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Hola, ¿qué tal?
¿A nombre de quién?
Bobbi, con "i".
En el prólogo dice que escribió este libro para entender y aceptar la muerte.
La muerte me resulta antinatural.
No acabo de aceptar que algo que está vivo deba morir.
Ya hemos cumplido la hora.
De hecho, la hemos sobrepasado.
Todavía hay mucha gente esperando.
Hacemos lo que quieras.
¿Podrías firmarme a mí?
¡Stella! ¡No te había visto!
¿Por qué no has venido directamente?
Me daba corte colarme.
¡Qué poder de convocatoria!
Mucha gente joven, y no solo mujeres.
Stella, esta es Anh.
Me quedo y firmo a todo el mundo.
Me aseguraré de que nadie más se ponga en la cola.
Cuánto tiempo sin verte.
Ahora vivo en Boston.
He venido a ver a mi hijo y a visitar a Martha en el hospital.
¿Sabías que tiene cáncer? Uno de los malos.
¿Martha Hunt?
Está en el Manhattan Memorial. Pensé que lo sabías.
Hace años que no nos vemos.
¿Martha, enferma? No me lo puedo creer...
Si vas a verla, le darás una alegría.
Claro.
Claro que iré.
Muchas gracias por venir.
Felicidades.
Hasta pronto.
¿A nombre de quién?
Frances.
¿Eres tú?
Es mi novia. La admira mucho.
Yo también.
¿Puede escribirle que "no volverá a ocurrir"?
Claro.
Gracias.
No volverá a ocurrir.
Eso espero.
Vengo a ver a Martha Hunt.
Creo que está en el piso 16.
Deme un segundo.
Habitación.
El ascensor está al final del pasillo.
¿Martha?
¡Ingrid!
¡Qué sorpresa! ¿Cómo te has enterado?
Me encontré con Stella y me lo contó.
Lo siento mucho. Ni siquiera sabía que estabas enferma.
Bueno... Tú con tu trabajo y yo con el mío...
El tiempo ha pasado sin que nos diéramos cuenta.
Sí. Y he estado viviendo en París.
Eso había oído. Te sigo.
Sé que has publicado otro libro y que va muy bien.
Gracias.
¿Cómo estás?
Me imagino que harta de explicar.
Es cáncer de cérvix.
Estadio tres.
Ya no es operable, pero me están tratando.
Parece que todavía no me voy a morir.
Me he convertido en cobaya de un tratamiento experimental.
El resultado es mejor del que esperaban.
¡Qué bien! Se te ve muy animada.
Oscilo entre la euforia y la depresión.
- Lo siento mucho. - Es normal.
Los médicos me lo advirtieron.
Altos y bajos...
Te parecerá absurdo pero,
después de prepararme y aceptar el final,
la supervivencia es casi una decepción.
No digas eso.
Estaba preparada para irme.
De hecho,
cuando recibí el diagnóstico, consideré no seguir ningún tratamiento.
Me alegro de que cambiaras de opinión.
Porque la idea de que,
sin que lo supiera...
Me di cuenta de que no estaba preparada
para abandonar la fiesta tan pronto.
Pero de verdad que me había hecho a la idea.
Lo entiendo, pero no te rindas.
Has vivido muchas guerras.
Vivo con ellas a diario.
¡Cómo me alegro de que hayas venido!
He estado a punto de llamarte mil veces.
¡Y yo! Es absurdo que no nos hayamos visto.
Prometo visitarte hasta que te aburras de mí.
¿De verdad? ¿Lo prometes?
Voy a hacer que cumplas.
Lo sabe tu hija, supongo.
Sí.
Se lo dije cuando pensaba que no iba a someterme a ningún tratamiento.
Y simplemente respondió:
"Es tu elección".
Punto.
Como si fuera algo nimio,
algo que no tuviese nada que ver con ella.
¿Cómo os lleváis?
Como siempre.
Casi no tenemos contacto.
-¿A qué se dedica? - Le va bien.
Es agente de músicos clásicos.
Debe sonar horrible, pero
no la siento como hija mía.
A menudo he fantaseado con la idea de que la cambiaron al nacer.
¡Pero qué dices!
Es idéntica a ti. Tiene tu misma cara.
Nunca le interesé como madre.
¿Por qué?
La tuve siendo todavía una adolescente.
No sabía qué hacer con un bebé.
Y cuando empezamos a trabajar en la revista,
prácticamente vivíamos de noche.
¿Te acuerdas de Nueva York en los 80?
Lo importante ocurría por la noche.
Y luego comencé a trabajar como reportera de guerra,
viajando continuamente
y eso no ayudó.
El trabajo me absorbía por completo.
Nunca fui lo que se espera de una madre.
Pero Michelle empezó a odiarme
mucho antes de que viajara tanto.
Recuerdo sentir su rencor siendo solo una niña.
Lo dejó muy claro.
No soportaba
la idea de no tener padre.
Veía que las otras niñas los tenían
y quería saber sobre el suyo.
Al principio, le dije que no sabía quién era, pero
eso solo empeoró las cosas.
Mentía.
Sabía perfectamente quién era su padre.
Se llamaba Fred.
Salimos durante unos meses, hasta que le movilizaron.
Fue a combatir al final de la guerra del Vietnam.
Cuando volvió, un año después, era
otra persona.
¡Fred! ¡Qué te ha pasado!
Un juguete roto.
No pasa nada, estoy contigo.
Ya ha pasado todo, estás de vuelta.
No...
La guerra sigue en mi cabeza.
No consigo librarme de ella.
Sigo teniendo alucinaciones a diario.
Estaba casi todo el día drogado.
No sé qué voy a hacer con mi vida,
pero no pienso quedarme aquí.
No pasa nada.
Eres libre para hacer lo que quieras.
Decide lo que sea mejor para ti.
Gracias.
¿Puedo besarte?
¿Lo sabe Michelle?
Empezó a preguntarme por él desde que aprendió a hablar.
Pero no es algo que le puedas explicar a una niña.
En la pubertad, ya había creado un abismo de rencor entre nosotras.
Eso definió su adolescencia.
Pero para entonces yo ya no estaba allí.
Estaba en Nueva York, contigo, haciendo mi vida.
Cité a Fred para informarle de la situación.
He hecho un cursillo de primeros auxilios.
Como soy excombatiente,
me han contratado en un hospital, en San Diego.
Son buenas noticias, ¿no?
Yo también tengo una noticia que darte.
Estoy embarazada.
-¿Estás embarazada? - Sí.
Pero yo pensaba mudarme la semana que viene.
¿Qué vamos a hacer?
