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Parece un conejo.
Supongo que esa será la cola, ¿no?
Muy bien, cariño. ¿Qué más ves?
Aquella parece un cerdo.
No, espera.
Quizá sea un jamón.
Bobby, en tu imaginación, nunca hay respuestas erróneas.
Mira, mamá, una abeja.
Es verdad.
Se parece bastante a un ala mullidita.
Hemos engañado hasta a las abejas.
Porque son idiotas.
Cuando engañes a un búho, hablamos.
EL REY DE LA COLINA
Adivinad quién ha vendido tres barbacoas.
Aquí papá.
Estoy pintando mi habitación.
Muy bien, hijo.
Por fin puedes ponerte el mono sin pasar vergüenza.
Iré a por el babero.
Espera. Bobby no ha pintado nunca.
¿Seguro que queremos tantos grumos?
No son grumos, sino nubes.
¿Cómo?
¿Habéis pintado nubes?
Blancas y mulliditas.
Esta es la habitación de un niño, no una guardería.
La habitación de un niño debería ser de color azul.
La repintaré yo mismo.
Si mi hijo quiere nubes...
Que mire por la ventana.
Hay nubes de sobra.
De noche no.
De noche solo se ve a Bill bailando con la fregona.
Sí.
Sí.
Sí.
Sí.
No sabes ni de qué hablamos.
Vale, ¿de qué habláis?
Nancy cumple años el sábado y voy a hacerle una fiesta sorpresa.
"Abracapasta. Magia, comida y mucho más".
He liquidado a todas las cucarachas,
pero me pagan en trucos de magia.
Ya has dicho que sí. No te escabullas.
De acuerdo. Asistiré al espectáculo.
Pero no pienso aplaudir.
No me gustan los magos. No me parecen de fiar.
Desde que David Copperfield hizo desaparecer a la Sra. Libertad.
¡Qué vergüenza!
Recordad: la operación es secreta.
He convencido a John Redcorn para que entretenga a Nancy todo el día.
No sospechará nada.
ABRACAPASTA
Cariño, me encanta el sitio.
Aquí no nos verá nadie.
Quizá deberías sacar la mano del pantalón.
¿Qué te pasa, cariño? Te noto...
Dios mío, es Dale.
Feliz cumpleaños, cariño.
Feliz cumpleaños, cariño.
Buen trabajo, John Redcorn. No ha sospechado nada.
No tenías ni idea.
- ¿Te ha sorprendido? - No envejeces.
Me ha gustado mucho la fiesta.
Hank, siéntate y disfruta del espectáculo.
Lo último que necesito es que un guaperas con pañuelos de seda trate de engañarme
y hacer que lo pase bien.
Damas y caballeros,
Abracapasta les presenta, recién llegado de Guadalajara,
México, al Increíble Herrera.
Ay, Señor.
Buenas noches, damas y caballeros.
Soy el Increíble Herrera.
Prepárense para quedar boquiabiertos.
¡Bravo!
¿Lo has visto?
Llevaba el reloj en el bolsillo.
Hank, cállate ya. No formaba parte del truco.
¿De dónde ha salido el reloj?
No hay ni un solo cable.
Lo único que la sostiene es la magia.
Quién necesita cables cuando hay una grúa tras la cortina.
Hank, por favor...
¡Bravo!
Ahora la cortaremos por la mitad.
¿Lo has visto?
Nos ha mentido.
No la ha cortado.
No le interesa a nadie, Hank.
Para mi próxima ilusión, me hará falta un voluntario.
Una mujer hermosa.
- Pues... - No esperes que te elija.
Hay una infiltrada.
Hank, no somos idiotas.
Ya sabemos que no la ha cortado
y que no le crecen pajaritos en las manos.
Sabemos que el acento es postizo y nos da exactamente igual.
Lo divertido es suponer que es real.
Sí, usted.
¿Cómo?
- Disculpe. - Ánimo.
Gracias. ¿Cómo te llamas, guapetona?
Ay, madre.
Me llamo Peggy Hill.
Ah, veo que habla español... más o menos.
