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Preparado...
¡Ya!
Seis.
¡Ya!
POR LA PIEL DE UN POLICÍA
Sr. Choucas.
Has visto que he dicho "señor Choucas", y no "inspector".
Lo he visto. Sutil.
Muy sutil. Todo para decir que ya no tienes placa.
Y sin placa, no tienes permiso de armas.
Eres un infractor.
Te empapelamos. Se lo cuentas al jefe. Estás jodido.
Por así decirlo.
- ¿Marie-Thérèse está bien? - No la conozco.
Lástima. Es guapa.
Se ha instalado en un piso mono de Ponthieu.
Se defiende bien, no la molestan.
¿Sí?
Tiene a dos polis de chulos. Está tranquila.
¿Me empapeláis? Tengo trabajo.
- Adiós, Michel. - Adiós.
POR LA PIEL DE UN POLICÍA
- ¿Qué tal, guapa? - Para, hay gente.
- ¿Dónde? - En tu despacho.
- Luego seguimos. - ¡Y una mierda!
- Señora. - ¿Choucas?
- Sí. - Isabelle Pigot.
- Siéntese, por favor. - Gracias.
Es por mi hija. Ha desaparecido.
- ¿Cuándo? - Hace un mes.
- ¿Ha ido a la policía? - Sí, precisamente...
¿Diga?
Un policía le reclama, es urgente.
Disculpe.
¿Qué pasa?
Lo siento, quería llegar antes que ella.
- ¿Que quién? - Que Pigot.
La de su despacho. He llamado, pero comunicaba.
- He bajado a tomar café. - Está despedida.
¿Ya o termino el mes?
- No sé. - ¿Hablo?
Claro. Su hija ha desaparecido.
Acepte el caso.
Cóbrele, abra informe, olvídese
y en un mes dice que no aparece. Fácil, ¿no?
Se le puede decir que en desaparecidos
no somos mejores que la policía.
No, iría a otra parte, a que la estafara otro.
Es amiga de una familiar. Por eso se la mando.
Quiere un privado, lee muchas novelas.
Escuche su historia, se embolsa el dinero
y ya está. ¿Vale?
Ya veremos. Depende de mi juicio.
¿Qué? ¿Qué juicio?
Mi juicio, lo que piense.
Lo que piense, el libre albedrío. ¿Le suena?
Choucas, le dejamos hacer, le dejamos tranquilo,
hasta cuando nos deja fiambres por todas partes, como en Tours.
Hágalo, será un cambio a sus historias de bragas.
- No lleva. - ¿Quién?
- Yo. - ¿El qué?
Bragas. Le tendré informado, Coccioli.
Perdone,
¿conoce a un jefe de policía llamado Coccioli?
Sí, sí, fue el que me recibió.
- ¿Me permite? - Por favor.
Es mi hija, Marthe.
La policía dice que se ha ido, yo creo que ha desaparecido.
Teníamos una relación muy buena.
Estoy segura de que le ha pasado algo.
- ¿Qué edad tiene? - 28 años.
- ¿Altura? - No sé. 1,70 m.
Siga, por favor.
Vivíamos en Versailles. Trabajaba en el instituto.
- ¿En cuál? - La Fundación Stanislas Baudrillart.
Se dedican a la inserción de jóvenes ciegos.
- ¿Es ciega? - Sí.
- ¿De nacimiento? - Sí.
¿Por eso cree que no se marchó con alguien, un hombre?
No, no, lo sé, simplemente.
¿Acepta buscarla?
Extiéndame un cheque.
Le preguntaré lo mismo que la policía.
Gracias.
Póngalo a nombre de Tarpon. Eugène Tarpon, mi socio.
- Tráigame la receta, cuando la tenga. - Vale.
- Tenga. - Gracias, Sr. Jude.
Es natural.
Gracias.
Hola. Soy Jude.
Dígale que esta tarde.
Jude...
- Pero no sé si... - Esta tarde.
- Dice que esta tarde. - Toma, ponlo en la cuenta Tarpon.
Espera, tienes que firmarme esto.
- ¿Qué es? - Mi carta de despido.
No me jodas, ¿vale? Recuerdos a tu marido.
Sin falta. Que pases buen domingo.
Sí.
Estoy aquí. Cuando quiera.
Puede irse, Perez.
De acuerdo, señor.
Un dry martini, Georges.
- Me llamo Jean, señor. - Gracias, Georges.
¿Quién es su marido?
- Chaqueta burdeos, en la mesa grande. - Ah, sí.
¿Y su mujer?
La señora un poco recia, morena, ¿la ve?
¿Sí?
Somos una pareja moderna.
- Buenas noches, Georges. - Jean, señor.
Buenas noches.
- ¡Qué cabrón! - No, ¿por qué?
Ganó pero no demuestra que jugase su dinero
ni que coja de su caja.
Dígame que está limpio.
No digo eso, algo no cuadra. Ganó fácilmente,
mecánicamente.
Mierda.
- ¿A qué se refiere? - No lo sé, pero no cuadra.
Ya sé que no cuadra. Me faltan 20.000 francos en la caja.
Ya lo sé, ya lo sé.
- ¿Hace mucho que juega a tenis? - Tres años. ¿Por qué?
No, por nada. Bueno, ¿sigo?
Sí. Quiero la cabeza de ese gusano. Mañana le mando un cheque.
¿Ha visto? ¡A la línea!
Choucas, le escucho.
Sí, diga.
¿Sí?
- ¿Sr. Choucas? - ¿De parte de?
Luego se lo digo. Subo.
¿Sí?
Me llamo Pradier. Charles Pradier.
