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(Música del oeste)
¡Capitán! ¡Eh!
¡Bienvenido! ¡Roy!
¡Hola!
¿La llegada del capitán Dexter cambia en algo sus planes?
-¿Por qué ha de cambiarlos?
-¿Ha pensado lo que influye en el pueblo la llegada
de un militar victorioso?
-Sí, lo he pensado.
Y a muchos electores no les gustará que un capitán ocupe
el puesto de gobernador. -Entonces puedo decir a mis lectores
que el fiscal Hamilton está seguro de su triunfo.
-Añada que la suerte o la adversidad también juegan sus papel en política.
Bienvenido, Roy. Gracias, señor Hamilton.
Me he enterado de sus hazañas.
Todos aquí sentimos... una gran admiración por usted.
Lo único que hemos hecho es acabar esta guerra cuanto antes.
Luego nos veremos.
De acuerdo. Adiós, capitán.
(Música del oeste)
Un momento, soldado.
¿Dónde cree usted que va? Ese no es asunto de su incumbencia.
¿De mi qué?
¡Incumbencia!
¿Te rindes? No hay quien pueda contigo, Roy.
Ni contigo. Dime, ¿dónde está el Viejo?
Le traigo un buen parte.
Como todos los días mientras dura su baño,
yo hago las funciones de coronel. Vaya.
Un coronel muy joven.
¡Escuadrón, atentos!
¡Saluden! A sus órdenes, señor.
Sargento.
¿Algún servicio, señor?
Un servicio muy especial, sargento.
A la cantina.
A sus órdenes. Vaya, sargento.
¡Todos a la cantina!
(Gritos y vítores)
Y ahora, hablemos de nosotros, si te parece.
Tú estás igual
y aquí todo sigue como siempre, por lo que veo.
Nuestro problema, desgraciadamente, sigue siendo el mismo.
Supongo que no lo habrás olvidado.
Entonces, cuanto antes, mejor.
¿Pero así, tal y como estás?
¿Por qué no tal como estoy? Porque no quiero ventajas.
Valgo lo mismo así que con otra ropa.
Eso es lo malo.
Pues no perdamos el tiempo.
De acuerdo.
Vamos cuanto antes, aunque lo siento por ti,
con esas barbas.
Vaya, siempre lo dije.
Eres el tipo más presuntuoso que he conocido.
(Música tranquila)
(SUSPIRA) Creí que esta guerra no se iba a terminar nunca.
Personalmente te aseguro que yo no intenté prolongarla.
¿Sabes por qué estamos aquí?
¿No te parece que entre amigos es lo mejor?
No me perdonaría jamás el haber tomado una decisión
Yo hubiese hecho lo mismo en su lugar.
No hay cosa peor que dos amigos se enamoren de la misma mujer.
Siempre he temido este momento.
Ahora ha llegado y no tienes más remedio que decidir.
Esperamos.
Lo siento, Barry. De verdad, créeme que lo siento.
Yo también lo siento, Barry.
Nunca perdonaré a sus padres
que no hayan tenido dos hermanas gemelas.
Os deseo suerte.
(Continúa la música)
Voy a asearme un poco
y vuelvo enseguida.
Roy,...
bienvenido a casa.
Gracias.
¡Bienvenido, capitán! Hola, sheriff.
(Puerta)
Con unos cuantos galones de este whisky bien repartidos,
podría garantizarle su elección.
No me interesan sus procedimientos.
Un candidato que vive solo y que ha estado ausente de su ciudad
necesita mezclarse con sus electores.
Confíeme su campaña y conseguirá resultados asombrosos.
No se preocupe, Banion, ya he tomado mi decisión sobre ello.
¿Puedo saber cuál es? ¡Cómo no!
En primer lugar, darme un buen baño del que no pienso salir
en unas cuantas horas.
Me parece una buena idea. ¿Y después?
Después una cena que me haga olvidar el rancho del ejército.
(Puerta)
(EBRIO) Mírale bien, Susie.
¿Sabes quién es ese señor tan importante?
Pues mi primo.
Yo soy su única familia,
pero no le caigo muy bien.
Si no bebieras tanto, me caerías mucho mejor.
Escúchame bien, Roy.
No seas tan puritano porque no te lo aguanto.
¿Esa es la forma de recibir a tu primo?
¿Qué te crees?
¿Quién te has creído que eres?
Yo también tengo valor y no necesito ir a la guerra.
-¡Dave, Dave!
Ya te dije que no viniésemos.
Bueno, creo que lo mejor que puedes hacer es ir a acostarte.
Déjame, sé andar solo.
¡Y estoy harto de ser el pariente pobre de la familia!
Para decirme esa sarta de estupideces,
podrías haberte ahorrado la visita, Dave.
Escucha, Roy, no te vayas.
No quería molestarte.
Ahora dime cuánto necesitas.
¿Por qué dices eso? Solo he venido a verte.
Dímelo.
Pues creo que...
Que con 500 me podría arreglar.
Flaherty me anda buscando, ya sabes.
Sí, lo de siempre.
Dile que venga aquí, a mi casa, yo le pagaré.
No te fías de mí.
Pues no resulta nada fácil.
Vámonos, Dave, no sacarás nada.
Usted es testigo, Ban, pero es inútil.
No tendrá valor para decirlo en su periódico.
Vámonos.
No se preocupe, señor Dexter,
yo también, si usted lo desea, puedo ser discreto.
Si en lo ocurrido aquí hay alguna noticia,
puede usted si quiere publicarla en su periódico.
