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UNA SERIE ORIGINAL DE NETFLIX
Inspirada en hechos reales. Algunos elementos son ficción.
Cualquier semejanza con personas reales es mera coincidencia.
EL REALISMO MÁGICO SE DEFINE COMO UN ENTORNO REALISTA Y DETALLADO
QUE SE VE INVADIDO POR ALGO
TAN EXTRAÑO QUE RESULTA INCREÍBLE.
NO POR NADA EL REALISMO MÁGICO NACIÓ EN COLOMBIA.
Hoy, el gobierno de EE.UU. puede escuchar todo lo que digas.
Sabe dónde estás, sabe con quién hablas,
y créeme, sabe con quién coges.
Si enciendes un teléfono celular o una computadora, estás perdido.
Pero en la Colombia de 1989, no era tan fácil.
Para empezar, no había Internet.
Ni celulares.
Lo máximo eran los teléfonos satelitales,
y para captar uno, había que volar justo encima.
Además, los únicos que tenían uno eran los millonarios.
Los terratenientes, los políticos...
Y por suerte para nosotros, los narcos eran los más ricos de todos.
¿Entonces qué, Lagarto?
¿Vamos de rumba esta noche? ¿O qué?
Y cuando captabas una señal, no sabías a quién escuchabas.
Por eso el gobierno de Estados Unidos diseñó software
para identificar la voz de nuestros objetivos.
Tengo a Poison en 400 a 1700 megahertz, caballeros.
Y ya lo imaginan: tampoco había GPS.
Hammer, prepárate para la conexión.
Cuando teníamos un objetivo, después había que ubicarlo.
Debíamos triangular la señal con recursos en tierra.
Está en Modelia. En el lado oeste.
Hawkeye, ¿me copias?
¿Puedes ser más específico? Hay policías.
La Dispensaria.
Tengo una mesita lista.
Cáigale a medianoche, papá.
Poison no lo sabía, pero había concertado una cita.
Negativo para Hammer. Este idiota ya nos dijo adónde irá.
Hammer, corta la conexión.
¿A quién le damos el dato? ¿A la DEA?
- Sí. A Javier Peña. - Peña es un imbécil.
- Se lo daré al otro. - Bien.
"El otro" era yo.
Steve Murphy, agente de la DEA.
Y como ven, estoy muy arraigado en Colombia.
¿Hola?
Poison irá de juerga a La Dispensaria.
Bien.
Se encontrará con Lagarto y el resto a medianoche.
De acuerdo.
Me encantaría ir yo mismo tras Poison,
pero el accionar de la DEA está limitado en el exterior.
Así que hice lo que harían ustedes... Llamé a la policía.
¿Hola?
¿La Dispensaria?
Listo.
Adivina quién era.
Tu compañero.
Me acaba de dar un regalito.
Poison.
¿Ya sabe cómo lo voy a empacar?
Sí, claro.
No es ningún pendejo.
Pues, me voy.
¿Me vas a clavar con la cuenta, cabrón?
Pinche tacaño.
Por si les queda alguna duda, este es el imbécil:
Javier Peña, mi compañero.
Y este es el coronel Carrillo, líder del Bloque de Búsqueda,
la unidad que ayudamos a crear para atrapar a los malos.
No quería mucho a los narcos.
Es hora de divertirse en la Zona Rosa. Todos van allí.
Sobre todo los matones locales.
Los colombianos los llaman sicarios.
- ¿Entonces qué, mijo? - ¿Qué más, hermano?
Vamos adentro a pasarla bueno.
Poison era uno de los mejores.
Un maldito desquiciado que mató a decenas de personas.
Incluso a cientos.
Pero no me malinterpreten.
Habría enviado a Carrillo aun si Poison no hubiera matado a una mosca.
Yo tampoco quiero mucho a los narcos.
¡Pasó la vaina, muchachos!
Vamos a parar en la 14 y damos vuelta la esquina.
Riaño, Trujillo, ustedes al frente conmigo.
Galvis y Silva, retaguardia.
Ustedes dos, muchachos, a cuidar la parte de atrás.
Vamos a entrar con todo y darles plomo, ¿listo?
No los culpo si me creen responsable de ese baño de sangre.
Sí, yo inicié todo.
Pero aún no crean que soy de los malos.
Compatriotas estadounidenses...
Tomemos a Richard Nixon, por ejemplo.
La gente lo olvida, pero 47 millones de personas votaron por él.
Creímos que era de los buenos.
Y Nixon creyó que el general chileno Pinochet era de los buenos
porque odiaba a los comunistas.
Así que ayudamos a Pinochet a tomar el poder.
Pero luego Pinochet mató a miles de personas.
Parece que no era tan bueno al final.
Pero a veces los malos hacen cosas buenas.
