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VIAJES LEJANOS
- Buenas noches. - Adiós.
- Adiós, Sr. Ferguson. - Adiós, Sr. Ferguson.
Adiós, Penny. Adiós, Brenda.
CERRADO
Un poco justo este trasbordo a Múnich.
Tonterías, Joe, coge un taxi.
- La agencia lo soportará. Disfruta. - ¿Y el cambio?
- ¿No tienes marcos alemanes? - Sí, pero no hablo alemán.
¿Cómo es eso que les dices a los clientes?
"Espero que disfrute del viaje, caballero".
- Muy amable. - Lo lamento, está cerrado.
Vaya, solo quería hacerles una pequeña consulta.
- ¿Una pequeña? - Para una gran fiesta, con 12 amigas.
Adelante.
Sería para el festival y vendrán del círculo literario femenino de Boston.
- ¿Es usted miembro? - Sí.
¿Me toma por una analfabeta?
No, pero no la veo en un grupo de lectura, ni aquí ni en Boston.
No te preocupes, está controlado.
- ¿Todo bien? - El empaste está suelto.
No puedo ir, veré al dentista.
- Es mental. - No lo es.
Vamos, Joe, vete ya.
Antes de subir al avión pienso…
¿Contratar un seguro de vida por si no sobrevive al vuelo?
Eso suavizaría el golpe a mi mujer. Si le afectara.
Treinta años como agente de viajes y nunca ha salido del país.
Lo mando a vivir la noche europea,
pero parece que lo abandone en el Sáhara con una brújula rota.
Pero eso ahora no importa, señora…
Sra. Jackson P. Shoemaker. Llámeme Maggie.
Shoemaker, suena a que viajó en el Mayflower.
Mis antepasados sí, pero yo volví en avión.
¿Me disculpa un momento? Sírvase.
Claro, adelante. Por cierto, me encanta su archivador.
- ¿Su esposa? - Todavía no.
- ¿Prometida? - Mañana le digo.
Stella, mi amor, ¿cómo estás?
Ardo en deseos de verte.
Además, por una vez estoy totalmente lista a tiempo.
Ajá, de la cabeza a los pies.
Pues me temo que por una vez tendrás que esperar.
Lo sé, cariño, pero son negocios.
Mira, cielo, ¿te parece si nos vemos a y cuarto?
Perfecto. Pídete una bebida, y otra para mí.
Yo también te qu… o sea, igualmente.
Adiós, Stella, querida.
- Bonito nombre. - Como ella.
- ¿A qué se dedica? - Trabaja en una galería de arte.
- Pues por su futura prometida. - Gracias.
¿Recuerda lo que ha dicho del Mayflower?
Me ha recordado una anécdota que escuché en Maine el año pasado.
Nos invitaron unos amigos que tienen una casa maravillosa en la playa.
¿En tu casa, el próximo fin de semana?
Suena muy emocionante, Ian, ¡me encantaría!
- ¿De verdad? - Por supuesto.
A mí me encanta la caza con beagles.
Siento el retraso, cariño.
No te preocupes, no estaba segura de si al final vendrías.
- Stella, yo… - Así que se lo pedí a Ian.
Y dijo que sí, ¿a que es rico?
- Mucho. - Ian está cenando aquí.
- ¿No me digas? - Sí, ha venido solo.
- ¿No es una pena? - Sí.
Aun así, hay gente que prefiere cenar sola y no somos quién para impedírselo.
Son sus asuntos y seguro que tiene sus razones.
Claro, por supuesto.
Hasta luego, Stella, muchas gracias por la bebida.
- Hasta luego, Ferguson. - Chao.
Podríamos tomar más café, ¿quieres?
- Si tu quieres. - Sí, quiero.
Sí, yo también.
Entonces será mejor que vuelva a casa.
Mira, Stella,
llevamos dos años juntos pero no tenemos nada.
No soy un trofeo, Bill.
- No soy una de tus conquistas. - Eso es injusto, y lo sabes.
No es injusto y no lo sé.
No quiero ser una más en tu larga lista de amantes.
Eso nunca, Stella, porque en tu caso eres… diferente.
Qué bonito. Poco original, pero bonito.
- ¿Eso es que no me crees? - Más o menos.
Que sí, te creo.
Ahora cambia la cara de niño herido por la de adulto perplejo.
Si vamos a ser adultos, que así sea.
¿A qué te refieres?
Los adultos no se limitan a darse besos de buenas noches
- y conversaciones castas por teléfono. - ¿Y a qué se limitan?
Vamos a mi casa, Stella.
- Conque eso hacen, ¿no? - Suenas muy desconfiada.
Como si se pudiera desconfiar de un hombre.
Si hay algo que no soporto son los fisgones.
Me cortan las alas.
Con unas alas como las tuyas, te conviene un pequeño corte.
¿Y bien, Stella, nos vamos?
- Los humanos somos muy extraños. - ¿Por qué?
Porque tardamos mucho en decidirnos a hacer lo que siempre deseamos.
No es del todo así.
- Solo nosotros disfrutamos del suspense. - Eso es cierto.
Toda la razón.
- Bill, ¿ocurre algo? - Me temo que sí.
- ¿Es algo que pueda saber? - Es algo que debes saber.
No encuentro la llave.
Oficina, coche, caja fuerte… ¿y la de casa?
Siempre la llevo en el bolsillo.
- ¡Maldita sea! - No te preocupes.
Por supuesto que me preocupo.
- No pasa nada. - Para mí sí.
- Reconoce que es divertido. - A mí no me lo parece.
Al menos, no tan divertido.
- No parece importarte nada. - Me importa, pero poco.
- Al fin y al cabo, no es para tanto. - Para mí es mucho, créeme.
No hace falta que presumas de tu larga e indecente trayectoria.
Si no fueras tan vergonzosamente ingenua…
Supongo que sacaría una palanca del bolso y forzaría la puerta.
Bueno, veré si el conserje tiene una llave maestra.
- No, Bill. - Es lo más lógico.
Pero no me gusta lo lógico.
A este paso acabaré durmiendo en la escalera.
¿Y por qué no un hotel?
¿Un hotel? Claro, cielo, ¡eso es!
Esto es lo que haremos: nos subimos al coche y vamos al campo
y buscamos una pequeña pensión con encanto para…
¿Qué ocurre, amor?
No me había dado cuenta de tu mal perder.
No, mi vida, yo…
¡Te da igual todo si tú consigues lo que quieres!
- Es horrible. - Pero ¿qué ha cambiado?
Absolutamente todo.
Hace diez minutos te deseaba, y ahora no quiero nada de ti, ¡nada!
¡Espera, Stella!
Stella, yo…
Mañana tengo un importante partido de golf.
Me pregunto si podrían llevar a cabo sus juegos románticos
en la privacidad de su apartamento.
Le aseguro que nada me gustaría más.
¡Espera, Stella!
- ¿Por qué no se calla y se va a su casa? - ¿Y por qué no lo hace usted?
Quiero verle entrar para asegurarme de que no monta más escándalo.
Una habitación individual y un whisky doble.
Y llame al 3459 de Edimburgo.
Enseguida, Sr. Ferguson. Un whisky doble para el señor.
- ¡Maggie! - Hola, Bill.
Maggie, tengo grandes noticias para usted.
No me diga que se ha comprometido.
Al contrario, ahora estoy indignado y desganado.
- Pida una copa. - Ya lo he hecho, ¡ponga dos!
Mejor que sean tres. ¿Qué ha pasado?
