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¿Hace mucho que no le ves?
Sí, mucho tiempo.
Mi Toni es el hombre más maravilloso del mundo.
El más bueno, el más generoso.
¿Y el tuyo?
A mi Giacomo no lo cambio por nadie.
Nadie tiene sus cualidades.
He tenido mucha suerte.
No quiero perderle.
¡Ahí está!
Cierra bien y cuidado con los ladrones, ¿eh?
¡Toni, amor mío!
¡Por fin... puedo tocarte!
¡Giacomo!
¡Casi me mata!
¿Giacomo D'Amato?
Sí, y por poco el difunto Giacomo D'Amato.
Entre.
Reflexionemos un momento...
Hace calor, ¿verdad?
Adelante.
Es insistente.
Un minuto.
¡Giacomo!
Maleducado.
Después de un año esperándole...
Y se va con la primera que se le cruza.
Perdone.
- Pero... - Silencio.
Verá, señora, yo en la prisión entro de forma provisional.
Sin embargo mi abuelo era fijo.
Oiga, ahórrese la historia de su familia.
Muslo de Fórmula 1.
Me entran los sudores.
¿Qué demonios quiere? ¿Matarme?
Querido, no se enfade.
¡Ah, entiendo!
Más que calor, está caliente.
Le gusta hacerlo con los expresidiarios.
La viuda cachonda...
Ojo, que soy caro, ¿eh?
- Anda, que no le cobro nada. - ¿Qué hace?
- ¡Venga aquí! - ¡Estese quieto!
Sólo quería saber si todavía funciona.
¿Si funcionaba yo o el respaldo?
Me llaman el insaciable.
Y después de un año en la cárcel...
Entonces todo va bien.
¿Recuerda a Inés Badoer,
conocida artísticamente, por decirlo así,
Inés Putitú?
¡Inés, esa putona! ¿Qué le ha pasado?
Se ha casado con mi hermano.
Vaya.
Soy la Condesa Magda Buzaccheroni,
viuda de Visigatto.
- Spaghettis Buzaccheroni. - Exacto.
Muy buenos.
Verá...
Lo que quiero es que se acueste con Inés.
- Lo siento, pero... - No, sé perfectamente...
Que usted en el pasado fue el amante de Inés.
- En resumen... - Por eso le he buscado.
Me pregunto por qué se preocupa tanto de su hermano.
Olvídelo, eso no le incumbe.
Vaya al grano.
Es decir, a Inés.
Sepa que hay...
Diez millones para usted.
Si me proporciona pruebas de los hechos.
No, no, no, no. Yo quiero verlo claro.
A ver.
¿Diez millones por tirarme a la Inés?
¿Qué hay detrás de esto?
Ya le he dicho que no le incumbe.
Mañana se presentará en la casa. Ya he preparado todo.
Se presentará como chófer y mayordomo.
- ¿Queda claro? - Claro.
Cómprese un uniforme decente, por favor.
A propósito, un pequeño detalle.
Será mejor que se haga pasar por un poco...
Afeminado.
Y también pederasta.
¿No será porque su hermano quiere montarme?
No, no se preocupe. Es paralítico.
Pero, verá...
Siente muchos celos por Inés,
y así, si no sospecha, su tarea le será más fácil.
Entiendo.
Muy bien. Hay que ver lo que se hace por el hambre.
La dirección.
Aquí tiene.
Y ahora bájese.
Venga, fuera.
¿Me abandona en mitad de la carretera?
Sí, es mejor que no nos vean juntos.
- ¡Fuera, fuera! - Hay que joderse con estos ricos.
Todos extravagantes, ¿eh?
Pero se os acabará.
Se os acabará, sí.
¡En las elecciones nos vemos!
¡Qué cosas!
¿Me lleva?
Y con este sol.
Y a los ricos les cantas.
Antes de que anochezca espero que pare cualquier idiota.
Gracias, hermana.
¿Qué le decía?
Mi hermana está preocupada y no puede quedarse en casa.
Me espera siempre en la calle.
Adiós.
¡Por fin! Llevo todo el día buscándote.
- Hola, Cicci. - ¡Desgraciado!
¿Dónde has estado hoy?
¿Y quién era esa puta de negro?
Nadie.
Es un trabajo de espionaje a nivel intrafamiliar.
Sí, así esta vez en lugar de caerte un año de cárcel te caen diez.
No empieces a hacer de adivina, ¿eh?
Además, ¿por qué has cambiado de zona?
Estaba harta de ver siempre las mismas caras.
Pero qué guapa mi hermanita de la caridad. ¿Echamos un polvo?
¿En la calle? ¿Es que no puedes esperar un poco?
Hace un año que espero. Vamos, túmbate.
Pero eso es la basura y apesta.
Apesta a quemado porque tengo un lanzallamas en la entrepierna.
Así, así...
Arriba el vestido, abajo las bragas. A ver si todavía me acuerdo.
Así.
Quieta, que estoy centrado. Quieta.
Así.
Pero no se puede hacer nada.
¡Mira eso!
Son peores que los perros.
Vamos a ver si con el agua se despegan.
Vale, vale.
Démonos prisa que llueve.
Uno, dos y tres.
- Gracias. - Adiós, cielín.
Adiós, maricón.
Te haces el valiente, ¿eh?
Te meto una mano por la boca y la otra por el culo
y me hago un manguito para el invierno. ¡Adiós, guapa!
Mire que no puedo hacerme más el marica.
¿Dónde está mi habitación?
- Por aquí. - Gracias. Vaya caballo.
- Josué. - ¿Sí?
Este es Giacomo, el nuevo mayordomo.
Señor Conde.
Señora Condesa.
No te preocupes, tiene buenas referencias.
¿Tú qué piensas, Inés?
Bueno, si es lo que quieres...
¿Señor o señora?
Señorita, por favor.
¿Con bigote?
Marica con bigotito siempre da gustito.
Me ha convencido.
- Está bien. - Venga.
Le mostraré su habitación.
Con permiso.
Enhorabuena por la silla de ruedas, bonito modelo.
Pero este no es marica, este...
Ha salido de un manicomio.
Mira que gente tengo que meter en casa por tu culpa.
¿Por mi culpa?
Te has olvidado de tu pasado.
Y así que, querido Monseñor, viene usted de Francia.
Un país excéntrico.
He leído en los periódicos que las putas están agitadas.
Ocupando las iglesias...
Reclamando, en resumen,
un reconocimiento oficial.
Y un registro. Un registro profesional.
No he entendido nada.
¿Puede decirle al señor por qué estoy aquí?
Señor Conde, Monseñor no entiende muy bien el italiano.
Quería noticias de esa licitación de spaghettis para los colegios.
Dígale a Monseñor que puede estar absolutamente tranquilo.
Porque la palabra del Conde Buzaccheroni va a misa.
Pero qué gran corazón tienes.
Cuánta caridad haces, tito.
¡Cállate, rojo!
¡No consiento que se hable así en mi casa!
No, querido, el niño sólo quería decir...
¡Cállate!
Sé perfectamente qué es lo que quería decir.
Es un anarquista, un sinvergüenza, un revolucionario.
Un subversivo que escupe en el plato donde come.
Don Liborio, ha hecho el dulce que tanto le gusta.
Qué grata sorpresa.
¡No!
Es pecado de gula.
Detesto ese dulce.
Tráeme mi Fernet Branca.
Aquí tiene.
Aquí tiene.
Por San Benedetto del Tronto.
¡El dulce!
- ¿Qué haces? - Le pido disculpas.
He perdido el equilibrio.
