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Diciembre de 1944.
Cuando las fuerzas nazis lanzan una ofensiva sorpresa en Luxemburgo,
las tropas estadounidenses se quedan atrapadas por una tripulación
de tanque que les pide su rendición.
¡Estadounidenses!
Un suboficial estadounidense considera sus opciones.
Opción número uno: salir de su escondite,
coger un bazoca y disparar.
Opción número dos: rendirse.
No le gustan esas opciones...
Showman elige la opción número tres:
¡Vamos, vamos!
La "puerta de atrás".
6 de junio de 1944.
Las fuerzas aliadas por fin logran desembarcar en Normandía
para abrir el frente occidental.
Pero los fanáticos nazis
continúan luchando sin compasión para sobrevivir.
El Día D fue una batalla,
pero los Aliados aún necesitan ganar la guerra.
"Del Día D a Berlín. La última batalla de Hitler 2".
15 de diciembre de 1944.
Bosque de las Ardenas, Luxemburgo.
Dos soldados alemanes entran furtivamente
en el pueblo de Clervaux.
Las calles están en silencio.
Clervaux es un pueblo de Luxemburgo con mucho encanto que,
en diciembre de 1944,
llevaba dos meses en manos de los estadounidenses.
Estaba a unos 10 u 11 kilómetros
del puesto fronterizo avanzado del frente de batalla.
Los soldados estadounidenses hoy están de permiso.
El pueblo no se había destruido cuando se luchó para liberarlo
por lo que era un buen sitio para que fueran los soldados a relajarse
un poco y disfrutar durante un par de días.
Los soldados alemanes logran avanzar por el pueblo...
y fuerzan la cerradura de una farmacia.
Son observadores avanzados de artillería.
Los observadores avanzados de artillería son soldados
con una gran formación que se colocan lo más cerca posible,
o incluso dentro, del frente de batalla enemigo.
Después tienen que pasarles a sus baterías de artillería
las coordenadas de los principales objetivos enemigos.
Una vez dentro, instalan una radio en una sala trasera.
Los alemanes ya tienen una posición de observación
muy por detrás de la línea estadounidense
y no están lejos del puesto de mando
del 110o Regimiento de infantería estadounidense.
La presencia de observadores avanzados de artillería alemanes
en Clervaux era, obviamente, una señal muy preocupante.
Eso significaba que se iba a desatar un gran problema.
Un problema que iba a tomar a los Aliados tristemente desprevenidos.
Desde el Día D, las fuerzas aliadas combinadas
han expulsado al ejército alemán de la mayor parte de Francia,
Bélgica y Luxemburgo
hasta prácticamente las fronteras alemanas.
Como parte de la 28o División de infantería,
el 110o Regimiento de infantería estadounidense ahora vigila
una parte del frente en el bosque de las Ardenas,
una zona entre Luxemburgo y Alemania.
Normalmente,
una división estadounidense defendería un frente de batalla
de entre seis y ocho kilómetros.
Lo que pasaba en las Ardenas es que las unidades
estaban muy mal desplegadas.
Por ejemplo, la 28o estaba repartida a lo largo de casi 50 kilómetros
y lo peor es que había tres regimientos en la zona delantera.
Eso significa que, en caso de ataque alemán,
no habría un regimiento entero de reserva.
No solo estaba muy desplegada,
tampoco tenía fuerzas de apoyo por detrás.
Eso es porque los estadounidenses consideran este tramo
como un sector "tranquilo" o "fantasma".
Los comandantes estadounidenses de más alto nivel
tenían la impresión de que los alemanes
estaban concentrando sus tropas a la espera de un ataque estadounidense.
No pensaban que nadie estuviera lo suficientemente loco
como para atacar a través de las Ardenas.
Pero los Aliados no conocen la ambición de Hitler.
En vez de refugiarse para el invierno,
prepara una enorme operación llamada "Wacht am Rhein".
El objetivo alemán para la operación "Wacht am Rhein "
era volver a tomar Amberes
y cortar la línea de abastecimiento más importante de los Aliados
para crear una brecha entre los estadounidenses y los británicos,
tanto en el sentido militar como en sentido político.
De tener éxito, Hitler cree que podrá repetir la historia.
