All language subtitles for The.Great.Northfield.Minnesota.Raid.1972.1080p.BluRay.x264-BiPOLAR

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Original subtitles

Eran los forajidos más famosos del mundo.

Los pistoleros más hábiles, los asaltantes más temidos...

de trenes, diligencias y bancos que jamás hayan existido.

Frank James, armado con su colt de la Marina y su biblia.

Fancy Kid Chadwell que manejaba sus armas con rapidez.

Charlie Pitts, el curandero de los Ozark.

Y los salvajes hermanos Younger. Bob Younger, el más joven...

y su hermano, el silencioso Jim que recibió un balazo en la boca...

en una emboscada y sólo hablaba con sus armas.

Clell Miller, el hombre montaña. Y, naturalmente, Jesse James.

Jesse James que cabalgaba siempre junto al gran Cole Younger.

Galopaban como el viento.

SIN LEY NI ESPERANZA

Antes de que las heridas de guerra cicatrizaran en Missouri...

Llegó el ferrocarril robando las tierras a sus dueños.

Los hombres del ferrocarril dejaban sus hogares con sus familias.

Fue entonces cuando se produjo una inesperada reacción.

Otros granjeros de Clay County...

Los James y los Younger acudieron en su ayuda.

Acosaron a los hombres del ferrocarril y los expulsaron de aquellas tierras.

Pero desde aquel momento se convirtieron en forajidos.

Aunque las gentes de Missouri jamás olvidarían lo que hicieron por ellos.

Eso motivó que en 1876 la Cámara del estado de Missouri...

se reuniera en sesión extraordinaria.

Algunos Llaman forajidos a los Younger y los James.

Pero para muchos otros son héroes.

Por ello, propongo que se les conceda el perdón total...

y la amnistía absoluta.

Que gocen de libertad...

y que todos los que les persiguen dejen de hacerlo en el acto.

Que se les permita el regreso...

a sus hogares con sus familias...

para llevar una vida de provecho para poder estar...

en paz de nuevo...

en Missouri.

Pero los ferrocarriles contrataron al más grande de los detectives.

Alan Pinkerton.

Aquí comienza la verdadera historia de la gran persecución de Northfield.

Los legisladores están para hacer las leyes.

Nosotros para ser prácticos. Están locos si creen que...

pueden borrarse 15 años de vida criminal con una ley.

Si la amnistía se hace efectiva, ya habremos cumplido con nuestro deber.

Sólo podrán disfrutarla en el otro mundo.

Cole Younger y Jesse James tienen los días contados.

Nos infiltraremos en Clay County, buscaremos su escondite...

y acabaremos con esos asesinos.

No doy con ninguno.

Por más que pienso no encuentro un hombre honrado...

al que hayamos robado.

Porque sólo hemos robado a ladrones. A los ferrocarriles...

- a los bancos. Todos con chistera. - Dicen que nos darán una amnistía.

Nosotros deberíamos concedérsela.

- ¿Me pasas un periódico? - Sí.

Aquí dice, "Chicago, Illinois...

Northfield, Nebraska...

la Atenas de América"... ¿De dónde ha salido esto?

Cole los colgó ahí.

Dice que con la amnistía, éste es el mejor lugar para sus planes.

¿Planes? Esto no son más que papeles.

No, son planes de incursiones.

- ¿Para ir tras la línea enemiga? - Cole dice que ya...

- no hay líneas enemigas. - Cole dice...

Ese gallo de pelea se ha convertido en una gallina.

¿Que no hay líneas enemigas? Las hay y siempre las habrá.

Mira lo que haces con ellas.

Cole es un viejo pura sangre.

"Venid todos, hagamos un gran país. Maíz, trigo, ganado."

El símbolo del dólar lo mueve todo.

El mayor banco al oeste del Mississippi, Northfield, Minnesota.

Cole escribió algo aquí detrás. "800 km.

Disfraz: Compradores de ganado. Guardapolvos".

- Tendría preparada una incursión. - Yo diría que es un plan estúpido.

¿Qué pasa ahí fuera?

Medio centenar de yanquis. Le cortaron la cabeza a Big John...

la clavaron en una pica y la pasearon por las calles...

del pueblo gritando y cantando. Un hombre, no me lo invento...

que lo vio tan de cerca que se le fueron los ojos.

Todo por mirar demasiado cerca.

Fue un día de milagros.

Cole, enséñanos los agujeros de las balas.

No son diferentes de los de los demás hombres.

Pero los míos tropiezan antes con mi chaleco de la suerte.

- Enséñanoslos. - De acuerdo.

Cole, déjate de charla y vayámonos de aquí.

- Me lo han agujereado 14 veces. - Qué maravilla.

Cole está presumiendo.

- ¿De dónde lo sacaste? - Me lo hicieron en Kansas City.

Un guarnicionero llamado John Dudley Dobbs.

Me lo hizo a medida de cuero secado al sol empapado en salmuera.

14 veces en 15 años.

A veces dudo si elegí una buena profesión.

Cualquiera puede encontrarse con el cuerpo agujereado.

Lo difícil no es que te den sino levantarte después.

¿Tiene que llevar siempre el chaleco de la suerte?

Me temo que toda la vida, hijo.

Tiene una ventaja: Te ayuda a andar derecho.

Siempre es mejor salvar el pellejo que soportar uno artificial.

