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EL REY DE LA COLINA
Han venido a buscarme.
Tío Hank, ¿me prestas 22,50?
Necesito ocho dólares para la entrada, 2,50 para palomitas
y otros diez para cenar.
También quiero jugar a las máquinas.
Podría cambiar las palomitas por la máquina de regalos.
Mira, Luanne, me irritaría menos que me dieras un número redondo
y no me hicieses una lista de cada cosa que vayas a comprar.
¿Me prestas 300 dólares?
Toma 60 dólares.
Yo he vivido un mes con 60 dólares...
Increíble, me ha dado 60 dólares.
Si somos tan permisivos con Luanne,
quizá le parezca que es algo normal.
A lo mejor a Bobby le pasa lo mismo.
Ahora puedo morder la manzana con más confianza.
Betsy ha dejado el trabajo en La Grunta.
Podría recomendar a Luanne.
- ¿En qué consiste? - Camarera del campo de golf.
Yo estuve una vez en La Grunta.
Me cobraron ocho dólares por aparcar.
El precio de 200 arandelas.
En el centro comercial, 400.
¿Qué insinúas?
Tranquilos, chicos.
Por eso compro aquí.
Cuesta más, pero merece la pena.
Ocho centavos.
Tengo familia.
Luanne, ese es mi casco-teléfono.
No puedo morirme de hambre.
Aunque sea lo que quieres.
No quieres darme dinero
porque ayer me lo gasté todo.
¿Sabes lo que te digo?
Da igual.
Ha surgido una buena oportunidad.
¿Te gustaría ser camarera en un campo de golf?
Ganarías tu propio dinero.
Mi propio dinero.
Nadie me haría arrastrarme por cada mísero centavo.
A ver si me lo demuestras.
Camarera de campo de golf.
- ¿Por qué no? - Así me gusta.
Seré mi propia jefa.
No, tendrás jefe, pero las propinas son en negro.
Genial.
HOTEL LA GRUNTA
Los jugadores son rácanos.
Creen que por ser mujer soy una hermanita de la caridad.
De eso nada.
No sabía que era una mujer.
Lleva estas bebidas al hoyo siete.
Con tal de que sepas llevar las cuentas, saldrás adelante.
Disculpen. ¿Han pedido de beber?
Sí, pero me he pasado.
Tienes mejor aspecto que hace 15 minutos.
Me han revisado la cuenta. Seguro que está bien.
Ahí va.
Muy bien.
Soy capaz.
Todo tuyo, si no volvemos a ver a esa vieja harpía.
Nos dejan comer las sobras
y bañarnos en la piscina pequeña.
¿Dónde hay que firmar?
No sé, tía Peggy.
La otra camarera tiene tu edad y a los jugadores no les gusta nada.
Yo también podría ser camarera de campo de golf.
¿Se les ofrece algo más a los caballeros?
Bobby, no lo repitas con tu padre delante.
Voy a darle las gracias al tío Hank.
¿Qué regalo os parece más adecuado?
Yo siempre le regalo pantalones.
Los calcetines no le gustan nada.
No, con eso no basta.
Quiero que sea algo que le apasione.
Algo con lo que salte de alegría.
He visto que el tío Hank no lleva joyas,
así que voy a comprarle algo así.
No le hace ninguna falta.
Conozco a un tipo que puede borrarle las huellas dactilares.
Te recomiendo pagar el suplemento de 50 dólares.
Os diré lo que le hace falta:
una agenda electrónica.
Yo no puedo vivir sin ella.
Mirad.
Levántate a las cinco, tómate unas birras y luego acércate al concesionario.
Después échate una siesta si quieres.
Algo así.
Qué poco me gustan los miércoles.
Hank y yo solíamos jugar a los bolos
y yo le decía a todo el mundo que éramos hermanos,
pero, a veces, me dejaba ganar si nos quedábamos hasta tarde.
Ni le comprases otra bola de bolos,
recordará su época de soltero.
¿A qué hombre no le gusta un buen jabón o una vela aromática?
Qué caro es este tarro de Vicks.