El objetivo final de la batalla de las Ardenas
era ser un "segundo Dunkerque".
Lo que iban a intentar era separar al ejército estadounidense
del británico y obligar al británico a abandonar Europa.
Hitler espera que los Aliados occidentales pidan la paz
y así Alemania pueda centrarse exclusivamente
en el frente oriental para derrotar a la Unión Soviética.
Más de 200 000 soldados alemanes
y cientos de tanques se colocan en secreto en posición.
El general Meinrad von Lauchert
liderará el ataque de Hitler desde Dasburg,
a 11 kilómetros al este de Clervaux.
Recuperado recientemente de un regimiento en Rusia,
von Lauchert toma el control de la 2a División Panzer.
El coronel Meinrad von Lauchert era un oficial con mucha experiencia
pero le pusieron al mando
de la 2a División Panzer el día de antes
de que comenzara la contraofensiva.
Por eso no participó
en la planificación de la operación de forma alguna.
De hecho, no tuvo tiempo ni de ponerse en contacto
con los comandantes de sus regimientos.
Von Lauchert cuenta con casi 13 000 hombres
que aplastarán rápidamente la línea estadounidense
y se harán con el control de las carreteras locales.
Los alemanes necesitaban carreteras con superficies duras
para sus tanques.
Siete de esas carreteras con superficie dura
se juntaban en un pueblo crucial, Bastoña.
Los alemanes usarán después esas carreteras para dirigirse al norte
y reconquistar Amberes.
La operación, "Guardia del Rin" en español,
es un plan muy ambicioso basado en la velocidad,
el factor sorpresa y la creencia de Hitler
de que la línea estadounidense que no contaba
con los soldados suficientes iba a sucumbir ante la adversidad.
Hitler seguía subestimando a los estadounidenses.
En los últimos dos meses,
habían demostrado que se les daba bien luchar a la ofensiva
pero él creía que, defensivamente, eran débiles,
no eran lo suficientemente estables.
Pensaba que no entendían de qué iba la guerra.
Primera hora del 16 de diciembre de 1944.
Las primeras tropas de infantería del coronel von Lauchert cruzan
el río Our en botes para atravesar,
sin ser vistos, la línea enemiga.
En el sector estadounidense de las Ardenas,
el soldado raso Leroy Schaller
se une a la patrulla nocturna de la Compañía B.
El 110o de Infantería había luchado en la batalla del Bosque de Hürtgen
en la que sus hombres habían quedado diezmados.
En ese momento estaba entre un 50
y un 66 % de su capacidad
y necesitaba recuperarse
por lo que incluir más hombres en sus filas era algo muy valioso.
La patrulla sale de su puesto de defensa asignado en Marnach,
a menos de ocho kilómetros del frente.
En el estremecedor silencio de la noche,
se paran al escuchar pasos...
y se apresuran a refugiarse.
Un pelotón alemán aparece en la oscuridad.
En vez de depender de la artillería
antes de que empezara la batalla,
estos hombres iban a avanzar furtivamente por el bosque
porque sabían que las defensas estadounidenses eran muy frágiles.
Schaller y su patrulla siguen escondidos en el frío.
Según lo que tengo entendido,
la patrulla de Schaller no era una patrulla de combate.
Lo único que hacían era vigilar, era una patrulla de reconocimiento
que solamente inspeccionaba la zona y observaba lo que pasaba.
Tras ver que había alemanes por ahí,
su misión era vivir para informar de eso a sus superiores.
Cuando la amenaza desaparece,
vuelven a Marnach para avisar a los demás.
De vuelta en Clervaux,
las fuerzas estadounidenses siguen sin descubrir a los observadores
de artillería alemanes.
Han logrado explorar el pueblo e identificar los objetivos clave
para el ataque que se va a producir.
Los observadores avanzados de artillería buscaban
los principales objetivos para sus baterías de artillería:
los bastiones con tropas, las posiciones de los tanques...
Querían lanzar su artillería sobre objetivos
que estuvieran muy cerca, pero sin saltar ellos también por los aires.
Cuando el soldado raso Schaller y los demás entran en Marnach,
informan de lo acontecido en su patrulla
a uno de los oficiales de la Compañía B.
Según esa información, y otras que ya han recibido,
parece que los alemanes se están movilizando.
