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Noviembre de 1944.
Suroeste de Holanda.
Las tropas canadienses deben distraer a las fuerzas nazis
para que los comandos británicos puedan realizar un ataque anfibio
contra una fortaleza alemana.
Cuando un contraataque alemán amenaza la misión,
un soldado hace frente a las adversidades.
Se volvió loco,
no se me ocurre ninguna otra forma de definirlo.
Disparaba a todo, acabó con un gran número de tropas enemigas.
Fue casi como si se olvidara
de que él también era mortal.
¿Pero será suficiente?
6 de junio de 1944.
Las fuerzas aliadas por fin logran desembarcar en Normandía
para abrir el frente occidental.
Pero los fanáticos nazis
continúan luchando sin compasión para sobrevivir.
El Día D fue una batalla,
pero los Aliados aún necesitan ganar la guerra.
El Día D a Berlín: la última batalla de Hitler 2.
Octubre de 1944.
Holanda.
El comandante Ross Ellis y su Compañía de Artillería
de los Calgary Highlanders de Canadá
recorren con cautela una zona rural anegada.
Había poca "tierra seca" durante el otoño de 1944
porque fue un periodo con muchas lluvias
y los alemanes usaron el pólder o terreno ganado al mar
para frenar el avance de nuestros vehículos.
Las fuerzas alemanas en retirada han destruido los diques
para inundar la tierra holandesa, llamada pólder,
y así ralentizar el avance aliado.
A veces tenían que recorrer el pólder sin
vehículos blindados y sin los camiones
que tenían para sumergirse
y tuvieron que luchar en el agua durante días y, en ocasiones,
hasta semanas seguidas.
Los diques les protegen ligeramente del fuego enemigo
pero todo tiene un precio.
La realidad es
que no podían llegar hasta el enemigo escondidos tras un dique.
Sabiendo que avanzarían mucho más rápido sobre los diques,
los canadienses emplean una arriesgada estrategia
para atacar al enemigo.
Levántate, soldado.
Colocan a un hombre como cebo para atraer el fuego alemán,
mientras otros avanzan como observadores.
Cuando escuchaban el fuego enemigo,
ya fuera de francotiradores, o de ametralladoras,
sabían en qué pólder estaba el enemigo
y a cuánta distancia estaba.
Así podían empezar a trazar planes para intentar eliminarlo.
Los canadienses averiguan las posiciones alemanas
y ordenan un ataque de infantería o artillería en su contra.
Es una táctica suicida
que depende de unos reflejos rápidos y mucha suerte.
Me costó mucho tiempo entenderlo.
Lo que hacían era fingir
que durante los siguientes 10 o 12 metros iban a estar a salvo
y que iban a sobrevivir.
Me imagino que no sabes si vas a sobrevivir si no lo haces.
Los canadienses repiten lo mismo una y otra vez
mientras avanzan por Holanda.
Ellis y los hombres de Calgary Highlanders
llevan semanas luchando en este terreno
para despejar el acceso al puerto de Amberes,
tomado a principios de septiembre.
Los Aliados lograron tomar Amberes intacto
para asombro de los británicos
pero para horror de Hitler
y los altos cargos de sus fuerzas armadas
ya que no se imaginaban que los británicos avanzaran tan rápido.
Cuando la 11o División Blindada vio que el puerto estaba intacto
gracias a la ayuda de la resistencia belga se llevó una gran sorpresa.
Amberes puede resolver un gran problema para los Aliados.
Amberes era absolutamente vital
porque era el único puerto de aguas profundas
que estaba cerca de la frontera alemana
y con el que poder llegar a Alemania.
La distancia desde Normandía
implicaba mover provisiones, combustible y munición
por camión a través del Red Ball Express
y eso ya no podía seguir siendo viable mucho tiempo.
Pero antes de que la marina pueda abrir el puerto,
el ejército necesita despejar el cercano estuario del Escalda
que continúa estando bajo el fuerte control de los nazis.
Sin embargo, despejar y asegurar puertos
no se considera un objetivo "con glamour"
cuando hay que ganar una guerra.
El problema era que Montgomery estaba tan emocionado
con la posibilidad de cruzar el Rin antes que los estadounidenses
que sentía que lo de Amberes
se podía solventar después.
El general británico Bernard Montgomery
convence al comandante supremo, el general Dwight D. Eisenhower,
para que apoye su plan de cruzar el Rin.
