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Fue más tarde, cuando lejos me vi, todo lo hallaba con
su reloj, en las notas de un tanto suave,
que lloraba el vanto león.
Tu llorón, mi corazón, escuchando tu nostálgica
canción.
Canción maleva, canción de Buenos Aires, hay algo en tus
entrañas que vive y que percibe.
Canción maleva, lamento de amargura, sonrisa de esperanza, son los
ojos de pasión.
nacido en el suburbio y hoy reina en todo el mundo.
Este es el tango que llevo muy profundo, clavado en lo más hondo del creoso
corazón.
Buenos Aires, donde el tango nació, tierra
mía querida,
y cantar y le pido a mi destino el favor
de que al fin de mi vida oiga el
llorar del pantoneo entonando tu nostálgica
canción canción maleva canción de Buenos
Aires hay algo en tus entrañas que viví que perdura.
Canción, maleva, lamento de amargura, sonrisa de esperanza, sonlloso
de pasión.
Ese es el tango, paseante a Buenos Aires, nacido en el suburbio, que hoy
reina en todo el mundo.
Ese es el tango, que llegó muy profundo, clavado en lo más hondo del triunfo.
Aquí viene el malandra.
Sé vivir, no viva. Maora está aquí.
Se está arrollando con su palomita.
Decirle que aquí están los muchachos.
Ma, ¿cómo no?
Juegue, malandra.
¿Qué hay? Son malandrinos. ¿Qué querés? Está vos con unos muchachos.
Juega, pibe. ¿Trajiste tu barra?
¡Estoy enseguida, entonces!
Dano, decíle a la maestrita que te deje sacar el piano afuera.
Esta noche tenemos bailongo. ¡Melonga! ¡Sí tenemos melonga!
va a cantar un gotán de mi flor.
A ver ese pibe, arrancate de ahí, hermano.
¿Cómo se llama el tango? Yo soy así, Palamú. Ah, China linda.
Gracias.
Arribate pa' la puerta que lo vamos a arrancar.
Yo voy a buscar el sombrero. Digo, ¿buena noche y salvo? No, señora, la
sordina. Ufa, qué tipo silencioso es este.
Decime.
¿Has pensado bien lo que vas a hacer?
Ufa.
Son seis semanas que no consulto con la almohada.
como te quiero.
Yo también te quiero mucho.
Pero como amigo, si desde chiquitito jugamos juntos.
Pero ahora, no me lo dices en el tango, te quiero en avión y en reo.
De esos que saben querer, incluso se alcanza la explosión.
Me toca.
Me da lo bonito.
El estrile se... Se le está piantando por la camiseta.
También le vinieron a cortar el chorro con la milonga. Es lo mejor de la
policía.
Miralo al malandra. Ese sí que está furioso.
Pero se ha picado ahora.
Esta cosa se le ha puesto a esta mujer con ese muñeco.
Todos a un pez ya saben que son una mujer me hizo esperar diez minutos.
Paula examina.
Tiene un tajo de 10 centímetros que le cruza el escrazo.
Entonces vos podés poner un instituto de cirugía estética.
Sí. Y empezarías por hacerte a vos un dibujito en el escrazo.
¿Qué le pasa al reo ahí?
¿Con quién la tiene?
Con Tito y con Alberto.
¿Y por qué?
Siempre se hace un atajo.
¿Qué pinta? ¿Le prometió a Malandra que se iría con él esta noche?
Pobrecita la cercanza.
primero del varón. A la férmina no hay que darle importancia.
No me repito.
Yo quiero a ella.
La querré siempre.
No debí dejar que se fuera con el malato.
Fue un cobarde.
Cobarde no.
Prudente. Nada más.
¿Sabes? Como para pelearlo al malato. Un tipo que vende puñaladas por metro.
¿Te cayó algo allá abajo?
Ferretín,
estoy viendo mi pasado.
¿Qué has contido? Lo tenía.
¿Cuántas veces ella y yo nos vimos juntos en estas mismas aves?
Entonces, tu vida era transparente y pura como esa.
