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Incluso con vestido de novia, Monseñor Martínez es guapísimo.
Eso sí es un cura sexi.
¡Ay, Dios mío!
El acto que interpreta a Monseñor Martínez,
Eduardo Felipe, viene a Arlen.
Tenemos que ir, chicas. Seguro que es más guapo en persona.
Uso su telenovela como material didáctico en mis clases de español.
Seguro que puedo conseguir que venga como invitado a mi clase.
Me encantaría ver la cara de Pratt, la profesora a tiempo completo.
Estoy muy contento de estar en... Arlen
para promocionar los nuevos episodios de mi serie.
Esta será la temporada 11.
¡No me puedo creer que sea él de verdad!
¿Podría decir su frase?
- Siguiente. - Hola.
Me llamo Peggy Hill
y he ganado tres veces el premio a la mejor maestra sustituta
del Instituto Tom Landry.
Quizá debería pedirle yo el autógrafo.
Ay, no.
Señor Felipe, a mis alumnos y a mí nos encanta su serie,
y me preguntaba si le gustaría venir a mi clase de español como invitado.
Ay, lo siento, señora,
pero tengo una regla sobre apariciones especiales.
Las hago solo como caridad para grupos de niños enfermos
o como vacaciones pagadas en algún crucero.
Papá, he usado por accidente tu cepillo de dientes otra vez
Tíralo.
¡He convencido a Monseñor Martínez y va a venir a mi clase mañana!
- ¿En serio? ¡Vaya! - Mamá, ¿me lo presentarás?
¡Claro que sí! Pero tienes que fingir que estás enfermo.
¿Qué? Solo hace apariciones especiales para niños enfermos.
- ¿Qué pasa? - Peggy, el niño es raro,
pero no está enfermo.
¿Puedo meterme en una burbuja?
¿A quién le apetece ver el episodio de esta semana de Monseñor Martínez?
¡Bien!
Si mete esta cinta, explotará.
¡El auténtico Monseñor Martínez!
Ay, señor, este es el niño enfermo del que le hablé.
No puede hablar.
Sé valiente, pequeño soldado.
De ahora en adelante, estarás presente en las oraciones...
...de Monseñor Martínez.
Señor, no puede estar mucho tiempo fuera de la burbuja.
Y en el momento de la verdad,
tenéis que apuñalar al Jefe hasta acabar con su vida,
y después haced lo mismo con los demás.
Muy bien, chicos.
Se ha acabado el tiempo con nuestro invitado superespecial.
No, en español.
¡Ay!
- Cómo mola. - Es el más guay.
Mil gracias, señor Felipe.
- Los niños lo adoran. - El placer ha sido todo mío.
A veces olvido que me ven muchos niños.
Deberíamos hacer más episodios como el del mondo
que se esconde la cocaína en el sombrero.
Señora, voy a salir a comer. ¿Le gustaría acompañarme?
Veo que siente la misma pasión por enseñar
que yo siento por actuar.
- Gracias. - ¡Eh, di "vaya con Dios", tío!
¡Eh!
No los mire, es peor.
¡Vaya con Dios, estirado!
Señora Hill, tengo dos hijos que van a hacer exámenes de admisión
en dos colegios privados en EE. UU.
Una maestra como usted, con tanta pasión, seguro que podría ayudarlos a aprobarlos.
¿Le interesaría viajar a México para prepararlos para los exámenes?
¿En serio?
Veo que la he sorprendido con mi oferta.
Le daré un día para pensárselo. Háblelo con sus seres queridos.
Señor, tengo algo que confesarle.
Aquel niño de mi clase no estaba enfermo.
En realidad, ese niño es mi saludable hijo, Bobby.
Señora Hill, soy actor.
Me di cuenta de inmediato de que no estaba enfermo.
No se lo tome personalmente, pero su hijo actúa terriblemente mal.
Sí, estuvo muy mal, ¿verdad?
Sí, pero no tanto como este pescado. ¡Camarero!
Hank, ¿vas a ir a la convención de gas propano en Alberta?
¿Hay una convención de propano en Alberta?
Es emocionante, ¿verdad?
Pero estarías muy lejos, en Canadá.