- Me alegro. ¿Ya está? - Tenemos que hablar.
De la señorita Pigot.
Marthe Pigot.
No ha desaparecido. Se ha largado de su casa.
Le escucho.
Se ha ido con un amigo mío.
Hacía poco que salían
y él se fue a trabajar al extranjero, le siguió.
Ella le quiere. Y él también, además.
Es una historia de amor, ¿sabe?
Ya lloraré luego. ¿Por qué no le dijeron nada a la madre?
Conflicto generacional, ya sabe lo que es.
- ¿Cómo se llama su amigo? - No importa.
¿No?
- ¿Conoce a Marthe Pigot? - Sí, claro.
- ¿Cómo es? - ¿Cómo que cómo?
¿Rubia, alta, baja, delgada?
- Es ciega. - ¿Rubia o morena? Rápido.
Morena. Basta. No hay problema.
Le ha escrito, tenga.
- ¿Qué es esto? - Braille, Choucas.
Los ciegos escriben en Braille, se lee con los dedos.
- ¿Diga? - ¿Sr. Choucas?
- Sí. - La Sra. Pigot.
Tenemos que vernos enseguida.
Sí. En media hora.
Ni en su casa ni en la mía. En Trocadéro a las seis.
- Puedo llegar antes. - No. Disculpe.
- ¿Qué hace? - Llamo a la policía.
No vale la pena, ya lo saben.
Tienen un mensaje idéntico al suyo.
Están satisfechos. Caso cerrado.
Eso ya lo veremos.
Un momento, amigo.
Venga.
¡Mierda!
Gilipollas.
- ¿Quiere? - Por favor. Gracias.
- ¿Está muy cansado? - No, estoy bien.
No le molestará volver a contármelo.
No, en absoluto.
Volví a casa a las cuatro y llamaron.
Basta. No vuelva con eso o grito. Venga, lárguese.
¿Me dice lo que decía la carta?
- Nada importante. - Es mía. ¿Tiene una trascripción?
"Estimado señor: mi madre me busca.
Es inútil, he ido voluntariamente a reunirme con mi novio.
Por ahora no quiero ver a mi madre. Dígaselo.
Es inútil que pierda el tiempo y mi madre el dinero.
Atentamente, Marthe Pigot".
- ¿Satisfecho? - Por así decirlo.
¿Qué le parece, Choucas?
Que nos toman por idiotas. ¿Y usted?
Pienso lo mismo
Mierda.
¿Está?
ESTOY DURMIENDO
- ¿No la habían despedido? - Le he pedido perdón.
En la cama.
¿Café?
- ¿Usted también? - Sí, me apetece.
No habla mucho.
Siempre le cuesta hablar por las mañanas antes del café.
DISPARO EN TROCADÉRO
Pasaba por allí. Era mi día libre.
He pasado la noche con Chauffard.
Se encarga de la investigación Madrier.
Sí. Han retirado a Chauffard.
Siga.
Se encarga Madrier, y le conozco.
Estuve con él hace 4 años.
También lleva la desaparición de la hija.
¿A usted también le han retirado?
En cierto modo, sí.
Gracias.
Bueno, su clienta ha muerto y la policía lleva el caso.
Supongo que lo dejará.
"Si desaparezco, es el padre de Marthe, Fanch Tanguy."
Fanch Tanguy.
Sólo nos faltaba un bretón en este lío.
Gracias por el café.
Su socio, Tarpon.
- ¿Sí? - ¿Existe?
- Sí. - No se le ve nunca.
Es un hombre discreto.
Debía decirle otra cosa. No me acuerdo.
- Para la próxima. - Sí.
Dame la dirección de la Sra. Pigot.
¿Ha encontrado algo interesante?
El 2 CV. Póngase al volante.
Sólo queremos hablar.
¿No será el novio de la señorita Pigot?
¿Qué buscaba ahí arriba?
A usted.
¿Y qué más?
Nada. Quería ver. He visto. Interesante.
¿Qué es interesante?
Interesante.
No había estado en casa de una muerta sin polis.
Es interesante.
Su clienta ha muerto. ¿Qué más le da?
Es la conciencia. Me había avanzado dos semanas.
¿Tiene otro cliente, tal vez?
- Tal vez. - ¿Quién?
Fanch Tanguy.
Vamos, hay que hablarlo tranquilamente. Arranque.
Venga.
Tome la primera a la derecha.
¿Por qué, esto no es tranquilo?
¿Esa? Ha pasado.
¿Está bien?
Sí, va a ir bien.
¿Y ese de ahí?
- Está bien, está muerto. - Ven, Hubert, ven.
Bueno, vale. Vale.
¿No es muy temprano?
Comisario Madrier.
¿Querría dejar de apuntarme con eso?
Pruébelo.
Venga, siga.
- ¿Está solo? - Trabajo mejor así.
Bueno. ¿Y bien?
Está un poco pillado por los cojones.
Un poco, digo. A ver esa pipa tan grande.
Nunca me ha gustado el 45.
Hace mucho ruido. Es casi grosero.
- Creo que este mató a Pigot. - ¿Ah, sí?
¡Qué cabrón!
¡Por Dios! No tienes buena pinta.
- ¿Está él? - ¿Quién?
- Tu marido. - No, está de viaje en Niza.
- Pero... Estás herido. - No es nada. Oye...
- ¿Por qué no pasas? - No me lo has ofrecido.
Eres el tío más escrupuloso que conozco.
- ¿Llamo a un matasanos? - No, espera.
No grites. Despertarás a los vecinos.
- Creerán que estoy follando. - ¿Haces ese ruido?
