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Normandía, Francia.
Un mes después del Día D.
Un regimiento canadiense se enfrenta
a una infame unidad Panzer de las S. S.,
a la que acusan de horribles crímenes de guerra.
Los canadienses y la 12 unidad "Juventudes Hitlerianas"
de las S. S. se habían estado enfrentando desde el siete de junio.
Así que los canadienses y la 12 de las S. S.
mantenían una batalla privada muy violenta.
Para los alemanes,
esto hacía que alcanzar un acuerdo fuera imposible.
Había dos opciones: victoria o muerte.
Seis de junio, 1944.
Las fuerzas aliadas desembarcaron finalmente en Normandía
para abrir el frente occidental.
Pero los fanáticos y reaccionarios nazis continuaron luchando
sin tregua para sobrevivir.
El día D era una batalla.
Los Aliados todavía tenían que ganar la guerra.
Del Día D a Berlín. La última batalla de Hitler.
Furia Panzer.
Ocho de julio, 1944.
A las afueras de Caen, Francia.
Los canadienses de la reserva de infantería Regina Rifles
se preparan para ayudar a liberar la ciudad francesa.
Exploraron cómo avanzar hasta su objetivo
en la zona noroeste.
Y no les gustó lo que vieron. Era muy llano.
Había pocos lugares para ocultarse.
El coronel lugarteniente Foster Matheson
trajo a los comandantes de su compañía:
el comandante en funciones Gordon Brown,
el comandante Eric Syme
y el comandante Stuart Tubb
para encontrar la mejor manera de avanzar.
Iban conduciendo los camiones modelo Universal Carrier
y se acabaron perdiendo.
El conductor se equivocó...
y se encontraron en mitad de una lucha.
Los Regina Rifles fueron atacados rápidamente.
Dispararon y mataron a uno de los conductores.
Los pasajeros se agacharon para cubrirse.
Mientras la batalla continuaba a su alrededor,
los vehículos intentaron dar marcha atrás.
En el caos de la batalla,
los camiones se retiraron y dejaron a los oficiales atrás.
Acabó siendo otro impedimento en la lucha por Caen.
A solo 20 kilómetros de la cosa,
las fuerzas aliadas habían planeado tomar la ciudad el día D.
Pero más de un mes después,
el objetivo demostró ser mucho más escurridizo de lo que pensaban.
Ambos lados entendían que la toma de Caen era crucial
para continuar por el resto del país, que, si podían tomar Caen,
podían entrar en el resto de Francia.
80 soldados aliados estaban atascados
en el cabo de playa de Normandía.
Los aliados necesitaban que sus ejércitos entraran en Francia
para luego dirigirse hacia el este, hacia París.
Caen era un cruce de carreteras y de ferrocarriles crucial.
Los alemanes entendían que, si podían defender Caen,
podían frenar el avance de los Aliados.
Eran divisiones blindadas que tenían cientos de tanques.
Necesitaban carreteras buenas, así que iban a pasar por Caen
para atacar a los Aliados que estaban en las playas
y que, por supuesto, eran muy vulnerables.
Los Regina Rifles habían llegado a una batalla
entre la 12 división Panzer de las S. S.
y otras fuerzas canadienses.
Esta no era la primera vez
que los Rifles se habían encontrado con la 12 de las S. S.
Un mes antes, el día después del día D,
los Rifles habían tomado la ciudad de Bretteville
que no está lejos.
Los Rifles soportaron cuatro contraataques
de la 12 división Panzer,
derribaron a 152 alemanes,
destruyeron seis tanques para defender la ciudad
y su unidad ganó una condecoración.
Ya que no contaban con la ventaja,
los camiones escaparon con desesperación.
Los oficiales de los Regina Rifles
corrían el peligro de quedarse atrás.
Vamos, vamos.
Se subieron a la parte trasera de un vehículo,
que, para su sorpresa, estaba cargado de explosivos.
Se agacharon para cubrirse
mientras el fuego enemigo agujereaba el vehículo
con la esperanza de que ninguna bala causara una explosión mortal.
Tras abandonar el lugar de la batalla,
los oficiales se posicionaron para el reconocimiento
en el pueblo cercano de Authie,
Unas horas antes,
el general Bernard Montgomery había iniciado la operación Charnwood,
el segundo intento del ejército británico de tomar Caen.
Para apoyar la operación,
los Regina Rifles debían tomar la abadía de Ardenne
que custodiaba la entrada al noroeste.
