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EL REY DE LA COLINA
Sí.
Sí.
Sí.
Por fin. El hombre más esperado.
Dame, dame.
Bill, ¿no te encargabas tú de la cerveza?
He ido al hipermercado.
No les quedaba cerveza Alamo.
¿Seguro que has mirado bien?
Si pensáis que soy tan estúpido como para no saber que no hay cerveza,
os invito a que vayáis vosotros mismos.
Anda, es verdad que no quedan.
No hay una en todo el Estado.
Ya te lo he dicho esta mañana.
Si me hubieses acompañado al callejó como te pedí...
SALA DE PROFESORES
COMENZAR
Me dan ganas de tirala por la ventana.
Se te habrá olvidado el código.
Es verdad. El código. ¿Cuál era?
¿Eres profesora titular?
Hoy sí. Titular de español.
Sustituta, por lo que veo. Lo siento.
El código solo se lo dan a los titulares.
Hay gente muy frívola por ahí.
¿Cuántas copias te hacen falta?
Veinte del examen de español
y cien de esto.
¿De qué se trata?
Quiero vender una bicicleta.
¿Hi Brau?
Esta no me gusta.
Solo bebo cerveza Alamo.
Ya sabes que no queda en ningún lado.
Nadie sabe por qué.
Oye, mamá, ¿no te acuerdas de aquel número de teléfono
al que llamaste cuando me atrapé el dedo?
Será más fácil entenderme con ellos sin que grites de dolor.
Gracias por llamar a cervezas Alamo.
En inglés, pulse uno.
Mira tú, nunca me he quejado en lengua española.
Hola, Cervezas Alamo.
Hola, soy Peggy Hill.
Muchas gracias, señorita.
Usted me halaga.
Bueno, adiós.
Buenas noticias.
Acabo de llamar a Alamo.
¿Qué dicen? ¿Y las cervezas?
Ah, la escasez...
No ha surgido el tema.
Pero les ha gustado tanto mi español
que me han ofrecido trabajo
como agente bilingüe de atención al cliente.
Qué maravilla.
Podrás ver os entresijos de la fábrica
fundada por Konrad "Skip" Meinhoffer IV.
Quizá te diga qué pasa con la cerveza.
CERVEZAS ALAMO
Aquí tienes la tarjeta VAP.
Te identifica como empleada de Alamo.
Con ella tendrás acceso a las zonas restringidas de Alamo.
Tu mesa es esta.
Bienvenida a la familia Alamo.
Es algo temprano, pero un día es un día.
No, Peggy, esta es tu caja de Alamomentos.
Taza, gorra, llavero de Alamo
y una camiseta "Si bebes, no conduzcas".
¿La gente de a pie tiene acceso a estos productos?
No.
Los guardaré como oro en paño.
Bill, decídete ya.
Tenemos lager rosada, ale, tostada, de trigo--
No sé. Soy demasiado viejo para volver a empezar.
Chicos, buenas noticias.
Ahora Peggy trabaja en Alamo.
Seguro que lo averigua.
Os diré lo que pasa con la cerveza.
Se la han vendido a los japoneses para cambiar la fórmula
y venderla en botellas cuadradas
que solo encajen en los coches japoneses.
¿Un cambio de fórmula? No me gustan los cambios.
Tranquilizaos un poco.
El vínculo entre una cervecera y sus clientes es sagrado.
Ni se les ocurriría cambiar algo
que resultó ganador del Festival de la Cerveza de Múnich en 1849.
Peggy llegará dentro de poco y nos lo contará todo.
¿Sabes, Theresa? La taza de Alamo, la gorra
y el llavero me han hecho pensar
en lo que ha ocurrido con todas las cervezas Alamo.
Te lo diré encantada,
pero primero necesito que firmes estos documentos.
"Acuerdo de confidencialidad".
Ahora que formas parte de Alamo se te van a confiar
parte de los secretos familiares.
Debemos asegurarnos de que no salgan de aquí.
No me cuesta guardar un secreto.
Pregúntaselo a los profesores gays.
No puedes, porque jamás te diría quiénes son.
Venga, cuenta.
Pues...
Ahí la tenemos.
Venga, chicos, apartaos del coche.
