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¿Qué pasa?
¡Quieto! ¡No te muevas, cabroncito!
¿Qué están haciendo?
No jodan. Ya les dije que no tengo el efectivo.
¿Ah, sí?
Está bien.
¿Me lo quieres dar en este momento?
¿O tengo que matar a tu hermano?
¿Te gustó?
¿Piensas quedarte callado horas rumiando todo lo que viste?
Es que no sé qué pensar, la verdad.
Tanto latino dando bala, ¿no?
A mí me gustan las de bala.
Sí.
Eso ya lo sabía.
¡Vamos!
Te gustan las de bala y el suicidio.
Qué exagerado, el suicidio.
¿Vamos a mi casa entonces?
Estás bromeando.
Tengo examen a primera hora.
No gustar dormir solo.
No me gusta dormir solo.
Ah.
Vos sos la culpable de mi pésimo italiano.
- Sí, seguro. - Claro.
¿Sabías que el idioma se aprende mejor en la cama?
A la cama.
Hola, no estoy en casa. Por favor, deja tu mensaje.
Hola, no estoy en casa.
Por favor, deja tu mensaje.
Hola, amigo. ¿Estás ahí?
Responde, carajo.
Tengo que contarte lo que pasó con aquella chica. Fue genial.
Llámame cuando puedas.
Hola, Héctor.
No sé si te acordás de mí, soy Silvia, Silvia Blair.
Fui alumna de tu papá y ahora soy profesora.
Y, bueno, no sé, quería hablar con vos.
Supongo que ya te enteraste
de que a tu padre lo jubilan en la universidad, ¿cierto?
Bueno, eh, un grupo de estudiantes y antiguos alumnos
queremos prepararle un homenaje,
y me imaginé que de pronto vos quisieras también participar.
Para él es importante, creo, porque no la está pasando bien.
¡Hola, bello!
- ¡Bello, bellísimo! - ¡Qué hubo!
¡Ay, no!
-¿Cómo estás? -¿Qué hubo, pues?
¡Eh, ave María, Quiquín, cómo estás de hermoso!
¿Vos por qué estás tan flaco? ¿Vos sí estás comiendo?
-¡Pues claro que estoy comiendo! -Eso es porque el amor adelgaza, ¡yo sé!
Y el matrimonio engorda, si no, mirame yo cómo estoy.
¡Dejá de decir bobadas, Mary, que estás hermosa!
¿Y cómo hicieron para que mi mamá no viniera con ustedes?
-¡Héctor Joaquín! -¡Ay, mami!
¡Ay, qué dicha!
Velo, aquí todo ahí está pintado.
-¡Ay, no! -¡Quiquín!
-¡Cómo estás de flaco! -¡Ay, qué bueno verlas!
Ay, ve, otra con la misma bobada. Estoy igual que siempre.
Vamos pal carro, que vamos a llegar tarde a la universidad.
Sol y mi papá ya salieron para allá.
También querían venir a recogerte, pero tú sabes cómo son las cosas acá.
Sería la primera vez en la historia de la humanidad
que un avión llega a tiempo a Medellín.
Sí, y ese evento hoy empieza muy puntual, eso dijeron.
Ya mucha gracia es que les hayan prestado un espacio para el acto.
Si a mi papá no lo quieren allá.
-¿Y es que lo jubilaron sin avisarle? -No, avisado estaba.
Ese rector simplemente se quitó la máscara y listo.
Lo que pasa es que mi papá siguió portándose
como un estudiante rebelde y no como un profesor respetable.
Ya ves pues, aquí todo igualito, nada cambia.
-Mary ¡En cambio vos! -mujer Pero ¡vos!
- Pero vos nada. - Ustedes están hermosas.
Es allá arriba.
-Maryluz, ¿yo no estoy muy despelucada? -No, mami, que estás bien.
Vamos juntos.
-¿Qué están protestando? -Ay, esta semana vaya usted a saber.
Nunca fuiste una persona fácil,
y menos como profesor.
Me acuerdo que, al principio, todos estábamos desconcertados.
Nos preguntábamos: "¿Qué clases son esas?
¿Qué es este profesor tan raro que no nos da certezas,
sino que se pasa la clase entera metiéndonos dudas?".
Y es que nos planteabas más preguntas que respuestas,
y eso nos dejaba fuera de lugar.
Fuiste el primero que se atrevió a hablar de salud pública en este país,
cuando para todos nosotros eso era algo para los gringos
o los europeos, pero nunca para nosotros.
Sol.
Tus conocimientos en medicina social
se sustentaron en la pasión por la antropología,
por el humanismo, por la política.
Hoy
es un día muy triste para la universidad.
Acallar la voz de un profesor único...
Ay, Héctor, permiso.
¡Oh!
¡Mami, ya está lista la vajilla!
Ay, esa no era, mi amor.
¿Cómo se te ocurre que vamos a poner una vajilla de diario?
No, no, no, busca la vajilla del doctor Saunders.
-Está hermoso ese florero. -Vení, ayudame, ¿sí? Ayudame.
Recibirme, Mary.
Ayudá, pues, Quiquín, que ya van a llegar.
-¿Cómo así, qué es eso? -Ah.
Donde te vea tu papá jugando con esa pistola.
¿Y por acá cómo estamos, a ver?
Dios mío, ¿qué es lo que pasa acá?
¡Llegaron, llegaron! ¡Papi!
¡Llegaron, por Dios! A ver, ¿y cómo tengo el pelo, Maryluz?
Estás bien, estás bien.
Deja la correteadera, Héctor Joaquín.
¡Papi!
¡Teresa!
-Con cuidado, con cuidado. -Bajen ya, ya, ya.
Doctor Saunders, qué dicha tenerlo por acá.
-Bienvenido. -Cecilia, gracias.
Espero que no sea demasiado.
Muchas gracias, Emma.
Puede traer la posta.
-Josefa, la estábamos esperando. -Gracias.
Josefa, ella se encarga de la educación de los niños más chiquitos.
-Muy bien. Encantado. -Mucho gusto, míster.
El doctor Saunders.
-Siga, Josefa. -Mucho gusto. Con permiso.
Vos me dijiste que no te gustaba y yo...
Ella nos ayuda con...
Que mucha falta que te hace.
Yo quiero saber cosas sobre San Francisco.
Ay, sí, yo también.
Ah, bueno, estoy casi todo el día en la universidad
y no conozco mucho lo que pasa en la ciudad.
¿Y sí es verdad que está llena de hippies?
-Sí. -¿Y qué son hippies?
Gente rara.
Ja, vea, escuche.
- Gente rara. - Pues es gente rara.
Niñas, dejen hablar a los mayores, a ver.
El doctor Saunders ha venido a trabajar conmigo
en un proyecto que se llama Futures for Children.
El Futuro de los Niños.
Es... Es un estudio sobre distintos aspectos sociales
en algunos barrios desfavorecidos.
-Bien. -¿Puedo ir con ustedes?
Ay, "¿puedo ir con ustedes?".
"Puedo ir con ustedes" me lo conozco, mosco, con tal de no estudiar.
No le gusta la escuela.
- ¿Por qué? - Por culpa de su amigo.
Cómo le parece que cuando Quiquín tuvo que ir a la guardería,
entonces se puso a llorar,
y el papá se murió de la tristeza y decidió dejarlo todo el año en la casa.
-¿De verdad? -¿Cómo le parece?
Sí, era muy chiquito.
-¿"Era muy chiquito"? Chiquito sigue. -Y consentido.
Es así de chiquitico, es que no crece.
-¡Oiga! -¡No le pegue!
-¿Ya se lavó las manos? -Entre hermanos no nos pegamos.
Dale, vení.
-A ver qué quiere Tatá. -Sí, señora.
-Permisito. -Por las manos te llevás a la boca
todas las bacterias recogidas durante el día.
Papá, entonces,
¿no puedo ir con ustedes?
No, no tan rápido, no seas acelerado, ¿eh?
Mirá, si no, no te quitás el mugre.
¿Cómo es que es esa canción que le gusta tanto a Marta?
¿Cuál? Eh, ¿la que baila cada rato?
-Sí. -¿La del muerto?
Eso. Pues la cosa es que la cantés
y que te lavés las manos durante el tiempo que dura la canción.
-¿Sí? -Listo.
¿Se acuerda del doctor Saunders?
Hola, señora.
- Mamá, más duro. - ¿Cómo está usted?
Tatá. Ay.
-¿Cómo está usted, señora? -Bien.
Qué pena con usted, pero no oye muy bien.
- Sí, qué lástima. - No, ni ve.
¡Ay, por favor, Marta, hágame el favor, respete a los mayores!
Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares de noche ni de día,
hasta que me pongas en paz y alegría, con todos los santos, Jesús, José y María.
-Las horas pasan, las horas... -A ver, a ver, no vayan tan rápido.
Es que Héctor acelera.
Niños, al Señor no se le reza por rezar.
Se hace con conciencia y pensando muy bien en cada palabra que se dice,
no como si estuviéramos repitiendo la alineación del Nacional.
¿Y mi papá también reza por la noche?
Concéntrese, Héctor, ¿sí?
Mi papá no reza por la noche. Yo ya me he dado cuenta.
Sí, qué pesar. Su papá no reza por las noches
y por eso, cuando se muera, se va a ir pal infierno.
¡Hey!
Por eso y porque no va a misa los domingos, ¿hum?
¿Yo sí me voy a ir al cielo?
Tranquilo, que yo me ocupo de eso. Tranquilo, mi amor.
Sol, ¿qué estás haciendo?
¡No me mire el pelo,
usted sabe muy bien que mirarle el pelo a una monja es pecado mortal!
Lo siento.
Oye, ¿qué hacés? Es mi cama.
Pues ¿saben qué?
Hoy es la última noche que rezo antes de dormirme.
- ¿Qué? - ¡Héctor, por Dios!
¿Usted por qué está diciendo esas cosas?
Porque yo no quiero ir al cielo si no va a estar mi papá.
-Yo prefiero irme al infierno con él. -¡Por Dios, Héctor, chito con lo que dice!
Hágame el favor, no diga bobadas.
¡Eh, a dormir! ¡A dormir ya, los dos!
-¡Háganme el favor, a dormir! -"Al infierno".
Vamos a comenzar con la comuna 1.
Luego comuna 2 y comuna 3.
¿Dónde ha sido peor la tifoidea?
Creo que, claramente, en la comuna 1.
Las comunas son muy grandes.
Creo que lo que deberíamos hacer es imponer una red de o cuadrantes
y hacer que sus estudiantes le hagan pruebas al agua
en esos cuadrantes, para tener buenos registros.
Sí, eso sería muy bueno. Ellos son muy entusiastas.
Permisito.
Mire qué tan bonitos los cuentos que escribe mi hijo, ¿hum?