Nadie lo sabe, pero en el 73, Chile iba camino a convertirse
en el mayor centro mundial de procesamiento y exportación de cocaína.
¿Cómo chucha tengo que decirles que ahorren ácido, huevones?
Desiertos para ocultar laboratorios
y kilómetros de costa no vigilada para enviar el producto al norte.
¡No se puede gastar plata, huevón! ¡Ahorren!
¡Están rodeados! ¡Levanten las manos! ¡De rodillas!
Pero Pinochet arruinó la fiesta.
¿Qué mierda está pasando acá, huevón?
Cerró 33 laboratorios y arrestó a 346 traficantes.
Y pues, como era Pinochet,
los hizo matar a todos.
¡Atención!
¡Apunten!
¡Fuego!
Dicen que cuando un holocausto nuclear destruya el mundo,
solo las cucarachas sobrevivirán.
Parece que tienen razón.
Mateo Moreno, alias Cucaracha, esquivó las balas.
Tuvo el tino de hacerse el muerto.
No murió ese día.
Más bien se ganó la maldita lotería.
Cucaracha venía robando a sus jefes desde hacía meses.
Ahora estaba solo en el mundo con el producto perfecto.
Un producto cuya oferta genera demanda.
Mi amorcito, haz las maletas. Nos vamos de esta cagada de país.
Este viejo culeado de Pinochet va a terminar matando a todo el mundo.
Pero si usted no es comunista.
Nunca tan huevón para ser comunista tampoco.
Pero soy narcotraficante, que es peor.
- ¿Narcotraficante? - Sí, narcotraficante.
En esos días, recién conocíamos los efectos de la cocaína en el cerebro.
No sabíamos mucho, pero sabíamos que era una mierda bastante potente.
...con esto tendremos mejores resultados.
La cocaína intercepta los centros cerebrales del placer.
La rata prefiere cocaína a la comida o al agua.
Prefiere cocaína al sueño, al sexo... a la vida misma.
El cerebro humano no es igual al de un roedor...
...salvo que hablemos de cocaína.
Cucaracha sabía que tenía el producto perfecto.
Solo debía contrabandearlo a los mercados adecuados.
Y los mejores contrabandistas del mundo estaban en Colombia.
Igual que Ricitos de Oro, tenía tres opciones.
Y presten atención, porque las tres son importantes en esta historia.
Los hermanos Ochoa: Jorge, y Fabio, desmontando.
La típica familia colombiana de contrabandistas.
Salud. ¡Salud!
Listos y ricos, pero Cucaracha sabía que la buena vida los había ablandado.
Otro posible socio era José Rodríguez Gacha,
apodado "el mexicano" por su amor por el tequila y los sombreros.
Él dominaba las rutas del contrabando de esmeraldas.
Las esmeraldas son un mercado duro hasta para criterios colombianos.
Si llegas a la cima...
...es que mataste a tus enemigos.
Socio, ¿qué lo trae por aquí?
Y a veces, a tus socios.
Cucaracha temía que las esmeraldas hubieran endurecido demasiado a Gacha.
Así que se decidió por su tercera opción:
un hombre que Cucaracha sabía que sería el indicado.
Esta tierrita me gusta, Pablo.
Sí, adivinaron: Pablo Escobar.
El hombre que cambiaría mi vida para siempre.
Pablo estaba arrasando con el negocio del contrabando.
Cigarrillos, alcohol, marihuana, todo.
En ese entonces, Pablo era dueño de media policía en Medellín.
Pero el DAS era la versión colombiana del FBI.
No jugaba con las mismas reglas.
Buenas.
¿Pablo Escobar?
¿Dónde está Felipo?
Felipo está detenido.
¿Cómo así, hermano? Felipo trabaja para mí.
Trabajaba para usted, porque ahora va a la cárcel.
- ¿Vos sabes con quién hablas, huevón? - Cállese la puta jeta.
- No hablo con usted. - Tranquilo, Gustavo.
Sea más respetuoso.
¿De qué habla el señor José Luis?
¿Y usted cómo sabe mi nombre?
Usted es el coronel José Luis Herrera.
Y él es Nacho Ibarra.
Allá están García, López...
- ¿Y ese es Pinilla? - Sí, Pinilla.
Ese es Pinilla.
Pues Pinilla...
Y ahí con Phillipe está Esperanza.
Me importa un culo. Abra esos hijos de puta camiones.
No tengo todo el día.
Abra.
Dígame una cosa, señor Escobar.
¿Usted quién puta se cree,
que ni siquiera es capaz de esconder su mercancía, su contrabando?
Es que pago por el privilegio, Coronel.
¿Sí? No me diga.
¿Y los papeles de importación?
Necesita papeles para estos televisores.
Lléveselos.
Qué pena. No somos la policía de Medellín, que gana una mierda a la semana.
- Hermano, es que no es para usted. - ¿Entonces?