He perdido la llave y hemos tenido una pelea.
No hay lugar para el amor.
- Ni para mí, no tengo piso. - Es mi culpa por haberlo retenido.
- Si es tan amable, Sr. Ferguson. - Claro.
Disculpe, voy un momento al tocador.
- Volveré enseguida. - Claro.
¿Cómo va esa llamada?
- No responden. - Insista, estará durmiendo.
Hola, Joe, ¿te he despertado?
Me temo que tengo una mala noticia para ti.
Espero que no te lo tomes mal…
Así es, yo me voy y tú te quedas.
No pensé que te importara.
Nos vemos a mediodía en el aeropuerto. Chao.
Deduzco que intenta huir del país.
Ya he tenido bastante, Maggie. Las mujeres no merecen mi tiempo.
- ¿Abandona? - Abandono las peleas y reconciliaciones.
- Esas tonterías no valen la pena. - Aquí tiene su llave.
¡Sorpresa!
¿De dónde demonios…?
La llevaba encima, en el dobladillo del pantalón.
- Vaya, estoy… - Asombrado, lo sé.
- Vaya a llamar a Stella. - ¿Cómo? Ni hablar.
Oh, Bill.
Maggie, existen más de 1000 millones de mujeres.
Con que el 1 % sean atractivas,
podría casarme con hasta diez millones de mujeres.
Si pretende escoger entre todas esas mujeres
más le vale empezar ahora que aún tiene la salud y la fuerza.
Y coge el 11-28 de Innsbruck.
- Un poco justo, ¿no? - Tonterías.
- Coge un taxi. - Muy bien, Joe.
- ¿Estarás para el festival? - Por supuesto.
- Vuelo 897 a Londres. - Es el tuyo. Buen viaje.
Gracias. Oye, ¿qué tal tus dientes?
Perfectamente sanos. ¿No es increíble?
Es increíble.
- Chao. - Adiós.
¡Oye, Bill!
¿Qué hace aquí, Maggie? ¿También se va?
No, vengo a despedirlo y a darle esto.
- ¿Qué es? - Un regalo.
Qué detalle, Maggie.
Un seguro contra futuros contratiempos.
- Por aquí, señor. - Sí.
- ¡Una en cada bolsillo! - Eso haré.
- Adiós, Maggie. - Chao, Bill.
Salió para Europa esta mañana. Lo siento, Srta. Napier, pero allí está.
- ¿Dónde cree que está? - Aquí, allá… en cualquier sitio.
Le sugiero que escriba a Fred Gorham, asistente en Austria.
Esta es su dirección.
Dígale al Sr. Ferguson de mi parte
que tengo su dirección pero no le pienso escribir.
Buenos días.
Stella.
Ian… qué alegría.
Qué buen día, ¿no crees?
Sí, sí que lo es.
Perfecto para visitar los lagos.
Sí… eso estaría genial.
MÚNICH
Le contaré otra de mis ideas. A esta la llamo la carrera insensata.
¿Cómo dice?
La carrera insensata, solo para los más atrevidos.
Verá, vienen para pasar ocho días en una preciosa montaña.
- ¿Verdad? - Sí.
Y cuando llegan aquí les damos algo así como un tour sorpresa opcional.
Cuatro horas en Venecia.
Excursiones insensatas, en el autocar a las 18:00.
Noche en las montañas, comer en Venecia. Todo por 12 guineas.
Una vez aquí no podrán resistirse.
- ¿No cree, señor? - Supongo que no, al fin…
Exacto, quizá sí, y si me lo permite, le diré
que así lo llamo yo, el instinto del "quizá sí", para abreviar.
Pues "quizá sí" debería acostarme pronto.
Espere mejor a que acabe el cabaré, si no le importa.
El dueño es un poco…
es quisquilloso,
y sé que no quiere poner en riesgo las reservas en bloque,
- que ya demostraron ser beneficiosas. - Claro que no.
Gracias, Fred, ha sido muy instructivo.
Creo que haré una carrera insensata de esas a Venecia mañana.
- Estupendo. - ¿Le veré en Cortina?
Así será, señor. En ese caso, le deseo una bonne nuit.
Que tenga un feliz viaje sin complicaciones.
Sr. Ferguson, creía que…
¿Tiene nuestra mesa? Gracias.
Disculpe, siempre juntan mucho las mesas en este tipo de sitios.
- ¿No cree? - Puede.
¿Por qué te paras, cielo?
Es que ponen a la gente muy junta en estos sitios.
- Si el señor fuera tan… - Tranquilo, lo solucionaremos.
¡Cielo santo!
- No puede ser, Fred. - ¿Disculpe?
- ¿No es el hombre del que hablábamos? - Sí, señor.
Disculpen, pero no recuerdo haberlos visto nunca antes.
Pero nosotros a usted sí, esta tarde, jugando al golf, ¿no, Fred?
Claro, señor.
Y los dos pensamos que es el hombre que necesitamos.
- ¿Verdad, Fred? - Sin duda.
- Su mesa está… - ¿Por qué no nos acompañan?
Muy amable, pero tengo…
Gracias. Esta mesa está muy bien situada.
Bitteschön mein Herr.
- Gracias. - Bitteschön.
Bueno, y cómo puedo ayudarlo, señor…
Bill Ferguson, y este es Fred Gorham.
Encantado, mi nombre es Coburn.
- ¿Y usted? - Me llamo Lucille.
Verá, Sr. Coburn, gestionamos una agencia de viajes,
y tras ver su magnífica forma en el campo de golf esta tarde,
pensamos que quizá nos ayudaría a hacer un paquete de golf.
Bueno, se lo agradezco mucho, pero sigo sin saber cómo puedo ayudarlos.
Fred le explicará la situación, ¿no es así, Fred?
Por supuesto, Sr. Ferguson.
Nuestra idea consiste en jugar 15 partidas de golf en diez días,
con dos días completamente libres.
Sin límite de pelotas, por 75 guineas.
Mi colega, el Sr. Ferguson, opina que usted sería ideal
para aconsejarnos en el tipo de recorridos adecuado para un viajero sofisticado.
Claro.
- Gracias. - ¿Por qué?
Por estar aquí.
Ya sabe, es raro estar tan lejos de casa.
Cansado, solo, y de repente, conoce a alguien que…
- ¡Enhorabuena! - ¿Por qué?
- Por su técnica. - ¿Habla del baile?
Esa voz profunda y honesta.
Fingir que es un crío, pero que a la vez tiene mucha experiencia.
Pues seamos nosotros mismos, sin técnicas, ¿bien?
Sin técnicas.
¿Tiene una cerilla?
- ¿Su padre? - ¡No!
- ¿Su marido? - Aún no.
- ¿Pronto? - Quizá.
Los hombres maduros pueden ser muy atractivos.
Sí, sobre todo si tienen seis pozos petrolíferos.
Me temo que no puedo competir con eso.
Tal vez sí.
- ¿Está casado? - Aún no.
¿Por qué no?
Llegó el momento en que debíamos ir con todo,
casarnos y todo eso, o dejarlo.
- ¿Y no se quiere casar? - Ahora mismo no.
Y ahora menos.
- ¿Se hospeda en el hotel? - Sí, ¿y usted?
También.
La vista del lago es increíble, ¿no cree?
Yo también estoy en ese lado.
Desde la segunda planta se puede ver el Krieger horn.
Nuestras habitaciones deben estar muy cerca. Estoy en la 39.
Tenemos la 41 y la 42.
