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¿Gabrielle?
Despierta, Gabrielle.
No, déjame dormir.
- Arriba, Gabrielle. - ¿Qué hora es?
Son las siete. Hoy viene Willy.
Al menos fue entretenido. El viaje hasta aquí es largo.
¿Y cómo está París por estos días, Willy?
Es un hervidero eléctrico,
a rebosar de artistas y poetas y escritores
que buscan decir algo profundo.
Son, en su mayoría, demasiado jóvenes o desenfrenados,
aun así generan una cierta energía vital.
Íbamos a ver una obra de teatro, ¿no?
Sí, La tosca.
Sí. No, asistí a la primera función.
Yo no me tomaría la molestia.
Sarah Bernhard se afana, como siempre,
pero es melodramática y exagerada.
- Quizá lo compruebe por mí misma. - Pues claro.
No olvide que si un libro le aburre, tírelo.
Con una pintura estridente, cierre los ojos.
Pero ir a una mala obra de teatro es como ir al dentista:
te sientes obligado a permanecer en la silla mientras te taladran el cráneo
hasta que la macabra intervención llega a su fin.
Tienes razón, Willy.
Es un asunto doloroso.
Casi se me olvida.
- Un pequeño presente. - Gracias.
Voltéalo.
Qué lindo.
Adiós.
Sido, saldré de paseo.
- Primero cámbiate el vestido. - No saldré del camino.
Cámbiatelo.
Cariño, vamos a entrar.
Es un buen hombre. Es cierto que tiene cierta reputación,
pero todo hombre acaba asentándose.
¿Terminaste la carta para su padre?
Empiezo a escribirle,
pero nunca termino la carta.
Una chica sin dote... Esas cosas no se ven en su entorno.
Si lo cancelan, no será el fin del mundo.
Sido.
Claramente, la adora.
Este año, ya ha venido cuatro veces.
Me preocupa que no la comprenda.
¿Habrá quien te satisfaga?
¿Ya puedo irme?
Llévate esto y llénalo de arándanos. Mañana haré una tarta. No vuelvas tarde.
No lo haré.
¿Dónde estás?
Aquí.
Qué pelo tan fenomenal.
En el pueblo me dicen "la chica del pelo".
No lo dudo. Imagino que eres muy célebre en el pueblo.
¿Cuánto tiempo tenemos?
Unos 40 minutos, pero tengo que caminar a la estación.
Gabrielle, no puedo expresarte lo feliz que me siento.
Yo también.
Te adoro.
Querido Willy:
Regresé a casa caminando por el río. La luz del sol atravesaba los árboles
y mi corazón se llenaba de una especie de orgullo delicioso.
Al fin y al cabo, tú has conocido a tantas parisinas refinadas.
Algo debo tener yo.
Quiero despertar a tu lado
y saber que el día nos pertenece,
saber que esta vida nos pertenece también.
Qué plenos, qué felices seremos, amor mío.
Respire profundo.
Eso es.
¿Ya estás lista?
Todavía no.
¿Qué opinas, Matilde?
Es bonito, señora.
Deberíamos llegar antes de que acabe.
¿Y el vestido nuevo?
No me dejaba respirar. Me pareció ridículo.
Pero me costó 267 francos. ¿No te gusta?
Sé que te gusta. Lo mandaré a ajustar.
- ¿Qué pasó? - Creo que es dentífrico.
Vamos a ver.
Listo. Perfecto.
Entremos.
No puedo ver ese esperpento.
Tranquila, querida. Es provisional.
Llegó Willy. Willy, la torre Eiffel. ¿Apruebas o desapruebas?
Apruebo. Me da algo de envidia
que hayan erigido en el corazón de la capital
la erección de otro.
- ¿Cómo está, Conde? - Muy bien, gracias.
Willy, el travieso. Veo que trajiste a una pariente huérfana.
- Una hija natural secreta. - Excelente.
No, les presento a mi esposa Gabrielle-Sidonie Colette.
- Es un placer. - Encantada.
Maravillada, más bien.
Querida mía, conseguiste atrapar a la anguila más escurridiza.
- Vamos, Arman... - ¿Cómo se consigue algo así?
No estoy segura.
¿De dónde eres, dulzura?
Saint-Sauveur.
- Queda en Borgoña. - ¿Ahí compraste ese vestido?
- ¿Te mudaste, Willy? - Aún no, Conde.
No le hagas caso. ¿Dónde se conocieron?
Nuestros papás sirvieron juntos.
¡Willy se casó! ¡Atrás quedaron los días de desenfreno!
Por el contrario, acaban de comenzar.
¡Gracias a Dios que regresaste, Willy! Ese cuento...
Veber, te presento a mi esposa.
- ¿Qué? - Gabrielle.
Es todo un gusto conocerle.
Hay que entregarlo el martes y no me has dado ni una pista.
Entretente un momento, Gabrielle.
Es sencillo. Es un boceto de 800 palabras.
Un hotel costero pequeño, trajes de baño mojados...
Pobre.
Extrañas la tierra y la grama, ¿verdad?
Es una gardenia, ¿no? ¿Cómo es que se llama?
Es una cala, ¿no? Tiene un olor exquisito.
Y dime, ¿qué te pareció el salón?
Me gustó la tortuga.
Parecía estar tan aburrida como yo.
Más que aburrida, te vi intimidada.
No.
Todos me parecieron vanos y pretenciosos.
No. Vamos, los malinterpretas.
Más que pretenciosos, son exuberantes.
Lo ideal es ser auténtico, pero grandioso,
dejar de manifiesto una personalidad con P mayúscula.
Tú podrías aplicarlo también con tu encanto campirano.
¿Aquella mujer tenía una P mayúscula?
¿Cuál de todas?
La del vestido rojo con quien hablabas.
¿Nicole D'Allier?
Estábamos coqueteando nada más.
- No significó nada. - ¿Y para qué?
Porque eso es lo que se hace para pasar el tiempo y no aburrirse.
Anda, olvídate de ellos.
¿Te enteraste?
Willy se casó. Está felizmente casado.
Y regresará a casa con su linda esposa
a quien quiere mucho.
- Buenos días, monsieur Veber. - Hola, Matilde.
- Hola, Veber. - Gabrielle.
¡Qué frío hace afuera!
No sabría. Me tienen encerrada.
- Schwob ya llegó. - Gracias.
"Tanto humor y alegría
"se estancan en un pésimo pantano operativo,
"que da rienda suelta a las miserias del alma y causa una sensación de nausea,
"como si fuera una indigestión".
Un tanto exagerado.
El final me pareció conmovedor.
No hay que dejar las cosas a media. Siempre a toda marcha.
- Veber. - Willy.
Schwob.
Adórnalo y entrégalo a El Eco para las seis.
Así se hará.
La fábrica está que arde y nosotros también.
Se me ocurrió una idea estupenda.
- Podría serlo. - ¿De qué se trata?
Comenzaré una novela.
- ¿Novela? - Sí, de Willy ya tenemos cuentos
y reseñas musicales. Sacaremos su primera novela.
Tendrá un nivel literario para los cultos
y suficiente indecencia para la ralea.
O viceversa.
¿Y quién escribirá esta novela?
Tú.
¿También escribes para él?
¿Ya te convirtió en uno de sus fantasmas?
Cartas nada más.