A veces. Tengo un amigo médico.
Espera, he matado a un comisario.
- ¡Vaya por Dios! - No tenía elección.
Necesito algodón, alcohol, una venda y...
- ¡Mierda! - ¿Qué pasa?
- Podría haber estado dentro. - ¿Qué?
La bala. Venga, ayúdame. Ve a buscar el botiquín.
- Pero no soy enfermera. - No jodas.
Si viera algo, lo haría yo, pero no veo nada. Venga.
Hay una escena así en Veracruz.
Si no es en una peli de Hawks, Río de sangre.
Hay que emborracharte y mientras cantas My Darling Clementine
yo te curo como si nada.
Sólo que yo no soy Burt Lancaster.
Venga.
Te odio.
- ¿Luego me contarás qué te ha pasado? - Todo.
Venga.
Si te hago daño me echarás bronca.
No, te despediré y punto.
- Guarra. - Cabrón.
¿Por qué le has echado encima la mesa?
Iba a matarme. Justo entonces.
Estaba previsto desde el principio. Llegué con un 45 en la mano.
No podía salir mejor.
Disparó a la pared para probar que le había disparado
y establecer la legítima defensa.
En el periódico verás que ha funcionado.
El asesino de Pigot y el comisario Madrier seré yo.
- ¿Por qué asociarán las dos muertes? - La misma arma.
Todo para decirte que encima Madrier era un capullo.
¿Tú crees?
¿Por qué no me mató y disparó luego a la pared?
Tenía sentido cronológico.
En todo caso, está claro que estás hasta el cuello.
Exacto.
Despiértame a las seis.
No te olvides de dármelo todo: la camisa, el algodón.
Y si vienen no me has visto ni sabes dónde estoy.
¿Diga? ¿Quién?
Ah, sí.
No, no sé nada.
Bueno, vale. Si le veo...
Era el oficial Coccioli. Quiere hablar contigo.
El querido Coccioli.
"En un ataque de locura, un ex-oficial mata a un comisario."
- ¿Lo oyes? - Sí. Sigue.
"Parece ser Choucas, el asesino del 45 que mató a Pigot en Trocadéro.
Desenmascarado por Madrier, le mató con la misma arma."
Tenías razón.
Tengo que irme.
- ¿Y mis croissants? - No tengo tiempo.
Gracias por el café y la camisa.
Por todo.
- ¿Adónde vas? - Debo ver a Tarpon.
Yo también lo creo.
Ten cuidado.
- Toma. - ¿Qué es?
Un Lancia gris aparcado en el paso de peatones.
EL ASESINO ES UN EX-POLICÍA
Te has tomado tu tiempo.
No quería despertarte a media noche.
Debiste hacerlo.
Te inventamos un socio ficticio llamado Tarpon
para que pudieses obtener la ayuda
que podría darte un policía retirado llamado Haymann,
que prefería quedar en la sombra.
- Sí, pero... - En la sombra.
No en la ignorancia, no al margen.
- ¿Vale? - He venido, ¿no?
Me he preocupado, sólo eso.
- ¿Como siempre dos azucarillos? - Sí.
- Vale. ¿Empezamos? - Empecemos.
Madrier y Coccioli, ¿relación?
Estuvieron juntos en Marsella hace años.
- La financiera de la poli judicial. - Sí, me lo dijo.
- ¿Dijo que desmantelaron el servicio? - No.
Hubo muchos traslados por toda Francia. Promociones.
Madrier sobre todo.
¿Por qué?
He hecho muchas llamadas esta noche, espero saberlo pronto.
¿Qué más?
Esto.
- Fanch Tanguy ha muerto. - Mierda.
Bueno, cuéntamelo.
Fanch Tanguy, apodado Fanch el Silbador.
Murió en el 44. Era un gusano.
Extremista nacionalista bretón
que se mojó con los alemanes y se peleó con el PNB.
Había que hacerlo, no.
En el 43 se convirtió en todo un golfo.
Miliciano, medio de la Gestapo francesa,
colaboraba con la banda de Lauriston.
Chantaje, extorsión de fondos,
información, o sea...
- Torturas. - Exacto.
Y cuando lo hacía,
silbaba por una peli de un loco
que siempre silbaba antes de matar. De ahí su mote.
Vale, no te cabrees.
Tuve
unos primos que pasaron por él.
Ya sabes como somos los judíos, nos cabreamos por nada.
¿Cómo murió?
Lo abatió un francotirador en la frontera española en el 44.
Entonces, ¿conoces a un tipo
de unos 2 metros, 50 años,
- con el brazo en cabestrillo? - ¿Por?
- Se pasea delante de casa. - Vaya.
Es mi matón.
La cámara del percutor está vacía. Las otras 5 no.
- ¿Crees que te ha seguido? - No. Eso es lo que me preocupa.
No se mueva.
No haga tonterías, tenemos a su secretaria.
Debería guardar el arma.
Nos vamos a hacer notar y no nos interesa.
Bueno,
me meto la mano en el bolsillo para sacar una foto que interesará.
Vale,
vendrán conmigo usted y el viejo a hablar con mis amigos.
Si las negociaciones no han empezado a medianoche, mis colegas
le cortarán un dedo a la señorita.
Como ve, no tiene elección.
- Pero puedo hacer una cosa. - ¿Qué?
Esto.
No creo que me hayas mejorado la reputación en el barrio.
- ¿Tienes un martillo? - No lo sé, pero...
Toma.
Un martillo.
Un martillo.
Creo que le has roto la nariz.
Sí.
Bueno, me alegro mucho de que se haya reducido la fractura.
