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En marzo de 1945,
millones de tropas aliadas se movilizan
a lo largo de la orilla oeste del Rin,
listas para asestar un golpe mortal a la Alemania nazi.
Su plan es épico.
Fuerzas aerotransportadas, soldados cruzando el río,
ingenieros construyendo sus propios puentes.
Era similar a una invasión anfibia.
Pero en un sorprendente giro de los acontecimientos,
en vez de un gran general...
Julio César, George Patton o alguien así...
Un soldado inesperado podría ser el primer aliado en cruzar el Rin.
6 de junio de 1944.
Las fuerzas aliadas por fin logran desembarcar en Normandía
para abrir el frente occidental.
Pero los fanáticos nazis
continúan luchando sin compasión para sobrevivir.
El Día D fue una batalla,
pero los Aliados aún necesitan ganar la guerra.
Del Día D a Berlín: La última batalla de Hitler 2.
6 de marzo de 1945.
Flerzheim, Alemania.
El capitán estadounidense Frederick Kriner
lidera la Compañía Able del Vigésimo Séptimo Batallón
de Infantería Blindada
en una operación furtiva.
Kriner ordena a sus hombres que busquen las defensas nazis...
y aseguren el pueblo lo antes posible antes de seguir avanzando.
Pero al iniciar la operación,
disparan a Kriner.
En ese punto de la guerra es difícil saber quién es el enemigo.
En 1945, las fuerzas alemanas eran una mezcla.
Estaban las unidades regulares, las unidades de las SS,
las Juventudes Hitlerianas y el Volkssturm o el ejército del pueblo.
No se sabe qué unidad hirió
al capitán Kriner.
Esa confusión no aumenta las posibilidades
de las fuerzas aliadas de avanzar hacia Alemania.
El índice de bajas en el ejército estadounidense
en la primavera de 1945 era casi tan alto como lo había sido
en el verano anterior en la batalla de Normandía.
Aún había muchas formas de que te matasen, te hirieran
o hasta te capturaran en ese punto de la guerra.
Lo único que sabían es que tenían que seguir luchando
y esperar sobrevivir una semana más.
Eso no había cambiado.
Con Kriner herido y evacuado,
el teniente segundo Karl Timmermann, líder de pelotón,
se hace con el control de la Compañía Able.
Es el cuarto cambio al mando en solo seis días.
La responsabilidad del mando es tuya,
las vidas de muchos hombres están en tus manos.
Cuando tu comandante está presente,
siempre hay algo entre tú y ese nivel de responsabilidad...
pero el comandante se había ido
y la situación en ese momento era bastante grave.
Dos más delante.
Timmermann es un candidato poco común para asumir el mando.
A pesar de servir en el ejército estadounidense, habla alemán.
Timmermann nació en Frankfurt, no muy lejos de aquí.
Su padre sirvió en las fuerzas de ocupación estadounidenses
tras la Primera Guerra Mundial
pero desertó para casarse con la madre de Karl que era alemana.
Posteriormente, la familia se mudó a Estados Unidos.
Tanto Karl como sus hermanos se alistaron en el ejército
para redimir su apellido tras el deshonor de su padre.
Ahora, como parte de la Novena División Blindada,
Timmermann ha vuelto a Alemania.
Forma parte del enorme avance aliado hacia el este,
que tiene que reducir su marcha una vez más para vadear otro de los ríos
que cruzan el oeste de Europa.
Se habían movido por algunos territorios alemanes,
habían empezado a romper la Línea Sigfrido,
una cadena de fortificaciones en el oeste de Alemania,
y ahora la principal barrera que tenían delante era el propio Rin.
El Rin es el río más grande con el que se han topado hasta la fecha.
Recorre 1230 kilómetros,
desde los Alpes suizos hasta el mar del Norte.
El Rin ha servido durante mucho tiempo
para proteger los estados alemanes de los ataques desde el oeste.
Es la última frontera natural
antes de avanzar hacia el corazón de Alemania.
Quien conquista el Rin, conquista Alemania.
Los Aliados deben encontrar la forma de trasladar 80 divisiones,
unos cuatro millones de soldados, a la otra orilla.
Es un reto tan grande como el Día D.
Y lo que lo hace aún más complicado es que,
según los Aliados avanzan rápidamente
hacia los 31 puentes que cruzan el Rin,
se topan solo con el río
ya que las fuerzas alemanas en retirada los han demolido
para retrasar el avance aliado.
