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Agosto de 1944.
Un batallón estadounidense está completamente aislado y rodeado
por las fuerzas nazis en el oeste de Francia.
Esperan ayuda.
Los vigías divisan un vehículo estadounidense acercándose
a su perímetro defensivo.
Lo primero que debieron pensar es: "¡Menos mal!
Tiene que ser un elemento de reconocimiento de algún tipo
y han venido a salvarnos".
Pero la esperanza se vuelve horror
cuando del coche salen soldados alemanes y abren fuego.
6 de junio de 1944.
Las fuerzas aliadas por fin logran desembarcar en Normandía
para abrir el frente occidental.
Pero los fanáticos nazis
continúan luchando sin compasión para sobrevivir.
El Día D fue una batalla,
pero los Aliados aún necesitan ganar la guerra.
Del D-Day a Berlín: la última batalla del Hitler 2.
8 de agosto de 1944.
Cerca de Saint-Malo, Francia...
Miembros del regimiento 121 de infantería
entran en el pequeño pueblo de Pleurtuit
mientras avanzan hacia la costa francesa.
Con la Compañía L a la vanguardia,
el teniente coronel Gordon Eyler
ordena a sus hombres que se preparen para pasar la noche
y así permitir que otros batallones los alcancen.
Tras dos días de lucha, no hay ni rastro del enemigo.
Todo está en silencio.
En este punto de la guerra, el Tercer Batallón había vivido
tantos combates que sabía
que tanta tranquilidad no tenía por qué ser buena.
Chicos, nos han dejado media botella aquí.
¡Tanque!
Se enciende el motor de un tanque alemán en una calle adyacente.
Al mismo tiempo,
metralletas y rifles alemanes abren fuego.
Disparan a los soldados estadounidenses
desde las ventanas superiores y los accesos cercanos.
¡Salid de las calles!
Es una emboscada.
Ya era tarde y los soldados debían estar cansados, pero, de repente,
tuvieron una descarga de adrenalina instantánea.
Todo se transforma en caos.
Vamos, sigue, vamos.
¡Dispara!
Sin sus vehículos blindados,
los estadounidenses están prácticamente indefensos.
Seguid disparando.
El regimiento 121 de infantería estadounidense
se ha asignado a la División 83 de infantería
para ayudar a tomar la ciudad portuaria francesa de Saint-Malo.
Dos meses después del Día D,
los Aliados tienen un problema de suministros.
Las máquinas, los equipos y las provisiones
que necesitan para liberar Europa
se apilan en Gran Bretaña.
Los Aliados esperaban desembarcar 725 000 toneladas
de material bélico en julio.
Pero solo 450 000 toneladas llegaron a la orilla.
La mayoría a Omaha y Utah,
las playas originales del desembarco del Día D.
Necesitan un puerto apropiado.
Tomar Saint-Malo ayudaría mucho.
Lleva cientos de años siendo un puerto oceánico famoso.
Sus murallas albergan una fortaleza militar medieval
conocida como ciudadela.
Situada en las alturas
con agua rodeando tres de sus cuatro costados,
la ciudadela está perfectamente posicionada
para repeler un ataque en cualquier dirección.
Además, los nazis la fortificaron aún más
tras la ocupación francesa en 1940.
En febrero de 1944,
Hitler declara un número de puertos marítimos en Francia,
Bélgica y Holanda como fortalezas.
La palabra en alemán es "festung".
La defensa de la festung de Saint-Malo
está bajo el mando del coronel Andreas von Aulock.
Cuando una ciudad se declaraba festung,
el comandante de la fortaleza
obtenía un poder total sobre todas las tropas
que hubiera en dicha fortaleza.
Era una especie de rey en su pequeño reino.
Von Aulock tenía un carácter excéntrico hasta para esa época.
Llevaba un monóculo y siempre daba órdenes emitiendo gruñidos.
Von Aulock es un veterano del frente oriental
en el que luchó contra los soviéticos.
Había luchado en Stalingrado.
Sabía lo que era luchar calle a calle y casa a casa.
Las habilidades de von Aulock se van a poner a prueba
ya que la División 83 de infantería estadounidense
se prepara para conquistar los bastiones que rodean Saint-Malo.
El objetivo del regimiento 121 de infantería
es el pueblo de Dinard, también fortificado,
para proteger Saint-Malo a través del río Rance.
