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El ser vivo más grande de este planeta es una planta.
La secuoya gigante de California.
Las plantas, ya sean gigantes, o microscópicas,
son la base de toda la vida,
incluida la nuestra.
Dependemos de ellas para cada bocado de comida...
y cada bocanada del aire que respiramos.
Las plantas se desarrollan de formas extraordinarias.
Pero la mayoría de los secretos de su mundo han estado siempre ocultos.
Hasta ahora.
El desarrollo de las tecnologías actuales nos permite entrar
en su extraordinario mundo...
y ver sus vidas desde su propia perspectiva.
Esta serie revelará las extraordinarias...
y emocionantes formas de comportamiento de las plantas.
Y exploraremos los bellos...
pero desafiantes entornos en los que viven.
Los trópicos, el lugar más rico y competitivo
en el que sobrevivir.
El extraño mundo acuático.
Donde hay gigantes librando feroces batallas...
y plantas que comen animales... ¡Vivos!
Desiertos.
Un mundo de extremos.
Regiones estacionales.
Donde la supervivencia depende de calcular el tiempo con precisión.
En todos estos lugares exploraremos las relaciones críticas e íntimas...
entre plantas y animales.
Este es un mundo que te pilla... por sorpresa.
Nuestro planeta como nunca antes lo habíamos visto.
Desde las perspectiva de las plantas.
Esto es "Planeta Verde".
PLANETA VERDE
MUNDOS TROPICALES
Las selvas tropicales, como esta en Costa Rica,
son el medio ambiente más rico y dinámico de la Tierra.
Sólo cubren una proporción muy pequeña de la superficie terrestre,
pero en ella vive más de la mitad de todas las especies conocidas
de animales y plantas.
El dosel arbóreo está bañado por la luz del sol, la fuente de vida.
Las ramas de estos enormes árboles...
sustentan floridos jardines aéreos.
Donde viven innumerables especies diferentes de plantas.
Cada especie ha desarrollado su propia solución...
para superar el reto de la supervivencia.
Este mundo forestal parece apacible,
varado en el tiempo, sin cambios,
pero nada más lejos de la realidad.
Y la batalla más encarnizada se libra en el sotobosque,
donde solo llega el 2% de la luz solar.
Aquí, las plantas tienen que esperar su momento.
La oportunidad llega cuando muere un árbol viejo.
En ese momento, la luz inunda el suelo,
quizá por primera vez en cien años.
La espera de este "plantón" ha llegado a su fin.
Ahora debe emprender el camino para reclamar su lugar en el dosel.
Pero no es el único.
Hay plantas rivales por todas partes,
cada una con su propia estrategia de supervivencia.
Las hojas de algunas plantas están divididas,
como las de esta monstera, para recoger toda la luz posible.
Esta enredadera va tanteando a ciegas con sus zarcillos.
Intenta llegar a la luz subiéndose a donde haga falta.
Sus zarcillos tienen un tacto muy sensible.
Y hay un objetivo a su alcance.
¡Conseguido!
La enredadera asegura su agarre...
y empieza a trepar hacia arriba.
Pero está siendo superada...
por el árbol que más rápidamente crece:
un joven balso.
Tiene hojas enormes, que ya miden 40 centímetros...
y tapan la luz a los rivales que tiene por debajo.
Pero el balso todavía no es el vencedor.
Hay más enredaderas al acecho.
Y están armadas con docenas de ganchos que funcionan como garras.
Basta con que un gancho consiga agarrarse...
para que la enredadera pueda asfixiar a su víctima.
Pero el balso tiene un escudo de pelos resbaladizos que lo protegen.
Los ganchos de la enredadera no consiguen engancharse.
El balso los echa a un lado...
y sigue su camino hacia el cielo...
dejando a los perdedores bajo su sombra...
para que luchen entre ellos.
Este balso ha ganado la batalla por la luz.
Y lo ha conseguido en poco más de un año.
El balso ha ganado la batalla,
gracias a la extraordinaria adapatación de su rápido crecimiento.
Bajo el microscopio, su madera se parece a un panal.
Tiene más aire que madera.
No solo crece muy deprisa,
sino que alcanza la máxima altura con el mínimo peso.
Pero el crecimiento rápido necesita algo más: combustible.
En grandes cantidades.
Ese combustible se crea en las hojas,
cuando absorben el sol.
Es un proceso llamado fotosíntesis.
Una reacción química que es la base de toda vida en la Tierra.
Las hojas están cubiertas por miles de poros microscópicos...
llamados estomas.
Al abrirse extraen el dióxido de carbono del aire,
y usando la energía del sol,
lo combinan con los nutrientes, para formar los tejidos de la planta.