- Todo un escritor. - ¡Qué estilo tan sobrio!
Se parece mucho a Ernest Hemingway.
Es el futuro premio nobel.
Hola, pa.
¿Nos das plata?
Por favor, para comprar cosas importantes.
- Pídanle a su mamá. - No está.
- Está trabajando. - ¿Y se fue sin despedirse?
Sí, no los quería interrumpir,
porque, pues, como están todos ahí trabajando.
Bueno, mi billetera está en la chaqueta, cojan lo que necesiten.
- Ay, gracias. - Papi, ¿yo también puedo para un helado?
-Pues, claro, mi amor, claro. -Mucho envidioso.
Todo lo mío es de ustedes.
Pero acuérdense que su papá es profesor y acá a los profesores nos pagan muy mal.
"Bye". "Bye", doctor Saunders.
- Hasta luego. - Así que no abusen.
Muchachos suertudos.
Héctor, usted mencionó un área sobre el occidente.
¿Es en este sector de acá?
No, era este sector.
Justo acá.
Ahí viene.
¡Corre, corre, corre!
¡Corre!
- Gordo. - ¿Qué?
¿Vos si estás seguro de que son judíos?
Sí. Los hebreos comen pan.
-¿Qué? -Se lo oí a mis papás.
Josefa dice que los judíos mataron a Nuestro Señor Jesucristo.
Listo, pues.
-¡Uy! -¡Uy!
¡Corré!
-¡Judíos marranos! -¡Judíos marranos!
¡No!
Gordo, ya, ya. Llegaron.
Hola, ¿cómo les fue?
Interesante, Quiquín.
Muy...
interesante.
Hum, interesante...
- Amor. - Hola, papi.
-¿Cómo se han portado todos hoy, bien? -Muy bien, como siempre.
¡Ah!
Hum.
-¿Y la mamá ya llegó? -Sí, está ahí adentro.
Pero la mamá no se portó muy bien.
-¿Qué pasó? -Me obligó a tomarme la mazamorra.
Uy, voy a tener que hablar muy seriamente con ella.
Hey, todos esos besos y mimos. ¿Tu papá es marica, o qué?
No digas eso, gordo.
Todos los maricas le dan besos a otros hombres.
-Eso no es cierto. -Sí es cierto.
Hey, vení, callate.
¿Vos sabés cuántas veces pueden batir las alas en un segundo?
-Unas 20 veces. -Bobo, hasta 200 veces.
Eso es imposible.
Sí es posible, me lo dijo mi papá, que es doctor.
-¿O es que tu papá es doctor? -¡Doctor marica!
¿Estás llorando?
¡Está llorando, mírenla!
-¡Boba! -¿Cómo que boba?
Grosero.
Su inglés es muy bueno.
¡Bien!
¡Eso!
- ¡Clara! - Yo sé, más boba.
Ah, no es nada.
Sigan a la mesa que se les va a enfriar la sopa.
Danos un momentico.
Héctor Joaquín.
Venga, que tenemos que hacer una cosa, ¿hum?
¡Doctor Abad!
Buenas noches, señor Manevich, ¿cómo me le va?
Bien.
Mi hijo viene a pedirle perdón
y a asegurarle que esto no va a volver a suceder.
-Perdón, señor Manevich. -A ver, más durito.
Lo siento, señor Manevich, no volverá a pasar.
Se lo juro.
-Buena noche, doctor. -Buenas noches.
Qué pena haberlos interrumpido.
Buenas noches.
A pedir disculpas.
¿Te acordás de Klarita Glottmann?
No.
Klarita era una compañera de clase
que logró ser la primera doctora mujer graduada en la Universidad de Antioquia.
Era judía.
Lo primero que hicieron los nazis contra los judíos
fue romper los vidrios de sus negocios,
y después trataron de exterminarlos en campos de concentración.
¿Alguna vez has visto fotos de los campos de concentración?
No.
Pues, Klarita perdió a sus papás en uno de esos campos.
Un día de estos te muestro fotos para que sepás cómo eran.
-¿Mañana? -No, mañana no.
Mañana te vas con Richard y conmigo para que nos ayudés, ¿hum?
Buenos días.
¿Cómo va?
¡Uy!
Tenga cuidado, Quiquín, cuidado.
Cuidado, cuidado, mi amor. Bájese.
Miren.
Acá hay una muestra del agua de la quebrada.
Apesta.
Interesante.
Se necesitan redes de alcantarillado, planes de vacunación.
-Esto es un desastre. -Ah, si solo se necesitara eso.
Ella tiene razón.
El agua limpia salva más vidas que el mejor de los cirujanos.
¿Por qué creen que los romanos le dieron tanta importancia a los acueductos,
a las canalizaciones, ah?
Camilo, ven para acá.
Camilo, vení, pues. Ven para acá.
-¿Cómo me le va, señora? -Buenas tardes, doctor.
Qué pena le pregunto, ¿cuántos años tiene el niño?
Tiene 12 años, doctor.
Tiene la misma edad de mi hijo.
Y, miren, muchachos,
aquí tienen el primer escalón de la desigualdad, ¿ah?
Y de ahí en adelante.
Seguro que ya se les olvidó lo que siempre les digo en clase
sobre las cinco Aes.
¿Las cinco A?
Exacto, lo que necesita el ser humano para desarrollarse saludablemente
son las cinco Aes:
aire, agua, alimento, abrigo y afecto.
Eso es bueno, ¡muy cierto!
Héctor, esto es más serio de lo que me pensé.
Así es.
¿Tienen vacunas?
¿Las vacunas? Cuéntenle, muchachos.
Silvia, cuéntale.
Sí, es impresionante cómo el Gobierno todavía no ha aprobado unas vacunas
que en los Estados Unidos se están usando hace muchos meses.
Es una pena.
Siempre atrasados. Es un desastre.
Papi, ¿qué le pasa a esta niña?
Hambre.
Anoten, por favor, los barrios donde vive cada uno de estos niños,
eso nos va a servir para hacer un mapa de la epidemia.
¿Y esta? ¿Qué tiene?
Hambre, eso es lo que tiene.
Van a ver que no hay sorpresas.
Allá donde no hay red de alcantarillado
o donde toman leche revuelta con agua de río,
ahí, señores, van a encontrar la epidemia del tifo.
¿Y esta otra niña?
Hambre, solo hambre.
Lo único que tienen es hambre.
Mejor que tu papá no se entere que andas chismoseando por acá.
Sí, yo ya me voy.
Este ¿les van a traer un muerto?
No, hoy no. Hoy no toca disección.
Lástima.
¿Está todo bien?
Interesante.
-Hola, Gilma, ¿cómo estás? -Querido, ¿cómo vas?
Ah, muy bien.
¿No se encuentra el doctor Abad?
No, pero yo creo que no demora.
- Bueno, pues, gracias. - Dejá eso ahí.
Hola, mucho gusto.
-Hola. -Soy Héctor, como mi papá.
-Mucho gusto, Miguel. -Mucho gusto.
-¿Le podés dar esto a tu papá, por favor? -Dale.
¿Y le mandás mis saludos?
-De una, yo le digo. -Muchas gracias.
-Ay, esto está muy bonito, mirá. -Los hace mi mamá.
-¿Sí? -Con mucho cariño.
-¿Para qué son? -Son para ponerle velas.
-Hasta luego. -Chao.
-Hasta luego, querido, mirá. -Que estén bien.
Lo mismo.
-Gilma -¿Hum?
Y esto, ¿por qué? ¿Es un encargo?
No, papito, lo que pasa es que tu papá lo ayudó mucho a él
al principio de la carrera.
Él es un muchacho muy humilde y vive por allá en un pueblo muy lejos.
Entonces, cada vez que va,
pues, la mamá manda un detallito para tu papá.
-Gilma -¿Hum?
¿Usted también está casada con mi papá?
Ay, no, señor, ¡cómo se le ocurre, qué tal!
Su papá está casado con su mamá.
Pero y, entonces, ¿por qué esta foto?
Ah, pues, porque yo me casé por poder con Iván,
mi marido que está en México.
Tu papá lo representó porque él estaba, pues, allá en su país.
¿Vos sí me entendés cuando yo digo que me casé por poderes?
-No, señora. -Pues es eso, mi amor.
Que uno se casa y alguien representa al que está ausente.
Pero entonces, sí, usted sí se casó con mi papá.
Bueno, está bien, digamos que sí, pero un poquito, no más.
"El municipio de Medellín, una vergüenza nacional".
Ay, mi amor, no le toqués eso a tu papá
que no ha acabado todavía.
"El acueducto reparte bacilos de la fiebre tifoidea,
sin que las autoridades hagan algo para remediarlo".
Es un artículo.
¿Para el periódico?
Sí, señor, para un periódico.
¿Y todo el mundo lo va a leer cuando lo publique?
Ay, ojalá, mi amor.
Ojalá, por lo menos, lo lean los que lo tienen que leer.
Acá estás.
Vámonos, Héctor, seguro no has dejado trabajar a Gilma.
¿Hum?
Este, papá, esto es de parte de la mamá de Miguel, ¿cierto?
-Miguel. -El estudiante.
Ah, tan querido ese muchacho.
Quédese con esto usted, así no tenemos que llevarlo hasta la casa.
-No, doctor, no me ponga a cargar
No voy a alegar con nadie más, suficiente por hoy.
-Pero -Suficiente por hoy.
Nos fuimos.
Chao, Gilma.
¡Hola, Rosalía!
-¡Tiempo sin verla! -¡Qué pasó, doctor!
Ay, sí, es que imagínese que estaba toda enferma.
¿Cómo está?
-Le tengo una cosa. -Cuente.
¿Se acuerda de lo que le prometí?
¡Pasen, pasen!
Ojalá le hayamos tomado bien las medidas.
Si le molesta, usted me lo dice.
Porque esto no le tiene ni que molestar
ni que doler en ningún momento.
Pero, doctor, ¿yo cómo voy a saber?
No, el sistema es muy sencillo.
Ayúdeme con la falda acá.
Eso es, cuidado. Eso es.
-Listo. -Y baja la ropa y punto.
Ay, pero ¿yo qué le voy a pagar?
¡Le queda perfecta!
Papi, leí del artículo que estabas escribiendo para el periódico.
¿Ah, sí? ¿Qué te pareció?
Muy "interesting", pero...
-Voltea, voltea. -¿los bacilos qué son?
Los bacilos son, son bacterias
que solo pueden ser vistas a través del microscopio.
¿Te acuerdas de las muestras que tomamos con Richard?
Sí, claro.
¡Voltea "pallá"!
¡Eso!
¡Eso es!
Pues cuando las estudiamos en el microscopio,
¿a que no adivinás lo que encontramos?
-¡Bacilos! -Exacto, después te muestro las fotos.
