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Pueden hacer una sierra que no corta la piel,
pero no un paracaídas que se abra.
¿Puede darse prisa? Tengo mucho que hacer.
Boggle a las dos, béisbol a las cuatro,
y también debería ducharme.
Peggy, no estará al cien por cien tan pronto.
Tendrá los músculos atrofiados.
Lo que usted no sabe, doctor,
es que me he dedicado a contraer el culo cada mañana desde el accidente.
No, gracias, doctor. Ya puedo yo sola.
FISIOTERAPEUTA
¿Quién lo diría?
No se huele a nada.
- Haga fuerza. - Así.
Así.
Vamos, Peggy.
Pronto estarás de pie otra vez.
- No te desanimes. - No es eso.
Me cuesta sostener la cabeza.
¿Peggy Hill? Bien. Me llamo Ramsey.
Soy su fisioterapeuta. Enseguida... volverá a caminar.
- ¿Sí? - Claro.
Quizá no hoy ni mañana.
¿En un mes? Demasiado pronto.
No se flagele.
Es lo normal tras seis semanas escayolada.
No pasa nada.
El agua tampoco es fuerte, pero acabó excavando el Gran Cañón.
No tardó un día, una semana o un mes. Tardó más de 200 años.
Fueron millones de años.
Debe confiar en mí, señora.
Trabajaremos juntos una hora a la semana hasta que erosione el Gran Cañón.
Iremos gota a gota. ¿Le parece?
Bueno, vale. Supongo que sí.
Vamos allá.
- ¡Bien! Hasta la semana que viene. - La...
Gota a gota, señora Flores.
Muy bien.
Ahora sí que estoy desanimada.
- No vale mirar. - No estoy mirando.
Vale. Abre los ojos.
Ya están abiertos. Luanne.
¿Recuerdas los 10 sacos de cemento que decías que no usaría? He usado uno.
Una rampa para la silla. Gracias.
Así no estaré encerrada en casa.
Iré adonde quiera.
En mi silla de ruedas. Gracias.
Mira, papá. Soy Sophia Loren.
Bobby, hoy te llevo yo al cole. Tenemos que hablar.
Llego tarde a la clase de crianza. ¿Me llevas, Luanne?
Ayúdame a buscar al bebé.
Me alegro de que ya no lleves la escayola.
- Gracias, Bill. - ¿Qué crees que harán con ella?
Supongo que la tirarán.
GOFRES
¿No te comes tu gofre, mujer de Hank? Lo tienes delante.
¡Cógelo, venga!
No durarías nada en un campo de prisioneros japonés.
¿Disculpa?
Tojo me encerró en una jaula de ratas de bambú.
Solo podía comer ratas, y eso hice.
A las dos semanas, solo quedaba una.
Me alimenté de sus heces. Las llamaba "arroz selvático".
Estaban ricas.
En septiembre, estaba tan delgado
que me colé entre dos barrotes de bambú.
Estrangulé al guardia con una cuerda de colas de rata trenzadas y hui.
¡Menos mal!
Son los de la rehabilitación.
Continuará.
- No puedo. - Bueno.
- No. - Gota a gota.
- No puedo. - Tranquila.
¡Bien! Lo ha bordado.
Tenía que hacer doce repeticiones, y he hecho una si contamos esa última.
Cada gota cuenta para erosionar la roca.
Por cierto, ambos teníamos razón.
Fueron 200 millones de años.
¿Qué tal la rehabilitación?
He estirado una banda de goma.
¡Qué bien!
¿A quién quiero engañar? Esa banda me ha dado para el pelo.
Sé que estás decepcionada, pero tienes que ir día a día.
Como los borrachos.
Hank. Solo quiero dormir.
Posición fetal.
Así.
¡Sí!
- ¿Qué...? - Yo...
Dale, es que estoy tan solo...
A los dos nos gusta el Boggle.
Ella siempre gana, ¿a que sí? No se lo digas a Hank.
La quiero para el carril compartido.
FISIOTERAPIA
¡Ya voy!
¿Eso te enseñan en la rehabilitación?
Ya te has divertido, Cotton. Ayúdame a subir a la silla.
Ayúdate tú sola.
Eso intento. ¿O crees que no? Pero no puedo.
Porque eres débil. No tienes agallas.
¡No te mereces volver a andar!
¿Peggy Hill?
¡Enseguida va!
Si quieres perder el tiempo,
sube a la silla y vete.
Sádico hijo de...
¿Por qué te arrodillas? Rezar no te ayudará.
Si Dios te quisiera, habría abierto el paracaídas.
Calla, pedazo de...
¡Toma ya!
Enséñame a andar.
¿Lista para odiarme más que a nadie en el mundo?
Ya te odio.
¡Algo es algo!
¡No me mires! ¡No apartes la mirada!
Mírate ahí, subida en tu silla de ruedas
como si fueras Franklin Delano Roosevelt.