Haga lo que haga, mis padres me apoyarán.
No estoy sola.
No creo que trabajar en un hospital
fuera lo más indicado para una persona tan dañada.
Es lo más parecido a la guerra.
Lo que necesitaba era terapia y desintoxicación.
Eso hubiera sido lo sensato.
Pero quería ser útil,
tranquilizar su conciencia.
Creía que ayudando a gente entre la vida y la muerte
podría recuperar cierta paz.
Lo único que podía hacer era liberarle de toda responsabilidad.
Se fue antes de que Michelle naciera.
No llegó a conocerla.
Nunca llamó para preguntar por ella.
¿Cuándo se lo dijiste?
Tendría unos 12 años...
Quería saber dónde vivía,
pero yo le había perdido la pista.
Ante su insistencia,
localicé a uno de sus amigos del instituto.
Me dijo que Fred se había casado
y había muerto hacía poco.
Le pedí el teléfono de su mujer
y la llamé.
Quería saber qué había pasado.
Me contó que volvían a su casa,
después de un viaje.
¿Es humo?
Sí.
Algo se está quemando.
Hay una casa en llamas.
Deberíamos llamar a los bomberos.
Para el coche.
Fred...
-¿Qué haces? - Voy a ver.
¡No, es una locura!
¡Puede haber alguien dentro!
¡Para! ¡No vayas!
¡Es peligroso! Por favor, hazme caso...
Vamos a una gasolinera y llamamos a los bomberos.
¿No oyes los gritos?
No oigo nada.
Fred, por favor.
¡No entres!
¿No oyes los gritos?
¡Hay alguien pidiendo ayuda!
¡Por favor, ayuda!
¡Mi marido está dentro!
¡Mi marido está dentro!
Oyó voces pidiendo auxilio.
Entró en la casa por si había alguien atrapado.
Métase en su coche, no se acerque.
-¿Hay alguien más? -¡No lo sé!
¡Hay alguien dentro!
Por favor, vuelva a su coche.
¡Esa ventana de arriba!
Lo siento, no pudimos hacer nada por él.
Nunca llegó al segundo piso,
debió desmayarse por el humo.
¿Y las otras personas?
No había nadie más.
Es una casa abandonada, solo estaba su marido.
Pero él
oyó gritos pidiendo auxilio.
Imposible.
No había nadie más.
Es verdad...
Yo tampoco los oí.
Intenté impedírselo,
pero no pude.
Fue muy valiente.
¿Se lo contaste a Michelle?
Tuve que darle todos los detalles.
Incluso el teléfono de la esposa de su padre.
Vuelve de nuevo a la cama.
- Estás cansada. - Tengo que contarte esto.
Podemos hablar luego.
Un día,
recibí una llamada de la viuda de Fred.
Quería mi dirección
para enviarme algo.
Poco después recibí una nota
con una carta que Michelle le había escrito a la mujer.
Se presentaba
y le decía que era ella,
la hija de Fred,
la que estaba en la casa en llamas.
"Era a mí a quien trató de salvar.
Fue por mí por quien murió".
Fue lo que le escribió Michelle.
¡Qué locura!
Sí.
Soy Martha, la pesada.
No eres pesada. ¿Cómo te encuentras?
Bien, estoy en casa.
Me han dado unos días libres entre un tratamiento y otro.
Me encantaría que vinieras.
Me coges en plena mudanza.
Entonces estás muy ocupada.
Ya sabes cómo son las mudanzas.
Pero puedo pasarme si te sientes sola y salimos a pasear por el parque.
Todavía no estoy como para pasear.
Déjame que termine lo que estoy haciendo
y me acerco a verte.
Gracias, pero no te sientas obligada.
- Son para ti. - Eres un encanto.
Te he traído un par de libros.
Gracias.
-¿Quieres tomar algo? - Me encantaría tomar un té.
- Una infusión, si es posible. - Claro.
Las pondré en un jarrón.
Todo esto es para ti.
Lo tienes que acabar.
¡Haré lo que pueda!
Me encanta la fruta.
¿Estás trabajando en algo nuevo?
Pues sí.
Estoy documentándome sobre la pintora Dora Carrington
y su loca pasión por el escritor Lytton Strachey.
Aquí está.
Strachey era gay
y ella se casó con el heterosexual que le gustaba a Strachey.
Será la historia del trío.
No es muy original,
pero quiero ver a dónde me lleva.
Tuvo la desgracia de que existiera otra pintora más famosa...
-¡Leonora Carrington! - La surrealista Leonora Carrington,
cuyo nombre se parece demasiado.
A Dora se la conoce más
por su extraña historia de amor con Strachey.
Le dedicó 17 años de su vida.
Será una biografía novelada,
me inventaré lo que haga falta.
Yo nunca he podido inventarme nada.
Me imagino.
¡Eres una reportera de guerra!
No me quedaba otra.
No podía mostrar mis emociones.
Tenía que bloquearlas para poder hacer mi trabajo
y seguir ahí, en medio del infierno.
Tal vez debería escribir sobre ti y no sobre Carrington.
No creo que te gustara escribir sobre enfermedades y tratamientos.
Te equivocas.
Soy solo una periodista, adicta a las guerras y a la adrenalina.
¿Te parece poco?
Pero no todo eran tragedias.
La vida seguía.
Solo una vez añadí algo de ficción.
¿En serio?
La verdad es que no lo publiqué.
Fue en la guerra de Irak.
El último día antes de abandonar Bagdad.
¿Estás seguro de que es por aquí?
Sí, gira a la izquierda.
No nos entretengamos.
Para aquí.
¿Pero qué haces en Bagdad?
- Qué buen aspecto tienes. - Gracias.
Este es Paco. Carmelita, como yo.
Te presento a Martha. Es periodista del New York Times.
Son los carmelitas de los que te hablé.
Encantada de conocerles.
¿Piensan quedarse en Bagdad?
Sí, aquí estamos.
Pero están solos.
Todas las ONGs y la Cruz Roja ya se han ido.
Lo sé.
La situación está fuera de control.
- Es muy peligroso. - También usted está aquí.
Pero solo de paso.
Vamos directos al aeropuerto.
No podemos fallarles ahora, es cuando el pueblo más nos necesita.
Sí, pero es muy peligroso.
- Aunque supongo que ya lo sabe. - No podemos fallarles ahora.
¿Podemos haceros una foto? Que se vea cómo ha quedado la misión.
A mí y a la misión, sí.
Pero él no quiere que su familia le vea en España.
- Se preocuparían. - Por supuesto.
Con que salga usted, suficiente.
Un poco más cerca.
Así, para que se vean los impactos.