Y ahora, las ha revuelto el destino.
Como las aguas sucias y turbulentas del día a día.
¿Viste el malandra este que se pintó a la tiza?
Y al verlo como un lonquipietro se cayó la boca.
Igual es el que usa el lecho de este mozo de la cabeza.
Reíste nomás, reíste. Que te gastó ya hasta aquí de todo esto.
¿Por qué no encontrarás vos también uno que te piente?
Yo te voy a dar un consejo. Total, los consejos son como la pófara de papel.
No cuestan nada, pero alguna vez entiendes. Habla, habla.
Yo también una vez me caché un bárbaro con una amiga.
Calculá, yo me la pasaba todo el día campaneando su retrato y ella me la daba
con un vigilante.
Un día me aparece seis botellas de...
De Ginebra, de un bolígrafo. Me la mandé de un trago.
Me dio por salida con todos los vigilantes.
Uy, dios, cómo me pusieron.
Me salí a Ginebra por todas partes.
Total, seis días en el apartamento y me curé paciente de toda
la mujer.
¿Y qué me conté a vos, Ratín?
Que me vaya a pelear con los vigilantes. No, no. Los vigilantes vamos a dejarlo
en paz.
No. Pero, claro, unos competidos no se vendrían mal. No, no se vendrían.
Tenés razón, Berretín.
Quiero olvidar.
Quiero reír como en otros tiempos.
Gracias.
Parece que has sufrido mucho.
¿Y a vos qué puede importarte el dolor, si vos misma lo causaste?
Tienes razón, Alberto.
Yo me porté muy mal con ti.
Recién ahora que comprendo que Malandra es un canallo, que me engañó
miserablemente, me doy cuenta que fui injusta con ti.
Pero qué querer.
Tenía la cabeza llena de pajaritos.
Vivía soñando.
Estaba ciega.
Ahora, qué desgraciada soy, Algar.
Cálmate, tita.
No puedo verte sufrir.
Te he querido y te querré siempre.
Oiga, mocito.
Usted es bastante atrevido.
Cuando esta mujer no era de nadie, le permití que le hablara.
Pero ahora que es mía, que lleva en su cuerpo la marca de mi pasión y conoce el
rigor de mi cariño, le prohíbo hasta que la mire, compadrito.
Miserable. Cuando esta mujer quiso irse con usted, la dejé para que no pensara
que era egoísta, mi cariño.
Pero ahora que te conoce bien y te desprecia...
Te voy a ojalar el cuerpo a apuntar.
Vení, sal y me hablas.
¡Alberto!
¡Dios mío!
¿Qué se va a armar?
No sé por qué me estoy acordando de lo vigilante. Me estoy acordando.
No,
si eso no es lo que me importa.
Lo que me importa es lo que hay en casa, porque allá la policía le revuelve a uno
todo el pasado.
No, si ya sé que vos tenés un pasado muy negro.
Mira, aquí cerca nomás tengo un amigo.
Acompáñame, hermano, hasta llegar ahí.
Ayúdame, hermano.
¿Qué? Yo te voy a ayudar, pero yo no soy tu hermano, ¿no?
Yo haré un reo, pero...
Estoy muy buena familia.
No faltas de tu voz.
Marido, ¿qué te echaste?
Muchas gracias, Ferretín.
¿Cómo labura el pobrecito?
¿Te lo sacaste con un cupón de los cigarrillos?
¿Y vos? ¿De dónde sacaste la lengua? Me la compré por mensualidad.
Estas minas son así.
Uno le da un consejo y le contestan con una papa.
Fatal.
Pobre Alberto.
Yo fui la causa de su perdición.
Ahora en la cárcel, qué largo le deben parecer los días.
Tepita, eso que vos decís parece sacado de las novelas semanales.
Parece mentira. Una muchacha como vos, pasarse toda la vida entre estas cuatro
paredes.
No puedo, Mecha.
Tiran con más fuerza que el centro.
Total.
La única vez que me fui del barrio fue para mi mal.
Mirá, Cita.
No te dejes engañar del sentimiento.