Pero, papi, si yo lo que quiero ver es un muerto.
Héctor, ya te dije que todavía estás muy chiquito para ver eso, ¿hum?
Bájate y abre el garaje.
Claro que los muertos van al infierno
si no se han portado bien.
En eso, Dios es inflexible.
¿Y si se han portado bien, pero no van a misa?
¿Qué?
A ver.
Que si sí se han portado bien, pero no van a misa, ¿qué pasa?
¿También van para el infierno?
A ver, Héctor.
Usted a mí no me va a enredar.
Mañana tiene que ir a misa, como sus hermanas.
- Dice que no quiere. - ¿Ah, no?
Entonces voy a hablar con su mamá, a ver ella, que es sobrina del arzobispo,
a ver qué dice.
El domingo es sagrado, Héctor.
Y tan grave es faltar con el tercero, como con los demás.
¿El tercero?
Sí, el tercer mandamiento.
Dios santo bendito, este muchachito.
Ay, es que no quiere aprender.
¡No, Quiquín, no podés salir así!
¿Qué parte de lo que dijo mi papá muy claritamente
de no salir sin el casco?
¡Yo hago lo que me dé la gana, es mi bici!
Héctor, ¿qué es esa grosería?
Está muy chiquito para decir "hago lo que me da la gana".
Imagínese que se caiga y se abra la cabeza.
No me voy a caer.
Héctor, mirá, hacele caso a tu hermana.
Papá, no, ¿vos sabés que soy
el único bobo que sale a montar con casco en el barrio?
No importa, es un protector fundamental en caso de caída.
Y, además, ni siquiera ha terminado las tareas.
Bueno, ya, déjalo tranquilo. Héctor, vení.
¡Es que está muy mimado ese niño, ah!
Lo que está es muy malcriado.
A ver si alguien se molesta en educarlo.
Ya habrá tiempo, Josefa, ya habrá tiempo.
Doctor, lo que le falta a este niño, es mano dura.
No se preocupe.
La vida ya es lo suficientemente dura como para tener que añadirle más dureza.
-Ven acá. -¡Papá, no!
Oíme bien:
no le volvás a poner la mano encima a tu hermana, ¿hum?
-La preferís a ella, ¿no? -No.
Marta es tu favorita.
Como todo lo hace bien, toca violín, guitarra, canta, baila.
No, eso no es verdad.
Y vos tenés que protegerla.
A ella y a todas tus hermanas, ¿hum?
A una mujer no se le pega nunca.
Ni con el pétalo de una rosa.
Dale, pues.
Qué cosa tan horrible
como gastan de papel higiénico en este edificio, por Dios.
¿Qué?
¿Te parece chino?
No, ma, eso es como árabe, indio.
Se llama taquigrafía, mi amor.
Es que como la gente habla tan rápido en las reuniones,
a uno le toca anotarlo todo así.
¿Cómo aprendiste?
Uy, eso fue hace un montón de años.
En la Escuela Remington para Señoritas.
-Hum. -Hum.
¿Qué hubo de las tareas, Héctor? ¿Ya las hiciste?
Ni ha empezado, ma.
Porque, claro, como después mi papá le perdona todo.
Las terminas en la casa, que ya nos vamos.
Listo, mamá.
Rapidito, a ver, niñas. Ordenen todo, que nos fuimos.
-Sí, señora. -Sí, señora.
¿No leyeron su artículo en la prensa?
No se dejen engañar.
Está infiltrando las ideas marxistas en la universidad.
Y dele con que es marxista, ¡eh!
Mami, ¿están hablando mal de mi papá?
Claro.
¡Sol, déjame en paz!
Oigan, ya.
Chist.
La jerarquía eclesial ha tomado cartas en el asunto
y han firmado esta misma mañana un documento.
¡Son ellos los que no pueden dañar la imagen
-de una persona buena como mi papá! -Ya, déjame oír.
Héctor Abad Gómez.
Ma, están hablando de mi papá.
Ya, déjenme oír.
-¿Qué están diciendo? -Silencio, callate.
"Opuestas a las sanas costumbres,
aptas para destruir la moral de las personas".
Pero es que son ellos los que están destruyendo la moral, mami.
¡Chist, se callan todos!
Ellos no lo conocen.
Estas fueron las palabras
del presbítero Fernando Gómez Mejía.
¡Ahí vienen, ahí vienen!
Niñas, saluden a su tío arzobispo.
-Hola. -Hola, tío.
- Hola, buenas tardes. - Hola, tío, ¿qué más?
Uy, pero cómo están de grandes los hijos de mi sobrina.
Aunque... aquí faltan dos muchachas, ¿o no?
Ah, sí, Clarita y Maryluz.
Que una está estudiando por fuera y la otra en la universidad.
-Mamá. -¿Hum?
¿Verdad que vos vivías en ese palacio?
-¿Cómo te parece? -Tremendo.
¿Y vos? Vos debes ser el pequeño Héctor, el varoncito.
-Hola, tío. -Sí, es el único.
Sí, ¿no?
Bueno, me hacen un favor, ¿sí?
Le dicen a su papá que el domingo yo paso por la casa de ustedes
para que almorcemos juntos.
-Ay, no, muchas gracias. -Listo.
Se va a poner dichoso.
La bendición.
-Amén. -Hasta luego.
-Que les vaya bien. -Hasta luego.
-Adiós. -Hasta luego, tío.
Ay, Dios mío.
Imaginen a su mamá correteando por los pasillos
y los aposentos de semejante palacio.
Era como, no sé, como una princesita.
- ¡No, no, no! - Mírenla.
Pero tampoco era el lugar ideal para una niña.
Uno entre tanto cura, no, no, no.
- ¡Ma! - Entonces, ¿por qué vivías allá?
Ella se vino a vivir conmigo cuando murieron sus papás.
Y, desde entonces, nunca dejó de comportarse como una princesita.
- Ay, yo quiero helado. - Helado de zapote.
- ¡Ay, qué maravilla! - ¡Qué milagro!
Receta de palacio.
Se me está haciendo un poquito tarde,
pero esto no me lo pierdo por nada del mundo.
Siga, por favor.
Cuando yo era pretendiente de su sobrina y me invitaban a comer en el palacio,
a mí normalmente siempre de postre me daban arroz con leche.
Es que las cosas buenas hay que sabérselas ganar.
- ¡Hum, qué delicia, qué maravilla! - Eso es verdad.
¿Sí está bueno?
Ya nadie lo sabe preparar así de bueno.
Héctor, yo ya le expliqué a Cecilia
que ese documento yo lo firmé sin leerlo.
Yo cómo iba a saber que iban a utilizarlo para atacarte.
Yo ya le dije.
No, pero usted estaba en todo su derecho de firmarlo, si es lo que piensa.
¿Contra un miembro de mi propia familia? ¡Por supuesto que no!
Lo que pasa, Héctor, es que tú tienes a veces ciertas actitudes
que, no sé, francamente...
Mire, padre, los médicos estamos para curar.
Pues para andar por los caminos a ver quién nos necesita.
Y no podemos limitarnos
a recetar pastillitas en nuestros consultorios.
No, yo entiendo.
Lo único que espero es que entre tantas ideas humanitarias
no se te olviden tus obligaciones como buen cristiano.
No se preocupe, padre.
Yo trato de no desviarme ni un centímetro de la obra que nos exige Jesucristo.
Te recuerdo de todas maneras que Cristo no fue ningún vociferador.
No, yo tampoco.
Yo tampoco.
Yo me limito solamente a contar lo que veo.
Ojalá otros hicieran lo mismo, ¿cierto?
¡Ay, Tatá! ¿Nadie bajó a Tatá? Se nos olvidó Tatá.
-¡Ah, ma! -¡Ay, pobrecita, ma!
Quiquín, andá, a ver, por favor.
O sea, ella olió el helado de zapote y de una dijo: "¡Pri!".
Ay, ¿te dejaron aquí solita?
¿Quieres ir con nosotros?
Quiero ver al arzobispo y quiero ver al arzobispo
y quiero ver al arzobispo.
-Pero, por favor, cambiemos de tema, ¿sí? -Ay, sí, mejor.
Porque estamos aburriendo aquí a las niñas y a Josefa.
Ay, no, padre, tranquilo, que yo ya estoy acostumbrada.
Qué suerte, ¿no es cierto? Qué suerte que las Hermanitas de la Anunciación
nos hayan prestado a Josefa para que les ayude un poco, ¿no es cierto?
Claro que sí, y muy agradecidos que sí estamos, ¿cierto?
Que conste que yo me negaba al principio a que Cecilia trabajara, pero...
Pero, claro, cuando yo me di cuenta de tu sueldo de profesor,
entonces también entendí que tenía una familia que mantener.
Y tuvo toda la razón.
¿Cómo?
- Mire a Tatá. - Tatá.
-¡Ay, Tatá! -¡Ay, qué rico verlo!
¡Vea, anillo!
¡Eh, tan linda, Tatá!
-También muy lindo. -Gracias.
Pues claro que Josefa tiene razón.
Debes ir a misa todos los domingos, ¿hum?
Y debes hacerlo para que tu mamá esté tranquila.
¿Así todo sea mentira como vos decís?
Hum.
Así todo sea mentira.
Tú y yo sabemos que si Dios de verdad existe,
a él no le va a preocupar si lo adoramos o no.
Yo creo... que para él,
nosotros los hombres somos tan importantes
como lo son los parásitos para los doctores,
que los observamos por el microscopio.
-Como los bacilos. -Exacto.
Pero a ti te toca hacerle caso a los mayores.
-Papi, ¿nos lees un cuento? -Mi amor.
No, mi amor, no estás ni tibia. Está muy tarde, reina.
- ¡Mami, por favor! - No, señora.
-¡Porfa! -Venga, pues.
- ¡Eh! - ¡Héctor!
No, luego yo la llevo a la cama.
Este es el cuento del muchacho.
Ah.
Bueno.
Bueno: "Había una vez un muchacho
que estaba perdidamente enamorado de la hija de su profesor
y quería invitarla al baile.
Pero, cuando se lo pidió, pues la muchacha le puso una condición,
y es que para ir con él,
él debería regalarle una hermosa rosa roja.
El muchacho corrió y corrió a buscar la rosa,
pero en su jardín solo habían rosas blancas".
-Pobre. -Pobrecito.
"Así que, desesperado, claro, el muchacho se puso a llorar".
Ah.
Pero, oigan, pues:
"Mientras sollozaba, un ruiseñor lo oyó desde el árbol
y decidió ayudarlo para
no sé, para conquistar a su amada, ¿no?".
-Apenas. -Claro.
"Así que el ruiseñor se clava así".
¡Ay!
"Se clavo una.
Ah, se clavó una espina de un rosal seco
que había debajo de la ventana del muchacho,
tiñendo el rosal con su sangre".
