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EL REY DE LA COLINA
RESTAURANTE "THAT'S AMORE"
Dios de mi vida.
¿Hola? Soy Hank Hill, de Strickland. Inspección sorpresa.
Se ha declarado una emergencia en su tanque de combustible.
¿Hay alguien?
Sr. Winston, tenemos un problema.
Al reemplazar el regulador no ha cambiado la chapa de cobre
- y ahora-- - Gracias.
Hank, me has salvado la vida.
Un depósito que gotea no es un problema de seguridad.
Llevo atrapado en el frigorífico desde las dos de la mañana.
Se me cayó frasco de ragú
y luego me quedé encerrado mientras fregaba el suelo.
- De no ser por ti, habría muerto. - ¿De verdad?
Vaya, le he salvado la vida a alguien.
Muchas gracias, Hank.
Pásate este fin de semana.
Os invito a cenar a ti y a tu pareja.
¿Qué digo? Me has salvado la vida. Cena gratis para cuatro.
Y al abrir las puertas del congelador,
apareció un tipo trajeado.
Ay, Hank, podrías haber muerto.
Prométeme que no volverás a hacer una cosa así.
Espera. Como agradecimiento por salvarle la vida,
me ha invitado a una cena para cuatro, bebidas incluidas y propina aparte.
¿A quién invitamos?
Como es para cuatro personas,
quería llevarme a Dale, Bill y Boomhauer.
No puedes llevarte a tus amigotes.
"That's Amore" es el restaurante más romántico
de todo el condado de Heimlich.
Quiero que me lleves a mí y a otra pareja que invitemos.
¿Qué tal Connie y yo?
Creo que no salimos demasiado con otras parejas.
¿Connie y tú?
¿De qué diantre íbamos a hablar?
La ventaja es que no ha muerto
y ahora puedo invitar a cuatro personas al "That's Amore".
- ¡Viva! - ¡Qué bien, Hank!
Así podremos compartir comida en el restaurante más romántico.
Lo siento, pero Peggy ya tiene planes.
- Quiere que invitemos a otra pareja. - ¡Oh!
Un minuto.
Yo estoy casado. Tengo pareja.
¡Comida gratis! ¡Comida gratis!
- ¿Quién es? - Dale Gribble.
Adelante.
Lamento interrumpir la sesión. Hola, John Redcorn.
Hank y Peggy nos invitan a cenar el sábado por la noche.
El sábado por la noche tengo cita con John Redcorn.
Lo siento, cariño.
Nancy, quizá deberías ir.
¿Cómo? No. Había quedado contigo.
- Por las migrañas. - Ya lo sé, pero...
Llevo años curándote de tres a cinco veces por semana.
No me vendría mal librar.
No te entiendo.
¿Acaso te he hecho algo... como paciente?
No, claro que no.
Me encanta tratarte... las migrañas.
- ¿Qué pasa? - Nada.
- Te pasa algo. - ¡Maldita sea!
- ¿No puedo librar una noche? - Haz lo que quieras.
Me da lo mismo.
Genial. Les diré que nos apuntamos.
- Adivina quién se viene a la cena. - Dale y Nancy.
¿Ya te lo ha dicho?
¡Ay, Dios! Hank, estaba de broma.
No quería invitarle.
Ni lo habría mencionado
si me acordase de que está casado.
Ni siquiera son una pareja de verdad.
¿Sabías que solo se acuestan juntos en su cumpleaños y en Navidad?
Por eso se deprime tanto en vacaciones.
THAT'S AMORE RESTAURANTE
Peggy.
Madame Gribble.
¿Me perdonáis un momento?
Madre mía, qué trasero más sexi cuando se aleja caminando.
Casi te da pena que se dé la vuelta y regrese al mismo lugar.
Hola, soy John Redcorn.
Si llamas por el coche, lo he vendido.
Si es por otra razón, déjame un mensaje.
John Redcorn, soy yo.
Estarás disfrutando de tu noche libre.
Te echo de menos. Hablamos mañana.
Hola, encanto.
