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Sebastián, soy Alberto, la luz otra vez.
No, el diferencial está subido, lo he bajado y subido, pero nada.
No, no, no tengo nada enchufado.
Bueno, sí, el frigorífico sí, pero eso no creo que consuma mucho.
Espera, a ver, que ha vuelto la luz.
No, no, no he tocado nada.
Pues no lo sé,
pero necesito que vengas a arreglarlo cuanto antes.
No, es que el lunes entra a vivir el inquilino,
va a tener que ser el finde. ¿El domingo a las 9?
OK.
Perfecto, gracias, Sebastián. Hasta luego.
- Buenas. - Hola, Alberto, ¿qué tal?
- ¿Qué tal? - ¿Somos los primeros?
Sí, coged un par de sillas del comedor, por favor,
que tengo que ordenar un poquito esto.
Ah.
Un poquito o un muchito, ¿eh?
Llamemos a las cosas por su nombre, sin eufemismos.
Este piso no lo alquila en su vida, vamos.
¡Madre del amor... hermoso!
Si su madre lo viera, seguro que se levantaba de la tumba.
Ah, doña Carmen, que en paz descanse.
Este... Este Alberto es un rata.
Yo tengo un amigo que tiene una empresa de mudanzas
y le hizo un presupuesto cojonudo,
pues nada, a este... le pareció demasiado caro.
El tema no es la mudanza, Fernando,
el tema es que Alberto
tiene que hacer una reforma general de la casa, se cae a cachos.
- ¡Hola, cariño! - Señora presidenta.
- ¿Qué tal, Alberto? - Bien, ya están Fernando y Ricardo.
¿Qué pasa, tío?
- ¿Cómo va eso, Lucas? - Bueno.
El squash, Fernando, lo mejor para adelgazar, hazme caso.
A mí el ejercicio me engorda.
Cuanto más ejercicio hago, más como.
La única forma de adelgazar es cerrar la boquita.
Yo creo que es el culpable
de la basura que aparece en el portal todos los domingos.
La puerta se queda entreabierta
y hay basura por todas partes vamos.
Pero, Lola, por favor, que Tono ya no vive aquí.
¿Tú te crees que va a venir todos los domingos a tirar la basura
- solo para fastidiarte? - Sabe que soy la presidenta.
Que la ha tomado conmigo.
Que no, Lola, eso son los clientes de la discoteca
que se cuelan en el portal.
Cosa que no pasaría
si todos os aseguraseis de cerrar bien la puerta.
Tiene que hacer "clac".
Luego mover un poco el pomo hasta que vuelva a hacer "clac".
Si no, se queda entreabierta y todo el mundo puede pasar, cualquiera.
Lo que tenemos que hacer es poner cámaras de seguridad.
No puedo estar contigo más de acuerdo, pero...
Alberto no quiere.
¿Es que vosotros sabéis lo que cuesta instalar un sistema de video-vigilancia?
Sale más barato contratar a alguien.
¿Por qué no cambiamos la cerradura?
Cambiar esa cerradura cuesta más que la puerta.
- Es del siglo pasado. - Pues cambiemos la puerta.
Cambiar esa puerta cuesta más que el ascensor, Lola.
Pues algo tendremos que hacer
porque esto es una auténtica guarrada.
Yo colocaría unas cámaras de seguridad de mentira,
de esas que parecen de verdad, pero son de plástico
y luego pondría un cartelito de esos que dicen:
"Le informamos de que está siendo grabado".
Si queréis, yo me encargo de diseñar los carteles, se me da de locos.
- ¿Qué tontería es esa, chaval? - ¿Qué pasa?
El padre de un colega lo tiene en su joyería.
Por 20 pavos compramos dos cámaras de esas.
¿La joyería de tu colega tiene cámaras de plástico?
¿Quién va a ser el listo
que piense que una joyería tiene cámaras de mentira?
Entonces, ¿para qué gastarnos el dinero en eso
si por 20 pavos tenemos el mismo servicio
y por 10 euros más, te lo instalan ellos mismos?
Esto es como los radares,
solo con ver el cartelito frenas por si acaso.
Oye, Lucas, ¿dónde dices tú que está la joyería de tu amigo?
A ti te lo voy a decir.
¡Uy!
¡Joder!
¿Has pagado el recibo, Alberto?
Ya, es que no sé qué puede ser, ya he llamado para que lo arreglen.
- Mira a ver el diferencial. - Que no, eso no es.
Tiene que ser el frigorífico, es lo único enchufado.
No, los frigoríficos no te provocan un corte eléctrico.
Los de ahora no, pero el de Alberto debe tener... 50 años.
¿Queréis que nos vayamos a mi casa?
- Bueno. - ¡Ay!
- ¡Joder! - ¡Ay!
Vamos a empezar la reunión antes de que nos quedemos sin piso.
Falta Nuria.
Falta Nuria,
pero esto ya lo habíamos hablado en la reunión anterior.
Lo siento, es que hoy tengo un poquito de prisa.
Y yo, pero las cosas hay que hacerlas
según marcan los estatutos.
La llamo.
Este no suelta el móvil ni aunque lo maten.
- Nada. - ¿Nada?
No da señal.
Pues en ese caso y habiendo un aviso de llamada,
señora presidenta,
puede ir haciendo la lectura del orden del día.
Bien,
como os comuniqué por correo electrónico el mes pasado,
este es el presupuesto que mejor nos conviene
para nuestras necesidades y además es el más económico.
Aun así, os entrego copia impresa para que conste en acta.
Bien, y ahora procedamos a la votación
para el cambio del ascensor según presupuesto.
¡Otra vez, no!
Yo creo que sería mejor continuar esta reunión en casa de Lola.
Ahora vuelve, Fernando, no seas impaciente.
- Ya va. - ¿Ves?
Ya, pero ¿esto va a ser siempre así, todo el rato?
Voy yo.
- Hola, Alberto. - Hola, Nuria.
¿Qué tal?
¡Ay! ¡Perdón, perdón!
Perdón, es que había una cola... terrible en la farmacia, lo siento.
- Bueno... a todos. - Bonita.
Llegas justo a tiempo, Nuria.
- ¿Sí? - Sí.
- ¿No habéis votado todavía? - No, no.
Dale un papel del presupuesto.
No, no hace falta, me acuerdo del mail.
- Vale. - Bueno, ahora sí,
votos a favor para cambiar el ascensor.
Queda aprobada la obra para el cambio del ascensor.
Un momento, un momento, por favor, todavía no hemos terminado.
¿Qué falta ahora, Ricardo?
Eso digo yo, ¿qué falta?
Habrá que proceder según el orden del día.
Pero si la reunión era para el ascensor.
Sí, pero es de rigor consultar a los asistentes
si quieren añadir algún asunto al orden del día.
O hacemos las cosas bien o no las hacemos.
A ver.
¿Alguien quiere añadir algún asunto al orden del día?
- No. - Que conste en acta.
- Ahora sí. - Ea.
Pues muchas gracias a todos por venir.
- Adiós a todos. - Adiós, adiós.
- Ay, qué alegría. - Ya tenemos ascensor.
- Ya hemos cambiado el ascensor. - Sí.
- Chao, hasta luego. - Hasta luego, Fernando.
Alberto, oye, que el colega este
que estaba interesado en alquilarte el piso
al final no se tiene que ir del suyo.
Ah, no te preocupes, ya tengo inquilino.
- Ah, ¿sí? - Sí.
Pero bueno, qué bien, enhorabuena.
- ¡Oye! - ¿Qué pasa?
Que Alberto ha alquilado el piso por fin.
¡No jodas!
- Anda, qué alegría. - ¿En serio?
Sí.
En una hora viene a firmar el contrato
y el lunes entra a vivir así que tengo que recoger.
¿A quién se lo has alquilado?
A un compañero nuevo de trabajo que tengo que se llama Joaquín.
¿No será por casualidad de mi edad?
No.
- Es un poquito más joven. - El amor no tiene edad.
Eso es verdad, Lola, nunca se sabe.
¿Y esa empresa en la que trabajas está contratando a gente
con la que está cayendo?
Sí, bueno, ha entrado a trabajar
a través de un programa de re-inserción social
y me dijo que andaba buscando piso, le ofrecí el mío, vino, le gustó.
Hecho.
Re-inserción social.
¿Acaba de salir de la cárcel?
¿Eh? ¡No!
Bueno, no que yo sepa vamos.
No, es que han entrado a trabajar
siete personas que tienen problemas de salud mental
a través de un programa de re-inserción laboral
y la verdad que están muy bien esos programas, no los conocía.
¿Cómo que problemas de salud mental?
¿Te refieres a que está loco?
¿Loco? No, no, no.
Si acabas de decir que tiene una enfermedad mental.
Está en tratamiento por un problema de salud mental, sí,
pero hace una vida completamente normal,
ya os digo que trabaja conmigo y muy bien.
¿Qué tipo de enfermedad mental tiene?
Seamos claros, Alberto.
Pues no lo sé, Ricardo, no se lo he preguntado.
¿Qué pasa?
Vamos a ver, Alberto, es que este es un tema...
Que a mí me parecen fenomenal
todos estos programas de re-inserción social y demás,
pero una cosa es hacer fotocopias
y otra es convivir con un tío que tiene problemas mentales.
A ver, Fernando,
no está en la empresa para hacer fotocopias,
es informático y además tú qué piensas
que es una persona que tiene problemas de salud mental,
¿alguien que te va a estar esperando
con un cuchillo al salir de la ascensor o algo así?
A ver...
A ver, yo entiendo que...
que si nunca habéis tenido
la oportunidad de conocer a alguien así,
tengáis una idea equivocada, a mí me pasó exactamente lo mismo,
pero, como os digo, yo trato con él a diario
y no solo con Joaquín, sino con seis personas más
que han entrado a trabajar
que tienen problemas de salud mental
y no hay absolutamente ningún problema con ellos.
Ningún problema.
O sea que resulta que van a ser los únicos
que no tienen problemas en el trabajo.
Eso no se sostiene, Alberto, eso no puede ser así.
No, a ver, lo que digo es que son como cualquier otro compañero.
