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Y ahí estabas tú, y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo,
contigo me sonrió Se me quitó lo triste, cuando te vi me
viste Y desde entonces te volviste lo mejor, ¿y qué me pasó?
Y ahí estabas tú
Y aquí estaba yo, y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó, y ya no pido más, eres
mi luz, mi paz, tu mi más grande amor.
Aquí estoy yo, listo para cuidarte siempre el corazón.
Y te apareciste cuando todo estaba por venir hacia abajo.
Y la suerte estuvo de mi lado cuando a mí te trajo.
Contigo me sonrió, me quitó lo triste.
Cuando te vi me viste.
Y desde entonces te volviste yo mejor. ¿Y qué me pasó?
Y ahí estabas tú, y aquí estaba yo.
Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero los dos juntos.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó.
Les agradezco su apoyo a todos.
Ha sido un mes bastante complicado, pero ya tengo los cursos y los maestros para
inaugurar el centro social.
¡Ay, gordo!
Yo quiero decir unas palabras como primera dama del municipio. Ha sido un
gran logro y va a ser muy útil para toda nuestra gente.
Solo resalten, por favor, que es un proyecto personal.
Digo, con ayuda de ustedes, claro.
Pero que nadie piense que tiene algo que ver con mi prima, porque ya ven que la
gente no la quiere mucho.
No se preocupe, señorita, que nosotros nos encargamos de desmentir a quien
piensa eso. ¿Y luego? ¿Si llega la inauguración?
La tuve que invitar. Ya saben que es familia.
Bueno, no te preocupes, carita, que donde quiera se cuecen labras.
Y todos tenemos un parientito incómodo, ¿verdad?
Bueno, y no es por nada, pero lo que decimos nosotros es ley en todo el
pueblo. Y ya nos encargamos de regar el chisme bueno, la información de que el
centro social nos va a servir y ya todo el mundo piensa eso. Ay, es lo que más
valoro de ustedes, que por ser tan sencillos y generosos, la gente les
cree.
Y ¿saben qué? Es una bendición.
Conseguí internet satelital para el centro social.
Ay,
los dejo.
Oh, discúlpeme, me está llamando Silvi.
¿Silvi?
Ay, qué buena esa muchacha que quiere ayudar a todo el pueblo.
¿Te refieres a Doménica?
Uy, perdón.
¿Ves? ¿Cómo todos tenemos un parientito incómodo?
Nunca había experimentado una felicidad como esta.
A mí también me gusta lo que estoy descubriendo en ti.
Lo que estoy sintiendo.
No quiero caer en la tentación de decirte que te amo.
Aún pueden pasar muchas cosas.
¿Todavía tienes miedo?
Más bien he aprendido que los sueños a veces nos distraen.
Es mejor vivir día a día con hechos, con verdades.
Está bien.
Sigamos así.
Día a día.
Sorprendiéndonos con momentos como este.
¿Tú qué crees?
Que en este momento no quiero pensar en absolutamente nada y solo quiero
besarte.
Veo a Kiara muy entusiasmada con el centro social.
De hecho, está con el presidente municipal ultimando detalles para la
inauguración de mañana.
¿Y Kiara está cuidando que al centro social no lo relacionen con Doménica?
Bueno, no solo eso.
Se ha tomado el proyecto personal y está cuidando cada peso de Doménica.
Me alegra que se mantenga ocupada ayudando a la gente.
Ay, sí, yo me siento más tranquila.
Yo creo que ya ni siquiera piensa en Luis Fernando.
Pues me da gusto.
Que Kiara esté encontrando su propósito.
Y que tú estés más tranquila.
Bueno, así puedes rehacer tu vida.
Ya quiero decir, eres una mujer joven y seguramente tienes tus propios planes.
Y yo estoy muy agradecida contigo por tus clases.
Sobre todo ahora que Kiara aceptó que pusiera aquí mi negocio.
Todo lo que ofrezco lo hago de corazón.
Y yo lo sé.
Por eso las personas como tú son tan importantes.
En la vida de los que nos sentimos un poquito menos. No digas eso.
Tú vales muchísimo.
No sabes cuánto.
Uy, qué oportuno que hayan puesto este internet satelital, ¿no? Uy, qué
oportuno. Y justo en este momento.
¿Sí?
Me vas a hacer quedar muy mal con la señorita Kiara.