Los Aliados transportan cientos de barcos
y toneladas de materiales para construir puentes
y lograr cruzar de otras maneras.
Pero el objetivo de la Novena División Blindada de Timmermann
es solamente ocupar la orilla oeste del Rin
para impedir la retirada alemana.
La Novena División Blindada no tenía planeado cruzar el Rin
y sus hombres estaban un poco resentidos
ya que sentían que era una unidad de primer nivel
que debería liderar algo así.
A la mañana siguiente, Karl Timmermann informa a sus
líderes de pelotón sobre la misión de ese día como oficial al mando.
Hay que ir dirección Remagen.
Lideran un equipo especial
para ocupar el pueblo de Remagen en la orilla oeste del Rin.
La ruta cubrirá unos 15 kilómetros
y les llevará por pueblos pequeños...
Tienen orden de evitar cualquier escaramuza
y mantener una velocidad de unos 15 kilómetros por hora.
Timmermann señala un puente ferroviario que cruza el río
desde Remagen hasta el lado este...
que imaginan que han demolido.
Al mediodía, la Compañía A se acerca a un punto estratégico
desde el que se ve Remagen.
Aviones de reconocimiento han sobrevolado la zona por la mañana.
Los batallones de artillería estadounidenses tenían
unos aviones y los mandaron para explorar.
Ellos fueron los que dijeron:
"Chicos, hay un puente que sigue intacto".
Pero los rumores también "vuelan"
y la situación cambia rápidamente.
Timmermann y sus líderes de pelotón no saben qué esperar.
Cuando la Compañía A mira hacia el pueblo,
se lleva una gran sorpresa:
los nazis no han demolido el puente.
Sigue ahí.
Los Aliados tienen una oportunidad para tomar un puente intacto
sobre el Rin.
Remagen nunca había figurado
como algo importante en los planes aliados de cruzar el Rin.
Los Aliados tenían un gran plan operativo
que incluía fuerzas aerotransportadas,
soldados cruzando el río e ingenieros construyendo
sus propios puentes.
Nadie imaginaba que los alemanes iban a dejar que eso pasara.
El puente Ludendorff mide unos 300 metros de largo
y es lo suficientemente ancho
como para que pasen dos trenes uno junto a otro.
Cuatro torres de piedra rematan los extremos
y se ha excavado un profundo túnel en la colina del lado este.
El puente se construyó durante la Primera Guerra Mundial
para acelerar el transporte de soldados
y provisiones al frente occidental,
pero se convirtió en una ruta de retirada para el ejército vencido.
Y, ahora, de nuevo les sirve a los soldados alemanes
para intentar escapar del avance aliado.
Los hombres de Timmermann deben reprimir su impulso inicial.
Cuando ves alemanes retirándose a través del puente Ludendorff,
tu primer impulso sería dispararlos, eran blancos fáciles
pero, en ese caso, era mejor no hacerlo para no revelar tu posición.
El puente intacto supuso toda una revolución.
La información llegó a los altos mandos,
"hay un puente ahí, ¿qué queréis que hagamos?"
La respuesta fue:
"Decidles a las fuerzas especiales que vayan a por él.
Que lleguen lo antes posible.
Puede que lo destruyan
pero quizá no lo hagan y tengamos suerte".
Pero los alemanes siguen controlando el puente Ludendorff
y podrían demolerlo en cualquier momento,
como ya lo habían hecho con todos los puentes que había.
Los oficiales al mando son el capitán Will Bratge,
comandante de combate...
Era el típico oficial alemán.
Nombrado en 1940,
luchó en Francia ese año
y después en Rusia.
Y el capitán Karl Friesenhahn,
que lidera el batallón de ingeniería responsable
de los explosivos para los puentes.
Karl Friesenhahn era un soldado mayor,
un veterano de la Primera Guerra Mundial
y miembro del partido nazi desde 1933.
No le llamaron para la línea de combate
durante la Segunda Guerra Mundial,
solo se encargaba de la formación y formaba parte de la reserva.
Hacía meses que le habían asignado
el puente de Remagen por lo que estaba cuidándolo, por así decirlo.
Los dos capitanes saben que los estadounidenses avanzan rápido
por lo que Friesenhahn se prepara para demoler el puente.
