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EL REY DE LA COLINA
Buenos días, Dale.
Hola, John Redcorn.
Dale.
Buenos días, John Redcorn.
Oh, Peggy.
Solo le traía una nueva hierba medicinal para Nancy... para aliviarle las migrañas.
Gingko Biloba.
Sí, claro, he oído hablar de ella.
Demonios, tienes que estar leyendo a Doyle Harcavy.
¿Qué tiene para nosotros hoy?
"A la hora de comenzar el día, nada me despierta más rápido que el café".
Vaya, en eso tiene razón.
"Dicen que los niños son una bendición, pero los míos son una maldición".
Oh, Doyle Harcavy sabe de niños.
Sin embargo, su hija se tiró por una ventana.
No me lo puedo creer.
Doyle Harcavy se retira de la columna de opinión.
¡No!
Escribirá las etiquetas de los productos de Climatizaciones Bradley.
No sé cómo piensan reemplazarlo.
Yo sé cómo. Podrías escribir tú esa columna, tía.
Te va como anillo al dedo.
Luanne, Peggy tiene ocurrencias de vez en cuando,
pero Doyle Harcavy es una máquina de las opiniones.
Creo que podría hacerlo tan bien como cualquiera.
Juego al Boggle y eso da habilidad verbal,
y me paso el día haciendo observaciones.
¿En serio? Adelante, haz una.
¿Ahora mismo? Vale. De acuerdo, déjame ver.
Me gusta la leche.
Oye, es la mejor que has hecho.
Venga, ahora una sobre galletas.
TEMAS: CLIMA, JÓVENES, VIEJOS TIEMPOS
ANALGÉSICO PARA MIGRAÑAS
No.
Estúpido.
Muy obvio.
¿Por qué no pruebas algunas conmigo? Dime tus cinco mejores.
No puedo trabajar si entras cada dos horas para gritarme.
Me voy a casa de Nancy.
¿Nancy?
¿Nancy?
¿Hola?
¿Dónde estás?
¿Nancy?
¿Nancy?
Ah, aquí estás.
Hola, John Redcorn.
Hola. Nosotros solo estábamos... aquí.
Dios, tenía que salir de casa.
Estoy intentando hacer un trabajo creativo
y Hank cree que me ayuda poniéndome más y más nerviosa.
Solo me da una migraña terrible.
Las migrañas pueden ser consecuencia de la tensión.
Claro, John Redcorn.
Tú eres un curandero licenciado de la nueva era.
¿Podría asistir a una de tus sesiones?
Sí, yo creo que te iría bien.
Es mi trabajo.
Estupendo. Vale, te llamaré para pedirte una cita.
Eso ha sido muy incómodo. ¿A qué clase de juego está jugando?
Cálmate, no sé que sepa lo nuestro.
Peggy es confiada por naturaleza. Siempre piensa lo mejor de las personas.
¿Sabes qué? De repente me siento sucia.
Voy a darme una ducha.
Te acompaño.
Vaya, este lugar es maravilloso.
No me esperaba una alfombra. Esperaba...
Bueno, no sé lo que esperaba, pero no una alfombra.
Peggy, relájate.
Vaya, qué silla tan interesante.
Cuando me siento en una silla, nunca sé qué hacer con la cabeza.
Esto es maravilloso.
Gracias.
Es de Brookstone.
Las ballenas cantan su alegría y su dolor, sus logros y sus pérdidas.
Como Leann Rimes.
Eso es.
Ahora descansa todo lo que quieras
mientras fotocopio tu tarjeta del seguro por ambos lados.
Creo que a Peggy le será difícil sustituir a Doyle Harcavy.
Ese tío es una pasada.
Y si te fijas en su foto del periódico, jamás envejece un solo día.
Tienen que enviar un artículo de prueba esta semana,
pero sé que podría superarlo si logra superar sus migrañas.
Bueno, esas migrañas son cosas del pasado.
Peggy ha visitado a John Redcorn para que la curara.
¿Qué?
No te preocupes, el bueno de John la atenderá como hace con Nancy,
tres veces a la semana.
Hank, no creo que las migrañas de Peggy sean tan graves como las de Nancy.
Te lo juro, tío,
yo no quiero ni siquiera imaginarme lo que podría...
No os preocupéis por Peggy. No padece la misma clase de...
...condición médica que hace que la mujer de Dale...
...sufra indebidamente. ¿Dónde está?