Un alto muro de piedra rodeaba
la iglesia del siglo XII y los edificios adjuntos.
Era una fortaleza de piedra.
Tenía una gran torre.
Y, desde lo alto de la torre,
se podía ver todo el campo.
Por eso era una posición muy importante.
Un punto resistente que los alemanes utilizarían tanto para observar
a los Aliados que llegaban de las playas
como para lanzar su contraataque.
Las explanadas con cosechas de grano rodeaban
la abadía por todos lados,
proporcionándole una buena visión a los francotiradores alemanes.
Los alemanes ocuparon el único refugio:
las colinas de lodo
donde habían tenido sus cañones antiaéreos
en la mitad del campo.
Matheson planeaba que la compañía B del comandante Syme
avanzara 400 metros desde el pueblo de Authie y tomara las colinas.
La compañía D de Brown por la izquierda
y la compañía C de Tubb por la derecha pasarían las colinas
y avanzarían los 640 metros restantes hasta la abadía.
A las cinco de la tarde,
la artillería aliada comenzó el ataque a la abadía de Ardenne
preparándose para el asalto.
La lluvia de fuego debilitaría las defensas alemanas
y mantendría a los alemanes a cubierta
mientras los canadienses se acercaban.
La artillería duró 30 minutos,
tras los cuales los Regina Rifles comenzarían su ataque.
La abadía de Ardenne era la base de la 12 división Panzer
con la que se habían encontrado antes.
Su comandante es el jefe de regimiento Kurt Meyer.
El coronel, de 33 años,
era uno de los comandantes de división más jóvenes de Alemania.
Kurt Meyer...
era un oficial muy valiente,
pero, al mismo tiempo, también era muy despiadado.
Estaba convencido de la causa nazi
y tenía la determinación de inculcar
esta ideología a sus hombres.
La división Panzer de Meyer estaba compuesta
de antiguos miembros de las Juventudes Hitlerianas.
El infame grupo para jóvenes nazis
crio a una generación de niños alemanes
para que creyeran en la superioridad aria.
Para los líderes de las S.S.,
la 12 unidad Panzer "Juventudes Hitlerianas"
era una especie de símbolo
de la siguiente generación del nazismo.
La división Panzer de Meyer soportó el tiroteo
tras los muros de la abadía.
El edificio principal en sí estaba demasiado expuesto...
al fuego de la artillería aliada
o a los bombardeos aéreos de los Aliados.
Así que situó su base en un edificio secundario
en el sótano para estar protegido.
Mientras la lluvia de fuego aliada continuaba sobre la abadía,
Brown y los demás Regina Rifles intentaron acercarse al campo
desde el cual debían atacar,
pero parecía tarea difícil.
Los Regina Rifles estaban atrapados
porque el pueblo de Authie no había sido liberado.
Por lo que los alemanes también podían atacar
para presionar a los Rifles.
Los alemanes también abrieron fuego para contraatacar.
Varios tanques aliados se colocaron cerca.
Pero al acercase la hora del asalto,
un cañón alemán comenzó a disparar.
Este cañón de 88 milímetros
era la pieza de artillería más efectiva del arsenal nazi
y los tanques aliados la temían.
En combate terrestre,
tenían un alcance de casi 15 000 metros
y con un equipo bien formado manejándolo,
podía disparar una ronda cada tres segundos.
El cañón destruyó enseguida tres tanques Sherman.
Mientras los soldados de su interior escapaban,
fueron atacados por las ametralladoras alemanas
desde la colina cercana.
Para evitar quedar expuestos a la artillería alemana,
los tanques que quedaban se retiraron.
A menudo, nos imaginamos la lucha en Normandía
como asaltos con tanques
y ataques al enemigo muy rápidos.
Pero, en realidad, eran ataques con armas combinadas
y, si los tanques se alejaban demasiado de la infantería,
los cañones antitanques los podían derribar fácilmente
ya que, en este momento de la guerra, eran muy efectivos,
Al retirase los tanques que les apoyaban,
las tres compañías de los Regina Rifles
quedaron atrapadas a descubierto.
El ataque alemán continuaba.
Los canadienses corrían el riesgo de ser eliminados por completo
antes de poder llegar a su objetivo.
Ocho de julio, 1944.
La artillería alemana atacó la posición de los Regina Rifles
mientras se preparaban para atacar la abadía de Ardenne
que bloqueaba su entrada a la ciudad francesa de Caen.