¿Qué bebes? ¿Vino tinto?
Sí, es vino tinto.
Lárgate.
La dama no quiere molestias.
No pasa nada. Nos conocemos.
Nunca había visto antes a esta mujer, excepto en sueños.
- Hueles muy bien. - Gracias.
Me gusta tu corbata.
Me la encontré en el suelo y no me la he puesto
desde que me nombraron presidente del club de tiro.
No sabía que eras el presidente. Enhorabuena.
Te felicito por haber acertado el pronóstico del tiempo
con un 79 por ciento de exactitud.
¿Ves las noticias del canal 84 con Miguel Hernández?
Estoy bastante coladito por la chica del tiempo.
No me acordaba de tus ojos marrones.
Son tan bonitos y están tan juntos...
Fíjate en esos dos.
Son tan felices que casi te olvidas de los últimos 14 años.
- El amor ha cambiado de dirección. - Exacto.
Me gusta mucho este sitio.
Hank, ¿te apetece bailar?
No, gracias. Me paso el día de pie.
- Bravo. - Autodidacto.
Me lo he pasado muy bien, cariño.
Sí, yo también.
Buenas noches.
Dale.
Muy bien. Vamos allá.
¡Ay, Señor!
Si hubiera una medalla olímpica en la categoría de gimnasia sexual,
ayer me habrían llevado la plata.
Sí.
Si tú lo dices... Estaba borracha.
No me acordaba de lo cómodo que es tu colchón.
¿De qué marca es: Sealy, Simmons, Serta?
- ¿Spring Air, Sterns and Foster? - No lo sé.
Seguro que Simmons.
Me voy a colocar trampas de pegamento a la escuela primaria,
pero te prometo que pensaré en ti.
Buenos días, Nancy. Has madrugado, y yo también.
- Buenos días. - ¿Te ha pasado algo?
- Me he acostado con Dale. - ¡Ay, Dios mío!
No le hemos felicitado.
¿Y si se entera John Redcorn?
Llevamos juntos 14 años
y lo echo todo a perder en una noche de pasión salvaje.
Nancy, ya conoces mi opinión sobre la monogamia.
Estoy a favor.
Se te presenta la oportunidad de abandonar una aventura
y volver a la vida normal con tu marido.
Lo siento, cariño. Quizá te funcione con Hank,
pero a mí no me vale con Dale y John Redcorn.
Hola, mi amor. Papá está en casa. ¿Me echabas de menos?
Hoy viene John Redcorn.
¿Cuándo te vas al club?
¿Ha vuelto la migraña?
Estabas bien cuando me fui.
Espera un segundo.
Cada vez que salgo, llamas a John Redcorn.
Ya sé lo que pasa aquí.
Tus migrañas son una llamada de atención a la desesperada.
¿Y qué hago yo?
Ponerte en manos de un curandero indio
para irme a pasar el rato al club de tiro.
O a criar tortugas de competición.
O a navegar por internet e investigar fenómenos paranormales.
Dios, qué egoísta soy.
Deja de culparte, cariño.
En cierto modo, también es culpa mía.
No te merezco.
Claro que sí.
Eres sensible, sincero, dulce
y confías tanto en mí que no te merezco.
¿Seguro que no eres un alienígena?
Porque acabas de abducirme el corazón.
Alguien acaba de acostarse con su mujer.
Hala, Hank, no me lo puedo creer.
Apenas llamas la atención.
- ¿Cómo? No he sido yo-- - Yo. El de aquí.
¿Nancy y tú? ¿Estás seguro?
Creía que preferías preservar tu fuerza vital.
Y eso hacía.
Pero Hank nos arrastró a mi mujer y a mí
a una romancería italiana.
Antes de darme cuenta, es nuestra segunda luna de miel.
Esta vez, no ha hecho falta el crucero y solo he vomitado una vez.
Creo que he llegado al punto
en que la quiero más que a mi madre.
Hola, soy John Redcorn.
Si llamas por el coche, lo he vendido.
- Diga. - ¿Hola?
Sí, espera o deja un mensaje.
Lo siento.
