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Original subtitles

Gracias.

Esta niña con esa melena es increíble.

Debe ser imposible de cepillar.

Al nacer estuvo a punto de morir.

El que lleva la cruz es su padre.

Es aceitunero.

Él y la madre hicieron una promesa a la Virgen.

Si se curaba, no le cortarían el pelo hasta los 14 años, en señal de

agradecimiento.

La recogimos en Huelva, llegó ayer de África.

Se ha quedado así.

Parece de chocolate.

¿Cómo se llama?

No lo sé. ¿Está sin bautizar?

La llamaremos María de la Luz.

¿No serás capaz de librarte de esa criatura al palacio?

¿Te das cuenta de lo mal que huele?

¿Se puede saber de qué te ríes?

De usted.

Le echo daño.

Eres una mujer muy especial.

Te llevaré conmigo a ti y a toda tu familia y te haré pintar.

Quiero tenerte a todas horas conmigo.

¿De verdad es usted el príncipe de la paz?

Sí.

Y quiere tenerte a todas horas conmigo.

No quiero hacerme ilusiones.

¿Qué es lo que le has hecho?

Nada.

No se preocupe, madre.

Volverá.

El hortelano es una ave del suroeste de Francia. Mmm, exquisito.

Se ahoga en coñac antes de cocerlo. Nada de su sabor puede escalparse.

¿Listos? Adelante, señoras y señores.

Introduzcan la cabeza del hortelano en la boca.

Trituren la...

Llegan las lulís en vacilación con sus dientes.

Ataquen sus pequeños alas.

Devoran sus patas.

Esculpan el cuerpo del animal en su boca.

Sobre todo, no escupan nada.

Mastiquen.

Tráiganse el rojo y la sangre del animal.

¡Así! ¡Muy bien!

¿Qué les parece?

Una delicia, ¿no?

Sublime.

Pero un poco bárbaro.

Menos que la depilación, ¿no, Duchesse?

Gognard, estamos en la mesa.

Esas son cosas entre tú y yo.

Y aunque la depilación sea dolorosa, es cierto que la piel de una mujer debe ser

suave, delicada y estar siempre perfumada.

¿Estáis seguros de que si Cayetana decidiera hacerse un desnudo, la reina

también se lo haría?

No me hacen ninguna gracia esos comentarios irónicos que hacéis de la

reina.

Lo que se procura en estos casos es ser muy fiel al cuerpo y desfigurar el

rostro para no dar pie a la murmuración.

Deberíamos vivir completamente desnudos, como los indios de América.

Homero. ¿Eh? ¿Por qué no?

Con una o dos plumas bien colocadas, si quieren. ¿Quién te ha hecho ese arañazo?

¿No habrá sido la reina?

La reina siente envidia de todo lo que Gaetana posee.

Pero nunca podrá superar su colección de joyas. Ah, pero sí, la daba Nicós.

Se rumorea que tiene más de 1.600 abanicos.

Pero Caetana tiene más de mil pares de zapatos.

¿No es cierto, querida?

Pasemos al salón.

Vamos a tomar el mejor chocolate de las indias, mezclado con brandy de Jerez.

Una delicia.

¿Cómo me encuentras?

Très belle.

Y huele a esa gloria.

Estás muy guapa, Gaetana. Mientras a una mujer le digan très belle, puede estar

tranquila. Lo malo es cuando te dicen eres una mujer interesante.

Entonces significa que ya no saben qué decirte.

He conocido a una gaditana que es una maravilla.

Que hoy he conocido una gaditana maravillosa.

Me gustaría que la fuera a ver y la pintara.

La querría desnuda.

Desnuda. Romero, siéntate a mi lado.

Desnuda.

Tengo polvillos. ¿Quién quiere?

Yo.

Son muy buenos.

Mejor que rapir.

¿Qué te pasa, Pancho? Estás muy solo.

¿Qué te pasa?

¿Por qué no vienes con nosotros?

