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ASESINATO A 45 RPM
Traducidos del inglés para www.noirestyle.com
Eve, le debe usted mucho a Maurice Faugères.
Todo. Sin mi marido, yo no sería nada.
Gira un poco la cabeza hacia la izquierda.
Perfecto. Otra más.
Eve, le debe usted mucho a Maurice Faugères.
Todo. Sin mi marido, yo no sería nada.
Él escribió mis canciones,
y si sé un poco de mi oficio, es gracias a él.
Bien, eso servirá.
Annette, un peine, por favor.
¡Señores, un poco de silencio!
Muy bien. Todos a sus puestos.
Jean, procura no inclinar mucho la cabeza mientras actúas.
¿Qué tal así?
Muy bien, pero más no.
Eve, ¿estás en tu marca?
Perfecto. Sin moverse.
¡Silencio todos! Empezamos en unos segundos...
Y ahora, pasaremos una hora con Eve Faugères,
que nos guiará por el camino de su vida,
y nos hará recordar sus canciones.
Buenos días, mi amor, sol de mi vida
Baila conmigo y háblame de amor
Buenas días, mi amor, cuánta felicidad te debo
Me veo cada mañana en tus brazos
Tus brazos, entre los que duermo como una niña
Tus brazos fuertes y acogedores, que alivian todo mi dolor
Buenos días, mi amor, solos los dos por la vida entera
Solo por la vida entera, buenos días, buenos días
Mejor apágalo, él podría oír.
Tranquilo, sigue en su cuarto.
Mira al pianista. No me extrañaría que ella le hubiese echado el ojo.
¿Tú crees?
Se siente latir su corazón.
¿Has oído algo?
No hay que fisgar por las cerraduras. Eso ya se ve.
¿Os divertís?
Están por hacer las tareas domésticas y la compra,
y ahí estáis, plantados delante de la televisión.
Señor, sólo queríamos ver actuar a la señora.
No os pago para que la admiréis.
Admiradores ya le sobran.
...mañana cosecharemos tanto amor, tanta dicha...
La próxima vez que te encuentre delante de la televisión
te despido. ¿Estamos? Largo de aquí.
- ¡Maria! - Diga, señor.
- Mi zumo de naranja. - Sí, señor.
¿Señor?
- Sabe raro. - ¿No me diga?
Y no es la primera vez.
Está recién hecho. Maria exprimió las naranjas delante de mí.
Quizá tenga que hacerlo delante de mí.
- Quizá, señor. Se lo diré. - ¿No se lo bebe?
No. Mi chaqueta.
Tendremos dos invitados a almorzar. ¿Te lo dijo la señora?
Sí, señor.
¿Sí? Interesante...
Bueno, díselo a la cocinera. Quiero la comida lista a la una.
No una y cuarto: una en punto.
Nos vamos después de comer, así que pon el equipaje de la señora en el coche.
Sí, señor, pero...
¿Y ahora qué?
Han llamado del garaje,
y por lo visto, el coche de la señora no estará listo hasta las tres.
Es mucho tardar. Pago bastante para tener lo que quiero cuando quiero.
Me marcho a las dos.
¿La señora le acompañará en su coche de usted?
No, me voy solo con el perro, como siempre.
La señora irá luego en su coche con Maria.
Llama al garaje. Insiste en que quiero el coche listo para las dos, lo más tarde.
- ¡Golo! - Muy bien, señor.
¡Re mi fa la!
- Re mi fa la. Más sencillo imposible. - ¿Qué era eso?
Disculpe, no le entiendo.
Es usted...
Faugères, sí. Tanto no le sorprenderá.
No estaría aquí cada día tocando mis canciones
de no saber que vivo aquí.
- Bueno, señor, yo.. - No se disculpe. Me halaga.
pero si de veras desea agradarme, toque mis canciones como las escribí.
¿Me lo promete? ¡Re mi fa la!
¡Buenos, buenos días, mi amor! ¡Buenos días!
¿Eve?
Hay una canción que me encantaría que cantase ahora. Su mayor éxito.
¿Nos Enamoraremos?
Sí, la grabó hace cinco años.
Sí. cinco años y dos meses.
Y Nos Enamoraremos es tan popular hoy como la primera vez.
Me pregunto si no hay una razón especial para eso.
La canción vendió millones de discos.
Es una verdadera canción de amor.
Mi marido me la escribió el día de nuestra boda.
La compuso pensando solamente en usted...
Y cinco años después, la cantará, eso seguro, pensando sólo en él.
¿Dónde estábamos?
"...pero no antes de dos o tres semanas."
"Esperando prontas noticias suyas, quedo, estimada señora, etc."
Firmado "Presidente y Director General".
No, firmado...
"Georges Meliot", a secas.
"Presidente y Director General". A la ella le habría impresionado.
¿Y qué quieres? Es una vieja costumbre.
Espero que ver a Eve no te haya impedido preparar nuestro contrato.
Lo he dictado.
- ¿Y firmado? - No, quiero que lo leas.
- ¿Señorita Arnaud? - ¿Sí?
- Traiga el contrato, por favor. - Ahora mismo, señor Faugères.
Como si estuvieses en tu casa.
¿Por qué no, entre viejos amigos como nosotros? Además...
Gracias.
Perfecto.
Eve, le debe usted mucho a Maurice Faugères.
Todo. Sin mi marido, yo no sería nada.
Escribió mis canciones,
y si sé un poco de mi oficio, es gracias a él.
Se le da bien sonar sincera.
¿Qué te pasa?
¿Quieres saberlo? Pues que Eve y su estimado pianista...
Oh no, Maurice...
¿Cómo que "No, Maurice"? Ni te lo he dicho.
Ya estás otra vez con Eve y Jean Le Prat.
Tengo pruebas. Los pillé in fraganti.
- ¿Dónde? - En todas partes, todo el tiempo.
- Cómo se miran uno al otro... - Natural, la gente se mira.
No me cabe duda de que te equivocas.
Mi pobre Maurice, nunca cambiarás.
¡Ni tú! De no estar tan loco por ella, no estarías tan ciego.
Eve no se detendría ante nada para conseguir lo que quiere.
¿Cómo que no se detendría ante nada? ¿De qué tienes miedo?
De muchas cosas
¿De qué? ¿De que te deje?
Diantre... Será romántica, lo admito. Pero no tonta.
Sabe que su apuesto pianista no podría darle lo que yo sí puedo.
Bueno, admitamos que sea cierto.
Explícame entonces por qué le invitaste a comer hoy.
¿Simple curiosidad, o qué?
Tú tranquilo, eso es cosa mía.
Le daré un poquito de cuerda. Es mejor que colgarle con ella.