Pasan los minutos
y los observadores de artillería alemanes rompen el silencio
por radio para transmitir coordenadas clave
al cuartel general alemán.
Alrededor de las cinco y media de la mañana,
miembros de la Compañía B en Marnach
escuchan una explosión lejana...
y una avalancha de artillería.
El ataque alemán ha comenzado.
16 de diciembre de 1944.
Luxemburgo.
Los alemanes lanzan la "salva inicial" de lo que posteriormente
se denominaría la Batalla de las Ardenas.
El sargento estadounidense J. J. Kuhn
observa el fuego de la artillería.
El 110o Regimiento de Infantería de Kuhn protege
un tramo de autovía de 16 kilómetros
que cruza el río Our.
Faltos de hombres, no pueden defender la línea entera.
En vez de eso, colocan compañías en cruces clave
a lo largo de la carretera.
Marnach, en manos de la Compañía B,
protege una de las pocas carreteras asfaltadas que llevan a Bastoña.
Los alemanes estaban intentando lanzar un ataque rápido y mecanizado
para penetrar las líneas estadounidenses
y así poder llegar al río Mosa y, después, a Amberes.
El tiempo era vital y,
para poder moverse rápido, necesitaban buenas carreteras.
Días antes, el sargento Kuhn había notado signos
que indicaban la acumulación de fuerzas nazis,
lo que había intentado compartir con su oficial al mando,
el coronel Hurley Fuller.
¿Conocía la magnitud de la operación
y la ambición de Hitler? No, claro que no,
pero sí entendía
que algo diferente estaba sucediendo en el lado alemán de la colina
y que eso tendría consecuencias para su Compañía...
Eso era lo que le importaba y, como cualquier buen suboficial,
quería asegurarse de que sus superiores le hicieran caso.
Recibido, señor.
Pero el coronel descartó la preocupación de Kuhn.
Ahora, el coronel Fuller, a tres kilómetros al oeste, en Clervaux,
se despierta con el sonido de la artillería alemana cayendo
cerca de su puesto de mando.
Corre escaleras abajo para ponerse en contacto
con los comandantes de sus compañías.
Necesito vuestros informes.
Pero la artillería ha destrozado las líneas de teléfono
y han interferido las frecuencias de radio.
¿Alguna noticia?
Incomunicado, Fuller no tiene forma de saber la magnitud del ataque
ni puede llamar a ninguna división para pedir refuerzos.
La cadena de comunicación se ha roto.
Fuller necesita desesperadamente información
para organizar sus defensas
por lo que manda a unos mensajeros a establecer contacto
con los comandantes de sus compañías.
Mientras tanto, al noreste del sector de Fuller,
el sargento Frank Olsen del 112o Regimiento de Infantería,
se adentra en el bosque para contactar con sus hombres
que están de guardia.
En las Ardenas todo estaba muy oscuro.
No solo por los árboles, también por la época del año que era
y por el hecho de ser un frente de guerra. Todo estaba muy oscuro.
Mientras avanza entre trincheras, abren fuego a su alrededor.
Es una emboscada.
El bosque está lleno de soldados alemanes.
¡Disparad!
Olsen debe actuar e informar al cuartel general.
¡Agachaos! ¡Agachaos!
Se quitó el casco porque, con él, su silueta era
la de un estadounidense incluso en la oscuridad.
Con el casco bajo el brazo, corre hacia su puesto de mando.
Y se encuentra aún más alemanes mientras corre.
Tropezaba con alemanes, uno de ellos incluso llegó a insultarle
sin darse cuenta de que era estadounidense.
Él y varios más lograron salir
de ahí con vida.
¡Cuidado!
Olsen logra salir del bosque y llega hasta el puesto de mando.
De repente,
el bosque se ilumina.
16 de diciembre de 1944.
Cerca de la frontera entre Alemania y Luxemburgo.
En las primeras horas de lo que sería la Batalla de las Ardenas,
el sargento estadounidense Frank Olsen se enfrenta a un tiroteo
con soldados alemanes fuera de su puesto de mando...
cuando el cielo nocturno se ilumina.
Los alemanes lanzaban potentes reflectores
a nubes bajas
para crear una especie de luz de luna artificial.
Eso ayudaba a iluminar los objetivos enemigos.