Estamos tomando polvillos de los Andes. ¿No quieres?

Un día me gustaría volar.

Lo he soñado muchas veces.

Me pongo de puntillas en el balcón de palacio y me lanzo al vacío.

Abriendo mis brazos puedo volar como una mariposa.

Eres un gran amigo, Pancho.

Pero mi corazón ya tiene dueño.

¿Se atrevería a pintarla desnuda?

Esta noche quiero volar.

Volarás.

¿Y este lavamanos? ¿Qué es?

No es un lavamanos.

Es un bidet.

Si te apuesto lo que quieras a que la reina muy pronto tendrá uno como el mío.

otras cosas que me gustan más.

¿Sí? ¿Cómo qué?

Tu joya, por ejemplo.

¿Mi joya?

No me refiero a esa.

Me refiero a esta.

¿Pero qué te has hecho?

La jugada francesa no está nada mal.

Tú sí que eres una mujer especial.

Cayetana.

Cayetana.

Mañana vas a reunirte con la reina, ¿verdad?

Te recuerdo que soy el primer ministro del país y que como tal mis tareas de

gobierno incluyen encuentros con los reyes.

Vete con la reina y con todos tus amantes.

Y no vuelvas.

Cuando viniste a la tierra, tu tierno cutis la noche vistio de sus sombras

negras. Y en vez del cabello ondulado de las graciosas europeas, a ti te

crezcas de viejas en su tijola carina.

¿Esta soy yo?

Sí.

Como en mis sueños.

Volando.

Pero hay monstruos en mis pies.

¿Es que no me quieres?

Bola bérunt.

Qué palabra tan extraña.

Pero me gusta.

Bola bérunt.

Son inventos franceses.

La depilación.

Lo llamaremos Bolaveros.

¿Sabes?

Me gusta tocar tu cabeza.

Es especial.

Misteriosa.

¿En qué estás pensando, Fancho?

¿En que siempre estarás en mi cabeza?

Brazos detrás de la cabeza.

Levántate la falda.

Los brazos detrás de la cabeza.

Estira los pies.

¿Qué hacen?

Están sucios.

¿Pero qué hacéis?

Apestas a otra.

¿Ese arañazo del cuello te lo ha hecho Cayetana o esa joven de Cádiz de la que

ya habla todo el mundo?

Esos son solo habladurías.

No me gustan nada las habladurías.

Ni tampoco que... Me habláis en un tono que no merezco.

¿Habéis olvidado que soy el primer ministro?

Y yo la reina.

Y me es difícil de olvidar la cantidad de alcobas que frecuentas.

Pero si eso son solo habladurías.

Ya te he dicho que no me gustan las habladurías.

Sois una mujer muy especial.

He estado con la reina y quiere que contraiga matrimonio con la condesa de

Chinchón.

Nada cambiará entre nosotros.

Seguiremos viéndonos.

Pero el príncipe está conspirando contra la reina.

Los reyes y yo queremos tener de nuestro lado a toda la familia.

Y tienes que entenderlo.

Es una razón de estado.

¿Quieres que te dé una buena razón?

¿Pero cómo te atreves a decirme que te casas después de hacer el amor conmigo?

Eres un chorizo.

Con razón te llaman el chorizo.

Siempre estarás conmigo.

¿Y dónde viviréis?

Aquí.

Este es mi palacio.

¿Y yo qué?

¿Me tendré que ir?

No.

Continuarás viviendo aquí.

Construiré un pasadizo para que tú y yo nos podamos seguir viendo.

Eres un monstruo.

¿Y sabes lo que te digo?

Que jamás desearás a otra mujer mientras yo esté viva.

Tanto como a mí.

Seguiremos juntos.

Pareja estupenda.

Nunca he dudado de tu buen gusto.

Godoy emparentado con la iglesia, ¿quién lo iba a decir?

¿Cómo os prueba la vida matrimonial? Muy bien, majestad.

Manuel es uno de los mejores hombres que ha dado nuestro reino. ¿No es cierto?