- ¿Quieres fuego? - No... Gracias, ya tengo.
Un encendedor de oro que no funciona.
Regalo de Eve. Conmovedor, ¿verdad?
Me lo regaló cuando celebramos los cinco años de casados.
O nuestro fin.
- ¡No está! - Tengo una cita... ¡Hola!
¡Advertí que no se me molestase!
Lo siento. Dijo que estaba citada. Quise detenerla.
- ¿Y usted quien es? - Florence.
Mire, señorita, no la conozco.
No, y es hora de que lo haga.
Llevo todo el año intentado verle.
¿No me presenta al señor Faugères?
¿Hay alguien más a quien quieras conocer?
Oh, tranquilo. Sé cuándo parar.
¿Y bien? ¿Vamos al asunto?
- ¿Qué desea, Florence? - Cantar, naturalmente.
Quiero me oigan cantar.
Debí haberlo supuesto. ¿Qué tal voz tiene?
No es mala, pero una de sus canciones puede obrar maravillas.
Me halaga. Es una jovencita despierta, señorita.
Georges, no te enfades. Es un encanto. Escúchala. Quien sabe...
Sí, señor Meliot.
No puede decir no a un hombre como él. Tiene que oírme cantar.
Está bien.
- ¿Me acompaña al piano? - No, no... Otro día.
Creía que el señor Faugères había dicho...
No. Mi mujer nos espera para almorzar.
La secretaria del señor Meliot podrá concertarle una cita. Adiós.
Hasta pronto.
Encantado de ayudar.
Si hubiera dependido de mí, la echaba a la calle.
Ya, pero no depende de usted, ¿no?
La apunto para el viernes a las nueve de la mañana.
- ¿Está casado el señor Meliot? - Nueve de la mañana.
No se sulfure.
¿Sigue el señor Faugères viviendo en la calle Raphael?
Si ya lo sabe, ¿por qué pregunta?
Por nada... Para estar segura.
¿No podrías quedarte en París esta noche?
¿Por una vez? Que vaya él solo.
No, imposible. ¿Qué vas a hacer mañana?
Esperar. A que me llames al hotel cuando vuelvas.
Ha transcurrido otro año, y nada ha cambiado.
¿A dónde nos conduce todo esto, Eve?
Ten paciencia. Un día le dejaré.
A menos que para entonces...
¿Qué?
Nada.
¿A menos que qué?
Que te hubieses hartado de esperar.
- Mira, prométeme, por favor... - ¿Pero por qué me invitó?
No lo sé, pero diga lo que diga, mantén la calma.
Maurice puede ser cruel, provocador...
Esto promete...
¿Qué es eso?
Lo que hacía falta.
Una avería cuando uso su coche.
¿Qué vas a hacer?
Echar un vistazo. Tráeme el trapo de la guantera.
¿Quieres que te ayude?
No te molestes. Maurice me enseñó a cantar y a reparar coches.
Dos cosas que me han sido muy útiles.
¿Qué hace aquí esta pistola?
Siempre se la lleva a todas partes. Anda con miedo.
Está loco. ¡Vaya, está cargada!
¿Qué esperabas?
Quizá él haga bien.
Seguro que hay mucha gente deseosa de hacerle desaparecer.
¿Qué has dicho?
Dije que hay muchos con ganas de matarle.
No soy el único.
Yo misma lo pensé. Oh, nada serio, no te preocupes...
¿Me ves a mí apuntando a alguien con un revólver? ¡Menuda escena!
Pues yo me veo así muy bien.
Sólo hay que sujetarlo con fuerza y apretar el gatillo.
Ahora accionamos el estrangulador... Ya está. No era grave, a Dios gracias.
Estoy enamorado de una experta en mecánica.
Ahora pon eso donde estaba, antes de que empieces a concebir ideas.
Ha pasado un ángel.
Deberíamos tener mucho de qué hablar, ¿no, Georges?
Estás particularmente callada, querida. Impenetrable.
Y usted, ¿en qué piensa? Si no es indiscreción.
- En nada. - Lo lamento. Es imperdonable.
No se debe hacer admitir a la gente que tiene la cabeza hueca.
A no ser, claro... que esté enamorado.
Jerôme, otro tenedor para nuestro invitado, por favor.
Así que es eso. Enamorado. Un hombre con suerte.
- ¿Es una joven? - ¡Por favor...!
No, déjeme terminar. Una mujer casada.
La presa favorita del soltero, una mujer casada.
Todo ventajas, ningún inconveniente.
- Oye, Maurice... - ¿Qué?
¿No estás de acuerdo? ¿Crees se trata de una chica?
Por favor...
Entonces, si no es ni una casada ni una joven, ¿de qué se trata?
¿Una viuda joven?
Y toda mujer casada es una viuda en potencia.
Cuidado, no le vaya a morder.
Su único propósito en la vida es protegerme.
¿O no, Golo?
Es algo que le cuesta entender.
Ese perro sólo me quiere a mí. ¿No es así, querida?
¿Qué pasa, cariño?
Me parece que es hora de tomar el café en la sala.
Y de cambiar de tema.
- ¿Vienes, Georges? - Sí.
Bonito, ¿verdad? A Eve le encantaba, así que se lo compré.
¿Sabe?
Eve sabe vivir.
¿Se ha preguntado alguna vez cuánto cuesta retener a una mujer?
Quiero decir, retener a una mujer como Eve.
Veo que me ha entendido.
Me encanta que le guste la casa.
Los dormitorios están arriba. ¿No quiere verlos?
Es lo primero que interesa a un hombre ambicioso.
Discúlpanos, hacíamos inventario de la casa. Nunca se sabe.
- Oye, Maurice... - ¿Qué?
He de volver al despacho.
¿Ya? Te acompaño hasta la puerta.
Adiós, Eve.
Eve y nuestro amigo tendrán mucho de qué hablar.
¿De verdad te divierte representar esta farsa?
El chico no te ha hecho nada y estás amargando a Eve.
Cada uno de nosotros tiene sus pequeños placeres.
¿Y qué ganas atormentándote?
No estoy atormentándome.
Me dedico a corroer su enorme pasión.
Como una termita, me infiltro y voy royendo.
Hasta que un día... ¡chas!, su amor quede reducido a polvo.
Volviendo a temas más agradables...
Cuando salgas, echa un ojo a mi nuevo coche. Va como una bala.
Doble carburador, 180 por hora.
Bonita manera de partirse el cuello.
Descuida. Valoro mi vida y sé protegerla.
¿No lo comprendes?
Cuanto más les muestre que lo sé, menos se atreverán a hacerlo.
Un día se les puede acabar la paciencia.
LAS CARRETERAS MATAN
COMIENZA EL FIN DE SEMANA SEA PRUDENTE
¿Qué? ¿Viendo la tele?