¿Cuándo has tenido equilibrio? Tú naciste desviado.
Además, quién sabe qué zapatos usas.
A ver qué zapatos llevas.
Bota negra de medio tacón de piel de cabra.
Normal.
Lo sabía.
Yo uso las mismas.
Bueno, verdaderamente con la sotana va mejor el tacón alto.
Perdón.
Con permiso.
Aquí ya no te puedes fiar de nadie,
esto es influencia de los extranjeros.
Aquí tiene.
Como quiera.
¡Come!
Tu cornudo marido también vivía a mi costa.
Porque verá, si estoy aquí,
aquí atado,
es por culpa de su difunto.
El día del accidente de coche, también iba yo.
¡Tío, no tolero que hables así de mi padre! ¿Te enteras?
- ¡Marco! - ¡Idiota melenudo!
¡Si no dejas de tocarme los cojones, te echaré de casa para siempre!
No le hagas caso, es por tu bien.
¡Cretina! ¿Será posible que no te enteres?
Los dulces deber hacerlo para el vejestorio, no para Don Liborio.
¿Qué crees que vas a ganar, un billete para el paraíso?
Me los había pedido él. Lo hizo.
Del Conde es de quien debes ocuparte.
Complácele, cúrale, hazte indispensable.
Sabes muy bien que si le doy esto de confianza él se la toma hasta aquí.
Dásela, dásela. Dale esa confianza.
¿Qué te vas a hacer ahora, la quisquillosa?
¿Quieres o no quieres que te deje algo en el testamento?
Sí, pero ya sabes lo salido que está.
Estos también están tramando.
Son tramadores. Aquí trama todo el mundo.
Es un vicio de la familia.
Dios mío, acuérdate en mí.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa...
Pero Felice, siempre rezando.
Suelta alguna blasfemia, o acabarás demasiado puro
y en lugar de parar en el cielo, entrarás en órbita.
Adiós, guapo.
Señora Condesa.
Precisamente quería verle.
Tengo la impresión de que se ha tomado
demasiado en serio su trabajo de mayordomo.
Intento hacerlo lo mejor posible.
Lo hace muy bien,
pero le recuerdo que le contraté para un asunto muy concreto.
A propósito de eso, yo también quería hablarle.
Creo que tenemos que hacer un pequeño ajuste en nuestro acuerdo.
¿Ajuste?
¿En qué sentido?
En los de esos diez millones que me ha prometido por...
copular con su cuñada.
¿Y bien?
Viendo lo que está en juego, me parece muy poco.
¡Está loco!
¡A mí me parece una suma enorme!
¿Me ha tomado por una millonaria?
Usted no, pero su hermano sí.
¿Y en qué consistiría ese ajuste?
Treinta millones. ¿Me permite, Sra. Condesa?
Un trabajo de primera, ¿eh?
¡Desgraciado, sinvergüenza, chantajista!
Señora, no me recogió en la puerta de ningún orfanato.
¡Yo le mato!
¡Le haré pedazos y se los echaré a los perros!
- Le daré quince. - Treinta.
Apiádese de mí.
Soy una pobre viuda.
Sola. Con un hijo al que mantener.
¿Sabe que ese loco de mi hermano le va a dejar todo el dinero a su mujer?
Condesa Magda, no me toque...
Condesa Magda, la boca...
O treinta millones o me largo.
¡Está bien! Le daré treinta millones.
Pero ojalá se vuelva impotente.
Espere sentada.
¿Cuándo entrará en acción?
Mañana, Sra. Condesa.
Como un topo, como un topo.
Tú nunca cambias.
Guarrilla, cómo te gusta cuando trato mal a la cucaracha de mi hermana, ¿eh?
Con ella has estado bien.
Pero, ¿qué necesidad había de ensañarse con el pobre Marco?
Me cae mal porque es un pajillero.
¿No has visto lo pálido que está? ¿Y esas ojeras?
Pero dejemos de hablar de ellos.
Desnúdate.
Quiero verte desnuda como Dios te trajo al mundo.
- Josué, por favor. - Como te trajo al mundo. Desnuda.
- No empecemos. - ¿Por qué?
- Sabes lo que digo. - ¿Por qué?
Cada esfuerzo, cada emoción, puede ser peligroso.
Madre mía, qué culo.
¿Te recuerdo lo que ha dicho el médico?
Tienes razón, tienes razón.
Soy un desgraciado.
No soy capaz de resistirme a la tentación de tu cuerpo,
de tu belleza.
¿Qué dices?
Te quiero mucho, y te quiero vivo.
¡No! ¡No! ¡Quiero morir, quiero morir!
Pero antes merezco un castigo.
Una humillación.
Vamos, ven aquí.
Ven aquí. Acércame tu piececito.
Acércame tu piececito, te lo tengo que...
Besar.
Besar...
Ven.
Te lo he dicho mil veces. Esas cosas contra natura no me gusta.
Además, tengo cosquillas, ya lo sabes.
¡Asquerosa, guarra, indigna!
Hasta un piezucho me niegas.
¿Y se supone que voy a dejarte todo mi dinero?
- Ya está bien. - ¡Nunca!
Pero si luego te sientes mal, peor para ti.
Qué buena eres, cariño.
No te preocupes, ven aquí.
Mi dulce mujer, queridísima, ven.
- Ven, ven. - ¿Ya estás contento?
Sí, amor, sí.
¿Dónde vas a encontrar a una mujer como yo?
Dispuesta a satisfacer todos tus caprichos.
En cualquier puticlub, querida.
En cualquier puticlub la encuentro...
Dios.
¿Por qué has tardado tanto?
Cada vez me da más miedo. Creo que todo el mundo me ve
y luego la cuerda va y se rompe. ¿Sabes que golpe?
Vamos, no lo pienses más. Aquí está tu tita para quitarte el miedo.
Vamos, mira.
¿No quieres tocar a tu tita?
¿Te gusta? ¿Te gusta tu tía? Te gusta, ¿eh?
Sí, sí...
Dime que te gusta.
Tía...
¿Adónde vas?
- Marco, muévete. - Sí, sí...
No me lo dejes siempre todo a mí.
Hago algo.
Tócame.
- Te gusta, ¿eh? - Sí, sí...
- ¿Por ahora voy bien? - Sí.
Sí, sí.
¡Inés!
- ¡Inés! - Es el tío.
¿Dónde estás?
¿Quién era el que ha gritado?
Soy yo, estoy en el balcón.
¡Inés, ven!
Ven dentro que sabes que me da miedo quedarme solo.
- ¡Ven! - Sí, querido, ya voy.
Con permiso, Sra. Condesa.
Sra. Condesa...
Sra. Condesa...
Inés.
Inés.
Qué rica.
Inés.
- ¿Qué haces, loco? - Hola, Inés.
¿Qué confianzas son estas? ¿Cómo se lo permite?
Sí, sé que he engordado, que tengo bigote
y el pelo canoso, pero no me digas que no me reconoces.
¡Déjelo!
Mira qué espalda, como de contrabandista del Valle Brembana.
- ¿Está loco? - Inés, ¿qué tienes aquí?
- Qué hermosura. - ¡Pare!
Qué cosas, qué cosas...
Pare, pare, no lo aguanto.
Sois una familia de viciosos y lo sabes.
Para ya, gilipollas.
Esta es mi querida Inés.
Han pasado los años, pero la clase es siempre la misma.
No, te equivocas. Ha cambiado todo.
Tú eres un criado, y yo soy una condesa.
¿Cómo que condesa?
Para mí siempre serás mi querida, dulce e inolvidable Inés.
Olvida el pasado.