Eres quisquillosa, exigente.
- Le corrijo mucho, querrás decir. - Bueno, sí.
Willy lo transcribe para que se vea su letra.
La letra de monsieur Willy no tiene igual.
La conocemos,
Monna.
Sus admiradores la llevan en hombros.
Tiene 18 años. Es preciosa y peligrosa. Es una criatura de la calle
que devora a los hombres y que nunca lleva corset.
Luego tenemos a nuestro héroe: Renaud,
un escritor, un genio
que se ve cautivado por ella y se convierte en víctima de su seducción.
Luego de cinco días del más puro éxtasis carnal,
él se encuentra atrapado en sus redes.
Ella intuye sus deseos más bajos.
Uno se pregunta: ¿podrá zafarse?
¿Conseguirá volver con sus amigos honrados
y retomar su carrera?
¿O quedará atrapado entre esas garras mezquinas,
para dejar atrás su carrera de escritor y hundirse en aquel cenagal sexual?
Es brillante.
Lo será.
Dime: ¿cuánto tiempo te tomará?
- Dos, tres meses. - No. Semanas, Veber.
Semanas. Dedícale cuatro horas diarias.
Está bien. Adiós, Gabrielle.
Si me bloqueo, te llamaré.
Sí, pero escribe, y rápido. Busquemos que llegue el dinero.
Sí.
¡Señor! ¡Cuánto caos! Trabajar en estas condiciones...
¡Es un caos total!
Te casaste con un empresario literario. Es un desastre fenomenal.
Y tú te casaste con una campesina sin un centavo.
Estamos condenados.
¡Perfecto!
¿Qué tal: "El contrato que me llegó es claro y justo
"a no ser por un pequeño detalle: la remuneración"?
Acarícialos antes de pegarles. Así es más impactante.
¡Willy!
La intimidad en todo su salvaje abandono, querida mía.
Tengo una reunión. Veámonos en La Mascotte a las nueve.
No, mejor a las diez.
Gracias, madame D'Arsay.
No, es mentira.
¿...278? Más 34...
Son 571, Lotte, por el mes.
¿Quieres que parezca pobre?
Con ese dinero puedo acostarme cinco veces al día con una prostituta.
Cielo.
¿Viniste por mí?
No es mujer de la mala vida.
Hasta hicieron una obra sobre ella.
Una obra pésima, pero igual...
¿Quién coño escribió esa carta?
Da igual quién la escribió.
Gabrielle, ella no se te compara.
Te lo juro. No me acostaré más con ella,
pero debes entender que así somos los hombres:
un sexo débil sin la fortaleza femenina.
Nos gobiernan nuestros impulsos y en la urbe
- se acepta... - ¡Tonterías!
Me niego a aceptarlo. Me has mentido todo este tiempo.
Te espero todo el día
y no te pido nada porque dices que no hay dinero.
Es la verdad. No hay dinero.
- ¡Porque lo gastas todo en ella! - Eso no es así.
Y luego, cuando llegas a la cama
y cuando te toco y te beso, me dices que estás cansado. No.
Te desatendí. Perdóname. Voy a cambiar.
¡No te atrevas a tocarme!
Gabrielle...
Renuncié a mi herencia por ti, ¡a mi mismísima libertad!
¡Jódete!
¡Ay, no! Hormigas.
Debe haber ligamaza por aquí.
Está pegajoso.
Seguramente le cayó la plaga y la dejó sin miel.
Necesitamos mariquitas.
O una araña. Hay una bien grande colgando del techo de mi cuarto.
La voy a atrapar y la pondré a trabajar aquí.
¿Nunca sentiste que representabas a un personaje?
- ¿En qué sentido? - El personaje de esposa
o el de madre.
Como si estuvieras cumpliendo y ya.
A veces, el personaje de esposa, pero nunca el de madre.
¿Te trata bien, Gabri?
¿Qué pasa, mi amor?
Es que nada es como me lo imaginé.
Ven aquí.
Mi gatita.
Nadie puede robarte tu forma de ser. Nadie.
Eres demasiado fuerte.
Siempre lo has sido.
No confíes en nadie más que en ti.
Lo sé.
¿Qué hizo para disgustarte?
Nada. Es que todo es nuevo. Eso es todo.
Debo acostumbrarme al matrimonio.
Mejor que el matrimonio se acostumbre a ti.
- ¿Estás contenta aquí? - Sí.
Desde aquí, la ciudad me parece peor.
¿No me extrañaste nada?
La verdad es que no.
Pues la vida sin ti es horrible.
No es vida. Me siento como si fuera otro.
Me parece que nada tiene sentido.
Ya ni escribir puedo.
Para mí, vales más que todas las mujeres de París juntas.
¿Las has probado a todas?
No te burles.
Tú gustosamente te burlas de los demás.
Es verdad, pero es pura apariencia.
Las palabras son unas pérfidas bribonas,
pero al buscar el origen de las mías,
verás que salen de mi triste corazón.
Yo diría que ese no es su órgano originario.
Te conozco como la primera línea del examen de vista.
Qué genialidad. ¿Lo inventaste tú?
Dime qué es lo que quieres. Haré lo que sea.
Te conozco, Willy.
Quizá siempre te conocí. No quiero que me mientas.
No volveré a hacerlo. Te lo prometo.
Quiero formar parte de todo.
No quiero ser la mujer que se queda en casa.
He de saber cuanto ocurra.
Así será.
Serás parte de todo.
¿Me lo prometes?
Te lo prometo.
Allá en París, te comparé un perro.
Me encantaría.
Mira lo bello que es.
Aquí nadaba con Luce después de clases.
¿Sí? Era tu mejor amiga, ¿verdad?
Sí, nos metíamos juntas en toda clase de problemas.
¿Cómo era?
Era dulce, pero era también muy fastidiosa.
¿En qué sentido?
Era sobre todo muy torpe.
Un día de invierno, en la primera nevada,
hice una bola de nieve y la metí a escondidas a clase.
Cuando la maestra se volteaba,
yo mordisqueaba la nieve
y se la pasaba a una compañera,
que luego la pasaba y así.
- ¡Cuánto frío! - Ven.
Soy una hoguera panzona.
Al final, Luce la agarró y se le cayó.
Nos castigaron a las dos.
Siempre buscaba estar conmigo.
No lo dudo.
Tú eres muy ingeniosa y lista.
¡Largo! ¡Me están acosando!
Por favor. ¡Qué injusticia!
Es la tercera vez que vengo a pedírtelo.
- Pues deja de venir. - ¡Me van a desalojar!
¡Me debes 400 francos!
Me prometiste un avance.
¡Te lo daré el viernes!
¡Eso me dijiste la semana pasada!
Hay que remunerar al trabajador.
Pues hagan una huelga.
O busquen otro trabajo. ¡Que otro idiota los contrate!
- ¡El viernes tendré su dinero! - ¡Más te vale!
Qué idiota.
- ¡Jódete! - Regresaremos el viernes.
Nunca encontrarán trabajo.
Les presté mi nombre, mi reputación...
Yo afronto el riesgo, y aun así no hay dinero.
- Hay que producir más. - Contratemos a otro.
¿Con qué le pagamos? No llegamos a los 1000 mensuales.
El Eco me paga 300, la última novela de seducción: 425
y las reseñas musicales: apenas 250.
