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Empecemos, amigos míos,
por el final.
¿John?
¿John?
¿No ha dejado nada?
¿Ni una nota? Si quería envenenarse,
¿por qué no ha dejado al menos una nota?
El hecho de haber quemado sus papeles
es suficiente testigo de su estado mental.
Señora Cree, disculpe,
sé que este no es el momento ni el lugar, pero...
¿puedo decirle que soy un gran admirador de su trabajo?
He mirado en la cocina, señor. Solo he encontrado esto.
Me temo que ha sido esto.
- Había restos en un vaso de la mesilla. - Eso no puede ser, señor.
Su cordial nocturno siempre lo preparaba la señora Cree.
¿Aveline?
¿No lo ha preparado usted?
Supongo que no me estará preguntando si he envenenado a mi marido.
Señor, créame, ella no puede haberlo hecho.
Los dos se enzarzaron en una discusión violenta ayer.
¿Por qué iba a prepararle al señor Cree la bebida si no se hablaban?
Aveline, ¿estás en tus cabales?
Señor, por favor, déjeme explicarle.
Lo siento, señora Cree. Tendrá que hacerlo en Scotland Yard.
Una mujer acusada de envenenar a su marido.
Pero no era cualquier mujer.
La pequeña Lizzie, la dama de los musicales.
Pero la ciudad estaba bajo el yugo del temido Gólem de Limehouse.
¿Quién era? ¿Quién sería su siguiente víctima?
El Gólem atacó la noche anterior a su detención.
Y su nombre recorrió Londres de boca en boca.
LIMEHOUSE, LONDRES, 1880
¿Cuántos muertos hay?
Cinco.
El dueño de la tienda, el señor Gerrard; su mujer, Mary;
su criada y los dos hijos del señor Gerrard.
¿No es el número 29? ¿El 29 de Ratcliffe Highway?
- ¿Cómo dice? - ¿Los asesinatos de Ratcliffe Highway?
John Williams.
- Eso es de antes de mi época. - Y de la mía.
Fue hace setenta años.
Señor Roberts, ¿puede confirmar que ha sido obra del Gólem?
- ¿Qué sucede en esa casa? - ¿Cree que puede estar maldita?
Caballeros, caballeros, por favor.
Será mejor que dirijan sus preguntas a mi colega.
El inspector Kildare. El llevará el caso.
¿Kildare? ¿Cómo se deletrea su nombre?
¿Yo lo llevaré?
Solo me apartaré a un lado. No totalmente.
El pueblo necesita confianza, Kildare.
¿Qué mejor manera que dándoles sangre nueva?
¿Cómo va a proteger la policía a los ciudadanos?
¿Cuánta gente morirá antes de que atrapen al Gólem?
¡Adelante!
¡Inspector Roberts!
¡Inspector Kildare!
¿Es cierto que se trata de su primer caso de asesinato?
¿Inspector Kildare?
No me empuje.
¿Sabe si se van a poder ver los cuerpos, señor?
Apártese, señor.
La criada fue encontrada ahí.
¿Había huellas cuando llegaron?
- Ya estaba aquí medio Limehouse. - ¿Cuál de las víctimas estaba aquí?
Ninguna. El Gólem movió esta él mismo. Era el señor o la señora Gerrard.
Seguramente él. Si mató a la criada primero, iría a investigar qué sucedía.
- ¿Dónde está su cuerpo? - Lo hemos subido, señor.
Allí podemos mantener la marabunta a distancia.
- Aquí es imposible. - No pueden ser todos reporteros.
Claro que no. Los vecinos tienen que entretenerse.
Esto es más barato que el teatro.
A veces pienso que, si me mandasen al infierno,
no notaría la diferencia, excepto en el tiempo.
Este es el inspector Kildare. Sustituye a Roberts.
Señor.
Por favor, no haga eso.
¿Puede decirle a este idiota que me deje subir?
Soy del Evening Post.
¿Está es la criada?
Lo siento.
Nunca había visto nada semejante.
Yo tampoco.
"Aquel que observa no derrama menos sangre...
que aquel que asesta el golpe".
- Lactancio. - Impresionante, señor.
La verdad tiene por costumbre quedarse en la mente.
¿La verdad?
Quienes no consiguen evitar las injusticias
son tan culpables como el responsable.
Ha dejado un mensaje... para nosotros.
Una prueba. Del caso de John Cree.
Envenenamiento.
¡Vaya semana lleva! Primero el Gólem y ahora esto.
He oído que el inspector Kildare ha preguntado por usted.
Sí, no sé lo que quería. No lo encuentro.
Creo que han hecho bien asignándole el caso del Gólem.
Si no hubieran aparecido aquellos rumores,
usted habría ascendido por encima de Robert.
Ya sabe. Que no es de los que se casan.
¿Hombres?
Es de antes de su época, supongo.
Pase.
Recibí su mensaje, señor.
Van a asignarme un agente.
Pensé que alguien con su conocimiento de Limehouse podría ayudarme.
Al no recibir respuesta, pensé que la oferta no le interesaba.
Vine dos veces, señor. No estaba.
Estaba en Limehouse, buscando testigos. Sin éxito.
- ¿Qué está buscando? - Solo estoy observando.
Intentando comprender.
El Gólem es un loco. ¿Qué más hay que comprender?
Incluso la locura tiene su propia lógica. Aquí no la hay.
En Ratcliffe Highway masacró a una familia.
La semana anterior, a una prostituta, Alice Stanton.
Antes de eso, a Solomon Weil. Era un anciano, un erudito.
¡Dios mío! ¿Este es su...?
Sí.
Se encontró en las páginas de un libro abierto sobre folklore judío.
Como un marca páginas.
La leyenda del Gólem.
- ¿De ahí cogió la prensa el nombre? - Al asesino le pareció adecuado.
¿Quiénes fueron los dos primeros? ¿Las dos mujeres de la calle?
Recuerdo haber leído algo sobre esta.
- La vieja "picante". - Se llamaba Jane Quig.
La cuestión es que no hay nada que los conecte.
Hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, judíos, cristianos, ricos y pobres.
- Quizá solo le guste matar. - No.
Apostaría a que nos está contando una historia,
si podemos sumergirnos en su círculo de perdición para comprenderla.
Si me permite, señor, malgasta su talento en el departamento de hurtos.
Pronto regresaré allí, si el Gólem ataca de nuevo.
- Al menos eso parece. - ¿Cómo dice?
Scotland Yard me utiliza como chivo expiatorio.
No se arriesgarán con Roberts, ¿no?
Yo soy prescindible.
Consiguen conservar la reputación de su joya de la corona y el pueblo...
- recibe sangre. - Como le he dicho, en Limehouse...
parece que nunca se cansan de eso.
"Aquel que observa".
No se refiere a nosotros, se refiere al pueblo.
El pueblo quiere sangre y el Gólem se la da.
¡Sí! Estoy seguro de eso, señor.
¿Ah, sí? Pues yo no.
¿Le apetece un paseo a la biblioteca?
Ah, ¿esa cita sobre la arena de los gladiadores?
¿La culpa del público que desea que se derrame la sangre?
O quizá lo ha leído en otra parte.
Se cita en una obra antigua del ensayista Thomas De Quincey,
que le debe interesar a un hombre con un trabajo como el suyo.
¿De qué obra se trata?
Del asesinato considerado como una de las bellas artes.
Una sátira sobre los crímenes de Ratcliffe Highway de 1811.
OBRAS COMPLETAS THOMAS DE QUINCEY
¿Deberíamos hablar con ese De Quincey?
Lleva muerto veinte años, Flood, sería un poco...
ÍNDICE
¿Qué es eso?
Matar a una puta...
Cortarle la...
Como al Minotauro...
Gólem, laberinto...
Cortarle la lengua...
9 DE SEPTIEMBRE DE 1880 23 DE SEPTIEMBRE DE 1880
¿Quién fue el último en coger este libro?
Esta es una sala de lectura, inspector, no la biblioteca municipal.