Pero dime una cosa,
¿cuánto tiempo hace que te has pasado a la acera de enfrente?
Cretina, ¿no te lo habrás creído?
Te he buscado porque siempre te he querido.
¿Recuerdas lo bien que estábamos juntos?
¿Bien? Pero si nos aburríamos del hambre.
Pero en la cama no te aburrías.
¿Cómo puedes aguantar a ese viejo?
Tú, tan fogosa, siempre dispuesta, caliente, exigente...
¿Echamos un polvo?
No, he descubierto que el sexo no lo es todo.
No me creerás, pero quiero a mi marido.
A veces es un poco brusco.
Pero... Pero tiene un corazón de oro.
El oro siempre te ha gustado.
A mí también me decías que lo tenía de oro, pero no el corazón.
Cuánta razón tienes, Inés.
El sexo no lo es todo...
- Vete. - Sí, luego.
- Vete, por favor. - Sí, pero contigo.
- ¡Vete! - Ahora.
¿No puede empujar tu mujer este cacharro?
Tengo un montón de cosas que hacer.
Siempre protestando.
Esa estúpida salió al balcón anoche,
cogió frío y le duele el estómago.
Podrías calentarla tú.
Cuidado con lo que dices, te exijo más respeto para mí y para mi mujer.
Entonces quien debería empujarte es Giacomo.
No voy a dejar que me empuje un maricón.
Además le he ordenado que le lleve el desayuno a Inés.
¡A la cama!
Ven aquí. El lobo pierde el pelo, pero no el vicio.
Y tú no has perdido...
Ni lo uno ni lo otro.
Comprendo que te hagas pipí, pero ¿por qué tienes que hacerlo en mi baño?
¿En dónde me escondo? ¿Debajo de la cama, en el armario?
- Ahí, en el baño. - En el baño... Sí.
- Hay una ventana. - Tápate, soy muy celoso.
En el baño. Saldré por la ventana, como el depredador del amor.
¡Ay, qué dolor!
Mi querida Inés.
¿Todavía no se te ha pasado el dolor?
¡Qué mala!
¡Qué mala estoy!
Oh, pobrecita.
Seguramente cogiste demasiado frío anoche.
Se ha escapado por la ventana.
Sr. Conde, ¿cómo explicárselo?
En esta época, en la era espacial,
ya nadie compra objetos sagrados, como las velas.
A saber qué hacen los italianos con el dinero.
Me parece que se gastan todo el dinero en cosas superfluas.
Luz eléctrica, teléfono...
Carne.
¿Qué es eso, un trueno?
Para mí, que se acerca una Honda.
¡Una honda!
No estamos en la playa, no digas gilipolleces.
¿Es usted el Conde Josué Buzaccheroni?
Sí, ¿y usted es...?
Hace veinte años.
San Remo, Hotel Splendid, ¿lo recuerda?
Sí, hace veinte años.
San Remo...
Sí, claro, creo que lo recuerdo.
Fueron unas vacaciones inolvidables,
una época estupenda, maravillosa, divertida...
Por entonces usted no dejaba ni una viva, ¿eh?
Hija de mi vida, antes no estaba sentado,
atado a esta silla de ruedas.
¿Se acuerda de Blanca Squarcialupi?
- ¿Blanca qué? - Squarcialupi.
La conoció una noche en el casino.
Ella lo había perdido todo y usted, generosamente, la ayudó.
Ah, sí, sí. Ahora la recuerdo.
Blanca, claro. Una mujer guapísima.
Se quedó sin pelada en la ruleta y yo...
Yo le ofrecí dinero.
¿Le diste dinero a una mujer?
Era un préstamo. ¡Un préstamo!
¿Y te lo devolvió?
No, ella no podía.
Y le exigió que se acostara con él durante seis meses.
¿No es verdad?
Ah, sí. Una historia bastante divertida.
Ella no quería, pero yo me mantuve inamovible.
Hay cosas en donde no cedo.
Un préstamo es un préstamo.
Y usted le hizo pagar hasta los intereses, ¿no?
Quizás usted no me creerá, pero...
Después de unos pocos días, ya no me acordaba del dinero.
En serio.
Porque Blanca me gustaba mucho.
La amaba.
La amaba de verdad.
Pero...
Entonces un día se quedó embarazada.
Y desapareció sin dejar rastro.
La busqué por todas partes, pero...
Se había volatilizado.
No pude encontrarla.
Sí, es cierto.
Se volatilizó.
Porque tenía miedo de que la obligase a abortar.
¿Y usted cómo sabe todas esas cosas?
Porque nací a los pocos meses, Sr. Conde.
Soy su hija.
¿Mi hija?
¡Mi hija!
- Mi corazón. - Sr. Conde, por favor.
Mira en qué estado le has dejado.
No tienes ninguna prueba para demostrar lo que afirmas.
Con esa fórmula podrían presentarse aquí todos los bastardos de Italia.
Gracias, señora.
Demasiado fácil, demasiado cómodo.
Si quieres dinero, te lo daremos.
Con tal de que te vayas.
¡Qué vulgaridad!
Mi marido es gilipollas, pero no hasta el punto de creerla.
Gilipollas lo serás tú.
Papá...
¡Papá un carajo!
Está bien.
Entonces, tú también crees que esta zorra
es una impostora, ¿no es verdad, querido?
Podría ser, pero...
Pero sabe muchas cosas
de mi pasado.
Demasiados detalles, ¿sabes?
No obstante...
Hay una señal infalible para reconocer si es de nuestra familia.
¿Se refiere a esto quizás?
El mismo.
Magda.
Ponte junto a ella.
Vamos a ver si los lunares son iguales.
Seguro que no serán iguales.
Ahora te toca, Marco.
- No. Pero... - Marco.
- ¡Tío! - Bájate los pantalones.
Venga, vamos, señorito.
Hágalo por el Sr. Conde, que está malo.
Vamos, a ver ese culito.
¿Le echo una mano?
Largo.
Está bien. Qué más dará, lo he hecho tantas veces...
Esta historia tiene algunos lunares.
¡Tres lunares, todos iguales!
Parecen tan... Perfectos.
Padre, ¿usted qué opina?
A mí me parecen exactamente iguales.
¿Y tú, Giacomo?
Parecen iguales,
pero si me lo permite,
el del señorito Marco es el más fino.
- ¿Son iguales o no? - ¡Idénticos!
Yo no estoy tan segura.
Entonces son iguales.
- Ven, hija mía. Ven. - ¡Papá!
Tenemos tantas cosas que contarnos...
Marchaos.
Marchaos todos, quiero estar a solas con mi niña.
Cariño, ¿por qué no has venido antes?
¿Por qué esa tonta de tu madre no te trajo antes?
- ¿Por qué? - Tenía miedo.
- ¿Miedo de qué? - De no ser bien recibida.
Además, nunca me dijo quien era mi padre hasta el final.
¿Está muerta?
Me dejó esto para ti. Léela.
La leeré luego, cuando esté solo.
Ahora tú estás aquí.
Conmigo en esta casa que ahora también es tuya.
Hemos perdido tanto tiempo...
Quiero pasarlo todo junto a ti, con mi niña.
Sé fuerte, Giacomo, sé fuerte.
Delante tuya no hay nada. Hay un jardín desierto frente a ti.
No mires.
Condesita, su cóctel de zumos.
Gracias.
No estás avergonzado, ¿no?
Además, ¿a ti qué efecto te va a causar?
Ninguno, oiga. Absolutamente ninguno.
Bueno, para evitar incidentes me cubro.
Eso, así está mejor.