Hasta mi hijo Fernando aprueba vuestro matrimonio.

Croñar ha confeccionado los uniformes de diez criadas con la misma tela del

vestido que lleva la reina. Se pondrá como una fiera.

¿No le tienes miedo?

¿Qué va a hacer?

¿Matarme?

Y así se quedaría hasta con tus joyas.

Ha conseguido que la reina anulara los envíos a Nápoles.

Lo pagará caro.

Cayetana va a ayudarnos.

Majestad.

¿Qué te ocurre, Cayetana?

Ya no eres una niña. Ya no estás en edad de jugar.

Y menos conmigo.

La vida no es más que un juego, ¿no le parece?

Y yo a su lado no soy más que una niña con ganas de jugar.

Ese modisto francés que tienes... Groñar, creo que se llama.

Es muy bueno, pero poco original.

Le llamaré para que trabaje para mí.

¿Y ese cantante de ópera?

Trabaja exclusivamente para mí.

¿Es nuevo ese anillo?

A Manuel también le gusta mucho.

Esta y todas mis joyas.

¿Ya has felicitado a Manuel por su matrimonio? Es muy dichoso, ¿verdad,

Manuel?

Ya no tiene ojos para nadie más.

Déjame en paz y vuelve con tu mujercita.

Sé que estás apoyando al príncipe Fernando.

Es que no te das cuenta.

Quiere conspirar contra su propio padre y está perjudicando a la corona.

Lo sé.

Y si quieres, puedes ayudarme mucho.

También lo sé.

Te desprecio, Manuel.

Sabes perfectamente que me he casado por razones estrictamente políticas.

Y de eso precisamente quería hablar contigo.

Tenemos que vernos a solas.

Siempre a vuestro servicio, majestad.

Pepita no debería estar aquí.

No puedo permitir que viva en tu palacio. Te recuerdo que eres un hombre

casado.

Me han dicho que su majestad os ha regalado un caballo ecijano.

Es el mejor haciendo corbetas.

Os reto cuando queráis.

Tiene que ganar, le va la cabeza.

Castigan a los hijaves y no me falléis.

En la Villa de Madrid, en el Día del Señor de 1802, en acatamiento de una

real orden de su excelencia el alcalde, se procede a investigar las causas del

deceso de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo,

duquesa de Alba.

Acaecido el 23 de este mismo mes, Después de la fiesta celebrada en el

Palacio de Buenavista, en su domicilio de la Villa de Madrid.

Nombre.

Catalina Barajas Carneiro.

¿Su vinculación con la difunta?

Era su criada de cámara.

¿Qué causas cree usted que determinaron su fallecimiento?

Eso lo deberán decir los médicos.

¿Vio algo extraño la noche de su fallecimiento?

Estaba muy nerviosa y bebió mucho.

¿Qué bebió?

Un vino que nos regalaron en el viaje a Andalucía.

¿Fue esta la jarra de la que bebió?

Que se retire la jarra de vino para su correspondiente examen en los

laboratorios oficiales.

¿Tuvo una agonía muy dolorosa?

Mucho.

Pero en los últimos momentos estaba tranquila.

¿Dijo algo antes de morir que puede interesar a esta investigación?

Me pidió que le pintara los labios.

Sabía que iba a morir y quería morir hermosa.

¿Sabe que con la muerte de la duquesa usted se beneficiará con parte de la

herencia que ella ha dispuesto que pase a su servidumbre?

¿Qué quiere decir?

¿No sabe usted de nadie que quisiera tan mal a la duquesa como para desearle su

muerte?

Bueno, no creo que eso tenga demasiada importancia.

¿Qué es lo que no tiene importancia?

Discutía mucho con el señor Piñatell.

Pero... Él la quería mucho, pero... Siempre le estaba pidiendo dinero

prestado.

¿Nombre?

Carlos Piñatelli y Alcántara.

¿Su relación con la difunta?

Nos conocíamos desde pequeños.