Cole, ¿vas a pasarte el día dándole a la lengua?

Sí. Hasta la vista, amigos.

Hace 10 años que espero este día. 10 largos años.

Desde ahora, son granjeros.

Su trabajo consiste en enterrarlos bajo el estiércol.

A por esos hijos de perra.

Ésta es una guerra a vida o muerte.

Bob, tendré que darte unos azotes.

- ¿Sí? - Sí.

Últimamente has hablado demasiado con Jesse Chadwell.

- Jesse James no es un gallina. - Ya.

Hay que ir con cuidado antes de llamar gallina a alguien.

Es un poco arriesgado aunque sea tu hermano.

Sobre todo cuando no se ha matado nunca a un hombre.

Tú no has matado a nadie, ¿verdad, Bob?

- Así es. - Aún estás a tiempo de no hacerlo.

- ¿Recuerdas al comanche Tony? - Sí.

Era muy hábil robando y disparando. Pero era incapaz de hacer algo.

- ¿El qué? - ¿Vas a pasar de largo, Cole?

- ¿Qué era incapaz de hacer? - Espera.

¿Qué tal, prima Maybelle? Estás preciosa.

- ¿Adónde vais? - No tengo ningún plan...

que no pueda alterarse. ¿Por qué?

Sé lo que te gusta parar en el camino y...

Sí, además...

Los forajidos siempre estamos dispuestos a ayudar.

Los forajidos tienen que echar una mano.

- ¿Te atreves con esa preciosidad? - Seguro que tú sí, Cole.

Eso era lo malo del comanche Tony.

No aprendió a reír, no tenía sentido del humor.

Uno tiene que ver siempre el lado bueno de las cosas.

Cole, Cole.

Un indio pequeño...

dos indios pequeños...

uno llamado Este...

otro llamado Oeste...

el Hijo...

el Padre y el Espíritu Santo.

Entre el hielo y salga el fuego.

La seda limpia bien los agujeros de bala.

Otro Oeste. - Deshollinémoslo.

No creo que sirvan todas estas supersticiones.

- ¿Puedes hacer algo mejor? - Por su aspecto...

- Lo mejor sería rezar. - Confía en la abuela india.

Es la mejor curandera de la comarca.

Si ella y Ezequiel no logran nada será momento de rezar.

Vinieron aquí y robaron las tierras.

Vinieron aquí y le arrancaron a tiros un brazo a mi madre.

Mataron a John Younger.

Y ahora a Cole Younger.

Y a esto le Llaman paz. Compartiremos con ellos esta paz.

He tenido una visión. He visto una ciudad yanqui.

Muy lejos, al norte, con el mayor de los bancos.

Todos nosotros vestidos de granjeros cabalgando en preciosos caballos...

hacia esa ciudad levantada en la llanura sobre las ruinas.

Volvíamos a ser guerrilleros tras las líneas enemigas...

y hacíamos llorar a esa ciudad.

Un lugar llamado Nor... Un lugar llamado Nor...

Un lugar llamado Nor... Un lugar llamado...

Northfield.

- Decid Amén, muchachos. - Amén.

Amén.

¿Dónde está Jesse?

¿Dónde está Jesse?

- Se han puesto en camino. - Estamos esperando la amnistía.

Le dije a Jesse que se las vería conmigo si intentaba algo.

- No te levantes. - Tengo que hacerlo, Charlie.

Tengo que levantarme o algún hijo de perra me enterrará.

- Por lo menos espera ayuda. - No la necesito.

- Tengo fuerzas para ir a la ciudad. - No están en la ciudad.

- ¿Dónde están? - En un lugar llamado Northfield.

- Minnesota. - Jesse tuvo una visión.

Maldito Jesse.

Ni siquiera sus visiones son suyas.

Necesito algunos ungüentos y remedios para torceduras, heridas...

- roces con las sillas de montar... - He puesto plumas de cuervo...

sangre seca de gato y pimienta molida en tu bolsa de curas.

Charley Pitts, lleva este arete de plata en la oreja.

Ahuyenta el miedo.

¿Tiene algo que decirme, abuela?

Oirás soplar el viento invernal...

y el llanto de una criatura en la noche.

No vayas.

A finales del verano de 1876, Cole, Jim Younger y Charley Pitts...

partieron de Clay County en dirección al norte.

La primera parada fueron las cuadras de Clell Miller al norte de Missouri.

- Hola, Clell. - Cole.

Jesse me dijo que habías muerto cuando pasó por aquí ayer.

- ¿Te dijeron adónde iban? - No, sólo que comprarían...

ganado y se establecerían gracias a la amnistía.

Van a hacer una incursión.

- ¿Qué? - Una incursión.

- ¿Ahora que les conceden la amnistía? - Lo que oyes y en territorio yanqui.

- Nos pondrán a todos en contra. - Vamos tras Jesse para detenerle.

- Iré con vosotros. - Tienes que ocuparte...

de algo más que de las mulas. Eres un hombre casado.

Maldita sea. Si lo hago, es por ti. Para que puedas vivir en paz.

Me dijiste que no volverías con esa escoria.

Es mejor que te quedes.

Jim.

¿Qué te parece esto?

Quiero que viajes sin que te reconozcan.

¿No irás a hacerle un bigote con la cola de una mula?

- ¿Tienes algo para pegarlo? - Algo habrá en mi bolso.