Para ello asigna al XXX Cuerpo del Ejército británico
la Operación Market Garden,
dejando una fuerza más pequeña para despejar el acceso a Amberes.
Se le considera uno de los mayores errores de Montgomery como general.
No logró distribuir los recursos
para resolver el problema crítico de los Aliados con las provisiones y...
La decisión de Montgomery de desviar el XXX Cuerpo a Arnhem
provocó que los alemanes tuvieran tiempo
para llevar 82 000 hombres, 4000 camiones
y más de 500 piezas de artillería
a la orilla norte del río Escalda.
Puede que sea un poco exagerado
pero fue una especie de "mini Dunquerque".
Tras mucho retraso
y después de luchar en el agua durante semanas,
los Calgary Highlanders deben terminar de despejar
la península del Escalda
y llegar hasta el último bastión alemán: la isla Walcheren
que controla el acceso al puerto de Amberes.
El teniente general Wilhelm Daser
controla las defensas de Walcheren
desde una ciudad elevada en el centro de la isla
llamada Midelburgo.
Hitler le ha ordenado a Daser que proteja Walcheren
hasta el último hombre.
Los Aliados planean un ataque coordinado por tierra, mar y aire
contra Walcheren.
Dos ataques de comandos anfibios se llevarán a cabo simultáneamente
en las orillas sur y oeste.
El objetivo de los canadienses será el lado este de Walcheren
donde una carretera elevada conecta la isla con la península.
La idea era que los canadienses lanzaran un ataque
por la carretera que llamara la atención de los alemanes
y, con suerte,
hiciera que los desembarcos anfibios fueran más sencillos.
La carretera mide menos de dos kilómetros
y solo tiene 30 metros de ancho.
A cada lado del puente hay una zona con barro
similar a las arenas movedizas cuando la marea está baja
y con fuertes corrientes cuando sube la marea.
La carretera está muy bien defendida.
Los alemanes tenían todo tipo de morteros y ametralladoras
apuntando a la carretera.
También tenían cañones antitanques de 88 milímetros
y habían cubierto cada milímetro cuadrado
de esa carretera.
Era evidente que les preocupaba mucho
que los Aliados avanzaran por ahí.
Por la noche del día 31 de octubre,
los Calgary Highlanders se reúnen; a media noche,
cruzarán la carretera.
Ellis escoge a la Compañía B liderada por el capitán Frank Clarke
para iniciar el ataque.
Clarke, flanqueado por su operador de radio,
el soldado raso Frank Holm, y el resto de sus hombres
llegan al extremo este de la carretera.
Esperan en silencio hasta recibir la señal para avanzar.
Los hombres bromean diciendo que es Halloween
y que puede haber fuegos artificiales.
Tenían muchos fuegos artificiales.
¡Fuego!
Para tomar el bastión nazi de la isla Walcheren
deben sobrevivir tras cruzar la carretera.
Mientras Halloween da paso al día de Todos los Santos,
los canadienses empiezan a avanzar hacia el infierno.
¡Fuego!
31 de octubre de 1944.
Medianoche.
Suroeste de Holanda.
El capitán Frank Clarke y la Compañía B
de los Calgary Highlanders de Canadá
comienzan a cruzar la carretera bajo una intensa artillería.
Los canadienses ocupan el lado este.
Ahora luchan por cruzar y tomar la isla Walcheren,
una ubicación muy bien fortificada dentro del muro atlántico nazi.
Las defensas alemanas hicieron retroceder a otra unidad canadiense,
los Black Watch, aquí mismo el día anterior.
Los Highlanders esperan que su ataque marque la diferencia.
Era como una cortina de fuego que se iba moviendo
por la carretera hacia los alemanes.
Los alemanes, obviamente, sabían lo que estaba pasando
y dispararon en dirección a la carretera para frenar
a la infantería canadiense.
Por lo tanto, en la carretera volaba artillería por ambos lados.
Era un callejón repleto de acero
por culpa de las balas, los proyectiles, los morteros, etc.
Clarke y sus hombres avanzan lo máximo posible antes
de verse obligados a refugiarse en trincheras
por el fuego de la artillería y las armas pequeñas de los alemanes.
Aunque la carretera parezca lisa y vacía,
descubren trincheras excavadas por los alemanes,
algunas de las cuales están ocupadas.
Sacan a los alemanes y los matan.
Los alemanes salen corriendo hacia donde sea mientras
los canadienses ocupan esas trincheras.