Instructivo. ¿Le dejo solo con Eve y sólo hace eso?
Me sorprende. Para ser compañía femenina, no tiene mucha inventiva.
¡Hola otra vez!
Hola. ¿Llevas mucho tiempo aquí fuera?
No estoy segura. Diez minutos, quince.
Tendrás tiempo para perderlo.
Yo nunca pierdo el tiempo.
¿Vienes a ver a Faugères? No es el momento, créeme.
- Te llevo a casa. - Ahora que te tengo, no te soltaré.
Te lo concedo, tiene cierto encanto.
Pero insultar al anfitrión es una extraña forma de despedirse.
Un minuto más y habría tenido que ponerme desagradable.
Sé lo que estás pensando. Pero no lo digas.
Espera.
¿Qué ocurre?
Acaban de traer el coche de la señora.
Entonces baja el equipaje.
Decididamente, hoy no es mi día.
Esta mañana no me funcionó el mechero...
Ya sabes, el que me regalaste esta mañana. Yo...
Me lo olvidé en el despacho de Georges.
Y para colmo, la comida fue un fiasco. ¿Quien sabe por qué?
Escucha:
No está mal, ¿eh?
Llevo días en ello, pero no acabo de dar con el estribillo.
Ya sabes que no logro relajarme hasta tenerlo todo escrito.
Dejémoslo, o me pondré rudo otra vez.
Me sentiré mejor cuando pueda tocártela hasta el final. Ya verás.
- Dije que quería estar solo. - Me sorprendería.
Eve. ¿No te habías ido?
Si supieras...
¿Le has dejado? ¿Entonces?
Me atreví a plantarle cara. Por primera vez.
Duró tres horas.
Lo intentó todo. Amenazarme, seducirme, todo.
Pero esta vez no cedí.
Nunca habías estado aquí.
Algo siniestro, ¿no?
No es como su casa.
Jean...
"Hotel Bilbao". ¿No te quita el sueño el letrero?
Sí. Desde el principio me ha obsesionado: Bilbao.
Soñé con ciudades blancas resplandeciendo al sol de México.
Luego te conocí, y ya no volví a soñar con ellas.
Deberíamos visitarlas juntos.
Cielo, Bilbao está en España.
Lo sé. Se me hace demasiado cercano. Prefiero México.
¿Qué pasa?
Nada. Creía...
¡Eve!
Es inútil. Incluso ausente se interpone entre nosotros.
Me tomarás por loca, pero sigo imaginándole cerca, que él...
No sé.
¿Por qué pensar en él, si está tan lejos?
Perdona. Ya no pensaré en él, jamás.
No volverá a interponerse entre nosotros.
¡Señor Le Prat, llaman a la señora Faugères!
¿Quien sabe que estás aquí?
Nadie.
¿Pues quien es?
¡Él!
Yo contestaré.
¿Sí? Soy Le Prat. ¿Qué desea?
¿Oiga?
¡Pero hable!
¿Va a hablar o no?
¿Oiga?
Oig...
Otro de sus trucos. Esto no se acaba nunca.
¿Lo hace a menudo?
Suele hacerlo. Y otras cosas.
Me espía.
A veces dice que estará fuera una semana, y vuelve a los dos días.
Sin más explicación.
No sé explicarlo, pero...
Aún cuando no está, tengo la sensación de que sigue aquí.
Escucha, Eve. Sabes que se ha ido.
Oh, Jean...
¡Te necesito tanto!
Buenas noches, señor.
¿Puede comprobar el aire? Podría necesitar un poco más.
Sí, señor. Las carreteras están resbaladizas.
¿Lleno, señor?
No, tengo gasolina para llegar a donde voy.
Telefonearé y volveré.
¡Me da igual qué tiempo haga!
Le digo que es urgente.
Debo ir de inmediato a París.
¿Tiene un taxi o no?
- Ginebra. - Sí, señor.
Mire, le digo que...
¿Estará mucho al teléfono?
Intenta hablar con París. Han llevado a su mujer al hospital.
Lleva una hora haciendo autoestop, pero nadie se detiene.
¡Ya entiendo!
¡Cabrones!
¡Como nadie me ayude, me voy a volver loco!
El teléfono ya está libre.
¿Por casualidad no irá a París? Mi mujer está indispuesta.
Sí, ya lo sé.
-¿Me lleva? - ¿A París?
Imposible. No tengo espacio, y mi perro no es muy sociable.
¡Pero eso da lo mismo!
¿Usted cree? ¿Cuánto es?
¿No iba a telefonear?
No, ya da igual.
Una ginebra, 200 francos.
- Pero tiene que llevarme... - ¡No, por favor!
Nunca he visto cosa igual.
Ponte en su lugar. Tipos así deberían estar en la cárcel.
No... Le llevará.
¡No!
¡Eve! ¡Eve! ¡Despierta!
- ¿Qué he hecho? Yo no quería... - No has hecho nada.
No fue nada. Una pesadilla.
Ah, sí...
¿Te asustaste?
Sí...
Pero ya se acabó.
Habrá sido un pez gordo, para venir un comisario desde París.
¿Está seguro de que llevaba su perro con él?
Jamás viajaba sin él.
Me sorprende que aún no le hayan encontrado.
Llevan como una hora buscando.
Su mujer.
Disculpe.
¿Quieres que te acompañe?
No. Es mi problema.
- No encontré nada. - Ni yo.
Hay marcas de derrape, pero antiguas.
El señor Meliot acaba de identificar formalmente a...
A su marido. Pero necesito su testimonio.
Es una formalidad dolorosa, lamento implicarle en ella.
Nunca seré capaz.
- ¿Es necesario? - Completamente.
Valor, señora.
- ¿Le reconoce? - Sí.
¿Está completamente segura? La ley lo exige.
¡Sí, es él, es él! Ahora déjeme ir.
Desde luego, señora. Disculpe.
Se acabó, Eve. Ven, te llevaré.
Antes de irse, hagan un par de fotos de esto.
Y no toquen nada hasta que llegue el especialista.
- ¿Encontró algo? - Nada.
¿Ni marcas de derrape?
- Es increíble. - ¿Qué opina?
Lo mismo que usted.
¿Un cigarrillo?
Ahora no.
Va a llover otra vez.
¿Por qué me miras así?
¡Por qué!
¡Por Dios, di algo! No vamos a seguir así eternamente.
- ¿Y esa mancha de grasa? - ¿Dónde?
Ahí, en la manga.
No sé. Es una mancha de grasa, nada más.
No hablemos, será mejor.
Te dejaré aquí.
¿Quieres que me quede contigo?
No.
¿Por qué no?