Es para Carlitos.
Su hijo.
¿No cree que le gustaría tener uno en el cuarto?
¡Oiga, Pinilla!
Su hija acaba de sacar el pase, ¿cierto?
Ahí tenemos unos sistemas de sonido para carros muy bacanos, muy bonitos.
Y ese amiguito suyo, López... tiene una mujer que es una belleza.
¿Sí o no? Es una mamacita.
Su esposa es muy hermosa, hermano.
¿Qué hace ella con un tipo como usted?
Creo que se merece unas joyitas, ¿no?
¿Qué tal si le mandan los muchachos unos regalitos?
Coronel, ¿cómo está su mamá?
- ¿Ya salió de la clínica? - Sí, ya está más aliviada.
Qué bueno. Nos alegra mucho.
Señores...
Les voy a decir quién soy.
Yo soy Pablo Emilio Escobar Gaviria.
Mis ojos están en todos lados.
Uds. no pueden hacer una puta sola mierda en el departamento de Antioquia
sin que yo me entere.
Sí, señores. No pueden mover un dedo.
Un día, yo voy a ser presidente de la República de Colombia.
Y bien, me gano la vida haciendo negocios. Así que pues, fresco.
Tranquilo. Ustedes pueden aceptar mi negocio...
...o aceptar las consecuencias.
Plata...
...o plomo.
Ustedes eligen.
- Déjenlos. - Listo, pues.
Vamos a dejar pasar los camiones.
¡Déjenlos pasar!
¡Oye, Pablo!
- ¿Qué hubo, Pablo? - Hola.
- Mucho gusto. - ¿Qué tal?
- Mateo Moreno. - No. "Cucaracha" para los amigos.
Nosotros estuvimos conversando,
y yo creo que este negocio puede ser bastante rentable para nosotros.
Explícale.
Bueno, yo la pasta me la consigo en Perú.
Yo me encargo de la parte química,
de transformar esta huevada en este exquisito polvo blanco.
Y necesito que ustedes me ayuden a meterla en Colombia.
Ahora cuéntale cuánto cuesta.
En Chile, esta huevadita cuesta 10 dólares el gramo.
- ¿La venden por gramo? - Sí, es muy buena. Mire...
Uno toma una puntita y a los 20 minutos ya quiere estar halando de nuevo.
Además...
...es digestiva. Te dan ganas de cagar.
Es muy sana. ¿Quieres?
Si es así de buena y saca tanta ganancia,
le encontramos espacio en los camiones.
Venderemos en Bogotá, Barranquilla, Cali, Cartagena...
Nos vamos a forrar, huevón.
- Hermano, ¿cómo dijo que se llama? - Cucaracha.
Pues mire, Cuca...
...usted no tiene visión, hermano.
Si aquí cuesta 10 dólares el gramo,
¿cuánto cree que va a costar en Miami?
Ah...
Me encanta esa canción.
¡Rodrigo! Una más.
En ese entonces, Miami era un paraíso.
Me conquistaron la arena, el surf y las mujeres.
En el 79, los malos a los que perseguía andaban en sandalias.
¡DEA! ¡Alto!
Yo era un joven agente de la DEA. Mi compañero era Kevin Brady.
Kevin era de paso algo lento.
¿Por qué corres?
¿Qué tienes? ¿Qué es eso?
¿Qué es eso?
¿Esto? Un maldito ascenso.
Vamos a festejar.
Mira esto.
¡Vamos!
¿Qué te parece?
¿Cuánto me debes?
¿Y lo que me debías tú de la otra semana?
Es cierto.
Bien. ¿A quién elegimos?
¿Qué tal ella?
No, debemos meternos con él.
Sí, vamos a molestarlo.
La de ahí. En la barra.
- ¿Cuál? - Blusa azul, rubia. Fina.
¡Eso es!
Muy bien.
Mira, tres en punto.
Cuando venías, te miró el trasero.
Sí, te miró el trasero.
Tonterías. No bromeen.
No dejó de cogerte con la mirada mientras jugabas.
Te desea. Te cogió con la mirada sin parar.
En serio. Mírala.
- ¿La rubia? - No, la otra.
Claro que la rubia. La más ardiente. Es tu tipo.
¿Me están tomando el pelo?
- A la mierda, allá voy. - Es tuya.
Ya que vas, tráenos otra jarra.
- No hay prisa. - Mírenlo. Miren su andar.
¿Cómo estás?
Ocupada.
Y le dije: "Si quieres estar allí...".
Sí, esos malditos me engañaron.
Pero no podía dejar que acabara así.
Disculpa. ¿Ves a esos de ahí?
Me tomaron el pelo.
Me dijeron que me miraste el trasero, ¿y quién le mira el trasero a un policía?
¿Eres policía?
Bueno, de la DEA, en realidad.