¿Qué tal una tarjeta regalo?
Aquí hay muchas cosas que le gustarán.
A mi marido le regalé una ronda de golf y nuestra vida amorosa es una maravilla.
Pues claro.
Exacto.
Me dijo que le comprase una ronda de golf y fue facilísimo.
Qué bien, Luanne. A Hank le apasiona el golf.
La ronda de golf deja mis regalos a la altura del betún.
Qué va, tía Peg--
Claro que sí.
No me estás entendiendo.
¡Uy! ¡Sorpresa!
¿Qué es?
No es mi cumpleaños,
porque no he recibido pantalones.
¡Hala! ¡Mirad qué cara se le ha quedado!
Creía que era una caja grande y resulta que no.
Ya sabes lo que dicen de los paquetes pequeños.
Es una ronda de golf.
No, Bobby.
La ronda de golf me dio la idea, pero es otra cosa.
¿Encuentro con delfines?
Exacto.
En la piscina del hotel hay un delfín y puedes nadar con él y tocarlo.
Forma un vínculo contigo
y puedes darle de comer peces muertos.
Luanne, veo que te lo has pensado mucho
y que te has gastado mucho dinero.
Si quisiera cambiarlo por la ronda de golf,
podría, ¿verdad?
Seguro que no querrás cambiarlo.
Me ha costado más que una ronda de golf...
Disculpad.
Alguien debería hablar con Luanne.
Bueno, vale.
Luanne, ¿sabes qué?
Nunca he nadado con un pez tan grande.
Supongo que no se me había ocurrido.
A lo mejor este encuentro con delfines
es precisamente lo que necesitaba.
Es tu encuentro.
Mejor aún.
Vamos, Hank.
Parece que te vas a jugar al golf.
Sí, eso parece.
Creía que los delfines no sabían jugar al golf.
Cállate, Dale.
HOTEL LA GRUNTA
Hay una tienda que vende cuadros de Red Skelton.
Allá voy.
Sus payasos no me gustan demasiado.
Mirad qué desayuno.
Chuleta para desayunar.
Así que era cierto.
Le debo una disculpa a Bill.
Tío Hank.
Ha llegado la hora de tu orientación para el encuentro con delfines.
Menudo trozo de carne.
Siempre me pierdo lo bueno.
Cuántos años perdidos sin alcaparras.
Van bien con el salmón y también con los pepinillos.
Hasta con las tartaletas.
Anda.
¿Qué tenemos aquí?
Un hombre al que salvaron los delfines me dijo una vez:
"Los ángeles son delfines que no han aprendido a nadar".
La gente suele preguntarme sobre estos cetáceos.
Lo mejor es ser sinceros con ellos
y compartir sus secretos con ellos.
Bajaré las luces para que veamos el vídeo.
"El sueño de los delfines".
Me sumerjo en el mar para liberar al delfín que llevo en mi interior.
No quiero fotos.
Fotografiad a los jugadores de golf.
Sienten la energía negativa.
Relájese.
Adelante.
Qué habilidad tiene.
Casi parece de goma.
Agárrese a la aleta de Duke.
Déjese llevar por él.
Hala, fijaos.
Luanne, no era tan tonto como pensaba.
Gracias.
Os digo una cosa, resulta que...
Un segundo, Duke.
Oye.
Para de una vez.
¿Qué sucede?
No pasa nada, pero quizá sea mejor que salga de la piscina.
- ¿Qué hago? - Pasárselo bien.
Que venga el encargado.
- ¿Qué tal? - Perfecto.
Espera, una con flash, por si acaso.
Perdone.
¿Tiene intención
de comprar la grabación de su encuentro?
Largo de aquí. Os habéis metido en un lío.
Más vale que ese pez esté vacunado.
Sr. Hill, soy el director de entretenimiento en La Grunta.
Esa cosa me ha atacado.
Mi sobrina no había pagado por una cosa así.
No.
¿Suele pasar?
Me han usado de cebo.
Ese pez podría haberme ahogado.
Sr. Hill, Duke jamás habría dejado que se ahogase.
Ese delfín lo adora con toda su alma.