Un perfecto diablo. Le sienta bien, ¿verdad?

- Sra. Miller, ¿a que está guapo? - No me interesa lo guapo.

Me interesa lo decente.

Las buenas acciones son mejores que las buenas apariencias.

¿Has oído Clell Miller?

Está bien. Vayámonos, chicos.

Clell.

Me escapé.

He intentado hacerle entender que una incursión es una cosa...

e intentar impedirla es otra diferente.

Algo así como una cruzada o una empresa noble.

- Sí, estoy harto de limpiar mulas. - Pues, en marcha.

Como en los viejos tiempos.

No puedo creerlo.

Cole Younger...

está vivo.

Esta vez me las entenderé con él personalmente.

¿Qué ha pasado?

Indios, probablemente sioux.

- ¿Cuándo ha ocurrido? - Ha primera hora de la mañana.

- Ese maldito bastardo. - ¿Jesse?

Les mataron a tiros y ningún sioux hubiera renunciado a la cabellera...

rubia de ese soldado. Era mejor que la de George Armstrong Custer.

¿Por qué Jesse mataría a esos soldados?

Por las armas.

¿No le conoces? Le vuelven loco. Jamás tendrá suficientes.

Si no nos damos prisa, pronto las utilizará.

- ¿Vamos muy lejos? - A unos cientos de kilómetros.

Ya me duele el trasero.

Clell, ¿qué te parece continuar el viaje en un caballo de hierro?

"Las ruedas...

se mueven por unos émbolos conectados a ellas".

- ¿Están bien los caballos? - Estupendamente.

La rampa de ganado está lista. El maquinista sabe cuándo parar.

Estoy impaciente por ver...

la cara que pondrá Jesse cuando nos vea llegar.

No me acostumbro a ir en un tren que no voy a robar.

Es de mal agüero utilizar un medio que se ha atacado.

Veo que le interesan las maravillas mecánicas.

Aquí tengo algo que jamás me perdonaría no haberle mostrado.

Mire cómo boxean.

Mirad qué maravilla.

- También un pájaro. - ¿Ve cómo mueve la cola?

- ¿De dónde son ustedes? - De aquí y de allá.

- Bonito sitio. - Hemos sentido mucho dejarlo.

Me encanta la gente de buen humor.

He visto tantas caras tristes y he oído tantas maldiciones...

en el lugar del que vengo que esto es un consuelo.

- ¿De dónde viene usted? - De Missouri.

¿Por qué cree que las gentes de Missouri están tan tristes?

Por esa votación a favor de la amnistía.

No creí que vería a tantos representantes del pueblo...

votando a favor de quienes nos degüellan.

- Yo voto sí. - ¡Sí!

- El señor Beale de Jackson County. - Voto a favor de la amnistía.

Entonces, el secretario de la Cámara realizó una sesión de emergencia.

Después se dijo que aquello fue una maniobra.

Yo creo que el secretario dio muestras de talento...

al conseguir anular la mayoría de votos a favor de la amnistía.

Las gentes de Missouri no quedaron muy satisfechas.

Deben comprender que quien infringe la ley ha de pagar.

- Malditos ladrones. - Cierto.

- No se merecen la amnistía. - No me refería a los forajidos.

Me refería a los que han invadido esto con el ferrocarril.

No deseo entrar en discusiones.

Caballeros.

Eso significa que no habrá amnistía.

- Eso parece. - ¿Qué vamos a hacer?

¿Qué vamos a hacer?

No creo que sea necesario impedirle nada a Jesse.

- ¿En qué piensas, Cole? - En un banco al oeste del Mississippi.

Esto no me gusta.

Este lugar es de mal agüero.

Dispararé sobre el primero que intente escapar.

No lo olvidéis.

- Buenos días, Sheriff. - Pasables.

- ¿Compradores de ganado? - Así es.

Me lo he figurado por su vestimenta.

- ¿Qué lleva ahí? - Presos.

- Vamos a la prisión de Stillwater. - ¿Qué han hecho?

Todo lo imaginable.

Son gentuza. Vagabundos en busca de trabajo fácil.

- Ladrones de todo tipo. - No parecen muy felices.

Por supuesto que no. Me alegro de meterlos entre rejas.

Lo ha hecho usted muy bien. No les será fácil escapar.

Hay que hacer respetar la ley. Nadie la respeta desde que...

Jesse James inventó los asaltos a los trenes.

- Jesse James no inventó los asaltos. - ¿Quién entonces?

Pues yo, sheriff.

Ya, y yo soy más famoso que Paul Bunyan.

Disfruten de su estancia en Northfield.

Gracias.

No perdamos más tiempo. Adelante.

- ¿Quién será Paul Bunyan? - Jesse James irá diciendo que...

él inventó el robo a los bancos en pleno día.

Eso también lo inventaste tú.

El mundo es injusto con los inventores.

Es un milagro. Ya lo creo.

"El centenario americano. 100 años de unión".

¿A quién tratan de engañar? ¿Han olvidado una guerra civil?

Al diablo la unión.

Esa gente celebra el centenario americano y ni siquiera lo son.

Pandilla de extranjeros.

- Lo importante es pasarlo bien. - Hoy jugaré de primera base.

Pandilla de idiotas también.

¿No es esto otro milagro?

Un tren extraño que se ha salido de las vías.

Ahí está el banco.