(Música militar)
¿Qué es lo que quiere el Viejo?
Me ha dicho solo que te mandara llamar.
Debe ser algo importante, pero no he conseguido averiguarlo.
Adelante, capitán. Vamos, acérquese.
¿Contento de su regreso? Sí, señor.
Supongo que no pensará que le he llamado para felicitarle.
Pues lo tenía pensado,
pero se me atravesó esto.
¿Sabe lo que es?
Una moneda de oro, señor.
Exactamente.
Fueron acuñadas por lo sudistas
cuando creían que iban a ganar la guerra.
Un optimismo exagerado.
20 000 monedas como estas han caído en nuestras manos
y hay que mandarlas a Washington.
¿Es esta su renuncia, capitán?
Sí, señor.
¿Pero ha decidido abandonar el ejército por la política?
Así es, señor.
Preséntela usted personalmente en Washington,
si es que le dejan llegar las partidas sudistas.
Cuantry tiene espías en todas partes.
No habrá ni convoy ni escolta. Nada que pueda llamar la atención.
Con siete hombres tendrá suficiente.
Señor, acabo de llegar de un servicio de tres meses
y tenía intención... ¡Cállese, capitán!
Sé muy bien dónde están mis hombres y no me importan sus intenciones.
Pero vuelva pronto.
No me gusta Hamilton para gobernador.
A la orden, señor.
Suerte, capitán.
(Música del oeste)
¡Alto!
¡Retirad el carromato!
(Disparos)
¡Retirada! ¡Atrás!
Los caballos, que no se escape ninguno.
¡Ah!
¡Ah!
(MURMURA) Alguien nos ha traicionado, capitán.
¡Que no escape!
(Música del oeste)
¿Le diste? -Seguro, ese ya no se levanta.
(Continúa la música)
Atiéndale, soldado.
Doctor Johnson, venga corriendo. -¿Qué ocurre?
El capitán Dexter.
-Roy, ¿qué ha ocurrido? -¿Es grave, doctor?
-Creo que no. Ha tenido suerte. Ayúdenme a llevarlo.
Con cuidado.
-¿Qué dice el ejército de lo ocurrido en Río Grande?
No hay comentarios, Banion.
-Es una lástima, ya sabe usted cómo son las gentes.
Han pasado varios días y se habla.
Circulan toda clase de rumores.
Ya ha oído lo que ha dicho el coronel.
No hay comentarios. Tenga la bondad.
(Puerta)
Me repugna ese tipo, no quiero verle más en este despacho.
Sí, mi coronel. Puede retirarse.
¿Qué le pasa ahora?
pero no puedo explicarme lo ocurrido. Era una misión secreta.
Todo se preparó con el mayor cuidado.
Muy pocos conocían el envío de ese oro.
¿Cómo pudieron enterarse?
Eso es lo que me estoy preguntando.
Tarde o temprano lo sabré, se lo aseguro.
Y ahora quiere usted dejarme solo de una endiablada vez.
(Música del oeste)
Tenemos que felicitarle, doctor.
No esperábamos una convalecencia tan rápida de nuestro futuro yerno.
-Siempre le he dicho a Spencer que es usted capaz de hacer milagros.
es la naturaleza quien gana estas batallas.
Han hecho una buena elección y tienen yerno para años.
Estarás emocionada.
-Imagínate, faltando solo dos días para la boda...
Perdón.
Tengo que presentarte a un gran amigo mío.
Con permiso, señoras.
No veo a nadie.
¿A quién me vas a presentar?
Te presento
a mi amigo, el capitán Roy Dexter.
Tu futuro marido.
Roy, por favor.
¿Qué van a pensar los invitados?
Supongo que tendrán mucha envidia.
Deseo oír pronto estas palabras:
"¿Acepta usted por esposo a Roy Dexter, aquí presente,
en salud o enfermedad, en la riqueza o en la pobreza,
la felicidad o la desdicha hasta que la muerte los separe?"
(TITUBEA) Pues no acepto.
Son demasiadas cosas.
Además, su amigo Roy Dexter solo piensa en ocupar inmediatamente
su palacio de gobernador.
Y a mí lo que me gusta es un rancho.
Muy enternecedor,
pero no te veo dando el biberón a las terneras.
En fin, seré un esposo modelo.
Tendrás tu rancho y si me apuras, daré mi voto a Hamilton.
¿Contenta?
Si no te importa, Roy, ya conoces la costumbre.
El primer baile es para el padrino.
Has llegado a tiempo, Barry.
Empezábamos nuestra primera discusión.
Te veré dentro de un rato.
Dame una copa, Barry.
Señores, ¿qué esperamos?
Levantemos nuestras copas por los futuros esposos.
Gracias.
¿Me permite?
Capitán Dexter.
Queda usted arrestado.
Le ruego que nos acompañe.
Se le acusa de traición al ejército,
de robo,
y de haber conducido deliberadamente a sus hombres a la muerte.
Silencio en la sala.
-Ruego, además, a este tribunal
tenga en cuenta los rasgos de valor, por no decir de heroísmo,
que mi defendido ha demostrado en la guerra,
así como las declaraciones hechas en su favor por el capitán Haller.
Por estos motivos de alto valor moral y militar,
solicito la plena absolución de mi defendido, capitán Roy Dexter.
-Considero improcedente
invocar las heroicidades del acusado ante este tribunal.
Todas ellas quedarán sin valor cuando este tribunal
escuche el acto de traición cometido en Río Grande.