Éramos como hermanos.

Según se dice, habían sido algo más que hermanos.

Eso a usted no le interesa.

Yo era algo así como su acompañante.

Las francesas tienen un término para eso.

Chevalier Servan.

Caballero al servicio.

Eso no implica ninguna relación íntima.

¿Es cierto que usted discutía a menudo con ella y que estaba atravesando

problemas económicos y que con su parte de herencia podrá solventarlos?

¿Qué quiere usted decir?

La duquesa era como mi hermana.

Caín y Abel también eran hermanos.

Dígame el nombre y su relación con la difunta.

Francisco Durán y Conde, su médico de cabecera.

¿Es cierto que últimamente usted la visitaba con cierta asiduidad?

Sí, no se sentía bien.

La visité antes de la fiesta y la noté muy nerviosa.

¿Qué enfermedad padecía?

Pudo haber contraído las fiebres epidémicas en su viaje a Andalucía.

¿Tiene usted una idea clara de lo que le ha producido la muerte repentina?

Cuando llegué ya se estaba muriendo.

No se podía hacer nada.

¿Cree usted que ha sido envenenada?

No.

¡Oh!

Señora concesionista.

¿Qué es eso tan importante que tiene que decirme?

¿Qué quiere contarme?

Hoy ya estoy muy ocupado.

La muerte de la de Alba tiene a todo el mundo revolucionado. Se están diciendo

demasiadas cosas y el pueblo habla demasiado.

En la calle se dice que la duquesa ha muerto por órdenes de la reina y que

alguien que estuvo en la cena fue el encargado de cumplir su voluntad.

Pero por lo visto, hay quien también me implica a mí.

Lo cual no deja de tener su gracia.

A mí se da cuenta.

Este es un país de locos.

De locos.

Encima de todo lo que he hecho.

Excelencia.

Cayetana no ha fallecido de muerte natural.

Creo que yo soy el culpable de su muerte.

Todos estamos muy nerviosos y afectados con su muerte.

No diga barbaridades.

En mis pinturas había veneno.

¿De qué veneno está hablando?

¿Qué tiene que ver ella con sus pinturas?

Cayetana murió envenenada.

¿Y cómo?

El día que usted vino a ver el cuadro terminado y la duquesa lo veía por

primera vez, empecé a darme cuenta de que ella estaba muy mal.

Quiero estos cuadros.

Los dos me pertenecen.

Quiero comprártelos.

Sabía que te gustarían, pero estos cuadros son míos.

Pero este es mi cuerpo.

¿Quién te ha dicho que ese es tu cuerpo?

¿Acaso no es este mi sofá?

Mis cojines, mis pies.

Mis pechos.

Vivo la Verunt.

Los quiero yo.

Tú haz que Fancho te pinte a tu reina desnuda.

¿O a tus amantes?

¿Qué ocurre, criadoquesa?

¿Estás celosa?

Son lo único que me queda de ti.

Y no pienso venderlos nunca.

¿Y ahora cómo me veis?

Ya no soy la de antes, ¿verdad?

Siempre has sido y serás una mujer muy interesante, Cayetana.

Manuel, acabas de decir lo único que no quería oír.

Doy una fiesta en honor de mi sobrina Manuelita, la pequeña.

Se casa con el conde de Haro.

Quiero celebrar su compromiso.

¿Vendrás, Manuel?

Puedes venir con cualquiera de tus mujeres.

Y ahora, si me dejas a solas con Fancho, tengo algo que concretar con él.

¿No tienes nada más que decirme?

Le pidió que le pintara la cara.

Se sentía mayor.

Tus manos.

Me siento tan sola.

Ni siquiera el pueblo me quiere.

En dos semanas han intentado incendiar mi palacio tres veces.

¡Mi piel!

Cuidado, duquesa.

El violeta de cobalto es un veneno muy peligroso.

Es arseniato de cobalto.

Y el amarillo de Nápoles también es venenoso.

Y el verde veronese es el más peligroso de todos.