No quiero hablar, ni contigo, ni con nadie.
Maurice, sabes que nunca te olvidaremos.
Permanecerás con nosotros.
Los de tu estirpe no desaparecen.
Podrás descender a este tu lugar de reposo, cierto.
Pero no estás verdaderamente muerto, y lo sabemos.
Mantendremos un lugar para ti.
Nos has dejado hermosas canciones que abrieron nuestros corazones,
y ellas seguirán con nosotros.
Sí, Maurice, nunca dejaremos de pensar en ti,
ni jamás nos permitirás olvidarte.
aunque pudiésemos olvidar a nuestro querido amigo...
¿Diga?
¿De parte de quien?
No, señor Le Prat. La señora está de viaje.
Se fue justo después de la ceremonia.
Dijo que escribiría para comunicar su dirección.
¿Le interesa?
- Sólo curioseo. - No hay prisa.
¿Es peligroso un coche como este?
¿Peligroso? La única forma de que este modelo pudiera serlo
sería partiéndose la cara contra el cartel del precio.
Es que sé de alguien que se mató en un coche igual.
Créame, la mayoría de la gente prefiere jugar a mecánicos
antes que estrellarse a gran velocidad.
¿Pero ocurre, accidentarse a mucha velocidad?
Sí, ocurre.
Pero más peligro tiene un calentador de agua.
Créame Mire aquí dentro y verá usted
un motor moderno para protegerle.
- Es de fácil conducción. - Y nada rápido.
Pero a la larga, hay cosas que podrían fallar, ¿no?
¿Cree que dejaría ir a un cliente de saber que iba a acabar en un ataúd?
Créame: son sólidos.
¿Podría manipularse un coche para accidentarse? ¿A propósito?
- ¿A propósito? - Sí.
Debería ser bastante sencillo, digo yo. ¿Por qué lo pregunta?
¿Podría hacerlo una mujer?
Claro, si entiende lo bastante.
La mayoría de ellas sólo quieren saber si tienen radio y calefacción.
Siempre veo lo mismo.
Y ahora, ¿desea probarlo?
No, ahora llevo prisa. Gracias, y perdone.
Es inútil inquietarse así.
Maria me dijo que usted ya vino dos veces desde que se fue la señora.
Prometo telefonearle en cuanto tenga noticias de ella.
Pero puede haber pasado algo. Ya casi hace dos semanas.
Tal vez debiéramos llamar a la policía.
No, señor. La señora dijo claramente que nadie debía preocuparse.
¿Qué es eso?
Sería una corriente de aire, señor.
¿Qué he hecho?
¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?
¡Yo no quería! ¡Yo no quería! ¡Yo no quería! ¡Yo no quería!
¿Entonces una mujer podría hacerlo?
Si entiende lo bastante... ¿Qué entienden ellas de motores?
Si entiende lo bastante. Si entiende lo bastante.
¡Estoy enamorado de una experta en mecánica!
Maurice me enseñó a cantar y a reparar coches.
Dos cosas que me han sido muy útiles.
¡Eve!
¡Jean!
Eve, ¿por qué todo esto? ¿Dónde estuviste?
- Aquí. - ¿Qué?
Nunca me marché.
¿No querías volver a verme?
Oh, sí... No. No me toques, te lo ruego.
Tengo que estar sola. No quiero ver a nadie, ni mucho menos a ti.
Eve, no debes pensar en ello. Tienes que olvidarlo.
Sólo importa una cosa: nosotros.
Eso sería tan fácil... Demasiado.
Si supieses cómo ha sido todo desde...
No, vete, por favor.
No podemos separarnos así. Imposible.
Quiero una explicación.
¿Una explicación?
Puede que tengas razón. Ven.
¿Cómo puedo empezar?
Todo está claro. Sencillamente, trata de olvidar.
No, escúchame.
¿Por qué hablar de ello?
Ya sabes lo que voy a decir.
Pero escúchame, por favor. Luego no tendré el valor.
Tú y yo íbamos en su coche.
Volvíamos de esa entrevista televisiva, ¿recuerdas?
Y bromeamos sobre matar a tu marido. No hay más.
No, hay más. Después fue ese almuerzo.
No te pido nada, Eve. ¡Nada!
Después nos quedamos solos un momento ante el televisor.
Las imágenes de aquel coche... ¿Recuerdas?
- Luego te marchaste. - Sí.
- ¿Y luego? - ¡Hubo un accidente!
Pero no fue un accidente. ¡No fue un accidente!
No puedo dar crédito a eso.
He vivido seis años con un hombre que no paraba de mentir.
No quiero seguir viviendo con mentiras. Tienes que...
¡No, Eve!
Jean, debes reunir el coraje para contarme que mataste a Maurice.
Pero...
Sé que en parte es culpa mía. No logro perdonar.
¡Pero ahora tienes que decirme la verdad!
Sabes lo mucho que te quiero y que haría lo que fuese...
¡Oh, cariño! ¡Ahora todo irá mejor, ya verás!
Hacía falta valor para decirlo. Si no, no habría podido volver a verte.
¿Pero podrías vivir con semejante idea?
No. No temas. No volveremos a tocar el tema.
Ahora olvidémoslo, como si nada hubiera ocurrido. Nada.
Sonríe un poco. ¿No confías en mí?
¿A dónde vamos?
Te dije que es una sorpresa.
Me ocultas algo, Eve.
Eres muy perspicaz.
Llevamos una hora en la carretera,
sólo he hablado con acertijos, y dices que te oculto algo.
Claro que sí.
Pero el secreto no durará. Casi hemos llegado.
- ¿Dónde estamos? - En nuestra casa.
Ven a ver.
¿No va a ser maravilloso?
Hay que arreglarlo un poco, pero es estupendo, ¿verdad?
Aquí, el comedor.
Aquí, la sala de estar.
Arriba pondremos dos dormitorios.
Eve, ¿cuándo compraste esta casa?
¿Yo?
Ayer. Un flechazo instantáneo.
¿Y por qué no me lo contaste?
Así no habría sido una sorpresa.
Además, ya no podía seguir viviendo en su casa.
Todo va a cambiar, ya lo verás.
Mañana empezaré a cantar de nuevo.
Antes de nada, Georges dará una fiesta en mi honor.
Me entregarán un disco de oro. Un millón de copias vendidas.
¿No es fenomenal?
¿Qué pasa, Jean?
Eve, quiero...
¿Hablar de él y de su muerte?
Sí, ya lo sé, pero no quiero.
No deberíamos volver a pensar en eso.
Espero que Eve sea puntual, con tantos invitados.
No soñemos. Queda mucho por hacer.
¿Y eso qué?
Un disco de oro, un millón de copias. ¿Te parece fácil?