Menuda forma de demostrarlo.
Sr. Hill, Duke desea igual que nosotros.
Con todos esos tocamientos, Duke se excitó
y por eso ha tratado de provocar un encuentro más íntimo con usted.
- Dios mío. - Es todo un halago.
No se saldrá con la suya.
Deme esa cinta.
La mandaré a Cuando los animales atacan
y seguro que resultamos ganadores.
¡Luanne, por favor!
No quiero que nadie vea la cinta.
Mire, Sr. Hill, mejor no apuntar el dedo.
Me da igual quién haya sido.
Si pudiese firmar el descargo de...
Tío Hank.
Les invitamos a almorzar.
Se puede quedar el albornoz y recibirá una cesta de regalos.
Además de 25 dólares La Grunta.
De acuerdo.
Traeré los papeles.
Luanne, un secreto como este nos lo llevaremos a la tumba.
¿Quieres matarme, tío Hank?
Claro que no.
Tienen razón: "La Grunta es lo más".
Hay hasta zapatillas de empeine ancho para la mujer que pisa fuerte.
Luanne, cariño, ¿cómo has podido permitírtelo?
¿Cómo no iba a haceros un regalo?
No, Luanne, digo que...
No me explico cómo es tan generosa.
¿Acaso los has robado?
Claro que no.
¿Has probado las alcaparras con tus tartaletas?
Me han decepcionado.
Prefiero pasar página.
Nos está saliendo genial.
No sospechan nada.
¿Lo ves? Como si no hubiera pasado.
Luanne, mejor que no hablemos del tema, porque nos recordará lo sucedido.
Muy bien.
Microbodega La Grunta.
Calla, Dale.
No me mandes callar.
Todavía no me he reído de ti por ir al hotel.
¿Hasta cuándo me darás la paliza?
Ese hotel ya es historia.
Esperaba poder pasar una mañana sin oír hablar del delfín,
pero veo que no.
¿Cuál es el chiste sobre delfines?
- Lo has echado a perder. - Mejor.
A Hank le han picado.
Te ayudo con el anzuelo.
Quitádmelo.
Era un pez muy feo.
Yo también me he asustado.
Treinta y siete grados.
Como usted quiera, Sr. Óvulo.
Podemos esperar lo que haga falta.
No somos una pareja de adolescentes repletos de hormonas.
¡Venga!
Pasa, estamos visibles.
Servicio de habitaciones.
Os traigo unos caramelitos.
¡Bingo!
Ha llegado la hora.
Vamos allá.
Hank, ¿qué te pasa?
¿Os vais a comer los caramelitos?
Hace un día estupendo.
Ahí llega la camarera.
Hoy la camarera dará el primer golpe.
No sé ni cómo.
Acompáñame y te enseño.
Muñecas relajadas y brazos rectos.
Hombros atrás.
Flexiona las rodillas e inclina la cintura.
Estás en muy buena forma.
Disculpe, me tengo que ir.
No ha acabado la clase.
Aún no hemos pagado.
Da igual.
Abran paso.
No me toques.
Lo siento.
No pasa nada.
No has hecho nada.
¿Ocurre algo?
No debería contárselo a nadie.
A mí no me lo has contado.
Lo he dado por hecho.
Me imagino.
Bobby, algunos jugadores de golf se propasan conmigo.
¿Son muy malhablados?
No, es algo más físico.
¿Has presentado una queja?
No.
Así se enterarían todos.
Además, la culpa es mía por agarrar el palo.
Mala profesional.
Luanne, no digas locuras.
Tú no le has dicho a nadie...
Luanne. Por favor.
¿No lo ves? Lo mejor es dejarlo correr.
Si tú has sido capaz, yo también.
Espera. Yo no quería--
Disculpa. Sin comentarios.
Ahora ya no estoy seguro de querer ser camarera de golf.
Papá, solo nos quedan dos botes de alcaparras.
Pues son los últimos.
¿Qué quieres decir?
¿Tan caras son?
Mejor no preguntes.
¿Qué haces, Luanne?