Pa, pero ¿qué es eso?
"Al otro día, el muchacho vio que había brotado
una hermosa rosa roja
bajo el rosal que estaba debajo de la ventana del muchacho.
La cortó y se fue corriendo.
Corre, amigo.
Pero ella, que era, pues, ya saben, muy soberbia,
porque era la más bonita,
lo volvió a rechazar
y le dijo que una rosa, pues, que no era importante,
y que los demás pretendientes le habían hecho mejores regalos
para acompañarlos al baile".
Papá, ¿qué es ese cuento?
¿Ya se acaba?
-Así termina. -¿Y ya, nada más?
-No. -Pero muy triste.
Sí, bueno, más triste sería
que el muchacho estuviera todavía enamorado
de alguien a quien solo le interesan las cosas de valor material, ¿no crees?
Pues, sí, pero papá
Más triste es que estemos trasnochando y tengamos que madrugar todos.
-¡A ver, a la cama! -Cierto.
Afuera, todos, a la cama.
¿Cuántos padrenuestros ha rezado Josefa sin ustedes?
Bueno, Héctor, vamos, rápido.
Quiquín, Quiquín, mi amor.
-Dejó la lonchera. -Gracias.
-¡Pórtese bien! -Sí.
¿Bueno?
Debo manifestar muy respetuosamente
que nunca he entendido mi posición profesoral
como renuncia a mis derechos de ciudadano
y a la libre expresión de mis ideas y opiniones.
Gilma, ¿usted sabe "traquegrafía"?
Mi mamá sí.
Taquigrafía, no molestes.
Perdón: "Ideas y opiniones".
Ajá, ideas y opiniones
La universidad no puede vivir de espaldas a los problemas reales de los colombianos,
aislándose de las angustias de la gente,
sosteniendo los privilegios y métodos que mantienen las injusticias sociales.
Escriba.
Escriba.
Avísele a sus hermanas para que nos ayuden a entrar todo esto.
¡Marta!
¡Marta!
Abre.
Ahora me doy la vuelta.
Y a ti.
Y a mí.
Héctor, por Dios,
¿por qué solo puedes pensar en ellos en este momento?
Primero que todo,
algunos de esos muchachos van a llegar mañana
y las clases van a estar suspendidas.
¿Y qué? Los llamas y ya.
¿Pero en qué parte del mundo crees que vives, Cecilia?
Carajo, ¿en Europa, en Japón?
¿Tú crees que todo el mundo vive como nosotros?
¿Que esos muchachos tienen agua potable y teléfono?
¡No!
Mami, ¿nosotros somos ricos?
Hum, no.
No, ricos no somos.
¿Qué somos? ¿Qué somos nosotros? ¿Somos qué?
Acomodados, sí.
¿Cómo así que acomodados?
No sé.
O de pronto tu papá sí es rico, porque como él nunca piensa en plata,
pero yo no tengo esa suerte, ¿cierto?
¡Ay, no sé!
Ay, Héctor Joaquín, por favor, vete con tus hermanas, ¿sí?
-¡Héctor! -¡Héctor!
¿Qué pasó?
Mi papá y mi mamá estaban peleando.
¿Y es que ahora te dedicas a espiar?
No estaba espiando, estaban hablando muy duro.
¿Vos es que no te das cuenta de nada o qué?
-A mi papá lo echaron de la universidad. -¿Qué?
¿Por qué?
¿Cómo así?
¿Lo echaron por no creer en Dios?
Algo así.
¿Qué te pasa?
¿Estás bravo conmigo?
No, no es eso.
Es que mi papá se va a trabajar a otro país.
¿En serio?
¡Papi, no te vayas!
¡No, pa!
-Ya, mi amor. Ya. -Quédate conmigo, papi, quédate.
Ya, mi vida.
Te amo.
¿Hum?
Ah, miren, miren lo que les compré para que estemos en contacto directo.
"Contacto directo", ¿y eso cómo es?
Sí, va a ser como si estuviéramos todos en la misma habitación.
-¿Eso es un micrófono? -Muy bien, Solbia.
Miren, yo les voy a mandar todas mis grabaciones,
porque compraré otro de estos ingenios tecnológicos,
pero solo si ustedes me aseguran que me van a enviar noticias suyas.
Pues claro, pa.
Es como si te escribiéramos una carta, pero te la hablamos.
Exacto.
¿Lo que hable aquí lo voy a grabar ahí?
Papi, me da pena, pero yo también te voy a mandar.
Claro que sí, todas, me graban todo.
Yo aquí también te voy a mandar todas mis canciones.
Claro.
Quiquín, vení, madurá, "pa" que entendás cómo funciona.
Héctor, ligero que te va a dejar el avión.
-Niñas, ya, nos vamos. -Sí, mi amor, los profesores, claro.
-Bueno, Héctor, vení. -No quiero.
No, ese no madura, no quiere venir.
Bueno, sean queridas con él.
Héctor, ven a despedirte del papá.
Un último abrazo, mis amores.
Todas acá.
Ay, cuídenseme bien, ¿hum?
Sí, cuidate vos.
-Chao, mis amores. -Chao, papi.
- ¡Chao, mis amores! - ¡Quiquín!
Dejalo.
Papi, ¿me traes un sombrero, por favor?
Ya vengo.
¡Chao, papi, te amo!
- ¡Chao! - ¡Papi, chao!
- ¡Chao! - Papi, me traes una muñequita, ¿sí?
Sí, mi amor. ¡Dios me las bendiga!
Sol, amor, vení.
¡Ah!
Héctor, tranquilo, que seguro que su papá vuelve rápido.
Teresa, usted solo prométame que no va a lavar esta almohada, ¿listo?
¿Cómo así? ¿Por qué?
Para que conserve el olor.
Qué cosas dice este muchacho.
Querido papá.
Quiero contarte las últimas novedades aquí en la casa.
Tatá
Tatá ya no está con nosotros.
Ella ya no era ni siquiera capaz de llamar con el pito.
Así que mi mamá se decidió a meterla en un ancianato.
Dice que allá la van a cuidar mucho mejor.
Aunque Marta cree que seguramente se va a morir pronto.
Es que está muy viejita.
En cambio, Josefa no se mueve de acá.
Yo hago como vos me dijiste
y rezo con ella para que me deje tranquilo,
pero por culpa de las historias que nos cuenta,
algunas noches, tengo pesadillas.
"Dios mío, no permitas que muera.
Resucitadla, os lo suplico".
Mamá está trabajando más que nunca,
y, últimamente, me voy para su oficina a hacer las tareas mientras termina.
A veces, para que acabe antes,
le ayudo dictándole las actas de las reuniones de vecinos.
Imagínate, hasta estoy aprendiendo "taquiga"...
Taquigrafía.
La semana pasada mi mamá me envió a la finca
y estuve ayudando a Dilsa a recoger las frutas
que no se habían comido los pájaros.
La pasé delicioso.
Maryluz consiguió novio, pues, creo,
porque todas las noches llega en la moto de un amigo,
y cuando sale, tiene una risa como de boba
y está toda despeinada.
En cambio, Clara terminó con el suyo.
Una tarde vi que estaba llorando mientras las otras la consolaban.
Y apenas me vieron, me echaron del cuarto.
Como de costumbre.
Mi mamá todo el tiempo les dice, pues, que se dejen de novios
y que mejor se concentren en los estudios,
que una mujer sin estudios está condenada a depender de un hombre.
A ver, un momento, ¿ustedes qué quieren en la vida, entonces, ah?
¿Que los hombres decidan por ustedes el resto de sus vidas?
¿Eso es lo que quieren?
Pero con esas canciones que canta Marta a todas horas,
es imposible que no se la pasen pensando en el amor.
Vicky, para ganarse a mi mamá,
todos los domingos le lleva una bandeja con el desayuno
y le dice que lo hizo ella, hasta exprimir el jugo.
Pero, la verdad, es que Teresa es la que lo hace todo,
pero mi mamá le cree a esa mentirosa, y yo sospecho que ahora es su favorita.
Mi mamá decidió cambiarme de colegio para el próximo año.
El otro día fuimos a ver al rector, el padre Hoyos.
Pues, que aquí las reglas son muy estrictas.
Él nos explicó que los cupos para los futuros alumnos en los jesuitas
se dividen en tres grupos.
Por ejemplo
Uno: el cajón del cielo
Aquí están las solicitudes de los que entran directamente.
Y el otro es el cajón del purgatorio,
en donde puso nuestra solicitud.
Donde vamos a poner la solicitud de su hijo.
Porque tenemos que hacer un minucioso estudio de su historial.
Queremos estar seguros de que en su casa no sufra una mala influencia
Entonces vi que mi mamá se enfurecía,
como cuando alguien le lleva la contraria.
Este es el infierno.
Aquí están, pues, las solicitudes de los que nunca van a lograr entrar.
Ponga a mi hijo en ese cajón de una vez, padre,
porque yo me voy a matricularlo en otro colegio.
Le agradezco mucho, hasta luego.
Así que mi mamá se decidió por otro colegio de curas,
uno en el que trabaja mi primo Javier, que me presentó a los otros niños
y me dijo que pronto seríamos compañeros.
Estoy seguro que te va gustar.
Mi papá dice que no fue así como se creó el mundo.
Él dice que fue un azar cósmico, un momento único e irrepetible,
que por eso nadie puede saber nuestro destino.
Esas cosas mejor guárdatelas para la casa.
Y vos, vos podés estar tranquilo,
porque en tu estudio todo está en orden:
los lápices afilados y listos para cuando regreses.
Y, como te prometí,
cada día estoy leyendo una página del libro de la historia del arte.
Y así se despide con cariño, Héctor Abad III.
Seguro te preguntarás por qué firmo como III.
Simple, pues, porque tú vales por dos.
Ay, así que aquí estás.
Mi mamá te estaba buscando para ir a almorzar.
-¿Qué no ves que estoy trabajando? -¿Trabajando?
Hágale, pues, rápido que ya todos estamos en la mesa.
¡Rápido!
En Bali les encanta hacer manualidades,
figuras, collares, esculturas.
Aprecien lo que fabrican con madera, marfil, corteza de coco.
Fabricar cosas bellas les hace olvidar la pobreza,
hasta las necesidades que pasan.
Parecen felices.
A ellos no los educaron en la culpa y el pecado, como a nosotros.
Y, bueno...
Bueno, mis amores, debo terminar ya por hoy
y me despido con un beso enorme para todos.
Me están haciendo mucha falta y no veo la hora de regresar.
Ah, Héctor, y no te olvidés, aunque Josefa se resista
y solo te quiera leer
las historias dramáticas de Genoveva de Brabante,
debés repasar algún poema de Machado o Neruda antes de dormir.