Ya veo.
El pobre Al duerme muy mal.
Tiene que tomar pastillas.
Y cuando duerme, ronca.
Ronca muy fuerte.
Es genial que tengamos un balcón en la habitación.
Sí, es muy agradable sentarse a la luz del sol.
También a la luz de la luna.
Vaya, el mundo es un pañuelo.
Hola.
- Sí que lo es, sí. - No sabía que estaba al lado.
Yo tampoco… digo, ¡qué sorpresa!
- No creerá lo que acabo de hacer. - ¿Qué?
Yo necesito algo para dormir.
- ¿Le pasa? - Pues sí, la verdad.
Puede que le pase lo mismo que a mí.
Depende de lo que sea.
Tomo pastillas rojas para dormir y azules para tener vigor.
O al menos eso creía, porque me acabo de tomar tres rojas
y me siento del todo espabilado, y eso me ha hecho pensar
que quizá las azules son para dormir y las rojas para el vigor.
- En fin, veremos. - Eso es.
¿Imagina tomar pastillas para dormir y pasar la noche en vela?
- De locos. - Quizá es por el café.
La cafeína siempre me deja en vela.
O quizá las pastillas no han hecho efecto aún.
Estoy tan bien que podría subir una montaña.
¿Y por qué no?
No, creo que usaré estas pelotas viejas
y luego me sentaré aquí a ver salir el sol por el Krieger horn.
Maldición, supongo que nunca lograré perfeccionar ese golpe.
- Podría tomar tres azules. - Quizá son esas las que he tomado.
Y si fueran las de vigor, estaría tan enérgico que no sabría qué hacer.
Podría tomar seis de las rojas. ¿O serían nueve?
Las pastillas para dormir ganarían nueve a seis, y con eso debería bastar.
Podría ser peligroso exceder la dosis, ¿y si causa una reacción en cadena?
Nada, supongo que tendré que esperar aquí toda la noche.
Oiga, ¿sabe jugar al Gin Rummy, por casualidad?
- No. - ¿Y conoce otros juegos para dos?
Bueno… no, lo siento.
Entiendo, está deseando meterse en la cama, ¿verdad?
- Bastante. - No deje que lo detenga.
No lo haré.
- Buenas noches. - A usted.
Espero que se haya tomado las pastillas correctas.
Y yo.
Estará toda la noche en pie.
Pobre Al, con las ganas que tiene de dormir.
Y yo de que se duerma. Venga a mi habitación.
Mejor no, podría asomarse y ver que no estoy aquí.
- ¿Y mañana? - Me temo que no.
Mañana estaremos de camino a Texas. Vamos a ver los pozos y a su familia.
Lucille, prométame una cosa.
Dígame.
Que si la familia es muy refinada o el petróleo muy crudo,
vendrá a por mí.
Qué dulce por su parte, Bill.
Pero es el tipo de cosas que uno dice sin pensar.
- Se lo digo completamente en serio. - Ni siquiera sé quién es ni dónde vive.
Ya le digo, es muy dulce, pero…
Mi nombre, la dirección y la llave de mi apartamento.
Pero Bill…
Es una de las cosas más bonitas que me han pasado.
Nunca creí en algo así.
Gracias.
No, debe irse ya.
Si no, estaré tentada a huir con usted.
Quién sabe, podemos encontrar petróleo.
Adiós, Bill.
Au revoir, Lucille.
- ¿Tienes la mermelada, Perry? - Sí, mamá.
Ya sabes que papi no puede desayunar sin ella.
Tengo uno, Daphne.
Aunque es de hace tres días. ¿Tienes la mermelada?
- Ten, papá. - Buen chico.
No puedo desayunar sin ella.
¿Qué tal anoche, mami?
- ¿Cómo dices? - Anoche.
Aquello que tenías que hacer.
Fue fascinante.
No soporto esas cosas.
Pasas la noche fuera y por la mañana no rindes.
Suerte que no estuviste, querido.
Mientras tú te lo pasaras bien, eso es lo importante.
Lo disfruté muchísimo, gracias.
Creo que hay que hacer ese tipo de cosas más a menudo.
Mientras no me hagas escuchar sermones sobre folclore veneciano…
No lo hago, amor.
Signore.
Sì, signore?
Dele esta llave a aquella dama de allá.
- Entiendo, signore. - Que no lo vean.
Lo entiendo perfectamente. Si me permite una sugerencia.
- ¿Entiende, signore? - Entiendo, excelente.
¡Gorham, ahí está! ¿Dónde está nuestro sherpa?
Descuide, el guía vendrá en menos que canta un gallo.
¡Qué poca profesionalidad!
- Hola, Sr. Ferguson, ¿todo bien? - Hola, Fred. Bien, gracias.
Espero que no esté muy cansado por su escapada.
Esa es la actitud.
- Antes de que lo olvide, tome su correo. - Gracias.
Va a dar comienzo una excursión.
No sé si estará muy disperso, pero quizá le gustaría unirse.
No lo creo. Gracias de todas formas.
Ingrid, al fin.
Hola, Fred, perdóneme, me he vuelto a quedar dormida.
Sí, faltaría más, deje que le presente a…
Sr. Ferguson, la Srta. Ingrid Lein, nuestra guía turística.
- ¿Qué tal? - ¿Qué tal?
- Hora de irse, Ingrid. - Sí, claro.
- Hasta luego. - Por supuesto.
Bueno, ¿estamos todos?
Muy bien, pues vámonos. Empezamos.
¿Está seguro de que no quiere venir?
¿Ocurre algo? Espero que no sean malas noticias.
No se preocupe, no tiene importancia.
Es solo una vieja amiga que se ha comprometido.
Yo siempre digo que ni sábado sin sol, ni moza sin amor.
¿Eso dices?
¿Le importaría echar un vistazo
a la campaña publicitaria de la próxima temporada?
Mejor no, creo que voy a dar un paseo.
Se fue por allí.
En ese caso, iré por allá. Necesito pensar.
Por si cambia de opinión, señor, puede tomar el atajo de la montaña.
No sé si me explico.
Lo sé. Gracias, Fred, le veo luego.
Por aquí, hacia la derecha, tienen el Klopfspitzen.
Justo a la izquierda, tienen el Zugspitze.
- Detrás de esta montaña… - ¡Eh!
¡Hola!
¡Estoy atrapado!
Parece que allí hay un tipo atrapado.
No es complicado bajar de ahí.
Quizá no para usted, pero no tenemos su experiencia.
Ich bin "atrapaden".
Es su deber ir en su ayuda.
¡Vaya a la izquierda!
¡Izquierda!
Eso es. ¡Siga así, a la izquierda!
¡No puedo, hay un barranco escarpado!
Si usted no va, iré yo.
No es lo que necesitamos, Sra. Bradshaw.
No se preocupe, puedo devolverlos sin usted.
Muchas gracias, coronel. Veo que es usted de fiar.
¡Está bien, ya voy!
Equipo, prepárense para volver a la base.
Media vuelta. Paso ligero. En marcha.
Una joven valiente.
Ahí está.
Justo como imaginaba, podría haber bajado sin ningún problema.
Perdí los nervios, entré en pánico y sentí que necesitaba a alguien.
Alguien competente, de fiar… y rubia.
- Es usted un chico malo, Sr. Ferguson. - Muy malo, me temo.
- Me siento más seguro con usted aquí. - Y yo si estuviéramos ahí abajo.
¿Le doy miedo?
No, pero tenemos que bajar antes de que suba la niebla.
