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Madre a la portería, va.
Voy, voy.
Espera, espera.
Venga, va.
“Preludio”.
Ven, ven, ven.
María, va.
A la izquierda, a la izquierda.
María, quítasela.
¡Ahora, ahora!
¡Es tuya, es tuya!
¡Es tuya!
Tío, malísima. ¡Otra, otra!
David, cámbiate por favor...
Déjale estar, mujer. No hay para tanto.
Maria, cámbiate tu también...
...antes de preparar el almuerzo.
¡David!
Si, ahora voy.
Haz el favor de ayudarme
con la aplanadora de una vez.
¿Dónde está María?
Con la azada.
¡Ay! A ver si mejora la cosecha por que...
Cuando acabes con los platos carga el coche
que mañana tendremos que volver a la ermita.
¿Me oyes?
Voy, voy.
¿Vienes a dormir?
No, no. Aún no.
¿Estás bien?
Si, todo bien.
¿Seguro?
Sí, si.
Vale.
Buenas noches.
Buenas noches.
El gallo me miraba,
desde el bosque,
desde la chimenea,
desde el campanario de la ermita.
Hacía días que notaba su presencia en todo momento.
Ellos no sabían nada.
Seguía inmersos en la rutina del día a día.
Ofrenda tras ofrenda.
Esperando alguna señal que...
...de momento,
era nuestro secreto.
Un secreto que sabía que...
...cualquier día,
rompería la cáscara y vería la luz.
María... ¿Qué ocurre?
María.
Trae aquí...
Cuidado.
Cuidado.
¿Qué es ese olor a quemado?
¡Madre!
¡Madre!
¡Mira!
¡Mira!
¡Dos yemas!
¡Ha llegado el día!
¡Dos yemas!
¡Deja esto, va!
Espera, mujer.
Traéme los tomates de la semana pasada
que tenían muy buena cara...
...que lo tenemos que celebrar.
¡David, traéme los tomates!
Si, voy.
Levanta las piernas.
Ponlas aquí.
¿Así?
Así, si.
Tienes que aprender a colocarte.
Cuando estés así
notarás como un...
...un huevo muy grande
que quiere salir.
Si...
...si ves que le cuesta salir
por sí solo, que es lo más probable
tendrás que hacer fuerza y gritar.
Con tu hermano no me costó tanto pero
cuando tu naciste si que tuve que gritar muy fuerte.
No pongas esa cara, mujer.
Eso es lo mínimo, ¿eh?
Pruébalo tú, va.
Pruébalo.
Más fuerte.
Siglos y siglos atrás.
Nuestros padres...
...nuestros hermanos y nuestros hijos...
...vieron como esa tierra que les había dado la vida...
...esa tierra por donde caminaban sus rebaños,
esa tierra donde se levantaban...
...donde se levantaban, donde...
Donde se levantaban
las columnas de sus casas...
...se apagaba.
Se iba volviendo seca y dura.
Tan dura...
Tan dura que ninguna raiz podía...
podía penetrar, ni ningún alimento podía nacer.
Las voluminosas vacas
llenaron sus barrigas de polvo hasta caer muertas.
Las numerosas ovejas...
...se secaron al sol por falta de agua.
Y las alegres gallinas,
enterraron las cabezas en sus excrementos
hasta ahogarse.
Nuestros antepasados esperaron y esperaron...
...contando los días que les quedaban,
...para que,
no solo se secara la tierra, sino también sus corazones.
Y el último de esos días...
...en la última esperanza,
de los más óptimistas que allí había...
De entre todos aquellos animales muertos...
...se levantó.
Un majestuoso Gallo.
De pluma negra
y cresta roja.
Se les acercó...
...y al abrir las alas
les enseñó un centenar de huevos
para que se pudiesen alimentar esa misma noche.
Al día siguiente,
los nuestros despertaron como nunca.
Esos huevos...
además de notarse infinitamente diferentes
a cualquiera de los huevos,
que cualquiera de los reyes,
de cualquier lugar hubiese podido probar.
¡Les llenaban...
...de energía!
Y fue en una de estas puestas de huevos,
Donde se le ofrecían las pocas viandas dignas
en una bandeja reluciente.
Que en las puertas de la ermita
el Gallo sagrado...
...se dirigió...
...a la más pequeña de las chicas del pueblo.
"Cuando vuestras almas,
se confiesen delante de mis alas,
y todos aquellos errores que cometisteis en el pasado,
queden lejos de estas tierras...