Deseo demostrarles que es un placer hacer negocios aquí.

Quiero dedicar esta primicia a las personas de Northfield...

clientes de nuestro banco y a aquellas que lo serán.

Muy pronto funcionará correctamente. Vuelvan luego.

Bastará con algún reajuste.

- Me dijiste que funcionaría. - Funcionará.

Pobre de ti si no. Se han reído de mí.

No te pagaré hasta que funcione.

- Hola. - Buenos días.

- Si no me equivoco, es forastero. - Sí.

- Habrá venido por negocios. - Sí.

Si podemos hacer algo por usted en el banco, dígamelo.

La válvula de admisión está atascada.

- Dentro hay un muelle. - No se acerque. Apártese.

- La válvula está atascada. - No tiene nada que ver.

- No toque nada. Es peligroso. - ¿No va a desatascarla?

No toque nada.

¿Qué se le ha ocurrido ahora?

El señor Wilcox es capaz de todo para atraer dinero al banco.

Dicen que es el mayor banco al oeste del Mississippi.

Debe irle muy bien.

Estar a punto de quebrar no es ir bien.

- ¿Es usted el presidente del banco? - No, soy el contable.

¿Cómo se llama?

- King. - Sr. King, desde la crisis del 73...

el problema es que la gente confíe de nuevo en los bancos.

Ven que se cierran los bancos. Se dan cuenta de la inflación...

de la depresión y desconfían. No se fian de los bancos.

Mire, ese hombre es el más rico de Minnesota.

¿Confia en los bancos? No. Guarda su dinero en casa.

El Sr. Wilcox no sabe qué inventar para que le confien su dinero.

¿Saben para qué? Para invertir en todos los negocios.

Primero, compró una caja fuerte con un sistema de relojería.

Sistema de relojería... Empezó a obsequiar a todo el mundo.

Dio grandes fiestas y ahora trata de engatusarles con esto.

El calíope, su último invento.

No me gusta ver cómo se aprovechan de la gente.

No me sorprendería que acabara largándose de la ciudad.

Con el dinero de los granjeros, claro. Ese hombre no se detiene ante nada.

Es una idea interesante, Sr. King.

- ¿De qué modo obtendría beneficios? - ¿Su banco no dispone de una granja...

- que podamos utilizar? - Alguna embargada recientemente.

Cuente con ella.

Me gusta su forma de hacer negocios.

Se lleva una buena tajada pero, ¿por qué no?

Todo el mundo lo hace.

Desde Jay Gould y Jim Fiske...

hasta el propio presidente.

Es cuestión de ingenio. La supervivencia de los mejores.

- ¿Cree que picarán? - Probémoslo. ¿Qué puede perder?

Puedo perder una saca de oro.

Por ello, quiero que les acompañe el señor Bunker.

Sólo por si sus amigos no resultaran de fiar.

- Compréndalo. - Lo comprendo.

Bien, socio.

En marcha si debemos traer el oro para su banco.

De acuerdo, socio.

Cole Younger en Minnesota. ¡Den la vuelta al tren!

Volvemos a Minnesota.

Van al norte intentando huir ahora que no hay amnistía.

Esta vez no les acompañará la suerte. No tendrán otra oportunidad.

No, señor.

No necesito ayuda de nadie.

No, señor.

Me las arreglo yo sola.

El 5 de septiembre de 1876, tras recorrer más de 1.000 km...

Jesse James llegó a Minnesota.

Durante la crisis del 73 lo perdimos todo.

En el 74 vino la plaga de la langosta.

Luego Llegó el turno de los políticos y después el del ferrocarril.

Al año siguiente, una fiebre se llevó a mi Harry.

Lo último que me dijo fue: "Lottie, no vendas a los niños".

Los niños son lo único que me queda. No los venderé ni para la hipoteca.

Nos costó años conseguirlos. ¿Quieren verlos?

Los estaba empaquetando cuando llegaron. Están en el baúl.

No se moleste.

Mis niños proceden de todo el mundo.

A éste mi Harry le llamaba Samuel.

Venían de todas partes, hasta de Hanska Slough...

para ver a los niños.

Ese maldito propietario le ha ordenado marcharse hoy si no paga.

- Yanqui bastardo. - Y sólo porque le debe...

80 dólares. Pero no venderé los niños.

Hace muy bien en no venderlos. Frank, dale 100 dólares.

No, joven, no he llegado a eso. No aceptaré su dinero.

Podría dejarnos adoptar al pequeño Samuel.

ÉL tendrá un buen hogar y usted podrá seguir aquí.

Dios le bendiga.

Pero sólo aceptaré los 80 dólares.

Sé que tratan de hacer una buena acción.

Quiero decirles algo. Tengan cuidado. Hay ladrones por todas partes.

Les devolveré el dinero. ¿Dónde puedo enviárselo?

Vamos, chicos.

Mirad ese maldito propietario.

Has hecho una buena acción, Jesse.

Un forajido siempre debe estar dispuesto...

- a ayudar a los demás. - Cole también dice eso.

Pues lo aprendería de Jesse.

- Mi hermano Jesse es casi un santo. - Roba sólo a los ladrones.

Propietario.

¿Le parece bien echar a las mujeres y a los niños de sus hogares?

No lo hago por gusto.

Es sólo lo que tengo que hacer.

Si consintiera que una persona no pagara...

Propietario, le vendo este muñeco.