Otras unidades canadienses llamaron
a los Regina Rifles "Johns rurales"
porque procedían de una zona campestre de Canadá.
Obviamente, lo de los "Johns rurales" lo decían para burlarse.
Pero "Johns" les hizo gracia,
quitaron la parte de "rurales" y lo adoptaron con orgullo.
Atrapados por el fuego enemigo, el momento de que los Johns
atacaran la abadía pasó y perdieron la oportunidad.
Debido al caos y a la confusión,
las unidades llegaron tarde al frente,
y, de hecho,
la mayor parte de las tres compañías de los Regina
llegaron cuando ya había comenzado el ataque.
Como ya no había comunicación,
era una situación muy difícil.
Los Regina se enfrentaron al ataque de la fortaleza
casi sin apoyo de la artillería.
Los Regina solo pudieron ponerse a cubierto
y esperar que pasara el ataque alemán.
Cuando terminó,
el comandante Gordon Brown y los otros oficiales
se apresuraron para organizar a sus hombres.
A las seis de la tarde,
30 minutos después de lo previsto,
los Regina comenzaron el asalto...
con la compañía B del comandante Eric Syme a la cabeza.
Los alemanes habían aprovechado el tiempo.
Durante la pausa, los defensores alemanes pudieron reagruparse
y apuntar las ametralladoras, apuntar los cañones antitanques.
Y eso es el peor escenario para cualquier ejército.
Cuando las tres compañías de los Regina comenzaron a avanzar,
la compañía de B debía avanzar
400 metros desde el pueblo y tomar la colina,
la única zona a cubierto en el campo.
Las fuerzas alemanas abrieron fuego sobre ellos
desde todas las direcciones.
Creían que Caen era tan importante
que el mariscal de campo Erwin Rommel
asignó unidades de élite para defenderla.
Rommel supervisó la defensa de Normandía
y había invertido mucho en la Muralla del Atlántico.
Era una serie de búnkeres, fortificaciones,
posiciones defensivas por las costas de Francia,
Bélgica, los Países Bajos, Dinamarca y Noruega.
Se supone que iba a prevenir una invasión aliada.
Según su experiencia con los Aliados en el norte de África,
Rommel sabía que los tanques alemanes eran vulnerables
a la superioridad aérea aliada.
Rommel pensaba que había que derrotar a los aliados
en las playas durante las primeras horas de las invasiones.
Como los alemanes no lo consiguieron el día D,
la lucha se hizo más desesperada.
Los alemanes seguían determinados a luchar
porque pensaban que, si los Aliados ganaban la guerra,
el pueblo alemán sería aniquilado.
Esto era especialmente cierto en los líderes militares alemanes,
como Kurt Meyer, comandante de la 12 división Panzer,
que había tomado la abadía.
Creían que la guerra
debían lucharla de la manera más feroz...
porque era una lucha por su supervivencia.
Meyer ya se había encontrado antes con unidades canadienses.
Los canadienses y la 12 "Juventudes Hitlerianas"
de las S. S. se habían enfrentado desde el siete de junio.
Desde el segundo día de guerra, en realidad.
Y había habido batallas muy feroces por todo el frente.
El siete y el ocho de junio,
la unidad de Meyer ejecutó a 18 prisioneros de guerra canadienses
en la abadía de Ardenne,
una violación flagrante del Convenio de Ginebra.
Para la gente como Meyer o los oficiales de las S. S.,
era todo o nada.
Y no podían alcanzar un acuerdo con el enemigo.
Era o victoria o muerte.
Entonces, la 12 "Juventudes Hitlerianas" de las S. S.
creyó que, si eran capturados o si se rendían
ante los canadienses, serían ejecutados en represalia.
Así que los canadienses y la 12 de las S. S.
mantuvieron una batalla privada muy violenta.
La compañía B de los Regina Rifles todavía encabezaba el avance
hacia la colina en la mitad del campo.
Al enfrentarse a la lluvia de fuego,
la compañía B tenía que correr o arrastrarse
a tramos cortos para evitar ser alcanzados.
Los alemanes abrieron fuego con morteros,
con ametralladoras, con francotiradores.
Y los Regina Rifles cayeron uno a uno.
Mientras avanzaban poco a poco, la compañía sufrió grandes pérdidas.
No hay una forma fácil de eliminar una ametralladora.