Mientras sus hombres revisan los preparativos,
se acerca un comandante alemán llamado Hans Scheller
y anuncia que le han puesto al mando de todas las fuerzas del puente.
Que la responsabilidad del puente Ludendorff
cambiara tres veces en 24 horas
demostraba claramente el caos que se vivió esos días.
Ambos capitanes instan al comandante Scheller
a que ordene su demolición.
Scheller les pregunta acerca de los hombres disponibles.
El capitán Bratge le informa de que tienen un batallón convaleciente
de 36 heridos,
además de grupos dispersos de Juventudes Hitlerianas armadas
y tropas del Volkssturm.
Friesenhahn lidera a unos 100 ingenieros armados.
Bratge le pregunta al comandante Scheller
por los refuerzos que solicitó
pero no hay.
Las fuerzas alemanas están ocupadas luchando en otros lugares.
La principal prioridad esos días era subir hacia el norte,
hacia la zona de Colonia y Bonn.
Remagen solo era algo secundario.
El comandante duda.
Las unidades de Scheller se estaban retirando apresuradamente,
no querían quedarse atrapadas y caer en manos aliadas
en la orilla oeste del Rin.
Scheller ordena a los ingenieros que finalicen
todos los preparativos necesarios para la demolición
pero que no lo hagan todavía.
Mientras comienzan a trabajar,
los hombres escuchan disparos en el lado occidental.
Los estadounidenses han llegado.
7 de marzo de 1945.
Oeste de Alemania.
El Vigésimo Séptimo Batallón de Infantería Blindada
de Estados Unidos tiene órdenes de tomar el pueblo de Remagen,
en la orilla occidental del Rin.
Pero cuando el teniente segundo Karl Timmermann
y su pelotón llegan al pueblo,
les sorprende ver que el puente sobre el río sigue intacto.
Esperaban que todos los puentes estuvieran demolidos,
al menos casi todos lo estaban.
Los alemanes se apresuran a terminar lo necesario para su destrucción...
pero el comandante Hans Scheller sigue dudando.
Debe tener cuidado.
Las tropas asustadas son las que demuelen puentes,
eso era lo que sucedía en el otoño del 44.
Después de que demolieran por error el puente de Mulheim,
Hitler adoptó unos protocolos muy estrictos.
No quería que cualquiera destrozara un puente,
la orden tenía que venir de una autoridad de mando superior.
Si Scheller decidía demoler el puente demasiado pronto,
dejaría a miles de soldados alemanes atrapados
en la orilla oeste del río.
Todo dependía de que Scheller encontrara
el momento correcto.
Mientras siguen trabajando para demoler el puente,
el teniente estadounidense Karl Timmermann lidera
a sus hombres hacia Remagen.
Han retirado una barricada
y hay sábanas blancas colgando de las ventanas
como señal de rendición...
El pueblo parece desierto.
La falta de resistencia les hace pensar que es una trampa.
No sabían cómo iban a recibirles; en algunos casos,
los civiles alemanes solo querían que su pueblo se rindiera,
en otros, había fanáticos nazis que provocaban emboscadas
por lo que esa situación de calma podría no ser real.
Encuentran una señal
avisando a los habitantes de un campo de minas.
Los alemanes ponen señales en todos los sitios.
"Achtung Minen", que quiere decir: "Cuidado, minas".
Los Aliados no sabían si se trataba de un campo de minas de verdad.
En cualquier caso, tenían que parar y buscar las minas.
Eso les llevó tiempo y disminuyó su avance.
Los ingenieros de combate estadounidenses
analizan la carretera.
Los ingenieros alemanes terminan los últimos pasos necesarios
para la demolición.
Friesenhahn revisa el circuito
para asegurarse de que todo está en orden.
El puente está preparado para explotar.
Friesenhahn solicita de nuevo al comandante Scheller que dé la orden,
pero con la retirada alemana aún en marcha, Scheller se niega.
Friesenhahn cruza el puente con algunos hombres
en dirección a la orilla oeste.
En la rampa de acceso,
observa cómo los estadounidenses se acercan con un tanque.
La Compañía Able cuenta con varios tanques M26 Pershing
con cañones de 90 milímetros.
Estas bestias bajas y anchas
son algo inédito en el frente de batalla.
Forman parte de la unidad de lucha mecanizada.
El Vigésimo Séptimo Batallón de Infantería Blindada era solo
un elemento de la Novena División Blindada que incluía tanques,
infantería blindada, artillería autopropulsada
e ingenieros blindados.