O sea, unos trabajan a tope, otros se escaquean,
unos son simpáticos, otros son más tímidos
y con unos conecto y con otros no
y con Joaquín he conectado la verdad.
- No te enfades, Alberto. - No, si no me enfado.
Lo único que queremos saber es si ese Joaquín es peligroso o no.
Pues claro que no, Joaquín es un tipo normal.
Bueno, muy normal, muy normal no es
cuando te quiere alquilar el piso por ese precio.
Y sin reformar.
No, el piso está perfecto.
Por eso llevas meses sin alquilarlo.
A lo mejor es que esta persona valora más el espacio
que no las pijadas esas que hay ahora.
Sí o a lo mejor es que está loco.
A ver, Joaquín tiene un problema de salud mental,
punto.
Y posiblemente se cuide más
que nosotros cuando nos ponemos enfermos.
Y ahora os tengo por favor que pedir que os vayáis.
Alberto, perdóname, tienes que entender
que no nos sintamos cómodos con esta situación.
En este edificio viven ancianos, niños, yo mismamente,
tengo una hija adolescente, María,
está todo el día para arriba y para abajo.
Tú imagínate que a Joaquín se le olvida tomarse la medicación
y le da un brote, se la encuentra por la escalera y le hace algo.
Pero, Maite, estás hablando de una persona que conozco
y Joaquín no es agresivo.
De verdad,
¿pensáis que metería en mi casa a una persona problemática?
Tú con tal de alquilar el piso, cualquier cosa.
¿Cómo?
¿Y si le da por poner la televisión a todo volumen?
Se le llama la atención como a todo el mundo.
O si le da por quemar las cortinas, que esa gente fuma mucho.
O le da por invitar a los amigos, que imaginaos cómo pueden ser.
Pero, bueno, ¿no os dais cuenta de lo xenófobos que sois?
"Locófobos".
- ¿El qué? - Miedo a los locos.
¡Que no le llames loco!
¿Por qué no lo votamos?
- ¿El qué? - ¿El qué?
Que si nos parece bien que alquiles el piso a alguien así.
Sí, hombre, lo que me faltaba.
¿Y por qué no?
- Esto nos afecta a todos. - A ver,
que no es nuestro piso, no podemos votar algo así.
Muy graciosa, tú vives en el segundo,
- pero yo lo tengo enfrente. - Y yo, arriba.
Es mi casa y se la alquilo a quien me da la gana.
Sí, es tu casa, pero tú no vives aquí, Alberto,
y es muy fácil soltarnos el problema
mientras tú estás viviendo en otro lugar.
Estamos hablando de algo
que puede suponer un peligro para todos nosotros.
Tenemos que votarlo.
- Nuria. - Muy bien.
Eh... A ver...
A ver, vamos a ver, vamos a ver si nos centramos, ¿eh?
El piso se lo voy a alquilar a Joaquín os guste o no.
Primero porque es mi casa
y se la alquilo a quien me da la gana,
segundo porque tiene derecho a una vivienda como todos,
tercero porque me parece un tipo encantador
y cuarto porque necesito el dinero del alquiler.
Muy bien, Alberto, el piso es tuyo
y puedes alquilarlo a quien te dé la gana,
pero, dime una cosa, desde que lo tienes en alquiler,
¿cuántas personas se han interesado por él?
¿Veinte, siete, tres? Cero, cero patatero.
Y resulta que ahora el único que se interesa por este piso viejo
es una persona que tiene problemas de salud mental.
No digo que sea determinante,
pero un poquito sospechoso sí que es.
Segundo, por supuesto que tiene derecho a una vivienda digna,
pero nosotros tenemos derecho a vivir tranquilos.
Que tenga derecho a una vivienda digna
no significa que tenga derecho a esta vivienda en concreto,
hay miles de casas que puede alquilar.
Tercero, no dudo que sea encantador, seguro, pero ese no es el tema,
y cuarto, muy bien, necesitas el dinero del alquiler,
perfecto, de acuerdo, vale,
pero ¿y si te hacen una oferta mejor?
No sé, estaba pensando yo que entre todos
podemos ayudarle a buscar un inquilino que le pague más.
Si no queremos locos, tenemos que encontrar un ciego
porque este piso así no se alquila.
Lo siento, firmo el contrato en menos de una hora.
A no ser que se lo alquilemos nosotros.
Joder, por un poco más,
podíamos pagarle más de lo que le ofrece ese Joaquín.
¿Y cuánto más?
Sí, hombre.
A ver, que yo bastante tengo con mi hipoteca
como para encima pagar el alquiler de Alberto.
Yo no podría.
Ni de coña vamos, conmigo no contéis.
¿Y si no cambiamos el ascensor?
¿Y si destinamos el dinero del ascensor
en alquilarle el piso a Alberto?
Eso no nos costaría más.
Pero entonces nos quedamos sin ascensor.
El que algo quiere algo le cuesta.
¿Qué prefieres, ascensor nuevo o vivir tranquila?
Pero si acabamos de votar todos a favor de cambiar el ascensor.
Sí, pero no teníamos toda esta información.
Señora presidenta,
¿podemos anular la votación anterior y re-formular la pregunta?
Pues supongo que si estamos todos...
Es conforme a los estatutos la revocación de un acuerdo
y la adopción de otro siempre que se respeten las garantías
que los estatutos establecen para ese acuerdo.
Muy bien, pues votemos
porque en esta comunidad siempre se ha votado todo lo importante
y esto lo es.
Pues eso, el ascensor se cae a cachos.
Alberto, si hay que subir escaleras, se suben,
pero no estoy dispuesto a convivir con alguien así, lo siento.
Yo tampoco, tiene miles de pisos donde poder irse,
las cosas como son.
Eh... Me parecen lamentables vuestros prejuicios, que lo sepáis,
pero yo no soy la madre Teresa así que allá vosotros.
Si me pagáis más, por lo menos dos años
y estáis de acuerdo,
os alquilo el piso.
¿Y cuánto más?
No, es que habéis sido vosotros.
He dado una idea.
Yo no pienso pagar nada.
Habéis sido vosotros, no ha sido idea mía.
No ha sido mi idea.
Perdón.
Perdón.
Perdón.
Eh...
No sé...
si las... conocéis.
Eh...
Yo me...
Yo me tomo una cada mañana.
Y... el motivo de... de tomármelas...
es porque...
hace... 11 años...
Hace...
Hace 11 años...
me...
me diagnosticaron... esquizofrenia paranoide,
pero...
pero que no pasa nada.
O sea, todos... todos me conocéis,
llevo más de siete años viviendo aquí, en el segundo B.
Ahora enfrente de ti, Lucas,
y nunca hemos tenido ningún problema, ¿verdad?
De hecho, nos tenemos... un cariño tremendo.
Mucho.
Así que,
Fernando,
no creo que te pase nada
porque Joaquín vaya a vivir enfrente de ti
y es verdad que a veces sé que pongo la música un poco alta,
pero es que... bueno, el flamenco es mi pasión,
pero... aprovecho y os pido perdón
si alguna vez he podido molestar a alguien.
¡Ah! Maite, es verdad, soy... soy fumadora, sí.
Eh... Pero yo por ejemplo siempre fumo en el balcón
porque no me gusta que mi casa huela a humo
cuando vienen mis amigos a verme
porque sí que tengo amigos normales, ¿eh, Lola?
Que por cierto, el chico, el que te ayudó con lo del fregadero
el otro día cuando tuviste el problema,
que te pareció tan majo,
pues es amigo mío, Ramón.
Yo no sé si Joaquín es el mejor vecino que podemos tener,
la verdad, no... no lo conozco, no puedo opinar,
pero vosotros tampoco le conocéis
y... estáis intentando evitar que venga aquí a vivir
simplemente porque tiene un problema de salud mental.
Y como ha dicho Alberto,
las personas que... que tenemos una enfermedad mental
es que tratamos de llevar una vida normal, normal.
Como vosotros.
Lo siento muchísimo, Nuria, es que... no sabía nada, lo siento.
¿Y desde cuándo dices que te pasa eso?
11 años.
Cuando llegaste, ya estabas diagnosticada, entiendo.
Esquizofrenia es sin hache, ¿no?
Este sigue borracho de la fiestecita de ayer.
¿Y... cómo te diste cuenta de ese problemita tuyo?
Eh...
Ese... problemita...
se llama esquizofrenia paranoide.
Eh...
Pero bueno, fue una época de mucho estrés y...
Bueno, fue un momento de mucho... de mucho agobio
y... y un día pues estallé.
¿La esquizofrenia es eso de la doble personalidad,
que te crees que eres otra persona?
No, no, no, eso es trastorno de personalidad disociativa.
Ah.
¿Y qué sentías? ¿Tienes síntomas?
Eh... Sí, o sea...
Bueno, es un... es un cúmulo de... de cosas.
A mí, por ejemplo,
pues me... me temblaban... me temblaban las manos...
Eh...
Me angustiaba de repente así, sin razón.
Eh...
Luego se me empezaron a... a olvidar cosas
y me costaba como mucho concentrarme en...
Y pues dormía mal entonces estaba cansada, tenía mareos...
¿Y fue así, de repente?
Lola, por Dios, déjala un poquito tranquila, ¿no?
Nuria, yo siento muchísimo que hayas tenido que contarlo.
Hay cosas que los vecinos tenemos derecho a saber.
¿Perdona?
Sí, para saber a qué atenernos.
Es así, es un derecho.
- ¿Para saber a qué atenernos? - Sí.
A la hora de tratar con Nuria.
Tendrás que tratarla como a cualquier otra persona.
Como a cualquier otra persona que tenga un problema.
Puntualicemos.
¿Qué pasa? ¿Tú no tienes problemas?
Yo estoy de acuerdo con Ricardo.
Ahora que sabemos lo que tiene,
si algún día tiene un brote, podremos ayudarla mejor.
Como el día del ascensor que se puso a gritar como una...
Vamos a ver, es que me quedé encerrada y tengo claustrofobia.
Eso a lo mejor es consecuencia de lo otro.
No, no tiene nada que ver.