¿Entonces todo permanece aquí? ¿Tiene un registro de visitantes?
Desde luego, pero no hay manera de saber lo que alguien ha leído
ni cuándo lo ha leído.
¿Quién estuvo aquí el 24 de septiembre?
Aquel día vinieron cuatro hombres a esta sala. ¿Por qué?
Es la última anotación de un diario que alguien ha hecho en este libro.
- ¿Estaba usted aquí? - Vengo cada día.
Entonces debo pedirle una muestra de su letra.
Necesitaré lo mismo de todo el personal.
Y esos cuatro nombres, por favor.
¿Dan Leno?
Y Karl Marx y George Gissing,
por si sabe algo de filosofía y literatura.
¿Qué sabe usted de John Cree?
Señor, si es el mismo John Cree en el que estoy pensando...
creo que está muerto.
Deje el diario en mis archivos. Guárdelo bien.
Busque todo lo que pueda sobre George Gissing, Karl Marx y Dan Leno.
- ¿A dónde va? - A investigar al difunto.
Si él era el Gólem, los problemas de Londres se han acabado.
Usted describió el estado de su marido en las semanas previas a su muerte...
como de desesperación, ¿es eso cierto?
Mi marido pasó varios años escribiendo una obra de teatro.
Se llamaba El cruce de la miseria.
No tuvo éxito.
- Creo que nunca se recuperó de eso. - Y aun así,
continuaba pasando sus días en la sala de lectura del Museo Británico,
leyendo y escribiendo.
Cambiar de humor y cambiar de costumbres no es lo mismo.
El día de su muerte, el bibliotecario dijo que su marido estaba,
al parecer, de buen humor.
Mi marido solía mostrar una cara falsa ante el mundo, señor.
Y eso...
es algo que usted entendía, ¿me equivoco, señora Cree?
Interpretar...
un papel.
Yo antes actuaba en musicales, si se refiere a eso.
¿Y qué me dice del papel que interpreta hoy ante este tribunal?
El de una dama respetable y con educación.
Nació fuera del matrimonio, ¿no es cierto?
Sí, señor.
De niña, usted cosía velas...
y pasaba mucho tiempo rodeada de hombres.
Le aseguro que era una niña devota... e inocente.
Mi madre me mandaba llevar las velas al muelle.
Encontrarme con hombres no era algo que pudiese esperar evitar.
- Aquí están, como nuevas. - ¿Has venido tú sola?
Mírate las manos, Lizzie.
Pues mi madre dice que tengo manos de actriz.
No te atrevas a irte para meterte en el teatro.
- Estas velas no se remiendan solas. - Me gustan los cómicos.
Charlie va a llevarme a ver a Dan Leno algún día.
- ¿Verdad, Charlie? - Sí.
- Cuando sea mayor. - Sí.
"Los guardias y los revisores en tropel se le acercaban.
Y ella les decía que su billete intacto estaba".
Dan Leno nunca ha sido tan verde.
- ¿Eso te lo ha enseñado Charlie? - Que tu madre no oiga eso o te matará.
¿Y eso por qué?
Si quieres, te lo explico.
Mi madre me espera en casa. ¿Me podrías pagar?
Tengo el dinero en casa.
¿Por qué has tardado tanto?
¿Te ha puesto la mano encima un hombre?
Mentirosa.
Me he caído.
Ven aquí.
- ¿Qué he hecho mal? - Madre, no, por favor.
- ¿No te he educado bien? - ¡No, se lo ruego!
Ven aquí.
- Quieres que vaya al cielo, ¿no? - Ese sitio hará que no vayas al cielo.
¡Suficiente, señora Cree!
El juicio continuará después de comer.
¿Ha venido alguien del periódico La Era? Estoy esperando un paquete.
No hay paquetes.
Solo esto.
John Cree...
Por desgracia, los antiguos jefes del señor Cree
no me han dado una muestra de su letra.
No guardan los encargos de los reporteros.
Pero tenían un retrato reciente.
Y he pedido todos los archivos que tengan sobre Gissing y Marx.
Muy bien, vea si también hay algo sobre Leno.
5 de septiembre de 1880.
Era una noche estrellada
y sentía que un asesinato estaba a punto de cometerse.
Ya que era mi primer espectáculo,
tomé la decisión de inspirarme
haciendo una visita al lugar de los asesinatos de Ratcliffe Highway.
Hacía más de medio siglo que una familia entera
había sido enviada al otro mundo en este lugar sagrado
por un hombre llamado John Williams.
Un hombre que Thomas de Quincey describe como un artista
con una habilidad exquisita.
Pero ahora, el lugar de su obra magna había sido profanado
por un vendedor de ropa de segunda mano.
Me temo que ya hemos cerrado, señor.
Lo siento. La puerta estaba abierta.
No importa. Seguro que volveré.
Pero yo era principiante, un suplente,
aún no estaba preparado para saltar a un gran escenario.
Un artista debe perfeccionar su oficio...
y esa noche comenzaría con un pequeño ensayo privado.
- ¿Ginebra? - ¿No has bebido suficiente?
Te quiero despierta.
O te perderás la diversión.
Creo que sospechó de mi juego desde el principio y se ofreció voluntariamente,
reconfortada al saber que el mundo pronto se vería obligado
a enfrentarse a su misma situación.
Le extirpé los ojos por si mi imagen había quedado grabada en ellos
y me limpié la sangre de las manos con la ginebra en su orinal.
Mi primera obra...
se había completado.
Señora Cree, soy el inspector Kildare, de Scotland Yard.
¿Viene a reprenderme por mi sinceridad ante el tribunal?
Al contrario. La aplaudo por ello.
Es demasiado fácil imaginar
que aquellos que han disfrutado del éxito no han conocido el sufrimiento.
Pues citando al genial Dan Leno: "aquí estamos de nuevo".
Me temo que no soy un gran asiduo de los musicales.
Representa el dolor de las mujeres.
Mi género sufre en su carne la injusticia.
Lo esperamos hasta llegar a acogerlo con indiferencia.
Pensaba que era un cómico.
Comedia y tragedia están separadas por un hilo.
No me ha dicho por qué está aquí.
Me gustaría decirle que sé por qué tendría usted buenas razones
para envenenar a su marido.
Por favor, señor. Estoy ronca de tanto repetirlo.
No confesaré. Ya he hecho mi alegato.
Señora Cree, no me han asignado su caso.
Estoy aquí porque su marido es sospechoso de otro asesinato.
¿De cuál?
Hemos encontrado un diario.
Me gustaría comparar la letra con la suya.
¿Tiene usted algo que hubiese escrito?
- Sus papeles. - Los quemó, sí.
Señora Cree, si se descubriese que su marido cometió un asesinato,
su teoría del suicidio ganaría peso.
¿Lo entiende? Podrían liberarla.
- ¿Asesinato? - Estoy investigando una serie de muertes.
Les llaman los asesinatos del Gólem de Limehouse.
¿De verdad cree que mi marido era capaz de hacer tal cosa?
No me corresponde opinar sobre ello. Tan solo sigo un hilo.
El periódico dice que es su primer caso de asesinato.
- Le han dado una oportunidad podrida. - ¿Disculpe?
Yo quería ser una actriz seria, ¿sabe?
También tuve mi oportunidad.
No se consigue otra.
Por eso me gustaría ayudarle.
No debe fingir interés por mí.
No estoy fingiendo en absoluto.
Se crió entre la crueldad, pero lo superó con éxito.
Eso es... poco habitual.
Mi madre me hizo un gran favor al morir joven.
Me crié entre musicales.
- ¡Pescado fresco! - ¡El mejor pescado!
¿Cuánto quieres, preciosa?
¡Vamos!
PALACIO DE LA MÚSICA
Ya va por la mitad, cielo. Vuelve mañana.
De acuerdo, pasa.
- Aún podrás ver a Leno si te das prisa. - Que Dios le bendiga.
¡Eso es, aquí estamos!
¡Oh, qué portento! ¡Un verdadero portento!