¿Qué pasa, estás nervioso?
¿Yo? ¿Qué cosas dice, Condesita?
No, solamente pensaba...
Decía...
Si yo tuviera un cuerpo como el suyo,
conquistaría el mundo, oiga. El mundo.
- Con permiso. - Claro.
Perdona, no quería despertarte. Perdona.
¿Pensabas de verdad que estaba dormida?
Oye, ven aquí.
- No quería... - Oye...
¿Quieres ir a por la manguera?
¿La manguera?
- Sí, anda. - La man... La man...
Vamos, muévete.
- ¿Para regar el jardín? - Vamos, date prisa.
Sí, sí.
Vamos, rápido, venga.
¡Qué loco!
- ¡Está helada! - Sí.
Venga.
- Date la vuelta. - Está muy fría. Basta.
Venga, para.
¡No!
Deja de hacer la idiota.
Además, la manguera es mía.
Devuélveme la manguera.
Devuélveme la manguera.
Devuélveme la manguera.
La man... La man... guera.
¿Qué estáis haciendo?
Señorita,
el hecho de que mi marido haya hecho la tontería de reconocerla como su hija
no le da derecho a comportarse de forma indecente.
Vístase.
Sí, señora maestra.
Y no vuelva a regar a mi sobrino, que es de constitución endeble.
Veo que hoy tienes ganas de jugar, chavalito.
Reserva toda esa fuerza para esta noche.
¡Estúpida!
¡Marco!
- Estás loco. - Sí, estoy loco.
Me he convertido en Tarzán para llegar a mi Jane.
Será mejor que vuelvas a la selva.
Por favor, al menos un trabajito artesanal hecho a mano.
¡Largo de aquí!
Bofetón de gorila que me acabo de llevar.
Está bien, lo pillo.
Me amaré yo solo, uno se basta y se sobra.
¡Mierda, mi pierna!
¡Joder, qué daño!
La guapa brasileña, viene tempranito a hacer su trabajito.
¡Brasileña! ¡Rumba, ay, ay, ay!
Y cuando enciende las luces de colores a todos le entran las calores.
Vaya.
Aquí estás, limpiando también la selva.
No te burles porque haré una buena limpieza con esto, ¿eh?
Anoche casi me parto el fémur.
No me burlo de ti.
Giacomino, perdóname por lo de anoche,
pero quería estar segura de que me quieres, ¿comprendes?
- Inés. - Sí, cariño.
Tu Inés ha vuelto. Te espero esta noche.
Volveremos a empezar de nuevo.
Sí, esta noche, cariño.
¡Qué coño estáis haciendo!
¡Inés, desgraciada!
¡Te lo montas hasta con el marica!
Le estaba enseñando a la señora un paso de baile brasileño.
¡Chica-bum mis cojones!
¡En esta casa no te puedes fiar de nadie!
¡Un eunuco es lo que hace falta! ¡Un eunuco!
Josué, no seas ridículo.
¡Y tú no seas una zorra!
Contrata inmediatamente a una criada.
A ese no le quiero volver a ver en nuestro dormitorio.
¿Una criada? ¿Con todo este personal y con lo que cuesta?
¡El dinero es mío y sólo mío!
- ¡Me desespero...! - ¡Está bien!
Puedes tirar por la ventana tu maldito dinero.
Y ahora no quiero hacer las paces y no vas a heredar.
Marco.
Pero Suzie, estoy desnudo.
Me estoy bañando.
Bueno, ¿y qué pasa? ¿Te da vergüenza?
¿A mí?
No... No.
¿Entonces tú eres fotógrafo por devoción o...?
¿O para satisfacer tus deseos sexuales?
Por devoción.
Mentiroso.
Yo conozco a los fotógrafos.
Hice de modelo durante un tiempo.
Son todos unos salidos.
¿Qué quieres, ofenderme?
Me gusta el desnudo...
Pero el artístico.
Sí. A ellos también les gustaba el desnudo artístico.
También me fotografiaron... Bueno...
Olvidémoslo, venga.
¿Y por qué te dejaste fotografiar el...?
¿El "olvidémoslo, venga"?
Por dinero, claro.
Oye,
dime una cosa.
¿No te excitas nunca?
Ahora, por ejemplo.
¿No estás excitado?
No. ¿Yo? Ni lo más mínimo.
Eso es el jabón.
¡Vaya!
No estás excitado, ¿eh?
Suzie...
Suzie...
Suzie...
¡Suzie!
- Para. - No.
- Déjame. - No.
¡No!
Basta ya. Vamos, déjame.
Quédate aquí.
Mira cómo me has puesto.
Pues anda que como me has puesto tú.
Eres como un crío.
¿Y me dejas así?
Hay que ser autosuficiente en esta vida.
¿Más aún?
Entra.
¿Duerme?
No te preocupes, le he dado un somnífero. Triple dosis.
No se despertará hasta mañana.
¡Qué bien!
Vamos a la cama.
No, vamos a la terraza.
- ¿Has preparado algo allí? - Oh, no.
Pero en la terraza nos vamos a quedar helados.
Giacomo.
- Me estrangulas. - ¡Cuánto me has hecho esperar!
Ven, bésame.
Desnúdame.
¡Mátame!
Te mato, te parto un fémur...
Te rompo el esternón...
Te mando a urgencias...
¿Me sientes?
¿Me sientes?
¡Dime que me sientes!
A la fuerza te siento. Me estás gritando en un oído.
Si sigues así te va a sentir también él.
El Bondone, el Falzarego, voy a hacer el Giro de Italia.
¿Vamos dentro?
Sí, mejor, porque cogí reuma en la cárcel
y me duele como la madre que me parió.
Qué imbéciles.
¡Qué bien!
No es la primera vez, Inés.
Sí, siempre es lo mismo.
- ¿Te acuerdas de Madrid? - Sí.
- Mientras hacíamos el amor. - Sí.
- Tú también tocabas las castañuelas. - Ah, sí.
¡Qué bien!
Y me pillaste las pelotas con las castañuelas.
¡Ah, sí!
¡Qué bonito!
¡Qué daño!
¡Qué momento!
Amor mío, amor mío.
¿Es que vamos en góndola, zorra?
- Está soñando. - No tanto, ¿eh?
Amor mío.
Acaríciame. Sí, acaríciame todo, así.
Sí, la cabeza, todo, acaríciame todo...
Así, qué gusto.
¿Acaso tienes tres manos?
Me está tocando el culo.
Lo hace siempre. Es un vicio de familia.
Entonces que te toque el tuyo mejor, ¿eh?
Sí.
¡Qué ruido, cómo ronca! Esto parece un bosque.
¡Qué fastidio!
Qué bueno eres.
Así...
¡Qué bien! ¿Te acuerdas de San Sebastián?
Cuando cabalgábamos en la playa.
Otros tiempos, otras cabalgadas.
¡Silencio!
Vamos.
¡Qué gusto!
Me ha traído recuerdos, ¡qué caballo!
Para, para, Inés, que hemos llegado.
Qué gusto, qué momento.
Oh, Inés...
Qué feliz estoy.
Ahora sé que todavía me quieres.
Y yo voy a ser sincero contigo.
Fue Magda la que me hizo venir aquí.
- ¡Zorra! - Eso.
Quería comprometerte para que perdieras la herencia.
No. ¿Y tú...?
- ¡No! - Pero no seas idiota.
Los dos juntos desharemos su plan.
Necesitas un hombre como yo.
Uno que te cuide las espaldas.
Vete, Giacomo. Hablaremos mañana.
Este pobrecito es tan bueno...
