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Canadá, tierra de montañas majestuosas y lagos helados.
Una tierra rica en historia, tradición y aventuras.
Hace 80 años se descubrió oro en la Columbia Británica.
Eso atrajo a personas de cualquier parte de los EE.UU. y Canadá.
Al llegar, encontraron una tierra de altos bosques,
impetuosos torrentes y caminos tortuosos
a lo largo de río Fraser.
Era la única ruta de entrada al país del oro.
La fiebre del oro de Caribú, como todas las demás fiebres del oro,
pasó a la historia.
Pero en los restos de las minas abandonadas, en el centro
de la Columbia Británica se levanta ahora un gran imperio ganadero.
Ahí es donde están hoy los grandes ranchos de Caribú y de Chilcotin.
Esta es la historia de un hombre
que soñaba con ser ranchero.
Un hombre que ayudó a levantar una nación.
Su nombre era Jim Redfern.
Extendió las rutas de Caribú hasta las tierras de Chilcotin.
LA RUTA DEL CARIBÚ
Como uno de estos estúpidos animales se caiga
se quedará ahí para siempre.
Siempre dices lo mismo pero les ayudas a subir.
No lo haré más, ya nos hemos retrasado bastante
por culpa de este maldito ganado.
Tu problema, Mike, es que padeces la fiebre del oro,
y no puedes ver nada más.
Lo mismo les ocurre a todos los que han venido aquí.
Tampoco te importaría encontrar oro, ¿verdad?
Para eso te he acompañado.
¿Entonces por qué tenemos que llevar este ganado?
El oro y el ganado no combinan.
En mi opinión sí que combinan. Ya te dije en Montana
que vendría a buscar oro, pero también te dije que traería el ganado conmigo.
Para mí el oro es un medio para conseguir un fin, Mike.
Me gustaría tener un gran rancho como el que soñábamos en Montana...
Eh, mirad ahí arriba.
Me gustaría contar su rebaño al cruzar.
- ¿Por qué? - ¿No lo ve?
- Este es un puente de peaje. - ¿Cuál es la tarifa?
50 centavos por cabeza. 1 dólar por usted y su amigo
y dos dólares por el carromato.
- ¿Quién de ustedes es Walsh? - Ninguno, trabajamos para él.
No hay agua suficiente para todo el ganado en ese arroyo.
Podemos cruzarlo sin tener que usar esto que usted llama puente.
- Yo en su lugar no lo intentaría. - Es un ultimátum.
- O pagan o no pasarán. - Bueno, amigo, si lo pone así. Mike.
¿Problemas, jefe?
Como siempre desde que salimos de Montana.
- Cuatro contra dos, son muchos. - Cuatro contra tres.
Veamos, 36 cabezas son 18 dólares, más dos de nosotros y dos por la carreta.
- No voy a pagar tanto. - Así se habla. ¡Vamos!
Espera, no dispares. Tengo una idea mejor, ¡vamos!
Mirad cómo ha quedado el puente.
Venid, arreglaremos esto.
Tú, quédate aquí.
Un país muy amistoso. Son muy hospitalarios.
También hay personas así en Montana.
- Has disfrutado con esto, ¿verdad? - Tú también.
Has vuelto a ser el viejo Redfern. Sería fácil buscar oro si no tuviéramos
- que llevar a estas 36 vacas. - 35. Hemos perdido una.
- ¡Me alegro! - No digas eso.
Si el rebaño no nos hubiera tapado en el puente no estaríamos aquí.
Ya empezamos. ¡Si no fuera por el rebaño!
¿Vacas en la senda del Caribú?
Esto es algo muy extraño.
- Hola, amigos. - Hola.
- ¿Van al norte? - ¿Podemos ir en otra dirección?
No, si lo que buscan es oro.
Esta es la senda del Caribú. Muchos corazones destrozados...
y hombres muertos como árboles.
- ¿De dónde vienen? - De Montana.
Yo tenía un hermano allí, ranchero como ustedes.
Yo podría haber sido ranchero si no hubiera tenido la fiebre del oro.
He estado en todos lados: California, Virginia City, Alder Gulch...
- ¿Y ha encontrado ya oro? - Oh, claro.
La última vez casi me hice rico.
Bueno, no muy rico, pero encontré oro.
Quizá la próxima vez lo consiga.
Vamos, Hannibal.
- Hola, Confucio. - ¡Me llamo Ling!
¡Y yo Grizzly! No es mi verdadero nombre,
pero todos me llaman así desde que me enfrenté a un oso una vez.
Tengo que ser como uno, o no estaría ahora aquí.
He oído unos disparos hace un momento. ¿Problemas?
- Nada importante. - Imagino que ha sido en el puente.
No me extraña que no quieran pagar.
Es una injusticia que un hombre pueda exigir dinero por cruzar un arroyo pequeño.
Ese pescante parece cómodo. ¿Les importa que suba ahí un rato?
Mis pies hace tiempo que me están matando.
Sujéteme a Hannibal, por favor.
¿A qué estamos esperando? Vamos.
El estofado está casi listo.
Le falta un poco más de sabor.
Más sal, Confucio.
- ¡Me llamo Ling! - Sí, ya me lo has dicho.
Es un nombre común en China, ¿verdad?
No lo sé, yo nací en San Francisco.
¿Nunca ha ido a China? Un gran país, China.