En ese proceso se libera el oxígeno que nosotros,
y todos los animales, necesitamos para respirar.
Pero esto tiene consecuencias negativas para las plantas.
Estas valiosas hojas llenas de energía, atraen a depredadores...
de todo tipo,
tamaño...
y nivel de agilidad.
El perezoso se mueve muy despacio,
pero no necesita mucha velocidad si sólo come hojas.
Estas plantas están bajo el ataque constante
de todo tipo de comedores de hojas,
pero el más voraz, con diferencia, es el que menos se ve.
Consume 50.000 hojas al día.
Se llama Leucoagaricus.
No es un animal. Tampoco es una planta.
Es un hongo.
Vive a cinco metros bajo tierra,
lejos de las hojas que devora.
Para conseguirlas,
emplea a los mejores recolectores de hojas de los trópicos:
Las hormigas cortadoras de hojas.
Millones de recolectoras que proporcionan alimento al hongo
a cambio de producir unas pequeñas setas de las que se alimentan
las hormigas.
El hongo libera señales químicas que dicen...
a las hormigas recolectoras qué tipo de hojas quiere consumir.
Las exploradoras parten con las últimas órdenes.
Y las recolectoras recorrerán cientos de metros...
para encontrar las adecuadas.
La cosecha de hoy viene de una joven Bija.
No tiene muchos años, y todavía está luchando por alcanzar el dosel.
No puede permitirse perder ni una sola hoja.
Pero las hormigas pueden desmenuzar una hoja grande
en cuestión de minutos.
El sonido de los cortes atrae a más hormigas.
Y llevan los trozos cortados al hongo subterráneo.
La velocidad de las hormigas es de dos metros por minuto.
Y cada una de ellas transporta una carga diez veces superior a su peso.
Hay un río de hojas fluyendo por el suelo de la selva...
que forma parte de una enorme red de varios kilómetros...
extendida por todo el bosque.
Para evitar los atascos,
las hormigas obreras cavan trincheras alrededor de los obstáculos.
Y cada hora se entregan miles de trocitos...
como alimento para el hongo.
Con este suministro constante, el hongo crece rápidamente,
llenando las cámaras subterráneas en las que vive.
Así que las hormigas excavan más galerías.
Parece que el hongo tiene ventaja...
y que la bija no sobrevivirá.
Pero empieza a contraatacar...
recurriendo a la guerra química.
La bija inunda sus hojas con unas toxinas...
que podrían matar al hongo allá donde se encuentre.
Las hormigas que transportan los recortes de hojas...
están envenenando al hongo en nombre del árbol.
Es un ataque a larga distancia.
Cuando el veneno empieza a surtir su efecto, las hormigas perciben
que el hongo se debilita.
Y responden a sus señales...
cambiando la fuente de suministro de hojas.
Así que la respuesta química de la planta...
obliga a las hormigas a cambiar de árbol constantemente.
Ataque y contraataque.
Y eso asegura que queden suficientes hojas...
para que el árbol se recupere.
Cuando una planta llega a la madurez,
puede dejar de concentrar su energía en el crecimiento y centrarse en la reproducción.
Las selvas tropicales de América se extienden desde México...
hasta el sur del Amazonas.
En ellas viven más de 100.000 especies diferentes de plantas.
Cada una de ellas con su propia estrategia de supervivencia.
Una de estas especies ha adoptado un estilo de vida...
basado en el crecimiento rápido, y se extiende por toda la región:
el balso.
Pero para hacerlo debe pagar un alto precio.
Su madera, tan ligera que le permite crecer deprisa,
es débil, y se rompe fácilmente.
Muy pocos balsos viven más de 20 años.
Y este está llegando al final de su corta vida.
Ha llegado el momento de reproducirse.
Ha utilizado una gran cantidad de energía...
para producir unas de las flores más extravagantes del bosque.
Y lo ha hecho en gran número.
Cada una tiene el tamaño de una mano humana.
Al caer la noche,
el árbol prepara una golosina irresistible.
Esto es un kinkajú,
una especie de mapache frugívoro.
Cada flor tiene una enorme cantidad...
de sabroso néctar,
sobrecargado de azúcar.
¡Irresistible!
El kinkajú bebe con tanta glotonería,
que se llena la cara de polen.
Y al moverse de árbol en árbol lleva el polen de uno a otro.
Pero el balso no deja nada al azar.
Aunque el néctar se agote, no pasa nada.
Ha sido sólo la primera ronda.
El balso rellena sus flores,
atrayendo otra vez al kinkajú para repetir el proceso.
Siete veces en la misma noche.
Ha completado la polinización.
¿Y el kinkajú? También ha salido bien servido.
En una semana se habrá bebido más de 50 litros de néctar.