Nunca pensaría de mí que tengo un amante.
¿Quieres que me arrepienta?
¿O que vuelva a ser el cómplice de Magda?
¿No comprendes que te quiero? Te quiero.
Estamos de nuevo juntos, Inés.
¿Se puede saber qué haces aquí?
Vete a cagar.
¿Cómo voy...
a saber que dices la verdad?
Es la verdad.
Tú y yo, juntos para siempre.
Sí, cariño. Tú y yo juntos siempre.
Para toda la herencia.
- Para la eternidad. - Sí, claro.
- Ven aquí. - Cariño...
Querida...
Si este al menos roncase a ritmo, pero va a destiempo.
Condesa Magda.
- ¿Puedo ponerme cómodo, señora? - Adelante.
Disculpe, Don. Liborio, ¿puedo hacerle una pregunta?
Sí, querida.
Bueno, cuando mueren...
¿Dónde acaban los mariquitas?
¡Suzie!
¡Pero qué clase de pregunta!
Déjela, Condesa.
Siempre que Giacomo no se ofenda.
Pero, Padre...
Bien, ¿cómo que dónde acaban?
Quiero decir, ¿al paraíso o al infierno?
Sin duda, al infierno.
Claro.
¿Y los que fingen?
¿Qué quieres decir con "fingen"?
Sí, aquellos que fingen serlo.
¿Y quién es el idiota que se hace pasar por un maricón?
- Disculpe, Padre. - Está bien, está bien...
Bueno, es un títere, por supuesto, ¿no?
Me parece que si a una situación anormal se le suma la mentira,
la sentencia sólo puede ser una. Al infierno.
Perdona de nuevo, Giacomo, no te ofendas.
Pero, Padre...
Se ve que los mariquitas están mejor al gratén.
Los mandan a todos al infierno.
Qué pena que Giacomo sea marica.
Porque...
Como hombre no está nada mal.
¿Hombre?
Pero si está hecho una mariquita loca.
De todos modos, debería despedirle, ya que hoy llega la nueva criada.
¿Cómo está el agua, Giacomo?
Óptima y abundante, como el rancho.
¿Me das una vuelta en la zodiac?
Con gusto.
Aquí no le dejan a uno comerse ni una rosca.
Oye, Giacomino, ¿has estado con alguna mujer?
¿Con una mujer?
Bueno, sí, una vez. Pero apenas...
¿Y yo no te gusto?
Pero Condesita, ¿qué quiere que responda?
Claro, me gusta muchísimo.
Pero soy así, cuando veo a una mujer...
Como una cosa que se cae.
En cambio, usted...
En resumen, no me tocarías ni con un dedo.
Bueno...
Con un dedo puede que sí.
Sí.
¿Sólo con eso?
Eso. Sólo con un dedo.
¡Qué calor!
- Voy a bañarme. - Es lo mejor.
Giacomo, por favor, pon a secar el bikini.
Ha hecho bien en quitárselo.
Tiene que pasar un calor con esto...
Santa Margherita Ligure.
Agresión salvaje.
Sin heridas graves.
Son un año y seis meses, a nueve meses por cada teta. Vale la pena.
Yo me tiro, ¿eh?
¡Me tiro!
¡Ay, Dios!
¡Ay, Dios!
¡Ay, Dios, la cabeza! ¡No me ha dicho que se hacía pie!
¡Ayuda! ¡Socorro! ¡Ayuda!
¿Necesitas ayuda?
¡Oh, Suzie! ¡Sí, sí!
¡Giacomo!
No eres homosexual.
Claro.
Soy un homosexual lésbico, una nueva categoría.
Finalmente te has descubierto.
No puedo mentirme a mí mismo.
El que dice una mentira no es hijo de María.
¿Por qué lo finges entonces?
Lo comprendí todo cuando te vi con Inés en la cama.
¿Con Inés?
Sí, claro.
Incluso os hice también unas bonitas fotografías.
Sales muy bien. Tengo que felicitarte, estás en forma.
¡Ay, Dios!
¡Ay, Dios, estoy perdido! ¡Me muero!
¿Perdido? ¿Qué quieres decir?
Es una larga historia.
¡Oh, Suzie, consuélame un poco!
La vida es dura, Padre.
Puede que algún día, yo también necesite ayuda.
¿Usted, Condesa? Está bromeando.
Usted sabe bien hasta dónde puede llegar la maldad humana.
Incluso en la familia se tienen enemigos.
Y yo...
Estoy así, tan sola.
Yo estaré a su lado.
No sé de qué está hablando, pero...
Estaré dispuesto a ayudarle.
Si supiese cómo me ayudan sus palabras...
Si lo necesito...
¿Si lo necesita?
¿Puedo contar con su apoyo?
Pues claro.
Apoyo moral.
Y si está en mi mano...
También material.
Gracias.
Gracias.
Si supiera el peso que me quita de encima.
Naturalmente, sabré agradecerle dicha ayuda.
¿Qué dice, Condesa?
Ni siquiera en broma.
Estoy a su entera disposición.
Desinteresadamente.
Ahora sé que puedo contar con usted.
Absolutamente.
¿Volvemos?
- ¿Dónde? - Con los otros.
Ah, sí.
En resumen, todo gira en torno al dinero de tu padre.
No es una mala idea después de todo.
Claro que la parte legítima me pertenece por derecho.
Pero el grueso del montante está libre.
- ¿Yo te gusto? - ¿Y me lo preguntas?
¿Y tú harías una pequeña treta conmigo?
Es un vicio de familia, ¿eh?
Las pruebas contra Inés ya las tengo.
Si además podemos comprometer a Magda,
papá me dejará todo a mí.
¿Entiendes?
Entiendo.
Es un poco inmoral, pero...
Mira quién habla de moralidad.
De todas formas tienes que decidirte.
O estás conmigo, o con Magda o con Inés.
Contigo.
Contigo, contigo, siempre contig...
¡Oh, Suzie!
Es la primera vez que hago el amor en apnea.
¡Giacomo!
Eres el mejor de los buceadores.
Aquí está el fotoerotómano.
Aquí está el vampiro.
He venido para ver si necesitabas algo.
No, no necesito nada, gracias.
¿Verdad que no vas a decir nada de lo que has visto?
Buenas tardes, me envía la agencia.
Soy la nueva criada.
Marco, no me toques.
Ayúdame a bajar, vamos.
¿Pero quién te toca? Ni siquiera me gusta.
En definitiva, ¿comprendes que no puedes quedarte aquí?
Trabajo aquí, tengo un gran negocio entre manos, y si va bien, va bien para los dos.
Quiero estar cerca de ti.
No quiero que te metas en otro lío.
Últimamente no haces más que entrar y salir de la cárcel.
Que no puedes quedarte aquí, me comprometes.
Giacomo, yo no me voy.
Encontrarte no ha sido fácil.
Por suerte una amiga te vio con el coche del Conde y me lo dijo.
La mafia de las aceras.
De hecho, somos muy amigas.
Después, otra amiga me dijo que aquí buscaban a una criada...
¡Cuánto hablan estas putas!
Lo pero vino luego.
Fui a apuntarme a la agencia, pero no tenía referencias.
¿Cómo, si eres conocida en toda la región?
Sí, pero no como criada.
No sabes lo que he tenido que hacer para que me contraten.
Mira.
Mira, no me lo cuentes.
Quién sabe lo contentos que estarán los empleados de la agencia.
¡Basta, estoy harta!
Yo me sacrifico por ti, y tú me tratas así.
Valiente gratitud la tuya.
Qué guapo estás.