Yo pasé algún tiempo allí. Sí, el Maharajá de Hong Kong...
me ofreció darme tantos rubíes como pudiera llevarme
por la receta de mi estofado. Pero no acepté.
¿Maharajá... en Hong Kong?
Aquí tienes, ahora podrás decir que has probado lo mejor de lo mejor.
Esto es para ti, amigo.
No está maI, de hecho está muy bueno.
¿Bueno? Donde yo me crié, esto se reserva para las grandes ocasiones.
¿Qué ha pasado?
Con esos hombres nunca se está seguro cerca del ganado.
- Mike... - Mi brazo...
Enciende fuego y calienta agua.
¿Estás herido? Lo siento mucho, jefe.
¡No, Jim! ¡No!
Vamos a descansar un rato.
¿Cómo te sientes, Mike?
Espero que estés satisfecho.
Te llevaremos al médico, encontraremos uno pronto.
Déjame en paz. No te acerques a mí.
No quiero volver a verte en mi vida.
Eh, ¿habéis oído?
¡Es una diligencia!
¿Qué ocurre?
Tenemos un herido, tiene que verle un médico en seguida.
No encontrará ninguno hasta Carson Creek.
Está a unas 15 millas de aquí.
- ¿Dos o tres horas más? - ¿No pueden ir más deprisa?
No, no tenemos caballos.
Suban, les llevaremos encantados.
- Gracias. Grizzly, Ling. - Os seguiré detrás con Hannibal.
La diligencia no ha parado en el hotel.
¿Ve a ese chino? Estaba con los vaqueros de anoche.
Se ha parado en la casa del Dr. Rhodes.
Ve a ver qué pasa.
Cuidado.
- ¿Todo bien, sigue vivo? - Sí, pero lleva inconsciente
las últimas dos horas.
¿Qué le ocurre a su amigo?
Tú estabas en el puente de peaje.
Así es, y si yo fuera usted, no me quedaría por aquí.
Al Sr. Walsh no le ha gustado que rompieran su puente.
- Gracias. - No hay de qué.
Ling, quédate cerca de Mike. Volveré dentro de un rato.
Me quedaré. ¿Crees que se pondrá bien?
Tendremos que esperar para saberlo. Pero...
supongo que sí.
Whisky.
- De los EE.UU., ¿verdad? - ¿No es bueno?
Sí que lo es.
Hola, Francie.
¿Qué tal?
Disculpe, me presentaré. Me llamo Walsh.
He oído decir que han traído a un herido. ¿Qué le ha pasado?
- ¿No lo sabe usted? - ¿Cómo voy a saberIo?
Pensé que se lo habría dicho alguien, quizá el hombre con el que hablaba.
¿El hombre de ahí fuera? ¿Se refiere a Murphy? ¿Cómo iba a saberlo?
Trabajaba para usted, ¿verdad?
Bueno, cuida del puente...
¿Fue su ganado el que cruzó el puente ayer?
- ¿Ganado en el Caribú? - Sí.
Sí, el primero que llega aquí. Y será bienvenido.
Hace tiempo que no comemos carne de vaca por aquí.
Dígame, ¿me vendería el ganado?
¿Todo el rebaño?
No puedo, ya no lo tengo.
El rebaño sufrió una estampida anoche.
¿Una estampida?
Vaya, eso es una lástima.
A propósito...
- Me debe la rotura de ese puente. - Envíeme la factura.
Por tu actitud cualquiera pensaría que yo sé quién lo hizo.
- ¿Bueno? - ¿Bueno qué?
- ¿Y no es así? - ¿Cómo podría?
Sabes que anoche pasé toda la velada en este lugar.
Claro, Frank, ¿pero y los hombres que trabajan para ti?
¿Pasaron todos la noche aquí también?
Basta, Francie, no voy a pelearme contigo.
Dijiste que querías tiempo para pensar en mí...
Ya has tenido suficiente.
No lo suficiente.
No soy un hombre con el que se pueda jugar.
- Generalmente consigo lo que quiero. - Sí, ya lo sé.
Además, he invertido mucho en ti. Este local es el único de su clase
en la ciudad. No he dejado abrir ninguno más.
Y ni siquiera he intentado abrir uno yo.
Escucha, Frank, eres el amo de la ciudad y casi todo lo de aquí te pertenece.
¡Pero yo construí este local con mi dinero!
Espera, Francie, he dicho que no pensaba pelear contigo.
Pero no soy un hombre muy paciente.
- ¿Cómo ocurrió, indios? - No estoy seguro.
Esto no es raro en este país,
pero normalmente se trata de un buscador de oro.
Y llaman al enterrador, no al médico.
- ¿Puede quedarse Mike? - Claro. No podemos moverlo.
¿Ha sido enfermero?
- Lo intentaré. - Bien, necesitaré su ayuda.
- Pase por la mañana. - Gracias, doctor. Vendré temprano.
Venga conmigo.
- Jim. - Grizzly, has llegado pronto.
Hannibal se mueve deprisa cuando quiere.
Esta vez ha querido. ¿Cómo está Mike?
Es pronto para saberIo.
Podríamos comer algo mientras esperamos.
Mi estómago se mueve como un lagarto.
No había pensado en comer, pero tienes razón.
No hemos comido desde anoche.
Por las sillas nos darán algún dinero.
- ¿Dónde vamos a comer? - En el Gold Palace dan buena comida.
Compañía minera Walsh.
Walsh Compañía Mercantil.
Tienda Walsh.