Razón de más para dejarme grabar la que me prometiste.
Por ahora me contentaría con eso.
Qué amable.
Ayúdame. No doy con el cierre.
Ese es Georges. Cada vez que da una fiesta,
anda más nervioso que un gato.
¿Oiga?
Hola, Georges.
Vamos de camino.
Estás loco.
¿Qué podría retenerme en un día como este?
Sí, estoy lista. Hasta llevo puesto el sombrero.
¡Pues cuelga ya! Tú eres quien me está retrasando.
Sí, ahora.
Ten.
¿Qué haría yo sin ti?
Disculpe, señora,
ha llegado este paquete para usted. Al parecer es urgente.
¿Urgente?
Ah, un disco.
Sí, señora, lo parece.
A ver.
Extraño envoltorio para enviar un disco.
¿Lo abro?
Una grabación casera, seguro. Las recibo a docenas.
Ponlo si te divierte.
Tienes razón, no lleva etiqueta.
Entonces no vale la pena escucharlo.
¿Pero por qué no? Nunca se sabe.
Ni te lo imaginas. Algunos son todo gritos.
¿Qué te sucede?
- Vaya, eso... - Pero...
No está mal, ¿no?
No te habrás sorprendido mucho, espero.
Te había prometido esta canción, Eve... ¿Recuerdas?
¡No puede ser!
No lo escuches, es una broma.
No.
Te había prometido esta canción, Eve... ¿Recuerdas?
No, no es una broma.
¿Quien se haría pasar por mí?
Y de todos modos, ¿quien tiene ganas de bromas?
Nadie, y tú menos.
¿No es así, cariño?
¿Cómo no corres a refugiarte entre sus brazos?
Él sigue ahí. Nunca te separas de él.
Ni yo. Jamás me iré de tu lado.
Nunca.
¿Creíais haberos librado de mí?
Pero no todo sueño se hace realidad.
¡No con Maurice Faugères!
No, niños. Vais a descubrir que no estoy muerto.
Eso os trastorna, os fastidia los planes...
Pues volveré.
Hoy... Mañana...
Que sepáis que no os avisaré.
No de inmediato, en todo caso.
He de dejaros un tiempo para poneros mejor al corriente.
¿No es cierto, Eve?
Todavía no comprendes todo esto.
Te preguntas cómo puede ser posible.
Pero lo planeé todo.
Te lo demostraré.
Levántate.
¡Levántate, digo!
Ve a la librería.
Eso es.
Ahí, en el tercer estante.
Busca las Oraciones Fúnebres de Bossuet.
Cógelo. Ya está.
Ahora busca detrás. Bien al fondo.
Encontrarás un paquetito cuadrado.
¡Vamos, mira!
Ah, lo encontraste.
Ahora ábrelo. ¡Ábrelo!
Te preguntarás qué contiene.
Creí que debíamos celebrar un pequeño aniversario.
Solo nosotros tres.
La celebración de mi regreso.
Bonitas, ¿verdad?
Vamos, póntela.
¡No!
Eve... piensa.
Escucha.
¿No es alguien como Maurice Faugères digno de
algo más que de este joven al que pronto olvidarás?
Piensa en ello. Necesitarás tiempo.
Paciencia. Paciencia.
No puede ser. Dices que él no...
Sí. ¿No lo entiendes?
- Está vivo. - Eve.
Cálmate y escúchame.
¡Es imposible!
Después de accidente, ¿no te acuerdas?
Estuviste allí.
Viste el coche, y a él allí, muerto.
Le identificaste.
¡No! No, no le vi.
No me atreví a mirar. Me dijeron que había quedado irreconocible.
Pero, ¿no era él?
¡Es monstruoso! ¡No era él!
Nunca encontraron a su perro, claro.
¿Insinúas que fue capaz de...?
¿Matar a otra persona en su lugar? Sí.
Es capaz de todo. Pensó en todo.
- ¿Entonces...? - Volverá, sí.
Oh, Jean...
¿Podrás perdonarme por creer que tú...?
Por haber sospechado de ti.
Si supieras, Eve...
Si supieras lo que estoy pensando.
¿Recuerdas aquel día cuando hablamos de eso?
Estaba segura de que habías sido tú.
De que ibas a confesar, de que tú... No sé...
Que habías saboteado su coche.
Cuando me acusaste estaba confuso. Creía que...
Sí. Él lo tenía todo planeado desde el principio.
Logró hacernos concebir esa idea,
la de desear librarnos de él.
No contestes.
¿Diga?
Sí, Georges, ahora mismo.
¿Mi voz? No... Se me hizo tarde, nada más.
No, nada, lo juro.
Sí, ahora.
¿Vas a esa fiesta?
Tengo que ir.
- Nadie debe sospechar nada. - Hay que avisar a la policía.
- No, Jean. - ¿Por qué? No hicimos nada.
No... Él hallará la manera... de hacernos sospechosos.
- ¿De qué? - No sé... De su muerte.
¿Quien es esa chica?
No me suena. Se llama Florence.
Meliot le dice a todo el mundo que tiene una gran voz.
Pero sin duda es su amante.
Un poco más a tu derecha, por favor.
Bien. Gracias.
Así tengo el retrato de Faugères de fondo.
- Georges, diles que paren. - Eve, ¿qué pasa?
No sé.
- ¿Quieres tumbarte un momento? - No, se me pasará.
¡Eve! ¡Eve, cariño!
Mi pobre niña... Cómo estarás sufriendo.
No me hago a la idea... Pobre Maurice.
Dondequiera que estoy y se abre una puerta,
tengo la sensación de que va a entrar y saludar.
¡Queridos amigos!
Queridos amigos,
Sabéis por qué estamos hoy aquí reunidos.
Sabéis lo feliz que me hace entregar a Eve este disco.
Pero también imaginaréis lo tristes que estamos
porque Maurice no se halle aquí para participar de su éxito.
Esto es para ti, Maurice, pues gran parte de este triunfo te lo debemos.
Aunque tampoco nos has dejado en realidad. Estás aquí, con nosotros.
Sí, amigos. Tengo una sorpresa para todos.
Una sorpresa digna del propio Maurice.
No lo soporto.
¡No lo soporto! ¡No quiero oírlo!
Eve, ¿qué te pasa?
¡No pudisteis encontrar actriz mejor!
Perdonadla, amigos. Demasiada emoción para ella.
¿Qué te ha pasado, Eve?
Si no querías escuchar la canción, ¿por qué me la enviaste?
¿Enviártela? ¿Yo?
Creía que querías que anunciase
que ibas a grabar la última canción de Maurice.
¡Jamás la cantaré! ¡Jamás!
Mira, Eve, no entiendo nada de nada.