La tengo.
¿Cuánto tiempo hace que no nos veíamos?
- Cinco años. -¡Cinco años!
¿Te acuerdas de Liberia?
¿Cómo podría olvidarlo?
Tengo algunas fotos tuyas que no publicamos.
Si me das una dirección, puedo mandártelas.
Tal vez a la embajada.
Quédatelas.
Así te hago compañía.
Me ha encantado verte.
Cuídate.
Ten cuidado.
¿Cómo conociste al carmelita?
De Sierra Leona.
Allí nos hicimos amantes.
-¿En serio? - Sí.
Nos hemos encontrado más veces,
siempre en lugares en guerra.
¿Y follábais?
Claro.
Bernardo nunca renunció al placer físico.
Siempre estuvo en los lugares más conflictivos.
Creo que el sexo fue su mejor escudo.
Seguro que el carmelita es su pareja.
¿Tú crees?
Seguro.
Solo así puedes quedarte en Bagdad sin miedo a la guerra.
Qué historia tan maravillosa.
No se te ocurra escribirla.
No, no.
¿Y qué me dices del pecado?
¿No se siente culpable? Al fin y al cabo, son católicos.
Nunca me habló de ello.
Con las barbaridades que ves en la guerra,
el sentimiento de culpa por haber follado arraiga poco.
Simplemente te acostumbras a ello.
Lo sé.
Escribí la historia, su historia de amor,
tal y como yo la imaginaba,
pero se quedó en mi ordenador.
¿Así que vas a escribir sobre el loco amor de Dora Carrington?
Y su conexión con Virginia Woolf, a la cual también pretendió Strachey.
¡Qué grupo aquel! Admiro su libertad.
Strachey murió de cáncer de estómago 18 años después de conocer a Dora.
Y ella apenas le sobrevivió dos meses antes de pegarse un tiro en el estómago.
Tenía solo 38 años.
Me sorprende esa simetría.
Su cáncer de estómago y el disparo en el estómago de ella.
A mí también me impresionó.
Me pregunto qué pensaría Virginia Woolf de la muerte de Carrington.
Tal vez vio
una especie de aviso,
un espejo que la reflejaba.
¿Como si estuvieran condenadas?
¿Crees que yo también estoy condenada?
¡Por supuesto que no!
Tú estás llena de vida.
La próxima semana empiezo un nuevo
tratamiento experimental con inmunoterapia.
Ya lo han probado y parece que funciona.
¡Qué buena noticia!
- Avísame cuando pueda ir a verte. - Claro.
A propósito de simetrías...
¿Te acuerdas de Damian Cunningham?
¡Cómo no! Lo heredé de ti.
El amante compartido.
Llevé fatal que te liaras con él después de estar conmigo.
Realmente, no lo compartimos.
Lo habíais dejado y tú estabas en el extranjero.
No volvería con él, y ni siquiera le fui fiel.
Pero era un amante apasionado y entusiasta.
Espero que contigo también lo fuera.
Nunca tuve queja de él.
Hola.
¿Qué pasa?
No ha funcionado.
Tengo metástasis en el hígado y en los huesos.
Tenía que haber seguido mi primer impulso
y no someterme a esta tortura.
La diarrea, los vómitos, el cansancio,
para al final...
No debería haber sucumbido a falsas esperanzas.
¿Qué opina el médico?
Que podré vivir unos meses,
quizá un año.
Quiere que continúe con el tratamiento,
aunque no haya funcionado.
Tal vez lo haga ahora.
No quiero hundirme en la autocompasión.
No soy una estoica, lo siento.
No quiero tener que sufrir dolores terribles.
Cuando estás agonizando, no eres dueña de ti misma.
No puedes pensar correctamente.
Solo puedes pensar en el puto cáncer.
Siempre me he preocupado por mi salud
y ahora me arrepiento.
El médico dice que tengo un corazón fuerte.
¿Qué quiere decir?
¿Que mi cuerpo va a seguir luchando
mientras yo sufro hasta el último suspiro?
No lo sé...
No sé cómo ayudarte.
Lo siento.
Creo que merezco una buena muerte.
Al menos una sin convulsiones durante la agonía.
Marcharme con un poco de dignidad,
limpia y seca.
Pero sé que estoy pidiendo demasiado...
¿Por qué se ha levantado?
No aguanto más esta mierda.
-¿Puede ayudarle? - Claro, pero que vuelva a la cama.
Déjame que te ayude.
Venga.
Acabaré convertida en una yonki.
Ya lo soy, supongo.
No pasa nada.
Esto te aliviará.
¿Todavía estás aquí?
Sí.
¿Quieres que te traigan la cena?
¿Tienes hambre?
No.
Ingrid...
¿Crees que debería despedirme de mis mejores amigos?
Creo que deberías hacer lo que te apetezca.
Solo quiero estar tranquila.
¿Cómo quieres pasar el tiempo?
¿Y dónde?
¿Hay algún sitio donde te gustaría ir?
¡Mira!
Copos de nieve color rosa.
Algo bueno debía tener el cambio climático.
Bueno,
ya he vivido para verlo.
¿Recuerdas el final de Dublineses de Joyce?
Vagamente.
"Cae la nieve.
Cae en el cementerio solitario.
Cae débilmente en el universo.
Y cae suavemente,
cual final inevitable,
sobre todos los vivos
y los muertos".
Se ha hecho tarde.
Debería irme.
Gracias.
Hasta mañana.
Todavía queda media hora.
¿Vamos a sentarnos tranquilamente en la sala?
No, quiero contarte algo.
No pienso marcharme sufriendo una agonía humillante.
He conseguido un fármaco para la eutanasia.
No me preguntes cómo,
en la Dark Web puedes conseguir cualquier cosa.
También dispongo de opiáceos para los momentos de dolor.
No me mires con esa cara. No quiero que me convenzas de lo contrario.
No sé qué decirte.
Espero que digas que sí.
¿A qué?
A ayudarme.
¿Ayudarte a qué?
Ya me he enfrentado a la muerte, pero siempre estaba acompañada.
Los reporteros formábamos una especie de familia ambulante.
Esta es otra guerra
y no le tengo miedo.
Pero como las otras veces,
no quiero estar sola.
Solo te pido que estés en la habitación de al lado.
Creo que deberíamos entrar ya.
Sí, claro.
Prefiero que sigamos hablando, si no te importa.
¿Sabes cuándo quieres hacerlo?
No exactamente.
¿Antes de un mes?
Antes de degradarme y que no me reconozcas.
En estas primeras semanas todavía estaré razonablemente bien,
pero quiero hacerlo pronto.
