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CASTLEVANIA: NOCTURNO
El recipiente está débil.
Pero debo recuperar mis almas de esta nueva obscenidad.
¿Dónde está Annette? ¿Puedes traerla de vuelta?
Es una intrusa en un lugar que no le corresponde.
Como yo.
Soy Sejmet,
Guardiana del Alba,
Hija del Sol,
Señora de la Curación.
Lo hice por ti.
Todo esto lo he hecho por ti.
Te has convertido en un ser inmundo.
Llenaste mi templo de atrocidades
y le entregaste mi alma a un asqueroso cadáver andante.
¡Para que pudieras volver a vivir!
Creí que era lo que querías.
Creí que era lo que querías.
Es hora de equilibrar la balanza.
Creí que era lo que querías.
¡No!
La matarás, Sejmet.
Matarás a Annette.
No me importa el mundo
ni vivir en la puta oscuridad eterna.
Pero déjala en paz.
¡Deja a Annette en paz!
Richter.
Amigo mío.
Sabes que no es lo que ella querría.
Annette.
Annette.
¡Annette!
Eres muy fuerte.
Lo supe desde la primera vez que te vi.
Richter.
Me salvaste de un ser de la noche.
Nunca había visto uno, y podía conmigo.
Era hombre muerto, y tú lo mataste.
¡Richter!
María me llamó gilipollas desagradecido y, como siempre, tenía razón.
Me daba vergüenza.
Menudo imbécil.
Pero ahora no imagino el mundo sin ti, Annette.
Nada.
Sin oír tu voz ni verte poner los ojos en blanco.
Sin despertarme sabiendo que, pase lo que pase, estás ahí.
Por favor, no me abandones.
Por favor.
Mamá.
Hueles a quemado.
Ya.
Es culpa tuya.
Es como sostener brasas.
¡Richter!
Te mataré, Olrox.
Algún día.
Pero hoy no.
¿Dónde estabas cuando yo era joven?
Mi padre y mi abuelo siempre hablaban de Alucard,
como si fueras un tío favorito.
Pero solo estuve tres días contigo cuando tenía 14 años.
Viajaba mucho.
Sí. Viajabas mucho.
En aquella época, sobre todo por Japón.
La India.
El mundo estaba cambiando mucho
y quería verlo con mis propios ojos.
Estaba harto de los Belmont.
Sobre todo de verlos morir.
Siento no haberte regalado juguetes ni enseñado a pescar.
No, a los Belmont no nos importa mucho la infancia.
Deberías cuidarte esas quemaduras.
Que no se infecten.
¿Y vas a hacer ahora?
Volver a casa.
A seguir luchando por la libertad.
Podrías venir conmigo.
La toma de la Bastilla.
Fue lo que inició la revolución.
Los parisinos irrumpieron para liberar a los prisioneros.
Eso es todo lo que queda.
Derribaron ese símbolo de opresión ladrillo a ladrillo.
Da gusto ver la puesta de sol
sin preocuparse de qué acecha en la oscuridad.
Mi madre, quizá.
¿La has visto?
Se ha ido.
Para encontrarse a sí misma.
Yo me quedaré en París.
Hay trabajo que hacer y batallas que librar.
Un mundo que ganar.
¿Te unes a nosotros?
Voy a irme con Annette.
Allí otro mundo que ganar.
Ya sabes. Uno nuevo.
Ya.
Sí, lo entiendo.
No pasa nada.
Volveremos a vernos.
Hemos hecho lo que vinimos a hacer.
¿No es así?
Sí.
Es hora de volver a casa.
¿Aún hay lugar para mí en Saint-Domingue?
Por supuesto.
Soy un ser de pesadilla.
Allí no, Edouard.
Allí todo el mundo ha tenido pesadillas mucho peores.
Y eres hermoso.
Todos verán lo hermoso que eres.
Incluido tu bajista.
Siempre habrá un lugar para ti.
Saint-Domingue estaría vacío sin ti.
¿Has visto al diablo…
esperándome?
No era el diablo.
No.
Y creo que esperaba a otra persona.
Aun así, el diablo me estará esperando.
Una eternidad de tormento.
Agonía tras agonía sin alivio.
Tengo miedo, Olrox.
No hay por qué tenerlo, querido mío.
No del diablo, al menos.
El diablo es fácil de engañar.
Estarás contento de recuperar tu magia.
Sí, lo estoy.
Vuelvo a sentirme vivo. Joven.
Pues, sinceramente, no lo pareces.
Oye, que es broma.
No aparentas más de 60.
Siento haber sido tan molesto.
Hace tanto que fui joven que he olvidado cómo es.
Vuestras vidas son muy breves, Richter Belmont.
Aprovechadlas.
Sí, claro. Las aprovecharemos.
Pues tiene razón, capullo.
No malgastes ni un momento.
Me alegra que los parisinos se diviertan.
Sospecho que tienen años de guerra por delante.
Al menos será contra el antiguo régimen, no las fuerzas del mal.
Y supongo que estás decidida a luchar hasta el final.
Bueno, estaré aquí para ayudar.
¿Y tú?
Llevo muchos años solo.
En general, parecía lo mejor.
Pero anoche,
vi a gente que ha encontrado algo…
nuevo y valioso,
y que quizá cambie el mundo.
No van a renunciar a ello.
Preferirían morir.
Creo que me gustaría ver cómo acaba.
Gracias por guiarme a casa.
Era mi deber.
Asegurarme de que volvieras.
Cuando estabas allí, en el mundo de los espíritus,
¿viste a tu madre?
Sí.
Me dijo que siempre estaba aquí.
Sigue aquí.
Vaya donde vaya, el amor me rodea.
Y me protege.
Debería parecerme reconfortante, supongo.
Pero, por alguna razón, no.
No quiero a todos mis antepasados merodeando y observándome.
Ni a mi madre.
Según cuándo, a ella menos que a nadie.
¿Qué pasa?
¿Nunca has besado a una chica?
Claro que sí.
Bueno, tampoco a muchas.
A unas pocas.
Richter, no hace falta que te hagas el monaguillo inocente.
No. Bien. Tú tampoco.
Aunque no serías un monaguillo, claro.
Ni monaguilla.
Casi no hay monaguillas, por alguna razón.
Para de hablar.
He oído que están ejecutando a quienes apoyaron a los vampiros.
Bien.
Merecen morir.
Subtítulos: Alba Vidal
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