Hola, Hank.
Hola, Peggy. Creo que la cena se retrasará hoy.
Vale. Acabo de tener una sesión con John Redcorn.
Encendió un incienso aromático y me quedé dormida,
y cuando desperté, me sentía de maravilla.
Me alegra que ya no tengas migrañas,
así ya no tendrás que volver a visitar a John Redcorn.
Oh, no, esto es solo el principio.
Ya tengo cita para otro tratamiento la semana que viene.
Peggy, no entiendo cómo un masaje en el cuello puede quitarte la migraña.
No sé, ¿cuál es la relación?
Mi intuición de reportera me dice que estás molesto porque no has cenado.
Ya tengo mi primera columna.
Mi esposo dice que soy una belleza
porque la cena está en la mesa con presteza.
Voy a anotarlo para que no se me olvide.
¿Qué pasa, tío Hank?
No pasa nada, son buenas noticias.
Peggy ya no tiene migrañas gracias a John Redcorn.
¡Basta ya!
Pon la cara que tenías antes de que alguien se dé cuenta.
¿Qué pasa, Luanne?
No pasa nada, Bobby. Ve a jugar fuera. Hoy cenaremos un poco más tarde.
Hank, ¿quieres una cerveza?
No es una visita social, John Redcorn.
Creo que sé por qué estás aquí.
Tu esposa vino a verme por sus migrañas.
Migrañas de verdad.
Le dolía la cabeza.
Lo sé, pero así empezó todo con Nancy Gribble.
Hank, tú eres mi amigo.
Te juro que jamás atendería a tu esposa como suelo atender a las esposas de otros.
Más te vale, porque si le pones esas manos tan poco profesionales encima a Peggy,
te patearé el culo.
Lo haré.
¡Oh, vaya!
¡Por Dios!
Hank, lo he logrado. Me van a dar la columna de opinión.
Oh, gracias a Dios.
Has conseguido el trabajo. Adiós al estrés y a las migrañas, ¿no?
¿Estás de broma?
Ahora tengo plazos de entrega.
Voy a programar una cita semanal con John Redcorn.
¿Qué?
No, no necesitas a John Redcorn para que te quite las migrañas.
Ven aquí, te daré un masaje.
Solo dime dónde lo necesitas.
Eso son los riñones.
Respira.
Imagínate un bonito campo.
Y ahora unos pájaros cantando.
Hank, para. Solo me estás haciendo daño.
¿Qué tienes en contra de John Redcorn?
No me obligues a decirlo. Ya sabes lo que les hace a sus clientas.
¿Crees que me cobra de más?
Pues, para tu información, he estado investigando
y es más barato que VIP y Masajes Orientales.
Por el amor de Dios, Peggy. Vamos.
Lleva 13 años intentando curarle las migrañas a Nancy Gribble.
Estás insinuando que... ¿Qué estás insinuando?
¿Lo estás acusando de estafador y de que sus métodos no son efectivos?
No, creo que son muy efectivos.
Vamos, ya sabes de lo que estoy hablando.
Nancy, John Redcorn, Joseph...
¡Virgen santísima!
Cómo he podido ser tan estúpida.
¿Por qué no me dijiste lo que pasaba en casa de los vecinos?
Creía que ya lo sabías. ¿Cómo podías no saberlo?
Es decir, mira a Joseph.
¿De dónde crees que vino?
Nancy me dijo que la abuela de Dale era jamaicana,
y yo me lo creí.
¡Oh, Dios! Dale.
¿Dale lo sabe?
No, es tan corto como tú.
Corto en plan dulce y confiado.
Perra desvergonzada.
¿Cómo ha podido?
No me lo puedo creer.
Eres una perra sucia.
¿Qué pasa, cielo?
Joseph no es jamaicano y Dale tampoco,
y empiezo a sospechar que su abuela tampoco lo es.
Entonces, ya lo sabes.
- ¿Quién te lo ha dicho? - Nadie.
¿Crees que soy tonta?
Llevas 12 años engañando a Dale.
Nancy, ¿cómo has podido?
Tengo mis razones.
Sí, ya he visto esas razones dentro de sus vaqueros de Sergio Valente.
¡Seguro que ya ni tienes migrañas!
¡Y tú!
Dale Gribble es tu amigo.
¿Cómo has podido mirar hacia otro lado?
Peggy, estás nerviosa porque acabas de enterarte.
Dale tiempo, ya verás, te irás acostumbrando.