Las ametralladoras disparan 500 balas por minuto,
con forma de arco.
Tienes que sacrificar soldados para neutralizarla.
No tenían más opción que seguir avanzando.
Tres compañías de los Regina Rifles
comenzaron el asalto contra la abadía de Ardenne.
A través de más de un kilómetro de campo abierto,
sin apoyo de los tanques y solo media hora
después de que terminara el ataque de su artillería,
la compañía B encabezó el asalto.
La compañía de B avanzó lentamente
e iban cubriéndose con lo que podían.
Pero no tenían muchas opciones por lo que tenían que ir agachados.
Tenían que permanecer en el suelo.
Tenían que intentar quedarse donde no les vieran
los francotiradores alemanes, la artillería alemana
o las ametralladoras. Así que fue un proceso muy lento
y que causó muchas bajas
porque cada vez que se levantaban, les disparaban.
Las bajas seguían aumentando
y las semanas de esfuerzo también se cobraron su peaje.
Los Regina Rifles estaban muy debilitados en aquel momento.
Habían perdido muchos soldados en batalla
durante el primer mes en Normandía.
Como tropas en la vanguardia,
no dormían mucho y soportaban una tensión inimaginable.
No cabe duda de que la falta de sueño
y el enfrentamiento continuo con el enemigo,
combinados, agotarían a cualquiera.
Habían sido cuatro semanas de combate constante.
Así que, a medida que luchaban contra el enemigo alemán,
a medida que se acercaban a la abadía,
se iban desmoronando, algunos lloraban,
algunos estaban en estado catatónico y no podían moverse.
Esto afectó incluso al comandante de la compañía de B,
el comandante Syme,
que padeció lo que llamamos "fatiga de combate".
¡Comandante! ¡Comandante!
¡Necesito un médico!
Aunque la división canadiense había pasado
exámenes psicológicos antes de partir al frente,
las afecciones como la fatiga de combate
son impredecibles y afectó a muchos soldados.
A finales de julio de 1944,
la fatiga de combate comprendía un 25 %
de todas las heridas que no mortales de los Aliados.
Tras el Día D,
grupos de los ejércitos británicos y canadienses establecieron
centros en primera línea de combate para tratar la fatiga.
El tratamiento era sencillo: tranquilizantes y sueño.
Querían tratarlos rápidamente,
querían tratarlos de manera efectiva
porque querían que regresaran al frente.
Mientras se llevaban al comandante Syme del campo,
el resto de la compañía B continuaba intentando llegar a la colina.
Mientras avanzaban esos duros metros,
los francotiradores les disparaban,
con las ametralladoras Bren les disparaban con más rapidez.
Lo que hicieron para neutralizar esas ametralladoras
fue usar granadas en su mayor parte.
Las granadas explotaban
y dispersaban metralla, por supuesto,
y así es como, al final, tomaron la colina.
Los alemanes se vieron obligados a retirarse a la abadía.
Para alcanzar el objetivo, la compañía B quedó destrozada.
61 de sus 100 hombres resultaron muertos.
Cuando los canadienses tomaron el control de la colina finalmente,
la compañía C y la D continuaron avanzando
y pasaron a través de lo que quedaba de la compañía D.
Desde esa posición, la compañía B podía disparar
para cubrir a las otras dos compañías.
Tenían a la compañía D a la izquierda
y a la compañía C a la derecha.
Y el fuego de cobertura de la compañía B era muy importante
porque permitía que el resto de las tropas avanzara poco a poco.
La idea era simplemente lo que llamamos "fuego y movimiento".
Alguien abre fuego y alguien se mueve.
Para evitar que sus hombres
corrieran el mismo destino que la compañía B,
el comandante Tubb de la compañía C,
ordenó que se lanzaran morteros explosivos
contra el complejo de la abadía.
Esperaba que la distracción proporcionara a sus hombres
la cobertura que tanto necesitaban.
Pero le informaron de que los Regina
no tenían morteros altamente explosivos disponibles
y, en su lugar, le ofrecieron humo.
Funcionó un rato hasta que empezó a hacer viento.
Entonces, quedaron totalmente expuestos al fuego alemán.
Se convirtió en un infierno.
Mientras avanzaban bajo fuego enemigo,
las compañías C y D de los Regina Rifles canadienses debían
atacar la abadía de Ardenne
a través de 640 metros de campo abierto.
