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COPIA RESTAURADA EN 2022
SUBTÍTULOS TRADUCIDOS PARA WWW.NOIRESTYLE.ORG
- Mete el coche en el garaje. - ¿El señor ya no me necesita?
No, gracias.
¿Me oyes, querida?
La orquesta del salón de baile vecino nos acompaña.
- ¿Qué pasa? - Iré a ver, Hilda.
- ¡Tengo miedo, Willy! - No es nada.
¿Tranquila ahora?
Sí.
- ¿Tal vez un sirviente? - Los despedí a todos esta noche.
¡Por favor, te lo suplico, no me dejes!
No, esa no es buena.
¡Y arriba!
108. Tu turno. Yo tengo uno.
¡202 ! Haz lo mismo.
Y de un golpe, ¿eh?
Eres mejor que yo, ganaste.
¡A tu salud!
- ¿Dónde has estado estos días? - En una misión.
- ¿Y bien? - Nada demasiado emocionante.
No voy a pasar de sargento de brigada.
¡Oh, este viejo Fortuné!
¿Cómo está el Napoleón de los folletines? ¿Estás bien?
¿Y tú, el hurón de la torre puntiaguda?
Estoy bien. ¿Estás trabajando?
Amigo mío, he trabajado tanto que me pasé de la raya.
La inspiración huyó de mí.
- ¿No es broma? - Sí.
Yo, Fortuné Bidon, estoy corto de ideas.
- ¿Eso crees? - Es terrible.
- ¡Oye, Miral! - ¿Qué pasa?
Miral.
- El director de la Policía Judicial pregunta por ti. - ¿Es serio?
Un asunto serio, señor.
- Ya voy. - Entendido.
Patrón, ponlo en mi cuenta.
Y si no vuelvo, ponlo en la cuenta de mi amigo.
¡Oh no!
- Adiós, Emile. Adiós, amigo.
- Adiós, Fortuné. - Adiós, Miral.
¡Oh, perdón!
¡Oh, perdón!
¡Oh, perdón!
¡Esto parece una salida del metro! No es posible.
¡Adelante!
- Señor director, el señor Miral. - Que entre.
- Hola, Miral. - Hola, jefe.
- Siéntese. - Gracias.
¿Ha oído hablar de Willy Keanton?
Ya lo creo. Soy el novio de Monique Aubray.
- La secretaria del señor Keanton. - ¡Mira, mira...!
- Oh, sí. -¡Ah!
Bueno, anoche, el señor Keanton fue asesinado,
y su esposa desapareció.
Pero... ¿y la chica?
No sé nada más.
¿Hola?
Sí.
¿Para las 11, la redada de la fiscalía? Entendido.
Me uniré a ti, señor fiscal.
Esta vez,
mi pequeño Miral, tiene un buen crimen.
- Bueno, sí. - Venga conmigo.
¡Muévanse, muévanse!
¡Muévase, señora!
¡Baje de ahí! ¿Quiere salir de ahí?
- ¿Algo nuevo? - No, todos están aquí, señor inspector.
Bien.
El cuerpo.
- Tiene razón. - Puede taparlo.
Dígame, ¿nadie condujo por el jardin esta mañana?
No, todos se quedaron delante de la puerta.
¡Ah!
¿Algo nuevo?
Precisamente, jefe.
Estaba mirando por el jardin y vi huellas de neumáticos.
Solamante los de un coche.
Así que para resumir,
entró al salón a las 8 de la mañana para correr las cortinas.
Sí, señor.
Y encontró el cuerpo del señor tirado aquí en la alfombra, apuñalado por la espalda.
Sí, señor.
Llamé a mis compañeros que corrieron a avisar al suegro del señor,
el profesor Bergmann, que vive cerca de aquí.
Vino enseguida con el doctor Cornelius.
Cuando se dió cuenta que la señora no estaba allí,
se puso como un loco y buscó por toda la casa.
¡Gritaba , la llamaba!
El Dr. Cornelius llevó al señor Keanton a su habitación,
y al profesor Bergmann a su casa.
Eso es suficiente.
- Señor juez, tengo una pregunta. - Se lo ruego.
Dígame, ¿a qué hora vío al señor Keanton por última vez vivo?
Esta noche a la una, cuando volvió con la señora.
Estaba solo esperando al señor
Enseguida me dejó libre esa noche.
Bien ¿y qué hizo?
- Me fui a París. - ¿A pie?
- En taxi. - Sí, lo comprobamos.
- ¿Tiene algo que añadir? - Sí, señor.
Cuando llegó esta mañana al garaje, el chófer Becker se dio cuenta...
que le habían robado un coche nuevo.
Un ocho cilindros Grand Sport.
Inspector, puede pasar por la casa del profesor Bergmann,
y pedirle que venga a declarar.
¡Ah, señores!
El doctor Cornelius, de la Facultad de Medicina de Estocolmo.
Amigo y colaborador del profesor Bergmann.
El herido ha recuperado la conciencia, pero está muy enfermo.
¿Quiere usted interrogarlo?
- Un pliego para el fiscal. - Arriba, en el primero.
Déjeme...
¡Ayuda...ayuda!
Él...está ahí.
¡Él, es él!
¡Deténganlo!
Está ahí.
¡Por favor! Déjame, déjame!
¡Willy!
¡Willy!
- Está aquí. - Mi pequeño...
¡Mi pequeño!
Ha muerto. Se acabó.
Mi pobre hijo.
Señores...
por favor.
Había ¿una mujer desmayada en el coche?
Desmayada, señor fiscal.
Me detuve, la llevé a mi coche,
y la llevé al castillo en el bosque donde vivo con mi madre.
Señor d'Arbel...
¿Cómo era el coche que se estrelló?
Un ocho cilindros Grand Sport.
Se lo agradezco, señor d'Arbel.
Señorita Monique Aubray, usted es la secretaria del señor Keanton.
Sí, señor.
¿Notó algo extraordinario ayer?
No, el señór Keanton me había dado el día libre.
Señor conde.