Lo compraré.

- ¿Cuánto quiere por él? - Todo lo que lleva encima.

Has hecho bien, iba a sacar su revólver.

Soy Jesse Jemes, mi hermano Frank, Bob Younger, Chadwell.

Que esto te sirva de lección, Bob.

Nadie debe identificarnos en campo enemigo.

Además, era un yanqui.

Es mejor que recojas el muñeco.

Podrían pensar que lo mató la vieja para recuperar su dinero.

Ella es yanqui también.

Otra lección.

Quiero presentarles al Sr. King, el comprador de ganado de Missouri.

El Sr. Allen, el Sr. Manning, Henry Wheeler.

Henry pronto será médico.

- ¿Nunca había visto béisbol? - Así es.

Todo el mundo lo juega, es el deporte nacional.

- Cierto, es deporte nacional. - Nuestro deporte nacional...

- es el tiro y siempre lo será. - Aquí no llevamos armas.

Está en Minnesota no en su estado de forajidos.

Eso es una ironía porque ayer me atacaron a las afueras de la ciudad.

- ¿Qué? ¿En Northfield? - Exactamente, señor.

Unos rufianes trataron de robarme mi oro, por eso llevo mi rifle.

¿Es cierto?

Me han dicho que una banda de ladrones merodea por aquí.

A muchas personas les han robado delante de sus narices.

No había oído nada de eso. ¿Y tú, Manning?

- ¿Ladrones en Northfield? - Este hombre dice que sí.

- Intenté ver al sheriff pero... - Fue a llevar unos presos...

- a la cárcel del estado. - Dejaré mi oro en el banco.

- Es el lugar más seguro de la ciudad. - Allí estará a salvo de ladrones...

- pero no de una quiebra. - No sabe lo que dice.

¿No? Usted no tiene oro en su banco. El dinero no está seguro allí.

Me parece que se llevará una gran sorpresa.

¡Mía! ¡Mía!

¡Tírala!

- ¡La tengo! - ¡La tengo!

- ¡La tengo! - ¡La tengo!

Está fuera.

Tire la bola.

¡Tire la bola o perderemos!

¡Hemos ganado!

Llorones.

- Pandilla de perdedores. - Llorones.

Así jugamos en Northfield.

Mira cómo corren.

Buen tiro.

- Ya saben cómo nos las gastamos. - Me gustaría ver más de esos.

A mí también.

Minnesota, esta vez no puede haber fallos.

Su destino está marcado, están sentenciados.

Bien. Ahora tú, Henry.

Cógela firmemente pero acariciándola, como si fuera la mujer de tus sueños.

Así. Pon el dedo en el gatillo.

Y di: "La madre del presidente Ullises S. Grant".

"La madre del presidente Ullises S. Grant".

Muy desviado a la derecha.

Bien.

No olvides esto. Fija bien la vista en el blanco antes de disparar.

Sr. Wilcox, ¿sería tan amable de abrirnos hoy el banco?

Traigo el cargamento de oro.

- ¿Qué cargamento de oro? - ¿Qué pasa aquí?

Me alegro de que hayas llegado bien, Bunker.

Ha habido muchos robos últimamente.

Llevaremos ese oro a mi caja fuerte para que esté seguro.

No me dirá que todo eso es oro.

No puedo creerlo, es imposible.

Que nadie se acerque.

Está destinado al Banco Nacional y nosotros hemos de llevarlo.

Como atención especial a nuestro pueblo...

el banco abrirá hoy domingo para cualquier depósito.

Con el debido respeto, yo también haré el mío hoy.

Muy sensato.

- Yo también. - Y yo.

Tiene piezas sueltas. Creo que podría arreglarlo.

- Bastaría una cuña de madera... - Quieto, no toque nada.

- El técnico soy yo y sé lo que hago. - Está bien.

Guardia, ¿han terminado de hacer el depósito?

Disculpe la pregunta, ¿por qué lleva ese arete?

No seas indiscreto con los forasteros.

Un hombre con arete me parece raro.

- Y más aún un guardia nacional. - Un aro de plata ahuyenta el miedo.

- ¿Qué ha dicho? - Que ahuyenta el miedo.

¿Eso lo dice un guardia? No tiene sentido.

Ahuyenta el miedo.

Podría resultar un buen negocio.

Me interesaría comprar esos pendientes.

¿Se llevan por parejas o uno?

Debe haber un mercado de cosas así. ¿Usted los vende?

No le haga caso. Es Gustavson, el loco.

Su único hijo se fue a la guerra y nunca volvió.

Ya han pasado 10 años y cree que cualquier forastero es su hijo.

- Willie, al fin has vuelto. - No es Willie.

- No es Willie. - Willie.

No sabe lo que dice pero es inofensivo.

- Está loco. - Loco.

La mirada de un loco da mala suerte. Que deje de mirarme.

Un momento.

Lárgate de ahí. Fuera loco.

- Se le tira una piedra y se va. - Queremos que los forasteros...

se encuentren a gusto. Avísenos si vuelve a molestarle.

Amigos, ya pueden pasar.

Guárdese unas piedras por si vuelve por aquí.

¿Qué te decía de piedras?

Nada, tonterías. Se divierten así con ese loco.

- Bonito. Cosa bonita. - No lo toques.

Lárgate de aquí. Fuera.

Amigos, lo siento, cerramos para almorzar.