Clarke y su operador de radio Frank Holm se meten
en una trinchera para evitar las balas perforadoras de blindajes.
¡Vamos, vamos!
Delante, en la oscuridad, el resto de la Compañía B
busca refugio ante el ataque alemán.
El teniente general Wilhelm Daser
dirige la defensa de Walcheren
desde su puesto de mando en Midelburgo.
Los alemanes que están defendiendo la isla Walcheren pertenecen,
sobre todo, a la 70o División de infantería,
que recibía el apodo de "División úlcera o del pan blanco".
La 70o División era una división formada hacía,
tan solo, un par de meses.
Estaba compuesta, sobre todo, por los denominados
"batallones del estómago".
Eran soldados con heridas
procedentes del frente oriental y que tenían problemas
o enfermedades relacionadas con el estómago.
Se les convoca y agrupa
para satisfacer sus necesidades alimenticias.
Esos soldados no podían comer el típico pan alemán de centeno,
solo podían comer fideos y pan blanco, por eso,
a esa división, se la conocía con el nombre de Weiss Brot,
la "división del pan blanco".
Sus problemas de salud limitan su capacidad para luchar.
No podías esperar que la 70o División se moviera demasiado.
Solo eran capaces de luchar en lugares fortificados
y apenas tenían capacidad de maniobra.
Antes del ataque,
un bombardeo aliado ha inundado nueve almacenes de armas en la isla,
pero Daser sigue controlando pesadas baterías
para interrumpir los ataques aliados antes de que lleguen a la orilla.
No cree que estén tan locos
como para atacar la línea de costa tan bien defendida.
Daser espera que los Aliados lleguen desde tierra
por lo que coloca la mayoría de sus tropas
en la zona este de la isla Walcheren.
7000 hombres defienden la carretera
a unos 3 kilómetros de su cuartel general en Midelburgo.
Que se centre en esa carretera es justo lo que quieren los Aliados
ya que planean dos ataques anfibios a ambos lados de la isla.
Pero la gran concentración de soldados y artillería alemana
en la aproximación por tierra hace que sea
más complicado que los Calgary Highlanders sobrevivan
lo suficiente como para ser una distracción que merezca la pena.
Acorralado en las trincheras de la carretera,
Clarke debe actuar.
A pesar de los intensos disparos
que ya han acabado con la vida de algunos de sus hombres,
Clarke sale de la trinchera y comienza a avanzar.
Sin embargo, ve que sus hombres no lo hacen.
Tiene que averiguar por qué y hacer algo al respecto.
Holm, su operador de radio, sigue en la trinchera.
Nadie querría ser Frank Holme en ese momento porque el enemigo
iba a intentar destruir el aparato de radio, iba a intentar matarlo.
Iba a intentar cortar la comunicación entre estos hombres
y su cuartel general.
La trinchera de Holm no es segura,
un proyectil de artillería que cae cerca de su posición
hace que una carretilla salga volando.
Pero Holm no está herido.
Mientras tanto, Clarke continúa avanzando y descubre
que un cráter gigante impide el movimiento de la Compañía B.
Los alemanes crearon un cráter antes de la batalla
para evitar que vehículos aliados cruzaran la carretera.
Ahora ofrece protección a los hombres de Clarke
que son reacios a salir de ahí.
Clarke se asoma para valorar las posiciones enemigas.
Cuando determina dónde están localizadas las armas alemanas,
Clarke vuelve donde está su operador de radio, Holm,
para informar de eso al cuartel general.
A pesar de la explosión anterior,
tanto Holm como el sistema de radio siguen intactos.
Los Calgary Highlanders llevan un set inalámbrico no 18 como mochila.
Un hombre lleva la radio y otro opera con ella.
La radio transmite a una distancia de hasta 24 kilómetros
pero el ruido de la batalla limita el alcance.
Cuando Clarke empieza a indicar sus coordenadas,
la radio comienza a emitir chirridos.
Los alemanes han interferido la señal.
Ambos bandos se esforzaron mucho por interferir
las comunicaciones de radio del enemigo.
Una de las formas más eficaces era descubrir qué frecuencias usaban
y emitir por ellas el ruido suficiente para hacer que fuera
imposible que nadie entendiera los mensajes que se enviaban.
La mejor manera de resolverlo era cambiar las frecuencias.
Si interferían la primera frecuencia,
usabas una segunda frecuencia ya previamente acordada
o hasta una tercera.