¡Ay! Que yo también soy claustrofóbica.
Antes dijiste que tenías problemas de angustia.
Que sí, pero que no es lo mismo.
Celos, sentimiento de misión especial en la vida,
manía persecutoria...
A ver, eso... eso es en casos extremos.
¡Ay, madre!
Hubo una época que decías
que te tocaban al telefonillo todas las tardes.
Es que me llamaban todas las tardes al telefonillo.
Que sí, eran los chavales del colegio,
- se lo hacían a todo el barrio. - Sí, me acuerdo.
Que Fernando llamó a la Policía para denunciarlo.
Alguien tenía que parar a esos gamberros.
Creen que pueden leer la mente o mover objetos con ella.
Alucinaciones auditivas, delirios...
¿Alucinaciones auditivas?
Que oyen voces.
¿Tú oyes voces, Nuria?
A ver, eh...
pues... a veces sí.
¿Qué ha dicho?
Que oye voces.
¡Joder!
No, es que perdón,
si, si tú de repente te rompes una pierna
o tienes una infección, pues te vas al médico
y no te da vergüenza, ¿verdad?
Pero cuando el problema es mental, entonces ya parece...
que tú has hecho algo mal.
Estreñimiento, aumento de peso, sudoración excesiva.
¡Ay, Dios mío, yo tengo todos los síntomas!
Que no, Lola, que eso son los efectos secundarios.
Bueno, ya está bien, ¿no?
Un poquito de respeto por Nuria.
Gracias, Alberto.
A ver,
el resumen es que no tenéis que preocuparos de nada, ¿vale?
Yo...
tengo... tengo mis días malos, pero como todo el mundo.
Pero ya está, con la medicación y con el tratamiento adecuado,
se consigue llevar una vida normal.
¿Lo veis? Normal, igual que Joaquín y ahora, por favor,
¿me podéis dejar, que tengo que terminar de recoger esto?
Bueno, pero antes tenemos que votar.
- Vamos, digo yo. - Mmm.
¿Qué pasa? ¿No has escuchado a Nuria o qué?
Sí la he escuchado, Alberto, alto y claro.
Sí, sí, es una esquizofrénica paranoide.
No.
No soy una esquizofrénica.
Padezco una esquizofrenia paranoide que no es lo mismo.
- Pues eso. - ¡No, pues eso no!
Mi enfermedad no me define como persona.
Como quieras.
En cualquier caso y según cuentas,
tu enfermedad está controlada de lo cual me alegro profundamente,
pero los dos sabemos que hay enfermedades mentales
que en estados graves te hacen la vida imposible.
Pero ¿qué pasa, ahora eres psiquiatra, Ricardo, o cómo?
Viví muchos años con mi madre
que padecía una enfermedad mental grave.
Sé de lo que hablo.
Pues, Ricardo, mejor me lo pones,
si tu madre sufría una enfermedad mental,
podrás entender a Joaquín y podrás entender a Nuria.
Alberto,
sé perfectamente de lo que hablo.
Perdona, Ricardo,
pero ¿tú por qué piensas que Joaquín
tiene una enfermedad mental grave?
Alberto, ¿Joaquín padece una enfermedad mental grave?
Pues no lo sé, Ricardo, no se lo he preguntado.
¿Y por qué no?
Pues por delicadeza, Fernando. Déjalo, tú no lo vas a entender.
Vale, Alberto, pero por ejemplo,
¿Joaquín ha faltado alguna vez al trabajo?
Que yo sepa, no.
Vale o ha llegado tarde o se ha ido antes
o ha tenido momentos de ausencia.
Trabaja de 9 a 2, yo cuando llego, él ya está
y que yo sepa nunca se ha ido antes.
Vale. ¿Veis?
O sea, si lo que os preocupa
es que Joaquín tenga una enfermedad mental grave,
pues no es el caso porque si lo fuera,
de verdad, es que habría días que no podría levantare de la cama
por mucha medicación que tomase.
Que no lo haya visto Alberto no quiere decir que no le haya pasado,
tenemos que votar.
¿Cómo vamos a votar algo así si no lo conocemos?
Eso puede ser la solución.
¿El qué?
Bueno, pues conocer a Joaquín.
¿Cómo?
Viene a firmar el contrato a las 8, ¿no?
Pues nada, nos quedamos aquí acompañándote y así le conocemos
y poder tomar la decisión.
Por favor, no podemos hacerle eso.
Pero ¿por qué no?
Si es saludarlo.
Bueno, saludarlo y conocerlo un poco.
No me voy a jugar el alquiler que ya tengo pactado,
Joaquín padece una enfermedad mental,
pero no es imbécil
y si se da cuenta, no va a querer alquilarme el piso
y seguro que vosotros me dejáis colgado, así que no me arriesgo.
Que no tiene por qué darse cuenta.
En cuanto venga,
hacemos como que estamos terminando una junta de vecinos,
aprovechas para presentárnoslo y una vez que lo veamos,
tomamos la decisión.
¡Ah, muy bien!
¿Y cómo me transmitís la decisión? ¿Por señitas?
¡Venga, hombre, por el amor de Dios!
- Bueno, no sé, podríamos... - Yo me puedo tocar el pelo.
Si es que sí, el pelo. ¿Y si es que no?
¿La cara?
La cara, la cara...
Algo más claro.
Los huevos.
¿Qué? ¿Cómo?
A ver, vamos a ver si me he enterado bien.
O sea, queréis que nos quedemos todos aquí
esperando a Joaquín, que os lo presente
y acto seguido, si empezáis a tocaros el pelo o la entrepierna,
le digo que no se lo alquilo, ¿esto es así?
Yo no me creo lo que estoy escuchando, de verdad.
Es que de verdad que estáis fatal.
No podemos tomar una decisión así, sin saber nada de Joaquín.
- Sabemos que es informático. - Bueno, bueno.
Flipo que sea informático.
No, no, perdón, es que sí que sabemos.
Claro que sabemos, sabemos que consiguió un trabajo
a través de un programa de integración socio-laboral, ¿no?
Vale. Sabemos que va a alquilar un piso no-tutelado.
Eso quiere decir que es una persona perfectamente funcional.
Y además es un buen tipo.
Un buen tipo al que no te ha importado
dejarle tirado a la primera de cambio.
Pero eso no tiene nada que ver, eso son motivos personales.
Independientemente de lo que yo haga,
os estoy diciendo que Joaquín es un buen tipo.
Que sí, Alberto, que sí, que tú te casarías con Joaquín,
pero quienes vamos a convivir con él somos nosotros
y tenemos perfecto derecho a saber
qué tipo de personas van a vivir en este edificio.
- Eso es así. - Pero ¿qué convivir, Ricardo?
Lo dices como si fuerais a vivir en el mismo piso.
Que como mucho vais a compartir el ascensor
y por lo que veo, no os importaría subir andando
así que no hay ningún problema.
Si es tan normal como dices,
debería entender nuestra preocupación.
Perdón, ¿preocupación de qué?
¿De qué, de que os mate a todos lentamente?
Nadie ha dicho eso, no tergiversemos, por favor.
¿Es que no os dais cuenta
de lo discriminatorio que es lo que estáis proponiendo?
Si no queréis que Joaquín venga a vivir aquí,
el piso me lo alquiláis vosotros, no hay nada más que hablar.
Te aseguro, Alberto,
que no hay nada peor para un propietario
que tener a un inquilino
que no esté a gusto con sus vecinos.
¿Eso es una amenaza?
No es una amenaza.
Es una realidad.
Lo peor que le puede pasar a un propietario
es tener un inquilino que no le paga el alquiler
y de Joaquín tengo todas las garantías.
- Alberto, relájate un poquito. - Si estoy muy relajado, ¿eh?
¿Dices que Joaquín trabaja contigo?
- Sí, desde hace mes y pico. - Muy bien.
¿Le hicieron una entrevista antes de entrar a trabajar
- para conocerle un poco mejor? - Sí, supongo que sí.
Pues esto es lo mismo y con mucho más motivo,
no te lo tomes personal porque no lo es.
Pero que no me voy a quedar aquí con vosotros esperando a Joaquín
para que luego le llenéis a preguntas.
Alberto tiene razón, no podemos traer aquí a Joaquín
e interrogarle como si fuese un delincuente.
No.
Pero, Alberto, tú tienes que entendernos.
No le conocemos.
Tendríamos que saber algo más sobre él para tomar una decisión.
Yo ya os he dicho todo lo que sé de él.
Algo más podrás decirnos.
No sé,
por ejemplo, ¿tiene novia?
- ¿Qué? ¿Cómo? - Que si tiene novia.
O novio.
- Ya estamos. - ¿Qué pasa? ¿No pude tener novio?
Por mí puede tener la pareja que quiera,
como si se casa con un perro, no tengo ningún problema.
No, en esta comunidad, los animales están prohibidos,
lo dicen los estatutos.
¡No tiene perro!
¿Y cuál es el problema si tiene pareja o vive solo?
Hombre, no es lo mismo.
Tener pareja implica una cierta estabilidad.
- Cierta madurez. - Compromiso.
Capacidad de asumir responsabilidades.
Pues yo no tengo pareja.
Porque no me da la gana, no por falta de pretendientes.
- Por supuesto. - Nadie ha dicho nada.
No tienes que dar explicaciones.
Pero tranquila, seguro que encuentras a alguien
y tú eres muy joven. ¡Lola, no quiero pareja!
Aunque pensándolo bien,
quizás sea mejor que no tenga pareja.
Imagínate cómo puede estar de la cabeza esa pobre chica.
O chico.
Qué pesadito estás con el tema, chaval.
¿Tú también quieres hacer alguna revelación?
A lo mejor sí. Bueno, pues nada, somos todo oídos.
Es tu momento.
Cómo te gustaría que saliera del armario, ¿eh, Fernandito?
Si me vuelves a llamar Fernandito, te estampo la silla en la cabeza.
¿Queréis dejar de discutir que parecéis dos críos?
No es ninguna tontería lo que ha dicho Fernando, ¿eh?
Imaginaos que su pareja está un poquito...
¿Un poquito qué, Ricardo?