¿Antidrogas?
Así que por ti está más cara la marihuana.
Hazme un favor, ¿sí?
Quiero darles su merecido. ¿Qué tal si...
...me das tu teléfono?
¿Puede ser falso?
No hay problema.
Amigo, ¿tienes un bolígrafo?
Disculpa la molestia.
No es nada.
Buenas noches.
Ah...
- ¿Y la jarra? - La jarra, cierto.
No pude traerla.
Solo conseguí esto y no pude leerlo. ¿Qué dice?
¡Lean y sollocen!
- Dame eso. - ¿Cuánto le pagaste?
- Es tu letra. - ¡No es mi letra!
"Al diablo", pensé.
Lo peor que podía pasar era despertar a alguna abuela en Boca Ratón.
¿Hola?
Así que no era falso.
Supuse que lo sospecharías.
Al fin y al cabo, eres de la DEA.
Y así de fácil... me conquistó.
Y apenas Pablo echó un vistazo a los laboratorios de pasta de Perú,
la cocaína lo conquistó a él.
Tanto tiempo.
Son unos amigos, Pablo y Gustavo.
¿Les ofrezco un cafecito? ¿Sí?
- Sí, me tomo un cafecito. - Pablo, ¿y tú?
- No. - ¿De verdad?
Bueno, aquí estamos. Mi pequeña fábrica, chica pero rendidora.
Para el pisado de las hojas, me gusta usar niños, porque tienen la patita chica.
Hojitas mágicas.
El queroseno separa las hojas de la droga.
El ácido sulfúrico se "guarapea", como dicen ellos. Se revuelve.
Se corta una y otra vez con cal y se le echa gasolina.
En el fondo, es irle quitando la mercancía al agüita.
Se va secando.
Se agrega amoniaco para hacer pasta.
Y queda esto: una pasta de mierda, huele pésimo, pero es pura.
Esto se pone acá, en esta bandeja.
Es como estar en la cocina de tu casa.
Como si fuera un pastel, algo así.
Solo que es un pastel mucho mejor que el que puedes hacer en tu casa.
Mira, esa es una prensa, a la antigua.
Y se pone en el horno como si fuera un pastelito.
Aquí está seca. Aquí está húmeda, ya se va a secar.
Natural, orgánico, sano. Esto es muy bueno.
Listo, pues...
- Nos llevamos un kilo. - Un kilo entero. Perfecto.
- No. - Pero usted dijo un kilo.
Nos llevamos cinco.
Pero ¿cómo chucha vamos a pasar cinco por la frontera?
Eso es con Gustavo, Cuca.
Es muy buena máquina.
Yo le estuve echando cabeza. El mejor lugar para guardar la mercancía
es abajo del guardabarros.
Son 22,5 caballos de fuerza.
¿Es fácil de quitar?
No te preocupes por esa maricada. Yo meto cinco kilos ahí, fácil.
Listo, me lo llevo. Tres carros, me hace el favor.
- Claro, ¿para cuándo? - Para ya, hermano.
Listo, nos entregan los carros y volvemos al laboratorio.
¿Para qué chucha nos vamos a devolver?
Cuatro guardabarros por carro. Cinco kilos por guardabarros, 20 kilos por carro.
Tres carros, 60 kilos.
Son nueve dólares de ganancia por gramo.
9000 por kilo.
Por seis... 540 000 dólares.
¡Eso es!
¿Vos sabes manejar, Cucaracha?
Porque Pablo y yo manejamos rápido.
Haría 500 000 dólares por viaje...
...usando las mismas rutas de contrabando que usaba siempre.
El dinero más fácil que hubiera ganado.
De regreso en Medellín, Pablo no perdió el tiempo.
Compró una casa en su barrio
y abrió su primer laboratorio para convertir pasta peruana... en polvo.
¿Qué tal, Gustavito?
A mí todo esto me huele a mierda.
El huevón es ignorante. Esto es como el queso francés.
Cuanto más hediondo, más fino.
Listo.
¿Y todas esas luces?
¿Para llamar la atención de la policía?
Uds. dedíquense a comercializar la huevadita, a transportar la huevadita.
El artista soy yo. ¿Estamos?
Claro.
- ¿Sí o no? - Ajá.
Era una empresita familiar, tan pequeña que la llamaban "la cocina".
Pero no se equivoquen: iba a cambiar a Medellín para siempre.
Hay una cosa que me tiene preocupado, Pablo.
¿No será que los trabajadores se van a ahogar con todo ese humo?
Hagamos una chimenea.
Y ya.
Muchachos, ¿los primeros tres?
Si este negocio deja tanta plata, ¿por qué me mandas en clase turista?
Estamos empezando. Hay que cuidar la platita.
- No seas chichipato. - No me vengas con bobadas.
¿Cuánto puede costar un pasaje de primera clase?