Venite conmigo.
La vida está allí, entre tangos, copetines y milongas. A lo mejor hasta
encontrás un gil que te compre una boiturecha.
Sí, Cita, escucha.
Bonito.
Esa sería mi longuera.
Te va a echar un tarro de pintura negra en la cabeza.
Vas a quedar obera.
Ese... Ese me vuelve a cachar a mí. Y es brujo.
El barrio me parecía más triste sin vos.
Te creo, Berretín.
Siempre, hasta cuando estuve preso, probaste que eras un amigo.
Ah, amigo de verdad.
Yo te entre la lengua a la miseria, ¿no? Pero el corazón está en su lugar.
Sí, Berretín.
Vos sos un hombre.
Van quedando pocos.
¿Y los muchachos?
Sí. Todos hemos ido separados.
Uno para un lado, otro para otro.
Yo solo me quedé en el bar.
¿Y Bonito? ¿Dónde está?
Bonito cayó en las partes.
Yo puse una cadena de baile.
Le bastan medio.
Usa camisa de cera y se usan los tarros con agua colonia. ¡Un fenómeno!
Mira, pará.
Acá tengo la edición.
Vamos allá.
Acompáñame. ¿Yo? No.
Que te acompañe Piruleta.
No, yo no voy al centro, ¿sabes? No me gusta.
Cada vez que voy allá, la mina me mira de un modo...
Desde aquella noche que lo hería el malandra, nada he vuelto a saber de él.
Se... se iría del barrio, también.
Me dijo una vez que vos te habías perdido por ella, que por tu mismo bien
no debería volver a verte más.
Perretín, yo tengo que encontrar la cita.
Cueste lo que cueste.
Quien puede saber algo es Bonita. Como Tita andaba siempre con la mecha.
Pero si sos un fenómeno, viejo.
Decime, bonito.
Ya sabes por qué he venido a verte y no me has contestado nada.
¿Qué ha sido de ti, viejo?
Mira, viejo.
Hace mucho que te metas para el aire.
que le llenaba el coco con macano.
Y a lo mejor agarró viaje y ahora anda metido en la milonga.
Como todas.
Igual que todas.
¡Gizarra, criolla!
Vos sos la única hembra que nunca falla.
Era cual la virgen aquella mujer que infiltró el querer de mi corazón
y en cada fibra de mi alma firme latía mi pasión.
Tanto la adoraba que en mi frenesí y ella la creí sin dudar
jamás y al correr del tiempo a su visión con tenedme se comprende y piensa en mí
que tampoco.
Tu vida era mi vida, carer veneraba,
porque ella sola reinaba en el altar de mi
amor.
no se extingue en mi dolor.
Cuántas ilusiones doradas por ti, cuánto la
veré, tanto vive en mí, que en cada estrella de mis noches
creo que está mi ama de allí.
Este sueño de la realidad, lleno de impiedad, tiene abrumador a
turbar el bien que presentí en esta horrenda soledad. Añoro todo aquel
primo,
su vida era mi vida,
su querer veneraba, porque ella sola reinaba
en el altar de mi amor.
Pasa aunque sangre mi herida, por la bruma del olvido,
aquel recuerdo querido.
Es que no tengo espíritu, bonito.
No tengo ganas de nada.
Para mí la vida sin ella no tiene ningún encanto, ningún atractivo.
Vení, hermano, a tomarte.
¡Cámpale este bonito!
Buenos Aires que tiene alma de milagra, que parece que su vida serán de sus
canciones para entregarse a vos como una mina.
¿Por qué no me haces caso una vez en la vida y te dedicas a ser el
intérprete máximo de nuestra canción autóctona?
Con la banca bárbara que yo tengo en los cabarets, te hago debutar enseguida en
algunos y a conquistar Buenos Aires y la gloria.
en un colectivo con la bondad requintada.
Me encajaste en una curva el fuego de tu mirada.
Desde entonces me tenés asparando en
la esquina.
Desde entonces me...
Sin poder hablar.
