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LA PATRULLA PERDIDA
Mientras la Guerra Mundial rugía en Europa,
las tropas británicas luchaban en un lugar lejano del mundo.
Pequeñas patrullas solas recorrían el vasto desierto de Mesopotamia,
que ardía con el sol.
El cielo derretido se regocijaba con ellos.
El desierto sin fin tenía la mirada vacía de la muerte.
Aun así, estos hombres marchaban sin rechistar,
combatiendo a un enemigo árabe invisible que atacaba en la oscuridad...
¡como un fantasma implacable!
Justo en el pulmón.
Bell, que los hombres desmonten.
Sí, sargento.
¡Desmonten!
Qué lástima.
- Un chico decente, en algunos aspectos. - Sí, pero no un soldado.
- ¿Vio al sinvergüenza que lo hizo? - No.
Malditos árabes. Se esconden como moscas, nunca los vemos.
Los soldados tienen palas.
¿Traigo a dos o tres chicos para que empiecen?
Sí.
¡Sanders!
Cabo.
Brown.
Sí.
Entreguen sus caballos a McKay,
pongan los rifles en las mochilas y cojan unas palas.
¿Qué ha pasado? Hubo un disparo y entonces...
Está muerto, muchacho. Gwendolyn se ha ido.
Ahora somos enterradores.
¿Entiendes ahora, muchacho?
¿Pero...aquí? ¿Dónde vamos a enterrarlo?
Eso no importa demasiado, ¿no crees?
- Está bien, ya es suficiente. - ¿Pondrá una cruz?
¿Y para qué? Bell, que monten los hombres.
Sargento.
¿No olvida algo?
Adelante, Sanders.
"Padre todopoderoso,
"te encomendamos el alma de nuestro hermano que se ha ido...
"y consignamos su cuerpo a la tierra.
"La tierra a la tierra, las cenizas a las cenizas, el polvo al polvo,
"con la esperanza de que resucite...
- "a la vida eterna, con Cristo nuestro Señor." - Amén.
Disculpe, sargento, pero no he terminado el oficio.
Lo siento, Sanders, pero tenemos que irnos.
Si nos quedamos aquí...
tendremos que enterrarlo a usted y a algunos otros.
Póngase el casco.
Está bien, vuelvan a los caballos.
Morelli, ¿ve algo?
No. Sólo arena. Mucha arena.
Cabo Bell.
¿Sí, sargento?
- ¿Sabe dónde estamos? - No.
¿Sabe por qué estamos aquí? ¿Sabe adónde vamos?
- No. - Bueno, yo tampoco.
¿Qué?
Ese muchacho no me dijo cuáles eran las órdenes.
¿Qué?
Se lo pregunté cinco o seis veces, y siempre me contestaba:
"Lo haré, sargento, mañana."
Bueno, éste es nuestro mañana. ¿Bonito, verdad?
¿No las tenía con él? ¿No estaban en su bolsillo?
No, las guardaba en su cabeza. Eso no nos servirá de nada.
¿Adónde iremos ahora? ¿Qué vamos a hacer?
Bueno, estamos perdidos.
Ya me ha oído, perdidos.
¿Qué piensa hacer?
Bueno, lo he estado pensando. Iremos hacia el norte.
Llegaremos al río mañana por la noche.
Sí, quizá lleguemos al río, pero ¿y luego qué?
Sí. Es estupendo, ¿verdad?
Una patrulla avanzando, sin saber dónde está...
y con las órdenes en la cabeza de aquel chico muerto.
Desmonten.
33 Él convirtió los ríos en desiertos, Y los manantiales en terreno seco;
34 Una tierra fértil en un desierto de sal,
Por la maldad de los que ahí moraban.
Eso es Jock. Eso le vendrá bien al caballo.
¡Pearson!
¿Sí, señor?
- Está usted loco, Pearson. - Sí, señor.
Vamos, quítese eso, démelo.
Ande, venga, sabe que no me la beberé.
Así quedará algo por la noche.
Que caminen los caballos.
Jock, nunca olvidaré el día...
en que me tomé 57 cervezas en una apuesta.
Fue en un bar de Calcuta, el Bar de la Reina.
- Estaban heladas. - 57 cervezas.
Bueno, pude haberlas contado mal,
pero sé que eran 10 menos que mi récord.
Estaban heladas. Me dio un resfriado tal que casi me muero.
Lástima que no fuese así.
Vamos.
¡Caballo al suelo!
¡Alto!
Vamos, muchacho, por favor, levántate.