- Solo me faltan el té y las pastas. - Yo me tomaría uno.
Recuerden que la sopa de rabo de buey son tres peniques.
- Ahora, sin más dilación, - Y esto para después.
Les presento al hombre del momento:
¡el señor Dan Leno!
¡Aquí estamos de nuevo!
Me quemé las manos intentando
cocinar el caldo de mi marido.
Mi bebé gordo y bizco lloraba,
creo que no se encuentra muy bien.
- ¡Mamá! - La carne acabó calcinada,
lo cual enervó a mi marido.
Lo lanzó todo por la ventana,
y me dio con el niño en toda la cara.
Y el niño comenzó a gritar,
como nunca antes lo había hecho.
Mientras de mi nariz sangre salía,
intentó dislocarme la mandíbula.
Esta mañana me dio puñetazos y patadas
y me dejó la cara hecha un cirio.
Me dejó moratones en los ojos sin avisar,
pero esta noche le estoy esperando.
Esta mañana me dio puñetazos y patadas
y me dejó la cara hecha un cirio.
Me dejó moratones en los ojos sin avisar,
pero esta noche le estoy esperando.
PUERTA DEL ESCENARIO
Pasteles, pasteles y más pasteles. Todo el mundo necesita pasteles.
Cariño, ya que estás aquí,
¿por qué no eres buena y le echas una mano a tu tío?
Ten cuidado, que no se te caigan.
Como le dijo la embarazada a la comadrona.
Aquí tienes, Vic. Estos son de los que te gustan.
¡John-John!
¡Aveline, cielo! Ricos y calientes, como a ti te gustan.
Aunque no son tan grandes.
Gracias, tío.
El último es para usted, señor Leno.
¿Así que señor Leno?
¿La has encontrado en la tienda, tío? Se la ve muy verde.
Ya basta, chicas.
- ¿Cómo te llamas? - Lizzie, señor.
Lizzie, de Lamberth Marsh.
Ya me parecía que olía a ciénaga.
Que no se metan contigo. Ellas son así.
Llámame Dan.
Este es Tommy Farr, gerente del teatro y el que se encarga de la pasta.
Hablando de eso, te debemos algo por las molestias.
Por el amor de Dios, ¿qué te obligan hacer en la ciénaga?
Cavo tumbas.
Tardé cinco años en descubrir que hay que usar una pala.
Me caes bien. ¿Sabes leer?
- Estupendamente. - Toma.
"¿Qué es la fama?
Una vida imaginaria en boca ajena,
algo que nos supera incluso al dejar la tierra.
En el pequeño círculo de amigos y enemigos
se encuentra la fama y no contigo".
Ese es mi verso favorito.
Alexander Pope.
- ¿Buscas trabajo, Lizzie? - Sí.
Nuestro promotor se ha ido con un lion comique.
No todo será liviano, tendrás que hacer bastantes recados,
pero la paga no está mal y tendrás sitio para alojarte con los bailarines.
¿Qué dices?
¿Cómo describiría su relación?...
- con Dan Leno? - Éramos amigos, señor.
Fue mi mentor. Él me acogió.
¿Dónde aprendiste a leer y a escribir si no fuiste a la escuela?
La Biblia de mi madre, supongo.
Ah, hablando de libros...
Eh, gracias.
¿Cómo? ¿Ya lo has acabado?
Es el segundo esta semana.
Creo que los libros son mi primer amor.
Y siempre se ha dicho que el primer amor es insaciable.
Me he cansado de escribir.
Si vuelvo a hacer la lechera esta noche, les gustará igualmente.
Quiero enseñarte algo.
- ¿A dónde vamos? - Ya lo verás.
¿Toda una sala llena de libros?
En cada centímetro.
- ¿La gente viene aquí solo para leer? - Para leer,
aprender, crear...
Es como un gran horno.
Y el futuro se forja aquí.
Escritores, filósofos, hombres de ciencia.
Aunque también hay payasos como yo.
La mesa para las damas está arriba.
¡Oh, se lo agradezco mucho, buen señor!
¿Nunca fueron nada más que amigos?
No, señor. Creo que sentía el deber de protegerme.
La acusación desea recordarle al tribunal que el señor Leno
ha sido interrogado recientemente en relación con los asesinatos
del Gólem de Limehouse.
- ¡Protesto, señoría! - ¡Orden, orden!
¡Inspector Kildare!
¿Por qué no estaba al corriente de que Dan Leno había sido sospechoso?
Dígamelo usted, Kildare. Salió en todos los periódicos.
Pero no en el informe que usted me dio.
Bueno, lo eliminaron de la investigación.
Tengo el informe en mi despacho.
¿Y no pensó incluirlo en el expediente?
Las calles de Londres están manchadas de sangre
y usted solo se preocupa de unos papeles.
Podría haber sido un buen político, Kildare,
si no fuera objeto de esa especulación.
EL JUICIO DE ELIZABETH CREE Yo no leería eso.
No son más que mentiras vergonzosas.
La pobre mujer ha hablado de infortunio y crueldad
y lo han usado contra ella.
Hace que me hierva la sangre.
Parece que su querido Leno al final no era sospechoso.
¿Mi querido? ¿A qué persona no le gusta Dan Leno?
¿A una a la que no le interesen los musicales?
Quizá no ha visto los espectáculos adecuados, señor.
Si desea alguna recomendación...
Le interrogaron en relación con el vestido de Alice Stanton.
Una etiqueta cosida en él la identificaron como suya.
- Un vestido del teatro. - Así que la conocía.
Leno afirmó que el vestido pertenecía a un envío de trajes de teatro
que le había vendido un año antes a un proveedor de ropa de segunda mano.
Por lo visto, presentó un recibo que lo probaba.
- Entonces fue una coincidencia. - Quizás.
Como quizás lo es también el hecho de que el proveedor
de ropa de segunda mano...
fuese el señor Gerrard, asesinado en Ratcliffe Highway.
- Podríamos comparar su letra. - Exacto.
¿Y podemos averiguar qué ha sido de ese vestido?
- No estaba con las otras pruebas. - Lo averiguaré, señor.
¿Por qué no me dijo que interrogó a Dan Leno?
- No lo he hecho. Pero debo hacerlo. - El tribunal dice que sí.
Yo no. Fue antes de asumir el caso.
¿Entonces es sospechoso o no?
¿Cree que debería serlo?
- No juegue a ese juego conmigo. - En absoluto deseo hacerlo.
El Gólem aún anda suelto.
Perder el tiempo podría costarnos vidas.
A menos que tenga razón sobre mi marido.
Si el Gólem ya no está, entonces no hay peligro.
Excepto para usted.
No deberían colgarla, señora Cree.
Por favor, llámeme Lizzie.
Ayúdeme para que pueda ayudarle.
No puedo decirle lo que no sé.
Tan solo le pido que me diga lo que sabe.
¿Por dónde empiezo?
¿Cómo conoció a John Cree?
Quizá...
Jim tiene debilidad por mí, pero nunca me ha dicho ni una palabra.
En estos momentos, vive con la señora Kelly.
¿Conoce a la señora Kelly?
¿No conoce a la señora Kelly?
Por el amor de Dios, no se haga la tonta.
Todo el mundo conoce a la señora Kelly.
- ¿Voy demasiado rápido, cielo? - Si improvisas, lo apunto.
Es muy mala la señora Kelly. Se compra media docena de ostras
y se las come ante un espejo para que parezcan una docena.
¿Qué tal...?
"Le vi coger una moneda del bolso el otro día
y te juro que vi a la reina Victoria cerrar los ojos cegada por el brillo".
¿Ya están planchadas las combinaciones?
Bien.
Entonces puedes venir a atármela.
- Vete a la mierda, Victor. - Venga, cielo.
Desde la última fila no veo nada.
- Y me encanta la sesión doble. - ¡Victor, fuera, fuera!
Solo era una broma, Dan.
¿Puedes abrir ahí, Lizzie?
Debe ser el reportero para mi entrevista.
- Oh, eres nueva. - Soy Lizzie.