...uno de los huevos dejará caer dos yemas.
Dos yemas que en boca de dos,
se unirán en uno en forma de infante.
“El infante,
que volverá a abrir las puertas de la ermita
y os liberará de la miseria que ahora sufrís.
Iluminará para siempre la tierra,
para poder vivir en bonanza y prosperidad
hasta el fin de los días".
¡Hijo mío!
¡Hijo mío!
Yo era la elegida.
Aunque había escuchado mil veces
la leyenda del Gallo a través de padre...
...una nunca está preparada para serlo.
Me cuesta mucho recordar algo de esa noche.
Me costó mucho abrir los ojos.
Solo sentía la mano fría de mi hermano,
agarrándome bajo la mirada de mis padres.
Les teníamos que enorgullecer.
A ellos,
y al Gallo.
Y aún habiendo cumplido su voluntad,
notaba como cada segundo se alejaba más de mí...
...como su aura iba desapareciendo poco a poco.
Escapándose por las grietas de la habitación,
como si huyese a refugiarse en algún sitio.
Asustado.
Dejándome sola con el que sería mi futuro hijo.
Y yo me preguntaba...
...¿Por qué?
¿Y esas cajas para qué son?
Las voy a llevar a la ermita,
me lo ha pedido el Gallo.
Después os lo explico bien,
no es grave.
Pero si ya fuimos ayer.
Sí, lo sé, pero...
Ahora que tendrás al niño,
tendremos que esforzarnos un poco más.
¿Sabes?
No queremos que el gallo se ponga celoso.
Y desayuna.
Absorve la energía de los huevos del Gallo.
¡María!
¡María!
María.
¡María!
¿Tú en que piensas?
No puedes trabajar ahora que estás preñada.
Te llega a ver tu padre y...
Por favor, haz el favor de recogerte el pelo, María.
¡De verdad!
Y además sin haber desayunado.
¡Tienes que tener un poco de cabeza, María, por favor!
Toma.
¿Qué es esto?
Pues los huevos.
Así crudo también le llega al niño.
No pongas esa cara.
Cada años salen menos buenas.
La mayoría están para tirar.
No, eso esta bueno, María.
Aún que tengan manchas o algún bicho,
esto se puede comer perfectamente.
O se cocina, o se hace confitura.
Un día de estos volveré a hacer,
como cuando era jóven.
Que además ahora lo necesitas
pero bueno...
mientras tanto...
hoy te he preparado...
...un estofado.
¿Así está bien?
Entonces, ¿Cuándo vamos a la ermita?
¿Cómo?
No, no, no.
Iré yo solo esta vez.
¿Por qué?
Por que le quiero agradecer personalmente.
Ya, pero es que no entiendo por qué no podemos ir.
Por que tu necesitas descansar
y no ir de un lado a otro.
Además tu hermano y yo
a partir de ahora, nos tendremos que pasar el día
trabajando la tierra y a tí eso te va bien.
Y tú madre, pobre
se pasará el día cuidándonos y tampoco se queja.
A mí no me importa hacer su trabajo.
Si fuese por mí ayudaría en la cosecha.
¡Ya sabes que eso no es posible!
Ya, pero es que yo también le quiero agradecer
al Gallo personalmente.
Pues eso ya lo harás el martes que viene,
cuando vayamos todos juntos.
¡No, no, no!
Es que me gustaría hacerlo mucho antes,
no he tenido la actitud que tendría que haber tenido
y no querría que el Gallo se enfadase conmigo.
Cuando Madre me dijo que tenía que sentirme agracecida
me hizo pensar Padre, es que creo que...
¡Ya te he dicho que no puedes!
¿Te marchas?
Sí.
Ve con cuidado.
¡Dale las gracias al Gallo de nuestra parte!
¡Y de parte de María!
Nos hemos pasado la tarde labrando los garbanzos.
¿Tú no piensas decir nada?
Pensaba que estaba descansando.
No puedo dejaros solos ni un momento.
¡Por favor, hay que hacer algo!
¡David, ve a buscar las linternas al trastero!
¿Piensas gastar las pocas pilas que tenemos en esto?
María solo quería agradecerle al Gallo que...
Si no fuese por el hijo del Gallo yo...
María, ¡Gracias al Gallo!
Estabamos convencidos que te había pasado algo.
David está buscando las linternas y pensabamos que...
¡Mentiroso de mierda!
¡Desgraciado!
¡Calma, calma!