Yo quería ver tequila que se sirve en el bar de Gabriel.
Para la inauguración de mañana. Y me conseguiste dos botellas.
Perdón, pero si me hubiera dicho con más anticipación, el pedido hubiera llegado
a tiempo desde Jalisco. Yo lo único que sé es que no obedeciste mis órdenes.
Así que te vas a ir suspendida y sin goce de sueldo.
¿No?
¿Pero por qué?
Porque fallaste a la máxima autoridad de este pueblo que soy yo.
Y porque ya me canse que siempre estás de rezongona.
No sabes ni sonreír y no quieres participar mañana como edecán. Usted
quiere que me ponga la faldita que se van a poner las otras y yo no voy con
eso. No es justo.
No me puede quitar los días de mi sueldo.
Yo necesito ese dinero para las medicinas de mi mamá.
Ah, pues lo hubieras pensado antes de desobedecer.
Si quieres recuperar tu trabajo, quiero verte con faldita, bien arregladita, el
día de mañana.
De lo contrario, no regrese.
Oye, ¿qué es eso tan importante que no me podías decir por celular?
Estaba viendo lo de la inauguración con Gabriel y Cosme.
No me hablas así.
No quería dejar evidencia porque luego se fregan al malo por lo que dicen en el
celular.
La quería ver para que festejemos. Venga, sí.
¿Qué es lo que tenemos que festejar?
No creo que sea lo de mi centro social.
Todavía mejor.
Ya está todo listo para fregarnos la siembra del doctorcito.
Ay, pobrecito.
Te lo mereces por echarme a un lado por Doménica.
Así es que usted va a ir abonando las tierras con su futura suegra.
Y la vez y lo que queramos para que siga dudando la Doménica.
Porque nuestro plan va a funcionar cuando los fríjoles del doctorcito se
mueran. Ay, este plan está más que adelantado.
Porque Mercedes cree todo lo que le digo.
Y piensa que Románica es el diablo y que yo soy su víctima predilecta. Pues
entonces vamos a festejar, mi querida. Venga, che.
Yo no soy tu querida.
Y en el pasto no, porque pica y huele a vaca.
Pues vamos a mi camioneta que está bien grandota.
Ay, guájala, no.
Entonces lo que quieras.
La mía tiene aire acondicionado.
¿Viene?
Ya tenemos cuatro contenedores con los herbicidas listos.
Pedro me ayudó a preparar la mezcla.
¿Ya aprendió cómo diluir el fluominol?
Pues estuvo re fácil.
Mira, Sanjenice.
Todas esas hierbas malas se van a morir. Pero a nuestras matas de frijol no les
va a pasar nada.
Yo voy a estar con ustedes para supervisar la aplicación. Muchas
gracias, Elisa.
A mí me da más tranquilidad que tú estés ahí.
¿O qué no, Sanjenice?
Hasta mañana.
A mí también.
¿Te acompaño a la camioneta?
Gracias.
Hasta mañana.
Hasta luego.
Buenas.
Oiga, pues una disculpa por no haber venido a mi casa de computadora, pero es
que traigo mucho trabajo.
Bueno, lo de menos son las disculpas. Lo que pesa es que no has avanzado casi
nada y empiezo a creer que nada más te inventas pretextos.
Aquí no se está inventando nada, fue por jale.
No es como el suyo, que le da tiempo de tomarse su cafecito y todo.
Mira, te reconozco que todo lo del campo lo llevas muy bien, pero esto también es
importante. Es cierto.
Patrona, andaba diciendo aquí al licenciado que si no llego a venir a mis
clases de computadora, pues es por jale, no es por otra cosa.
Porque no me sobra el tiempo en el campo.
Si no, pregúnteselo al doctorcito.
Teo, ¿ya te acostumbró a trabajar de sol a sol? No sé. Me acostumbré a dormir
poco, haciendo guardias en el hospital.
Pero bueno, si tú quieres superarte, tendrás que hacer un esfuerzo extra.
El extra que te pedimos no es para molestarte, Genaro. No sé si Ernesto ya
te comentó que piensa regresarse a Puebla pronto.
Bueno, no de inmediato, pero no me puedo quedar aquí siempre.
Por eso estoy pensando nombrarte el nuevo administrador del abandonado.
¿Este es el patrón, eh?
