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- A ver, tú ya le sabes.
- Sí, patrón. - Toma.
Me la entregas al final del túnel.
- Sí, patrón.
- Les voy a abrir yo cuando llegue.
- OK.
- Me arrestaron a la gente que tenía del otro lado.
Abusado, ahí te encargo.
[Ríe]
- A ver, chavos, ya oyeron al patrón,
presten atención o, si no, va a haber coscorrones, ¿eh?
- Este cabrón... - Síganme.
Vamos, rápido.
[**]
¿Qué traes?
- Tengo miedo.
Está muy oscuro.
- Pues, te la calas como el hombre que eres.
¿No que querían trabajar para mantener a su familia?
[Suena vehículo que se acerca]
[**]
[Altavoz] Apague el motor.
[Suenan campanillas del tren]
[Suena bocina de tren]
- Papeles, por favor.
- Sí, señor.
[**]
- ¡Ya no aguanto más, quiero salir de aquí!
¡Diles que abran ya!
- Ah, ¡te me calmas! [Dispara]
Espérame a que abran la puerta del túnel,
si no, nos morimos todos.
- Abra el maletero.
- Sí, señor.
[**]
[**]
- Entonces, ¿que lo trae a los Estados Unidos?
- Soy un hombre de negocios.
Cruzo la frontera regularmente.
Solo junto muñecos para orfanatos mexicanos
en Estados Unidos.
- Estamos cansados, Aurelio, no damos más.
- ¡No mames!
[Suenan murmullos y toses]
- Patente de Culiacán.
Vuelva a su vehículo.
- Sí, señor.
No todos los mexicanos son malos, oficial.
[**]
[Suena tema musical]
[**]
[**]
[**]
[**]
- [Gimen] - ¡Ey, ey, ey, ey!
¡Cuidado con esa pinche pistola, morrito!
A ver, ¡trae acá!
Órale.
Órale, vámonos, con chinga.
Ayúdenlos.
- Estos niños llevan encerrados un buen rato, patrón,
deben estar asfixiados.
- Chingón, morrito, ¿eh? Véngase pa acá.
Eres un genio, cabrón.
[Suenan toses]
- Oiga, don Cleto,
¿y cuándo me va a enseñar a usar la pistola?
Digo, ¿qué tal si nos pasa algo
y yo tengo que apoyarlo?
- [Asiente] ¡Deje ahí, carajo!
A ver... ¡Martínez!
Ponme cinco botellas allí, encima de esa mesa.
Vente pa acá
A ver.
Toma.
Agárrala fuerte y como si fuera tu vieja.
¿Eh? ¡Duro!
No pierdas de vista las botellas ni veas el cañón,
ve tu objetivo.
Dale.
- [Disparos] - [Ríe]
[**]
[Disparos]
- A ver, ya, ya, ya, ya, luego le practicas.
Ahorita te vas a tener que regresar a Culiacán,
me has resultado muy fiel.
Necesito que le vayas a echar un ojo a Jiménez, ¿eh?
Ándale.
- Por el grado de descomposición,
lleva más de una semana de muerto.
Tiene tierra en los zapatos y en la ropa,
fue ajusticiado.
Mire.
Calibre 38.
- ¡Suélteme! - ¡Déjala!
- ¡Suélteme! - ¡Déjala pasar!
- Quiero verlo.
[Solloza] - [Chista]
Tranquila, tranquila,
no sufrió, murió rápido.
Lo asesinaron.
- Si quiere consolarme, encierre a don Cleto.
- A ver, m'hijo, ¿de dónde sacaste eso?
- Me lo gané trabajando. - [Resopla]
- ¿Está el Heriberto? No quiero él que lo vea.
- No está.
Y es momento de que hablemos de esto.
Trabajar con don Cleto no es trabajo.
- Mamá, ¡no te enojes! Este dinero es pa la casa,
pa que nunca nos falte nada de comer en esta mesa.
¡Tómalo, mamá! ¡Este dinero es nuestro!
Nomás, no se lo dejes a Heriberto,
que se lo gasta en bebidas y otras cosas.
- ¿En qué andas metido, m'hijo? Eso es mucho dinero.
- Ay, el Víctor necesita comer mucho pal box.
Mira, mamá, ¡es bueno! ¡Míralo! ¿Viste?
- [Ríe] [Solloza]
- Tengo el dinero, mamá,
y podemos comer unos chilitos rellenos de jaiba,
y en la noche, un chilorio,
y mañana, unos huevitos con machaca, ¿sí?
- Ven pa acá, m'hijo, ven pa acá.