Che, che, ah, Albert, vos que en seis meses te hiciste el
rey del tango, ¿por qué no venís a darle una manito a este pobre, desgraciado
cultor de la milonga nacional?
A ver si me ayudás.
Así, salgo de la esquina.
Dende entonces me tené.
Dende entonces me tené.
Dende entonces me tené.
Dende entonces me tené.
Me tené teco, hermano.
¡Oh, hombre! ¡Oh, Martín García!
¿Pero cómo te va? Ya lo ves. ¡No es García!
¡Pero García!
¡Qué mal!
¡Párate! ¡Párate que te mire a la luz del candil de mi inspiración! ¡Pero che!
¡Y ese candil está apagado!
¡Cómo! ¡Cómo mi inspiración es, hermano!
¡Feliz vos que has triunfado en esta ciudad del colectivo rey!
¡De la mina que se desvió del burín y del mango que no se encuentra!
¡Se... se está!
¡No! ¡Ay, no!
¡Se... se está de acá!
¡No ve qué hace! A vos no... no te conozco.
Ya, ya sé a qué ver.
¿Vos querés que yo te... te componga un taco?
No, Berretín.
He venido nada más que a despedirme de vos.
Me voy a París.
¿Cómo? ¿A París?
A París.
Ay, Dios.
Ah, a París.
Igualito que... que Gardel.
Pero vos... vos sabés lo... Que París.
Y por eso estás triste.
Mira, en París, las francesas son francesas de verdad.
No como acá, en Buenos Aires.
Aquí te resultan polacas.
Decime, Berretín.
¿No has visto a Tita?
¿No has sabido nada de ella?
Como si se la hubiera tragado la tía.
¿Y vos?
¿Te acordás de la mecha?
La que se fue de Bonito.
Está en París.
Me ha escrito a Bonito, diciéndole que Tita está con ellos.
Y por eso se cree que andá.
Por eso.
Pero algo me dice. Que Bonito me engaña.
Que Tita está con ellos.
Qué distinto hubiera sido todo.
Y en malandra no hubiera torcido tu vida.
Pues yo.
Apárate.
¡Qué lindo tema, pa! ¡Un tango!
Deja la guitarra, Berretín.
Dame un abrazo.
¿Cómo? ¿Ya te vas?
¿No querés escuchar un tango mío y te lo llevas pa' abrir?
No, Berretín.
Solo quiero que me prometas una cosa.
Que la buscarás a Tita y le dirás que me espere.
Que la he querido siempre.
Y que a pesar de todo, no la olvidaré nunca.
Pero, con esa cara, en vez de ir a París, parece que vas a la chacarita.
Prométeme, viejo, que la vas a buscar.
Te lo prometo, sí.
Pero vos, me cantarás un tango.
Todos los tangos que quieras, berretín.
No, todos no.
Uno, uno solo. Mirá.
¿Qué? Ese que se me ha ocurrido ahora, mirá.
Si tuviera cinco mangos, me cachaba un
piroscopo, no paraba hasta parir.
A vivir de los totales, a englupir a las francesas y a decir pa' todos, hui.
Si tuviera cinco mangos, me cachaba un piroscopo.
¡Gracias!
¡Suscríbete!
Quiere ir a París con el Pordenil que tiene este muchacho.
Ah, pero lo que es yo no percibe este viaje a la ciudad de la Lumiere.
Toma.
Mira.
Donde dice Mecha, agregate cita.
Trata de imitar bien la letra. Te juro que te compro una combinación color
punzón. Vas a estar bárbara.
Mi amigo, ¿no se decide agarrar viaje con ese contrato para trabajar en París?
No puedo.
Amo mucho a mi Buenos Aires.
Novedades, cultores de la milonga.
Ahora sí que nos iremos a París. ¡A París!
Donde las francesas son francesas sin grupo. Y no como aquí, que hasta
resultan polacas. ¿Vos me entendés, no?
Viejo, sacá enseguida los pasajes.
Y nos rajamos en el primer pirógrafo.
¡Suscríbete!
¡Gracias!
