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CÁRCEL DE MUJERES
¡Pasa, va!
- Hola, Fortunela. - Hola.
- ¿Ya han terminado tus vacaciones? - Ocúpate de tus asuntos.
Ahí está de vuelta.
¡Un vestido último modelo! ¡De "Miss Estriptís"!
¡Vean, vendemos a precio de liquidación!
¡Lo vendemos todo! ¡Miren qué ropa, señores! ¡Miren!
¡Hoy me he vuelto loca! ¿Qué es eso?
¡Eh!
- ¿Qué es esto? ¿De dónde lo has sacado? - Es una liquidación.
- ¿Cuánto? - 80. - 10.
¿No sabías que salía hoy?
- ¿No lo sabías? - Sí que lo sabía, sí.
¡Niño, quita de enmedio!
15.
- 75. - Dejémoslo en 20.
¿Cómo?
¡Hoy me he vuelto loca!
¡Un modelo creación "Miss Estriptís"!
¡Último modelo de seda pura!
Venga, vamos.
- Vamos. - ¡Empuja!
A mí no me han pagado por ir a la cárcel.
Mi sueldo se ha ido al fresco. Y tú me dices...
Que estás en la tienda, que la limpias, que vas al mercado... Vale.
Pero me dices: "me das de comer, me lavas, me planchas"...
De acuerdo, pero me pagas puntualmente.
- Pero, ¿qué estás diciendo? No te entiendo nada. -Ah, está bien.
Uno dice... "No te paga porque vivís juntos.
Sois como marido y mujer, es una relación sentimental".
¡Cómo fantaseas! ¿Marido y mujer? ¿Soy yo tu mujer?
Si me quieres desposar, antes me lo debes pedir.
Y cuando me lo hayas pedido, yo debo responderte que sí,
...porque igual te digo que no. - Y dale, ¿qué tiras? Tiran las cosas.
Se ha caído el incensario.
Pero, ¿qué dices? ¿Quién te ha preguntado nada? Estás hablando sola.
Entonces, ¿por qué he tenido que ir a la cárcel en tu puesto? Dime por qué.
¿En cuál puesto mío? La licencia está a tu nombre, tú lo has querido.
Yo soy un pobre desgraciado, me puedes dejar en la miseria cuando quieras
¿entonces qué hago? Te la quito.
- Vamos. - ¿Ah, sí? ¡Listo!
La licencia está a mi nombre, y así seguirá.
Mientras tanto me tienes que dar: 1500 liras de una multa,
3 mil liras de la semana de mayo, los zapatos, la comida,
...y el alojamiento porque he estado en la cárcel, ¿te enteras? -Cómo no.
- Cómo no voy a entenderlo. Vamos. - Además los zapatos debían ser nuevos.
- Y sólo les has puesto suelas. - ¿Para qué querías zapatos?
Has estado presa.
Vamos.
¡Corre, corre a ver al príncipe,
que te va a dar de comer él!
Ha sido una fatalidad. Le han dado la condicional
...y la han soltado hoy. - ¡Déjame la trenza!
- Entonces como y me voy. - No, tú come y quédate...
- Porque eres tú la jefa. - La jefa... ¿Y esa?
Esa es una criada: me lava, me plancha, me pone en orden el armario...
¿Y por qué no la echas?
También te debe atender a ti. No la puedo echar a la calle.
La licencia está a su nombre.
Mira, que si viene ella, me marcho yo.
No te va a decir nada. No tiene derecho...
...a decirte nada. ¡Qué guapa estás cuando comes!
- Mi prima Amelia. Siéntate. - Encantada.
- Encantada.
Yo me pido una sopa para empezar. Relaja el sistema nervioso.
Estimula los jugos gástricos.
- ¿Qué clase de prima es? - Carnal, ¿bromeas?
Ha venido del pueblo.
- ¿Tiene casa en Roma? -¡Claro! Ha venido, es familia directa.
¿Tú no comes?
¡Giulio!
Venga. ¡Que me matas!
¡Apaga!
¡Apaga!
¡Maldita sea!
¡El daño que he sufrido yo, no parece nada!
¡Y tú, dejando que te mandaran a la cárcel!
¿Acaso me he dejado meter en la cárcel por diversión?
¿Quién tenía que pagar la multa?
Deja las pastillas. Me vienen bien para la faringitis.
He tenido que enseñarle todo a esta. Al 100%.
Si no, ¿quién se quedaba en el negocio? Por suerte estaba ella.
Bueno, yo me meto a la cama, tengo sueño.
- Buenas noches. - Buenas noches, guapa.
Ten paciencia, habrá que sacrificarse por esta noche.
"Paciencia"...
...que diría aquel.
Cuando pienso en los pobres...
que duermen debajo de los puentes.
Sobre la tierra desnuda, a la intemperie.
En las noches de lobos.
¿Estamos mal nosotros?
¿Llevamos una vida ostentosa?
¡Miremos detrás nuestro!
¿Quién está detrás? El necesitado...
El abandonado...
Aquel que está peor que nosotros... y nosotros nos lamentamos.
Nos lamentamos. Lamentémonos, muy bien.
¡Laméntate!
¡Vergüenza! Pero contentémonos,
Se trata de descansar estos cuatro huesos cansados...
...durante tres o cuatro horas.
No mucho más.
Qué se le va a hacer.
¡Oh, Dios!
¡Oh, Dios!
Yo me pongo en un lado, como si no estuviera.
Mañana lo arreglaremos todo.
- Mañana meteremos la cama en la cocina. -¿Por quién?
¡Oh, madre mía! ¡Madre mía, qué dolor de cabeza!
La tengo como un bombo.
Mañana iré al médico.
- Mañana haré que me pongan una inyección... -¡Ay, la trenza!
La trenza... Le duele la trenza.
Me encuentro un poco mal.
Necesito curarme.
¡Madre mía!
Me queman los ojos...
¡Qué mal de mente!
Necesito cariño...
Nada más.
¡Oh, madre mía! ¡Madre mía!
- ¡Ay, Dios! -¿Qué sucede? - ¡Madre mía!
¿Yo estando en la cárcel por tu culpa, y tú en la cama con esta?
¡¿Pero qué quieres?!
- ¿Quién te ha mandado gritar? - ¿Para quién es la cama en la cocina?
¿Para mí? ¡A esta no la quiero ni en la cocina!
¡Carretera y manta para su pueblo!
- ¡Ahora! ¡Inmediatamente! - ¡¿Pero quién eres tú?!
¿Eres mi esposa? ¡Eres mi empleada, yo te pago!
¡Yo a mi casa traigo a quien quiero!
- ¡Así que si no te gusta, te largas! - ¡Que se largue ella!
- ¡Enseguida! - ¿A quién? ¡Ven aquí!
- ¡Échala! - ¿A quién?
- ¡Suéltala! ¡Échala! - ¿A quién? ¡Te voy a despedir!
- ¡Coge el petate y vete! - ¿Yo? -¡Ay, Dios!
¡¿Me echas a mí?!
- ¡Me siento mal! -¡Vale! Ahora mismo voy a comisaría.
Les voy a decir todo. Que le compras la mercancía a Peppe.
De Peppe "Il Moro". Y luego les cuento lo de Palestrina.
Y que sacas el dinero del usurero. ¡Todo lo voy a contar!
- ¡Todo! ¡Te voy a arruinar! ¡Delincuente! - ¿Adónde va?
- ¿Qué quieres? - ¿No puedo hacer así?
- ¿Tengo que hacer así? -¡No! ¡Largo, largo! -¿No? -¡No, largo!
¡Eh, usted!