Una combinación de arseniato y acetato de cobre.

Morir de verde veronese o de amarillo de Nápoles.

Son tan letales como el cianuro o el arsénico.

Gracias a tus cuadros todos sabrán cómo era la duquesa de Alba cuando estaba

llena de vida.

Tú que me has ayudado a vivir, bien podrías ayudarme a morir.

¿Duquesa? No me digas que no sería hermoso.

¿De qué murió la duquesa?

¿De amarillo de Nápoles?

Es mejor que morir de fiebre amarilla.

Así que insinúa que Cayetana murió envenenada por sus pinturas.

Es absurdo.

¿Usted la amaba?

¿Usted la amaba? Fue excelencia también.

El pueblo, el pueblo.

Siempre culpáis al pueblo.

Tal vez el verdadero causante de los incendios de mi palacio esté entre

nosotros.

¿De quién me puedo fiar realmente?

Era solo una broma, querida.

Amigos, brindemos por Manuelita y el Conde de Haro.

Deseémosles mucha felicidad.

Por vuestro amor.

Larga vida.

Y sepamos nosotros también amarnos unos a otros.

Como tú y yo, Carlos.

El dinero no significa nada entre nosotros.

Incluso si nunca me devolvieras lo que te he prestado todos estos años.

Siempre te querré.

¿Pero qué pasaría si dejara de ayudarte?

¿Me matarías para cobrar la herencia?

Keitana, tengamos la cena en paz.

Mike F., canta para Manuelita.

Tú no necesitas el fuego de las teas.

Tú tienes tus violetas y tus verdes para acabar conmigo.

Pero eso será cuando yo te lo pida, ¿verdad?

Qué escena tan divertida.

Toreros, pintores, cantantes de ópera.

Seguro que tenemos la mejor mesa de todo Madrid.

Sí, muy divertida.

Y vos, Cornel, siempre os estáis riendo.

Pero sé que a mis espaldas seríais capaz de quemarme viva si os lo pidiera

Fernando. Querida, eres una mujer adorable.

Nos invitas a comer pescado y nos haces tragar sapos y culebras.

¿Es un ajuste de cuentas, Cayetana?

Estoy seguro de que aquí todos desean la muerte de alguien.

¿Verdad, Manuel?

No hay político importante que no guarde un muerto en su armario.

La vida es así en la política.

Nadie puede reinar sin eliminar.

Y lo mismo sucede con el amor.

Sí, brindemos por el amor.

Por el amor.

Qué vergüenza que el día de la petición de mi sobrina estemos tan poco

dispuestos a reír.

¿Veis este amarillo?

Si es el de Nápoles, cuidaos.

Podéis morir de solo mirarlo.

¿Y este morado con que se suele pintar la túnica de Jesús?

De santo nada.

Es el violeta de cobalto.

Oledlo tan solo y se os paralizará la sangre en las venas.

Y el verde, el color de los prados y los ojos de los ángeles.

Verde veronese, veneno puro.

¿Pero qué hace?

No te pongas así, Fancho.

Solo quería dar una lección de pintura a nuestros invitados.

Te he decepcionado.

Todos tenemos derecho a decepcionar.

¿Qué soy yo?

Cuidado.

Siéntate.

Afrúgale el corce.

¿Estás mejor?

Habrá sido por el baile.

¿Por qué no empiezan a bajar? Yo me quedaré con ella hasta que se recupere.

Sí, volvamos a la fiesta.

Cuando se empeñó en enseñar mis trabajos en el palacio a todos los invitados,

sabía perfectamente que aquello a mí no me gustaba.

Pero lo hizo.

Y me molestó mucho.

Su actitud toda la noche fue muy extraña.

Después del desmayo de Pepita, cuando todos volvieron a la fiesta, yo me quedé

ordenando mis cosas.

Quería estar solo.

Me quedé arriba escribiendo y me dormí.

Deseprisa.

Se nos está muriendo.

¿Qué? Se nos está muriendo.