¿Y esto cómo te miraba? ¿Quién?
Alberto Labardén, el famoso cantor.
¡Uy, es verdad, es él!
¡Qué papilón! ¡Lo he escuchado!
Si hubiera sabido que él estaba aquí cualquier día tanto.
¡Andá pronto!
¡Dame la cartera con el polvo y el ruz!
Es simpático, ¿verdad?
No me conoce. Me extraña. Yo soy aquel que pidió tres zurras en un velorio.
Muy conocido.
¿Cómo dice?
Macanas, mi hijita.
Mestifulancia. Todo esto era para preguntarle quién es esa amiga suya que
canta tan bien.
¿Ah, sí?
Se llama Elena.
El papá tiene más plata que la caja de conversión.
¿Me interesa?
Usted es la que me interesa.
Dígame, ¿cómo se llama?
¿Yo? Sí. Me llamo Alicia.
Alicia.
Ay, Alicia, usted no sabe lo que me gustan las alicias con peinado de
entarrón.
Dígame una cosa, ¿su papá también tiene mucha plata?
cruzar la vida y vas convencida de hallar un amor.
Alma que soñaste ufana, pero en tu mañana dicha y esplendor.
Alma que el arrullo suave de tu sueño de ave se trocó en dolor.
Alma nunca desesperes, porque tú mueres. matará mi corazón
y en el crisol de tu arrebol
quise ligarme a tu alma porque te
amaba dulce cariño mío fue sueño vano, fue amargo
despertar porque al nacer ese querer
solo perdí la calma y nunca más he de
poder olvidar todo el encanto
de tu
mirada.
Muy bien, Alberto, muy bien. ¿Y un ratito de nudo?
Tanta emoción ha puesto al cantar este tango, Alberto.
Es que este tango parece referirse a mi propia alma.
Qué casualidad. Y también a la mía.
Yo también le digo a mi alma que no desespere.
Que ya algún día encontrará el amor.
¿Y usted?
Yo encontré el amor, Elena.
Pero lo he perdido.
¿La quiso usted mucho?
Mucho. ¿Y ella?
No sé, quizá me quiera aún.
La vida nos ha separado, pero ¿qué puede interesarle a usted todo esto, Elena?
Al contrario, lo único que me interesa en la vida es el amor.
Y ya lo ve usted, somos dos enamorados, con esperanza.
¿Las mías han de ser realidad o han de morir en París?
París.
¡Suscríbete!
Pa' decirte el tiempo paró, pa' olvidar al verano, pa' deshacerme. Tal
vez no lo quepa nunca, tal vez no lo pueda ser, tal vez te
provoca risa verme tirado a tu piel.
Es fácil pegar un tajo pa' cobrar una caración, o jugar
en una daga la suerte de una.
Sí, pero no es tan importante, no pienso que me te jode, cuando están bien
amarrados al palo del corazón.
Varón, va a ser tu hijo, varón, va a desearte el bien, varón, va a
olvidar al gracioso, bella, bella, bella. Tal vez, no lo sepas nunca, tal
vez, no lo puedas ver, tal vez.
¿Qué tienes que abrazar a esa francesita, Lucas?
Al final vas a decir que me gusta tu viejo también.
¡Ay, qué mala vida me da esta mujer!
¡Qué mala vida, señor!
Oiga, Alberto.
El sábado regresamos a Buenos Aires.
¿No quiere volver con nosotros?
Recuerda qué lindo ha sido nuestro viaje.
Todavía no ha perdido la esperanza de encontrarla, Elena.
Escucha, Alberto.
Es malo vivir fuera de esperanza.
¿Dónde vas?
Voy a... ...votar.
Si querés venir también.
Anda nomás.
Qué lindo.
Cantando lo encontré.
Yo también lo encontré cantando, ¿verdad, Alberto?
Pero después dije, cantándolo por mí.
Y eso ya no está lindo, ¿verdad?
Son letras de tango.
Quizás sea así nomás.
Y con un tango nos separemos.
¿Ya está?
¿Y este tampoco hacía, Alberto?
