¿Dónde estamos?
- ¿Qué hora es? - Las once.
¿Las once? ¿Dónde está Sara?
¿Quiere que la llame?
No debe estar aquí. No la quiero.
Que se vaya, que no esté aquí.
- Ciccio. - ¿Señor?
No soy un león.
Lo creía, en cambio no. No lo soy.
Tuve miedo.
¿Quién es?
Enseguida vuelvo.
Ciccio.
Tuve miedo.
Silencio. No debes pensar, no debes...
Soy un cobarde.
Todos tenemos miedo. Todos.
Está bien, descansa.
El comisario lo tapó todo.
Estamos en Nápoles, Ciccio.
- Te traje el uniforme. - Gracias. - No encontré el gorro.
- ¿Él cómo está? - Mejor.
- ¿Y Sara? - Está con él.
Digo, toda la noche juntos, ella y tú, ¿nada?
- ¿Qué dices? - ¿Qué mal habría?
Un hombre es siempre un hombre...
- y Sara es muy guapa. - Es una buena chica.
¿Porque es buena no se intenta?
Espérame en la ruta.
Date prisa.
"Yo siempre te he amado."
Yo en tu lugar lo habría intentado.
"¡Y tú me has amado!"
Pobre Vincenzino. ¡Qué broma le jugué!
- Toma, te la regalo. - Gracias.
El no está muerto y yo parezco vivo.
Vamos, ayúdame.
Dame fuego, ni siquiera mi encendedor funciona.
¡Estrellitas! El uniforme.
Entonces,...
...te vas, ¿eh?
¿Llamo a Turín o a tu primo a Roma?
No, por favor.
Vé, las vacaciones terminaron.
Sin embargo no fue un viaje inútil.
¡Has visto tantas cosas!
Has visto de qué está hecho un hombre.
- Ciccio, ¿sabes quién soy yo? - No.
El 11 de Picas.
Pero si no existe.
Precisamente. Una carta...
...que no está en el mazo no sirve para ningún juego.
- Adiós, viejo. - Hasta pronto, señor.
- ¿Quiere que le dé el bastón? - Sí, dámelo.
¿Qué haces allí?
Vete, tú y Sara. Iros los dos.
Señor, pero Ud. ...
No te preocupes por mí.
¡Vete!
Iros tú y ésa. Llévatela de aquí.
¿Sabes caminar, Sara?
Es difícil, sabes, acompañar a un ciego.
Ven.
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