- ¿Un cigarrillo? - No.
No sé qué es, pero me siento mareado.
Quizá sea la altura.
- ¿No está mareada? - Para nada.
Claro, usted es una profesional.
- ¿Y usted no? - No, solo un aficionado.
Yo también lo soy, solo hago esto en verano.
En invierno estudio música.
Ahora debemos irnos.
- ¿Se ha mareado? - Mire.
- Quieto. - Muy bien.
- Agárrese. - Perfecto.
Puede ser peligroso moverse con este clima.
A veces es más seguro esperar a que pase.
¿Y no vendrán a buscarnos?
No si llamamos desde el refugio y decimos que estamos bien.
¿Refugio?
Sí, hay gente que pasa la noche atrapada aquí.
Parece que aquí hay de todo: comida, un fogón, mantas…
una litera.
Dos literas.
Hace mucho frío aquí.
¿Por qué no trae leña mientras llamo al hotel?
Muy bien.
Vielen Dank, auf Wiedersehen.
Vaya, qué bien.
¿Cómo está el tiempo?
Pues… de maravilla, podemos volver.
¿Volver? Imposible.
No podemos volver ahora que he dicho que estamos atrapados.
Qué va, no podemos.
Sí, y después de encender un fuego así, sería una pena apagarlo.
Sería una lástima.
Hace mucho calor aquí, ¿no?
Mucho.
- ¿La ayudo? - Tal vez.
Es usted un chico malo… Sr. Ferguson.
- ¿Cuánto lleva fuera de casa? - Mucho, al parecer.
Nosotros tres meses. Mucho para un hombre casado.
Primero se compromete con otro y ahora pretende casarse con él.
Me suena bastante lógico.
¿Quiere ver lo que me espera?
- Esta es mi mujer. - Muy guapa.
Y los niños:
esta es Lulu, este es Windsor y Wilton el del árbol.
- Preciosos. - El hombre necesita casarse.
Nos mantiene estables, ya sabe, sin desviarnos.
¡Oye, Joe!
¿Qué tal si vamos al local ese?
¡Claro! Eddie dice que allí bailan desnudas.
- ¡Vamos a verlas! - ¡Sí, chicas!
Chicas, señoritas, mujeres.
Nada, dejadlo, no quiere saber nada.
- ¿No veis que está enamorado? - Perdonad, chicos.
Tomemos otra de estas, ¡eh, no lo acapares!
¿Diga?
9347, sí.
Sí, soy yo.
¿Desde España?
¿Hola, Stella?
No, soy yo, Bill.
No, no ocurre nada.
Solo que… pensaba que ya era hora de darte la enhorabuena.
Pues menuda hora has elegido.
Sí, sueno cansada.
Por supuesto.
Ian es maravilloso, ¿por qué iba a equivocarme?
Bueno, mientras seas feliz, eso es lo importante.
¿Feliz?
¿Soy feliz?
Bueno, lo importante es que tú seas feliz.
Stella… oigo un ruido muy molesto en el teléfono.
Suena como si…
¿Eres tú, Stella?
¿No me digas que estás llorando, mi vida?
Si una chica no llora cuando es feliz, ¿cuándo va a hacerlo?
Pero esto es absolutamente maravilloso. ¡Qué alegría!
¡Pues claro que estoy contento!
No quiero que te cases con él y no lo harás, esto es lo que harás…
Llevémonos a Bill a casa de recuerdo.
Un inglés disecado en una vitrina.
¿Bill?
¡Seréis idiotas! Le estaba pidiendo matrimonio.
¿Stella? Sí, soy yo, todo bien.
Claro que lo digo en serio.
Creo… creo que llego al último vuelo.
Sí, mañana estaré en Edimburgo.
Mañana. El día después de hoy, sí.
¿Te veo en el aeropuerto?
¿Y por qué no… en tu apartamento?
Cruzaré la puerta contigo en brazos, pero no sabré dónde dejarte.
Hasta mañana, amor.
Nos vemos mañana, querida. Adiós.
Gracias, señora.
FLORISTA
¡Cariño!
Stella.
Cariño.
¡Oh, querida!
Stella.
Vamos.
- Te he echado tanto de menos. - Y yo a ti.
¿No nos estaremos precipitando?
No te dejaré escapar de nuevo, vengo desde muy lejos.
No te preocupes, amor, he esperado mucho tiempo.
- ¿Y las maletas? - Luego.
- Bill. - Luego.
- Pon las flores en agua. - Luego.
- Ahora, o no te compraré más. - Pues te las compro yo.
Vamos, cariño.
¿Y eso, Bill?
¿De dónde han salido estas?
No sé, habrá sido la Sra. MacGregor.
- ¿Quién? - Mi asistenta.
Una mujer de edad indeterminada que viene a limpiar.
¿Satisfecha?
Tenemos que poner estas flores…
Olvida las flores.
Si las seguimos zarandeando así, se quedarán hechas una birria, ¿no crees?
- Solo ponlas en agua. - Mejor les busco un jarrón.
Luego, cariño.
¡Bill, querido!
No te muevas. ¡Chist!
- Pero ven, querido. - Quédate en la bañera.
- Pero Bill… - Ha estallado una tubería… de gas.
De agua, será escarcha.
- ¿En agosto? - Pues calor.
- ¿Qué hacemos? - Irnos.
Antes de que se inunde, y buscamos a un fontanero.
- Llamemos. - No.
- ¿Por qué? - Porque… quité el teléfono.
- Vamos a la oficina. - ¿No puedo esperar aquí?
No, imposible. Te necesito para traer al fontanero.
¡Bill, qué alegría verte!
Y tú… sí, os parecéis mucho.
- Debe de ser su hermana. - No lo soy.
¿No? ¿Compañeros de trabajo? Gracias por las flores, cielo.
- Stella, Lucille, veréis. - ¡Ya veo!
¡Tiene una explicación!
- Y tanto. - Vive aquí.
Eso es obvio, no tiene pinta de haber venido a tomar el té.
- Me alquila el piso. - ¿Contigo?
- Estás siendo ridícula. - ¿Yo?
- Estoy tan sorprendido como tú. - No lo estoy, es justo lo que esperaba.
A tu lado Casanova se queda corto. ¡Adiós, Bill!
Si no fueras tan terca
y posesiva y… celosa e irracional.
- ¡Adiós! - ¡Adiós!
Toma, cielo, te sentirás mejor.
Mi pobre Bill.
Sé lo que implica estar con una persona así.
Una pelea tras otra, siempre. Debes estar agotado, siéntate.
Gracias.
- Pensaba que estarías en Texas. - Al ha ido al Golfo Pérsico.
Qué absurdo.
No te creas, tiene pozos allí.
No, me refería a…
No te preocupes por ella, lo superará.
- Encontrarás a otra. - Espero que no.
- ¿Es la chica de la que me hablaste? - Sí, nos hemos comprometido.
- Lo ha arreglado tu familia, ¿no? - En absoluto, lo hacemos por amor.
Lucille, ¿tú te pones celosa? ¿Montas escenas alguna vez?
No necesito ser celosa.
- ¿Qué quieres decir? - Nunca estoy donde no se me quiere.
Haces que todo parezca tan fácil…
¿Te duele la cabeza?
Hum… un poco.
Pobrecito, deja que te ayude.
Así…
Qué gusto.
Háblame de esta chica y de todos tus problemas.
Pues mira, ella y yo…
mentalmente somos…
Quizá en otro momento.