- Ni los gastos cubrimos. - ¿Por qué tanto gasto?
La hipoteca, Matilde, los restaurantes.
Pagas todo sin importar la cantidad de comensales.
- Es mi deber. - Los caballos y el casino.
¿Qué pretendes? ¿Qué viva como un monje?
No, pero podemos economizar.
Tú.
- Puedes escribir. - ¿Qué?
Lo que me contaste de Saint-Sauveur.
- ¿De la escuela? - Sí, podría ser la próxima novela.
Haz el intento, pero rápido. Empieza de inmediato.
Busca dedicarle cuatro horas diarias. Tenemos el agua al cuello.
Me llamo Claudine
y vivo en Montigny,
donde nací en 1873
y donde probablemente no moriré.
¿Qué haces despierta?
- Acabo de terminar de escribir. - ¿Sí?
¡Ay!
¿Llegaste a las cuatro?
- Al menos el doble. - ¡No puede ser!
Tienes un talento nato.
Cambié un par de detalles en la historia,
cosas que no sentarían bien en casa.
Olvídate de los hechos.
Puedes cambiarlos, añadir personajes...
Solo adáptalo a la época.
Lo que la gente quiere es sentir las emociones,
sumergirse en la narrativa.
¿Puedo escribir lo que yo quiera?
Claro.
Nadie te lo discutirá.
Y si te lo discuten... "La historia la escribe la mano que mueve la pluma".
¿No te apetece?
Me siento como oso en invierno.
Déjalo para el libro.
Está el monte bajo,
los arbustos que te arañan malignamente al pasar,
llenos de sol, de fresas,
de lirios silvestres... y también de culebras,
donde me agitaron sofocantes escalofríos
al ver deslizarse ante mis pies esos atroces cuerpecillos lisos y fríos.
En ese monte me siento tan sola,
los ojos perdidos en la lejanía, en la luz verde y sibilina de los árboles,
deliciosamente tranquila y a la vez inquietante
a causa de la soledad y de la vaga oscuridad.
Pues aquí estamos.
Lo lograste. Me quito el sombrero.
¿Y bien?
Es precioso. Pasé el día en Saint-Sauveur.
- ¿No te gustó? - Sí me gustó.
- ¿De verdad? - Sí.
Sí, realmente encantador.
Permiso. Tengo que orinar.
¿Y qué más?
Nada. Es una descripción verdaderamente maravillosa.
¿Y?
Y no podremos publicarlo. Es una pena.
¿Qué tiene de malo?
¿Sinceramente?
Te hablaré como si fueras cualquiera de mis escritores.
- Bien. - Pero a ti te quiero.
Te adoro. Eso que quede claro.
Dime de una vez.
No hay nada que lo empuje, no tiene trama.
Una novela mía te atrapa desde el principio,
mientras que la tuya... Tiene tantos adjetivos.
Tiene personajes interesantes, pero
es demasiado empalagosa, demasiado femenina.
- Qué pérdida de tiempo. - No si lo disfrutaste.
Lo escribí para ti.
Por las saucedas abajo
Mi amor y yo nos encontramos
Ella pasó
Junto a los sauces
Con pies blancos cual nieve
Díjome:
"Tómate el amor con calma
"Como la hoja
"Que crece en el árbol"
Pero yo
Joven
Y necio
Con ella
No estuve de acuerdo
Wague es cautivador, ¿no?
Es el rey de la cantomima. Vamos por un trago.
Gracias, Geraud.
- ¡Salud! - ¡Salud!
- ¿Cómo va el libro? - Extinto.
- Lo intenté, pero no salió bien. - No me lo creo.
Willy lo detestó.
Da igual. No me hace falta dejar mi huella en el mundo.
- ¿Siempre has escrito? - No tengo opción.
- Es algo que siempre estuvo presente. - ¿Te hace feliz?
¡Para nada! Lo hago para no enloquecer.
Pero a veces, ocasionalmente, me transporta.
Hola, Schwob.
- Hola, Gastón. - Un gusto verte.
Jeanne, te presento a Colette.
Madame.
Creo que nos han presentado, pero no recuerdo el nombre.
Es nuevo, por así decirlo.
Pues este lo consideraré nuestro primer encuentro.
Es facilísimo: encendido, apagado. No más velas derretidas.
Sí, quizá lo instalen algún día en mi edificio.
Y es menos peligroso, a pesar de que la luz no me haga favores.
Tonterías. Con tu permiso, Arman.
A ver tu palma.
Qué interesante.
Tienes una línea de la vida larga
y una línea de la cabeza fuerte.
Y tu línea del corazón se ramifica en tres.
- ¿Qué significará? - ¿Quién sabe?
- Muchas líneas se cruzan. - Tengo manos de hombre.
¿Ves?
Tienes el toque de Hermes.
Tienes una cualidad andrógina.
- ¡Willy, el ogro! ¿Cómo estás? - Gastón, Jeanne.
Hemos disfrutado mucho la compañía Colette
ahora que no esconde su lámpara en el almud.
¿Referencias bíblicas, Gastón?
¿Recuerdas la de no desear a la mujer ajena?
¿Y tú no recuerdas lo de no querer quitar
la paja del ojo ajeno teniendo una viga en el tuyo?
Touché, Gastón. Tu ingenio ha mejorado algo.
Tenemos que irnos, querida. Vámonos.
- Adiós. - Adiós.
Su primera obra fue una bazofia,
pero como su madre dirige un salón, obviamente fue todo un éxito
y él recibió todo tipo de elogios
por su "prosa" brillante y su sublime "talento".
¡Ese desgraciado untuoso! Te tenía el ojo puesto.
Él no es así. Son recién casados.
Pues, te puedo asegurar que la luna de miel quedó atrás.
- Tus celos son inapropiados. - ¿Cómo?
Me gustó su esposa.
¿Jeanne?
Sí.
¿Qué opinas de eso?
Bueno, eso...
Eso ya es otra cosa.
¿Sí?
Puede ser.
Buenos días. Debo hablar con el señor de la casa.
- ¿Qué ocurre? - Monsieur Henri Gauthier-Villars.
¿Se encuentra?
Sea lo que sea, puede tratarlo conmigo.
- Lo siento, señora. Ah, señor. - ¿Qué pasa?
Tengo una orden de embargo de dos sillones, un ropero
y un escritorio.
- Permítame la orden del juzgado. - Tome.
Todo en orden.
Adelante.
- Willy. - No es más que madera.
- El armario está en el cuarto. - Con mi ropa dentro.
Vacíalo. Yo vacío el escritorio.
¿Listo?
Sí, llévenselo.
Y aquí escribiste: "Es una linda mañana primaveral".
Ponle más sabor.
¿Qué tal: "Quizá sea una maravilla de la estación?
"¿La savia sube casi con indecencia"?
Y luego en la escena de aquí con Luce,
escribí: "Me rozó provocativamente,
"con sus ojos azules entrecerrados y su boca entreabierta".
Qué sórdido.
Lo sórdido vende. Ponle más picante y menos literatura.
El editor sabe qué quiere el hombre.
¿Crees que lo aceptarán?
Sí. Ollendorff enloquecerá.
- ¿Cómo tú en tu primera lectura? - Olvídate de eso.
Vamos, hay que trabajar. A trabajar.
