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¿Qué sería de ustedes sin mí?
Lista.
Ya desayuné mis 20 uvas.
¿Y no pueden
ser 21?
No, tienen que ser 20.
Ni una más.
Estás loca.
A lo mejor.
Pero al menos,
yo no hablo con los insectos.
Zoe.
No vas a ir así a misa, ¿no?
Mejor ponte lo que yo te compré.
No me gusta, Ignacio.
Mi amor, este vestido es
como llamativo para ir a misa.
Y va a haber mucha gente,
a mí no me gusta.
Hazme caso.
¿Encontraste el breviario
que nos regaló mi mamá?
Pues ojalá ayude en algo.
[Padre]
El Señor esté con vosotros.
[Feligreses]
Y con tu espíritu.
[Padre] La bendición
de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre vosotros.
- [Feligreses] Amén.
- Amén.
- [Padre] Podéis ir en paz.
- Muchísimas gracias, Dios.
Amor, vamos.
- ¡Hola, Santiago!
- ¡Ignacio!
- Felicidades por tu ascenso,
amigo. - Muchas gracias.
Hola.
Párroco, ¿quién lo diría?
Monseñor Moretti ha sido
muy generoso con su decisión.
Pero qué gusto me da
que hayan venido hoy.
Zoe sabe que no podemos
perder la fe, Santiago.
La fe es lo más
importante, Ignacio.
Zoe, tienes que mantener
fuerte el espíritu
para dar todo tu apoyo...
a tu marido.
Por cierto...
les quiero recomendar
este libro.
"Camino", de Balaguer.
Les va a servir
mucho en su problema.
Y lo podemos comentar
si me vienes a visitar.
Le prometo leerlo.
Bueno, nos vamos, porque...
mi mamá nos espera
para comer en su casa.
Dios los bendiga.
Y saludos a Cristina.
- Gracias.
- Gracias. Permiso.
Ah, Santiago.
Síguete portando así
de bien y pronto serás Papa.
Primero Dios,
Ignacio.
[Cristina] Ay, no se imaginan
la pena que me da.
De veras, yo tenía la ilusión
de que por fin,
los médicos hubieran encontrado
la manera de darme un nieto.
- Sí, es una pena, mamá.
- Gracias, Mercedes.
Otra vez,
sólo vamos a ser tres.
¿Y eso, por qué?
¿Gonzalo no viene?
Gonzalo estará
pintando.
Cuando trabaja ni cuenta se da
de la hora que es.
- Hijo, ¿por qué no lo llamas de
mi parte? - Sí.
Tal vez si tú se lo pides,
hasta venga.
[Ignacio marca el teléfono]
Una madre, Zoe,
nunca se equivoca.
Y mis hijos ya
no son los mismos.
Eran...
más que hermanos,
eran amigos y...
[Ignacio]
Gonzalo, soy yo Ignacio.
- ...de pronto...
- [Ignacio] ¿Qué onda?
- [Ignacio] Te estamos
esperando-- - ...algo pasó.
[Ignacio] No te vayas a tardar.
Diferencias de muchachos.
Le dejé un mensaje,
pero quién sabe si lo escuche.
Empecemos sin él mejor, ¿no?
[suena teléfono]
Buenas.
[música funk en el estéreo]
- Oye, Raulito.
- Hola.
No puede ser.
No puede ser.
Puta, va a llover.
Llévate ese cuadro
para abajo, por fa'.
- ¿Cómo estás?
- ¿Qué onda, cuñis?
- ¿Cómo estás, güey?
- Bien, ¿y tú?
Bien, bien, cabrón.
¡Qué gusto verte!
Igualmente.
Te estuvimos esperando
en casa de tu madre.
Sí, puta, ya sé, pero he estado
en chinga con la exposición y--
¿Cómo va?
Pues, más bien, cómo me fue,
porque ya estoy aquí...
bajando todos
los cuadros.
Pero pasa, pasa para que veas
lo que me queda.
Está muy lindo este.
- ¿Te gusta?
- Ajá.
Ah, qué bueno.
[música funk en el estéreo]
Bueno,
¿y tú qué, eh? ¿A qué debo el
honor de tu visita?
Bueno, pues vine
porque...
quiero un cuadro tuyo
en mi habitación.
¿Qué te parece?
- ¿A poco?
- Ajá.
Ah, pues, escoge el que quieras.
¿Cuál te gusta?
Este me gusta.
Pues, es tuyo.
- ¿De veras? ¿Me lo puedo
llevar? - Claro.
Este cuadro cuesta
tres mil dólares nada más.
Está bueno, ¿no?
¿Te lo tengo
que pagar?
Sí, pues digo, a ti
no te lo cobraría, pero...
como sé que mi hermano
lo va a disfrutar,
pues a él sí se lo cobro.
- Hola.
- Hola.
¿Y eso?
Es un cuadro de Gonzalo.
No está mal.
- ¿No te gusta?
- Sí, me gusta.
Si no te gusta, lo quito, eh.
No, ya te dije que sí me gusta.
¿Te lo regaló?
¿Te cobró?
- No mucho.
- Pinche cabrón.
¿No le basta con lo que le mando
todos los meses?
¿Tenía que venderte
el maldito cuadro?
No es para tanto, Ignacio.
Sólo fueron tres mil dólares.
No, si no es el dinero.
Es la actitud.
Yo trabajo como un perro en
la fábrica que nos dejó mi papá.