Los médicos piensan que voy a volver para completar el tratamiento.
Mejor que no sospechen nada.
¿Dónde quieres hacerlo?
No quiero hacerlo en casa,
ni volver a un sitio donde fui feliz.
Es un error regresar a los lugares donde fuimos realmente felices.
Arruinas los buenos recuerdos de la primera vez.
Lo entiendo.
Creo que será más fácil dejarme ir
si no estoy rodeada de cosas familiares e íntimas.
Sería un freno.
Prefiero un sitio desconocido,
cómodo y seguro,
no demasiado lejos.
¿Necesitas mi ayuda para encontrarlo o para instalarte?
No.
Eso lo puedo hacer sola.
Necesito alguien que esté allí conmigo,
en la habitación de al lado.
¿No preferirías a alguien más cercano que yo?
Yo te siento muy cercana.
Sí, y lo estoy, ¡por Dios!
Es solo que... llevamos años sin vernos.
¿No preferirías a Stella?
¿O Maggie? ¿Vanessa?
Sois amigas desde que erais niñas.
Reconozco que ellas fueron mi primera opción.
Las llamé a las tres.
Todas me dijeron horrorizadas que no.
Lo entendían,
pero no me ayudarían a quitarme la vida.
Rotundamente no.
-¿Y tu hija? - No sería justo para ella.
He sido una madre ausente.
No puedo imponerle mi agonía.
Pero podrías consultárselo,
hacerla partícipe.
Somos dos extrañas.
Me lo dejó claro con mis dudas sobre el tratamiento.
"Es tu elección", me dijo.
Y tiene razón.
Ya.
Pase lo que pase,
la gente quiere que sigas luchando.
Así es como nos han enseñado a ver el cáncer,
como una lucha entre el paciente y la enfermedad,
que es como decir entre el bien y el mal.
Si sobrevives, eres un héroe.
Si pierdes,
quizás no luchaste lo suficiente.
La gente no quiere que digas "terminal" o "incurable",
les parece un discurso derrotista.
Algunas de las peores cosas
vienen de la comunidad de apoyo a los enfermos de cáncer.
Piensan en el cáncer como en un don,
una oportunidad para crecer espiritualmente.
¡Y una mierda!
La gente debería entender que esta es mi manera de luchar.
El cáncer no me pillará si yo llego antes.
¿Qué sentido tiene esperar
si ya estoy lista para irme?
¿De verdad estás preparada?
Totalmente.
Desde que me lo diagnosticaron.
¡Sabes que me aterra la muerte!
Lo sé.
He leído tu libro.
Por eso dudé en pedírtelo.
- Pero me entiendes... - Claro que sí.
Y te envidio, eres dueña de tu vida.
Solo necesito que me acompañes los días previos,
como si estuviéramos de vacaciones.
Saber que cuando ocurra
habrá alguien en la habitación de al lado.
- La mera idea me aterra... - Lo entiendo.
Tienes todo el derecho a hacerlo, y te admiro por ello.
Pero no soy la persona indicada, no soy tan fuerte.
Eres mucho más fuerte de lo que crees.
En fin...
Tenía que intentarlo.
No puedo responderte ahora, pero prometo pensármelo.
Ahora estoy demasiado confusa y aterrada.
Lo entiendo.
Entiendo que así, de golpe,
te desconcierte.
Ya se me ocurrirá alguien.
¿Ha sido demasiado para ti?
¿Martha?
Lo voy a hacer.
Entra.
La dueña es una diseñadora de joyas.
Una amiga, así que no pago mucho alquiler.
Parece que lo ha amueblado con cosas de la basura.
No todo.
Y hay que tener talento para escoger muebles de la basura.
Todavía no has terminado con la mudanza.
¿Quieres que te ayude?
No.
Lo haré después.
¿Y aun así te vas con Martha?
Está completamente sola, Damian.
Ninguno de sus amigos la apoya.
Ni siquiera fui su primera opción.
Y su hija es como si no existiera.
Mientras estuve con ella nunca mencionó ninguna hija.
Es una historia muy triste,
un malentendido horrible.
¿Le has dicho que seguimos en contacto?
No.
Hemos hablado de ti de un modo general.
Guarda un buen recuerdo tuyo.
Ah, ¿sí?
Nuestra relación fue básicamente física.
Siempre estaba a punto de irse a algún sitio,
por eso el sexo con ella tenía siempre esa urgencia.
Como con un terrorista, siempre podía ser la última vez.
Te tiene en alta estima como amante.
Me gustaría saber qué nota me das tú.
No me puedo creer que todavía flirtees conmigo.
- Te lo digo en serio. - Pues no lo es.
Seria es la situación de Martha.
¿Y tu miedo a la muerte?
Acabas de publicar un libro sobre eso.
¿Lo has superado con el libro?
No.
¿Cómo estás?
Mejor.
Mucho mejor desde que aceptaste.
¿Dónde estás? ¿En casa?
Sí,
regando las plantas.
Creía que alguien se ocupaba de eso por ti.
Sí,
pero hoy me apetecía hacerlo, y me está gustando.
¿Has decidido dónde vamos?
Por eso te llamo.
Cerca de Woodstock, a unas dos horas de la ciudad.
Es una casa fantástica.
Un poco cara, pero la ocasión lo merece.
¿Cuánto tiempo crees...?
La he alquilado por un mes.
Con eso tengo tiempo de sobra.
¡Un mes!
Necesito recuperar mis niveles en sangre
para empezar el tratamiento.
Solo tú sabes que no voy a volver al hospital.
No es que haya decidido ya la fecha.
De todas maneras, tú nunca la sabrás.
Pero estoy preparada para irme.
Incluso te diría que estoy impaciente.
Dentro de dos semanas doy una conferencia cerca de Woodstook.
Podemos vernos.
No es una buena idea, estaremos siempre juntas.
Te llamaré si puedo.
Vas a necesitar un abogado.
Sí, tendría que buscar uno.
Puedo ocuparme, pero tendré que informarle.
No, entonces no.
Esto es un absoluto secreto.
Martha ni siquiera sabe que te lo he contado.
Pero hazme saber si necesitas algo.
Me preocupo por ti.
Gracias.
Según el mapa, se entra por estas escaleras.
Mira esto.
¡Es precioso!
¡Es mucho más bonita que en las fotos!
¿Será un auténtico Hopper?
No creo que lo hubieran dejado aquí.
Es una copia muy buena, parece real.
¿Los oyes?
Qué maravilla.
Podemos tomar el sol, como en el cuadro de Hopper.
O el fresco al atardecer.
¿Estás bien?