- Debo cancelar la sesión de esta noche. - ¿Cómo?
- Me duele la cabeza. - Pues tómate una aspirina.
Escucha. No puedo verte más.
- Nancy, por favor. - Cállate, Bill.
Lo siento, John Redcorn.
Aquí estabas, cariño.
¿Quién te ha dejado salir?
Peggy y yo nos lo pasamos muy bien ayer.
Sí, a Dale y a mí nos ocurrió lo mismo.
Deberíamos volver a salir.
PISTA DE PATINAJE
Hank, ¿por qué patinas hacia atrás?
Si quisiera, podría.
Creo que hay mejores cosas
que podríamos hacer los cuatro.
¿Insinúas que quieres hacer un intercambio?
Lo siento, pero a mi Nancy no la comparto.
No me refería a eso en absoluto.
Ya es tarde para echarse atrás.
Nancy, me alegra que me hayas hecho caso
y te decidas por Dale.
¿Sabes qué?
No me importa hacer lo correcto si me lo paso tan bien.
¡Tren del amor!
¿Qué está pasando aquí?
¿Dónde están mis cigarrillos?
En la estantería de la ducha.
¿Qué hacía en tu cama?
- Dime que ha tenido una pesadilla. - No quería hacerte daño.
Créeme.
- ¿Le amas? - Lo siento.
No, lo siento yo.
¡Pero si era John Redcorn!
No pretendía... Pensé que era un ladrón.
¿Qué hacía en nuestro dormitorio en plena noche?
Venía a traer unos papeles del seguro.
Eso me pasa por tener tantos reflejos. Chi-chi-cha.
Déjate de chi-chi-cha, cariño.
Todo va a salir bien.
Estoy contigo. Y Dale también.
Por favor, no nos denuncies.
John Redcorn, vuelve. Lo siento mucho.
Tú no tienes la culpa. Soy yo el que lo ha dejado tieso.
Mira.
Nos cepillamos a la vez.
¿Deberíamos invitar a Dale y Nancy?
¿No sería divertido?
Claro que no, pero entiendo lo que dices.
No es eso.
Me alegro de que su matrimonio mejore,
¿pero cuándo se van a acabar estas citas dobles?
Dale cree que le he propuesto un intercambio de parejas.
¿Un intercambio? De eso nada.
Tú con Nancy y yo con Dale. ¿Quién crees que sale ganando?
Dale.
Al verte de esa manera,
desmayado, tan vulnerable,
como un oso herido sexi...
Hemos pasado mucho juntos como para terminar así.
Quiero que volvamos.
Tengo 36 años. Esto no me hace falta.
- ¿Era John Redcorn? - No.
Bueno, sí.
- ¿Qué tal se encuentra? - No lo sé. Me ha colgado.
Quizá debería ir de visita y disculparme.
No, creo que lo mejor para ti,
para nosotros dos, es dejarlo correr.
Prométemelo, Dale. Jura que pasarás página.
Él quería que la cabeza te doliese menos
y yo casi lo dejo seco de un golpe.
Qué ironía.
Hola, John Redcorn.
Quiero pedirte disculpas por haberte golpeado.
No me has golpeado.
Me has atacado por la espalda.
Vale, entiendo que estés enfadado
y quizá un poco asustado, por eso me siento tan mal.
¿Qué tal si fumamos la pipa de la paz?
Adiós, Dale.
Venga ya.
¿Qué tal si me devuelves el golpe y ya estamos en paz?
Con esto nos sirve.
Pegándote no arreglo nada.
Seguiré viviendo en una caravana, sin mujer y sin tierras.
Más de la mitad de Arlen pertenecía a mi tribu.
¿Eras de familia rica?
Hace diez años demandé al Departamento de Asuntos Indios,
pero se niegan en redondo a devolvernos lo que es nuestro.
- ¿Sabes algo de FOIA? - ¿Cómo?
Se aprobó en 1966.
La Ley de Libertad de Información.
Reconoce el derecho de cualquier ciudadano
a acceder a la información federal.