A lo único que quiero acostumbrarme es a un vaso bien frío de limonada.
Sigo siendo periodista, leches.
¿Alguien más ha olido la basura?
Yo pensaba que la de ayer olía mejor.
Buenos días, Dale. Pobre diablo.
Hola, John Redcorn.
Dale.
Vaya, vaya.
John Redcorn.
Oh, Peggy.
Nancy tiene unas migrañas muy fuertes esta mañana.
Tiene que ser por el polen.
Sí, claro.
- Bueno... - John Redcorn.
Peggy Hill.
Peggy, ¿qué es tan importante para hacerme bajar de la cinta?
Oh, lo siento, Minh, pero tenía que hablar con alguien.
Es sobre Nancy.
Tiene una aventura.
¡Ay, Señor! ¿Está engañando a John Redcorn?
¿Tú ya lo sabías?
Al principio, no.
Tardé en descubrirlo una hora. Soy una persona ingenua y confiada.
Peggy Hill, ¿tú no lo sabías?
Oh, sí.
¡Peggy Hill no lo sabía! ¡Me parto!
¿A quién se lo cuento? Oh, voy a escribirle a Kahn.
¿Por qué estamos bebiendo delante de mi casa?
Siempre bebemos en la parte de atrás.
Me siento muy raro.
Pero me gusta.
Dale nunca nos encontrará aquí, y necesitamos hablar a solas.
¿No os molesta que sepamos desde hace años lo que pasa con Nancy
y que Dale lo ignore?
¿Nancy tiene una aventura con John Redcorn?
Pues ahora me entero. Me he quedado de piedra.
De pasta de boniato.
Solo puedo decir eso. Estoy sorprendido.
Sí, amigo, no te husmees en los secretos familiares.
No saques los esqueletos del armario como pasó con Orville Redenbacher, tío.
Resulta que es solo un viejo actor.
Escuchad, ¿no podríamos discutirlo unos segundos?
Lo dudo.
Conozco a Dale y Nancy desde hace años y tienen un matrimonio de cuento de hadas.
Cállate, Bill.
Hola, Dale. Me alegro mucho de verte.
No encuentro a Hank ni a Bill ni a Boomhauer.
Si están escondidos detrás de la puerta, solo mueve la cabeza.
Oh, eres un buen hombre.
¿Sabes? He pensado mucho en ti.
Nunca hemos hablado a solas, ¿por qué será?
En fin, Nancy debe considerarse afortunada por tener un marido como tú.
Solo mírate, la forma en la que la gorra te cubre...
...la cabeza.
Muchas mujeres serían felices de tenerte, mujeres buenas y fieles.
¿Te apetece un poco de tarta?
Debo irme.
Hola, Dale. ¿Qué pasa?
Nada especial.
Peggy Hill quiere dejar a Hank y escaparse conmigo.
Imposible. Tienen un matrimonio de cuento de hadas.
"Admitámoslo, Angie Dickinson ha perdido su atractivo".
"Mezcla zumo de piña con soda, y tendrás un cubo lleno de basura".
Vale, vamos, decidlo. Son horribles.
¿Cómo voy a apreciar los pequeños detalles de la vida
cuando tantas cosas importantes son erróneas y malignas?
Oh, no te preocupes, tía Peggy.
Seguro que Doyle Harcavy tuvo sus propios problemas.
Doyle Harcavy...
¿Quieres saber algo? Doyle Harcavy no me parecía tan bueno.
Gracias, mamá. Ya era hora de que alguien lo dijera.
Claro que el café te despierta por la mañana.
Además, así es como lo anuncian.
Ya verás.
Estar con los Gribble sabiendo lo de Nancy es difícil al principio,
pero se te irá pasando con los años.
Ayuda pensar en otras cosas.
A mí me sirve el deporte. Tú puedes usar el Boogle.
Qué bien, llegáis justo a tiempo.
Boomhauer está en segunda y el curandero de Nancy va a batear.
Dios, mirad a John Redcorn. Ese tío sabe moverse.
Buen ojo.
¿Hablas en serio? Ese tipo nunca falla, ¿no es así, Nancy?
Boggle, piensa en el Boggle.
¡Muy bien! ¡Así se hace!
¡Redcorn ha vuelto a anotar!
Oh, anotar.
Anotar, nota, toca...
¡Muy bien, John! ¡Vamos! ¡Entra hasta la cocina!