Hágase pasar a la sala el testigo del Ministerio Fiscal.
-Ponga su mano izquierda sobre la Biblia
y jure decir la verdad, toda la verdad
Diga: "Lo juro".
-Lo juro.
¿Cuál es su nombre?
-Dave Clifford.
-¿Conoce al acusado?
-Sí, es el capitán Dexter.
-¿Le une algún parentesco con él?
-Es mi primo.
-Diga a la sala cuándo le vio por última vez.
-Le vi cuando convalecía de las heridas que había sufrido.
-¿Quiere decir qué es lo que pudo ver durante esa visita?
-Yo no sabía que eso pudiera
importar a nadie en particular.
Y le recuerdo que la ley castiga duramente a los encubridores.
-Cuando fui a casa de Roy, estuvimos hablando.
Se encontraba animado y me dijo que la herida no tenía importancia.
-Eso ya lo sabemos. Concrete.
Al salir, bajando la escalera,
vi en el suelo, al pie del rellano, unas manchas de sangre.
-¿Qué hizo usted?
-Me extrañó mucho aquello
y seguí el rastro hasta una puerta.
-¿Qué clase de puerta?
-Una puerta secreta.
Al abrir me encontré unas bolsas llenas de monedas.
-¿Examinó usted las monedas?
-Sí, señor, eran dólares de oro.
-¿De curso legal? -¡Protesto, señor presidente!
-Se acepta la protesta.
Rectifique la pregunta, señor fiscal.
-Sí, excelencia.
¿Esas monedas tenían alguna particularidad?
-Sí, señor, tenían acuñada la efigie del general Lee.
¡Ese hombre está mintiendo!
¡Es falso!
Cállese, el acusado, o me veré obligado a imponerle una sanción.
-Siéntese.
-Puede proseguir el señor fiscal.
-¿Eran como estas las que encontró?
-Sí, señor.
-Pido a su excelencia que haga constar en acta
que estas monedas fueron encontradas en el domicilio...
particular del acusado.
-¿Tiene algo más que añadir el Ministerio Fiscal?
-Sí, señor presidente.
No hay nada más ruin en la hoja de servicios de un militar
que la traición.
Pero si hay algo que lo supere,
es el sacrificar la vida de unos hombres inocentes
confiados a su mando
tan solo por un mezquino y egoísta
afán de lucro tan repugnante.
Por todo lo expuesto
y en nombre de esas víctimas injustamente sacrificadas
por este hombre sin conciencia,
pido a este tribunal para el acusado
la pena de muerte.
-Este tribunal se retira para deliberar.
Puedes creerme, Mercedes,
y tú, Haller,
este ha sido uno de los peores momentos de mi carrera.
No hay nada más terrible
que pedir la pena de muerte para una persona
por la que se siente gran aprecio.
Pero, Hamilton,
Roy es inocente. Usted le conoce.
¿Cómo le cree capaz de semejante delito?
No puedo creerlo.
Conozco su forma de ser
desde que ingresamos en la academia militar.
Haller, las pruebas son abrumadoras.
De todos modos, esperemos la decisión del tribunal.
Aún no está todo perdido, Mercedes.
Todo esto es absurdo.
Ese hombre es víctima de una despiadada conjura.
Estoy seguro. ¿Y las pruebas, coronel Jackson?
Yo no creo en esas pruebas.
Conozco bien a ese hombre y sé que es inocente.
¿Y cómo puede usted demostrarlo?
Mandar un regimiento no es solamente
seguir las órdenes que se reciben del Estado Mayor.
El capitán Dexter lleva cinco años a mis órdenes
y yo tendré muchos defectos, general,
pero sé conocer a mis hombres.
Coronel, Jackson,
Me obliga a recordarle que forma parte de un tribunal militar.
Deje a un lado sus opiniones personales y juzgue.
Señores, espero su decisión.
(Murmullos)
Siéntense, el tribunal ha deliberado.
Levántese el acusado.
(LEE) "Este tribunal, en nombre de los Estados de la Unión,
encuentra al capitán Roy Dexter
culpable de los cargos que se le imputan
y, por lo tanto,
le condena a la pena de muerte.
Sin embargo, este tribunal militar,
habida cuenta del historial del acusado
y a una petición especial de gracia,
ha decidido conmutar la pena de muerte
por la de trabajos forzados a perpetuidad.
Estas monedas le recordarán toda su vida
el desprecio del ejército y de la nación.
¿Por qué has venido?
Mercedes,
no hagas más penosa esta situación.
Roy, ¿cómo es posible?
¿Quién ha podido hacerte esto?
No lo sé.
Pero no debemos perder la esperanza.
Soy inocente, Mercedes.
Y algún día se sabrá la verdad.
Te esperaré, Roy.
Iré a Washington, pediré la revisión del proceso.
Revolveré el cielo y la tierra para conseguir tu libertad.
Gracias, Barry.
No podré olvidar nunca todo lo que has hecho
e intentas hacer por mí.
(Música triste)
¡Vamos, gandules! ¡Levantaos!
¡A trabajar!
¿No me habéis oído?
¡Vamos!
¿Qué haces, viejo? ¡A trabajar!
(Continúa la música)
Han empujado la piedra. Alguien quiere matarte.
-¿Qué pasa? -Pronto. Cuidado, muchachos.
-Mañana tendrás otro compañero.
Voy a por el certificado de defunción. Ve preparando el carro.
-Te pagué para que lo mataras.