Y Gonzalito no hace ni madres.
l se queda en su casa pintando
o echando la hueva.
Yo le mando todos los meses
un chingo de lana, Zoe.
Así es que dinero no le falta.
Francamente, me
parece de pésimo gusto que te
haya vendido el cuadro.
[música en la televisión]
[presentadores de
televisión hablando]
Si quieres, podemos adoptar.
¿Por qué no, Zoe?
No es mala idea.
Mira. Si yo no puedo tener
hijos, debe ser por algo.
- Porque Dios lo quiso así.
- No.
A lo mejor,
l quiere que adoptemos.
No, no metas a Dios en esto.
¿Entonces?
Entonces, nada. No vamos a
adoptar, no quiero adoptar.
Amor.
Si algún día tengo un hijo,
quiero que se parezca a mí...
que huela a mí,
que lleve mi sangre.
Pero no podemos, mi amor.
No puedes tú, dirás.
¿Y qué?
¿Vas a tener un
hijo con otro hombre?
No.
[Zoe] Amor. Te llamo
para avisarte que..,
voy a comer con Boris,
así que no me esperes.
Luego te cuento.
Yo también, amor.
Bye.
Le tuve que mentir.
No le puedo decir
que estoy contigo.
¿Por qué?
¿Qué tiene de malo que
tú y yo nos veamos, güey?
Nada, pero...
Ignacio no me daría permiso
a venir a posar para ti.
No le haría nada de gracia saber
que me vas a pintar.
Se pondría histérico.
Ese cabrón es un pendejo.
Bien.
No me sonrías
tanto. ¡Eso!
Todavía no me has dicho
para qué son las fotos.
Te explico.
Ponte en la orilla de la cama.
Te tomo las fotos,
luego hago unas diapositivas,
las proyecto...
y sobre esa proyección
empiezo a pintar.
- ¿Estoy bien así?
- Estás perfecta.
Te noto como tensa. ¿Por qué
no te relajas y te acuestas?
¡Andale!
- [teléfono marcando
accidentalmente] - Eso, eso, muy
bien. Va.
Pinche Ignacio suertudo,
hijo de la chingada, cabrón.
No se merece una diosa
como tú, güey.
[celular sonando]
[celular continúa sonando]
- [Zoe] Sí, mucho. Ya no lo
aguanto. - ¿Bueno?
[Zoe] Sólo hacemos
el amor los sábados.
- ¿Zoe?
- [Gonzalo] ¿Sólo los sábados?
Dice que así
lo disfruta más.
Que llega
con más ganas.
Puta madre, ese cabrón siempre
ha sido un pendejo, güey.
[Zoe] Hubieras visto
cuando vio tu cuadro.
[Gonzalo] Me imagino, pues si
ese cabrón me tienen envidia,
güey.
[respiración agitada]
No sé por qué lo hizo.
Te juro que no lo entiendo.
Yo sí sé por qué lo hizo.
Por celos.
Ese cabrón me tiene celos
porque sabe que soy feliz.
Sabe que me apasiona lo
que hago y eso le molesta.
¿Sabes por qué?
Porque él es un pinche amargado
que trabaja en la fábrica,
porque nunca tuvo los huevos
para hacer lo que realmente le
gusta.
No hables así de Ignacio,
es tu hermano.
- Y es mi marido, después de
todo. - Me vale madres que sea
mi hermano.
No tenía por qué
madrearse ese cuadro.
¿Sabes cuánto me tardo
haciendo un cuadro de esos, eh?
Yo sé, Gonza.
Pero a lo mejor fue mi culpa.
No debí decirle
que me lo cobraste.
Pero el problema no es
que te lo cobré, güey.
Lana le sobra a tu marido.
El problema es que lo pinté yo.
¿Sabes qué?
Yo creo que
mejor me voy.
¿Por qué te vas?
Necesito dormir.
Estoy súper cansada.
Pero aquí puedes descansar.
Digo...
te puedes tomar tu vinito y...
si estás cansada, puedes dormir.
- Ay.
- No mames.
Yo voy a estar pintando.
Y no van a haber peleas.
[perro ladrando]
[música clásica en el estéreo]
Hola.
¿De dónde vienes?
De por ahí.
¿De dónde es por ahí?
¿Por qué lo hiciste?
No lo sé.
Perdí la cabeza.
Perdóname, ¿sí?
Te estás volviendo loco.
Simplemente, me molestó que
te haya cobrado por el cuadro.
Me hizo enojar.
¿Por qué?
- Es su trabajo. l vive de eso.
- No, él no vive de eso.
Gonzalo no trabaja.
Es un pinche ocioso
que vive de lo que yo
le paso todos los meses.
Era mi cuadro y me gustaba.
Sí, claro. Todo lo que
pinta Gonzalo es lindo.
[pasos alejándose]
¿Para eso me llamaste?
¿Cuántas veces hemos
hablado de lo mismo, chiquita?
Pero tú y yo ya llevamos
tres años juntos, mi amor.
- ¿Y?
- ¿Cómo que "Y"?
Que cualquier pareja
que lleva tanto tiempo
quisiera vivir junta
en el mismo sitio.
¿Qué parte
no has entendido?
Tú y yo no somos
novios, mi amor.
Yo no me voy a casar.
Ni quiero tener hijos.
Tú y yo somos amantes,
mi amor, y así estamos bien.
Sin compromisos,
sin un pedo, güey.