¿Qué hace?
- ¿Quién es? - Si busca cerillas,
están en el bolsillo del pantalón.
¿Pero qué hace ahí?
Cuidado que te detienen. ¿Estás loco?
No, no. No dicen nada a esta hora de la noche.
"Clara, fresca y dulce agua"...
Vamos, báñese también usted. Está maravillosa.
- Sí, voy ya mismo... - ¿No le gusta el agua?
Pues en ella se esconde uno de los mayores secretos de la vida.
La sensación de abandono, de distensión...
El agua es nuestra madre.
Es el elemento a partir del que se originan todas las criaturas vivientes.
"En un principio, la Tierra estaba totalmente vacía,
y el Espíritu del Señor se movía sobre la faz de aguas inmensas. "
Pero, ¿qué dice?
Qué bien lo hace,
parece un pez.
Le apuesto que aguanto 70 segundos bajo el agua.
- Apostemos 500 liras. - ¿Las tiene usted?
Busque en el bolsillo del pantalón.
Yo pongo 500 liras, y usted otras 500. ¿Está bien?
Cójalas, solo hay eso.
- ¿Hasta cuánto? - Hasta 70.
Mire, yo cuento hasta 80.
O aguanta, o yo me quedo con las 500 liras. ¿Está bien?
- Estas son las mías, ¿eh? - De acuerdo.
- ¿Me permite? Profesor Golfiero Paganica. - Nanda Diotallevi.
- Entonces, de acuerdo. Uno, dos... - Entonces hasta 90, ¿de acuerdo?
Está bien. Uno, dos, tres.
4, 5, 6, 7, 8...
9, 10, 11, 12, 13, 14, 15,
16, 17, 18, 19, 20, 21, 22,
23...
24, 25, 26, 27... 28, 29, 30,
39, 40, 41,
42, 43, 44...
¿Pero qué está haciendo?
61, 62, 63, 64...
84...
85, 86, 87, 88,
89... 90.
¡No! ¡Eh, no!
¿Dónde va? Eso no es correcto.
La palabra es sagrada. Una señora debe saber perder.
¿Qué importa el dinero?
- Yo exijo de usted las 500 liras. - ¡Listo!
Deja de hacer payasadas. ¡Devuélveme las 500 liras!
No, no, usted se equivoca. Yo no debo pagar, porque he ganado.
Saca el dinero. No me gusta discutir con locos.
- ¡Devuélveme mi dinero! - Discúlpeme,
pero ha sido usted quien ha perdido, y es usted quien debe pagar.
Eh, ¿crees que me vas a engañar así?
- ¡Devuélveme mi dinero! - No, no, no...
Yo te mato, ¿sabes?
¡Devuélveme el dinero, maldita sea!
...no te lo doy...
Voy a ir a comisaría, te denunciaré.
¡Te rompo la cabeza! ¡Maldita sea!
¡Dame mi dinero!
¡Dámelo o te envío a la cárcel! ¡Dame el dinero!
No te doy nada.
Espera...
- ¡Me cago en...! - ¿Te has manchado? -¡Desgraciada!
- Hija de... - ¿Acaso he sido yo?
- Mira esta. - Ahora lo verás, sucia perra.
- Tirando tomates podridos. - No he sido yo.
¿Qué has hecho, desgraciada?
Eh, ven aquí.
¿Qué queréis?
No, les aseguro que no lo ha hecho aposta, solo ha equivocado el destino.
- La señorita está conmigo. El tomate era para mí. -¿Habéis visto?
¿La señorita va con usted? Entonces me aguanto el tomatazo.
- Y hasta le doy las gracias. - ¡No, no no!
Disculpe... No, no. Será mejor que no me toque, ¿sabe?
¡Toma!
¡Cuidado!
¿También usted?
¡Canallas! ¡Virgen santa! La bolsa.
Profesor.
Vamos, ánimo.
Espera. Espera un poco.
Suénate.
¡Más fuerte!
- Hace falta un poco de agua. - Mejor un buen café.
- Ánimo, profesor. - Los papeles.
Deje los papeles, ¿no ve que está manchado de sangre?
Más que café necesita alcohol.
¡Tiene razón, alcohol!
Vamos. Conozco un sitio, una taberna que está abierta hasta tarde.
- ¿Y quién paga? - Este es quién paga. ¡Aquí está!
- ¡Con mi dinero! - ¡Que he ganado! Invito yo.
El Lambrusco es un gran vino.
- Por favor. -No, basta. - No, por favor, señorita.
¡Salud!
El Lambrusco es un vino generoso que fortalece la sangre. ¿Está bueno?
Bien. Deme, deme. Gracias.
Salud.
Yo he escrito y defendido a capa y espada que las tabernas deberían
hacer turno de noche, como una farmacia.
Es inútil escribir en el periódico, es como hablar al viento.
¿Pero tú qué haces, escribes en el periódico?
Se hace de todo para arrastrar la penosa carga de la existencia.
¿Y pagan bien?
Solo las mentiras son retribuidas con generosidad.
Pero yo adoro la verdad... Aunque, desgraciadamente,
la verdad hoy en día está de saldo, querida niña.
- Pues miente. - Ojalá. Salud.
Suena la trompeta,
para los fuertes y valientes...
- "I Puritani", ¿la conoces? - ¡Y tanto!
**Distorsiona una famosa canción italiana que nada tiene que ver con "I puritani"**
¡Magnífico!
Me viene a la mente una maravillosa cama donde dormí en Florencia.
Una cama patriarcal, que me agradaría esta noche porque estoy cansado.
No me agrada la idea de dormir en una escalera.
¿Tienes casa tú?
Pero cómo, ¿no tienes casa?
- ¿Estás en la calle? - Temporalmente.
¡Pero son tan espléndidas las noches aquí!
Pero, ¿cómo?
Un señor como tú, un instruido que escribe en el periódico y le pagan bien...
¿Está durmiendo en la calle?
- Tú que eres capaz, inténtalo, ¿no? - ¡Jamás!
Maldita sea, si supiera escribir mentiras yo, profesor.
¿Por qué? ¿Tú tampoco tienes casa?
¡Qué tiene que ver! Yo no escribo en el periódico.
Pero yo tenía una casa.
Casa, negocio, licencia, todo lo tenía...
Y ahora que lo tenía todo ese pordiosero lleva a su prima y la pone en mi sitio.
¡Maldita sea! Me he tirado cuatro años trabajando allí "dentro".
Hacía de todo: lavar, planchar, llevar el carrito, vender,
y me tenía incluso que casar.
No señor, llega la prima ¡y se quería meter hasta en la cama!
- ¡Olivaro, ven acá! - Toma, aprovecha.
No, basta. Dame un cucurucho.
Que sean gordas, eh.
Ten.
Paga.
¡Maldita sea, si lo supiese mi padre!
Porque yo soy la hija del príncipe Guidobaldi.
¿Has oído?
¿Don Pietro Guidobaldi?
- ¿Tú eres su hija? -Puede que ilegítima. - Don Pietro Guidobaldi...
¡Ah! ¡El Guidobaldi de Sovana está en Lanciano!
El feudo de Sovana le fue concedido a la familia tras las Cruzadas.
Así que eres la hija de don Pietro.
Puede ser. Las cosas más inverosímiles son las más verdaderas.
Es eso lo que hace a la vida... No, gracias.
...así de hermosa, el aire fascinante...
- ¿Me permite? -Oh, disculpe. - ¿Me permite? -Pase, pase.
Disculpe. Beba un trago.
- Beba un trago. -Lárgate. - Eh, beba un trago. Tenga.