Pensaba que esta ciudad se llamaba Carson Creek.
Debería llamarse Walsh City, ¿verdad?
Yo estuve aquí hace algún tiempo y Walsh ni siquiera había llegado.
Ahora se ha apoderado de todo.
Déjame una.
- Quiero vender una silla sin caballo. - Dos sillas sin dos caballos.
- ¿Han probado en el establo? - No.
¿No han pensado queallí podrían venderlas mejor?
Es posible, pero no me gusta el nombre del establecimiento.
¿Walsh? ¿Qué tiene contra él?
He visto su nombre en toda la ciudad.
- Pero no lo he visto aquí. - Ni lo verá jamás.
- Aunque he tenido ofertas. - No me sorprende.
Supongo que podré venderlas fácilmente.
¿Cuánto quiere por ellas?
- Eso decídalo usted. - Jim, hoy nos hemos saltado todo.
- El desayuno y la comida. - Ya lo sé.
Eso lo arreglamos en seguida. Al, dos bisté Caribú.
Le doy 20 dólares por cada una. No, digamos 25.
Acaba de comprar usted dos sillas.
Las sillas no han dado para mucho.
Un par de mantas, algunos cacharros, un hacha, huevos...
Walsh tiene una mina en Carson Creek, cobra lo que quiere.
Si alguna vez encuentro una buena veta, me compraré
una tienda aquí para acabar con el negocio del Sr. Walsh.
Puede que él acabara contigo disparándote por la espalda.
¿Crees que fue él el que provocó la estampida?
Después de lo que he visto en la ciudad
empiezo a creer que está detrás de todo lo que ocurre por aquí.
- ¡Da la cara o empiezo a disparar! - No dispare, soy yo, Ling.
No vuelvas a merodear así cerca de un campamento.
En el país del oro, los hombres primero disparan y luego entierran sus errores.
¿Qué ocurre? ¿Mike no...?
No, el doctor no me necesita esta noche.
Ha dicho que una mujer es mejor ayudante que Ling.
Las mujeres son amables.
- ¿Cómo está Mike? - Dormido. ¿Y esas mantas?
De la ciudad. Nos han costado caras. Las sillas.
- ¿Has vendido las sillas? - No había solución.
Tenemos mala suerte. He de buscar algún empleo rápido.
¿Un empleo? ¿Con todo ese oro en las montañas esperándonos?
Para buscar oro hace falta dinero. Necesitamos equipo, comida...
- Con cien dólares es suficiente. - ¿Tienes cien dólares?
Bueno, ya que lo preguntas, no, ni siquiera cien centavos.
Quizá puedan hacernos un préstamo.
- ¿Quién, Walsh? - Yo tengo 100 dólares.
¿Tú, Ling? Pero si hace varios meses que no te pagamos.
Llevo mucho tiempo ahorrando.
Tengo 300 dólares.
Cógelos.
¿300 dólares?
Habrás tardado años en ahorrar tanto dinero.
¿Y eso qué importa?
Paga al doctor...
después ve a buscar oro ¡y hazte rico!
Bien, Ling. Acepto. Mañana pagaré al doctor y nos marcharemos,
pero seremos socios, a partes iguales.
Una parte para ti, una para mí
- y una para Mike. - Desde luego, socio.
Eh, ¿y qué hay de mí? ¿Sabréis reconocer el oro cuando lo veáis?
¿Sabéis cómo lavar la arena?
¿Creéis que las pepitas saltan a las manos gritando
"Eh, soy de oro"?
No, amigos, tomadlo con calma.
Lo que quería decir, Grizzly, es que haremos cuatro partes.
¡Así se habla... socio!
¡Vete de aquí!
Mike, por favor. Tienes que escucharme.
¡No quiero volver a verte en mi vida!
Voy a buscar oro, Mike. Lo encontraré, estoy seguro.
Compraré el mejor rebaño de todo Canadá.
Tendremos el rancho que soñábamos.
Tú y tu maldito ganado. Yo quería venderlo en Montana.
Pero tú no estabas dispuesto.
Tenías que traerlo aquí.
- No lo olvidaré mientras viva. - Mike, no sabes lo que dices...
¡Apártate de mí! ¡Vete de aquí!
Sr. Redfern, por favor. Está enfermo.
Lo siento, pero no debe excitarse de ese modo.
Lo sé, pero voy a marcharme una temporada y...
no quería irme sin hablar con él.
Ahora sufre un trauma, pero lo superará pronto.
Jim, Feller está vendiendo carne de vaca.
- ¿Dónde? - En el Gold Palace.
No me han visto, y cuando he visto la carne de vaca... ¡Espera!
R. y E. ¡Redfern y Evans!
¿De dónde ha sacado esta carne?
¿Acaso le pregunto yo de dónde saca el whisky?
Un dólar por libra es una ganga.
O me la compra o abro una tienda y la vendo yo mismo.
La gente de por aquí lleva tiempo sin comer carne fresca.
¿De dónde ha sacado esa carne?
¿Y a usted qué le importa?
Hace dos noches me robaron 35 cabezas de ganado. Y esto es...
No hay 35 cabezas de ganado en todo Caribú.
Quizá ahora no, pero las había hace dos días y usted las vio.
¿Me está acusando de robar su ganado?
¡Sí!
Le aconsejo que no haga eso, señor.
Gracias, Grizzly.
Mire, llevan mi marca, R y E.