Yo creo que ella está muy mala.

La señora ha preguntado por usted.

Se nos muere.

Quería tocar tu cabeza.

Por último.

Isabel.

Me gustaría hacer el amor contigo.

Y estaré desmayarme para siempre.

Aquí.

El frasco de verde veronese no lo vi.

Ni en su alcoba, ni en la antecámara.

¿Está seguro de que había veneno en el vaso?

Sí.

Entendí lo que había ocurrido.

Cayetana se había suicidado por mi culpa.

Me atormente más, don Fancho.

Usted no es el culpable de la muerte de la duquesa.

Cayetana no se ha suicidado.

La han matado.

¿Cómo?

Mi encuentro con Cayetana en su estudio no fue casual.

Habíamos quedado allí para que me entregaran unos papeles que comprometían

al príncipe Fernando.

Todo el mundo pensaba que éramos enemigos políticos.

Eso era lo que queríamos hacer creer. Pase.

Así que... la convencí para que me informara sobre las

maquinaciones del príncipe.

Ella era mi espía.

¿Lo entiende?

Mi espía.

Puedes venir con cualquiera de tus mujeres.

Y ahora si me dejas a solas con Fancho, tengo algo que concretar con él.

¿No tienes nada más que decirme?

Sí.

Te entregaré los documentos que me pediste.

Fernando también viene a la cena.

Después de la cena, cuando estuvimos viendo los trabajos que usted estaba

haciendo en su palacio, quedamos en su alcoba.

Me confirmó que me daría lo que le había pedido.

Cuando todos bajemos, tú te entretienes aquí arriba y me esperas en mi alcoba.

Te daré los copitos.

Sí, volvamos a la fiesta.

No deberías haber venido.

El desmayo de Pepita nos facilitó las cosas.

Todo el mundo regresó a la fiesta y yo me quedé rezagado para encontrarme con

ella en su habitación.

Quiero un poco de amor.

Cayetana, ahora no tenemos tiempo.

Voy a por los documentos. ¿Cómo los has conseguido? ¿Están firmados por el

príncipe? Sí, llegaron de Nápoles.

Son las copias.

Cayetana. Disimulemos.

Hay alguien detrás de la cortina.

Bésame.

Hacía tiempo que no me besabas así.

Brindaremos por nuestro reencuentro.

Qué vaso tan hermoso.

Vamos a tu habitación.

Beberemos luego.

Vamos.

¿Dónde los has puesto?

Disimulemos.

¿Me estás fingiendo?

No.

Dame los papeles.

Sigues teniendo una cintura maravillosa.

Todavía me deseas, ¿verdad, Manuel?

Sí.

¿Qué te han dado ellas que no te haya dado yo?

Cayetana, hablas demasiado. Dame los papeles.

Cuando salí ya no había nadie.

Pero encontré un frasco de sales con el escudo del Principado de Asturias.

Me sorprendió ver allí al Cardenal.

Pensé que quizá él me había visto besarme con Cayetana.

Desde que me había casado con su hermana, no dejaba de entrometerse en mi

vida. Mi hermana está muy mal.

Se encuentra muy deprimida por haberse encontrado aquí con Pepita.

Deberías tener más tacto con ella.

Si te casaste, aunque solo sea por interés, debes cumplir.

Pues que no me oyes.

¿Pero qué hace?

No permitiré que le hagas ningún daño a mi hermana.

¿Puedo hablar contigo? Ahora no puedo.

Creo que esto es suyo, Alteza.

Manuel, vámonos a casa.

Estoy cansada, ¿no? Me siento bien. Sí, vamos.

Puso el veneno en la copa pensando que yo bebería.

Pero se equivocó.

El príncipe Fernando fue el asesino de Cayetana.

¿Sabe usted lo que eso significaría?

Es una acusación muy grave.

Lo sé.

Pero para el príncipe no debió ser fácil coger el veneno de mi estudio.

Porque yo estuve allí toda la noche.