Sí, pero ninguna distancia es muy grande si se trata del propano.
Yo no opondría a que fueras a esa convención,
ni aunque durará dos semanas.
No sé por qué habrías de oponerte.
Hank, no hay ninguna convención de propano en Alberta.
- ¿Qué? - Pero me ofrecieron un trabajo en México.
El actor que hace de Monseñor Martínez quiere que vaya a México
a darles clases particulares a sus hijos.
Solo serán dos semanas.
Ni hablar, Peggy. Solo conoces a este tipo por la tele.
Oh, Hank.
¿No ves que esta es una gran oportunidad para mí?
Me pones en una situación muy difícil.
Tú quieres irte y no hay ninguna convención de propano.
Pero si significa tanto para ti,
creo que deberías hablar con él y decirle que sí.
¡Gracias, Hank!
Luanne, quiero que cuides de Bobby y Hank mientras no estoy.
Te hubiera puesto a practicar con un huevo primero, pero no hay tiempo.
¿Tú confías en mí?
Lo haré tan bien haciendo de ti, que ni siquiera notarás que no estás.
Bueno, es hora de despedirnos.
Vaya. Es la primera vez que nos vamos a separar
durante más de dos días.
Sí.
Peggy, acuérdate de quitarte las gafas si piensas dormir un poco en el avión.
Lo haré, Hank.
Peggy, en el aeropuerto no.
Espero que tuviera un buen vuelo.
Nunca había volado en primera clase.
Según mi marido, los asientos son igual de cómodos
y se llega a la misma hora.
Sí.
La gente que nunca vuela en primera siempre dice eso.
Señora Hill, estos son mis hijos.
Sus alumnos, Antonio y Cristina.
Señora, ha sido un largo viaje.
¿Puedo sugerirle que mejor empiecen mañana?
Oh, mañana. Sí, por supuesto.
Le enseñaré su habitación.
Señora Hill, actuar no es mi única pasión.
Tengo otra: hacer vino.
Yo también tengo otra pasión: los acrósticos.
Es bueno tener muchas pasiones, ¿no?
Yo siempre digo que...
Los apagones son normales en México.
A uno de mis hijos lo concebí durante uno.
¿Le gustaría probar mi vino, señora Hill?
En México, los atardeceres son espectaculares.
Sí, es por la contaminación.
Mi mujer y yo solíamos sentarnos aquí cada noche
para ver el sol esconderse tras la ciudad.
Si no es una pregunta muy personal, ¿dónde está su mujer?
Ella está... ¿Cómo le diría? Con nuestros antepasados.
Oh, lo siento mucho.
La echo mucho de menos.
El corazón no puede estar solo.
- ¿Más vino? - ¿Más vino?
Bueno, ¿cómo decir que no a una copa de vino casero mexicano?
Esto está muy bueno, Luanne.
Es una receta de Libro Rojo, que en realidad es una revista.
He terminado. Adiós.
Hasta luego. Oye, espera.
Creo que debes retirarte de la mesa con propiedad.
Siéntate, por favor.
¿Puedo levantarme de la mesa?
Sí, puedes.
Es un niño encantador.
¿Quién? ¿Bobby?
No se contesta al teléfono cuando estamos comiendo.
Sí que se contesta.
- ¿Diga? - Hola, cielo. Soy yo.
- ¿Cómo va el nuevo trabajo? - De maravilla.
El señor Felipe me ha hecho un recorrido por su mansión.
Tiene un gimnasio privado y una bodega de vino.
Y he probado uno de sus vinos.
Eso suena innecesario.
Solo intenta ser atento.
Los latinos se comportan así. Son corteses.
Bueno, Hank, me voy a la cama. Mañana empiezo las clases. Te quiero.
Lo mismo digo.
Mis hijos me han prometido que atenderán a todas sus palabras
como si fuera su madre.
Para usted, señora Hill.
Un mango. Una de las frutas de la pasión.
- Yo... - Es de parte de los niños.
Sí, claro, los niños.
Casa de los Gribble.
Nancy, soy Peggy.
Eduardo no para de tontear conmigo.
Creo que quiere algo.
¿Estás segura?