¡Se acabó!
- Vamos. - Voy. Disculpe.
Sí que es verdad.
Cuando yo era una cría, vamos, cuando yo era así de pequeña,
dado que yo soy huérfana,
...ya vivía en los bajos del palacio. - ¿El palacio?
Sí, yo siempre estaba por allí.
Y me tenía una mujer que trabajaba dentro del palacio.
Bueno, un día pasó el príncipe, el que ahora es viejo, don Pietro...
- El príncipe... - Y dijo: "Hola, María, ¿qué tal?"
Luego me cogió en brazos.
Y casi me echo a llorar... ¡Casi, eh!
- ¿Y sabes lo que dijo? -Sí, sí, sí. - "Pobre hija mía. Pobre hija mía. "
Y me miraba, me miraba...
¿Y sabes qué más dijo?
Es el vivo retrato de mi pobre abuela.
- No. - ¡Ese retrato existe!
- ¿De verdad? - Y se me parece.
- Se te parece. - Tal cual. -Tal cual.
- Yo lo sé. -También yo. - Porque lo veo siempre. ¿Entiendes?
¡Castillo Sant'Angelo!
Cuánta sangre fue derramada ahí dentro.
Don Pietro conoce la historia.
- Ahí está Golfiero. -¿Eh? - ¡Golfiero!
- ¡Golfiero! - ¡"Cavalieri" de la noche!
Aquí me tenéis.
Princesa, me voy lejos.
El destino nos separa.
- ¡Adiós, princesa! - ¡Princesa!
Pirelli S.A., 3820.
Condotte, 415. Acquamarcia, 1193.
Italgas, 1135.
Liquigas, 357.
Cambio de divisas... Dólar USA, 624'80.
Dólar canadiense, 630'58.
Franco suizo, 145'80.
Estos eran los valores de clausura
actuales y oficiales de la Bolsa de valores de Roma.
El mercado está tranquilo hoy.
- Pero yo digo que se recupera. - ¡Qué radio aburrida!
- No ponen ni una cancioncita. -Más tarde, Amelia, más tarde pondrán cancioncitas.
¿Quieres un poco de café, Amelia?
¡Por favor! El café me pone nerviosa.
- Sí, un poquito. - A mí también.
¿Sabes lo que podemos hacer luego? Tomarnos un buen helado.
- ¡Muy bien! - ¿Eh?
- Me gusta. - Quizás un helado sí, pero luego.
- Pon ésta. - No veo ninguna. -Ésta.
- Ah. - Aquí, y esta la pones aquí.
¿Sabes que eres muy buena? A mí nunca me sale.
Bah, a lo mejor tengo un don.
Cierto, Nanda es buena. Tiene ojo. Tiene el ojito espabilado.
Es astuta como una liebre, nuestra Nandaccia.
- Cada uno tiene sus cualidades. - Pórtate bien.
No sé perché, tengo ganas de helado hoy.
Entonces, ¿quieres un helado?
¡Eh! ¿Quieres el helado?
Sí, a lo mejor el de cono.
Voy a hacerte un juego de ilusionismo.
Alza.
Escoge una carta.
- ¡Amelia! - ¿Qué?
- ¿No bajas a por el helado? - Súbemelo.
No puedo. Tengo cosas que hacer.
¡Amelia, que se derrite!
¡Amelia!
¡Qué son estos gritos que estoy oyendo!
- ¡Qué son! -¡No! - ¡Ay Dios!
¡Ay Dios! ¡Frena!
¡Madre mía, se ha matado!
¡Peppi'! ¡Madre mía, que se ha matado!
¿Te has resbalado? Ten cuidado, Peppino.
¿Qué sucede? ¡Ay Dios!
Levántate, Peppino.
¡Ay madre mía! ¡Qué tremendo golpe!
- Vamos a la fuente. - ¡Bajé las escaleras de cabeza!
¡Ay Dios, qué trampa!
¡Desgraciada!
¿Ya no se puede ni limpiar la escalera?
¡Baja, Dios del cielo!
¡Ayuda a tu hijo, alívialo!
Mi padre...
¡Maldita sea! ¿Adónde va?
Llegará el día en que me reconocerá.
La sangre es la sangre.
Un día iré a verte y te lo contaré todo.
Así, luego, ya viviremos juntos.
¡Nanda!
¡Date prisa, tenemos que ir a Cerveteri por las vasijas etruscas!
Es trabajo que hay que hacer de noche.
- Ya habéis llegado. - Ahí está, el campesino ladrón.
- Buenas noches. - Buenas noches.
- ¿Quienes son? ¿Puedo hablar? - Sí, sí, están en sociedad conmigo.
- No tengo la mercancía. - ¿Me haces venir aquí para decirme eso?
Estás loco, por aquí pasan carabinieri. Lo escondí en el cementerio.
- Sube. -No se puede con la camioneta, hay que ir a pie. -¡Maldita sea!
- ¿Está lejos? - No, un kilómetro. - Venga, vamos.
- ¿Cuánto tardaréis? - En media hora estamos aquí.
Si viene alguien, que he ido a ver un cerdo, pero vuelvo enseguida.
- Peppino, voy contigo. - ¿Estás loca? Vuelvo enseguida. Vamos.
- ¿Qué es? - Dos vasijas estruscas. -¿Intactas?
- No, a una le falta un mango. - ¿Qué es eso?
- Nada, una lechuza. - ¿Quién se toma el riesgo?
No es la primera vez que trabajamos juntos, ¿no?
- Yo no te conozco, tú no me conoces... - Vamos los dos a la cárcel.
- Esta vez nos pillan, campesino mío. - No te preocupes. Andando.
- ¡Y dale! - Lechuzas otra vez.
¿Tienes miedo?
"Quien mal no hace, na-nada teme. "
Mi-miedo, ¿de qué?
¿Lo sabías?
Esto está lleno de tumbas.
Están los muertos dentro, apenas uno los toca, se convierten en polvo.
Claro que si uno te mata aquí, nadie se entera.
Además pasa la "Finanza" casi todas las noches.
¡Disparan!
- ¿Por qué me miras? - ¿Te molesta? -No...
- ¿Es verdad que eres una princesa? - ¿Qué gracia tiene?
No me río, es que podría ser verdad.
- Es verdad. ¿Te molesta? - No, no, al contrario, me alegro.
No, no te alegras.
Lo has dicho con un aire así, como si yo fuese una loca.
No, no, por Dios, me alegro.
Y ademas lo ha dicho un señor instruido, un profesor,
uno que escribe artículos para el periódico, que además le pagan...
- Que puede ser verdad... ¡Que es verdad! - Ha hecho bien. Tienes razón.
Y además yo... Yo lo recuerdo perfectamente.
Porque yo siempre he vivido en los bajos el palacio.
Y me tenía la mujer que trabajaba dentro.
Bien, una vez pasó el príncipe, me tomó en brazos y dijo...
"Pobre hija mía, pobre hija mía". Me acuerdo perfectamente...
que el príncipe dijo eso.
No vuelven. Es tarde.
Nanda, ¿qué hacemos? No vuelven.
¿Sabes lo que vamos a hacer en vez de esperar...?
Vamos a buscarlos.
Vamos, andando.
- Nanda, no me dejes sola. - ¿Quién te deja sola? ¡Andando!
Espera, Nanda.
¡Nanda, espera!
¡Nanda!
Oh, Dios mío. ¡Espérame, Nanda!
¡Nanda, no me dejes sola, por favor!
Nanda.
- Nanda, ¿adónde me llevas? -¿Quieres a tu Peppino? -Sí. -Pues andando.