Las únicas personas que vi por allí fueron Pepita y el Cardenal Luis.

¿Qué quiere decir?

¿Que el Cardenal Luis pudo haber puesto el veneno?

¿O Pepita?

No, no quiero decir nada.

Simplemente le cuento lo que he visto.

Debo ver a la reina lo antes posible.

¿Qué haces tú aquí?

Os he estado escuchando.

Lo he oído todo. ¡Cállate!

Siempre escuchando.

Ya sabes que no me gusta que salgas de tu alcoba.

Y no quiero que nada de lo que se ha dicho aquí

salga de esta habitación.

¿Entendido?

¿Entendido?

contárselo a alguien.

Mi verde veronese.

¿Qué haces tú con esto?

¿Por qué lo tienes tú?

Aquel día en tu estudio te odié profundamente.

A ti, a Manuel y a ella.

Pero este es mi cuerpo.

¿Quién te ha dicho que ese es tu cuerpo?

¿Acaso no es este mi sofá?

Mis cojines, mis pies, mis pechos, mi golavero.

Los quiero yo.

Tú haz que Fancho te pinte a tu reina desnuda o a tus amantes.

¿Qué ocurre, querida duquesa?

Estás celosa.

Son lo único que me queda de ti y no pienso venderlos nunca.

Me siento muy mal.

Píntame la cara, te lo suplico.

Me sentí muy herida al darme cuenta de que habías pintado partes de mi cuerpo

que no eran mías.

Verla besarse con Godoy y luego en tus brazos me hizo sentir muy mal.

¿Qué perfume te has puesto?

Es un maquillaje muy especial.

Gracias, son muy hermosas.

Menos mal que todavía alguien me regala flores.

Ya veo que has decidido venir acompañado.

No debía haber ido a esa fiesta. Tú insististe. Fancho, acompáñame.

Una vez allí solo tenías ojos para ella.

Tuve que soportar toda clase de humillaciones.

Godoy puede estar contento.

Hoy todas sus mujeres están aquí.

Bueno, casi todas.

¿Te encuentras mal?

Es solo un maleo.

¿Quieres sales?

Cayetana estuvo toda la noche queriendo ser el centro de atención.

Cuidado.

Necesito un poco de aire.

Aflojale el corce.

¿Estás mejor?

No pude soportar más vuestra indiferencia.

Fin de un desmayo.

Habrá sido por el baile.

¿Por qué no empiezan a bajar?

Yo me quedaré con ella hasta que se recupere.

Sí, volvamos a la fiesta.

No deberías haber venido.

¿Te sientes mejor?

¿Qué vas a pintar aquí?

Algún tema alegórico.

Todavía tengo que hablarlo con la duquesa.

Pepita, acompáñame a la capilla.

Al salir del taller con el cardenal,

Vi que la duquesa entraba en su alcoba.

He olvidado el abanico.

Ahora vuelvo.

Quiero un poco de amor.

Ahora no tenemos tiempo, Cayetana.

Cayetana.

Hacía tiempo que no me besabas así.

Brindaremos por nuestro reencuentro.

Qué vaso tan hermoso.

Me veremos luego.

Vamos a otra habitación.

No sé cómo pude ni siquiera pensarlo.

Pero te aseguro que nunca he odiado tanto a nadie.

Siempre rechazada.

Siempre escondida.

Estoy harta de vivir escondida.

Ni siquiera tú.

Ni siquiera tú me has reconocido en tus cuadros.

Sigue teniendo una cintura maravillosa.

Te miras así.

Te juro que no fui yo.

Tienes que creerme.

Déjenme pasar.

Tengo que estar con la duquesa.

Alteza, ¿qué sucede? ¿Por qué no podemos estar con ella?

Déjenla.

La duquesa ha dejado toda su herencia a sus sirvientes y todos sois sospechosos

de asesinato. Pero aquí todos la queríamos, no le deseábamos ningún mal.

Catalina, no se preocupe que a usted no tiene por qué sucederle nada.