Ay ya, por favor, deja
esas mamadas para otros,
¿quieres?
- No para mí.
- ¿No te gustan mis mamadas?
Entonces, ¿por qué no
te buscas a otro cabrón
que te la mame
mientras yo pinto?
Ya me cansaste,
güey, ya.
Madura, cabrón.
Te llamo mañana cuando
baje la marea, chiquita.
[teléfono sonando]
[teléfono continúa sonando]
[máquina contestadora]
[pitido de máquina]
Hola, Gonzalo, sólo quería
decirte que ya te deposité.
Y que te puse algo extra.
Es que nos fue bien
este trimestre.
Eh... perdóname
por lo del cuadro, güey.
No sé qué me pasó.
Creo que perdí la cabeza.
"Perdí la cabeza",
pinche putete.
Un abrazo.
[pitido de máquina]
-¿Bueno?
- ¿Qué onda, Zoe?
-¿Gonza?
- ¿Qué ondas?
-Hola. Dime.
- Quiero verte.
Te llamé para que vieras
la foto antes de pintarla.
¿Te conté que llamó Ignacio?
Quería que nos viéramos,
pero lo mandé a la chingada.
- ¿Pero qué te dijo?
- Pendejadas.
Que
si te vuelvo a vender un cuadro,
va a mearse encima de él.
¿Puedes creer?
Es un tonto.
No tiene arreglo.
La neta no sé cómo lo aguantas.
Te veo a ti
de vez en cuando.
No he podido dejar
de pensar en ti.
- Gonza.
- Puta, me encantas.
A mí también, pero...
esto no está bien.
[Zoe] Júrame que vas
a guardar el secreto.
Obvio, mi amor.
Soy una señora de alta sociedad.
Y la discreción es una
de mis mayores virtudes.
¿No te parece que me he
portado como una perra?
En absoluto.
Además todas las damas
tenemos derecho
de comportarnos como las
perrillas de vez en cuando.
Pero es su hermano.
¿Y eso qué?
Gonzalo es un papito.
Un pedazo de hombre.
Me tiene loca.
No sabes cómo te
envidio, maldita.
No tengas el menor
remordimiento.
La culpa...
es una invención que
nos metieron los curas.
Si tu marido no se da cuenta
de que te tiene descuidada,
que eres una dama que
necesita de alto mantenimiento.
Bueno, pues es justo, justísimo
que encuentres la
manera de compensarte.
Y para nada es terrible
que te andes besando
con el mangazo de Gonzalo.
Es más, si te vuelve a llamar
no pierdas la oportunidad.
No sé, me siento
como una puta.
Bueno, si tú eres una puta,
entonces, ¿qué seré yo?
[música clásica]
¿Cómo puedes ponerte
dos pares de calcetines?
Tengo los pies helados.
¿Por qué, te molesta?
No, simplemente
me sigue sorprendiendo.
Soy más feliz así.
¿Tenemos que seguir escuchando
esta música todas la noches?
Pues, quítala si quieres.
Yo me voy a dormir.
Estoy cansado y mañana
tengo un viaje de negocios.
- ¿Otra vez?
- Sí, otra vez.
No tengo ayuda en la fábrica
y todo lo importante
lo tengo que hacer yo.
No te vayas a tardar.
Te espero.
[música clásica]
[alarma del despertador]
¿Mi amor?
Ya me voy al aeropuerto.
- ¿No quieres venir conmigo,
segura? - [niega en murmullos]
Bueno, regreso en dos días.
Te llamo a la noche, ¿sí?
Pasa, María.
Está bien bonita hoy.
- Gracias, María.
- Señora.
- Tengo que decirle algo.
- Dime.
Encontré esto en el microondas.
Está medio quemado.
A mí se me hace que es uno
de los discos de música
como para velorio
que le gustan al señor.
Entonces,
qué bueno que se quemó.
Tíralo a la basura. Parece que
hay fantasmas en esta casa.
A mí se me hace que sí, señora.
Pero, por suerte, esos fantasmas
viajan de vez en cuando.
Así parece.
Con su permiso.
Ahí me llama si se
le ofrece algo.
Gracias, Mariíta.
Listo. Ya lo puse a fuego lento.
Sí, señora, ya está
listo el huevo. ¿Qué más?
El arroz ya está
en la olla, ¿verdad?
Una media horita antes de comer,
le aprieta aquí.
- Y listo.
- Perfecto.
Sabe qué hacer con
el salmón, ¿verdad?
Sí, María. No tomé mi curso
de cocina en vano.
Claro, señora.
Pero, ¿está segura de que no
me necesita esta noche?
Sí, no, no...
no te preocupes.
De hecho, mañana también
te puedes tomar el día libre.
Si quiere, yo me puedo quedar
para ayudarla a servir.
A mí me cae re-bien
la señora Cristina.
No, muchas
gracias, María.
[timbre sonando]
- ¿Quién es?
-Perdí las llaves. breme, mi
amor.
- ¿Ignacio?
No mames, es Gonzalo.
breme, güey.
Idiota. Casi me matas del susto.
- Hola.
- ¿Qué onda?
- ¿Te asustaste?
- Sí, me la creí total.
Puta, me hubiera
encantado ver tu cara.
Pues, bienvenido.
Hace mucho que
no venías, ¿no?
Sí, hace
un chingo.
Está bien chido
ese vestido, eh.
Gracias.
Estás muy linda.
Traje vinillo.
Gracias. Me pasé toda
la tarde cocinando.
