All language subtitles for HOUSEMAID 1951

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Original subtitles

UNA DONCELLA EN APUROS

- ¡Samba! - ¡Samba!

Descalificados.

¿Has visto cómo me miraba el jurado?

- ¿Quién? - El "jurista"... Aquél del brazalete.

¿Cómo no? ¡Con esas botazas!

- ¡¿Qué modales son estos?! - ¡Cuidado!

- Descalificado. - Pero si ha sido él... - Fuera.

Quiero ver cómo termina.

¿Has visto? Otra vez lo hemos logrado.

Sí, pero no lo hagas más.

Ven, vamos a comer la sopa de pescado.

No, hasta mañana.

- Ermelinda. - Te llama Berto.

- ¿Se ha ido? - No, está allí. - Está allí.

- ¿De qué humor está? - Pésimo. - Pésimo.

- Hasta luego. - Hasta luego, Berto.

Estás elegantísima. ¿Quieres dar una vuelta en barca?

Camarero... ¡Camarero!

¡Qué bonita música!

Antes de ponerte así, tienes que saber el motivo de lo sucedido.

Lo reconozco: he llegado tarde. Pero hay una razón.

Ahora viene el lío...

Quería darte una sorpresa, pero como te pones así, te lo cuento.

He encontrado trabajo. Una cosa grande... Definitiva.

He empezado hoy mismo, en domingo.

Borrachón, ¿qué le dijiste a Donato el domingo pasado?

- ¿De qué? - De mí.

- ¿A qué Donato? - Al soldado alpino, el novio de Ermelinda.

¡Descalificados! Me has dado un golpe aquí atrás.

- ¡Basta! ¡Salgan! - ¿En qué sentido?

Han tropezado con la otra pareja. ¡Fuera!

Antes de emitir un juicio, escúcheme...

- Yo estaba en esta posición... - Déjalo... Vamos.

¡No, Ermelinda! Señor jurado, yo estaba haciendo este paso...

- ¡Tiene que echarlo! - ¡Salgan de la pista!

- Oiga... - ¡Me ha empujado él primero! ¡Largo!

¿Quiere pelear con un alpino? ¡Quiere pelear con un alpino!

Oye... ¡Eh, tú, ven aquí!

- Ya estoy aquí. Me pongo el gorro. - ¿Que se supone que te dije, Maria?

No me dijo nada. ¿Quién me da un helado?

¡Como que no he dicho nada!

Pues yo recuerdo perfectamente lo que me dijiste.

Dijiste: "Ésa tendrá que esperar un rato antes de que me case con ella".

¿Cuándo te lo he dicho? ¿Dónde?

En Via del Gambero, esquina con Via della Vite. ¿Te acuerdas?

Hablábamos de nuestras novias. Yo siempre pienso en ti, Ermelinda.

Y tú me dijiste: "Maria va a esperar un rato antes de que me case con ella".

¡Tienes razón! Eres tonto. No me comprendiste.

Dije que Maria, que es mi prometida desde hace quince años,

ha tenido que esperar demasiado para que me case con ella.

Sí, Maria ha esperado un montón.

No, Filiberto.No es asi. Lo recuerdo perfectamente.

Dijiste: "Ésa tendrá que esperar un rato antes de que me case con ella".

¡Cretino! ¡Pobre Maria, es una mártir!

Ha tenido que esperar por mí. Quería decir que no me la merezco.

¡Claro, eso era!

No, lo recuerdo perfectamente. Después dijiste:

"¿Por qué iba a casarme? ¡Hace quince años que me divierto!"

- Eso dijiste. - Pero, ¿qué tienes en la cabeza?

- ¡Señor abogado! - ¡Tsch!

- ¡Celestina! - ¿Yo? - Sí. Métete en tu habitación.

- ¡Basta, es el momento de la verdad! - ¡Cornudo!

¡Te he enseñado a ser una señora!

¡A comportarte con las personas educadas,de mi clase!

¿No dices nada?

Espérame en el pasillo. Ahora mismo voy.

Eso no, es mío. Todavía tengo que pagar las letras.

- ¿Qué vas a hacer? - Me lo pondré yo.

Y esto también... para la playa.

No lo quiero.

Has agarrado todo lo que te he comprado con el sudor de mi frente.

- ¿Por qué no te mato? - ¿Qué esperas? ¿Disparas?

- ¡Sólo dos meses de matrimonio! - Hay cosas que es mejor saber cuanto antes.

Ah, ¿sí? Mira...

Ah, querido... No te guardo rencor.

- ¡Los echo de mi casa! - Como quieras.

¡Fuera! ¡Fuera de mi casa!

¿Ha llamado el señor abogado?

Señor abogado, ¿ha llamado?

Sí.

Prepara la mesa. Quiero cenar. Y apaga la radio.

- ¿Se puede? - Adelante...

- Tú lo sabías todo. - No.

¿Cuántas veces se veían a la semana?

¿Cuánto tiempo pasaba él aquí? ¡Tú sabías todo!

Abogado, acuérdese de su hígado.

- ¿Por qué? ¿Por qué? - ¡Porque sí!

Yo también debería haber hecho como la señora.

Es el único modo de hacerse querer.

- Si no le hubiera puesto los cuernos, no lloraría usted así. - ¡Basta!

Llévalo a la mesa. ¡Yo soy el señor! Y enciende la radio.

- ¿Que música? - Lo que haya.

¡Abogado! ¡¿Qué ha hecho?!

- ¡Qué valiente! - ¡Lárgate!

Encantada.

Tengo que telefonear.

¿Diga? ¿Quién es?

Ermelinda, ¿eres tú? Escúchame.

¿Cómo? ¿Que te han despedido? ¿Dónde estás ahora?

Si ves al delincuente de Berto, dile que no me busque más.

Me marcho de la ciudad.

¿Adónde vas a ir? Ven aquí.Ven aqui conmigo.

El portón está siempre abierto. Dejo entornada la puerta de casa.

No te hagas la tonta y ven rápido.

¡Ese idiota! ¡No debía habérselo dicho!¡Fanático!

¡Ermelinda!

- ¡Ermelinda! - Sí, ya la he oído.

¿Ha llamado?

He tenido un sueño. Voy a contártelo. Antes dame las gotas.

¡Qué cosa! ¡Qué sueño!

Como siempre... Diez gotas.

Gracias.

¡Qué malas están!

Tú, ¿qué has soñado? ¡Ah, ya! Tú no sueñas nunca.

¡Para soñar hay que dormir y aquí no se duerme nunca!

Eres una criatura árida, sin corazón.

Tenía que planchar el vestido de "Aida". El de las lentejuelas...

Con las perlas y las piedras de colores.

No encontraba la plancha. La he buscado por todas partes.

El teatro estaba hasta los topes y yo no encontraba la plancha.

De pronto, la encuentro en un palco de primera fila.

- Estaba allí, sola, sola. - ¿Quién? - La plancha.

En realidad no era la plancha, sino el contable del segundo,

que me miraba, me miraba...

Agarra el libro, lee hasta que me venga el sueño.

Te hablo y tú no me escuchas. Es inútil que hable.

Siéntate.

- ¿Por dónde? - Está marcado.

"La tormenta arreciaba con violencia inaudita

- ... sobre la estera salvaje". - ¿Qué? ¿Sobre la estera?

- Sobre la estera... - ¿Cómo que sobre la estera?

¡Ah, la estepa! Es una cosa rusa.

"La nieve se arremolinaba alrededor del rostro viril y noble del príncipe..."

"Vassilo"... ¿Por qué no escribirán estos nombres en italiano?

- "El viento silboteaba..." - ¡"Silbaba"! ¡Analfabeta!

"En aquel instante, la puerta de la cabaña crujió,"

"y una sombra se deslizó en el interior."

"Era el príncipe Vassilo."

"Depositó un beso ardiente sobre el minúsculo pie de la bella durmiente."

"Sonia dejó escapar un grito y se despertó."

"Y se despertó."

¡Todas las noches el mismo suplicio! ¡Nunca duerme!

- Y tú, ¿qué planes tienes? - Estoy desocupada.

No te preocupes. Encontrarás otra casa.

Eres una doncella cualificada. No te menosprecies.

Hace quince años que sirvo. ¡No puedo más!

¡Me encuentro en la calle en mitad de la noche, sin una casa!