¡Déjame!

¡Déjame! ¡Déjame!

Tengo una copia de su testamento.

Nombra a sus sirvientes y a Piñatel y sus únicos herederos.

Interrógalos.

Y enciérralos como sospechosos del asesinato de la duquesa de Alba.

Quiero ver todas sus joyas.

Haremos un inventario de todo lo que encontremos en su palacio.

Don Manuel de Godoy, príncipe de la paz.

Júrame que seguirás siéndome fiel a mí y a la corona.

pase lo que pase.

Lo juro.

El anillo.

Aquí viene.

Ponedlo sobre la mesa.

Podéis retiraros.

Por tu discreción y lealtad.

Te odio.

Eres el ser más miserable que he conocido en mi vida. ¿Pero qué haces con

esto?

¡Suéltalo!

¡Déjame!

¿Por qué te casaste conmigo? ¿Por qué quieres destruirme?

Tengo que soportar que tengas esta ramera en nuestro palacio. Te dejo hacer

lo que te dé la gana. Pero el cuadro de ella desnuda en tu despacho, en mi

propia casa. ¡Eso no lo consentiré nunca!

María Teresa, ¡déjala!

¡Déjame!

¡Estaros quietas!

¡Estáis haciendo perder la paciencia!

¡Basta!

¡Basta!

Me casé contigo por amor y descubrí que todavía ha sido una manipulación tuya y

de la reina. He tenido que soportar que tengas a tu amante en nuestra casa. Y

además a Cayetana. ¡El coño!

Solo estaré tranquila el día que no existas.

Te hubiera gustado verme muerto a mí en lugar de a Cayetana, ¿verdad?

Dime, ¿cómo ha llegado este frasco hasta aquí?

¿Fuiste tú la que puso el veneno?

No sé nada de ese frasco.

Claro.

Pensé que había sido Fernando, pero ahora lo entiendo.

Tú y tu hermano el cardenal estabais dispuestos a envenenarme.

Goya lo vio cerca de las habitaciones de Cayetana. No lo lograsteis allí y

quieres hacerlo ahora. Pero os equivocasteis y el veneno lo tomó

Cayetana. ¿Cómo puedes ser tan cínico y acusarnos a mi hermano y a mí?

Sabes muy bien quién ha sido. La reina se ha encargado de envenenarla poco a

poco. Sé perfectamente que el doctor Duran ha visitado a la de Alba. Y tú la

has consentido y ahora le llevas el veneno a tu ama. A tu reina. No eres más

que su perro. ¡Basta!

¡No tolero que me hables así!

¡No tolero que me hables así!

¡No tolero!

¡Déjela! ¡La voy a matar!

¿Qué estáis pensando?

¿Os he preguntado qué estáis pensando?

Hubiera preferido que ni esas jugas, ni ese vaso, ni ese frasco,

ni siquiera ese cuadro hubieran existido nunca.

¿Qué estáis pensando?

Os he preguntado, ¿qué estáis pensando?

Ya tenemos lo que queríamos.

Ella ya no podrá torturarme nunca más.

Es el mejor regalo que me has hecho en tu vida.

¿Qué piensas?

El caso del posible asesinato de la duquesa de Alba fue oficialmente

cerrado. La hipótesis del veneno quedó rechazada por falta de pruebas.

El pueblo, como siempre, se quedó con sus dudas y versiones.

La más aceptada fue la de que la reina, con la ayuda de su médico, la envenenó

lentamente y que Godoy lo consintió.

Pepita Tudo se casó con Godoy y pasó a ser la duquesa de Castillo Fiel y

terminó sus días exiliada en Pisa.

Godoy fue perseguido por la Inquisición y por Fernando VII.

Murió exiliado y solo en París.

Goya fue acusado por la Inquisición por haber pintado el cuadro de la Maja

Desnuda. Tuvo que exiliarse en Burdeos, donde murió.

Actualmente está considerado uno de los mejores pintores de la historia.

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