A unos seis kilómetros y medio de Dinard,
en el pueblo de Pleurtuit,
el avance del 121 se ve drásticamente interrumpido.
Los estadounidenses informan de un tanque alemán
que les está disparando.
Los soldados enemigos aprovechan la seguridad de las casas cercanas
para disparar a los estadounidenses.
El teniente coronel Eyler ordena a sus hombres que se retiren.
¡Salid todos de aquí! ¡Ya!
¡Retirada! ¡Retirada!
Han muerto ya dos soldados y otros han resultado heridos.
El batallón se retira bajo una lluvia de disparos
y sufre más pérdidas
mientras lo hace.
Los estadounidenses se posicionan
a unos 400 metros al sureste del pueblo.
Los alemanes no les siguen.
¡Vámonos!
Eyler está al mando del Tercer Batallón
del regimiento 121 de infantería
compuesto por unos 800 hombres.
Tanto el Segundo como el Tercer Batallón partieron el día anterior,
pero ambos se toparon con una fuerte resistencia.
Los alemanes lo intentaron todo para frenar el avance de los Aliados.
Colocaron barreras para que todas las calles
supusieran un obstáculo para los estadounidenses.
Necesito hombres a la izquierda y a la derecha.
Moveos.
Las posiciones defensivas alemanas se organizan en kampfgruppe,
o grupos de batalla, bacherer,
nombrados así por su oficial al mando,
el coronel alemán Rudolf Bacherer.
Bacherer fue un oficial de caballería
de la Primera Guerra Mundial
que se convirtió en civil durante el periodo de entreguerras.
Después le llamaron para la Segunda Guerra Mundial
como oficial de reserva.
Parecía ser un comandante muy valiente y competente
con mucha experiencia en batalla en el frente oriental.
En 1944, luchó en Normandía como comandante de un regimiento
y se puso al mando de la División 77
cuando el comandante de ésta murió.
Bacherer debe hacer que la toma de Saint-Malo
les cueste a los estadounidenses lo máximo posible.
Abajo. Agachaos.
Poneos a cubierto.
¡Moveos, moveos!
Unas horas antes, ese mismo día,
Eyler había logrado atravesar una de las barreras de Bacherer
en el flanco izquierdo y superar al Segundo Batallón.
Pero después de que los hombres de Bacherer
les hayan expulsado de Pleurtuit,
deben esperar a que el resto de los batallones los alcancen.
Tomarán Pleurtuit juntos por la mañana.
Mientras se asientan,
Eyler ordena que el puesto de socorro y el cirujano de batalla
lleguen hasta allí para curar a los heridos.
A primera hora de la mañana siguiente,
el soldado de primera clase Albert Mixon
y el cabo Ben Graves vuelven a la barrera
que hay detrás de la posición de los estadounidenses.
Deben abastecerse de provisiones
para prepararse ante el inminente ataque.
En la oscuridad, Mixon divisa lo que cree
que son otros miembros de su batallón cerca de la barrera.
¡Estadounidenses!
Pero se da cuenta de su error
cuando comienzan a disparar desde el Jeep.
¡Cuidado! Mantente agachado.
Mixon vuelve corriendo a la línea estadounidense.
En cuanto informa a su sargento de pelotón, los alemanes abren fuego.
Atacan tres Jeeps estadounidenses
y explotan dos cargamentos de munición.
Mixon y los demás intentan frenar el ataque
para reunirse con el resto del Tercer Batallón.
Lo peor de este ataque
es que venía de la retaguardia y eso es algo que no quieres nunca.
El teniente coronel Eyler manda una patrulla
y confirma que la barrera ahora está muy defendida
por los soldados enemigos.
Eyler y sus hombres no pueden avanzar
hacia Pleurtuit sin refuerzos.
Y ya no pueden retirarse.
Están atrapados.
Acaba de llegar un mensaje del cuartel general.
Tras ponerse en contacto con el cuartel general,
Eyler recibe órdenes.
El batallón tiene que aguantar a toda costa.
Agosto de 1944.
Oeste de Francia.
Las fuerzas alemanas recuperan una barrera
situada detrás de una unidad estadounidense.
Bacherer rodeó al batallón estadounidense y lo acorraló.
Era una táctica muy típica de los alemanes
durante la Segunda Guerra Mundial, si había alguna posibilidad,
intentaban recuperar la iniciativa lo antes posible
y contraatacaban en cuanto podían...