"Claudine es una chica de pueblo, pero es como todos nosotros:
"peleona, testaruda, egoísta
"y sensual.
"Nos maravilla con su dinamismo, sus deseos
"¡y sus crímenes!".
"Solo un hombre extraordinario pudo definir a la joven moderna.
"Willy, tu libro cambiará el mundo".
¡Por Claudine!
¡Por Claudine!
París entero dice que tu esposo es un genio.
- ¿Y qué opinas tú? - Lo es.
A juzgar por ese libro.
Míralo. Hace tiempo que no lo veía tan feliz.
Bueno, Willy, debo decir
que nunca nos habían vaciado los estantes tan rápido.
Todo un fenómeno. Está en boca de todos.
¿Y sabes quién lo compra? Las jóvenes.
¿De verdad? Creí...
Qué interesante.
También nos han preguntado sobre los derechos teatrales.
¿Qué opinas?
Claro, el teatro es el próximo paso,
con el escenario más grande posible.
Es el público teatral el que te hará rico.
Quizá me haga tan rico como tú.
Madame Willy.
- Es un honor. - Es un placer.
Claudine en la escuela va por su tercera edición.
Excelente.
Tengo entendido que Claudine se basa en parte en sus vivencias.
Sí, yo diría que he contribuido en algo.
Estoy encantado de que esas vivencias dieran tan insigne fruto.
Fue todo un gusto, madame.
Estación de París-Lyon.
- ¿Adónde vamos? - Ya lo sabrás.
¿Pasa algo?
¿Qué crees tú?
¿Qué?
Cuando al fin alcanzamos el éxito,
vienes a insinuar que no ha sido por obra mía.
- No hice tal cosa. - Estamos sobre un polvorín.
Creamos algo muy potente,
y si llegara a explotar inoportunamente, volaríamos en pedazos.
Ollendorff es tu editor, Willy.
Schwob también dijo algo.
- Él es parte de la fábrica. - Adoran el cotilleo.
De cara te elogian,
pero en cuanto te volteas, te apuñalan.
Yo conozco la mentalidad de aquí. Tú no.
La conozco bastante para que celebren mi libro en todo París.
¿No prefieres mejor decirlo a gritos?
Díselo a todos. Que empiece la carnicería.
Lo siento.
Discúlpame.
Quizá estoy exagerando.
En fin, te tengo una sorpresa.
¿De qué se trata?
De decírtelo, ya no sería sorpresa.
¿Y aquél cuál es?
Árbol de tilo.
¿Y aquél?
Un abeto de Douglas.
¿Y qué hay de aquél?
Un castaño.
Un castaño llorón.
No sé por qué te encanta la naturaleza.
Los animales actúan con infamia.
Al menos son sinceros. Nunca mienten.
Sí, querida, pero eso solo porque no hablan.
Mira eso.
Qué belleza.
¿Quién vivirá ahí?
Tengo sed. Veamos si nos ofrecen de beber.
Willy, ¿y si nos disparan?
Espera. Podrían estar en el piso de arriba.
Podrían ser sordos. Tanto silencio les robó la audición.
- Me pareció oír algo. - Bésame.
- Willy, podría venir alguien. - Bien.
Revisa en mi bolsillo.
- Te guardé algo ahí. - Willy.
¿Qué?
Permíteme.
¿Qué te parece?
No sé qué pensar.
- ¿Quiénes son los dueños? - Es para ti.
Amor mío, mi corazón...
Así París no te hará perder la cabeza.
- ¿Qué? - Es tuya.
Te la pasas diciendo cuánto extrañas el campo.
¡No puede ser!
Es para que puedas escribir tranquila.
¿Y
De dónde sacaste el dinero?
Ollendorff me pagó un anticipo.
Veinticinco mil francos.
- ¿Por? - La próxima entrega.
Claudine en París.
Willy, no puedo escribir otro Claudine.
Escribe sobre nosotros: nuestras vidas, nuestros amigos.
- Cambia nombres, arma alboroto. - No.
Luego hablamos de detalles.
Dime, ¿te gusta?
Es indescriptible.
Tal palabra no existe.
Un buen escritor sabe describir cualquier cosa.
¿Esto es todo?
¿No escribiste nada más en tantas semanas?
Estuve remodelando la casa.
Las reparaciones, la pintura, el suelo...
Estuve atendiendo el jardín.
¡Al diablo el jardín! ¡Tenemos que entregar!
No es nada fácil escribir aquí, estando tan sola.
Y no quiero escribir otro Claudine.
¿Perdiste la razón?
¿No ves el valor de este momento?
¡La gente nos pide más!
Ven conmigo.
¿Qué hacía el director cuando Claudine no hacía la tarea?
Willy, no seas necio.
¿Qué hacía?
La obligaba a hacer planas o le daba nalgadas.
Correcto.
Mañana comienzo.
¡Willy!
- Escribe. - Willy, ¡déjame salir!
Harás lo que te digo.
Vuelvo en cuatro horas. Espero encontrar varias páginas.
¡Willy! ¡Esto no me causa la menor gracia!
¡Willy! ¡Grandísimo infeliz!
¡Miserable arrogante, déjame salir!
¡Willy!
¡Abre la puerta! ¡Déjame salir!
BOSQUE DE BOLONIA, PARÍS
Llegaron Colette y Willy.
Así es.
No te quedes mirándolos.
Lo siento.
- ¿Aquí? - Sí, perfecto.
Gracias.
Delicioso.
Dime, ¿en este momento, de los presentes en este parque,
cuántos estarán leyendo Claudine en París?
- No lo sé. - Al menos tres cuartos.
Y el resto les seguirá pronto.
¿Quién se acerca?
Monsieur Willy, madame Colette, les traigo una nota.
Muchísimas gracias.
Sra. de Raoul-Duval.
¿Georgie Raoul-Duval?
- Sí. - Maravilloso.
Agradézcale a su señora y comuníquele que aceptamos la invitación
y que estamos deseosos de verla.
Se lo diré.
¿Quién es?
Una estadounidense.
Es una joven pudiente y caprichosa de Luisiana
que se casó con un magnate armamentista que le triplica la edad.
- Parecen aburridos. - Él sí. Ella es todo lo contrario.
No tenemos que ir si no te apetece.
No, vamos.
¡Qué gracia! ¿De verdad dijo eso?
Claro que sí. Es un tipo de colosal arrogancia.
Madame de Caillavet mencionó por casualidad
que no era más que un Barón, no un Marqués.
"Mis disculpas, señora", le respondió,
"pero soy también Duque de Anjou, Obispo de Coutances
"y Príncipe de Joinville, Orleans y de las Dunas,
"nada de lo cual tiene la mínima relevancia aquí".
Mira.
Listo.
Mucho mejor.
Gracias, monsieur.
¿Llegó tan rápido a su fin la velada? Qué angustia.
Lily, dile al cochero que apreste el carruaje.
Por supuesto.
¿Y bien?
Con permiso, señora.
Monsieur Willy, ¿me daría su autógrafo?
Claro que sí.
Hasta te haré un dibujo.
- Toma. - Muchas gracias.
El suyo también, madame Colette.
- Vamos... - No, por supuesto.
Siempre hay que premiar el entusiasmo.
Gracias.
- Buenas noches, cielo. - Buenas noches.
Pues yo vivo en el 74 de la calle Goethe
si quieren venir por una última copa.