Ya sabe que las piñatas se rellenan de caramelos,
y este burro no es una excepción.
La dulzura del relleno no será otra que la de Peggy Hill.
Adentro, Peggy.
Venga, Peggy.
Golpearé al burro tres veces.
Si la Srta. Peggy tiene suerte, fallaré.
¿Creen que tendrá suerte?
Uno.
Dos.
Ay, Dios mío.
¿Errará el Increíble Herrera el último golpe de Peggy Hill?
Habrá que verlo.
- Tres. - Vale, ya basta.
Bájate del burro, Peggy, nos vamos.
Aún falta la última tentativa.
Señor, ya he oído bastantes tonterías.
Déjela salir.
Como quiera.
- Hala. - ¿Cómo?
¿Dónde está Peggy?
O me devuelve a mi mujer, o hablo con el encargado.
Estoy aquí, Hank.
¿Cómo?
¿Cómo lo ha hecho?
No puedo romper el código de los magos.
Y mi ayudante tampoco.
Hasta aquí por hoy.
La fiesta de Nancy se ha terminado.
No llegará lejos...
porque le he quitado las llaves.
¡Ladrón! Ya verás lo que es bueno.
¿Dónde se ha metido?
- Una trampilla. - No.
- Espejos en... - No.
¿Giraba el escenario?
¡Déjalo ya!
Le prometí a Herrera que no lo contaría
y para un mago nada importa más que los secretos.
Será porque la mayoría son gays.
A mí también me has hecho una promesa.
Amarme, honrarme y obedecerme.
Quiero que me obedezcas y me cuentes cuál es el secreto.
No soportas que sepa algo y tú no.
Acostúmbrate, Hank,
porque este secreto me lo llevaré a la tumba.
- Así que Herrera es... - Claro que sí.
Déjame en paz.
Luego estalló la piñata y nos regó de caramelos.
¡Hala! ¿Qué tipo de caramelos?
Jolly Ranchers.
Imposible.
Y después, ¡puf!
Desaparecí.
¿Dónde estabas?
De vuelta en mi asiento, tomando un trago de mi Coronita.
Nadie sabía cómo llegué allí.
Quizá ni siquiera yo misma.
¿Quieres dejarte de cuentos?
Bobby,
hay una explicación lógica para la desaparición de tu madre.
Te escucho.
A ver...
Vale, os lo contaré.
- ¡Magia! - ¡Lo sabía!
- ¿No llegas tarde al colegio? - Es domingo.
¿No hay catequesis?
"...y me quedaré en la casa del Señor el resto de mis días", gruñó el oso.
Antes de iros, niños,
quiero saber quién se encargará de hacer el informe bíblico.
¿Bobby Hill?
Quiero escribir sobre Jesús.
Me encanta Jesús.
Jesús está muy bien, Bobby.
Desapareció de la piñata y reapareció en su asiento.
La cuestión es cómo.
¿Alguna idea?
¿Me estás preguntando a mí?
Sobre el truco de magia, Dale.
Ah, ni idea.
¡Ya sé!
Utiliza gemelos.
Una Peggy en la piñata y la otra entre el público.
Otra mujer que se parece a Peggy, huele igual que Peggy y...
Mi mujer no tiene una gemela.
Nunca podrás estar seguro.
Destruyeron las pruebas al incinerar a la otra Peggy.
¿Boomhauer?
No sé, compañero.
La camarera del bar
me dio su número
y en su casa no había más que poleas.
Buena idea.
A Peggy la elevan mediante una polea, se cuela por un conducto del aire,
- corre hasta el aparcamiento-- - Frío, frío.
Mamá ya te ha explicado el truco.
- Magia. - ¡Lo sabía!
Bobby, ¿no tenías deberes?
- No. - ¿Y de la catequesis?
¡Vaya!
"Los milagros de Jesús se manifestaron en Caná de Galilea,
su poder quedó demostrado
y sus discípulos le creyeron".
¿Qué os parece?
Creo que te ha quedado algo aburrido.
Sí, aburridísimo.