Vuelvan dentro de una hora.

Admitiremos sus depósitos dentro de una hora.

- Paciencia. - Hasta luego, gracias.

- Se cierra para almorzar. - Vaya usted también.

- ¿No deberíamos contarlo? - No se preocupe.

El Sr. Wilcox y yo nos encargaremos después de recibir los depósitos.

Vaya a almorzar.

¿De acuerdo?

Siempre se te han desviado los disparos hacia la derecha.

Ahora se desviarán a la izquierda.

Ya no podrás fallar.

Ven y te lo demostraré.

Recuerda, los pies firmes.

Elevas el arma al hombro...

apoyas la cabeza...

fijas la vista en el blanco y aprietas el gatillo.

- Ésta es la ciudad de la llanura. - La Gomorra de los yanquis...

levantada sobre las ruinas de la guerra.

Me recuerda a cuando fuimos a Lawrence, Kansas...

durante la guerra con Charlie Quantrell...

ondeando una bandera negra.

Lo orgullosos que estábamos. La mayor incursión de bandas.

Mataríamos mil yanquis.

Luego dijeron que matamos a mujeres y niños para desprestigiarnos.

Yo no vi ni a mujeres ni a niños. ¿Y tú, Frank?

Tampoco, por lo menos de piel blanca.

¿Qué es eso?

- Le Llaman el calíope. - ¡Cole!

- ¿Qué diablos haces aquí? - ¿Os enterasteis de mi visión?

¿Qué clase de visión?

La de que asaltaba el mayor banco al oeste del Mississippi.

- Ésa no me la habías contado. - Porque no la había tenido...

todavía.

¿Qué tal, Jesse?

Necesitáis un buen baño.

Alto, muchachos.

Ahora que he llenado el banco de dinero, soy un tipo importante.

- Y nosotros la guardia del tesoro. - Vaya, vaya.

Se hablará de esto en todo el país por los siglos de los siglos.

Lo escribiré y enviaré el relato a todos los periódicos.

Qué bien se está aquí. Qué calorcillo tan agradable.

- ¿Esas piedras calientan el agua? - Sí.

Ahí va.

Mañana haremos llorar a esta maldita ciudad yanqui.

La borraremos del mapa.

Nada de eso, Jesse.

Sólo un estúpido lo haría sin ser necesario.

Entraremos en el banco, mi socio nos dará el dinero y nos iremos...

- sin un tiro ni un grito. - Lo dices como si fuera...

una operación comercial y nosotros no lo hacemos por dinero.

Te equivocas.

Hemos venido a demostrarle al mundo quiénes somos.

- Sabrás por qué. - Por la amnistía, nuestra libertad.

- ¿Amnistía? ¿No la habían anulado? - Nos la han robado...

y nosotros haremos lo mismo. Para eso necesitamos dinero.

Hay que atracar un banco lleno para no tener que atracar más.

- Eso habrá que pensarlo despacio. - Lo he pensado mucho...

- y el final siempre es el mismo. - Por mí, de acuerdo.

Pasaremos la noche alrededor del fuego, como en los viejos tiempos.

Esto hay que celebrarlo.

Hay que celebrarlo antes del golpe...

y después del golpe. Para ello os llevaré a un lugar muy especial...

y muy reservado que se llama Mankaty Kates.

- No vamos a ir. - Quiero ver a chicas.

Hay chicas de todo tipo, vamos.

- No me lo pierdo. - Vuelve aquí, Chadwell.

Ahí es adonde quiero ir.

Se acabaron los depósitos por hoy.

Toda la ciudad nos ha traído su dinero.

Piedras.

Piedras.

Ha engañado a toda la ciudad para que trajera el dinero al banco.

- Sabía que había algo sucio. - No digas una sola palabra a nadie.

- Usted ha sido su cómplice. - Si el banco cierra...

- nos quedamos sin empleo. - No me importa.

Son unos ladrones.

¿Qué tal, Clell?

No he debido hacerlo.

Es guapa pero...

- Yo estoy casado y no está bien. - Debiste pensarlo antes.

Ya lo pensé. Antes, durante y después.

Estuve a punto de estropearlo.

Debí irme a buscar ranas.

Jesse tenía razón.

- Hay que vivir limpiamente. - Jesse siempre está con el alma.

Siempre tiene algo contra las mujeres. Sobre todo las jóvenes.

- No sé por qué. - Es curioso que no se relacione...

- mucho con las mujeres. - Os olvidáis de Zerelda Mimms.

Zerelda.

Es cierto, Bob.

Hasta un pollito extraviado pica algún grano de maíz.

Mira a Jim. Lo hace muy bien.

Cuando hablaba, contaba muchas historias.

Un verdadero milagro.

- ¿Qué es un milagro? - ¿Un milagro?

Una cosa milagrosa, algo especial, extraño y hermoso.

Puede ser un cuadro bonito o una canción bonita o...

un sentimiento.

- Eso suena precioso. - Lo es.

¿Sabes que con la maquinaria hay una revolución?

- ¿Maquinaria? - Sí, máquinas.

Funcionan a vapor, con gasolina, con electricidad...

Aquí mismo, en marzo, un tal Bell registró un chisme con el que...

la voz de un hombre puede oírse a más de un kilómetro de distancia.

Eso es un milagro.

- ¿Qué te pasa? - Ya basta, estoy agotada.