Supongo que la próxima vez no ocurrirá lo mismo.
-El otro le apartó. Yo no tengo la culpa.
Deme usted un arma y verá qué pronto acabó con él.
-No es así como hay que eliminar a Roy Dexter.
-¿Y cuándo me da el resto? -Cuando termines tu trabajo.
Primero lo quieren muerto. -Bueno, por mí...
Ese tipo nunca me ha caído bien. -Y ahora lárgate.
(Música)
(Golpes)
(Música suspense)
(Disparos)
(Música acción)
Vamos, sígueme.
(Ladridos)
(Continúa la música)
(Ladridos)
(Música suspense)
Estoy seguro que le di.
-Vámonos.
(Continúa la música)
(Música tranquila)
(Buitres)
No me gusta que se me adelante nadie a robar, compadre.
Así aprenderás a no cruzarte en mi camino.
-¿Pues y yo qué sabía que ibas a venir?
Podemos repartirnos, si te parece, el botín a medias.
(Disparos)
Lo siento, amigo,
pero cuando el hambre aprieta se pierden los buenos modos.
Usted ya me entiende, ¿verdad? La vida es así.
-Pues miren quien se viene para acá. ¡Mi salvador en persona!
¡Quieto! ¿Pero cómo?
Desata a ese hombre.
¿Que lo desate? Pues claro.
Pues si eso estaba haciendo cuando usted entró, señor.
Este es mi amigo, ¿sabes? Se llama Fulgencio y somos compadres.
¿No es verdad, tú? Anda, díselo.
Dile al señor que somos compadres. -¿Compadres? Pero si yo...
-¿Lo está viendo? Compadres.
Nos cogieron por sorpresa esos malditos ladrones.
Son peor que los hombres de Manuel de Losa.
¿Qué sabes tú de Manuel de Losa y de estos dólares?
Son de la matanza de Río Grande.
Por eso yo no me acerco a su campamento.
Pues tengo que darte una mala noticia:
vas a venir conmigo en su busca. ¿Cómo dice?
Andando.
Bueno...,
si me lo pide así, señor..., iremos de visita.
Bueno, señor, cumplí mi palabra.
Ahorita, si se quiere jugar el pellejo, es muy dueño,
pero el mío voy a ver si lo salvo. Con permiso.
Tú vienes conmigo.
(Música animada)
¿Y tú quién eres? ¿De dónde vienes? Habla.
Dime, ¿te has fugado del penal?
Para salir de allí hace falta ser bragado y muy hombre.
¿Tú lo eres?
Puedes probarme.
¿Qué quieres?
Ser de los tuyos.
Yo no engancho a mi carro al primero que llega.
Dije que puedes probarme.
Está bien. Voy a intentarlo.
¿Llevas pistola? Sí.
¿Qué sabes hacer con ella?
(Disparos)
No está mal.
Lo dije antes.
Hay que ser muy bragado y muy hombre.
Y ya que has venido, puedes quedarte con mi gente.
Aquí tienes un sitio.
Manuel de Losa te da la mano.
-¿Quiere algún documento más? -No, no.
Cuando me traiga ese certificado de defunción
podrá entrar ya en posesión de la herencia de su primo.
Permítame que le felicite, señor Clifford,
al tiempo que me brindo a administrarle sus bienes,
tal como lo hacía con el capitán Dexter.
-No creo que haya inconveniente, señor notario. Buenas tardes.
-Buenas tardes, Clifford.
-Deseo expresarle mi pésame, señor Clifford. Y ahora...,
¿puedo preguntarle lo que se siente al entrar en posesión
de tan importante fortuna? -Nadie piensa en el dinero ahora.
Diga usted que encargaré unos funerales mañana por su alma.
Está invitado, Banion. -Gracias.
(Música suspense)
Eh, tú, mexicano, no te pares ahí.
¿Eres sordo? He dicho que largo.
¿No me oyes? ¡Lárgate!
(Continúa la música)
Comprende...
Yo también lo siento, igual que tú, Mercedes,
pero tienes que reaccionar.
Ya sé que no es fácil.
Te habías forjado grandes ilusiones con Roy, pero debes esforzarte.
Hazlo por nosotros. Te lo ruego. Sobre todo por tu pobre madre.
No puedes imaginarte lo que sufre viéndote así.
Anda, acompáñame. Vámonos a casa.
(Música animada)
¿Qué te parece la suerte que ha tenido Clifford?
-Magnífico. A ver cuándo tú heredas una casa así.
(Continúa la música)
Mi resto.
Unos 500.
-Cómo ha cambiado todo, ¿eh, Clifford?
-El señor tiene visita. -(ASIENTE)
Sigue jugando. Vuelvo enseguida.
-Estará usted enterado, señor Clifford.
-Sí. Lo he leído en el periódico. -Créame, no fue nada fácil.
Además, el tipo aquel, a la hora de la verdad, me pidió el doble.
-Está bien.
Ahí van 2000 más. -Gracias.
-Aunque no sé por qué lo hago.
No tenía usted que haberlo consentido,
porque empujar una piedra no creo que sea muy trabajoso.
¿Ha traído usted ese documento?
-Sí, aquí está. El certificado de defunción.
-Ha sido un buen trabajo.
-Te felicito. Eres el hombre más importante de la ciudad.
-Pues con este papel que tengo en la mano, se acabaron las dudas.
Con él voy a convertirme en el propietario de todos los bienes
de mi primo Roy, ya lo verás. -Sí, querido.