Qué lástima.
Lo siento, McKay.
Vamos, Jock, dame eso.
Coge mi caballo. Ve con los demás.
Bell,
¿qué cree que pueda ser eso?
Parece que algo se mueve.
No estoy seguro, deslumbra.
- No puede ser la brigada, ¿verdad? - ¿La brigada? No.
Podrían ser árabes.
Morelli.
Oiga, Morelli,
usted es el que tiene ojos de lince. ¿Qué es aquello?
Árboles.
Un gran grupo de árboles.
¿Está seguro de que no es un espejismo?
No, para nada.
¿Cree que tiene razón, Bell?
Quizá sí o quizá no. Quizá sean árabes.
Árabes, para nada.
Son palmeras, ya se lo digo.
Es un oasis.
Eso es lo que es.
- Correcto. - Un oasis.
¡Listos para montar!
Tranquilos.
Ocúpense de los caballos.
Ya es suficiente, ahora ocúpense de los caballos.
"Ay, madre, ¿puedo salir a nadar?"
"Sí, querida hija"
"Cuelga tu ropa en un nogal, pero no te acerques al agua."
Cabo Bell, vamos, salga de ahí.
Salgan todos y beban un poco de limonada.
¿Qué le pasa?
No le ha dado de beber a su caballo, ¿verdad?
Vamos, coja su rifle y vaya a ver que hay allí.
Usted debería dar ejemplo.
Y ustedes salgan de ahí.
Sí, señor.
Llénense la barriga, pero cuiden de sus caballos.
Ahora traigan a los caballos.
Ah, Jock, esto es mejor que la cerveza.
Sí.
Vamos, niña.
Con calma.
Es un lugar escalofriante. ¿Qué opina?
Una mezquita musulmana.
- Me pregunto cuántos años tendrá. - Es difícil de decir.
Es extraño.
Agua, dátiles y lo demás...
- y no hay ni un alma por aquí. - Sí...
Y ni la mínima idea de dónde estamos,
por qué estamos aquí o adónde vamos.
Quiero ver a los caballos.
Los caballos tienen buen aspecto. Seguro que se sienten mejor.
Abelson, espabile.
Súbase esa correa, y lleve bien el fusil.
Está en servicio.
- ¿Ése es su caballo? - Sí.
Lo suponía.
Mire su lomo. Ya se lo había dicho.
Mañana montará el caballo del oficial.
¿Mañana? ¿Vamos a cabalgar mañana?
Eso he dicho.
Saldremos antes del amanecer.
Sargento, ¿he oído bien?
- ¿Nos iremos de aquí mañana? - Sí.
Caballeros, tengo buenas noticias.
¿Sí?
Mañana nos iremos de este paraíso.
¿Paraíso? Es el patio del infierno.
No te burles, Quincannon.
Tú sabes lo que este lugar en realidad.
Sí, y te lo puedo decir con 50 palabras. Cada una de ellas prohibida.
Si leyeras la Biblia...
en vez de frecuentar tantas tabernas y barrios bajos,
sabrías que Mesopotamia,
este lugar donde estás en este preciso momento,
es el auténtico Jardín del Edén.
¡El Jardín del Edén! ¿El Jardín del Edén, sabelotodo?
No hará falta un ángel con una espada en llamas para sacarme de aquí.
¡Eso es blasfemia, Quincannon!
- Será mejor que no... - ¿Blasfemia?
¿Te das cuenta de que estás hablando con quien fue monaguillo diez años?
- ¿Se encuentra mejor, Pearson? - Me siento bien, gracias, señor.
Siento haber hecho lo que hice.
- Supongo que aún no soy un auténtico soldado. - No se preocupe, lo hizo bien.
- Aprenderá. - Gracias, señor.
Claro que aprenderá. Fijaos en el joven Matlow.
Recuerdo cuando se unió al regimiento hace 20 años,
todo el tiempo que Quincannon y yo pasamos instruyéndolo.
Michael, ¿recuerdas cuando estuvimos juntos en el depósito de Poona?
- Yo era sargento mayor de Tropa... - Discúlpame,
pero yo era el sargento mayor de Tropa.
Oh, no, Michael, tú eras el sargento mayor de Tropa,
pero fuiste degradado por borracho,
por quemar tu tienda de campaña...
y por aparecer en la plaza de armas...
vestido con tus calzones y tu casco.
Ésa es una gran mentira.
No quemé mi tienda de campaña.