¿Ah, sí? Y yo me pasé toda
la tarde pensando en ti.
- Gonza, no.
- ¿No qué?
- Dame un besito.
- No, estamos en la casa de
Ignacio.
- ¿Y qué chingados, güey?
- Gonza.
Si te invité a cenar es
porque me la paso muy bien
contigo, pero...
prométeme que te
vas a portar bien.
[celular sonando]
Te lo prometo.
- ¿Bueno?
-Bueno. Zoe.
Hola, mi amor.
¿Cómo estás?
Muy bien, muy bien.
¿Qué hacías?
Nada. Iba a comer algo.
Zoe, te escucho tensa.
¿Te pasa algo?
No, todo bien.
Tú, ¿qué tal?
Bien, bien.
Un día fuerte,
lleno de trabajo, pero...
felizmente ya estoy en el hotel.
Zoe, ¿me amas?
Sí, claro.
¿Por qué? ¿Lo dudas?
No, no lo dudo.
Sólo que me gustaría
oírlo de ti.
Bueno, entonces, te amo,
te amo, te amo.
-Te amo.
- Ya, ya.
Tres veces es suficiente.
Te veo el miércoles.
Descansa.
[Gonzalo] En estos días
me estaba acordando
del día de tu boda, güey.
Por cierto, qué boda
tan aburrida, eh.
- [risita]
- Edad promedio: 84 años.
Yo bailaba con todas mis tías,
las amigas de mi mamá.
Puta, qué hueva.
No mames, güey.
Me acuerdo...
cuando te perseguí
al baño, ¿recuerdas?
No sabes la odisea, eh.
Primero, ver si Ignacio
no te estaba viendo.
Después, alejarme
de todas las rucas.
No sabes las ganas que tenía
de darte un beso ese día.
Pero tú no querías.
¿Por qué no lo dejas?
Digo, me imagino
que debe estar cabrón
estar con alguien que
no te hace el amor, ¿no?
No me atrevo.
No me gusta estar sola.
No quiero vivir sola, no...
no me gusta dormir sola.
Me tienes a mí.
Tú eres mi cuñado.
No puedo estar contigo.
Me tienes a mí
como amigo, güey.
Bueno...
- Ahora sí me voy, ¿eh?
- No, no te vayas, quédate.
¿Quieres que me
quede a dormir?
Sí.
No quiero dormir sola.
No hoy.
Bueno, si me prestas
una almohada y una cobija
yo me quedo aquí
sin pedo, eh.
¿Por qué no te quedas allá?
¿Allá, dónde?
Arriba, conmigo.
No va a pasar nada.
Sólo quiero que me acompañes.
¿Sí?
Bueno.
¿Quieres una pijama?
Pues la neta,
si no te molesta,
yo duermo en boxers, güey.
No, no me molesta.
¿Gonza?
Necesito un abrazo.
He soñado muchas veces contigo.
¿Te has tocado pensando en mí?
Sí.
¿Y tú?
¿Te has tocado
pensando en mí?
[risita]
No te creo.
No me creas.
No te creo, mentirosa.
No te creo.
Gonza, no.
Espera.
No, no, no.
No, no te vayas.
[orinando]
¡Boris!
Ah, esto está delicioso.
Ay, ya, por Dios.
Deja esa cara de
arrepentimiento.
Ya quisiera yo haber amanecido
con algo de qué sentirme
culpable.
Pues, es que mira
cómo se fue. O sea...
Qué importa cómo se fue él.
Lo importante es
cómo te viniste tú.
¿Te viniste bien?
Divinamente bien.
Pues, nada, excelente...
está muy bien.
Nada más que...
ahora tienes que regresar
como niña buena a
la cama con tu marido
y olvidarte de Gonzalo.
Digo, si quieres tener
otro amante, pues, bueno.
Yo no te puedo censurar.
Yo soy un filántropo con mi
trasero. Se lo doy al más
necesitado.
Pero no tú.
Tú ya no debes
acostarte con Gonzalito
[música pop en el estéreo]
[jadeando]
Ay, qué rico,
mi amor, rico.
- yeme.
- ¿Qué, mi amor?
¿Tú has estado con otra mujer?
- [jadeando]
- Dime.
- Contéstame.
- No pares, chiquita.
- No pares.
- ¡Contéstame!
No mames, cabrón.
¿Cómo se te ocurre?
Júralo.
- No pares, mi amor.
- Júramelo.
- Júramelo.
- Te lo juro, güey.
Te lo juro por mi hermano.
No mames.
¿Quién es el amor de mi vida?
- ¿Quién?
- Yo.
¿Entonces, entonces?
- Dime cositas sucias al oído,
mi amor. - [risas]
Zoe.
Mi amor, ¿te pasa algo?
Sólo estoy un poco sensible.
¿Quieres...?
¿quieres que adoptemos un niño?
No.
No es eso.
¿Entonces?
¿Seguro que me quieres, amor?
Claro, tontita, claro.
¿Por qué lo dudas?
Abrázame.
Ven, ven.
Bésame, ¿sí?
Pero acuérdate que hoy
no nos toca, mi amor.
Perdón.
Un poco más, Zoe.
Arquea un poquito, sin exagerar.
[celular sonando]
Ay, perdón.
Es mi celular.
¿Bueno?
Ignacio, ¿qué pasó?
Estoy en la yoga.
No, no, dime, dime.
- ¿A comer?