Sí. Me ha dicho que su casa es mi casa y me la ha enseñado toda.
Hemos bebido vino en el balcón mientras veíamos el atardecer.
- ¿Y su mujer? - Muerta.
- Perfecto. ¿Le has correspondido? - No lo sé.
¿Te pones nerviosa cuando te habla?
Creo que me ha pasado un par de veces.
Enhorabuena, cielo. Tienes una aventura.
Pero ve con cuidado.
No lo disfrutes mucho porque llega un momento
en el que no hay vuelta atrás.
Y, de repente, ya no recuerdas el nombre de tu marido,
te empiezan a flojear las fuerzas
y, entonces, te arrastra la fuerza de la pasión.
Te hundes, cielo, pero no te importa.
Yo nunca me hundiré.
porque llevo el mejor chaleco salvavidas que existe:
mi matrimonio con Hank.
Margarita.
Te deseo, Margarita.
Te deseo como nunca he deseado a ninguna otra mujer.
Me temo que no puedes tenerme, Eduardo,
porque mi corazón es de otro, de Hank Hill.
Odio a ese Hank Hill por robar tu corazón.
Por favor, déjame tenerte ahora o me lanzaré al abismo.
Debo rechazar tu proposición por segunda vez.
¡Eduardo, no! ¡Piensa en los niños!
¿Cuál es la capital de Oregón?
¿Señora Hill? ¿Cuál es la capital de Oregón?
Portland. No, Salem.
¿Está segura, señora?
¿Quién es la estadounidense aquí?
Oye, Luanne, ¿has comprado cervezas?
Sé que me pediste que comprara, pero como no son muy sanas,
he comprado zumo de verdura.
Pero esta semana me toca a mí llevarlas al callejón.
Tío Hank, el zumo de verdura tiene ocho vitaminas.
La cerveza solo tiene una: cebada.
Pues Peggy habló con Nancy anoche
y, al parecer, Eduardo está siendo muy amable con Peggy.
¿Qué? Dale, Nancy debe de estar mal informada
porque yo he hablado con Peggy
y me ha dicho que Eduardo solo trata de ser cortés.
No.
No me sorprende.
- Peggy es una mujer muy guapa. - Cállate, Bill.
¿Por qué? ¿Acaso Peggy no te parece guapa, Hank?
Claro que sí, pero no tengo necesidad de decirlo.
Y por eso se le llama Pittsburgh.
Señora, necesito que me ayude a estudiar unas líneas.
Muy bien, usted es la bella hija del embajador,
quien no habla bien español.
Y estamos escondidos en el invernadero.
Hace calor, mucho calor, y estamos en peligro.
Tiene que acercarse más.
Bueno, así es estaría la gente en un invernadero caluroso y peligroso.
Lo único más peligroso que mis enemigos... es tu belleza.
"Abrázame.
Tengo mucho miedo de los enemigos que nos amenazan".
Silencio, Rebecca. Creo que mis enemigos se acercan.
Pero también creo que me estoy enamorando de ti.
¡Ay, qué buenos diálogos! Necesito un poco de agua de frutas.
Tío Hank, tenemos que hablar seriamente sobre Bobby.
Olvídalo.
Bobby ya tiene edad suficiente para que le hablemos de sexo.
Luanne, ¡deja de intentar ser tu tía Peggy!
No eres Peggy. Estás despedida.
Pues me alegro mucho de que me despidas
¡porque ser la tía Peggy es el trabajo más desagradecido
que he tenido en mi vida!
¡No me extraña que se haya ido a México!
- ¡Ay! - Siento haberlo asustado, señor Felipe.
No me ha asustado.
Tenemos que hablar.
Discúlpeme, Margarita, pero deben de ser las rosas que pedí.
¿Rosas?
Sí. Ya sé que no la contraté para eso,
pero ¿sería tan amable de llevarlas a mi habitación?
Sí.
¿Podría poner las rosas encima de la cama? Quizá podría esparcir los pétalos por ahí.
Necesita un toque femenino.
Mire, señor. Tenemos que hablar urgentemente.
Sí, lo sé,
pero necesito un momento para arreglarme y luego tendrá toda mi atención.
Quiere besarme mucho.