Este caso es un ejemplo clásico de eso.
Quiero 10 hombres allí.
Han ordenado al teniente coronel Eyler que aguante
esa precaria situación a cualquier precio.
Hizo lo que la mayoría de los comandantes del ejército
de Estados Unidos haría: empezar a desplegar sus compañías
y crear un perímetro para maximizar los disparos.
En su perímetro defensivo,
la Compañía I se sitúa en la parte derecha de la carretera,
con la Compañía L al otro lado y la Compañía K en la parte posterior.
Eyler establece un puesto de mando en el centro,
en una granja de una planta.
Eyler ha tenido suerte de que los cañones antitanques del regimiento
les siguieran el paso el día anterior.
Ahora están posicionados junto a la Compañía L
para proteger la carretera que lleva hasta Pleurtuit.
El pueblo que es su objetivo.
Ahora las fuerzas nazis los rodean por todos lados.
El ataque estadounidense tendrá que esperar.
Alrededor de las nueve y media,
hombres de la Compañía I divisan algo extraño.
Unos 15 soldados alemanes
reptan por una zanja junto a la carretera de Pleurtuit.
Llevan en la espalda unas mantas grises
que usan como un rudimentario camuflaje.
En la colina hay alemanes.
Manteneos agachados.
No disparéis aún.
Los hombres de las Compañías L e I aguantan pacientemente...
hasta que los alemanes se acercan a menos de 200 metros.
En ese momento, abren fuego.
¡Fuego!
Tres alemanes mueren y muchos más resultan heridos...
El resto retrocede hasta el pueblo.
El objetivo era, seguramente, comprobar el perímetro
para tener una idea de las fuerzas
a las que se enfrentaban en el bando contrario.
Fue una investigación muy torpe, pero, seguramente, solo fuera eso.
Tan solo 30 minutos después, surgen varias explosiones.
Artillería y morteros alemanes empiezan a caer dentro
del perímetro defensivo de los estadounidenses.
¡Agachaos!
En cuestión de segundos,
dos disparos certeros impactan contra el puesto de mando.
¡Recargando!
Dos oficiales mueren y dos suboficiales resultan heridos.
Ese contraataque de las 10 de la mañana mostraba claramente
que aún no habían vencido a los alemanes,
que éstos podían lanzar un contraataque
y que todavía podían causar
muchas bajas en el bando estadounidense.
Es muy impresionante ver
a oficiales de tanto nivel morir tan rápidamente.
Es una situación muy mala
ya que crea una sensación
de miedo y crisis entre los soldados.
Mientras continúan los esfuerzos por rescatar y auxiliar a los heridos,
los soldados escuchan el peor sonido posible.
¡Tanque!
Es un Stug III,
un cañón de asalto alemán autopropulsado
construido sobre el chasis de un Panzer.
Para cualquier soldado de infantería estadounidense,
un enemigo blindado era aterrador.
No importaban realmente los detalles que tenía o que no,
lo que importaba era que creaba una especie de tendencia
a infundir miedo y pánico
ya que un tanque podría destrozar y destruirlo todo.
El Stug III se acerca desde el noreste
seguido de cerca por la infantería.
Cuando se acerca a menos de 500 metros,
su cañón abre fuego.
¡Seguid disparando! ¡Vamos!
En medio del caos,
el puesto de mando podría quedar completamente destruido.
¡Necesitamos refuerzos!
El Stug III está ya a menos de 300 metros...
De repente, la ayuda a los estadounidenses
viene de un lugar totalmente inesperado.
Un joven soldado raso, Francis Gardner,
decide tomar cartas en el asunto...
y apunta al tanque con un bazooka.
Los bazookas eran una de las armas antitanques más importantes
del ejército estadounidense. Tiene forma de tubería.
Mide unos 90 centímetros y se coloca sobre el hombro.
Lo que dispara es un cohete con una ojiva especial
antitanques por lo que,
aunque el cohete es bastante pequeño,
puede penetrar bastante en la armadura del vehículo.
El cohete de kilo y medio
se puede lanzar a una distancia de hasta 550 metros
y penetrar unos 12 centímetros en el blindaje.
Gardner falla su primer disparo.
Hay que recargarlo.
Pero los cañones antitanques estadounidenses
abren fuego al mismo tiempo.