- ¡Virgen santa! - Sígueme.
Almas del purgatorio, ahora bajamos.
Virgen santa, ¿qué he hecho yo?
Nanda, espera.
- ¡Y ahora una subida! - Subimos y bajamos.
¡Nanda!
Nanda, no corras, por favor.
Princesa, princesa...
¡Princesa!
¡Espérame!
¡No puedo!
¡Espera!
¿Nanda?
¡Peppino! ¡Ay, Dios!
- ¡Cállate, que hay muertos! - Madre mía, también hay muertos.
¡Peppino!
¡Peppì!
Espera. ¡Espérame, Nanda!
¡Nanda! ¡Peppino!
¡Peppino, tengo miedo!
Nanda...
Mira, te quiero decir una cosa.
Espera, ya no puedo más.
¡Almas del Purgatorio!
Ay Dios, se me ha roto un tacón.
- ¡Nanda! - ¡Muévete!
Nanda, espérame. Espera.
¡Espera, Nanda!
¡No!
¡Nanda, me he caído!
¡Nanda, sácame!
¡Nanda, ayuda!
¡Peppino!
¡Nanda!
¡Amelia!
¡Nanda!
¡Nanda!
Ahí llega, y despacio...
¿Quién os ha dicho que dejéis sola la camioneta?
Estoy aquí, ¿no?
¿Dónde habéis estado? Llevo una hora esperando.
- ¿Dónde está Amelia? - Yo no os veía volver...
¿Amelia? Amelia ya está en casa. Y fui a buscarte.
He dicho que esperarais. Yo estaba en el cementerio, jugándome la vida.
- ¡Amelia! - Amelia...
- Tenía miedo. - ¿Miedo? ¿Y adónde ha ido?
- Tomó el autobús. - ¿Pero eres tonta? ¿El autobús aquí?
Ha pasado un automovilista. Un...
Uno en motocicleta... que iba a coger el autobús.
Entonces se ha ido con él. Una motocicleta roja.
¿Qué me dices? Pareces una loca. ¿Uno en moto que va a coger el autobús?
¡Y yo qué sé! Ha pasado éste. Le ha dicho: "¿Puedo ir con usted?"
El otro le ha dicho que sí y ha montado con él.
- ¿Y dónde ha ido - Pero creo que...
- Esa a Roma no vuelve. - ¿Pero adónde ha ido?
- ¿Sabes qué me ha dicho antes de irse? - ¿Qué te ha dicho?
Me ha dicho que en su pueblo era una señora y no le faltaba de nada.
Y que Roma no le gusta. ¡No-le-gus-ta!
- Por eso creo que esa ya no vuelve. - ¡Desgraciada!
Todo por tu culpa. No me lo puedo creer.
- Oh, Dios, Dios. - El negocio está hecho, eh.
Te ha ido todo bien, ¿eh? Bueno, esa se ha ido...
Mira qué aire fresco.
- Vamos, date prisa, ¿no? Cierra la ventanilla. -Ay, Dios.
- ¿Son bonitas las vasijas? -Sí. - ¿Vas por otro lado?
Hago lo que me da la gana.
Eso. La vasija la ponemos aquí, y las botellas arriba.
Así cuando se busque algo, se encontrará enseguida.
- Dame el mortero. - ¿El mortero?
- ¿Dónde habré puesto el mortero? Aquí está. -¿Lo has encontrado?
Lo tenía delante.
Para que luego digas "¿Te apetece comer fuera, en el campo, en casa de un amigo...?"
¡Pero dónde va a estar uno mejor que en su casa!
Y quizás luego hay ganas de salir, dar una vuelta, un poco de distracción...
¿Y luego cuando estás cansado dónde vas? ¡A casa!
...de gente.
Si viene un amigo, un pariente; uno es amable, lo trata bien, le ofrece algo.
¡Pero al rato se va! ¿No?
El invitado es como el pez, que al rato huele mal.
Y el hombre tiene derecho a disfrutar de su intimidad. ¿No es verdad?
Tranquila, calla, calla, calla. Cállate.
Siempre estás hablando sola.
Tranquila.
Peppì...
¡Madre mía!
Peppì...
¡Ojos míos, qué veis!
¡Santa mía, cómo te han dejado!
¡Toda chupada! ¡Qué guarra estás!
¡Dime quién ha sido! ¡Te has quedado como San Lázaro!
¡Peppì!
- ¡Peppì! - ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios!
Peppì, me quería matar. Me ha tirado dentro de un agujero.
- ¡Quería matarme! - ¡Cómo te has quedado! ¿Ha sido ella?
¡Desgraciada! ¡Ay, Dios!
- ¿Te me tiras encima? -¡Sí! - Que me aplastas.
- ¿La ves? - ¡Alma perversa! ¡Asesina!
La querías matar.
- ¡Te mereces el castigo! - ¿Lo ves? ¡Está loca!
¡Tranquila, que me ahogas!
- Nanda, ¿adónde vas? -¿La ves? - Ay Dios, las botellas.
Tranquila, Nanda. ¡Déjame!
¡Todo lo bueno! ¡Déjame!
- Nanda, ¿adónde vas? - ¡Se acabó! ¡Me voy!
¡Nanda, la licencia está a tu nombre! ¡Estoy arruinado! ¿Adónde vas?
¡Me voy con mi padre!
Eh, ¿adónde vas?
- A ver al príncipe. -¿Tienes cita? - ¡Claro que sí!
Es algo importantísimo. Me conoce.
¿Cómo te llamas?
Nanda Diotallevi.
¿Hola? Cosimo.
Escucha, ¿sabes si una tal Nanda Diotallevi tiene una cita?
Sí, la que va con ropa vieja.
- ¿Y qué se yo? -¿Entonces puedo ir? - ¡En cuanto llegue, detenla!
¡Ahí está! ¡Detente! ¡Quieta! ¡Ven aquí!
¡Ahí está!
¡Abran! ¡Abran!
¡No! ¡No me pongáis la mano encima! ¡Soy una mujer!
- ¡Soy una mujer! ¡No me toquéis! - ¿Quién te va a tocar? Por favor.
- Tengo una cita con el príncipe. - Calla, pórtate bien.
¡Tengo una cita con el príncipe! ¡Dejadme!
¡Sinvergüenzas!
¡Vendidos! ¡Os digo que tengo una cita!
¡Dejadme! ¡Me cago en vuestra suerte, voy a hacer que os despidan a todos!
- ¡Dejadme! -¡Y ahora largo! - ¡Vendidos!
- ¡Vergüenza debería darte! - ¡Asquerosos, escoria!
- ¡Vaya trabajo que nos ha dado la loca! - ¿Pero qué ganáis? -¡Granuja!
¡Lárgate!
¡Amelia!
¡Amelia!
Amelia, vuelve. ¿Por qué te vas? ¡Amelia!
Amelia, escucha, no te vayas.
Es un tremendo golpe para mí, Amelia.
Me entran las convulsiones.
- Amelia, ¿por qué te vas? - Me voy.
- Esa me mata. Ya lo ha intentado dos veces. -No te mata.
Escucha, Amelia, ven aquí. No me hagas cometer una locura,
- Que tengo la navaja de afeitar. - Peppì, ¿quieres que llame a urgencias?
¿Y tú quién narices eres? ¡Vete por ahí!
¡Amelia! ¡Amelia, ven aquí!
¿Qué voy a hacer solo?
¡Madre mía, qué guapa! Señorita...
¿Es usted de por aquí? ¿Puedo serle útil en algo?
¡Vaya prisas! Total, quién soy yo, si no soy nadie...
Me he quedado solo.