Vale, dentro de un momento,
vas a estar cara a cara con una superestrella latina desnuda.
¿Y luego qué, Peggy? ¿Olvidarás cómo se llama?
¡Ay, Dios! ¿Cómo se llama?
¡Hank! Hank Hill. No.
No le daré a ese hombre el gusto de que yo lo vea desnudo.
¡No!
¡Eh!
Señora Hill, por el amor de Dios, ¿qué hace?
Deje de hacerse el tímido conmigo.
Debo insistir en que se vaya, señora.
Pues no voy a marcharme hasta que se cubra con esta toalla
y escuche lo que tengo que decirle.
Señor Felipe,
entiendo que siendo estadounidense le pueda parecer exótica...
- Mi mujer ha llegado antes. - ¿Qué? ¿Su mujer?
¡Ay, Dios! ¿Y ahora qué hago?
- Voy a darle la bienvenida. - ¡Sí!
¡Eso está bien! ¡Corra!
¡Las rosas!
¿Señora Hill?
¿Dónde están las rosas?
No se preocupe, ya me ocupé de las rosas.
¿Dónde está su mujer?
Señora Hill, esta es mi mujer, María.
- Creía que estaba muerta. - No.
Estaba con mis antepasados.
No, con mis antepasados no.
Mis...
¡Mis abuelos!
Sí, eso le dije.
Señora Felipe,
solo quiero que sepa que no ha pasado nada entre nosotros.
A pesar de sentirme alagada por las insinuaciones de su esposo,
soy una mujer felizmente casada.
Lo siento mucho.
Sé que me desea, pero no puedo corresponderle.
Espere un momento.
Lo siento, pero no sé si la entiendo.
¿Usted pensó que la quería como amante?
Bueno, claro. Más obvio no ha podido ser.
El mango, las rosas...
Las rosas eran una sorpresa para mi mujer.
Claro, dice eso porque ella está delante.
pero no puede negar que no ha parado de coquetear conmigo.
Hemos bebido vino, me ha enseñado su casa...
Solo quería ser un buen anfitrión.
Señora, lo siento, pero no la deseo de ninguna manera.
Usted es... ¿Cómo le diría?
- Vieja. - ¿Vieja?
Yo no soy vieja. Solo tengo 41 años.
Lo he hecho otra vez.
Mire, usted jamás me interesaría como amante.
Lo he pillado.
Ay, qué bochorno.
Sí, es bastante cómico.
Mire, ella también lo encuentra cómico.
Lo siento.
Hola. Propano Strickland.
Hola, Hank. Soy yo.
He pensado que te gustaría saber que vuelvo a casa mañana.
Mis alumnos aprenden muy rápido.
Bueno, me alegro que vuelvas. Esto no es lo mismo sin ti.
Te echo de menos.
Llego en el vuelo 710 de Aerolíneas Mexicanas.
Vale. Adiós.
Le he conseguido otra profesora para sus hijos.
Se llama Sandra Morgan. Tiene 61 años.
Ella sí que es vieja.
Entonces, vaya con Dios.
Lo digo como yo mismo, no como mi personaje.
Bienvenida a Texas, Peggy.
¿Dónde está la camioneta?
Oh, no. ¿Qué hay en el suelo?
Hank, he estado toda la noche de viaje.
Da igual lo que haya en el suelo, ya lo recogeré mañana.
Parecen bombones.
Y... ¡Vaya!
Son... besos.
- ¿Has sido tú? - Sí.
Lo he visto en Libro Rojo.
Me pregunto adónde llevarán.
- ¿Irán a nuestra cama? - Tal vez.
No llevan a la cama.
No, sigue.
¿Al baño?
Vale, a la bañera.
Hank, ¿has comprado velas aromáticas?
Estoy cansada, me rindo.
¿Qué estoy buscando?
Lavabo doble.
Este es el tuyo. Abre el grifo, pruébalo.
¿No te gusta?
Hank, me encanta.
Siempre te quejabas
de que al afeitarme dejaba el lavabo lleno de pelos.
Joe Jack me habló de una tienda que estaba de liquidación y...
¡No puedo creer que sea él!
Traducción: Mireia Alcover Delgado
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