Soy muy feliz.
¿Te importa si me quedo esta?
Claro que no, es tu casa.
Esta es un poco pequeña. Voy a mirar abajo.
Vale.
¡Me quedo con esta!
¡Muy bien!
¿No te importa que no esté en la habitación de al lado?
Puedo oírte respirar.
¡Y gritar!
Aquí están.
Vamos a deshacer tu maleta.
Gracias.
Lo haré yo luego.
No eres mi cuidadora, eres mi invitada.
Entonces iré a deshacer mi maleta.
¿Qué pasa?
¡No te lo vas a creer!
¡Se me ha olvidado!
¿El qué?
¡La pastilla de la eutanasia! He traído las otras...
¡Tenemos que volver!
Será lo primero que hagamos mañana.
¡Mañana no! ¡Ahora!
He de asegurarme que no la he perdido
o guardado en otro sitio, que no me la he inventado.
Sería complicadísimo comprar otra pastilla.
Tengo un amigo
que conoce a un matemático
que la encontró en la Dark Web.
Todo es muy sórdido,
además de ilegal.
Da miedo pensar que eso existe
bajo la normalidad de una pantalla.
Me siento como una delincuente.
Nunca pensé que volvería.
Ese skyline maravilloso...
La vida siempre te sorprende.
Manos a la obra.
Voy a empezar por la cocina.
No te preocupes, la vamos a encontrar.
Piensa en los lugares donde sueles esconder cosas.
Esto es lo primero que escondo en toda mi vida.
-¿En serio? - Solo recuerdo meterla en un sobre.
Voy a empezar en tu oficina. ¿De acuerdo?
¿Dónde pude ponerlo?
¿Pero cómo vamos a encontrarla?
ADIÓS
He encontrado un sobre.
¡Ese es!
¿Dónde estaba?
En tu escritorio. Había una llave en un cajón y lo abrí.
¿Cómo se me pudo olvidar?
¿Hasta dejé la llave puesta?
Ibas a cogerlo y, al final, se te olvidó.
No es tan raro.
Gracias.
Qué extraña sensación.
Es como estar de vuelta después de muerta.
Por favor, no digas eso.
Es pronto para que hables de ti como un fantasma.
- Voy a ordenar todo un poco. - Gracias.
Perdona este lío.
Lo siento mucho, de verdad.
No pasa nada.
Qué buen lugar al que regresar.
¡Qué lata de nevera!
¿Necesitas ayuda?
Ya está.
Quizá...
olvidar la pastilla ha sido una señal.
Quizá no estás tan preparada como crees.
Te dije que nunca me dijeras eso.
No recuerdo que me lo dijeras.
Creo haberte dicho tantas cosas...
Es el problema del quimiocerebro.
Me falla la memoria y me despisto con nada.
Continua incluso después del tratamiento y puede durar años.
Al menos eso me lo ahorraré.
Cuando escribo algo...
Cuando escribía,
tengo que corregirlo mil veces.
Ya no puedo confiar en mi criterio acerca de nada.
¿Entonces cómo puedes fiarte de esta decisión?
¿Cómo sabes que no es fruto de tu quimiocerebro?
He dejado la pastilla en el primer cajón de la mesilla de noche.
Si me olvido, que no lo creo,
tú me lo recordarás.
Y prefiero no hablar más de esto.
A mí también me concierne, ¿no crees?
Por supuesto.
Dejaré una carta firmada para la policía contándoles todo.
Incluido el nombre de la pastilla y cómo la conseguí.
Tu nombre no aparecerá en ninguna parte.
Solo tienes que decir que no sabías nada.
No te muevas de ahí.
No quiero darte más información. Cuanto menos sepas, mejor.
Esto es importante.
Dormiré con la puerta abierta.
El día que la encuentres cerrada
significa que ya ha ocurrido.
Esa será la señal: puerta cerrada.
Ya sé que es difícil,
pero piensa que estamos de vacaciones.
Puedes escribir, podemos entrar y salir...
No creo que pueda concentrarme.
Y si escribiera, puede que aparecieras y no quiero.
Podría complicarte la vida si la policía investigase.
No pensaba hacerlo.
Espera a que esté muerta.
¡Por Dios!
¿Puedes dejar de decir "cuando esté muerta"?
Por favor.
Lo prometo.
Me gustaría encontrar un gimnasio al que ir un par de días por semana.
Soy la única que come.
No quiero engordar diez kilos mientras tú te consumes.
¡Dame un respiro! Ahora te alcanzo.
¿Ves? Ya estoy comiendo.
He tenido la muerte prácticamente en mis manos.
Nunca hubiera imaginado que pudiera ser algo tan ligero.
Buenos días.
¡Buenos días!
Estoy haciendo el desayuno.
¿Quieres tostadas?
No, solo un café.
Puedes servirte, ya está hecho.
Hay zumos, fruta... Lo que te apetezca.
Mi comportamiento de ayer fue inaceptable.
Entiendo que te sacara de tus casillas.
En mi estado actual, no puedo comprometerme a nada.
Así que, por si acaso...
He dejado tranquilizantes en este cajón.
Si algún día estoy insoportable,
te tomas uno y te relajas.
Con lo bien que me hubiera venido ayer...
Eres de lo que no hay, Martha.
He hecho una lista de la compra.
Necesitamos provisiones.
¿Quieres algo?
Creo que no.
¿Te apetece venir?
Otro día.
Se está tan bien aquí...
Prefiero quedarme, si no te importa.
Claro que no.
También he encontrado un gimnasio.
Qué bien.
Muy buena idea.
Llevo el móvil, por si me necesitas.
Me gustaría usar el gimnasio.
¿Está matriculada?
No, solo estoy de paso.
No hace falta matricularse si utiliza un entrenador personal.
Con uno de vuestros entrenadores entonces.
Con Jonah, le va a gustar.
¿Empezamos el calentamiento con "steps"?
¿Puedes hacer esto durante 30 segundos?
Claro.
Adelante, inténtalo.
Empezamos.
Céntrate en las piernas.
Si puedes, mueve los brazos a la vez.
Acabamos.
Veo que está muy fuerte, señorita.
Lo que estoy es ahogada.
Hay otras variaciones.
Puedes hacerlo así, adelante y atrás,
saltando a izquierda y derecha...
Lo volvemos a intentar.
Céntrate en tu core.
Respira.
Inhala y exhala.
Otra vez.
¿Estás bien?
Cuando estás en buena forma, la agonía se hace más larga.
Cuando la muerte se acerca,
la mente quiere irse pero el cuerpo continua luchando.
El corazón dice "no" en cada latido.