Necesita el brazo para trabajar.
Unas cuantas semanas y con fisioterapia quedará nuevo.
Qué bien.
A menos que
no me diga dónde está mi amiguita.
En tal caso, volveré a romperle el brazo
y hasta el otro.
Lo haré bien hecho, no le dolerá mucho
y todo irá bien. ¿Qué le parece?
Se lo he preguntado con educación.
Sí, por supuesto.
Estamos perdiendo el tiempo.
De acuerdo.
- ¿Y ahora? - Siga 50 metros.
A la izquierda.
Abra la boca.
- Oiga, joder. - Abra la boca.
Por Dios. Por Dios. Por Dios.
Choucas, dile a tu amigo que no me molesta que me vean el culo,
sino estar atada a la cama.
Os espero abajo.
- ¿Estás bien? - ¿Yo? En plena forma, ¡qué te crees!
Dame un cigarro.
Bajamos, buscamos tu ropa y luego
nos largamos. ¿Vale?
Hemos llegado a tiempo.
¿A punto de la violencia sexual? No, chico.
No habéis llegado a tiempo.
Habrá cansado a los chicos con el yeso.
Loco.
- ¡Eh! - ¿Sí?
Tengo que hacer una pregunta muy concreta. ¿Puedo?
- Si es corta, adelante. - Muy corta.
- ¿Adónde vamos? - No lo sé.
Ah, vale.
En tu casa habrá polis.
En la mía, nuestros amigos. En la suya, los dos.
Exacto. Tengo un sitio, pero está lejos. Cerca de Senils.
- Tengo un amigo que está en Ceilán. - No veo...
Sé dónde está la llave de su piso.
De repente me interesa tu amigo. ¿Dónde?
En Trocadéro.
- Muy práctico. - Sí.
- ¿A qué se dedica tu amigo? - Es realizador.
Cortometrajes, televisión, pero sobre todo publicidad.
Lo que le interesa son los viajes.
Tiene una lista de los países donde ha estado, y donde no.
Intenta ligarse a una tía en cada uno.
O sea, majo pero un poco idiota.
Es amigo tuyo. ¿Cuándo vuelve?
Dentro de más de 10 días.
Qué casa más mona tiene su amigo.
Si no me necesitáis y me lo permitís,
voy a asearme un poco.
- ¿Y bien? - Nada. Casi nada, vaya.
Se habla de ti y de Madrier, pero 4 líneas por ahí, 8 por allá.
Han encontrado a Pradier pero no lo han relacionado.
- ¿Ya está? - No.
Esta tarde veremos a un tipo que he encontrado.
Un español.
Tiene información sobre Tanguy.
- ¿Y tú? - ¿Yo qué?
Al tío que dejamos como un colador
- le registrarías los bolsillos. - No se te escapa nada.
Empezamos a tener una colección.
Sí, como dices.
Bueno.
A ver, carné de identidad a nombre de Lionel Constantini.
nacido en Moulins en marzo del 36.
Matriculación y carné de conducción al mismo nombre.
- Fundación Baudrillar, benefactor. - ¿Qué?
Fundación Baudrillard, para ciegos.
Ahí trabajaba Pigot antes de desaparecer.
- Es interesante. - Mucho.
100, 200, 350 francos.
18315722. Podría ser un teléfono de provincias.
Lo sabremos enseguida.
- 16, 18. - 16, 18,
31, 57, 22.
- ¿Hola? - "La colina verde", diga.
Con el Sr. Tarpon, por favor.
Perdone.
La colina verde.
Hay que comprobarlo. Hazlo.
Dos billetes de metro y una caja de cerillas vacía.
Mouzon Renée, mujer. Calle Orleáns, 10, Neuilly. SAB 2146.
Hay tela.
- A veces me pones nervioso. - Ya. Pero tenemos un rato.
- ¿Jugamos al ajedrez? - No.
- Te calmaría. - No quiero.
¿Qué pasa?
Frustración consecutiva a no poder ver a ningún adversario.
Ah, vale.
Es el que mató a Tanguy.
- Pregúntale si era él. - ¿Quién?
Tanguy. El hombre que mató en la frontera.
- Sí. Murió. - ¿Cómo?
Un control. Paramos un coche con dos hombres.
Uno disparó y disparamos nosotros también, y le matamos.
Detuvimos al otro y encontramos dinero,
oro en el coche. Muchos anillos de oro, ¿sabe?
- ¿Y el otro? - No lo sé.
Se escapó a la montaña y sus papeles eran falsos.
- ¿Ya está? - Sí.
Ya me acuerdo.
El hombre que escapó, supimos más tarde que era médico.
- Mierda. - Exacto. Sí.
- ¡Venga tía! - ¡Idiota!
- Acaban de hablar de ti en la tele. - ¿Sí?
De ti, del coche del cadáver, de las balas, de todo eso.
"Un caso tenebroso", han dicho.
Y que la policía esperaba encontrarte enseguida.
¿Ha establecido la relación la balística?
- No, un testigo. - ¿Un testigo?
Un joven de buena familia en un deportivo rojo.
Afirmativo.
- Empieza a oler mal. - ¿Mi pintada?
Era de esperar.
Ha llegado el momento de hablar con el que empezó.
- El amigo Coccioli. - Eso creo yo.
¿Está buena o no? No respondáis todos a la vez.
- ¿Quién? - La pintada.
- Muy buena. - Excelente.
¿Queréis saber el secreto?
- Que sea en sitio neutro. - Sí.
Hay que meterle dos "petite suisses" por el culo.