¡Me he quedado solo!
¡Nanda!
Adelante, vamos.
¿No ven que la banca va mal esta noche? Apuesten, apuesten.
Esta noche está escasa. Ánimo.
- "Bonsoir à tout le monde". - Gracias.
¿Es esta?
Toma, juega todo al tres.
Apuesten. Apuesten, señores. Hagan juego.
Hagan juego, señores. Apuesten.
Apuesten.
Apuesten, hagan juego.
Eh, ¿te quieres decidir ya?
- ¡Déjame pensar! - Qué quieres pensar...
- ¿Pero tú quién eres? - Ah, vale.
- Me parece demasiado alta. - ¿Estás loco?
¿Y dónde la encuentras más pequeña? Parece un ratoncito.
Está bien, aquí tienes diez mil. Viernes y sábado. El domingo te la devuelvo.
- Y me das otros diez mil. - Lo dicho, dicho queda.
"Rien ne va plus".
- ¡No va más! - Ya lo hemos entendido.
- Tres rojo impar. - ¿Has visto cómo he ganado?
Porque aposté...
El juego es el juego. Lo he puesto en el rojo y he ganado.
¿Y ahora a quién le das el dinero?
¡Me ha engañado, esto es trampa!
- ¿Verdad que me has dicho que apostase el tres rojo? -¡No has apostado!
- ¿Cómo que no he apostado? - Te has equivocado, Nanda.
Vamos.
¡Esto es una estafa!
Mira, este es Riccardino. Dice que le gustas.
Pues él a mí no me gusta nada. Lleva media hora mirándome sin parar.
- Es 1.30. -¿Qué haces? - Agáchate.
- Agáchate. -¿Por qué me tengo que agachar? -Ponte así. -Ponte así.
- ¿Te has hecho sastre? - ¿En el baúl te metes tú o yo?
¿En el baúl?
- Llévala donde el gordo, él se encarga. - Es un baúl americano, es un juego.
El gordo es un cachondo. Tú te metes dentro y ganas 5 mil.
¡La dirección...!
¡La dirección...!
¡Silencio, por favor!
¡Silencio he dicho!
La dirección tiene el placer de presentarles a "Oso" Bruno.
La dirección ofrece 25 mil liras
a cualquiera que quiera batirse
con "Oso" Bruno.
Y no he acabado...
¡Naranjada!
¡La dirección añade 25 mil liras,
lo que hace un total de 50
a quien logre tumbarlo en la lona!
¡Pipas!
¡Cincuenta verdes!
¡Cincuenta verdes!
¿Nadie acepta el desafío?
¡Yo! ¡Eh, yo!
¡Yo acepto el desafío!
¿Qué es lo que no entiendes? Cogen el baúl, lo llevan a la villa,
...lo ponen en la entrada... - Y yo todo el rato dentro del baúl.
No tienes que estar toda la noche.
Este es el reloj. Esta es la linterna, funciona.
A la una en punto sales del baúl. Abres la puerta de entrada.
Entra "El Chispas" y tú ya has terminado, te largas.
- ¿Y quién es "El Chispas"? - Ése de ahí, está echando la siesta.
¡Ey, Rififi! ¿Y si "El Chispas" no llega a tiempo?
Aquí pone "New York - USA".
Y yo no quiero irme a América.
Además, me gustaría saber por qué no lo metéis a él en el baúl.
- Que encima es más enano que yo. - Porque tiene antecedentes.
- Por miedo, tendrás que ir. - ¿Y si no tuviese miedo?
Es lo mismo, porque tu socio ha pillado 10 mil liras.
¿Y si ahora escapo?
- Vamos, que no escapas. Muévete. - ¿Y cómo respiro?
- Hay agujeros. - Tranquila.
Nanda, ven aquí. ¿Adónde vas?
Toma.
Ten.
¿A quién me has traído?
¡Profesor!
¡Profesor, estoy aquí!
Profesor, ¿se ha hecho daño?
Dejadlo, ¿no?
¡Vamos, profesor!
¡Ya verás a tu "Oso" Bruno! Lo desmonta, y luego te destroza a ti también.
¡Ahí va, qué valiente!
¿Pero quién es este pordiosero? ¡Me da asco!
¡Bien! ¡Bien, profesor!
¡Profesor, profesor! ¡Soy Nanda!
- ¡Princesa! - ¿Me reconoce? ¿Me recuerda?
También yo me acuerdo de usted. ¡Atiza, qué bueno es!
Profesor, ¿adónde va? ¿Me lleva con usted?
- ¿Me lleva con usted? - ¡Claro! Ven, vamos.
- ¿Pero adónde...? -Yo qué sé. - Ve a ver dónde va.
- ¿Adónde vas? - Lo conozco, me ha invitado.
Tú lo conoces, pero yo no. ¡Tú te quedas aquí!
Disculpe, profesor Golfiero Paganica.
La señorita está conmigo.
La señorita está comprometida con nosotros. Vamos, andando.
No, yo no estoy comprometida con nadie. El dinero lo tiene él, que se esconda él.
- Yo estoy libre, andando. - O él o tú, a mí me da igual.
Me vas a dejar mal delante del señor, es un amigo.
¡Eh, un momento! Les agradecería que la señorita fuese tratada de otra manera.
Si la señorita desea irse, debe ser librada...
Pero, ¿qué dices? ¡Éste me ha chuleado diez mil liras,
...diez mil! - ¡Diez verdes!
- ¿Por tan poco? Por la libertad nunca se paga demasiado. -¡Déjalo!
- Princesa, los amigos nos esperan. - Vamos, profesor.
- ¿Pero quién es ese profesor? - ¡Y yo qué sé!
¡Nanda!
Ven aquí. No me hagas enfadar.
Cuéntame algo, princesa. ¿Qué tal está don Pietro?
No siempre me echarán del palacio.
Llegará un día en el que podré hablar con el príncipe.
Y entonces sí que vamos a reírnos, profesor.
Claro, claro...
Don Pietro y yo somos como hermanos. ¿Quieres hablarle? Te llevo yo.
No te dejan pasar. Están: el cocinero, el mayordomo y el portero...
- ¿Cuándo vas a poder pasar? ¿Cuándo? - ¿Que no me recibe a mí?
- ¡Tú no me conoces! - ¡Salud! -¡Salud!
¡Salud!
Todos estos son muy buenos chicos. Han venido a Roma para conocerme.
Han leído mis artículos. Admiran mi estilo y me aprecian.
Princesa, he decidido ocuparme de ti a partir de ahora.
He decidido hacerme cargo de ti. De ahora en adelante no debes temer nada.
¿Sabes cuál es tu principal aspiración? Dímela, ¿qué quieres que haga por ti?
Profesor...
Profesor...
Si haces que me reconozcan como princesa...
Yo seré para ti como una hermana... Una hija.
¡Te regalo mi vida!
¡Pero con Peppino no vuelvo!
Prefiero dormir debajo de un puente.
¿No tienes casa?
Hace falta tener una casa.
Yo tengo una villa que te puede venir bien.
Está al lado del río. No es grande, pero para ti es suficiente.
De niño iba allí a pescar con mi padre.
Te la regalo.
Profesor, está de broma.
¿Baila? Sí, vamos.
Qué es la libertad, princesa.
Yo la he encontrado renegando de todo: la familia, la riqueza, la sociedad, todo.
¿Pero cuáles son los límites que yo debo conocer,
que debo encontrar? Debo conocer mis limitaciones.
- Tengo que defenderme. - ¡Virgen santa!
Si tú puedes ayudarme, yo te ayudaré,
porque tú eres una esclava que ha descubierto la libertad.