Podían tardar un tiempo en utilizar todos la misma frecuencia.
Tras un poco de esfuerzo, por fin encuentran un canal "despejado"
y reconectan con el comandante al mando, el general Ross Ellis.
La artillería ataca las posiciones alemanas que Clark ha identificado.
La artillería canadiense permite a la Compañía B avanzar
con cuidado de nuevo hacia el extremo alemán de la carretera.
Pero, enseguida, los alemanes contraatacan con energías renovadas.
Los francotiradores en los barrizales abren fuego.
La artillería aliada no logra destruir un cañón alemán
de 88 milímetros.
A pesar de ser un arma normalmente empleada contra tanques,
"el 88" apunta sus balas perforadoras de blindajes
hacia la carretera.
"El 88" tenía una reputación temible.
Era un arma multifunción.
Se podía usar contra tanques,
contra aviones o contra soldados en espacios abiertos.
Y los alemanes han adaptado su uso a la carretera.
Disparaban y los proyectiles invadían toda la carretera.
Era como una bola de bolos, si te cogía, te destrozaba.
¡Cubríos!
Los intensos disparos alemanes son devastadores.
Con su Compañía incapaz de seguir avanzando,
Clarke pide permiso por radio para retirarse.
Era lo suficientemente inteligente como para ver que,
a pesar de los nobles esfuerzos de sus hombres, no podían continuar.
Tenían que intentar retroceder y reagruparse.
Los canadienses ceden la carretera de nuevo a los hombres de Daser.
Tendrán que buscar otra forma de atacar...
si quieren lograr que las fuerzas nazis que defienden Walcheren
se rindan.
¡Retirada!
1 de noviembre de 1944.
Oeste de Holanda.
Un batallón canadiense, los Calgary Highlanders,
ataca el lado este de la isla Walcheren
para distraer a las fuerzas alemanas de los ataques de comandos aliados
más tarde ese día.
Obligados a retirarse de la carretera de Walcheren
a media noche,
a las seis de la mañana ya tienen un nuevo plan de ataque.
El comandante Bruce Mackenzie y la Compañía D
llegan al extremo este de la carretera, listos para atacar.
Los disparos de la artillería canadiense comienzan de nuevo.
¡Fuego!
Habían planeado que el fuego de artillería en la carretera
se propagara unos 45 metros
hacia delante cada dos minutos aproximadamente.
La idea es que los soldados atacantes fueran detrás
de esos disparos
y que ese fuego de artillería ayudara a disminuir
las defensas alemanas.
El ataque también se amplía
hacia los lados para eliminar a los francotiradores alemanes
que disparan desde los barrizales.
No todos los hombres de Mackenzie son veteranos
y el caos de la carretera les afecta.
Las pérdidas canadienses desde el Día D han sido impresionantes.
Las compañías con rifles, como los Calgary Highlanders,
suponen tres cuartos de todas las víctimas en combate,
un 50 % más de las que se esperaban.
Mientras todos los ejércitos luchan por encontrar refuerzos,
la situación de los canadienses es ligeramente diferente.
En ese punto de la Segunda Guerra Mundial,
el ejército canadiense era diferente
del resto de los grandes ejércitos que luchaban en Europa occidental
porque todos eran voluntarios...
Todos los soldados que estaban allí se presentaron voluntarios
para servir en el ejército y hacerlo en el extranjero.
A veces sí se intentó ofrecerles refuerzos
empleando soldados que estaban realizando otras tareas
y poniéndolos en la línea de batalla,
en ocasiones con muy poca o ninguna formación.
La fuerza de combate de la Compañía D son unos 125 hombres.
Pero, mientras luchan por Holanda,
el grupo se ve reducido en un 17 %.
El comandante Mackenzie necesita inspirar
a estas tropas sin experiencia.
Pero tiene un reto por delante.
Debe sincronizar su avance con el ataque que tienen detrás
mientras evitan los disparos de los alemanes.
Bruce Mackenzie sabía que estaban en una situación muy complicada.
Era consciente
de que se tardan unos 20 segundos en cargar un proyectil
en cada uno de los cañones que tenían.
20 segundos son 20 segundos,
disparas un proyectil, te levantas,
luego te agachas y esperas hasta poder disparar el siguiente.
¡Fuego!
¡Avanzad!
La Compañía D avanza por la carretera tras la primera ola
de disparos de los Aliados.