Ya le he visto antes por aquí.
- Trabaja para La Era. - Soy dramaturgo.
Pero sí, La Era me da de comer...
de momento.
John Cree.
- ¡Hay que barrer esto! - Que venga Jack.
- ¿Vamos? - ¿Me ayudas a vestirme, cielo?
...y me tiró por la ventana.
¿Por qué lo haría?
- ¿Lo de siempre para todos? - Sí, por favor.
- ¿Y tú qué quieres, cariño? - Una patata asada.
¿No te apetece algo de carne esta noche, Lizzie?
¿Qué pasa, Dan? Ya tendrá más de 16.
- Pues no los tengo. - Entonces, Lizzie,
¿en qué actúas? Cuéntame.
Eh... se llama Lizzie, la burrita de carga.
Tengo muchos chistes con una plancha y un montón de ropa interior sucia.
- Suena excelente. - Lo es.
Se está quedando contigo. Quiere decir que es la apuntadora.
Antes le comentaba que podrías ser una buena cómica.
Tiene la cara perfecta para eso, ¿verdad, tío?
- No lo digas dos veces. - Tiene la cara perfecta para eso,
¿verdad, tío?
- Ah, gracias. - No sé dónde metes todo eso, Victor.
- Tus piernas deben de ser huecas. - Yo aguanto tanto como cualquiera.
¡Si con media pinta ya vas por los suelos!
De eso nada. Estoy en plena forma.
A un hombre de verdad no se le tumba tan fácilmente.
Aunque yo sé cómo hacer para levantarlo.
- ¿Qué demonios está pasando? - Nada.
Lizzie me ha pisado sin querer. No ha sido nada.
Me llevo a Lizzie a casa.
Este no es lugar para una chica inocente.
Venga, caballeros, no ha pasado nada. Como le dijo el verdugo al ahorcado.
- Ya... ya la llevo yo. - No es necesario, puedo ir sola.
- No, de eso nada. - No, se le enfriará la cena.
- Estaré bien. La residencia está cerca. - Entonces volveré enseguida.
Ten cuidado, Victor. John Cree tiene mal genio.
No le tengo miedo.
DAN LENO, UNA NOCHE DIVERTIDA
CON EL PEQUEÑO VICTOR
Lizzie.
Me temo que tengo... una noticia horrible.
Encontraron a Victor al pie de la escalera anoche.
Lizzie.
¿Me estás diciendo que sospechabas de John Cree?
No he dicho eso. Solo que parecía querer protegerme.
Eso lo decías de Dan Leno.
Por lo visto, provoco eso en los hombres.
Era un capullo insolente.
Pero era nuestro capullo insolente.
Ya está, anímate.
Sugiero que en el espectáculo de esta noche hagamos un homenaje especial.
Una gran despedida, ¿de acuerdo?
¿Alguna vez hablaste de ello con John?
No.
Nunca lo hablé con nadie. Prefería atribuirlo al destino.
¿Le gustaría deberle su felicidad a la buena fortuna
o a un acto de violencia inefable?
¿Acaso la muerte de Victor te trajo la felicidad?
La muerte de Victor me dio la vida.
La gente entra por la puerta y se ríe.
Dan, te dije que te limpiases el culo con los periódicos,
- no que los leyeses. - ¿Dan?
¿Crees que yo también podría homenajear a Victor?
¡Dios santo!
¡Esto es muy gracioso!
- ¡Qué gracioso! - Solo una canción.
Algo verde, a Victor le habría gustado.
Una escena picante de marineros, como si fuera un hombre.
- Podría funcionar. - Adelante, Lizzie. Inténtalo.
¿No te queda un poco pequeño ese traje, cielo?
Esa es la idea.
La hija de un granjero pensó en venir a la ciudad,
¿pero qué sabe ella de trenes?
Saltó sobre el motor, pero el fogonero la quitó de allí,
porque ¿qué sabe ella de trenes?
Un guardia fue a hablar con ella mientras ella lloraba.
Le preguntó si tenía billete y ella le respondió con la mirada.
Le dijo: "No puedes ir a la ciudad a menos que pagues el trayecto".
¿Pero qué sabe ella...?
Disculpen...
¿De trenes?
Así que llegó a Euston en el tren de medianoche.
Pero al llegar al portillo, alguien quiso picarle el billete.
Los guardias y los revisores en tropel se le acercaban
y ella les decía que su billete intacto estaba.
¡Sí, ella les decía que su billete intacto estaba!
¡Tienes que seguir!
¡Lizzie, tienes que seguir! ¡Quieren más!
- Pero no tengo más. - ¡Son tuyos!
¿Veis estos guantes hechos trizas?
El agua del mar lo encoge todo.
Al menos eso me cuentan las damas del puerto.
No sé, me he mirado a estos guantes absurdos
- y me ha venido la frase sin más. - "Estos guantes hechos trizas".
Podría ser tu frase. Y no es necesario hacer tanto chiste verde.
Les ha encantado, totalmente. Y has sido tú.
¿Pero cómo no?
- ¡Tío! - Cuidado, tío.
Estando Lizzie vestida así, cualquiera diría que le gustan los chicos.
Que piensen lo que quieran. ¡Otra ronda, por favor!
Victor no habría querido que acabásemos la noche sobrios.
Me temo que estoy cansada.
John, ¿me acompañas a casa?
Ahora vuelvo.
¿Por qué llevas puesto el traje todavía?
Para que no se me acerquen los hombres.
¿Prefieres a las chicas, Lizzie?
- No pasa nada si es así. - Venga, no sé por qué dices eso.
- Tú te vistes de chica. - Sí, en el escenario.
Bueno, por si te interesa,
me ha gustado cómo me he sentido ahí arriba.
Me interesa. Me interesa verte feliz.
Esta noche...
Esta noche pareces feliz.
Aún necesitamos muestras de la letra de Marx, Gissing y Leno.
- ¿Has vuelto a hablar con la criada? - ¿Aveline Ortega? Así es, señor.
- No dirá una palabra en contra de él. - ¿Le enseñó el diario?
Me juró que la letra no era suya.
Si Cree fuese el Gólem,
tendría sentido que hubiese destruido sus papeles.
Y Dios sabe que como dramaturgo fracasado,
a Cree debió sentarle mal ver a su famosa mujer llevarse la atención de Londres.
- ¿Le apetece otra? - ¿Intenta emborracharme?
Una pinta, por favor.
Era una broma, no quería decir nada.
No quería ofenderle.
Yo estoy de su lado.
No es el Gólem quien le atormenta, ¿verdad?
- Es ella. - Morirá en la horca, Flood.
Tenemos que descartar a los demás sospechosos.
Bueno, puede que haya encontrado un testigo en Limehouse, señor.
¡Suélteme! ¡Suélteme!
No estás metida en ningún lío.
Te llevo a alguien para que te traduzca, ¿entiendes?
Esta... Esta es la hermana Mary.
Un hombre me va a llevar cuando cumpla años.
Mi madre ya me ha vendido.
La niña dice que no está en venta.
Su madre la ha vendido y se la llevarán en su cumpleaños.
No, no. Por favor, dígale que mi compañero le mostró unas fotografías.
Sospechosos de un crimen.
Pareció reconocer a uno de ellos.
Necesitamos saber dónde y cuándo los vio.
Señor, aquí vivía Solomon Weil. El erudito, la tercera víctima.
- ¿Qué número tenía su casa? - El número cuatro.
¿Este hombre?
Las familias mueren de hambre en la calle.
Usan a las mujeres y luego las dejan tiradas. Y ustedes...
Ustedes persiguen a un hombre que lucha por la gente.
No son dignos ni de arrastrarse ante alguien como Karl Marx.
Así que...
Londres dice que el judío fue asesinado por un monstruo judío.
Así se absuelven a sí mismos de toda responsabilidad.
No se equivoquen, caballeros.
No fue a Solomon Weil a quien mutilaron y asesinaron.
Fue al judío.
Ninguna de las otras víctimas del Gólem era hebrea.