Se acababan de enterar
de que no quedaban morteros explosivos
para aplacar el contraataque alemán.
Esta escasez había resultado ser un problema
en todo el frente aliado.
Tres semanas antes,
una gran tormenta azotó la costa de Normandía.
800 barcos y botes quedaron varados,
dañados o destruidos el 19 de junio
debilitando aún más la línea de provisiones aliadas
que ya sufrían por la falta de un puerto de agua profunda.
Todas las unidades tenían que soportarlo como pudieran.
Avanzar a campo abierto sería un suicidio.
Así que los Regina dispersaron humo para cubrir su avance.
Una vez más, el comandante en funciones Gordon Brown
y la compañía D avanzaron por el flanco izquierdo.
Pero cuando los hombres estaban todavía a 460 metros de la abadía,
el viento disipó el humo.
Las compañías quedaron expuestas...
y los alemanes tenían objetivos claros.
En medio del caos,
el décimo tercer pelotón de la compañía C
se metió en un campo de minas.
No sabes por dónde pisar
y las colocan por distintos motivos.
Uno es para provocar bajas, por supuesto.
Pero el segundo es para frenar el avance.
El campo de minas creó un campo de tiro.
Soldados con rifles y francotiradores
y los que manejaban las ametralladoras atacaron
al grupo aislado de soldados
que quedó atrapado a mitad de camino sin saber dónde pisar.
Al aumentar las bajas,
el comandante Tubb entró en el campo de minas
para ayudar a sacar a sus hombres.
Tubb sucumbió a los disparos de las ametralladoras alemanas.
Su segundo al mando se adelantó para ayudar,
y fue alcanzado.
El tercero al mando de la compañía C
resultó herido momentos después.
Acabar con los líderes del enemigo
es una antigua estrategia militar.
Y es una técnica que usan los Aliados y los alemanes,
los francotiradores apuntaban a los comandantes
o a los lugartenientes o a los capitanes
para intentar, en realidad,
decapitar la unidad.
Sin líderes,
la compañía C se retiró a la colina.
Habían perdido a 85 hombres de 106.
El objetivo oficial del general Bernard Montgomery en Caen
era atraer a las tropas alemanas para matar,
herir o capturar a tantos como fuera posible.
Una guerra de desgaste.
Pero la campaña para capturar Caen
resultó costosa para todos los implicados.
Los bombardeos aliados para apoyar la operación Charnwood
comenzaron la noche anterior, el siete de julio.
Más de 460 aviones dejaron caer
6000 bombas en la ciudad.
Aunque el bombardeo mejoró la moral de los soldados aliados,
el impacto estratégico en las tropas alemanas fue mínimo.
Los escombros obstaculizaron el avance de los Aliados
y la retirada de los alemanes.
También tuvo un impacto entre la población civil de Francia.
Porque murieron civiles franceses
y esto influyó de forma negativa
la visión de la población francesa de los Aliados.
Ahora, al noroeste de la ciudad,
los 15 miembros sanos de la compañía C
se retiraron a Authie
para traer camillas para los heridos.
Casi tres horas después de comenzar
el ataque a la abadía de Ardenne,
la compañía D de Gordon Brown
era la única de los Regina Rifles que seguía luchando.
Todavía estaban a cientos de metros de su objetivo
y el humo que les cubría se disipaba en su posición
lo que les dejó peligrosamente expuestos al fuego enemigo.
Las 12 de las S. S. rápidamente dejaron atrapados
a Brown y a sus hombres de nuevo.
Varios de los Regina resultaron heridos.
Para limitar las bajas de la compañía,
Brown y sus hombres avanzaron a intervalos cortos,
a veces, tan solo avanzaban unos centímetros cada uno.
Las tropas alemanas en la abadía tenían el arma ideal
para evitar que Brown alcanzara su objetivo.
La 42 es probablemente la mejor ametralladora
de la Segunda Guerra Mundial.
A 1200 disparos por minuto,
su velocidad superaba a la de las ametralladoras aliadas
más parecidas.
Ligera, fiable y fácil de utilizar,
las 42 tenían un alcance de casi un kilómetro.
Para evitar las ametralladoras alemanas,
el decimosexto pelotón de la compañía D
viró hacia el flanco izquierdo de la abadía.
El resto de los Regina Rifles continuaban el asalto al frente.
Pero a las nueve en punto,
un mensajero informó al comandante en funciones Gordon Brown
que el decimosexto pelotón había desaparecido.