¡Hacia delante! ¡Hacia delante!
Los Highlanders avanzan mientras la artillería apunta
a los francotiradores que hay a los lados del canal
y destrozan algunas de las armas alemanas.
El pelotón avanzado de Mackenzie,
liderado por el sargento Emile Laloge,
por fin logra sobrepasar el cráter.
Pero cuando la artillería para,
el fuego enemigo les obliga a refugiarse en una trinchera
a unos 23 metros del final de la carretera.
Una barricada fortificada impide el acceso a la isla Walcheren.
Laloge identifica de dónde proceden los disparos
de las ametralladoras alemanas y envía un mensajero a Mackenzie
para pedir el apoyo de la artillería.
El mensajero no logra llegar.
Los alemanes están defendiendo la carretera
de una forma impresionante.
Eso demuestra, una vez más, la importancia de un buen liderazgo.
No se podía esperar que la 70o División hiciera
grandes movimientos ni que luchara como una fuerza de élite.
Cuando se les asignó esa misión, fueron capaces de llevarla a cabo
y los resultados fueron bastante satisfactorios.
En ese momento, los comandos británicos ya están preparados
y empiezan a desembarcar en la isla Walcheren.
El plan de ataque de los Aliados,
usar a los Calgary Highlanders
para distraer a los nazis por la zona terrestre, era muy inteligente.
Después, los ataques principales llegaron desde el sur
y el oeste mediante un ataque anfibio.
Así confundieron a los alemanes
y distrajeron sus principales fuerzas de defensa.
Cuando ve caer a sus hombres,
Laloge sabe que la Compañía D no puede avanzar
con el fuego de las ametralladoras alemanas atacando la carretera.
Por eso, abandona su posición avanzada...
y vuelve corriendo hacia donde está Mackenzie.
Mackenzie pide apoyo a artillería, pero, esta vez,
atacarán por delante de su posición.
Ordena que el ataque dure exactamente dos minutos
y comprueba su reloj.
Mientras caen proyectiles a su alrededor,
Mackenzie mira su reloj atentamente.
Quiere a sus hombres preparados
para cuando exploten los últimos proyectiles.
Ese ataque se le conoce como "acercamiento peligroso".
En esos momentos de la guerra tienes que sopesar la situación,
sabes que hay hombres que van a resultar heridos,
que va a morir gente y piensas:
"¿cómo puedo minimizar eso?".
Tras caer el último proyectil,
la Compañía D, liderada por Laloge...
¡Avanzad!
...corre hacia la barricada alemana.
¡Avanzad!
1 de noviembre de 1944.
Suroeste de Holanda.
El comandante Bruce Mackenzie y los Calgary Highlanders
cargan contra una barricada al final de la carretera
que impide el acceso a la isla Walcheren.
A pesar del ataque inicial,
los canadienses se siguen enfrentando a los intensos disparos
que están realizando los defensores alemanes con armas pequeñas.
La Compañía D lucha por avanzar.
Logran superar la barricada.
Los alemanes que han sobrevivido se rinden.
El ataque ha funcionado. Por primera vez,
los canadienses han llegado al borde de la isla Walcheren.
Se les ha asignado una tarea muy ingrata.
Su misión es distraer a las fuerzas nazis
mientras unos comandos aliados anfibios desembarcan
en otras partes de la isla.
No sé si sabían que lo hacían para impedir
que los alemanes se movieran de su posición,
no lo sé,
el caso es que les ordenaron que tenían que tomar la carretera.
La Compañía D supera la barricada
y se coloca en posiciones defensivas.
Mackenzie saca de allí a los prisioneros alemanes
y le da luz verde al oficial al mando, el comandante Ross Ellis,
para que mande a las otras compañías
para asegurar su posición en la isla.
Pero avanzar por la carretera sigue sin ser fácil.
Las otras dos compañías que venían desde atrás
aún estaban expuestas al fuego de los proyectiles
y los morteros de los alemanes.
Los cañones de 88 milímetros seguían ahí.
Les seguían disparando con bastante intensidad
y seguían perdiendo hombres.
Ellis ordena al capitán Frank Clarke
y a la Compañía B que crucen de nuevo,
esta vez junto a la Compañía A.
Juntos, los Highlanders deben localizar
y acabar con los cañones de 88 milímetros
y con otros puestos de defensa alemanes más allá de la carretera
antes de poder tomar la isla.