No sé. Cómpratelo vos.
Hermilda, la madre de Pablo, era tan ingeniosa como su hijo.
Oye, mamá. ¿Cuánto crees que podamos meter ahí?
- Por ahí unos cinco kilos, mijo. - ¿Todo eso?
Confía en mí, Pablito.
Me encanta. Vamos.
- Pablo. - Gracias, mi amor.
Es Gustavo.
Cinco kilos, ¿cierto?
Pablo amaba a su novia Tata, y ella a él.
Fue un hombre de familia hasta el final.
El que usaría el saco era León.
- Te presento a un amigo. - ¿Qué tal?
Oye, Pablo, este es León.
Era un amigo de Gustavo que había crecido en Estados Unidos.
Ni que fuéramos ricos, ¿cierto?
Pablo Emilio Escobar Gaviria. ¿Cómo estás?
- León. - Mucho gusto, León.
Aquí hay tres.
Vamos a necesitar como dos más, ¿cierto, mamá?
- Así es. - Pablito...
...solo asegúrate de que se lo ponga otro, ¿sí?
Pero mira, mi amor... a mí no me queda.
Póntelo.
Venga.
Eso es.
Bien, ¿no?
Uno...
- ...dos... - Cabe un montón.
...tres.
- Dos más. - Listo. Ya vengo.
Lo veo muy guapo, ¿cierto?
Oiga, León, qué bonita le queda esa chaqueta.
Sí, pero ¿se podrá ajustar un poco la parte de aquí atrás?
- Mira qué atrevido. - Ya pareces modelo, mijo.
Un modelo marica, ¿cierto?
León fue uno de los primeros en llevar cocaína a Miami.
Bienvenido a Estados Unidos.
Gracias. Que tenga un buen día.
El siguiente.
Su contacto era un lunático llamado Carlos Lehder,
mitad colombiano, mitad alemán, 100 por ciento playboy.
Gran admirador de John Lennon y Adolf Hitler. Cosas de la vida.
En el 79, este personaje transportaba fardos de hierba de Colombia
en una flotilla de aviones pequeños.
- ¿Qué hubo pues, hombre? - ¿Qué hubo, mijo?
- Welcome. - Muchas gracias. ¿Cómo estás?
- ¿Todo bien? - Todo bien.
Qué calor.
¿Qué hijo de putas haces con una chaqueta puesta?
¿Te gusta mi chaqueta, hermano?
La compré en Colombia, y mira, trae un regalito.
Estuve preso un tiempo, ¿recuerdas?
Ahí vi esta joda. Es puro veneno.
Esa vaina, marica, es el producto perfecto.
Pablo dice que los gringos van a quedar encantados con esa mierda.
Les va a putear el cerebro, eso seguro.
Sí, señor.
Te la regalo.
Dale. Trae cinco kilos.
¿Y vos para dónde vas?
Voy por otra chaqueta, hermano.
Mañana nos vemos a la misma hora, ¿listo?
León hizo más de 20 vuelos de Medellín a Miami.
Traía droga, se llevaba dinero.
Y los ricos y famosos de Miami aspiraban cada gramo.
Muy pronto, Pablo debió reemplazar sus autos por camiones.
Gustavo los llenaba hasta el tope de papas,
lo que Colombia más importaba de Perú.
Ni siquiera tenía que sobornar a la policía.
La pasta se ocultaba en las ruedas de auxilio.
En cada una entraban unos 20 kilos.
Diez camiones con 20 kilos cada uno iban y volvían todos los días...
Hagan la cuenta.
León no podía transportar todo.
Así que debió inventar nuevas maneras
de meter la droga en Miami.
Pero esta maleta no tiene doble fondo.
Pues sí, no tiene, pero ustedes son pilotos.
Pueden pasar este tipo de cosas sin ningún problema.
Mire, son 150 000 cada kilo, así que como ustedes quieran.
Llevamos cuatro.
Mejor, listo.
Llévate estos dos y cuando sales dile a Jairo que te pase dos más. ¿Listo?
- Listo. - Perfecto. Muchas gracias.
- Hasta luego. - Hasta luego.
Pasen, por favor.
Bueno, aquí están los dedos.
Tomas el dedo, lo metes por el aceite y lo tragas.
Fácil, ¿cierto?
Tragan 50 y les pago 10 000.
¿Listo?
Pero con ustedes dos tenemos un problema.
Están embarazadas, ¿cierto?
Bueno, mejor, porque la aduana americana no requisa a las mujeres embarazadas.
Así que ustedes dos se pueden tragar, fácil, 70 en vez de 50.
Y así les pago 15 000 para ayudarlas con los niños.
¿Listo? Listo. Perfecto.
A principios de los 80, casi todos los vuelos de Bogotá llevaban mulas.
Ni siquiera se conocían entre sí.
¿Y saben qué?