¿Y qué? Me encontré una vaca herida y la maté. ¿Qué habría hecho usted?
Mientes, esta carne es de tres animales diferentes.
¿Tres? Está loco. Se lo demostraré.
- Es Bill Miller. - Uno de sus hombres, Walsh.
No. Trabajaba para mí, pero le despedí.
Estaba contigo en el puente.
Sí, estaba pero llegó por casualidad.
Y también nos disparó por casualidad, ¿verdad?
Miller nunca fue demasiado obediente.
- ¿"R y E" es su marca? - Sí.
¿Seguro que usted no sabe nada acerca de esta carne?
Claro que no. Le he dicho que ya no trabajaba para mí.
De hecho tuve que despedirle porque... siempre causaba problemas.
En Carson Creek somos pacíficos.
Se ha llevado lo que se merecía, era una amenaza para la comunidad.
- Francie, siento lo que ha pasado. - No te preocupes.
Me quedaré con la carne. Te la pagaré.
Está bien, dale el dinero al Dr. Rhodes.
No sé cuánto tiempo estaré fuera y Mike... ya comprendes.
Vamos, Hannibal.
Tenemos que mover bien la arena, Confucio.
Tienes que removerla con fuerza y luego mirarla.
Enséñale cómo se hace, Grizzly.
Enséñale cómo se hace.
Qué hombre más lento.
En la frontera del norte yo solía lavar tanta arena como tres hombres juntos.
Eh, mira esto. Es... No. Es solo una piedra.
Esta condenada agua está demasiado fría.
Noto cómo empieza a atacarme el reuma.
Si no, estaría lavando arena sin parar.
Bueno, iremos un poco más hacia el oeste.
- ¿Crees que será mejor allí? - Tenemos que intentarlo. Vamos.
Solo es polvo.
Pero es oro, es el primero que encontramos.
Con eso solo sacaríamos unos 50 centavos al día.
No pensarás en ir más lejos, ¿verdad?
Quiero ver lo que hay al otro lado de esas montañas.
Nada, Jim. Debes aceptar mi palabra.
- Nada de nada. - ¿Has estado allí?
Aún conservo la cabeza, ¿no? Estoy vivo.
Escucha, al otro lado hay indios.
Es un país sin explorar. Y hay muchos indios. Ni lo pienses.
Ya que estamos aquí, avanzaremos un poco más.
Padeces la peor fiebre del oro que he visto. Está bien.
Avanzaremos un poco más. Vamos, Ling.
Adelante.
Tienes visita, Mike.
Si es esa Srta. Harrison, no quiero verla.
Hola, Mike. ¿Cómo te encuentras?
Tan bien como nunca.
- ¿Le pidió Redfern que viniera? - No.
¿Entonces por qué viene? Ya ha estado aquí 3 o 4 veces.
Pronto estarás bien. ¿Tienes algún plan?
Claro, compraré un plato de hojalata y mendigaré.
No digas tonterías. Vendrás conmigo. Necesito un buen hombre.
- Un hombre bueno tiene dos manos. - Basta, Mike.
Si trabajas para mí, ganarás un sueldo.
Te conozco, Francie Harrison. Tienes un buen negocio aquí.
Y te crees muy buena al visitar a un pobre enfermo, un lisiado.
Está bien. Si eso es lo que piensas...
Eres un tonto, Mike.
Tengo el Caribú en la palma de la mano.
Nada se mueve aquí sin mi permiso.
Te he ayudado. Tienes un buen negocio, pero eso va a cambiar.
- ¿Me estás amenazando? - ¡Eso es!
¿Por qué no miras por dónde vas, maldito... maldito...?
¿Iba a llamarme lisiado?
¡Me has golpeado a propósito!
Tiene la cara roja, Sr. Walsh, ¿le ha pegado Francie?
No le hables en ese tono.
¡El hombre que protege al rey del Caribú!
El que solo tengas una mano no es excusa para...
¡Solo tengo una mano, pero es muy buena!
Y solo tengo un revólver, lo mismo que tú.
Adelante, desenfunda.
¡Me has cogido por sorpresa!
¿Lo intentamos de nuevo? No habrá diferencia,
excepto que tú morirás.
Muy bien, estamos iguales. ¡Desenfunda!
- No, Mike, por favor. - ¡Apártate, Francie, apártate!
Pásate por mi oficina, quiero hablar contigo.
- Mike, no hables con Walsh. - ¿Y por qué no?
Un hombre manco come lo mismo que cualquiera.
Y Walsh paga bien a sus hombres.
- Grizzly, voy a subir a esas rocas. - ¿Te refieres a esas?
Hannibal, quédate aquí.
Así que esto es Chilcotin.
Mira ese pasto.
Y el agua.
El paraíso del ganadero.
Vamos, Grizzly.
Podemos probar en este lugar.
Sí, es tan bueno como cualquier otro.
¡Indios!
¡Me rindo!
¡No te acerques a mí! ¿Hablas mi idioma?
¿Alguno habla inglés? ¡Qué mala suerte!
Panda de inútiles, estúpidos salvajes, no me asustan.
- Calma, Grizzly. - No tengo miedo de ningún indio.
- ¡Banda de inútiles salvajes! - No salvajes, Pies Negros.
- ¡Este habla inglés! - Hombre blanco venir a tierra india
indios matar a hombre blanco.
Espera un momento, socio, hablemos con tranquilidad.
Puede que hayamos cometido un pequeño error.