Durante su avance, el operador de radio Frank Holm
se separa de la Compañía B y de Clarke.
La artillería enemiga cae cerca de él.
Afortunadamente para Holm, el equipo lo ha protegido
pero la radio ya no funciona.
Holm retrocede por la carretera para encontrar un repuesto.
Cuando las Compañías A y B llegan al final de la carretera,
la Compañía A se dispersa por la derecha
y la Compañía B adelanta a la D en el flanco izquierdo.
Unos diques inclinados frenan el agua del canal.
El capitán Frank Clarke lidera
a la Compañía B bordeando el filo de uno de los diques,
usando la inclinación del terreno para protegerse del fuego alemán.
A 45 metros hacia el interior,
una serie de edificios podrían servirles de refugio.
Pero necesita acabar con unos cuantos alemanes antes
de ordenar a sus hombres que avancen.
Pero Clarke ha perdido a su operador de radio
y no puede pedir ayuda a la artillería.
No tenemos radio.
Envía a varios mensajeros para encontrar una radio
con la que comunicarse con el cuartel general del batallón.
Pero no llegan...
Clarke se siente frustrado.
Veía a Ellis a un kilómetro de distancia
en el cuartel general
pero no podía llamar su atención.
Era imposible porque la radio no funcionaba.
¿Qué iba a hacer? ¿Empezar a mover los brazos y que le dispararan?
Ellis observa a la Compañía B desde la orilla opuesta.
Ha establecido su puesto de mando cerca de la carretera
para dirigir mejor la batalla.
Pero mientras Ellis mira hacia el canal,
no sabe por qué Clarke no avanza.
Sin comunicación, Ellis observa impotente.
Pero decide tomar medidas.
Avanzará por la carretera él mismo para averiguar qué está pasando.
Llevaba sus botas Balmoral pero no llevaba casco.
Ellis siempre decía:
"Si me disparan y me llega una bala a la cabeza,
no voy a estar menos muerto con un casco que con unas Balmoral".
Ellis, flanqueado por un explorador
y un suboficial mayor, anda con calma por la carretera.
¿Qué pasa?
De repente, una ráfaga de artillería cae cerca de él;
su bravuconería podría salirle muy cara.
Mediodía.
1 de noviembre de 1944.
Carretera de Walcheren, Holanda.
El comandante canadiense Ross Ellis de los Calgary Highlanders
ha perdido la comunicación por radio
con la compañía que lidera el ataque.
Ellis avanza por el campo de batalla
para hablar con sus oficiales y recopilar información.
Vale, seguid.
Iba de trinchera en trinchera,
de agujero a agujero.
Había hombres escondidos ahí de los disparos de los rifles enemigos
y él se puso a comprobar cómo estaban.
Vale, bien, vamos allá.
Con una ráfaga de artillería,
el explorador se agacha para protegerse.
Cuando levanta la cabeza,
ve a Ellis hablando con sus hombres, impertérrito.
Vamos, chicos.
Ellis continúa avanzando por la carretera,
parando en todas las trincheras para comprobar la situación.
Cuando llega al cráter,
Ellis lo evalúa y ordena traer una excavadora blindada.
Para lograr el apoyo de los tanques pasada la carretera,
hay que rellenar el cráter.
Mientras trabaja, llega un mensajero con la noticia
de que la Compañía A ya no tiene ningún líder.
Sus oficiales han resultado heridos o muertos.
El suboficial mayor George Hees, que está cruzando junto a Ellis,
se ofrece voluntario para liderar la Compañía A.
George Hees, hasta ese momento, nunca había participado en combate
pero le dieron un rifle, le enviaron a cruzar la carretera
y lo hizo lo mejor que pudo.
Hees y el capitán de la artillería, ambos con subfusiles Sten,
se dirigen a la Compañía A mientras los alemanes continúan disparando.
Los cañones de 88 milímetros siguen lanzando
balas perforadoras de blindajes hacia la carretera.
La idea era frenar
a las tropas que avanzaban por la carretera.
Los proyectiles iban a tanta velocidad que,
si te alcanzaba alguno, te hacía picadillo.
Finalmente, Ellis vuelve al cuartel general
y se prepara para un ataque más específico para acabar con "los 88".
Esta vez usará la fuerza aérea.
El Hawker Typhoon se diseñó originalmente como interceptor
pero pronto destacó en las misiones a baja altura.