- [celular sonando]
Espérame tantito.
Me está entrando una llamada.
¿Gonza?
Hola.
¿Por qué te fuiste
sin despedirte?
No, no estoy molesta.
Ahorita no puedo.
¿En qué hotel?
Okey, sí.
Bueno, entonces,
te veo en un ratito.
Un besito.
Bye.
¿Y, quién era?
Era Gonzalo.
Perra, perrísima.
Ay, sí. Mira
quién lo dice.
[jadeando]
¿No deberíamos
estarnos cuidando?
¿Estás tomando
pastillas o qué?
¿Para qué?
Si no puedo tener hijos.
Pensé que era Ignacio
el que no podía.
Ignacio no puede
y yo tampoco.
Qué bueno.
La neta, me caga
ponerme condón.
¿Qué estás haciendo aquí?
Disfrutando
de la noche.
¿Y esas flores?
Son... para ti.
-¿Dónde las pongo?
- Tíramelas.
ndale. Tíramelas encima.
¿Me estás pidiendo que tire
las flores a la alberca?
Sí, ¿qué tiene?
Te ves como una diosa.
Ahora, tírate tú.
No, ¿estás loca? Hace frío.
Dale, mi amor.
El agua está riquísima.
No, ¿cómo se te ocurre? Ni
siquiera traigo traje de baño,
Zoe.
Ay, qué horror.
No puede ser.
Ahora resulta que el señor
no se puede bañar desnudo
en su casa, con su mujer.
No seas ridículo,
mi amor. Aviéntate.
Bueno, está bien.
[farfulla por el frío]
Está helada.
- Me voy a resfriar.
- Ignacio, pareces vieja.
No, mi amor.
- ¿Qué te pasa?
- No sé. Tengo frío, mi amor.
Perdóname, pero yo me voy.
Tengo mucho frío.
¿Y Boris?
Destruido.
Imagínate. Encontró a
su novio con una mujer.
- No me digas.
- Pobrecito, ¿no?
¿No te vas a vestir?
Pues te vas a resfriar
si no te abrigas.
No...
si me abrigas tú.
Mi amor, ¿qué te pasa?
¿Te fumaste algo?
¿Por qué me analizas
tanto, Ignacio?
Mejor hazme el amor.
¿Hoy?
Sí, hoy.
No me digas
que no nos toca.
No me jodas más
con eso.
Mi amor, es que yo soy así.
No me dan ganas si no es sábado.
Pero mañana es sábado, mi amor.
¿Sí?
[gemido]
¿Qué haces?
¿Prefieres masturbarte
que hacerlo conmigo?
No, tontita, no.
Es que no podía dormir.
Y pensé que...
pues que así podía
relajarme un poco.
¿Y en quién pensabas?
En ti.
¿Seguro?
Seguro.
Y si pensabas en mí,
¿por qué no
me despertaste?
No sé, es que...
me daba pena.
Te veías tan linda
así durmiendo que...
que no quería
despertarte.
Pero despertar así
es mejor que dormir.
Mucho mejor.
[jadeos]
[jadeaos]
[Cristina] Fui a ver
a tu papá en la mañana.
Le llevé unas azucenas
tan bonitas.
Con permiso,
esto es especial para usted.
Es pescado.
Soy alérgica.
¿Zoe no te dijo?
Imagínate que hace
como 10 años...
comí un sudado de corvina
que casi me mata.
Hay unas pechuguitas de pollo
en el refrigerador, María.
Ahorita se la preparo.
- Con permiso.
- Gracias.
Sirve que esperamos a Gonzalito.
No va a venir, mami.
A Gonzalo no le gusta
venir a esta casa.
Mira, tu hermano puede
ser impuntual, dormilón...
pero a ustedes dos,
los quiere muchísimo.
Además, a mí me prometió
que iba a venir.
[timbre] Deja, mi amor.
Debe ser Gonzalo. Yo voy.
María, abre, por favor.
¿Qué onda?
- ¿Llego muy tarde?
- No, pásale.
Ya estamos
acostumbrados.
¿Y cómo está el hombre
del dinero, eh?
Bien, bien.
Qué bueno que viniste, Gonzalo.
- No mames.
- No, en serio.
Gonzalo, somos
hermanos.
No es bueno que
estemos distanciados.
Tú sabes que en esta casa
se te quiere mucho.
Igual que quieres a mis cuadros,
¿no, cabrón?
Mira...
Gonzalo, yo quería pedirte
perdón en persona por...
por lo que hice.
Yo no sé, no sé que pasó...
fue un arrebato estúpido,
güey, perdóname.
- Sí, órale.
- Sí, ya.
Ya, güey, no me gusta sentir
que hay celos entre nosotros.
Somos hermanos,
Gonzalo.
Al contrario, a mí me da gusto
que estés aquí, en tu casa,
comiendo con la familia.
Vamos.
Vamos que mi mamá nos espera.
Es más, deberíamos de comer
juntos una vez a la semana,
güey.
¿Cómo dices?
Siempre y cuando tú pagues,
no tengo un pedo, cabrón.
Gracias.
¿Qué dice la mujer más hermosa
de este planeta, eh?
- Por fin llegas.
- Hola.
- ¿Cómo estás, madrecita?
- Muy bien.
Muy bueno verte.
Hola, cuñis.
Hola, Gonza.
- ¿Cómo vas?
- Bien.
Traje una botella de vino.
Gracias.
No te hubieras molestado.