Perdón, señor conde, pero...
después de la noche que acabamos de pasar...
no estoy tranquilo.
Ya que estoy al servicio del señor conde,
creo que sería útili que el señor conde...
diera buenas referencias sobre mí...
a la policía.
- Cuente conmigo, Edouard. - Gracias.
Señor profesor Bergmann,
¿conoce algún enemigo del señor Keanton?
- No, señor. - ¿No sospecha de nadie?
Sí.
Señores,
creo que yo era el objetivo, rompiendo la felicidad de mi hija.
Pero para precisar mis sospechas,
déjenme retroceder un momento.
Estaba en Suecia y experimentaba en mi laboratorio en la isla Gotland,
un gas de mi invención llamado superlite,
destinado a librar los efectos de los gases asfixiantes.
Hasta que un grupo internacional...
me propuso comprar el secreto de mi invención.
Me negué.
Poco después, mi laboratorio fue volado.
La investigación policial reveló que el ataque había sido cometido por un bandido
que se hacía llamar, pretenciosamente, Mèphisto.
¿Mèphisto? Lo conozco.
-Yo también. -Yo también.
Yo, no.
Un ilusionista que presentó en Europa un número...
en el que estaba disfrazado de diablo.
Se buscaba por robo, pero se nos escapó de las manos.
La policía sueca no estaba más contenta.
El caso se cerró a petición de mi hija que temía por mi vida,
y venimos a vivir a Francia.
Compré una propiedad cerca de aquí,
y en la parte trasera del jardin mandé construir un laboratorio,
donde continué con mi investigación.
¿Y después, alguna noticia más sobre este bandido?
Sí, dos cartas.
En la primera de estos envíos,
me informaron de la visita de un representante de este grupo.
Nunca les respondí.
Lo que me valió esta segunda carta,
donde se me advirtió que tendría que arrepentirse por ello, yo y los míos.
Espere.
Entregue estas cartas a Identificación Forense para que las examinen durante el día.
Sí, señor juez.
-Jacquess. -¿Qué pasa?
Ven a la oficina del señor Keanton Tengo que hablarte.
Bien.
¿Y bien?
Edouard salió en coche anoche.
Ya lo sabía.
El dueño del garaje en el bulevar me dijo que había llenado el tanque a la 1,30.
¿Conoces al señor d'Arbel?
Lo he visto varias veces con el señor Keanton.
¡Salga!
¡Salga!
Corre que corre, el hurón, el hurón del bosque, señoras.
- ¿A dónde va? - Al sótano.
¿Hay otra puerta? Detrás de la casa.
- ¿Por ahí? - Sí.
Ten,coge el revólver. Si es necesario, dispara sin miedo.
Corre que corre, el hurón, el hurón del bosque, señoras.
Corre, corre, el hurón, el hurón del bonito bosque.
Ha pasado por aquí.
- ¿No ha salido nadie? - Nadie.
- ¿Y bien?¿No ha salido nadie? - Nadie.
- ¿Y los zapatos que había ahí? - Tu agente se los llevó.
- ¿Mi agente? - Sí.
- ¿Por dónde salió? - Por la puerta, como todo el mundo.
Ven aquí esta noche a las 11. Tengo que hablar contigo.
Señorita Monique.
Señorita Monique.
Ya puede irse a casa. Van a ser las 11.
¡Socorro...socorro!
¡Miral!
¡Fortuné Bidon! ¿Qué estás haciendo aquí?
Sigo tu investigación desde esta mañana. Me documento para mi nueva novela.
- ¡Idiota! - Adoro este tipo de deporte.
Adoras este deporte ¿verdad?
Quédate con Monique. Voy a ver qué pasa.
Ve tranquilo.
No tengas miedo, estoy aquí.
¿Qué es? Mi laboratorio explotó.
...dirección de Chateauroux.
A partir de ese momento fue imposible encontrar su rastro.
Mèphisto tenía por cómplice a una cantante de music hall llamada Fanny Palmadère,
que había sido arrestada y condenada el 2 de febrero de 1928 a 5 años de prisión.
Otro cómplice, internado en la prisión de Rouen...
¿Quién está ahí? ¿Quién está ahí?
¡Mèphisto!
¡Aquí estoy!
¡Imbécil!
¡Jo, jo! Refrescante recepción.
¡Compañía, hola!
He venido a ofrecerte mis disculpas. Por lo del agente.
Ya era hora.
¿Realmente no quieres que te acompañe en tu investigación?
Ya te dije que no.
- Un error. - Tal vez.
Sí, te equivocas, porque... Porque me voy.
-Buen viaje. -A Marsella.
Buen paseo.
¡Para Marsella!
- ¿Aún no te has ido? - Adiós.
Ya sabes, nosotros los novelistas populares,
tenemos lectoras apasionadas que nos escriben desde todos los rincones del mundo.
Y entre esos millones de admiradoras,
tengo una en Marsella,
llamada... Fanny Palmarède.
- ¿Fanny Palmarède? - Sí.
¡Está en la cárcel!
- No. -Sí.
- No. - Mira mi informe, amigo.
Se retrasó tu informe.
Quedó en libertad provisional por buena conducta.
Actualmente canta en el As de la Marina, un bouiboui en Marsella.
Adiós, mi buen hombre.
Espera.
Será mejor que me encargue yo mismo.
¿Hola? Por favor, pógame con Neuilly, 3022.
Hola? ¿Neuilly 3022?
-¿Hola? ¿Eres tú, Jacques? -Sí, lo soy.
Pensé que nos habían cortado. Tengo algo muy importante que decirte.
Nos vemos en la casa del señor Keanton.
Escucha, si no te importa, prefiero en el Café du Bois ¿eh?
- Entendido, nos vemos luego. - Hasta luego.
- ¿Y bien? -¿Y bien qué?
- ¿Y bien y bien? - Voy a casa del jefe.
Espérame ahí.
¿Entonces te vas?
- Sí, me voy. - ¡Pero entonces, me voy!
¡Pues entonces, nos vamos!
¡Me encanta este tipo de deporte!
Entendido.
Oporto.
