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Zulu
¿Clara?
Anita.
Háblame.
¿Qué hiciste?
¿Te fuiste?
Dios te salve, María.
Llena eres de gracia.
El Señor es contigo.
Bendita eres entre todas las mujeres...
¿Te escapaste?
Te escapaste.
No está disponible, por favor, deje su mensaje después del tono.
Hola, Lucas. Soy Estela.
Quiero ver a Nicolás y no atiende.
Clara apareció de repente en casa. Está muy mal, está muy alterada.
Dile que me llame, es urgente.
Siéntate.
Explícame qué pasó. ¿Por qué te fuiste así?
Clara.
María Teresa de la Eucaristía es mi nombre.
Llamé al convento.
La madre está muy preocupada.
Dice que estás muy mal. Que estás viendo a un médico.
A un psicólogo.
Que no te quieres dejar atender.
¿Es cierto eso?
Ahí está.
- Adelante. - ¿Usted cree que va a extrañar?
Extrañar, sí. Sí que voy a extrañar.
Pero es parte del sacrificio y de la vocación.
No sé qué va a pasar, pero me alegra haber tomado la decisión
y de empezar esta nueva vida.
Y hablemos del cigarrillo.
- Cállate. - ¿El cigarrillo?
- Nico. - Pero contéstame la pregunta.
- Basta. - Con lo que te gusta fumar.
- Esta última pregunta. - ¿Eres un tarado? Para ya.
- No quiero que me filmen nada. - ¿Cómo va a ser?
- Para, Nicolás. Basta. - Chicos, por favor...
¡Basta! ¡Déjame en paz!
- ¡Nicolás! - ¡Hablo en serio! ¡Basta!
- Dale. - Basta.
Nico, basta.
¡Traigan las copas!
- Cuidado. - ¡Vamos, vamos!
- ¡Vamos a hacer un brindis! - Cuidado que está chorreando.
Vamos a brindar por Clarita, que finalmente se casa con Dios.
A ver, gente.
A ver acá.
Clarita.
Muy bien. Felicitaciones.
- Sí, sí. - ¡Salud para todo el mundo!
- Salud. - ¡Salud!
- Bien. Yo también. - Salud, amor.
Tu hermano desde Buenos Aires dice que no podrá llegar.
Después ordena tus cosas.
Hola, hombre ocupado.
Sí, no pasa nada.
Por lo menos visítame algún día.
Sí, no te preocupes que papá nos lleva. Debe estar por llegar.
Dale. Gracias, Juli.
¿Se puede?
Tengo algo para ti.
- No hace falta, gracias. - Es un regalo, vamos.
Mira.
Tómalo. Llévatelo.
Gracias.
¿Necesitas ayuda?
Lo vi salir detrás de ti y vine.
Gracias.
Toma. Separa esto.
- No. Es tuyo. - Adentro no lo voy a poder usar.
- Quédatelo. - Bueno, te lo cuido.
No puedo creerlo.
¿Qué?
¿Me vas a visitar?
Obvio que no.
- Obvio que no. - Te voy a obligar.
No, no puedes.
Tu viejo. Dale, vamos.
Vamos.
Hola, amor.
¿Emociones, sensaciones?
Para, curioso.
Dale, contesta.
A ver.
Hija...
Qué lindo.
¿Llegamos?
Este lugar es hermoso, Clari.
Papá, ¿unas últimas palabras?
Que seas feliz.
Ya apaga eso. Sal, Nicolás.
Es un lindo registro. En unos años te va a encantar verlo.
No me gusta atarme a los recuerdos.
¿Por eso te aíslas en un convento?
Apaga eso y despídete de mí.
Te amo.
Te voy a extrañar mucho.
Vendré a visitarte siempre.
Te tomo la palabra.
- Adiós. - Adiós, mi amor. Te quiero.
- Yo también. - Vamos.
- ¿Puedo? La última. - Sí.
En quince días vengo a verte.
- Es cada quince días, ¿no? - Sí. Prométeme que traes a Feli.
Sí, prometido. Esther también querrá venir a verte.
Bueno, te están esperando.
Adiós.
No llores. Voy a estar bien.
- No. - Sí.
Sí, sí. Bueno.
Adiós.
Adiós.
Buenas tardes.
Buenas tardes. Soy la hermana Purificación.
Buenas tardes, hermana.
- ¿Tiene alguna cosa sin autorizar? - No.
Cuando su familia quiera traerle algo,
se lo deja en el torno a la hermana Alba.
Ella se encarga de recibir todo lo que ingresa al convento.
Acompáñeme, por favor.
Deje el bolso.