- ¿A Coccioli? - No, a la pintada. Joder.
Esta noche cuesta estar con vosotros.
Por suerte, hay una de Cukor.
¿Qué es eso? ¿El postre?
Sois unos filisteos.
Filisteo,
no te había dicho que Charlotte es un poco cinéfila.
Buena película.
Queridos telespectadores, gracias por acompañarnos.
Ahora, como prometimos, Sofia Loren en El pistolero de Cheyenne.
Una gran película de John Cukor.
Georges, gilipollas.
Georges Cukor, Georges.
Oiga, me ha parecido entender que tenía marido.
- ¿No cree que debería llamarle? - No vale la pena.
- Estará inquieto, ¿no? - No es de esos.
¿Le molesta hablar después?
- ¿Después de qué? - De la película.
- Ah, sí. Perdone. - No pasa nada.
Por supuesto, nos la han colado doblada.
- ¿Coccioli? Choucas. - ¿Dónde está?
Piense antes de hablar.
Venga a mi casa. Plaza San Lambert.
- Oiga, qué coche lleva? - Un Renault 14 dorado.
- Número de placa... - 88 CPS 75.
Vale, coja la ronda en Versailles,
vaya por el carril derecho a 50. ¿Claro?
No. ¿Hasta dónde?
Rodee París hasta que le haga una señal.
- Tengo una migraña... - ¿Sí?
Debería estar en la cama, no dejo de vomitar.
¿En serio? Intente no vomitar aquí, si puede ser.
- ¿Qué desean? - Un té a la menta. Muy caliente.
Un café.
Siento sus problemas de salud. Yo estoy muy bien.
- ¿Está al corriente? - Sí.
Si me explicase las reglas del juego, me divertiría.
- No hay juego. - Sí.
Jugamos a los errores, omisiones, anomalías. Por ejemplo:
Casi me avisó de Madrier, en cierto modo me salvó la vida.
Pero olvidó decirme que se desmanteló la sección, y por qué.
Otra cosa: me buscan todos los policías de Francia.
Le llamo, le cito y viene solo.
No será porque le caigo bien.
- No, eso seguro que no. - ¿Entonces?
Joder,
crea lo que quiera, me da igual.
Ya sabe cómo es la policía.
Hay familias, hay camarillas
creadas entre los que llevan al mismo cadáver.
Y fuera se sabe, pero no se actúa.
Y, sobre todo,
no se quiere saber dónde empieza la camarilla y dónde termina.
Y su problema es que se creía dentro y un buen día se encontró fuera.
- ¿Conoce a Fanch Tanguy? - De nada.
Antes de ver su foto no había oído nada de él.
A ver.
¿Qué encontró la sección para desmontarla con ascensos?
Eso no cuela.
Madrier debió encontrar algo sin relación.
Trabajaba para la oposición.
- No tiene sentido. - Eso creo yo.
Me habéis metido en un callejón.
Pienso llegar hasta el final,
y usted hará lo que yo le diga.
Quiero el historial de Kasper, el de Pradier y el de Madrier.
- Espabílese. Le avisaré. - Lo haré.
Sí, me lo creo. Se encarga usted.
Si caigo yo, sepa que le arrastro conmigo.
No se levante.
Intentaremos otra cosa.
Mierda. ¿Qué hacen esos ahí? ¿Y por qué no?
¿Quiénes son?
Sígame, joven.
¿A esa la conocéis?
- Ya está. - Mierda, joder.
¿Debo entender que te has cargado mi coche?
Sí, totalmente.
- Ni lo había pagado. - Te compraremos otro.
- ¿Qué tal el Cukor? - Ligero.
Fantástico.
- ¿Y ahora? - Ahora nada. Mañana veremos.
No podremos, saldrá nuestra foto así de grande.
- Esta noche, aún. - ¿Entonces?
Renée Mouzon. Tengo que conocerla.
- ¿Me arreglas la venda? - Si me da la gana.
De paso, tráeme una camisa limpia.
Tendrá alguna en los cajones, tu amiguito.
¿Por qué estás tan seguro de que tras tu aventura
saldremos en los periódicos así de grandes?
Porque me dejé el arma en el coche.
La que mató a Pigot y Madrier. El 45.
- Ah, muy bien hecho. - Haymann, no me agobies.
No.
Belmondo sólo se permite un gesto viril.
Deja a Belmondo tranquilo y prepárate para hacerme un café bien fuerte.
Ya basta, ¿no?
¿Renée Mouzon?
Sí.
Inspección de la Policía Nacional. No son horas, ya lo sé.
- ¿Lionel Constantini? - Sí. ¿Qué ha hecho esta vez?
Tonterías.
Pase.
- Es ron, ¿quiere? - No, gracias.
- ¿Qué tonterías? - Participó en un tiroteo
en el bosque de Fontainebleau.
Ha...
Está...
¡Está muerto! ¡Está muerto! ¡Está muerto!
Está en el hospital. Le han dado, pero sobrevivirá.
¿Y mi vaso?
Le pondré otro si responde a mis preguntas.
Cabrón.
- ¿Conoce a un tal Fanch Tanguy? - No.
- ¿Pradier? - Ha muerto.
- ¿Le conocía? - Sí, trabajaba con Lionel.
¿Hace poco?
- ¿Hace poco? - Sí, hace poco, joder.
Anoche llamaron a Lionel
y al colgar me dijo que Pradier había muerto.
- Voy a llamar al hospital. - Cuando haya terminado.
No sé qué quiere, ni dónde sale.
Pero una cosa es segura: no es policía.
¿Y bien?
Tendrá que darme una buena razón para responder.