Se supone que la luz que sale de la nube
debería hacer los objetos visibles para los soldados alemanes.
Pero hay un problema.
Lo mismo ocurría con los estadounidenses
por eso lo que hicieron fue usar
la luz de luna artificial de los alemanes
para acabar con hordas y hordas de atacantes enemigos.
Olsen y sus hombres los atacan con facilidad.
¡Seguid disparando!
Más al sur, en el tramo de la línea del 110o Regimiento,
el sargento J. J. Kuhn coordina la Compañía B
para la defensa de Marnach.
Anticipándose a un ataque a gran escala,
colocan un observador de artillería en las alturas
para ver bien la acción.
Las mejoras armas del sargento Kuhn
eran sus observadores de artillería.
Él controlaba gran parte de los disparos
que iban a causar bajas humanas,
él era el encargado de las armas grandes.
A las afueras,
el sargento Stanley Showman lidera su pelotón
a través de edificios en llamas.
Necesito cinco hombres más...
Con solo 19 años,
lleva luchando con el 110o Regimiento desde Normandía.
¡En marcha! ¡Ya!
Stanley Showman había luchado en combate,
era un suboficial excelente. Cuando escuchó el sonido
de la artillería sabía que se estaba produciendo un ataque.
No lo estaban haciendo solo para divertirse,
por lo que empezó a prepararse
para lo que se les venía encima a él y a su unidad.
Se colocan a las afueras del pueblo.
El fuego y la niebla hacen que haya poca visibilidad.
De repente, como una aparición,
surgieron alemanes de entre los árboles que bordeaban Marnach.
Showman y su pelotón abren fuego.
Los tenemos.
Al principio, el ataque fue un baño de sangre para los alemanes.
Mientras Showman entretiene a la infantería alemana
a lo largo de la carretera,
otro grupo emerge del bosque en el extremo norte del pueblo.
¡Vienen más!
¡Seguid disparando!
Como respuesta, el sargento Kuhn solicita
apoyo de artillería al cuartel general del regimiento.
¡Disparad!
Mientras los estadounidenses disparan,
su observador de artillería les va corrigiendo
para destruir mejor a los atacantes alemanes.
Lo que la gente no sabe es que la mayoría de las muertes
de la Segunda Guerra Mundial las causó la artillería...
Todo el mundo piensa que fueron los rifles
y las ametralladoras, pero no.
Los disparos precisos arrasan la columna enemiga...
pero siguen apareciendo más soldados alemanes.
Kuhn lo describió como una tragedia, un "desperdicio épico"...
Había cientos de alemanes que caían abatidos...
Que atacaran de esa manera,
desde un punto de vista humano, le pareció trágico.
La primera oleada de soldados alemanes no puede tomar Marnach
por sí sola.
A pesar del gran esfuerzo de la infantería alemana,
pequeños grupos de estadounidenses
se habían refugiado en pueblos y carreteras clave.
Por eso necesitaban más potencia de disparo,
la potencia de los tanques para pasar
y volver a ganar velocidad otra vez.
Pero los tanques del coronel von Lauchert aún no han cruzado
el río Our.
No han terminado de atravesar un puente clave
y la mala planificación agrava el problema.
Los alemanes habían bloqueado esa carretera
con una puerta metálica.
Había un dispositivo que permitía mover la puerta y abrirla, pero,
desafortunadamente, los ingenieros no pudieron encontrar
las llaves a tiempo.
Para mantener el factor sorpresa,
retrasan la detonación de la barrera hasta que comienza el ataque.
Finalmente, los ingenieros alemanes despejan y reparan el puente
pero tardan más tiempo del esperado
y los tanques tienen que empezar a cruzar por la tarde.
- ¡Seguid disparando! - En Marnach,
la Compañía B sigue acabando con la infantería alemana.
Mientras algunos soldados alemanes siguen luchando en Marnach,
otros comienzan a rodear el pueblo por norte y sur.
Continúan hacia Clervaux
y el puesto de mando del 110o Regimiento de Infantería,
a tan solo 3 kilómetros de distancia.
El coronel Hurley Fuller está preocupado
ya que empiezan a llegarle informes.
Parece que todo el frente está siendo atacado.