Pareces un salvavidas.
Pero de playa.
Ah, bueno.
¿Has olvidado que estamos hechos
para estar maravillosamente juntos
como Mina y Alberto Lupo?
Mina y Alberto Lupo nunca han estado juntos,
era sólo para el disco, ignorante.
Entonces como el pan y el tomate.
Como el melón y el jamón.
Qué romántica eres.
El Secretario de Estado americano Kissinger,
visitará de nuevo Oriente Medio con una maleta llena de promesas.
No me interesan en absoluto las noticias de política ni de economía.
Quiero la crónica de sucesos, noticias sangrientas. ¡Sangrientas!
Niño estalla de salud, ocho muertos. ¿Le gusta?
No me tomes el pelo. ¡Sigue!
Octogenario mata a su mujer de veinte años con sesenta puñaladas
que equivalen a la diferencia de años entre ambos.
- Le habría sido infiel esa infame. - No.
Parece que la pobrecita no era experta en cocina.
De todas formas hizo bien, porque el matrimonio es una cosa seria.
Vosotros, los jóvenes, no queréis entenderlo.
- ¿Se puede? - Pasa.
¿Y ésta quién es?
Es la nueva criada.
Soy Marisa, la nueva criada personal del Sr. Conde.
Ya veo, ya veo, ya veo, ya veo.
Bien, bien, bien...
¡Por fin dejaré de ver tu fea cara!
¡Largo! ¡Largo! ¡A trabajar!
¿El periódico?
Dáselo a ella.
También sabrá leer.
Trabajadora sexual asfixiada por un guisante.
Maricón poco inteligente encontrado apuñalado en el vestíbulo.
¿Entonces?
¿Entonces qué?
¿Cómo que qué? ¿Qué pasa con Inés?
Nada, no había nada que hacer, Sra. Condesa Magda.
Nada, dice que quiere a su marido y que lo respeta.
Lo he intentado de todas las formas...
Mire, no quiero presumir,
pero no hay una mujer a la que no le haya quitado las bragas.
- No sea vulgar. - Perdón.
Sin embargo, estoy empezando a pensar que...
¿Qué?
Hay dos posibilidades.
O ha cambiado de verdad...
No me hagas reír.
O sospecha algo y se hace la tonta.
También hay una tercera posibilidad.
¿Cuál?
Que te has puesto de acuerdo con Inés para joderme.
Sra. Condesa Magda, ¿cómo puede pensar tal cosa?
En realidad tengo un fuerte sentimiento de amor hacia usted.
Siempre con el debido respeto.
Si usted me permite antes de ir con su cuñada...
¿Puedo ensayar un poco con usted, Sra. Condesa Magda?
- ¿No me va a dar una bofetada? - No.
Ninguna bofetada.
¡En las pelotas no!
Escúchame bien, Giacomo.
Primero, tú a mí no me vas a quitar las bragas
aunque no las lleve ni puestas.
Sí.
Segundo. Te doy una semana de plazo,
después de la cual, haces las maletas y desapareces. ¿Está claro?
Sí.
Me ha destrozado las pelotas.
- Ponte compresas frías. - Sí.
- ¿Puedo irme? - Sí.
Oiga, Conde, ¿cuántas veces tengo que decirle que los dulces no le vienen bien?
No debe comerlos.
Y mire, se ha ensuciado todo.
No, ven, ven. También me he ensuciado aquí.
Acércate y límpiame bien.
Ahora está perfectamente limpio.
¿Me deja continuar?
Esto está todo lleno de polvo.
Tienes razón, ese mariquita de Giacomo no hacía nada.
¿Ese qué?
¿Cómo, no te habías dado cuenta de que era maricón?
La verdad, yo se esas cosas no entiendo mucho.
¡Josué!
¿Cómo?
¿Es posible que a tu edad no hayas aprendido a llamar a la puerta?
Puede que la Sra. Condesa no quiere que limpie los pájaros.
Tú haz siempre lo que te diga yo,
porque eres mi criada personal.
¿Qué has venido a hacer aquí? ¿Qué quieres?
Estoy buscando a Marco. Desapareció esta mañana.
¿Y a mí que me importa un tipo
que estudia la filosofía del buen trabajo
indio?
Pensaba que le habías mandado a hacer un recado.
Sí, hay un recado que me gustaría que hiciese.
Que se vaya a la India y se muera en una cama de clavos.
¡Es tu sobrino!
No, cariño mío, es tu entretenimiento.
Y lo disfrutas y te lo quedas para ti.
¡Vete al carajo!
¡Fuera de aquí! Esa mujer tiene que trabajar. ¡Largo!
Piensa, Marisa, que en esa colección de pajaritos
podría estar también el mío.
Sólo para que sirva de algo.
Quita el polvo, cariño. Quítalo.
Quita el polvo.
¿Cómo es posible?
Cada vez que voy a ver a un hombre lo encuentro ya en ropa interior.
Acabo de ducharme.
Suzie, Susanna...
Calma, calma, antes tenemos que hablar de trabajo.
¿Te has olvidado de Magda?
No, no, no, no...
Ha llegado la hora de comprometerla.
Sí, sí. Vente, vamos a hablarlo en la cama que me viene mejor.
- A condición de que no me toques. - Vale, basta con que te desnudes.
No, antes tenemos que hablar de negocios.
Bueno, ¿qué has decidido?
¿Qué piensas hacer?
Bueno, hay que dejarla indefensa.
Una buena dosis de somníferos en el agua para que se duerma.
Entonces...
¿Le hago las fotos mientras duerme?
Sí... Es decir, no.
Cuando... Cuando duerma la cogemos y... La desnudamos.
Del todo.
La desnudamos del todo.
Es ahí, cuando esté toda desnuda...
Podemos... Podemos ponerla en cualquier postura.
Podemos hacer lo que queramos.
¿Te gusta la idea?
Ella duerme, pero yo estoy despierto
me pongo... Me pongo encima, así.
Y nadie podrá saber si estaba dormida o no.
La idea es buena, pero con el somnífero, ¿no se darán cuenta?
No te preocupes, nadie me verá meter los polvos en casa.
¿Pero qué estás haciendo?
Echarte un polvo.
¿Cómo es posible que todos quieran hacerme lo mismo?
- ¡A mí! - Sí, sí, es muy posible.
Sí, sí que es posible.
Sí, Giacomo, sí.
Sigue.
Muy bien sí. Sigue.
Claro que sigo. El que se para está perdido.
Sí, sigue, Giacomo, sí.
¡Qué polvo!
¡Qué polvo, qué momento!
Despacio idiota, me voy a marear.
Apenas he comido.
Compórtese o le pincho las ruedas y le dejo tirado aquí en la grava.
- Qué gracioso. - Qué bueno el cochinillo.
Así crujiente...
Realmente exquisito.
¡Qué comilona!
Ha sido un banquete de cumpleaños realmente estupendo.
¿Te hace falta algo, Suzie?
- ¿Puedo sentarme, Condesa? - Claro, por favor.
Gracias, gracias a todos. Gracias.
Gracias a todos.
¡Magda!
Nos has amargado el almuerzo,
¿quieres fastidiarnos también la digestión?
No pongas esa cara de amargada.
Pareces más de luto que nunca.
Perdóname, Josué. Perdóname.
Pero estoy preocupada por Marco.
Hace 24 horas que ha desaparecido.
Nunca hizo algo parecido.
Por fin tiene algo de juicio.
Para mi cumpleaños, ha querido hacerme un regalo
desapareciendo.
De todos vosotros
he recibido muchos regalos.