Se acabaron por fin nuestras preocupaciones.
Nos queda mucho tiempo por delante.
-Por mucho que vivamos no creo que lo podamos gastar.
-Sigue jugando por mí. Voy a buscar más dinero.
Quiero arruinar a ese maldito usurero.
Hola, Dave.
Supongo que me reconoces, ¿no? Soy tu primo.
Dime, ¿qué te ocurre?
¿Has perdido la voz?
¿Eh?
¿O quizá... no te alegra ver a tu resucitado primo Roy?
No tiembles, Dave.
Tendría que matarte, pero no pienso hacerlo.
Descuida.
Claro que...
no creo que te salves de pasar una temporada...
donde yo estuve.
Es un bonito lugar que no olvidarás, pero antes harás lo que yo diga.
¿Qué quieres de mí? Te aseguro que no quería hacerlo.
Me obligaron. Debía dinero. No tuve más remedio, Roy.
¡Cállate! O me obligarás a que acabe contigo.
Vamos, ahora escribe la verdad.
Fueron muchas las mentiras que contaste en mi proceso.
Perdóname, Roy. Perdóname.
No, Dave, no se me puede olvidar.
Y ahora vas a escribir toda la verdad.
No puedo hacer eso. Me condenarán.
Solo mereces que te condenen. ¡Escribe!
Yo, Dave Clifford, confieso...
¡Escribe!
Que mi declaración ante el Tribunal Militar
en la tarde del 20 de abril de 1865
contra el procesado capitán Roy Dexter
en la que hice constar haber encontrado en su poder
unas monedas de oro con la efigie del general Lee,
fue totalmente falsa.
(Disparos)
Dave, tienes que decírmelo.
¿Quién te obligó a hacerlo?
(CON DIFICULTAD) Hamilton.
(Pasos, murmullo)
(Música animada)
(Puerta)
Hola, Barry. Hola.
¿No quieres pasar? Quería ver a tu padre.
Entra.
¡Sheriff, sheriff!
¡Que llamen al sheriff! ¡Han matado a Clifford!
-¿Pero qué pasa?
-Dicen que han matado a Clifford, sheriff.
-¿Pero quién lo ha matado? ¿Se sabe?
-No se sabe nada. -Vengan conmigo.
(Música tensión)
Buenas noches, padre. Adiós, hija.
Hasta mañana. Buenas noches.
Barry. Señora.
¿Le ha dicho usted algo, señor Spencer?
Pues no, hijo, no he encontrado todavía el momento oportuno.
Y lo he intentado, te lo aseguro, pero hay que esperar.
No quisiera parece impaciente, pero la verdad es que lo estoy...
Usted sabe lo que Mercedes significa para mí.
Lo sé muy bien, hijo, por eso cuentas con mi consentimiento
desde el primer día en que me hablaste de eso.
Déjalo de mi mano.
Conozco a mi hija y sé que todo saldrá como todos deseamos.
Buenas noches, hijo. Buenas noches, señor.
¿Alguna novedad? - Ninguna, señor.
Ha estado aquí el señor Banion,
quería verle para publicar algo sobre la muerte de Roy Dexter.
-No habrás dicho nada.
-¿Quiere que avise al médico?
¿Se encuentra mejor? -No es nada.
-Trabaja demasiado. Debe cuidar el corazón evitando la fatiga.
-Avisa a Manuel, quiero verle.
(Música tensión)
Eres un tipo extraño.
Me gustaría saber algo de ti.
Vas y vienes como una sombra. Algo debes tener que ocultar.
Puede que tengas razón.
Vives aquí y no sabes quiénes son los que te rodean.
Creo que ni siquiera sabes cómo soy.
Seguro que hay otra mujer, ¿verdad?
Estoy cansado.
Manuel quiere verte.
Está bien. Ahora voy.
¿De dónde vienes? ¡Contesta! Regístrale, Eulogio.
Voy a decirte una cosa:
aquí, en este campamento, el único que da órdenes soy yo.
Y no me gusta que nadie se mueva sin mi permiso.
Aún no sé si me eres simpático.
-Mira lo que le encontré. -Dame.
¿Cómo tienes tú estás monedas?
Las gané jugando al póquer.
¿En el póquer?
¿Quién era el hombre que te las dio? ¿Cómo se llamaba?
No acostumbro a preguntar tanto cuando me pongo a jugar.
Me dijo solo algo referente a Río Grande.
Río Grande...
Cayeron todos como conejos.
Cuando Manuel se propone hacer algo, lo hace bien. ¿Lo entiendes, gringo?
Ni uno solo quedó para contarlo.
Y ahora...
¡Fuera de aquí!
Las monedas.
(Música tranquila)
Hola, Manuel. -Hola, ¿qué quieres?
-Hamilton me ha pedido tu ayuda.
Tienes que mandar allí a tus mejores hombres.
-¿Cuánto va a pagarme esta vez por el servicio?
-¡Eh, tú! ¿Qué haces aquí? ¡Largo!
-¿Qué le parece a usted, gobernador Hamilton?
Con esos hombres puede dormir tranquilo.
-Yo diría que no ha muerto Dexter.
-Clifford tiene la prueba de su muerte, gobernador.
-Entonces ya sé quién ha escrito aquel anónimo,
una persona que lo sabe todo
y que está intentando vengar a Roy Dexter.
-Todos sabemos quiénes están en secreto
y no creo que ninguno de ellos tenga interés en vengarle.
-No digas tonterías.
Llevo horas pensando en esto y no comprendo nada.