Yo mejor me retiro por hoy.
- ¿Seguro? - ¿Willy?
Pronto volveremos a jugar.
Eso espero. Antes del regreso del soso de mi esposo.
Bueno... au revoir.
Au revoir.
¿No quieres ir?
Es evidente que la invitación fue para ti.
¿Debería ir?
Sí, claro.
¿No te molesta?
Eso sería muy hipócrita de mi parte.
Puedes encontrar sosiego sabiéndome en casa, en la cama,
pensando en ustedes con todo el cariño posible.
Adelante.
Qué bonita casa.
Gracias. Es mi modesto pied-à-terre.
A Frederick no le hacen gracia las obras de Art Nouveau.
A mí me encanta la naturaleza
y las mujeres.
Ya veo.
Recuerdo en Claudine en la escuela
cuando las chicas salen a nadar de noche.
Ese es el mejor momento para nadar.
Cuando era joven,
me decían que había caimanes en los lagos de Luisiana.
Por eso nunca fui a nadar de noche, pero ahora me arrepiento.
Cada vez que me miras, es como si me quitaras toda la ropa.
No apartes la mirada. Mírame a mí.
Mira cómo te observo.
Tienes unos dientes preciosos.
Como los de un caimán.
Buenos días, querida.
¿Alimentaste a Toby Chien?
Se me olvidó. Creí que era responsabilidad de Matilde.
¿Cómo te fue anoche?
Fue interesante.
¿Qué ocurrió?
¿Qué crees tú?
Pues, no me lo cuentes.
Esperaré para leerlo
cuando Claudine se encapriche con su querida amiga.
- No pienso usarlo. - Es un material invaluable.
- No. - ¿Se verán de nuevo?
Posiblemente.
Un momento, cielo.
¡Estás aquí! ¡Maravilloso! Venía pasando por casualidad.
¿Sí?
Bueno...
Será mejor que pase.
¿Cómo va la escritura?
Lenta y penosamente. ¿Cómo te fue en el banco?
Me fue bien. Sí, muy bien.
La está esperando.
Me voy al banco.
Georgie, ¡sé que estás ahí!
Georgie, ¡abre la puerta!
¡Colette! Tomaba una siesta.
- ¿Dónde está? - ¿Quién?
Colette, ¿a qué te refieres?
"El humo azul del cigarro impregnaba el aire.
"Entré con paso firme y miré a Renaud a la cara.
"Se sobresaltó y dijo: 'Actué perversamente. Lo lamento'.
"Rezi estaba ahí, ¿cómo no iba a estarlo?".
"Vistiéndose a toda prisa.
"Siempre recordaré su pálido rostro en plena descomposición,
"como si estuviera marchitándose frente a mis ojos".
- Es excelente. - Lo sé.
Te aconsejo cambiar el diálogo de Renaud:
"Actué perversamente", pero sé que no lo harás.
¿Qué crees que Renaud diría en esa circunstancia?
No sé. Algo como: "Pero, querida, estábamos esperándote".
No me parece que le creería.
Claro que no. Pero ¿no te parece que actúa con hipocresía?
Sí es aceptable que Claudine se acueste con Rezi,
pero ¿Renaud no puede hacerlo?
No a sus espaldas, no.
La traición surge de la mentira.
Renaud le juró que siempre sería sincero.
Quizá quería decírselo,
pero sus celos coléricos le daban miedo.
Pues no es solo mentiroso. También es cobarde.
No seas tan dura con él.
¿Quién si no yo?
Y los celos nunca consumirían a Renaud si, por ejemplo,
Claudine se buscara a un joven, para variar.
Eso le parecería inaceptable.
¿La infidelidad es un asunto de género para Renaud?
Sí, en efecto.
¿Cuánto hace que lo sabes?
Hace un mes.
Debo decir que me impresiona cómo te has controlado.
La joven Claudine habría armado un escándalo.
Pienso matar a Renaud en la próxima entrega.
No puedes hacerlo. Por favor, no lo hagas.
"La historia la escribe la mano que mueve la pluma".
Mi esposo se puso
hecho una furia.
Quería retar a Willy a un duelo.
¿Qué?
Lo disuadí.
Ojalá no pase a mayores.
Lo leíste, ¿verdad?
Sí.
¿Debería estar muy preocupada?
No es muy evidente quién es quién. Cambiamos los nombres.
No te creo.
Es la comidilla de todos.
Dicen que será en extremo salaz.
Sé que no quieres ni verme desde la separación, que hice mal,
pero te lo ruego.
Pídele a Willy que lo cambie antes de publicar.
Por favor, Colette.
De mujer a mujer.
No puedo.
¿Me harás sufrir?
No es solo por Willy, Georgie.
Es por el libro en sí.
Willy dice que es una obra de arte.
Te di oportunidad de actuar bien,
pero ahora se encargará mi esposo.
Ollendorff accedió a destruir el tiraje por una alta suma de dinero.
¿Qué?
- No puedes hacer eso. - Ya aceptó.
¡Ese bribón infeliz! No puedes.
Ya está hecho. Así son las cosas.
¡Arpía! ¡Pérfida!
Me enseñaste bien.
Y como toda una heroína francesa,
nuestra hija Claudine acabó en la hoguera.
Diría que estuvo "ardiente".
Resulta que Ollendorff firmó el contrato,
pero olvidó mencionar que no son suyos los derechos de autor.
Son míos.
Increíble.
Simplemente, fue cuestión de tocar la puerta de otra editorial
y recibir un segundo anticipo.
La imprenta está sacándolos en este momento.
¿Cómo lo consiguen?
Tuvimos mucha suerte.
Para nada.
Nos mantenemos al día.
Ese millonario cornudo y su voraz esposa nunca iban a ganarnos.
El viento nos favorece y yo pienso hacer de Claudine
la chica más popular de Francia y hasta del mundo entero.
Se convertirá en un referente.
Me llamo Claudine.
TEATRO DES BOUFFES, PARÍS
Vivo en Montigny,
donde nací en 1884...
- Nada mal. - Y donde probablemente no moriré.
- Montigny es un pueblo, no una ciudad. - Es pésima.
Tiene, gracias a Dios, calles sin adoquín.
- Sí. - Los aguaceros...
Muchas gracias.
Me llamo Claudine
y vivo en Montigny,
donde nací en 1884
y donde probablemente no moriré.
Montigny es un pueblo, no una ciudad...
Monsieur Willy, yo soy la verdadera Claudine.
- ¿Tú eres...? - ¿Yo?
Me llamo Polaire.
¿Polaire?
Polaire.
Orgullo de Argel. Mira esto.
¡Mírala! Conoce al personaje, lo intuye.
Habla del libro como si fuera una religión.
Sí, es una "hermana de la Claudine Perpetua".
Qué curioso. Comenzó a imitar mis gestos y modos.
- ¿Sí? - ¿Actuaría bien?
¿Tú? No. Sería un desperdicio criminal.
¿Desperdicio de qué?
Este corte... Nunca había visto algo así.
¿Y tú?
Siempre vi a Claudine con pelo largo.
Esa fue la Claudine del siglo pasado. Esta es la del presente.
Te quedaría bien.
Muy encantador.
Piénsalo nada más: tú y Polaire, las gemelas Claudine.