Por eso necesito que aprendas.
para que me mande toda la información de la administración por Internet.
No, pues así varían las cosas.
¿No? Pues si usted me quiere como su administrador, cuente con eso.
Para lo que sea.
Ay, Merceditas, cuando la veo tejiendo se ve tan en paz.
¿Qué no?
Pues sí, en algo me tengo que entretener mientras esté en esta hacienda.
Este mes se me ha hecho eterno.
Pues a ver, Mercedita.
Yo me quería esperar dos meses más para la cosecha.
Pero San Genís ya está por cerrar la venta de su rancho.
Y en cuanto le compre la parte de su hacienda, nos vamos a México.
Sí, yo creo que es lo mejor.
Ya no tengo nada que hacer aquí.
Doñita. La buscan.
Mercedes, espero no incomodar. Claro que no.
Adelante, Kiara. Hola, Pedro.
Hola, Pedro.
Hola, señorita. Pues las dejo para que hablen de sus cosas.
Con permiso, Mercedes.
Gracias, Pedro. Con permiso, señorita.
Noté que no te dio gusto mi decisión de nombrar a Genaro mi administrador.
Es tu hacienda, tu decisión, pero sinceramente no se me hace una persona
confiable.
Genaro es un machista trabancado, como muchos en este lugar.
Me ha resultado bien, resuelve pronto y muchos de mis planes se han llevado a
cabo gracias a Genaro.
¿Y confiesa en sus métodos? Ha cambiado sus formas desde que le leí la cartilla.
Hace todo lo que le pido sin cuestionar ninguna de mis decisiones.
Está bien, a lo mejor yo estoy equivocado.
Yo sé que haces esto por protegerme.
Pero de verdad, con Genaro no tienes de qué preocuparte.
Nos hemos entendido muy bien.
Pero ya no hablemos de él.
Mañana me vas a acompañar a la inauguración del centro social.
Por supuesto.
¿Y ya pensaste en la propuesta que te hice de que pongas allí tu consultorio?
Mira, si Kiara sigue siendo la encargada del centro social, la verdad es que mi
respuesta va a ser un no definitivo.
Es lo mejor para los dos.
Está bien.
No voy a insistir.
Pero bueno, me vas a tener que ayudar a conseguir un médico tan bueno como tú
para traerlo.
Uy, eso sí que va a estar complicado.
Imagínate que te enamores de él.
Imposible.
Mercedes, no puedes faltar a la inauguración, ¿eh? Pero claro que no. Me
imagino que has de estar muy ocupada.
Y si necesitas ayuda, ya sabes que cuentas conmigo. No, ya tengo todo
listo. Sí le dijo Luis Fernando que Dominica quiere poner un...
Un consultorio en el centro social para que lo atienda.
O sea que también ya quiere poner a trabajar a mi hijo para ella.
Sí. Yo no estoy tan de acuerdo, ¿eh? Porque... Es que yo todavía no me puedo
sacar a Luis Fernando de la mente y... del corazón.
Pues yo todavía estoy esperando un milagro que le abra los ojos a mi hijo y
que nos regresemos a la Ciudad de México.
Pues dudo que eso pase.
Y la verdad no sé si contarle esto.
¿Qué? Ay, no olvídalo. Es que deben ser rumores malintencionados sobre mi prima.
Y ya ve cómo es la gente.
No, pero lo que has escuchado, y sobre todo si es sobre mi hijo, a mí me
interesa.
Es que... Doménica anda diciendo que Luis Fernando bajó la guardia antes de
lo que ella esperaba.
Y que no lo piensa desaprovechar.
¿Y eso qué quiere decir?
No, no lo sé.
Pero yo le pregunté a Doménica sobre sus rumores y... no me quiso contestar.
Pero... es que tengo un mal presente.
Pues Pedro y la ingeniera Lisa prepararon cuatro contenedores del
herbicida ese para desherbar. Y mañana se lo vamos a ir a echar a las matas de
frijol. Pues yo no sé cómo le vas a hacer, pero vas a agregar tres de estas
botellas en cada uno de los contenedores.
¿De a poco esto va a matar al frijol también?
Es un potencializador del herbicida.
El Omar me dijo que era tan fuerte que no nomás va a matar las hierbas y las
mata, sino que va a dejar la tierra bien amolada.