Con las comunicaciones cortadas,
Fuller envía al teniente coronel
Daniel Strickler al cuartel general
de la división para hablar con el general Norman Cota.
Strickler informa de los ataques en el frente del 110o Regimiento.
El general Cota les manda un mensaje:
El 110o debe mantener su posición.
16 de diciembre de 1944.
Bosque de las Ardenas, Luxemburgo.
Los tenemos.
Una división entera de soldados a pie
del coronel alemán Meinrad von Lauchert rodea el pueblo de Marnach.
Unos atacan aquí
mientras otros se dirigen al pueblo de Clervaux.
Aunque los alemanes superan en número a los estadounidenses,
éstos últimos no van ni a retirarse ni a rendirse.
¡Fuego!
Tienen que resistir a toda costa.
Es algo que suele pasar inadvertido en los informes
que se elaboran tras la contienda y en los libros.
A los soldados del frente de batalla que estaban totalmente
rodeados de enemigos que intentaban acabar con ellos se les dijo:
"Tenéis que aguantar cueste lo que cueste".
A pesar de las dificultades, la Compañía B del 110o Regimiento
desafía a la infantería alemana en un cruce en Marnach.
Cuando la metralla impacta en su oficial al mando,
éste necesita la ayuda de un médico y le evacúan inmediatamente.
El sargento J. J. Kuhn asume las funciones de mando
en el cuartel general de la Compañía B
a pesar de ser un suboficial.
Mientras continúa el ataque de los alemanes,
miembros de la Compañía C se acercan desde el sur
para ofrecerles refuerzos.
Aunque los alemanes no han sido capaces de entrar en Marnach,
sí han logrado rodearlo.
¡Agachaos!
La Compañía C tiene que retroceder.
Frustrada y desesperada,
la Compañía B efectúa una llamada de auxilio
a las tropas estadounidenses de la zona,
pues se están quedando sin morteros.
Un oficial de la Compañía D a tres kilómetros de su posición
responde su llamada.
El teniente Glen Vannatta,
que tiene un Jeep cargado con munición de mortero,
corre hacia la Compañía B.
Paran en una colina justo a las afueras del pueblo
para analizar las zonas alemana y estadounidense.
Después, el conductor acelera al máximo
para esquivar la artillería alemana y los disparos de armas pequeñas.
¡Seguid atacando!
Logran llegar y entregarle los morteros a la Compañía B.
Parecéis caídos del cielo, señor.
Después deben retirarse.
Con el apoyo de la artillería estadounidense
y las nuevas provisiones,
el sargento Kuhn y sus hombres siguen manteniendo a raya
a los soldados alemanes que intentan tomar Marnach.
Pero, al caer la noche,
vehículos blindados, semiorugas y tanques alemanes
avanzan en la oscuridad y entran en el pueblo.
Los estadounidenses están totalmente desprevenidos.
Eran, sobre todo,
soldados de infantería y tenían armas pequeñas,
algún que otro bazoka
y un puesto de observación de artillería en Marnach.
Pero la Compañía B no estaba bien equipada
para repeler un fuerte ataque con tanques.
¡Tanque!
Las tornas cambian.
Las fuerzas nazis comienzan a superar
los puestos de ametralladoras y otras defensas estadounidenses.
¡Moveos! ¡Moveos!
El sargento Stanley Showman y sus hombres
se retiran de su posición avanzada
y se refugian en un edificio de piedra del pueblo.
Observan mientras una semioruga alemana para delante del edificio.
Cuando los soldados alemanes se bajan de ella,
los estadounidenses utilizan su escondite para abrir fuego.
Los alemanes no pueden seguir avanzado y la semioruga se retira.
Pero, poco después,
un tanque alemán aparece en la calle.
Se para a seis metros
y apunta su cañón directamente hacia los estadounidenses.
¡Estadounidenses, estadounidenses!
Una voz alemana les pide que se rindan.
¡Estadounidenses, salid!
Las opciones de Showman son limitadas.
Opción número uno: salir de su escondite,
coger un bazoca y disparar...
Opción número dos: rendirse.
Showman elige la opción número tres...
¡Vamos, vamos! Salid.
La "puerta de atrás".
Showman y sus hombres logran llegar al bosque...
mientras el pueblo de Marnach arde.