Lo he copiado directamente de la Biblia.
No quería decir "aburrido".
- Es que-- - No, tenéis razón.
No vale para nada.
Porque no has sido creativo.
Vale.
Cuando sustituyo a un profesor de historia,
no leo la Declaración de Independencia,
sino que empleo una voz graciosa.
Ya sabes...
Hola, hola. "Los representantes...".
¿Me explico?
Luanne, llegamos tarde.
- ¿A dónde vais? - A la calle.
- A la calle. - Sí.
Vamos a ver al Increíble Herrera en Abracapasta.
Luanne.
- ¿Puedo acompañaros? - Bobby, no.
Tu padre querrá explicarte cómo se hacen los trucos
y echar a perder tu amor por la magia.
¿No prefieres quedarte en casa haciendo los deberes?
¿Eh?
- ¿Listo? - Iré a por el abrigo.
Seguro que ha doblado las piernas.
Así que sobresalen unos pies falsos.
Si a ti te parece tan obvio, imagínate lo que siento yo.
Para la última ilusión, me hará falta un voluntario.
Una mujer hermosa.
Recuerda el plan, Luanne.
Aquí, aquí.
Sí, la del fondo.
Sí, por favor.
La del fondo.
Sí, por favor.
No quiero desaparecer.
No quiero desaparecer.
Ahora me meteré en la piñata.
No, que se meta ella.
El truco no se hace así.
¿Ya lo ha descubierto?
Creo que ese es mi asiento.
Peggy, ven corriendo. Ya sé cómo lo ha hecho.
Cuéntame.
Métete en la caja.
¿Por qué no me lo explicas?
Por favor. Para mi próximo truco, necesito a una mujer hermosa.
Si te pones así...
PIÑATA
He sellado la caja.
¿Y ahora qué?
Ahora me explicas el truco.
¿Cómo?
Saldrás cuando me lo digas.
- Hank Hill. - Te espero.
Mamá, papá, llegamos tarde a la iglesia.
Ahora voy, cariño.
Muy bien.
De acuerdo.
...pero solo pude ver unas huellas, porque a mí me sostenía Dios.
- Peggy, perdóname-- - No me hables.
Ahora le toca a Bobby Hill.
"El increíble Jesús".
Buenos días, damas y caballeros.
Soy el Increíble Jesús.
Hijo de Dios y maestro prestidigitador.
¡Gracias!
¿Les ha pasado alguna vez?
Sus seguidores quieren vino, pero solo pueden ofrecerles agua.
Gracias al Increíble Jesús, no pasa nada.
¡Agua en vino!
¡Milagro!
Juan, 2:11. Muchas gracias.
Ahora nos hará falta un acompañamiento para este vino.
Quizá un poco de pan.
¿Cómo vamos a alimentar a los hambrientos con una rebanada?
Para el Increíble Jesús, no es complicado.
Amén.
Milagro, damas y caballeros.
Marcos, 6:44.
Muchas gracias.
Para el siguiente milagro,
me hará falta una cruz de madera y un par de voluntarios.
¡No!
¡Lo que has hecho está mal!
Debes amar a Jesús, no hacerle burla.
Hemos pasado un ridículo de lo más espantoso.
Quería hacer que Jesús resultase más interesante, como decía mamá.
A nuestro Salvador no le hace falta que la gente preste atención.
Supuse que construiría un cordero con bolas de algodón.
Ya verás como nos añaden al dichoso boletín.
No quiero que nadie me dedique plegarias
solo por ser el padre de Bobby.
Fuiste tú quien se lo llevó a Abracapasta
y le explicó cómo se hacía todo.
No aceptas que en la vida haya misterios.
No me culpes.
Tú le metiste la idea de la magia.
Le has llenado la cabeza de nubes y Jolly Ranchers.
¿Cómo no iba a pasar?
Mis padres me gritaron todo el camino.
Luego dejaron de gritarme y empezaron a gritarse entre ellos.
Aún siguen a gritos.
Es culpa mía.
A veces, mis padres se pelean, pero cumplen una regla.