Un disparo impacta e inutiliza al Stug III.
Mientras su tripulación intenta escapar de las llamas,
Gardner prepara un segundo disparo.
¡Que no escapen!
Esta vez no falla.
El disparo mata a la tripulación del tanque que huía.
A los estadounidenses les encantan esas historias
del soldado que tiene todas las de perder
pero que ataca un tanque alemán o algo así.
Lo que es inusual en este caso no es que las tropas dispararan
para evitar la huida de la tripulación de un tanque,
eso es algo muy habitual,
lo que no lo es tanto es hacerlo con un bazooka.
Los bazookas no están diseñados para ser un arma antipersona, pero,
según los informes, sí logro acabar con la tripulación del tanque.
Tuvo que ser un disparo muy preciso
y que la tripulación estuviera en el lugar equivocado
en el momento equivocado.
Los soldados de infantería alemanes se unen a la batalla
y avanzan hacia la contienda.
¡Disparad!
Pero los estadounidenses se mantienen firmes.
Tras 20 minutos,
los alemanes se retiran hacia el pueblo de Pleurtuit.
¡Se retiran!
Dentro del perímetro estadounidense, reina el caos entre el batallón.
¡Necesito un médico!
Tras tres ataques en muy poco espacio de tiempo,
además del ataque del día anterior, cada vez hay más y más heridos.
El cirujano del batallón no logró cruzar la barrera la noche anterior.
No hay ningún médico.
Lo único que tienen son las limitadas provisiones médicas
que han llevado con ellos.
Tendrían muchas vendas, vendas de presión,
torniquetes, ampollas de morfina...
También tendrían talidomida y lo que llamaban "polvo de sulfa",
que servía para combatir la infección en las heridas.
Quizá también tuvieran un poco de plasma sanguíneo.
Los soldados llamados "médicos de combate" atienden a los heridos.
Eran jóvenes de 19 o 20 años
a los que les habían dado
una formación muy rudimentaria de primeros auxilios
durante unos dos meses orientada,
básicamente, a salvar vidas rápidamente, hacer lo que pudieran
y después llevar a los heridos a otro sitio
para que les ofrecieran una atención médica mejor.
Incapaz de evacuar a sus heridos,
Eyler establece un puesto de socorro con los médicos
de combate de cada pelotón...
Se instalan en otra granja justo detrás del puesto de control.
Es una solución muy rudimentaria pero es lo único que tienen.
Mientras la artillería alemana
continúa disparando hacia el batallón.
Los médicos de combate y los heridos se enfrentan
a una lucha muy diferente.
9 de agosto de 1944.
La división 83 de infantería estadounidense
tiene órdenes de tomar el puerto francés de Saint-Malo.
Las fuerzas aliadas luchan calle a calle para tomar la ciudad.
Sus defensores son implacables.
Cuando se le pide que se rinda, el coronel Andreas von Aulock
supuestamente responde:
"Soy alemán, los alemanes nunca se rinden".
Mientras tanto,
se supone que el regimiento 121 de infantería estadounidense
debe expulsar a las fuerzas alemanas del cercano pueblo de Dinard.
Sin embargo, dos batallones se han quedado atrapados...
y los defensores alemanes acortan distancias
por la retaguardia del Tercer Batallón.
Apartándoles de los demás.
Llegan noticias del "batallón perdido"
a la cadena de mando de la división 83 de infantería,
al general Robert Macon.
El general Robert Macon había luchado mucho en esta guerra.
Había sido comandante de regimiento en la invasión del norte de África.
Cuando la división 83 luchó en Normandía,
él luchó con éxito dadas las circunstancias,
el terreno y las dificultades.
Macon era un experto en misiones
y un hombre en el que se podía confiar.
Pero Macon no está impresionado con el regimiento 121
que le han asignado.
Si yo fuera líder del primer pelotón,
confiaría en mis hombres y los del tercer pelotón
pero no me parecerían lo suficientemente buenos.
Eso podría ampliarse hasta llegar al nivel
de un comandante de división.
Macon confiaba en sus hombres,
los de la división 83 y sus tres regimientos,
pero no conocía el regimiento 121.
Macon cree que el avance tan lento del 121 es sospechoso.
Y tener un batallón entero de 800 hombres rodeado por el enemigo
mina aún más su confianza.