Vale, tengo una buena razón.
Sí, es una buena razón.
Pero ojo, sólo tres preguntas.
Como en los cuentos.
- ¿Conoce a un tal Kasper? - No.
Ya va una.
- ¿Qué es La colina verde? - Una clínica de adelgazamiento
de cerca de Melan
para directivos y pilinguis.
Allí conocí a Lionel.
Mi jefe fue a hacerse una cura y le acompañé.
Lionel tenía que hablar con él y fue allí.
Ya van dos.
¿A qué se dedica su jefe?
Dirige una fundación para ciegos.
Ya van tres.
¿Sigues vivo?
- ¿Cómo no estás durmiendo? - Te esperaba.
Sabemos de La colina verde.
- Un sitio para adelgazar en... - Melan, ya lo sé.
Dime que hemos currado para nada.
No. Sigue.
No hay gran cosa. Lo de siempre.
Te hinchan a diuréticos y tiroidianos
te ceban a zumo de hinojo y sales con 3 kilos menos
que recuperas al primer vaso de vino,
debilitado y timado.
Ya está. Suena a pista falsa, creo. ¿Qué te parece?
- Nada. Salvo que... - Salvo que...
Que habrá que darse un paseo por lo de los ciegos.
¿Qué buscas?
- ¿Haymann duerme al lado? - Sí.
Un sitio para dormir.
Te estaba calentado tu sitio, guapo.
- ¿Es una proposición indecente? - Totalmente.
Ya me lo imaginaba.
Es bastante chocante.
He llamado a Georges.
- ¿Y qué? - Nada.
Ha dicho "diga" dos o tres veces y he colgado.
Dame un beso.
Podríamos saber más, pero me parece difícil.
Habrá que ver. Pero no está claro.
Sin embargo...
- Imagínate que... - Espere. No oye nada.
¿Cómo que no oye?
Hasta que no se toma el café, ni ve ni oye nada.
100% de incapacidad. Toma.
- ¿Ya puedo? - Aún no.
Ahora.
En vez de nuestras fotos así de grandes, encontramos en la 4:
"tiroteo en Fontainebleau, un reincidente herido."
Yen la página 5:
"Reincidentes fuerzan una barrera
y provocan un accidente en la ronda."
No se establece relación alguna.
No se menciona tu 45. Nada.
Dos sucesos, nada más.
- Lo tapan. - Exacto.
- Así podremos trabajar. - Eso es.
¿Cómo que eso es?
¿Por qué crees que lo tapan?
Para protegerse.
¿Y si es precisamente para dejarte trabajar?
- ¿Cuánto has pagado? - 20.000.
Caro.
Con certificado y las matrículas apropiadas.
Barato.
Hace una hora, ya debería haber salido.
No te preocupes, se espabila. Lo único es que...
- Mierda. - ¿Qué?
Mouzon. Ahí delante.
La del abrigo verde.
- Tiene mala cara. - Normal, con lo que bebió anoche.
Si no sale en 5 minutos, entras.
Sí, sí.
Mírala.
No ha sido fácil. He montado un numerito.
- ¿Le has visto? - Sí, le he visto.
He estado fina al decirle que quería trabajo.
- He visto a tu panocha. - Sí, la hemos visto entrar.
El director no está mal.
Rubio, alto, moreno, del estilo de moda.
Se pasará una hora en los UVA y se chutará hormonas de mono.
A parte de eso, es educado, sonriente, un falso.
- Jacques Decroux, estaba apuntado. - Escrito.
- ¿Eh? - Apuntado no, escrito.
Este tío es imbécil.
Vale, muy bien.
Sólo queda esperar que Renée
esté impresionada por mi visita y se lo cuente al jefe.
No tardaremos en saberlo.
¿Recordáis que Constatini llevaba papeles de un Volvo?
Sí. ¿Y qué?
Ese coche que llega. Y con mi matón dentro.
- ¿Es el director? - Sí.
- Vale. Se largan. - Y nosotros les seguimos.
- El chofer, el calvo. - ¿Qué?
Me da la impresión de que...
¿Qué pasa? Creía que les seguíamos.
- Ya no. - Vale. ¿Por qué?
Porque sé adónde van.
- ¿Sabes adónde llevan a la panocha? - A La colina verde.
Precisamente.
¿Y por qué no vamos?
Luego. Voy a la farmacia.
- ¿Quieres aspirinas? - Basta ya, ¿quieres?
¿Has visto al calvo que llevaba Volvo?
Sí.
Sabía que me sonaba de algo. Acabo de acordarme.
Le vi jugando en el casino con Albert Perez,
- el ayudante de la farmacia Jude. - No puede ser.
Sí, pero espera.
Llevas un caso penoso de un farmacéutico
que sospecha que su ayudante le roba. ¿Vale?
Vale.
Y hay una relación
entre el caso de la farmacia y el caso Pigot.
Es alucinante.
- Demasiado, sí. - ¿0 sea?
O sea que no es casualidad.
Hélène,
- póngase en la caja. - Sí, señor Jude.
¿Dónde ha estado? Le he llamado muchas veces.
- Y se ha puesto la poli. - No contestaban. ¿Por qué?
- ¿Lee el periódico? - El deportivo. ¿Por?
Por nada.
- ¿Dónde está Perez? - Por eso le llamaba.
No viene desde el lunes. Ha desaparecido, el cabrón.
Sólo quería saber eso. Gracias.
- ¿Y nuestro asunto? - Avanza.
Lo que sé es que no es él quien le roba.
- ¿No es él? - Tiene cosas mejores.
Le tendré al corriente. ¿Qué tal el tenis?