¿Pero no lo ven?
El asesino ataca los mismísimos símbolos de la ciudad.
El judío, la puta...
Son la ofrenda sacrificatoria en este laberinto de Londres.
Y, por lo tanto, deben ser masacrados según el ritual.
¿Qué desea que escriba?
"El Morning Herald...
había rechazado revisar mi debut".
Todo ese trabajo para nada.
Había decidido que esta vez haría un espectáculo...
del que todos se darían cuenta.
Un primer acto excelente de los que complacen al público.
Y conseguí crear un espectáculo
que ningún espectador podría olvidar jamás.
"Fue demasiado fácil matar a una puta.
Esta noche volveré para matar al judío".
Esto es absurdo.
Usted no lo hizo.
Por supuesto que no.
¿Está de acuerdo con la acusada en que en las semanas previas a su muerte,
el señor Cree parecía "aquejado"?
No, señor. Estaba de buen humor.
¿Y cómo describiría la relación entre el señor Cree y su mujer?
No precisamente buenas, señor.
Se veían con poca frecuencia.
A pesar de lo cual la señora Cree
insistió en prepararle una bebida nocturna.
Es correcto, señor.
¿Y oyó al señor Cree expresar sus sospechas
de que podría haberle contaminado la bebida con alguna cosa?
No, señor.
Pero justo antes de su muerte, oí cómo discutían.
Oí al señor Cree decir: "¡Diabla! ¡Lo has hecho tú!".
Es como si ella me hubiese puesto la soga al cuello.
Debe dejar claro al jurado que había mala sangre entre ustedes dos.
Celos románticos.
Nunca me interpuse entre ellos.
Mi opinión sobre las relaciones íntimas ya han quedado claras.
John era libre de cortejar a Aveline si quería.
Pero su corazón estaba con usted.
Yo no hice nada que le animase.
Mi carrera de actriz despegaba y casi no le veía.
Y entonces... de repente, una noche me invitó a cenar.
Su nuevo espectáculo es tremendo.
Sentimos molestarla. Pero es que la adoramos.
Gracias.
Gracias. Guardaré esto bien.
- Es increíble. - ¡Qué sorpresa!
Como te decía, he acabado el primer acto de El cruce de la miseria.
Pero no soy capaz de decidir qué hacer con mi heroína y...
quizá tú me puedas ayudar.
Eso me honra.
La heroína se llama Katherine Dove.
Al principio, estaba en los talleres,
pero ahora la he puesto cosiendo velas, en el puerto.
Mi madre murió cuando yo era niña. Los riñones.
Fue muy rápido.
Huérfana y sola con 14 años.
¿Katherine Dove es huérfana?
Podría serlo.
Pero aún no me has dicho qué hacer con ella al final del primer acto.
- ¿Qué dilema tienes? - Ahora mismo,
está arruinada y a punto de morir de hambre.
Me pregunto si debería rescatarla.
Sí.
Haz que tenga éxito.
Que el público la adore.
Pero está muy sola.
Vive en pensiones, con lo mínimo y en una vida de degradación.
Venga... ¡Si a la gente le encanta observar la degradación!
- Para eso pagan. - Pero esperan ver un final feliz.
Y Katherine merece tener un protector.
Cierto. Un mánager, quizás.
Alguien bueno, como Tío.
No, un personaje anciano, que no viviría para ver cómo ella envejece.
Entonces, un amigo. Un cómico, quizás.
Me gustaría darle un pretendiente.
Alguien que se preocupe por su bienestar.
Un caballero blanco.
¿Qué opinas?
Creo que Katherine Dove puede apañárselas.
En la palangana, así, muy bien, échalo todo.
Eso es, eso es.
La ginebra...
Ven aquí. Deja eso ahí.
Vamos allá. Vamos...
¡Dios! Creo que me he dejado la espalda en las escaleras.
Veo que esta noche te has vestido como una mujer.
- No voy a ir disfrazada a cenar, ¿no? - No sería la primera vez.
Ten cuidado con ese, Lizzie.
No lo lleves hasta el laberinto
a menos que estés lista para que te meta dentro con él.
Me ha ofrecido el papel protagonista.
Esperará que le des algo a cambio.
No lo necesitas, Lizzie.
Esto lo has conseguido sola.
Podría hacer más.
Ser una actriz de verdad.
Enseñarle al mundo lo que somos capaces de hacer.
Sé que puedo.
Estamos aquí las dos caras más famosas de la escena,
¿y sugieres que el mundo conspira para oprimirnos?
¿Recuerdas aquel libro? ¿Pope?
En el templo de la fama,
unos nombres se graban en piedra y otros en hielo.
Somos payasos.
Nos olvidarán.
Si crees que un hombre como John Cree cambiará eso...
No me llega el aliento para discutir.
Sabes que a ella le atrae él.
Y por muchos defectos que tenga, es de la familia.
Y nos cuidamos los unos a los otros.
El final es el ahorcamiento. Tenemos un patíbulo real.
Me pongo este arnés y me tiro por la trampilla.
Parece un ahorcamiento real.
¿Seguro que este aparato es fiable? No llevarás un nudo auténtico, ¿no?
El nudo es de verdad, pero el arnés interrumpe... la caída.
¿Dónde está Lizzie?
Arriba, concediéndole una entrevista a John Cree para La Era.
¿Así lo llaman ahora?
Les diré que se den prisa.
Es un melodrama, pero cómico,
como solo nuestra maravillosa compañía sabe hacerlos.
Lo ha escrito Dan. Está basado en los crímenes de Ratcliffe Highway de 1811.
- John Williams. - ¿Disculpa?
- El asesino era John Williams. - Ah, ya.
La mayoría es ficción y es muy divertida. Y muy sangrienta.
Eso pónselo a tus lectores. Dan dice que les gusta la carnaza.
Debes ir acabando, John.
Aún no está lista y entra al escenario en diez minutos.
La estrella no puede llegar tarde el día del estreno.
Dan aún es la estrella. Siempre lo será.
Me estaban pitando los oídos, cariño. ¿Habéis comprobado la seguridad?
Claro, no queremos que le pase nada a Lizzie.
- ¿Qué tal el público? - Excelente.
Han venido muchos judíos. Creo que tienen festivo.
Deberías hablarles en yiddish. Les encantará.
Deséales... meesa meschina.
Bienvenidos, corazones valientes, a una noche de terror en...
Oh...
Nuestra obra va a comenzar.
Pero primero, damas y caballeros y aquellos con alguna conexión
con una raza escogida,
les deseo, de todo corazón...
meesa meschina.
¡Está loca!
- ¿Por qué has dicho eso? - ¿Qué ha pasado?
Ha deseado a los judíos una muerte súbita.
¡Aquí estamos de nuevo!
Tan solo era una broma, Lizzie.
He venido enseguida para comprobar que estás bien.
¿Y después de eso, comenzó el cortejo?
Algo parecido.
Yo no amaba tanto a John como para darle lo que quería.
¿Pero usted acabó amándole?
Quería estar en su obra.
Él quería la gratificación de sacar de la miseria
a una pobre y necesitada chica y salvarla.
Nos usamos el uno al otro.
Quizá es lo mejor que se puede decir de una pareja.
Es una visión muy oscura.
Si quiere una visión oscura, pregúntele a un cómico.
Por fin ha aparecido el vestido de Alice Stanton.
Archivado incorrectamente.
Como todo lo demás por aquí.
¿Ha estado en el calabozo?
¿Algo más sobre Cree?
Solo que era un idiota manipulador que se creía un caballero blanco.
En relación al caso que llevamos.
El Gólem. ¿Lo recuerda?
Cree conocía al asesino John Williams. Y, por lo visto, Dan Leno también.
De hecho, Leno escribió una obra sobre él.
Un sospechoso de ser el Gólem que está vivo. Malas noticias.
Para su próxima víctima, sin duda.
Y para usted. ¿O no le preocupa lo que pase con su carrera?
- Estoy haciendo mi trabajo. - ¿Y qué trabajo es?