Cole, ven aquí.

Tengo una cosa para ti. Ven.

- ¿Qué es? - Algo estupendo, veras qué vitalidad.

Espero que sirva para darme fuerza porque tiene un sabor asqueroso.

Era para frotarte.

- ¿Qué te pasa? - Estoy decidiendo si te mato o no.

- ¿Notas algo? - No noto nada.

Allá va, Cole.

Aquí está el hombre más fuerte del mundo.

Dejadle paso.

- No te caigas. - Una, dos, tres.

Seis, siete. Aún sigue en pie.

Ánimo, Cole.

Va a llover. Ayúdame a recoger las sábanas.

- Nos veremos, Kate. - Lo dudo.

Te irás con tus negocios a otra parte.

Yo no soy hombre de negocios.

Gano la partida.

Esperad un momento.

- ¡No! - Quieto, venimos a retirar dinero.

Sr. King, ¿qué ocurre? Esto no forma parte del trato.

Dígales que suelten las armas.

Dígales que somos socios. Suélteme, no lo entiende.

Abra la caja.

Ordénele que abra la caja.

Ábrela.

Estos hombres hablan en serio, idiota.

No soy ningún idiota, Sr. Wilcox. Son todos unos bandidos.

Esto forma parte de su plan.

Ahora que todos han metido el dinero tratan de fingir un atraco.

- Abra o quedará despedido. - No me echa, me voy.

- A ver quien la abre ahora. - Dígale que la abra.

- Ábrala o... - Espera.

Confié en usted.

No me peguen más, péguenle a él.

Willie.

- No es más que un viejo loco. - Largo de aquí.

Muy listo, amigo. Ni siquiera estaba cerrada.

Entra ahí, Chadwell.

- Tú eres Willie. - Lárgate, no ves que llueve.

Sí, sí, eres Willie.

¡Ha vuelto!

Ahora sí está cerrada.

- Abra esa maldita caja. - Márchense. El plan no dará resultado.

Chadwell, yo te sacaré de ahí.

- ¿Qué has hecho, Jesse? - Chadwell.

- Jesse James. - Chadwell, te sacaré de ahí.

- Este cacharro funciona. - Lo está haciendo funcionar el loco.

Esto no hay quien lo abra.

¡Robo en el banco!

La madre del presidente Ulises S. Grant.

- Chadwell, te sacaré de ahí. - Vayámonos de aquí.

- Soltadme. - ¿Te has vuelto loco?

Vamos.

Quieren llevarse nuestro dinero. Coged las armas.

Vamos, rápido.

¿Queréis destrozarme la tienda?

Le di a uno.

Venís a robar nuestro banco.

Venís a robarnos.

- Apártate de ahí. - El que quería robar era Jesse James.

- Son hombres de Jesse James. - Apártate.

Vuelven.

Bunker ha dicho algo de Jesse James. ¿Creéis que era él?

Nunca vienen tan al norte a robar.

Fijaos en esto.

Pobre loco.

Era inofensivo. Cómo han podido hacer algo así.

Tengo a uno de ellos encerrado ahí dentro.

Han matado a Heywood a sangre fría.

Ha muerto como un héroe.

Le haremos un monumento. Ha salvado vuestro dinero.

Vamos allá.

Hemos salvado vuestro dinero. Os dije que era el lugar más seguro.

- Quieres abrir la caja. - Tiene cerradura de relojería.

Hay que esperar a que llegue la hora. Es cuestión de minutos.

Oigo el tic tac.

Por favor, salid todos. Yo me encargo de ése.

Por todos los demonios. Abra ya esa caja.

- Está ahí dentro con nuestro dinero. - He oído un clic.

- Démosle una lección. - Calla.

¿Jesse?

Sacadlo de ahí.

Rápido.

Cerraré la caja otra vez antes de que a nadie más se le ocurra robar.

Formemos una patrulla.

Hay que dar el aviso a todo Minnesota.

El telegrafista, no creo que esté muerto.

- Reanimadle, debe comunicarlo. - ¿Les decimos quién ha sido?

- No acabo de creerlo. - Cole Younger.

Sonría.

Vienen clientes, chicas.

¡Que salgan todos los hombres!

Quieto.

- Tú, ¿qué haces aquí? - Soy comprador de ganado.

- Ese cuento es muy viejo. - Ya tenemos a dos.

Trataban de huir.

- Si escapaban, está claro. - Tenéis algo que ocultar.

Éste es uno de ellos. Estoy casi seguro.

Aprovecharemos la ocasión para liquidarlos aquí mismo.

- Moveos. - Andando.

- ¿Te has vuelto loco? - No se les puede dejar morir.

- Lo he hecho por humanidad. - Han podido oír esos disparos.

No me hables de que puedan oírnos. El cacharro que arreglaste...

- nos metió en este lío. - No se te pudo ocurrir mayor idiotez.

Alto el fuego.

- Bandera blanca, los tenemos. - Cuando asome Cole, dispara.

- ¿Qué dice? - Dice que hemos herido a dos...

que son de la patrulla de Shieldville. Persiguen a Jesse James.

Maldición.

Creí que les teníamos.

¿De Shieldville? No valen mucho, ¿verdad?

Tela de araña y un poco de excremento de mofeta.

Eso detendrá la hemorragia. Tranquilízate.

- La tranquilidad es la mejor cura. - Cole.