Razón de más para cuidarse.
- Vivo con una amiga que se está muriendo. - Lo siento.
Ven, sentémonos.
¿Puedo hacer algo?
Me gustaría darte un abrazo,
pero no podemos tocar a los clientes.
Por las denuncias y todo eso.
Es un problema.
No puedes corregir posturas solo con palabras,
tocar es importante.
Vivimos en un mundo absurdo y deshumanizado,
y no parece que vaya a mejorar en el futuro.
Gracias, me siento abrazada.
Siempre he querido leer este libro.
¿No es un título maravilloso? ¿Vagancia erótica?
¿Quieres comprarlo?
No me daría tiempo a acabarlo.
Me gusta cómo lo tienen colocado.
Mira, Martha Gellhorn.
El rostro de la guerra.
Escribió que hay una única guerra que amas,
después te limitas a cumplir con tu trabajo.
¿Cuál fue la tuya?
Bosnia, sin duda.
Su lucha para sobrevivir contra un ejército perfectamente equipado
robó el corazón de los que presenciamos ese exterminio.
Somos pocas las reporteras.
La guerra es cosa de hombres.
Allí tienes que ser un tío más.
Nunca fue un problema para mí, siempre he vivido como un hombre.
De hecho, creo
que lo que Michelle echó de menos fue una figura materna en su vida.
Y en eso tengo que darle la razón.
No seas tan dura contigo misma.
¡Mira quién viene a la ciudad!
¡La alegría de la huerta!
¿Cuánto puede empeorar? Manejarse en la vida urbana con integridad.
¿Te apetece ir?
Ya la conozco y no es una velada que me gustaría repetir.
Cada uno tiene su propio apocalipsis.
¿Tan mal lo estás pasando conmigo?
No, lo digo por él, por el tema de la conferencia.
Crisis globales, cambio climático...
Me gusta tu pelo.
Pues qué bien.
Cuando me invaden las pesadillas,
pienso en los hombres que he amado.
Parece una canción.
Una buena.
Aunque solo fuera una noche.
A veces pienso en Damian.
Sigo creyendo que el sexo es el mejor modo de luchar
contra la idea de la muerte.
Como esos carmelitas españoles.
Las guerras me convirtieron en una mujer promiscua.
¡Bien por ti!
¿Sigues en contacto con él?
-¿Con quién? - Damian.
De vez en cuando.
¿Cuánto puede empeorar?
Mucho más de lo que imaginas, querido Damian.
¿Estás bien?
Intentaba escribir.
No puedo.
De esta guerra no soy capaz de escribir.
¿Y leer?
Te encantaba leer.
Lo he intentado.
He intentado leer a mis autores favoritos,
pero su encanto ha desaparecido.
Te hablo de Faulkner,
Hemingway...
No puedo concentrarme.
Mi mente vuela en el vacío.
Si estás demasiado cansada,
puedo leerte yo.
No son solo los libros,
todas las fuentes de placer se han reducido.
Es difícil saber a qué debo seguir prestando atención.
Dispongo de muy poco tiempo
y no quiero desperdiciarlo.
¿Y la música?
Solo puedo escuchar los trinos de los pájaros.
Por suerte, nos dan una serenata diaria.
La música me perturba.
Se interpone en lo que estoy haciendo,
aunque solo esté pensando.
Puede que el cáncer me esté afectando al oído.
Ay, tesoro...
He quedado reducida a muy poco de mí misma.
Solo ansío descansar y estar tranquila,
y hablar cuando me invaden los recuerdos.
¿Hablo demasiado?
Habla todo lo que quieras. Me encanta escucharte.
¿Qué pasa?
Tu puerta estaba cerrada, pensé que ya...
Lo siento.
Abrí la ventana y el aire debió de cerrar la puerta.
¡Dios mío!
¿Te parece justo enfadarte conmigo porque sigo viva?
Tómatelo como un ensayo.
Ahora ya sabes cómo va a ser,
cómo te sentirás.
Tendrás que hacer llamadas
y fingir todo lo que hemos hablado.
No sabías nada,
estábamos de vacaciones...
¡Para, por favor!
¿Nos acostamos
o la señorita quiere seguir viendo películas?
¿Me dijiste que tenían Dublineses?
¿O lo he soñado?
Sí.
¿Quieres verla?
Por favor.
Aquí esta.
Los periódicos están en lo cierto.
Hay nieve por toda Irlanda.
En toda la oscura llanura central,
sobre las colinas sin árboles,
en el pantano de Allen
y, más hacia el oeste,
en las rebeldes y oscuras olas del Shannon.
Uno a uno, todos nos convertimos en sombras.
Cae la nieve.
Cae en el cementerio solitario donde Michael Furey está enterrado.
Cae débilmente en el universo.
Y cae suavemente,
cual final inevitable,
sobre todos los vivos y los muertos.
¿Los escuchas?
Ya es de día.
Y estás viva.
Esto es demasiado.
Es más duro de lo que pensaba.
Necesito sentarme un poco.
Vamos a sentarnos aquí.
Déjame que te ayude.
Así...
Eso es.
Mucho mejor.
Antes de venir, cambié mi testamento.
No hablemos de eso, por favor.
La casa y todo lo que hay en ella será para Michelle y para ti.
Encontré tus diarios de guerra en tu despacho.
¿Qué quieres que hagamos con ellos?
¿Puedo leerlos?
Por supuesto.
¿Puedo contar tu historia?
Haz lo que quieras. Yo ya no estaré aquí.
Si es que puedo decirlo.
¡No!
Mejor no hablamos de eso ahora.
Te veo en un rato.
Adiós.
Querida Ingrid:
Hoy ha hecho un día tan precioso
que me pareció...
-¿Todo bien? - Sí.
Esta brisa es deliciosa.
Ten cuidado, hace un poco de frío.
Si no me necesitas, me voy al gimnasio.
Pero puedo quedarme si lo prefieres.
Sal, no quiero deprimirte.
No me deprimes en absoluto.
Te has estado portando muy bien.
¿Le has hablado de mí a tu entrenador?
Bueno...
Solo de pasada.
Lo de estar en forma,
el corazón lucha por sobrevivir...
Lo que me dijiste en el hospital.
Me miró como si estuviera loca,
por eso le dije que tenía una amiga enferma.
Nada más.
Recuerda que no sabes nada de nada.
Ven aquí, dame un beso.
-¿Estás bien? - Sí.
Le he mentido y no me gusta.
- Pues vas a tener que practicar. -¿A mentir?
Oficialmente, no conoces las intenciones de Martha.
He encontrado un abogado, por si lo necesitas.