Mi hija Suzie me ha enviado unas flores maravillosas.
Las recogí del jardín expresamente para ti, papá.
Y gracias, Don Liborio, por el crucifijo de plata.
Muchas gracias.
Pequeñeces. Oro blanco.
Le agradezco a mi mujer
y a mi hermana, estos los regalos
de usos cotidianos.
Y gracias, Giacomo,
por ese magnífico libro de historia.
La historia de la jodienda de la Grecia hasta hoy.
Perdón.
Estos mariquitas son muy ocurrentes.
Pero el regalo más bonito
me lo ha hecho Marisa.
¿Marisa?
Sí, me ha regalado este magnífico ventilador portátil.
Y para mí, que sudo mucho,
será el alivio de los sufrimientos de esta vida mía
consumida aquí en este cacharro.
¡Santa paciencia!
Gracias, querida.
Has tenido una idea maravillosa.
¡Felice!
- Diga, Sr. Conde. - ¡Trae champán!
Sí, señor.
Quiero que sea un día maravilloso y memorable
para todos.
No te preocupes, Marisa. Beberé poco.
Aquí estás.
Cretina.
Eres una idiota.
Todos le han hecho un regalo de cumpleaños menos nosotros dos.
¿Y qué tengo que ver yo?
Además, no sé porqué no te has acordado tú, perdona.
¿Acordarme yo? ¿Acordarme yo?
En esta casa siempre me tengo que acordar yo de todo.
Tú de nada. Nunca.
Hasta Giacomo se ha acordado de hacerle un regalo.
Todos son muy listos en esta casa. ¡Todos!
Menos nosotros.
Ya sé que Giacomo es muy listo.
¿Puedo descorcharla, Sr. Conde?
Descorcha, descorcha, y rápido, idiota.
- Señor Conde. - ¿Qué pasa, Noemí?
Han dejado esta carta para usted del arzobispado.
¿Del arzobispado?
Señor Conde,
si ha llegado del arzobispado se trata seguramente de la felicitación
que Su Excelencia el Obispo ha querido enviarle
con motivo de esta alegre ocasión.
- ¿El Obispo en persona? - Exactamente.
¿A mí?
Josué, léela.
No, no... Magda, léela tú, que yo no tengo aquí las gafas.
Toma. Por favor, léela tú.
Su sobrino Marco está en nuestras manos.
¿Cómo?
Por ahora no debe preocuparse.
Pero si dentro de tres días...
¡No!
- ¡No! - Pero bueno...
¿Se puede saber lo que pone esa carta? ¿Sí o no?
¡No!
¡Jesús, José y la Virgen María!
¡Qué momento, qué dolor!
¿Conseguiremos sobrevivir? ¿Sirvo las copas, Sr. Conde?
Sirve, sirve...
No es posible, no es posible.
Este sobre es del arzobispado y lleva incluso el sello.
Seguramente alguien debe haber sustituido la carta del Obispo.
¡Diez millones!
¡Diez millones por un rescate!
¡Nos hemos vuelto todos locos?
¡Yo no suelto ni una lira!
Señor Conde...
¿Pero ha leído la carta?
Si no paga el rescate y sólo para empezar,
al pobre Marco le van a cortar...
Y harán muy bien.
Así dejará...
Por fin...
De hacerse pajas.
Josué, ¿podrías ser más delicado?
¡Al carajo con esta historia!
No hay un gilipollas en el mundo que valga diez millones.
- Papá. - ¿Sí, cariño?
Tenemos que tomarnos en serio este asunto.
Sí.
¿Llamo a la policía?
Sí, tienes razón, vida mía.
Llama a la policía, llama a la policía.
Pero no puede.
Lo matarán inmediatamente.
Han sido muy claros al respecto.
Señor Conde, piénselo bien.
No malgaste las palabras, Padre.
Es en el dolor donde se conocen a las personas.
A ese hombre no lo conozco.
Ya no es mi hermano.
No me queda más que un hijo.
Que puede que ya no vuelva a ver.
Me voy a la iglesia a rezar
para que Dios me de fuerzas para superar esta tremenda prueba.
Lo comprendo.
La acompaño.
Me hace cosquillas, Sr. Conde.
No, Sr. Conde.
Yo...
Estoy muy bien contigo.
Gracias, Sr. Conde.
Precisamente hoy,
en el día de mi cumpleaños,
ha tenido que llegar esa mala noticia.
Pero me importa un carajo mi sobrino.
Que me toca bien poco.
No suelto una lira...
Suelto una lira...
No suelto una lira...
No suelto...
Señor Conde, ¿se encuentra mal?
Virgencita mía.
¿La medicina?
Qué lío, qué lío. ¿Cuántas gotas?
Once, once.
Once.
Once.
Aquí está.
Vamos, beba. Le sentará bien.
- ¿Está mejor? - Gracias, gracias.
Eres una buena chica.
Te he cogido afecto.
Se ve que me quieres bien.
Por desgracia,
estoy atado aquí, a este calvario, para toda la vida.
No se ponga así.
De lo contrario no volveré a jugar con usted.
Estoy segura de que Magda está tratando de engañarnos a todos.
No me creo en absoluto la historia del secuestro.
Yo tampoco.
Bueno...
Entonces, ya lo sabes.
Nuestro plan para comprometerla...
Ya no sirve.
Y luego, si el viejo para el rescate...
Adiós sueños de gloria.
Tenemos que intentar desenmascararla.
Quién sabe dónde se habrá escondido ese imbécil de Marco.
Sí.
Quién sabe dónde.
Ese idiota.
- ¡Giacomo! - ¿Condesa?
Saca el coche y llévame a la iglesia.
Enseguida, Sra. Condesa.
Llevas tres días diciéndome "ten paciencia, Marco",
"estate tranquilo, Marco", "no te preocupes, Marco".
Pero yo ya estoy harto de estar aquí encerrado.
Verás como hoy pagará el rescate.
Tienes que explicarme para qué es el dinero.
El tío es un poco coñazo, pero estamos bien allí, ¿no?
Ese dinero también es nuestro. Es tuyo y mío.
Y no quiero que ese viejo verde de mi hermano
se lo deje todo a esas dos.
- Vamos, sé bueno. - Sí, "sé bueno, Marco".
Venga, empieza otra vez.
- ¿Quién es? - Soy Suzie.
Hola, Suzie. Pasa.
Hola.
Mi pobre niño.
Mi...
¡Marco!
¡Condesita Suzie!
¡Condesita!
¿Sí?
- Disculpe, ¿va al pueblo? - Sí, ¿por qué?
- ¿Me lleva? - Sí, vale.
Súbete y agárrate bien, no te caigas.
- ¿Lista? - Sí.
Vamos.
¿Sabe, Condesita, que Giacomo no es marica?
¿Y tú cómo puedes saberlo?
Lo sé porque le vi la otra noche haciéndole el amor.
Ah, muy bien. ¿Ahora te dedicas a espiar?
Claro, que si por casualidad se entera su padre,
no creo que se ponga muy contento.
Pero tú no se lo vas a decir, ¿verdad?
Depende.
Es un chantaje.
¿Qué quieres?
¡Noemí! Eres todo una sorpresa.
No me esperaba esto.
¿Sabes que antes me habías asustado?
Y bueno, si es sólo por esto...
- ¿Quién es? - Soy Noemí, Sra. Condesa.
Entra, entra.
Lo he conseguido.
Me espera esta noche.
En su habitación.
Bien...
¿Puedo lavarle la espalda?
Si quieres...
Has dicho la espalda.
¡Papá!
¿Qué quieres, cariño?