- ¿Qué? - Sí, una mina publicitaria.
- París explotará de emoción. - No, ni muerta.
Colette.
Estás deslumbrante.
Gracias.
Me llamo Claudine
y vivo en Montigny,
donde nací en 1884
y donde probablemente no moriré.
De todas mis novelas, es esta la que se adapta mejor al teatro.
Debo reconocerlo, Willy, es todo un éxito.
Ahora que eres tan famoso,
serás más insoportable que nunca.
Ese es el plan, Veber.
Le encanta bromear.
¡Increíble! ¡Cuánta gente!
Mira, vino todo el mundo. Ahí está la marquesa de Belbeuf.
O Missy, como la conocen.
Solo aparece en ocasiones especiales.
¿Es una mujer?
Es descendiente de la emperatriz Josefina
y del zar de Rusia.
Por eso puede andar en pantalones, hasta en público.
Qué fascinante.
Impresionante.
Siempre discreta.
Monsieur Willy.
- ¿Qué tal estuvo? - Magnífico.
La perfección misma.
Gracias, monsieur Willy.
¿Colette?
Eres ella:
la imagen viva de Claudine.
Polaire, siéntate aquí.
Tetette, tú también.
- Willy... - Ven.
Contemplen a la trinidad Claudine: el padre
la madre y la hija.
Miren hacia aquí, por favor.
Claudine, la del toque de Midas
La de sonrisa de esfinge misteriosa
Marcha, habla y hasta cavila
¡Claudine!
Claudine, la que no tiene límite De todo peligro, como zorro se escurre
Estrella que explota silente
¡Claudine!
- ¿Quién de mi amor es dueña? - ¡Claudine!
- De mi alma se adueña - ¡Claudine!
- ¿Quién es una zorrita? - ¡Claudine!
¡Claudine!
- ¿Quién es la más admirada? - ¡Claudine!
- Del deseo la dueña - ¡Claudine!
- ¿Quién a París puso en brasa? - ¡Claudine!
¡Claudine!
- ¿Quién va de colegiala? - ¡Claudine!
- ¿Quién es la que anonada? - ¡Claudine!
- La que no descansa. - ¡Claudine!
¡Claudine!
Y cuando en sueños
me hallo al lado de Claudine
y de su mágica mirada,
se me hace vana toda música
que no sea el trinar de su risa.
¡Claudine!
¡Claudine!
¡Bravo!
Hola, Toby Chien.
Hola.
- Estoy exhausta. - Yo también.
Cada vez son más escalones.
¡Pero qué noche!
Tenemos a París comiendo de la mano.
- ¿Willy? - ¿Sí, cielo?
Quizá esta noche podríamos...
Me ayudaría mucho.
Mi amor.
Mi Claudine.
EL TRÍO
LA ÉPOCA DE CLAUDINE
Por cierto, felicitaciones.
Claudine parece estar en todos lados.
Sí.
Hasta hubo una Claudine asesina en Marsella.
Le cortó la garganta al esposo.
Me alegro por ella.
Pero de verdad, has hecho algo importante:
inventaste un arquetipo.
Querrás decir Willy.
Lo inventaste tú.
Tantas jovencitas entre la niñez y la madurez...
Les diste una voz.
Admítelo.
¿Te lo dijo alguien?
No hizo falta.
Basta con conocerte.
Es verdad:
los escribí yo.
Es que...
Lo sé.
"Ojalá el camino recorrido hoy haya sido el comienzo.
"Veo tu rostro, Missy, fuerte y vulnerable.
"Nunca conocí a alguien como tú:
"cortés y directa,
"circunspecta y valiente.
"Todo un caballero".
Residencia de Willy Gauthier-Villars.
- Este queso... - Está ocupado.
Es Soumaintrain. Me recuerda a Saint-Sauveur.
Sí, está delicioso.
¿Cuándo sales de gira?
En unas semanas.
Y voy a unos antros... Será infernal.
¿Por qué lo haces?
Es una adicción.
Me encantan todos esos tugurios.
Deberías venir.
No hago cantomima.
No es cantomima.
Es un nuevo tipo de pantomima.
Acción pura.
El gesto adecuado vale mil palabras.
Con permiso.
- ¿Sí? - ¿Se encuentra monsieur Willy?
Quería que me diera un autógrafo.
Héon, llegó otra.
Por aquí, por favor.
Cuéntame más de la pantomima.
Bueno,
es algo que he conversado con Christian.
Por ahora, es una idea. Queremos llamarlo Carne.
Adelante.
Es un buen título.
Monsieur Willy.
Soy yo.
Hola.
¿Podría firmarme esto?
Es mi libro favorito.
Gracias.
¿A quién se lo dedico?
Me llamo Meg.
Soy la verdadera Claudine.
¿Cuántos años tienes?
Más de los que aparento.
Tengo 23.
Yo tengo menos de los que aparento. Tengo 46.
No me molesta.
- ¡Ahí adelante! - ¡Ahí está!
- Toby. - Toby, trae la pelota.
Meg es muy dulce, ¿verdad?
Es demasiado entusiasta, pero...
Es como tú hace diez años.
No se parece en nada.
Pero es muy dulce.
¿Qué opinas de Missy?
Es bastante agradable.
Pero me desconcierta.
Hay palabras masculinas o femeninas, pero no hay palabra que describa a Missy.
A mí se me ocurren unas cuantas.
Bueno, te veo contenta por fin.
Pero ¿no falta algo?
¿A qué te refieres?
¿Listo, Willy?
Sí, estoy listo.
Me llamo Claudine
y vivo en Montigny,
donde nací en 1884...
- Eso es. - Y donde probablemente no moriré.
Cuarenta y siete.
Cuarenta y ocho.
Cuarenta y nueve.
Vamos.
- Vamos. - Cincuenta.
¡Muy bien!
Estuviste casada, ¿verdad?
Sí, fue horrible.
Ya no nos tratamos, a no ser que medie un abogado.
Le doy vergüenza.
¿Qué dice de él que estuviera casado conmigo?
Debió haber sido muy difícil para ti eso de llevar pantalón.
No, se me dio muy naturalmente.
Fui una niña muy rara.
Imagíname con un vestido y coletas.
Nunca me sentí a gusto.
Pero un día me probé el uniforme de mi hermano,
y todo cambió. Me sentí a gusto por primera vez.
Es mucho lo que ha pasado desde ese día.
Claro, es más fácil para mí que para una mujer sin recursos,
pero quise demostrar que sí se podía.
¿Y tú?
- ¿Qué? - Pues yo me visto de hombre.
Willy te viste de colegiala.
Gracias.
Estoy enterada de lo que pasa. Entiendo el chiste.
No lo dudo ni un segundo.
¿Pero eres feliz?
¿Alguien lo es?
Willy es exigente, sí, pero también me da mucha libertad.
Si bien sus cadenas no pesan, no dejan de ser cadenas.
Quizá lo disfrutes.
¿Te parece muy reprobable?
No, eso es asunto tuyo, pero...
Olvídalo.
¿Pero qué?
¿No irá a llegar el día en que te veas obligada a decidir
entre ser Claudine y ser Colette?
- Hola, Héon. - Hola, Colette.
¿Está de buen humor?
Está como siempre, pero peor.
Hola.
¡Por Dios! ¿Qué te pusiste?
Es de Missy.