Indios matar a hombre blanco, así hombre blanco no venir.
Bien, jefe, tienes razón, no vamos a negarlo.
Esta es tu tierra. Nos marchamos y no volveremos.
Será mejor que pensemos algo pronto, Jim.
Están en asamblea, nos matarán en cuanto terminen.
Lo sé, al menos mataré a uno.
Dos.
Te dije que el Chilcotin era territorio indio.
Por mí pueden quedárselo. Aquí hay peligro por todas partes.
¡Mira, es Hannibal! Los ha seguido hasta aquí. ¡Hannibal!
Hannibal, me alegro de verte.
¡Ven, encanto!
¡Calma, Hannibal! No lo provoques o disparará contra ti.
¡He tenido una idea!
Quizá sea duro para el pobre Hannibal, pero tal vez él pueda salvarnos.
Conoce algunos trucos. Da coces cuando yo quiero.
- ¿Siempre que quieres? - Sí, siempre que quiero.
Hay que esperar una oportunidad. ¿Comprendes, Ling?
- Hay que correr deprisa. - Lo haré. Correré como el diablo.
No me cogerán.
Un momento, socio, no hay necesidad de apresurarse.
- Tú matar indio, tú morir. - ¡Vamos, Hannibal!
¡Corre, Grizzly, corre!
¡Oro!
- ¿Qué quieres? - Trabajar.
Lo siento, creo que te has equivocado de puerta.
Tengo hambre, necesito trabajo.
- ¡Lárgate! - Un momento.
Tú eres el cocinero de Jim Redfern, ¿verdad?
Sí, señorita. Me llamo Ling.
Trabajé mucho tiempo para el jefe Jim Redfern y para Mike.
¿Ha vuelto eI Sr. Redfern a la ciudad?
No lo sé. Los indios cogieron a Jim.
Me cogieron a mí, cogieron a Grizzly.
Grizzly y yo escapamos.
Jim quizá escapó o quizá haya muerto.
- ¡Muerto! - ¿Tiene trabajo?
¿Necesita un buen cocinero? Yo soy cocinero.
Hace bizcochos, tarta... muy buenas.
Ven conmigo.
- Tengo un poco de oro. - ¿Ha encontrado una veta?
Solo un pequeño saco, eso es todo.
60 onzas.
940 dólares.
950.
Es un pagaré a nombre de Frank Walsh.
- ¿No me da el dinero? - Walsh le dará el dinero.
- Prefiero que me lo dé usted. - Lo siento, aquí trabajamos así.
- Vaya, ha vuelto. - Quiero ver a Walsh.
¿Al Sr. Walsh? Claro.
Vaya, el Sr. Redfern.
Quiero cobrar este pagaré.
¡950 dólares!
¿Ha encontrado una buena veta?
- Regular. - ¿Regular?
- El pagaré es bueno, ¿ erdad? - Sí, sí, claro que sí.
Lo siento, ahora no tengo aquí tanto dinero.
Necesito algo de tiempo para reunirlo.
Volveré.
Eso no es necesario. Veamos...
Si me espera en el Gold Palace, yo se lo llevaré.
Allí estaré.
¡Mike!
Mike, ¡me alegro de verte, muchacho!
¿Qué estás mirando? ¿No has visto antes a un manco?
Mike, soy yo, Jim, tu viejo amigo. Tengo buenas noticias para ti.
No me digas.
Acabo de volver de Chilcotin, el mejor terreno para ganado que he visto.
¡Al diablo Chilcotin y el ganado!
¡Jim!
Bienvenido a Carson Creek.
Perdona, Mike.
No quiero tu lástima, no la necesito.
Y tú... ya me tienes harto.
El pobrecito ha perdido el brazo. Está amargado y hemos de ayudarle.
- Mike, estás yendo demasiado lejos. - Puedo ir más lejos.
Esto lo he aprendido ahora.
¡Y también que un hombre con un revólver vale tanto como cualquiera!
El Sr. Walsh me ha pedido que le entregue este dinero.
- Dice que tiene un pagaré. - Así es.
950 dólares.
100, 200,
300, 400...
Sí, señor, ha encontrado una buena veta de oro.
640 dólares.
El pagaré es por 950 dólares.
Cierto, pero aquí tengo una factura del Sr. Wallsh para usted.
Del puente de peaje Walsh contra James Redfern.
Destrucción de un puente de peaje.
- 310 dólares. - ¿Qué es eso?
Es el puente que destrozó hace unas semanas.
Es lo que costó repararlo.
¡Quiero el dinero que falta!
El Sr. Walsh quiere que le diga que a veces no tiene más remedio
que esperar, pero que al final siempre cobra sus deudas.
¡Enhorabuena, Redfern! ¡Tiene usted mucha suerte!
Necesitábamos una nueva veta de oro y usted la ha encontrado.
Y es una de las mejores vetas del Caribú.
¡Espera, Murphy! Quiero decirte algo.
Un momento, no querrá quedarse usted solo con ella, ¿verdad?
No es así como hacemos las cosas en el Caribú, ¿verdad?
¡Eso es! ¡No puede ocultar una veta de oro!
Muchachos, él solo intenta provocaros. Está haciendo esto a propósito.
Vamos, Redfern, no se haga el listo.
He visto el informe del cajero y he visto el oro.
Está bien, he encontrado oro, ¿y qué? A mí nadie me ha regalado nada.
- He sido robado, provocado... - ¿Robado, dice?