Solo sé que estoy en peligro.
-Será mejor que entre en la casa. Amenaza tormenta.
-¿Quién es ese hombre?
Hazlo entrar en mi despacho.
(Truenos)
-Eh, usted, sígame.
Comprueba que toda la casa queda vigilada y que no entre nadie.
Retírate.
Tú, mexicano, quédate.
Le he visto disparar.
Tiene usted una gran habilidad con la pistola.
Me... Me gustaría... tomarle a mi servicio.
Con su permiso, señor.
¿Qué hace usted?
Tomar precauciones. No podemos fiarnos de nadie.
Apague ese quinqué, señor Hamilton.
Es peligroso. Le pueden ver desde el exterior.
Hágalo. Es un buen consejo.
(Ruido)
¿Qué ha sido eso?
No lo sé. Voy a verlo, señor Hamilton.
(SUSURRA) Todo va bien.
Que nadie se acerque a la casa. Y ahora vete.
¿Quién es ese?
¿Qué quería?
No hay peligro. No se inquiete.
Es uno de los nuestros, un hombre de confianza.
Ya son las 12, señor Hamilton.
No tiene usted por qué preocuparse.
(Música suspense)
(Trueno)
(Corneta)
Entonces, ¿tú le conoces? Sí, señor. Se llama Manuel.
¿No se acuerda de lo que ocurrió en Río Grande?
¿Qué sabes tú de Río Grande? Yo nada, señor.
Pero a Manuel sí le podría hacer algunas preguntitas.
Y ahí lo tiene, en su campamento, donde le he dicho.
¿Sabes lo que voy a hacer contigo si me engañas?
Sí, señor. Lo sé.
Pero no he dicho más que la puritita verdad.
Está bien. Puedes marcharte.
Vamos, ¿qué esperas? Muchas gracias, señor.
Hamilton ha aparecido muerto en su casa, señor.
Estaba muy enfermo, ¿verdad? Sí.
El médico ha certificado que murió de corazón...
pero hay algo muy extraño. ¿A qué se refiere?
Al lado del cadáver apareció otra moneda de oro.
Igual que en el caso de Clifford.
Sí, es extraño.
El fiscal que le acusó y el testigo que declaró contra él, muertos.
Si le dijera que lo siento, mentiría, capitán.
Comprendo, coronel,
pero es difícil de explicar lo que ocurre.
¿Ha pensado en la posibilidad de que Roy haya escapado del penal?
Quizá los sufrimientos de este tiempo lo hayan trastornado.
Si fuera verdad sería muy peligroso.
Avise al capitán de día que prepare el escuadrón.
¿Con la misión de buscar a Roy Dexter?
La misión del escuadrón es cosa mía, capitán.
Iré yo personalmente a su mando. Puede retirarse.
A la orden, señor.
¿Lo está viendo, Sullivan?
Cuando mataron al pobre Clifford no me hizo caso,
y ahora le ha tocado a Hamilton.
-El gobernador Hamilton murió de un ataque al corazón.
-Eso es lo que a usted le conviene.
Pero explíqueme qué hacían allí esas malditas monedas.
-Por si le interesa, sepa usted que recibió un anónimo.
-¿Y qué espera? ¿Que nos maten a todos?
-Para mí ha fallecido de muerte natural.
Si tienen indicios de que ha sido asesinado, denúncienlo.
-Bah, denuncias.
En mis tiempos esas cosas se arreglaban de otro modo.
-¿Y qué opinarán mis lectores cuando sepan que el sheriff manda
que sean ellos quienes les proporcionen las pruebas?
No va tener dinero para pagar a tantos ayudantes.
-Bueno...
No te asustes, Barry.
Roy...
Sigo en este mundo aunque no creo que me hayan visto.
Tienes que ayudarme, Barry.
He intentado hablar con Mercedes pero no he podido hacerlo.
Y ella cree que estoy muerto.
Es necesario que lo sepa. Yo se lo diré, Roy.
No, Barry. Tienes que conseguir que venga aquí.
Nadie nos descubrirá. Es peligroso, Roy.
Para ti y para ella. Está muy débil. Apenas sale de casa.
No conviene que reciba esa emoción tan fuerte.
Tengo que marcharme enseguida, Barry.
¿Por qué? ¿Qué piensas hacer?
Clifford Y Hamilton han muerto sin que pudiera arrancarles
la prueba de mi inocencia. Tengo que buscar a un testigo.
Es mi última oportunidad.
Así que existe alguien más que puede probar tu inocencia.
Sí... Sé perfectamente que existe.
Es el que me atacó en El Paso.
El que mató a mis hombres en Río Grande.
He logrado entrar en su banda y conseguiré que confiese.
Eso es muy arriesgado, Roy. Pueden matarte.
Deberías comprenderlo. No me queda otro camino...
si quiero probar mi inocencia. ¡Aguarda!
Si algo me ocurriera...,
explícaselo, por favor, a Mercedes.
Te ruego que no lo olvides.
Gracias, Barry.
(Música animada)
¿A dónde vas? Quiero hablar con Manuel de Losa.
Dejadle pasar.
Entra.
No esperaba verte, capitán. ¿Algo nuevo?
Roy Dexter viene hacia aquí dispuesto a matarte.
Entonces... ¿Es verdad que vive?
Y lo que no sabes es que ha logrado engañarte
infiltrándose entre los tuyos.
¿Cómo? ¿Que es uno de mis hombres?
Te has vuelto muy confiado, Manuel.