E insisto, ¿cuál sería el problema?
Pues el peligro se multiplicaría por dos.
Pero ¿tú eres tonto o te lo haces, Fernando?
Y si tiene hijos, imaginaos.
De verdad, os lo digo, o sea, como sigáis diciendo barbaridades,
yo no respondo de mis actos.
Claro que si no tiene pareja, también es sospechoso.
¿Sospechoso de qué?
Hombre, a esa edad...
Pero si no sabemos la edad.
¿No la ha dicho?
Ah, me había parecido que sí.
Bueno, ¿y qué edad tiene?
No tengo ni idea.
Hijo, como Maite, como Lucas, no sé...
Eh...
La edad de Nuria más o menos.
¿45?
¿Cómo que 45? ¡La madre que te trajo!
¡Todavía te vas a llevar un bofetón, Fernando!
Perdona, hija, no quería ofenderte, pero es que te veo tan madura...
¡Que tengo 35! ¡35! ¿Qué hago? Te enseño el DNI si quieres.
- ¡Yo te lo enseño! - ¿35?
Esta no se ha tomado la pastilla hoy.
Todavía eres muy joven para encontrar a alguien.
¡Lola!
¡Que no quiero pareja, dejadme en paz!
Vale, vale, dejemos la edad.
¿Cómo viste?
Por ejemplo.
¿Cómo... cómo...?
¿Y eso qué más da?
En absoluto.
Viendo cómo viste una persona puedes saber cómo piensa.
Si es religiosa, si tiene una pareja, si la engaña,
- a qué partido vota... - ¿Ah, sí?
¿Y yo, por ejemplo, a qué partido voto?
Tú a ninguno, para eso hay que levantarse de la cama.
Ah, sí, es muy interesante tu teoría, Ricardo.
¿Así formas tus juicios sobre la gente?
Que no es un juicio, Alberto, que es una primera impresión.
Así no tendríamos que decidir a ciegas.
¡En traje! Como cualquier trabajador de la empresa,
con chaqueta y corbata.
Vale. ¿Y está gordo?
¿Y eso qué tiene que ver?
Pero bueno, esto es increíble, ¿eres gordófobo también?
El peso de una persona dice mucho de su estilo de vida.
- Ahí no estoy de acuerdo. - Sí, tiene barriguita, como yo.
¿Hay algún problema?
¿De comer o de beber cerveza como tú?
- De beber cerveza no creo. - ¿Por qué?
No, porque si se medica, probablemente no tome alcohol.
¿Lleva tatuajes?
No lo sé, Fernando, así a simple vista no se ven,
pero si queréis investigar más
por si tuviera una esvástica en el sobaco,
ahora cuando venga, le pedimos que levante el brazo.
Si pudiéramos verlo, ayudaría mucho la verdad.
Así podríamos tener una primera impresión.
¿No tendrás una fotografía de Joaquín?
Eh... No.
Mira en su WhatsApp, la foto de perfil.
¡Joder! Esto es increíble.
- No, no tiene foto de WhatsApp. - ¿Ni siquiera la de un gato?
El muñequito este que te sale por defecto.
No me digáis que no es un tío raro.
¿Cómo se llama?
Joder, este sigue colgado.
Media hora hablando de Joaquín y ahora pregunta cómo se llama.
Me refiero a los apellidos.
Entonces pregunta cómo se apellida, no cómo se llama, coño.
Voy a buscarle en Internet.
Hombre, la primera cosa sensata que te oigo desde que te conozco.
¡Que tú no me conoces!
Ni falta que hace.
Joaquín García.
Joaquín... García.
Me salen más de 5000 perfiles con ese nombre.
¿Cuál es su segundo apellido?
¡Y yo qué sé! No soy su madre.
Míralo en el... en el contrato, ahí vendrá.
Al final, Nuria, con todo lo que tiene,
va a ser la más cuerda del grupo y si no, al tiempo.
Trujillo.
Joaquín García Trujillo.
Trujillo.
Nada. Me salen más de 800 perfiles.
Así tardaríamos más de dos horas en saber quién es.
¿Y si le llamas?
Ah, qué buena idea, Maite, qué buena idea.
¿Que le llame para qué?
Para sacarle información y salir de dudas.
Para preguntarle todo lo que nos preocupa.
Por teléfono es menos agresivo que si viene aquí.
Eh... Vale, vale, está bien.
Está bien.
Supongamos que le llamo.
¿Qué le pregunto?
Estaría bien saber qué tipo de enfermedad mental padece,
para empezar.
Pero cómo le va a preguntar eso.
Alberto, pues dile la verdad,
que nos has comentado cómo le has conocido,
que ha sido a través del programa de re-inserción laboral de la empresa
y que estamos destrozados.
¿Destrozados, Maite?
Preocupados, perdón.
Que no, que no voy a preguntar eso.
¿Y qué...? De verdad, ¿qué importa la enfermedad que tenga?
Lo importante es... es que sea un buen vecino, ¿no?
¿Y qué es ser un buen vecino?
Bueno, eso da igual.
De acuerdo,
no le preguntes qué enfermedad tiene,
tienes razón puede ser muy violento,
pero ¿y si le preguntas qué medicación toma?
Así podemos saber si su enfermedad es muy grave o no.
Preguntarle eso y su enfermedad es lo mismo.
No, no es lo mismo.
Son cosas muy distintas.
Ah, hola, Joaquín, oye, una cosita antes de que vengas,
¿podrías indicarme cuál es la medicación que tomas?
- ¡Venga, hombre, por favor! - Así no, Alberto, así no,
- pero si viene de forma natural... - ¿Cómo de forma natural?
¡De forma natural, Alberto,
solo necesitamos saber qué medicación toma
para poder tomar una decisión, tampoco es tan difícil!
¿Conduce?
No, lo digo porque a veces la medicación da sueño
y si es muy fuerte, el médico te puede prohibir conducir.
Sí, sí.
Sí, conduce, tiene coche.
No he dicho anda.
Lo tengo.
Para saber si toma o no toma alcohol.
Verás,
tú llamas y le dices: "Oye, Joaquín, estoy en el súper,
he pensado comprar algo
para celebrar la firma del contrato".
"¿Tú qué prefieres, vino o cerveza?".
Si te dice que no toma alcohol,
entonces de una manera inocente e improvisada le dices:
"Oye, ¿y por qué no tomas alcohol?".
¿Eh?
¡Ah, claro!
Y entonces me va a decir exactamente
cuál es el nombre de las pastillas, ¿no?
Ahí entra tu mano izquierda, joder, tampoco es tan difícil.
Hazlo por tus vecinos.
¿Y si de repente le dice que sí que toma alcohol?
¿Eso sería bueno o malo?
Pues entonces es que o toma muy poca medicación
o que la medicación que toma es compatible con el alcohol
luego su enfermedad sería leve.
O a lo mejor no, a lo mejor no hace caso a su psiquiatra
y no se toma la medicación
o la mezcla con alcohol, que está prohibido.
Hay gente que ya todo le da igual, sé de lo que hablo.
Ahora ya no sé si es peor que beba o que no beba.
Bueno, mira, ya está bien, se acabó.
Le llamo, pero después de la llamada,
se terminó el debate, ¿"okey"?
¿En serio?
¡Joder!
¿Qué haces?
Me queda 3 % de batería, necesito el cargador.
¿El 3 %?
No, nada, si no me he traído el cargador.
Espérate, te doy el mío que lo tengo en el bolso.
¡Joder!
Toma.
No, no, este no me sirve.
¡Ay, por Dios!
Es un iPhone, ¿no?
Sí, 2 % se me va a apagar.
Voy a casa a por el mío.
¡Lucas, corre, corre, corre!
Adiós a hablar con Joaquín.
Dame su número y le llamamos desde el mío.
Ni borracho te doy el teléfono de Joaquín.
¿Y para qué cojones quiero yo el teléfono de un esquizofrénico?
- Luego lo borro, coño. - Que no, ni de coña.
Bueno, pues a Nuria, dáselo a Nuria, que le llame ella.
Bueno, sí, de Nuria sí que me fío, sí.
- Nuria, por favor. - Mmm...
- Nuria, por favor. - Lo siento.
- No, no, porque... - Es solo un llamada.
- Una llamadita. - ¿Qué te cuesta hacer una llamada?
Que no, que me he dejado el teléfono en casa.
¿Tú no tienes teléfono?
- No, no, no. - Yo tengo.
No os voy a dar el teléfono.
Lucas tendría que estar aquí ya.
- ¡Vamos, hombre! - Joder, ya era hora.
El niño...
Sí, este sí me sirve.
Deprisa, deprisa.
- No carga. - ¿No?
La madre que te parió, has traído uno que no funciona.
- Mi cargador funciona perfectamente. - Debe ser el enchufe, no funciona.
¡Allí!
Allí.
¡Joder, pero qué mierda de casa tienes!
Coño, las lámparas.
Al final me va a dar pena que venga Joaquín a vivir aquí.
Vale.
Que nadie toque las lámparas,
detrás del piano hay un enchufe libre.
Venga. ¡Allí!
- Sí, ahí detrás. - ¡Empuja!
- Venga, tira. - Empuja, más.
- ¡Empuja! - Lo que pesa.
- ¡Empuja! - A mí me da un infarto.
- ¡Ah! - ¡Vale!
- Vale, ahí está. - ¡Ahí!
Date prisa, por favor.
Sí, este sí funciona.
¿Me queréis dejar respirar?
¿Eh?
Gracias.
¡Shhh, shhh! El altavoz.
- ¿Cómo que el altavoz? - Claro.
Necesitamos oírle.
¿Para qué hacemos esto si no?
- ¡Uy, qué emoción! - Uy, sí, esta noche no duermo.
Como todas las noches,
si nos dejaras dormir a los demás...
¡Callaos!
Espera, ¿qué le tenía que preguntar?
- Que si bebía cerveza o vino. - No, ya, eso sí.
Me refiero cuando me conteste. ¿Cómo pregunto lo de las pastillas?
- Improvisa, algo se te ocurrirá. - No puedo improvisar algo así.
- Me hago pasar por ti. - No, no, no.