- Ay, vente, Aurelio, no seas tímido.
- Mis niños.
[**]
[**]
[Aprieta el gatillo]
[**]
[**]
[**]
[Suenan murmullos]
[Suenan cláxones y murmullos]
Niño: Gracias. Mujer: Gracias.
- ¡Papá! - ¡Eso!
Qué guapo estás, ¿eh? - [Ríe]
- [Ambos ríen]
- ¿Y ahora? - Mira nada más, qué guapa.
- Mi amorcito.
- Te extrañaba, Charo. - Yo también.
- ¿Te has portado bien con tu mamá, chamaco?
- Sí. - ¿Eh? Pues, órale, a jugar.
- ¿Y ahora?
- Pos, que se vaya a la feria a jugar.
- Gracias. Te dejo la maleta.
- Que venga a divertirse. - Ahorita los veo.
- Sí. - Con cuidado.
- ¡No te lo gastes todo! - ¡No!
- ¡Tres horitas! - ¡OK!
- Dale. - ¡Adiós!
- Pues, ¿qué? - Vamos.
- ¿Adónde? - Pues, a lo que te digo.
- [Ríe] - Sorpresa.
[Suenan murmullos]
[**]
- Tome, señor. Gracias.
Gracias.
[**]
¿Qué traes, pelado?
- Perdóname, morro, fue sin querer.
Ven, yo te compro otro. ¿De qué quieres?
- De limón, por favor.
- Hola, señor. Dos de limón, porfa.
- Ándale, vato, ¿y tú qué eres, hijo de algún pesadote?
¿De dónde sacaste la lana?
- Del sudor de mi frente. ¿De dónde eres?
No te había visto por acá, en Bachibolato.
- De Mazatlán. Ahí vivo con mi amá,
pero mi apá es de acá, así que venimos a verlo.
Gracias.
- Ah, ¿y vienen seguido, o qué?
- Un par de veces por semana. Yo no sé por qué
mi apá no se quiere ir a vivir con nosotros.
Mi amá dice que nos vayamos los tres a Mazatlán,
pero mi apá dice que no puede,
dizque tiene que atender su trabajo.
- Pues, mi papá sí vive con nosotros,
pero, la neta, estaría mejor sin él.
- ¿Por qué, o qué? - Mira.
Me lo hizo mi apá de morrito.
Parece que solo podemos confiar en nuestras mamás.
- No, pues, mi amá siempre se pasa por ahí
y, a veces, llega bien noche, y bien ebria.
- Bueno, entonces, solo nos quedan los amigos.
Ahí nos vemos, cuando regreses a Bachibolato.
- Sí.
¡Miércoles y viernes, a veces, también los sábados!
- ¡Ándale!
- ¡Adiós! - ¡Adiós!
[Suena campanilla]
- Ey, ya estuvo, ¿eh?
¿Qué te traes? Estás tomada desde que llegaste.
- ¿Por qué?
Me siento muy sola, Beto.
Además, ayer me encontré a un amigo,
me invitó a salir, nos tomamos unas copas.
- A ver, ¿tú qué andas haciendo saliendo con otro vato, eh?
- Ay, ¿qué, no puedo? ¿Qué, no puedo tener amigos?
Tengo más pretendientes.
Y, además, tú, cállate, tú tienes dos viejas.
- No, pero es diferente, hombre es hombre,
las mujeres no pueden... - [Chista]
Las mujeres como yo también tenemos necesidades, Beto,
que no se te olvide.
[Suena campanilla] [Suena música mexicana]
- Y, entonces, el Taladro dio una pirueta por el aire
y, luego, me dio el control del avión.
¡Volé, don, volé!
- Mira, a mí me gusta tener los pies en el piso.
Puta madre. Morrillo, aguarde.
Aguántenme.
¡Capitán Jiménez!
¿A qué se debe el honor de su visita?
- ¿Cómo le va con esas vacas, Cleto?
¿Siguen dando mucha leche? - Sí.
Ya hasta exportamos, ¿usted cree?
- ¿Podemos hablar en privado?
- Claro, pásele, hombre, está usted en su casa.
Pásele, capitán.
- Encontraron el cuerpo
de Eladio Suárez Sánchez en el río.
- Válgame Dios. [Chasquea la lengua]
Me dijo que se iba pa el otro lado
y mire dónde apareció.
A mí se me hace que fue un lío de faldas.
Dicen que se andaba gallinaseando
a la vieja de un militar, y eso, pues, nunca acaba bien.
Angélica, capitán Jiménez. Ya se conocen, ¿verdad?