¡No me da la gana volver a empezar!!

Ir a la agencia, encontrar otra colocación...

"Nos casamos. Dentro de un año, nos casamos".

Esperamos la primavera, esperamos el otoño...

"¡Me han prometido un empleo!" "El tío Matteo..." ¡Mentiroso!

¿Y has oído lo que va diciendo?

- ¿Quieres un durazno? - Dame uno.

Gracias.

- ¡Me has salpicado! - Necesito vitaminas.

Esa loca no me deja dormir.

- ¿Cuántos años tiene el tío Matteo? Hace diez que se está muriendo. - ¡Quince!

Fue lo primero que me dijo cuando se me declaró.

"Dentro de dos meses nos casamos. El tío Matteo se está muriendo."

Yo nunca lo vi. Ni siquiera sé si existe.

¡Pero se acabó!

- ¡Mamá! - Están tirando piedrecitas.

¡Berto! ¡Qué loco! ¿Qué quieres a estas horas?

He llamado a casa del abogado. Maria se ha ido.

¿Sabes a dónde?

No le digas que estoy aquí. ¡Canalla!

- No lo sé. - Oye... - ¡Tsch! ¿Quieres que yo también pierda el empleo?

Si la ves, dile que hoy he pasado vergüenza por ella.

Soy un caballero y por eso no he hecho nada.

- Pero si no me pide excusas... - ¡Sinvergüenza!

¡Maria! ¿Qué tal? Estaba preocupado.

- Tengo que decirte algo importantísimo. Subo. - ¡Berto!

Ve a hablar con él, porque ése es capaz de despertar a todo el vecindario.

- Están los dos locos. - No quiero verlo.

- ¿Quieres que también yo pierda el empleo?- ¡Ermelinda!

¿Has oído? ¡Caramba! Vamos...

¡Ermelinda!

¿Estabas dormida? Siempre duermes. ¿No has oído un rumor?

No he oído nada.

- He oído abrirse la puerta. - ¡No!

Espera... Siéntate y lee.

Me pongo junto a la luz, si no me arruino la vista.

- La vida de un hombre... - Puedes seguir hasta mañana. No te escucho.

¡Te he estado escuchando quince años! ¡Quince años de mentiras!

¡Déjame en paz! ¡No me des más la lata!

- ¿Adónde vas? - A dormir. - Espera, Ermelinda. ¿Cuándo nos vemos?

- Nunca. - ¡Qué lástima!

¡Qué lástima porque justo ahora íbamos a poder casarnos!

- Había encontrado trabajo. - ¿Qué trabajo?

Un trabajo magnífico. Con una probabilidad del 80%

- ... podría comenzar el sábado que viene. - ¿El sábado que viene?

¡Dentro de cinco días! ¿Estás contenta?

¿No dijiste en Ostia que habías empezado a trabajar hoy domingo?

¿En Ostia? Bueno, lo dije porque...

- ¡Vete de aqui! - Y luego...

Me he dicho: "¡Pobrecita, lleva tanto esperando!"

Hasta aquí hemos llegado.

- Buenas noches. - Buenas noches.

- Ahora llamo a la policía. - ¡Llame!

Soy una amiga de Ermelinda. Me ha ocurrido una desgracia.

- He perdido el empleo. - Ermelinda no me ha contado nada.

Nunca me cuenta nada. ¿Qué desgracia te ha ocurrido?

- Mi patrón ha vuelto a casa... - ¿Ha tenido un accidente?

- No. Su mujer... - ¿Se había envenenado?

No, se la ha encontrado en la cama con el amante.

- ¿Y la ha matado? - Ha hecho que le sirviera la cena.

- ¡Asqueroso! - Es un hombre. Todos la misma ralea de canallas, sanguijuelas...

Todos, no. Por ejemplo, el contable del segundo...

- ¿Es un hombre? - Sí. - Todos sanguijuelas.

Desde que nacen... El hombre succiona la leche de la madre.

La verdad es que también las hembras succionan.

Pero menos. Y cuando crecen, lo devuelven.

- ¿Y el hombre? - No lo había pensado. Los hombres no amamantan.

Me caes bien... Ven conmigo.

Esa idiota no me había contado nada.

¡Y luego dice que no duerme!

Me caes bien. Tienes una voz bonita. Siéntate.

También yo la tenía. Debuté en "La Traviata" a los 19.

No se despierta. agarra la silla. Siéntate.

Siéntate. Ten. Lee.

- ¿Yo? - Sí, tienes una voz bonita. Lee. Está marcado.

Tú lees con tu bonita voz y yo me duermo.

"El alba despuntaba sobre la estepa rusa"

"cuando el príncipe dijo: Sonia, reina de mi corazón,"

"ahora te contaré el secreto de mi vida..."

"Hace ciento cincuenta años, en una noche como ésta, mi tatarabuelo..."

- ¿Los señores han salido? - La mujer del ingeniero ha salido.

Pero la condesa bajará ahora. Ven abajo.

He estado leyéndole toda la noche a la loca de la patrona de Ermelinda.

Se me ha hecho tarde... ¿Cómo es la condesa?

Un poco estirada, pero gente fina.

- ¿Te acuerdas de la marquesa Daveri? - Con esos estuve a gusto.

- Estuve diez años. - Ésta es mejor.

Ahí está... Buenos días, señora condesa. Pase.

Esta es Maria. Las dejo solas para que puedan hablar.

- Es un poco baja. - ¿Las elige por metros?

- ¿Por que la han despedido? - No, me he ido yo.

- ¿Fuma? - No. - ¿Bebe vino? ¿Licores? - No.

- Y, ¿hombres? - Hombres, ¿qué?

Entonces, diana a las 6 y limpieza de zapatos.

A las 6:30, el café del conde, A las 7, el desayuno de los niños.

De 8 a 9, pasar el polvo al salón, el comedor, los muebles

y encerar los suelos. Eso, en todas las habitaciones.

De 10 a 11, compras, encargos y limpieza del descansillo.

- A las 11:30... - Se busca usted otra doncella,

porque yo me he largado dos horas antes.

¿Sabe poner inyecciones? La abuela, mamá y yo estamos muy débiles.

Estoy solo en casa. 20.000. ¡Por hacer todo!

¡Espere!

- ¿Y las condiciones? - No se preocupe. Vámonos.

- Esto es para la agencia. - ¿Agarra usted la valija?

- Ya la traeré mañana. - ¡No, ahora!

- Pero, ¿adónde vamos? - ¿Ha volado usted alguna vez? - No, nunca.

¡Es emocionantísimo! Deme... Vamos.

Creía que no lo lograba. Tenía que encontrar una doncella en una hora.

Pero la encontré. No hay nada imposible para Luigino.

- ¿Quién es Luigino? - Soy yo. Vamos.

Si algún miserable insinuó una sospecha,

sobre él lancen los cielos la maldición de la serpiente.

Y si ella no es honrada, casta y fiel,

no existe marido venturoso.

La más pura de las esposas

resulta, en comparación, sucia cual calumnia.

- Maestro, le toca a usted. - Lo sé. Siga.

Es que después de su diálogo viene la entrada de Desdémona.

Lo sé. ¿Qué esperas para entrar?

- Y aún así, cada tanto... - Y aún así... ¿Cómo?

Y aún así, cada tanto, se arrodilla y reza. Yo la he visto...

Cada tanto, se arrodilla y reza. Yo la he visto con estos ojos.

La he visto con estos ojos. Vas a entrar, ¿sí o no?

¿Qué esperas? ¿Las trompetas del Juicio Final? ¡Adelante!

- ¿Qué desea, mi señor? - Venid aquí.

- Ven aquí. - ¿Qué quiere de mí?

- ¿Cuál es su deseo? - Miráme a los ojos.

- ¿Qué horrible capricho es éste? - ¿Qué horrible capricho es éste?

Después de mi diálogo Emilia sale.

Emilia, sal.

Y tú, ¿qué esperas? ¡Arrodíllate!

No puedo. Si tú no me das el pie no me acuerdo de nada.

Me lo he estudiado así.

¡No, no, no, no!

Desde el principio. Repite el diálogo.

De rodillas se lo ruego, ¿qué quiere decir?

De rodillas se lo ruego, ¿qué significan sus palabras?

Siento el furor de sus palabras, pero no las entiendo.