¡La libertad!
¡Nanda! ¿Adónde vas con ese gorila?
- ¡Borrachuzo! - ¡Canalla!
¡Ven aquí a decírmelo! ¡Sal fuera si tienes valor!
¡Lárgate, desgraciado! Yo cuidaré de tu casa.
- Pero tienes que cambiar de vida. - Sí. Trabajaré, y no volveré a beber.
- Y tú te encargas de la casa. - ¿Dónde está la villa?
La villa, lo recuerdo, estaba aquí.
¿Dónde está?
Te lo juro... Vine el año pasado.
- ¿En qué mes estamos? - ¿No recuerdas dónde está tu casa?
¡Loca, vuelve a casa que te dejo fuera esta noche!
Pero, ¿qué quiere? ¡Qué importuno es!
No le haga caso, todo es rabia. ¡Muérete de envidia!
¿Has perdido la casa? ¿Dónde está?
¡Éste es el árbol!
Lo recuerdo. ¡Éste es el sitio! Lo recuerdo muy bien.
Ya verás, no es grande pero es acogedora. Para nosotros dos basta.
Está aquí. ¡Aquí, te lo juro!
Vengo desde niño.
Ya ha llegado, profesor.
- Venga, vamos. - El sombrero.
- ¿Te has hecho daño? - No. No, no.
- Aquí no hay ninguna villa. - Sí, sí...
Llevas una hora de cháchara. Vamos, muévete. Levanta.
Te digo que sí. El momento de la decisión llega tarde o temprano.
"Hércules en la encrucijada", "Ulises de su larga peregrinación".
Todo tiene un fin. Lo entiendes, ¿verdad, princesa?
¡No, no te entiendo!
¡Cháchara y más cháchara! ¿Dónde está esa villa?
¿Me has traído a pasar la noche a la intemperie?
¡Vamos, levántate!
Profesor... ¡Eh!
- Me voy. - ¡Vete!
¡Desgraciado! ¡Yo muero aquí, pero contigo no vuelvo!
¡Piénsatelo bien, Nanda! ¡Te arrepentirás!
¡Ahora que tenía una villa!
¡Este muerto de hambre!
- Duerme, venga. - ¡Piénsatelo!
ENTRA. VUELVO ENSEGUIDA. GOLFIERO
Buenos días.
- ¿Está el profesor? - ¿Qué profesor? No, no hay nadie.
- Pero, ¿ésta no es la casa del profesor? - En realidad, no lo sabemos.
"Estábamos en el cordón sanitario.
Estábamos hablando de batallas, de guerras.
Estábamos hablando de batallas, de guerras..."
- "De pronto, se acerca una pobre mujer..." - "De pronto, se acerca una pobre mujer."
- "Lleva un niño en sus brazos." - Gracias. "Lleva un niño en sus brazos. "
"Criatura orgullosa, te adoro,
pero te destrozaré."
Vimos la puerta abierta y entramos.
"Cavaliere" Cesare Mattaroni, primer actor de la compañía de teatro itinerante.
- Mi hija. -Encantada. -Otello está ensayando. Osvaldo Capecchi...
La señorita Katya Pattane, el "cañón" de la compañía.
- Esperábamos la salida del sol. - ¿Qué salida de la sol?
Esta es la casa del profesor, fíjense.
- ¿Quién es "el profesor"? - ¿Vosotros pagáis alquiler?
- No, no. -Pues como ésta es una casa privada, hay que pagarlo.
- Por eso, fuera. - Señora...
- Fuera de aquí. - Esto es una locura.
Salid todos. ¡Aire! ¡Largo!
- ¡Niños, andando! - Esa sopa es nuestra.
Entran en casa, se ponen a su aire...
¡Aire! ¡Aire!
¡Y dadle gracias a Dios de que no os haya visto el profesor!
¿Esto qué es?
Buenos días, señor. Buenos días.
Ah, buenos días.
¿Me buscaban? ¿Con quién tengo el placer de hablar?
"Cavaliere" Cesare Mattaroni, director de la compañía de teatro itinerante.
- La joven promesa. - Encantado.
¡Qué honor, actores! Encantado.
- Yo soy el profesor Golfiero Paganica. - Encantado.
¿Puedo ofrecerle una flor?
- También para usted, señorita. - Gracias.
Y ustedes, ¿qué hacen? Quiero decir, ¿cuál es su repertorio?
Bueno... "Las dos huerfanitas", "La sepulatada en vida", "Hermana blanca",
- "Los dos sargentos"... Él es muy bueno. - "Encadenada".
- ¿Shakespeare? -Alguna vez. - Si, también a él.
Por aquí venimos a menudo porque hay concurrencia de público, ¿sabe?
Contamos con un puñado de admiradores...
La corriente es lo que nos falta... La luz.
No se preocupen. Ya me encargo yo. Tranquilos.
Bien.
Qué bonita sorpresa, la compañía de actores itinerante.
Tendremos el honor de hospedarlos.
- Hay comida y bebida para todos. - ¡Hay sopa!
¡Especial!
Discúlpenme, es la princesa Guidobaldi.
- Profesor, yo estoy aquí, ¿eh? - ¡Eh, princesa! Ven, ánimo.
He subido aquí para hablar con usted.
¿Qué pinto yo aquí?
- ¡Virgen santa! - Cuidado, si te caes te rompes el cuello.
¿Hay algo que no va bien? ¿Es entre nosotros?
- ¿Quieres actuar tú también? - ¿Yo? ¿Es que soy una gitana?
No, mire... Vamos a hablar claro.
- ¿Ha bebido usted ahora? - No. Bueno...
- Sólo un traguito. - Entonces, ¿me entiende? -Sí.
- ¿De quién es esta casa? - ¡Mía, naturalmente!
¡Ah, acabáramos! Vale que anoche iba usted como una cuba,
pero me lo juró. Que me muera si no me dijo...
"La casa es tuya. Te la regalo. No bebo más.
Nos vamos a vivir juntos y me pongo a trabajar". ¿Me lo dijo o no?
- ¿Se acuerda? -Nunca estoy tan juicioso como cuando estoy borracho.
Lo dicho, dicho queda. Esta mañana no he bebido. Bueno, sólo un traguito.
Esta casa es mía, está a tu disposición. Y ahora voy a ponerme a trabajar.
¡Maldita sea, qué rabia me da este hombre!
¡Aquel era un perro, pero al menos lo entendía, podíamos pelear!
Cuando hablo con usted me parece estar en las nubes.
¿A trabajar? ¿A esto lo llama trabajo?
La casa llena de vagabundos, él siempre borracho...
¡Y ahora nos metemos a hacer teatro!
Lo siento, profesor, yo me voy. Adiós.
No, te lo ruego, no te vayas. ¿Por qué quieres irte? No, te lo ruego.
Mira, tú eres una mujercita hecha de cálculos mezquinos
y tratas de aferrarte a las cosas materiales.
Pero estoy seguro de que en el fondo de tu alma,
se esconden unas alas que baten. Quizás un día aprendas a volar.
Por eso te admiro, y me gusta. Yo quiero protegerte.
Por favor, no te vayas.
¡Pipas, helados, caramelos!
¡Caramelos!
¡Helados!
...dime qué es lo que te atormenta y te desgarra.
Esta noche he tenido un sueño...
Y en el sueño vi una horrible vieja.
¡Por Dios, Marta, por favor, no me abandones!
Tengo tanto miedo...
Profesor... Profesor, no beba más que le sienta mal.
Profesor, acuérdese... Ésta es la campana de la víspera.