- Sí. ¿Cómo está?
- Muy bien, señora Angélica. Muchas gracias.
- Qué bueno.
¿Qué? No me mires con esa cara,
que no voy a visitar a mis parientes en Mazatlán,
solo voy a la pescadería por un aguachile, se me antojó.
[**]
[**]
- Hola.
- Hola.
Vamos a un lugar más privado, ¿no?
[Suena silbido]
[Suenan murmullos]
- Me acabo de enterar de la noticia.
Toma...
Para el velorio y para el entierro.
Tómalo.
- [Solloza] - Por favor.
A partir de ahora,
estoy a tus órdenes para lo que necesites.
Era un buen hombre, pero eso tú ya lo sabes.
- Cuando me enteré de tu mujer, quería ir a darte el pésame,
pero Cleto no me dejó.
Porque sabe que salimos en la secu.
- [Ríe] Quién viera a Cleto, ¿no?
- La gente se gana la vida como puede.
- Sí, está bien, está bien, no tienes que defenderlo.
[Ríe]
¿Tu hija? ¿Qué tal?
La he visto fuera de la escuela.
Va a ser tan guapa como su madre.
- No me soporta.
Quise educarla por mi cuenta,
pero ella prefirió ir a la escuela aquí.
- Es la edad.
- Solo deseo que sea más fuerte y más lista
de lo que he sido yo.
Si quiere, que me odie,
pero que no comenta mis errores.
- No lo hará.
- Ojalá.
[Suena música en inglés]
- [Usa instrumento]
- El niño bala. [Ríe]
Mira nada más.
- Me dejaron un recado que quería verme.
- Sí.
Tengo algo para ti.
Dejaron en la comisaría olvidado un libro de aviones,
¿lo quieres?
Ándale, recojámoslo, y luego te llevo a tu casa.
Te vi con Cleto.
Me imagino que le has de hacer trabajitos, ¿eh?
¿Cómo no?
Y conocías a Eladio, ¿verdad?
Te va gustar, ven, ven, ven, ven, ven.
A ver, mira, anda, ¿eh?
Mírale. ¿Sabes quién lo mató?
Así acaban todos los que trabajan para Cleto, ¿eh?
- [Gime]
- Te dejo ahí, a ver si me puedes ayudar
a encontrar a quién lo mató.
Disfrútalo.
- Comisario.
[**]
[Suenan campanadas]
- Eulalia.
- Gracias por venir, don.
Mi marido lo admiraba como patrón y como amigo.
- Es una pena, chingada.
Mira, la policía ahí, tan campante.
Ya es hora de hacer algo con esos cuatreros de medio pelo
que no respetan ni a su madre. Échenle.
[Suena música mexicana]
[**]
[**]
[Suenan pasos]
- Mira, nomás, pensé que te iba a encontrar dormido.
Ya lárgate.
[**]
Ya sé que estás metido hasta el pescuezo con don Cleto,
morro, así que mucho cuidado
si te vuelvo a ver en mi casa,
con mi hijo.
[Resopla]
[Suena canto de gallo]
- Qué bonito cantan los gallos a esta hora, ¿verdad?
¿Ya viste la hora que marca ese reloj?
¿Dónde andabas? Tu papá ya se fue a trabajar.
Tienes 11 años, no te mandas solo.
- No quiero preocuparte, amá, pero, la verdad,
está difícil salir pa'lante en este pueblo rascuache.
Yo quiero volar alto, y no morir aquí.
Además, yo trabajo para que no les falte nada.
- Si les pasa algo, yo me muero.
- Yo puedo cuidar de ti y del Víctor.
Ya ves que mi padre solo piensa por él.
Mañana mando a arreglar esa pared.
- [Solloza]
[Suenan murmullos]
- Te voy a presentar a unos amigos,
pa que le aprendas al box
y tengas algo que hacer cuando vengas de visita.
¿Qué transa, Rayo? - ¿Qué hubo?
- Te presento a mi amigo, Amado.
Viene de Mazatlán, el mero lugar donde inventaron el aguachile.
- Ah, pues, los amigos de este son mis amigos, ¿eh?
Bienvenido. - Gracias.
- ¿Le puedes enseñar el establo? - Sí.
- Va, está bien, va.
- Adiós. - Adiós.
- ¿Cómo dijiste que te llamas?
- Amado, ¿y tú? - Rayo.
[Suena música en inglés]
Mira, Taladro, con este morrillo,
abrimos el peso pulga, ¿qué no?
Dile cómo te llamas. - Amado.
- El Aurelio nos va a pagar para entrenarlo.