No es ninguna
molestia, cuñis.
- ¿Qué onda? ¿Está todo bien?
- Ajá.
- Sólo que tú llegas tarde.
- Sí, perdón.
Pero bueno, ya sabemos que la
puntualidad no es una de tus
virtudes.
Perdón.
¿Y por qué no
trajiste a tu novia?
[Zoe] ¿Cuál de ellas?
Pues la más reciente.
Una que era actriz
sudamericana, ¿no?
- Laura. Sí, es de Venezuela,
ma. - Bueno, pues esa Laura.
¿Tú la sigues viendo
y esas cosas?
- Pues como a todas, mamá, ¿no?
- [risas]
Qué bueno. Me da
gusto, hijo,
porque es una
muchacha encantadora.
Sí, encantadora, ma.
Tú lo que pasa es que deberías
buscar una mujer pero para
casarte.
- ¿Casarme yo?
- Claro.
Mamá, tú sabes que yo
no tengo la menor intención
de casarme con nadie.
Ay, hijito.
Deberías de pensar
en ser papá.
Y hacerme a mí abuela.
Bueno, dele tiempo.
A lo mejor no ha encontrado
a la mujer de su vida.
¿Y qué?
Y si yo no puedo tener hijos,
así como Ignacio, ¿qué pasa?
No digas tonterías, hombre.
¿Ahora resulta que el futuro
de la familia depende de mí?
Puta, qué orgullo.
No mames.
Permiso, voy a destapar
la botella que trajo Gonzalo.
[Gonzalo] Voy al baño.
Ya regreso.
Permiso.
Te lavas esa porquería
de manos que traes.
Sí, ma.
María, llévate eso al comedor
y sírvelo, por favor.
- Shh. Shh.
- Gonza, aquí no.
- Estás deliciosa.
- [jadeo]
[jadeo]
¿Quieres que venga
a cogerte rico? Shh.
Dime.
- ¿Ah, quieres?
- Shh.
[jadeo]
Eh, María, ¿por qué no vas
preparando el postre?
Sí, señora.
María, ¿me sirve un vaso
con agua, por favor?
- ¿Te viniste rico?
- Ajá.
Pero, ¿qué?
¿Rico o rico, rico?
- ¿Uh?
- Rico, rico.
¿Y qué tal es
Ignacio en la cama?
Digamos que...
regular.
O sea, pésimo.
Cuando nos conocimos
y éramos novios no era así.
Era buen amante.
O tal vez yo no sabía lo que era
tener un buen amante.
A huevo.
Pero ahora es
un desastre.
Siento que...
que lo hace por cumplir.
Y cuando lo hace su cabeza
está en otra parte.
¿Sabes por qué es eso?
Porque yo creo que no
le gustan las mujeres, güey.
¿Por qué dices eso?
No sé. Siento que es
un puto reprimido.
¿Me estás hablando en serio?
Aunque sé que él
nunca lo va a aceptar.
¿Por qué dices eso?
Intuición.
Pura intuición, güey.
Dime la verdad.
Tu radar gay
nunca falla.
Pues muchas gracias,
pero, a ver...
la verdad, la verdad, la verdad.
La verdad yo creo
que tu marido...
no es gay de clóset, querida.
Para mí...
es una loca totalmente encerrada
en un baúl polvoriento de
su abuelita con siete chapas...
[imita ruido de cerrojo]
Y pobrecito, ah.
No, yo lo siento por él.
Porque no sé en qué momento
va a salir del clóset,
de ese baúl, de ese encierro
en el que está.
Pero, ¿cómo?
¿Por qué dices eso?
Y porque dormir contigo
y no querer cogerte
todos los días,
me parece...
no, no, no,
un crimen, un crimen.
Mi amor, un crimen sin nombre.
No le gusta hacerme el amor.
No, no, no.
Estoy hablando de coger.
Coger, coger bien.
Tirar, follar,
echar pata, como dicen.
Y si tu marido
no te quiere coger
o es putísimo o es impotente.
No, no, impotente...
eso sí que no, eso sí me consta.
Bueno, sí tienes razón.
A mí también me consta.
¿Qué?
Ay, cómo crees.
No seas tonta, no.
Estoy bromeando.
Cómo crees.
Listo, licenciado.
Ese fue el último jalón.
[se queja]
Oiga, no sé porqué siempre el
último es el que me duele más.
- Aurorita, hazme un masajito,
¿sí? - Claro que sí, licenciado.
[suena teléfono]
[Ignacio exclama]
[suena teléfono]
¿Qué te parece si dejamos
el masaje para otro día?
- Está bien.
- Yo te hablo.
-Está bien.
- Gracias.
¿Qué pasó, Mariana? ¿No te
dije que no me interrumpieras?
Me quedé esperándote, cabrón.
¿No se supone que íbamos
a cenar una vez a la semana?
Ah, se te olvidó.
No, no te preocupes.
No pasa nada.
Te estoy diciendo
que no pasa nada, cabrón.
Eso sí. Te mando la cuenta, ¿eh?
Bye.
¿Me puede traer
la carta, por favor?
Y una botella de whisky...
etiqueta azul.
- Enseguida, señor.
- Gracias.
¿Qué hiciste?
¿Qué cosa?
¿No que ya no te ibas
a depilar la espalda?
No me gustan, Zoe.
Me hacen sentir más viejo.
Además, quiero estar
atractivo para ti, mi amor.