En esta asociación se benefician tanto las plantas como los animales,
pero en el mundo tropical no siempre es así.
Borneo.
Aquí, en las laderas del monte Kinabalu,
viven plantas que se alimentan de animales.
Sus hojas tienen forma de jarra y están llenas de agua.
La esperanza de encontrar néctar atrae a los insectos,
pero caen en la jarra,
se ahogan y son absorbidos por la planta.
En la zona más baja de la montaña...
crece una planta que no tiene hojas.
Tampoco tiene tallo.
Lo único que se ve es esto: un brote.
Es un parásito.
El resto de su cuerpo está entre los tejidos de la liana...
de la que se alimenta.
Al cabo de cinco años,
el capullo se abre y se convierte en una flor monstruosa.
Y apenas tiene un día para ser polinizada
antes de empezar a marchitarse.
Sus pétalos tienen el color de la sangre.
Tiene una superficie dura y verrugosa.
Como si tuviera pelaje.
Hasta parece tener bigotes y dientes.
A primera vista podría confundirse con un animal muerto.
Es la rafflesia, también llamada flor cadáver.
Con un metro de diámetro, es la flor más grande del mundo.
Esta, en concreto, es una flor macho.
De su interior emana el olor acre de la muerte.
El aroma es muy desagradable para casi todos los animales.
Pero a las moscardas si les gusta.
Ponen sus huevos sobre carne en descomposición.
Y el olor atrae a la moscarda hacia las profundidades...
buscando la carne.
La visitante no encuentra nada.
Pero la rafflesia, sin embargo, tiene a la moscarda justo donde quería.
Ha pegado el polen a la espalda de la mosca.
Para que la estrategia de esta rafflesia macho tenga éxito,
la moscarda que lleva su polen debe visitar a una flor hembra...
como esta.
¡Ha funcionado!
Una vez polinizadas, las plantas son capaces de producir las semillas...
de las que surgirá la siguiente generación.
Pero una vez más, el bosque está lleno de animales...
con ganas de comérselas.
Archipiélago malayo.
Un enorme mundo tropical de miles de islas.
Es un lugar de gigantes,
con los árboles más grandes de los trópicos,
muchos de los cuales viven durante siglos.
Producen enormes cantidades de semillas...
pero sólo cuando llega el momento adecuado.
Este ejemplar no ha producido ni una semilla en casi una década.
Pero en las últimas semanas se ha engalanado...
con más de diez mil.
Cada semilla tiene el potencial de convertirse también en un gigante.
El éxito dependerá de escoger bien...
el momento.
Los buscadores de semillas se están reuniendo.
Un jabalí barbudo.
Pero son semillas producidas por un dipterocarpus.
Estos árboles crean el mayor semillero...
del mundo tropical.
Tras años de espera,
miles y miles de dipterocarpus...
se han sincronizado para producir una nueva tanda de semillas.
Todos exactamente al mismo tiempo.
Y todas las semillas se enfrentarán juntas a los peligros del sotobosque.
Al liberar al mismo tiempo miles de millones de semillas,
saturan a los jabalíes y a cualquier otro animal...
con más alimento del que podrían comer.
Y así ganan tiempo para que algunas de esas semillas echen raíces...
y broten.
La estrategia del árbol ha funcionado.
Pero este plantón tendrá que superar muchos más peligros
con el paso de los años, si quiere convertirse también en un gigante.
Y en un bosque tropical hay muchas formas...
de acabar con la vida de un árbol antes de que alcance su plenitud.
El extremo más septentrional de Australia.
Es la jungla tropical más antigua del mundo.
Aquí, los animales y las plantas...
llevan 180 millones de años librando constantes batallas.
Así que las plantas han tenido tiempo de desarrollar defensas muy eficaces.
Este es un upas, el árbol de las flechas venenosas,
una de las plantas del mundo tropical que mejor se defienden.
Tiene un tronco muy alto y resbaladizo...
que exuda una savia venenosa.
Aparentemente es invulnerable.
Pero a pesar de todo,
cuando este individuo alcance la madurez,
su vida estará en peligro.
Cada temporada de monzones,
es invadido desde arriba.
Atrae a cientos de estorninos lustrosos.
Como tiene un tronco grande y liso, las ramas más altas...
son un lugar seguro para anidar.
Pero año tras año han ido creando un problema grave para el árbol.
Tras alimentarse, los estorninos regresan al nido...
para digerir la comida,
con inevitables consecuencias.
Cada año,
generan casi un cuarto de tonelada de excrementos.
Las sustancias químicas que contienen...
crean una zona muerta alrededor del árbol.
Las raíces absorben las toxinas,
que suben por el tronco hasta llegar a las hojas.
Una rama tras otra...
el árbol muere poco a poco.