No irse a dormir enfadados.
Siempre se reconcilian antes de irse a sus cuartos.
- ¿Cómo se reconcilian? - Hacen algo por la otra persona.
Mi madre le compra cigarrillos a mi padre
y mi padre le compra una mochila con los puntos de las cajetillas.
¡Qué buena idea!
Les obligaré a hacer algo por el otro.
Mejor todavía que enfrentarlos a Luanne.
Mamá, ven, corre.
Tengo sopa en el microondas.
Habrá sido papa.
¿No te parece un gran gesto?
Quizá sea su forma de disculparse.
Ay, Hank.
Eres más terco que una mula, pero también muy dulce.
Acepto tus disculpas.
¿Qué disculpas? No he hecho nada malo.
Ahora que papá ha hecho algo bueno por ti,
quizá deberíamos contarle cómo se hace el truco.
Ya lo entiendo.
Creías que por pintar un par de nubes en la pared de Bobby,
te contaría el secreto de Herrera.
¿Qué nubes?
Ay, Señor. Otra vez no.
No va a funcionar.
- No las he pintado yo. - No mientas, Hank.
No miento.
No me digas lo que tengo que hacer.
Ni se me ocurriría, terco mentiroso.
Joseph, la he armado más gorda.
¡Oye!
Mira lo que sé hacer.
Me ha salido el tiro por la culata.
Ahora se pelean más que nunca.
No me digas...
¿Se van a divorciar?
¿Qué?
No lo sé.
Podrían.
No te preocupes. Mucha gente se divorcia.
El Sr. Dauterive está divorciado.
Ya tiene 12 años.
¿Para qué necesita las nubes?
Ni siquiera parecen nubes. Parecen...
¿Qué, Hank? ¿Qué parecen?
Grumos de pintura horrendos.
Quizá para alguien carente de imaginación.
Yo veo todo tipo de cosas.
A mí me parece que tienes demasiada imaginación.
Todo te parece mágico e irrepetible.
Yo vivo en el mundo real, donde se vende propano y accesorios.
- ¿Qué haces tú? - Compartir ideas.
Soy profesora sustituta y pensadora profesional.
Las ideas no dan de comer.
¿No me digas?
Las ideas determinan cómo se prepara la comida.
- Y el propano las cocina. Gano yo. - De eso nada.
No puedes--
- No puedes-- - ¿Qué?
- No me-- - ¿Qué?
Tanta imaginación, ¿para qué?
¿A dónde han ido a parar todas esas ideas?
Hank, eres un...
¿Qué pasa?
Habéis dejado de pelear.
Sí.
Todo arreglado, cariño.
¿Cómo?
Tu madre me ha dado una patada en la espinilla
y yo le he devuelto el golpe.
¡No entiendo nada!
Es bien fácil.
Yo estaba enfadado, tu madre lo estaba aún más y...
Da igual.
Ni tiene sentido, ni falta que hace.
Algunas cosas son imposibles de explicar.
Cierto.
¡Ni siquiera lo estáis intentando!
Tranquilo, Bobby. Mira lo que te digo:
¿qué tal si nos sentamos y vemos pasar las nubes?
Muy bien.
Mirad, esa de ahí se parece a una bombona de propano.
O un osito de gominola.
Muy bien. Los dos.
Esa también parece una bombona de propano.
¿Sabéis a qué se parecen las pequeñas?
¿A los accesorios de propano?
Sí, pero ¿cuáles?
¿Una espátula?
Lo estás diciendo al tuntún.
¿Peggy?
Es un cepillo metálico.
Y ahora, la Piñata de la Muerte sale a la luz.
En cuanto la voluntaria se sube al burro, se abre una compuerta bajo la cola.
Se baja, se pone un poncho, un sombrero y se marcha bailando.
¿Y el fuego?
No es más que una distracción.
Parece que la voluntaria se ha esfumado.
¿Seguro? Claro que no.
El secreto de la Piñata de la Muerte.
No se lo contéis a mi padre.
No tenías ni idea.
Traducción: Tomás Costal
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