No estarás pensando
que hay otra, ¿verdad?
Ignacio, tengo que
preguntarte algo.
Dime, mi amor.
¿Alguna vez has estado
con un hombre?
Sí.
Hoy estuve con un hombre.
Un ingeniero de la fábrica.
Estuvimos juntos viendo
las nuevas máquinas
que queremos comprar--
No te hagas el gracioso.
Sabes bien a lo que me refiero.
No, no sé a qué te refieres.
¿Alguna vez...?
¿te has acostado
con un hombre?
No.
Nunca.
¿Por qué me preguntas eso,
mi amor?
¿O sea que nunca has
tenido sexo con un hombre?
Ya te dije que nunca.
A mí no me gustan
los hombres, Zoe.
A mí me gustas tú.
Yo que pensé que me ibas
a preguntar algo serio.
- Júrame que no eres gay.
- Zoe, por Dios.
No digas tonterías.
No tengo que jurarte nada.
- Júramelo
- Está bien, te lo juro.
Zoe...
tú eres el gran
amor de mi vida.
Nadie más.
Y ahora, acuéstate.
Porque estás de un humor.
¿Gonza? Hola.
Bien.
Tomé una decisión.
Escribí una carta.
[suena celular]
[celular continúa sonando]
María, llévame las maletas
al coche, por favor.
Sí, señora.
[celular continúa sonando]
[suena timbre]
¡Ah, puta madre!
[suena timbre]
- ¿Quién es?
-breme, Gonzalo.
breme. Soy Ignacio.
[suena timbre]
- ¿Qué quieres?
- Eres un pendejo, Gonzalo.
Yo también te quiero, cabrón.
Eres un hijo de tu puta madre.
Si mi jefa te
escuchara, chingada.
¿Cómo pudiste decirle
a Zoe que soy un puto?
No me toques, cabrón.
¿Ese es el problema?
¡Tú y tus pinches cuadros!
No lo toques.
No toques mi cuadros.
O te parto tu madre, puto.
Suéltame. ¡Y no se te ocurra
decirme puto otra vez, cabrón,
no se te ocurra!
Te prohíbo que
vuelvas a ver a Zoe.
¿Oíste?
¿Qué es lo que quieres?
¿Destruir mi matrimonio, eh?
¿Eso es lo que quieres?
¿Dime
quién chingados te crees tú,
pinche pintorcito de mierda
para decirle a mi esposa
que yo soy puto?
¿Quién te crees?
Yo solamente le dije
la verdad, cabrón.
¿Crees que no me acuerdo
de lo que pasó, cabrón, eh?
¿De qué me hablas, güey?
Sabes perfectamente
de qué estoy hablando, puto.
Dime, ¿qué ves
aquí, cabrón?
Nada.
Dime, ¿qué ves
aquí, cabrón, eh?
Eso que ves ahí es el mundo
de ese niño, cabrón.
Un niño lleno de miedos,
lleno de manipulaciones,
porque su hermano mayor
quiso que así fuera, güey.
Recuerdo perfectamente
cuando me dijiste:
"Cierra los ojos, güey,
y piensa en la chava
que más te guste".
Y cuando realmente
pude estar con una mujer...
¿sabes... sabes qué fue
lo primero en lo que pensé?
En ti, güey.
En ti, puto de mierda.
Abusaste de mí y yo
te admiraba, güey.
Tú eras mi ídolo.
Yo hacía...
Y ahora vienes
a reclamarme cosas, cabrón.
Chinga a tu madre.
Lárgate.
Lárgate.
Estás enfermo, Gonzalo.
Aléjate de mi mujer.
[suspiro]
¡Zoe!
¡Puta madre!
Gonzalo, eres un hijo de puta.
Eres un hijo de puta.
[Zoe]Le dije a Gonzalo que
no podía quedar embarazada.
- [Boris] Ay, le mentiste.
- No, no le mentí.
- Eso pensé.
- [Suspira]
Tienes que creerme, Boris.
Ah, está bien.
Te creo, cariño.
Bueno, entonces,
¿ahora qué?
Seguro quieres tener a tu bebé,
¿no? De todos modos.
Creo que sí.
Pero...
¿y si Gonzalo no quiere?
En ese caso, puedes tener
el bebé tu sola, si quieres.
Pero no me gustaría que mi hijo
se quedara sin padre.
Ya.
Bueno, pues si quieres
que tu hijo tenga padre,
pues no hay ningún problema.
Yo puedo ser el padre de tu
hijo.
Así.
Boris, te adoro.
Yo también, yo también.
Digo, yo también me adoro.
¿De veras estarías dispuesto
a ser el padre?
Pero por supuesto,
chiquita, por supuesto.
[Empresario]
Admiramos mucho la manera
en que ha desarrollado
el mercado de sus negocios.
[Empresario #2]
Sobre todo, tomando en cuenta
que lo hizo en los mismo años
en que vimos cerrar
a tantas fábricas.
Por eso queremos ofrecerle
una participación
en nuestras empresas.
¿Una participación?
Así es.
¿Y qué es exactamente
lo que quieren?
¿Quieren mi a...?
...¿mi asesoría o mi capital?
Bueno, es obvio que una persona
tan bien informada como usted
sabe que hemos tenido
problemas de capital.
Perdón.
¿Me disculpan un momento?
Disculpe.
¿Podría decirme
si la señora Zoe Edwards
se encuentra alojada
en el hotel?
¿Me repite el nombre, por favor?