Albert Perez, auxiliar de farmacia, vive ahí, en la buhardilla.
- No tardaré. - Eso dicen todos.
- ¿Le has visto? - Sí.
Muerto, ¿no?
De hace poco.
El amigo Perez sólo interesa a las moscas.
Caramba, ya lo tengo.
Desde el principio, la cuestión era qué descubrieron en Marsella.
Creo que ya lo sé.
La colina verde.
Establecimiento seudo-médico,
con baños de Iodo, algas, laboratorio y preparaciones,
podría jugar sin problemas con acetona,
anhídrido acético y ácido tartárico
- sin levantar sospechas. - ¿Y qué?
¿Y qué?
A partir de esos productos, mediante
un proceso preciso pero sencillo
se transforma la morfina en heroína.
- ¿Me entiende? - Exacto.
Mierda.
Eso no explica qué pinta Perez.
Le usaban para lavar dinero.
Me pareció raro cómo jugaban,
no sé, casi mecánicamente.
Ahora ya sé por qué.
El americano perdía voluntariamente contra ellos.
De hecho, no jugaba. Les pagaba. Una gran suma.
- ¿Qué vas a hacer? - Montar una pataleta.
¿Pero qué? Es muy oportuno.
- Tranquilo, Choucas. - No quiero estar tranquilo.
- ¡Hostia! - Me contará lo de Albert y tal.
No, mierda, Choucas. No.
Le escucho.
Perez es un confidente.
Ha muerto, ya lo sabrá.
Le matarían el domingo o el lunes.
Basta de tonterías, Choucas, por favor.
- Sí, basta de tonterías, Choucas. - Comisario Chauffard.
En persona.
Venga, por Dios, Choucas, es que...
Grazelli. Estupefacientes.
¿Se le ha pasado el ataque de nervios?
Casi.
No, no, joder, mi Moustiers.
En serio, es odioso.
Es antiguo, un recuerdo familiar que vale pasta.
Me decepciona.
¿Y usted no es odioso?
He envejecido mejor.
Ha venido a liar un asunto que no tenía controlado.
¿Cómo?
Perez era mi confidente.
Le tenía hacía 2 años por un encubrimiento.
Era un tipo curioso, Perez.
Honrado empleado de día, golfo de baja estofa de noche.
Creo que le gustaba ser chivato. Era cerebral.
Resuma.
Hace 5 o 6 meses unos amigos del Perez...
De Perez.
De Perez le propusieron ganar partidas
blanqueando dinero en casinos.
Hice un informe y lo seguí de lejos.
Perez era un pobre hombre y no lo creí importante.
A los tres meses había tocado un millón.
No era poca cosa. Entonces hice otro informe.
- ¿Para? - Para mí.
Y, claro, le retiraron en 24 horas.
En ese tiempo descubrí que dejaba dinero en un bar.
Tardé 3 semanas en saber quién iba a buscarlo.
Un tío elegante, un burgués.
Jacques Decroux, director de la Fundación Baudrillard.
Exacto.
¿Quieren saber más?
La Srta. Pigot trabaja en la fundación, líguelo.
Pero al cabo de unos días desapareció sin dejar rastro.
Por casualidad, claro.
En absoluto.
¿Sabe qué le ha pasado a la chica?
Aparecerá el cadáver cualquier día, supongo.
- ¿Y el Bretón, Tanguy? - Pista falsa, creo.
Mataron a la Sra. Pigot porque habló de Tanguy.
La mataron por ser la madre
y por saber demasiado de Baudrillard.
Demasiado superficial, Coccioli.
Creo que me gustará la continuación.
La continuación es que en este lío siguió a Perez.
Por su jefe, supongo. Dijo que una chica robaba.
- Una tal... - ¿Hélène?
Sí.
- Mierda. - ¿Qué?
No, nada, siga.
Perez le vio, seguramente por una torpeza de Jude.
Y yo con la madre de Pigot agobiándome.
Entonces tuve una idea.
¡Qué cabrón!
Sí. Quería seguir el caso discretamente.
Y luego pensé: quizá no tenga que ser discreto.
Por qué no mandar a uno con la bandera alta
a darles caña a esos maleantes,
estando seguro. Un tío como Choucas, por ejemplo.
Más o menos, es eso.
Sin saberlo, estoy a punto de pillar a dos de una banda peligrosa.
La misma que habrá matado a una joven ciega.
Me orienta directamente a su desaparición sin saber nada.
Sí, pero...
- Di, Coccioli, di. - Le habría sacado lo antes posible.
La vida de un poli no vale nada.
Sobre todo si se es ex-poli.
No digo que no sea normal que se enfade un poco.
Idiota delincuente,
me puso en su punto de mira como en una cacería.
Ya vuelve a empezar.
Basta, Choucas. Hagan algo.
- El mal ya está hecho. - Mucho mejor.
Ha hecho daños de 20.000 francos.
No sea sórdido.
Vale.
Tengo tres policías con métodos asquerosos,
pero que han intentado hacer su trabajo.
Discretamente, conseguirían a 15?
Para...
saltar la jurisdicción, cerrar el laboratorio
cargarse a todo el mundo y parar esto.
Sí, pero no se sabe dónde está.
Al lado de Meulan,
en un chiringuito de adelgazamiento para VIPs.
¿Qué propone?
Bachhauffer,
profesor Bachhauffer, ¿no te suena?
No. ¿Por qué?
Mientras te divertías con tus amigos, me han llamado de España.
Bachhauffer, con dos "h",
es el médico que estaba en el coche con Tanguy.