- ¡Que sí! - ¡No, ni de broma!
Al final vais a joder el móvil.
¡Vale, improviso, pero fuera de aquí!
- ¡Joder! - Pero no va a servir de nada.
Hola, soy Joaquín.
En este momento, no puedo atenderte,
deja tu mensaje.
¡Piii!
Mala suerte, qué se le va a hacer.
Ha dicho: "Pi".
No, no ha dicho "pi".
Ha dicho "piii".
Cuidado.
Este tío tiene una enfermedad mental muy grave.
Pero que no, Fernando,
que Joaquín es así, tiene un humor muy particular.
Alberto, ahí no hay nadie al volante.
Que no, Ricardo, que Joaquín es un tío muy simpático,
le encanta hacer bromas.
¿Tú nos has visto reír?
¿Y tú, Fernando, tú te has reído alguna vez en tu vida?
A mí me ha hecho gracia.
A mí también.
Pero ¿vosotros lo habéis escuchado? ¿Os parece normal?
Ya estamos con lo que es normal y lo que no es normal.
A mí me parece original.
Alberto, esto es serio, ¿eh?
¿Qué persona en su sano juicio se graba un "pi" en el contestador?
- Dime. - No, no ha dicho "pi".
Ha dicho: "¡Piii!".
Que sí, que sí, que igual es un poquito raro,
pero de ahí a pensar que tiene una enfermedad mental grave
simplemente porque ha dicho "pi", a mí me parece que sois vosotros
los que os lo tenéis que hacer mirar.
Alberto, insisto, no ha dicho "pi", ha dicho: "¡Piii!"
y eso cambia todo, perdona.
Esta persona no está bien.
Lo siento, pero tenemos que votarlo.
¡Y dale!
¿En serio que vais a rechazar a Joaquín
simplemente porque ha dicho "piii"?
No es solo el "pi", Alberto, es la voz.
¿Qué le pasa a su voz?
¿No has oído cómo ha dicho "hola, soy Joaquín",
cómo ha dicho "deja tu mensaje"?
Se ve que es la voz de un hombre que está atormentado.
¿Podemos votar y terminar con esto de una vez, por favor?
Es que no me lo puedo creer, de verdad.
¿Entonces cómo formulamos la propuesta?
Si aceptamos a un loco como vecino o no.
¡Ay, Lucas, no seas bruto, haz el favor!
¡No, no, no! ¡No, no! Perdón, muy bien dicho, Lucas, es que...
¡Es que eso es exactamente lo que queréis hacer
y eso no se puede votar! ¿Es que no lo veis?
Hombre, a mí muy legal no me suena la verdad.
- ¡Gracias! - ¿Y por qué no?
Pues porque no es muy democrático.
Más democrático que votar...
Votar es la esencia de la democracia.
Es que no estamos votando eso,
estamos votando si le alquilamos el piso a Alberto.
Estábamos votando si cambiábamos el ascensor, ¿no?
Si cambiamos el ascensor o si aceptamos que venga Joaquín.
No, si cambiamos el ascensor, yo le alquilo el piso a Joaquín.
Sí, eso, eso, que me he liado.
Estamos votando
si destinamos el dinero que tenemos a cambiar el ascensor
o lo destinamos a alquilar el piso de Alberto.
Bueno, voy a apuntarlo y así votamos como Dios manda.
Vamos a seguir las rondas porque si no...
Las normas hay que conocerlas.
Mira, Ricardo, si hubiéramos cambiado el ascensor
cuando tú durante 10 años fuiste el presidente de la comunidad,
no estaríamos ahora discutiendo.
Es que le ascensor ha empezado a fallar
desde que tú has sido elegida, como todo lo demás.
Tengamos la fiesta en paz.
Bueno, vamos a ver, opción uno,
cambiamos el ascensor
y no le alquilamos el piso a Alberto
y opción dos, no cambiamos el ascensor
y le alquilamos el piso a Alberto.
- Yo voto que no. - Y yo.
¿Que no qué?
¡Que no quieren que venga Joaquín!
¡Que no!
Que no cambiamos el ascensor y le alquilamos el piso a Alberto.
¡Esto es increíble, de verdad!
Por cierto, ¿para qué mierda queremos el piso?
¿Y eso ahora qué más da?
Hombre, si vamos a alquilarle piso,
estaría bien saber qué uso le vamos a dar.
Sería lo mínimo.
Da igual, ya le buscaremos utilidad.
Lo importante ahora es quitarnos el problema de encima.
¡Joaquín no es un problema, es una persona!
Sí y además está al caer, por Dios.
Bueno, vamos a ver, levantamos la mano
los que no quieran cambiar el ascensor
y alquilarle el piso a Alberto porque así...
Que lo tenemos, no te líes, Lola, está claro.
A mí me gustaría hacer en secreto la votación.
¿Cómo que en secreto?
Está en su derecho.
Y yo estoy en mi derecho de saber lo que opina.
El voto de uno no debe condicionar al resto.
A lo mejor Lola levanta la mano
porque Fernando ha levantado la suya antes
y eso influye en su decisión.
Si es secreto, nadie condiciona a nadie.
Que yo no voy a votar lo mismo que Fernando.
Levantemos la mano todos a la vez.
Como toda la vida, a la de tres.
¿A la de tres qué?
A la de tres levantamos la mano.
O no.
¿Cómo que no?
Pues que si votas que no, no levantas la mano.
- Es verdad. - Bueno, vamos a hacer un ensayo.
- Venga. - Venga.
Una,
- dos... - Un segundo, un segundo.
¿A la de tres y ya o en el tres levantamos la mano?
- Que no me ha quedado claro. - ¡A la de tres!
Vamos.
Una, dos...
Espera, espera.
Es que estoy pensando que si hacemos un ensayo,
ya sabremos lo que vamos a votar y seguiríamos condicionándonos.
- No tiene sentido. - ¡Bueno, ya está bien!
Este niñato no se toma nada en serio,
no se puede contar con él.
Su voto es nulo y se acabó, votemos los demás.
Fernando, Lucas es mayor de edad y puede votar.
¿Esto? Esto nunca será mayor de edad.
¡Tengo 21 años!
Por eso, ¿qué va a saber un niñato de 21 años
lo que necesita esta comunidad?
Pues a lo mejor no, pero soy igual de propietario que tú
así que mejor te callas, bocazas.
Tú eres propietario
porque tu papaíto te compró el pisito.
Eh... Nos estamos yendo un poquito.
Yo a tu edad ya estaba trabajando en el taxi
y a los 25 me compré la licencia.
Yo, a mi edad, ya he decidido que nunca conduciré un taxi
y a los 25 planeo retirarme.
¿Retirarte tú? ¿De qué?
¿De vender maría?
¿Qué pasa?
¿Que quieres un poquito?
Esta semana tengo una oferta que te va a venir de puta madre.
Te guste o no, el voto de Lucas vale tanto como el tuyo o el mío.
¡Que no, cojones!
¡Que mi voto no vale lo mismo que un niñato irresponsable!
Si esto es democracia, la vuestra, pues conmigo no contéis.
Ah, o sea, para lo que te conviene, viva la democracia,
pero cuando algo no te gusta, que le den a la democracia.
Es lo que tiene ser un facha.
- ¡Lucas! - ¿Qué?
Puede que yo sea un facha,
pero mira quién habló, aquí,
el niño de papá
que no tiene ni puta idea de lo que vale la vida,
que se lo han dado todo bien masticado
y ahora se cree que puede venir aquí
- a tocar los cojones al personal. - Me estás calentando, abuelito.
A ti no te han dado una buena bofetada a tiempo.
¿Me la vas a dar tú ahora?
Bueno, vamos a calmarnos, ¿eh?
¿Por qué no votamos si el facha de mierda sigue en la comunidad?
¡Que dejes de llamarle facha!
Tranquila, si a mí no me importa que este niñato me llame facha.
¿De verdad, Fernando?
Pues claro porque si para este porrero
ser facha es sinónimo de sacrificio, disciplina,
respeto a las tradiciones y amor a la patria,
entonces sí, ¡soy el ser más facha del planeta y muy orgulloso!
Se te olvida lo de homófobo, carca, ultraconservador, racista, machista.
No se me puede olvidar si estoy rodeado de homosexuales,
pacifistas, veganos que están todo el día dando la matraca.
Vale, Fernando, ya está bien.
No podemos hablarnos así en una reunión de la comunidad.
Cómo te jode que no sea un amargado como tú.
A mí lo que me jode es que después de 40 años deslomándome,
currando 16 horas al día sin apenas vacaciones,
venga aquí un niño pijo que se toca los huevos a dos manos
y me quite el piso que yo tenía apalabrado para mí hijo
y todo porque al forrado de tu papá no le importó pagar mucho más
¡con tal de deshacerse de ti!
¿Qué coño sabrás tú de mi padre, gilipollas?
Te estás pasando, deja al chaval.
Tiene 21 años, va.
A ver, que me puedo defender yo solito.
Vamos a tranquilizarnos todos un poquito, ¿eh?
Si yo estoy muy tranquilo, Alberto,
solo argumento por qué el voto de una persona adulta y responsable
no puede valer lo mismo que el de un chavalín
que se pasa el día tocándose los huevos y fumando marihuana.
Pero ¿no veis que se está riendo de nosotros en nuestra propia cara?
Ay, si hubieras tenido un padre como Dios manda...
¡Yo no estoy fumando marihuana todo el día!
¡Estudio una carrera universitaria!
¡Eres tú quien está con odio todo el día!
¿Quieres hablar de mi padre?
¿Y qué pasa con tu hijo?
¿Por qué no hablamos de ese hijo tuyo que no te quiere ni ver?
¿Qué coño dices? ¡Tú qué sabrás!
¡Lo sé yo y lo sabe toda la comunidad!
¡El único trayecto que haces con el taxi es de puticlub en puticlub
dejando a tu mujer en casa como una pobre cornuda
pensando que nadie lo sabe cuando lo sabemos todos!
¡Vosotros no sabéis una mierda!
Vamos, Fernando, por eso tu hijo no te quiere ni ver,
porque no puede aguantar mirar a la cara al putero de su padre.