¡Qué pena!
Elena, es una fuerza superior a la mía. En cada mujer me parece hallarla.
Pobrecita.
será vos la más feliz, será la dueña de esos besos que eran todos los míos.
Hay un momento que no sé lo que me pasa, tengo ganas de
reír y de llorar.
Tengo celos, tengo miedo que no vuelva, yo lo quiero, no lo puedo olvidar.
Quizás mi amor no está perdonable cantando esta canción que vive.
Yo te pido que me cerraigas los dedos que tan pronto sin motivo los
perdí. Y si es pecado querer tanto en esta vida, yo te pido que
arrodilles tu pérdida.
Yo lo quiero tanto y tanto que me muero y me faltan las caricias de tu amor.
Yo canto un dolor, cantando
lo encontré, cantando lo perdí, porque no sé.
Ahora quiero más que nunca al tango.
Toda esta dicha se la debo a él.
Yo también amo al tango.
Por un tango te conocí.
Perdón. Un momentito, Elena.
¡Qué laburo pa' estar!
Tuve que salir con diez potes.
Uy, Dios, qué lujo, ¿eh?
¿Has visto lo que dice lo diario?
¿Que se va a casar? Dijeron que sí.
Pero, ¿y la pobrecita?
¿Y fue ella la que me dejó?
¿Es cierto lo que me decís? Te lo juro por la vieja. Aunque no,
no la conocí nunca.
¡Vamos allá!
¡Vamos!
¡Claro!
Un momento, viejo.
Elena, usted ha escuchado.
Usted comprende.
Elena, ¿y el tango, promesita? ¿Están todos esperando?
Vamos, vamos, vamos.
Más pasaron los instantes y tus ojos anhelantes no los vieron llegar.
¡Suscríbete!
¡Cállate!
Está arrepentido del cuento que te hizo, de que ésta se había dedicado a aquello,
a la milonga. ¿Te quieres pedir perdón?
Andá, decíle que pase.
¿Qué es? Va, pasá.
No, no pegué, no pegué.
Perdóname. Yo tenía la cabeza llena de pajarito y creía hacerte un bien,
hermano.
Sí, ya lo comprendo, bonito.
Y vos también me perdonaste, ¿ya?
¿Cómo no voy a perdonarte? Y vos le has hecho mucho bien, Alberto.
Te juro que estaba en gumpio esa vida aristocrática.
Y la mina aquella, tenía en lleno con los dedos.
Te juro que casi más me corto los dedos.
¡Ah, te juro que sí!
Y, y, ¿seguramente?
Sí, no hay nada como mi barro. De aquí no volveré a salir.
Pero Alberto...
Estás loco.
Pensás dejar todo lo que has conseguido.
Pensás quedarte en el barrio. Sí, tita, pienso quedarme en el barrio y a tu
lado. Yo que conocí todo y tuve todo, nada me parece mejor. ¿Y el tango? El
tango sos vos misma.
Nuestro barrio, nuestros amigos.
Solamente en el suburbio de Buenos Aires los tangos tienen alma.
Y pensar que en Europa...
Se hemos aguantado cada marcha japonesa como si fueran tango. Y si no, vean,
manden el taconear de esa funda.
Vengan, sientan con qué alma la voz de la rabana le canta.
Un día lo macera, calzo, botanita, la quise porque la quise y por
eso ando cenando. Se me fue ya ni sé cuándo, ni sé cuándo
volverá. Me la nombran la guitarra cuando dice en su canción
las callesitas del barrio y el filo de mi pago.
Me la nombran las estrellas.
y el viento de la rapa, no sepa que me la nombra, y no la podré
olvidar.
No me gusta el empedrado, y le doy con lo moderno, descanso cuando ando
enfermo, y después se me sana, la quiero porque la quiero.
No hay nada peor que un encono para vivir amada.
Me la nombran las guitarras cuando dice su canción, las
callecitas del barrio y el filo de mi corazón.
Me la nombran las estrellas y el viento de la rabada.
No sé a qué me la nombran.
y no la podré olvidar.
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