Magnífico, ¡y lo dice un hombre que está intentando estafarnos!
¿Vais a dejarle que se salga con la suya?
- ¡No! - Si no quiere hablar, le obligaremos.
A mi oficina, por las escaleras.
Jefe Jim.
Francie me ha dado la silla.
Gracias, Ling. Volveremos a vernos.
- ¿Qué quiere? - Nada, señora.
Bueno, he visto su ganado y... bueno, yo también soy ganadero.
Usted no parece ganadero.
Lo siento, pero últimamente he pasado una mala racha y...
¡Jim!
¡Grizzly, viejo tunante! ¡Te había dado por perdido!
Estaba seguro de que los indios no te habían cogido.
Martha, este es el hombre del que que tanto te he hablado, Jim Redfern.
Jim, la viuda de mi hermano, Martha Winters.
Encantado de conocerla.
Me alegro de conocerle, Sr. Redfern. Oscar nos ha hablado mucho de usted.
- ¿Oscar? - Por favor,
no vuelvas a llamarme así. Soy Grizzly. Todos me llaman así.
Ah, Oscar Winters. Está bien, Grizzly.
¿Recuerdas que te dije que tenía un hermano en Montana?
Se me ocurrió ir a verles. Las encontré desesperadas por la sequía.
Martha y su hija estaban a punto de rendirse.
Entonces les hablé de esas tierras, las que dijiste que eran magníficas,
- un paraíso para el ganado. - ¿Les has hablado de los indios?
Claro, pero Martha me dijo que ya había combatido a los indios en Montana.
A los indios, a los blancos... a los bandidos.
Eh, Jane, ven aquí.
Tengo la sorpresa que te había prometido. Este es Jim Redfern.
¡Vaya sorpresa! Nunca me había alegrado tanto de ver a nadie.
Por lo que nos ha contado el tío...
No te he contado nada, ni siquiera la mitad, Jane.
Una vez lo vi pelear en Carson Creek y...
Will, dale la mano a Jim Redfern. Este es Will Gray, nuestro capataz.
- ¿Qué taI, Will? - Encantado, Sr. Redfern.
La verdad es que nos preocupaba traer el ganado hasta aquí.
¿Han traído el rebaño hasta aquí solo ustedes cuatro?
No exactamente. Teníamos seis vaqueros.
Pero se marcharon hace dos días.
Condenados idiotas, la fiebre del oro.
En cuanto llegamos a la tierra del oro, nos abandonaron.
Los jóvenes de ahora son muy inquietos.
Tienen que estar moviéndose todo el tiempo.
Quisiera saber más cosas sobre Chilcotin.
Es un territorio muy duro para vivir.
Montañas tan grandes como puedan imaginar.
Ya hemos cruzado unas cuantas desde Montana.
No como las que cruzarán para llegar a Chilcotin.
Pero cuando se llega, merece la pena.
Un valle rodeado de montañas que lo protegen del viento.
Hierba tan alta como un caballo.
Agua de sobra. Un millón de acres de tierras sin explotar.
- Un paraíso virgen. - E indios.
Si Hannibal no los ha machacado ya a todos.
Oscar, quiero decir... Grizzly, pregúntale.
- Pregúntale. - Oh, sí, sí...
Ya sabes que a mí no se me dan bien las vacas, Jim.
A Martha le gustaría que nos lleves el ganado hasta el Chilcotin.
- Por favor, Sr. Redfern. - Bueno... lo haré encantado.
Martha quiere decir que te aceptará como socio. Irá a medias.
No, eso no puedo aceptarlo. El rebaño es suyo.
Ustedes lo han traído hasta el país del Caribú.
Pero por lo que ha dicho, será difícil llevarlo hasta Chilcotin.
Necesitarán algunos vaqueros. Pueden contratarlos en Carson Creek.
No se trata solo de buscar vaqueros.
No basta con poder cruzar las montañas.
Lo difícil es instalarse allí.
Le diré lo que podemos hacer.
- Tengo 600 dólares. - ¿600 dólares?
- ¿De dónde los has sacado? - Te lo contaréluego.
Le daré el dinero a usted, lo llevará a Chilcotin...
le ayudaré a instalarse...
¡Eso es fantástico!
A cambio aceptaré el 20 por ciento del rebaño.
- El 25 por ciento. - Trato hecho.
Ahora que está decidido, es mejor que vaya a acostarme.
Debemos acostarnos todos.
Me alegro mucho, Jim. Buenas noches.
Cuéntame lo de esos 600 dólares.
Cuando escapé de los indios encontré algo de oro.
- ¿Oro? ¿Dónde? - En el arroyo, cerca del Chilcotin.
- ¿Crees que había más? - Supongo que sí.
No encontré mucho, solo una bolsa pequeña.
¡Pero si había una bolsa, puede haber más!
No, ya me he comprometido y tengo que seguir adelante.
Pero no me gusta.
¿Sabes una cosa? Tuve que salir de Carson Creek muy deprisa.
Murphy soliviantó a los mineros hablándoles del oro
y empezaron a perseguirme.
Quizá tengamos problemas al pasar por allí.
Si buscan problemas, les presentaremos batala.
Tal vez podamos.
- Redfern está de regreso. - ¿Qué? ¿Dónde está?
En la senda. Ayer cruzó el puente con 300 cabezas de ganado.
300 cabezas.
- ¿Le pediste el peaje? - Solo estábamos Jack y yo...