Operaban como fuerzas de ataque móviles.
La velocidad es la clave.
Eran ideales en ese punto de la guerra
porque tenían potencia de disparo y de combate y, además,
se movían a mucha velocidad
siempre y cuando siguieran teniendo combustible.
Con soldados a pie alrededor del tanque,
los estadounidenses avanzan rápidamente.
¡Hacia delante! ¡Vamos!
El capitán alemán Karl Friesenhahn escucha el silbato
y el ruido del motor del tanque y grita... ¡Fuego!
Antes de que los estadounidenses lleguen a la rampa,
una explosión sacude el suelo,
lanzando escombros por encima de sus cabezas.
¡Agachaos!
Cuando desaparecen el polvo y el humo,
un cráter de 10 metros en la rampa de acceso impide
el paso de cualquier vehículo desde la parte occidental del puente.
Friesenhahn se une a los alemanes en retirada
que se apresuran a cruzar hacia la orilla este.
Mientras corre,
un proyectil explota cerca y cae al suelo.
Friesenhahn era el único oficial que tenía las llaves
para detonar los explosivos
pero estaba tumbado inconsciente sobre el puente.
7 de marzo de 1945.
El teniente segundo Karl Timmermann
lidera un grupo especial de estadounidenses
hacia la orilla del Rin donde,
increíblemente, el puente Ludendorff sigue intacto.
Su misión era simplemente tomar y asegurar el pueblo de Remagen
pero, ahora, los estadounidenses tienen la oportunidad
de hacerse con el control de un puente que cruza el Rin,
lo que podría asestar un golpe mortal a la Alemania nazi.
Sin embargo, cuando empiezan a cruzar...
Se produce una enorme explosión.
Todos los puentes que cruzaban el Rin
tenían explosivos en sus extremos occidentales...
En caso de emergencia,
se detonaban esos explosivos primero
para crear cráteres enormes
e impedir el avance de los tanques enemigos.
Los alemanes son conscientes
de que se acercan los estadounidenses...
pero lo que Timmermann no sabe es que el oficial alemán
que tiene las llaves para detonar los explosivos
ha caído al suelo y yace inconsciente sobre el puente.
Mientras se reagrupan tras la explosión,
los estadounidenses deben manejar toda la información que les llega.
Mientras el grupo especial de la Novena División Blindada
avanzaba por el pueblo, vio una mezcla de soldados alemanes,
soldados del Volkssturm y civiles
y los rumores empezaron a circular.
"Sí, van a volar el puente. Lo van a hacer a las 16:00"
o "Lo van a demoler en cuanto lo pisen las tropas estadounidenses".
A pesar del riesgo,
Timmermann y sus hombres tienen órdenes de tomar el puente.
Circulaban muchos rumores
pero la mayoría de los estadounidenses pensaba
que los alemanes iban a demoler el puente en el último momento.
Pero si los alemanes iban a esperar hasta las 16:00,
la Compañía Able aún tenía 45 minutos.
¡Moveos!
Los hombres de infantería estadounidenses rodean el cráter
y comienzan a acercarse de nuevo a la cabeza de puente.
Cuando los estadounidenses llegaron al puente,
los alemanes que quedaban en la orilla este
comenzaron a disparar para intentar
impedir que los estadounidenses siguieran avanzando.
Los estadounidenses se refugian en el cráter...
y devuelven los disparos
con el apoyo del cañón del tanque Pershing.
No puede moverse más allá del cráter
pero sí puede ayudar con sus disparos.
Timmermann decide avanzar
y ordena a sus hombres que le sigan,
pero éstos dudan.
En la orilla este del puente de Remagen
había una gran colina y un túnel.
Los hombres de infantería estadounidenses sospechaban
que los alemanes les habían preparado una emboscada
y que, cuando pusieran un pie en el puente,
les iban a disparar desde el túnel y desde la colina.
Los alemanes disparan desde las torres de piedra del lado este,
lo que también mantiene inmóviles a los hombres de Timmermann.
¡Eh! ¿Ves la torre?
Recibido.
La tripulación del tanque dispara
y destruye parte de la torre.
Las ametralladoras alemanas dejan de disparar por el momento
y Timmermann lo aprovecha.
Mira su reloj.
Si la detonación se lleva a cabo según lo planeado,
tienen 10 minutos.