Se ha convertido en la víctima de su propio éxito.
Ha sido envenenado.
Y ahora da comienzo una nueva batalla...
para conquistar el cadáver del árbol...
y la enorme cantidad de nutrientes que contiene.
Una batalla habitual en la naturaleza,
en la que participa un tipo de organismos...
en los que casi nunca reparamos.
La mayor parte del tiempo están ocultos...
entre la hojarasca y la tierra,
como una red de hilos blancos.
Hongos.
Los hilos de los hongos competidores, envuelven el cuerpo de la víctima,
y liberan enzimas que digieren los tejidos del árbol...
exponiendo así los nutrientes del interior.
En los trópicos hay cerca de un millón de especies diferentes de hongos.
Algunos se alimentan de plantas muertas.
Otros se las comen vivas.
Y algunos revelan su existencia de una forma tan hermosa como inquietante.
En África, en el Congo,
es conocido como "fuego de chimpancé".
El misterioso brillo bioluminiscente,
se va haciendo más intenso a medida que el hongo digiere el árbol.
Cuando el hongo ha comido lo suficiente...
es cuando desarrolla sus órganos reproductivos.
Cada uno de ellos libera miles de millones de esporas.
Unas diminutas partículas...
que transportan el material genético de la especie.
Una espora como esta,
tiene el potencial para matar a un árbol.
Las esporas son tan ligeras,
que pueden ser transportadas por la más mínima corriente de aire.
En cada metro cuadrado de selva tropical hay, al menos, mil millones de esporas.
Y recientemente se ha descubierto que estas esporas...
hacen mucho más que traer muerte y putrefacción.
En realidad son el centro del sistema de soporte vital de la selva tropical.
En las alturas, en la humedad del aire,
las esporas se combinan con moléculas de agua.
Van formando gotas.
Y, cuando pesan lo suficiente, caen...
en forma de lluvia.
En la selva tropical caen cada año más de dos metros y medio...
de lluvia.
Y en el centro de casi todas las gotas de lluvia...
hay una espora de hongo.
Las selvas tropicales son los entornos más ricos y dinámicos de la Tierra,
y se basan en conexiones y relaciones muy complejas.
Pero estas conexiones,
ya sean competitivas o cooperativas,
son cada vez más frágiles.
En la actualidad, el 70% de las plantas de las selvas tropicales...
crecen a menos de 1,5 km de una carretera o un claro...
que hemos abierto en el bosque.
Y esto está creando nuevos campos de batalla...
en el mundo tropical.
Ejércitos de plantas idénticas de especies foráneas...
se extienden ahora donde antes crecían miles de especies diferentes.
Hemos plantado grandes regimientos de cultivos...
para abastecernos de alimentos y productos de consumo.
Y el antiguo bosque ha quedado reducido...
a fragmentos aislados que van desapareciendo.
Afortunadamente, no todo está perdido.
Estos retazos de bosque sirven como santuarios...
manteniendo vivas las íntimas relaciones de su interior.
Esta es la "flor de siete horas".
Sólo florece durante la noche.
Se mantienen abiertas durante siete horas y luego mueren.
Pero durante ese tiempo,
sirven de alimento para un animal en concreto.
El murciélago Hylonycteris Underwoodi...
se alimenta casi exclusivamente de su néctar.
Es el principal polinizador de esta planta.
Una flor de siete horas,
sólo produce una pequeña cantidad de néctar,
por lo que el murciélago debe visitar al menos 300 flores cada noche...
para comer lo suficiente para sobrevivir.
Y las poliniza según come.
Pero si ese retazo de bosque se hace demasiado pequeño...
y tiene pocas flores, los murciélagos se irán.
Y, sin los murciélagos, las flores no podrán reproducirse,
y morirán.
Es una ruptura de la alianza.
La vida en el bosque depende de muchas relaciones íntimas,
pero están cada vez más amenazadas...
con la fragmentación de los bosques.
La solución, obviamente,
es unir los fragmentos de bosque que quedan.
Hace 30 años, este bosque de Costa Rica,
era pasto para el ganado.
Cuando el ganado desapareció,
dejaron que la naturaleza siguiera su curso.
Este nuevo bosque se ha convertido en un puente...
que conecta varios fragmentos separados,
y ha permitido que las plantas y los animales...
recuperen las antiguas conexiones y creen otras nuevas.
Pero no olvidemos que debemos proteger urgentemente...
los bosques sanos que aún quedan.
Si miramos hacia el futuro,
es posible que sea nuestra última oportunidad...
de restablecer la selva tropical perdida.
Y preservar los tesoros de la selva tropical...
para las futuras generaciones,
y así,
podremos proteger la vida en este nuestro "Planeta verde".
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