Ponerse guapa en público siempre da problemas,
así que me puesto alguna ropa tuya.
Lo único que digo es que dos botes no me duran ni hasta el fin de semana.
¡No!
Muy bien, Hank.
A mí no me engañas.
¿Qué está pasando aquí?
Es por el delfín.
Me atacó.
Ya veo.
No, mucho más que eso.
Me...
¿Te acuerdas de aquella película?
Lo que Gregory Harrison hizo con Valerie Bertinelli.
¡Dios mío!
A mí nunca me ha pasado... Bueno, sí, una vez con un perro.
No te hace ningún bien.
¡No!
Creí que lo mejor era pasar página, pero ha sido peor para todo el mundo.
No es algo que haya dicho en mi vida,
pero hablarlo me ayuda.
Muy bien, Hank.
Venga, suéltalo.
Qué cosa tan horrible.
Una criatura como esa nadando hacia ti y agitando las...
¿Tienen...?
Es un mamífero, Peggy.
Entonces claro que lo tiene.
Lo siento mucho.
Los mamíferos tienen órganos reproductivos
proporcionales a su tamaño, supongo.
Mejor lo dejamos aquí por hoy.
Lo que consideres oportuno.
Qué cosa tan extraña.
Me surgen tantas preguntas... ¿Sabía lo que hacía?
¡Peggy!
No sé qué voy a hacer,
pero no voy a decir más mentiras.
Es el delfín el que debería avergonzarse.
El delfín.
A mí también me ha pasado.
Exactamente lo mismo hace seis años
y hace cuatro.
- ¿Cómo? - Lo que oís.
Ahorré los 150 dólares para darme un capricho.
Quería sentirme importante y nadar con los delfines.
Iba a cambiar las cosas y servirme como inyección de confianza.
Y luego...
¿Y qué hiciste?
La gente del hotel me compró con esta misma camiseta.
Me sentí utilizado, pero transpira mucho.
A mí se me ocurre otra cosa:
dejar de beber su cerveza.
Me la llevo.
¡Oye!
Muy bien, Hank Hill.
Devuélveles esas 30 monedas de plata.
Las zapatillas también, Peggy.
Un par de zapatillas no te devolverán la dignidad.
Te acosó un delfín.
Venga, Peggy.
HOTEL LA GRUNTA
Es cierto.
Qué listo eres.
Os lo devuelvo.
No compraréis mi silencio.
¿Qué quiere?
¿Dinero? ¿Publicidad?
Quiero asegurarme de que nadie tenga que pasar por lo mismo,
salvo un delfín hembra.
Ya ha firmado el acuerdo.
Nuestros abogados protegerán el nombre de La Grunta.
¿Por qué hablas con gente como él?
¿Acaso no te gusto?
Ahí va, bonita.
Oye, ¿qué pasa aquí?
¿Vienes del aparcamiento?
Vale, que ya puedo solo.
Eso, huid como cobardes.
A mí ya no me dais miedo.
De ahora en adelante, me vestiré como quiera
y tendréis que acostumbraros.
¿Crees que puedes tocar a quien quieras?
¿Te parece normal porque nadie dice lo contrario?
Vale.
Me has tirado a la piscina.
Buen trabajo. Me da igual.
Iba a nadar de todas formas.
La gente paga mucho dinero por nadar aquí.
En el fondo me has hecho un favor.
Gracias, compañero.
Te debo una.
Te invitaré a unas cervezas.
Oye, ¿qué haces?
¡Oye!
Vamos a desearle suerte a Duke en su camino de regreso al océano.
Adiós, Duke.
Adiós.
Hasta pronto, amigo.
Adiós, Duke.
Te quiero.
Mamá, ¿me compras una camiseta?
Gracias, tío Hank.
De nada, Luanne.
¿Puedo enviar ya el vídeo a Cuando los animales atacan?
Me parece que no.
Nos repartiremos el premio.
No es necesario.
¿Puedo quedármelo yo?
Luanne, dame la cinta.
Ya la he enviado.
Supuse que dirías que sí.
Siempre me pierdo lo bueno.
Traducción: Tomás Costal
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