Los ingenieros estadounidenses del Batallón de Ingeniería Blindada
también tienen una misión:
llegar al puente y desactivar todos los explosivos que puedan.
Sabían qué aspecto tenían las cargas de demolición
por lo que debían intentar quitar los explosivos
y manejar los cables
que conectaban los explosivos con el detonador que estaba en el túnel.
Los estadounidenses lanzan proyectiles de fósforo blanco
para crear una "pantalla de humo" que proteja su avance.
¡Cobertura!
Ahora, con fuego de cobertura...
¡Acercaos!
...Timmermann ordena a sus pelotones que avancen por el puente.
¡Moveos! ¡Moveos!
Cuando la amenaza parece mayor de lo habitual,
la persona al mando siempre tiene que liderar desde delante.
No les dijo a sus hombres: "Cruzad el puente", les dijo: "Seguidme".
¡Moveos! ¡Moveos!
Finalmente, el capitán alemán Karl Friesenhahn
recupera la conciencia y se dirige a la orilla este.
Localiza al comandante Scheller
y éste da la orden para demoler el puente.
Friesenhahn gira la llave para iniciar la detonación.
Pero no se produce explosión alguna.
Lo intenta de nuevo pero nada.
El circuito se ha roto.
Friesenhahn comprobó que todo funcionaba correctamente
para demoler el puente, pero cuando giró la llave,
no pasó nada.
Tuvo que ser una gran sorpresa.
Él y el resto de oficiales entraron en pánico.
Los alemanes solo tienen una opción:
hay una carga de demolición de emergencia
en la parte trasera del puente
pero hay que accionarla a mano.
Friesenhahn busca un voluntario entre sus suboficiales.
Obviamente, en esa situación,
era muy complicado encontrar a alguien
que quisiera llevar a cabo esa misión porque era letal,
una misión completamente letal.
Finalmente, un joven soldado llamado Anton Faust da un paso al frente.
Friesenhahn le da instrucciones...
y Faust sale en dirección al puente bajo una intensa lluvia de disparos.
Casi al mismo tiempo,
el teniente segundo estadounidense Karl Timmermann
también carga hacia delante
para liderar a sus hombres hacia el puente.
¡Seguid avanzando!
Había muchísimo ruido
y el puente estaba rodeado de humo...
pero, en algún lugar, estaba Faust
intentando detonar el puente.
Los segundos pasan...
Friesenhahn no puede esperar.
Sale del túnel para intentar ver a Faust.
Friesenhahn no lo veía.
De repente, apareció entre el humo...
diciendo: "Lo he hecho".
Mientras los estadounidenses se acercan,
el puente explota gracias a unas cargas que hay bajo sus pilares.
El ruido resuena en sus oídos
y los soldados se preparan para el impacto.
7 de marzo de 1945.
Oeste de Alemania.
El teniente segundo estadounidense Karl Timmermann
del Vigésimo Séptimo Batallón de Infantería Blindada
ataca en el puente Ludendorff.
Es un premio inesperado
que podría conducirles hasta el corazón de Alemania.
Pero decidido a impedir el avance estadounidense,
el capitán alemán Karl Friesenhahn lleva a cabo
un procedimiento de emergencia para detonar el puente.
Con el gran estruendo de la explosión,
las tropas pensaron que el puente se iba a derrumbar
en cualquier momento.
Todo el puente tembló.
Cuando los alemanes en el lado este
vieron la detonación, bueno, la escucharon primero,
estaban eufóricos.
Pensaron: "Hemos logrado detonar a tiempo el puente".
Pero, milagrosamente,
los estadounidenses levantan la cabeza
y se dan cuenta de que siguen vivos.
No estaban seguros de lo que había pasado.
Era evidente que había explotado una carga
y quizá alguna parte del puente se hubiera caído al río
pero la zona en la que estaban ellos no.
No ven nada.
Todo está cubierto de polvo y humo...
El entorno empieza a despejarse.
De repente se dieron cuenta de que el puente seguía intacto.
Había sufrido daños pero seguía intacto.
¿Qué iban a hacer en ese momento?
Salir del puente lo antes posible.
Los alemanes también esperan ansiosamente
a que el humo se despeje.
Tras un par de segundos, se quedaron helados.
El puente no se había derrumbado.
¡El puente es nuestro! ¡Moveos!
Los intentos de los alemanes por detonarlo han fracasado.