Los estadounidenses no están acabados como esperaban
los líderes nazis.
Los altos mandos alemanes habían planeado hacerse
con el control de Bastoña al mediodía del segundo día.
En la noche del primer día,
los alemanes seguían luchando
para tomar el pequeño pueblo de Marnach,
que está a unos 30 kilómetros al este de Bastoña.
Los alemanes apenas han avanzado ocho kilómetros
desde sus propias líneas.
La infantería alemana debería haber tomado Marnach.
El hecho de que al final dependieran de los Panzers para romper
las defensas enemigas implicaba que el plan estaba fallando.
Pero las fuerzas estadounidenses no pueden aguantar mucho más.
El observador avanzado estadounidense sigue indicando
las posiciones alemanas a la artillería.
Sus últimas palabras revelan la situación desesperada
que se está viviendo en Marnach.
El último mensaje de ese observador de artillería desconocido fue:
"Daos prisa y disparad que vienen hacia aquí".
El observador sabía que había que aguantar costara lo que costara
y lo hizo.
Von Lauchert deja que algunos de sus hombres
completen la toma de Marnach
y dirige al resto de la 2o División Panzer al siguiente objetivo:
Clervaux.
En Clervaux, el coronel estadounidense Hurley Fuller
recibe la información de que hay tanques en Marnach
e intenta de nuevo enviar refuerzos a la Compañía B.
Creo que Fuller se dio cuenta del alcance
y la magnitud que iba a tener la ofensiva alemana
y las dificultades a las que se iba a enfrentar su regimiento.
Sabía que tenía que actuar rápido.
Los refuerzos estadounidenses se dirigen a Marnach
con la esperanza de tender una emboscada a los alemanes
a las afueras del pueblo
pero, al salir de Clervaux a primera hora de la mañana,
las tropas y tanques alemanes ya están preparados.
Son ellos los que van a tender una emboscada a los estadounidenses.
17 de diciembre de 1944.
Cerca de Clervaux, Luxemburgo.
Comienza el segundo día de una arriesgada ofensiva por parte
de las fuerzas nazis para acabar la guerra en el frente occidental.
Como respuesta,
el coronel Hurley Fuller del 110o Regimiento estadounidense
envía dos compañías de infantería y una compañía de tanques Stuart
para apoyar a los estadounidenses atrapados
en el cercano pueblo de Marnach.
Pero no avanzan mucho
ya que ellos mismos sufren un ataque.
¡Vamos, vamos!
De nada sirve su esfuerzo.
Era como un coche pequeño chocándose con un camión enorme.
La potencia de las fuerzas militares alemanas
en aquel momento les superó.
En el cuartel general en Marnach,
el sargento J. J. Kuhn
y la cada vez más menguada Compañía B y sus heridos
siguen aguantando a la espera de un rescate o de refuerzos.
Cuando un tanque alemán embiste la puerta delantera,
los soldados alemanes se apresuran a entrar...
y obligan a Kuhn y a lo que queda de la Compañía B a rendirse.
Con la caída de Marnach,
Fuller prepara Clervaux para un ataque inminente.
Clervaux estaba sufriendo una transformación,
una triste transformación,
ya que había pasado de ser un cuartel general de retaguardia
y un lugar de descanso a ser el epicentro de la batalla.
Desde su puesto de mando en el hotel Claravallis,
coloca a sus hombres en el castillo
desde el que se ve la zona sur de Clervaux.
La artillería alemana sigue cayendo sobre los estadounidenses.
Fuller sigue sin darse cuenta de que alguien indica
dónde disparar muy cerca de él.
Aunque los estadounidenses se mueven a nuevas posiciones de defensa,
los dos observadores avanzados alemanes
indican los cambios a la artillería.
Mientras luchan los hombres de Fuller,
el coronel Meinrad von Lauchert
llega a las afueras del pueblo con tanques
y apunta hacia el castillo ocupado por los estadounidenses.
Sin embargo, las gruesas paredes resisten
como lo llevan haciendo muchos siglos.
Von Lauchert se siente frustrado.
Para volver a los tiempos estipulados,
debe tomar Clervaux rápidamente
y así asegurar las carreteras necesarias para el avance alemán.
Pero no quiere que sus tanques entren en el pueblo.