Estaré en Le Bourget a mediodía y en Marsella esta noche.
- ¿Vas a ir en avión? - Sí, ya me conoces.
4 años de piloto durante la guerra.
Oye, si hay problemas, telégrafía al Hotel Ginebra en Marsella.
-Entendido. - ¡Chico!
Se va al Marsella en avión.
- Señor Laurent, por favor. - Soy yo, señora.
Perdón, señor, pero tengo que pedirle un gran favor.
Por favor.
Tengo un amigo en Indochina.
El correo no sale esta noche.
¿Podría usted enviar esta carta?
- Estaré encantado. - Muchas gracias.
- ¿Un cigarrillo? - Muchas gracias, señora.
Muchas gracias.
Un martini, por favor.
- ¡Louis, el Breguet está listo! - Perdón, me llaman.
No hay de qué.
- Adiós, señora. - Adiós, señor. Gracias.
De nada.
¡Aló, aló!
Air Union.
Rapid Azur. Pasajeros para Marsella.
Perdón, señora.
¿Señora o señorita?
¿Has subido alguna vez en un avión?
Yo tampoco.
Mi madre me dijo que no bajara en marcha.
Parece que la sensación más curiosa en un avión...
son las conversaciones apagadas por el ruido del avión.
Me encanta este tipo de deporte.
- ¿Te ocupaste del piloto? - Se fumó el cigarrillo, bien.
La cuenta está bien.
FIN DEL PRIMER EPISODIO.
SEGUNDO EPISODDIO EL HURÓN DE LA TORRE PUNTIAGUDA.
- "Le Petit Parisien", señora, por favor. - Aquí está, señorita.
Gracias, señora.
-¿Qué es esto? ¿Me los has aumentado? - 50 más.
-¿Hay un nuevo folletín? -¡Ah!
Una historia sensacional. El crimen de Neuilly.
¡Oh, sí!
El joven estadounidense cuya esposa fue secuestrada,
y asesinado en su noche de bodas.
Cierto.
- ¿Se ha encontrado a la mujer? - Sí, sí.
Un tipo de la alta sociedad, el conde D'Arbel,
la recogió en la carretera desmayada en un coche abandonado, sí, sí.
La llevó de vuelta con su padre, el famoso profesor sueco Bergmann.
¿Y el asesino?
Oh... no sé dónde está. Pero ya ha sido identificado.
¿Quién es?
Un bandido internacional que se hace llamar Mèphisto.
Sí, sí, en los viejos tiempos, era un estafador en los musicales.
Nunca lo atrapamos.
Esperemos que esta vez, la policía tendrá más suerte.
Han puesto a uno de sus más famosos sabuesos tras él.
Jacques Miral.
Al que apodan "El hurón de la torre puntiaguda".
¿El hurón? Lo conozco bien.
Mi cuñada es conserje en su casa. Un tipo increíble.
Con él, Mephisto tendrá que ir con cuidado.
Parece que se ha ido a una misión secreta.
Con un nombre así...
¿Te encargaste del piloto? Fumó el cigarrillo.
La cuenta está bien.
- ¿Dónde está tu garito? -Espera, me estoy orientando.
No lo sé.
Espera, vamos a seguirlos.
-Debe ser por allí. - Vamos a ver.
Vamos pues.
¿Hace mucho que abandonaste Marsella?
Chica, no entiendo una palabra de lo que estás diciendo.
Llegamos a Marsella esta mañana.
- ¿Una partida? - Sí.
Juega.
Coge.
- Perdido. - Perdido.
¿Perdido? ¡Oh!
Hazlo de nuevo.
- Perdido. - Perdido.
¿De nuevo?
Coge.
- Ganado. - Ganado.
- ¡Maravilloso! ¡Espléndido! - Tres francos.
Tres francos.
Aquí están.
Precioso conejo.
Vamos, pequeña. Adiós.
Adiós.
¿Permite?
Compre la alfombra, señor. Es muy bonita, cójala.
¡Vete de aquí! ¡Vete de aquí!
Déjanos tranquilos.
¿Qué les sirvo, señores?
- Un medio. - Un medio ¿Y a usted, señor?
- Una grosella negra con agua. - Bien.
¡Bueno, creo que tenemos aquí a una bonita marsellesa!
Idiota, soy de Bourges.
Es un error de la providencia, eso es todo.
Dime ¿viniste a pie desde allí?
¿Y tu hermana, qué? ¿Chapotea por ahí?
¡Oh, querida mundana de la sociedad!
-¡Oye, ¿conoces esta melodía. -Sí, ¿por qué?
- Cántala. - ¿Delante de todo el mundo?
- Sí. - ¿No estás un poco loco?
-¿Y por qué? -Para complacerme.
No, para complacer a la pequeña.
¿Hemos venido aquí para cantar o qué?
¡Vamos, vamos! No te dé vergüenza.
¡Oh, no!
Vamos, ven a cantar para nosotros. Somos una familia. ¿No lo ves?
¡Pero yo no la sé!
Está bien, comprendo.
El parisino conoce la canción y la cantará para nosotros.
¡Vamos! ¡La canción, la canción!
¡La canción! ¡La canción!
-¡Vamos, vamos! -¡La canción, la canción!
¡Vamos, ve a cantarla!
Ahora soy yo quien tiene el asiento bueno.
Voy a cantarla para complacerles.
Pero tenéis que repetir el estribillo conmigo.
La cantaré para ti.
Se llama "Vivan las mujeres gordas".
Venga, vamos.
Veo a todos mis amigos, Gaston, Maurice o Valentin.
Aman a las mujeres que son tan planas como una tabla de pan.
Sé que está muy de moda,
y que en el metro, es más conveniente.
Prefiero las de cebos muy voluminosos.
Cuando te golpeas después, no te lastimas.
Cada vez que veo una en mi camino,
es más fuerte que yo,
le hago la corte.
¡Viva a las mujeres gordas,
de 125 kilos.
Viva a las mujeres gordas, sobre todo delante de los coches.
Para aparcar, es mucho mejor, lo proclamo.