- Y será mi culpa. - Yo no he dicho eso.
Y yo pensando que lo ayudaba a llegar al amor verdadero.
¿Qué hará con Miss Francia cuando acabe sus compras?
- No puedo echarla. - ¿Y por qué no?
No hay ni una habitación en Edimburgo.
- Puedo hacerle hueco entre mis amigas. - No, no puedo permitirlo.
Bill, es usted incorregible.
- No soy un canalla, Maggie. - No, no.
- Es solo que con Lucille en el piso… - Le gusta que lo incite a serlo.
Bill, ya es usted mayorcito para saber que no se puede tener todo.
- ¿Ah, no? - No.
Ahora vaya a decirle a Miss Francia que esta noche se viene conmigo.
- No puedo hacer eso. - Pues lo haré yo.
Ahí están mis chicas.
- Chicas, este es el Sr. Ferguson. - Hola, encantadas.
Hola.
Espero que lo pasen muy bien, avísenme si necesitan algo.
El Sr. Ferguson nos ha invitado a todas a una recepción en la galería de arte.
Y ahora, sigamos con su misión.
Compruebe si Miss Baguette ha vuelto a casa.
Bill.
- Bill. - Sí, claro.
¿No dijo que eran literatas?
Dije que el círculo mandaría a un grupo.
Estas son hijas y sobrinas de las miembros.
¿Creéis que vendrá a la fiesta?
¿No os encantaría verlo con una de esas faldas?
Me fastidia que las mujeres de mediana edad se queden con los maduros.
Sí.
¿Hay alguien?
Un segundo.
¿Cómo quiere que la presente?
- Vieja amiga, viejo amor, como vea. - Muy bien.
- Espere, ¿y si me presento yo? - Genial.
Yo mientras…
Hola. Permítame que me presente, soy Maggie.
Hola, Stella.
Mira, cariño, yo… No, escucha.
Si me escuchas, te explicaré…
Sí, se había mudado, pero ya se va.
Sí, la he enviado al hotel.
El de siempre no, o sea, no al que te iba a llevar cuando…
¿Stella?
¿Stella?
¿Estás ahí?
Esa rubita encantadora es todo un bombón.
Maggie, Lucille es pelirroja.
¿Sí? Pues ese bombón encantador es rubio.
- Tiene que revisarse la vista. - Es posible, pero esa jovencita es rubia.
Además, no responde al nombre de Lucille.
No me diga que…
Sí, a menos que me equivoque, ¡ya estamos todos!
- ¡ "Billiam"! - ¡Ingrid!
Billie, qué maravilla volver a verte. ¿No te alegras de verme?
Pues claro, estoy eufórico. Bienvenida al equipo.
No habrás olvidado la invitación en el Klopschpitz, ¿no?
No, claro que no. Disculpa.
Maggie, no se vaya. ¿No ve que necesito una carabina?
Lo que usted necesita no es una carabina, es un gemelo.
Maggie, yo…
Mira, Bill, te he traído flores.
Preciosas… será mejor que vaya a…
Claro.
Bueno, pues ya está arreglado.
¿Cuánto tiempo crees que te quedarás en Edimburgo?
No será mucho. Ven, siéntate aquí, "Billiam".
- Claro. - ¿Te molesta que haya venido?
- No, verás… - Es que pareces molesto.
No, al contrario. Estoy encantado, pero algo sorprendido.
Por cierto, si necesitas toallas o…
- Gracias, pero nos las hemos arreglado. - ¿Hemos?
- ¿Has conocido a Lucille? - ¿Es la que se queda en el otro cuarto?
Sí, se va a quedar aquí unos días.
Para el festival. Le gusta Schoenberg.
Y si tanto le gusta, ¿por qué no se queda con él?
"Billiam", eres un chico malo. Pero que muy muy malo.
Bueno, tú tampoco eres una santa.
Dejaste a los turistas vagando por las montañas.
- Podrían haber caído a una grieta. - Tuve que rescatar a un inglés.
- Fue un gran rescate. - ¿No lo has olvidado?
¿Cómo iba a olvidarlo?
Este sofá es tan suave y tan cómodo.
- Mucho más que aquella litera. - Y mucho más práctico.
"Billiam", la próxima vez que vayamos, nos llevamos el sofá, ¿de acuerdo?
Muy bien.
- Genial, Bill. - Genial, Ingrid.
Ojalá no estuvieran ni Lucille ni…
Ecco, ecco!
Che cosa? ¿Che cosa succede?
Giulio, ¿ya se ha acabado el ensayo?
Y tú ya has empezado a ensayar, ¿no?
Bill, este es mi amigo Giulio. Giulio, este es Bill.
No seas malo, ¿eh? Es el dueño del apartamento.
Ah, ya veo. Me presentaré entonces.
Esto es en señal de gratitud.
Gracias, muy amable.
Iré a ponerlas en agua.
¿Dónde vas?
Voy a ayudar a Bill con las flores.
- Os lleváis muy bien, ¿no? - Ni la mitad de bien que contigo.
- ¿Quién es tu amigo italiano? - Lo conocí en Roma.
Dijo que venía a tocar al festival de Edimburgo, así que le dije
que tenía la llave de un piso y que yo también iba.
- "Billiam", ¿estás enfadado? - No, tranquila.
Pero como alguien más traiga flores voy a necesitar otro baño.
¿Quiere una bebida antes de empezar a… empezar?
No bebo alcohol, gracias.
Pero si insiste, tomaré un batido de fresa.
- No creo que tenga los ingredientes. - Mejor un vasito de agua, ¿vale?
Mi médico me dijo que nunca bebiera agua en el extranjero.
Y ahora, si no hay batido, tengo mucho que practicar.
Si me disculpa.
- Ingrid. - Subito.
Esta es Lucille Daumier, también se aloja aquí.
Estos son Ingrid y Giulio, que también se alojan aquí.
- Mademoiselle. - Fraulein.
- Monsieur. - Un momento.
- No me hablaste de ellos. - Porque no sabía nada.
- Deshazte de ellos, ¿vale? - Bueno, yo…
Signorina, pardon.
El arte por encima de todo, ¿no?
- Me encantan las mujeres francesas. - Estupendo, ¿y usted a ellas?
Pregúnteles a ellas. Mademoiselle, es usted preciosa.
Giulio, pórtate bien.
- Bill, dile que se porte bien. - Eso mismo.
- ¿Cómo dice? - Que no sea malo.
- ¡Un artista nunca es malo! - C'est le métier.
- ¿Qué ha dicho? - Que los artistas son así.
No está intentando robar a nadie.
¿Me ha llamado "cigarro"? Dígale que "no llamarme" así.
- No le ha dicho eso. - La he oído.
He dicho "ce garçon", que significa "bambino", o sea, usted.
- ¿Ha llamado cigarro a mi chico? - Que no.
- Dile esto de mi parte. - No quiero saberlo.
Ça suffit comme ça, allez.
Por favor, soy artista.
¿Puede hacer el favor de irse? Giulio es un gran artista
que necesita paz y silencio para trabajar.
Debe practicar para el concierto.
- ¡Bill, dile que se vaya! - ¡Ja!
¿Bill?
¿Las ayudo? Soy Stella Napier.
Vaya, encantada de conocerla.
Soy Maggie Shoemaker, y ellas son de un grupo de lectura,
pero no saben mucho de arte moderno y me preguntaba si podría contarles algo.
- Faltaría más, señora. - Muchas gracias.
- Síganme, por favor. - Venga, chicas.