¡Pues tengo un telegrama para ti! No eres Roosevelt. Punto.
Pierdo el tiempo. Punto. Creo que no quieres ni andar.
Claro que quiero.
¡Pues dilo!
Quiero andar.
- No te oigo. - Quiero andar.
- ¿Qué dices? - ¡Quiero andar!
Bien.
Ahora límpiame las botas hasta que estén relucientes.
Me enterrarán con esas aplastanazis en el Cementerio Estatal de Texas.
El gobierno inhuma a los héroes allí.
Inhumar significa enterrar. Héroe significa yo.
¿Te van a dejar?
Antes tengo que morirme,
y antes debo mandar una solicitud y ha de aprobarla una ridícula comisión.
¿Maté a 50 hombres para acabar suplicando que me entierren como a un héroe?
Algo falla.
Estoy cansada.
También lo estaba yo cuando me ordenaron tomar el aeródromo de las islas Salomón.
Tojo tenía una ametralladora en una colina y mi unidad estaba arrinconada.
Me colé tras las líneas enemigas dentro de un barril de sake de 200 litros.
Aguanté hasta que estuvieron borrachos
y luego salí de un salto y les escupí alcohol con mi mechero Zippo.
Dejé frito a todo el escuadrón.
¡Venga! ¡Déjalas relucientes!
Me has ahorrado dos minutos de viaje.
Gracias, Peggy.
No se lo digas a Hank.
Qué falta de respeto, tío, igual que Bill.
No estoy enfadado, tío, no sé, solo decepcionado. Mucho.
Fin de la juerga, mujer de Hank.
Mira lo que has hecho. Está llorando.
¡Cucú!
¡Cucú!
Este bebé ha cagado una granadita.
Haz algo.
- No puedo hacer nada. - ¡Arrástrate!
Guam, 1944.
Me arrastré por un campo de minas para recuperar la pipa de MacArthur.
Sí. Soy un héroe.
Me van a enterrar en el Cementerio Estatal.
¿Y tú? Eres una cobarde. Te enterrarán en la colina del cobarde.
¡No soy una cobarde!
¿Qué haces? ¿Espantar moscas o saludarme?
Hola a ti también, fracasada espantamoscas.
- ¡Muévete! - Coronel.
- El bebé está llorando. - Muy bien.
Se notan las clases de crianza.
Gracias.
No quiero presumir de estos filetes, pero, papá, puedes quitarte la dentadura.
¿No deberíamos esperar a que vuelva la tía?
¿Me tocaba recogerla de rehabilitación?
Ha dejado de ir.
- ¿Qué? - Sí.
Me estoy ocupando yo.
Va mejorando. Ya no necesita la silla de ruedas.
¡Ay, madre! ¡Peggy! ¿Qué le has hecho a mi mujer?
La he convertido en una entusiasta máquina de matar.
¿Estás loco, papá? No eres médico.
Mañana te llevaré a rehabilitación.
¿Eso quieres?
¿Abandonar el programa?
¡Señor, no, señor!
Te has esforzado. Come.
Hank, qué tierno está el filete.
Tenía que sacarte de la casa. Allí solo hay chicas y bebés.
Me refiero a tu marido.
Por eso te he traído aquí.
Este es el mejor grupo de soldados de nuestra historia.
Apestoso, Gordito, Apestoso, Brooklyn, Apestoso, Brooklyn, dos Gorditos y Doc.
Ah, y Irwin Linker.
Muchos han muerto por esta bandera. Ahora tienes el honor de izarla.
Muéstranos cómo empieza el día un héroe.
¿Cuántas botas has abrillantado? Tienes los brazos flojos.
¡La has dejado a media asta!
¿Quién se ha muerto? ¿Tú? ¿Te estás muriendo?
¡Pues venga! No mereces vivir, inútil...
¿Quién lo diría? Esta cría los tiene bien puestos.
¡Iza la bandera!
Voy a poner la alarma a las siete.
Mecachis.
Ponla a las 5:30.
Cotton quiere que duerma menos. Dice que me ablanda.
Peggy, ¿recuerdas cuánto odiabas a mi padre?
Nunca quise decirte nada para no herir tus sentimientos, pero...
Creo que tú a mi padre tampoco le caes muy bien.
Básicamente.
Temo que se esté aprovechando de tu estado para...
No sé. ¿Torturarte o algo?
No me está torturando.
Ese hombre me está animando.
Con su ayuda, he logrado hacer cosas que no podría haber hecho sola.
Por eso le ayudo con su solicitud.
¿Sabes que sobrevivió ocho días en una balsa
recolectando lluvia con los párpados?
Sí. Lo ha mencionado alguna vez.
En la batalla de Okinawa, dos de mayo del 45,
inventó una técnica de bayoneta que aún se usa para destripar.
En la ocupación de Múnich, el 30 de abril...
Un momento.