Pero antes de poder centrar su atención
en rescatar al Tercer Batallón,
la división 83 de infantería de Macon
debe tomar la colina de Saint Joseph,
en el lado este del río Rance.
Había una enorme elevación de granito
que los alemanes habían fortificado con una gran cantidad de búnkeres
y con unas 455 armas de 55 milímetros.
Hasta que los Aliados no eliminaran ese puesto defensivo,
no podrían reducir el resto de las fortificaciones
que rodeaban Saint-Malo.
El "batallón perdido" tendrá que esperar.
En el lado este del río,
dentro del vulnerable perímetro defensivo del Tercer Batallón,
los médicos de combate hacen lo que pueden
para mantener a los heridos con vida.
Muchos, sin embargo, han perdido mucha sangre.
Rodeados por el enemigo en tierra,
ponen sus esperanzas en el cielo.
Se pone en marcha un plan
para que dos aviones del Regimiento 56 de Artillería de Campo
les lancen plasma sanguíneo.
Todo sale según lo planeado
y las cajas caen a pocos metros de la zona designada.
Pero el éxito dura poco.
Los miembros del batallón ven cómo los aviones pierden altura...
y caen a tierra.
Miembros de la Compañía K reptan hacia los restos en llamas.
Es demasiado tarde. No pueden hacer nada para ayudar.
Los cuatro tripulantes han muerto con el impacto.
Pero el plasma supone una gran ayuda.
A última hora del día 9 de agosto,
la división 83 de infantería de Macon
toma la colina de Saint Joseph.
Macon reorganiza sus fuerzas
y asigna a su regimiento 331 de infantería
la misión de liberar al batallón perdido y, juntos,
tomar Dinard.
Macon dará las órdenes personalmente
para asegurarse de que la misión tiene éxito.
Mientras el Tercer Batallón espera el rescate,
sus hombres permanecen rodeados por el enemigo y en alerta máxima.
Justo después de medianoche, un vigía divisa
cómo un vehículo estadounidense emerge de entre la niebla
en la parte sureste del perímetro.
Puede que la ayuda ya haya llegado.
Agosto de 1944.
Un batallón de soldados estadounidenses que lucha
por liberar la ciudad francesa de Saint-Malo
está rodeado de fuerzas alemanas
comandadas por el coronel Rudolf Bacherer.
Bacherer ha ordenado una serie de ataques contra los estadounidenses.
De noche,
un vehículo se acerca al perímetro defensivo estadounidense.
Lo primero que debieron pensar es: "¡Menos mal!
Tiene que ser un elemento de reconocimiento de algún tipo
y han venido a salvarnos".
Parece algo casi milagroso hasta que los estadounidenses
comienzan a recibir disparos en la oscuridad.
Los alemanes han capturado el coche
y lo están usando para penetrar líneas estadounidenses.
Capturar kits enemigos fue algo muy útil en la guerra
para ambos bandos.
En ese momento,
un vehículo de reconocimiento estadounidense era muy útil.
En vez de ser una fuerza de rescate, el coche es un caballo de Troya.
El sargento primero Clyde Webster
reacciona rápido y coge un B. A. R. listo para contraatacar.
B. A. R. es la abreviatura de "fusil automático Browning",
el rifle automático que usaba
la infantería del ejército de Estados Unidos.
Se clasifica como una ametralladora ligera con 20 cartuchos.
Su disparo era automático, lo que significa que,
tras apretar el gatillo, el fusil disparaba cartucho
tras cartucho tras cartucho. No es como los rifles,
que son semiautomáticos, lo que significa que tienes
que disparar un cartucho cada vez, hay que seguir apretando el gatillo.
Fácil de manejar por un solo soldado,
está considerada como una de las armas más valiosas
de la Segunda Guerra Mundial.
El disparo del rifle estadounidense prende el coche.
Sus ocupantes intentan escapar del vehículo en llamas.
¡Que no escapen!
Webster acaba con ellos uno a uno...
Después, continúa atacando a otros soldados alemanes
que llegan para apoyarlos.
¡Seguid disparando!
La lucha sigue intermitentemente hasta las tres y media de la mañana,
cuando las tropas alemanas que han sobrevivido
se escabullen en la noche.
Los ataques continuados siguen acabando con las limitadas
provisiones del batallón.
Cuando una unidad de infantería entra en combate,
normalmente lleva consigo una cantidad muy pequeña
de munición y de comida.