Pues no.
Va a tocar desvelarme para echarle esta porquería a los contenedores.
Lo bueno es que los dejaron cerca del campo de frijol y nadie los vigila.
Nada más, no te vayas a deshacer de las botellas.
Necesito que aparezcan en donde yo te diga y cuando yo te lo pida.
¿Y eso para qué o qué?
Pues para que no le quede duda al doctorcito que Doménica Montero está
fregando sus tierras.
A eso.
¡Nicky! ¡Nicky!
¿Puedo pasar a saludar?
Aunque no debes cerrarte otras opciones, hijo.
¡Ay! ¡Hola!
¡Hola!
¡Ay, qué gusto!
Oigan, con tanto aire limpio siento que me voy a desmayar, ¿eh?
Oigan, ¿les molesta? Sí, espero a que aquí hará. Es que voy a hacer unas
cuentas del centro social con ella. Te puedes cuidar de todo el tiempo que
quieras, Silvia. Ay, don Andrés, siempre tan lindo. Gracias.
¿Y tú?
Estás lindo y estás más guapo que nunca.
Es más, si no me invitas ahorita un helado en Santa Teresa, te voy a
demandar. Por supuesto que te lo voy a invitar. Ernesto tiene muchas cosas que
hacer todavía en el centro social, ¿verdad, hijo?
Sí. Sí, claro, yo te lo invito. Solo no me pidas contar chistes de abogado
porque son de mala suerte.
Ahorita te lo traigo. Vale.
Te juro que si no necesitara el trabajo, mandaba al diablo a Cosme y sus ganas de
verme en falda.
Voy, Blanquita.
Don Cosme es tan macho como mi papá y Genaro.
Ay, nunca van a cambiar.
Lo peor de todo es que para conservar mi chamba voy a tener que romper con mis
ideales y hacer lo que me piden.
No, amiga, a lo mejor hay otra alternativa.
¿En serio?
¿Cuál?
Federica, ¿ya se reportó al investigador?
Es para saber si hay novedades de Martín González Santos.
Necesito darle algo nuevo a Luis Fernando sobre el fraude que le hicieron
a su mamá.
Te lo encargo, ¿sí?
Te llamo después.
Prudencio, hace un mes que te pedí que averiguaras algo sobre los papás de
Pedro y no me has dicho nada.
Lo que pasa es que no es tan fácil, doña Mercedes.
Pues algo hay que hacer.
Si quiere voy allá a San Felipe.
Porque dicen que ahí hay una mujer que es la hermana del supuesto padre de
Pedro. Ojalá que ella sepa algo de ese hombre. Si no, Pedro nunca va a saber de
dónde viene.
Hola.
Vengo por un trapo. Es que derramé un poco de agua.
Sí, adelante.
Permiso.
¿Nos habrá escuchado?
Pues quién sabe.
No puedo creer que Luis Fernando no haya aceptado trabajar en el centro social,
aunque tú se lo hayas pedido. Pues no entiéndelo, no quiere incomodarte.
Ay, ni que fuera el último galán en este planeta.
Eso de creerme enamorada de él ya pasó.
Me da mucho gusto escuchar eso.
Porque entre Luis Fernando y yo han estado pasando cosas.
Sí.
No, me alegra.
Solo no quiero ser aguafiestas, ¿eh? Pero tómatelo con cuidado.
Hay muchos intereses de por medio y no quiero que esto termine como terminó con
Max. De verdad, qué poco tacto tienes, Kiara.
¿Por qué tenías que mencionarlo?
Ay, no, perdón.
Significa que todavía te duele.
Se me revuelve el estómago.
Por cierto, ¿ya tienes las cuentas que te pedí de cuánto costó levantar el
centro social?
Sí, ya tengo todo el desglose y las facturas.
Silvi me ayudó.
Si quieres lo checamos en el despacho.
Sí, me da gusto saber que Silvi te está ayudando tanto y estás contenta con tu
visita. Qué bueno que vino.
Ay, bendita Silvi. Siento que Ernesto ya la está viendo con otros ojos.
Es que no quiero que siga sufriendo por mí.
Ay, que eres tremenda, Kiara.
Es tremenda, divina.
¿Y la vacuita?
Vaquita.
Acuérdate que si estas dos están juntitas, la uno se pronuncia.
La vaquita dio mu... cha.