Timmermann ve que la mayoría de sus hombres están paralizados
por el miedo a otra explosión y los impulsa hacia delante.
¡No os paréis! ¡Moveos!
Lo principal era salir del puente
porque era posible que los alemanes volvieran a querer explotarlo.
¡Eh! ¡No podemos pararnos! ¡Levantaos! ¡Seguid avanzando!
¡Levantaos! ¡Vamos! ¡Seguid avanzando!
En ese momento, el interés personal de los soldados
se unía a lo que también quería su superior.
Casi al mismo tiempo,
el teniente Hugh Mott del Noveno Batallón de Ingenieros Blindados
lidera un grupo de ingenieros con el objetivo de desactivar
los explosivos que siguen pegados al puente.
Nadie sabe quién o qué podría detonarlos.
Como el puente no se había venido abajo,
asumieron que habría otra carga.
Por eso, los ingenieros tenían la misión casi imposible de aislar
las cargas explosivas diseñadas para demoler el puente.
Uno de los hombres de Mott corre hasta el extremo más lejano
del puente para cortar un cable grueso.
Pero está recubierto y no puede hacerlo con sus herramientas.
¡Atrás, chicos!
Saca su rifle y le dispara tres veces al cable,
rompiéndolo completamente.
Mientras tanto, el sargento Joseph Delisio corre hacia
la base de las torres en el lado opuesto.
El principal foco de oposición procedía de las dos grandes torres
de piedra de la parte este del puente.
Dentro de ellas había equipos de alemanes con ametralladoras.
¡Cobertura!
Los tanques han disparado a las torres
pero hay que asaltarlas.
Delisio entra en una de ellas.
Mientras avanza,
escucha cómo disparan las ametralladoras encima
de él, pero cuando sube, los disparos cesan.
Delisio podría dirigirse hacia una trampa
pero, sin dudarlo, entra en la sala.
Y apunta a los soldados alemanes que están acurrucados
sobre una ametralladora atascada.
Delisio dispara como advertencia
y los alemanes se rinden.
Después, coge la ametralladora y la tira por la ventana.
Los soldados estadounidenses sobre el puente la ven caer.
Hombres de otro pelotón despejan la segunda torre.
Sin los disparos de las ametralladoras desde las torres,
Timmermann vuelve a ordenar a sus hombres que avancen
hacia la orilla este.
El sargento Alex Drabik lidera la carga.
Drabik trabajaba de carnicero en Estados Unidos.
Sus hombres les aportan fuego de cobertura desde atrás.
Ya pueden avanzar.
¿Lograrán ser los primeros soldados aliados en cruzar el Rin?
7 de marzo de 1945.
Soldados estadounidenses del Vigésimo Séptimo Batallón
de Infantería Blindada cruzan el puente Ludendorff
bajo una intensa lluvia de disparos de las ametralladoras
y la artillería alemana...
en un intento por conquistar el Rin.
El sargento Alex Drabik, líder de escuadrón,
lidera un ataque sin cuartel para llegar al otro lado.
Drabik cree que si siguen avanzando,
podrán esquivar las balas alemanas que intentan pararles.
Increíblemente, funciona.
Cuando piensas en cruzar el Rin, piensas en un gran conquistador.
Julio César, George Patton o alguien así...
Pero, en realidad, lo hizo un soldado estadounidense desconocido,
nadie pensaba que se daría esa circunstancia.
Pero acabó siendo el primer hombre que cruzó el Rin.
Todo el escuadrón de Drabik logra llegar
sano y salvo a la orilla este.
Unos segundos después,
el teniente segundo Karl Timmermann se une a ellos,
convirtiéndose en el primer oficial aliado en cruzar el Rin.
Pero la realidad disminuye la euforia.
En ese momento, solo tenían una pequeña compañía de infantería
en el lado este del Rin.
Obviamente, necesitaban tropas, muchas tropas.
No tenían ni idea de lo que los alemanes tenían a ese lado.
Tuvieron suerte de que los alemanes estaban
aún más confundidos que ellos.
Los hombres de Timmermann se dispersan
para tomar la colina que está junto al puente.
El comandante alemán Hans Scheller observa
cómo el puente Ludendorff cae en manos enemigas.
Debe solicitar refuerzos a sus superiores
para iniciar un contraataque,
pero ninguna de sus radios funciona
y han perdido la comunicación por teléfono.