- Hola, Bill. - Hola, Maggie.
¿Qué tal va ese eterno triángulo, cuadrado, pentágono o lo que sea ya?
Fatal. He llamado a Stella varias veces, pero no contesta.
Olvida el teléfono, lo que cuenta es el hombre que está a tu lado.
Hablo desde la experiencia.
Vamos, es su oportunidad. Dé el paso y vaya a por todas.
A por ella.
Mire, ahí está. Protegida por mis chicas.
- Gracias, Maggie. - Vamos, ¡buena suerte!
Hola… querida.
Bill, no hemos tenido ocasión de hablar ni de estar juntos.
Es difícil con tanta gente en el apartamento.
¿Cuándo volvemos a estar solos?
- Muy pronto, lo prometo. - Te quiero solo para mí.
Sí, y yo.
Si me disculpas, he de hablar con alguien.
- Solo los colores fríos, ¿ven? - Stella.
Lo siento, estoy ocupada.
Si me acompañan, les mostraré más de este artista.
Nunca había visto unos azules y verdes así, ¡es fabuloso!
- Y aquí… - Stella ¿puedo preguntarte algo?
No, vete.
No puedes echarme si admiro las obras.
- Pues admíralas. - Sí, señorita.
Estaba pensando que podría sacar a Ingrid a cenar esta noche
y hacer que la pobre se divierta.
- ¿Pobre por qué? - Porque apenas se ven, solo practica.
¿Por qué le preocupa Ingrid de repente?
Me gusta ver feliz a la gente. Confíe en mí, Giulio, sé de lo que hablo.
Prométame que la sacará esta noche, ¿sí?
Muy bien, lo prometo.
Y procure que se divierta mucho: cenen, bailen, de todo.
Lo que sea por complacerla.
Me encantan los italianos.
¿Y qué hará usted esta noche?
Me apetece estar tranquila en casa, creo que me acostaré temprano.
Observen cómo la manada fluye por todo el lienzo.
Y la línea de la colina sube y baja.
Debe de ser muy sensible. Mira cómo ha pintado esas vacas.
- Es contrapunto. - Creo que lo han malinterpretado.
- ¿No es contrapunto? - No, que no son vacas, son toros.
No es relevante para el cuadro.
Bueno, lo es para los toros.
Aquí hay un dibujo que hizo del toro.
Stella, sobre Lucille, la conocí hace años y le di mi dirección por cortesía.
Y ahora vive contigo. Vive la politesse.
¿Y qué hago si aparecen amigos sin avisar?
- Y no estás al día. - ¿No?
- Vino otra persona que conocí en un tour. - Qué cordial.
¿No me digas que lleva pantalón de cuero y sombrero?
No exactamente.
¿Has visto a Giulio? Es que siempre llego tarde.
Sí, hace un momento estaba allí, si corres hacia…
Srta. Ingrid Lein, Srta. Napier.
- Trabaja en la galería. - Qué interesante.
Estaba viendo el cuadro de un hombre con "caita".
Gaita.
¿Podría llevarme una copia?
Me temo que está todo agotado, pero si me da su dirección puedo…
Mira, ahí está Giulio.
¿Puedes darle la dirección del apartamento?
Ya la conoce.
Pues no, ni pantalones de cuero ni sombrero.
Al fin la encuentro, Srta. Napier.
Las chicas han disfrutado mucho de su explicación.
La adoran y quieren volver a verla,
así que quería invitarla a una fiesta informal que daré.
- Nos encantaría verla allí. - Verá…
Excelente, allí la veré. Es el sábado.
¡Qué alegría!
- Siempre me toca esperar. - Justo te estaba explicando que…
Esa chica parece muy triste.
Hola.
- ¿Ya te vas? - Sí, porque sabía que tú también.
¿Quieres que salgamos a cenar?
¿Y por qué no en tu piso?
Solo tengo latas y algunos huevos.
- ¿Y brandy? - Sí.
Pues te enseñaré qué se puede hacer con huevos y brandy.
Pareces cansado, querido. ¿Has tenido un día duro?
Sin duda.
No permitiré que hagas nada esta noche.
¿Nada de nada?
Casi nada.
Pobre Bill.
Bueno, pobre tampoco: tengo música, buena comida y a ti ahí sentada.
¿Qué más podría desear?
A alguien que no está aquí sentada.
¿No es así, Bill?
Lucille, ¿estás celosa?
Sí, lo estoy.
Eres el primer hombre que me hace sentir celos.
Debería estar muy enfadada.
- ¿Y lo estás? - Hum.
Creo que eres el hombre más bribón.
Yo también lo creo.
- Bill, ya está hirviendo. - Pues ya somos dos.
Bill, tengo que apagar el gas. Por favor.
Maldita sea.
Se irán.
No parece que haya nadie en casa.
- No sabíamos que estaba. - Pensábamos que…
Discúlpenos, por favor.
Nos iremos y le llamaremos más tarde.
Esperad, ¿de dónde demonios habéis sacado esto?
¿No se acuerda? La mandó a nuestra mesa.
Dentro de un melocotón, en Venecia.
Sí, claro.
¿Cómo está tu madre? Es decir, tus dos padres.
Se acuerda.
Sí que me acuerdo.
Es lo más romántico que me ha sucedido.
Ya.
- Y ¿qué os trae por aquí? - Venimos por el festival.
¿No habéis reservado?
En realidad es culpa mía.
Convencí a Harry para gastar el dinero del hotel en esta cámara.
- Ya sabe, cosas que pasan. - Sí, lo sé.
- Y aquí estábamos. - No imaginábamos que estarían… en fin.
Mira qué flores tan bonitas, Bill.
Os presento a la Srta. Lucille Daumier.
- Soy Harry, de Harriet. - Yo Perry, de Peregrin.
Los Reece Peters.
Bueno, supongo que debemos irnos. Aunque no sé adónde sin un penique.
Deja que vea…
Supongo que será mejor que entréis.
Tranquilos, si hacemos malabares, cabremos todos.
Como una gran familia feliz.
Ingrid, ¿qué pasa? Pensaba que usted y Giu…
Yo también lo creía. Ese horrible Giulio…
Prometió llevarme a cenar y ahora se va con una inglesa.
¿Qué inglesa?
- Esa que tú conoces. - ¿Stella?
¿Con Stella? Se ha vuelto loca.
¿Y eso por qué? ¿Qué tiene Giulio de malo?
Es un hombre muy atractivo y tiene todo el derecho a salir con él.
- Por supuesto. - Pero él no de irse con ella.
Es solo un crío.
Es un gran artista, pero con las mujeres es como un niño.
Pues eso espero.
- ¿Y tú qué haces? - Estoy cuadrando cosas.
- ¿Qué cosas? - Cómo dormir de manera respetable.
- ¿Respetable? - Bill, hay niños en casa.
- ¿Hay noticias de Giulio? - No, pero ya no me importa.
Espero que nuestra presencia no les afecte de ninguna forma.
¿Cómo dices?
Lo que digo es que imagino que su idea original
no era dormir conmigo, ¿entiende?
Desde luego.
Es decir, que si no puede coger el sueño, puede ir a dar un paseo, ya sabe.
¿Ya sé?
Claro, uno no es tan ingenuo con estas cosas, ¿no?
Por supuesto.
Todos a la cocina a fregar, por favor.
¡Mira quién está aquí!
¿Qué pasa? ¿Por qué rompes los platos ahora?