¿Y qué?
¡Ese puente está ahí para cobrar peaje a todo el mundo!
¿Sabías que volvía Redfern?
No, no lo sabía. No le he visto desde que le echó de la ciudad.
- ¿Has tenido noticias suyas? - No.
Redfern debería saber que ya no es buena idea traer ganado aquí.
Tiene esa obsesión. Lleva años hablando de ello.
Busca un lugar donde poder criar ganado con mucho pasto y agua.
Por eso vino a este país.
¿No habíais venido a por el oro?
Yo vine por el oro, pero él por el ganado.
Decía que el ganado seguiría aquí cuando ya no hubiera oro.
Le prepararemos una recepción de bienvenida.
No haréis nada de eso.
Redfern busca algo con ese ganado.
Yo voy a intentar descubrirlo. Redfern no es idiota.
Sabía que corría un riesgo al volver aquí.
El ganado puede ser la respuesta.
De todas formas, el Caribú se muere.
El oro no serviría ni para mantener a este país vivo durante 6 meses.
Me pregunto si seré un buen ganadero.
- No le gustaría. - ¿No?
Me gusta todo lo que pueda dar dinero.
300 cabezas no sería un mal comienzo.
Dijo que hoy llegaríamos a la ciudad.
¿Y cómo se llama?
Carson Creek. Deberíamos llegar al atardecer si todo va bien.
- ¿Y luego cien millas hacia el norte? - Más o menos.
Este terreno no es bueno para el ganado.
Es el país del oro. El oro y el ganado no son buena combinación.
Avanzamos a buen paso.
¿Ocurre algo?
No, nada. Solo que fue más o menos aquí donde perdimos el rebaño.
- Y Mike... - Ya, el tío me ha hablado de él.
Mike perdió un brazo.
Cualquiera pensaría que suelen ver algo así todos los días.
No nos prestan mucha atención que digamos.
Eso me alegra.
Walsh habrá sido informado de nuestra llegada.
Y si lo sabe, ¿dónde está su comité de recepción?
No parece que haya ninguno. Tendrá algún as escondido.
¡Jim!
Hola. Me marché tan deprisa que no tuve tiempo de pagarte la silla.
- ¿Me la quieres vender? - Si es una buena oferta.
- Desde luego. - Bueno, ¿vas a quedarte mucho tiempo?
El necesario para buscar vaqueros. Luego iremos a Chilcotin.
Pero eso está a cien millas al norte.
Esta gente ha viajado mucho más que eso.
¿Es tu ganado?
La mayor parte es de la cuñada de Grizzly.
Jim.
- ¿Dónde acamparemos? - En las afueras de la ciudad.
Jane, esta es Francie Harrison. Jane Winters.
- Encantada. - Mucho gusto.
Ahora tengo que sacar el ganado de aquí. Después volveré a verte, Francie.
Francie, ya está aquí otra vez.
Ha vuelto a traer ganado al Caribú. No ha tenido bastante con la úItima vez.
- El ganado no es suyo. - ¿De quién es?
- Pregúntaselo a él. - Quizá lo haga.
Evans dice que es un fanático del ganado.
Busca un paraíso para las vacas en el norte. Es un idiota.
¿Te ha dicho dónde está, a dónde se dirige?
No sé nada, y si lo supiera no te lo diría.
Te has ruborizado igual que una colegiala. ¡Estás enamorada!
Francie Harrison del Gold Palace de Caribú está loca por un vaquero.
Vete de aquí. Márchate y no vuelvas nunca más.
Gracias.
Hacía mucho tiempo que no te ponías un vestido.
- ¿Te gusta? - Muchísimo.
Tienes jabón en la oreja.
Trae.
¿Vas a la ciudad? Es muy atractiva.
- Sí que lo es. - Vas a la ciudad, ¿verdad?
- Iré contigo. - Prefiero que te quedes, Grizzly.
- He pensado en ir a por Mike. - Mike, ¿eh?
Sí.
Buenas noches, Jane.
Viene aquí todos los días. Bebe demasiado.
Mira, ahí llega.
- Mike, me gustaría hablar contigo. - ¿Hablar?
- ¿Podemos usar tu despacho, Francie? - Sí, claro que sí.
Lo que tengas que decirme puedes decirlo aquí.
Muy bien, Mike, pero esta vez quiero que me escuches.
Voy a llevar un rebaño hasta Chilcotin.
Me darán el 25 por ciento del ganado.
Sigamos siendo socios. No ha cambiado nada.
Ven y empecemos juntos de nuevo.
¿Es que no ves que no puedo hacer ese trabajo?
No habIes así, hay muchas cosas que puedes hacer.
¡Llévatela a ella! Seguro que le gusta.
Ya ves que no ha cambiado.
Y no lo hará mientras trabaje para Walsh.
OlvídaIe, Jim. No puedes hacer nada, ya lo has intentado.
Solo consigues sufrir.
Lo sé, pero no puedo evitar pensar en el muchacho que solía ser.
- Francie, yo... - ¿Sí, Jim?
Todo listo, jefe. ¿Ling se va a Chilcotin?
Ling, ¿no es esa la silla de Mike?
¡La he comprado!
Lo siento, Srta. Francie, pero me marcho.
No te preocupes, Ling, has sido un buen cocinero.
Pero prefiero cocinar para vaqueros.
- ¿Jim? - ¿Sí?
Ten cuidado con Walsh.