Ve a prepararte, en breve te toca a ti.
Profesor, ¿recuerda lo que dijo el primer actor que había que hacer?
Sí... "Los efectos de sonido son muy importantes para crear el ambiente".
Tengo mucho miedo.
¡Ah...! No te preocupes.
Ya verás como tienes un gran éxito.
- Me voy. - Cuidado con la cabeza.
Profesor, esté atento al asalto e incendio al castillo.
Sí, sí.
- Y no salga tarde. - Sí, sí.
¿Qué quiere de mí? ¿Qué quiere de mí?
Quiere destruir nuestro hogar.
¿Y sabes por qué quiere destruirlo?
¡Porque quiere poner el gas!
¡Silencio!
- ¿Sabes por qué lo quiere...? - ¡Mozo!
¡Oh, padre mío!
- ¡No poder defenderte, hija! - Ten...
¡Volverá! ¡Volverá a destruir mi felicidad!
¡Días oscuros te aguardan, lo presiento!
Y Marco, madre, ¿qué será de él?
Y de mi dilecto hijito, ¿qué será?
¡Velaremos, no lo dudes, hija mía,
porque el inocente no sufra ningún daño!
¡Oh, jóvenes recién casados...!
¡Nanda!
¡Nanda!
- ¿Por qué no te pones bigote? - La cadena.
Ponte bigote y barba, así...
- ¡El manto! ...no se te ve ni la cara.
¿No sientes el rubor de la deshonra? Y yo, bobo, que te di la licencia.
Los caramelos...
¡Mira cómo te has puesto!
Desnuda, ceñida, sin pudor...
- El gorro. - Pareces un ratón negro.
¡Dios, sin rubor!
Ay la vaharada. Ay Dios, que me quemo.
Nanda, me destrozas. Me dejas sumido en el dolor.
Pero si un día tienes la bendición de tener hijos, ¿qué les dirás?
"Hice una obra, desnuda, como un ratoncito negro"...
¡Guarra!
Si has venido a convencerme de que vuelva contigo para hacerte de criada...
¡Esta vez te has colado de medio a medio, querido!
Se me ha abierto la senda del arte.
Y pudiera ser que este ratoncito negro un día
se convierta algún día en una gran artista. ¿Te enteras?
¡Guarra!
Vuelve a casa, estoy desesperado.
- Pulcinella, estoy hablando con mi mujer. - ¡No soy su mujer!
¡Sois todos unos guarros!
Mientras, comencemos a preparar nuestra comida.
Rápido, el agua...
La trompeta... La trompeta.
¡Dios Todopoderoso, él, el Duque!
Guardias, regresad al castillo.
El Conde de Flambonia, secular enemigo, me ha anunciado su vista.
Tened listo el aceite hirviente y preparad el puente levadizo.
Marchaos.
¿Qué ha pasado?
¡Ah, Guendalina, te buscaba desde hace días!
Las preocupaciones de la guerra no me han hecho olvidar tu sonrisa.
¡¿Qué decís, mi señor?!
Digo que eres hermosa, que te deseo, que te amo...
¡No, jamás!
Me rechazas. ¡Boba! Te juegas la vida.
¡No, dejadme, me causáis horror!
¡Que se cumpla mi venganza!
El recién nacido...
Aquí está.
¡Fruto de un amor que me ha vuelto loco de celos!
Guendalina...
Tú me has robado la paz, yo te robo a tu hijo.
Aprisa, tíralo al pozo.
Te he dicho que lo tires al pozo.
¡Esto hay que tirarlo en el pozo, eh!
Lo he tirado. ¡Inténtalo tú!
No quieres, ¿eh? Resistes...
¡Tienes la piel dura! ¡Esto debe morir!
Es un amor que ha empujado al crimen y que no será el último.
Ahí está... Es él.
¡Truhán!
¡Truhán!
- Ve, ve... - Rápido.
¡Truhán! Quítate el sombrero.
¡Y la cara al viento, en presencia del Duque de Ambrigò! Jamás, ¿eh?
El amor por la bella Guendalina te ha enloquecido,
pero yo sabré devolverte la razón.
¡Mira cómo me río!
¡Por ésta serás muerto, maldito!
¡Bellaco!
¡Estás frente a la espada del Duque de Ambrigò!
¡Con ella morirás, maldito!
Un disparo... Una explosión.
¡Un disparo, maestro!
¡Basta!
¡Quietos, sois unos perros!
¡Basta! ¡Malditos bastardos, dadme un...! ¡Eso!
¡El divino Shakespeare!
"Un caballo...
¡Mi reino por un caballo!"
"Ahora el invierno de nuestro descontento,
se vuelve verano con este sol de York!"
- "He jugado... " - ¿Os da miedo? Es la actuación.
"¿Ser o no ser?
Esa es la cuestión...
Si es más noble para el alma sufrir los golpes
y las flechas de la injusta fortuna,
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro.
Dormir... nada más.
¡Dios mío, ahí viene!
¡Paso! ¡Paso!
¡Cuidado!
¡...con el yelmo de Mambrino, quiero atacar los molinos,
porque la muerte es lo único cierto!
¡Está loco! ¡Me persigue!
¡No! ¡No!
¿Yo, borracho? Sí, he bebido algún traguito...
Pero la verdad... ¡La verdad es una sola!
¡Y quiero gritarla a los cuatro vientos!
¡A los cuatro vientos!
¡Eh! Pero, ¿qué haces?
¿Adónde vas con ese loco? ¡Vuelve a casa!
¡Yo contigo no vuelvo!
¡Será boba!
"He aquí la cuestión...
La verdad es una sola...
¡Es el arte el que da la alegría de vivir!
¡El resto es infamia!"
¡Hoy me he vuelto loca!
Has acabado de peregrinar, ¿eh?
No estés siempre enfurruñada, con esos ojos malvados...
¡Ojazos malvados!
Yo que te salvé del vagabundeo...
Y te libré de ese loco.
Uno que va por ahí con esas barbas, ¿qué puede ser?
Un Satanás...
¡Un espía extranjero!
¿Lo has vuelto a ver?
Ése un día u otro terminaba en la cárcel. Lo fusilan.
Has tenido suerte de encontrar el camino de casa.
¿Te enteras?
Ésta es tu única casa.
Aquí tienes a tu marido...
Tu padre...
Tu hermano... Tu madre...
Soy yo quien te da calor...
Soy yo quien te defiende de las insidias...
Tengo algún defecto, pero, ¿quién no tiene algún defecto en este mundo?
Pero tu Peppino te quiere.
Con tu Peppino puedes contar.
- ¿Quién es? - Levántate.
- ¿Eh? ¿Qué quieren, caballeros? - No te hagas el tonto.
Espere... Yo no sé nada.
La licencia está a su nombre. Todo esto es suyo.
Yo soy su empleado. Me da un mendrugo de pan duro.
Es una villana.
Ella es la responsable de todo. Yo no sé nada, esa es la verdad.
Ya sé que la licencia es suya. Pero las vasijas etruscas las robaste tú.
¿Qué vasijas etruscas?
Ah, me hablaron de ellas.
Vienieron a la tienda. Yo los eché.
Volvieron. Venían con dos vasitos.
Les dije que se fueran, que yo no me dedico al comercio ilícito.
¡Diles que la licencia está a tu nombre!
¿Es verdad que tú eres la responsable de todo?
¡No! ¡No, eh!
¡Basta! ¡Basta!
¡No vuelvo a ir a la cárcel por ti!
- Nanda... - Venga, en marcha.
Yo me dedico al comercio para satisfacer la codicia de esa guarra.
