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Pagar las deudas
Director: Frank Borzage.
Reparto
La historia de Hester Bevins es tan vieja como el pecado. Pero el pecado
sólo es un poco más viejo que el amor; y a menudo los dos son intercambiables.
Hester Bevins había pasado su vida en Demopolis, una de esas pequeñas,
invariables ciudades que destacan como centinelas más allá de las
puertas exteriores de Nueva York.
Veía cada tren con destino a la ciudad, como un exiliado miraría
una caravana hacia la libertad...
Las ambiciones de Hester eran vagas y sus habilidades muy comunes.
Sentía pasión por las emociones y el lujo, y ciertamente ninguno de
ellos se podía alcanzar en la pensión de la señora Elmira Simmons.
-- Vi a Jerry Newcombe arreglar su nueva calesa. Supongo que irás
al picnic...
Bueno, Skerrit, ¿cómo van los negocios en la empresa?
-- ¡No he conocido tanta prosperidad desde la epidemia del noventa y dos!
-- De todos modos, pienso que es un negocio muerto.
A Jerry Newcombe, el más energético empleado de la gran tienda, nunca
se le había ocurrido que la ciudad fuese tediosa.
De hecho, puesto que Hester estaba allí, a él le parecía el lugar más
maravilloso del mundo.
-- Hester tiene la idea de que este pueblo es demasiado pequeño.
¡Pensamientos como éste no conducen a nada bueno!
-- ¡Esa gente me pone de los nervios !
-- Bueno, no tendrás que soportarlos mucho más.
Hester, ¡cásate conmigo!
-- Jerry, cariño, somos demasiado pobres para hablar de matrimonio.
-- El dinero no lo es todo, Hester.
-- Si quieres cosas, con el dinero puedes comprarlas. Eso es lo que
más deseo en el mundo.
-- Bien, pronto seré un hombre de ciento cincuenta dólares.
-- ¿A la semana?
-- Claro que no, Hester. Al mes.
Necesitas a alguien que cuide de ti, establecerte, tener un hogar
propio. Ahora, yo estoy ahorrando...
-- Jerry, no quiero quedarme aquí. Eso significaría una vida con todo lo
que odio: camisas de algodón, camisones de franela... sin vestidos bonitos.
-- A mí me parece que te sientan muy bien tus vestidos de guinga...
-- Ése es el problema, Jerry: lo que a ti te satisface, a mí no. Creo que
tengo el alma de crepé y satén.
Cada vez que veo un tren, pienso que me lleva a mí. Aquí desperdicio
mi vida... ¡en pocos años seré igual que esa gente de la pensión!
Tal vez algún día estaré preparada para esa casita,
Jerry, pero ahora no.
"El el crepúsculo, oh cariño, cuando las luces son suaves y bajas
y caen las tranquilas sombras, ven y llega suavemente.
Cuando los vientos lloren débilmente, con un dolor suave y desconocido
¿pensarás en mí y me amarás, como una vez, hace mucho tiempo?"
-- Terminaré la canción en otro momento. Te lo prometo, Jerry.
Esa noche la reunión en la pensión ya no fue una simple molestia.
Se había convertido en una insoportable y estúpida ofensa.
Sin embargo, cuando sus sueños de partida se hicieron realidad, Hester
se sintió algo asustada. Había contado sus planes sólo a Jerry;
los otros no lo entenderían.
Decir adiós es morir un poco.
Nueva York lo significaba todo para Hester; sin embargo, para Nueva York
ella sólo era un minúscula gota de su sangre vital: la juventud.
Han pasado cinco años...
Años de lucha... en los cuales sus viejas creencias y sus altos ideales
se fueron uno tras otro.
Hasta que el lujo la reclamó, en sus propios términos.
Una de las fiestas de Hester en su amplio y estrictamente lujoso
apartamento de Riverside Drive.
Una mujer llamada Kitty; un hombre de ciudad, llamado Speed. Éstos
era los nuevos amigos de Hester.
Wheeler, de Wall Street.
-- ¡Ésos son los salarios del pecado!
-- Si el pecado tiene algún salario, ¡muchos de nosotros vamos a
cobrar un montón de retrasos!
¿Feliz? Por supuesto, lo soy. ¿No tengo todo lo que una mujer
podría desear en el mundo?
Pero a veces, un poco triste, Hester se preguntaba si habría encontrado la
felicidad al final de su arco iris de seda y satén.
-- Éste es el vestido que usé en mi primer trabajo en Nueva York:
del campo, en verde esmeralda.
-- ¡Y yo que pensé que habías nacido en la esquina de la 42 con Broadway,
y con una langosta en cada mano!