- ¿Otro morro?
A ver, súbete.
- ¿Y solo suelto chingadazos y ya?
- A ver, suéltalo.
Bien, al centro, al centro.
Puños, puños, puños. ¡Vámonos!
- [Gruñe]
[**]
- [Gime]
¡Ahora sí te voy a desgarrar, morrillo!
- No, ya estuvo esto. Quieto.
Sí, vamos, vamos.
[**]
- ¿Que hubo, morro?
¿Cómo estuvo la vuelta en Nogales?
- [Aurelio] Bien. - ¿Trajiste lana?
- No. - ¿Por qué?
- Porque luego me pagan.
[**]
- ¿Me puede dar de limón? - Sí, hija.
[Suenan murmullos]
- Sírvale a todas lo que quieran,
y quédese con el cambio.
- [Ambas] Gracias.
[Suenan murmullos]
[**]
[**]
- Jefe no eres, papacito.
Así te dijera yo todo, no va a ir a la cárcel,
tiene amigos y palancas arriba de ti.
Cleto está metido en el gobierno.
Ahí te chinga a ti,
y yo sí voy a salir bien mal parada de esto.
- ¿Tienes miedo? [Resopla]
Así no eras cuando te conocí.
- ¿Miedo, yo?
¿Quién es el que le está pidiendo a una vieja
que haga su chamba?
- Tienes razón, es mi chamba...
No la tuya.
Mira, nomás te pido un favor.
Agarra su arma, dispara contra un tronco
y tráeme el casquillo, eso es todo.
Que nadie te vea.
Yo, con eso, me lo chingo, y tú, inocente palomita.
[**]
¿Estamos?
[**]
[**]
[**]
[**]
[Suenan murmullos]
- [Ximena] Gracias.
- Oye, ¡Ximena!
- Eres bien enfadado, Aurelio. ¿Qué quieres?
- Pues, nomás,
invitarte a ver si te quieres ir de pinta conmigo.
¿O no te dejan?
[**]
[**]
[Suena el teléfono]
[Suenan murmullos]
- ¿Bueno? - [Angélica] Daniel, soy yo.
- Angélica.
- [Angélica] ¿Podemos vernos a mediodía en donde siempre?
- Sí. Sí, claro.
Te veo a mediodía.
- [Angélica] Ya tengo lo que me pediste.
- Bien. Listo.
- ¿Qué van a tomar? - Eh, nos va a dar un aguachile,
eh, jugo para los dos, y unos tamales barbones,
y a lo que la señorita se le antoje.
- Es retemuchísimo, ya, gracias.
- Oye, ¿te puedo preguntar algo? - Sí.
- La otra vez, andabas bien enchilada con tu amá.
¿Por qué, o qué?
- Es que siempre está de viaje,
y le molestó que quisiera ir a la escuela
en lugar de tomar clases con ella.
Aparte, es bien rara, anoche...
- Puedes confiar en mí, no hay falla.
- La vi con la pistola de mi apá.
Estaba regresando a la casa bien noche.
- Qué raro. ¿Qué tal que mató a alguien?
Pero, no creo, el Jiménez ya la hubiese metido al bote.
- ¿Qué me ves?
- Que estás bien chula, nomás.
Bien, llegamos.
[**]
- Hola, m'hija.
[**]
Aurelio, ¿qué haces aquí?
- La venía a buscar a usted. Nomás le quería decir
que Ximena se pone muy triste cuando usted no está.
- Ah, ¿sí? ¿Y cómo sabes eso?
- Porque sé, pues, porque es mi amiga,
y no me gusta verla así.
Y ya deje de andarse viendo en secretito con Jiménez,
no vaya a ser que don Cleto se entere,
y ya ve cómo se pone.
[Suena tono de llamado]
- ¿Bueno? ¿Angélica?
- Daniel.
Perdóname, pero no, no puedo.
Porque sí, porque es el padre de mi hija.
Además, es muy peligroso, ya nos vieron.
El niño ese, Aurelio.
Mira, tengo que colgar.
[**]
[**]
[**]
[Suena motor]
[**]
[**]
[**]
- Mira, nomás.
Qué coincidencia.
¿Qué, es lo de tu jale con don Cleto,
o a quién se lo robaste? - Yo no robo.
- ¿No? - No soy ladrón.
Si quiere, quédeselo, y ahí la dejamos.
- ¿Me estás sobornando, mocoso?
No estás tan pendejo, ¿o sí?
Bien...
Si no es tu lana...
No te va a importar lo que haga con ella.
[**]
[**]
¿Vas a llorar?
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
[**]
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