Mucha. Mucha leche.
Pues ya no estoy tan burro, ¿qué no?
Tú nunca has sido burro. A veces eres medio atarantado, pero burro no.
¿Y a ti nunca te dio por estudiar?
La mera verdad, no.
Porque a mí me gusta más cocinar y estar aquí en el campo.
¿Y tú sí quieres seguir estudiando?
Sí. Sí, yo quiero ser como Luis Fernando.
Él sabe muchas cosas.
Y además Mercedes me dijo que si quiero, pues, ella me puede llevar a la ciudad.
¿Y ahora?
¿Por qué haces puchero?
Es que no me imagino lo que no sería verte por aquí.
Adelaida.
Deja de estar perdiendo el tiempo. Ándale.
Vete a trabajar.
No se la agarre contra ella, don Prudencio.
Yo fui el que la entretuve. ¿A poco se va a poner así de celoso cuando sea mi
suegro?
Olvídate, Adelaida.
Ella no es para ti.
¿Y por qué no? Si yo la quiero bien.
¿A poco piensa que soy poca cosa para su nieta? Yo sé por qué te lo digo.
Tú vas a volar muy alto.
Ay, Pedro.
No tienes la menor idea de quién eres en realidad.
Pero no me venga con cuentos.
Yo pensé que usted me tenía ley, pero ya veo que para usted sigo siendo Pedro
Nani.
¿Por qué le dijo a Pedro que va a volar muy alto?
Usted sí sabe de quién es hijo, ¿verdad?
Adelita, quiero hablar contigo, bien y derecho.
¿Qué te traes?
Pues, es que dices que si me voy, me vas a extrañar.
Y quiero saber si vendrías conmigo a la capital.
¿Te dijo doña Mercedes que me quiere llevar de cocinera?
No, no, no, te lo estoy diciendo yo.
Quiero que te vayas conmigo como mi mujer.
¿Eh? ¿Cómo? Pero, pero si mi novio somos...
¿Entonces qué?
¿Me aceptas? ¿Por qué tenías que ser tan brusco?
No, pues porque así somos los hombres.
Ese es el problema, que me recordaste a Osvaldo y eso es lo que no quiero.
Bueno, pues tú sigue pensando en ese animal y... y pues haz de cuenta que
esto no pasó.
Bruto eres tú que no entiendes nada.
Según me han contado, usted siempre ha estado muy pendiente de Pedro desde que
era un niño.
Pues que yo sepa, ¿eso no es un delito o sí, licenciado? No.
Entonces, ¿usted sabe en qué año lo abandonaron?
No, no, no me acuerdo bien.
Ah, sí, creo que fue en el año de la inundación.
¿En el año de la inundación?
O sea, ese pequeño Moisés flotó en un guacal de jitomates hasta la hacienda
avenida. Ah.
Pero no se llama Moisés.
Se llama Pedro, como el abuelo de Luis Fernando.
Por aquí hay mucha gente que se llama así.
Sí, podría ser una casualidad.
Pero hace poco me encontré una fotografía de una mujer embarazada que
se llamaba Carmen.
¿Le suena el nombre?
No tengo por qué seguir hablando con usted. Y junto a la fotografía había una
carta dirigida al padre de su hijo.
No sé de qué me está hablando.
Era Eugenio Jiménez. Eso lo está inventando usted. Usted era el hombre de
confianza de don Eugenio.
¿A quién más iba a pedirle que se hiciera cargo de su hijo?
¿A quién?
Yo solo quería hacer... Quería hacer un bien. Pues no lo hizo bien.
Pero eso tiene que cambiar.
Le dice usted a Luis Fernando que Pedro es su hermano o se lo digo yo.
¿Qué dijiste, Sansonis?
¿Desde cuándo lo sabías?
Es un informe muy profesional, con un presupuesto coherente y no veo gastos
superfluos. Y todas las partidas están muy justificadas.
No te conocía esta gracia de saber administrarte, Kiara.
Y también conseguí donaciones importantes de personas como Gabriel y
Cosme. Esa es la parte que no me gustó tanto.
¿Por qué, prima? Lo hicieron sin ningún interés de por medio.
Sí, además, no solamente son donaciones.
