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Hay enamorados en todas partes.
Incluso aquí, en el Ártico.
38 grados bajo cero,
aunque el frío no impide el afecto.
Al contrario.
El granujilla con cara de haber caído
en un cubo de carbón es Yuk.
Y la belleza blanca con hocico rosado es Kina.
Os contaré su historia.
Todo comienza con unos juegos.
Chinchándose para entrar en calor.
No existe nadie más en el mundo,
como dos buenos enamorados.
Para los zorros polares,
el amor es para toda la vida.
Yuk es el cazador dela pareja.
Si quiere seguir gustando a Kina, no puede fallar.
Esta disputa de la parejita beneficia
a otro cazador.
El armiño.
Qué monada, ¿verdad?
En realidad,
es un despiadado asesino.
Un arma de guerra.
Una máquina.
Un estratega de sangre fría.
Pero os aviso,
no tolera la frustración.
PETO en cuanto se recompone,
¡eso duele!
La pequeña Kina…
No se le nota, pero será mamá
dentro de unos días.
Es primeriza.
Está algo perdida, es normal.
Le gustaría ver cómo se apañan las demás.
¡Aunque pesen cien veces más!
¿Y ese crujido?
No es normal.
Este año, las temperaturas son muy altas,
demasiado altas en este banco de hielo.
Pero para la parejita de enamorados no existe la preocupación.
La vida crece en el vientre de Kina.
Cada vez más fuerte.
Pronto nacerán sus cachorros.
Yuk sabe que Kina necesita fuerzas.
Para conseguir comida, tiene una estrategia infalible.
Seguir al rey del lugar,
el oso polar,
con la esperanza de que le deje un trozo de foca.
Se confirma.
Hace demasiado calor.
El hielo debería aguantar en esta época del año.
Esos crujidos...
parecen un monstruo.
Un monstruo al acecho en las entrañas del hielo.
Es el deshielo.
El océano de hielo se convierte en un océano líquido.
Pero sucede demasiado pronto.
El hielo se rompe en mil pedazos, ¡y Yuk está allí!
No hay tiempo que perder.
Para un zorro polar,
el agua helada es una muerte segura.
Kina y Yuk
se eligieron para pasarla vida juntos.
Pero el destino no lo ha querido así.
¿Volverán a verse?
Todo huele a Yuk.
Kina pronto
será madre.
Pero en este entorno extremo, ¿cómo criará sola
a una decena de cachorros?
Durante dos días, Kina regresa donde jugueteaban despreocupados.
Aquí,
el desierto blanco sigue intacto.
¿Y ese ruido?
Es un zorro.
Pero un zorro rojo.
Mucho más grande que el zorro polar
y con un pelaje menos espeso.
Con estas temperaturas al alza, se atreve a aventurarse en el Ártico
y apropiarse la comida de los zorros polares.
A veces sucede.
Un zorro mata a otro zorro.
Para alimentarse.
Es la ley dela naturaleza.
Kina debe dejar
la madriguera.
Allí iban a nacer sus cachorros.
Al marcharse, Kina deja atrás
el único lugar donde Yuk podría encontrarla.
Se cuenta que hace mucho tiempo,
un zorro polar surcó el cielo.
Su densa cola rozó las montañas,
echando chispas que iluminaban la noche.
Ese animalito
habría creado así la aurora boreal.
Yuk lleva tres días a la deriva.
No hay salida en ese laberinto de hielo.
Debe encontrar a Kina, antes de que dé a luz a su prole.
En el camino del exilio,
la zorra busca una nueva madriguera.
Ante ella, un territorio desconocido
hasta donde alcanza la vista.
Para Kina,
estas tierras parecen habitadas por extrañas criaturas.
Es la primera vez
que ve nada parecido.
Un olor familiar
atrae a Kina.
Lleva tres días sin comer.
Uno,
dos,
¡tres!
Alto.
Vale.
Marchémonos discretamente.
A dormir
con la panza llena.
¡La despensa!
¡Se marcha!
Hay que tomar una decisión.
Kina no aguantará a este ritmo,
no con SUS crías en el vientre.
Kina nunca se ha aventurado
tan lejos al sur.
Descubre el territorio de los humanos:
Jack City.
Para la zorrita,
aquello es inmenso,
incierto,
inquietante.
No tiene ninguna gana de ir allí.
Pero está hambrienta.
Será mejor volver al bosque.
El bosque
que rodea Jack City es tierra de lobos.
No debe quedarse allí.
Aún es de día.
Y los lobos temen al hombre.
El es su mayor depredador.
Ya ha diezmado a miles delos suyos.
Lobo Negro.
Es el futuro jefe dela manada.
Aquí,
Kina no conoce nada,
no descifra nada.
Ni los sonidos, ni los olores, ni las conductas, ni las reglas.
No debería de haber venido.
Pero necesita un refugio
para sus cachorros.
Ella, la salvaje acostumbrada a comer foca,
ha de conformarse
con pienso.
¡Por fin un olor conocido!
El Ártico.
El Gran Norte.
Todo le recuerda a su tierra, allá en el banco de hielo.
Esas gruesas pieles.