8 de julio de 1944.
Anochecía y los Regina Rifles continuaban su asalto
a la abadía de Ardenne,
una posición fortificada que controlaba el acceso
a la ciudad francesa de Caen.
Al tener noticias de que algunos de sus hombres habían desaparecido,
y sabiendo que los necesitaba a todos para tomar la abadía,
el comandante en funciones Gordon Brown salió en busca
del decimosexto pelotón.
Al buscar en el campo de batalla descubrió algo perturbador.
Encontró una pequeña zanja,
que era una escena de pesadilla.
Había soldados heridos sangrando,
muriéndose, gritando
y pensó que era el pelotón perdido, pero no.
Era un grupo de los Can Scots, otro regimiento canadiense,
que había acabado en el campo de batalla,
y había muchos heridos.
Brown intentó ayudar.
Vendó a los heridos de más gravedad.
Y no sabía muy bien qué hacer,
obviamente su instinto humano era ayudarles,
pero ese no era el papel del comandante de una compañía.
Así que les dio su agua.
Debió de pasar mucha sed.
Sin poder hacer nada más por ellos,
Brown regresó con el resto de su compañía.
Hizo lo correcto.
Hizo lo que tenía que hacer.
Hizo lo que tenía que hacer como soldado,
que era seguir avanzando hacia el objetivo final.
Cuando regresó,
Brown se encontró a la compañía D en el fragor de la batalla.
La compañía D estaba desplegada por el campo de batalla.
Se enfrentaban a una fortaleza de piedra,
y los alemanes les disparaban sin parar.
Me sorprende mucho cómo pudieron seguir avanzando.
Cargaron valientemente contra los muros de la abadía.
Sí que pidieron más humo, y el humo es muy efectivo.
Oscureció el frente
durante unos minutos, que eran muy necesarios.
Los hombres dispararon y lanzaron granadas mientras corrían.
Su valentía obtuvo recompensa.
A las 10 de la noche en punto,
la compañía D llegó a los muros de la abadía.
Como los Regina Rifles se acercaban,
y el coronel Kurt Meyer había planeado
proteger sus fuerzas para el combate,
pidió permiso para retirarse.
Y le contestaron que no.
No hay retirada.
La forma de pensar
de los líderes alemanes era:
"¿Dónde terminará la retirada?".
Pero Meyer se retiró de todas formas,
y luego dijo que sabía que no podían defender Caen.
Las órdenes de Hitler de defender la ciudad hasta la última bala
significaría el sacrificio innecesario e inútil de sus hombres.
Así que la lucha desesperada del 8 de julio,
era para ganar tiempo para evacuar
a los soldados heridos de Meyer al amparo de la oscuridad.
Crearon un plan para retrasar la toma de la abadía
y que a los canadienses les resultara
lo más difícil posible.
Los Regina Rifles se encontraron con los soldados alemanes
que quedaron para cubrir la retirada.
Lanzaron un último ataque
y encontraron la manera de entrar en esa fortaleza
y expulsar a los alemanes.
Algunos canadienses empezaron a avanzar
hacia el patio de la abadía.
El capitán Brown llamó a los soldados para que regresaran
y les ordenó que se atrincheraran fuera de los muros.
Llevaban un mes luchando contra los alemanes,
y Brown sabía que todavía no estaban a salvo.
Los alemanes habrían dejado preparadas sus armas.
Una de las ventajas
de ocupar una posición cuando estás defendiendo
es que la tienes perfectamente localizada en el mapa,
lo que significa que tu artillería sabe perfectamente dónde atacarla.
Al enterarse de que las tropas aliadas habían llegado a los muros,
Meyer ordenó un ataque de artillería
contra la abadía.
Las astutas órdenes de Brown
impidieron que hubiera más bajas entre sus hombres,
pero todavía tenían que acabar de cumplir su objetivo
de ocupar la abadía en sí.
El denso tiroteo alemán
impidió que el comandante en funciones Gordon Brown
y el resto de la compañía D de los Regina Rifles
tomaran la abadía de Ardenne por completo.
Mientras los hombres soportaban la lluvia de fuego,
el pelotón perdido por fin reapareció.
En su ausencia, el decimosexto pelotón había estado ocupado.
El decimosexto pelotón consiguió algo bastante extraordinario.
Neutralizaron una tropa de cañones 88 alemanes.
