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Eh.
Eh.
Joseph ha cumplido 13 años,
así que voy a enseñarle el negocio familiar.
Le he puesto de nombre Joseph.
Para poder matar a otros antes debes matar
una parte de ti mismo.
Supongo que es bueno que Joseph
aprenda el negocio familiar.
Es un trabajo que pasa de padre a hijo.
Hank, tú eres padre
y le has dado un heredero a tu mujer, sabes de lo que hablo.
¿Está bien, Bill?
Ojalá tuviera un hijo
para enseñarle cosas.
Boomhauer, ¿puedes...?
Mierda.
Bueno, Bill.
Vuelve a contarme por qué estás solo,
no tienes hijos y todo ese rollo.
Vale.
Es lo más triste de estar solo...
- Bueno, en realidad... - Bill, para ya.
Tienes familia.
Tienes a tu primo Gilbert en un pantano de Luisiana.
y aquel viejo del pulmón de acero.
Puede que aún siga vivo. Ya es algo.
- Pero... - Y seguro que hay más.
Puedes contratar a un genealogista
para que encuentre a familiares lejanos.
¿Un genealogista puede encontrarlos?
Muchos estadounidenses tienen antepasados de la realeza.
Princesas africanas, jefes gaélicos...
Encontrarlos es cuestión de tiempo y dinero
y una definición flexible de "realeza".
¡Yo tengo las tres!
Pero quiero encontrar a mis familiares vivos para conocerlos.
Encontrar a gente viva.
¡Vale!
Seguro que ya ha buscado información por su cuenta.
Pero hay que ir un paso más allá.
Voy a entrar en una web llamada "Google".
Si el tenedor sale limpio, el pastel está listo.
¡Lo he conseguido!
¡Sé cocinar!
- ¡Sí! - ¿Bobby?
¿Eso son manoplas para el horno?
Hank, no es lo que parece.
Mira, papá, lo confieso.
He hecho un pastel.
¿Qué? No.
Creo que la cocina se me puede dar bien.
Es como la construcción, pero puedes lamer tus herramientas.
¡No tienen nada que ver!
No puedes vivir dentro de un pastel.
No puedes cortarte el dedo
con una cuchara sopera.
¡Mi familia!
Tengo 85 nombres.
Muchos no serán cercanos,
pero voy a hacer una reunión familiar.
Los invitaré a todos y que Dios reparta suerte.
¿85 personas?
En ese taburete que tienes por mesa solo caben 6 personas.
¿Vas a poder con todo, Bill?
La verdad es que no lo sé.
Haré la receta familiar de la barbacoa cajún
así que tengo mucho curro.
Limpiar la casa, comprar 15 cerdos.
Y comprar esas servilletas de papel para decorar.
¡Nunca he celebrado nada, Hank!
¡Tienes que ayudarme!
Tranquilo, Bill, nos ocupamos.
¡Gracias a Dios!
Recordad todos
que vamos a limpiar la casa de Bill.
Así que tenemos mucho trabajo y poco tiempo.
Dale, tú mata los bichos,
Boomhauer, tú limpia el garaje,
Peggy y Nancy, ocupaos del baño.
Hank, necesito un ayudante para la barbacoa.
- Nosotras podemos ayudarte. - ¡Sí!
No, eso mejor que lo haga Bobby.
Creía que no querías que cocinara.
Eso no es cocinar, es hacer una barbacoa.
Señor Dauterive, ¡estoy listo!
¡Quiero preparar las salsas y unas vinagretas del copón!
Genial, Bobby,
pero primero hay que construir la barbacoa y preparar la leña.
Jo.
¿Qué prefieres? ¿Ladrillos o leña?
Me ocupo de la leña.
¿Bill? Hemos encontrado la foto que buscabas.
Nuestra última foto familiar.
El tío Honoré,
después de perder la vista por la fiebre del pantano.
Este soy yo.
Este es mi primo Gilbert.
¡Cómo lo pasábamos!
Me subía a los árboles y nadaba
y Gilbert hacía ropa con las mosquiteras.
Ha quedado precioso.
Mil gracias.
Casi no llegamos, pero lo hemos conseguido.
Bill, buena barbacoa.
Es el antiguo diseño familiar.
¡Hijo! ¿Has ayudado a Bill a construirlo?
¿Cómo los has colocado tan nivelados?
¿Has usado el patrón Hansen o el MacCauley?
Bueno, verás...
Los ladrillos son muy ladrillosos...
Cuando tienes dos ladrillos, es una movida...
Lo siento, Hank. Es un secreto familiar.
Bobby ha jurado guardar el secreto.
¿Verdad, Bobby?
Sí, lo he jurado.
Vale.
Gracias a todos.
Sois como de la familia.
Pero ahora viene mi verdadera familia. Largaos.
BIENVENUE
¡Un segundo, ya voy!
¡Esperad, no os vayáis!
¡Guillaume!
Vaya pintas.
La corbata sería de lo más elegante
si tuvieras bien hecho el nudo.
¡Gilbert!
¡Bienvenue!
¿Nadie más?