Dadle la bienvenida a la empleada de Cervezas Alamo.
Caballeros, misterio resuelto.
- ¿Qué te han dicho? - Cuenta, cuenta.
Por desgracia, no puedo decir más.
¿Cómo? ¿Por qué?
Como nuevo miembro de la familia Alamo,
he firmado un acuerdo de confidencialidad,
lo que significa que la compañía me confía sus secretos
y no puedo revelar nada.
No os preocupéis. Llegaré al fondo de la cuestión.
Estaba pensando...
¿te importaría contarme lo que está pasando?
Ya sabes que no puedo.
Claro que puedes.
Lo siento, Hank.
Alamo no me permite revelar secretos.
Igual que tú confías en mí para que no diga nada de tu uretra.
Y no será por no haber tenido numerosas oportunidades.
Iré a por la crema de pies.
- Déjate de ruegos. - ¡Venga ya!
¿Firmas un contrato por horas
y te parece más importante que 20 años de matrimonio?
¿Ahora tenemos secretos?
Hasta que la muerte nos separe.
Piénsalo, Peggy. La muerte.
Vale, pero prométeme que no se lo dirás a nadie.
Te lo prometo.
En serio. Ni a tus amigos.
Solo por estoy ya podrían echarme
y llevo ahorrados 23 céntimos en el plan de pensiones.
No van a cambiar la fórmula.
Quieren vender más en México,
por eso han exportado toda la producción del mes pasado.
No te preocupes.
Cervezas Alamo volverá a estar a la venta en cinco días.
Oh, Peggy, qué buena noticia.
Iré a México con los chicos.
¡No, Hank! No puedes contárselo.
Ni tampoco ir a México.
Vale, como quieras.
Pero no vas a impedir que me haga ilusiones.
No me digas lo que puedo o no puedo hacer.
¿Te lo ha dicho, Hank? ¡Cuenta, cuenta!
Si no, aguantaré la respiración.
Se desmayará antes de palmarla.
Siempre hace lo mismo.
Lo siento, chicos.
Le he prometido no decir nada.
Quién me iba a decir que Hank
le daría prioridad a su mujer antes que a 30 años de amistad...
Pensaba que no teníamos secretos.
Igual que cuando éramos niños.
Rodillas peladas, primeros amores.
Puestos de limonada y casas del árbol.
Si no te puedes fiar de tu propia gente,
mejor darse por vencido.
A melodramático no te gana nadie, Boomhauer,
pero se lo he prometido a Peggy,
así que no me pongas ojillos de perrito abandonado.
Después de cada contacto, anota de dónde llaman
y su problema.
Si alguien te saca de tus casillas, pulsa este botón.
Y les cuelgas.
Hola, Cervezas Alamo.
¿Qué problema tiene?
Vomitando.
¿Vomitando?
Sí, el vómito.
La diarrea. La náusea.
Por el amor de Carmen San Diego, ¿qué está pasando en México?
Eso es lo que decía en mi anuario.
Seremos amigos para siempre.
"Buena suerte para todos".
Eso es lo que decías entonces.
Vale. Me rindo.
Pero no se lo digáis a nadie.
- Entendido. - A nadie.
Están enviando toda la mercancía a México temporalmente.
La cerveza Alamo volverá a venderse dentro de cinco días.
Cinco días.
Podemos esperar. Sin ningún problema.
¡Vámonos a México!
- ¡Así se habla! - ¡Viva!
Traigo la escopeta.
- ¡Bravo! - ¡Vámonos!
Theresa, tienes que ver algo.
Mira: "vómitos, diarrea, náusea".
"Vómitos, diarrea, náusea".
Todos mexicanos.
No hablaban muy bien español,
pero está claro que han enfermado después de beber cerveza Alamo.
Gracias por hacérmelo saber.
Toda una muestra de iniciativa.
Te has ganado el pin de líder Alamo.
Si reúnes cinco, conseguirás una linterna.
¿Una linterna? Vaya.
Pensaré en ti cada vez que se caiga algo detrás del sofá.
Ah, sobre los vómitos...
Parece que una pequeña cantidad de jabón
se ha podido verter
en la partida que enviamos a México.