- ¿Y qué? ¿Es interesante? - Para mí no, no le conozco.
- ¿Falta mucho? - No, ya llegamos.
Hay uno que no ha dormido esta noche.
Exacto. Y además...
- Comisario Haymann... - Tranquilo, Coccioli, estoy retirado.
- Pero qué... - Quiere decir "¿qué haces aquí?"
Haymann tiene otro nombre: Eugène Tarpon, mi socio.
- Mierda. - Usted lo ha dicho.
¿Y bien?
No ha sido fácil, pero lo hemos conseguido.
Carné de identidad, de conducir,
y una factura de teléfono a nombre de Serge Patrick Blondeau, directivo.
El tal Blondeau debía presentarse hoy para un tratamiento de 5 días.
Tiene carta de admisión, toma,
y adelantó a cuenta 3.500 francos
que hemos tenido que reembolsarle.
Lo siento mucho, de verdad.
Lo más importante:
¿han encontrado a Kasper?
No. Le han buscado toda la noche. No le encontramos.
- Pero esto no es serio. - Sólo hay que esperar.
Si se tropieza con Kasper, Choucas está muerto.
No podrá salir para avisar,
y sea como sea no saldrá vivo.
Bueno...
No vas.
Sí que voy.
- ¿Cuándo llega Chauffard? - Dentro de una hora.
Si en dos no ha salido, entramos.
Eso espero.
Choucas.
Llama a Charlotte.
Dile que si no nos prepara una buena comilona, la despido.
LA COLINAVERDE
¿Sí?
Serge Blondeau.
- Debía llegar a las 11. - Se averió el coche.
Los médicos no están para decidir las curas. Toca baño.
¿Se bañan los médicos?
Se bañan los enfermos y los médicos no están.
Si le encuentro habitación, se instala y se visita luego.
Habitación 310. Serge Patrick Blondeau, 42 años,
problemas glandulares, retención,
ligera albúmina, hipertensión arterial...
- ¿Tiene todo eso? - Sí.
- Le acompaño. - Vale.
Si quiere seguirme.
Habitación 113, se pide un camillero a la habitación 113, gracias.
0irá un timbre a las tres.
Vuelva a recepción y le verá el Dr. Malvout.
- Muy bien, gracias. - De nada.
Perdón.
- Aquí está. La 310. - Gracias.
HIDROTERAPIA
Venga, Michel, movimientos más amplios.
Respirad.
Ya está. Era una compuerta atascada, ya está arreglada.
Vale. Gracias.
Acabo de llegar. Dicen que es aquí.
- ¿El qué es aquí? - La consulta del médico.
- ¿Sí, pero qué médico? - Malvout.
Ah, venga, venga.
Le he dicho mil veces que ponga un cartel.
Nada que hacer.
En la hidroterapia giran todos a la derecha
y les encontramos a todos en los contenedores.
- ¿No es a la derecha? - No, ya lo verá.
Un momento.
Por favor.
Venga.
Me sorprende, Kasper.
Le hacía fuera hace dos días.
¿Por qué dos días?
Hace dos días que vigilamos este lugar.
Siga.
Llegarán dentro de una hora.
Gracias por avisar. En tal caso, me acompañará sin resistirse.
Venga.
Átelo.
Nos encargamos de él y de los demás y nos vamos.
Aquí se acabó.
Me rompió el brazo, ¿no?
Tranquilo, será un momento.
- Hostia, joder, no irá a... - Sí.
Ya está.
Duele mucho, al principio. Luego se suaviza.
Lo digo por experiencia.
Si no se mueve mucho, se hace soportable.
Sus amigos acabarán encontrándole.
Adiós, poli.
¡Bachhauffer!
¡Marthe Pigot!
La han drogado.
La última vez tenía mejor pinta.
Venga. Hay que salir de aquí.
Querían matarla. Me opuse. ¿Lo entiende?
Creo que sí.
Profesor Bachhauffer,
la chica le oyó silbar y recordó una historia
que le contó su madre.
Curioso, ¿no? La hija de mi viejo amigo.
Fanch Tanguy.
Lo demás es silencio.
- Le dije que terminara. - No.
¡Que nadie se mueva!
Basta de chorradas, Chauffard.
Eso eran los detalles.
De los gordos, se ha acusado a Decroux. Está en chirona.
Bachhauffer ha muerto de una crisis cardiaca.
Pigot ha sido desintoxicada, volverá a Baudrillard.
Está bien.
Chauffard, Grazelli y Coccioli han exagerado,
lo que les ha ayudado.
No se te acusará del asesinato de Madrier, ni del de Pigot.
La prensa casi no ha hablado de ti, por verosimilitud.
Los detectives franceses se sabe
que sólo vigilan alcobas.
Y hablando de alcobas...
No sea así, Haymann.
¿Sabes qué ha pasado en la oficina?
El Sr. Jude, el farmacéutico, quería cerrar el caso.
Le he dicho: "su caso está cerrado, Choucas ya sabe quién roba".
Se ha puesto rojo y ha dicho que él también lo sabe
y que no hay que darle más vueltas, y se ha ido.
¿Cómo es la dependienta, Hélène? ¿Guapa?
Vale, vale.
- ¿Se queda o se va? - Me quedo. ¿Por qué?
Por nada.
Quería ver qué se le puede hacer a un hombre escayolado,
con la cabeza vendada, la boca llena de grapas y con un solo ojo.
Entendido. Hasta mañana.
Tengo que decirte otra cosa
y me va bien que no puedas responder,
porque quiero que lo sepas
aunque no te importe.
Georges y yo hemos terminado.
Ya está.
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