Lucas...
Como nombres otra vez a mi hijo, ¡te reviento la cabeza!
Fernando, por favor.
No se puede hablar de tu hijo, pero de mi padre sí, ¿no?
Bueno,
¿por qué no hablamos de esos nietos a los que no te dejan acercarte?
- ¡La madre que te parió! - ¡Eh, eh, eh!
¡Quita, déjame!
¡Te voy a reventar! ¿Estás loco o qué?
- ¡Niñato! - ¿Eh?
- ¿Qué te pasa? - ¡No te entiendo!
¡Eres un hombre hecho y derecho!
Vale que Lucas pierda los nervios, es un crío, pero tú...
¡Hay líneas rojas que no se pueden cruzar!
- Vale, ya está, tranquilízate. - Y tú sí las puedes cruzar.
¿Qué culpa tiene él de tener un padre así?
¡No sabéis una mierda de mi padre!
¡Basta ya, Lucas, basta ya!
¡Que no puedes hablar así, hombre!
¡Y tú, Fernando, por favor, no puedes ser así,
que solo tiene 21 años!
¿Cómo se te ocurre emplear la violencia?
¿Dónde vas, madre mía, insultándole y con esa violencia?
¡A ningún lugar! ¡Pierdes las formas!
¡No puedes ir llamándole drogata y porrero por ahí!
¿No te has parado a pensar
que esto simplemente es una llamada de atención hacia su padre?
- ¡Y dale con mi padre! - Es lo típico en una relación rota:
los hijos no te retan,
te reclaman cariño y hay que dárselo
porque si no, los pierdes aunque te saquen de quicio.
Mejor deja ese tema, ¿vale?
Que tu padre no te quiera y te eche de su vida es algo terrible.
No todo el mundo sabe ser padre.
Claro que sí, Maite, pero me parece que tú no eres la más indicada
para dar consejos sobre este tema.
Ah, ¿no? ¿Y por qué no? Tengo una hija adolescente.
- Algo de esto sabré. - Claro.
Como la relación que tienes con tu hija es tan cojonuda...
Mejor que la tuya y la de tu hijo y la de Lucas y su padre.
Sí, claro, los gritos que os pegáis son todo apoyo y comprensión.
- ¡No te jode! - Discutimos, sí,
pero lo normal cuando tienes una hija adolescente.
Yo también le gritaría con las pintas que lleva.
Perdona, ¿quién te ha preguntado?
Yo estoy de tu parte, pero no es normal las faldas que lleva.
¿De qué hablas? Mi hija lleva la falda perfectamente por aquí.
Será en tu casa, hija mía.
¿Tú no ves las fotos que sube al Instagram?
Lo normal en una chica de su edad.
Maite, por favor.
Sé perfectamente lo que sube a su cuenta, ¿eh?
Es que a lo mejor tiene dos cuentas.
¿Y por qué iba a tener dos cuentas?
¿Tú qué crees?
¿Me queréis decir, por favor, qué queréis hacer con el piso?
Sí, por favor, votemos de una vez, votemos.
Pues a lo mejor, Maite,
la relación que tienes con tu hija no es tan ideal como tú te piensas.
Mira, Fernando, lo que tengo claro
es que no voy a machacarla por sus errores,
nos sentaremos y lo hablaremos,
respeto mucho su libertad, que ya es mayorcita.
Pensarías distinto si vieras los vídeos que sube.
¿Qué vídeos?
Pues lo de la segunda cuenta.
Que no te engañen,
lo que hace tu hija es superartístico y moderno.
Tiene una sensibilidad increíble y un talento brutal.
Lo que hace es muy especial.
¡Vaya!
Muchas gracias, Lucas, eso ha sido muy bonito.
¿Lo has escuchado, Fernando?
La juventud tiene mucho que enseñarnos.
Deberías aprender un poquito más de Lucas
en lugar de criticarle tanto.
Claro, claro, Maite,
seguro que Lucas tiene muchas cosas que enseñarle a tu hija.
¿Qué insinúas, Fernando?
Lola.
Eh...
Bueno, que son jóvenes, que se ven, que salen...
¿Quién sale con quién?
¿Estás saliendo con mi hija?
¿Saliendo?
No.
¿Seguro?
Eh...
A ver, nos hemos dado un par de besos, ya está.
¿Te has besado con mi hija, niñato de mierda,
que eres mayor de edad y mi hija solamente tiene 17?
Pero cumple 18 ahora.
¡Pero que tiene 17 y es menor de edad, que te voy a denunciar!
- Maite, tranquila. - ¡Tranquila y una mierda!
¡Como vuelvas a tocar a mi hija, llamo a la Policía, pedófilo!
Por favor, tranquilízate, que pareces tú la esquizofrénica.
- Si se quieren, no pasa nada. - Pero ¿qué estás diciendo?
Que yo no la quiero.
¿No dices que respetas su libertad y que ya es mayorcita?
Ya está, podrá estar con quien quiera.
¡Yo no estoy con ella!
Tú no tienes nada de lo que avergonzarte,
- eres un chico estupendo. - ¿Qué dice la loca? ¡Cállate!
- ¿Perdona? - Maite, no te pases.
¡Mira, yo estaré loca, sí, pero tú eres una falsa de mierda!
- ¡Falsa tu madre, coño ya! - ¡Maite, por favor!
¡Pero si está defendiendo al violador este!
¡Maite, yo no la he tocado, no me jodas, solo han sido besos!
¿Qué besos ni qué besos?
¡Besos, Maite, besos de amor y pasión y con lengua y todo!
Pero ¿tú estás tonta o es que te está dando un brote?
¡Maite, ya! ¿Eh?
¡Cuidadito con cómo hablas a tu futuro yerno
que lo mismo te hace abuela pronto!
¡Que te tomes las putas pastillas, zumbada de mierda,
y tú, como te vuelvas a acercar a mi hija, te arranco el pito!
¿Te ha quedado claro?
- ¡Dime que te ha quedado claro! - Como si no existiera.
Pero ¿tú quién te crees, Maite, para prohibir su relación?
¡Soy su madre y hago lo que me da la gana, que quede claro!
- Vale ya, ¿no? - Maite tiene todo el derecho
de apartar a su hija de ese porrero.
Ah...
¿Le has dado porros a mi hija?
- ¡Me cago...! - ¡Eh, eh, eh!
¡Por favor, vale!
¡Por favor!
- ¡Oye, por favor, vale ya! - ¡Cabrón!
- ¡Maite, vale ya! - ¡Por Dios!
¡Que le ha dado porros!
Pero ¿qué os pasa?
¿Os estáis volviendo todos locos o qué?
Por favor, Alberto, habla con propiedad, locos no,
enfermos mentales.
- ¡Ya está el tonto de la clase! - Vigila el estrés, Nuria.
Se dice que padece una enfermedad.
¡Para de faltar al respeto!
¿Qué te crees, superior a los demás o qué?
- No te entiendo. - ¡Me estás entendiendo!
¿No se dice que padece una enfermedad mental?
¡Si es que donde no hay cerebro, no puedes pedir más!
- Para de hacerte la tonta. - No he puesto tonito.
- ¿No? - Bueno, Nuria.
- ¡Mira, a mí dejadme! - ¡La que se está pasando es Lola,
que parece que no tiene vida, siempre metiendo mierda!
¡Eso es lo que tú le estás quitando a tu hija, su vida!
¿Sabes cómo te llaman? ¡La invisible!
¡Te llaman la invisible porque no tienes vida,
por eso estás todo el día
metiendo las narices en casa de todos los demás!
- ¡Ya está bien! - ¡Una mujer invisible!
¡Eso es lo que eres, invisible!
Así es, Maite,
soy invisible.
Lo has dicho perfectamente
y soy invisible no solamente para vosotros,
que solo os interesáis por mí
cuando necesitáis algo de la comunidad,
soy invisible
porque no le importo a nadie.
Mi marido murió,
mis hijos se fueron, normal,
es la vida.
No les culpo.
Sí, has dicho bien.
No tengo vida.
Estoy sola.
Y estar sola a mi edad, Maite, créelo,
no es fácil.
No recibir una llamada, un mensaje, un... qué tal estás, Lola.
Y para no tirarme por la ventana cada mañana
me intereso por la vida de los demás,
pero no escupas hacia arriba, querida.
A lo mejor, dentro de unos años,
te pasa a ti lo mismo.
- Joaquín, ¿cómo estás? - ¡Altavoz!
- Sí, te he llamado hace un rato. - ¿Vino o cerveza?
¿Qué medicación toma?
- Pregúntale. - Para preguntarte...
¡Si tiene novia!
Perdona, para preguntarte...
que... que si ibas a venir en coche para bajar a abrirte el garaje.
Ah, que vienes andando, muy bien.
Y oye, ¿te queda mucho?
Cinco minutos.
Muy bien.
Sí, sí, aquí te espero.
Hasta ahora.
Se acabó la función.
Todo el mundo a sus casas.
¿Por qué no lo has puesto en altavoz?
¿Por qué no has preguntado lo que hemos hablado?
¡Que os vayáis de mi casa, joder!
Todavía no hemos tomado una decisión, Alberto.
Las cosas se hacen bien hasta el final o no se hacen.
Muy bien,
vamos a acabar con esto de una maldita vez.
No queréis que venga Joaquín, ¿no? Perfecto.
El piso os lo alquilo a vosotros,
pero por 500 euros más que a Joaquín.
No queréis a Joaquín, ¿no?
Muy bien, me pagáis 1800 euros al mes durante dos años y listo.
¿Y por qué nos cobras 500 euros más?
Es la ley de la oferta y la demanda, Fernando.
¿No queréis a Joaquín? Muy bien, perfecto.
Pues me pagáis más.
¿La ley de la oferta y la demanda?
¿No te da vergüenza? ¿500 euros?
Y daos prisita, que ya me habéis hecho perder mucho tiempo.
- Y lo has dicho así abiertamente. - ¿Cómo vamos a pagar eso?
- ¿No te da vergüenza? - No estoy de acuerdo.