Bueno, como estaba diciendo,
Matlow no era ni mejor ni peor soldado que él.
Y miradlo ahora.
- Quincannon. - Sargento.
¿Sí?
¿Cuándo nos uniremos a la brigada?
No lo sé, mañana o pasado mañana.
Sí, señor.
Sí, pero ahora todo va bien, ¿verdad?
Sí, claro que sí.
Quincannon, ¿ha comprobado que los caballos estén bien atados?
Sí, sargento.
Bueno, métase esto en la cabeza.
Que regresemos a la brigada depende por completo de nuestros caballos.
Ya hemos perdido uno hoy, el de McKay.
- Y eso no es bueno. - No se preocupe, sargento,
están perfectamente.
Resistirán esta noche.
Bueno, antes de irse a dormir écheles otro vistazo.
De acuerdo, sargento.
Pearson.
Creo que lo pondré a prueba como centinela esta noche. Hágalo bien.
Sí, señor.
Bueno, coja su rifle y vigile a los caballos.
Sí, señor.
Bueno, muchachos, aquí hace más calor que afuera.
Sí.
Éste puede ser un buen lugar para protegerse del viento.
Vamos, Matlow.
Es un lugar maravilloso, ¿verdad?
No hay camas de franela rellenas de plumas como las de tu casa, Topper.
El hotel "Abstinencia en el Jardín del Edén"...
Hermano Sanders, ¿nos guiará en la oración o nos la ahorrará?
Me gusta esa melodía, Morelli.
Era mi papel en el teatro. Cuando la orquesta tocaba eso...
Aparecía yo enrollado en la cortina. Les encantaba.
Topper, ¿cómo se dice cuando dos cosas suceden al mismo tiempo?
- ¿Coincidencia? - Una coincidencia, eso es.
¿Puedes tocarla otra vez, Morelli?
Eso tocaba la banda cuando zarpamos de Tilbury.
Aquí estaba yo, en la cubierta,
y allá Molly, con un sombrero rojo, saludándome desde el muelle.
La primera vez que me veía de uniforme, y la última vez que la vi yo.
Hubo una Molly con un sombrero rojo en tu vida amorosa, ¿eh?
Molly es mi esposa, Topper.
Esa mañana nos casó el capellán del regimiento.
- ¿Estás casado? - Tengo un bebé.
Soy papá de un niño.
Herbert Hale segundo.
Recibí una carta cuando salimos del Cairo.
Tengo una foto del niño. Está en mi mochila. Te la mostraré.
Tiene dos meses.
- ¿Dos meses? - Sí.
Hermoso chico, Herbert. Nada como la familia.
Tranquilo, Pearson, soy yo.
Pero si fuera uno de esos árabes le habría cortado la garganta.
Lo siento, señor, no pensé.
O sea,
estaba pensando.
¿En qué estaba pensando?
Bueno, esa luna.
Es tan brillante. Es impresionante, sargento.
Estaba pensando que en 12 horas...
esa misma luna estará brillando sobre Inglaterra.
Hace que parezca más cercana. ¿No lo cree, sargento?
Nunca había pensado en eso.
- ¿Cuántos años tienes, hijo? - 19, señor.
¿Escuela pública?
No, tuve un profesor particular por un tiempo.
Sólo mi madre y yo.
No quería que me alejara de ella.
Supongo que por eso estoy aquí.
Me escapé.
Te alistaste, ¿eh?
Bueno, pensé que era lo correcto.
Mi tío está en las oficinas del ejército.
Quería conseguirme un grado, pero preferí valerme por mí mismo.
Por eso estoy contento de estar aquí.
Creo que conseguiré un grado con el tiempo,
pero es bueno empezar desde abajo.
- ¿No cree, sargento? - Sí.
Estoy más a mi aire.
Entre buenos soldados,
hombres como el Sr. McKay y el Sr. Quincannon...
La clase de soldados sobre los que escribe Kipling. Me encanta Kipling.
Y aquí estoy,
soy parte de ello ahora.
Y lo gracioso es que son muy modestos.
Ni siquiera ven la gloria que hay en esto, ¿verdad?
¿Y tu madre?
¿Qué le pareció que te alistases?
No le gustó.
Fue la primera vez que la vi llorar.
Bueno, eres muy afortunado, hijo.
Nadie ha llorado nunca por mí.
Bueno, deja de mirar la luna o verás fantasmas.
Y ten los ojos bien abiertos, porque no sabemos lo que hay ahí fuera.
Sí, señor.