Tengo que irme de aquí.
Los nachos del estadio. No se compran, solo se alquilan.
No puedo más, Hank.
Me he quitado las gafas color de rosa y el mundo tiene colores poco atractivos.
No puedo seguir viviendo en esta mentira.
Bueno, hacen falta dos para hablar de ello,
y los demás ya lo saben y no les interesa.
No, no todo el mundo lo sabe.
Sé de una persona que no lo sabe, y es la única que debería enterarse.
¡Sí, eso es!
¡Así se hace!
¡Vamos, John!
¡Espera, Peggy!
No puedes plantarte delante de Dale y decirle que su esposa le es infiel.
Deja que los perros mientan.
Interesante elección de palabras, señor Hill.
- Mientan. - Es mejor dejarlo así.
No sé, Hank. Los perros no mienten, solo las personas.
Mienten como cerdos.
Hank, me he enterado de algo y tú necesitas saberlo.
¡Lo siento, no te oigo!
¡Seguramente sea algo que no me incumba!
¡La pulidora!
Hank, es importante.
Tu mujer me ama y quiere que huyamos juntos.
Aún no he descubierto adónde.
- Dale... - No te preocupes por mí.
Ni siquiera me parece atractiva.
Te agradezco la mentira, pero Peggy solo quiere ser amable contigo.
Pero eres un buen amigo al decírmelo.
Dale, si las cosas fueran al revés, ¿tú querrías enterarte?
No te hagas ilusiones, Hank.
A Nancy le gustan los hombres delgados y de cara pálida.
Doy gracias a Dios a diario por enviarme a un ángel que le guste mi apuesto físico.
Mientes con todos los dientes, una expresión que se oye mucho.
Hay veces que, cuando alguien miente, nos damos cuenta. Sin embargo, otras no.
Todos conocemos a una dama que miente a su esposo.
Cuando miramos hacia otro lado, sumamos una mentira a otra.
Pero esta reportera se ha cansado de mentir.
Puede publicarlo.
- Disculpa. - Cielo, escucha, yo quiero a Dale.
Pero de una forma más bien platónica.
Pues lo siento por ti, te lo aseguro,
pero te casaste para lo bueno y lo malo, y eso incluye a Dale.
Así que o se lo dices tú, o lo haré yo.
Peggy, por favor.
- No puedo hacerlo. - Bien, pues apártate.
Hola, Dale.
He pensado que te vendría bien escuchar mis consejos esta mañana.
¿También vas a desayunar gofres?
No, me refiero a otra cosa, a los perros que mienten.
Dale, tengo que decirte algo muy importante.
¡Oh, no!
Dale, Nancy no es la mujer que tú crees
y John Redcorn no tampoco es el amigo que tú crees que es.
Espera un momento, a ver si te entiendo.
¿Nancy y John Redcorn le han hecho algo a tu perra?
¡No, maldita sea, Dale! Nancy y John Redcorn...
¡Papá!
Un momento, Peggy.
- Dime, hijo. - Bobby y yo estamos aburridos.
¿Qué podemos hacer?
¿Y si alquiláis una película?
Si, queremos ver El hombre de California, pero no tenemos dinero.
Pauly Shore, 1992, un clásico.
Bien, tengo dos billetes de cinco. Uno para ti y otro para mí.
Gracias, papá.
Oh, espera. He encontrado otro.
¿No iréis a ver El hombre de California sin unas chuches?
¡Gracias, papá!
Perdón por interrumpirte, Peggy.
Bien, ¿qué querías que supiera?
Dale...
...acabo de descubrir...
...que los vikingos fueron los primeros en pisar la Luna.
Sí, ya lo sabía.
¿Por qué crees que nuestra nave lleva su nombre?
Pobre Peggy, qué ingenua.
Sí, tiene sentido.
Me alegro de que hayamos podido charlar. Ahora mi siento mejor.
Ya lo creo.
Peggy.
Tienes un buen marido.
No tendrá el mejor cuerpo del barrio, pero tiene la cabeza bien amueblada.
Sí, lo sé.
Bueno, ¿cómo se lo ha tomado?
No he podido decírselo.
Creo que algunas cosas es mejor no decirlas.
- Sí. - Hank, me gustaría...
- Lo sé y, Peggy... - Lo entiendo.
Muy bien.
Estupendo, de peperoni será.
Peggy Hill.
Traducción: Mireia Alcover Delgado
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