La culpa es nuestra por querer darle a la gente la cerveza más limpia.
Descuida, nadie corre peligro.
Gracias a Dios. Les diré a los clientes que el jabón...
¡No! El equipo directivo está trabajando contrarreloj
para decidir la mejor estrategia para retirar esa partida.
Por el momento, chitón.
ESTADOS UNIDOS MÉXICO
No quiero ser racista,
pero este es el surtido de alubias
más variado que he visto en mi vida. Lo digo en serio.
Mira, tacos.
- ¿Puedo comprarme uno? - No.
¿Qué tal unas patas de cerdo?
No. Nada de comida.
Te pondrás enfermo y volver a casa no es un paseo
después de comer empanadas.
¿Qué tal un plátano? Va envuelto en su propia funda.
Vale.
Por favor, ¿cervezas Alamo?
VENTA
- Sí. - Sí.
Sí.
Una cerveza no me hará daño.
Mira lo gordo que estoy.
Lo siento, Bill, pero eso te pasa por comer plátano
al decidir quién conduce.
Malditos plátanos.
Acelera, Bill.
No sé por dónde va a salir, pero seguro que sale.
Primera fase completada.
Por fin.
Sí.
¿Qué tal ha ido el día?
Bastante aburrido.
He visto un poco de...
Ay, Dios.
He tenido un encuentro interesante con un mosquito.
Empezaré desde el principio.
A la hora de comer...
Y le dije a la enfermera:
"No estoy seguro de que fuese un mosquito,
pero me ha picado un bicho y ahora quiero rascarme".
En resumen: loción de calamina.
Hank, ¿por qué no comes?
Prefiero saborearlo para después ir al baño.
Aunque no tenga que ver.
¿Qué haces?
Tenía que...
peinarme.
Cariño, ¿estás malo?
Sí, lo reconozco.
Tengo diarrea y vómitos.
Hank, si todavía puedes oírme,
¿dónde has estado hoy?
He ido con los chicos a México.
¿Has ido a México?
¡Mi cerveza!
Peggy, ¿has perdido la cabeza?
¿Ahora la loca soy yo?
Has roto tu promesa.
Una promesa pronunciada en el lecho donde concebí a nuestro hijo.
Eso sí que es una locura.
Siento habérselo contado a los chicos, pero la cerveza ya está aquí.
Ahora no tiene sentido tirarla
por el desagüe.
Hank, no te la bebas.
¿Por qué no?
La diarrea me la han provocado los plátanos mexicanos
que compramos con la cerveza.
Quieres castigarme
por haberles contado a dónde había ido la cerveza.
No es por eso.
Tendrás que confiar en mí más de lo que puedo confiar en ti.
Ojalá pudiese decir más, pero no es así.
Esta linterna de bolsillo simboliza la confianza depositada en mí
por parte de Cervezas Alamo.
Le das más importancia al acuerdo de confidencialidad
que a tu marido.
Y tú a los amigos y a la cerveza
más que al acuerdo de confidencialidad.
Además, es por tu propio bien.
¿Qué te has creído que soy?
¿Un niño de teta?
Pues este niño quiere una cerveza.
Muy bien, Hank. Ponte ciego.
¿Por qué se habrá enfadado tanto?
Es cierto que no he parado de decir mentiras y desconfiar,
pero creo que sigue ocultándome cosas.
Exactamente, Hank.
¡Malditos plátanos mexicanos!
No les eches la culpa a los plátanos.
Yo he comido más que nadie, con piel y todo,
y no me encontré mal hasta varias horas después.
Tomamos plátanos y cerveza antes de volver a casa.
¿Qué otra cosa ha podido ser?
Ay, Dios. ¡La cerveza!
Peggy lo sabía.
- Hola, Peggy. - Ah, hola Hank.
¿Te acuerdas de aquel anuncio de Cervezas Alamo?
Había un padre y un hijo discutiendo
por una abolladura.
Luego hacían las paces y bebían Alamo.
Peggy, he abollado tu confianza y quiero resarcirme.
No pasa nada, Hank. Te perdono.
Por favor, después de lo que te he hecho, te lo mereces.
A menos que haya alguna razón para dejar de beber.