¡Cuide lo que dice, Flood! ¿Debo recordarle su posición?
¡Eso me ayudaría!
Porque a veces estoy confundido
y no sé si estamos aquí para encontrar al Gólem...
- o para salvar a Elizabeth Cree. - Puede que las dos cosas.
¿Quién sabe?
Dios santo, ¿cuántos bolsillos necesitaba Leno?
Le lanza cosas al público.
Caramelos, flores, ropa interior...
Divertidísimo. ¿Roberts no vació el contenido?
Lo hizo la oficina del forense. ¿Por qué? ¿Se dejaron algo?
¿El 8 de Gower Place? ¿De qué me suena?
Quizás porque tenemos pendiente una visita.
Es la dirección de George Gissing.
Su mujer le dio una coartada para la noche de los asesinatos
de Ratcliffe Highway, pero parecía gustarle la bebida.
Deseamos hablar con el señor Gissing, señora.
George no está. Se ha ido.
¿Sabe a dónde ha ido?
A Limehouse, quizás.
Aún no.
Me interesa ver a dónde va
y qué hace un intelectual como él en las calles de Limehouse.
Señora, somos de Scotland Yard.
Farmacia registrada. Váyanse. Miren el registro.
Debemos hablar con el señor Gissing.
El hombre que acaba de entrar. No con usted.
Buen cliente. Viene a trabajar aquí.
Siempre trabajando, escribiendo.
Señor Gissing, soy el inspector Kildare, de Scotland Yard.
Quizás pueda explicarnos cómo llegó esto a manos de una mujer asesinada.
Me temo que encontrará mi dirección
en los bolsillos de muchas mujeres de la zona, señor.
Mi mujer, Nell, tiene la costumbre de desaparecer.
Les doy mi dirección para que contacten conmigo si la ven.
Digamos que mi mujer antes estaba en el mismo gremio.
- No parecen nada sorprendidos. - ¿Por qué?
Que un hombre intelectual como yo
se haya casado con una mujer de baja alcurnia.
¿Por qué tendríamos que sorprendernos?
El mundo está repleto de hombres como usted, señor Gissing.
- ¿A qué se refiere? - Hombres que fingen generosidad
cuando lo que en realidad buscan es que los feliciten.
Hombres que juegan a ser Dios salvando vidas.
¿Debemos considerar diferente jugar a ser Dios quitándolas?
¡Yo no soy un asesino, señor!
Entonces podrá escribir las palabras que le dicte.
Y acabemos con esto.
"18 de septiembre de 1880.
Mi estreno público se llevó críticas excelentes".
Estaba impaciente por comenzar mi siguiente creación.
Pero aún faltaba para que anocheciese
así que le hice una visita a la tienda de Ratcliffe Highway.
Le compré unos gemelos a la mujer del dueño.
Veía que, llegado el momento,
podía tener un papel destacado en mi obra maestra.
BARBAZUL, CON EL SEÑOR DAN LENO
Usted no es el judío de la biblioteca.
Ah, bueno... No importa.
¿Quién es usted? ¿Qué es lo que quiere?
He venido a disertar con usted... sobre la muerte y la vida eterna.
Aquí dentro se halla un secreto.
Fue aquí donde leí sobre el Gólem mítico.
Un hombrecillo de arcilla al que el hombre le dio vida.
¿Cómo podría cualquier londinense
resistirse al encanto de una obra de teatro así?
Me veía a mí mismo apareciendo ante el próximo desdichado
con un mazo en la mano diciendo:
"Aquí estamos de nuevo".
¿Puedo irme ya?
¿Qué?
Ah, sí, lo siento.
¿Por qué aún sospecha de mí? Mi letra no se parece en absoluto.
- Soy inocente. - Lo sé. Leía lo que ha escrito.
Estaba concentrado, disculpe.
Se me ha escapado algo.
Comprendo. ¿El qué?
Una línea del diario.
"Le compré unos gemelos... a la mujer del dueño".
El 10 de septiembre,
el Gólem hizo una compra en la tienda de Ratcliffe Highway.
Una nueva producción de "Barbazul" se estrena este fin de semana
y todo Londres espera con deseo ver al gran Dan Leno actuar en ella.
Pero sé que ansían emociones aún más potentes.
NOTICIAS DE LA POLICÍA Esto es pantomima en su forma más pura.
Incluso me veo apareciendo ante el siguiente desdichado
con un mazo en la mano exclamando:
"Aquí estamos de nuevo".
Qué extraña coincidencia y delicia descubrir en las calles...
de Limehouse a una puta con un vestido que yo recordaba bien.
Era una actriz esperando un papel.
Por supuesto, la complací.
El público ansía la próxima entrega.
Y no se debe hacer esperar al público.
Debemos olvidarnos de Cree y concentrarnos en Leno.
El Gólem incluso se imaginó diciendo: "Aquí estamos de nuevo".
Lo sé. Pero, por lo visto, todo el mundo conoce la frase de Leno.
Está el vestido de Alice Stanton. Y el hecho de que conocía al señor Gerrard.
Todos formamos parte del tapiz de Londres.
A veces... se cruzan los hilos.
¡Dios santo!
Deberíamos comprar entradas.
EL DEMONIO DE LIMEHOUSE Me intriga saber cómo acaba.
- Puedo recomendarle espectáculos mejores. - Solo era una broma, Flood.
Lo mío también, por supuesto.
¿Quién querría ver algo de tan mal gusto?
Por lo visto, el apetito de Londres por el terror no conoce límites,
nuestro Gólem tenía razón sobre eso.
¡Oh, Barbazul, por favor! ¡Ten piedad!
¡Llevo días sin comer!
Eres muy amable, Barbazul.
Nunca debí decir que no eras bueno conmigo.
Pensaba que moriría de hambre.
¿Qué demonios haces, querido?
- Sigo mi tratamiento. - ¿Tu tratamiento?
El médico me dijo que pasease con el estómago vacío.
He traído el recibo, como me pidió en su telegrama.
Como verá, no compré gemelos.
Un sombrero de señora.
A menudo compro ropa para el teatro en la tienda de Gerrard.
Que en paz descanse. Lo conocía bien.
Mencionó que necesitaba una muestra de mi letra.
Le he traído unos papeles viejos.
Por favor, coja cuantos quiera.
Me temo que deberá producir una muestra de escritura
en mi presencia, señor Leno.
Entonces me permitirá hacerle una visita a Scotland Yard mañana.
Tengo una cita para cenar.
Y aún debo quitarme todo esto.
Si me disculpan...
Quizá podamos seguir hablando mientras usted...
Tengo alguna pregunta que hacerle sobre John Cree.
Entonces intentaré responderlas.
Aunque no se debe hablar mal de los muertos.
¿No le gustaba ese hombre?
Era amigo de su mujer. Pero la hacía desgraciada.
Ya puede extrapolar lo demás.
¿Cuándo lo vio por última vez?
La noche que estrenó, El cruce de la miseria.
- Que también fue la única noche. - Lo sé.
¿Lo volvió a ver después?
Por supuesto.
Este es... mi teatro.
Estoy encargado de la gerencia desde que...
Tío se unió a la gran pantomima del cielo.
- ¿La actuación fue aquí? - Lizzie lo quiso.
Fuera lo que fuera de nuestra amistad, siempre seremos familia.
- ¿Es sospechoso John Cree? - No puedo decírselo.
Un sospechoso póstumo.
¿Van a desenterrarlo para el juicio?
¿Sabe por qué Lizzie rechaza expresar sus sospechas?
¿Piensa que lo está protegiendo?
Ese punto de vista es novedoso.
La mayoría de la gente cree que lo envenenó.
¿Y usted?
En cualquier caso, ese hombre fue el autor de su propia perdición.
Prácticamente la destruyó,
quería que ella dejara el teatro, podría haber acabado él con su vida.
¿Usted le vería capaz de acabar con la vida de ella?
Literalmente.
¿Quién sabe de lo que es capaz un hombre?