Lo sé, procuraré estar atento.
Volveré.
Hasta ahora hemos avanzado sin problemas,
pero vamos a entrar en terrenos rocosos. La marcha será más dura
para el ganado y para nosotros.
A partir de aquí entramos en territorio virgen.
He de advertiros que podemos encontrar indios en las montañas.
Indios hostiles.
Sé que ya lo sabéis. Os lo dije en Carson Creek pero os lo repito.
Si hay alguien que quiera volverse atrás, esta es la última oportunidad.
Muy bien, saldremos al amanecer.
Tomaremos un desayuno especial antes de partir.
¿Lo ves, Evans? Hay que saber hacer negocios.
Si se necesita transporte, se consiguen caballos y carretas.
Si la gente tiene oro, uno va a por el oro.
Y si es ganado, a por el ganado.
- Actuando así lo conseguirá. - ¿Te preocupa algo, Mike?
No es gran cosa, solo me preguntado cómo ha llegado tan bajo un hombre como usted.
Escucha...
¿No crees que ya has bebido suficiente?
- Puedo pagar. - No quiero tu dinero.
Anoche tuve que echarte y ya has vuelto otra vez.
Tengo mucho en qué pensar. Si no bebo no puedo pensar.
Pues ve a beber a otra parte. Estoy cansada de verte por aquí borracho.
Evans, ¡estás llevando esto demasiado lejos!
- Llevas una semana borracho. - Despídame.
Despídame. Tiene miedo porque yo sé algo que le gustaría que no supiera.
¡Cierra la boca, maldito borracho! ¡Murphy!
Vamos, Murphy, estoy borracho.
Puedes ganarme al desenfundar o puede que no.
Vamos, Murphy. Esta es la oportunidad que esperabas.
Walsh quiere quitarme de en medio y te recompensará si lo haces.
¡Saca, Murphy!
¡Mira cómo corren! Walsh, el rey de Caribú, y su pistoIero.
¡Estúpidos cobardes!
¡Srta. Harrison!
- Quiero hablar contigo, a solas. - Muy bien, hablemos.
Tú eliges el tema.
- ¿Qué es lo que sabe Mike Evans? - Que es un lisiado borracho, eso.
Mientes, te conozco muy bien.
Supongo que habrás planeado alguna de tus sucias trampas contra Redfern.
Vamos, Francie, ¿qué puedo hacer yo contra Jim Redfern?
Tiene mucha gente con él. Los hombres que contrató en la ciudad
forman una fuerza considerable.
Más que suficiente para protegerse de mí,
- suponiendo que yo le atacara. - Estás muy seguro de ti mismo.
Y eso significa que me ocultas algo.
Algo tan terrible que hasta Mike Evans se ha puesto en tu contra.
¿Por qué no se lo preguntas a Evans? Él te lo dirá.
Si es que puede.
- Sr. Evans, no salga. - ¿Cómo?
Nada.
Acabáis de oír algunos disparos.
Frank Walsh quería matarme y ha fallado. ¿Y sabéis por qué?
Porque yo sé algo y no quiere que hable.
Ha hecho un trato con los indios para masacrar a Jim Redfern y a sus hombres.
Ha llegado muy lejos con eso.
Algunos habéis guardado rencor a Jim porque no dijo dónde estaba su veta.
Murphy os puso en su contra.
Conozco a Jim, y os aseguro que si Jim hubiera encontrado
una buena veta os lo habría dicho.
Vosotros estabais aquí cuando Jim me trajo tras el accidente.
Habéis oído que ese accidente lo causó una estampida.
Pero apuesto mi vida a que desde que llegó Walsh
a esta ciudad, él ha estado detrás de todas las tragedias.
¿Qué vais a hacer? ¿Vais a dejar que asesine a toda esa gente?
Walsh va hacia allá.
Nos lleva ventaja y los indios están preparados.
Tenemos que detenerlos y detener a Walsh. ¡Vamos!
Jane, no deberías pasear por la noche.
¿Por qué no? Tú estás siempre aquí fuera.
Es territorio indio.
Esta noche doblaremos la guardia y a partir de ahora
nadie se alejará del campamento, empezando por ti.
¡Atención, todos!
Jane, cuida de este hombre.
Muchachos, coged esos troncos y construyamos una barricada.
Si les deja marchar sin acabar con ellos, después será más difícil.
- Vuelva y mátelos. - No atacar de noche.
Esperar amanecer.
¡Al amanecer estarán preparados para rechazarnos!
Haber perdido muchos hombres. Esperar a amanecer.
Atacar entonces.
Tienes que convencer a estos indios para que ataque ahora.
El ganado.
¿Por qué no lo espantamos como hicimos con el rebaño de Redfern?
¡Buena idea!
¡Will, Grizzly, Blake!
- ¿Qué quieres? - El ganado, tenemos que alejarlo.
Si los indios lo espantan hacia aquí estaremos perdidos.
No podemos salir, Jim. Es una locura.
Tenemos que salir y llevarlo a otra parte.
¡Mike!
Tú me hiciste esto, Walsh. ¡Ahora me las pagarás!
Lo siento mucho, Jim. perdóname...
No hables, Mike, todo saldrá bien.
Claro, claro, Jim.
Tendrás tu rebaño... y serás rico.
Ojalá pudiera estar contigo...
Hay que ir andando el resto del camino.
¡Jim! ¡Mira, es Hannibal!
¡Eh, Hannibal!
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