Gracias. Lo hablamos después.
Cuéntame qué tal la conferencia.
No les gustó que no aceptara preguntas.
Al final,
entre murmullos, alguien me llamó cobarde.
Pero no me molesta.
He perdido mucho tiempo preocupado por mi reputación
y no me ha servido de nada.
¿Y qué haces con ese tiempo que has ganado?
¿Más cosas que te gustan?
Confieso que mi interés en general ha disminuido con los años.
Martha me decía lo mismo hace un par de días,
que le quedaban pocas cosas de las que disfrutar.
La entiendo.
Pero tú no estás enfermo.
Pero me pasa algo parecido, especialmente después de la pandemia.
No voy al cine, ni escucho música.
Leo mucho, pero solo temas relacionados con mis conferencias.
¿Y no vas a galerías? Te encantaba.
Cuando estábamos juntos, íbamos siempre, hablábamos del poder del arte.
¿Te sigue gustando eso?
Aunque todos los poetas del mundo escribiesen un poema
sobre el cambio climático, no salvarían ni un solo árbol.
Al menos siguen interesándote los árboles.
También me interesa el sexo.
Entonces no estás tan mal.
Sí que lo estoy.
Cuando era joven, si pasaba un día sin sexo,
me parecía un día incompleto.
Lo recuerdo.
No soy un nostálgico,
pero echo de menos las noches cuando bebíamos,
nos drogábamos y follábamos
y nada de eso nos distraía de lo que realmente queríamos hacer.
Tú bebías y te drogabas.
Más que yo, en cualquier caso.
No sé cuánto bebías,
pero parecías tan borracha como el resto.
Siempre fuiste parte esencial de la fiesta.
Hasta que te aburriste y te fuiste a descubrir Europa.
¿Quieres que hablemos de ello?
Háblame de tu conferencia.
Me he convertido en un monomaníaco.
Mi propio hijo no me habla porque le dije que me horrorizaba
que su mujer estuviera esperando otro hijo.
No me quiere cerca, teme que le provoque un aborto.
¡Cómo se te ocurre decirle eso!
¡Ya es el tercero!
¿Y qué deberíamos hacer?
¿Suicidarnos?
La gente debería tomar conciencia del estado del planeta en el que vive.
Tal vez no sea el tema adecuado para ti.
Estás viviendo con una moribunda,
en un mundo que también agoniza.
¿De verdad piensas que la situación es tan desesperada?
Escucha a los científicos
y mira lo que estamos haciendo al respecto.
Expulsar más CO2 que nunca.
Antes o después,
y me temo que va a ser antes, esto se va al garete.
No hay nada que pueda acelerar más el final del planeta
que la supervivencia del neoliberalismo
y el auge de la extrema derecha.
Y aquí los tenemos a ambos, caminando codo con codo.
Lo siento, no quería darte el día,
pero es que este tema me exaspera.
No puedes ir diciendo que no hay esperanza.
Es trágico
y supongo que resulto muy desagradable,
pero he perdido la fe en que la gente actúe correctamente.
Cualquier día de estos me encontraré a Martha muerta,
pero eso no me impide disfrutar cada minuto del día,
al contrario.
Lo estoy aprendiendo de ella.
Deberías hacer lo mismo,
porque hay muchos modos de vivir dentro de la tragedia.
Por supuesto que sufro,
pero puedo aceptarlo.
Trato de vivir con su misma alegría
y agradecimiento.
Lo último que necesito es un discurso como el tuyo.
Hay algo que siempre he admirado en ti.
¿Qué?
Eres de las pocas personas que saben sufrir
sin hacer sentir culpables a los demás.
¿Crees que durará mucho?
No, será cualquier día de estos.
Tienes que estar preparada.
Conozco a la policía.
Te harán todo tipo de preguntas,
escarbarán en vuestra relación como carroñeros.
Necesitas un guion mental.
Ya lo he pensado y lo tengo.
Muy bien.
Mantente firme y di siempre lo mismo.
Y cuando ocurra,
deberías llamar a la policía antes que a mí.
Tengo que llamar a su hija. Debería llamarla a ella antes que a ti.
Bueno, pero ten cuidado con lo que le dices.
Le he contado la situación al abogado.
¿Por qué tenemos que pasar por esto, como si fuéramos criminales?
Los pacientes terminales deberían tener derecho
a acabar con sus vidas dignamente.
Lo tendrán,
en el momento en que colapse nuestro tambaleante sistema sanitario.
¿Martha?
Querida Ingrid:
Hoy ha hecho un día tan precioso
que me pareció que era el momento de irme.
Me consolaba que no estuvieras en la habitación de abajo,
aunque esa era la idea.
Pero ya sabes que siempre improviso
y casi me alegro de que, mientras yo me desvanezco en la tumbona,
tú estés fuera,
viviendo algo distinto a mi muerte.
Nadie podrá acusarte de complicidad.
Me has acompañado
todo lo que un ser humano puede acompañar a otro.
Llama a mi hija y dile que lo siento.
Y gracias, tesoro.
Martha...
Haré lo que quieras.
Cenamos. Después vimos una película de Buster Keaton.
Ya se lo he dicho.
¿No notó nada raro?
¿Algo que le hiciera sospechar?
Intente recordar.
Lo recuerdo perfectamente.
Fue una noche divertida.
¿Ningún gesto? ¿Alguna frase?
Nos deseamos buenas noches.
Fui al piso de arriba y me quedé leyendo hasta tarde
un libro que Martha me recomendó.
Vagancia erótica, sobre Elizabeth Taylor y Richard Burton.
- No sé si lo conoce... - No.
A Martha y a mí nos parecía muy divertido.
Intente responderme solo a lo que le pregunto.
¿Qué hicieron el día siguiente?
Fui a comer con un amigo.
Cuando volví, la llamé.
Como no contestaba, fui a su habitación.
No estaba allí, así que salí al jardín.
Fue entonces cuando la vi.
Creí que se había dormido en la tumbona.
Me puse muy nerviosa y llamé a una ambulancia.
Llegaron enseguida.
Cuando la vieron, ya no había nada que hacer.
Utilizó una píldora que no se compra por casualidad,
salvo que uno planee suicidarse o matar a alguien.
-¿Usted no sabía nada de esto? -¿De qué?
De que tuviera esta pastilla ilegal.
No.
Tomaba opioides para el dolor.
Parches y píldoras.
Pero nunca me dio los detalles de su tratamiento.
Es raro que, siendo tan amigas, no le comentara nada.
No es una pastilla que compres en una farmacia.
Son difíciles de conseguir.