"Si alguna vez vivo otra vez, será de la misma manera,
porque se puede repetir mi nacimiento equivocado
y salir con otra corteza cantando la misma tonada.
Y, por eso, por si sucede,
si por un destino indostánico me veo obligado a nacer,
no quiero ser un elefante ni un camello desvencijado".
"Si por un destino indostánico me veo obligado a nacer,
no quiero ser un elefante ni un camello desvencijado,
sino un modesto langostino,
una gota roja del mar.
Quiero hacer en el agua amarga las mismas equivocaciones.
Ser sacudido por la ola como ya lo fui por el tiempo".
¡Es ese! ¡Ese es su avión!
¡Mirá!
Se les informa a los interesados
en el vuelo procedente de Kuala Lumpur
¡Se los dije, es ese!
¡Qué dicha!
¿Cuándo sale? ¡Ya lo quiero ver!
¡Ahí está!
-¡Ahí está! -¡Ahí está!
-¡Papá! -¡Papi!
-¡Ay, papi! -¡Papi!
-¡Papi! -¡Papi!
-¿Sí lo ven? -¡Pa!
¡Cómo llegó de gordo, miralo!
¿Y sí estás contento en el colegio nuevo?
Papá, ¿contento? Eso es imposible.
No le digas mentiras a tu papá, Héctor Joaquín.
Papá, mira, ahí está Rosalía.
¿Qué hubo, Rosalía?
- Hola, doctor, familia, ¿cómo están? - Hola.
¿Qué pasó con la pierna?
Ah, doctor, no, todo va muy bien.
Yo la utilizo en la casa, pues, me va muy bien con ella.
Pero es que para trabajar, usted sabe cómo son las personas,
entonces es mejor que no.
Pero en la casa me va muy bien.
Muchas gracias, mi Dios le pague.
-Que le vaya bien. -Hasta luego.
¡Ayayay!
-Esas grandes allá. -¿Qué tanto llevas?
-¿Dónde está la maleta? -Aquí está.
Mami, ¿son 28 horas hasta la casa del tío Rafa en Cartagena?
Claro que sí, por eso nos vamos ya. Todo el mundo para el carro.
¿Por qué no van con nosotras?
Porque yo me voy con mi papá mañana en avión.
-¡No, mami, es que no hay derecho! -¡Nos vamos, todos!
- Yo me cogí la otra ventanita. - ¡Cuidado con las manos!
Las manos.
Bueno, ahí les dejé los pasajes, en la mesita de noche.
La comida está en la nevera, todo está listo.
-No se les olvide los papeles. -Chao.
Sí, mi amor.
-Háganle caso a su mamá. -Chao, mis amores.
-Háganle caso a su mamá. -Que lleguen rápido.
¡Zángano!
¡Nos vamos!
¡Zángano, te quiero aunque seas un zángano!
Chao, zángano, chao.
¡Chao, zángano!
¡Chao!
¡Quiquín, te quiero aunque seas un zángano!
¡Chao!
Qué tranquilidad.
¿Cierto, papi?
Pues sí.
-Está muy sabroso. -Sí.
¿Y vos no vas a querer más?
No.
Yo
prefiero quedar con hambre que muy lleno.
La medida de las cosas es lo importante, ¿no crees?
-Hum. -Hum.
Ese es el secreto de las vacunas,
poner una pequeña dosis del mal dentro de uno
para que el cuerpo aprenda a combatirlo.
-¿Sí? -Sí.
Me traje unas dosis de una vacuna nueva
que podría erradicar el polio de todo el mundo,
y que aún no han puesto en ninguna parte.
Pero
si demostramos que funciona,
nadie se nos va a oponer.
Y vamos a poder establecer
un plan nacional de prevención.
Entonces, voy a necesitar tu valiente colaboración
para salvar la vida de miles de niños.
¿Mi colaboración?
¿Te acuerdas de los niños enfermos del Hospital?
Sí.
A partir de este momento,
eres imprescindible para el futuro de este país.
No sabía que estabas ocupado.
Solo quería chequear que no tuviera dado fiebre.
No.
Estoy bien.
Ya.
¿Cómo así?, ¿te vas a dormir?
Si el viaje apenas es una hora.
Ah.
-Señor. -Ah, gracias.
- Con gusto. - Gracias.
¿Alguna vez te conté,
cuando estaba yo en el último año de medicina,
que me llamó el primo Luis para invitarme a su casa?
¿El papá de Fabio?
Ja.
Fabito debía tener tu edad en esa época, más o menos.
El caso es que después de muchos rodeos y misterio,
Luis me dijo que estaba muy angustiado con su hijo.
Muchísimo.
Imagínate que
el muchacho no se dedicaba otra cosa que a hacerse la paja.
A toda hora.
Mañana, tarde y noche, dele que dele.
Y, claro, me pidió ayuda Luis muy preocupado.
¿Sabés lo que hice?
Pues me fui a hablar con Fabito y le dije: "Mijo, véngase.
Usted siga con lo que está haciendo, porque eso no le hace daño a nadie
y es lo más normal en un muchacho de su edad.
Pero déjeme que le dé un consejo: no deje rastros.
Y, sobre todo, no se deje ver de su papá".
Al cabo de un tiempo me llamó mi primo Luis
y estaba muy agradecido
porque logré convencer a su hijo de que abandonara ese vicio.
¿Eh?
Fabito.
Ay, hombre.
Fabito.
Venga, salta.
No, no más. No más, Solbia, no.
-Ya, vamos. -¡Deja de ser gallina!
¡Hey, no, quieta!
¡Protéjanse del sol, que está pegando muy duro!
Sí, papi.
-¿Y ustedes ya se echaron bloqueador? -Sí, pa, nosotras ya nos echamos, todas.
¿Y esto...?
¿Esto ya te lo vio un médico?
Pues, tú eres médico, ¿no?
Ay, para lo que le conviene.
Que la vecina con gripa
y este no fue capaz de pasar a mirarla, ¿ah?
Sería bueno que le hicieran unos exámenes.
-Cuando volvamos. -Pero ¿saben qué?
A mí Josefa siempre me ha dicho que son como las bolitas del Rosario,
que son un regalo de Dios.
¡Ah, Josefa!
No, ¡pues qué va a saber Josefa!
Gallina.
Mirá, Héctor, cómo salto yo de alto. Y eso que no sé nadar.
-A ver. -Vos que sí sabés
¡Hacele!
¡Solbia!
¡Agarrate, dale!
-¡Ayúdame! -¡Solbia!
-¡Sol! -¿Qué?
-¡Se cayó, no sabe nadar! -¿Qué pasó?
¡No, pero corran a ver qué pasó!
¡Ma!
¡Solbia!
- ¡Ah, mami! - ¡Alcáncela!
Gracias, muchachos.
Cuidado, mi amor.
Ya, mi cielo, ya.
Ya. Ya, mi vida, ya.
Ya.
¿Y vos por qué no hiciste nada?
Está bien.
No, muchachos, no se equivoquen,
nosotros no estamos acá para cambiar el mundo,
sino para educar a los que de pronto ayuden a cambiarlo.
Ja, ¿usted le está siguiendo el juego a todos esos oligarcas?
¿Usted es uno de ellos o qué?
Sin lucha no se pueden cambiar las cosas.
Yo soy médico.
Mi oficio es salvar vidas, no ponerlas en peligro.
Papi, hoy hay clase de disección, ¿podría ir a ver el muerto?
Cállate, por favor.
Solo me faltabas vos hoy.
-Vamos. -Chao, Gilma.
-Hasta mañana. -Hasta mañana, doctor.
¿Querés que vayamos a cine?
Vale.
¡Uy, mijo!
¿Otra serenata esta noche?
Están bien elegantes.
¡Voltee!
Buenas noches, doctor, espero no estar incomodándolo.
Buenas noches.
No.
Alfonso.
-Ah, Alfonso, encantado, un placer. -Sí.
Una preguntica,
¿usted por cuál de mis hijas está acá, hombre?
Ah por Clara, señor.
Ah, Clara.
-Eso pensé. -Buenas noches.
Buenas noches.
Oye, pero ¿clara no tenía otro pretendiente?
Eso fue la semana pasada.
¡Ay, Clarita!
Pero ¿sabés qué? Me gusta más este.
Es menos El otro era demasiado ambicioso.
¡No, pero el carrazo que tenía, uf!
Ya, pero los hombres demasiado ambiciosos nunca son maridos fieles.
¡Héctor!
Vestite rápido, ¿hum?
Quiero que me acompañés a hacer algo.
Dejen dormir.
Feliciano.
-Doctor Abad. -¿Cómo me le va?
-Muy bien. -Este es mi hijo Héctor.
-Hola. -Hola.
-¿Está seguro? -Sí, tranquilo.
Él es todo un hombre.
Uh.
Ella era parte del movimiento estudiantil.
¿Vos la conocías?
Solo de vista.
Doctor, permiso.
Las cuchilladas están aquí y aquí.
Y acá las dos puñaladas.
Yo, la verdad, no veo marcas de violencia ni forcejeo.
De pronto lo que querían era aparentar un robo.
Feliciano, ¿vos me podés hacer llegar una copia del informe?
Yo veo a ver.
Le aseguro que voy a ser discreto.
¡Ah!
Ok, doctor.
Ya, tranquilo.
Tranquilo, mi amor, eso era una pesadilla.
Estabas soñando, Héctor.
-¿Qué pasó, mi amor? -¡Ah!
¿Qué pasó?
Ya está, ya estoy aquí.
Tranquila.
Yo sabía.
Lo siento mucho, ¿me perdonás?
-Sí. -Ya, mi amor, vamos a dormir.
Eh, venga.
Ya.
Muy buenos días, nos encontramos desde el Hospital San Vicente de Paul
en una jornada de vacunación
acompañada y patrocinada por el doctor Héctor Abad Gómez
y la Universidad de Antioquia.
Ante la desconfianza de la gente, me gusta predicar con el ejemplo,
así que las primeras en vacunarse han sido mis propias hijas.
La prevención es la mejor de las medicinas.
Muchas gracias, doctor Héctor Abad.
Gracias a ustedes.
Esas fueron las palabras del doctor Héctor Abad Gómez
desde el Hospital San Vicente de Paul en la jornada de vacunación.
Los héroes no presumen.
Con ustedes, Marina Fernández.
Andate.
Andate, mi amor, ¿sí?
Héctor, no es el momento.
¿Pusieron una bomba?
Eso parece.
¿Y a quién mataron?
No sé.
Si supiste que Clara le dio un beso a Pablo,
pero como él le agarró una teta, entonces, después le terminó.
¿Qué pasa, papi?
¿Para dónde estamos yendo?
No sé si ya sabrán, pero...
su mamá me pidió...
Marta, su hermana, tiene un melanoma en la piel.
Es una enfermedad muy grave.