Al ser una unidad de combate,
no hay ni cocina ni comedor.
Los soldados solo tienen raciones K.
Paquetes que pesan menos de un kilo
y que contienen comida deshidratada y en lata.
Es algo que los soldados pueden llevar ellos mismos,
aunque algunos se transportan en vehículos.
Los hombres del batallón perdido comienzan su cuarto día
desde que abandonaron la seguridad de las líneas estadounidenses.
Siguen sin un médico,
aunque hay soldados que se ocupan de atender
a los heridos con los limitados recursos médicos
que tienen en el hotel Purple Heart.
El hotel Purple Heart, como lo llamaban los estadounidenses,
era un puesto de socorro improvisado en el que se reunían los heridos
y donde se veía lo peor del sufrimiento del batallón.
No hay forma de proteger a los heridos de la artillería alemana...
A pesar de las carencias, algunos de sus pacientes son alemanes.
Incluso en una situación así en la que estaban rodeados,
se preocupaban por ellos. Casi siempre.
Y, en muchos casos, los médicos de combate priorizaban
según la gravedad de las heridas, no según la nacionalidad.
No siempre era así, pero, en este caso,
sí lo fue porque había algunos alemanes con heridas muy graves.
La posición de los estadounidenses es muy frágil.
Pensadlo, estaban rodeados,
no sabían cuál era el tamaño de las fuerzas alemanas.
Era muy probable que se convirtieran en prisioneros de guerra
al día siguiente.
Por eso trataban bien a los alemanes,
para que ellos también se portaran bien con ellos
en caso de hacerles prisioneros.
El 10 de agosto,
el general Macon llega al cuartel general del regimiento 121
para hacerse cargo de la misión de localizar
al Tercer Batallón y tomar Dinard.
A las 8 de la tarde,
los hombres del regimiento 331 de infantería de Macon
comienzan su avance.
Por la noche,
usan bengalas y humo de colores
para señalar y localizar al batallón perdido.
A pesar de sus esfuerzos,
no logran ponerse en contacto con ellos.
Los hombres de Macon vuelven a la acción a la mañana siguiente,
comenzando su misión a las 8:30 de la mañana.
Avanzan despacio
ya que se topan con las mismas barreras y la misma resistencia
que retrasó al regimiento 121.
¡Manteneos agachados!
¡Seguid disparando!
Macon empezó a ver la oposición alemana
a la que se estaban enfrentando y a darse cuenta
de lo que habían tenido que pasar los hombres del otro regimiento.
¡Moveos! ¡Vamos!
Hasta las 9 y media de la noche, los hombres de Macon no logran
atravesar una barrera especialmente complicada.
Antes incluso de consolidar su posición,
los hombres de Bacherer comienzan un contraataque.
Esa misma noche, Macon tiene que defender su trabajo
y el escaso avance ante su comandante.
Eso ocurre todo el rato,
comandantes de regimiento que tienen que justificarse
ante su comandante de división.
Macon quería asegurarse de que Middleton comprendiera,
de manera clara, que la resistencia era mucho mayor de la esperada
y que no había sido por culpa de ningún fallo por parte de Macon
o de su división.
Dentro del perímetro defensivo del batallón perdido,
el teniente coronel Eyler
envía patrullas regularmente
para intentar contactar con algún refuerzo...
pero ninguna ha tenido éxito.
No obstante, el 12 de agosto,
la Compañía K comienza su patrulla
y sale del perímetro defensivo del batallón a las 11 de la mañana.
Se mueven por el flanco izquierdo
con la esperanza de localizar algún miembro del 331...
De repente, notan movimiento delante de ellos.
¡Agachaos!
Una patrulla de soldados estadounidenses
del regimiento 121 de infantería del Tercer Batallón avanza...
para intentar ponerse en contacto con el regimiento
estadounidense 331.
El batallón lleva cuatro días
rodeado y aislado por las fuerzas nazis
en una arriesgada apuesta por liberar Saint-Malo, Francia.
Mientras intenta evitar a los alemanes,
la patrulla se tira al suelo al detectar movimiento delante de ella.
Los han descubierto,
¡pero son estadounidenses!
Fue un momento increíble
cuando la patrulla se dio cuenta
de que eran hombres de otra unidad
que querían intentar liberarles.
Eso podría significar que había más ayuda en camino.