Porque prometiste llevarme a cenar y te vas con otra. ¡Vaya educación!
Son relaciones públicas, hago contactos en arte.
Salí con Stella a cenar para hablar sobre mi arte.
- ¿A qué restaurante? - Oh, La Venezia.
No será que…
Eres un chico muy malo.
- Soy natural. - Demasiado natural.
- Si no te gusta… - ¿Quién ha dicho que no?
Bueno, pues si te gusta…
- Buenas noches, Bill. Que descanses. - Buenas noches, Lucille. Igualmente.
- Buenas noches, Perry. - Adiós, Lucille.
Bill, ¿cómo se consigue a alguien como Lucille?
Igual que en la ruleta, teniendo mucha suerte.
Buenas noches, Perry. Acuéstate ya.
- Cállate. - Adiós, Bill.
Buenas noches, Harry. Dulces sueños.
Venga, a la cama.
- Buenas noches, "Billiam". - Adiós, Ingrid.
Buenas noches, Perry.
Bill, acabo de ver el cielo.
¡Bravo, bravo!
Lamento muchísimo la tardanza,
pero Giulio no ha podido salir antes, muchos autógrafos.
- Ah, sí, el concierto, ¿cómo ha ido? - Oh, fantástico, la verdad.
Maravilloso, ¿ha ido mucha gente?
Estaba completamente abarrotado.
Eso explica por qué no conseguí entrada.
¿Quería decirme algo, Sra. Shoemaker?
Sí, pero mejor en privado.
¿Consideraría una grosería que le robara al Sr. Nairn unos minutos?
No, en absoluto.
¿Le importa cuidar al Sr. Ferguson? Que no se meta en líos.
- Disculpe. - Venga, Sr. Nairn.
- Menuda coincidencia. - Totalmente inesperada.
Hola.
- ¿Es tu nueva adquisición? - ¿Nueva adquisición?
Sí, la rubita con los ojos como huevos escalfados.
Es la hija de una vieja amiga.
- Ese con el que baila es su hermano. - ¿Su hermano?
Pensaba que sería el fruto de una de tus aventuras de juventud.
Ay, Stella, si supieras cuánto te he echado de menos.
Como un jovencito desvalido.
Vayamos a un sitio donde podamos hablar y…
- ¿Y? - Pues eso, hablar.
¿Sabes qué? Vamos a La Venezia.
No, hay demasiada gente. ¿Sabes qué? Mejor a tu apartamento.
No, demasiada gente.
- Bill, quiero ir a tu piso. - Y yo tanto como tú.
Pero los tendríamos dando la lata.
Pueden dar la lata en otra parte.
- Sé razonable. - ¿Por qué?
Son invitados, no puedo dejarlos en la calle.
No veo por qué no, ¿no vinieron de ahí?
No voy a echarlos y punto.
Está claro a quién prefieres.
Stella, no seas ridícula, en un par de días se habrán ido.
Y volverás a ser un lobo solitario de caza.
Si piensas así, ¿por qué has perdido el tiempo conmigo?
Me marcho.
Mañana es domingo, ¿quieres que nos veamos?
No hace falta que decidas ahora.
Llámame cuando sea entre ahora y mañana.
Y te prometo el día entero.
Si no llamas antes de las diez, lo olvidaremos.
Está en tu mano, Stella.
Usted no se va.
- Sí, Sra. Shoemaker. - No, no se va.
Quiero hablar con usted.
Ojalá entendiera cómo se afectan el uno al otro.
Cada vez que quiero juntarlos, uno se larga.
Eso demuestra que somos… es decir, que no somos…
Nada de eso, eso solo demuestra que lo ama.
- Pero es muy orgullosa para admitirlo. - Es verdad.
Y ¿por qué no llama a Bill y le dice que se verán mañana?
- ¿Relación a distancia? - Sí, Sra. Shoemaker.
- Suficiente, dile "te quiero" y cuelga. - Sí, Sra. Shoemaker.
¡Te odio!
Muy bien.
¡Vamos, llámelo!
Pero ¿de verdad piensa que me voy a humillar así?
- ¿Después de darme un ultimátum? - Claro.
¿Es así como tiene que quedar, Sra. Shoemaker?
Es para hombre, cielo, y no suele llevarse con ese conjunto.
Supongo que tendré que comprarme la falda.
¿Por dónde íbamos? Ah sí, iba a llamar a Bill.
- No es así. - Mire, Stella.
Hoy en día, si quiere un hombre, tiene que ir a por él.
Yo quería casarme con uno, pero estaba rodeado de mujeres.
Las secretarias le llevaban flores, todas lo mimaban.
¿Quiere saber qué hice?
Fui una mañana a su oficina con un enorme ramo de crisantemos.
Y le dije: "Jackson P., si alguien tiene que traerte flores, seré yo".
¿Y bien?
Soy la Sra. Jakson P. Shoemaker desde entonces.
La moraleja es que persiga lo que quiera,
cuando quiera, y tómelo. ¿Llamará a Bill entonces?
No lo sé.
Stella, solo le quedan unas horas para aclararse, y le aviso,
iré a su apartamento a las 10:00,
y como siga allí, le retorceré su bonito cuello.
Hola.
Muy bien, un segundo. Es para ti.
- ¿Para mí? - Un telegrama.
Hola. Sí.
Sí. Gracias.
- Vamos, vestíos todos. - ¿Dónde vamos?
- A la playa, haremos un picnic. - Me encanta el picnic.
- Genial. - ¡Qué chachi!
Conmigo a hacer sándwiches. Tú.
Perry, ¿abres la capota?
Lucille, hay cerveza en la nevera y vino…
Pare, por favor.
- ¿Puede dar la vuelta? Deprisa. - Obvio, llevo 30 años conduciendo.
Pues siga haciéndolo.
- Me gustaría seguir a ese Jaguar. - ¿Eso quiere? Ya veo.
PELIGRO
A LA PLAYA CIRCULE DESPACIO
No les siga más, lo ha hecho estupendamente.
¿Hará el resto a pie? Creo que yo haría lo mismo.
- ¿Recuerda lo bien que da la vuelta? - Sí.
- ¿Puede repetirlo? Quiero volver. - ¿Así van a la playa en América?
- Dese prisa, no hay tiempo. - ¿Me toma por Stirling Moss?
Hola.
Ahí tiene, señorita. Así estará cómoda.
¿Puede meterlo por mí?
Bill, ven, el agua está helada.
Conociéndote, la calentarás enseguida. Ahora voy.
Lo sé, doy la vuelta tan bien que quiere que lo repita.
Y sí, lo más rápido posible, porque no hay tiempo.
Sé que no estoy haciendo lo correcto.
Lo importante es hacerlo, querida.
- Bill. - Hola, Harry.
No sabía que estaba aquí, ¿verdad?
- No seas boba. - No haga eso.
Odio que me den palmadas, me siento con un perro.
Muy bien, no lo volveré a hacer.
- Bill. - Harry.
¿Por qué siempre escoge mujeres tan inadecuadas?
Por ejemplo, Lucille.
No me la imagino planchando ni limpiando la chimenea.
Ni haciendo nada. Es decir, mírela.
Suficiente.
¿E Ingrid? Giulio es más su tipo.
Ambos son tremendamente impulsivos, y usted no lo es.
Tampoco es que yo tenga la sangre fría.
No hablaba de su sangre, hablaba de su carácter.
Y diría que sus impulsos son por supervivencia.
De hecho, es el hombre más cauto que he conocido.
Veo que me has estado estudiando.