- Buenas noches. - Buenas noches, Pearson.
¡A sus puestos!
Apuñalado por la espalda.
Los árabes, Michael, ya lo hemos visto antes.
Esos canallas...
Bell, ¡cabo Bell!
- Así... - ¡Yo le buscaré!
¿Dónde están los caballos?
¡No están!
¡A formar!
A partir de Cook, vuelta a la derecha.
El resto, vuelta a la izquierda.
Separados los unos de los otros.
Hay que rodear la mezquita.
Sargento, he encontrado a Bell vivo, o casi.
Por ahí es por donde se han ido los caballos.
Sargento, ¿podemos poner algo encima?
Podría conseguir un par de ramas y...
Traigan la espada de Pearson y pónganla ahí.
Creo que le hubiera gustado eso.
¿Ve algo?
No sé cómo, en nombre de...
Cállate. Ya hemos hablado de eso...
toda la maldita mañana.
- Los caballos ya no están. - ¡Eh!
¿De quién es la culpa?
Sí, nunca debieron ponerle a él a hacer la guardia.
Basta ya. ¡Basta ya!
Oye, ¿qué idioma es ése?
Debe de ser malayo, o posiblemente javanés.
- Ya no me acuerdo. - ¿Estuviste ahí, Topper?
Anduve por ahí un poco.
- ¿Cómo es? - No es como esto, espero.
Hay palmeras. Pero no pasas tanto calor.
Hay mucha agua, flores, montañas, llega la brisa del océano.
Estuve casi todo el tiempo en barco.
¿Qué otra cosa bebías, aparte del agua?
Lo de siempre.
Ginebra por la mañana, whisky con soda por la tarde...
y por la noche champán espumoso servido en un cubo con hielos.
- No sigas, me rompes el corazón. - Cállate.
Sin embargo, no puedo decir mucho de las mujeres.
Pero las chicas...
Todas las mujeres malayas deberían ser envenenadas a los 21 años.
Antes de eso son...
Pero son un poco oscuras, ¿eh, Brown?
Oh, sí, son morenas.
Pero cuanto más tiempo pasas allí, más blancas se vuelven.
O eso parece.
Eso no me importaba, Jock.
Nuca olvidaré la primera vez que las vi.
Entrábamos en un puerto pequeño, al atardecer.
Todas las chicas se acercaron nadando,
tenían flores en sus cabellos largos, cantaban y nos sonreían desde el agua.
¿Piel morena?
A mí me parecía de oro.
Un oro más rico que cualquier metal.
Puedo verlo brillar, incluso ahora, en sus cuerpos mojados...
y nadaron como sirenas hacia el pasamanos y se embarcaron,
sonriéndonos como diablillos descarados.
Vaya, Topper,
tienes alma de poeta.
Ellas sabían que eran hermosas.
¿Qué pasó después?
Los hombres salieron. En sus canoas de guerra.
No les gustó mucho cómo congeniábamos con las chicas,
- demasiado amistosa. - ¿Os peleasteis?
Sí, uno me atravesó con una lanza.
Creo que era su chica la que tenía en brazos...
mientras trataba de levar el ancla.
Sigue, sigue, no nos tengas en vilo.
- ¿Luego qué pasó? - Nada, nos fuimos.
Oye, ¿y las chicas, qué pasó con ellas?
Más tarde, cuando volvimos a pasar por la costa,
se bajaron y nadaron a tierra.
- ¿Y cómo fue? - ¡Calla!
¿No tienes imaginación?
Pero es verdad, Topper, no deberías dejarnos en ascuas.
Quieren los detalles escabrosos, ya sabes, el color.
Lo que os imaginéis será más excitante que lo que pasó en realidad.
¡Brown!
Quiero hablar contigo.
- Adelante. - Preferiría...
En cierto modo, preferiría hablar contigo en privado, pero sería algo cobarde.
Lo diré delante de estos... Lo diré a pesar de...
Oye, ¿a qué viene esto?
Es por tu bien, por ti.
Brown, te suplico que escuches.
Toda tu vida está plagada de borracheras...
alardeando y anhelando, como ahora,
quizá cerca de tu muerte,
¿lo único que se te ocurre es revivirlo en tu mente?
Lárgate, hace mucho calor para oírte.
- Pero, Brown... - Y no grites así.
Brown, eres un caballero, vienes de buena familia.
Debes tener fe.
¿Por qué?
¿Por qué?
En nombre de Dios, hombre, ¿en qué crees?
¿En qué creo?
¿De verdad te interesa?