Con velocidades que superaban los 650 kilómetros por hora,
se empleaba para atacar U-boats
y para aplacar las posiciones alemanas en la costa
antes del Día D.
Capaz de disparar ocho cohetes RP-3
a baja altura y gran velocidad,
el Typhoon debilitaba enormemente la moral del enemigo.
Los Typhoon realizan docenas de misiones el 1 de noviembre
apoyando a los canadienses
y a los comandos aliados que atacan las partes sur y oeste
de la isla Walcheren.
Volved, volved.
Ellis sigue evaluando la situación.
Se enfrenta a varios problemas críticos:
"los 88" y los oficiales de sustitución para la Compañía A,
pero nunca llega a avanzar lo suficiente
para saber por qué la Compañía B no se mueve.
¡Seguid disparando, chicos, seguid disparando!
Mientras tanto, en el límite de la isla Walcheren,
la Compañía B se ve obligada a atrincherarse contra el dique
para mantener el flanco izquierdo.
Ahora son unos 25 hombres.
Cuando cae la noche,
los alemanes lanzan un intenso contraataque contra ellos.
El pelotón que se encuentra más a la izquierda
queda arrasado por lanzallamas y los disparos de armas pequeñas.
Eso es algo nuevo para los Calgary Highlanders
ya que es la primera vez que se topan con lanzallamas enemigos.
Es un arma psicológica en muchos sentidos además de un arma física.
Infunde terror a través del miedo primario que le tenemos al fuego.
Como respuesta, Clarke usa morteros para impedir
que los alemanes avancen por la izquierda.
En el cuartel general,
al enterarse del intenso contraataque de los alemanes,
Ellis ordena a sus comandantes
retirarse hasta la barricada en la carretera.
Lo más complicado de hacer en batalla es retirarse luchando.
Moverte hacia atrás de tal forma que puedas seguir
disparando al enemigo es muy difícil.
Pero solo las Compañías A y D reciben su orden.
Clarke y la Compañía B no tienen radio
por lo que no reciben el mensaje de retirada.
Mientras las Compañías A y D se retiran,
la Compañía B está en una posición extremadamente expuesta.
En pocos momentos, va a quedar aislada y superada.
1 de noviembre de 1944.
Tres compañías de los Calgary Highlanders
están sufriendo un intenso contraataque
desde un bastión nazi en la isla Walcheren,
cerca de la costa holandesa.
Tras ver una separación entre su compañía y la vecina Compañía D,
el capitán Frank Clarke debe actuar rápido o los aniquilarán.
El cabo segundo Richard Wolfe se presta voluntario para quedarse
y mantener a raya a los alemanes.
Lo que hizo fue cubrir a los canadienses con fuego de mortero
y así intentar impedir que los alemanes les persiguiesen
mientras se retiraban.
Fue un movimiento heroico y, al no retirarse a tiempo,
al final le hicieron prisionero.
Mientras tanto, el comandante Bruce Mackenzie y la Compañía D
también están siendo atacados.
Mackenzie se da cuenta demasiado tarde
de que la Compañía B no les ha seguido
y la separación deja a la suya expuesta también.
Uno de los líderes de pelotón más recientes,
Emile Laloge, da un paso al frente.
Laloge es un soldado con experiencia.
Se unió al ejército en 1939
y sirvió en el norte de África con el regimiento Lancashire.
En Inglaterra, formaba a los reclutas recién llegados
hasta que tuvo que irse el siete de junio, justo después del Día D.
Asignaron a Laloge a los Calgary Highlanders
tan solo nueve días antes de la batalla en Walcheren.
Mientras "llueven" granadas sobre la Compañía D,
el sargento Laloge comienza a recogerlas
y a devolverlas.
Nuestras granadas eran diferentes pero la idea era la misma:
tiras de la anilla, esperas, cuentas
y cuando has llegado a siete, la lanzas con la esperanza
de que, en tres segundos, llegue al enemigo y explote...
Mientras tiraban las granadas,
él estaba ahí viendo como caían al suelo, ¿qué opciones tenía?
Podía saltar sobre ellas, por lo que moriría seguro...
o podía intentar recogerlas
y devolverlas cruzando los dedos para que todo saliera bien.
No es algo complicado, es solo cuestión de instinto.
Fuera de la trinchera,
Laloge también ve la separación entre las Compañías D y B.
El encargado de la ametralladora Bren de la compañía ha caído
y los alemanes presionan cada vez más.
Laloge decide tomar cartas en el asunto.