Desde el principio. Repite el diálogo.

De rodillas...

De rodillas se lo ruego, ¿qué significan sus palabras?

Siento el furor de sus palabras, pero no las entiendo.

Esto es una gallina intentando poner un huevo.

¡No quiero huevos! ¡Detesto los huevos! No llores.

Eres maravillosa... pero no has comprendido a Desdémona.

Es la criatura más dulce que haya existido nunca.

Una criatura llena de amor, una criatura henchida

de una desesperada alegría de vivir

que presiente un oscuro destino que se avecina. ¿Entiendes?

Desde el principio. Repite el diálogo.

De rodillas se lo ruego, ¿qué quiere decir?

¡Yo te estrangulo! ¡Mi mujer tenía razón!

¡Tú eres una genérica! ¡Una genérica, eso es lo que eres!

Nannina, ¿adónde vas? Te ordeno que vuelvas aquí.

¿Qué quiere usted? Estoy trabajando. ¡Bernanzoni!

¡Bernanzoni!

¡Bernanzoni!

¡Bernanzoni!

¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¡No quiero a nadie en los ensayos!

¿Cómo tengo que decirlo? ¡No quiero a nadie y menos a mi madre!

- Váyase. - ¡Maestro, ella vuela!

- ¡Fuera, fuera! - La señora está al teléfono.

- ¿Mi mujer? - Sí.

- ¿Por dónde se sale? - No, usted no se mueve de aquí.

- ¡Ése está loco! - Sí, pero yo le explicaré todo.

Angela, ¿eres tú?

No, no le habla el abogado, sino su amigo y el de su mujer.

- La pobre... - ¡No quiero la compasión de ese monstruo!

- ¡Ni tampoco la suya! - Señora, por favor...

Querido Leonardi, le decía...

Por favor, escúcheme con calma.

Abogado, hace un mes que Angela y yo nos atormentamos mutuamente.

Hemos llegado a un estado de exasperación que podría tener consecuencias funestas.

Así que es mejor que lo dejemos por ahora.

Luego, a mi regreso... Esta noche salgo para Sudamérica.

Está bien. Buen viaje.

Pero no puede impedir que su esposa forme compañía con Attilio Rossi.

¡Pero yo soy el marido y tengo todo el derecho!

¡Ella se ha marchado de la compañía por motivos que me son desconocidos!

Desconocidos, no... Usted sabe cómo están las cosas.

- Su esposa ha aguantado demasiado. - Déjeme hablar con él.

Leonardo, soy yo. ¿Estás dispuesto a razonar?

Bien. Yo estoy tranquilísima.

- ¿Quieres ser razonable? - Me voy de viaje.

¡Está bien! Tú organízate tu vida.

Pero tus exigencias artísticas son las mismas que las mías.

Leonardo querido, ¿has olvidado nuestro acuerdo?

- Yo me marcho. - No me hagas perder la paciencia.

Ésta es tu última oportunidad.

Te la ofrezco generosamente. Siempre he sido generosa.

Una vez más, te tiendo la mano.

- Yo me marcho. - ¡Pues muy bien!

Pero no llegarás a Sudamérica

porque te he echado tantas maldiciones, que el avión nunca llegará.

- ¡Señora, tranquilícese, por favor! - ¡Déjeme! ¡Estallará en pedazos!

¡Arderá! ¡Se hundirá en el Atlántico!

Oye... Esto es ridículo y vil.

Estás deseando la muerte al padre de tu hija.

¡Te prohíbo formar compañía y tratar al canalla de Attilio Rossi! ¿Entendido?

- Attilio Rossi es un joven apuesto... - ¡Basta!

¡Señora, ustedes no necesitan un abogado, sino una niñera!

- Me ha echado de la compañía. - ¡Se ha echado usted!

¿Y debía quedarme a contemplar el espectáculo

de mi marido con esa zorra? ¡Viene del cine!

¡Ha sido "Miss Zorra 1950" y ahora hace Desdémona!

¡Desdémona!

¡Y se supone que yo tengo que quedarme en casa preparándole la comidita al divo

cuando vuelve exhausto por sus magníficas interpretaciones!

- Señora, sea razonable. - Eso es: seamos razonables.

Le doy un cheque blanco: haga lo que quiera.

Firme con los actores, haga los contratos. Yo me voy a París.

Voy a conseguir un repertorio brillante y tendré mi propia compañía.

Compañía Angela Leonardi... con Attilio Rossi.

- ¡Qué gran actor! - Un programa perfecto.

El forma compañía con su amiguita y se va a Sudamérica,

usted forma compañía con Attilio Rossi y se va a París. ¿Y la niña?

Dora... La mandaré al colegio.

Estoy decidida.

Luigino, estaba pensando...

- En aquellos zapatos. - ¿Qué zapatos?

Los de antílope negro con suela fina.

- ¿Los de los lazos? - No, los de botoncitos. ¿Dónde están?

¿No se acuerda? Se los regaló a aquel actor desocupado.

Ah, ya me acuerdo.

Son las seis. Tienes dos horas.

Compra los juguetes más bonitos que encuentres y tráetelos.

- ¿Juguetes? - Sí. - ¿Para usted? - Sí.

Maestro, la señorita que estaba conmigo es la nueva doncella.

Se llama Maria. Le espera en el camerino. ¡Hace de todo y vuela!

- Buenas tardes. - Buenas tardes.

- ¿Qué perfume usas? - Agua de colonia.

- Sírvete. - ¿Cómo? - Que te eches.

- Gracias. - Échame.

- ¿A usted? - Sí. - ¿En la cabeza? - Sí.

¿Suficiente?

¡Attilio Rossi!

- Attilio Rossi. - Attilio Rossi.

¿Has oído hablar de él? ¿Lo has visto alguna vez? Di...

- No, ¿quién es? - Nadie. No es nadie.

Es actor desde hace diez años y éste es el resultado.

Tú, que vas al teatro... Vas al teatro, ¿verdad?

Bueno... Alguna vez. A usted le vi hace un montón de años en Padua.

- Dame un cigarrillo. - ¿Dónde están? - En ese cajón.

¡Me divertí mucho! ¡Lloré tanto!

¡Fue larguísimo! ¡Volví a casa a la una!

- ¿Qué obra era? - No me acuerdo.

Era algo de espías... Salía una señora bellísima

con un vestido de lamé plateado, muy escotado. ¡Qué buena actriz!

- ¿Cómo se llamaba? - Es mi mujer. - ¿Ésa de ahí? - Sí.

¡Qué pareja! ¡Formaban una pareja maravillosa!

¿Y esa es su hija?

Sí.

- ¡Qué bella! Igualita que su madre. - No es verdad.

Es igual que su padre. La misma frente, los mismos ojos...

La misma nariz. Cuando yo era pequeño, era así.

- ¿Y tú? ¿Estás casada? ¿Tienes hijos? - ¡Ojalá!

¡Los hijos son lo mejor de la vida!

- Desde el principio. - ¿Cómo?

- Repite esa frase. - ¡Los hijos son lo mejor de la vida!

- ¿No vale? - No es lo mismo.

Estás interpretando... Tú también interpretas.

- Leonardo, ¿puedo pasar? - Sí, pasa.

Ven...

Ahí hay un armario.

Meta en mi baúl calcetines, pañuelos, camisas...

¡Meticulosamente ordenado!

Tu pichoncito ha esperado tanto a que vinieras a darle el beso de la paz.

He preparado todo: el baúl, las valijas... Así, luego estaré libre.

¿Habrá mucha gente en el aeropuerto?

Sabes que no me importa.

- ¿Recuerdas tu promesa? - ¿Cuál?

Llevarme contigo después de la función a la cena con los periodistas.

Me lo prometiste.

El alma ardiente de este veneciano debe aflorar.

Ante al Dogo y a su padre no le importan los falsos pudores.

El tumulto interior, la pasión de esta criatura de Tiziano,

de Carpaccio... Mejor casi, de Giorgione...

¡Explota! ¿Comprendes?

¿No te parece que el vestido cuelga un poco de aquí?

Olvídate del vestido. ¡Y usted, váyase al demonio!

Ven aquí... Cuando el Dogo dice: "¿Qué quieres, Desdémona?"

Tú contestas: "Que he amado al moro lo suficiente para pasar con él mi vida".