¡Has matado al Gallo!
¡Ha matado al Gallo!
¡Me ha abandonado en mitad del bosque!
¡Me avisó!
¡Por tu culpa!
¿Qué coño te pasa a ti, desagradecida?
¡Llevo toda la mañana cargando fruta y la llevo a la ermita!
¿Y me vienes con estas gilipolleces?
¿Me dices que yo he matado al Gallo?
Que llevo toda la vida "arrimando el hombro"
para poder tener comida en la mesa.
¡Y he sudado, me he esforzado,
y me he manchado las manos por todos vosotros!
Escúchame, está todo bien.
Ya no hacen falta las linternas, David.
Escúchame, somos una familia
es completamente normal todo esto.
¡Mentiroso de mierda, nunca te lo perdonaré!
¡No te lo perdonaré jamás!
¡Basta, basta!
El Gallo nos había dejado.
A manos de Padre.
Aquel que más le había querido.
La voz que fue el puente entre él y nosotros.
No podía dejar de preguntarme por qué lo había hecho.
Justo ahora que ya quedaba menos para la llegada del niño
que abriría las puertas de la ermita.
No encontré ninguna respuesta.
Ninguna razón más allá de la envidia
de no ser él el elegido.
Fui obligada a hacer reposo entre las cuatro paredes de la casa.
Privada de hacer nada más
que tomar batidos de huevo y descansar.
Mientras el resto de la familia bajaba la cabeza.
Me sentía sola.
Abandonada.
Cada vez más débil.
Hasta que el Gallo...
...desde el más allá,
encendió en mi una cerilla de esperanza.
Cuidado, va.
Así.
Ahora.
Venga
El batido.
Ya sé que está asqueroso, pero te irá bien.
Cada día sabe peor.
Me sabe mal que estés así.
¡El frío te hará fuerte!
¡Coge el jabón!
Casi no queda, Padre.
Bueno, ya le diremos a Madre que haga más.
No te preocupes.
¡Levanta un brazo!
¡Va, gírate!
Estoy mareada.
Es normal, María
El niño está empezando a crecer.
Ya se te ve un poco de barriga.
Prefiero bañarme.
Ya sabes que era especial el otro día.
No podemos.
Padre me ha pedido que hable contigo.
No creo.
Está muy afectado, María.
Le hizo mucho daño lo que le dijiste.
Hace días que casi no habla.
Te miente.
Mató al Gallo.
Va, no empieces.
Esconde algo, Madre.
Cuando llegue no había nada de lo que se llevó.
No estaba ni la comida, ni los huevos del Gallo.
No te debiste fijar,
o a saber, no se, alomejor lo robaron los vecinos.
No sería la primera vez, ¿Eh?
Hace tiempo lo hicieron, tu eras muy pequeña.
Va María, ya basta, cariño.
No le des más vueltas, por favor.
Tienes que entender que Padre lo hace todo por nuestro bien
y nosotros se lo tenemos que agradecer.
Puede ser, no se, puede ser que le cueste decirlo,
pero nos quiere mucho.
¿No lo entiendes?
Pero estamos haciendo todo lo que nos pide.
Tenemos que acaudalar la fé de María
El Gallo ha confiado en ella
El Gallo no confía en nadie, ni siquiera en mi.
Y tu deberías hacerlo,
si quieres que salgamos de esta.
Lo que le ponemos en el batido no hace que mejore.
Estas cosas se notan a largo plazo.
No quiero oir hablar más del tema, hazme caso y punto.
No me esperes despierta.
No lo haré.
La tormenta.
Las nubes negras se acercaban
anunciando la inminente tormenta.
De la misma manera que esa primera gota de sangre
anunciaría una ineludible matanza.
Mi cuerpo se empequeñecía a espaldas de mi familia.
Ni la compasión de mi hermano.
Ni los ánimos de mi madre...
...eran suficientes para hacerme mejorar.
Tampoco las imágenes ni las palabras
que el Gallo me mostraba.
Algo más allá del embarazo
me estaba matando por dentro.
¿María no ha desayunado aún?
No, ahora se lo lleva él.
Parece que María casi no mejora.
Eso que te ha dado el Gallo, puede que no haga nada.
Hombre...
Solo hace dos semanas que se lo toma.
Estas cosas se notan a largo plazo.
Igual le hace ilusión que vayas a verla.
Lo está pasando muy mal.
¡Buenos días!
Despierta, el desayuno.
¿Cómo has dormido?