Aquí está nuestro taller de manualidades.
Seguimos.
Este es el ala de nuestras celdas.
Nuestra huerta.
Nuestro jardín.
Su hábito y escapulario.
¿Y eso qué es?
¿No piensa bañarse?
Cámbiese. Así seguimos.
Las celdas son espacios personales.
Pero no se cierran ni comparten con nadie.
La puerta queda abierta.
Ya viene la madre Aurora.
Buenas tardes.
Cuando yo entré en este convento
tenía la misma cara de susto que tú.
Los ojos.
A mí siempre a los ojos.
¿Cómo estás?
Bien.
Contenta, pero un poco nerviosa también.
Claro, no es fácil acostumbrarse al convento.
¿En qué tiempo?
¿Qué te gustaba hacer afuera?
Cantar.
Escuchar música.
La jardinería. Muchas cosas.
Jardín tenemos.
Y música también.
Debiste escucharla en la parroquia.
Estando acá no vas a extrañar lo que hay afuera.
Poco a poco lo vas a ir percibiendo distinto.
Como si se cerrara una etapa.
Y nunca te olvides que el sentido de una carmelita
es entregarle la vida a Dios.
En esta nueva vida que empieza vas a tener un nuevo nombre.
Te vas a llamar Teresa.
María Teresa de la Eucaristía. ¿Qué te parece?
Qué responsabilidad llevar ese nombre.
Bienvenida a esta casa.
Concédele, Señor, tu gracia y fortaleza
para enfrentar la enfermedad con fe y esperanza.
Te lo pedimos, Señor.
Que tu amor acompañe a la hermana Cecilia.
Que tu paz nos dé consuelo
para que vuelva pronto a nuestra casa.
Te lo pedimos, Señor.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Está prohibido mirarse en el espejo.
¿Por qué?
Vanidad.
Cómelo.
Entré hace poco, pero acá dentro te acostumbras a todo.
Ojalá me hubiera tocado un gusano.
Madre, ¿puedo decirle algo?
Hermana, guarde silencio.
Dime.
Las babosas y los gusanos son rastreros.
Devoran las partes subterráneas de las plantas.
Yo conozco una forma para exterminarlos. Es un truco que me enseñó mi papá.
Se ponen tapitas de gaseosa llenas de cerveza.
Las babosas huelen la levadura, caen adentro y revientan por dentro.
Cerveza.
- ¿Dónde está? - Está arriba.
Nico.
Nico. Nico.
Nico.
Nico, soy una pecadora, ayúdame.
Ayúdame. Por favor, ayúdame.
Tranquila. Clari, Clari.
- Ayúdame. - Tranquila, tranquila.
- Estás en casa. - Me van a obligar.
No te pueden obligar a nada, Clarita. Estás en casa.
Dios me va a obligar a que vuelva a mi casa.
Ayúdame, por favor.
- Él me va a obligar. - Clari, Clari, Clari.
- Me va a obligar. Reza conmigo. - Esta es tu casa.
- Clari, esta es tu casa. - ¡Reza conmigo, hermano!
¡Reza conmigo para que no me castigue!
¡Reza conmigo, hermano! ¡Por favor!
Dios te salve, María, llena eres de gracia.
El Señor es contigo...
Es una locura lo que hizo.
No entiendo por qué los llamaste.
¿Qué querías que hiciera?
Apareció así, toda lastimada, sucia, alterada.
Daba miedo.
La madre dice que no está bien.
Que se niega a recibir ayuda.
Tuvo que hablar con el obispo para enviar una carta al Vaticano.
¿Qué va a hacer el Vaticano?
¿Venir con la policía y llevársela?
Por favor.
¿Eres tarado? Tu hermana tomó los votos perpetuos.
Eso no se puede desarmar así como así.
Hay otras maneras de pedir una salida.
Imagínate lo que deben estar viviendo la madre y las hermanas.
¿Por qué no nos llamaron si estaba así?
Ni siquiera cuestionas lo difícil que era verla.
Para, Nicolás.
¿Qué vamos a hacer?
La tiene que ver un médico. Urgente.
La madre me dijo que estaba en algo raro.
Que se fue en un camión con un tipo. Anda a saber qué pasó.
Mamá, escucha lo que dices.
Piensa en Clara. Mírala.
Olvídate de esas monjas.
Ténselo bien. Y lo remata con un nudo en la punta.
Permítame que le ayude, hermana.
Ayuda a la hermana a Lucrece.
Ya vuelvo.
¿Viste eso?
Sí.
Seguro no es el período.
Pero ¿qué era?
Si le sangraba.