Von Lauchert era un oficial con mucha experiencia.
Sabía que un entorno urbano
impedía la manejabilidad y la velocidad de los tanques
y, lo que era peor, detrás de cada esquina
podía haber un tanque aliado.
Von Lauchert envía sus tropas de infantería al pueblo.
Deben explorar la zona en busca de tanques estadounidenses
y acabar con la resistencia enemiga.
Cuando los soldados alemanes entran en Clervaux,
francotiradores estadounidenses los disparan desde el castillo.
Los alemanes intentan interrumpir los disparos de los francotiradores
pero los proyectiles apenas provocan ningún efecto.
Sin embargo, gracias a su superioridad numérica,
las tropas alemanas sortean la fortaleza
y luchan para avanzar hacia el puesto de mando situado
en el hotel Claravallis.
El 110o Regimiento de Fuller
lleva dos días retrasando el progreso nazi hacia Bastoña.
Pero sus hombres han pagado un precio muy alto.
Los números son los números. Los alemanes superaban en número
a la mayoría de las formaciones estadounidenses,
pasando del 2 a 1 a incluso 10 a 1, dependiendo de las zonas.
Si lograban ayuda en tres horas o algo así
podían seguir resistiendo pero la situación no era así.
El coronel Fuller sabe que no puede seguir aguantando mucho más
por lo que llama al general Cota
y le pide refuerzos o permiso para retroceder
y establecer una nueva línea defensiva.
Cota rechaza ambas peticiones.
Su respuesta es inequívoca:
"Resistir cueste lo que cueste. Nadie va a volver".
Fuller envía sus últimos tanques contra los alemanes.
Éstos avanzan entre las estrechas calles en dirección al castillo.
El que va primero gira una esquina y se dirige a una calle lateral.
Los tanques estadounidenses acaban en llamas,
era la última reserva de Fuller.
Eso les permite a los hombres de von Lauchert avanzar libremente.
Los vehículos blindados alemanes pudieron adentrarse más en Clervaux
y acercarse más al puesto de mando de Fuller
en el hotel Claravallis.
En el pueblo,
la infantería alemana ya está atacando
el puesto de mando de los estadounidenses.
Había guardias fuera que, tras los disparos,
tuvieron que refugiarse en el interior.
Había hombres intentando descifrar los siguientes movimientos enemigos
que tenían que huir o quemar los papeles.
Tenían que formar un nuevo grupo y luchar contra los alemanes
que se estaban acercando o atacar sus tanques
e intentar robar cualquier arma que tuvieran.
¡Llamad al general Cota!
Fuller le cuenta las novedades al general Cota por radio
y se prepara para ordenar a sus hombres que se retiren.
¡Refuerzos ya!
De repente, una bala atraviesa el primer piso del hotel
y corta la electricidad.
Fuller y lo que queda del 110o están atrapados
y se les acaba el tiempo.
17 de diciembre de 1944.
Clervaux, Luxemburgo.
La 2o División Panzer,
liderada por el coronel Meinrad von Lauchert,
entra en el pueblo de Clervaux,
situado 11 kilómetros más allá de las líneas estadounidenses.
Von Lauchert ha atrapado al coronel Fuller y a sus hombres en un hotel
que utilizaban como puesto de mando.
Los soldados alemanes entran
y comienza un tiroteo en el vestíbulo
y los pasillos de la planta baja.
Fuller mantuvo una conversación más o menos famosa
ahora con el jefe de la 28o División, el coronel Gibney.
Se comparó con el coronel Travis en El Álamo y dijo:
"Están a punto de arrasarnos".
Fuller cree que ni el coronel Gibney ni el general Cota
se dan cuenta de la gravedad de la situación.
Sin embargo, vuelve a centrar su atención en la lucha...
cuando una explosión destroza la sala hiriendo a varios hombres.
Tenía hombres heridos
por lo que se convirtió en una especie de médico improvisado
intentando "contener la hemorragia".
Venda los ojos a un hombre que se ha quedado ciego por la explosión
pero no puede hacer nada por muchos otros.
Los disparos y la lucha continúan en la planta baja
hasta que una persona encuentra una forma de salir.