¿Múnich, Alemania?
Sí, Hank.
¿Cómo pudo mi padre luchar en Alemania y en Japón a la vez?
Pues a ver...
Del 30 de abril al dos de mayo van dos días...
¿Cuánto se tarda en matar a 50?
COREA JAPÓN
¡A trabajar! Venga, al suelo.
Espera, Cotton. Tengo preguntas.
¡Nada de preguntas! ¡Las preguntas las hago yo!
¡Muévete!
¿Qué rayos te pasa? Ayer podías arrastrarte.
Ven aquí.
En Okinawa, tuve que destripar a los japos más rápido de lo que era capaz.
- Nunca estuviste en Okinawa. - Claro que estuve.
- Pues no estuviste en Múnich. - Sí estuve.
Buenos días.
Revueltos. Solo. Página de deportes. Tienes cinco minutos.
¡Ay, Dios! ¡Era todo mentira!
¿Por qué le creí?
¿Por qué pensé que podría andar?
No digas eso, Peggy.
Yo tenía razón. Eso no importa.
Lo que importa es que te subas al caballo.
¡Ya está!
Dame la solicitud de Cotton.
Se pudrirá en el infierno, pero no en el Cementerio Estatal de Texas.
Coronel, por su uniforme y actitud, deduzco que se va a suicidar
en un motel con su arma reglamentaria.
Ni de coña, Gribble.
Voy al Cementerio Estatal de Texas.
No puedes ir así a mi audiencia.
No lo haré, Cotton.
Muy bien. Cámbiate. Nos vemos allí.
Y enseña las piernas. Están poco tonificadas, pero algo es algo.
Vamos, Hank.
Ramsey dice que vuelvas, pero quiere que te advierta
de que la señora Flores ya se peina sola, así que no estés celosa.
¿Quién quiere un baño con esponja?
Yo.
Veamos...
- Los bíceps. ¿Por dónde íbamos? - Dos kilos.
Quiero las de medio kilo, por favor.
De acuerdo. Al lío.
Es broma. Poco a poco.
CEMENTERIO ESTATAL DE TEXAS
Por su papel de Kenderson en Dallas,
la serie de televisión, de 1984 a 1986, se le asigna la parcela cuatro, sección K.
Muchas gracias.
Se van a quedar sin tumbas.
Eso es todo por hoy.
La comisión se reunirá en seis meses...
¡Esperen! Aún les queda uno por enterrar.
Denos su solicitud.
No la llevo encima. La ha mandado una tullida.
Deme un minuto, por favor.
- Me temo que es imposible. - ¡No!
¡El mazo no! ¡No golpee!
¡No cuenta! La sesión sigue en pie.
¡Así se hace, Peggy!
Lo haces muy bien.
¿Puedes dejar de gritarme?
¿En qué pensaba?
¿Múnich? ¿Colas de rata? No es un héroe.
Me estaba torturando.
Es un auténtico fraude.
¿Qué? ¿Qué murmuras?
¿No lo estarás defendiendo?
Digo que ese fraude antes medía 1,95.
¿Y?
Al volver del Pacífico, medía 1,55.
Una ametralladora le destrozó las espinillas.
El médico dijo que no volvería a andar. 18 meses después, volvió al médico
y le dio un puñetazo en los riñones.
No sé qué haría durante esas batallas.
De hecho, ni siquiera sé si le pegó al médico.
Pero sí sé que mi padre no tiene espinillas
y aun así puede andar, lo cual me parece una heroicidad.
Eso murmuraba.
Soy un viejo. Tengo un hijo recién nacido.
No puede ir a visitarme al cementerio de civiles.
¿Cómo va a celebrar su cumpleaños allí?
Señor presidente. Soy la señora Peggy Hill.
Por respeto a su apretada agenda,
he destacado solo unos pocos
de los actos de valentía de Cotton Hill en Guam,
las islas Salomón, Cerdeña y Okinawa.
¡Has olvidado Múnich, mujer!
Nunca has estado en Múnich.
Ah, ¿no?
Ah.
Papá, "Stephen Austin". ¿Es el cíborg o el de la lucha libre?
¡La encontré!
Una tumba preciosa, Cotton.
Te la mereces.
¿No vienes, mujer de Hank?
No hace falta. Se ve desde aquí.
¡No es lo mismo! Baja de la silla y trepa. Vamos.
No puedo...
¿Cómo que no?
No quieres porque eres una vaga.
Cotton...
¿Trepé por los riscos de Normandía con una heladera de 20 kilos
atada a la espalda y tú no puedes subir esa colinita?
Vale, Cotton.
Te entiendo, pero estoy cansada.
Sube a la colina y te dejaré bailar sobre mi tumba.
¡Vamos!
¡Muévete!
¡Venga!
¡Venga!
Cotton, ¿me concedes este baile?
¡No te oigo!
Traducción: Pedro Bayarri Saura
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