Fuerza, dignidad, amor, pasión, sexo... ¡Todo!

"Que he amado al moro lo suficiente para pasar con él mi vida...

¡Mi conducta tempestuosa y mi franca rebelión

lo proclaman ante el mundo!"

¿Está bien así?

¡Maestro! ¿Dónde está el maestro?

- Está ahí con el pichoncito. - ¡Son las ocho! ¡Tiene que ir a casa!

- ¿Se ha vestido? - Se ha pintado la cara. - ¡Cielo santo!

- Ya irá luego. - Tenemos el banquete de despedida, periodistas, fotógrafos...

- El avión sale a las dos. - El pichoncito no lo suelta.

- A mí no me gusta. ¿A usted? - La odio.

Hace un mes que estamos con estas complicaciones matrimoniales...

- Y luego, los líos son para Luigino. Luigino soy yo. - Lo sé.

Si no va a casa, se la agarra conmigo.

Maestro, ya está todo.

Venga, señorita Maria.

Mi coche está abajo. Lleve estos paquetes a la señorita Dora.

Y si alguien pregunta algo, no responda.

Ah, claro... Usted no sabe nada.

¿No va a casa? Al verlo sin maquillar me he tranquilizado.

Sé perfectamente lo que tengo que hacer. No voy a casa.

Pero luego no habrá tiempo.

El avión sale a las dos. Tenemos la cena, los periodistas, los fotógrafos...

Te prohíbo continuar con este asunto.

- ¡Ay! ¿Dónde están mis zapatos? - ¿Qué zapatos?

Los negros de antílope.

- Ya se lo he dicho. Se las regaló a aquel actor. - ¡Una buena acción!

Pase.

- ¿A quién busca? - A Dora Leonardi. - Adelante.

Pase.

Buenas noches. ¿Qué desea?

Tengo que entregar estos paquetes a la señorita Dora.

- ¿De parte de quién? - Vengo del teatro. Soy la nueva doncella.

Me manda... el señor.

Déjelo ahí encima. La niña duerme ahora. Yo se lo daré mañana por la mañana.

-¿Algún recado para mí del señor? - No...

Pero estaba muy ocupado. Había tanta gente, tanto que hacer...

- ¿Por qué me cuenta esto? ¿Quién le ha preguntado? - Entonces, me marcho.

¡No! No, espere un momento.

- ¿Vuelve al teatro? - Sí, señora.

Creo que esta noche tenía una cena con los periodistas.

¿Sabe si ha aceptado?

Señora, sólo llevo dos horas con el señor.

- ¿Usted también va de viaje? - Sí, señora.

¡Señora!

Tú eres Dora, ¿verdad?

Te conozco. He visto una foto tuya con tu madre.

- ¿No ha venido papá? - Ven, cariño.

¡Mira qué regalos tan bonitos te manda papá!

¿Qué habrá en esta cajota?

¿Apostamos a que es una muñeca?

¡Qué bonita! ¡Qué vestido!

¡Y aquí hay un osito de peluche! ¿Cómo lo llamamos?

Papá me ha comprado una maletita verde para mí sola.

- ¿Tú te vas en el avión? - Sí, cariño.

Yo no.

- "Gutten nacht". - Buenas noches.

¡Fuera, fuera!

¡Bravo, Leonardi!

¡Fuera, fuera!

Les agradezco su afecto, su calor, las flores...

- Gracias. - Nosotros somos los agradecidos.

Gracias. Nos vemos más tarde... Después del cuarto acto.

¡Santo cielo!

- ¿Ya has vuelto? - Sí, ahora mismo.

- ¿Has hecho lo que te dije? ¿Llevaste los juguetes a mi hija? - Sí.

- ¿Le han gustado? - No mucho.

- ¿No eran bonitos? - ¿Bonitos?

¡Le dije a Luigino que comprara los juguetes más bonitos que encontrara!

¡Si viera los que le ha comprado la señora!

¿Qué le ha comprado la señora?

- Un caballo. - ¿Un caballo? - Sí, de esos enanos, del circo ecuestre.

- ¿Has visto a la señora? - Claro.

- ¿Cómo estaba? - Bellaa... Muy bella.

- Eso ya lo sé. Dame algo... - ¿Esto? - Sí.

- ¿Estaba triste? ¿Preocupada? - No, estaba contenta.

- ¿Cómo? - Contenta... Su mujer es bellísima.

¡Y tan elegante! Con un vestido de noche precioso

y una orquídea en el escote... ¡Aquí!

Maestro, perdone.

Vendrá a la cena el alcalde. Ahora está en la sala con el príncipe.

Y es posible que venga el presidente.

He reservado tres taxis para los periodistas. ¡Pero sea puntual!Le recomiendo.

- Por favor, puntual. - Está bien, está bien.

Oye... Me estabas hablando de la orquídea.

¿Iba a salir? ¿Ha ido alguien a recogerla?

No, pero ha recibido una llamada.

¿Una llamada? ¿Y quién era?

No lo sé. ¡La señora se reía tanto!

¿Se reía?

Y... ¿La llamaba una mujer o un hombre?

Me ha parecido voz de hombre.

Y ella, ¿lo llamaba por su nombre?

- ¿Qué nombre? - En ese momento me he marchado.

Y mi mujer, ¿te ha dado algún recado para mí?

Sí: "Buen viaje y buena suerte".

- ¿Nada más? - No, estaba al teléfono con ése.

¡Con ése!

Pero, ¿quién era? Mi mujer, ¿lo llamaba por el nombre?

¿Lo llamaba Attilio?

- ¡Luigino! - Maestro.

- No te voy a decir nada de los juguetes... Eres un deficiente. - ¿Por qué?

- Es un hecho: eres un deficiente. - Está bien.

Dile a Francesco que me espere con el coche después de la función.

- ¿Adónde va? - No te preocupes. Nos veremos en el aeropuerto.

- ¿El avión para Brasil? - Despega en cinco minutos.

- tengo que ver a alguien. Es urgente. - ¡Es imposible! Lo siento.

- Déjeme pasar. - ¡Es imposible! - ¡Maria!

¡Es la voz de Berto! ¡Es Berto!

¡Maria! ¡Maria!

¿Qué haces? ¿Te has vuelto loca? Ermelinda me lo ha contado todo.

- Me voy y es probable que me case con un brasileño. - ¿Y yo?

¡Justo ahora que el tío Matteo se había muerto! Nos podemos casar inmediatamente.

- ¿El tío Matteo ha muerto? - Te lo prometo. He recibido un telegrama.

- ¡A ver! - ¡El maestro va a llegar de un momento a otro!

- ¿Quién es? - Luigino. - Filiberto Morucchi.

- Si necesita un taxi, yo... - Verá...

- ¡Ahí está! - ¿Quién es?

¿Qué pasa?

¡Lo sabía!

- Luigino, ¿puede bajar mi valija? - Baje la valija de la señorita.

- ¡Déjeme en paz! - Si necesita un taxi...

¡Pero si ése es Leonardi!

- ¿Qué planes tiene su compañía? - Díganos algo.

Mi viaje, el viaje de mi mujer y el de mi compañía,

es un mensaje de "italianidad" transoceánico

para nuestros hermanos de allá.

- Mi esposa les dará los detalles. - Gracias.

Interpretaré "La dama de las camelias".

- Maestro, ¿y Nannina? - De eso quería hablarte.

Agarra el coche y ve al teatro.

Ésta es la llave de mi camerino y ésta, la del armario.

- No comprendo... ¡La ha encerrado dentro! - Sí, ¿por qué?

- No puedo ir, disculpe. - ¿Por qué? ¿Tiene miedo a volar?

No, mi prometido quiere casarse conmigo después de quince años.

- ¿Puedo...? Filiberto Morucchi. - Mucho gusto.

- Lo vi en "Otelo". - Yo le he visto maquillado. - ¡Magnífico!

Gracias. Me satisface ver a la gente feliz... y auténtica.

- Aunque digan alguna mentira... - ¡Leonardo!

Así que, estamos de acuerdo... Incluirás "La dama de las camelias".

¡Si no tengo el registro romántico de Armando Duval!

- Entonces, "Zaza". - Tampoco doy el tipo exasperante y burgues de Dufresne.

Perdona... Entonces, ¿qué hago yo en América?

De esposa.

Por favor, maestro, una fotografía...