¿Qué, Bob?

- Se ha levantado un viento frío. - Bob, ya estás mucho mejor.

Creo que podemos seguir.

- Sí, vayámonos. - No te muevas, Bob.

Nos quedaremos hasta que puedas caminar.

No te haremos caso, Cole.

Esta incursión fue idea tuya y ha estado muy mal planeada.

Tú nos metiste en esto y yo haré que salgamos.

Si nos quedamos aquí, nos localizarán por el humo.

Tiene razón. El crepitar de la leña indica que lloverá mucho.

Eso son supersticiones. No tiene ninguna lógica.

Es la verdad, en la verdad no entra la lógica.

Necesitas saber más de religión y menos de supersticiones ridículas.

- ¿Sigues sin creer en las señales? - Cállate.

No quiero hablar con alguien que fanfarronea por un golpe de suerte.

- Muchachos, estamos en casa. - ¿Qué dices, Jesse?

Frank, he tenido una visión.

Unos canallas nos arrebataron su muñeco Samuel.

Le partieron la cabeza y nos dispararon sin motivo.

No hay hospitalidad en esta región.

- Está llena de asesinos. - Aquí no vendrán.

Quédense, ésta es su casa. Después de lo que hicieron por mí...

- Es como una madre para mí. - Dicen que ha habido muchos tiros.

- ¿Por qué ha sido? - Creo que por dinero.

Siempre es por lo mismo.

- Gracias, mamá. - Gracias, señora.

¿Frankfurt?

Nos hemos burlado de esos yanquis en pleno día.

¿Vísteis sus caras al oír el nombre de Jesse James?

Uno hasta se desmayó al oír Jesse James.

Hemos perdido a Clell Miller y a Chadwell, señor Jesse James.

Otros les sustituirán. Entre forajidos siempre hay pérdidas.

Lo importante es demostrar a los yanquis que la guerra sigue.

Siempre se hablará de esta incursión.

¿De nosotros o de ellos?

Hay que marcharse.

La vieja tiene caballos y un carro. Podremos cruzar la frontera.

Bob no puede ir.

Si Bob no puede ir, tendremos que dejarle.

La vieja cuidará de él. No podría estar más seguro.

Si es seguro para él, Lo es para nosotros.

Cole, hemos perdido a Chadwell...

y a Miller también.

Bob es tu hermano.

Mi hermano Frank sabe que hay que dejar a algunos atrás...

para que los demás sigan adelante.

Deja que los muertos entierren a los muertos.

Jesse repite lo que dice el Señor.

Bob no está muerto, Jesse no es el Señor y nosotros...

no nos vamos aún. He estudiado el mapa.

Según el mapa...

estamos en Hanska Slough...

cerca de Winona y del ferrocarril de St. Peter.

Esperaremos a que Bob se recupere, Lo meteremos en el ferrocarril...

y nos iremos a casa.

Han debido alejarse mucho. Propongo que regresemos.

Sigamos un poco más.

Necesitaría algunas cosas como...

raíces para la fiebre, cenizas de una serpiente...

Llamaré al médico.

Tú qué dices.

Vive bastante lejos.

Pero venía a ver a mi Harry y le atendía muy bien.

Es un buen hombre. Se puede confiar en él.

Cuiden de mis niños.

- Va en busca de un médico. - Ya era hora.

Bob necesita algo más que pócimas.

¿Por qué no venís a sentaros dentro?

Aquí estamos muy bien.

Duerme, nosotros vigilaremos.

No está bien que una mujer vaya sola por esos caminos.

Sobre todo habiendo tantos rufianes.

Ellos pueden cuidar de sí mismos. Nosotros cuidaremos de mamá.

Lo que daría por poder atraparles.

Con todo esto, tendremos historias que contar este invierno.

Mira eso.

¿Qué ha sido eso?

Una muñeca.

- Sólo una muñeca. - "Oirás soplar el viento invernal...

y el llanto de una criatura en la noche.

Tápate esas manchas de sangre.

Hemos de organizar otra banda en cuanto lleguemos a casa.

Podemos llamar a Jim Cummings y algunos de la taberna de Fred.

Y a aquel otro chico joven, ¿Bob Ford?

Sí, Bob Ford. Podemos llamarle.

Creo que es un tipo interesante.

Atraparemos a Cole Younger y a Jesse James.

No olviden que mi reputación está en juego.

Bajen todos.

Ha salvado nuestro dinero, Wilcox.

Jesse ha ido a por ayuda, ¿verdad, Charley?

Mirad qué cara. Es horrible.

Ladrones. Bandidos.

Northfield fue el fin de la banda.

Charley Pitts murió. Jesse y Frank escaparon.

Seis años después...

a Jesse James le mató por la espalda un joven llamado...

Bob Ford.

Cole Younger recibió once tiros más en Northfield...

26 agujeros en total.

- Se está levantando. - Fijaos, intenta levantarse.

- Es Cole Younger, el jefe de la banda. - Miradle.

Es increíble.

- Puedes hacerlo. - Es Cole Younger.

Esto sí que es un milagro.

Las gentes de Minnesota le aclamaron hasta la puerta de la prisión...

de Stillwater donde estuvo encerrado durante 25 años.

Cole Younger vivió hasta 1916 y vio el nacimiento de una nueva era.

Pero, en Northfield, terminaron sus días de forajido.

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