- ¡Quieto! - ¡Me llevan a la cárcel!
¡Me llevan a la cárcel!
¡Dios mío, me siento mal!
¡Me siento mal! ¡Me ha dado la epilepsia!
Siempre he hecho el bien a todos y nunca me lo han devuelto.
¡Yo escondí a los partisanos!
¡No tengo una madre que me proteja!
¿Qué somos nosotros, señores?
¡Somos polvo! ¡Somos todos hermanos!
¡Amémonos!
¡Os beso la mano! ¡No me lleven a la cárcel!
¡No me lleven a la cárcel!
- ¡Lleváoslo! - ¡Me llevan a la cárcel!
¡Me encuentro mal!
¡Me quieren lle...! ¡Fortunè!
¡Maldita sea, te juro que te mato!
¡No me vuelves a ver!
¡Sí que te encuentro, Fortunè! ¡Te encuentro!
Venga, camina.
¡Lleváoslo!
¡Si no, lo mato yo!
Princesa...
¿Qué ha pasado, princesa?
¿Qué ocurre, princesa?
Querida...
¡Maldita sea, todos me tocan a mí!
Éste, un delincuente...
El otro, loco.
¡Ah, el otro...!
- El profesor Paganica. - Sí.
Desgraciado... Déjalo.
Está en el hospital, ¿sabes?
- ¿En el hospital? - Sí.
Está muy mal... En el San Camillo.
Profesor, ¿qué tal está?
Bien...
Muy bien, gracias.
No sabía que estaba aquí, si no hubiera venido inmediatamente a verle.
¿Qué le pasa, profesor?
¿Cómo se encuentra?
Yo... te estaba esperando.
Suéltame.
Me han atado.
Pero yo estoy bien.
Suéltame.
Vámonos de aquí.
¿Le han atado...?
¡Serán canallas!
Ya lo arreglo yo.
Pero, ¿dónde le han atado?
Quieren que me muera aquí.
Pero yo estoy bien.
Dame mi ropa.
¡Dame mi ropa!
Sí, profesor... Ahora.
Yo no puedo perder el tiempo aquí dentro. Tengo mucho que hacer.
¡Princesa, desátame!
¡Sácame de aquí!
Sí, profesor.
Ahora es tarde. Mañana, ¿eh?
Mañana.
Está bien.
Mañana...
Bajo un árbol...
en Villa Borghese...
tengo escondida una botella de Burdeos.
Añejo.
Tráemela mañana.
Sí...
Sí, profesor. Mañana se la traigo.
Somos amigos, ¿eh?
Tú y yo...
Si me sacas de aquí, te enseñaré un montón de cosas...
Porque tú no has visto nada.
No has estado en ningun sitio, pero...
pero el mundo...
es verdaderamente hermoso.
Mejor que no le haga hablar. Salga.
Bueno... Mañana vuelvo, profesor.
Ahora quédese tranquilo.
Mañana vuelvo y nos vamos los dos.
Gracias, profesor.
Perdone.
Princesa...
¡Princesa!
Ha muerto.
Ha muerto esta noche.
Se lo han llevado abajo.
Vaya... Segunda puerta a la derecha, al final de la escalera.
Disculpe, ¿viene aquí por el profesor Paganica?
Usted es la señorita Nanda...
Diotallevi.
El profesor ha fallecido esta mañana.
Cuando lo trajeron aquí ya no había nada que hacer.
Tengo una carta para usted del profesor.
¿Puede acompañarme?
Guidobaldi.
Venga.
Venga...
Venga... Pase.
Tome asiento.
Escuche...
El profesor me pidió que le entregara esta carta.
Hace dos días.
Fue la última vez que lo vi.
Me hizo llamar. No sabía que estuviera en el hospital.
Le ha dejado todo lo que conservaba.
Una casita junto al Tíber.
¿A mí?
Por curiosidad... Soy viejo... Podría ser su padre.
Incluso del profesor.
- ¿Qué era para usted Paganica? - No lo sé.
Era un amigo...
Pero usted...
Usted le conocía muy bien.
Sí, desde hace muchos años. Éramos parientes lejanos.
El marqués de Paganica, su padre, era muy amigo mío.
Podría decirse que lo vi crecer.
- Pero estaba loco. - No.
Tengo que decirle la verdad... Lo dejé yo.
Nunca lo entendí.
Hablaba y hablaba...
Hice mal.
Habré hecho mal. Ahora que ha muerto, además.
Pero el otro no paraba de decirme...
"¿Qué estás haciendo? ¿Qué estás haciendo?
Tienes un negocio, tienes una casa...
Eres la dueña de la licencia... "
El profesor estaría loco, pero... era un hombre.
Tenía alma.
Me trataba como a una señora.
Porque el otro no tiene alma... ¡El otro es un cerdo!
Perdone.
Y yo, ¿qué debía hacer? Dígame usted qué debía hacer.
Yo no soy hija de nadie.
Te dicen en la calle: "Haz esto, haz lo otro, métete en un baúl... "
Y una se mete donde puede, ¿no?
El profesor estaba siempre borracho. Hacía locuras...
Nunca tenía una lira.
¿Qué iba a hacer yo, pobre desgraciada?
Uno me dice que diga que sí.
"Aguanta a la prima...
yo también estoy, y nos quedamos aquí..."
¡los tres juntos como tres animales!
Cálmese, cálmese...
¡Y va y me nombra su heredera!
Nunca se lo he dicho a nadie...
Pero a menudo he sentido envidia del valor del profesor.
Era la oveja negra de su familia.
Ha muerto antes, pero ha vivido como un hombre libre.
Acaso demasiado.
El profesor me pidó también que me interesara por usted.
Y me dijo que usted quería hablar conmigo.
Que quería decirme...
¿Yo?
Sí, algo importante. Dígame...
No.
No, es que...
Dado que yo siempre he estado aquí...
Desde niña.
Aquí abajo, en el palacio... Sí, sí.
Bueno, nada.
No comprendo.
Yo le conozco a usted.
A lo mejor no es verdad...
Puede que no sea verdad.
¿Y bien...?
Usted, ¿a mí... me conoce...?
¿Yo?
No.
No, ¿eh?
Mire...
¿Qué?
¡Cómo!
¿El profesor no le dijo que soy su hija?
¿Es usted la hija del profesor?
No, hija suya de usted.
- ¡Del príncipe! - ¿Hija mía?
Hace mucho que quería decírselo...
"Voy y se lo digo". Si hasta vine una vez...
Pero esos desgraciados no me dejaron entrar.
¡Maldita sea!
Y yo... Por ellos, comprendí que soy su hija.
Podría ser... Podría ser.
Bueno, ahora veremos...
¿Cuándo naciste?
12 de agosto de 1930. Hija de desconocidos...
1930...
¿En 1930?
- Sí, señor. - Así que en 1929...
Ahora veremos.
- Mande usted, don Pietro. - Oye...
¿Estaba yo en Italia en 1929?
No, estaba en la India, don Pietro. Estuvimos en la India...
precisamente de 1929...
a 1933.
No... No.
Lo siento.
- ¿No? - No. Hubiera estado encantado.
- No, ¿eh? - No.
De todos modos, vuelva alguna vez.
Hasta la vista.
Cuídese.
- En la India, ¿eh? - En la India.
Por favor...
¡Maldita sea! ¡Bueno!
Oh, duques y pares,
yo abdico en favor de mi hija.
¡La princesa!
- ¡Viva la princesa! - ¡Viva!
- ¡Viva la princesa! - ¡Viva!
- ¡Viva la princesa! - ¡Viva!
- ¡Viva! - ¡Viva!
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