¿Quieres la manzana?
¿Qué pasa?
¿Qué pasa María?
Tranquila.
María, tranquila.
¡Madre, Padre, venid!
¡Se está volviendo loca!
No se si debería decirte esto, pero...
...creo que es mejor que dejes de beber ese batido.
Ve a tu habitación.
Bueno, primero acerca una silla.
Fuera.
Eso.
Muy bien.
Toma.
Toma.
¡Da gusto verte con esta barriga!
No te preocupes por mi,
puedes desayunar no me molesta.
¡Haz, haz!
¡No te cortes, mujer, va!
Un poco más.
Venga, todo para dentro, todo
todo, todo.
Un poco más.
¡Bien hecho!
He estado pensando y creo que...
...y creo que ya es hora que salgas de aquí.
Y quería avisarte para que...
...para que vayas animándote.
Ya lo sé, ya se que...
...no te he tratado lo mejor que podía pero...
...si ha sido así, ha sido por el bien de todos.
Bueno...
He pensado...
...que te llevaré a ver al Gallo.
El Gallo.
Así que mañana...
...nos iremos los dos solos.
Tu madre no me dejaría que te llevara,
por que dice que estás muy mal.
Asi que...
...mejor no le digamos nada.
Mira,
¡Alegra la cara, María!
Imaginate, que el Gallo se alegra tanto de verte así...
...que nos deja entrar dentro de la ermita.
¿Estaría bien, eh?
Eso si que te pondría contenta.
El Gallo está muerto.
No hace falta que estemos así.
¡Mi niña!
¿Pasa algo?
¿Puedes decirme qué te pasa?
¿Qué le has dicho a Maria?
No le he dicho nada.
No me vengas con tus historias, ¡Que no!
¿Qué se supone que no tengo que saber?
¿Como?
¡Lo que no puedo saber!
Que mejor no me digáis nada.
¡Claro que lo puedes saber!
¡Si te estaba buscando para contártelo!
Déjame que te lo explique.
Resulta que le dices a tu hija que no me contéis nada
y ahora me estabas buscando para explicarmelo, ¿no?
Déjame contártelo.
¡Qué no, que no te creo!
- Lo que necesita María es al Gallo. - ¡Lo he escuchado todo!
¡Has mentido!
¡Y trataste a tu hija de mentirosa!
¿Por qué?
¿Por qué?
María tiene toda la razón.
¡Tú nunca te has preocupado de nosotros!
¿Por qué?
Yo no me río.
¡Te ríes de todos!
¡Sí, lo haces!
¿Sabes por qué lo haces?
Por que en el fondo no puedes hacer otra cosa,
¿Me entiéndes?
¡Te ríes y te aferras a ese sentimiento de superioridad,
que paseas por toda la casa!
¡Como si tuviesemos que agradecer el suelo que pisas,
por que nosotros también lo pisamos!
¡Que pisas y no trabajas!
¡Estamos muertos de hambre!
Hace casi una década que no tenemos una buena cosecha.
¡Tenemos la casa infestada de ratas!
¡Se nos cae a trozos!
Y tú eres incapaz de encontrar una solución.
Ni siquiera de convencer al Gallo
para que nos ayude.
No me extraña por que eres un inúti.
Él lo sabe.
¡Todos los sabemos!
¡Tú también lo sabes!
Por eso estamos como estamos.
¡Por eso no mentirás más!
Ya podía sentir el aire del bosque.
Incluso desde las cuatro paredes de la habitación.
Me sentía cada vez más libre.
Ya quedaba poco.
Como puede la envidia llevar a un padre a matar a su propia hija.
El Gallo me avisó.
Ahora por fín podía ver claramente
la persona en la que se habia convertido.
Padre, de patriarca
solo llevaba el nombre.
Sus manos habían trabajado únicamente
para destruir todo lo que el Gallo predicaba.
Solo habían servido
para enterrar todo el amor que unía nuestra familia.
Y para cambiar el destino que se nos había otorgado.
Pero ahora todos los sabíamos.
Y él...
...ya no volvería a dañarnos.
¿Qué haces durmiendo aquí?
No pasa nada.
Ven.
Vamos a ver al Gallo.
Te has vestido, muy bien.
Espera.
Déjame darle un beso
(ininteligible)
¿Se puede saber qué pasa?
Nada que puedas arreglar.
Madre, ¿Dónde van?
María.
¿Ya lo sabes, no?
Que eres mi niña...
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