Era fácil, porque nadie se preocupaba por la cocaína en Estados Unidos.
Solo nos importaba la marihuana.
Pronto, casi todas las exportaciones colombianas ocultaban cocaína.
Pescado, café, flores, mangueras de goma... todo.
Pero ni así alcanzaba.
La clave era llenar los aviones de Lehder con coca en lugar de hierba.
¿Es confiable ese marica?
No sé. Acaba de estar preso en Estados Unidos.
- Entonces es marica, pues. - Seguro que es marica.
Pero tiene buenas rutas.
- ¡Amigos! - Hola, Carlos.
Gustavo Gaviria, mucho gusto.
- Mucho gusto. - Mi primo.
Pablo Emilio Escobar Gaviria, para servirle.
¿Qué tal el vuelo?
Tranquilo.
Bueno, vayamos al grano.
León nos comentó que estás transportando bastante marihuana en esos aviones.
- Así es. - ¿Más o menos cuánto por vuelo?
- ¿Adónde? - Miami.
- Serán unos 1000 kilos. - ¿1000 kilos?
Contando la gasolina.
Carlos...
Dime.
¿Qué pasa si sacamos los asientos, los tapetes y todo eso que no sirve
y dejamos solamente espacio para el piloto? ¿Cabe más?
Menos el motor, ¿verdad?
¿Cuánto?
Pues... serán 300 más.
Listo pues, señor Carlos. Cuadremos esta vuelta. Venga.
A meses de haber conocido a Cucaracha,
Pablo fundaba las primera rutas narco exclusivas de Colombia a Estados Unidos.
Un verdadero hito en la historia de los narcóticos, amigos.
Pablo cerró la cocina y empezó a abrir laboratorios de cocaína
en medio de la selva.
Bajo el frondoso follaje de la selva colombiana,
podía ampliar su producción indefinidamente sin que nadie se enterara.
Te trajimos un regalito.
¿Eh?
Brasileras.
Los mejores culos del mundo, hermano. Créeme.
Aquí hay algo que no está funcionando, Pablito.
- ¿Qué pasa, Cuca? - Hola.
Hola, Gustavo.
¿Por qué mierda Uds. se culean a las mejores minas,
andan en avión, comen como reyes, huevón...
- ...y yo pudriéndome en la puta selva? - Mira, Cuca...
Justamente hablábamos de eso, y lo vamos a resolver.
¿Cierto, Pablo?
De ahora en adelante, en todos mis laboratorios,
vamos a construir una casa grande con aire acondicionado, piscina,
putas brasileras, lo que sea.
- Solo para usted. - El problema...
...es que estos son mis laboratorios.
Claro que sí, hombre. Si nadie dice lo contrario.
Ven, muéstrame la producción y después hablamos.
Pablo no podía ocultar su prosperidad a sus amigos.
Que eran violentos, locos y millonarios.
Acostumbrados a obtener lo que quisieran por las buenas o por las malas.
¿Cómo algo como esto puede hacer tantos billetes?
Ahora me pregunto si debería meterme en eso.
¿Qué cree usted, Pablo?
Oí que el negocio de la papa es como las huevas.
Yo no me metería en eso.
Mira, hombre. Yo le eché un buen vistazo al mercado
y puede ser muy fácil importar papas de Perú.
Sí, claro.
Podemos usar las viejas rutas del contrabando.
Pero mucho cuidado. Si todos compramos papas a la vez,
los peruanos suben el precio y nos bajan las ganancias.
También hay papas en Bolivia.
Les bajamos el costo de refinamiento y compramos juntos.
Bueno, muchachos, lo más difícil es mover la mercancía hasta Miami.
Para eso, hay que ser, pues... un poco creativos.
¿Y cuánto nos va a costar ser "creativos"?
Usted me da el producto a mí, hermano. Marcado.
Yo se lo llevo a Miami y se lo entrego a su contacto.
Mejor dicho, Lehder lo hace.
Cobro el 35 por ciento del valor comercial,
pero le aseguro la mercancía hasta el 50 por ciento de su valor.
No, el negocio de la papa es nuestro.
¿Trato?
Trato.
A mí me suena bien.
Bueno, tan pronto que cree mis propias rutas
y deje de usar sus servicios. ¿Le parece bien?
No esperábamos menos, Gonzalo.
¿Socios?
Es que nosotros conocemos muy bien su política de socios.
Así que más bien seamos...
...amigos, pues.
Por Miami.
Por Miami.
PUERTO DE MIAMI PRINCIPIOS DE LOS AÑOS 80
Cuando yo empecé, encontrar un kilo de hierba era motivo de festejo.
Pronto estábamos confiscando 60 kilos de coca por día.
Creíamos que hacíamos una enorme diferencia.
Pero la verdad es que no les hacíamos ni mella.