Otra, arriba.

¡Qué chantas son los hombres!

Pero qué idiotas...

¿Qué dices, querida?

Nada... Cosas mías.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE

- ¿Estás loco? ¿Qué haces? - Tenemos que parar.

No me has dejado tocar el volante, ni el cambio ni el claxon...

- ¿No puedo frenar? - ¿Tú estás tonto?

Gordito mío, ¿dónde está nuestra villa?

Al otro lado del puente. Iremos después de comer.

- ¿Dónde? ¿Puedo ver dónde? - Calla y baja.

¡Baja! ¡Y si vuelves a sentarte delante, yo me voy a pie!

- ¡Y cambio también de novio! - ¿Puedo maniobrar yo? - ¡Baja!

- Mira... - ¿Qué? - ¡Mira!

- ¿Qué? - ¡El campo!

Me alegro de que se haya muerto, de que les haya dejado la casa y de que se casen,

pero yo el campo no lo quiero ver ni en pintura.

¡No entiendes nada!

¡Imagínate, mi casa y mi gordito!

¡Ta-ta-ra-ta-tan! ¡Ta-ta-ra-ta-tan!

¡La sopa está lista!

¡Camarero!

- Camarero, la cuenta. - No, vamos a quedarnos un ratito más.

- ¿Vamos? ¿Me dejas llevar el coche? - No, tú no lo tocas.

- ¿Brindamos? - Pero, ¿qué brindis?

- Perdóname, cariño. - ¿Por qué?

Por haber dudado de ti. Te he tratado mal. Iba a dejarte.

- En cambio, tú... - ¿No te encuentras bien?

¡Soy tan feliz! ¡Qué idiota!

¡Atención! ¡Alto todo el mundo!

Espera, que tengo que decir una cosa.

Brindemos todos por la felicidad de Maria y de Berto,

que, después de quince años de padecimientos, por fin se casan.

Gritemos todos a coro: ¡Que vivan los novios!

Y tú, ¿cuándo te vas a casar conmigo?

¡Ojo que yo no voy a esperar quince años como aquella de allá!

Yo puedo encontrar los novios que me dé la gana.

¡Basta ya de esa boludez!

He tenido un novio chófer, un "bersagliere", un aviador...

Pero nunca uno tan tontulo como tú.

¡Nunca una palabrita de amor! ¡Nunca me das un besito!

¿Sabes qué?

¡Si un aviador, un chófer o un "bersagliere" pretendieran levantar

la mochila de un alpino, se hernian!Te lo digo yo.

¿Qué quieres? ¿Un beso apasionado?

Sí... ¿Qué esperas?

Cierra los ojos.

Así.

No mires.

¿Dónde están Ermelinda y Donato? Teníamos que ir a ver la villa.

Pero, ¿qué villa? Yo nunca he dicho que fuera una villa.

Es una casita... Más o menos como aquélla.

- Es bonita. - Los muros están llenos de grietas. - No importa.

- Cuando llueve hay que salir nadando. - ¡Nadaremos!

El terreno es feísimo. Hay algún árbol, pero pocos. Dos o tres.

- No importa. - Volvemos el domingo que viene.

- ¡Es la villa donde voy a vivir yo! - ¡Villa!

Berto, mírame a la cara...

- ¡Donato ha puesto en marcha el coche! - ¿Mi coche?

- ¡Sí! - ¡Está loco! ¡No sabe conducir! ¡Donato!

¡Donato!

¡Mira cómo me ha dejado el coche este desgraciado!

¡No es mi culpa! Cuando he metido la marcha...

- ¡Te voy a meter la marcha en la cabeza! - ¡No ha sido culpa mía!

¡Mira qué desastre! Ahora no podremos ir a la casita.

- Iremos de todos modos. - ¿Y el coche?

- Iremos andando. - ¡Si son tres kilómetros!

- Aunque sean seis. Vamos. - ¿Aunque sean seis?

¡Maria, volvamos a Roma!

¡Mi casa!

¡Mira, el establo! Con el buey y el burro parece un Belén.

No hay nadie.

- ¡Doña Celestina! - ¡Cállate! - ¡La he llamado!

- Vamos a explorar. - Las casas abandonadas me impresionan.

No te preocupes.

Una puerta... Vamos.

Mejor que entres tú primero. No te preocupes.

¡Berto!

- ¡Berto! - ¿Quién es? - ¿Es usted Celestina, la cuidadora?

- Sí. - Yo soy Maria, la prometida de Berto.

- ¿Qué Berto? - Filiberto, el sobrino de don Matteo.

¡Ah, ese vagabundo! ¿Qué haces aquí?

He venido a ver la casa. ¡Berto!

- Donato, vamos a volver. - ¿Por qué? ¿Tienes miedo?

¡Donato, ahí está todavía el tío difunto!

- ¿Está muerto? - ¿Quién ha dicho que esté muerto?

- ¿No ha muerto? - ¡Matteo!

- ¡Hay que exorcizarlo! - ¡Ánimas benditas!

- Berto, ¿Dónde estás? - ¡El difunto! ¡Toma!

¿Santo cielo, está vivo? ¿Está vivo?

Lo dijo palabra por palabra: "¡Por fin se murió el tío Matteo!"

¡Ahora le voy a enseñar si estoy muerto!

- Allí está. - ¿Dónde? - ¡Allí!

Un poco más a la derecha... ¿Ve cómo corre?

¡Muy bien! No, no le ha dado.

¡Delincuente!

FESTIVIDAD DEL 15 DE AGOSTO

- ¿Aún no están listos? - Hay mucho lío, no entiendo nada.

- Entonces dame un beso. - Para, que está papá.

- ¡Enrico! - ¿Sí? - Llévame esta valija.

Tú ayúdalo, con cuidado, por favor.

- ¿Te dejas la comida? - Tienes razón.

- Siempre tienes la cabeza en otra cosa. - ¡Tengo tanto que hacer!

Adiós. Átalo bien al portaequipaje. Adiós.

¡Nina, vamos!

- Adiós. - Adiós.

- ¡Revisa las ruedas, podrías tener un reventón! - ¡Tranquilo!

¡Por fin!

- ¿Diga? - Giovanni, no te hagas el gracioso. Te he reconocido.

- ¿Se han ido ya? - No salgo. Necesito descansar.

¡Vamos, hay dos bailarinas del Florida que...! ¿Las llamo?

Haz lo que quieras. Pero a mí no me llames más.

Espera. ¿Oye? ¿Oye?

- ¿Quién es? - Amigos. - ¿Una mujer? - Sí.

Disculpe...

- Creía que era un amigo mío... - Soy la doncella del anuncio.

- Recibí su carta hace dos días. - ¿Adónde va?

- ¿Llego tarde? - No... Al contrario, pronto.

Estoy solo, se han ido todos.

Venga pasado mañana, si no le importa.

- De acuerdo. - No puedo hacerla pasar, voy por casa medio desnudo.

- A mí no me importa, un hombre como usted... - ¿Qué quiere decir?

Quiero decir... pacífico.

Sí... a mí la guerra no me gusta. Pero mi esposa es celosa.

Vuelva pasado mañana. Seguro que la contrataremos. Me gusta...

- Si puedo... - ¿Por qué? - No tengo casa a donde ir.

Hasta la vista.

Disculpe un momento. Escuche....

¿Sabe usted hacer espaguetis a la carbonara?

- ¿Cómo los hace? - Al ragú, con tomate, mantequilla y queso.

Así los hacen en el hospital.

- ¿Sabe hacerlos con atún? - Sí. - ¿Con albahaca? - Sí.

- ¿Sabe hacerlos a la "amatriciana"? - Sí.

- ¿Qué se les pone, tocino o panceta? - ¿No es lo mismo?

No. No es lo mismo.

El tocino es esto, y la panceta es esto.

¡Lo llama panceta!

No... De la que se compra... Ésta no la pongo.

Se me va la voz.

La última pregunta: en el sofrito de la "amatriciana"...

- ¿Se pone ajo o cebolla? - ¡Nada!

¡Bravo! Una ultimísima pregunta.

La pimienta... Atención, ¿se pone en la salsa o sobre la pasta?

La "amatriciana" no lleva pimienta. Lleva pimentón.

¡Entra!

¡Caballero!

En realidad soy señor.

Señor, ¿dónde está el aceite?