Cuando nos llega un 30 caballos
nos escondemos detrás,
y cuando viene el golpe, no hay que preocuparse,
no arriesgas nada, no nos importan las colisiones.
Los cebos grandes hacen de bloque Vivan las mujeres gordas como parachoques.
¡Vivan las mujeres gordas de 125 kilos!
¡Vivan las mujeres gordas de 125 kilos!
En todos los bailes frecuentemente se ve a caballeros
invitar a las flacas diciendo que bailan mejor.
Hace que las pobres gorditas pasen la noche
en la banqueta.
Yo, al contrario, siempre saco a bailar
a una gran abuelita, un verdadero peso pesado.
Apenas puedo rodearla con mis dos brazos.
Se burlan de mí, pero no me importa.
Porque vivan las mujeres gordas de 125 kilos.
Viva las mujeres gordas, sobre todo cuando se es gordo.
Para sudar, es mucho mejor, yo lo proclamo,
que las pesas, el footing o la bicicleta.
Como gimnasia, es realmente maravilloso.
Muy higiénico en cuanto engordas un poco.
Si uno tiene miedo de engordar, de redondear, de espesar.
Vivan las señoras gordas para hacerte perder peso.
¡Vamos!
En cierto modo, ya sabes, me has hecho feliz.
- Me alegro, me alegro. - ¿Si?
Tengo una información que preguntarte.
¿Por qué no vienes por aquí? ¿Está tranquilo?
Todo lo que pueda ser tranquilo.
Vamos.
- Oh, colega, enhorabuena. - Gracias, amigo.
- A su servicio. -Pues bien...
Se trata de una de sus huéspedes, Fanoche.
¡Ah, la pequeña Fanoche! Una buena chica.
Tiene un buen corazón y hace mucho consumo.
Ya veo, pero eso no es lo que le pido.
No sé dónde encontrarla y quiero encontrarla.
Tampoco sé dónde puede encontrarla.
¿Y se fué hace mucho tiempo?
Depende de lo que llames mucho tiempo.
Digo yo.
Ay, ay, ay.... ¿No lo sabes en absoluto dónde fué?
No me hizo esa confidencia, pero puedes ver a su tía.
- Si tía podría darte alguna información. - ¿Vive ella aquí?
Sí, puedes encontrarla todos los días abajo, en el puerto.
Vende su pescado.
Gracias, iré a echar un vistazo.
- ¿Eso es todo? - Sí, todo lo que quería saber.
¡Fortuné! ¡Fortuné!
Tienes los ojos claros como el Mediterráneo,
y profundos como el océano.
¡Fortuné! ¡Ven aquí, date prisa!
¿Ya me dejas?
El corazón está torturado, pero tengo que hacerlo, pequeña.
¡Venga, ¿nos vamos o qué?
-Señora Palmarède, por favor. -Allí.
-Gracias. - Nos equivocamos de lado.
¡Miedosa! Pobre Victor.
¡Y la pequeña también!
No se preocupe. El tío Eusebio vendrá a salvarlos.
¿Qué sabe de eso? Ocúpese de sus asuntos ¿eh?
- Soy Fortuné Bidon. - ¿Usted?
- Sí. -Fortuné Bidon
Si es Fortuné Bidon, yo soy Miss Francia.
Palabra de honor.
Ahí está mi secretario.
-¿Es usted Fortuné Bidon? -Así de simple.
¡Dios mío! Déjame mirarle.
Fanoche estaría feliz si se encontrara aquí.
Todo el tiempo habla de usted, que le escribe...
Y yo lloré tanto por...
- Ah, no por mí. -No la molestes.
- ¿Así que vino a ver a mi Fanoche? -Sí, exactamente.
Me gustaría saber donde podría encontrarla.
Ella no está aquí.
Está en París
con un gran.... un gran.. ¿cómo se dice? Un gran prestidigitador.
No recuerdo el nombre.
Nostradamus. ¿Lo conoce?
- ¿Nostradamus? - Sí.
-No. - ¿No lo conoce?
- Están en Fontenay-sous-Bois. - ¿Fontenay-sous-Bois?
La veré cuando vuelva.
No tenía nada que hacer en Paris, ¿Le gustan los erizos?
- Son mi debilidad. -Le haré un cucurucho.
Tiene otra debilidad, las damas.
Voy a hacerle su cucurucho. A las damas, las verá más tarde.
-Usted me mima, señora Palmarède. -Los comerá bien, vamos.
- Le enviaré mi fotografía. -¿Su fotografía? ¡Dios mío!
¡Qué contenta estoy! La enmarcaré.
- Señor empleado. -¿Qué pasa?
Envié un telegrama y aún no ha llegado. Estoy esperando la respuesta.
- Bueno, el telegrama lo envié. - ¿Lo envió?
No se habrá perdido, ¿eh?
Al menos allí tienen buzos.
-Buzo será uste.. -¡Sea cortés!
¿Cortés? Cortesía le voy a dar yo a usted.
Voy a presentar una reclamación, discúlpeme..
¿Le importa señor que pase, por favor?
- Pase, criada. -Mira qué gracioso él.
- Gracioso, y tú, gordita. -Es patético. ¡Hola, precioso!
¡-Hola, guapa! -Dime...
Dime ¿es aquí para los bonos de la defensa nacional?
- ¡Ah, no! ventanilla número 1. ¡Ah, ventanilla número 1!
¿Y las letras del tesoro?
- Al lado. - Al lado.
Dime, ¿qué pasa con las entradas para la Exposición Colonial?
-¿Los quieres? -Por supuesto.
Espera, es al fondo...
y a la izquierda.
¡Ah...al fondo y a la izquierda!
Pero entonces ¿qué es lo que vendes?
-¿Yo? -Sí.
-No lo sé. -¡Ah!
¡Oh, telegramas!
¡Vaya!
Voy a enviar uno a mi tía. Le gustará.
¿Por qué no a tu abuela?
¿Quién te habla a tí?
Si escribe a toda su familia, esto promete.
