Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
English
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
RECICLAJE
EL REY DE LA COLINA
¿Has ganado?
"Lo sentimos, tómese otra cerveza".
Es lo que se llama perder la batalla para ganar la guerra.
Corre, Hank, acábate la cerveza.
Podría ser la lata ganadora.
Bill, hay una probabilidad entre un millón de ganar el concurso.
Claro, si solo te bebes una...
Imagínate, Hank. Un viaje a Nueva Orleans.
Conocer a "Dandy" Don Meredith
y que te entreguen uno de esos cheques tan enormes.
"Lo sentimos. Tómese otra cerveza".
Bueno, por lo menos son educados.
"Lo sentimos. Tómese otra cerveza".
Ya me encuentro mejor.
Creo que es hora de marcharse.
Vacíala en el suelo, a ver si has ganado.
Jamás echo a perder una cerveza.
Ni siquiera en caso de incendio.
CERVEZAS ALAMO GANE UN MILLÓN DE DÓLARES
- Hola, tío Hank. - Luanne.
GANE UN MILLÓN
¡ENHORABUENA!
En primer lugar, no has ganado nada.
He ganado un millón de dólares.
No, el concurso le da derecho al ganador
de asistir al encuentro Dallas-Nueva Orleans
y pasar un balón a través de un agujerito para ganar un millón de dólares.
O dejar que lo lance Don Meredith por solo 100 000 dólares.
Si hubieras leído el cartel, lo sabrías.
Vale, pues lanzo la pelota por el agujero y gano el premio.
No. La cerveza la he pagado yo.
Imaginemos que fuese tu cerveza.
- ¿Cuántos años tienes? - Diecinueve y medio.
Exacto. A la hora de cobrar el premio,
te encerrarían por beber siendo menor.
Si la cerveza fuese tuya, te meterían en la cárcel.
Sin embargo, como es mía, te vienes a Nueva Orleans con nosotros.
Tú decides.
¡Nueva Orleans!
Hank, ¿qué vas a hacer con los cien mil?
Claro que podrías competir por el millón de dólares.
No creo que ningún hombre de a pie lo haya logrado.
Un pase de diez yardas porun agujerito de nada.
Con la gente gritando como loca.
Gracias a Dios que existe Don Meredith.
Gracias a Dios.
Es como si nos pagasen 100 000 dólares por conocer a Meredith.
Lo habría hecho gratis.
Con ese dinero, Bobby podría ir a la universidad con nevera y todo.
Sí.
Podríamos pagar todo tipo de carreras y electrodomésticos
con un millón de dólares.
¿Cómo?
¿Estás pensando en tirar tú?
¿Qué pensarías si fuese así?
Hank, si estás dispuesto a renunciar a algo seguro por un millón de dólares,
tienes más "frijoles" que ningún otro hombre.
MO
ALAMO
¿Qué haces, Hank?
Quiero hacerme a la idea de lo que supone para Don Meredith.
¿Qué tal si os acompaño?
Siempre he querido comer masa frita en la ciudad más corrupta.
Te lo agradezco, pero no hace ninguna falta.
No es molestia.
Podemos ir contigo y dormiremos en vuestra habitación.
Pues...
- Supongo que... - ¡Viva!
¡Nos vamos a Nueva Orleans!
Venga, yo también me apunto.
Los Dauterive somos de Luisiana.
Viví en el bayou hasta los seis años.
Mi tía Esme aún vive allí.
¿Podríamos ir a verla?
Sí, por qué no.
He planificado las rutas con muchísima atención.
Nos sobra tiempo para hacer visitas.
Bill, no tenía ni idea de que eras cajún, pero tampoco me importa.
¿Qué tal está el hombre con el brazo de oro?
Llama al banco y asegúrate de que quepa un millón en la cuenta.
¿Te atreverás?
- ¡Oh, Hank! - Sí.
Han entrado 42 de 50.
Podrían haber sido 43, pero espanté un pájaro con un lanzamiento
para que no te manchase el coche.
- ¿Tan buena puntería tienes? - Ajá.
Podría decirse que mi puntería es letal.
El pajarillo sigue vivo.
NUEVA ORLEANS 122 KILÓMETROS
Hablan una especie de francés.
Ya me ocupo yo.
Hablo español. Es casi lo mismo.
Oiga, señor.
Dígame la direcciones a la casa de la Dauterives, por favor.
Quiere propina.
Bill, no sabía que hablases cajún.
Quizá sea porque hablamos poco.
Yo tampoco tenía ni idea.
Voilà! Ici! Ici!
Dios bendito. Pensaba que tu familia vivía en una casita hecha de papel.
Pues no.
Hank, Peggy, Bobby, Luanne, Dale,
Boomhauer.
¿Quiénes sois?
Contestad en inglés, por favor.
Soy Gilbert Fontaine de la Tour Dauterive.
El hombre de la casa.
Dale Gribble.
Yo soy Rose, la más joven.
Yo soy Lily, la que parece más joven.
Qué mala eres.
Yo soy Violetta, la guapa.
El jardín de las delicias.
Tú debes de ser el William del que tanto hemos oído.