En el mueble está la botella de marrasquino...

- ¿Hago la salsa con marrasquino? - ¡Déjame acabar!

En la botella de marrasquino está el aceite.

Y si buscase la gasolina, la encontrarías en la lata de DDT.

¿Y la sal?

En el bote blanco dentro del mueble.

En el primer estante. Pone "jabón de afeitar".

¿Y el cazo para hervir la pasta?

¿El cazo? ¡La pasta se hierve en la olla!

¡Qué organización!

¿Me tomas el pelo?

Pon la sal antes de que hierva el agua.

¿Me has oído?

¡Eh! ¿Cómo te llamas? Mari...

¡Empezamos bien!

No llores, con lágrimas no se arreglan los platos.

No pasa nada, recógelo.

¡No llores!

¿Te sientes mal?

¿Qué tienes? ¿Te duele el estómago? ¿Tienes hambre? ¿No has comido?

- ¡Si supiese lo que me pasó ayer en el campo! - ¿Qué hacías?

- Cosas íntimas. - ¿Cosas íntimas? No entiendo.

- ¿Quieres comer? ¿Ir al baño? - No, me siento mucho mejor.

¿Cómo te llamas? ¡Has dicho que te sentías mejor!

- Disculpe, quiero hablar con su padre. - Está descansando.

Entiendo que esté enojada conmigo porque he votado en contra de la propuesta

de su padre para la obra de la terraza, pero...

- Lo sé. - Deja. Ya hablo yo con el señor. ¿Qué pasa?

- Tiene que venir un momento a mi casa. - ¿A su casa?

Despues de esa reunión, no quiero tener nada que ver con usted.

Dejemos de lado el condominio. Se trata de una cuestión humanitaria.

- Yo le hablo al médico. ¿Es médico o especialista? - Especialista.

- Como no ha puesto una placa. - ¡Es por modestia!

- ¡Yo también soy modesto, y a veces me llaman caballero! - No divague.

- Hay una persona que se siente mal. - ¿No se habían marchado todos?

Sí. La persona que está mal es más importante

que nuestras rencillas entre inquilinos.

- Venga, es una mujer. - ¿Qué mujer? - Una mujer de servicio.

Hágame el favor, vamos.

- ¿Es ésta la enferma? - Creo. - ¿Qué tiene?

- Si lo supiera, no lo habría llamado. - ¿Qué pasó?

Yo estaba en la cama y ella cocinando en la cocina.

- De repente, oí un golpetazo... - Entiendo. Se desmayó.

- Bravo, lo ha entendido. - Déjeme que la examine.

- ¿La examina usted? - ¿Yo? - ¡No, la tengo que examinar yo!

- ¡Por supuesto! - Entonces, déjela. - Ni siquiera sé cómo se llama.

- ¡No se enoje! - ¿Cómo está? - Bien.

- También a mí me dijo que estaba bien y se me cayó encima. - Va mejor.

- Hay que llevársela de aquí. - ¿Al hospital?

No, a un sitio con otro aire... Con otra temperatura.

- ¿Tiene fiebre? - ¡No, hablo de temperatura ambiente!

- ¡Y no me haga gritar! - ¡No se enoje!

- ¿Compro algo? - No, prepare una manzanilla.

- ¿Usted quiere algo? - No, la manzanilla se la pido yo.

- Claro, ¿usted qué quiere? - ¡Se la he pedido para ella!

¡No grite! Entonces, ¿usted quiere algo?

- No, gracias. - Naranjada, limonada...

- ¡No, vaya! - ¡No se enoje, somos condominos,tenemos una 2da reunión!

- Vuelvo enseguida. - De acuerdo.

¡Dónde estará la manzanilla!

¡Quién me mandaría buscar una doncella!

¡A mi me pasa de todo hoy!

¡Dónde estará la manzanilla!

¡Dónde está la manzanilla!

Doctor...

Doctor....

¿Dónde se han metido?

- ¡Doctor! - ¿Qué pasa?

- ¿Hace magia? - ¿Por qué?

- ¿Por qué la ha traído aquí? - Allí no se podía respirar.

- Pero aquí duermo yo. - Allí podrían haber complicaciones.

- Pero... - Déjeme a mí. Dos comprimidos antes de acostarse.

- Después, diez gotas cada tres horas... y fumigación. - ¿Qué es eso?

- Vahos. - ¿Qué es eso? - ¿No lo sabe?

- No. - Ponga una olla de agua hirviendo sobre sus rodillas.

- ¡Se escaldará! - No, ponga un plato debajo.

- ¿De la señorita? - No, debajo de la olla. - ¿Y luego?

Ponga dentro un poco de manzanilla y bicarbonato.

- ¿Dentro de la olla? - Sí. Y tape la olla.

Luego tape a la señorita con una toalla.

- Después la destapa. - ¿A la señorita? - ¡No, la olla!

- ¿Cómo lo hago si la señorita está tapada? - Meta las manos por debajo.

- ¿Por debajo? Está bien. - La señorita debe respirar tapada.

Hará falta una toalla grande.

- Y luego, reposo absoluto. - ¿Ella?

- Claro, ¿quiere descansar usted? - ¡No! ¡Me encanta hacer de enfermero!

- Y que coma cosas ligeras, pero sustanciosas. - ¿Por ejemplo?

- Pollo hervido, espaguetis con mantequilla... - Pescado...

- Entonces preparo el menú y que ella elija. - Es lo mejor.

- Lo de la olla no lo entendí bien... - Llame a una enfermera.

No, no quiero que el señor se gaste el dinero en mí.

Una amiga mía, Ermelinda, que está sirviendo aquí cerca, podría venir.

Yo la llamaré... No se fíe de este señor.

- ¡También va a venir Ermelinda! - ¿Cuál es el número? - 859568. Gracias.

- Volveré esta noche a visitarla. - Y yo, ¿dónde duermo?

Duerma en la habitación de la señorita.

- Espero que no sea nada grave. ¿Cuánto es por la molestia? - Diez.

- ¿Diez? - Diez mil.

- Diez mil... - Son mis honorarios.

- Es una visita urgente. - ¡Podría haber ido despacio!

Si quiere, puede informarse en el sindicato profesional.

- De acuerdo, en la próxima reunión le daré las diez mil liras. - Muy bien.

- ¿Le acompaño? - No, gracias. Señorita, voy a llamar ya.

No he entendido nada de lo que tengo que hacer.

¡Justo a mí me tenía que pasar! ¡Yo quería estar solo, en paz!

- ¿Busca a alguien? - Sí, al señor Marchetti.

- ¿Es ahí o aquí? - ¿Es la primera vez que viene?

Sí, busco a una amiga que está aquí.

- ¿Está aquí su amiga? - Sí.

- ¡Qué canalla! Una llamadita, ¿eh? - Sí.

¡Ya llamo yo!

No le diga que estoy aquí. Le gastamos una broma.

¡Sinvergüenza!

Pero el timbre no suena. ¿No hay nadie?

Nosotros dos, ¿no?

¡Qué divertimento!

¡Un momento!

- ¿Quién es? - Amigos.

- ¿Qué amigos? - Abra. - ¿Quién es?

- ¿Es usted el señor Marchetti? - Sí. - Iba a salir con mi novio...

Pero quería ver qué había pasado.

Mi señora me ha dado estas naranjas. Son ligeras y nutritivas.

- ¿Quién es usted? - ¡Soy Ermelinda!

- ¿Qué quiere? - El doctor me dijo que viniera.

- ¡Ah, usted es la amiga! - Sí. - ¡Entonces déjese de cháchara y pase!

Tenga. Ha hecho bien en venir, tengo que darle esta "sulfamida".

- ¿Sulfamida? ¡Vahos! - ¿Sabe hacerlos?

Sí, mi señora es cantante y se los preparo siempre.

- Entonces ayúdame. - ¿Quién es?

- Me ha llamado el doctor. - Es uno con cara de tonto.

Voy a ver quién es. La primera habitación a la izquierda.

¡Mi habitación!

- ¿Quién es? - Soy un enfermero.

¡También ha llamado a un enfermero!

- Dos a la vez, ¿eh? - Es la doncella que está mala.

- ¡Tú nunca has tenido una doncella! - ¿Qué quieres hacer?

- ¿Dónde están? - ¡Es la doncella que ha venido hoy!