Y va a seguir un tratamiento médico muy riguroso.
¿Se va a morir?
No, hombre.
¿Cómo se le ocurre?
¿Ah?
Vamos a ponerla en manos de los mejores especialistas,
así tengamos que irnos a los Estados Unidos.
¿Ah?
Lo que...
Lo que yo les quiero pedir...
es que sean fuertes.
Y que no le cuenten a nadie.
Y la traten muy bien.
Sí.
Porque su hermana los va a necesitar mucho.
Ya.
Ya, mi amor, todo va a ir bien.
¿Hum?
Todo va a ir bien.
Todo va a ir bien.
- Dejame ver. - Esperate.
Ay, a ver, escupe acá.
Ojo conmigo.
Ay.
Sos un cerdo asqueroso, pero "uich".
Que conste que vos me dijiste.
Ay.
Qué asco.
A ver, mirá, pues.
Uh.
-¿Ve esas cosas que se mueven? -Sí.
Son bacilos.
¿Los qué?
Bacilos.
¿Están en mi boca?
Qué asco.
Se ve chévere.
Sí.
Pero nunca había visto mi saliva tan de cerca.
Son como unos gusanitos.
Ay, qué asco.
Ve.
-¿Qué? -Gordo, vámonos.
Gordo, vámonos.
Vamos.
Cuidado. Cuidado, mi amor.
Qué pena, señora.
Permiso.
Es por acá.
¿Y dónde es?
Acá.
Papá, acá.
Acá.
Aquí, sí.
¿Quién?
-Hola. -¡Hola!
¡Mi amor, a ver, el primer nieto!
Hola.
Toma.
No, esperame, me lavo las manos.
-Mira. -Gracias.
-Hola, mi bello. -¡Ay!
Hola, ma.
Ay, no, es divino.
Es todo chiquito.
¡Yo quiero, yo quiero!
A ver.
Con despacio, con cuidado.
Felicidades.
A ver, la cabeza.
Eso, chist.
Ay, no, las manos.
-Ay, ¿qué pasó? -Ya.
¿Qué le pasó?
¿Dónde está la tía?
¿Hm?
Mira, este bobo es tu tío Héctor.
¡Eso! Ya soy tío, ¡carajo!
Ay, sí, se parece a ti cuando eras un bebé.
No.
Sí.
¿Te acuerdas, mi amor, que yo decía que era igualitico al papa Juan XXIII,
pero vos me decías que no, que era igualito al ruso ese?
No, ruso ese, no. Nikita Jrushchov.
Eras idéntico.
-¡Ay, qué bello! -Qué hermosura.
Y la abuela, ¿qué?
¿Contenta o no?
Dichosa.
Cansada de esperar a este par, que se demoraron mucho.
Llevan toda la vida juntos.
No, bonito.
¿Qué pasó, chiquitín?
Hola.
Ay, mis amores, miren esta belleza.
¡Ay, mirá!
Se parece a Quiquín.
-¡Ay, mamá! -Miralo.
¿Cómo estás?
Yo, bien, ¿y vos?
Felicitaciones.
¡Felicitaciones, ma!
Hola.
Ya, ya, ya, chist.
Hola, mi amor.
Ay, ¿qué me le están haciendo?
A que si tú lo alzas, se tranquiliza.
A ver, despacito, Marta.
-¿Qué pasó? -Sí, mi cielo, sí.
Pero buenos pulmones sí tiene, ¿ah?
Dale, pa que se calme.
Me da miedo que se me caiga.
No, tenelo duro.
Hola, mi amor.
Vas a volver a cantar, mi amor.
Vas a volver a tocar la guitarra
y hacernos felices a todos con esa voz tan hermosa.
Le voy a inyectar más morfina.
- ¿Cierto que sí? - Necesito una jeringa.
Sí, mi amor.
-Pero... -No, yo sí sé.
-Aquí está, pa. -Me vas a cantar, mi amor.
¿Sí está esterilizada?
Supongo.
¿Supones?
¿Pretendés que se la ponga así a tu hermana?
Hay que esterilizar todo el instrumental.
Papi, ¿qué pasa?
¿Cuántas veces tengo que decirlo?
¡Carajo!
Las infecciones son lo más peligroso que hay en el mundo.
Lo más peligroso.
Eso ya no importa, Héctor.
No, sí importa.
Alegría.
Tengamos alegría.
A veces, Dios nos hiere arrebatándonos lo que más amamos,
tan solo para recordarnos lo mucho que le debemos.
No puedo más.
Héctor...
La alegría ha de ser nuestro reconocimiento
a la grandeza de Dios,
a este regalo de vida que nos concede hasta que nos demanda a su lado.
Cuidado, güevón.
¡Puta!
¡Auxilio!
¿Qué le pasa?
¡No la vi!
-Señora. -¡Ayuda!
¡Gordo, gordo!
-Bajate, ayudame. -¡Ayuda!
¡Pare, pare!
Ayúdeme, por favor.
Hey, hermano, súbanla.
Con cuidado.
Vamos derecho por la 80 que por ahí hay un hospital.
Hágale, hermano, tranquilo.
-¡Gordo! -Vamos.
Gordo, seguinos hasta allá.
Debí hacer así con la cabrilla.
Mirá.
¿Qué, doctor, cómo está?
Está muy grave.
Estamos tratando de estabilizarla para llevarla a la Clínica Medellín,
allá hay cuidados intensivos.
Su papá es médico.
Es el profesor Abad Gómez.
Hombre, muchacho.
Mire, esta mujer está muy grave.
A mí me toca pasar un informe.
Y es posible que venga la policía
y se lo lleven para la cárcel de Bellavista.
¿Bellavista?
Podríamos estar hablando de homicidio culposo.
¿Y no hay otra opción?
Miren, yo los quiero ayudar.
Podríamos decir que está pasando por un shock.
Yo pasar un parte y se lo llevarían para el manicomio.
¿Por qué no hablan con su papá?
Y miran a ver qué hacen mientras llega la policía.
No.
No, dejemos a mi papá fuera de esto.
¿Qué le pasó en el brazo?
Eso se lo hizo en el accidente.
Venga, le ayudo.
A mí su papá no me dio clase,
pero sí me tocó acompañarlo a varias citas.
Recuerdo una vez en la cárcel, que se peleó con el director
porque quería juntar presos tuberculosos junto con los sanos,
y esa enfermería era un caos.
Doctor, la señora.
¿Sí se va a salvar?
Tiene fracturada la tibia, el peroné, un brazo y varias costillas.
Además, tiene fractura de pelvis.
Va a depender de su fortaleza.
¡Hacelo, hijueputa!
¡Hacelo!
¡Gol!
Pasala, ¡gol!
De Colombia, Colombia, Colombia.
¡Gol!
¿Tiene un cigarrillo?
No.
Doctor, un cigarrillito.
No tengo, no soy doctor.
-Doctor, usted tiene. -No tengo.
¡No soy doctor! ¡No tengo nada!
Hágame un favor.
Necesito llamar a mi casa.
Vicky.
Vicky, escuchame, decile a mi papá que si no me saca hoy mismo de acá,
me voy a enloquecer de verdad.
¡Ay, Quiquín!
Te dejé comida en la nevera, ¿quieres comer?
No.
¿Y tú papá?
Se encerró en el estudio.
Hum.
¿Por qué no vas y hablas con él?
Seguro se le pasa ligero.
¿Sí?
¿Cómo lo siente ahí?
Bien.
Muy buenas. ¿Cómo me les va?
-Buenas. -Ay, qué gusto, doctor, verlo por aquí.
-Despacito. -Cuidado, doña Betsabé.
A ver, cuidado.
Eso, agárrese, agárrese bien.
A mi hijo le daba mucha pena venir a verla.
Todo pasó ya, gracias a Dios.
Lo que fue una tragedia,
ahora es una bendición de Dios, nuestro señor.
No, pero es que él fue un irresponsable,
pero él sabe que eso no va a volver a repetirse.
-¿No es cierto? -Sí, lo siento mucho.
No, hable más duro.
Héctor, es que la señora Betsabé no oye muy bien.
Le decía que lo siento mucho.
Ah, no se preocupe, joven.
Muchas gracias por todo.
Bueno, doña Betsabé, por hoy ya terminamos los ejercicios.
A ver.
Muy bien.
Tengo mucho que agradecer.
Qué más que me colocó mi hijo, me le dio empleíto y todo,
y que ya la vida nos cambió.
Dios lo bendiga.
No se preocupe, ya está.
De verdad.
Y de verdad que es un honor conocerlo.
Ah, no, el honor es mío.
¿Cómo van las cosas por acá?
Pues desbordados, la verdad.
De hecho, si alguno de ustedes pudiera acompañarla.
Yo tengo una cita en la facultad, pero mi hijo seguro que sí puede.
¿No es cierto?
Sí, no hay problema.
Felicitaciones por los progresos.
-Felicitaciones. -Gracias por todo.
-Gracias, doctor. -Chao.
-Encantada. -Dios lo bendiga.
Cuidado con la cabeza.
Eso.
Bueno, se cuida mucho, por favor.
Bueno, muchas gracias.
No, pero gracias de qué.
-Que esté bien. -Hasta luego.
Muchas gracias, hasta luego.
¿Todavía por acá?
Sí, es que se demoraron un montón en recoger a la señora.
Ay, sí.
A la pobre le toca esperar horas sentadita aquí en la entrada.
Bueno.
Muchas gracias por todo.
Eh ¿vas para el centro?
No.
No, yo tampoco.
No, no sé por qué le dije eso.
Eh...
Pero de pronto, ¿podríamos tomar algo?
Sí, claro.
¿Caminamos?
¿Recordás la bomba que pusieron junto a la estación?
Yo era una niña.
Tuve más suerte que mi mamá y mi hermanito.
Ya van dos meses sin noticias y sin que nadie nos diga nada.
Yo se lo decía tanto: "Mijo, no se meta en política".
Bueno, bueno.
Doctor, él lo quería tanto a usted.
Muy querido.
Siempre nos contaba cómo era su saludo en la universidad.
"¿Qué han pensado hoy?".
Señora, lo que necesitamos saber es si su hijo recibió amenazas concretas.
Alguien, quizás cercano, que le advirtió, que le vino a hablar.
No.
La verdad, no sé.
Él solo me decía que estaba muy bien,
que tenía mucho trabajo,
que tenía mucho con las clases.
No me dijo más.
Ya.
Este tinto está delicioso.
Cómo estás de grande, hombre.
Hacía tiempo que no te veía.
Les dejo mi teléfono.
Oíste, ¿y qué fue lo que le pasó?
Pues no se sabe.
Era maestro y sindicalista.
Y vos sabés, en este país, la vida vale muy poco.
Manejás vos.
Hasta luego.
¿Y usted qué?