Todos llevamos máscaras de pantomima, ¿no es así?
Lo siento, ahora debo vestirme.
Primero hábleme del pequeño Victor.
Si le interesan las injusticias del pasado,
será mejor que investigue el fallecimiento de Tommy Farr.
¿Tío?
Tío.
Dicen que el jurado espera tener un veredicto esta tarde.
Lo sé. Lizzie.
Pero parece que la prensa ya tiene uno.
Lizzie, he hablado con Dan.
Me ha recomendado que investigue la muerte de Tío.
Si quería saber lo que le ocurrió, haberme preguntado.
"Entra en la sala".
"Como le dijo la araña a la mosca".
¿No decía eso? ¿El poema?
Quizás, Lizzie.
Quizás.
¿Sándwich de pepino?
- No, gracias. - Ah, lo olvidaba.
No eres a quien más le gusta el pepino.
¿A qué viene esto?
¿Por qué me ha invitado?
Quiero enseñarte una cosa.
Cierra los ojos.
Buena chica.
Es solo una afición, Lizzie.
Me gusta que me peguen de vez en cuando.
Como a los demás.
La conozco.
Esta chica ayudaba al Gran Bolini. La cortaban por la mitad.
Es ella, cielo.
Qué gran artista.
Es una pena que tuviese que abandonar la compañía.
¿Por qué me lo enseña?
- No te hagas la inocente conmigo. - No me hago nada, en serio.
Te agradecería que me complacieras, Lizzie.
Posando... para un cuadro...
- con algún que otro golpe. - Antes prefiero que me maten.
Haré como si esto no hubiera ocurrido.
Como te he dicho, es una pena que tuviese que irse.
Se cansó de actuar.
Usted no me haría daño.
- Dan no lo permitiría. - Pero yo, como tesorero,
puedo hacer lo que me plazca.
Así que...
tú guarda mi secreto y yo guardaré el tuyo.
Yo no tengo secretos.
En un momento los tendrás.
Ha dicho que debo volver el próximo domingo.
Y el domingo de cada semana.
¿Para hacer lo mismo de nuevo?
Tiene fotografías.
- Tenía que contárselo a alguien. - ¡Es una aberración, Lizzie!
Que nadie lo sepa.
Haré que esto acabe.
Pero primero...
deseo hacer esto.
Te ha robado el honor. Permíteme devolvértelo.
Tío falleció tres días después de que John le hiciese frente.
Él no era joven.
Su corazón era débil y le gustaba beber.
Eso no es lo que cree Dan Leno.
Él cree que John chantajeó a Tío para que dejase de hacer aquello
y luego lo mató.
Quinientas libras y la cámara.
Parece que le di una paliza excelente.
No quiere salvarse, ¿verdad?
Que le salve yo. O cualquier otro hombre.
No merezco ser salvada.
John, no puedo.
¿A qué te refieres? Somos marido y mujer, Lizzie.
Lo sé.
He esperado tres años.
Tres años de cortejo y de un maldito compromiso interminable.
No fue mi culpa que la temporada de pantomima llegara hasta Pascua.
¿Querías que pasara mi noche de bodas actuando en "Aladino"?
Parece que esa posibilidad no habría sido tan diferente.
- Por favor, trata de comprenderme. - ¡No, compréndelo tú!
John, por favor. No me gusta.
No quiero gratitud por lo que he hecho por ti.
Lo único que pido es que cumplas tu deber como esposa.
¿Qué hace usted aquí?
Hola.
- Ah, hola. - Hola.
Tendré el nuevo contrato listo para mañana, John-John.
- No te preocupes, no te preocupes. - ¡Lizzie!
¡Lizzie!
Vaya, vaya...
Pero si es la señora de John Cree.
Tres meses de casada y ya echas de menos el bullicio
- de la sala de maquillaje. - Tonterías.
He estado demasiado ocupada para eso.
¡Qué desperdicio! ¿La pequeña Lizzie sin público?
No debes dejar que ese desastre de hombre gobierne sobre ti.
A John le parece muy bien que actúe.
Aún seré la protagonista de El cruce de la miseria.
Oh, despierta, Lizzie.
A ese hombre lo paraliza tanto el fracaso,
que nunca conseguirá acabarla.
Escribe cada día en la biblioteca. Ya casi ha terminado.
Te lo digo como amigo, Lizzie.
Olvídate de El cruce de la miseria y olvida a John.
Si quieres ver tu nombre grabado en piedra,
tendrás que coger el cincel tú misma.
Bien, ¿a qué debemos el placer?
En realidad, he venido a ver a Aveline.
Tengo una propuesta para ti.
Necesito una sirvienta.
¿Yo?
Será una broma.
Te ofrezco el doble de lo que ganas aquí por semana.
Tan solo te pediré algo de ayuda para cargar con mis...
- deberes conyugales. - Dios santo, Lizzie...
¿Sabes cómo está quedando la obra de John?
Él dice que muy bien.
Sabes que no tienes por qué prepararle la bebida nocturna, Lizzie.
Puedo hacerlo yo.
Preparo una para mí. No me cuesta nada preparar dos.
Sería un placer para mí preparar las dos.
Puedo llevarte la tuya a tus aposentos antes de llevarle a John la suya.
- ¿Qué haces aquí? - Debería preguntarte lo mismo.
Porque sé lo que no estás haciendo. Y eso es escribir.
¿Por qué me decías que la obra no estaba acabada si casi no la has empezado?
Lo estaba. Casi está completa.
- Solo la he dejado de lado un tiempo. - ¿Dejar de lado?
Te mantengo económicamente, tus necesidades están cubiertas...
No me pongas en ridículo por mi maldita obra
cuando quien te irrita realmente es Aveline.
¿Por qué iba a irritarme?
Vete a casa, Lizzie. Déjame acabar mi investigación.
¿Tu investigación? ¿Sobre qué?
Mi obra. Mi nueva obra.
¿Y El cruce de la miseria?
Me he cansado de Katherine Dove.
¿Hay algún papel para mí?
No, Lizzie. No lo hay.
Ahora eres una dama.
Y el escenario no es lugar para damas.
Así que la interpretaste sin permiso y recibió malas críticas.
El cruce de la miseria hace sentirse miserable al público.
¿No es gracioso cómo las críticas más mordaces
son las que se mejor se recuerdan?
¡Más, más!
¡Tío, por favor!
Me has robado el honor. Soy inocente.
Tú deseas ser un hombre. Finge que yo soy una mujer.
Es a Lizzie a quien desprecian, John. No a tu obra.
¡Mentirosa!
¡Esto no era por mí, era por ti!
Deseabas demostrar lo buena actriz que eras, puta egoísta,
- eres una fracasada. - ¡Tú eres el fracasado!
- ¡Dios mío! - ¿Lo ves?
¿Dónde está el caballero blanco? Eres igual que los demás.
¡Una palabra más y te partiré el cuello!
John, vete a casa.
¡Mi obra estaba inacabada y la has destrozado!
¡Me has destrozado a mí y a mi reputación!
¡Tú no tienes reputación! ¿Quién te crees que eres?
No eres nadie, John. Nadie.
¡Y nunca lo serás!
Vete de aquí, John. ¡Vete!
Miraos bien. Sois payasos.
Payasos inútiles.
A vosotros os olvidarán.
A mí no. A mí no.
¿John?
- John... - ¡En marcha!
- ¡John! - ¡Arre!
¡John! ¡John!
¡John!
La noche del estreno, el cinco de septiembre,
lo sacó de quicio, pero no se suicidó.
Hizo que quisiera demostrar al mundo que era un artista.
Esa noche el Gólem mató por primera vez.
Y usted cree que es culpa suya.
- Pone palabras en mi boca. - ¿Por qué este baile, Lizzie?
¿Por qué no admite que llegó a saber, o al menos sospechar,
en lo que se había convertido?
Si esto es un baile, es usted quien lo dirige.
Déjeme que le lea la última anotación.
"Ratcliffe Highway fue toda una hazaña.