Bueno, en muchas cosas.
En un buen caballo, en un pastel de carne con riñones,
en un tipo llamado George Brown,
en la estúpida inutilidad de esta guerra,
en tener miedo,
en estar lo bastante borracho para ser valiente...
y ser lo bastante valiente para estar borracho.
En la sensación del mar cuando nadas, en el sabor y la fuerza del vino,
en el encanto de las mujeres, en la gran satisfacción de matar árabes...
En el olor del incienso y del bacon, en el peso de un puño,
en un par de zapatos viejos, en el dolor de muelas, en el éxito...
¡Detente!
De acuerdo.
Estás chiflado, hermano. Cállate la boca. Déjanos en paz.
- Oye, oye... - Oye, espera un momento.
Déjale en paz, Abelson.
No puede evitarlo. Tú eres más ofensivo que él.
- ¿Qué dices? - Que eres ofensivo.
¡Abelson! Abelson, cálmate.
Vamos, no eres más que un peso pesado de segunda categoría.
Si me haces levantarme, te arrepentirás.
- Levántate. - ¡No, no!
- ¡Brown, no! - ¡Espera un momento, ven aquí!
¡Basta!
¡Brown! ¡Abelson!
Pónganse el casco.
Sanders, venga aquí.
Debería estar cuidando al cabo Bell.
Entre.
Quiero hablar con ustedes.
Disculpe por la pelea, sargento. Debe de haber sido el calor.
- Disculpa, Abelson. - Está bien.
¿Qué piensan de nuestra situación?
Bueno, yo creo que nuestra posición es muy dudosa.
- ¿Y usted qué piensa? - Bueno, le diré lo que sé.
Nada.
No sé dónde estamos y no sé a dónde iremos.
Ni siquiera sé dónde está la brigada.
Es mi culpa. Es mía.
Os dije que traía mala suerte. Siempre lo hago.
Mala suerte, si tú lo dices.
Nos han robado los caballos. Esos árabes...
¿Qué opina, McKay? ¿Cuántos son?
Bueno, examinamos las huellas de los caballos. No son muchos.
- Eso es lo que yo pienso. - ¿Por qué, sargento?
Bueno, si fueran muchos...
ya nos habrían atacado y asesinado.
- Sí. - Es verdad.
¿Y si nos vamos a algún lado a pie, sargento?
Con nuestros rifles, esta noche.
¿Y dejar al cabo aquí solo?
¿Cómo lo llevarías sin caballos?
¿Cómo llevarías agua para tanto camino?
Debemos quedarnos aquí y esperar a que nos rescaten.
Tenemos agua y dátiles.
Pero primero tenemos que ver.
En el desierto parece verse todo, pero no es así,
no se ve casi nada.
Tenemos que ver a kilómetros de distancia.
Sargento, ¿y si me subo a la cima de la palmera y echo un vistazo?
Desde ahí podría ver hasta Bloomsbury.
- Eso es. - Vamos, Hale, te ayudaré.
Bueno, allá vamos.
¡Eso es, muchacho!
¡Vamos, ánimo!
Está subiendo.
- ¿Ves algo? - No veo lo que busco,
el sombrero rojo de Molly en el muelle.
¿Estás seguro de que es el sombrero rojo lo que buscas?
Si está con una amiga, dímelo, ¿quieres?
Como a un kilómetro. Veo algo.
Se mueve.
Parece el reflejo del sol en el cañón de un rifle.
- ¿Dónde? - Ahí, detrás de esa duna.
Ahí en la sombra.
¡Cuidado!
En la misma cabeza.
Escuchen, señores.
Hay una tira de papel para cada uno, excepto para Sanders.
Lo he dejado fuera de esto.
¿Están de acuerdo?
Una de ellas es más larga que las otras.
Al que le toque, escoge un compañero y se va al río esta noche.
Es nuestra única oportunidad. Tenemos que conseguir ayuda.
¿Alguien se opone a hacerlo así?
¿No? De acuerdo.
Allá vamos.
No lo desenrollen todavía. Yo cogeré el último.
Abelson.
Morelli.
Desenróllenlos.
- Ahora depende de usted, Cook. - Sí.
Releve a Morelli.
Vamos, escoja un compañero.
- Quién sino yo. - No, Michael, llegas tarde,
si Matlow va, yo voy con él.
- Necesitará un buen soldado. - ¿Qué has dicho de soldados?
- Bueno, en mis 25 años de servicio... - ¿Y qué hay de mis 27 años?