Eso significaba que cualquier tanque Sherman que se acercara por detrás
se podía mover a campo abierto.
La reaparición del pelotón
aumentó el número de efectivos de la compañía a 70 soldados,
pero Brown sabía que necesitaba más hombres
si quería tomar y ocupar la abadía.
Llevaban cinco horas y media luchando.
Habían perdido a unos 200 soldados entre muertos y heridos,
muchos de ellos habían quedado esparcidos
por el campo de batalla.
Y en ese momento, pedían ayuda en la oscuridad.
Pero no había comunicación desde la avanzadilla hacia atrás.
No había comunicaciones inalámbricas, ni teléfonos.
Brown y un teniente regresaron al pueblo de Authie a pie
para pedir refuerzos,
y para informar a la base de su progreso.
Pero en el camino, los dos hombres fueron atacados con mortero.
Soportaron las 80 rondas de disparos.
El bombardeo era otra fase del plan del general Kurt Meyer
para cubrir la retirada de la 12 de las S.S. de Caen.
La retirada de Meyer resultó sensata
para proteger la fuerza de la unidad.
En la segunda semana de julio,
las bajas en batalla de los alemanes en Europa Occidental
superaron los 100 000 hombres.
Pero los alemanes solo habían conseguido reemplazar
un 9 % de sus pérdidas de personal.
Por la noche,
Brown regresó a los muros de la abadía con refuerzos.
La compañía A de los Regina Rifles, que había estado en la reserva.
En la madrugada del 9 de julio
cesó el fuego alemán.
Era una calma inquieta.
No puedo imaginarme cómo sería mirar a tu alrededor
y que no haya balas zumbando,
y no escuchar rondas de artillería explotar a tu alrededor.
Y de repente, darse cuenta de que, durante unos breves momentos,
hay un poco de calma.
Lo has conseguido.
Al amanecer,
las compañías A y D de los Regina Rifles
entraron con precaución al patio.
Así que, cuando Meyer se retiró,
intentó retrasar el avance del enemigo
dejando francotiradores.
Esto les dio tiempo a sus tropas
para retirarse de forma ordenada.
Con francotiradores y trampas,
el enemigo no se siente a salvo.
No sabe dónde está el enemigo, de dónde viene,
así que tiene que ir con mucho cuidado al avanzar.
Hasta media tarde estuvieron neutralizando
a los francotiradores alemanes de la abadía.
Dentro de la abadía, descubrieron la base del sótano.
El capitán Brown estaba más que agotado.
Más tarde comentaría que estaba casi delirando,
que tenía alucinaciones.
Gordon Brown, agotado, se tomó una copa,
se metió en la cama...
y se quedó dormido.
Los Aliados tomaron la parte oeste de Caen sobre el río Orne
la tarde del 9 de julio.
Durante la operación Charnwood,
los Regina Rifles sufrieron 216 bajas,
que incluyen la muerte de 36 hombres.
En cuanto a las bajas ese día,
un 50 % de los soldados en combate
murieron, resultaron heridos o fueron tomados como prisioneros.
Hubo tantas bajas en las compañías C y B...
que tras esta batalla el 8 y 9 de julio, dejaron de funcionar.
Los civiles franceses también quedaron muy afectados.
Un 75 % de Caen había sido destruida
y habían muerto centenares de personas.
Tras la guerra,
el coronel Kurt Meyer fue a juicio por crímenes de guerra,
debido a su papel en la ejecución
de los prisioneros de guerra canadienses
en la abadía de Ardenne.
Meyer fue sentenciado a muerte,
aunque luego se conmutó la sentencia a cadena perpetua.
Cumplió nueve años de la condena antes de que lo liberaran.
Los dos comandantes de las compañías canadienses,
Stuart Tubb y Eric Syme se recuperaron
y sobrevivieron la guerra.
El comandante Tubb fue condecorado
con la Orden del Servicio Distinguido
por su liderazgo y aplomo ante el fuego enemigo.
Gordon Brown continuó sirviendo durante la guerra,
y fue condecorado con la Orden del Servicio Distinguido
por su valentía personal y devoción al deber.
Aunque al final tuvo éxito,
la toma de Caen confirmó que las victorias aliadas
podían ser lentas y, a veces, se avanzaba metro a metro.
A los Aliados les quedó claro
que el camino a Berlín no era sencillo.
Sería una campaña difícil y sangrienta.
Y la guerra en Europa
continuó 10 meses más.
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