Así como un actor se lleva a casa un programa de recuerdo,
yo regresé con un chal empapado en sangre
propiedad de la mujer del vendedor de ropa.
La noche siguiente, temiendo que me descubriesen,
me atreví a destruirlo.
Y ese fue mi error".
John, estás en casa, no te he oído entrar.
No hubo ninguna pregunta ni ningún reproche.
Creo que se planea un castigo casero para mí.
Ya no me siento seguro bajo mi propio techo.
No puedo seguir así.
Lo envenenaste, ¿no es cierto?
Lizzie, escúchame.
Tenemos unos minutos, aún puedes cambiar tu defensa.
Confiesa. Lo hiciste porque sabías quién era.
Lo hiciste porque temías por tu vida.
Te prometo que tendrás la comprensión del jurado.
¡No quiero ninguna comprensión!
¿Por qué no mereces redimirte?
¿Por qué lo mataste o porque crees que creaste a un monstruo?
Lo que merezco es vivir libre
y que me recuerden tras mi muerte por mis logros,
no como la mujer que envenenó a su marido.
Mi nombre junto al suyo.
Señora Cree.
Mientras exista esa opción, solo puedo aferrarme a ella.
¿Tiene el jurado un veredicto?
Sí, señoría.
¿Cómo declara el jurado a la acusada?
Culpable.
¡Orden! ¡Orden!
Elizabeth Cree, será devuelta al calabozo
y llevada desde allí a un lugar de ejecución,
donde mañana a las diez de la mañana será ahorcada
hasta que provoque su muerte.
Que Dios se apiade de su alma.
Inspector Kildare, Scotland Yard, necesito un momento con ella.
No te mereces esto.
- Ya está, me ahorcarán mañana. - No, no dejaré que eso ocurra.
John Cree era un asesino.
Pienso demostrarlo y apelar para que te indulten.
El mundo debe saber la verdad.
Quisiera que descubriera al Gólem.
Este es su momento. Su oportunidad. Aprovéchela.
Lo siento, señor, debemos irnos.
No tenemos mucho tiempo.
El cruce de la miseria está escrito a mano.
- Dan puede que lo tenga. - Detendré todo esto. Te lo prometo.
¡Aquí estamos de nuevo!
Lizzie pagó el alquiler del teatro.
Yo le aconsejé que no lo hiciese, pero ella insistió.
Y no fue un éxito.
Por decirlo suavemente.
Pues dígalo como quiera.
Casi no se vendieron entradas,
pero Lizzie quería que se llenase.
Así que salió a la calle y se los regaló a los pobres.
Ah...
Ajá, aquí está.
El cruce de la miseria.
¡Está escrito a máquina!
Me temo que no tengo la obra original manuscrita.
La práctica habitual es archivarla
a menos que el autor pida que se la devuelvan.
- Pero él no lo hizo. - ¿Archivada? ¿Dónde?
El bibliotecario ha accedido a abrir temprano, señor.
Debería llegar en cualquier momento.
Eso espero.
La ahorcarán a las diez.
¡Lizzie!
¡Lizzie!
Lizzie.
Estoy lista.
Es muy extraño.
- No está aquí. - ¿Se lo habrá llevado alguien?
No, a menos que acaben de hacerlo.
- ¡Rápido, la puerta! - ¡Señor!
¡Suélteme! No he hecho nada malo.
Entonces por qué tanta prisa en obtener esto.
Planeo reescribirla, señor, para montar una producción.
Un melodrama sobre Lizzie Cree.
Ahora que la van a ahorcar, será todo un éxito.
¿En serio? ¿Se ha hecho escritora, señorita Ortega?
No, señor, pero no exigirá mucho esfuerzo.
Ha sido la historia de su vida, ¿no?
Mi idea es comenzar la obra en el patíbulo
y recordar cada paso que la llevó hasta allí.
No puedo evitar pensar que añadir un marido asesino
puede ser bastante popular.
Le he contado todo lo que sé.
John es inocente.
- ¡Dios mío! - A vosotros os olvidarán.
A mí no.
¿Ya es la hora?
Aquí no hay nadie.
Ahora ya casi nunca admiten público, señora Cree.
- Solo para los más odiados. - Por favor, no. Ayúdeme.
Por favor, dígales que esperen. El inspector Kildare viene hacia aquí.
Lo siento.
¿Es que no puede ir más rápido?
- La cárcel ya está cerca. - ¡Ya lo sé!
¡No, debemos esperarle! Por favor, es un error. Lo demostrará.
- Se lo ruego, un poco más. - Lo siento.
Deténgase, señor. ¿Por quién ha venido?
Elizabeth Cree, dígame que no es tarde.
La acaban de sacar. Corra cuanto pueda.
¡Avise al magistrado!
¡Deténgase! ¡Alto!
No me lo agradezcas.
Solo tengo una hora de gracia para hablar con el magistrado.
Debo convencerle para que reduzcan tu sentencia.
No esté triste. Ya tiene al Gólem.
El mundo conocerá la verdadera historia.
Y usted...
usted conocerá cada capítulo, y la contará.
- Siempre te lo agradeceré. - Yo también.
Lizzie... Lizzie, no.
¿Alguien creería a John Cree capaz de tales actos?
Te lo aseguro.
No me cabe duda.
Pues acabemos con esto.
Debes escribir lo siguiente.
"Yo soy Elizabeth Cree,
y en septiembre de este año he sabido que mi marido...
era el Gólem de Limehouse".
Tan solo debes contar la verdad.
Nunca le he contado nada más que la verdad, Kildare.
YO SOY...
EL GOLEM
Usted tendrá su momento y yo el mío.
En el templo de la fama nuestros nombres se grabarán en piedra
el uno junto al otro para siempre.
¿Quién estuvo aquí el 24 de septiembre?
Aquel día vinieron cuatro hombres a la sala de lectura,
pero no hay manera de saber lo que alguien ha leído
ni cuándo lo ha leído.
John.
Ya has llegado, no te he oído entrar.
No hubo ninguna pregunta ni reproche.
Creo que se planea un castigo casero para mí.
Ya no me siento segura bajo mi propio techo.
No puedo seguir así.
Habíamos acordado guardar nuestros secretos,
pero tú no guardaste el mío.
Me pregunto qué debería hacer con el tuyo.
Deberías llevártelo a la tumba.
¿Señor Gerrard, es usted?
¿Annie?
Oh, lo sé, lo sé.
Nadie diría que esto es creación de una mujer.
¡Aquí estamos de nuevo!
Ha llegado tarde.
Seguramente esto sea lo que menos desea,
pero le esperan abajo.
Londres quiere brindar por usted, John.
Sé cuánto se preocupaba por ella. Pero...
piense en lo agradecida que estaría,
ahora que todo el mundo sabe que su marido era un monstruo.
No solo un asesino,
sino alguien que intentó negarle todo lo que ella quería ser.
Usted ha salvado su honor.
Su recuerdo.
Habría querido que tuviera esto.
¡Debemos esperarle! Por favor, esto es un error.
Lo demostrará. Se lo ruego, solo un poco más.
No...
no creo que el inspector Kildare vaya a volver.
- No soy una envenenadora. - Yo le creo.
Soy mucho más que eso.
Vamos a poner a su disposición
un informe sobre John Cree en una hora, caballeros.
El espectáculo debe continuar.
Los londinenses ya pueden dormir tranquilos de nuevo.
El Gólem ya no existe.
Inspector, ¿algún comentario sobre su ascenso, señor?
¿Sus últimas palabras?
¡Aquí estamos de nuevo!
EL CRUCE DE LA MISERIA BASADO EN LA VIDA DE ELIZABETH CREE
Empecemos, amigos míos,
por el final.
El verde, no, cielo. El rojo.
La madre no se pone enferma hasta la cuarta escena.
¿Habéis comprobado el arnés?
Coge el peso. Coge...
¿Qué ha pasado?
¿No respira?
Tenemos que volver a salir.
Tú harás de su madre.
Yo seré Lizzie.
¡Lizzie!
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