Nos regalaban 60 para traer 600.
La coca de Pablo llegaba de a toneladas.
A Miami no le llevó mucho tiempo volverse adicta.
Lo digo en serio.
Parecía que la ciudad entera corría en busca de esa mierda.
Y con el dinero...
...llegó la violencia.
Los colombianos reemplazaron a los hippies,
y ellos no usaban sandalias.
El forense de Miami decía que los colombianos eran como vasos de fiesta.
Los usas una vez y a la basura.
En la morgue de Dade no había sitio para todos los muertos.
Hubo que alquilarle un camión refrigerado a una empresa local
para el excedente de cadáveres.
Ese fue el primero al que le disparé.
Un adolescente sin edad para comprar cerveza.
Vamos... Fue en defensa propia.
- ¿Kevin te llamó? - Está preocupado por ti.
¿Olvidó decirte que tenía 17 años?
Vendía droga, ¿no?
- Sí. - Entonces que se pudra.
¿Qué pasó?
- ¡Abran paso! - Estaba por terminar mi turno
cuando empezaron las luces y las sirenas.
No te me vayas.
Tengo a una embarazada inconsciente.
Los paramédicos dijeron que se desvaneció al bajar del avión.
Cuando llegó al hospital, apenas respiraba.
- Presión 6-4. - Pupilas dilatadas, pulso acelerado.
Sabía que era una sobredosis de cocaína, pero no había residuo en la nariz
ni marcas de jeringas.
Hicimos todo lo que pudimos.
Murió en urgencias.
Intenté salvar al bebé...
...pero murió en mis brazos.
Lo siento mucho.
La mujer llevaba 300 gramos de cocaína dentro.
Se le abrieron dos paquetes.
Tenía 12 gramos en la sangre.
Nadie sobrevive eso.
Gustavito, ¿qué chucha pasa, huevón, que Pablo no me recibe nunca?
Estoy hasta el pico. No sé cuánto hace que lo espero.
Dime una cosa, Cucaracha.
¿Vos alguna vez soñaste con tener tanta plata?
A la cagada de plata, huevón. ¡Yo quiero ser parte del negocio!
Si no fuera por mí, ustedes todavía estarían contrabandeando cigarrillos.
¿Sabes qué? Te voy a dar un consejo.
Nunca le digas eso a Pablo.
Mira que él no perdona tan fácil como yo.
Pablo estaba jodiendo a Cucaracha.
Pero Cucaracha debió escuchar a Gustavo.
Y no lo hizo. Se buscó otro modo de obtener su tajada.
- ¡Alto! - ¡Pare, pare!
¿Qué lleva en las llantas de repuesto?
390 kilos, Pablo. Los perdimos.
Gustavo, ¿qué me quieres decir con "los perdimos"?
Pues que los perdimos.
¿Los perdimos?
¿Desaparecieron? ¿Se evaporaron o qué?
No jodas, Pablo. Los perdimos.
Parece que la policía paró a los muchachos cuando salían de Ipsalia.
Mira...
...nosotros tenemos comprado a cada tombo desde aquí hasta Ipsalia.
¿Cómo perdimos un cargamento?
Al parecer, el marica Herrera ahora quiere ser un policía honesto.
¿Y cuánto es que quiere?
Demasiado.
¿Qué vas a hacer?
Ven, Pablo.
No te vas a arriesgar por esa chichigua. Ven.
¿Adónde vas, Pablo?
¿Pablo?
¿Qué es lo que pasa, hermano?
Señor Escobar...
- ...necesitamos renegociar, ¿no? - Coma mierda.
Coma... mierda.
Las manos en la nuca.
¿Está seguro de esto, mi coronel?
No para de reírse desde que lo arrestamos.
Nosotros somos el DAS, Ibarra.
¿Ese marica qué va a hacer?
Ahí estamos.
No, más abajo.
No tan abajo.
Listo.
Otra. Listo.
Pablo aún no lo sabía...
...pero esa foto le causaría mucho pesar en el futuro.
Quítele las esposas.
Retírese, agente.
Siéntese, señor Pablo.
Contamos más de 300 kilos en esos camiones.
Eso tiene un valor de reventa de más de cuatro millones de dólares.
Y usted solo nos da 150 000.
Eso fue en lo que quedamos.
¿Sabe una cosa?
Yo me gano la vida haciendo negocios.
Así que acepta mi oferta o acepta las consecuencias. Usted decide.
¿Por qué no negociamos, llegamos a algún acuerdo
y cada quien se va feliz a su casita?
¿Trato?
Le voy a dar un millón de dólares.
Con una condición.
¿Cuál es?
Alguien de mi organización le dio el precio callejero de mi cocaína.
Si no, ¿cómo iba a enterarse usted?
Cánteme un nombre.
Y no va a tener que dividirse los billetes con él.