Es una idea muy estadounidense,
"aquí estamos asediados, pero ya va a venir la caballería a ayudarnos".
La conexión de las dos patrullas es el primer paso
pero el regimiento 331 aún tiene que luchar
para hacerse un hueco entre los alemanes.
Todo tardó, por supuesto, muchas, muchas horas en llevarse a cabo.
El contacto entre las dos patrullas
era solo la punta del iceberg de lo que necesitaban hacer.
14 de agosto de 1944.
Los últimos avances logran que los tres batallones
del regimiento 121 y del 331
estén en posición de tomar el pueblo de Dinard
y arrasar al enemigo que defiende la ciudadela de Saint-Malo.
Los estadounidenses siguen topándose con la férrea resistencia alemana.
Comandada por Rudolf Bacherer.
¡Fuego!
Bacherer atacaba como un profesional,
no como un fanático nazi.
Atacaba más como un profesional militar de los que de verdad
formaban la espina dorsal de las fuerzas armadas alemanas
y los convertían en enemigos tan formidables.
Usaba mucho la arquitectura,
algo ideal para un estilo de guerra defensivo,
utilizaba edificios de piedra y cosas así.
¡Vamos, vamos, vamos!
Cuatro soldados de la Compañía G
se prestan voluntarios para atacar una fortificación subterránea
rodeada por una enorme muralla de piedra
con una valla de acero en su parte superior.
El sargento William Vaughn emplea un bazooka para penetrar en ella.
Pero con poco éxito.
Vaughn finalmente encuentra un túnel
para entrar y guía a su grupo por él.
Logran entrar gracias al túnel y tomar la fortificación
tomando como prisioneros a 200 alemanes.
- ¿Puedes hacerlo? - Sí, señor.
Al mismo tiempo, morteros alemanes intentan frenar el avance...
Mientras las armas estadounidenses atacan los bastiones nazis.
Al caer la noche, solo se ven llamas.
Dinard está ardiendo.
A pesar de que los estadounidenses hayan llegado hasta la costa,
aún tienen que localizar y capturar a Rudolf Bacherer,
el desafiante comandante de Dinard.
A la mañana siguiente, suena el teléfono en el búnker de Bacherer.
La voz que hay al otro lado de la línea se presenta
como el general estadounidense Robert Macon.
Macon pudo llamar
porque los estadounidenses habían tomado un fortín alemán
que tenía línea directa con Bacherer.
Parecía lógico que cogiera
el teléfono y lo llamara.
Si quieres que alguien se rinda, pídeselo tú mismo.
Gracias a un intérprete,
Macon explica que los estadounidenses han conquistado
todos los puntos fuertes de los alemanes en Dinard
y le pide a Bacherer que se rinda.
Bacherer se niega a rendirse, para él,
los términos de la rendición no son lo suficientemente honorables
pero sí le pide a Macon que cuide de sus enfermos.
Macon acepta.
Macon dijo: "Claro, nos ocuparemos de los heridos alemanes,
por supuesto".
Se declara un corto alto el fuego.
Los heridos alemanes se trasladan para poder ser atendidos
como prisioneros de guerra.
En pocos minutos, la paz vuelve a verse interrumpida.
Con el objetivo final de que los alemanes se rindan
de forma definitiva,
atacan la posición de Bacherer con fósforo blanco por lo que,
cuando un proyectil impacta contra un almacén de munición,
la explosión que se genera es enorme.
Se crea un gran incendio.
Los lechos de paja de los dormitorios aceleran las llamas.
Los hombres de Bacherer salen para escapar del humo.
Bacherer ve que es imposible seguir resistiendo.
Él y sus 350 hombres se rinden.
Dinard ha caído,
pero la ciudadela y la ciudad de Saint-Malo siguen resistiendo.
El coronel Andreas von Aulock continúa desafiante.
Con las armas procedentes del oeste ya eliminadas,
el general Macon debe hacerse
con la recompensa final.
Agosto de 1944.
Mientras dos regimientos estadounidenses liberan
el cercano pueblo de Dinard,
otras unidades comandadas por el general Robert Macon
se acercan a la amurallada ciudad de Saint-Malo.
Ubicada en la costa francesa,
los Aliados están desesperados por tomar la ciudad
para ayudar a que más hombres y materiales entren en Francia
y liberar Europa.
La ciudadela de la ciudad
está bajo el mando del coronel Andreas von Aulock,
conocido como "el coronel loco".