¿Por qué me mandaste este disco?
La letra, la orquestación, todo.
No lo sé.
No soy yo misma. No estoy lúcida.
La última canción de Faugères: eso significa algo.
Es encantadora. Su obra maestra.
¿Has oído el estribillo?
- No. - Escucha...
¡Georges, por favor! Ya no aguanto más.
- Quita ese disco. - Muy bien, muy bien.
Nunca la cantaré.
Haz lo quieras con ella. ¡Ya no puedo más!
Como quieras.
Debo marcharme.
Déjame, pídeles disculpas en mi lugar. Diles que estoy enferma.
Y di a Jean que venga. Me encuentro mal.
No, Eve. Sólo creyeron que estabas emocionada.
¿Cómo iban a sospechar nada?
Al menos, no Meliot.
No, él cree que yo le envié ese disco.
¡Escucha!
Está ahí.
Ha vuelto.
¿Qué haces aquí?
Odio que pongas el estéreo en mi ausencia.
Lo siento, señora, pero usted nunca había dicho nada.
Era al señor Faugères a quien no le gustaba.
- Ahora déjennos. - Sí, señora.
- Puse sus perlas en el escritorio. - Gracias, Maria.
¿Y él? En algún sitio estará.
No perdamos la cabeza.
Es lo que quiere, ¿entiendes?
Y lo está logrando. Cuando pienso en lo que pasó en el despacho...
Lo primero es averiguar quién trajo el disco.
- Maria, tráenos de beber. - Sí, señora.
- Y dime... - ¿Sí, señora?
¿Quien trajo este sobre? ¿Dejaron algún mensaje?
No, fue el ciego que siempre está ahí fuera.
Llamó al timbre y entregó el sobre.
Ve a ver si sigue ahí. Quiero hablar con él.
Sí, señora.
Hay que estar en guardia. Podría sospechar algo.
Puede, pero es la única forma de saber algo.
- ¡Dios mío! - ¿Qué pasa? ¿Un apagón?
¡Jean! ¡Jean, tengo miedo!
- ¿Y los fósforos? - Espera.
No los encuentro.
Descorreré las cortinas. Puede que...
¡Jean! ¡Quédate a mi lado! ¡Tengo miedo!
No te muevas, voy.
Al pie de la escalera.
Tranquila, aquí estoy. Seguro que es...
Buscaré una vela, señora.
Será un apagón general. Está todo oscuro.
¡Jean! ¡Es él!
Poco ha durado.
El caballero sigue aquí, señora.
Gracias, Maria. Puedes retirarte.
Temía que se hubiese ido.
Ya es tarde.
¿Sabe, señora? Para mí,
el día, la noche... todo es lo mismo.
Me marcho cuando la gente ya no me deja nada.
Quería preguntarle...
si venía una carta con el paquete que entregó usted.
No, señora.
- ¿Y ningún mensaje? - No.
La persona que dejó el paquete...
¿le dijo lo que contenía?
Era un hombre. Y creo que había hablado antes con él.
¿Ah, sí?
Pero mucha gente pasa a mi lado por la calle, cualquiera sabe...
- ¿Tiene perro, señora? - No, no tenemos.
Aquí tiene que haber uno.
- ¿Alguna visita, quizás? - No, seguro.
¿Y sabe? El olfato de un perro es infalible.
Tal vez cuando no estaba usted.
Tal vez.
- ¿Es cuánto deseaba saber? - Sí, es todo.
Entonces, me voy.
No, gracias, señor. He tenido un día excepcionalmente bueno.
Aparte del gusto de conocer a la señora.
Yo contestaré, Jerôme. Acompaña al señor a la salida.
¿Hola? ¿Eve?
Jean, no puedo seguir aquí.
Tengo la impresión de que él vendrá, telefoneará...
De que llegará en cualquier momento.
Llévame a otro sitio. Da igual donde, pero no aquí.
¿Tiene fuego?
Gracias.
¿Quieres dejar de hacer eso? Se diría que nos sigue.
Debes calmarte, Eve. Piénsalo.
¿Pensar qué? ¿Cómo voy a calmarme?
Escucha. Sé que no lo pensaste, pero,
si él volviese, ya no sería como antes.
Para el mundo, está muerto.
¿Quien tuvo un accidente? ¿A quién hallaron muerto?
¿A quien incineraron en su lugar?
Eso sería difícil de explicar, ¿verdad?
¿No te parece muy claro el inicio de sus intenciones?
Te digo que lo planeó todo desde el principio, cada detalle.
Y no podemos hacer nada que él no tenga previsto.
¿Crees que nos encontrará aquí?
¡Jean!
¡Rex, ven!
Lo siento, señora.
Es joven y juguetón, pero no ataca.
- Eve, ven a mi casa. - No.
Tras todo lo sucedido, ¿no querrás volver a la tuya?
En el fondo, es lo que quieres.
Tienes miedo, pero a la vez quieres volver a verle.
Quiero ir donde esté segura de que no dará conmigo.
¿Y en el campo, en la casa que te compraste?
¿Los Estanques? Imposible, la conoce.
¿La conoce él?
O sea... debe conocerla...
Ya no sé ni dónde estoy.
Mira, vete a casa. Yo iré a un hotel.
A ese. Tanto da uno como otro.
Estás enloqueciendo, y es lo que él pretende.
Ven a buscarme por la mañana.
Necesito serenarme.
Una cerveza.
El mejor amigo del hombre es el perro.
O el caballo.
Podría escribirse un libro sobre eso.
Y el vino también.
Pero su enemigo, muchacho...
Piensa en ello.
No hay más que uno.
Su enemigo son las mujeres.
Cuando aparece una mujer, despídete del Paraíso.
¡Eve!
¡Eve!
Sí, mi Adán. ¿Quieres probar mi manzana?
Comisario, está aquí la señora Faugères.
Señora, disculpe este mobiliario.
No toda la culpa es mía.
Siéntese, por favor.
Tenía ganas de volver a verla.
¿Cómo es eso?
Porque soy un devoto admirador suyo.
Pero ese no es el motivo por el que la he llamado.
Pero es suficiente.
Qué quiere usted, la rutina...
Señora, la muerte de su marido sigue resultándonos algo enigmática.
Pero en todo accidente hay cierto misterio.
Concordamos.
Pero me parece que sus sospechas son infundadas.
Señora, yo no tengo razón para sospechar de nadie.
Ninguna.
Disculpe. ¿Sí?
Que pase.
Sí, no sólo la convoqué a usted.
Pero ya se conocen ustedes.
Sobran las presentaciones.
Les he llamado porque he de preguntarles algo importante.
A ambos.
- ¿Reconoce esta escritura? - No.
Naturalmente.