¿No ha venido nadie más?
- ¿Solo tú? - ¿Solo yo?
¿A quién esperabas?
Tenía una lista.
Somos los dos únicos portadores
de la sangre de los Dauterive.
Podrían cortar el árbol familiar
para construir nuestros ataúdes.
¿Puedo pasar?
¿Solo quedamos nosotros?
¿Y la tía Esmé?
¿Y la prima Violetta?
La tía Esmé murió por la fiebre.
Violetta murió mientras dormía.
El pantano se cobra lo que es suyo.
Deja que repase nuestro trágico árbol familiar.
Tuberculosis. Alcohol.
Este era un impostor. Manicomio.
Manicomio municipal.
Yerma. Yerma. Yerma.
Toda esta parte izquierda.
Solo quedamos nosotros.
Mi vida no tiene sentido.
No podré legarle nada a nadie.
Tú personalmente, no.
Pero el apellido Dauterive sobrevivirá.
"Dauterive's Monthly, Reseña sureña".
Una pequeña revista que he fundado.
Preservará nuestro apellido las próximas generaciones.
Impresa en papel reciclado.
- Pues claro. - ¡Vaya!
¿De dónde sale la pasta?
He vendido unos terrenos para convertirlos
en un parque acuático o una piscifactoría.
Dependiendo de si el euro se sigue manteniendo fuerte.
¡Hola a todos!
Os he traído comida para que no se ponga mala.
Gracias.
Pero ¿no la quieres para ti?
Te encanta cebarte
cuando tus planes se van al garete.
No, ¡todo va genial!
Gilbert y yo hemos lanzado una revista sobre poesía.
No vamos a ser padres, vamos a ser editores.
Un niño solo dura unos, ¿qué?
¿80 años como mucho?
Pero la literatura es eterna.
Nos vemos, que aproveche.
Pues no huele mal.
¿Una revista de poesía?
¡No me lo puedo creer!
Dime que aún quedan costillas.
¡Sí, menos mal!
¿Qué es lo que huele tan bien?
Tu barbacoa, hijo.
Ah. Vale.
Es lo mejor que he probado en mi vida.
Preside la mesa. Te lo has ganado.
Papá, mamá,
no ayudé al señor Dauterive.
Me escaqueé porque era mucho curro.
Pues a más tocamos.
¡Oye!
Tú tampoco lo ayudaste con la barbacoa.
Ni he mentido sobre ello.
¡He dicho que lo siento!
¿No deberías recompensarme por decir la verdad?
No.
Eh.
Eh.
¡Riquísima!
¡Madre mía!
Bill.
¿Cuál es tu secreto para hacer un codillo así?
- Pues... - ¿Secreto?
Así es.
La receta fue perfeccionada por generaciones de terratenientes,
abogados rurales, caballeros de fortuna
y sus cocineros y sirvientes sobre todo.
Bueno, Guillaume, aunque echaré de menos
la chispa de las tertulias de aquí,
me temo que debo marcharme a Austin.
¿Vas a marcharte? Si lo estábamos pasando genial.
Allí me espera un joven poeta al que espero... publicar.
Pero...
¡Mi familia!
Acaba de llegar,
¿y si lo atropella un autobús o algo?
¡No me quedarían parientes, se perdería mi legado!
Deja de hacer suposiciones.
¿No ves lo que has conseguido?
Has hecho una barbacoa de la leche.
¿No te quedarán algunas sobras
para llevarlas al trabajo?
¡No, son mías!
¡Estas costillas están de muerte!
Es como si no tuviera huesos.
Me alegro de que te gusten.
Una cosa te digo,
si supiera su receta secreta, ¡me haría de oro!
Seguro que me viene bien si mi hijo bastardo, Ray Roy,
consigue un buen abogado.
- ¿Le ha gustado mi barbacoa? - Sí.
Quiere buscar inversores para vender tu receta.
Tienes que hacer una cata.
Gilbert protegerá nuestro apellido con la revista y yo
podré legar algo.
Probarán mi receta y dirán:
"¡Estos Dauterive eran la leche!
Qué pena que se hayan extinguido".
Me pondré a ello.
Siento haberme escaqueado.
Quiero ayudar.
¿Estás seguro, Bobby?
Me tomo muy en serio esta receta.
Cargaré ladrillos, clavaré clavos, mezclaré el cemento,
lo que haga falta para convertirme en cocinero.
¿Señor Dauterive?
Tiene una picadora ahí.
Podría usarla para picar las cebollas.
Me hace el apaño para prepararme el desayuno.
Pero como mi tío Honoré decía:
"Si haces las cosas rápido saben a chien morte".
Ahora toca marinarlo.
Le falta ajo.
Según la receta familiar,
solo encendemos el fuego con páginas con buenas noticias.
"¡Un mandril llega sano y salvo a la estación espacial!".
Los monetes en el espacio son buenas noticias.
Vas a convertirte en un verdadero cocinero.
Haz los honores, Bobby.
Strickland llegará pronto.
¿Cómo lo ha hecho mi hijo?
No podría haberlo hecho sin él.