Demasiado para lo que nos jugamos.
Maldito traidor.
Le voy a arrancar la piel con mis propias manos.
Bien. Hazlo como quieras, pero mátalo.
Esta vez no voy a aceptar disculpas.
Le interesa Roy Dexter muerto.
¿Verdad?
Con una buena boda se puede ganar lo mismo que con una emboscada.
-¿No crees, gringo, que es tentar demasiado a la suerte
ir a atrapar a Manuel a su propia madriguera?
Cierra la boca. Pues si la cierro no hablo.
Eh...
¡Vamos! ¡A por ellos!
(Música animada)
Búsquenlos.
A ese maldito gringo lo quiero vivo.
Nadie se burla de Manuel de Losa. A sus puestos.
Vamos, deprisa. -¡Ya lo habéis oído!
-Amigo, Manuel de Losa nos tenía preparado un buen recibimiento.
Quédate aquí. No dispares.
(Continúa la música)
(Pelea)
(RÍE)
(Música animada)
Querías matarme, ¿eh?
Te crees muy listo...
Demasiado listo.
Pero Manuel de Losa
hará que te arrepientas de haberte escapado del penal.
(Continúa la música)
Algo más, ¿capitán?
-Me preocupan esos rumores que circulan por el pueblo.
-No puedo creer que Roy sea capaz de vengarse así.
-Ni yo tampoco.
Pero hay que evitar a toda costa que esos humores lleguen a sus oídos.
Haller es un excelente muchacho.
Y recuerda que, en otro tiempo, ella estuvo indecisa entre los dos.
-Qué equivocado has estado siempre, Spencer.
¿Te han dado alguna noticia sobre tu traslado?
Sí. Parece que se confirma.
Seguramente representará mi ascenso, pero aún no he decidido nada.
¿Y a qué esperas?
A saber que tú quieres venir conmigo.
No puedes seguir pensando en lo que ha pasado.
¿Por qué intentaría escapar...?
Pobre Roy.
Ya no puedes seguir pensando en eso.
No sabes cuánto me has ayudado
todo este tiempo.
Mercedes, te he traído esto.
No sé si te gustará, pero te ruego que lo aceptes.
¿Por qué lo has hecho?
Esto no se compromete a nada.
Piénsalo bien y toma una decisión,
pero piensa en ti y piensa que el tiempo
puede ir dando fuerza a unos sentimientos
que, aunque nuevos, pueden ser definitivos.
(Música tensión)
Espera.
Vas a morir, Roy Dexter...,
pero antes quiero que sepas
que de Manuel de Losa
no se burla nadie. ¿Lo entiendes?
(Disparos)
¡Cortadles la retirada! ¡Que no se escape ni uno!
(Música tranquila)
Teniente. A la orden, señor.
Pregunte ese hombre quién es, cómo se llama y qué hace aquí.
¿Quién eres?
¿Cómo te llamas?
Mi nombre es Sam...
Blackwood.
Mi coronel, es un paisano. Su nombre es Sam Blackwood.
Que lo curen, que le den un caballo y que vuelva a su casa.
Habéis dejado escapar a Manuel de Losa y lo quiero vivo.
Vamos, todos a caballo,
quiero estar en la ciudad antes de que anochezca.
No te conocieron, gringo.
¡Escuadrón, en marcha!
Creo que no ha cruzado el río todavía. Debe estar por allí.
Suelta el caballo. Vamos. ¿Pero está loco, señor?
Te he dicho que lo sueltes.
Tienes suerte de que te necesite vivo.
¡Pedro, trae la cuerda!
(RÍE) Ven acá, mi cuate.
Sargento, avise al médico y que se haga cargo de los heridos.
¡Desmonten!
O'Connor. A la orden, mi capitán.
Atacamos a los hombres de Manuel de Losa.
¿Acabaron con él? No lo sé, señor.
Algunos consiguieron escapar.
Lo sorprendimos cuando estaban a punto de matar a dos hombres.
¿Sabe usted quiénes eran? No, mi capitán.
El coronel Jackson los liberó personalmente.
¡Como coronel de este destacamento me veo obligado a recordaros
que cuando digo que se rodea al enemigo
es una orden que debe cumplirse a rajatabla!
Necesito ese hombre que se ha escapado
y no pienso renunciar a él.
Lo encontraremos aunque tengamos que pasarnos a caballo una semana.
Lo que ha sucedido hoy espero que no vuelva a repetirse.
De lo contrario, me veré obligado
a tomar decisiones que no son de mi agrado.
¿Qué demonios le ocurre, Haller?
Solo quería preguntarle si me necesita esta noche.
No necesito a nadie. Y si puedo contar con su asistencia
a la fiesta de mi compromiso matrimonial.
Comprométase a lo que quiera, pero mañana tenga listo su caballo.
Usted saldrá también en busca de Manuel de Losa.
Lo que usted ordene, señor.
(Música tranquila)
No se ve a nadie, señor.
Diga, ahora que tiene aquí al amigo bien atado,
¿no le importaría seguir solo con él?
¿Qué te ocurre, Pedro? ¿Acaso tienes miedo?
Mucho, señor. A mí eso de transportar testigos importantes
me pone pero que muy nervioso.
¿Viste quién era? No, señor.
Ya...
¿Pero es que piensa usted llegar hasta el mismo Hueco City?
Esa es mi intención. Si le ven, le detendrán.
Quiero hablar con cierta persona.