Márchate, por favor. Tengo que hablar con mi padre.
Dime, cariño. Dime.
Dime.
Se trata de un asunto
bastante grave.
¿Qué es? ¿Qué pasa? Dime.
No sé si debo.
Después de lo que me ha hecho Magda,
figúrate que ya no me sorprende nada.
Así que vamos, suéltalo, venga.
He encontrado unas fotografías.
Veamos si al menos son bonitas esas fotos, ¿no?
Misterio.
Qué misterio.
¿Pero qué es esta basura?
Ese... Ese... ¡Ese sucio, cerdo y asqueroso maricón!
¡Ha conseguido darme por el culo incluso a mí,
que me paso sentado las 24 horas en esta silla!
- Sí, papá. - ¡Y a mi lado!
¡En mi cama!
Mientras dormía.
¡Cerdo, gusano, sinvergüenza, canalla!
¿Y de Inés no dices nada?
Pobre mujer.
¿Qué quieres que haga?
Tan joven y con uno como yo...
Qué cara más amarga.
Vete, Marisa.
Necesito estar solo.
Sí, Sr. Conde.
¡Bueno!
¿Qué haces aquí?
¿No sabes que las corrientes de aire no te sientan bien?
Esto
me sienta mucho peor.
Puta asquerosa.
No creo que estés en condiciones
de llamar puta a nadie.
Y mucho menos a mi hija.
Ah, así que ha sido ella quien te lo ha dado.
¡Márchate!
He hecho que te preparen la habitación de invitados por unos días.
Después te largas de aquí.
Y así tu Suzie triunfa.
Es la única persona pura de esta casa.
¿Pura?
Si supieras la clase de...
¡Te lo prohíbo!
Tú no puedes prohibirme nada, viejo verde.
Vete, vete con tu hija.
Ve a ver a ese lirio cándido...
¡Ahora, en este momento!
¡Ve a admirar su pureza!
Hace 24 horas que está encerrado ahí dentro.
Quién sabe cuándo se decidirá a salir.
Si no lo sabes tú... Tú eres su hermana,
le conoces mejor que nosotras, ¿no?
¿Qué estará haciendo?
Dando vueltas nervioso por la habitación con la silla.
No ha probado bocado desde ayer.
¿No sería mejor que entrase alguna de nosotras?
Sí, para que se ponga a gritar como un loco.
¿No comprendes que no quiere vernos a ninguna?
Sí, pero al notario si que quería verle. Ha estado ahí cuatro horas.
Sí. Quién sabe los cambios que habrá hecho en el testamento.
A mí seguro que me ha jodido.
¡Y todo por culpa de esta pequeña zorra!
¡No me toques, que eres una puta!
¡Igual que tú!
¡Silencio las dos! ¿Queréis que os oiga?
Estáis locas.
Por una vez estoy de acuerdo con Inés.
Has intentado jodernos a los dos.
Cierto.
Es que vosotras no habéis intentado joderme, ¿verdad?
¡Cerdas asquerosas!
Ahí viene, va a salir.
Y bien, ¿no se come en esta casa?
Claro, querido.
Más vino, por favor.
Pero Sr. Conde, todo ese vino le va a sentar mal.
El vino es bueno.
Este vinillo es genuino y generoso como yo.
Las hermosas familias italianas.
¡Alegría! ¡Alegría, queridos! ¡Vamos!
¡Bebed, bebed conmigo!
¡Vamos, a vuestra salud!
¡Bebed, vamos!
Pero, Magda,
debo decirte la verdad.
Esa idea del rapto estuvo genial.
¿Sabes que no lo conseguiste sólo por un pelo?
Venga, vamos, no pongas esa cara.
e he divertido como un loco con esa historia.
Perdona, Magda.
¿De verdad habías tenido el valor
de mandarme un paquete con su cosita?
Pobre Marco mío.
¿Y tú sabías que mientras te la...?
Machacabas.
¿Alguien estaba pensando en cortártela para mandármela como
correo postal?
Y tú, Inés,
eres la zorra más maravillosa que he conocido.
No, no, querida, por el amor de Dios, no te ofendas.
Es un cumplido.
Te lo digo en serio.
Yo, me casé precisamente por eso.
Claro que meter a un amante en mi cama...
Mientras yo estaba durmiendo,
ha sido un logro que será recordado en la historia
del puterío humano.
Una cosa extraordinaria.
Y tú, Giacomo,
¿Sabes que haces muy bien el papel de bujarra?
Has conseguido jodernos a todos.
No se pase.
A casi todos, casi todos.
Bueno, a mí no, porque estoy siempre sentado en esta silla.
¡Qué risa!
- Y tú, Suzie... - ¿Sí, papá?
Mi pequeña Suz...
Hay que joderse.
Ahora sí que puede decirse...
Se ha muerto de risa.
¡No lo acepto!
¡No lo acepto!
¡Jamás me habían insultado así!
¡Desgraciada! ¡Puta!
¡Tienes lo que querías!
¿Cómo te atreves? ¡Yo soy una señora!
Tenía que estar loco para hacer lo que ha hecho.
¡Os lo ruego, señoras!
¡Vamos señoras, déjenlo ya!
¡No, mi zapato no!
¡Mi zapato!
¡Señoras, no me obliguen a llamar a las fuerzas de seguridad! ¡Vamos!
¡Un poco de calma, por favor!
Mudanza y sexo.
¡Giacomo! Giacomo, ¿a qué se debe todo este jaleo?
Si os acostáis conmigo os lo digo.
¡Anda, vete por ahí!
Bastaba con una de las cuatro.
No sabéis lo que os perdéis. Soy como una batidora.
Es increíble.
Si alguien me hubiese dicho
que un día tendría que dejar la casa donde nací,
habría hecho que le encerrasen en un manicomio.
Es a tu hermano a quien tendrías
que haber encerrado en un manicomio.
Tú callate.
Te has acostado con todos menos con él, que te quería tanto.
Merecido lo tienes.
Yo no me rindo. Impugnaré el testamento.
Ya te diré yo lo que tienes que impugnar.
Cállate, yo al menos soy normal.
Tú eres la peor de todas.
¡Bollera!
¡Vete al infierno, guarra!
No veo la hora de salir de esta casa.
Lo que más rabia me da es que esa zorra
haya conseguido jodernos a todas.
¿Ya os vais?
Vete a tomar por culo.
La Condesa ha hablado.
¿Dónde están los criados?
A Felice y Noemí los he despedido.
¿Y Giacomo?
¿Quién cacarea?
¿Pero de qué vas vestido?
Deportivo
Pero, ¿aún no estás listo?
Giacomo, deja de hacerte el mariquita, no es el momento.
Coge las maletas y llévanos inmediatamente a la estación.
En primer lugar, no estoy en condiciones de hacer un trabajos pesados.
En segundo y último,
ya habéis terminado de pasearos por mis testículos,
mis queridas amazonas de bidé.
Y no sólo en sentido figurado, ¿entendido?
No lo entiendo.
Yo tampoco lo entiendo, pero ¿qué es lo que queréis de mi marido?
¿Marido?
Claro. ¿Qué tiene de raro?
Giacomo y yo llevamos casados cinco años.
Pero entonces, vosotros dos estabais compinchados.
Perfectamente compinchados.
Siempre lo hemos estado.
Nos amamos.
Es mi amante preferida.
Quizás sea mejor que nos casemos de verdad.
No nos dejemos llevar por la emoción.
Recuerda, cariño, que el Conde me dejó a mí el dinero.
Ya he hecho los trámites.
- ¿Cuándo? - Mañana.
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