Sí, mucho y, en mi opinión, si sigue posponiéndolo todo tanto,
acabará perdiendo ese tren para siempre.
¿Sabes qué, Harry?
Tienes toda la razón, es ahora o nunca.
Si no me lanzo al agua ahora, ya no lo haré.
Iríamos más rápido a pie.
No deberías dejar cebo en el agua, atraerás a los tiburones.
Tú no eres un tiburón, eres una marsopa.
No sé si me gusta eso.
¿Por qué? Si es un animal encantador, la marsopa.
Cuando estás en el mar, suelen nadan junto al barco
y te hacen compañía, y de pronto…
- ¿De pronto qué? - Miras alrededor y ya no están.
Pronto me marcharé.
¿Y por qué no te quedas en…?
Por el telegrama de esta mañana.
Era de Al, quiere que vaya a Roma para casarnos.
Dice que es ahora o nunca.
- ¿Y qué, no estarás pensando…? - Sí, va a ser ahora.
- No. - Sí, ahora.
- Al es una persona encantadora. - Y tiene unos pozos encantadores.
Exacto, ¿no crees que es una combinación espléndida?
Las mujeres sois realmente extrañas.
Claro, y los hombres no sois nada raros.
Cielo, ¿de verdad esperas que me quede aquí y sustituya a tu querida Stella?
¿Te sorprende que no quiera hacer algo así?
¿Por qué crees que vine aquí?
Aquella noche en Austria, pensé que quizá,
a lo mejor, tú eras la respuesta a todo.
Alguien con quien volverme loca, ser sensata e incluso sentar la cabeza.
Pero ese momento ya pasó. No, Bill, no finjas, por favor.
Con la mentira se llega lejos, pero no se puede volver.
Eres una mujer extraordinaria.
- Nunca te olvidaré, Lucille. - Claro que lo harás.
Me desvaneceré de tu memoria como el pato de Cheshire.
Gato. El gato de Cheshire.
Y has olvidado el resto del cuento.
La sonrisa nunca desaparece.
Au revoir.
Gato de Cheshire.
Adiós, marsopa de Cheshire.
Es inútil, estarán en cualquier parte.
¡Eh, ahí abajo! ¡Ayuda!
Estoy atrapada. Ich bin "atrapaden".
¿Por qué no viene a ayudarme?
¿Qué le ocurre?
Ya se lo he dicho, estoy atrapada. ¿Es que no lo ve?
¿Cómo pueden ponérselos solas
si luego necesitan a un hombre para desabrocharlos?
Inventarán uno que se pueda quitar sin la ayuda de un hombre.
Sí, pero entonces las mujeres ya no los usaremos.
Gracias, así está bien.
Si no recuero mal, pasó algo parecido aquella noche.
No me sorprende.
Siempre me pasan este tipo de cosas, y es muy embarazoso.
Ojalá estuviéramos en ese refugio.
Sí, pero no lo estamos.
No puedes pasarte la vida en un refugio.
Tarde o temprano, la niebla se esfuma y tienes el resto del mundo ante ti.
Y ya no lo puedes ignorar.
- Por mucho que uno quiera. - No es mi caso.
No volveré a las montañas.
Dejaré la escuela de música y…
Ingrid, volvamos. Una vez más, tú y yo. ¿Qué me dices?
No, aquello fue espontáneo.
Dos veces no es espontáneo. Sin palabras, sin complicaciones.
No, "Billiam", creo que mejor no.
¡Ingrid!
¡Ah! Estás aquí, te estaba buscando.
Qué cara tan bella, pareces Isolda.
Pues no sé qué decirte, tú no te pareces a Tristán, ¿no?
- Quizá. - Casanova.
¿Yo, Casanova? Tú eres Casanova, no yo.
Que aprovechas mi siesta para hacerle el ñiqui-ñiqui, ¿no?
Vamos, Ingrid.
¿Y qué hay de la otra noche entre Stella y tú?
No hay niente.
No tienes derecho a hablar a Stella porque la pones triste.
¿Verdad, bella mia? La haces infeliz.
No tienes derecho a casarte con ella.
¿Y qué derecho tienes tú sobre Ingrid? ¿Vais a casaros?
Sí, lo haremos.
¿En serio? ¿Lo dice en serio?
Maestro, maestro.
- Allegro… - Ma non troppo.
¡Buona fortuna!
Nunca los encontraremos.
Aún tenemos 20 millas más por ver antes del anochecer.
Ya le dije que tanto Ingrid como Giulio eran impulsivos.
Y así ha sido, no me sorprende.
Ya veo, ¿qué más brillantes predicciones ocultas bajo la manga?
Primero, que se pelará como una patata si no se pone de esto.
Estoy bien.
Está bien equivocado, en realidad.
Usted no puede verlo.
- Pero lleva tiempo equivocándose. - ¿En qué sentido?
Que no ve lo que tiene delante.
- ¿Y qué es? - Que lo amo.
- ¡Harry! - Lo amo.
- Pero no sabes nada del amor. - Lo sé, ¿no es genial? Enséñemelo todo.
Bill, creo que este es el mejor día de mi vida.
Ahí están. Muy bien, querida.
Ahora la nave se desprende del propulsor. A partir de aquí, va sola.
Soy justo lo que necesita, Bill, ¿no le parece?
- Y tengo buen aspecto, ¿no? - No está mal.
¿Lo ve? Pues ya está.
Y mejor aún, estoy disponible. Muy disponible.
Eres muy dulce.
¿Entonces acepta? ¿Se casará conmigo?
Será muy divertido, Bill, totalmente divertido.
- Estoy completamente emocionada. - ¡Espera, Harry!
¡Escuchad todos! Ingrid, Giulio, Lucille.
¡Bill y yo nos hemos comprometido!
¿No es genial? Nos hemos comprometido, Perry.
¡Stella!
Os pido que me disculpéis, luego os lo explico.
¡Stella, Stella!
¡Stella!
Oiga, no está permitido el acceso sin la vestimenta…
- Stella, vamos, bájate. - ¡Vete!
- Está molestando a la señorita. - Oiga.
Baja o te bajo yo.
¿Le parece manera de comportarse en un Sabbath?
- Se acabó. - ¡Bill!
No secuestrará a una señorita durante mi servicio.
Es por su bien, ha huido de una institución mental.
¡No es cierto!
¡No le crean, no es verdad!
Tranquilos, cálmense todos, todo está en orden.
La muchacha ha escapado de un asilo cercano.
Sin duda será su médico.
- No hay ningún asilo cerca. - ¿Cómo dice?
¿Acaso un médico competente vestiría de esa guisa?
Pues ahora que lo dice, lo dudo mucho.
Bill.
- Bill, ¿piensas soltarme? - No.
Te has comprometido con esa niña cursi.
- No, contigo. - Pero ella dice…
Me da igual, hemos terminado.
Tú y yo nos casamos, y con una licencia especial.
Con luna de miel en Roma, Venecia, París y Positano.
- Pero… - Y tendremos cuatro niños.
Eres la persona más engreída que conozco.
Va listo si crees que te estaré esperando cuando te canses de tu harén.
Flores. Quiero montones de flores, bombones y cenas caras
para compensar todo lo que has hecho.
Ya lo tenías. Te llevaba, te despedía con un beso.
Recordaba tu cumpleaños, era amable con tu madre.
Ya estamos.
- Bill. - Dime.
¿Seguro que no quieres mirar el baño?
Estoy seguro.
¿FIN?
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