Tres de ellos en la prisión militar.
¿La prisión militar? ¿Habéis oído eso? La prisión...
Entérate, eso es mentira.
Ya basta. Brown, tire una moneda, usted decide.
¿Alguien tiene una moneda?
Bueno.
Pinto pinto, gorgorito, adónde vas tan chiquitito,
a la guerra de mi abuela, pim, pam, fuera.
Bueno, ya está arreglado. McKay, usted va con Cook.
Será mejor que se lleven sus cosas, y todo el agua excepto dos botellas.
Saldrán esta noche, cuando se ponga la luna.
A propósito,
podrían no...
Existe la posibilidad de que no vuelvan a tiempo.
Lo que quiero decir es...
que si alguno de ustedes quiere escribir unas líneas,
no tengo ninguna objeción con que McKay se las lleve.
Recuerde, Jock,
- siga hacia el norte todo el tiempo. - De acuerdo.
Diríjanse al río y encontrarán a la brigada.
Las cartas. Morelli, Quincannon, Sanders...
Y la mía.
No lo sabía, Sargento. Es un hombre a envidiar.
- Gracias. - Bueno, Matlow, allá vamos.
Adiós, sargento.
Haremos que vengan a buscarles.
Haremos que les busquen.
- Adiós, viejo explorador. - Adiós.
Y tómate un par de cervezas al llegar.
Hasta la vista, Jock.
No sudes en el camino.
Buena suerte, Jock.
- Nos vemos. - Adiós.
- ¿Cómo se encuentra, Abelson? - Estoy bien.
Es por este espantoso calor,
sudo más ahora que cuando el sol estaba en lo alto.
¿Quiere que le sustituya?
No le estoy pidiendo favores. Cumpliré con mi parte.
Pronto le sustituirán.
No se quite el casco, hijo.
- ¿Qué pasa? - Es Abelson. Mire.
Por encima de Abelson. ¿Ve eso que se mueve?
A 150 metros. Fuego indiscriminado y sigan disparando.
Se mueve.
¡Morelli! Vuelva, ¿está loco?
¡Vuelva!
Morelli, vuelva.
Cúbranle. Fuego rápido.
¡No vaya! ¡No vaya!
Sargento. ¡Sargento! ¡El cabo Bell!
Oh, Padre.
Padre misericordioso.
¡Sargento!
- ¿Qué pasa? - Algo se mueve por ahí.
Justo detrás de esa duna.
¡A sus puestos!
¡Caballos!
Preparados.
Fuego.
¡Alto! No son árabes.
Son nuestros caballos.
Son McKay y Cook.
Mirad sus caras.
¡Jock! ¡Matlow!
Rápido, ayúdennos, tenemos que llevárnoslos de aquí.
Esos sucios canallas... Uno de los vuestros pagará por esto.
Por la Santa Cruz, por la sangre de la madre que me parió,
¡me las vais a pagar! ¡Os atraparé...!
- ¡Quincannon! ¡Vuelva! - ¡Vuelva, estúpido!
- ¡Vuelva, Quincannon! - ¡Bastardos!
Morelli.
Morelli.
¿Viste sus caras?
¿Las de McKay y Cook?
Sus ojos y sus bocas...
llenas de...
¿Alguna vez lo olvidarás?
Cállate, ¿quieres? ¡Estoy intentando olvidarlo, maldición!
Estaba soñando, pensando que estaba en Inglaterra.
Y me has despertado.
Eso es lo que nos pasará a todos.
Quizá yo sea el próximo.
Quizá lo seas tú.
¿Por qué no te preparas?
¿Por qué no te pones en paz con Dios?
Porque no lo necesito. Estoy bien.
No me avergüenzo de nada. Sólo ha habido una en mi vida.
Cállate y déjame dormir, ¿quieres?
Ahora, él ya no está.
Primero fue el teniente,
luego Pearson...
Cállate, ¿quieres? ¿Para qué hablar de eso?
Luego fue Hale,
Abelson,
Bell,
McKay, Cook,
Quincannon...
y ahora él.
Me dijo adiós.
Y luego desapareció.
¿De qué estás hablando?
Tú no morirás como ellos.
Ellos no estaban preparados.
Te salvaré, Morelli.
Ahora sé cuál es mi misión. Haré de ti un creyente.
Escucha, Sanders, ¡voy a enviarte al Paraíso!
Voy a hacerlo. Si no te callas, salpicaré la pared con tus sesos.