(Música acción)
¡Que no se nos escapen! ¡Vamos, rápido!
(Continúa la música)
¡Entregaos! ¡Tirad las armas!
Necesito entrevistarme con el coronel Jackson, sheriff.
Es urgente. Muy urgente. Es necesario que hable con él.
¿No me ha oído?
Ya pasaron los tiempos en que era usted capitán, Roy.
Está bajo mi jurisdicción y le juzgará el pueblo,
no el coronel.
-¡A la horca! -¡Asesinos!
-¡Hay que acabar con ellos! -¡Buscad una cuerda!
-¡Ya era hora! -¡Dale!
-Adentro.
Está usted cometiendo un error, Sullivan.
Soy inocente y tengo las pruebas. Este hombre es mi testigo.
Se ha buscado usted un testigo de muy corta vida, Dexter.
-Ponga un telegrama al director del penal.
Di que hemos capturado a Dexter y lo tenemos a su disposición.
-Bien.
-Quizá consigas que me ahorquen...
Pero te va a ser difícil hacerme hablar.
Puerco asqueroso...
¡Quietos o acabaréis antes de lo que penséis!
-Manda que quiten lo que tengan en máquina
y que pongan este titular:
Roy Dexter capturado vivo.
Presunto culpable de las misteriosas muertes de Hueco City.
¿Qué le trae por aquí, sargento? Necesito ver el coronel.
Viene usted a buscarme.
Lo siento.
Orden de entrega de un preso.
Manuel de Losa, reclamado por el asesinato
de un destacamento de soldados, pasa a jurisdicción militar.
-¿Ninguna reclamación sobre el otro preso?
-Ninguna. ¡Un momento! O'Connor...,
vea usted al coronel. Dígale que interrogue a ese hombre.
Es mi única prueba.
Solo con él puedo demostrar que soy inocente.
¡Dígaselo, sargento! Firme aquí.
(ESCUPE)
Sargento, dígale al sheriff que pase mañana por el cuartel.
A la orden, señor.
(SUSURRA) Monta a caballo y huye en esa dirección.
Yo haré un disparo al aire para que no sospechen de mí.
De acuerdo.
(Disparo)
¡No!
(Disparo)
¡Sheriff, Haller ha matado a Manuel de Losa!
(Música militar)
Yo quería a Manuel de Losa vivo.
Lo dije esta tarde antes de salir de aquí.
¿Se puede saber por qué me lo trae muerto?
No tuve más remedio que disparar. De otro modo se hubiera escapado.
Y eso no iba a gustarle.
Sí, desde luego. Tiene usted razón, capitán.
Bien pensado,
todo lo que necesitábamos de ese hombre lo tenemos ya.
Solo... ha anticipado unos días su ejecución.
¿Puedo retirarme? Tiene usted mucha prisa. ¿Adónde va?
A la cena de mi compromiso matrimonial.
Le pedí permiso, ¿no lo recuerda? Ah, sí. Su compromiso.
Usted y esa chica que era novia de Dexter. ¿No es cierto?
Conteste.
Pues...
Coronel, ¿querría honrarnos con su presencia?
Odio las fiestas y más aún las de nuestra sociedad.
Pero, en fin, tratándose de usted, es posible que haga un esfuerzo.
Gracias, señor.
(Música animada)
Buenas noches.
Querido Barry, por fin. Ya nos tenía usted impacientes.
Lo siento, asuntos del servicio. Ya sabe usted lo que es eso.
Claro, pero lo importante es que ya está usted aquí.
¡Regina!
-Señor...
-Avise a la señorita que ya puede bajar.
-Sí, señor.
Y no conoces al que te ha dado este papel.
¿Cómo puede ser posible?
Por el acento parecía mexicano.
Me dijo que se lo entregara cuando estuviera usted sola.
Señorita, su padre la está esperando en el salón.
Dijo que bajara cuando usted quisiera.
Prepárame el vestido. Enseguida bajo.
Enhorabuena, Haller. Muchas gracias.
(Aplausos)
¡No sigas, Barry!
¡Esa mujer nunca será para ti!
Esto es lo único que te corresponde...:
el precio de tu traición. ¡Cobarde!
Eres un ser despreciable capaz de vender a tu mejor amigo.
¡No le escuchéis! ¡Está mintiendo!
¡Cállense los dos! ¡Yo diré quién miente!
¡No le escuche, coronel! ¡Y debe evitar que se escape!
Lo que ha dicho ese hombre es verdad.
(Murmullos)
¡No!
Le han engañado, coronel.
No existe ninguna prueba contra mí. Ninguna.
Usted mató a Manuel de Losa
porque sabía que era el único testigo
de la inocencia de ese hombre,
pero yo hablé con él antes de que usted le matara...
y obtuve su confesión escrita.
Por lo tanto, es inútil que siga mintiendo.
La confesión que le acusa a usted, Barry Haller,
de traidor al ejército, de asesino, de ladrón y de falsario
inculpando injustamente a otro hombre.
¡Roy, esta vez no escaparás con vida!
¡Oh!
(Música triunfal)
No...
No voy a matarte.
Quiero que pases lo que yo he pasado.
Quiero que sufras lo que quisiste para mí.
¿Lo oyes? Pero esta vez para siempre.
¿Lo oyes bien, Barry? ¡Para siempre!
Me place que además de cobarde... sea usted un imbécil.
Aquí tiene la confesión de Manuel de Losa.
Solo un estúpido como usted podía caer en esta trampa.
(Corneta)
(Canción en inglés)
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