Creo que cuando alquiló la casa,
ya había decidido lo que iba a hacer.
Puede ser,
pero no me dijo nada.
Estaba agotada después del último tratamiento.
Quería descansar antes de la siguiente ronda de quimio.
No era de las que tiran la toalla.
¿No se quejó?
¿No dijo nada que le hiciera intuir el final?
Era una gran responsabilidad para usted.
A veces se quejaba.
¿De qué se quejaba? ¿Qué decía?
Había perdido capacidad de atención.
No podía leer ni escribir,
por ejemplo.
Su vida se había reducido a sobrevivir.
Me resulta muy difícil creer
que no dijera nada que le hiciera sospechar.
Era evidente que estaba muy enferma,
pero quería unas vacaciones antes de volver al hospital.
Ya se lo he dicho.
Hemos hablado con personas cercanas a Martha.
En general, todas coinciden con su testimonio.
Pero Stella Byrne nos ha dicho que,
al terminar la quimioterapia,
Martha le propuso que la acompañara a una casa en el campo
donde pensaba suicidarse.
Cito textualmente:
"Que estuviera en la habitación de al lado".
Ella se negó.
Yo no estaba en la habitación de al lado,
estaba en la del piso de abajo.
Cuando informé a la señora Byrne del suicidio,
no le sorprendió.
Hay otra palabra para lo que hizo: eutanasia.
Llámelo como quiera.
Su amiga cometió un delito.
Como policía, ser humano
y hombre de fe,
me opongo radicalmente a que nadie cometa un delito,
o ayude a cometerlo.
Damian, ¿puedes venir a la comisaría?
Esto no tiene fin.
¿Cómo explica que su amiga
fuera tan explícita con la señora Byrne
y a usted no le comentara sus intenciones?
No diré una palabra más.
Si estoy detenida, dígame de qué se me acusa.
Si no es así, esperaré fuera a mi abogado.
¡Qué previsora!
¿Por qué pensaba que necesitaría a un abogado?
Pregúnteselo a su compañero, que ha sido testigo del interrogatorio.
Creo que miente.
Que es de esas personas que no se negaría
si una amiga le pidiera ayuda para suicidarse.
Déjala salir.
-¿Cómo estás? - Bien.
Esta es mi abogada, Sarah.
Encantada.
- Gracias por venir. - Por supuesto.
Damian me ha puesto al corriente. ¿Hay algo que deba saber del interrogatorio?
Me ha tratado como si fuera la asesina.
-¡Pero si estabas conmigo! - Le da lo mismo.
Cree que estoy implicada.
Ha hablado con una amiga de Martha.
Le ha dicho que se lo pidió primero y que se negó a ayudarla.
El interrogatorio debe estar grabado.
Y este policía ha sido testigo de todo.
Pueden entrar.
Entraré sola. Soy su abogada.
No se preocupe, está todo muy claro.
- Gracias por venir. - De nada.
¡Vaya imbécil!
¡Nunca me habían tratado así!
Has tenido la mala suerte de dar con un fanático religioso.
Pero no volverá a molestarte, voy a poner una queja.
Gracias por todo.
Tienes que estar localizable en las próximas 48 horas,
hasta que terminen los trámites forenses.
Les he dicho que me llamen si es necesario.
Estaré en la casa. ¿Tiene toda la información necesaria?
Sí, Damian me la dio.
Vuelvo a la oficina, pero llámeme si lo necesita.
- La acompaño en el sentimiento. - Gracias.
¡No puedo creer que Stella se lo haya contado!
La habrá acorralado.
Y tienen el ordenador de Martha y su teléfono.
¿Sabes si ellas hablaron?
No lo sé, no me dijo nada.
¿Qué quieres hacer?
Tengo que volver y recoger las cosas de Martha.
Perdona...
¿Sí?
Soy yo.
- Es Michelle. -¿La hija de Martha?
Claro que puedes venir.
Yo voy ahora mismo.
Te envío la dirección exacta.
Hasta ahora.
Yo vuelvo a la ciudad.
Avísame cuando estés de regreso y te ayudaré con la mudanza.
Gracias por todo.
Cuéntame cómo te va con Michelle.
Claro.
Te llamaré.
Cuídate.
Hola, soy Michelle.
Yo soy Ingrid.
Vamos dentro.
Entra.
¿Quieres ver la habitación de tu madre?
Sí, por favor.
Está allí, al final del pasillo.
He preparado café. ¿Te apetece?
- También tengo té. - Café está bien.
-¿Te habló de mí? - Por supuesto.
Me dijo que llevabas muy mal no haber conocido a tu padre.
-¿Te habló de él? - Sí.
¿No crees que debió ayudarle al volver de la guerra?
Le ayudó como pudo.
Tu padre había regresado muy dañado.
Quería vivir en otra ciudad y empezar una nueva vida.
No entrabais en sus planes.
Tu madre aceptó la ruptura.
Le vio tan mal, que le besó para tranquilizarle.
El beso se convirtió en algo más
y tú eres fruto de ese momento.
Mi madre nunca me dijo nada.
Es difícil de explicar a una niña pequeña.
Pudo contármelo después.
Para entonces estabais tan alejadas que no le pareció posible.
Era una adolescente, tenía una vida que vivir.
Tu padre se mudó a San Diego y no intentó conocerte.
Ingrid...
¿crees que me equivoqué con Martha?
Fuiste injusta.
Pero es normal que quisieras saber quién era tu padre.
Es una historia muy triste, muy dolorosa para las dos.
No seas dura contigo misma. Ella tampoco fue la madre perfecta.
No, no lo fue.
¿Puedo quedarme aquí esta noche?
Por supuesto, es la casa de tu madre.
Querida Martha:
Supongo que te gustaría saber
que he vuelto a la casa del bosque a recoger tus cosas.
Tu hija ha venido a verme.
Todavía tiemblo de la emoción.
Es igual que tú.
Pidió quedarse a dormir en tu cama.
Por supuesto, le dije que sí.
Creo que tu muerte la ha acercado a ti.
Nunca pensé que la heredaría,
aunque sea por unas horas.
La casa está llena de ti.
Cuando volví después de hablar con la policía,
lo primero que vi fue la puerta de tu habitación.
Estaba abierta
y me dije: "Está viva".
He salido a escuchar a los pájaros.
Tu madre también se levantaba al amanecer
y se tumbaba ahí.
Mira, está nevando.
Cae la nieve.
En la solitaria piscina que nunca usamos.
En el bosque,
donde paseamos y tú te tumbaste,
exhausta, en el suelo.
Cae sobre tu hija y sobre mí,
sobre todos los vivos y los muertos.
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