¿Por qué voy a pagar
por un puto piso que no me hace falta?
Que hayas dicho 500 euros más...
- ¡Está bien! - Increíble.
¡Está bien!
1800 euros al mes durante dos años.
¡Que no, hombre, que no, que eso es un robo a mano armada!
No se puede pagar eso, no.
Claro que podemos.
Bueno, podrás tú, yo no.
¿Por qué te crees que ha dicho 1800 euros?
Porque no nos lo quiere alquilar.
Claro que quiere, si no quisiera, hubiera puesto un precio más alto.
¿Te parece bajo 1800 euros?
Alberto como buen contable que es
ha hecho perfectamente sus cuentas para que podamos pagar.
Oh, casualidad,
que el presupuesto para el nuevo ascensor
asciende a 43200 euros
que dividido por 24 meses, o sea, los dos años,
nos sale a 1800 euros al mes, justo el precio que nos pide.
Claro que quiere alquilarnos el piso, ¿verdad?
Es un abuso.
Si es lo que has propuesto tú antes.
"¿Y si no cambiamos el ascensor
y destinamos el dinero en alquilarle el piso?".
Pero no destinar todo el dinero
para este piso que se está cayendo a cachos.
Ya sabéis mis condiciones, vosotros decidís.
Os quedan tres minutos.
Eres un ladrón sin alma.
¿Quién? ¿Yo?
No.
Vosotros sois los ladrones.
Vosotros sois los que le queréis quitar este piso a Joaquín
por vuestros prejuicios de mierda.
¿Nosotros los ladrones?
Mira, querido, me costó mucho comprar mi casa
y si lo hice en este bloque, entre otras muchas cosas,
fue por la seguridad que me daba el vecindario para mi hija.
Lo único que estamos haciendo es velar por nuestra seguridad.
Perfecto, Maite, ¿quieres seguridad?
Pues ya sabes, paga lo que pido y quédate con tu asquerosa seguridad.
Todo tiene un precio, ¿verdad?
Aquí tenéis a Alberto.
El héroe de las causas perdidas.
El noble y justo caballero
dispuesto a defender a los más débiles,
eso sí, en cuanto el dinero se mete por medio,
ya no hay débiles ni causas que defender.
Dinero, dinero, dinero.
¡Es lo único que te importa, el dinero!
Sí, Ricardo,
¡necesito el puñetero dinero porque no llego a fin de mes!
¿Es que es tan difícil de entender?
¡Yo no quiero alquilarle el piso a Joaquín por mi noble corazón
o a vosotros para darme un capricho, sino porque necesito el dinero!
¡Con lo que gano no me da!
Antes entraban en mi casa dos sueldos,
pero ahora ya solo entra uno.
Sí.
Mi mujer me ha dejado y se ha ido con otro.
Y encima el juez ha decidido
que tengo que pagarle una manutención imposible
para que pueda vivir como una reina
en un piso donde va a vivir con él y con mis hijos.
Y no puedo más, estoy... ahogado y...
¡y por eso me he tenido que alquilar
un piso de mierda de 30 metros cuadrados
a las afueras de Madrid porque no me queda otra!
No quiero quedarme aquí tiempo discutiendo por el alquiler.
Pero necesito el dinero.
Alquilar este piso es la única opción que tengo de salir adelante.
¿Y por qué no te quedas a vivir aquí?
Queríais conocer a Joaquín, ¿no?
Muy bien, pues le veis un segundo y os vais, ¿estamos?
Joaquín, sí, te abro.
¿Ya?
¿No?
¿Ya?
¿Todavía no?
¿Ahora?
¿No? Ah, espera, creo que tienes que mover un poquito el pomo.
Sí, hasta que haga clac.
¿Ha hecho clac?
Sí, vale, perfecto.
¿En serio?
Naturalidad, por favor.
¡Vamos!
Escuchadme bien,
vais a conocer a Joaquín, le veis cinco minutitos,
le preguntáis lo que queráis con respeto
y os marcháis a tomar una decisión, me da igual dónde,
a casa de Lola, de Fernando, al portal o al bar, me da igual,
pero me mandáis un mensaje al móvil con la decisión tomada.
¿Está claro? Votáis con las manos, con los pies, en secreto,
me da exactamente igual.
Si queréis alquilarme el piso con las condiciones que yo dicho,
tú, Lola, como presidenta, me mandas un mensaje
- con la decisión tomada. - Muy bien.
- ¿Está claro? - Ajá.
Venga, sentaos, vamos, como si fuéramos normales.
- Joaquín. - Hola, Alberto.
- ¿Qué tal? - Bueno.
Oye, ¿te pillo bien?
Sí, nada, estábamos terminando una reunión de la comunidad.
- Ven. - Si quieres, espero abajo.
No, no te preocupes, así te presento a los vecinos.
- Ven, pasa. - Alberto...
Vecinos, mirad, él es Joaquín.
- Hola, Joaquín. - Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
Hola. ¿Qué tal? ¿Cómo están?
Pero pasa, pasa, Joaquín, no te quedes ahí.
No, si solo he venido a hablar un momento con Alberto,
- no quiero molestar. - No es ninguna molestia.
Por favor, siéntate, ponte cómodo.
Estábamos terminando un pequeño debate, vamos, nada que ocultar,
solamente nos queda votar.
Por favor, siéntate, siéntate.
Eh... Sí.
Bueno, nunca he tenido
la oportunidad de estar en una reunión de comunidad.
¿Y qué votaban si puede saberse?
Eh...
Estábamos tratando un tema del ascensor.
Ah.
Bueno, del ascensor y algunas cosas más.
Sí, todo cosas muy aburridas que no merecen la pena...
¿Verdad?
Quizá Joaquín nos pueda ayudar, ¿no?
Eh... No, Lola, no vamos a aburrir a Joaquín con nuestra reunión.
No es ninguna molestia, de verdad,
ya que estamos, si puedo ayudarles...
Estábamos decidiendo si cambiamos el ascensor
- o si... - O si no lo cambiábamos.
Porque te habrás dado cuenta,
Joaquín, que el ascensor está muy viejo
y que es de absoluta necesidad tener uno nuevo.
La verdad es que he subido por las escaleras, no lo he visto.
¿Por qué no has subido por el ascensor?
Bueno, porque voy cada día al gimnasio
a subir un escalón 500 veces,
no me voy a poner perezoso por subir hasta aquí 136 escalones.
¿Los has contado?
¿Eres de esos que van contando los escalones?
Bueno, sí, es sencillo, cuarto piso, dos tramos de escalera por piso,
17 escalones por tramo, 136.
Claro.
Pero bueno, creo yo que la decisión de cambiarlo o no
dependerá de lo que cueste el nuevo ascensor, ¿no?
Eh...
Imagina que el dinero no fuera un problema.
¡Ah! ¿Que tienen el dinero?
Entonces adelante, ¿cuál es el problema?
¿Veis?
Joaquín es partidario de cambiar el ascensor.
Claro, si tienen el dinero, ¿por qué no hacerlo?
Claro.
Por cierto, Alberto, he traído unos dulces para merendar.
Ah.
Lo que pasa que no sabía que éramos tanto.
Si traes unos platitos para repartir...
Sí, sí, sí, claro.
Alberto, ¿no le ofreces nada de beber a Joaquín?
No, yo estoy bien, de verdad.
Algo para acompañar los dulces.
¿Un vinito quizá?
No, no, yo no quiero molestar, solo he venido a hablar con Alberto.
No quiero ser una molestia.
Además un vino con dulce me sienta muy mal.
- ¿Una cerveza a lo mejor? - No, peor, peor.
Si me tomo una cerveza, me quedo dormido.
No me sientan bien ni el vino ni la cerveza.
- ¿No tomas alcohol, Joaquín? - Sí, sí, sí.
Me tomo un licorcito de orujo todos los días después de comer.
Oye, Joaquín,
perdona la pregunta, pero...
¿Tú tienes hijos?
No, en realidad, no... no tengo hijos, pero es que tampoco...
¿Qué ocurre?
¿No lo han escuchado? Me ha parecido oír algo.
- ¿Algo como... una voz? - Ricardo, por favor.
No, el telefonillo, ¿no lo habéis escuchado?
No, no, yo no he escuchado nada. ¿Vosotros habéis oído algo?
- No. - No.
¿Y tú, Nuria?
Joder, cómo está el patio.
Habrá sido otra cosa, en fin, ya volverá a llamar.
Les decía que eso, que no tengo familia,
no tengo hijos.
Oye, Joaquín, y perdona, una casa tan grande para ti solo,
entiendo que vienes a vivir con tu pareja.
Ya me gustaría, pero no, no tengo pareja.
Por ahora, estoy en búsqueda.
¿Os conocéis?
¿Quién?
Tú y Nuria.
- No. - No.
- No nos conocemos. - No.
A lo mejor habéis coincidido en un concierto de flamenco
y no os acordáis.
No, no, no, no.
No, no.
Acércate un poco, Nuria, que te vea Joaquín.
Lola, que no nos conocemos de nada.
No, no, si la hubiera visto, seguro que me acordaría.
Yo me quedo muy bien con las caras.
Además a mí no me gusta el flamenco.
¿Ah, no?
- ¿Y qué música te gusta? - El rock.
- ¿El rock? - Sí.
¿Y a qué volumen?
Bueno, aquí están los platitos.
Alberto, ¿no había un cuchillo más grande?
Eh... Bueno, es el único que tenía limpio.
- Déjame, no te molestes. - No, si no me importa.
- No, déjame. - Vale.
Eh...
Queréis todos, ¿no?
- Y tú también. - Sí.
¿Qué ha pasado?
- Pero ¿qué les pasa? - Deja ese cuchillo ahora mismo.
Pero tranquilos, tranquilos, que solo iba a cortar.
No pensarían que les iba ¡a atacar!
Que es una broma.
Nunca se sabe.
Hay mucho insensato por ahí fuera.
Tiene usted razón, sí.
Hay mucho insensato por ahí suelto.
¿Les has contado algo sobre mí?
Eh... Sí, claro, les he dicho que somos compañeros de trabajo.
Ya, pero...
¿Les has contado algo? Tú me entiendes.