Por Dios, claro que no...
Mi mujer me engaña.
Mi cervecera me traiciona.
Los americanos provocan diarreas a los mexicanos.
¿Qué está pasando aquí?
Me has contagiado una fiebre estomacal.
Muchas gracias, Hank.
¿A dónde vas?
¿A poner laxante en los cereales de Bobby?
Me voy al trabajo, para vomitar sin que me culpen.
¿Qué pasa con la retirada?
No se ha anunciado
en ninguna de las revistas del gremio.
Resulta que, según las leyes mexicanas,
habría que cerrar los mercados que han vendido productos defectuosos.
Y, si cerrasen esos mercados,
¿dónde irían los mexicanos a comprar comida para sus hijos?
Alamo está en contra de la inanición infantil, Peggy.
Siempre ha sido así. ¿Y tú?
Por supuesto, pero también me opongo a que la gente sufra diarrea.
¿No hay forma de advertirlos?
Peggy, entiendo por lo que estás pasando.
Por eso me casé con otro empleado.
Un experto en cebada.
Hola, Cervezas Alamo.
Sí.
Sí, el vómito.
Sí, sí, la diarrea.
Disculpe.
¡Exijo ver al Sr. Meinhoffer IV!
Lo lamento, caballero, pero sin cita previa...
Sé que estás haciendo tu trabajo,
pero no te han preparado
para lidiar con un cliente tan insatisfecho como yo.
Mañana empezaré la reunión con un chiste.
¿Qué os parece si utilizo a una jirafa?
Sr. Meinhoffer IV.
Soy Hank Hill, de Propanos Strickland.
Durante los últimos 20 años, Alamo ha formado parte de mi familia.
Como si mi tío favorito viviese en la nevera.
Pero usted le ha vendido cerveza contaminada a los mexicanos.
No será delito, pero debería.
Le exijo una disculpa.
Sr. Strickland, la cerveza Alamo no es su tío.
No somos su familia.
Somos una sociedad limitada con sede en Delaware.
Y la cerveza que vendemos en México
es tan pura como la de EE. UU.
¿Cómo? Está mintiendo.
A menos que sea accionista nuestro,
no le debemos nada, especialmente una disculpa.
No nos quedaremos de brazos cruzados
mientras nos acusa gratuitamente.
Mire, no soy un hombre muy litigioso.
Por eso tengo tantos abogados.
- ¿Me está amenazando? - No amenazo a nadie.
Por eso tengo tantos guardas de seguridad.
¿Quiere echarme? Perfecto.
Ya los expulsaré yo de mi nevera.
Bobby, aléjate de esa cerveza contaminada.
Esperaba no tener que llegar aquí,
pero me veo obligada a echar abajo el sistema.
Abran paso a las nóminas.
- Por fin es viernes, ¿verdad? - Sí.
PEGGY HILL V.A.P
Así que la jirafa pide una cerveza
y el camarero le pregunta: "¿de cuello largo?".
Y a jirafa le responde: "¿Acaso hay otra opción?".
HOMBRES
Está recién salida.
Ya la hemos repartido por Tejas.
¡Ay, Dios!
Hola, soy Konrad Meinhoffer IV,
presidente de Cerveceras Alamo.
Niños, id a jugar.
Papá tiene que hablar con sus amigos.
Al parecer, una de nuestras partidas
no está a la altura de la pureza bávara.
Aún así, ha llegado a las estanterías.
He dado órdenes para que se retiren
todas las latas de Alamo de EE. UU. y México.
Si vuelven a confiar en nosotros,
no volverá a pasar.
Porque somos una familia.
Lo sentimos.
No entiendo por qué le ha costado tanto.
¿Por qué no pedir perdón en persona?
A veces, cuando la gente se enfrenta a sus errores,
les da vergüenza admitir que se equivocaban.
Sobre todo la gente orgullosa,
como los grandes empresarios, los profesores
y los profesores sustitutos.
Lo siento, Hank.
No, Peggy. El que lo siente soy yo.
Mira, el perro Hop.
En realidad, Hop murió hace cinco años.
Es otro secreto industrial. Pásalo.
Puestos de limonada y casitas en el árbol.
Traducción: Tomás Costal
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