Desesperado,
envía a un mensajero para que les informe personalmente.
Los estadounidenses también saben que conseguir refuerzos rápidamente
es esencial para mantener la cabeza de puente.
Una vez que los estadounidenses capturan el puente,
comienza a cruzar gente. Todo era una carrera
para que cruzaran las máximas personas posibles
y poder mantener el puente.
De noche, ya hay varios kilómetros de la carretera a Remagen cortados
por tanques y vehículos aliados.
Los tanques, sobre todo, serán cruciales para defenderse.
Los alemanes iban a tener una respuesta militar muy violenta.
Era posible que intentaran demoler el puente Ludendorff
para evitar que los estadounidenses siguieran cruzándolo.
Pero, aunque no han logrado demoler el puente,
éste sí ha sufrido graves daños.
Nadie sabe si aguantará el peso de los tanques.
Los ingenieros trabajan sin descanso para comprobar
la integridad de la estructura y realizar reparaciones vitales.
Era última hora de la tarde
y el sol se estaba empezando a poner.
Era difícil inspeccionar físicamente la parte baja del puente.
Los ingenieros trabajan bajo fuego enemigo constante,
pero con acero y gracias al fuego de cobertura,
logran reparar la mayor parte de los daños del puente
y del cráter creado en el lado oeste.
A medianoche, están listos para que empiecen a cruzar vehículos.
El primer tanque Sherman avanza lentamente por el puente.
Son más de 30 toneladas de acero y un posible peso muerto.
Estoy casi seguro de que, cuando cruzó el primer tanque,
todas las tripulaciones de los demás tanques tenían la escotilla abierta.
Si el puente se venía abajo por el peso del tanque,
querían poder escapar.
Los ingenieros han colocado cinta adhesiva blanca como guía
y acordonado las partes dañadas de la plataforma.
¡Sigue! ¡A la derecha!
¡Vamos, vamos! ¡Avanza, avanza!
Finalmente, el tanque llega
a tierra firme en la orilla este del río.
Un vehículo blindado ha cruzado el Rin.
Los tanques son unos de los vehículos más pesados que existen
por lo que eso indicaba
que el puente estaba estructuralmente preparado
para que cruzaran los refuerzos.
A pesar de la inyección de moral,
el contraataque alemán continúa y la noche se vuelve peligrosa.
Tenían el Rin a sus espaldas, no había ningún sitio al que ir.
¡Cobertura!
Era una situación muy preocupante.
Tenían que esperar y ganar tiempo
para que más soldados llegaran hasta allí y les apoyaran.
Los ingenieros alemanes siguen decididos
a cumplir su misión y destruir el puente.
Poco antes del amanecer, un grupo esquiva a los vigilantes aliados.
Ocultos en la oscuridad,
los alemanes casi logran llegar hasta el puente con explosivos
pero les acaban detectando y capturando.
La noche pasa y los estadounidenses respiran aliviados.
Cuando salió el sol
y vieron que no les habían hecho retroceder hacia el Rin,
las cosas mejoraron mucho.
Y si los alemanes los atacaban, al menos, podrían verlos.
Eso también ayudó.
Cuando las tropas y el equipamiento cruzan el puente,
un cartel les da la bienvenida.
En él se lee: "Cruza el Rin sin mojarte los pies por cortesía
de la Novena División Blindada".
Pero la batalla para mantener el puente acaba de comenzar.
Hitler se enfadó muchísimo cuando se enteró
de que habían tomado uno de los puentes que cruzaban el Rin
por lo que era cuestión de orgullo demolerlo.
Por eso, durante varios días,
el ejército empezó a lanzarle misiles V2
y todo tipo de artillería pesada.
Se convirtió en un objetivo para los nazis.
Empiezan a caer proyectiles en la zona del puente cada dos minutos
y varios ingenieros pierden la vida.
Es una campaña incesante en la que cruzarlo
y repararlo se vuelve extremadamente peligroso.
A la noche siguiente, 8000 soldados estadounidenses
tienen una cabeza de puente de kilómetro y medio de profundidad
y tres kilómetros de ancho a lo largo de la orilla este del Rin.
Atacados constantemente,
los estadounidenses no dejan nada a la suerte.
Los ingenieros también construyen puentes flotantes
para crear cruces adicionales hacia la orilla este.
Esos puentes también se convierten en objetivos para los nazis.