¡Muy raro, el 15 de agosto y justo hoy que tu mujer no está!

- ¡Sí, el día de la Asunción! - ¿Asunción? ¿Se llama Asunción?

- ¿Pero qué dices? - ¿Hacemos una gran orgía?

¡Cállate!

Entiendo que estés mal... ¡Pero también Berto, pobrecito!

¡No me hables de él, es un monstruo!

Sí, pero tú te ibas en el avión. Dijo lo que fuera para defenderse.

¡Vete!

- Si luego se suicida... - ¿Se suicida?

Sí, si no voy a decirle que le has perdonado, se suicida.

- ¿Lo has traído aquí? - Sí. ¿Lo llamo?

¡Quieta! ¡No te muevas! ¡Llévate esto!

¡Te he jurado que es la nueva doncella!

- ¡Tenía ganas de estar solo! - Sí, ya lo veo.

¡Nunca imaginé que tendría en casa una clínica ambulante!

- Después ésa con las naranjas... ¿Qué miras? - ¡Lo bien que actúas!

¿Quieres hacerme pasar por idiota tú también?

Si tuviese un tubo de barbitúricos, lo tomaría... Me tiraría...

También tiene que venir el doctor, con esa cara verde, el del condómino..

Es el doctor. Ahora te convencerás.

No te muevas de aquí.

Ahora te convencerás. ¿Quién es?

- Amigos. - Ésa no es la voz del doctor. ¿Quién es?

Policía.

¿Policía?

¡Era una broma! De lo contrario no abría.

- ¿Qué quiere? - Busco a Maria.

- ¿Y la busca aquí? - Sí, me han dicho que está aquí.

- ¿Quién se lo ha dicho? - El portero.

- ¿El sol le ha sentado mal en el cerebro? - Mire...

- Yo no conozco a esa Maria. - ¡Es su doncella!

- ¿Se llama Maria? - Sí. - Yo soy el novio.

- ¿Cree que mi casa es Villa Borghese? - No, jamás me lo permitiría.

- Presénteme a su amiga. - Está mala, pobrecita.

- Yo también soy un poco médico. - ¡Berto!

- ¡Ermelinda! - ¡Espere!

- ¿Quién es él? - Nadie, nadie.

¿También usted es de los nuestros? ¡Nos divertiremos!

- ¿Dónde está Maria? - Ahí.

- Verá como nos divertimos. - Mire, mi cuarto...

- ¡Maria! - ¿Aún no te has suicidado?

¿Qué haces en esa cama?

¡Cobarde! ¡Me encontraba mal!

¡Claro! ¡Soy un cretino, y te había creído!

¿Qué significa toda esta farsa?

Explíqueme usted qué significa este embrollo.

¿Qué significa todo este lío?

- Yo quería estar solo, luego llegó... - ¡Su amigo!

- ¡Claro, quería estar solo! - Yo tenía la olla en la mano...

- Nada de detalles vulgares! - ¡Qué vulgares, me lo dijo el doctor!

¿El doctor es su consejero para hacer estas porquerías?

¡Bravo! ¡Un hombre de su edad! ¡Me sorprende usted!

¿Quién es?

Un momento.

Soy un alpino.

¡Gracias! ¡Hace un calor terrible!

He traído una sandía. La he elegido buena.

Está roja. ¿Quiere catarla?

La cata es para cuatro personas.

No, se hace así...

¡Ermelinda! Póngala en hielo.

- ¡Donato! - ¿Es un pariente tuyo?

- ¡Me estaba abrazando! - ¿De verdad? Yo soy el novio.

- Soy un alpino. - Yo también fuí alpino.

- ¿Del tercer regimiento? - No, del primero.

¡Del primero, sí!

- No, nosotros no cantábamos eso. - ¿Qué cantaban?

- ¡Ah, la canción de "La pluma negra"! - ¡"La pluma negra"!

# Sobre el sombrero, sobre el sombrero que llevamos...

No...

Señor, no se enoje, es fácil. Ponga las manos así.

¡Proyecte la voz! Ha tirado la sandía.

No es difícil, pruebe conmigo.

Quiere hacerlo a tres voces.

- ¡Silencio! - Silencio o se enoja. - ¡Silencio!

¡Vamos!

Señor, ¿adónde va? ¿Quiere hacer el eco lejano?

- Le espero. - ¡Silencio!

Ése es el claxon de mi coche.

- ¡Giovanni! - ¿Qué sucede?

- Hemos vuelto. - ¿Por qué?

Se han desinflado las ruedas. Baja y ayúdanos a descargar las cosas.

¡A esta hora podría estar en América! ¡En Río de Janeiro!

No me lo digas más. Te lo prometo, te lo juro...

A costa de cualquier sacrificio, tú ya no servirás más.

- ¡No es culpa mía! - ¡La primera vez que salimos!

¿Has visto? ¿Dónde está el niño? ¡Muévete!

- Echa un vistazo al coche. Vuelvo ahora. - ¿Todo en orden en casa?

¡Al menos algo va bien!

Lléveme a un sitio donde no haya nadie. Que haya tranquilidad, paz...

- ¡Es complicado! - Pero, ¿qué clase de cochero es usted?

- Hay un sitio así. - ¿Dónde? - En el cementerio.

Lléveme allí.

DONCELLA buena presencia ofrécese. Óptimas referencias. Apartado n. 96

- ¿Qué ha pasado? - Se ha encerrado. Hay que tirar la puerta.

- ¿Es grave? - No lo sé, ven.

Señora, es el portero.

- ¿Qué es todo este quilombo? - ¡Dios mío!

Su hermano no responde y la puerta está cerrada.

¿No responde?

- ¡Raffaele, abre! - Quizás se siente mal.

¡No! ¡Yo sé por qué no la abre!

- ¡Raffaele, abre, es mejor para ti! - Tiramos la puerta abajo.

Tire abajo la puerta de su casa.

¡Raffaele, abre! ¡Raffaele!

Annetta, Carolina... Tengo que hablarles.

- La clase queda aplazada al miércoles. - Adiós.

Entren.

- Pero, ¿qué le has hecho? - ¿Yo? ¡Nada!

¡Raffaele!

- Señorita, ¿se encuentra mal? - ¡Tú no la toques!

¡Ni tampoco Gioacchino! Te doy ocho días para buscar otro trabajo.

- ¡Quedas despedida! - No, Maria, tú te quedas aquí.

- ¡Quedas despedida! - No grites, es inútil.

- Yo siempre te he obedecido, pero esta vez es imposible.- ¿Por qué?

"Quien tiene el poder, hace lo que quiere". Y punto.

- ¿Se puede hablar ya? - Claro, la comida ha terminado.

Doctor, míreme.

No quieren entender que cuando se come, no se habla.

En la India lo saben hasta los niños pequeños.

¿Nunca ha tenido que curar a un indio con úlcera de estómago?

- Yo estoy en Roma. - No es una cosa de Roma.

- Los indios cuando comen, callan. - Exacto.

Como los frailes.

Yo quería escribir ahí: "Silencium". Pero no han querido.

- Entonces , ¿ya se puede hablar? - Sí.

- ¡Cretino! - Claro, comer en silencio es admirable.

Los indios, por ejemplo, son un pueblo sabio, muy sabio.

Profesor, ¿usted por la mañana, continúa aún con los ejercicios?

¿Esas prácticas gimnástico-místicas? Creo que era... yoga.

No, doctor, disculpe.

Estoy encantado de tenerlo aquí con nosotros esta noche,

pero esto es una comida entre amigos, no es una visita médica.

Ya hemos hablamos de esto. Sí, continúo con el yoga, mañana y tarde.

- Y no estoy enfermo. - ¡No, estás muy enfermo!

Un hombre serio de 55 años, profesor de matemáticas,

todas las mañanas y todas las tardes, una hora en cueros haciendo el faquir.

La "postura del árbol", la "postura del cocodrilo"...

¡Y la "postura del ciervo"!

Pueden continuar sin parar. Hay 88 millones de posturas.

Sin embargo no quiero hablar de eso, son cosas serias.

Son mandamientos de los antiguos profetas indios para el desarrollo

del espíritu aprisionado por la materia. ¡Por la materia! ¡Ésta!

Su hermana y su sobrina me han dicho lo que ha sucedido esta mañana y...