Tenía una ametralladora,
si lograba disparar, podría salvarse.
No tenía nada más y el enemigo se acercaba.
¿Qué podía hacer?
Tenía que intentarlo, tenía que tirarse al suelo y disparar.
El plan funciona.
Con la ametralladora Bren,
Clarke y la Compañía B se acercan a la Compañía D.
Pero, de repente, un contraataque alemán...
logra poner freno a la retirada canadiense.
Laloge tira la ametralladora y coge un PIAT.
El PIAT es la principal arma antitanques utilizada
por la infantería británica y otras fuerzas de la Commonwealth
durante la Segunda Guerra Mundial. Tiene sus particularidades.
Por la forma que tiene de funcionar, contenía un gran muelle
que había que amartillar antes de disparar por primera vez
por lo que era difícil hacerlo, sobre todo cuando te están atacando.
Laloge no lo duda...
Coge el arma, la amartillea...
y dispara el PIAT hacia los alemanes,
ofreciendo a la Compañía B otra oportunidad
de volver a la carretera.
Laloge lucha con un objetivo claro y usa todo lo que tiene a mano
para defender a sus hombres y matar al enemigo.
Laloge se volvió loco,
no se me ocurre ninguna otra forma de definirlo...
Vivió una de esas situaciones
que ocurren de vez en cuando en las que solo puedes disparar.
Disparaba a todo, disparaba a los alemanes
y acabó con un gran número de tropas enemigas.
Fue casi como si se olvidara
de que él también era mortal.
Gracias a los disparos de Laloge que les cubrían,
Clarke y la Compañía B acaban con el espacio
que les separaba de sus compañeros y se reúnen con ellos.
La metralla de una de las granadas alemanas hiere a un hombre
que está cerca de Clarke.
Clarke improvisa una férula con un rifle para estabilizar su pierna.
Intentar evacuarle es muy peligroso para todos.
Bajan al herido a una trinchera...
lo suficientemente elevada como para que no se ahogue
cuando suba la marea.
Allí estará lo más seguro posible.
Clarke y Mackenzie hacen que sus compañías se retiren,
crucen la barricada y vuelvan a la carretera.
¡Vamos, vamos, vamos!
Las Compañías A y C se atrincheran en el cráter
para evitar juntos el contraataque alemán.
Los Calgary Highlanders logran mantener la carretera toda la noche
a pesar de la artillería y de los contraataques enemigos.
Su posición permite a más canadienses lanzar otro ataque
al día siguiente.
Los Maisonneuves usan la posición de los Highlanders seguir adelante
y continuar con el ataque en Walcheren,
manteniendo la presión sobre los alemanes en el este.
Los Highlanders y los otros batallones de la Quinta Brigada
mantuvieron a los alemanes ocupados durante unas 36 o 48 horas,
que era el tiempo que se necesitaba
para permitir a los comandos desembarcar al otro lado de la isla.
Los ataques anfibios tienen éxito
y permiten a los Aliados posicionarse en Walcheren.
Tras una semana de duros combates,
el teniente general Wilhelm Daser y su 70o División se rinden.
Cuando Hitler se entera de la pérdida de Walcheren,
entra en cólera.
Pero, al mismo tiempo, le preocupan
las ofensivas aliadas en Alemania.
Ya se había producido la batalla de Aquisgrán
y habían perdido la primera ciudad alemana.
Por sus acciones en la carretera,
al sargento Emile Laloge le conceden la Medalla de Conducta Distinguida.
Al capitán Frank Clarke y al comandante Bruce Mackenzie
se les otorga la Orden del Servicio Distinguido.
Al comandante Ross Ellis
se le elogia por su liderazgo en la carretera.
También recibió la Orden del Servicio Distinguido
por su trabajo en Holanda
antes de abandonar por agotamiento en diciembre.
Todos sobrevivieron a la guerra y vivieron sus vidas en Canadá.
Después de que la Marina Real eliminara las minas
del canal que conduce a Amberes,
las primeras embarcaciones con provisiones de los Aliados
descargan su contenido el 28 de noviembre de 1944.
Hitler continúa ordenando
bombardear Amberes con cohetes V1 y V2.
Hitler también planeaba su nueva ofensiva,
¿y cuál era el objetivo de esa nueva ofensiva? Amberes.
Un conflicto que se acabaría conociendo
como la batalla de las Ardenas.
La guerra en Europa duró muchos meses más.
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