-- Y ésta es mi última paga allí, ¡veinticinco dólares! La guardé
como un recuerdo.
Tendré que decirle a Wheeler que me compre esta Chinchilla. ¡Sólo
veintidós mil!
-- ¡Es demasiado después del Rolls-Royce! ¡Pero te hago una
promesa! ¿Qué tal ese viaje que has estado esperando... a Crystal Springs?
Crystal Springs... sólo a pocas millas de Demopolis, donde Hester nació.
Los pensamientos de Hester eran un curioso amasijo: Demopolis, su
nuevo coche, Jerry y, sobre todo, ¡el abrigo de Chinchilla!
-- Speed le comprará la Chinchilla a Kitty. ¡Y le llamamos roñoso!
Querido, odiaría que nos ganara... cuando podríamos adelantarnos
con un simple cable...
Así, una mañana, Hester condujo hacia Demopolis. ¿Era por curiosidad
que pensaba en Jerry?
-- Da nuestros recuerdos a la vieja ciudad.
-- ¡Estaré aquí, en la plaza, a tiempo!
Pero Demopolis seguía igual... y había olvidado por completo a Hester.
-- Soy Hester Bevins. ¿No me recuerda?
La falta de reconocimiento de mister Craig parecía definitiva.
-- ¿Reconocerte? Hester, ¡te reconocería aunque estuviese ciego!
-- ¿Casado?
-- ¡No mientras Hester Bevins viva!
-- Jerry, todo está diferente. Alejémonos de la ciudad.
En su felicidad, Jerry creía que Hester había vuelto por él.
-- Éste es el único lugar que no ha cambiado. Parece que fue ayer
cuando charlamos bajo el viejo árbol...
-- Sabía que volverías, pero la soledad ha sido horrible ... sin una carta.
Un amigo me dijo que te había visto en Nueva York.
¡No importa el pasado! ¡La verdadera Hester ni siquiera
tuvo una oportunidad!
Te quiero como siempre te quise... como siempre lo haré.
He progresado en el almacén. ¡Ahora soy un hombre de
doscientos al mes!
-- Jerry, esta pequeña piel cuesta más de doscientos dólares...
¿Olvidas lo que te dije acerca de mi alma de crepé y satén?
Para matar el dolor en sus ojos, ella mintió. Le habló de su gran salario
como diseñadora de modas y que aún no estaba lista para establecerse.
En el año siguiente, Hester vivió la música más alocada, para
acallar la voz que lloraba en su interior.
Norteamérica estaba en guerra. Y Jerry, en ese mismo momento...
-- ¡Hester! ¡Hester!
Otro período de meses...
"Muchos héroes heridos vuelven de Francia.
Jerome Newcombe. Se sabe que Newcombe, quien exhibió gran valor
frente a dificultades abrumadoras, ha recibido la cruz al servicio distinguido
y ha sido mencionado..."
No hay peor angustia que el miedo. Hester no sabía nada de lo que le
había sucedido a Jerry, pero en su viaje hacia el hospital se lo
imaginó todo.
"Silencio al cruzar esta puerta. Caso grave."
-- ¿Es usted la Hester que él llama una y otra vez?
-- Perdone, enfermera. Por un minuto creí que Hester estaba aquí.
¡Sabía que vendrías!
Ahora dime, ¿es ésta manera de saludar a un tipo que está tan
contento de verte que nada más le importa?
-- Oh, Jerry... ¡tus ojos!
¿Podrás volver a ver más adelante?
-- Yo siempre te veré, Hester, con tu pequeño vestido de guinga.
-- ¡Si pudiera darte mis ojos, Jerry!
-- Es la joven que él ama, doctor. ¿No cree que sería mejor decirle
la verdad?
-- Oye, me estoy poniendo bien. Ya verás, ¡seré el chico más
activo de Demopolis!
Estaría listo para empezar ahora, si no fuese por este viejo pulmón
izquierdo. Lo gasearon un poco.
Hay otra forma de verlo. Muchos otros están peor que yo.
-- ¿Qué significa todo esto? Toda la gente podrida, las ratas que
conozco quedan impunes... ¡y ha sido elegido Jerry!
¡Dios! ¡Dios! ¿Dónde estás?
-- Él nunca estuvo tan cerca de mí como ahora.
-- Querido Jerry, no tengas miedo a la oscuridad! ¡Nunca te dejaré!
-- El pulmón izquierdo del joven está quemado. No le quedan más
de tres semanas de vida.
Esa noche, una extraña conversación tiene lugar en el apartamento de
Riverside Drive.