Había una especie de escalera de incendios
que iba desde una de las plantas superiores
hasta el edificio adyacente siempre y cuando
no te cayeras de esa escalera hacia la calle que había abajo.
Fuller avanza poco a poco a 15 metros del suelo.
Era un hombre de 50 años intentando sujetarse y avanzar
por una escalera horizontal
mientras el hombre que se había quedado ciego iba detrás de él
intentando agarrarse.
Fuller y un pequeño grupo de soldados logra escapar.
¡Vamos!
Mientras escapan al bosque,
el puesto de mando del 110o cae.
En el pueblo,
unos 100 soldados estadounidenses resisten tras el castillo medieval.
Los alemanes golpean las paredes y la puerta...
pero no pueden entrar en él.
Por eso deciden usar otra táctica.
Pensaron que podían lanzar bombas incendiarias
para prender el tejado del castillo
y así, quizá, forzar a sus defensores a salir.
¡Cuidado!
¡Funciona!
El fuego se extiende por el castillo.
El comandante estadounidense,
que no quiere poner en peligro las vidas
de los civiles escondidos en el sótano, decide rendirse.
Cuando Clervaux cae, se abre la carretera hacia Bastoña
y los alemanes avanzan con rapidez,
aunque deben reducir la marcha en cada uno de los cruces.
Por todo el frente, una "resistencia improvisada"
sigue dificultando su avance.
Los alemanes luchan durante cuatro días para llegar hasta Bastoña
y crearon el "saliente" en las líneas aliadas
por el que se recuerda la famosa Batalla de las Ardenas.
Pero ese retraso vital hizo que los Aliados pudieran reforzar
y defender Bastoña.
La batalla duraría cinco semanas...
pero, al no lograr tomar Bastoña antes,
la operación alemana estuvo condenada casi desde el principio.
En un mes, los Aliados vuelven a lograr que los alemanes retrocedan
hasta la frontera.
De los 3200 miembros del 110o Regimiento,
solo 1 de cada 7 no acaba muerto, herido o prisionero.
El 110o luchó prácticamente hasta su desaparición
en el corredor de Bastoña.
En unos tres días, el regimiento quedó arrasado.
Sus registros se perdieron en gran medida.
Su sacrificio no fue reconocido.
No les otorgaron medallas ni honores de ningún tipo.
Después, cuando la jerarquía militar estaba pensando
en otorgar Menciones presidenciales,
no había nadie ahí que hablara por el 110o Regimiento de Infantería.
Tanto el coronel Hurley Fuller
como el sargento J. J. Kuhn
y el sargento Stanley Showman
fueron capturados por los alemanes
y pasaron el resto de la guerra en campos de prisioneros de guerra.
Los liberaron a los tres en 1945
y volvieron a Estados Unidos.
Una vez liberado,
el coronel Fuller intercedió a favor del 110o Regimiento.
Pero no tenía tanta influencia.
Ni la fuerza necesaria para que su regimiento obtuviera
el reconocimiento que él esperaba tener.
El hecho de que se convirtiera en un prisionero de guerra
suponía un pequeño escollo,
con razón o sin ella.
El coronel Meinrad von Lauchert se adentró más en las líneas aliadas
que casi ningún otro comandante alemán.
El coronel Meinrad von Lauchert siguió luchando
contra las tropas aliadas con uñas y dientes
en su 2o División Panzer
hasta marzo de 1945,
cuando se vio acorralado en el Rin...
En ese momento, poco quedaba ya de su unidad.
La operación "Guardia del Rin" o la Batalla de las Ardenas
les salió cara a ambos bandos.
El ejército alemán sufrió unas 120 000 bajas.
En la Batalla de las Ardenas, los alemanes perdieron
sus últimas reservas y, cuando los soviéticos atacaron
en una intensa ofensiva a mediados de enero de 1945,
los frentes alemanes se desintegraron muy rápidamente.
Solo dos semanas después,
los soviéticos ya estaban a 80 kilómetros de Berlín
por lo que los ganadores reales de la Batalla de las Ardenas
no fueron los estadounidenses, fueron los soviéticos y Stalin.
Los aliados occidentales necesitan reagruparse
y reabastecerse antes de entrar en Alemania.
Ahora los alemanes lucharán en su propio país
y la guerra en Europa se prolongará otros cuatro meses más.
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