¿También va a ser médico como el papá?
No.
Él va a ser un gran escritor.
Eso dice él.
¿Vos sí sabés que tu papá era el peor médico de Medellín?
Al primer paciente que operó de la vesícula,
lo enterraron como a los cuatro días.
El quirófano no era lo suyo, pero la calle sí.
Cada uno tiene que encontrar su sitio.
Y él va a encontrar el suyo.
Hay muchachos que no tienen papá.
Vos, en cambio, creo que has tenido demasiados.
Dejalo tranquilo.
Chao, Alberto.
Remate, Perú.
Oí esta mañana que pusieron otro carro bomba
y que hubo dos muertos.
¿Ah, sí? No sabía.
Yo por eso prefiero ni poner las noticias.
Pues, mirá, si de verdad pretendés dedicarte a escribir,
tenés que asomarte al mundo real de vez en cuando, ¿no?
¿Ah?
Y no estar todo el día leyendo.
Por favor, no empecés, que nos quedan dos horas de camino.
Ay, mijito, si todo el mundo hiciera lo mismo.
-Es que a mí no me importa. -Bueno.
Por mí, que se queden con todo el país esos hijueputas,
y se lo metan por donde quieran.
Voy a aceptar presidir el comité de profesores universitarios.
Cosas como la de este muchacho son inaceptables.
Vea pues.
¿Y vos lo vas a resolver?
Hay un proverbio oriental que escuché hace muchos años, que dice:
"En vez de maldecir la oscuridad, prende aunque solo sea una pequeña luz".
La única luz que veo prendida aquí es la de tu vanidad.
-¿Eso creés? -Sí, eso creo.
Desde que se murió Marta,
te importan más los problemas de los demás que los de tu propia familia.
¿Los problemas de los demás?
¿Te estás escuchando lo que estás diciendo, Héctor?
Ningún problema es solo de los demás.
Poquito, ha pasado rozando el palo.
¡Maldito fútbol, carajo!
¡Eso es lo único que se toman en serio acá!
Cada día más muertos en la calle y la gente dele con el fútbol.
-¿Quiere hablar de fútbol? -Dejame tranquilo.
Si quiere hablamos de su equipo.
-¿Cuál es su equipo? -¡Dejame tranquilo!
Disculpe.
No te has perdido de nada interesante.
Eso me temo.
¿Y ese acento?
Colombia.
¿Medellín?
Sí.
Yo también soy colombiana, pero mi mamá es italiana.
Ah.
Te gustan las de bala y el suicidio.
El suicidio.
Qué exagerado.
Hola, no estoy en casa.
Por favor, deja tu mensaje.
Hola, no estoy en casa.
Por favor, deja tu mensaje.
Hola, amigo.
¿Estás ahí?
Responde, carajo.
Tengo que contarte lo que pasó con aquella chica.
Fue genial.
Llámame cuando puedas.
Hola, Héctor.
No sé si te acordás de mí, soy Silvia, Silvia Blair.
Hoy es un día muy triste para la universidad.
Acallar la voz de un profesor único.
Por eso queremos que tu voz se oiga,
aquí, Héctor, te reclamamos unas palabras.
Gracias.
Gracias, Silvia.
No, Silvia querida,
solo sería un día triste...
si al acabar las clases, se acabara mi tarea,
pero... no es así.
No es así.
Reconozco que... después de tantos años en esta universidad...
recibir una carta anunciándome la jubilación obligada...
me hizo sentir muy vacío, muy triste.
Enseñar he enseñado bien poco,
si acaso, siempre pretendí enseñar a pensar con libertad.
Pero qué cantidad de equivocaciones cometemos
los que pretendemos enseñar a los otros,
sin antes haber alcanzado la madurez y el juicio
que traen las experiencias acumuladas al final de la vida.
El mero conocimiento no es sabiduría.
La sabiduría sola tampoco basta.
Son necesarios el conocimiento, la sabiduría y la bondad
para enseñar a los otros.
Y ahora, que he llegado a esa etapa,
ahora que empiezo a alcanzar, quizá,
la claridad de ideas que me faltó cuando era joven,
me echan a la calle.
Sé que muchos de ustedes se estarán preguntando:
"¿Y qué va a hacer ahora el doctor Abad Gómez
que no tiene que dar esas clases que le hacían tan feliz?".
Bueno, pues yo se lo voy a decir:
voy a dedicar todos mis esfuerzos a cultivar las rosas de mi jardín.
Papi, ya, ya no cortés más.
Yo creo que con estas es suficiente.
-¿Sí será? -Sí.
Vos sabés que tu mamá es bien barroca.
¿Ah?
Y se pone tan contenta cada vez que vienes a visitarnos.
Si lo que querés es tener contenta a mi mamá,
deberías pasar más tiempo con ella.
Ah.
Y dejá de meterte en tanta cosa. Por ahí ya me contaron.
Mirá, que me hayan jubilado
no significa que me hayan amarrado de pies y manos, ¿ah?
Yo creo que no estás en edad de ponerte a jugar al rebelde,
-¿no te parece? -La rebeldía no la quiero perder.
Mirá, yo nunca me he arrodillado ante nadie.
¿No?
¿Ah?
Pero solo me arrodillo ante mis rosas.
Me la voy a comer.
Yo me la voy a comer.
Hola, mi amor.
Mami, mirá qué lindas.
¡Ay, no, qué dicha, qué hermosura!
Y el abuelo, ¿dónde está el abuelo?
Venga para acá.
Ay, no, no, no.
Hola, mi amorcito.
¡Mi vida!
Hola.
Les voy a dar un consejo de viejo,
ahora que estamos llegando a los 200 años, ¿no, Cecilia?
Ah, no, yo no.
Si quieren que su niño sea bueno, háganle feliz.
Y si quieren que todavía sea mejor, háganlo más feliz.
Ay, no, él todavía sigue pensando
que todo en la vida se soluciona con felicidad.
No.
Figúrate, Bárbara, lo que me dijo Quiquín cuando era chiquito.
Me dijo: "Mami, dile a mi papá que no me adore tanto".
Entonces uno a qué viene acá.
A nada.
Lamento que la conferencia de hoy,
que iba a impartir mi buen amigo, el doctor Abad Gómez,
no va a tener lugar.
Muchachos, muchachos, por favor.
No se pueden dar clases.
No se pueden dar clases bajo la vigilancia del Ejército
y bajo las amenazas de los guerrilleros.
No, muchachos, por favor.
Ustedes comprenderán que el aula no es un lugar de control,
sino un lugar de libertad.
Oiga, ¿qué pasa?
¿Qué pasa allá?
¡Escúchennos!
Tienen que escucharnos.
Sabemos que el batallón Bomboná
está detrás de los últimos crímenes contra líderes universitarios.
-¡Tienen que pagar! -¡Asesinos!
Nos encontramos ante despiadados psicópatas a sueldo oficial,
pagados por todos los colombianos.
Estas fueron las declaraciones
en la manifestación de esta mañana del doctor Héctor Abad Gómez.
Maryluz, Héctor,
vengan rápido que están entrevistando a su papá en televisión.
Están exterminando la inteligencia.
Están desapareciendo a los estudiantes más inquietos.
Están matando a los líderes políticos.
Están asesinando a los curas más comprometidos
con sus pueblos y con sus parroquias
Tu papá se está ganando enemigos demasiado poderosos.
No querrá que lo maten, ¿cierto?
Todo con la coartada de la lucha contra el terrorismo.
A la gente no puede arrebatársele el derecho a la alegría
Yo a veces pienso lo mismo.
¿Vos conocés a Iván?
No.
¿Qué más, hombre? Mucho gusto.
Y entonces, según vos, ¿qué debería hacer mi papá?
- Hacerse el loco como todos. - Reclaman al Gobierno...
No, pues, es que no se trata de eso, viejo.
Lo que pasa es que, pues,
este país no lo salvan palabrerías bien intencionadas.
...Universidad de Antioquia, estremeció a la comunidad universitaria,
que decidió marchar en contra de estos actos violentos.
¡Vamos a llevarlo a la oficina del rector!
¡Vamos a la oficina del rector!
¡Vamos!
¡Justicia, justicia, justicia!
¡Justicia, justicia!
¡Justicia, justicia, justicia!
¡Vamos, Alberto!
¡Papá!
¡Se vive, se siente, Manuel está presente!
¡Se vive, se siente, Manuel está presente!
La violencia nace de la cobardía, no se confundan.
Por decir estas cosas y defender mis ideas,
los conservadores me tachan de marxista.
A mí, que nunca leí a Marx.
Y los marxistas me tachan de conservador.
A mí, que siempre he perseguido la libertad.
¿Y saben lo que soy?
Simplemente un médico.
Y por eso estoy del lado de la vida,
y nunca, jamás, del lado de los asesinos.
Papi, es que nadie estaría preocupado por vos,
si no fuera porque todos conocemos lo peligroso de tu compromiso
en estos momentos.
Bueno, si a mí me matan por hacer lo que hago,
¿no sería una muerte hermosa?
-No digás bobadas. -¿Cómo?
Dejá los mártires para las religiones mejor.
No, no puedo creer.
Me enferma, me choca esta conversación.
¿Será que podemos hablar de algo más amable?
Papi, lo que pasa es que a ti no te quieren aquí en Medellín.
Mi amor, a mí me quiere mucha gente, pero no están por donde tú te mueves.
¿Hum?
Un día te voy a llevar a que los conozcas.
-¿Qué hubo, mami? -¿Hum?
¿Y Teresa dónde está?
Uh, ya solo viene por días.
Es que hay que cuidar las cuentas.
Puede que tu papá no sea consciente de eso, pero yo sí.
Lo que pasa es que él es rico y vos no.
Ay, tan bobo.
Lo que me preocupa es lo que dice Maryluz.
Vos sabés cómo es la gente acá.
No. No, no, a tu papá nadie le va a hacer nada.
Chao, papi, ya me voy.
Ah, chao.
Chao.
Mi mamá se quedó dormida, ¿bueno?
Bueno.
Ah...
Me acuerdo que una vez me llevaste a verla.
No entendí nada, me quedé dormido, ¿cierto?
Trata de la belleza.
Al final, lo único que perseguimos es la belleza.
Les quiero anunciar que he tomado la decisión
de presentarme como precandidato a la Alcaldía de Medellín.
Si los miembros del Partido Liberal me eligen,
yo estaré encantado de postularme para las elecciones.
Doctor Abad, pero ¿cómo define ideológicamente su candidatura?
¿Está a la derecha o a la izquierda?
Mire, si algo sé, como médico, es que a la izquierda tengo mi corazón,
así que ahí tengo mis sentimientos.
Pero en el centro tengo mi cerebro, luego la razón.
Y también tengo muy claro qué tengo a la derecha,
mi vesícula biliar,
es decir, la bilis, los odios y la inquina.