El último varón de los Dauterive, o debería decir...
No te molestes.
No te esperaba ahí.
Lo siento muchísimo.
Siempre he sido un mirón.
Violetta dice que soy como la enredadera
que estrangula a nuestras flores.
Vaya...
¿Qué aventuras os esperan?
Debo acertarle a un objetivo así en el partido Cowboys contra Saints.
Si lo consigo, gano un millón de dólares.
Golden Richards jugaba en los Cowboys de Dallas.
Sí, anotó un touchdown en la Super Bowl número 22.
Era un hombre guapísimo.
Nos conocimos brevemente.
Mi marido, Alphonse Dauterive, el tío de William.
¿Cuándo murió?
Oh, se marchita en una habitación al fondo de la casa
mientras abriga la esperanza de ver cómo el apellido Dauterive
se transmite a una nueva generación.
- ¿William tiene hijos? - No.
Bill está infelizmente divorciado y no ha tenido hijos.
Qué pena. Apenas queda nada de los Dauterive.
Mis dos hijos y mi yerno, Girac, René y Emeril murieron de esclerosis.
Solo tenían 20 años y dejaron tras de sí a tres viudas
desesperadas y sin hijos pululando por esta mansión.
Son las cuerdas de un arpa que se han tensado en exceso.
Si no las tocan pronto...
Les hace mucha falta que las toquen.
Parece un drama de Shakespeare.
Este es mi marido Girac.
La dieta de Luisiana es tan mortal como el sable más afilado.
Rose... ¿no estás casada?
No tengo a nadie en el mundo, William.
¿Rose?
¡Rose!
Ah. Hola, Lily.
¡Qué preciosidad!
¿Es una canción u hora de cenar?
Mi difunto marido René y yo solíamos componer juntos.
Ahora no son más que notas.
Tocas de maravilla.
Estoy tan sorprendido como tú.
Robert, un jovencito como tú debería cenar con ropa elegante.
A ver qué encontramos en mi antiguo vestidor.
Seguro que habrá algo que te siente bien.
Ay, Señor. Este tiempo de noviembre me sube la bilirrubina.
Robert, esto es terciopelo, no una imitación barata.
Un caballero debe saber cuál es cuál.
Ay, Señor.
La cena, como la juventud, está servida.
Hola.
Hola.
Os presento al joven Robert.
Qué elegancia.
Dios de mi vida.
Bobby, ¿por qué no me siento con Gilbert para hablar de deportes?
Gilbert...
¿Qué tal los Saints?
Conozco más a los pecadores que a los santos, cariño mío.
Los pecadores siempre van impecables.
Sácame de aquí.
Cariño, trata de relajarte antes de tu gran lanzamiento.
No estoy seguro de que ser ricos nos convenga demasiado.
Bobby solo lleva aquí unas horas
y ya parece el chaval que aparece en los botes de pintura.
Hay algo más, ¿verdad que sí?
Este lugar...
me da repelús.
Parece el mundo al revés.
Bill atrae a las mujeres y Bobby...
Hoy he fallado varios tiros
y no sé qué pasará con todo ese público mirando.
¿Crees que Don Meredith no falla algún pase cuando entrena?
Pero cuando más importa, donde pone el ojo, pone la bala.
Con ayuda de Bob Hayes y Lance Rentzel.
Por eso mismo.
Él es mariscal de campo.
Si fuese un concurso de vender propano, seguro que me elegiría a mí.
Eres capaz.
Cuando volvamos a Arlen, dejaremos el millón invertido
para que Bobby no se eche a perder.
Odio el zydeco.
¿Y tu maleta, Bill?
He decidido quedarme unos días.
Bill, esas mujeres tratan de seducirte.
¿También te lo parece?
Creía que era yo solo.
Escúchame.
Dos de esas mujeres son las viudas de los Dauterive.
Son tu familia política
y me parece bien, pero la otra es tu prima carnal.
Irías directo a infierno.
Ay, Dios mío.
¿Cuál es mi prima?
No tengo ni idea, así que, para estar seguros, aléjate de ellas.
Dos de tres.
No suelo tener esa suerte.
- Bill, si crees que... - Adiós, Peggy.
Cededme la ventanilla, porque esta flor se está secando.
Ay, Señor.
Todo el mundo al coche.
Vamos. Rápido.
Que tengáis buen viaje y, si dudáis, que os orienten,
sobre todo si esa persona ya ha estado donde debéis llegar.
¿Qué quieres decir?
Deja que "Dandy" Don Meredith lance el balón.
ALAMO LANZAMIENTO DEL MILLÓN
COWBOYS VS. SAINTS
ALAMO COWBOYS VS. SAINTS
Hank, te presento a Don Meredith.
Debes de ser Hank Hill.
Sr. Meredith, le admiro como jugador, como reportero deportivo
y como anunciante de té helado.
Mi madre me llama "Don" o "Donny".
Qué maravilla de historia, Sr. Meredith.
Señor, esta es mi mujer Peggy.
Si usted fuese mujer, mi marido le habría pedido matrimonio.
La vida es impredecible.
¿Quién es este futuro delantero?
Mira, Don, también soy un dandi.