Y sin embargo…
Kina no puede evitar pensar en su amado Yuk.
Más al norte, el hielo
se ha derretido casi por completo.
Yuk ya no tiene fuerzas ni para ser cauto
ni para huir, cuando se acerca un cazador.
En estas tierras remotas,
se respeta a quien lucha por sobrevivir.
No importa la especie.
En Jack City,
Kina coge fuerzas.
A los perros del pueblo no les gustan los intrusos.
¿Amigo?
¿O enemigo?
Ella es Rita.
Le gustaría ser amiga de Kina.
¿Por qué no atacan a Kina?
¡Los lobos!
De noche, cuando los hombres duermen,
entran en el pueblo
y los perros suelen estar en sus menús.
Pero esta noche no.
No te muevas.
No te muevas.
No respires.
Rita ha ahuyentado a Lobo Negro,
que regresa a las alturas de Jack City.
Pero él y su manada
no van a olvidar este insulto.
La próxima noche, no se les escaparán ni Kina
ni su nueva amiga.
Tras un largo periplo,
Yuk al fin vuelve a casa
y a sus olores conocidos.
¿Kina?
¿Dónde está?
Tiene que haber dejado un rastro al irse.
Y Yuk debe encontrarla antes de que nazcan las crías.
En Jack City,
ha vuelto a caer la noche,
y con ella,
el miedo a que vuelvan Lobo Negro y su manada.
Pero de momento,
Rita tiene una misión más importante:
buscarle una guarida a Kina, ya que los cachorros están al nacer.
En lenguaje canino,
creo que eso significa:
"Cava tú. Estoy vieja para esto".
Kina, la princesa del hielo, se ve obligada
a criar a sus cachorros aquí, entre la basura delos humanos.
Es hora de desayunar
y Rita sabe dónde hallar el mejor hueso del pueblo.
Aún no sabe pedirlo por favor, pero todo llegará.
¿Y ese olor?
¿Qué es eso?
Parece el armiño,
pero con el pelo teñido.
En realidad, es una marta.
Y a las martas
les encantan los huevos.
Huevos frescos.
Sé de una ala que no le hará ninguna gracia.
La marta
furiosa, se pregunta,
qué le impide arrancarle el hocico
a esa ladrona.
El miedo, ¿quizás?
Pero el miedo cambia rápido
de bando.
El olor de Kina se desvanece cada vez más.
Yuk debe darse prisa, pero tiene hambre.
¡Una liebre ártica!
Pero con sus patas con forma
de raquetas, es imposible cazarla.
Además es la reina del camuflaje.
Yuk, el depredador, se convierte ahora en presa.
Para Lobo Negro,
no importa el color del zorro.
Blanco, rojo
o carbón,
todos se comen igual.
Pero duda en atacar.
Podría fallar de nuevo.
Demasiada nieve en polvo.
Será mejor esperar a que anochezca para atacar
con el resto dela manada.
Kina también tiene problemas.
Es la diana delos perros.
De noche, no se les ve, pero de día,
el pueblo es suyo.
Y la buscan por todas partes.
Rita le ha salvado la vida.
Una vez más.
Siempre habrá hombres y perros que la persigan.
Kina lo sabe.
No puede criar a su prole ahí.
Demasiados peligros.
Rita no la sigue.
Su lugar está entre los humanos.
El improbable encuentro entre una perra y una zorra termina aquí.
Nuestra refugiada climática retoma la búsqueda
de una tierra de acogida donde criar a sus cachorros
sola.
Yuk nunca ha estado tan cerca de Kina.
La siente por todas partes,
en cada esquina.
Está aquí, seguro.
Ha estado aquí.
No puede andar muy lejos.
Lobo Negro no se ha olvidado de Yuk.
Aquí, de noche,
cuenta con ventaja sobre el terreno y no está solo.
A Yuk solo puede salvarlo una señal
de los espíritus del Gran Norte.
¿Esa es la señal?
¿En serio?
Yuk sabe orientarse
en cualquier bosque, banco de hielo
o montaña.
Pero dentro de esta cosa de acero…
Y la marta
no hace nada para ayudar.
¿Derecha o izquierda?
¿Izquierda o derecha?
¿Se burla de él o intenta ayudarlo?
¡Este laberinto debe tener una salida!
La primavera ya está aquí.
Una mala noticia para Yuk.
El paisaje cambia.
La nieve se derrite,
llevándose el olor de Kina.
Tiene que darse prisa.
¿Y si ya han nacido los cachorros?
Esta roca le ha salvado la vida.
¿De qué le sirve si la avalancha ha borrado todo rastro de Kina?
La zorra polar ya no sabe adónde ir.
Decide seguir a esas madres caribúes.
Deben de ir a un lugar seguro para los becerros.
Ha encontrado una madriguera.
Aquí ya ha dado a luz otra zorra polar.
Kina puede descansar por fin
y esperar a que nazcan los cachorros.
Días de lucha
contra las fuerzas de la naturaleza.
Días de búsqueda.
Días de esperanza.
Días de desánimo también.
Hasta que llega el día
en que todo vuelve a ser posible.
Traducción: Susana dela Higuera Subtítulos: BANDAPARTE
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