¿Y por qué se decidió, doctor, a dar un paso así,
justo en estos momentos?
Involucrarse en una candidatura política,
en la que, incluso, dirigentes de su partido político
no están a su favor.
Mire, hoy en la mañana, asesinaron acá mismo
al presidente del gremio de profesores y de maestros,
Luis Felipe Vélez,
justo antes de entrar en su oficina.
Sobra decir que ese crimen es obra de quienes pretenden acallarnos,
de quienes atentan directamente contra la universidad y el conocimiento.
Los paramilitares están haciendo lo que se les antoja,
como una fuerza de choque que pretende doblegarnos.
Alguien les está señalando unos objetivos, no lo duden.
Pero nuestra obligación es alzar la voz, decir que vamos a resistir
y que vamos a estar presentes en la vida pública colombiana.
Y si no hay más preguntas, les agradezco que hayan venido todos.
Muchísimas gracias. Buenos días.
Última pregunta, por favor, doctor Abad,
¿qué opina el partido sobre su candidatura?
Bueno, eh...
Ya no saludás a los amigos, pues.
¡Gabriel! ¡Gordo!
Hombre, ¿cómo estás?
No te había visto.
¿Estabas acá?
Claro, es que usted ya está muy cieguito.
Pero veo que conseguiste trabajo.
Periodista.
Hacemos lo que se puede.
Eso está muy bien.
¿Y tus novelas?
Bueno, pues yo también hago lo que se pueda.
Oíme, ¿será que tu papá no me regala cinco minuticos?
Yo no sé, yo creo que sí.
Es que a mí todo esto se me sale un poco de las manos.
Esperame un momentico, a ver.
Yo entiendo.
Es lo que he hablado con los periodistas
-Papá. -Sí, como no.
Ah, bueno, señores.
-Doctor. -Gracias.
-Que esté muy bien. -Muchas gracias.
Gracias por todo.
¿Te acordás de Gabriel?
¿De Gabriel?
Mi amigo, el de la cuadra.
¡Ah, Gabriel!
Doctor.
Gabriel, vea pues. ¿Qué hubo, mijo?
Es que yo le quería hacer unas preguntas.
Ah, sí, claro, cómo no.
Usted, doctor, me permite si...
Sí, no, no, grabe, grabe.
¿Usted tuvo la oportunidad de ver esto?
¿Esto qué es? A ver.
¿Qué es?
Es una lista de personas amenazas de muerte
que anda circulando por Medellín.
Y su papá está entre ellos.
Es una lista larga.
Me parece que los asesinos pecan de ambiciosos.
Hay periodistas, políticos, abogados, escritores.
Es que hasta el cantante Carlos Vives está ahí.
¿Me puede hacer una copia?
Quédesela, doctor.
Mire, yo le voy a ser sincero.
Para mí es un orgullo figurar en esta lista.
Bueno.
¿Y es que usted no les tiene miedo a los escuadrones de la muerte?
No, pues claro que sí, ¿quién va a querer que lo maten, ah?
No, yo quiero morirme muy viejo, rodeado de mis hijos y de mis nietos.
Una muerte violenta yo no se la deseo a nadie.
Doctor Abad.
-Señora. -Qué pena interrumpirlo.
¿Por qué no se acerca al sindicato de maestros
para rendir homenaje al líder asesinado esta mañana?
Ah, pues ya ve que es una muy buena idea.
Sí.
Les voy a decir a Betancur y a Aguirre para que me acompañen.
Pero antes necesito un ratico para hacer una nota
del programa de radio de la noche.
-Bueno, vamos, pues. -Bueno.
Señor periodista, ¿eh?
Se me cuida.
Gabriel, pasate por la casa y conversamos con más calma.
Dale.
¿Quién es ella?
Ah, ni idea, no la conozco.
Ah, Héctor, se me olvidó preguntarte, ¿cómo te fue en la cita de la universidad?
¿Te encontraron un hueco?
No.
¿Ah, cómo te parece?
¿Hum?
Con tantas personas que has ayudado tú en la vida
y nadie mueve un dedo, no.
Tranquilo.
Vas a ver que algún día serán ellos los que te llamen.
Te lo aseguro.
De pronto en la empresa necesitan a alguien.
Ahorita vamos y te presento a los directivos.
Bueno.
Me dijeron lo de la lista de amenazados.
¿No me iban a decir nada?
Lo oí por la radio.
Ya.
Héctor, ustedes lo que tienen que hacer es buscar una reunión con el alcalde,
que él les informe de estas amenazas, que tan veraces son.
Sí, Cecilia, ya conseguimos una cita con él para mañana, ¿ah?
Y vamos a redactar un comunicado del comité de derechos humanos
¿Un comunicado?
¿Ustedes siguen pensando que todo se soluciona a punta de comunicados?
-No. -Bueno.
Tranquila.
Ya vinieron por mí.
¿Nos vemos más tarde?
No, no has probado bocado.
No, es que me están esperando para el homenaje de Luis Felipe.
Papi, ¿te demoras?
No, Cecilia.
Voy acá al lado.
Como termino, vuelvo por ti.
Chao, pa.
Chao.
Yo no entiendo por qué se sigue metiendo en todas estas cosas.
Y a su edad.
En vez de estar disfrutando, haciendo viajes juntos.
Cosas juntos.
¿Cosas juntos, Héctor Joaquín?
Tu papá y yo no hacemos muchas cosas juntos
desde que se murió tu hermana.
¿Quién es ella?
¿La conocés?
Mm-mm.
¿Qué tal que mi papá te esté traicionando con esa mujer?
¡Ay, bobo!
Es que yo tengo una cita ahorita, entonces, ustedes siguen hacia allá.
Ah, sí, no se preocupe.
-Muchas gracias. -Gracias.
¿La esposa?
Pues, muy preocupada.
Bueno.
No son tiempos para estar tranquilo.
No.
Pues parece que no hay mucha gente.
Eso veo.
Bueno, pues, tal vez están adentro.
Pues sí.
Venga, viene el doctor.
Hola, doctor, ¿cómo estás?
-¿Qué tal? -¿Cómo le va?
Doctor.
¿Vienen al velorio?
-Sí, claro. -Sí, claro.
Hace dos horas se lo llevaron a cámara ardiente.
¿Entonces por qué esta señora nos dijo que?
Va a haber una manifestación en la tarde, frente al coliseo.
¡Cogelo, cogelo!
Yo no sé si usted se acuerde del hijo mío, doctor.
De Héctor Joaquín.
-Pero claro que sí, señora Cecilia. -Perdón.
Debe estar muy grande.
Ay, no, sí, ya.
Recuerdo cuando vos traías a Héctor aquí pequeñito.
Sí, ahí está.
Jajay.
Sigue.
-¿Cómo estás, muchacho? -¿Cómo está?
-¿Cómo te ha ido? -Muy bien.
-Mucho gusto. -Héctor, ¿cómo estás?
-Mucho gusto. -Permiso.
Oiga, mijo, ¿usted no andaba por Estados Unidos?
-No. -¿No?
Estaba en Italia. Estaba estudiando.
Sí, estudiando Literatura estaba.
Pero entonces, yo le dije que de pronto aquí en la empresa
estén necesitando a alguien.
Pues, hombre, la única literatura que vas a encontrar
es en las actas de las reuniones.
Y son aburridoras.
Mirá, allá viene mi socio.
¿Cómo le va, doctor?
Traigo un susto el berraco.
¿Qué te pasó, hombre?
Unos sicarios mataron a un señor.
Yo iba en el carro cuando vi que escaparon en una moto.
Medellín está invivible.
¿A quién matarían ahora?
¿Y fue acá cerquita?
Sí, a la vuelta, a dos calles "pabajo".
Terrible, miedosísimo.
Oíste, mijo, ¿vos cuántos años es que tienes?
Veintiocho ya.
¡Héctor!
¡Mataron a tu papá!
Mamá, ¿qué hacemos?
¡Tenemos que ir!
Son sus zapatos.
¡Los zapatos!
Son sus zapatos.
Señora, venga, no se acerque.
Que no pase, ¡venga!
¡Jueputa, lo mataron!
¡Hijueputas!
¡Hijueputas, lo mataron!
¡No, no, por favor, no!
¡No!
¡Mi amor!
¡Ah!
¡Jueputa!
¡Hijueputas!
¡No, Alberto, andate!
¡Andate, Alberto!
¡Te tenés que ir, no queremos más muertos!
¡Andate de acá!
Déjenlos tranquilos, ¡por favor!
Él estaba acá ahorita, él estaba.
No, no se lo lleven, no.
Mis hermanas no han llegado, no se lo lleven.
Héctor, lo mejor es llevárselo de acá.
No, ellas también tienen que ver lo que le hicieron.
Si es necesario nos sentamos encima del cadáver,
para que no se lo lleven.
¿Por qué?
¡No!
¡Papá!
¿Qué fue lo que pasó?
¿Qué fue qué pasó?
¡Papi!
Ave María, pero ¿por qué no contestan el teléfono?
¿Dónde están?
Aló.
¿Qué pasó?
¿Mi papá?
¡Ay, no!
No, yo sabía.
¡Ay, no!
-Mami, ¿qué pasa? -¡Ay, no!
¡No!
Mírame, ¿qué pasa?
Mami, ¿qué te pasa?
-Mami. -Mami.
¿Qué te pasó?
¡Mami!
¿Qué pasa?
Mucha atención.
Medellín vive un día de dolor e indignación.
Hace pocos instantes, en el centro de la ciudad,
un sicario apagó la vida de estos líderes,
de estos hombres que lucharon incansablemente
por la defensa de los derechos humanos.
¿Usted por qué está llorando?
Su papá, niña.
¿Mi papá?
Su papá, niña.
¡No!
¡No, niña!
¡No haga eso, niña!
¡No es justo!
¡No!
¿Cómo se puede matar a alguien tan bueno?
Héctor.
Lo siento.
Tranquilo.
Un abrazo.
Solo fuerza, Héctor.
Esa es su ropa.
El doctor Abad era un hombre distante de la religión,
crítico de la jerarquía, pero no del ideal cristiano.
¿Sí viste?
Mi papá tenía razón.
Mucha gente lo quería en Medellín.
...al ejemplo de Cristo.
Y estamos aquí hoy
para despedir un hombre que amaba a su familia,
que amaba a su ciudad,
que amaba a las personas
y que había dedicado su tiempo, su esfuerzo,
su gran capacidad intelectual...
Ya somos el olvido que seremos,
el polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán,
y que es ahora todos los hombres,
y que no veremos.
Ya somos en la tumba
las dos fechas del principio y el término.
La caja, la obscena corrupción y la mortaja.
Los triunfos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre que no sabrá qué fui sobre la Tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.
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