Eh... Verás, Joaquín,
les he dicho que había alquilado el piso,
me han preguntado por ti y...
Les he dicho...
Nos ha dicho que padeces un problema de salud mental.
- Nuria. - ¡No, ni Nuria ni Nurio!
Está bien, Alberto, no pasa nada, no tengo nada que ocultar.
¡Joaquín tiene derecho a saber lo que está pasando aquí
- que ya está bien de este circo! - ¿Que tengo derecho a saber el qué?
Pues la verdad, Joaquín, la verdad.
Nuria, por favor.
¡No, Nuria tiene toda la razón!
No, no tiene razón, Joaquín no tiene ningún derecho,
no es propietario.
Los estatutos son bien claros en ese sentido.
Bueno, ya está bien, deberíais iros.
No, no, no.
Perdona, Alberto, no hemos terminado todavía.
- Aún falta votar, ¿no? - Nuria, por favor.
¡Hombre! ¿No queríais votar, votar y votar?
- ¡Que es lo que queríais hacer! - Nuria, lo he dejado bien clarito.
¡Pues vamos a votar,
pero vamos a votar con Joaquín delante!
Nuria, te lo estoy pidiendo por favor.
¡Para ya!
¡Levantad vuestras asquerosas manos mirándole a la cara!
Nuria, me parece que te estás alterando un poquito.
Sí, te estás pasando.
¡Me estoy alterando porque vosotros me estáis alterando!
Ojo, Nuria, vigila el estrés que te puedes descompensar.
¡Me descompensan las cosas que dices tú!
Nuria, hija, siéntate un ratito.
¡Que votemos!
¿Qué?
¿Qué os pasa?
Que ya no queréis votar, ¿no?
Con Joaquín delante ya no queréis votar.
Qué valientes sois, ¿eh?
Yo no les quiero molestar,
solo he venido a hablar un momento con Alberto y me marcho...
Que no, que no, Joaquín.
¿Sabes por qué no quieren votar delante de ti?
- Yo te lo explico. - Los estatutos no lo permiten.
¡Métete los estatutos por el culo, Ricardo!
No quieren votar delante de ti...
porque la votación es para quitarte el piso de Alberto.
Así es.
No quieren que vivas aquí.
¿Sabes por qué?
Pues porque eres un pirado,
un tarado, un demente, un loco.
Bueno, qué digo un loco, peor, ¡eres un potencial asesino,
eres un abusador de menores,
eres un perturbador del silencio nocturno,
un pirómano, un problema!
¡Eso es lo que eres para esta gente, un problema!
¡Eso es lo que eres tú y eso es lo que soy yo!
¿Verdad?
Porque yo soy como tú.
Yo también padezco una enfermedad mental.
¡Y llevo una hora intentando que me entiendan,
pero es que no me quieren escuchar,
solo quieren alquilarle el piso a Alberto
con el dinero que tenemos para cambiar el ascensor
solo para evitar que vengas a vivir aquí!
¡Y eso es lo que iban a votar
esta señora,
este personaje, el señor profesor y la presidenta!
- ¿Yo? - ¡Sí, tú!
¡La invisible como te llama tu amiga la falsa!
Yo en ningún momento quise alquilarle el piso a Alberto,
yo siempre quise que Joaquín viniera.
- ¿Perdona? - Pero, por favor, Lola.
Si llevas toda la tarde diciendo esto de Joaquín.
- Nadie ha dicho esas cosas. - ¡Lo habéis dicho y lo pensáis!
Vas a saber tú con la única neurona que te queda sana
- lo que pienso o dejo de pensar. - ¡Sois unos falsos!
- ¿Por qué no habláis ahora? - No me señales con el dedo.
¿Qué pasa si lo hemos dicho? ¡Estamos en un país libre!
- ¡Yo no he dicho eso! - ¡Sí!
- ¡No! - ¡Lo has dicho!
- ¡Que no lo he dicho! - ¡Lo has dicho!
¡No lo he dicho!
Déjalo, Lucas, las mujeres son así.
- ¿Qué tienen que ver? - ¡Callaos!
- Es una forma de hablar. - ¡Una mierda! Explícalo.
¿Qué tienes en contra de las mujeres?
No tengo nada en contra de las mujeres,
pero decís una cosa y a los dos minutos, la contraria.
Si hacemos eso es porque pensamos las cosas
y no nos da miedo reconocer una opinión mejor,
no como los hombres, que parece que si rectificáis,
- se os encogen los huevos. - ¡Queréis parar!
Los hombres no hacemos nada bien, todo lo que hacemos te parece mal.
- ¡Queréis parar! - Tú tienes un problema.
No, no tengo ningún problema con los hombres.
Claro que tienes problemas.
A todos, incluyendo al padre de tu hija,
los echas de tu vida, tú no quieres a los hombres, no los aguantas.
Tú machacas a todos los hombres, estás emocionalmente bloqueada.
¡Queréis callaros de una vez!
- ¡Eres una fóbica emocional! - ¿Fóbica emocional?
Me esperaba un insulto un poco más a la altura
de alguien tan inteligente y culto como tú, ilustrísimo Ricardo,
pero ya veo que no puedes ¿y sabes por qué?
¡Porque eres un intelectual de mierda
que se cree alguien porque una vez editó un libro!
¡Por favor, todo el día hablando de esa forma tan altiva,
que hablas como escribes, deja ya de hablar así, ridículo,
que eres un simple maestrillo de escuela,
que el único puesto importante que has tenido...
¡Que os calléis!
Ha sido ser el presidente de esta comunidad,
por eso ahora te jode que Lola, una mujer sin estudios,
- lo haga mejor que tú! - Nunca lo hará mejor.
¡Eres tú el que tiene problemas con las mujeres!
¿Y sabes por qué? ¡Crees que todas somos como la loca de tu madre!
¡No hables de mi madre, no sabes nada!
¡No te metas con su madre, Maite!
Él se puede meter con Joaquín y nosotros no con su madre.
- ¡No hables de mamá! - ¡Le tienes miedo a la locura!
- ¡No le tengo miedo! - Sí.
¡Todos le tenéis miedo a Joaquín!
¡No le tengo miedo ni a Joaquín ni a nadie!
¡Has estado diciendo que era un peligro!
- ¡Yo no he dicho eso! - ¡Claro que sí!
¡Que no me hables!
¡Hablo con quien me sale del culo!
¡Ya está bien, idos de mi casa!
¡Que os vayáis de mi puta casa, joder!
¡Queréis parar de una puta vez!
Joaquín, ven.
Joaquín, mira, de verdad, siento muchísimo todo esto,
de verdad, pero ha sido culpa mía, no sé qué me ha pasado.
Pero es que me han ofrecido más dinero
y ya sabes cuál es la situación personal con mi ex mujer.
Pero, bueno, tú no te preocupes que yo el piso te lo alquilo a ti
si me das cinco minutos para que eche a estos impresentables.
Me esperas abajo y ahora te llamo, no tienes que aguantar esta mierda.
Verás, Alberto, mira, que la verdad, que yo solo quería decirte
y he venido a decirte que...
No quería decírtelo por teléfono,
quería decirte que... que al final no te voy a alquilar el piso.
Y te juro que no es por todo esto que acabo de escuchar
que podría ser, pero no es.
La realidad es que me han ofrecido otro piso más barato
y más cerca de mis padres y me viene mejor,
por eso he venido, quería decírtelo en persona y disculparme
y por eso traje los dulces.
Y bueno, la señal que te di tampoco hace falta que me la devuelvas.
Bueno, si me la devuelves, mejor.
Eh... Sí, sí, sí, claro, no te preocupes, no pasa nada.
Lo entiendo.
Bueno, ya hablamos en la oficina.
Sí.
¡Maite, vamos a ver, y si lo hubiera hecho, ¿qué pasa!?
¡Ese dedo te lo guardas!
¡Sí! ¿Es una pistolita ahora? ¡Pim, pam, pum!
¡No me da la gana!
¿Y Joaquín?
¿Se ha ido?
Le he dicho que espere abajo,
no pienso tolerar que se vote delante de él.
Queríais conocer a Joaquín, muy bien, ya le habéis conocido.
¡Este piso se va a alquilar hoy! A quien lo haga es cosa vuestra.
Es inhumano lo que estáis haciendo.
¡Es la democracia, Nuria!
Y ahora, por favor, procedamos a la votación.
Votemos.
Sí, por favor.
¡No me lo puedo creer!
Acabemos con esto de una vez.
Primero tendríamos que revocar el acuerdo anterior.
Sí, bastaría con formular la pregunta
de tal manera que se incluyera de forma explícita
la revocación del anterior acuerdo.
Está bien, entonces...
procedemos a la revocación del acuerdo anterior
e igualmente, procedemos a la votación
para alquilar o no
el piso de Alberto por parte de la comunidad de vecinos
por una duración de dos años
y un alquiler de 1800 euros al mes.
Votos a favor.
Lola, por favor.
Por favor, por favor.
¡Joder!
Lo sabía, lo sabía.
La mayoría ha hablado.
Queda aprobado el alquiler del piso de Alberto.
¿Alguien quiere añadir algo más a la orden del día?
¡Es increíble!
¡Vaya panda de hijos de puta!
¡Pensáis que no tenéis una patología
porque no lleváis un cartel en la frente
como Joaquín y yo que estamos diagnosticados!
Muy bien, ¡pues sí que la tenéis!
¡La psiquiatría todavía no ha puesto nombre a lo vuestro,
pero el día que lo haga, os juro que os van a encerrar a todos!
¡Preparad vuestros oídos,
esta noche voy a pegar una fiesta que se va a cagar la perra
y tu hija va a venir!
Y yo también.
Bueno, felicidades a todos, tenemos piso.
No está mal esto de la democracia.
Un piso muy caro, pero, en fin, mejor así.
Siento mucho lo de tu ex mujer, pero este precio es un robo.
La seguridad nunca fue barata, Maite.
A mí me da pena de Joaquín, parece un buen chico.
Sí, sobre todo, con el cuchillo en la mano.
136 escalones.
De la que nos hemos librado.
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