¡De ninguna manera! (Dialecto provenzal)
Habla en dialecto provenzal.
-¿Entiende, señor? -Claro que comprendo y pienso lo mismo
-¿Qué ha dicho? -Habla extranjero, no pude entenderla.
Oye, ¿sabes que nos vamos a la 13:50, eh?
- Claro que sí. -¿Por qué pones esa cara?
Bueno... ¡Oh! ¡Oh! Di.
¡Mira al inglés enredado con sus erizos de mar!
¿El inglés? (Dialecto provenzal)
¡Oh, por Dios! ¿eres de aquí?
Es el colmo.
Oh, qué estúpida soy. Debería haberlo sabido.
Un chico guapo como este.
Tienes un toque.
Y otra vez, no sabe quién soy.
Abandonaré Marsella a las 13 h 50. Jacques.
¡Adelante!
-Un telegrama para ti. -Gracias, Edward.
Bering,
Presidente del Consejo, Estocolmo.
Muchas gracias por su afecto,
en estas dolorosas circunstancias.
Profesor Bergmann.
Director de la Academia de Ciencias,
Filadelfia.
¡Adelante!
La señora Keanton telefoneó pidiendo que el doctor vaya de inmediato.
- El señor Bergmann no está bien. - Dígale que vamos.
Señorita Monique, voy a pedirle un gran favor.
Tengo miedo de un atentado en la persona del maestro.
Hilda está muy deprimida.
¿Puede acompañarnos a pasar la noche con nosotros?
Por supuesto, señor.
-¿Qué pasa? -No lo sé.
- Se cayó de repente. -Estas emociones la han destrozado.
Yo...
Me gustaría volver a mi habitación.
Puedo, puedo caminar.
- Tengo miedo. - No tiene nada que temer.
Dos inspectores vigilan la casa.
Tengo un mal presentimiento.
Tiene que ir a dormir, señora. Venga, la acompaño.
Entremos a ver si duerme.
Duerme.
Uno de segunda a Marsella, por favor.
- 177, 25. - Tenga los 25 centavos.
- Aquí tiene, señora. - Gracias, señor.
- Uno en primera para París, por favor. - ¿Primera de ida?
- Sí. - 71,50.
Gracias.
Uno en primera a París, por favor.
71,50 francos.
FIN del segundo episodio.
Tercer Episodio. Los feriantes misteriosos.
Aquí, lee esto, amigo Bidon.
"¿Dónde terminarán las hazañas del misterioso Méphisto?"
"Después de asesinar a el rico americano Willy Keanton,"
"intentó secuestrar a su esposa,"
"y hecho saltar el laboratorio del profesor Bergmann,"
"y ha saboteado el avión París-Marsella"
"donde iba sentado un inspector de la policía judicial lanzado en su persecución,"
"Jacques Miral"
Le Petit Parisien está en buenas manos.
"Jacques Miral, lamado El hurón de la torre puntiaguda,"
"es conocido por su habilidad".
¡Anda!
"¿Tendrá éxito para desenmascarar a Mephisto?"
- Si yo te ayudo, ¿por qué no? -Basta de bromas y ve a Fontenay.
- Intenta encontrar a Fanny. - Espero que sea bonita.
-¿Siempre ligón? -Un poco.
Adiós.
Mi hija estará muy agradecida por su interés.
Pero desde que su marido murió, no quiere ver a nadie.
A nadie.
Está en tal estado de exaltación....
Esto es abominable.
Buscando en la oficina de Willy, encontré estas cartas de la señorita Aubray.
Ella era su amante.
Mi pequeña Monique,
¿estás segura que no le dijiste a nadie que iba a ir a Marsella?
Segura.
-¿Por qué me preguntas esto? -Porque sí.
Jacques.
¡Jacques!
Bueno, es por esto.
Dos veces seguidas quisieron deshacerse de mí.
Sí, quisieron asesinarme.
Es aterrador, porque esta noche en casa del señor Bergmann,
el inpector de guardia quedó inconsciente por un golpe en la nuca.
-¿Recuperó la conciencia? -Sí.
-¿Vio a su atacante? -Sí.
¿Su descripción?
Un hombre alto, con la cara oculta bajo una bufanda clara,
y con un sombrero de ala ancha.
¿Qué hizo después del ataque?
Se dirigió a la villa y encontró un segundo inspector...
que lo vio huir en un coche de carreras que le esperaba en el bulevar.
¿Qué hora era, más o menos?
Entre las 11:30 y la medianoche.
Las 11 y media....
2 y cuarto...
Quédese, señor Miral, quédese.
Mi hija ha descubierto algunas cartas...
que sugieren que usted era la amiga, la amiga íntima de su marido.
¿Yo, señor?
Sí, usted, señorita.
Yo no escribí esas cartas.
No se preocupe.
No pienso llevarla ante la justicia.
Tómelas, señor Miral.
Utilízelos como entienda.
Pero comprenderá,
señorita Monique, que su presencia en esta casa,
se ha vuelto imposible.
No llores.
Sé que has dicho la verdad.
¡Señoras y señores!
Les anuncio que tendré el honor de hacer desaparecer y aparecer ante ustedes,
en un instante, a cualquier persona...
de la honorable sociedad.
¡Podrán aplaudir por sus ejercicios extraordinarios,
al célebre dogo de Bourdeaux!
El hombre más fuerte de los dos hemisferios.
Y a la señorita Fanoche,
la nieta de Fadila, la más ilustre...
maga de los tiempos pasados, presentes y futuros.
Pasen, señoras y señores. En el parterre, tres francos.
¡Tres francos!
En el segundo, 1 franco.
¡1 franco!
Para los soldados y para las niñeras,
¡50 céntimos! ¡50 céntimos!
¡10 céntimos! ¡10 céntimos!
- ¡Ah! -Te tomaste tu tiempo.
No pude venir antes.
-¿Y bien? ¿Entendido? - Entendido.
Señoras y señores, vamos a empezar la sesión...
con "El baúl trágico", o la desaparición de un hombre.
Como vérán,
está vacío.
No hay truco. No hay compinche.