Pues Santa, que es la primera dama del pueblo, pues fue maestra y va a dar
clases de, ¿sabes?, actualización escolar. Vamos a empezar con media
docena de cursos. Y dependiendo de la respuesta del pueblo, vamos agregando
más.
Muy bien, Kiara.
Ay, Luis Fernando.
Yo... Yo no te puedo mentir.
Lo he sabido desde siempre.
Y la verdad es que jamás esperé que la vida te fuera a juntar con tu hermano.
¿Mi hermano?
¿Es que no me cabe en la cabeza?
Él no tiene la culpa de nada. No lo vayas a odiar, por favor. Por supuesto
que no tiene la culpa.
Pero sí hay culpable.
No entiendo cómo mi papá...
Pudo deshacerse de su hijo de esta manera.
Incluso cuando conocí a Pedro, yo le dije, le dije, que hay quienes morimos
por tener un hijo.
Hermano, perdóname.
Yo estaba haciendo conjeturas y todo cuadra, pero no quería que te enteraras
de este modo.
¿Y mi mamá lo sabe?
No.
Y por favor, no la vayas a molestar con esto.
No le digas nada.
El cariño que hay entre ella y Pedro es una bendición.
Yo no quiero que eso cambie.
Pero mi mamá tiene que saber la verdad.
Sobre todo Pedro.
Luis Fernando.
Pues ahora...
A ver cómo le hace el licenciado para que esto no acabe peor todavía.
Usted conoce a Luis Fernando.
El enojo se le va a pasar.
Y va a buscar el modo de que la situación de Pedro se vuelva justa. Pues
sí.
Pero para eso tendría que hablar con todos, para saber la meritita verdad.
Cosme. Tú muy bien sabes que Blanquita le mueve aquí, le mueve allá y sabe
hacer el trabajo de media presidencia.
¿Cómo se te ocurre haberla suspendido un día antes del evento?
¿Y qué querías que hiciera?
¿Aceptar sus modos para que haga lo que se le da la gana?
Además, yo le di la opción de ponerse en otro plan.
De una vez te advierto que quiero todo perfecto para mañana.
No quiero una sola queja de Kiarita.
No la va a tener.
Pues más te vale.
Porque este centro social va a ser una entradita para nosotros.
Y bien nos va una entradota.
Debo reconocer que tuviste una gran idea con eso de inflar
las donaciones que les vamos a hacer.
Diana, ¿has visto a Pedro? Lo busqué en su cuarto, pero no está.
No, hace ratito lo vi allá afuera como yéndose de la hacienda, pero pues no sé
más. ¿Todo bien?
Sí, todo bien.
Bueno, permisito.
Ay, Luis Fernando, qué bueno que te veo. Vino Kiara a invitarme a la inauguración
de su centro social.
Y antes de que me digas nada, yo agradezco la cortesía que tuvo Kiara de
venir hasta acá. Y me imagino que a ti ya te invitó tu pareja, ¿verdad? ¿Sabías
que Carmen era la amante de mi papá y que estaba embarazada?
Te lo dijo Sanjení.
¿Lo sabías?
Sí, pero yo le pedí a tu amigo que no te dijera nada.
No, él no me dijo nada.
Yo me lo encontré hablando con Prudencio sobre ese niño.
¿Con Prudencio?
Pero él... Bueno, yo no te dije nada porque...
Porque ese niño desapareció.
Mamá, estás hablando de un recién nacido, mamá.
Sí.
¿Y qué?
Te vas a poner a buscarlo.
Ahora.
No es necesario, Juan.
Es el niño.
Es Pedro.
Mamá, tú misma le dijiste a Luis que yo ando a estudiar y estudie.
¿Por qué me van a mandar a ese centro?
Porque ahí va a estar Doña Fuenzanta para ayudarle a los niños con las
clases. Es lo mejor que hay para que repases.
No quiero.
Tengo que cuidar mis plantitas.
Luis nos dijo que si queríamos llevarte en la camioneta la usemos. Y hasta le
dio un dinero a tu papá para los cuadernos.
Es que ahí no va a estar Lalo.
¿Y qué?
¿Lalito tiene que estar en todas partes para que estés a gusto?
Ay, mi hijita. ¿Cómo pude estar tan cerca de él?
Y no darme cuenta de todo lo que coincidía.
Su edad, que haya crecido aquí, que Prudencio lo haya apoyado y...
Eso es lo que no me explico.