¡Hermana Cecilia, qué alegría verla después de tanto tiempo!
¡Qué bueno verla tan bien!
¡Se le ve espléndida! ¿Cómo se siente?
¡Volvió la hermana Cecilia!
No, no. No es posible.
¡Bienvenida, hermana!
- Hola. - ¿Cómo se siente?
Oramos por usted.
Ave María purísima, sin pecado concebida.
Alabado sea el Señor.
Así lo quiso Dios, que regresara aquí con ustedes.
Gracias, Señor, por darnos este espacio de reencuentro.
Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Llegaron novicias nuevas.
Acérquense.
No sean tímidas.
Lucrecia del Calvario y María Teresa de la Eucaristía.
- Hermana Cecilia. - Ave María purísima.
Póngaselo bien.
Abróchese el botón de la camisa, ¿no, madre?
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Buenas noches, hermanas.
¿Me permiten hablar a solas con la hermana María Teresa?
¿Pasó algo, madre?
Sí.
Paso que he decidido seguir tu consejo.
Las babosas pasaron a mejor vida.
Me alegro mucho.
No, la que se alegra soy yo
que tendré una experta a cargo de la huerta.
¿En serio?
Gracias, madre. No me lo esperaba.
No te alegres tanto.
Tu familia hoy es Cristo.
Y todas las hermanas que vivimos acá en esta casa.
No sabía que no podía quedármela.
Sí sabías. No mientas.
Le pido disculpas, madre.
No volverá a pasar.
Estoy trabajando mucho en la huerta.
Y eso está bueno porque me gusta y además me da el sol.
Te veo muy bien y te queda precioso el hábito.
- ¿Hiciste amigas? - Sí, sí.
Hay novicias nuevas que son muy divertidas.
En especial hay una que siempre está armando un despelote.
Tú has lo que te digan que hay que respetar las reglas, ¿sí?
¡Mamá!
- ¿Qué? - Aquí también le hará falta distraerse.
No, Nico. Acá no hay distracciones.
Trabajamos mucho. No hay tiempo para otra cosa.
Y rezamos más todavía.
Y eso me gusta. Me da paz.
- Yo rezo mucho por ustedes. - Y nosotros por ti.
Buenas tardes. Ya estamos en orden.
Pero ya viene mi papá con mi hermanita.
El horario de visita terminó hace rato.
Dígale a su esposo que llegue antes a la próxima.
Yo le digo.
Están separados. Por eso.
- Bueno. Mi amor... - No, señora. No se puede.
Son las normas.
Adiós.
Nico. Nico.
Llévatela. No me dejan tenerla acá.
Adiós.
¡Te voy a mojar!
Hermana Estela, ¿la hermana María Teresa?
María Teresa.
Venga.
Siéntate.
Me acaba de llamar tu hermano.
Desde tu casa.
Tu padre tuvo un accidente cuando venía para acá con tu hermana.
¿Qué?
No te asustes.
La chiquita está bien. Gracias a Dios.
¿Y mi papá?
Está internado. Está sedado.
No tenemos más información.
¿Lo que tiene es grave?
Hay que agradecer.
Y esperar a que despierte.
Tienes que ser fuerte.
Quiero verlo.
Necesito estar con mi papá. Por favor.
Claro, por supuesto.
Debes solicitar un permiso al obispo, y, si él dispone, podrás ir.
Si me permite, madre.
La hermana María Teresa puede ofrecer a Dios su sufrimiento.
O pedir oraciones a la comunidad.
Nosotras la vamos a acompañar en sus oraciones.
Es una opción también porque...
a veces no es conveniente romper el ritmo de clausura.
Exacto.
Una salida prematura puede traer conflictos. Culpa.
Dudas sobre la vocación religiosa.
Yo no tengo dudas de lo que elegí, madre.
Pero quiero estar con mi papá, por favor.
Tranquila, hermana.
- Por favor. - Venga. Tranquila.
Miren, cuando yo estuve internada, pasé mucho tiempo sedada.
Las palabras de ustedes llegaron con la misma fuerza
como si hubiesen estado ahí conmigo.
¿Entiende?
Lo importante es la unión espiritual con los seres queridos.
De todas formas.
Está en ti, chiquita.
¿Cómo se llama su padre?
Roberto.
- Dios la está poniendo a prueba. - Por favor, hermana. Ya está bien.
Está claro.
¿Hola?
¿Hola?
Hermana Teresa.
Usted está equivocada y lo sabe.
¿Madre?
Vuelva.
Tierno y afectuoso corazón de mi Jesús, ten compasión de mí.
Odio y odio, Padre eterno.
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