Y ahora ¿cuál es la persona de la honorable sociedad...
que se quiere escamotear?
- ¡Yo! - ¡Yo, señor!
¡Usted, por ahí!
¡Vamos, vamos!
¿Quieres quitarse su abrigo?
¿Es usted mayor?
¿Ha hecho su servicio militar?
Infantería.
¿Ha sido condenado?
¡Hola!
Cuando encontré estas cartas, creí que iba a morir.
Y ayer, cuando nos lo llevamos para siempre.
Veamos, escúchame.
La señorita Aubray le dijo a tu padre que era una falsificación.
Lamentablemente todo nos lleva a creer que son auténticos.
¿Cuando conociste a Keanton, ya había roto con ella?
¿Pero entonces, por qué guardarlas con él?
No lo sé. Quizás temiera algún escándalo.
Sin marca de lápiz.
Sin marca de borrador.
No hay errores.
El cabrón que hizo esto... es bastante duro.
Sí.
Es graciosa, ¿verdad?
De todos modos, se lo contaré en otro momento.
¡Oh, lá, lá!
Señor Bidon, qué amable por su parte al aceptar cenar con nosotros.
Y además es tan galante....
¡Una modesta obra de arte, señorita, en tan bellas manos!
Soy yo quien está encantado de cenar acompañado de una artista como usted.
Y en compañía también,
de un atleta tan distinguido como el señor Dogo de Bordeaux.
Y de un prestidigitador tan genial como el célebre Nostradamus.
¿Está interesado en mi truco del baúl?
Locamente.
Me pregunto cómo logra hacer desaparecer...
y aparecer a su hombre tan rápidamente.
¡Ah, ahí está!
Esta noche, me servirá de compinche y así lo sabrá todo.
¡Oh, señor Bidon!
No vaya a dejar que le metan en una caja.
¡Me encanta este tipo de deporte!
¡Adelante!
-El señor Miral. - Que pase.
Hola, jefe.
Hola, Miral.
Quería preguntarte, querido Miral, en qué punto nos encontramos en la investigación.
En este asunto es el momento de para hacer balance.
- Esa es mi opinión. -Siéntese.
¿Cómo fue la pista de Fanny?
Estoy esperando informaciones de un momento a otro.
En cualquier caso la pista es seria.
Esta Fanny que trabajaba con Mephisto, el ilusionista,
ahora está ayudando a otro que se hace llamar, oh, casi nada,
Nostradamus.
-¿Qué se sabe de él? -De él, lo sabré esta noche.
Sí, gracias a los sucesivos controles cruzados conocí varias cosas nuevas.
Estos son.
En primer lugar, d'Arbel conocía a la señora Keanton antes de su matrimonio,
y desde la muerte la ha visto todos los días.
A continuación, Edouard, el lacayo de Keanton,
estaba al servicio de d'Arbel anteriormente.
Y finalmente,
por una coincidencia en mi opinión... curiosa,
d'Arbel se encontraba justo en el lugar del accidente...
para recoger a la señora Keanton.
Sí.
Sí, evidentemente, hay presunciones graves.
¿No es así?
Sólo, mi querido Miral,
parece que está pasando por alto una pista.
¿Cuál es?
- Perdone mi franqueza... -¡Jefe!
Pero acabo de examinar las cartas de la señorita Aubray a Willy Keanton.
¡Falsificaciones!
- ¿Quién sabe? - Es incapaz.
Veamos.
Durante su viaje, usted fue víctima de dos atentados.
Exacto.
¿Quién aparte de mí estaba al corriente de su partida?
La señorita Monique Aubray.
¿Entonces?
- ¿Entonces, entonces? - Entonces su amor le ciega.
Voy a estar obligado de enviar el asunto al juez de instrucción.
-¿Pero entonces, la detención? - Eso es.
A menos que para mañana por la mañana, tenga pruebas de su inocencia.
- ¿Mañana por la mañana? - Sí.
Las tendré.
Tiene una mano suave, ya lo sabe.
Le digo que está algo fuerte.
¡Eh, amigo! ¿has hecho tu testamento?
No a su favor.
¡Envíanos algunas postales!
Sí, y en color, cariño mío.
¡Eh, eh, mi mascota, por favor!
Gracias, señor. Oh, pero diga...
¡Me encanta este tipo de deporte!
¡Uno!
¡Dos! ¡Tres!
¡Y ya está!
¡Música!
Señoras y señores, no hay nada más. La sesión ha terminado.
¡La sesión ha terminado!
¡Queremos ver! ¡Queremos ver!
¡QUEREMOS VER!
¡QUEREMOS VER!
¡QUEREMOS VER!
Oh, pequeño...
¡Ya lo verás!
- ¿Cómo te va? - Estoy bien.
Y otros tres francos.
¡Y siete!
¡Y cinco!
¡Y cuatro!
Estas son las órdenes.
Atacad con el pitido del silbato. ¿Está claro?
FIN del tercer episodio.
-¿Conoce la noticia, señora Michu? - No, señora Vincent.
Me dijeron en el mercado que el misterioso Mèphisto.
¿El que mató al americano de Neuilly?
Y el que hizo estallar el laboratorio del profesor Bergmann.
Sí, ¿y bien?
Bueno, parece que anoche intentó asesinar a la señorita Monique Aubray,
la secretaria del americano.
¡Oh, el canalla!
¿Cuándo será detenido?
Es el inspector Jacques Miral quien está al cargo.
Parece que es un as.
¿En qué siglo vivimos, señora Vincent?
¡Oh sí, señora Michu!
CUARTO EPISODIO LA REVANCHA DEL AMOR
El director de la policía judicial me ha dicho...
que se trataba ciertamente de un intento de suicidio.
Esa no es mi opinión.
Monique es el objeto de una maquinación terriblemente astuta.
Y....desde mi punto de vista, Mèphisto trató de asesinarla.
- ¿Qué espera para salvarla? - ¡Ah, sí, para salvarla!
Espero que dentro de dos horas, haya recuperado la conciencia.
¿Pudo ver al asesino?