¿Cómo es posible que supieras que Carmen estaba embarazada, pero no tenías idea
de lo que fue de su hijo?
¿Y tú crees que yo le iba a estar preguntando a tu papá por esa mujer?
Tampoco creo que mi papá haya decidido abandonar a su hijo.
Sí, después de todo lo que sabe, lo sigues defendiendo.
Necesito saber toda la verdad para no volverme loco y también para explicarle
a Pedro.
Ah, no, y podríamos no decirle nada.
Por favor, Luis Fernando.
Por favor, Pedro. Ha llegado a querernos mucho. No me hagas pensar que tú
prefieres mentirle a darle su lugar.
No voy a entrar en tu juego, mamá.
No es un juego.
Pero si sabes la verdad, tú y Pedro me van a odiar.
¿Habla? Yo sabía.
Yo sabía que Carmen había muerto en el parto.
Tu papá quiso quedarse con el niño, pero yo se lo impedí.
¿Por qué hiciste eso?
Porque ese niño me recordaba que toda mi felicidad era una pura mentira. Yo
seguía queriendo a tu padre.
Y esa fue mi condición para seguir con él.
Esa... Es toda la verdad, licenciado.
Y es exactamente como usted lo pensó.
Pero yo soy el único que la sabe completita. Porque Mercedes...
Mercedes... Se quedó hasta donde el niño desapareció.
O más bien hasta donde pidió que lo desapareciera. Eso me lo dijo ella
cuando le mostré la foto.
Qué ironía, ¿no?
Ella repudió a ese bebé y 20 años después él le salvó la vida.
¿Usted por qué se cayó con Mercedes?
Porque ella nunca supo que yo fui quien se quedó con ese bebé.
Pero le juro, licenciado, que es lo que más me duele.
¿Qué? Que por querer protegerla.
Acabé por perjudicarla.
Digas lo que digas.
No puedo entenderte, mamá.
Siempre te he visto como una mujer intachable.
¿Dónde está tu humanidad para un niño que no tenía culpa alguna?
Perdóname. ¿Por qué?
¿Por no decirme la verdad o por... o por separarme de mi hermano?
Yo no sé si Pedro te va a perdonar.
Yo no sé.
Pero tú tienes que hablar con él. No.
Sí. No, por favor, te lo suplico.
No.
Hazlo tú.
Cuéntale todo.
Yo acepto lo que él decida, incluso que me aborrezca, pero yo no tengo el valor
para mirarlo a los ojos, hijo.
Lo siento, mamá.
Lo siento, pero la verdad tiene que salir de tu boca.
Después hablo yo con él.
Porque yo no pienso separarme de mi hermano.
Así me lleve la vida para que él lo entienda.
Pedro es noble.
Y tú no le has hecho nada.
Pero yo siempre he tenido lo que a él le negaron.
Pero nunca más.
Doña Mercedes.
Nunca más.
¡Nieves! ¡Ey!
¿Entonces qué?
¿Que me vas a perdonar o qué?
Ni aunque quisiera.
Si todos los días me veo en la panza la cicatriz del navajazo que me diste.
No fue mi culpa que Pedro se libertara.
¿Entonces es culpa de Pedro y por eso me pides perdón?
Ya pues, es mi culpa.
¿Listo?
¿Perdonado? Se me hace que como Adelaida ya no te pelas, pues ahora andas
mosqueándome a mí.
Pero no, yo no soy tonta.
De mí no vas a tener ni el saludo.
Jeje, todavía ni era tu novia y ya te mando a requete lejos.
¿Tú qué?
Eres chismoso, pareces vieja.
De mí te vas a acordar, esa.
O ser otra de mis novias.
Pedro. ¿Pues quién más?
¿Qué tienes?
Pues no te reconozco.
¿Y de qué me extraño si ya eres otra que no?
¿Por qué me hablas así?
Porque la Nieves que yo quería hubiera dicho la verdad de la cueriza que te dio
el Genaro.
Yo dije la verdad.
Engaña a quien quieras, Nieves.
A mí no.
Por eso tiene más de un mes que no has vuelto a buscarme.
Así mismo.
Yo no te creo que tu vida esté tan gacha si hasta tiempo tienes de ponerte bien
bonita.
Nunca me habías dicho así de bonito.
Pues es que una cosa no quita la otra.