Ha trabajado 20 horas seguidas y solo se ha desmayado una vez.
¡Qué bien!
¡Aquí está el A-Cajun-ante!
Hora de conocer a los inversores y hacerles la pelota.
Vaya fiesta tiene montada mi primo.
Aún sigo con mi cara de Austin.
Ted, ¿vas a invertir en el paleto genio de las salsas?
Calla, Kahn. Estoy haciendo cuentas mentalmente.
Hola a todos.
Os presento al responsable de estos manjares,
- Bill... - ¡Guillaume!
¿De qué va todo esto?
Espera, Gilbert.
No eres de la familia, así que cierra el pico.
Guillaume, explícate.
Les gusta tanto mi comida que quiero legar la receta.
Como tú con la revista.
Estos ricachones quieren sacar una línea de salsas barbacoa
con la receta de los Dauterive.
¿Estás loco?
Somos una familia de terratenientes,
senadores y hombres de letras.
¿Y quieres vender la receta familiar por dinero?
Sí, algo así.
¡Cierra este burdel!
Vale.
Lo siento, pero la cocina ha cerrado.
¡Bill, no! ¿Qué leches haces?
Hank es mi único familiar.
No puedo pelearme con él.
¡Adiós a todos!
Os veo...
Os veo luego.
¿Cómo has podido hacerlo?
Dime cómo. ¿Cómo, cómo?
Bill no se merece estar solo
con ese Gilbert.
Voy para allá.
He sacrificado nuestros terrenos para salvaguardar nuestra dignidad.
¿Qué habrías hecho con el dinero que te habrían dado?
¿Comprar más de esto?
"¿Sándwiches de galleta rellenos de chocolate?".
J'acuse!
¿Qué tal, Gilbert?
- Bill, te he traído café. - Largo.
Los Dauterive vamos a curar nuestro orgullo herido en la sombra.
No dejo de oír hablar sobre el orgullo de los Dauterive.
Pero ahora mismo solo veo a un borracho llorando
y a un amanerado enfadado.
Si de verdad tienes algo de orgullo, no lo remates cuando está hundido.
Y si quieres seguir discutiendo, mejor hacerlo fuera.
Guillaume, me vuelvo a Nueva Orleans.
¿Por qué no te olvidas de este payaso
y dejas que Strickland y sus amigos inviertan en ti?
Cuando estás cocinado pareces feliz y orgulloso.
Sí, ¿verdad?
Vale, lo haré.
Pero necesito el permiso de Gilbert.
- Bill. - La receta no es mía, sino de mi familia.
No puedo decidirlo solo.
Hank, si no actúo con honor, no sirve de nada preservar mi apellido.
Sería solo una palabra que a las mujeres les cuesta recordar.
¿Está hablando conmigo?
Quiero comprar...
- Lo siento. - No pasa nada.
Creo que fue Lucrecio quien dijo: "No hay nada humano que me asquee".
Sí.
¡Ay, señor!
Gilbert, Strickland tiene una propuesta.
Así es.
Sé que usted es un hombre muy cultivado de Luisiana.
Tenemos que visitar el Quarter algún día.
Podría enseñarle algo, ¿no?
Vaya...
¿Quieres añadir algo?
Si me dejas vender la receta. puedo usar las ganancias
para financiar la revista.
Imposible.
Un caballero nunca se retracta.
Pero venga a verme cuando visite Nueva Orleans.
Yo también puedo enseñarle un par de cosas.
Bueno, vámonos.
Lo hemos intentado.
¡Por favor, déjame hacerlo!
No quiero morir sin haber legado nada.
Accede y nunca volveré a molestarte.
Mi querido y único primo.
Mi respuesta sigue siendo que no.
Si los Dauterive acaban desapareciendo,
debe ser con su honor intacto.
Confía en mí.
Cuando estés en tu lecho de muerte
me lo agradecerás.
Así que, adieu.
Tengo una conversación pendiente con mi nuevo amigo.
¿Y bien...?
Necesito pasta...
Hay una maleta perdida a nombre de Bob.
No voy a abrir la puerta aún.
Voy a esperar un rato aquí.
A ver si me dan ganas de vivir.
Bueno, ¿qué más da?
¿Bobby?
Señor Dauterive, se me ha ocurrido cómo mejorar el glaseado.
he mezclado cayena con el azúcar moreno.
¿Qué le parece?
Oye, Bobby...
Tiene un retrogusto.
Bobby, está riquísima.
Cuando venda sus salsas en las tiendas
esta puede ser la versión "dulce y picante".
No sé cómo decirte esto, pero no puedo vender la receta.
No puedo ni vender la salsa.
Es mejor que nos olvidemos.
Jo.
Aunque supongo que podemos
seguir haciéndolo y regalarlo.
Por ejemplo, en el cumpleaños de tu madre.
Es el 17, ¿no?
Vale.
Y cuando seas mayor
podrás seguir haciéndola tú.
¡Qué pasada!
Pero... no soy un Dauterive.
Bobby, confía en mí.
Sería todo un honor.
Adiós.
Traducción: Juan Yborra Golpe
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