- ¡Ahora lárgate y cállate! - Calma, calma.
Cuidado con ese rifle, Morelli.
- ¿Qué pasa? - Está loco, sargento.
Debería estar atado.
Si no le mantiene lejos de mí, le mataré.
Tranquilo, Morelli.
Sanders.
¡Sanders! Vaya a despertar a Brown.
Ya es hora de que me releve.
Se ha ido.
¿Se ha ido?
- ¿Quién? - Brown.
Salió por esa puerta.
Dijo que usted lo entendería.
¿Qué?
Escribió una cosa en mi biblia...
para usted.
Un desertor, ¿eh?
Ese cerdo insubordinado...
Un desertor.
Ha huido como una rata, cuando más lo necesitábamos.
¿Por qué no me lo dijo?
Usted también es responsable, ¿se da cuenta?
Coja su rifle y salga de aquí.
Ocupará su lugar.
Sí.
Sí, eso es.
Eso es, sargento. Sí.
"Lo siento, sargento,
"pero Quincannon tenía razón. El mató a un árabe por lo de Jock,
"yo mataré uno por lo de Matlow.
"Daré un rodeo para sorprenderlos por detrás.
"Hay mucha luz esta noche, será una buena cacería.
"Suyo con pesar, George Brown.
"Posdata.
"No es un gran nombre,
"pero es el mejor que se me ocurrió cuando me alisté."
- ¿Tiene cigarrillos? - ¿Cuántos tiene usted?
Seis. ¿Cuántos tiene usted?
Cuatro.
No son suficientes, ¿verdad, sargento?
Tome uno de los míos.
Sargento, ¿conoce la historia de Jonás?
Sí.
Si tan sólo algo se moviera por ahí...
- Hablando de Jonás. ¿Está escuchando? - Sí.
Bueno, yo soy así.
Aproveché mi oportunidad antes de la guerra.
Éramos los mejores bailarines que haya visto, sargento.
Morel y Moree, bailarines acrobáticos.
Morel era yo. Moree era Jessie.
Era una buena chica, sargento. Y bailaba...
También era muy atractiva.
No estábamos casados,
pero si alguien ha tenido una gran mujer, ése soy yo, con Jessie.
Éramos felices.
Bueno,
ganábamos bastante dinero.
Nos iba tan bien que pensamos añadir un acto nuevo.
Así que incluimos un número en la cuerda floja para Jessie.
Para llamar la atención, ¿sabe?
Iba perfecto.
La noche de la presentación les encantó.
Dimos la vuelta al escenario.
La noche siguiente, el alambre se rompió.
Bajaron la cortina y me encontraron llorando como un bebé.
Y Jessie tirada ahí, blanca como la leche,
mordiéndose los labios del dolor, tratando de sonreír...
para consolarme. ¡Consolarme!
No murió...
porque traigo mala suerte.
Creo que no sabe a lo que me refiero, sargento.
Creo que nadie lo sabe.
Usted no tiene problemas con las mujeres.
Nunca le he visto mirar a ninguna.
Nunca ha estado casado, ¿verdad, sargento?
- Sí. - ¿Sí?
Qué raro, nunca le he oído hablar de ello.
Ella murió.
Al principio eso me hizo odiar al niño.
- Vaya... - Sí.
Le culpaba a él.
No le quería a él. La quería a ella.
- Pero con el tiempo te empiezan a gustar. - Supongo que sí.
Yo nunca lo sabré.
Muy pronto, en lo único en lo que pensaba era en el niño.
Quería que tuviera todo lo que a mí me faltó.
Trabajé duro para ser ascendido.
Me pagaban más. Ahorraba cada centavo.
Vaya, tenía todo calculado.
Lo mandé a una buena escuela.
Es un gran muchacho, Morelli.
Debería verlo.
Por él es por lo que he estado luchando.
¿Qué le pasará ahora, sin mí?
Olvídelo.
- Si al menos se moviera algo... - No se preocupe.
- ¿Usted ha tenido alguna ambición? - Sí.
Jessie y yo siempre quisimos actuar en el Coliseo.
Yo he sido muy ambicioso, pero nunca tanto como lo soy ahora.
Canallas,
escondiéndose ahí fuera...
Los cogeré. Los cogeré, Morelli, se lo aseguro.
- Y luego moriré. - Tranquilo, sargento, no diga eso.
¡Nos ha visto, sargento!
¡Nos ha visto!
¡Sanders, Sanders, mire! ¿Lo ve?
¡Mire!