Los alemanes lo llamaban el "coronel loco"
pero no necesariamente de manera negativa.
Sus hombres lo respetaban mucho...
tenía carácter, era muy excéntrico, pero,
aun así, sus hombres lo seguían.
El general estadounidense Macon
sabe que hay que llevar a cabo la misión.
No pueden dejar reductos de resistencia alemana detrás de ellos
mientras avanzan hacia Bretaña.
La ciudadela tiene que caer.
¡Avanzad! ¡Avanzad!
Colocan armas de 200 milímetros
con un alcance de 16 kilómetros a kilómetro y medio del fuerte.
Son menos eficaces contra las fuertes paredes de piedra
pero pueden crear agujeros u orificios con sus disparos.
Además, Macon entrega a sus compañías
morteros de 10 centímetros.
Los equipos con morteros de 10 centímetros usaban
explosivos y fósforo blanco alternativamente.
Primero disparaban los potentes explosivos
que abrían agujeros en los edificios y, después,
el fósforo blanco que tenía un gran efecto incendiario.
El fósforo blanco hacía que los edificios empezaran a arder.
Para atacar aún más las fortificaciones en el momento final,
Macon confiaba en un bombardeo aéreo cercano y constante.
Los aviones soltaban un nuevo tipo
de material incendiario a la batalla:
gasolina gelatinosa.
La gasolina gelatinosa se conoce más como napalm
y comenzó a usarse en combate durante la Segunda Guerra Mundial.
Contiene un aditivo para hacerla más pegajosa.
Eso significa que si lanzas un gran depósito lleno de ese material
desde un avión hacia un objetivo,
en vez de que el líquido se desparrame por ahí,
la gasolina gelatinosa se adhiere a los materiales
y hace que estos ardan.
El teniente coronel Seth McKee
se prepara para despegar con los depósitos de su P-38
llenos de 625 litros de napalm.
Mientras McKee sobrevuela la zona, libera el contenido de sus depósitos
que también contienen granadas de fósforo para prender el napalm.
Increíblemente,
logra que caiga en un pozo de ventilación de la ciudadela.
Me recuerda, irremediablemente,
al disparo perfecto de Luke Skywalker
contra la Estrella de la Muerte en La Guerra de las Galaxias.
Es algo que tuvo un efecto igual de dramático.
La gasolina gelatinosa no se usa para quemar a los ocupantes.
Cuando la gasolina gelatinosa golpea la parte superior de un búnker,
comienza a absorber todo el oxígeno que hay dentro del búnker
por lo que logra acabar con un búnker muy bien protegido
al ahogar a todo el que esté dentro de él.
Cuando McKee mira hacia abajo,
ve que los alemanes están ondeando la bandera blanca.
Habla con sus hombres
y estos lanzan el resto de su carga incendiaria en otros objetivos.
Poco después,
Von Aulock y sus 550 hombres se rinden
a pesar de la promesa de aguantar hasta el final.
Siempre es difícil saber qué significan de verdad
las órdenes de luchar hasta el último cartucho,
luchar hasta el último hombre...
A veces se daban estas órdenes
para mostrarle a Hitler su voluntad de resistir
porque se les había solicitado
que lucharan hasta el final y, si no hacían bien su trabajo,
podría haber represalias contra sus familias.
Tardan dos semanas en tomar las fortificaciones de Saint-Malo,
ocupadas por los nazis durante cuatro años.
Las tropas del general Macon son insistentes.
Su División 83 de infantería
captura casi 10 000 prisioneros de guerra alemanes.
El batallón perdido estadounidense, el regimiento 121,
soportó cuatro días de aislamiento...
Tras una serie de ataques constantes,
informan de 31 muertos,
106 heridos y 16 desaparecidos.
Desafortunadamente,
Von Aulock ordenó destrozar las instalaciones del puerto
el 7 de agosto
para asegurarse de que no pudieran servir de ayuda a los Aliados.
Mientras la caída
de las ciudades portuarias francesas resulta inevitable,
la resistencia nazi mantiene a las fuerzas aliadas ocupadas
durante muchas semanas.
Eso les ofrece algo de tiempo para que otros se retiren
y asegurar la frontera alemana y así preparar el escenario
para una serie de batallas desesperadas.
La guerra en Europa continuará
durante otros ocho meses y medio.
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