Pero lo que importa es lo de adentro, Nieves.
Entonces mírame a los ojos.
Ahí dice que hubiera preferido no verte.
A saber que ya me perdiste el cariño.
De puritita casualidad miras mi corazón.
A mí se me está cuarteado porque yo siento que se me va a reventar del
dolor.
¿Sí me dan permiso para pasar, por favor?
Permiso, permiso, permisito, permiso.
Pues como que... Estaba sonando muy sincera.
¿Y si platicamos?
Pues a menos de que me acompañes, porque yo tengo cosas que hacer.
Bueno,
pues todo estuvo delicioso.
Nada más nos faltaba esto.
Ahora van a entender por qué Nescafé es tan importante para nosotros.
Las condiciones como el suelo y la humedad de esta región nos facilitan
para tener un gran café de calidad.
Espero que pronto tengamos tu cosecha, prima.
Yo estoy seguro de que todas las medidas que hemos tenido con los cafetales nos
van a dar una gran cosecha esta temporada.
Y lo más importante es que con las capacitaciones y buenas prácticas que
van a enriquecernos, vamos a tener un café de calidad.
Pero por favor no lo vayas a poner alabando. No, porque así nadie lo va a
comprar.
Buen punto. No, de hecho ya pedimos un registro de marca y lo vamos a vender
como Café Montero. Ah, bien.
Y la mejor noticia es que Nescafé busca un café de calidad para sus productos y
eso es lo que nosotros tenemos.
Ser proveedores de esa marca sería algo maravilloso.
Y ya estoy preparando una presentación para mandársela a los ejecutivos del
escape. Pero antes de terminarla necesito que tú me ayudes. Y también
necesito tu ayuda, padrino. Ya sabes que siempre cuentas conmigo.
Además, estoy muy emocionado con tu proyecto.
¿Verdad? Sí.
Mi niña, aquí te busca el doctor.
Luis Fernando, ¿te quieres tomar un cafecito?
No, muchas gracias.
¿Podemos hablar tú y yo?
Vamos al despacho. Con permiso.
Con permiso. Gracias, mana.
Fue yo, como que el doctor te hace una cara medio como de preocupación. ¿Qué le
habrá pasado?
Seguramente es algo muy personal.
Y eso solamente les atañe a ellos.
Ay, no.
Todas las decisiones que ellos toman nos terminan afectando tarde o temprano a
todos. ¿No, Nicolasa?
Yo solo sé que ya llevamos un tiempo en paz y no creo que regresemos a lo de
antes. Pues sí, mi prima anda muy confiadita. Muy.
No sé por qué lo dices en ese tono.
Ay, no lo dije en ningún tono. Ay, obvio no.
Lo sientes como que Niki luego está así como muy intensa. Es así como... Te pone
a la defensiva de todo, ¿no?
¿Tú sabías que Pedro es hijo de mi marido?
¿Por qué me mentiste, Prudencio?
Porque don Eugenio me pidió... Lo que te haya pedido hace 20 años ya no
importa. Lo que cuenta es ahorita.
Yo hasta te creí cuando me dijiste que no sabías nada.
Don Eugenio confiaba en mí.
Y yo vi que eso le hacía tanto daño que por eso no dije nada.
No me uses de pretexto. Es la verdad.
Porque lo único que me ha importado a mí antes y ahora
es usted.
Porque yo la quiero a la buena.
Me enamoré de usted.
¿Me das cuenta?
Todo el mundo sabía que Pedro es mi hermano y no sé por qué. ¿Cuánto tiempo
más pensaban ocultármelo?
No es una noticia fácil de dar.
Pero ocultar las cosas tampoco las cambia.
¿O qué creían ellos? ¿Que yo no soy capaz de entenderlo?
¿Que yo pensaría en mí antes que en Pedro? No soy tan egoísta.
Yo creo que pensaron en Pedro.
En que esta noticia podría afectar aún más su vida.
Tú y yo prometimos hablarnos siempre con la verdad.
Sí.
Y eso es lo que más valora de nuestra relación.
Yo ya sabía que Pedro es tu hermano.
¿Cómo que lo sabías?
Y no es casualidad que el mundo sea tan grande, pero nos juntó.
Y ahí estabas tú, y eso me salvó. Y ya no pido más, eres mi
luz, mi paso, mi más grande amor.
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