Tal vez.
En cualquier caso, doctor, tengo mucha confianza en usted.
Estaría encantado de que la viera en la clínica del doctor Bourdon.
Bueno, ahí lo tienes.
- ¿Y bien? - Un medio.
Repite.
¿Sabes qué hora es? ¿Te has vuelto a beber nuestro dinero?
- ¡Déjame en paz! - ¿Dónde está Bidón?
Si alguien te pregunta, no sabes nada.
¡Sin tonterías! ¿Qué has hecho con él?
Si lo tocaste, haré que te arresten.
-¿De qué? Repite eso. -¡Has hecho algo malo!
- Dime dónde está o te delato. - Mientras tanto, toma esto.
¡Bruto!
¿Dónde está Bidón?
¡Vamos, responde! ¿Dónde está Bidon?
Yo no conozco a su Bidon.
Ten cuidado, o te coso esta noche, amigo
¡Eres tú quien me ha delatado!
- Te acabas de cortar, grandullón. -¡Suéltame! ¡Ah!
-¡Ay, Madonna santa! - Vamos, ya llorarás más tarde.
Venga, vamos.
¡Espera, basura! (en italiano)
¿Y bien, señor Bidon?
- ¿Hemos dormido bien? -¡Ah, Dios mío!
-Pero... ¿qué tal el truco? -Bastante exitoso.
Entonces desátame.
- El jefe quiere que te liquide. -¿Estás loco?
Soy un hombre débil. Si quieres, lo arreglaremos.
¡Ah, ah! ¡Bien, bien!
Entendido. Me encanta este tipo de deporte.
¿Entonces, cuánto?
10 billetes.
Valgo más, pero es un poco caro de todos modos.
¡Entonces no me importa!
- ¡Son 15 billetes! - Demasiado caro.
- ¿Dices? - No, no, no, no es caro.
- Entonces serán 20. - Odio este tipo de deporte.
- No me importa. ¿Firmas? - No.
- ¿No? - Sí, sí.
Pero entonces desátame, por Dios.
¡Vamos, firma!
- Mi estilográfica! -Pillé tu estilográfica.
¡Manos arriba!
¿Quieres levantar las manos?
- Te haré daño, dispararé. - Adelante, gordito.
No nací ayer.
Eres un hombrecito desconfiado.
Buenos días.
- Hola, viejo. - ¡Oh, la policía!
¡Policía! ¡Que nadie se mueva!
¡Muchachos!
¡Vámonos!
¡Te voy a joder vivo!
¡Suéltalo!
¡Ven aquí, tú!
¡Mátalo, pequeño Louis!
- ¡Llévate a este! - ¿Qué pasa?
- ¿Qué hay bajo la trampilla? - No hay nada.
¡No te hagas el tonto!
Tráelo aquí. Sobre la mesa.
¡No te muevas! ¡Y contéstame!
¿Quién te pagó para hacer esto?
Nostradamus. Le encontraba demasiado curioso.
- Busca otra cosa. - Es la verdad.
¿Y Mèphisto?
Ya estoy seguro ahora. Vamos.
Deberías haber dicho que eras madero
Te habría liquidado el primero.
A fuerza de hacerte el listo, acabas pareciendo un idiota.
Vamos, rápido, suelta lo que sepas ahora.
-¡Vamos! - Vale, ya está.
Nostradamus.
Entonces ¿hasta mañana?
Hasta mañana.
¿Has oído eso?
¡Oh, no! ¡No quiero! ¡No quiero!
Acabo de recibir una carta de mi notario que me lo confirma oficialmente..
Willy Keanton me instituyó su legatario universal.
En sus últimas voluntades mi esposo expresó el deseo de que viviera en su hotel.
Estoy planeando mudarme.
¿Cuándo será?
Hoy.
¡Es imposible!
¿Por qué?
- Porque... porque no quiero. - ¿No quieres?
Pero yo quiero.
¡Hilda, te lo prohibo!
Te prohíbo volver a ver al señor d'Arbel.
Lo veré cuando me plazca.
¡Desgraciada!
- Olvidas... - ¿Qué?
Que en este momento la prudencia más elemental debería prohibirte..
- Entiéndeme. - ¡Déjame en paz!
¡Déjame ir! ¡Déjame ir!
¡Te lo ruego, suéltame, suéltame!
¡Calma!
Sí.
Tienes razón.
- Señorita Aubray, por favor. - En el número 4, señor.
- ¿Doctor Cornelius? - Sí, señorita.
- La señorita Aubray duerme. - Esperaré.
¿Está bien?
¿Qué ha vertido ahí dentro?
Un medicamento.
¿Cuál?
¿Cuál?
Estás acabado ¿eh?
- Póngala sobre el piano. - ¡Edouard!
- ¿Señora? - Ven y prepara mi habitación.
Sí, señora. Ya conoce el camino.
¡Date prisa!
¿Hola?
Hola, ¿el señor d'Arbel¿
Escucha, escucha.
Por razones graves no vengas esta noche a la casa de mi padre.
No, tuve que dejarlo. Te esperaré en la villa de Keanton.
No, no puedo explicarte lo que pasó.
Por tu culpa, sí.
No, no puedo contarte más. Temo por tí.
Sí, esta noche, esta noche lo sabrás todo.
Sí.
Hasta esta noche.
Todo esto me parece evidente.
¿Por qué intentaba estrangularme?
Señorita, estamos en presencia de un hombre perseguido.
Lo que ahora nos parece un error de su parte,
aún podría triunfar, podría confundir la investigación.
Jacques nunca lo hubiera creido.
El señor Mirail no lo habría creido, claro, pero ¿y nosotros?
No teníamos las mismas razones que él para no creer,
para tener confianza en usted.
Vamos, niña...
¿Puede darme algun detalle del hombre?
Apenas lo vi.
Era alto y creo que llevaba una bufanda clara.
Como el otro.
Vamos a meterte en la cárcel.
¿Cómo?
Por algunos días.
Tan pronto como Mèphisto sea detenido, no tendrá nada que temer.