Me sorprende que no te hayan detenido o golpeado.
¿Sabes el nuevo libro de Claudine?
¿Sí?
¿Por qué no lo firmamos los dos?
Eso ni hablar.
Ollendorff no lo permitiría.
¿Ollendorff o tú?
Tetette, ¿de verdad quieres matar a la gallina de las Claudines de oro?
No creo que sea muy arriesgado.
Claudine es bien conocida.
Y ya la mayoría lo sabe o lo sospecha.
Nadie lo sabe.
A menos que te hayas jactado del hecho con tu "amigote".
- No ofendas a Missy. - ¡Ay!
Te robó el sentido común y el sentido del humor.
- Estás siendo injusto. - No podemos arriesgarnos,
menos aún con nuestras finanzas.
- Estamos en la bancarrota. - Como siempre.
Pero sigues apostando y comprando antigüedades.
Estaban subastando bienes impagados.
El auto, el caballo de carrera lesionado.
Y tú, con tu ropa rara, tus sombreros y tus exorbitantes...
Quiero mi nombre en el libro.
No. Willy es una marca.
Igual, las escritoras no venden.
¡Infeliz!
Eres un infeliz gordo, arrogante, flojo y egoísta.
¡Qué disparate tan descomunal!
Si tanto te molestaba, no debiste haber accedido.
¡Jódete, Willy!
Sin su progenitor, Claudine no habría existido.
Prepárense.
Respiren.
Recuerden cómo respiran los gatos.
Cinco minutos.
Más animalesco.
- ¿Lista? - Sí.
Comencemos.
Y...
Y...
- ¿No vas a escribir hoy? - No.
Más tarde ensayaré con Wague.
¿No deberías escribir?
Tendré que encerrarte de nuevo.
Gritaría hasta tumbar la casa.
Es un pasatiempo encantador, pero
no eres precisamente Sarah Bernhardt.
Si no se interpreta como arte,
acabarás presentándote en cualquier auditorio.
Eso sería un escándalo.
¿Desde cuándo te parecen malos los escándalos?
Eso es verdad.
¿Qué opina Missy?
Él me apoya.
Siempre me acompaña al estudio de Wague.
¡Qué deprimente!
¿No tiene ni una pizca de vida propia?
Practica conmigo. A él aquello se le da muy bien.
Wague opina que en unas semanas estaré lista para el escenario.
¿Qué opinas tú, Matilde?
Apoyo lo que dice monsieur Willy.
No es propio de una dama.
Te creí de mi parte.
Entonces tú y la Marquesa brincan por el estudio
como dos amantes miméticas y desquiciadas.
¿Comparte tu deseo por el escenario?
No.
Es muy tímido.
Se me ocurrió una idea. Se llamará "Sueño Egipcio".
Será algo nunca antes visto en París.
Toda una sensación, un escándalo con Madame Willy y la Marquesa de Belbeuf
en un auditorio común y corriente.
¿Te lo imaginas? Se llenará todas las noches.
Con el cancán nos va bien.
Está medio vacío en la semana.
¿Garantizas a la Marquesa?
Ya es seguro.
Podemos usar el escudo Belbeuf en el cartel.
La prensa enloquecerá.
Puede ser, Willy.
- ¿Tienes inversionistas? - Si es necesario.
A mí.
¿Tan confiado estás?
- Es mucho capital. - Sí.
Sí, estoy confiado.
Meg, estás preciosa.
Todos nuestros amigos vinieron.
Sí.
También los amigos del exesposo de Missy.
Toma.
Gracias.
¡Qué infamia!
- ¡Invertida! - ¡Largo de aquí!
¡Malditas lesbianas!
¡Qué asco!
¡Bravo!
¡Bravo, Colette!
¡Deténganla!
¡Degenerada!
¡Degenerada!
¿A qué crees que juegas, pedazo de mierda inculta?
Tú eres como ellos, ¿no?
¡Fuera de mi camino!
Ven. Agárrame la mano.
Madame, ¿cuál es su impresión luego de esta noche?
¿Mi "impresión"? Me siento indignada.
Quienes nos lanzaron cosas son unos cobardes.
No me dieron con una silla en la cara solo porque me agaché.
Olvídalo, Colette.
Algunos caballeros vinieron a buscar pelea.
Haremos caso omiso y seguiremos adelante.
¿Piensan continuar?
- Sí. - No.
Esa gente no me asusta para nada. ¿Me ve temblando?
Seguiré presentándome porque es lo que quiero.
Da igual que París no me reciba.
Me ganaré la vida en otro lado.
CANCELADO
- Amén. - Amén.
Tu padre era un soldado de antaño. Un hombre confiable.
Lo era.
Era.
Yo...
Ayer me reuní con los acreedores.
Es espantoso. Perdimos todo en el Moulin Rouge.
- Hoy no, Willy. - Colette...
Debemos vender la casa de campo.
- No. - No hay alternativa.
No, Willy. No puedes hacerlo.
Sí, lo correcto es que te pida permiso,
pero, legalmente, la casa está a mi nombre.
¿Qué crees?
Tienes que divorciarte, Gabri, y pronto.
Sido, por favor.
Pide una auditoría completa de sus cuentas.
Willy es un desastre.
Bebe, apuesta... Es un hombre acabado, Gabrielle.
No digas eso.
No te deja avanzar.
Gabri, tienes que darles curso a tus talentos.
Escribe algo nuevo y fírmalo con tu nombre.
Escribir es una pesadilla.
Tantas horas que paso con él presionándome.
La puerta cerrada, los dedos entumecidos.
- Se acabó. - No, pero...
Me voy de gira los próximos seis meses, Sido, con Wague.
Ya están listos los contratos. Haremos otra obra.
- Sal de ello. Debes hacerlo. - Haré la gira.
¿De qué me perdí?
Mujeres, cuchillos...
Qué ambiente tan griego.
¡Montmarault!
LAS AVENTURAS DE CLAUDINE POR WILLY
¡Bravo!
Dime algo.
Los derechos exclusivos de Claudine.
¿Cuánto darías por los libros?
¿Es en serio?
¿Por todos?
- Sí. - ¿Derechos exclusivos a perpetuidad?
Hazme una oferta.
Cancelaron en Limoges la próxima semana
y tengo cuatro días libres.
¿Regresarás a París?
No.
Tengo que vaciar la casa de Besanzón.
- ¿Él estará presente? - Missy,
fue un día difícil. ¿Podemos...?
Claro.
Lo siento.
¿Sabes...? No tienes que preocuparte por Willy.
Ni siquiera tienes que ganar dinero ni hospedarte en lugares así.
Yo me encargaría de todo.
Eso han hecho con gran parte de mi vida.
Me gusta ganar mi propio dinero.
Te quiero.
Es por eso.
Gracias.
Esa no es la respuesta tradicional, pero la acepto.
Por ahora.
He pensado en esta nueva moda de las películas.
¿Podríamos adaptar Claudine para el cine?
Esto es de nunca acabar.
Podríamos escribir una historia nueva: Claudine en la playa.
No. Adapta una de las viejas.
Puede ser.
Atrápalo.
Ah, sí.
Qué triste.
Te extrañé.
- Mentira. - Claro que te extrañé.
Tu sonrisa ambigua, tu aguda inteligencia,
tus alegrías caprichosas, hasta tu furia breve pero violenta.