- He recibido un mensaje de Gioacchino - ¿Gioacchino?

Gioacchino. Estamos en contacto desde hace muchos años.

Es un muy buen médico. Es quién operó al general Marshall.

- ¿Cuándo? - Durante la campaña de Napoleón en Rusia.

- ¡Interesantísimo! - Es el espíritu que me guía.

Estamos en contacto desde hace años... Directo y mediúmnico.

Esta mañana me he concentrado en la "postura del árbol".

He traspasado la barrera material,

y tan pronto como entré en lo indecible...

- He oído... - El teléfono.

¿Diga?

- ¡Eres tú! - ¿Cómo estás? ¿Alguna novedad?

No entiendo nada. Me han despedido, pero él quiere que me quede.

- Él no quiere que se vaya. - Pregúntale cómo es.

- ¿Cómo es? - ¿Tiene cara de vicioso taimado?

- Tiene cara de vicioso... ¿qué? - ¡Taimado! - ¿Taimado?

No, es un buen hombre, pero un poco raro. Está aquí el doctor.

Mi señora dice que tengas cuidado, no vaya a ser un sádico.

- Como en "El vampiro de Piccadilly." - ¿Quién? - ¡Piccadilly!

Hablan en voz alta. Están discutiendo. Adiós.

¡A mí me puedes faltar el respeto, pero no a Gioacchino!

Dile lo que te ha dicho Gioacchino.

- Cálmese. Vuelva a su puesto.., - ¡No! Que se lo diga.

¡Quiero que vea lo ridículo que se puede llegar a ser!

Dile lo que te ha dicho Gioacchino.

- ¡Tío Raffaele, te lo suplico, no se lo digas! - ¡Díselo!

¿Se puede saber qué tiene que decirme? ¿Quién es ese Gioacchino?

¡Desde esta mañana me están tomando el pelo! ¡Ya basta!

Espere, no se vaya.

Tengo que hablar con usted...

Pase.

Está usted alterada.

Ahora ya está tranquila. Siéntese.

- ¿Tiene miedo de los espíritus? - Sí.

- ¿Ha visto alguno? - Si veo uno me da un infarto.

- ¡No! - ¿Cómo qué no?

¿Ni tan siquiera uno pequeño, un poco calvo, simpático,

que pronuncia la "R" a la francesa? Bonjour, bonjour, bonjour.

- Se llama Gioacchino. ¿Nunca ha estado con usted? - Tengo la leche en el fuego.

¡No se mueva!

¿Ni siquiera de forma indirecta?

Un perfume de claveles, círculos de plata,

un sonido de campanas: ding dong, ding dong.

- Usted cree que estoy loco. - Sí... ¡No! - Como mis hermanas y el doctor.

¡Porque lo que no se ve con los ojos, lo que no se oye con las orejas,

lo que no se toca con las manos, no existe!

En cambio, sólo eso existe: lo inexistente.

¿Qué hacemos en nuestras vidas materiales?

Uno se levanta, come... por la noche se va a la cama, duerme.

Luego, se despierta, vuelve a comer... Un día muere,y no se habla mas.

¿Y entonces? No, no.

Lo que cuenta es lo que no se ve.

Así que yo por la mañana me levanto, vengo aquí tan pronto sale el sol,

pongo un disco porque la música ayuda a la concentración,

y asumo la postura de los antiguos indios.

Y aparece Gioacchino.

Puntualmente.

Ayer por la mañana me transmitió un mensaje muy importante.

Me dijo que usted y yo debíamos casarnos.

- ¿Y Berto? - Le invitaré al banquete.

- Entonces te convertirás en una señora y tomarás una doncella. - ¡Dos!

- ¡Afortunada tú! - ¿Qué harías en mi lugar?

No se lo diré... Será una sorpresa.

El profesor es muy buena persona. Si insiste,le diré que sí.

- Y luego, que decidan los espíritus. Esta noche... - Luego me lo cuentas todo.

Les ruego la máxima concentración.

- ¿Puedo evocar? - Demasiado miedo,elemento cadena.

- Escribiremos nuestro destino. ¡Valor! - Tengo miedo.

¡Luz! Demasiada luz.

Sufre.

Si alguien quiere salir que lo haga ya, luego será demasiado tarde.

- ¿Puedo evocar? - Sí.

Lo siento... lo siento... Empiezo a sentirlo.

- ¡Me han tocado las piernas! ¡Auxilio! - Calma.

- El gato. - ¡Fuera!

Hijo mío, vámonos de esta habitación maldita.

Restablezcamos la cadena. Un poco de paciencia.

¿Estás ahí, Gioacchino? Espíritu de Gioacchino, ¿estás ahí?

Concéntrense mejor. Un poco más de fluidez. ¡Vamos!

Vamos. ¡Vamos!

Aquí está.

Buenas noches, Gioacchino. Gracias por venir.

Discúlpame si te he molestado, pero no es culpa mía, hay almas incrédulas,

que ponen en duda tu mensaje de ayer.

El mensaje de...

Debes hacer la santa cortesía de confirmarme este mensaje.

Porque me encuentro en un estado de inferioridad

- Estos dicen que no es verdad. Te ruego...- ¡"Actung"!

¡Preparar defensas! ¡Fortificar!

Incursión de espíritus elementales, espíritus de perfil bajo.

Concentrarse mejor... Máxima concentración.

¡Gioacchino, habla!

¿Qué estás diciendo? No te entiendo.

Gioacchino ha desaparecido.

Ánima desconocida recientemente libre...

- Pide comunicación. - Dígale que se marche.

¡Gioacchino, dile tú que se raje!

¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿Por qué interrumpes nuestra sesión?

¡Gioacchino, el mensaje!

Ánima libre esta noche...

conoce a persona aquí presente.

¿A quién conoce?

- Señorita Maria. - ¿Yo?

¿Quién eres?

- El tío Matteo. - ¡El tío de Berto! - ¿Quién es?

- ¿Diga? - Maria, tengo una gran noticia.

¡Se ha muerto el tío Matteo!

- Esta noche, hace dos horas. - Lo... Lo sé...

¿Cómo que lo sabes?

- ¿Y...? - No estaba en casa,ni en el garaje, ni en los billares tampoco.

- ¿Le has preguntado a la portera? - Sí, ha dicho que salió a las siete.

- ¡Madre mía, a ésta le da algo! - ¿Voy a buscarlo?

- Sí. - Tan pronto como lo vea, doy la alarma. - ¡Inmediatamente!

¿Qué ha dicho Donato?

¿Qué ha dicho Donato? Donato, ¿qué ha dicho?

- Dice que no lo encuentra. - ¡Esta vez lo mato!

- ¡Maria! - Tiene razón, necesitamos salfumán.

- ¡Porqué tuve que conocerlo! - Quizás ha tenido algún accidente.

- ¡Ojalá! - Yo no puedo esperar más.

- Tengo un bautismo y luego un funeral. - Me he gastado mil liras en flores.

- Espere un poquito.- No se hagan ilusiones. Ése no viene.

Estoy segura de que tiene mujer y amante, como el conde de Marcel.

- "Traición, engaño y deshonor". ¿Lo ha leído? - No.

Es una novela que se lee en un suspiro,se la prestaré.

- Padre, aún faltan cinco minutos. - ¡Sí, padre!

- Bien, sólo cinco minutos. - Gracias, padre.

- ¡Filiberto, iba a buscarte! - ¿Se han ido ya todos?

No, están todos ahí. ¡Qué enojados están!

¡Llegó por fin!

Maria, disculpa un momento.

- ¿Ha resucitado? - ¡Está muerto, ya lo sabes!

- ¿Y entonces? - He ido al notario. ¡Canalla!

- ¿Y ahora qué pasará? - Estará confesando que está casado.

¡Sinvergüenza!

- Celestina. - ¿Quién? - La campesina que estaba con él. - ¿Y bien?

El tío Matteo se lo ha dejado todo: la casa, la tierra, el dinero, todo.

- ¿Y entonces? - Entonces...

- Lo siento por toda esta gente, por el reverendo... - ¿Qué pasa?

No puedo casarme contigo.

¡Ah, no! Soy yo la que se casa contigo.

Pero, ¿cómo?

Una modificación en el anuncio económico...

"Doncella y chófer buena presencia ofrécense". ¡Vamos!

F I N

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