¿Ve eso, Sanders? Estamos a salvo ahora.
Estamos a salvo ahora.
- Está aterrizando, sargento. - Morelli, Morelli, estamos locos.
Hola.
No debe hacer eso, si cruza por ahí...
- ¡Vuelva! ¡Vuelva! - No me había dado cuenta, sargento.
¡Váyase!
- ¡No lo haga! ¡Vuelva! - ¡Váyase!
- ¡No lo haga! - ¡Dé la vuelta!
- ¡Vamos! - No lo haga.
- ¡Váyase! - ¡Oiga!
Digo...
Digo que deberían...
¡Ha sido usted! ¡Le ha matado!
¡Vino como respuesta a mis oraciones, por mí,
y usted le ha matado, asesino!
Átelo, Morelli, átelo antes de que le mate.
Mírelo, se burla de nosotros.
¿De qué nos sirve?
Preferiría que no estuviese ahí.
- ¿Se ha subido a alguno, sargento? - No.
Tenemos que hacer algo. Ya no aguanto más.
- Vamos a intentarlo. - Buena idea.
- ¿Sabe cómo encenderlo? - No.
No sé distinguir una palanca de otra.
Yo sólo sé de caballos.
- Sargento. - Sí.
Estaba pensando...
Si nos hubiéramos apresurado al llegar...
¿De qué sirve darle vueltas a eso?
Tiene razón, sargento.
¡Sí, sé lo que está pensando!
Que quizá lo haya hecho todo mal y me haya equivocado.
¡Pero lo que hice, está hecho! ¡Y lo que no, pues no!
Lo siento, Morelli, no debería perder los estribos así.
- Me estoy poniendo nervioso. - Está bien, sargento.
- Olvídelo, es culpa mía. - No, es mía...
Yo... bueno, he explotado así porque...
Yo era el que tenía que pensar por todos.
Y hacer frente a todo lo que se presentase.
Mi cabeza se retorcía, pensando...
- Ha hecho un buen trabajo. - Gracias.
Pero lo que más me molesta...
es ser vencido por esos malditos árabes.
¿Qué les va a ellos en esta guerra? Podrían ser amistosos.
Algunos lo son, otros no.
- Nos matarán. - Sí, pero también nosotros a ellos.
Eso es lo único que quiero ahora. Es la única idea que tengo aquí dentro.
Verá, estoy pensando, Morelli.
Es lo único que he estado haciendo,
día y noche.
Pensando, pensando...
Tengo una idea.
Vamos a salir ahí, los dos.
¿A intentar arrancarlo?
No diga locuras, he dicho una idea.
Voy a dejar esto aquí.
- Quédese aquí y cúbrame. - Espere, sargento,
- iré con usted. - Usted quédese aquí.
No, sargento.
Debo decirle que me da miedo quedarme solo,
ser el último, no tener con quién hablar.
Me volvería loco, como él. No podría soportarlo.
De acuerdo.
Deje eso aquí. Venga.
- ¿Dejarlo aquí? - Sí, eso he dicho.
Vamos.
¡Alto!
Sargento Clegg.
¿Qué cree que pueda ser eso?
Fuego o algo así, señor.
¿A qué distancia estará?
A cinco o seis horas, señor.
¡Adelante!
¡Sargento! ¡Sargento!
¡Creo que he visto algo moviéndose a lo lejos!
Podría ser, ¿no?
Me estoy poniendo nervioso.
No, no es eso. Tengo miedo. Miedo de estar solo.
¡Miedo de ser el último hombre, necesito hablar con alguien!
Bueno, ahora estamos solos.
Él se ha ido.
- ¿Sanders? - Sí.
¡Morelli, mire!
¡Sanders, vuelve! ¡Sanders!
¡Morelli!
¡Sanders, no saques la cabeza de ahí!
Sanders, ¿qué te pasa?
¡Morelli, vuelva! ¡Déjele ir!
¡Deja de caminar!
¡Vamos, canallas! ¡Ahora venid por mí!
¡Ahora venid por mí! ¡Vamos! ¡Vamos!
¡Vamos, canallas!
¡Vamos! ¡Vamos!
¡Quincannon, los he matado! ¡Quincannon, Brown!
¡Ahí están! ¡Los he matado!
¡Morelli, Pearson! ¡Pearson, Morelli!
¡McKay, mire! ¡Mírelos! Los...
¡Alto!
Hemos estado buscándole, sargento. ¿Dónde están sus hombres?
Vamos, hable. ¿Dónde está su sección?
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