Es verdad, campeón.
Sí.
A propósito, Don, aquí tengo tu antigua camiseta,
para que te la pongas luego.
17
Qué va. Esa la colgué hace ya mucho tiempo.
¿Por qué no se la pone Hank?
Sería todo un honor.
- ¿También tiene los pantalones? - Sí.
El azul metalizado de los Cowboys.
De tal palo, tal astilla.
Toma, campeón.
Oh, Rose.
Solo quería adecentar la tumba de tu marido.
Qué hombre más dulce.
D, A...
¡Dauterive!
Tu marido es un Dauterive.
- Y está muerto. - Hazme tuya.
Vale.
ALAMO
Ha llegado el momento de fingir una lesión.
17
El descanso, Hank. Nos toca.
MEREDITH 17
Ha llegado la hora del lanzamiento del millón de dólares Cervezas Alamo.
Cervezas Alamo da la bienvenida al concursante Hank Hill,
de Arlen, Tejas, y la leyenda de los Cowboys, Don Meredith.
Bravo, papá.
¿Qué has elegido, Hank?
¿Vas a por el millón,
o dejas que "Dandy" Don te consiga los 100 000 dólares?
AMITOBA ALAMO
ALAMO
No te preocupes, Peggy.
Irá a la universidad.
Prefiero jugar sobre seguro.
¿No vas a quitarte la chaqueta?
ALAMO
17
Lo siento, hijo.
Un aplauso para "Dandy" Don Meredith.
Ni se ha quitado la chaqueta.
Quiero otra oportunidad.
Yo habría acertado.
¿A dónde vas? A mi hijo le debes la matrícula.
Oye, ven aquí.
- ¿Rose? - Ajá.
Soy yo, Violetta.
Me alegro de que estés aquí.
- ¿Puedo preguntarte algo? - La respuesta es sí.
Me lo imaginaba, pero, tu primer marido,
¿qué nombre aparece en su cripta?
- Contesta, Violetta. - Lily, vete de aquí.
- Hola, Lily. - No está bien.
Violetta es tu prima carnal, Guillaume.
Miente. No soy tu prima, pero ella sí.
La mentirosa eres tú.
William.
¿Rose?
- No estamos solos. - Ya lo sé.
Ella es tu prima.
- No, ella. - No, ella.
¿Gilbert?
Tu prima es Violetta.
¿Cuánto tiempo llevas ahí?
Treinta y cinco años.
Yo era el mariscal de campo y tenía el camino despejado,
pero decidí entregarle el balón a un tipo con el abrigo puesto
y sin talento para lanzar.
Me parece que voy a llamar al servicio de habitaciones
para que me suban un etouffee.
¡No!
Oye.
No te muevas de ahí.
- ¿Qué quieres? - Una disculpa.
Tú eres el que placó al mariscal de campo por las rodillas.
No fue un gesto muy deportivo.
Lo siento, pero mantengo lo dicho.
- Yo lo habría logrado. - Ajá.
Y si mi abuela tuviera ruedines, sería una bicicleta.
Lo habría logrado.
Muy bien. Demuéstralo. Conductor, llévenos al estadio.
Violetta dice haberte encontrado en una situación peliaguda
con Rose y Lily.
Dime una cosa.
¿Has venido a arar los campos y atender las viñas,
o más bien a jugar en el jardín?
A jugar.
Quizá sería lo mejor que hicieses mutis por el foro.
¿Puedo decirles adiós a las chicas?
Diez yardas.
Un lanzamiento.
ALAMO
Enhorabuena, hijo.
¿Te sientes mejor?
No. No es lo mismo.
No hay aficionados en las gradas.
No siento la misma presión ni he ganado el millón de dólares.
Te diré una cosa, Hank.
Lo pasado, pasado está.
Quizá habrías acertado el tiro, pero me elegiste a mí.
Sí, te escogí, pero esperaba que te quitases el abrigo por lo menos.
Hank, practiqué el tiro toda la semana.
Incluso construí una réplica de la lata de cerveza Alamo.
En Nuevo México hace frío, así que llevaba puesto el abrigo.
Ayer no quise cambiar.
No quería estropear mis movimientos.
Vaya, de haberlo sabido, no te habría placado.
¿Cómo no iba a querer acertarlo?
Siento la decepción.
Serás más feliz si lo dejas correr, Hank.
Jamás volveré a tener una oportunidad así.
No. Claro que no.
Siempre he querido algo
tanto como un millón de dólares.
Don, tú tienes de todo.
Eras un Cowboy cuando os entrenaba Landry.
Quería ir a la Super Bowl.
Estuve a punto, pero nunca lo logré.
No ocurrirá nunca, pero no pasa nada.
Nunca he mirado atrás.
Es un honor compartir campo contigo, "Dandy" Don.
Yo también construí una réplica de la cerveza Alamo.
- ¿Soldada o pegada? - Soldada.
No hay otra manera, amigo.
CHATEAU D'HAUTE RIVE
- ¿Lo has pasado bien, Bill? - Las dos.
Qué maravilla de historia, Sr. Meredith.
Traducción: Tomás Costal
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.