- Dígale a Jacques que se dé prisa. - Sí, el arresto no tardará.
Perdón.
¿Quiere ir por ahí? Será esta noche o mañana.
Cornelius ya está encerrado.
Lo esperábamos con impaciencia, señor Cornelius.
Nos gustaría tener algunas precisiones...
sobre su identidad.
Actualmente sólo conocemos que el doctor Cornelius...
nació en Leipzig en 1872.
Este personaje no existe.
No le ayudaré en su investigación.
He hecho mi trabajo. Hagan el suyo.
¿No quiere responder?
¿Sabe que está arriesgando su cabeza?
Esta tentativa de asesinato muestra una premeditación...
que excluye cualquier indulgencia del jurado.
Tiene una oportunidad para salvarse.
¿Es usted Mèphisto?
¿Quién es Mèphisto?
- Para usted, Miral. - Sí.
Gracias, jefe.
¿Hola?
Ah, ¿eres tú?
Entendido. Hasta esta noche.
Llevaré algunos amigos.
¿Permite?
Por última vez señor Cornelius ¿quiere hablar?
¿Quién es usted?
Voy a decirle quién es.
Usted es el cómplice de Mèphisto.
Fue quien quien fabricó las cartas de la señorita Aubray...
para desviar las sospechas de la policía.
¿No quiere hablar?
Pasaremos de usted.
En cualquier caso,
esta noche habré arrestado a Mèphisto en la villa de Keanton.
Por así decirlo, concertamos una cita.
Buena suerte.
Buena suerte.
Gracias.
Tengo miedo.
¿Miedo?
Sí.
Tengo la impresión de que ronda sin cesar a mi alrededor.
Pero esta casa y la de tu padre están vigiladas de cerca por la policía.
No conoces a Mèphisto. Robert, te lo ruego,
libérame de esta pesadilla, ayúdame a escapar de ella.
- ¡Hilda! - También temo por ti.
Keanton me quería. Mèphisto lo mató.
Y tú me quieres.
¡Llévame, Robert, te lo suplico!
Sí, ¿pero y tu padre?
¿Mi padre?
Escucha.
Voy a decirte..
Hay entre nosotros cosas...
Nadie debería oírnos.
¡Por favor, vete, vete, vete!
¡Suéltalo!
¡Bandido!
Ve adelante.
Quítate la bufanda.
¡Bergmann! ¡Mèphisto!
-¿Yo, Mèphisto? -Sí, tú.
Está loco.
Atrévete a decirme a mí que no eres Mèphisto.
Aunque te hayas blanqueado el pelo y afeitado el bigote,
hay algo que no puedes cambiar, tu mirada.
¡Y a esa de ahí,
la reconozco, es su muñeca!
La hace pasar por su hija.
Sí, es cierto, quería irme. No podía soportarlo más.
¿Aún niega ser Mèphisto?
Sí, soy yo.
Yo soy quien hizo desaparecer al profesor Bergmann.
Y quien usurpó su personalidad.
Soy yo quien asesinó a Willy Keanton para robar su fortuna.
Yo, que he explotado el laboratorio que construyó aquí.
Soy yo quien escribió las cartas firmadas por Monique Aubray.
Todo eso para confundir las sospechas de la policía.
Y soy yo quien por dos veces intentó deshacerse de usted.
¿Está contento ahora?
¿Quién le advirtió sobre mi salida de Marsella?
No se lo diré.
¿Quién?
No se lo diré.
Entonces diíganos el verdadero nombre de usted.
- Eso... nunca lo sabrá. - ¿Por qué?
Porque...
Porque...
Todavía hay un pequeño rincón perdido,
lejos,
muy lejos,
dos pobres ancianos creen que estoy muerto.
Es mejor que lo crean siempre.
¿Entonces no es tan malvado?
No.
Incluso fui un hombre honesto hasta el día...
que conocí a esa mujer.
Por ella me convertí en un ladrón,
un falsificador, un asesino.
Lo habría hecho peor.
Tú fuiste quien me dio el genio del crimen,
quien ha creado a Mèphisto, el demonio,
y quien no contenta con traicionar sus juramentos...
¿Mis juramentos? Pues ahí están.
- ¿Qué ha hecho? -Juré salvarle de la guillotina.
Cumplí mi palabra.
EPÍLOGO
Querida, estoy muy contento de haberme librado de todos esos aburridos.
Sí, puedes decirlo.
Si no tuviera miedo de que la expresión pareciera un poco anticuada,
diría ¡por fin solos!
Pero sí, Jacques, digámoslo. ¡Por fin solos!
Reconozco tu tipo de deporte.
Quería dedicarte una canción,
y pensé que esta serenata te sería muy agradable.
Eso es muy amable, señor Bidon.
Bueno, lo que sería más amable es que nos cantaras la canción.
¿Seguro que quieres?
Sí, esta buena gente conoce la música,
pero no saben la letra.
Eso les gustaría ¿no?
¿Te gustaría? Vale, lo haré.
Ahora estoy casado. Estoy contento, estoy encantado.
Pero sobre el bello sexo, ahora he cambiado de opinión.
Antes sólo me gustaban las mujeres gordas.
Ahora tan solo me gusta mi pequeña esposa.
Como ella también me quiere, tendremos todo para ser felices.
Lo más bonito de la vida es cuando estás bien enamorado.
Cambiando un poco mi canción,
¿queréis que cantemos al unísono?
Vivan las mujeres pequeñas. No, nada es más bonito.
Vivan las mujeres pequeñas. Las amo con locura.
Estaréis de acuerdo conmigo, señoras y señores,
que una mujer pequeña es mucho más amable.
Si es frágil y a menudo delicada,
es más fácil de sostener en tus brazos.
Es ligero como un pájaro, es suave como una caña.
¡Vivan las mujeres pequeñas! ¡Me vuelven loco!
SUBTÍTULOS TRADUCIDOS PARA WWW.NOIRESTYLE.ORG
La próxima semana, "Le Cinéma le ofrecerá "Mademoiselle Docteur", de Edmond T. Gréville.
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