Edwards.
- [Gonzalo] ¿Estás segura?
- [Zoe] Sí.
Pero tú me dijiste que no podías
quedar embarazada, ¿no?
Sí, eso pensé.
Gonza, es un milagro
que haya quedado embarazada.
¿Cómo un milagro, cabrón?
No me chingues.
¿Y si estás sugestionada?
Digo es que, ¿cómo puedes estar
tan segura que estás embarazada,
güey? No mames.
Porque me hice tres pruebas
y las tres salieron positivas.
Por Dios, por Dios.
Esas pruebas son una mierda,
güey, son una mierda.
¿Y qué piensas hacer?
Puta madre.
¿A poco no te has
acostado con otro?
¿Y cómo sabes que Ignacio
no es el padre, eh?
- Ignacio es estéril.
- ¿Según quién?
¿Los mismos médicos que decían
que tú no podías quedar
embarazada?
No me chingues, cabrón.
Si estás embarazada,
cosa que dudo,
porque esos exámenes que
te hiciste son una mierda...
tienes dos opciones, eh.
O le dices a Ignacio
que él es el padre...
o abortas.
¿Que aborte?
¿Eso es lo que tú
me aconsejas?
O que le digas a Ignacio
que él es el padre.
Ahí tienes las dos opciones.
No te importa que sea tu hijo,
¿verdad?
¿Cómo mi hijo, cabrón?
¿Cómo chingados sé yo
que es mi hijo, eh?
Tú me engañaste.
Me dijiste que no podías
quedar embarazada
y ahora resulta que quieres
tener un hijo conmigo, cabrón.
¡Vas y chingas a tu madre!
No me llames.
No quiero que me busques.
Y no quiero volver
a hablar de este tema.
Saliendo de este cuarto,
tú no me conoces.
¿Entendiste?
[puerta se abre y se cierra]
[tocan a la puerta]
- ¿Sí?
- Buenos días, señora Berkley.
Acaba de llegar esto para usted.
- Gracias.
- Con permiso.
[Padre] No tengas miedo, Zoe.
Puedes confiar en mi
absoluta discreción.
No tengo perdón.
No digas eso.
Todos somos pecadores...
Y Dios perdona siempre
a los que se arrepienten.
Estoy embarazada.
¿No debería alegrarte eso?
¿Ignacio y tú no buscaban
un hijo hace años?
Sí, pero...
Ignacio no es el padre.
¿Quién es el padre?
No se lo puedo decir.
Cuéntamelo todo, Zoe.
Si no, Dios no te perdonará.
No puedo.
Me imagino que no habrás pensado
en abortar.
Dios no te perdonaría eso.
La vida humana es sagrada.
Tienes que tener
esa criatura.
Ignacio me va a matar.
Dile que es su hijo.
Dile que Dios hace milagros.
Ignacio y yo nos conocemos
desde niños y...
él es un alma muy noble,
muy buena.
l te va a creer.
En realidad, Zoe,
esto va en contra de mi ética,
pero entiendo tu situación.
Aquí puedes solucionar
tu problema.
Llámalos, pero no me nombres.
[timbre del elevador]
[puerta se abre]
Hola.
Hola.
[puerta se cierra]
Tengo que explicarte
cómo pasó todo.
No tienes que
darme explicaciones.
Gonzalo quiere que aborte.
Olvídate de Gonzalo.
No vale la pena.
Ahora lo único importante
son tú y el bebé.
Zoe, yo estoy contigo.
Yo voy a ser tu
aliado incondicional
para cualquier
cosa que necesites.
Si quieres, yo puedo ser
el padre de tu hijo.
Claro que... pues
yo tendría que decirte algo
antes de que aceptes.
¿Qué?
Dímelo.
Es que me da vergenza.
Nunca se lo he dicho a nadie.
- ¿Hay otra mujer?
- No.
Me gustan los hombres.
Zoe, yo te amo.
Te juro que te amo más
que a nada en el mundo.
Pero me gustan los hombres.
No puedo evitarlo.
Pues yo quiero ser madre.
He soñado con esto muchos años.
Y si tu quieres ser el padre...
Nunca te voy a dejar.
Yo no me iría
con nadie más, Zoe.
Pero si vamos a estar juntos...
yo quiero saber que si tengo
ganas de estar con un hombre,
tú no te vas a oponer.
Es lo justo, ¿no?
¡No mames!
Este cabrón se la creyó, güey.
- [Laura] ¿Qué dices?
- ¿Ah?
Que soy tío, mi amor.
Ignacio y Zoe tuvieron un hijo.
¿Puedes creerlo?
Ay, pero qué bueno, chiquito.
¿Y tú por qué no me
habías dicho que Zoe estaba
embarazada, mi amor?
No sabía.
Vaya, hasta que me
traen a mi nieto.
Hola, Cristina.
Hola.
Hola, José Ignacio.
- Hola, mamá.
- Hijo.
Este niño cada día
se parece más a ti.
¿Verdad?
Es que es un milagro.
Hasta tiene ese hoyito
que tenía tu padre, Ignacio.
Definitivamente, es un Edwards.
Pues yo no lo veo
tan parecido a mí.
Ay, Ignacio, por Dios.
Este niño, a dondequiera
que vaya, es hijo tuyo.
Además, una madre
nunca se equivoca.
- No lo puedes negar.
- No, mamá.
Yo, desde hace un tiempo
para acá, ya no niego nada.
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