Resultó que Cucaracha era una verdadera cucaracha.
No solo vendió a Pablo a las autoridades,
también venía robándole desde el principio y vendiendo su coca en Miami.
Su traficante era Germán Zapata, un colombiano con una empresa de plomería
que le servía de fachada para vender cocaína.
Tenía 1200 kilos en la camioneta... y adivinen quién iba a comprarlos.
El plan era intercambiar vehículos
y que arrestaran a Zapata al salir del puerto.
1200 kilos.
Saldríamos en la primera plana del Miami Herald.
Muy bien, gringos.
¿Cómo va la plomería?
Bien.
Me alegro.
Es un negocio floreciente.
Ven, amigo. Te mostraré.
Todo iba a la perfección.
Como dije, amigo... 100 por ciento pura.
Excepto que Pablo iba tras Cucaracha.
Es una carga entera, Murph...
¡No te muevas!
¡No te muevas!
¡Abajo!
¡Manos al suelo!
No me mires.
Maldito...
En el caso del estado de Florida contra Juan Diego Díaz,
tomando en cuenta las consideraciones pertinentes,
la fianza se fija en dos millones de dólares o un depósito de 200 000.
Llegué temprano al juzgado el día del juicio de La Quica.
Mi testimonio iba a llevar al maldito al otro mundo.
El fiscal del distrito dijo que La Quica pagó su fianza de dos millones,
con una transferencia electrónica desde, bueno, adivinen.
La Quica tomó un avión y estaba en Medellín a medianoche.
Entre el 79 y el 84, hubo 3245 asesinatos en Miami.
Pero salvo a la oficina de turismo y la policía,
a nadie le importaba demasiado.
Lo que llamó la atención del gobierno fue el dinero.
Miles de millones de dólares por año se iban de Estados Unidos a Colombia.
Y eso... no podíamos soportarlo.
Un grupo de influyentes empresarios se reunió con el presidente Reagan.
Les aterraba que la economía narco hundiera a la economía real de Miami.
O quizá... les enfurecía no llevarse una tajada.
Fuera como fuera, los empresarios llegaron en el momento justo.
Los niños estadounidenses empiezan las clases.
Era hora de que el país enfrentara a un nuevo enemigo.
Las drogas amenazan a nuestra sociedad.
Amenazan nuestros valores y socavan nuestras instituciones.
Matan a nuestros hijos.
El clásico discurso de Reagan.
Rústico, directo y duro.
Juró apuntar a la fuente misma de la droga.
Pero Nancy se robó el espectáculo.
Para mis amigos los jóvenes, la vida puede ser maravillosa.
Pero solo si pueden verla.
Abran los ojos a la vida, para verla en los colores intensos
que es el precioso regalo de Dios a sus hijos.
Díganle "sí" a la vida.
Y a las drogas y al alcohol... díganles "no".
¡No! ¡Pablo, no!
¡No!
Dicen que solo las cucarachas sobrevivirán el holocausto nuclear.
Deja esa mierda ahí.
Parece que se equivocan.
A lo largo de su carrera, Pablo mataría a más de mil policías.
Pero eso yo lo sabría tiempo después.
Mi papá se ofreció como voluntario para la Segunda Guerra por Pearl Harbor.
¿Creen que conocía a alguien en Hawái?
Claro que no.
Era un chico de campo de West Virginia, pero esos malditos pisaron nuestra tierra.
Así que se ató las botas y fue a pelear.
Era su deber.
¿Cocaína en Miami?
¿Kilos de Colombia?
Esta era mi guerra.
Mi deber.
Y yo estaba dispuesto a pelear.
Y mi esposa estaba dispuesta a pelear conmigo.
Su boleto, por favor.
No sabíamos en qué nos metíamos.
Un año más tarde...
COLOMBIA UN AÑO MÁS TARDE
...ese estúpido patriotismo era cosa del pasado.
Bien, ¿qué tenemos?
- Tenemos a Poison... - Excelente. ¿Y a quién más?
Tenemos a Lagarto.
Eh...
Tenemos...
- ...a Bocasucia. - Ese cabrón.
- Gracias por el regalo, agente. - De nada.
Si algo aprendí en el mundo narco...
...es que la vida es más complicada de lo que uno piensa.
Lo malo y lo bueno es relativo.
En el mundo de los narcotraficantes,
haces lo que te parece correcto... y esperas que lo sea.
Mire lo que pasó, patrón.
Mataron a Veneno en La Dispensaria.
- ¿Quién fue? - Yo creo que fue Carrillo.
Y había un gringo de la DEA tomando fotos.
- Sube la recompensa. - ¿Por Carrillo, señor?
Voy a pagar medio millón por cabeza de agente de la DEA que se quiebre.
¿Medio millón?
Hágale.
Como usted ordene, señor.
Gringos hijos de puta.
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