¿Cómo avanza el libro con Meg?
Terriblemente.
Puro picante sin literatura.
No es como tú. Nunca lo será.
¿Qué hacemos, Willy?
¿Terminamos?
No lo sé.
- No puedes. - ¿Por qué?
Porque te quiero.
Eres la única mujer a la que querría.
Alcanzas la máxima genialidad solo conmigo.
¿Ah, sí?
Sí.
Lo sabes bien.
Aún te hace falta tu director.
Entra.
¿Puedo dormir aquí, Gabri?
Sí.
Ven.
No puedo dormir.
Demasiado silencio.
Oye...
El silencio. Es aterrador, ¿no?
No. A mí me encanta.
Claro que te encanta, campirana.
¿Todo bien?
Hay algo que me preocupa.
¿Qué?
Ya no me acuesto con Meg.
Duermo junto a ella, pero no puedo...
No importa.
Sí importa.
Importa mucho.
- ¡Bravo! - ¡Bravo!
Colette, ¿cómo te fue hoy?
Nada mal.
¿Saldrás más tarde?
- Puede ser. - Madame Willy.
Monsieur Ollendorff. Hola.
Vine a Lille por asuntos familiares
y fue un gran gusto enterarme de esta presentación.
Fue muy amable que viniera.
Un auténtico espectáculo.
Se me ocurrió que si tienes tiempo,
podemos ir a cenar junto con la Marquesa.
Gracias. Nunca rechazo una cena gratis.
Sobre todo si es en tan augusta compañía.
Es lo menos que puedo hacer por ti, Colette,
después de tanta ganancia generada
y que se seguirá generando.
Habría querido hacerle una mejor oferta a Willy,
pero uno solo puede pagar lo que tiene.
Me parece que no comprendo.
Por Claudine. Por los derechos de los libros.
- ¿Willy te los vendió? - Sí, todos.
- ¿Te vendió Claudine? - Claro.
- Lo siento. Creí que... - ¿Cuánto recibió por ellos?
Me ofende en gran medida la implicación hecha en su carta.
Hace cinco años que hacemos negocios...
Tetette.
Quiero hablarte a solas.
Nos vemos luego.
Willy. Colette.
- ¿Qué pasó? - Cinco mil francos.
No seas melodramática. No quería que perdieras la casa.
- Te la entregué. - Le debíamos al banco.
Pudiste vender las novelas de Veber
o alguna otra novelucha. Lo hiciste para herirme.
¿No es verdad?
No me habrían pagado nada por el trabajo de Veber o de Schwob.
- Te lo pido. Cálmate. - ¿Por qué debería calmarme?
No haces más que hacer daño,
y crees que diciendo: "Soy un hombre. Así actuamos"
lo arreglas todo.
Lo que hiciste fue tan perverso como estúpido.
Ya no podremos disponer de los libros ni sacarles un centavo más.
Podemos escribir otros.
- ¡No! Nunca más. - Estás exagerando.
Fue una decisión comercial.
Igual que nuestro matrimonio.
¿No fui la mejor inversión de tu vida?
Sin dote, pero ¡vaya que hace dinero escribiendo!
De serlo, fuiste una inversión especulativa.
¡Te pagué mi deuda con creces!
Basta ya. Deja de hablar de dinero.
Eras mi ideal, mi amor, mi obsesión.
Mataste a nuestro hijo, Willy.
Esos libros
eran todo lo que teníamos.
Ya no están y no hay cómo resarcir su pérdida.
- Querida, Claudine era solo... - No.
No vengas a decirme lo que era Claudine.
Yo soy la verdadera Claudine.
Volqué en ese libro todos mis pensamientos y mis sentimientos.
Me vertí en ellos.
Mi niñez, mis recuerdos, mis opiniones...
Todo.
Y cuando recuerdo las horas que pasé sola,
afanándome por ti,
escribiendo una escena tras otra para complacerte...
¡Cuánto me avergüenzo!
Pero yo sabía y tú sabías
que acabaría haciéndolo.
Me hallaste cuando no sabía nada.
Me amoldaste a tus designios, a tus deseos
y creíste que nunca podría liberarme.
Pues, te equivocas.
Claudine está muerta. Ya no existe. La traicionaste.
Y yo...
Ya la he dejado atrás.
Por favor.
Por favor. Yo...
Fui...
¡Qué estúpido fui! Yo...
Me asusté.
Perdóname, por favor.
Adiós, Willy.
No, Gabrielle.
Gabrielle, por favor, no. ¡Gabrielle!
¡Detente, mi amor!
¡Te lo prohíbo!
Esa anotación es mía.
Eso es mío.
Mío.
Mío.
Fue una colaboración.
Qué descaro tiene.
Esto lo demuestra.
¿Me haces un favor, Héon?
¿Puedes destruirlos, por favor?
- ¿Seguro? - Sin duda.
Quémalos.
Incinéralos.
Muy bien, Willy.
Voy a salir.
Te quiero.
¡Mierda!
- En treinta minutos empezamos. - Gracias, Wague.
"Tras dos años de auditorios y teatro, sigo siendo la misma,
"de cara con la mentora maquillada que me observa
"del otro lado del espejo
"con una mirada profunda debajo de la pintura morada.
"Sé que me hablará,
"que me dirá: '¿Esa eres tú, esa que está sola bajo aquel techo
"que vibra y resuena bajo los pies de los bailarines?
"¿Qué haces ahí, tan sola? ¿Por qué no estás en otro lado?'.
"Sí, esta es la hora de la lucidez, la hora del peligro.
"Ahora, cuando me siento desesperar,
"no anticipo ya el final, sino un destello de buena suerte,
"algún milagro corriente que, como un eslabón brillante,
"viene una vez más a enmendar el collar de mis días".
¡Colette!
LA VAGABUNDA DE COLETTE, BASADA EN SU EXPERIENCIA EN LA GIRA
SE PUBLICÓ CON SU NOMBRE Y FUE BIEN RECIBIDA POR LA CRÍTICA.
LA RELACIÓN ENTRE COLETTE Y MISSY DURÓ MUCHOS AÑOS MÁS.
A MENUDO MISSY LA ACOMPAÑABA DE GIRA POR LOS TEATROS,
PERO NUNCA VOLVIÓ AL ESCENARIO.
LUEGO DE SU DIVORCIO, COLETTE NUNCA VOLVIÓ A HABLAR CON WILLY.
PAUL HÉON NO DESTRUYÓ LOS MANUSCRITOS DE CLAUDINE.
POR EL CONTRARIO, SE LOS DEVOLVIÓ A COLETTE,
QUIEN LUEGO LOS USÓ PARA DEFENDER SU AUTORÍA DE LA NOVELA,
LITIGIO QUE ACABARÍA GANANDO.
COLETTE PUBLICARÍA MÁS DE 30 NOVELAS Y ANTOLOGÍAS DE CUENTOS
Y SE CONVIRTIÓ EN UNA DE LAS AUTORAS MÁS CÉLEBRES
DE LA LITERATURA FRANCESA.
EN SUS ÚLTIMOS AÑOS, DECLARÓ:
"VIVÍ UNA VIDA MARAVILLOSA. DESEARÍA HABERLO NOTADO ANTES".
PARA RICHARD
Traducción: Diana Peñalver
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