Pero lo importante es la carta que contiene.
La acusa de haber causado la muerte de Maurice Faugères.
- Pero... - Sí, no dice "accidente".
Tranquila, estamos al tanto de la credibilidad de cartas así.
Recibimos docenas de ellas al día.
Pero, volviendo al asunto, duerma tranquila.
Tendría que estar loco para escribir algo así.
Sí. La mayoría de los que las escriben son locos, dementes...
Pero, a pesar de eso, no podemos dejar de leerlas,
por su información.
Aquí podría haber algo de verdad.
Señora, sé que no resulta agradable saber que se tienen enemigos.
Me pongo en su lugar.
Pero mi responsabilidad es tenerla informada.
Señor.
Señora.
Espero que podamos vernos de nuevo.
Sin duda.
¿Todavía nada sobre la valoración de daños del coche de Faugères?
No, sigue prolongándose.
Pues deberíamos presionar un poco.
¿Por qué? ¿La carta anónima aportó algo?
¿Qué? ¿Una confesión?
He averiguado más de lo que cree.
Es una buena excusa. Atrae su atención.
Y si me divierto escribiendo una carta así,
estoy en mi derecho.
Soy un ciudadano como otro cualquiera.
Si hubieses visto el hotel... No podía dormir allí.
Me fui al momento. ¿Creíste que podría volver con él?
Perdóname.
Cariño.
¿Quien pudo haber escrito aquella carta?
- No lo sé. - ¿Y si fue él?
Ya no sé.
Desde cuando nos amábamos... ¡Escucha!
Jean, Georges le ha regalado el disco a alguien. ¡Es su canción!
Apague la radio, por favor.
Si es una canción preciosa.
- ¡Se lo ruego! - Está bien.
Ya no me dices que me amas
Lo hemos olvidado todo
Nuestras noches, nuestros días, nuestras escenas de amor
Esa canción... Esa canción...
Desde cuando nos amábamos
Nos hemos visto
Dos o tres veces
Disfrutábamos, pero ¿qué más da?
Ya no pensamos en eso
Ni tú, ni yo
Dime por qué
Desde cuando nos amábamos
Nuestro amor ha desaparecido
Sin gritos, sin lágrimas, sin problemas
Lo dejamos volar...
No entiendo qué tienes contra Florence.
La canta muy bien.
Trata de comprender. No tengo nada contra Florence.
Pero no quiero oír esa canción.
Mi querida Eve, fui el editor de Maurice,
su socio y, sobre todo, su amigo.
Fue su última canción. Tenía que intentar convertirla en éxito.
Para él, es una forma de revivir.
¿No crees que es lo que él hubiera querido?
Pero yo no quiero que Maurice siga vivo.
Tiene que desaparecer.
- Pero... - Que desaparezca.
Que calle.
¿Diga, sí? Sí, soy yo.
¿Maurice? ¿Cómo?
¿Quien? ¿Maurice?
¿Pero quien es?
¡Bromas así pueden salirle caras!
¡No se bromea a costa de los muertos!
¡Es despreciable! Es...
Pues sí. Está aquí. Sí.
¿Pero usted quien es?
Sí, Maurice, te escucho. ¿Qué quieres?
Que ella vaya a Los Estanques, esta noche a las 10.
Sí, bueno. Te paso con ella.
Eve.
¿Diga? ¿Diga?
¿Maurice?
¡Habla!
Ha colgado.
¡Si está muerto! Lo viste igual que yo.
Pero es él. ¿Qué dijo?
Nada.
Sé que estás muy alterada,
pero yo tampoco quiero enloquecer.
Si le hubieses oído...
Su voz... La de Maurice, sin duda.
¡Qué broma más macabra!
¿Qué te dijo?
¿Quiere que vaya allí hoy a las 10? ¿A Los Estanques?
No debes ir. ¿No te das cuenta?
Sí, tienes razón. Es absurdo. Me estoy viniendo abajo.
Los Estanques...
Nadie sabía que Maurice la compró al casaros.
Maurice y tú nunca vivisteis allí.
¿Y quien más la conoce, aparte de ti y de mí?
Él.
¿En el ramo? De acuerdo.
¿Desea adjuntar su tarjeta?
Como prefiera.
Si la señora Faugères le dijo a las seis, llegará en cualquier momento.
Disculpe.
Estabas esperando este disco, ¿verdad, querida?
No has dejado de pensar en mí ni por un segundo.
Porque me echas de menos.
Pero pronto me tendrás de nuevo, querida.
¿Y él, Eve?
Él...
No tengo duda de que empiezas a mentirle.
De que deseas deshacerte de él.
Un poco de paciencia, Eve.
Y tú nos libraremos juntos de él.
La señora Faugères desea hablar con usted.
Descuelgue simplemente.
¿Diga? Sí. ¿Dónde estás?
En el despacho, cariño, con Georges.
Tenemos algo que arreglar.
No... No llegaré para cenar, no me esperes.
¿Que con quién cenaré?
Con Georges, te digo.
No, no sé a qué hora llegaré a casa.
¿No estarás enfadado?
¿Que oyes coches?
La ventana está abierta.
Sí... Mañana te llamo.
Un beso.
¿Maurice?
¿Maurice?
Eve... Ya no temas, mi amor.
Tu reflexión fue larga, pero culminó con mi triunfo.
¿Verdad, Eve?
Sabía que acabarías viniendo...
¡Jean! ¡Jean!
Jean, ¿estás bien? ¿No estás herido?
¿Qué haces aquí?
Dijiste que estabas en el despacho. Fui allí.
¿Te habló Georges de la llamada de Maurice?
¿Por qué viniste aquí? ¿Le has visto?
¡Habla!
Querías librarte de mí. ¿Dónde está Maurice?
- Me lastimas... - ¿Dónde está?
¿Por qué no me dijiste que la casa era tuya?
No sé, parecía más sencillo así. No podía prever...
No digas eso. Has mentido desde el principio.
Jean, ten cuidado.
Él siempre trató de separarnos, y ahora lo está logrando.
¿Por qué fuiste sola a la casa?
He pensado mucho en ello.
Maurice debe desaparecer. Es la única salida.
Ahora dime por qué me mentiste.
Temía que me detuvieses.
¿Recuerdas cómo deseábamos su muerte?
Jamás nos hubiéramos atrevido.
Pero ahora que el mundo le cree muerto, riesgo cero.
Hay que actuar con celeridad. Antes de que sepan que vive.
¡Golo!
Su cigarrillo. ¿Lo hueles?
Ven a ver.
¡Su encendedor!
Espera. Se lo dejó en el despacho el día que...
Que desapareció.
Entonces Georges debe saberlo todo.
¡Todo!