-- Él me ama. Yo fui su primer... su único amor. Quiso casarse
conmigo... sabiéndolo todo.
-- ¡Pobre chico! Cómprale la mejor fruta de la ciuda. Envíale una caja
de vino. ¡La guerra es algo podrido!
-- Wheeler, tengo algo que preguntarte. Algo muy extraño.
-- Recuerda tu promesa después de la casa de Long Island: nada
más este año.
-- ¡No, no Wheeler! ¡Es acerca de Jerry!
Sólo le quedan tres semanas de vida...
Sería lo único decente que habría hecho en toda mi vida. Si... si...
...Si me casase con Jerry esas tres semanas.
-- ¿Estás loca?
-- No sabe qué le ocurre. Sería feliz el pobre resto de su corta vida.
Por favor, Wheeler. Es por muy poco tiempo.
-- Trae al chico aquí. Dale lo que quieras. Puedes contar conmigo:
me mantendré alejado.
Así que se casaron, aunque Jerry sintió que no debía haber
permitido ese sacrificio.
Hester le dijo que se tomaba unas vacaciones y lo llevó a lo que ella
describió como "un pequeño apartamento con una
diminuta cocina".
-- ¡Qué sensación de espacio, por tan pequeñas habitaciones!
-- La ventana está abierta, cariño.
-- Una camisa de lino hasta la cintura, como la que te pusiste cuando...
¡Déjame tener buena suerte contigo, cariño!
-- Ha mandado a todo el servicio de vacaciones. No quiere a nadie
más que al cocinero.
-- Llévatelas, Kitty. Le sofocan.
-- No dejaré que vuelvas a tu trabajo mucho tiempo, cariño.
Tengo un as bajo la manga. ¡Lo tengo!
Pero la sentencia del cirujano se acercaba.
-- A través de tus ojos, Hester, veré todas las puestas de sol.
Canta nuestra canción. ¿Recuerdas que me prometiste
terminarla?
"En el cepúsculo, oh cariño, no pienses amargamente de mí.
Aunque fallecí en silencio, te dejo sola, liberada.
Pues mi corazón fue roto con anhelo, lo que fue, nunca podría ser.
Era mejor dejarte así, cariño, lo mejor para ti y para mí."
-- Estoy cansado, cariño... Acércate y bésame...
Cuando todo terminó, pasaron quince días antes de que Wheeler
volviese a llamar al apartamento.
-- Querida, envié una ambulancia a Francia en tu nombre. Ese funeral
también me afectó... por momentos.
-- Eso dice mucho de ti. ¡Has sido tan atento en todo...!
Hester estaba de nuevo en el umbral de su vida anterior,
Aquello que una vez le trajo tan febril felicidad, ahora le ayudaría
a olvidar.
-- ¡Sueños, Kitty! Terribles sueños... acerca de Jerry.
-- Olvídalo, Hester... o te verás tapando la cerradura y abriendo
la llave del gas.
"Por el funeral de Jerome Newcombe, según el detalle adjunto... 528.75 $."
La conciencia profunda duerme. Al despertar, es cuando más
fuerte habla.
[Cheque por los gastos del funeral.]
[Firmado por Charles G. Wheeler.]
Pero Hester no se daba cuenta de que con Jerry había salido de
las calles de Babilonia y de que ya no habría retorno.
-- ¡Ya es hora de parar con esas tonterías! Vuelve con tus amigos,
lo pasado, pasado está. Y hazlo por tu propio bien, querida.
-- Wheeler, ¡ahora mismo no podría soportar una de las viejas fiestas!
Esa gente me volvería loca. Pero te prometo que en una semana...
Pasados diez días, Hester no estaba cerca de una decisión ni tenía paz
en su pensamiento.
-- ¡Jerry! ¡Jerry! ¡No me mires de esa forma!
¡Los ojos de Jerry! Lo saben, Lottie... ¡Lo saben!
-- Mister Jerry ya no está, miss Hester. Pobre niña... los horrores
cuando uno está sobrio son los peores.
Ahora, querida, no querrá mostrar esos ojos tan rojos a mister Wheeler...
-- ¡Wheeler! ¡Siempre Wheeler! ¡No! ¡No!
Sin otra cosa que el honrado vestido de otros tiempos y el apreciado
"salario de una semana".
Los antiguos jefes de Hester no la habían olvidado y estuvieron
contentos de darle un nuevo empleo en su empresa.
Hester sentía que Jerry no reposaría si no era ella quien pagaba su última
deuda con el mundo. Y en la funeraria aceptaron cobrar a plazos su servicio.
Los que hicieron posible esta presentación:
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