La Luftwaffe sobrevuela
unas 400 veces sobre los puentes.
Cada vez más cañones antiaéreos estadounidenses
les "dan la bienvenida".
El puente de Remagen supuso uno de los grandes esfuerzos
de los batallones antiaéreos del ejército estadounidense
durante la Segunda Guerra Mundial.
Se dieron cuenta de lo importante que era
y de que los alemanes iban a destruirlo
y, la forma más probable de hacerlo era mediante un ataque aéreo.
Las baterías antiaéreas tienen un solo objetivo.
Lo importante no era cuántos aviones derribaban
sino el hecho de impedir que la Luftwaffe atacara el puente.
Su determinación se ve recompensada.
En menos de una semana, más de tres divisiones aliadas
ocupan 23 kilómetros en la orilla este del Rin.
Pero el 17 de marzo,
10 días después de la toma del puente Ludendorff,
sucede una tragedia.
El debilitado puente se viene abajo de repente.
17 de marzo de 1945.
Remagen, Alemania.
Las fuerzas estadounidenses han protegido el puente Ludendorff
a pesar de los innumerables intentos de los alemanes por destrozarlo.
La supervivencia durante 10 días del puente Ludendorff
fue absolutamente vital.
Eso le dio la oportunidad al ejército de movilizar más tropas
y equipamiento a través del puente y, al mismo tiempo,
les ofreció el tiempo que necesitaban
para montar nuevos puentes.
La cabeza de puente en el lado este
aporta protección a los aliados para construir
los primeros puentes tácticos sobre el Rin,
lo que permite que un flujo constante de hombres
y equipamiento siga cruzando
a pesar de que los ingenieros corten el puente Ludendorff para repararlo.
Pero, en un giro sorprendente,
el puente Ludendorff se desmorona de repente.
El puente había sufrido demasiados daños.
Al final no pudo más y se desplomó sobre el río.
Los ingenieros caen al agua helada
y los restos que se desploman al río golpean a muchos hombres.
Los rescatadores se lanzan al río
para salvar a sus compañeros
y llevarlos a la seguridad de la orilla.
Pero para algunos ya es demasiado tarde.
Veintiocho hombres mueren
y sesenta y tres más resultan heridos.
Es un gran sacrificio en el nombre de la paz.
Lo que comenzó con tan solo dos batallones
crece deprisa hasta convertirse
en una misión en la que participan cuatro divisiones.
Los Aliados tenían un cruce,
un cruce seguro sobre el Rin.
Por primera vez desde hacía casi 150 años,
desde la época de Napoleón,
un ejército extranjero cruzaba el Rin en tiempos de guerra...
En ese momento se abrió la puerta hacia Berlín y hacia el Ruhr.
Decenas de miles de vehículos cruzan el puente Ludendorff
y los puentes flotantes...
y, a mediados de marzo, los Aliados llegan a la Autobahn
y comienzan a bloquear la industria en la región del Ruhr.
Hitler ordena la creación de un tribunal militar
para juzgar a los responsables de la toma del puente.
El comandante Hans Scheller comparte la suerte
de miles de soldados alemanes en los últimos meses de la guerra.
Le llevaron ante un tribunal militar y le sentenciaron a muerte.
Al final acabó ejecutado por un pelotón de fusilamiento.
Al capitán Will Bratge también le condenaron a muerte...
pero tuvo suerte
de que los estadounidenses le hicieran prisionero
ya que, al final, sobrevivió a la guerra.
El capitán Karl Friesenhahn
se enfrentó al mismo tribunal militar
pero también acabó siendo prisionero de los estadounidenses.
El teniente segundo Karl Timmermann,
el sargento Alex Drabik,
el sargento Joseph Delisio
y el teniente Hugh Mott
reciben la Cruz de los Servicios Distinguidos
por sus acciones en el puente Ludendorff.
La historia ocupa portadas a nivel nacional
y se vuelven famosos.
Era con lo que muchos soldados estadounidenses soñaban
en la Segunda Guerra Mundial,
que su nombre saliera en los titulares
y que todos en su país los leyeran.
Eso hacía volar su imaginación y también fomentó la esperanza
en Estados Unidos de que la guerra iba a acabar.
Pero, aunque los Aliados hayan cruzado el Rin,
los horrores de la campaña nazi aún no han sido revelados.
La guerra en Europa continuaría durante casi dos meses más.
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