Dame eso.
- ¿A dónde vas? - Al despacho, a por Georges.
- Si alguien sabe dónde está Maurice, es él. - ¡No, Jean! ¡No!
Si Georges lo sabe, es peligroso.
Es Jean Le Prat.
Deja eso. Vámonos.
¿Qué ocurre?
¿Qué hace aquí?
Busco a Faugères. No puede andar lejos.
¿Está loco?
Estáis los dos conchabados. Se acabó la farsa.
¿Dónde está? ¿Dónde está Faugères? ¡Habla!
¿Qué es esta mancha de tinta?
Así que eras tú. Desde el comienzo eras tú.
- ¿Qué dice? - Tú enviaste los discos.
- ¿Qué discos? - Escribiste una dirección en uno de ellos.
De acuerdo, fui yo. Yo los envié.
Ahora me vas a decir dónde está.
Se esconde aquí.
¿De veras creyó que estaba vivo?
Está muerto...
Cayó en la trampa.
Si está muerto, ¿por qué lo hizo usted?
Él siempre supo que usted quería matarle.
¡Mentira!
Por si acaso le saliese bien, quiso tomar precauciones.
Aún muerto, quería mantenerle lejos de Eve.
¿Pero cómo?
Los discos.
Antes de morir, vino a pedirme que se los mandase a la buena de Eve.
- Y lo hizo. - Sí, lo hice.
¡Está enfermo!
¿Oiga? ¿Oiga, policía?
Vengan al 33 del Boulevard Batignolles.
Sí, a la casa discográfica.
¿Oiga? ¿Oiga, quien es?
¿Oiga?
Y esa chica, Florence... ¿era o no su amante?
- ¿Su amante? - Sí.
No reparé en esos detalles.
E todo caso, nunca noté nada en horas de trabajo.
¿Y después?
Tengo mi vida.
No he preguntado eso.
- Así que no sabe nada. - No.
Pero comisario...
El señor Meliot siempre ha sido hombre apasionado.
Señor, encontraron esto cerca del cadáver.
Echemos un vistazo.
Mira. Veo este caso casi cerrado.
Nada sobre el encendedor.
Pudiste extraviarlo en un taxi. No lo encontraron.
Lo dejé sobre el escritorio de Georges, estoy seguro.
Y ahora he matado a Meliot.
Justo cuando no tenía duda de la muerte de Maurice.
Jean, deja de decir eso. Sabes que no le mataste.
Tú trata de hacer creer a la policía que se cayó solo.
Y cuando den con el mechero, estarán mis huellas en él.
- Su equipaje está listo, señora. - Llévelo al coche, por favor.
Es una locura marcharse así. ¿A dónde iremos?
Nos encontrarán de todos modos.
¿No me esperaban?
Debí haberme hecho anunciar,
pero su mayordomo estaba sacando unas maletas
y la puerta estaba abierta.
- ¿Se va de viaje? - Sí.
- ¿Con el caballero? - Sí.
Llego a tiempo.
Sin duda le habrá afectado la trágica muerte del señor Meliot.
Sí, es horrible.
¿Más de lo que pregona la prensa?
Señor.
Señora, vengo a entregarle... esto.
Es suyo, ¿no?
Es el encendedor de mi marido.
Es lo que dije. Es suyo.
Fue hallado cerca del cadáver del señor Meliot.
Mi marido se lo dejó en el despacho el día del...
¿Accidente? La secretaria del señor Meliot lo ha confirmado.
Pero este mechero no es más que un pretexto.
¿Me permite?
Le ruego mantenga la calma mientras le explico el motivo de mi visita.
Su marido vino a verme.
¿Cuándo?
Justo antes de su inoportuno fallecimiento. Que él predijo.
Sabía que alguien intentaría atentar contra su vida.
- ¡Imposible! - Eso pensé yo.
Y sin embargo, a los tres días había muerto. Asesinado.
Ya no cabe duda alguna.
Y la señaló por anticipado a usted como su asesina.
¿No le creería usted? Ella es incapaz de algo semejante.
Le tomé por loco.
En venganza, ideó una trama increíble
con discos para ser enviados a usted tras su muerte
Una imaginación propia de un neurótico.
Me equivoqué al no tomarle en serio.
Tras su muerte, sospeché de usted.
Quise tenderle una trampa con aquella carta anónima.
Así que de eso se trataba.
Sí. Y a todas partes hice que le siguieran.
Debe perdonarme.
Ignoraba que el verdadero asesino estuviese tan cerca.
¿Nunca se preguntó a qué debió Florence su repentino éxito?
- A Georges. - Sí.
Ella cantaba bien, pero el chantaje era más divertido.
Sorprendió al señor Meliot manipulando el coche de su marido.
Sí. El señor Meliot, el bueno de Meliot.
Él terminó por cometer suicidio. Un extraño suicidio,
como el resto de su comportamiento.
Pero... ¿por qué?
Sí, ¿por qué? Eso me preguntaría todavía,
de no haber encontrado en su escritorio estos papeles,
firmados el día que su marido fue asesinado.
Una cesión de poderes a favor de su marido.
¿Fue una engañifa?
Su marido era demasiado sagaz.
¿Sabía que tenía derecho a reinvertir
sus beneficios en la empresa?
Sí.
Su marido se convirtió en accionista mayoritario:
en otras palabras, en el jefe.
- Probablemente lo que siempre quiso. - Puede.
Sea como fuere, Meliot no pudo soportarlo,
y si Florence no le hubiese pillado con las manos en la masa,
nadie habría sospechado que él había,
digamos, andado cerca del coche.
El cual, horas después, se cayó por un barranco.
Y para convencernos de que usted era la asesina,
siempre podía volverla loca.
¡Es monstruoso!
La policía puede confundir a un monstruo
entre tanta gente.
Pero el monstruo se atreve a matar.
Mientras, la gente sueña con hacerlo, sin atreverse.
Es todo. No tengo motivo para retenerla más.
Espero no haber estropeado su viaje.
Señor.
Respetos, señora, y le reitero mi simpatía.
¿Qué ocurre? No tenemos de qué preocuparnos. Se acabó.
¿Eso crees?
- El comisario lo ha explicado todo. - Sí.
Pero sólo Georges identificó a Maurice.
¿Quien puede asegurar que era él?
Está muerto.
Quizás.
¿Hacia dónde giramos, derecha o izquierda?
- A partir de ahora, tú decides. - ¿Para mejor y para peor?
Esperemos que lo peor sea agua pasada.
Para mejor.
¡Cabrones!
¿No paráis a recoger a un hombre que tiene a su mujer en el hospital?
¡Lo pagaréis caro!
No seríais los primeros...
Originales en inglés: ironhills para KG
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