Yo la utilicé contra Hacienda
cuando me negaron el estatus de iglesia libre de impuestos.
¿Te importaría?
¿Derrocar al gobierno federal?
En absoluto.
- ¿Puedo? - No.
- Por favor. - No.
Venga, hombre.
Si te callas de una vez...
Dale, a cenar.
¿Habéis visto a Dale?
No veo un burro a cuatro pasos.
Espero que no esté muerto.
Tendríamos que cancelar nuestra cita doble.
¿Dónde andabas metido? Estaba preocupada.
Más que preocupada, me sentía sola.
Ah, pues estaba en casa de... En el club de tiro.
Jugando a la ruleta rusa.
Oh. ¿Y has ganado?
Veo que no te suena mucho el juego.
No.
Sí, he ganado.
En quinto lugar, no vivimos en la China comunista
y nuestros indios tienen derechos, que...
No te esfuerces tanto.
Relájate un poco.
Así me gusta.
Dale, eres un buen hombre.
Has hecho muchísimo por mí
y ni siquiera eres nativo.
¿No es hora de reconciliarnos?
En nombre del hombre blanco,
me gustaría disculparme formalmente
por todo lo que mi gente le ha hecho a tu gente.
Y a mí me gustaría disculparme por todo
lo que te he hecho.
A ti y a tu gente.
Dale prometió venir aquí
después de matar a las cucarachas de la sala de lectura.
Me siento como una tonta.
¿Ella se siente tonta?
Casi preferiría ir montado en un burro.
Está claro que no va a venir.
Por eso me hacen falta dos hombres.
Uno siempre me decepciona.
Bueno, vale.
Ya está. Vámonos.
Hank.
Nancy, volver a las andadas con los dos no es la solución que buscas.
Quizá te sirva este dicho.
"Dos son compañía y tres son multitud".
Te respondo con otro dicho:
"El corazón desea lo que desea".
Woody Allen.
Nancy, espera. Ese está casado con su hija.
Y listo.
Lo único que falta es la firma, John Redcorn.
Muchas gracias, Dale. A la pizza invito yo.
He cometido un error.
Lo tenía todo y he tirado la mitad por la borda.
Lo único que quiero es todo.
- Nancy, no. - ¿Nancy?
Dios mío, Dale. ¿Qué haces aquí?
Me ha entrado un dolor de cabeza.
Encima los científicos cristianos no creen en la aspirina,
así que he venido a ver a John.
Ahora me pica la curiosidad. ¿Tú a qué has venido?
Me ha dado la migraña.
Una migraña terrible.
- Qué dolor. - ¿Te ha vuelto a dar dolor de cabeza?
Se me ha olvidado por completo nuestra cita en el lago.
Ahora te han dado migrañas por mi culpa.
- Espero que estés contento. - No.
Vale, Nancy, te propongo lo siguiente.
Sé que te prometí no venir aquí,
pero después de 15 años de relación,
lo he echado todo a perder con un simple golpe de lámpara.
La lámpara no tiene arreglo.
Hasta me ha dado calambre.
A lo mejor a vosotros sí que puedo juntaros.
- ¿Has venido por mí? - Por los dos.
¿Qué me dices, John Redcorn?
¿Podrías cuidar de mi mujer?
No. Lo siento, pero no.
¡Maldito seas!
¿Después de toda mi ayuda?
Dale, eres un amigo de verdad.
Por eso sería poco profesional
que siguiese viendo a tu mujer.
Te entiendo.
Quizá podría tratarte yo mismo.
Puede que no tenga licencia,
pero creo que os he pillado lo bastante
como para saber de qué va.
Dale, el poder curativo no reside en la cabeza o las manos,
sino el corazón.
Eres un buen hombre y a Nancy la quieres mucho.
Quizá el amor sea la medicina más potente que existe.
Lo siento mucho, pero...
- Adiós, Nancy. - Adiós, John Redcorn.
Me estaba dando un poco de yuyu...
¿Será gay?
Muy bien.
Esto es dinamita.
¡Tren del amor!
Traducción: Tomás Costal
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